5 de junio de 2008

Los días persiguiéndose: El Mundo (05/06/2008)

Los periódicos no son la Biblia, aunque a veces traigan el Apocalipsis en las portadas. Son el envoltorio diario de la democracia, que viene como el pan. “La prensa no es objetiva”, me reprochan con frecuencia. Pero no, la prensa no tiene que ser “objetiva” (¿quién decide eso?), sino libre, y eso es lo que distingue a las sociedades civilizadas. Midan la libertad de prensa y tendrán la calidad de una democracia. Por la mañana, los kioscos arden igual que los taxis, pero el poder, sea el que sea, sabe que se levantará con una ducha fría por la espalda. Los titulares se contradicen y hay cuchillas de todos los tamaños encartadas, pero no teman. Lo espantoso sería llegar un día y encontrar la unanimidad junto a las cajas de donuts y las revistas de ganchillo. Ese día, habría que huir de aquí porque no tendríamos democracia. Cada mañana me incendio con los periódicos, me indigno con los periódicos, me alegro de tener periódicos y hasta de que se maten entre ellos con los políticos por el medio. Hay columnistas que me repatean, hay editoriales increíbles, hay noticias tendenciosas, hay cabeceras que saben a ricino. Doy gracias por todo ello, pues son el escaparate de la libertad.

Antes de escribir aquí, yo compraba EL MUNDO para leer a los grandes, a Umbral, a Raúl del Pozo, los que llenaban sus columnas de hojas de acanto, que era con lo que yo soñaba. Ya me lo había recomendado un amigo más bien anarquistón, fíjense: “Es un periódico moderno, muy a la americana”, me decía. Por entonces, EL MUNDO ya formaba parte de la historia de España. Aquel día de hace casi ocho años, cuando Paco Rosell me llamó para decirme que quería contar conmigo, fue uno de los más felices de mi vida, eso no puedo negarlo. Pero no es agradecimiento ni lealtad babosa lo que me une a este periódico, sino más bien confianza y respeto. Se lo han ganado sus profesionales, que me demostraron su independencia, su pasión, su espíritu crítico, que me enseñaron tanto, que perdonaron mi bisoñez y mi impetuosidad. Como en todo trabajo, ha habido broncas y desavenencias, pero me publicaron salvajadas, respetaron mis opiniones, mis obsesiones, mis columnas a menudo totalmente contrarias a la línea editorial. Un periódico que me hizo sentir libre, a pesar de no estar de acuerdo (esta pasada legislatura del odio, sobre todo) con mucho de lo que en él aparecía. Cuando salí del armario declarándome aquí mismo masón, algunos colegas de logia pensaron que EL MUNDO me iba a dar la patada. “Tirando a rojete y encima masón, no pegas nada allí”, me decían. Pero yo sabía que eso no ocurriría.

Este periódico, que aún me hace fruncir el ceño con ciertos titulares, me enseñó lo que era la prensa verdaderamente libre. Ahora, cuando lo acosan desde el poder, cuando sientan en el banquillo a sus periodistas por hacer su trabajo y lo intentan asfixiar negándole publicidad institucional, me doy cuenta de la importancia de lo que hacen y de la valentía de todos los que lo hacen. Sí, los periódicos se equivocan, se alinean con los partidos, son parciales o exagerados o hasta sectarios. Que así sea mientras se mantengan libres, mientras le arañen la conciencia al poder y a la sociedad, mientras a los políticos, a los burócratas, a los falsos dueños de todo les dé sarpullido leerlos. Que sean rebeldes, incómodos, puñeteros. Como lo ha sido siempre este periódico. Que arda cada día el kiosco o estaremos comprados, esclavizados, muertos. Aún estoy orgulloso de que EL MUNDO me pinche por la mañana en las manos. Y de que la casta del poder en Andalucía lo tenga por enemigo.

2 de junio de 2008

Somos Zapping 01/06/2008

Rafael Camacho (I). El poder se ejerce en las trascocinas. La política no se hace en el Parlamento, donde nuestros gobernantes sólo se exponen como cuadros. La política de verdad se hace en los restaurantes, se hace a esa hora tibia del cubata tras el café, se hace en hoteles que parecen el transiberiano, se hace en eventos y festivales, se hace entre amigotes y furcias, donde los arrimados, los adeptos (no sé por qué ahora les dicen “adictos”), los enchufados, los mantenidos, los trepas se rozan con los políticos para pactar con ellos negocios y fidelidades que los mantengan. Así funciona el poder en Andalucía y así consigue que haya siempre un tentáculo suyo en cada aspecto de la vida de la Autonomía, desde el mundo del dinero al de la cultura. En esas lateralidades de la política, donde no se ve política pero sí su mano ahí metida, obscena y viscosa, es donde se mueve todo. Me ha vuelto esta reflexión siguiendo esta semana el periplo de Rafael Camacho, el director general de la RTVA. Rafael Camacho me parece uno de los ejemplos más repugnantes de la podredumbre de nuestra democracia, un vocero del Partido colocado sin pudor para hacer de la radiotelevisión pública el ministerio de propaganda de la Junta. Seguirlo a él es seguir un rastro de babas, ver los foros en los que le adulan significa identificar inequívocamente quién sirve al poder con la espalda tronchada y la sonrisa del agradecido. Sigámoslo, pues, hoy, por salones orinados y plateas incestuosas.


Rafael Camacho (II). En el atril, Rafael Camacho habla como ante un espejo. Hay azules y brillos a su espalda, en grandes pantallones que le hacen celestial o aparecido. Usa la falsa modestia y el recatado orgullo de los hipócritas y los puritanos. Su misión de manipulador y propagandista él la convierte en sacerdocio, en monacato. Suenan aplausos de unanimidad desde un patio de butacas donde los presentadores de Canal Sur se han hermanado con periodistas de la cuerda y políticos con cara de bufé, todos asintiendo al compás. Es la retransmisión de la gala de los premios de la Asociación de Telespectadores de Andalucía (ATEA), sospechosísima entidad que le ha concedido al director de RTVA un premio (¿por su labor de comisariado político?). Presentan Enrique Romero, el de los toros, y Esther Martín, de Los reporteros. Hay algo en la gala de navidad en familia o de cumpleaños de un padrino, de fiesta de “los nuestros”. Por parte de la asociación, un tal Antonio Jurado da las gracias a Canal Sur, a Monteseirín, que también está allí, menciona a Rafael Cremades que conoce bien, dice, los sinvivires de ATEA. Aún el alcalde de Sevilla saldrá también a entregar un premio. No es el que le han dado a Se llama copla, ese icono cultural de la Andalucía del régimen, sino otro para Matías Prats, que parece un extranjero entre la impúdica promiscuidad endogámica del acto. Cambio de canal con asco. Era como asistir a una cama redonda del poder y sus adláteres, donde todos se comían la boca con entusiasmo, indiscriminación y rijosidad.


Rafael Camacho (y III). Lo veo con la reproducción de una carabela en la mano, plata falsa y premio de concejalía como un trofeo de futbito. Por lo visto en el Ayuntamiento de Isla Cristina identifican su misión goebbelsiana con una especie de cabotaje al servicio del Partido. Pero no es el único reconocimiento a Rafael Camacho que incluye la noticia de Canal Sur ese día. Además de la carabela que a él le queda bucanera, también nos cuentan que le van a dar el Camaleón de honor del Festival de Islantilla. Sí, ese festival que un día trató de cine y ahora, descarado instrumento político, con la dirección de ese Carlos Rosado del que hemos conocido su facilidad para mezclar eventos con los negocios propios, sirve para presentar Arrayán como cima del arte y a Canal Sur como motor de la cultura chancleteante que preconizan, a la vez que dan bombo a lo que hacen las productoras de los amigotes. Pero éstos han sido únicamente dos ejemplos de la desvergüenza con la que el poder se maneja y se entremete. Sólo hemos seguido a Rafael Camacho. Imaginen lo que ocurre todos los días en la ancha Andalucía socialista.

29 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Invitación a la nada (29/05/2008)

Llega el calor, las romerías y las ferias han ido pasando por Andalucía dejando flores podridas en los pueblos y comienza la época en que la política parece que se levanta más tarde cada día. Desde ahora hasta agosto, los políticos irán remangándose los perniles hasta que terminen con los pies en salmuera. Después de las vírgenes de la primavera y el vino de mediodía, Andalucía resbala ya hacia el sueño de los peces y la gloria de la carne. Hay tibias mañanas de desgana y todo se irá parando como una rueda que entra en el agua. Es el sol del sur o es nuestra política, aquí donde gobernar es dormitar. Lo único que le faltaba a la flojera de nuestros gobernantes era empezar a sentir el calor en la cara sin tener que preocuparse siquiera de la oposición. Si los partidos todavía se mantienen despiertos es porque van a tener congresos y rencillas, pero ya no se miran entre ellos y han dejado de atender a lo público. El tiempo acompaña su astenia y las pocas fuerzas las guardan para pelearse con las fieras de su propio partido, pelea que el verano convertirá en un combate aceitoso, como entre lentos guerreros bronceados. Un verano tras unas elecciones y además una oposición rota, shakesperiana (¿de Hamlet, de Macbeth o de Julio César?), a la que la temperatura le traerá la proliferación de los insectos, las camadas de serpientes y las noches de vudú. Sí, los políticos tardarán mucho en volver a ocuparse de nosotros.

El verano, igual que la política en Andalucía, traerá un horizonte más tumbado que nunca y un cielo quieto como un plato apoyado allí arriba. Las elecciones le han dado cuatro años más de cuerda a la carraca del PSOE, que ha tenido la suerte de que la crisis económica le estallara después de que el pueblo votara pensando aún en otras cosas, quizá sólo con asco de la larga legislatura del odio. Ahora pueden caer las inmobiliarias que vendían cartón de oro y puede subir el petróleo igual que tras la guerra del Yom Kippur, que en Andalucía todo se ha repartido nuevamente para ellos según la teoría de las cuotas de clanes o de género, y únicamente les preocupa si Chaves dejará la corona como a Excálibur clavada otra vez. Con una gran boca de bostezo, es una invitación a la nada lo que nos trae en el gobierno autonómico. Ninguna novedad, cierto, pero ahora con la oposición desactivada, con el PP envenenándose como los emperadores. Ahora que Arenas parece unido a Rajoy como esos alpinistas atados unos a los otros, ¿qué ocurriría si éste cae? ¿Veríamos a un muerto enfrentándose a Chaves?

Llega poco a poco el calor, va pesando en los días como un estiércol que se amontona sobre los tejados. La invitación a la nada nos ablanda el sueño, la carne y la política. El PSOE andaluz parece prepararse para su siesta de oso, sin temer a sus cazadores, que sólo planean suicidarse. Me parece oír a Arenas en la televisión, pero es José Luis Sáez, el presidente de la Federación de Baloncesto, que habla como él. Los Juegos Olímpicos, la Eurocopa de fútbol, son lo que nos faltaba para rendirnos a la modorra, para pudrirnos en el sofá. Al PSOE andaluz le marcha todo sin hacer nada, se le ahorcan los adversarios, le llegan a tiempo las crisis, las estaciones del cansancio, los circos ferruginosos en los que se entretiene la masa. Creo que hoy un gran sopor me entra por la ventana igual que una lengua repugnante. En Andalucía, las ganas y la rebeldía dan una pereza como de acarrear muchas cosas. Vencer este sopor, vencer a esta pesada nada como desenterrarse en la arena. Si fuéramos capaces...

26 de mayo de 2008

Somos Zapping 25/05/2008

Invento gaditano. Los grandes inventos españoles son la fregona, el jamón (que en la casa adorna como un violonchelo) y la siesta. La tecnología nos llegó tarde porque aquí no hacía falta que volaran los Cristos ni los señoritos, ni tampoco que el campo se recolectara solo, que ya estaban para eso los jornaleros, e incluso en Castilla llegaron a arar los ángeles. En Andalucía nos privó de la industrialización esa aciaga casta que aún nos sobrevive en maestrantes, rejoneadores y vinateros con mastines o yeguadas en los cuadros de familia, y desde ahí nuestras aventuras con la tecnología parece que no pasan de la cestería. Sí, ahora ya hay aquí empresas tecnológicamente punteras, pero son muy pocas y representan una industria que no mueve nada aparte de una propaganda electrificada de marcianitis, muy utilizada, claro, por los políticos y sus modernizaciones de pega. Por todo esto, cuando en los titulares de las noticias de Canal Sur anunciaron el otro día una gran idea que había nacido en Cádiz a raíz del lanzamiento del MacBook Air, la última virguería de Apple (un ordenador que cabe en un sobre), no supe qué pensar. ¿Alguna empresa gaditana había superado a Apple? ¿De qué clase de avance tecnológico, de qué genialidad electrónica se trataría para aparecer nada menos que en los titulares de las noticias? ¿Un ordenador óptico, o quizá cuántico? Pero luego llegaron la realidad, la risa y por fin la tristeza. No, no era nada de eso. Es que en Ubrique habían diseñado… ¡una funda de cuero para ese MacBook! La tecnología sigue siendo cosa de otros. Aquí a la modernidad sólo le hacemos las talegas. Y Canal Sur aún se maravilla por esto.


Trinidad. “Country, religion, family…”. Me acuerdo de las famosas y ridículas imágenes de Franco que tanto ponían en Noche Hache, con su inglés de loro o de Cantinflas. “Patria, religión, familia…”, la Trinidad franquista. Y me acuerdo, cómo no, viendo Canal Sur, cuando María del Monte se me aparece presentando a una señora que ha tenido 19 hijos, 70 nietos, 62 bisnietos y un tataranieto, allí presentes como toda una inclusa. Esas familias numerosas, orgullo del franquismo, que daban soldados a Dios y a la Patria, las familias criadero, santas y conejas, ensalzadas ahora en la Andalucía del siglo XXI, quizá esta vez para mayor gloria de la financiación autonómica… Y, claro, caigo en que el resto de la Trinidad franquista es también perfectamente aplicable a esta tierra, a lo que hacen de ella sus gobernantes y a la imagen que Canal Sur ofrece. La Patria franquista requería esencias eternas, una épica grandiosa de héroes y una infantil exaltación del folclore. Aquí tenemos lo mismo: el espíritu inmortal del pueblo andaluz plasmado en todos sus tópicos, una épica de autonomismo (28-F, Estatuto, modernizaciones…) protagonizada por el PSOE, y la cansina presencia de coros y danzas, macetería y palmoteos. ¿Y la religión? Ahí ha estado el Canal Sur nacionalcatólico en Semana Santa, en el Rocío y, ahora, también en el Corpus, ese día en que parece que la Iglesia Católica saca a limpiar sus cuberterías. Andalucía Directo nos llevó por toda la región para ver custodias, legionarios cara al sol o una virgen que es “patrona del Ayuntamiento” (?), todo con el fondo del himno nacional (¿por qué ha de sonar el himno nacional en una procesión?). Y atentos a la piadosa narración: “Va a llegar aquí hasta esta plaza, con el reflejo del sol dorado, esta custodia (…) que porta al Santísimo Sacramento, algo importantísimo para todos los habitantes del Puebla del Río…”. Patria, religión, familia. Franquismo sin más. Alguien me comentaba hace unos días que no le gustaban las antigüedades porque olían a muerto. Pues eso. Aquí, en Andalucía, en Canal Sur, huele a muerto.


No canten al contestador. Y hablando de franquismo sociológico, ya se prepara la segunda edición de Se llama copla. Pive Amador nos explicaba junto a María del Monte que pronto empezarán los castings y que para apuntarse había que llamar al número de un contestador automático. Cómo será el nivel del target de este programa, que Pive tuvo que recalcar que no había que cantarle al contestador, sino sólo dejar los datos.

22 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Poder absoluto (22/05/2008)

Desde Chaves, viejo como un galápago, hasta el último escalafón de doctores, empresarios, maestros, cantaores o friegasuelos, planea el Partido cubriendo Andalucía entera igual que una gran ala membranosa, como cuando en las películas tapan la luna los murciélagos. De los palacios a las cocinas, los comisarios políticos, los chusqueros arrimados, los servilones mediocres manejan esta tierra para el poder. Hay que tener a un político de la Junta o a su mandado en la mesa o al teléfono ya quieras que sobreviva tu empresa, que no te quemen la cátedra, que te cuelguen cuadros en las exposiciones, que te llamen para una conferencia o que no te manden a hacer fotocopias de tu currículum o de tu culo. Todos los ámbitos de la actividad económica, educativa, artística, profesional, social en Andalucía están poseídos por esa superestructura que no es lo público sino una monstruosa tumoración de lo público, maraña de negocios, propaganda, favores, castigos, calladas, regalías, clientelismo. Suelo contar que un amigo me dijo una vez que ni en la Cataluña de Pujol había visto semejante dominio de una casta política sobre todos los órdenes de la vida de una sociedad. Ya no es sólo el funcionamiento de los servicios públicos, orientados y sometidos a la consecución de objetivos políticos como nos enseñan, por ejemplo, el manifiesto de los médicos del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, las protestas de los profesionales de la educación o el lacayismo de la RTVA. No, es también todo lo demás, lleno igualmente de alguacilillos, manejadores y hasta rompepiernas que trabajan para el poder y le llevan Andalucía entera en alforjas como una cosecha diaria, como una obscena recaudación.

Esta política, este sistema, están enfermos. Lo han podrido el tiempo o la ambición, lo han pervertido caciques demagogos, muertos de hambre codiciosos e intrigantes, trepas ineptos, pero también la inocencia o la pasividad de una sociedad adormecida y sin verdadera cultura democrática. En algún momento hemos olvidado lo que significaba la democracia y por eso estos gobernantes nuestros se creen dueños. Andan ensoberbecidos, impúdicos, llamando al hermano enchufado para la foto, contratándose a ellos mismos con dinero de todos, confundiendo la mayoría parlamentaria con la impunidad. Admitamos la culpa. Nosotros, los andaluces, les hemos enseñado, se lo hemos permitido y han ido creciéndose, engordando en su avilantez legislatura tras legislatura. Nosotros hemos gritado nuestro particular “vivan las caenas” en nombre de falsas ideologías y poses de progreso, o contra enemigos fantasmagóricos de nuestro pueblo o nuestras esencias. Pero la honradez debe ser previa a la ideología, y me refiero tanto a la de los actos como a la honradez intelectual. Un gobernante que piensa, como Chaves, que la mayoría en las urnas deshace o autoriza las mentiras, los incumplimientos y los abusos ha llegado a una corrupción más allá de los hechos, esa corrupción intelectual, como con base teológica, que ya puede justificar cualquier tropelía. Hubo un tiempo en que ni un gorrión caía si no era voluntad de Zeus. O así lo creían los hombres. Ahora, nada se mueve, nada crece, nada ocurre en Andalucía sin que lo dirija o lo vigile el Partido. Los gorriones sindicados, los funcionarios en falange, los andaluces como muñequitos que manejan desde el Olimpo de la Junta. “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”, dijo Schiller. Contra la corrupción, contra el despotismo, contra la arbitrariedad, contra este poder absoluto con que nos asfixia el PSOE andaluz, ni los dioses ni los ciudadanos parece que lo intentan siquiera.

18 de mayo de 2008

Somos Zapping 18/05/2008

Vicepresidencia luisina. Cuando los informativos de Canal Sur le llaman vicepresidente, parece que Gaspar Zarrías va con porteadores. La vicepresidencia lo ha dorado para los locutores, que con un tono especial o un subrayado de intención, le añaden al cargo algo así como un cargamento de ébano o una dignidad obispal. Lo de “vicepresidente” lo dicen mucho, bien vocalizado y como dejando espacio luego para que suenen fanfarrias, igual que la de Monteverdi a Gonzaga. Zarrías hace lo de siempre con sus mismas hechuras y retruécanos, pero ahora, con el “vicepresidente” por delante, lo hace con espada flamígera, maestro de capilla y probadores de comida, o eso nos hace pensar Canal Sur. Es una vicepresidencia que sólo sirve para masticar esa palabra, como esos apellidos compuestos que parece que vienen ya con enganches de alazanes, porque Zarrías ya era valido, factótum, urdidor y manda aun con el cargo plebeyo de consejero. Lo veo de nuevo, en las noticias de La Nuestra, anunciado igual que la reina de Saba, esta vez porque va a Zaragoza a visitar o a santificar lo que será el pabellón de Andalucía en su Expo. Mientras habla de la modernidad de esta tierra, le proyectan imágenes de una portada de feria iluminada con fuegos artificiales. No, nada cambia aquí. Zarrías se envuelve en los armiños de su nuevo cargo pero su misión de ángel trompetero es la misma. Andalucía nos la venden vertiginosa y galáctica pero a la Expo de Zaragoza llevaremos el anuncio de Tío Pepe de toda la vida. Fuegos artificiales sobre una feria, brillando en la calva de Zarrías, o puede que fuera el casco que le pusieron para visitar las obras. Me acordé de Händel, que vendría bien para la escena, para el barroco de estos políticos luisinos y para el eterno decorado de cartón que somos.


La trampa del pueblo. Ser el pueblo, identificarse con el pueblo, hablar por el pueblo. Es la metonimia malvada a la que llegan todos los totalitarismos y este régimen que sufrimos va adquiriendo cada vez más esos tics y pestosidades tan peligrosos. El PSOE afirma que tiene una “alianza estratégica” con los andaluces, cualquier crítica a ellos la hacen crítica (o traición) a Andalucía, más que un gobierno son la encarnación del espíritu hegeliano de esta tierra, el Volksgeist sentado a una mesa redonda. Es pavoroso porque esto significa que desconocen lo que es la democracia en un Estado de Derecho. Pero nuestra cultura democrática es tan pobre que aún se permiten usarlo como anzuelo y como zalamería. Ni el Estado ni la Autonomía son la suma ni la media ni la mayoría de las opiniones, ideologías o sentimientos de sus ciudadanos, sino el contrato que asegura sus libertades en un marco común que está por encima de todo eso y que es precisamente lo público. Gobernar Andalucía no es ser Andalucía, ni personificarla, ni hablar por ella. No entender algo tan básico sólo puede venir de la ignorancia más penosa o de la maldad más cruel. En cualquier caso, deplorable. Pero así lo hacen, continuamente, tanto los políticos que nos dirigen como sus poderes laterales. Veo un anuncio de Canal Sur Radio en el que afirman que son “la voz de Andalucía”, pero si esto es una democracia Andalucía no tiene una voz, sino muchísimas. Y sin embargo ahí están ellos, creyéndose enviados, delegados de toda una tierra, homogeneizada y simplificada. Es una trampa obscena pero efectiva, porque así las críticas que se les hagan se convierten automáticamente en insultos a todo el pueblo. Veo también a Juan y Medio con Quintero, y hasta él usa el truco. ¿Cómo se atreven algunos –venía a decir-- a meterse con esos viejitos que han “levantado” esta tierra porque digan “pograma”? No, en realidad nos metemos con los que los usan para sus intereses, con los que creen que la vulgaridad y la incultura no deben dar pena, sino risa y orgullo de alguna “pureza”. Nos metemos con los que halagan la ignorancia del pueblo porque sólo desean que se mantengan en ella para que así nunca puedan hacer uso de su libertad, cosa que sólo es posible con el conocimiento y el espíritu crítico. Nos metemos con los políticos y sus lacayos que atontan a la sociedad y aún tienen la desfachatez de decirnos que reprobarlos a ellos es despreciar al pueblo. Nos metemos con todo ese filofascismo disfrazado de ternura. No, ellos no son el pueblo. Son, si acaso, sus dueños o sus chulos.

15 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Educación (15/05/2008)

¿Qué es educar? ¿Y quién educa? No sé qué tendrán en sus manuales los nuevos pedagogos, los de la secta psicológica, los enemigos de la excelencia, los que no distinguen la motivación de la voluntad, esos que pueden hundirnos con su empeño de crear igualitarísimos analfabetos funcionales. Pero yo pienso en mi educación. ¿Quién me educó, y cómo? ¿Me educaron mis padres, las monjitas del parvulario que olían a sábana, a beso y a vela; el mundo salvaje de los niños por los tejados, aquellos maestros que me descubrieron la ciencia y la literatura entre murales y plintos, la Universidad encalada con sus teoremas? ¿Me educaron Dumas, Verne, Homero, Sagan, Asimov, Russell? Ha sido una suerte tener padres que no piensan igual: una madre católica por impregnación y un padre de un risueño escepticismo. Eso, que los seres humanos no tienen por qué pensar igual, quizá fue la más valiosa enseñanza. Enseguida me di cuenta de que era yo mismo el que tenía que reflexionar sobre mis certezas y mis valores. Creo que mis padres, incluso sin ser conscientes, me enseñaron a aprender. Yo tuve más libros que balones, y no los libros que ellos elegían para mí, sino los que yo pedía. Esa buena educación, en el mejor sentido que soy capaz de concebir, es lo que les tengo que agradecer. Todos, mis padres y las monjitas, los profesores y los niños que cazaban gusanos, los libros y mis dudas, hicieron mi educación. Unos me dieron respuestas, otros me plantearon buenas preguntas (aún mejor), y yo tuve que aprender para poder decidir, no más. Creo que éste es mi ideal. Creo que a esto lo llamo educación en libertad.

Pero esta educación en libertad, este ideal que yo viví, es sólo una opción de conciencia para los padres y no se puede imponer ni legislar. Lo que nos dice la Constitución es esto: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Sí, el adoctrinamiento por parte de los padres es legal, y tampoco encuentro, ciertamente, una alternativa satisfactoria sin vernos dentro de la pesadilla de Huxley. Y sin embargo, también hay algo de perverso en esto. ¿Qué ocurre si las convicciones morales de los padres incluyen la supremacía natural de una raza o una religión, el sometimiento de la mujer al hombre o de la legalidad a una supuesta ley divina, el exterminio del infiel o la consideración de la homosexualidad como una perversión punible? Porque esto es posible, el Estado no sólo puede, sino que debe, además, educar en los valores comunes de la Democracia, la tolerancia, la libertad y los Derechos Humanos. Por eso, aunque con demasiada frecuencia he visto en sus manuales mucha ñoñería, creo necesaria la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Eso sí, los tribunales deberán decidir si verdaderamente se viola la neutralidad ideológica del Estado en alguno de sus textos y habrá que corregirlos si es el caso. Pero no, no se les impide a los padres que transmitan a sus hijos sus convicciones morales particulares. Son esferas diferentes, la de la moral privada y la moral pública, que no deberían colisionar si fuéramos civilizados. Pero algunos no son civilizados, como los que piensan que el enseñar que hay opiniones diferentes a la suya atenta contra sus derechos. Yo tuve una educación en libertad. Otros padres pueden educar a sus hijos incluso en la intolerancia o en el fanatismo. Quizá sea su derecho. Pero también es derecho del Estado señalarles que sus convicciones no pueden coartar la libertad de los demás para decidir su propio camino. Y que en eso consiste la convivencia, aunque les pese.

11 de mayo de 2008

Somos Zapping 11/05/2008

Nacionalcatolicismo. Ahí está, capitaneando al pueblo que tiene las pantorrillas en agua, los bueyes alados, un calor religioso en las ingles y los dioses medio enterrados en arena, como anclas. Nuestra televisión autonómica se debería llamar Hermandad Matriz de Canal Sur y tener por logotipo, en vez de ese sol con tatuaje, esas telas sobredoradas y duras que llaman simpecado, como corpiños de monja en los que se han posado un ave o una salamandra. Cuando al poder le interesa el pueblo en cuanto a gentío, no importa en pos de qué, siempre se pone delante a vocearlo, a acompañarlo, a aplaudirlo. Como instrumento del poder que es, Canal Sur tiene el disfraz de rociero como tiene el de nazareno y sabe convertir la televisión en capilla o en tronco sagrado con el que luego recoge votos sin pudor. Esto del socialismo nacionalcatólico no es una contradicción, sino el resultado perverso del interés sin escrúpulo, del populismo sin valores, de la venalidad de su ideología que no es ideología sino adulación a la masa en todas sus manifestaciones de amontonamiento. En las noticias, en Andalucía directo, en Mira la vida, en todos sus programas, el Rocío, religión de descalzos, de pastores y de traperos, era ensalzado con resoles de agua, con fervor manijero, y un continuo rezo a los pantanos y las piedras se apoderaba de la cadena pública con reporteros y helicópteros arrodillados y piadosos. Carriolas, simpecados, herrajes y bombonas consagrados; ritos en los ríos, cantos a la luna, lloros histéricos, salves en directo, un hermano mayor que dice que lo ha puesto allí “el pueblo” (no los socios), clubes de fútbol ofreciendo ramos, Chaves recibiendo una medalla y dando vivas a la Blanca Paloma, María del Monte explicándonos lo que es la hermandad (“hermandad porque van todos a una, buscándola a Ella, con mayúscula”)... Canal Sur, sacristanejo de un nacionalcatolicismo con todas sus hechuras y pústulas franquistas. Tras tanto embarque, camino y rendido fervor, sólo un olor desvergonzado a pies llegaba hasta los espectadores y los cielos.


Extraterrestes de las marismas. Lo he dicho alguna vez: para el resto del mundo somos bosquimanos o extraterrestres. Nuestras costumbres tienen la ternura de lo primitivo o el asombro de lo incomprensible. En La Primera, el programa de Carolina Ferre, Yo estuve allí, invitó a Los del Río, a María José Suárez y a Belén Ordóñez para que explicaran el Rocío, y pareció que aquello trataba de exobiología, como si intentaran entender la bioquímica de un marciano a través del idioma del mismo marciano. Ni las visitas a una madre pastorcita ni las noches al raso como un impresionismo de lo religioso con que trataban de aclarar Los del Río su esotérica devoción, podían eludir la realidad de que, fuera de su pequeño contexto o microcosmos palanganero, el Rocío sólo puede verse como una extraña idolatría de las piedras, una merendola medieval y unas incómodas escoceduras en las que se solaza toda una tribu prehistórica. Las imágenes, siempre espeluznantes, de los almonteños saltando la reja con ese fanatismo que parece hambre, aún intentaban justificarlas como amor de hijo. Cuando no sabían que responder, Los del Río se arrancaban por sevillanas: “La reunión va cantando sevillanas y plegarias / a la Virgen del Rocío, que es la más guapa de España”. Inconscientemente quizá, buscaban con eso el abrigo de su catetismo, volver a su idioma, a su contexto en el que no hace falta explicar nada porque todo resulta evidente, claro, eterno y normal. Pero a mí nunca me ha parecido evidente ni normal que haya una marabunta de extraterrestres por las marismas.


El eslogan. Si tuvieran que describir a Canal Sur, ¿con qué palabras lo harían? ¿Una televisión zafia, vecindona, populachera, chovinista, hortera, analfabeta, kitsch, folclórica, filofranquista, al servicio baboso del poder político? Pues ellos se han buscado un eslogan bastante más rimbombante, tanto que parece cachondeo. Invitándonos en un spot a visitar las ferias del libro (¿pero para qué un libro, con lo contentos que estamos aquí con los pitos rocieros?), Canal Sur aprovecha para definirse como “la primera industria cultural de Andalucía” (¡¡¡sic!!!). Cuánto cinismo... ¿Qué creerán que es la cultura? ¿Los regüeldos de los gordos de María del Monte?

8 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Crisis (08/05/2008)

He bajado a por el periódico y me he cruzado con caballistas que parecían mineros del oeste. Con cuerdas y mulas, van a excavar el oro de esta tierra: vino y sol enterrados. Ahora que sube el paro, que arde la gasolina, que caen los gruístas de la construcción como cigüeñas electrocutadas, nos volvemos a preparar para la fiesta, que lo exorcisa todo, una fiesta con la que nunca han podido la desgracia ni la pobreza. Aquí recibiríamos el Fin del Mundo con una zambra, a los Cuatro Jinetes con una sabia resaca. Los periódicos hablan de crisis; las televisiones de partido, de desaceleración. Pero veo a los romeros en sus preparativos para el Rocío, crujiendo igual que una merienda de insectos, y las terrazas llenas como a cubazos de gente. A veces me voy a la Taberna de Juan, en la Plaza del Cabildo, en la orilla opuesta a Balbino (Juan tiene otro estilo porque te cocina y te anima a comer como tu madre) y cuando pasan los guisotes marineros, haciendo olores de domingo, se diría que se celebra la boda del señor del castillo. Comen hasta los muertos de hambre, soltando sus últimas monedas igual que si pagaran con sus propios dientes. La crisis quizá sólo significa que despedimos al dinero de otra manera, como a un duelista o a un suicida.

La crisis nos la comemos y la bailamos igual. Las medidas contra la crisis no llegan o se hacen esperar porque los que nos gobiernan saben que en esta tierra la catástrofe no es la economía, sino los nublados sobre un nazareno o las jarras vacías, como en Caná. Mientras haya Vírgenes en las ramas de los árboles y lata para otro trago, la casa puede ir acumulando arena. Por eso en Andalucía sigue triunfando la inacción, por eso están tan tranquilos los políticos, que sobreviven a todas nuestras ruinas. No se ha caído el sol, no se ha derramado el vino, no se han muerto nuestras guapas, y la crisis no es más que frío que pasan en los salones de la banca y una horca en la que vienen colgados los periódicos del día. Eso más el caos del PP, que ha desactivado a la oposición. El PP ya no pide explicaciones, están en su propia ópera de venganzas, huidas, felonías, sucesiones. Los que se levantan del escaño parecen interinos o parecen zombis. Pasan un interregno, esperan a un Arturo mientras sus nobles se desnucan a mazazos. Así, Solbes puede seguir silbando como un búho, cada vez más resfriado de sus números, sin que nadie le levante la voz; así, la Junta puede esquivar todas sus responsabilidades delegando con desidia lo que deberían ser iniciativas de su gobierno en una incierta “concertación social”, como si la cosa se pudiera arreglar montando una timba. Todo esto es posible con la gente enfiestada y la oposición shakesperiana.

Salgo a la calle, con cascabeles de sol y dichosas cagadas de caballo. La gente está borracha de flautas y tamboriles, va hacia las marismas como dirigida por tragafuegos de vino. Bueyes con corona, cocinas colgantes, cortinas hasta el cielo, capachos de conchas, mitos con pezuña. Hay una alegría de dejadez y de marea, santificada por niños y perrillos. Los dioses y sus arrieros cabecean en las barcas. El agua lame a muchachas de rojo como a manzanas de caramelo. La crisis, cómo pensar en la crisis. La crisis nos la comemos con sal y butano, la bailamos con el fuego de la raza. A ver quién es capaz de salvar a un pueblo feliz...

4 de mayo de 2008

Somos Zapping 04/05/2008

Eslogan laico. Perdonen ustedes, pero esas romerías de Vírgenes por descampados o ciénagas me parecen como ruidosas bodas de gallinas. No entiendo la idea de un Dios, menos aún el fantasioso pastiche del cristianismo, pero esta religión popular entre el vino, la ebanistería y el vudú, me descoloca del todo. En la romería de la Virgen de la Cabeza, retransmitida por Canal Sur, aupaban niños, ropa y hasta una cámara de fotos (?) para rozarlos por el manto de la diosa madre, y yo me acordaba de aquello tan viejo y primitivo de la “magia por contacto” a la vez que crecía mi estupor. Sin embargo, el tema no es mi escepticismo o mi descreimiento. Cada cual es libre de creer lo que quiera y me han curado de espanto demasiadas muestras de irracionalidad en el ser humano. De irracionalidad y de hipocresía. Porque el tema que yo quiero tratar es ése, la hipocresía de un partido que gusta de sacar a pasear eslóganes (iba a decir ideas) como la laicidad y luego hace que su televisión se los pase por el campanario por adular a la plebe. En la romería de la Virgen de la Cabeza, Canal Sur no ofreció una retransmisión, sino una catequesis. La hermana mayor de la cofradía adoctrinaba y hacía comentarios piadosos, pero el locutor no se quedaba atrás hablando “del fervor muy importante de la juventud”. No, éste no es un país laico. Como decía aquí Anguita, el Rey asiste a misas en actos oficiales y eso lo dice todo. Y en Andalucía, no hay más que ver cómo relucen los cargos socialistas en Semana Santa, como coraceros. Después de bautizos de infantitas y de homilías en su televisión pública, que el PSOE deje de hablar de laicidad y se compre un catecismo y un cilicio.


Sobra afectación. Creo que a Jesús Quintero ya no nos lo creemos. Su efectismo parece de Méliès y cuando posa en sus buhardillas filosóficas, con guión de pregonero, parece uno de esos romanos de las películas malas a los que se les veía el reloj de pulsera. El otro día empezaba así: “Te advierto que esta noche tengo malas intenciones, te voy a apuntar al corazón con un poema...”. Luego añadía: “Todo el mundo quiere salir en televisión aunque sea a costa de hacer el ridículo. En este rincón te respetamos. Tenemos el más alto concepto de ti, espectador”. Sí, empieza poético, humanista, museístico, el más rebelde laudista de los tejados, y además haciendo creer al espectador que si está con él es también todo eso, además de inteligente. Pero luego saca a las nuevas Pantojas de Se llama copla, o a ese tipo, Toni Rodríguez, que no es humorista sino simplemente así: una especie de Buda de freiduría, apóstol de los vagos, empanado en cochambrerías y machismo. “Tú nunca has hecho dos cosas a la vez...”, le decía Quintero. “Sí, por ejemplo dormir y roncar, comer y cambiar de canal...”, contestaba. “Dame tres razones para vivir”, le invitaba a filosofar. “Comer, merendar y cenar”, enumeraba el sabio. “Y si tu fueras candidato a presidente...¿cuáles serían tus palabras?”, le preguntaba. “Mis palabras serían claras –afirmaba, serio--. Pondría once meses de permiso y uno trabajando”. Para eso no hace falta que Quintero se vista de sonámbulo, de salvador, de bardo o de Robin Hood. Podría aparecer directamente con Monchito o Macario y se ahorraría esas lánguidas peroratas suyas, entre el New Age y la autoayuda. Sobra afectación para terminar sacando a folclóricas de puñales y a chistosos de la haronería.


Desaceleración. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Esto, además de ser el título de un disco de Supertramp (endeblón), es la consigna que parece imperar en Canal Sur, ya desde la campaña electoral. Por eso, en los noticiarios o las entrevistas siempre se refieren a “desaceleración”, el mismo término que usan los portavoces del PSOE. Hasta en Mejor lo hablamos se plantea un debate con la pregunta: “Desaceleración económica, ¿cómo la ve?”. Pero de este debate mejor no hablar, que me da la risa. Menos mal que, mientras la construcción se para, baja el consumo y el déficit enseña las orejas, Chaves nos tranquiliza en el programa de Tom Martín Benítez: “El gobierno andaluz es un gobierno que coge el toro por los cuernos y quiere dar seguridad a la gente de que somos capaces de afrontar esta situación económica en una buena condición”. Digno del lapidario bobo...

1 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Anguita (01/05/2008)

Es la medalla de Nobel que le queda a la izquierda y tiene el corazón remachado con todos sus viejos metales, pero todavía me gusta cómo le suenan las verdades, a eso mismo, a metal, a Bruckner de su ideología. De verdades y martillazos estaba llena la entrevista que este periódico le hizo a Anguita. Anguita ya posee la nobleza de la edad o del oficio, como les pasa a los árboles. Frente a la falsa política de la mercadotecnia, de la demagogia, su estilo le hace parecer que habla en verso igual que un mosquetero. Lo llaman iluminado, mesías; lo acusan de acompañar sus recitativos con órgano como el Jesús de las Pasiones de Bach, de practicar un comunismo levítico, y sin embargo yo veo a un hombre con principios que nunca ha dormido con las meretrices que pone en los caminos la política. ¿La reforma estatutaria?: “Un churro”. ¿La monarquía y su encarnación posibilista en el juancarlismo?: “Una excrecencia del pasado”. ¿La autonomía andaluza?: “¿La autonoqué?”. Esto se llama hablar claro, justo lo que han abandonado los políticos de la sonrisa, la componenda, el arrimismo y el caramelito para bobos. La sinceridad, la dignidad y la honradez deberían ser previas a la ideología. Por eso Anguita parece un caballero entre patanes, que aún lo trae un cisne como a Lohengrin. No hablo, como digo, de sus ideas, sino de su actitud.

No sé si Anguita salvará a la izquierda, a su izquierda, la vieja o la verdadera o la nueva o la que hayan hecho engastando o acomodando a lo que iba viniendo aquellas máximas de otro siglo, que sonaban a desmotadora. La refundación puede ser un cambio o un encastillamiento. Pueden derrocar a los viejos fetiches y barbudos, renunciar a la revolución y a quemar a los ricos junto a su dinero, volar con los pájaros, adorar al sol hecho con ceras de la ecología, tragar lo justo con el capital y buscar un hueco a la izquierda de la socialdemocracia tibia o traidora. También pueden refugiarse en los orígenes, en la pureza del paraíso perdido, que es siempre una tentación ante la crisis (y un pensamiento muy cristiano, también). Pueden convencerse de que el comunismo verdadero nunca se llevó a la práctica porque lo pudrieron entre Stalin y otros con guerrera, pero seguir creyendo en el estado monstruo, en los koljoses, en los ejércitos de campesinos y en la igualdad como pobreza repartida o mera uniformidad. ¿Tiene sentido hoy una izquierda anticapitalista, o eso sólo es un llamamiento al ridículo? ¿No se deberían buscar otros horizontes y otros ideales? Creo que esos ideales están ahí: laicidad, republicanismo y un Estado que equilibre las desigualdades del liberalismo sin llevarnos en reatas y sin amordazar los derechos individuales. Pero no sé si en Izquierda Unida, que quizá son demasiadas izquierdas, y a veces tan folclóricas, estarán por la labor. ¿Cómo cuadrar en un mismo proyecto a ácratas, marxistas, pintores del arco iris, guerrilleros, guitarristas, pasotas, utópicos, okupas, rebeldes, antisistema, labriegos y bohemios? Entre ser lacayos o mendigos del PSOE y querer convertirnos en Cuba, creo que hay lugar para otra izquierda, una izquierda con la que me gustaría contar. ¿Se habrá dado cuenta Anguita, o sólo ha llegado ahora a reclamar, en la era de Internet, otro novecentismo fundado en los incendios y las mieses? Digno y empecinado, me gustó Anguita. Sólo necesita algo más de pragmatismo. Y librarse del siglo pasado. Creo que alguna vez soñé con un Partido Republicano de izquierdas que no pareciera un museo alfarero. ¿Habrá soñado también Anguita con eso?

27 de abril de 2008

Somos Zapping 27/04/2008

Camelot. Cuando los nuevos ministros o consejeros prometen su cargo parece que van a marchar a las Cruzadas. En Madrid todavía ponen un crucifijo grande como una Tizona y una biblia abierta junto a la Constitución, porque no hemos avanzado mucho y aún la política está legitimada por la magia y las divinas palabras. Sólo falta que a los ministros los invistan con los tres toques de espada y aquella fórmula de los caballeros: “en nombre de Dios, San Miguel y San Jorge”. En Andalucía, el nuevo Gobierno no tenía crucifijo en la mesa, pero se fue al monasterio de Santa María de las Cuevas, en La Cartuja, donde los almohades cocían barro y luego se encontró una Virgen, cuando las Vírgenes servían para abrir sucursales de lo suyo. En las noticias de Canal Sur se quería dar la impresión de que les encomendaban una misión sagrada (“el derecho a portar armas y a impartir justicia”, les recordaban a los caballeros) pero cuando hablaron Chaves y Zarrías nos dimos cuenta de que sólo juraban estar cuatro años más durmiendo en su montura. Van para tres décadas en el poder y todavía suenan como si inauguraran el castillo. “Son muchas cosas que tenemos sobre la mesa –dijo Zarrías--, los retos de futuro, y hay que ponerse a trabajar ya”. Ya ven, como si hasta la fecha hubiesen estado velando armas y sólo ahora se dispusieran a comenzar a desfacer entuertos. ¿Y cómo definía el presidente de la Junta sus objetivos? Pues más como una miss que como un gobernante: “Que todo vaya bien, que todo mejore, que todo progrese –explicaba Chaves--, que los andaluces vivan mejor, con mejor calidad...”. Pero eso no es un programa, sino un rezo. No, esto no es Camelot y el Gobierno andaluz lo que parecía era un sala llena de armaduras vacías.


Elegancia. Como no tenemos nada que vender, vendemos nuestras flores de papel. Un escalón más abajo que el arte y que la industria está el diseño. El diseño andaluz, que no es ni fábrica ni estatua, sólo una pequeña gloria de retales, el costurero en que se entretienen los pobres que somos. En Tecnópolis llegaron a enseñarnos como innovación la confección de trajes de novia, pero ahora La Nuestra ha hecho todo un programa dedicado al diseño andaluz, entre la arquitectura y poner la mesa. Veo que el programa visita la casa de Tony Benítez, viejo diseñador de princesas o quizá de banderillas. Cristos en las comoditas, un altar para la duquesa de Alba, muebles y salones como las catedrales de unos gatos. Todo como el mal gusto de un maestrante o de un zar agitanado; decadente y hortera, de una enferma pseudoelegancia pomposa, como un orinal muy adornado. “Se nace siendo elegante”, dice, justificando esa nobleza de la sangre que se da más en ciertos lacayos que en los propios aristócratas. Tony Benítez pinta monigotes en piedras, gitanas y toros; sale a su balcón cada día a saludar a la Giralda como en una estampa de caja de cerillas; se siente encortinado por una manera y un orgullo tapiceros de ser andaluz; cruje en sedas y maderas igual que un moro de su chovinismo. Veo después que el programa muestra un salón de Sevilla ligado a cierto apellido muy conocido, donde los famosos y los principados del dinero y las castas suelen cenar con cubiertos de oro, que es una manera de comer sin hambre, por pura perversidad. Pero yo no podía dejar de pensar en ese hombre y en todo lo que significa, Tony Benítez en el monacato de su kitsch que a él le parece la esencia de la clase y del ser andaluz regia o mantecosamente. Sí, a veces nuestro pueblo es vulgar, y eso da pena. Cuando los vulgares son los que presumen de finura, siento cierta satisfacción de revancha o de justicia.


Homenaje. Día del libro, día del papel al peso. Hace poco me detuve en un centro comercial a mirar el sitio reservado para los libros y sólo sentí ganas de incendiar aquello. No había allí más literatura (la literatura es arte, hay que recordarlo) que en las cajas de cereales. Veo la propaganda institucional que pretende incitar a la lectura y me pregunto para qué, cuando lo que encuentra el pueblo a su alcance es basura aglomerada. Al final, Canal Sur me regala una carcajada. En un titular de las noticias, escriben que hay otra “trava” (sic) en no recuerdo qué asunto. La falta de ortografía casi me resulta tierna. Canal Sur ha sabido hacer un homenaje que está a la altura del día.

24 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Mujeres (24/04/2008)

A las mujeres las raptan para ministras, para consejeras o para llevar el ramo en las escalinatas. Lo que quiero decir es que aunque los gobiernos nacional y andaluz presuman de mayoría femenina, todavía siempre es un hombre el que las manda llamar con el timbre y las pone ahí, igual que el ligón que las invita a subir a su coche. Por eso parecen las novias de un pirata o las que han llegado de Avón a los despachos del poder, que todavía son territorio macho. La foto del gobierno andaluz, con las consejeras a los lados como alfiles de cristal, como el celofán que envolvía el núcleo varón e importante de la cosa, era más la de la boda de un cuñado que la de la paridad, la igualdad y el gineceo democrático. Esto no es la nueva revolución de la mujer, sino otro insulto machista agravado por la condescendencia (por lo visto Chaves pidió luego retratarse sólo con sus consejeras, como si fueran un vistoso equipo de voley playa). Hay mujeres muy contentas con esto, aunque les sigan dando las carteras que tienen que ver con lo que algunos hombres creen asuntos femeninos, con la piedad o la ternura, como enfermeras de la Gran Guerra, con virtudes de madre universal, que son las virtudes judeocristianas, claro, pensadas para anular la libertad y la influencia de la mujer y a la vez apaciguar el antiguo miedo del hombre a la hembra con poder. Hasta en el nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa hay mucho de esto, aunque sea por oposición. Pero a mí me parece insuficiente, postizo, tramposo e hipócrita.

En este PSOE andaluz tan igualitario, aún son los hombres los que controlan el aparato, los que fundan clanes, los que hacen la política en su salón de fumar y los que sacan a bailar a las damas. Llamar a las mujeres como a azafatas de la política, entremeter a jovencitas rosáceas entre viejos machos, encargarles las labores auxiliares o de escaparatismo, mientras el mando y el dinero siguen acuartelados en el varón, no me parece un gran avance. Miren las consejerías que llevan las mujeres en Andalucía: Salud, Igualdad y Bienestar Social, Cultura, Educación, Justicia, Medio Ambiente... Otra vez son institutrices, cuidadoras, matronas o jardineras, o como mucho alegorías de ideales, de nuevo la mujer como un óleo. Sólo a Mar Moreno (¿la delfina?) parece que le dan una llave inglesa en Obras Públicas e incluso la consejería de Gobernación de Clara Aguilera suena un poco a disponer la casa. La verdad es que ahora sólo hay una mujer subida a la política hasta sus más altas barbas y no es del PSOE. Se trata, por supuesto, de Esperanza Aguirre, que nunca me ha gustado ideológicamente pero tengo que reconocer que ha ido mucho más allá de cuotas y ayudantías para hacer política con toda la fuerza de esas letras sin que nadie atienda a su sexo, sino a su munición. Ni siquiera el lapsus de Chaves abriendo el debate sucesorio y la posibilidad de una mujer como candidata socialista a la presidencia de la Junta nos sustrae de que hasta Mar Moreno tendría algo de hija heredera y todavía con el tutelaje de su Pigmalión, otra señorita moldeada y adiestrada por un hombre. Aún se lleva a la mujer a la política como al altar, aún el hombre con poder las llama como a mucamitas, aún parecen un secretariado a los pies del macho. Desafortunadamente, queda mucho para la verdadera igualdad. No nos confunden la pose y la tienda de abanicos de esta progresía de feminiles aderezos, achicorias y solecismos. En la foto con sus consejeras, Chaves todavía parecía el sultán.

20 de abril de 2008

Somos Zapping 20/04/2008

Parménides en el Parlamento. En el patio del Hospital de las Cinco Llagas, con un blanco de manicomio, la reportera de Canal Sur sonreía como en un cumpleaños. Y es que eso parecía en televisión la sexta investidura de Chaves, el cumpleaños bisiesto de los que nacieron un 29 de febrero. Lo institucional se ha convertido en celebración personal y el Parlamento tenía el tamaño y la textura de una tarta. Los años de la Autonomía son sólo el avance de la calva de Chaves, el tiempo que acumula su ropero. Igual que los monarcas, Chaves tiene ya la misma edad que sus palacios y Purcell podría haberle puesto música como a aquello de la reina Mary. “Día festivo para la democracia”, “quien ama a Andalucía encuentra hoy un día para celebrar en el Parlamento”, decían los coros de aleluyas de Canal Sur. Pero la eternidad, que es lo que fingen las monarquías y las religiones, no es tanto lo que dura siempre como lo que no se mueve. Y la repetición vacía es su manifestación. Chaves se repetía, en su discursos, en sus propuestas, como si la política fuera la eucaristía de él santificado. “Nos ha vuelto a sorprender con un ordenador para cada dos alumnos”, declaraba con ironía Esperanza Oña. Sin embargo, Chaves no se repite por cansancio o dejadez, sino por coherencia. Su política es una cosa parmenidiana: Lo Uno, lo Absoluto, no cambia ni se mueve, simplemente es, y lo que es no puede dejar de ser ni convertirse en otra cosa por propia definición. Las tesis parmenidianas hubiesen supuesto el fin de la filosofía, pero afortunadamente fueron superadas. También las tesis de Chaves significan el fin de la política, aún más cuando a lo inamovible le suma el uso de una lógica enferma. Vean si no cómo argumenta que su mayoría lo legitima hasta para salvar las aporías, las contradicciones; cómo los votos le permiten decir que lo que no hicieron es como si lo hubieran hecho, o que la oposición queda negada por ser oposición. La verdad es que la eternidad queda siempre falsa y fea en democracia. La verdad es que la política no ha llegado a su fin aunque Chaves traiga otra vez, con una antigüedad y un orgullo de muerto, a Parménides al Parlamento.


Ridículo enciclopédico. “Solemnidad”, llamaba a todo este enterramiento de la política Iñaki Gabilondo en las noticias de Cuatro. El Parlamento andaluz parecía que celebraba los círculos eternos, la inevitable vuelta del sol a su posición inicial entre las constelaciones, y él hablaba de “solemnidad”. Me descoloca Iñaki Gabilondo, su estilo de homilía, la chocante costumbre de mezclar constantemente información y opinión en sus informativos, ese dar las noticias como un padrecito o juez de la actualidad, entre rojos papales y regañinas de autoridad. Curiosamente pasó de esa “solemnidad” de catafalco del discurso de investidura de Chaves a enlazar con el rechazo del PP sevillano al nombramiento de Felipe González como hijo predilecto de la ciudad, dicen que por haber llamado imbécil a Rajoy durante la campaña. “El único presidente nacido en Andalucía, cuyos méritos son reconocidos por todos los partidos, es pues, boicoteado –decía--. Nos parece un ridículo enciclopédico (?) que Rajoy debería evitar”. Pero no entremos en evaluar las luces y sombras de González. Es sobre todo la forma que tiene Gabilondo de tomar partido, de dictar sentencia, de dar lecciones y consejos como un gurú, la que me hace huir de sus acolchados noticiarios. Esas maneras en mitad de un informativo sí que me parecen de un “ridículo enciclopédico” y sobreesdrújulo.


Viva mi coro. Parece que Canal Sur ya tiene sustituto para la copla. Esta vez van a ser coros de vecinos o amas de casa, que no creo que se dediquen precisamente a la polifonía renacentista, sino a las salves rocieras y a las rumbitas tontipijas. Viva mi coro se llama la nueva fórmula de atontamiento con la que el folclore populachero nos ofrecerá sin duda la conocida medida de nuestra vulgaridad cultural.


Palote. Aquí dejo, sin más comentarios, el tema que esta semana nos trajo Mejor lo hablamos, el único programa de debate (o algo así) de nuestra televisión pública: “Viagra: ¿mito o realidad?”. La cosa, más que para ponerse palote, era para deprimirse...

17 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: All'antica (17/04/2008)

No sé por qué le llaman Il Cavaliere, pero lo de Berlusconi me parece más el regreso de las Mamá Chicho que el de aquella vieja cavalleria rusticana al italiano modo. Con ese título (que no se traduce por caballería, sino por caballerosidad) y esas maneras, Mascagni hizo una ópera con cuernos y venganzas a la hora de las misas. No es extraño que la tercera parte de El padrino tenga su clímax alrededor de esta ópera toda honra y escopetas. "Tuo padre pensa all'antica", le dice una vez Sollozzo a Michael Corleone en la primera película de la saga, y quizá Berlusconi también piensa a la antigua, pero además con modos de putañero. Por eso su primer saludo a Zapatero ha sido como la risita dedicada a un calzonazos. Berlusconi, con su machismo como unos tirantes, se ha burlado de Zapatero por su mujerío un poco almodovariano, por su Gobierno lleno de musas. No es que Berlusconi me importe especialmente. Lo que sí me importa es que hay mucho de guasa berlusconiana también aquí, en España, y eso tiene el peligro de desvirtuar y banalizar la crítica, que tiene razones más profundas que el tono rosáceo o juvenal de su gabinete.

La crítica fundamental es hasta qué punto pueden los ministerios convertirse en alegorías, pues esto es lo que se diría que ha hecho Zapatero. La alegoría de la juventud, la alegoría de la fertilidad, la alegoría de la contradicción misma, no es lo que se espera de un Gobierno que debe conducir y gestionar, y que por tanto necesita, antes que nada, conocimiento y capacidad. Ni por mujer ni por embarazada podría espantarle a nadie que no pensara como Berlusconi el que Carme Chacón mande firmes en los patios de armas. No, es más bien por el total desconocimiento, la nula experiencia, el completo alejamiento por personalidad y convicciones de la misión que debe desempeñar. Y la edad, también yo he hecho guasas con la edad, es cierto. Pero es que reniego de la juventud como valor en sí mismo. Puede ser útil si va acompañada de talento, de fuerza, de ganas, de rebeldía, de intención de cambiar ese mundo de viejos que suelen ver extraño y gastado los jóvenes (ahí está la teoría de las generaciones de Ortega y Gassett). Pero Bibiana Aído es un cachorrito domesticado en la burocracia y en el orín de un sociatismo vetusto, compadrero, inercial, en la famiglia que sigue pensando all'antica. Y además, ¿por qué mujer joven y no hombre joven? Eso todavía me lleva a sospechar más que todo es un escaparate, una opción de diseño y no de funcionalidad, como si una nación se planeara igual que un anuncio de yogures. Bibiana Aído no sólo es joven sino que no tiene más experiencia ni capacidad que su sumisión a los clanes, y el único mérito de los favores que quedan por pagar. Bibiana Aído no sólo no añade nada, sino que hasta diría que menoscaba otra presencia a la vez icónica y verdaderamente valiosa de la mujer en este Gobierno, como la que representa Fernández de la Vega. Berlusconi hace burlas machistas, también las veo aquí. No es eso. Lo verdaderamente grave es este maquillaje sin fondo y sin sentido, un Gobierno basado en el estilismo de llevar la contraria. Me sorprende muchas veces cómo la idiosincrasia de un pueblo se refleja en la política. Pasa en Italia que vuelve a elegir a este dinosaurio de Berlusconi, pasa en Argentina que no escarmienta del peronismo, pasa también en Andalucía, ahora que escucho el discurso de investidura de Chaves y me doy cuenta de cuánto pesa ese pensamiento all'antica. Quizá España sigue siendo antigua y machista. Pero rebelarse contra esto únicamente con operaciones de dermoestética es un error y una irresponsabilidad.

14 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Edad de las ministras (14/04/2008)

Los ministros ya son de la generación de Bola de dragón, como mi señora, cosa que me hace sentir más viejo. Presiento la crisis de los cuarenta cuando aún me faltan un par de años, porque ahora me da por hacerme tattoos y los políticos del telediario me adelantan en juventud, algo casi tan frustrante como ese momento en el que te das cuenta de que los futbolistas de tu edad ya se retiran. Llegan las yogurinas a los atriles y las fontanerías de los partidos, a los ministerios siempre un poco cuarteleros y viejunos, donde hasta los seguratas parece que van con casaca. Tuve una novia que trabajó de eso mismo en el feo mazacote de Industria, como un parking emergido en la Castellana, y siempre me contaba los caprichos y lujos del ministro, al que atendían como a un coronel. Ahora que las carteras se las dan a las ecopacifistas y a las niñas que casi no conocieron el helicóptero de Tulipán, quizá los ministerios pierdan lo que tenían de bunker o de ópera para pasarse al feng shui y las coreografías de Take That. Creo que todo empezó con la niña de Rajoy y ya se ha inaugurado una época, un estilo, algo que es como ir con trenzas en la política. Soraya Sáenz de Santamaría lo que parece es una grupie, más que una JASP, y tiene ojos de merienda. Carme Chacón creo que pasó de las casas de muñecas al ministerio del mismo ramo igual que la Alicia de Carroll, de un bocado. Y lo de Bibiana Aído ha sido un récord menorero. Pero no sé si la política se perfuma verdaderamente de juventud con estos cambios o lo que quieren es enseñarnos pantorrilla para que soñemos, como hace con las enfermeras de sus hospitales ese Pascual que es un poco Benny Hill. Estas niñas vienen con padrino y con galletitas de los boyscouts, pero uno piensa que nuestra política sigue siendo antigua, que la Democracia no mejora por sacar un par de ministerios al recreo, que no son majorettes lo que necesitamos sino, por ejemplo, unos partidos menos piramidales. Soraya o Bibiana son una linda mirada con la misma voz de ogro.

Zapatero se ha cargado todas las quinielas (las mías y también las de muchos socialistas) metiendo a una desconocida empollona o meritoria y manteniendo en cambio a otras gobernantas. Si cuando salió el nombre de Bibiana Aído todos se preguntaban quién era y dónde la acaban de pescar, el que siguiera Magdalena Álvarez, ministra totalmente quemada, la hacía parecer una repetidora de curso. Es como si pensaran que sólo ella puede quitar todos los cascotes que dejó su ministerio o manejarse en el desorden de sus cajones como el de sus zapatos. Para mí ha sido mayor sorpresa ésta que el nuevo tocinito de cielo que ha traído la cuota andaluza en el Gobierno nacional. Bibiana Aído, del clan de Alcalá de los Gazules, protegida de Pizarro y dicen que también de Chaves, ha saltado al banco azul desde un puesto de comisariado político o de adorno burocrático, la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, al final de todos los organigramas y de todos los pasillos, allí donde los partidos sólo ponen jarrones. Dicen los malvados que su nombramiento ha supuesto un golpe para el ámbito de influencia de Zarrías y que el de Jaén ya está perdiendo posiciones para colocar candidatos de su círculo en la sucesión de Chaves. No sé, la verdad. Aún me espanta el esfuerzo que los partidos dedican a ese movimiento suyo de muñequitos, al seguimiento de esas carreras de caracoles, mientras se olvidan de la gestión de lo público. La edad o los tirabuzones de los ministros no hacen generación en la política, si acaso sólo escaparate. O quizá es que hoy me siento viejo y cansado de que pasen tantos años por nuestra Democracia sin que cambie más que su peluquería.

13 de abril de 2008

Somos Zapping 13/04/2008

Neurosis de la copla. En Mejor lo hablamos la actualidad les quema en las manos y por eso el otro día se preguntaban por la situación de la copla hoy en día. La verdad es que a mí me preocupa más cómo andará el cuplé, pero así es la tiranía de la noticia... Canal Sur anda ensoberbecido por las audiencias de Se llama copla hasta creer que ha propiciado una revolución callejera entre retrofranquista y goyesca (había que escuchar a Joaquín Durán, que parecía que había compuesto el Aserejé). Por eso, el debate lo plantearon como el desfile de la victoria de todas sus cigarreras o corseteras. La moda de la copla, el renacer de la copla gracias a ellos, como si hubieran vuelto los organilleros o los serenos... Pero esa audiencia tiene truco, porque el triunfo en las noches del fin de semana, donde la televisión queda para los viejos, los convalencientes y los frikis con fobia social (los demás están en la calle) sólo nos dice que vencieron contra el parchís. Y sin embargo ese regodeo en su (relativo) éxito nos indica el tamaño de nuestra miseria: la vetustez de la sociedad andaluza, la ignorancia de nuestro pueblo del arte verdadero, la complacencia en el tópico. Joana Jiménez, la ganadora del concurso, afirmaba que “la copla está en el corazón de la gente sencilla”, pero lo que está en la gente sencilla es la incultura y el folclore santificado como valor supremo, que no es motivo de orgullo sino de pena, y más cuando son fomentados por el poder político a través de una televisión populachera y embrutecedora. “¿Cuál es la clave de ese éxito?”, se preguntaban. Pues ése, nuestro atraso cultural. Pive Amador, que iba como de académico de un semiarte de los puñales, historiografiaba y agigantaba la copla y se quejaba de los que la critican “sin conocerla”, pero nadie supo decirle que hoy la copla es sólo la nostalgia madrera de algo con un valor artístico ínfimo, como el recuerdo de la música de un tiovivo de la niñez. Las razones para defenderla son más freudianas que estéticas. Resultó ridículo ver cómo algunos intentaban argumentar histórica y artísticamente su mal gusto o sus neurosis.


La gracia del borracho. La feria de Sevilla, algo así como el pueblo empanado en arena y vino... Aun deslucida por la lluvia, en televisión seguía siendo una noticia colorista y con tambores desde la que los borrachuzos llamaban alternativamente al sueño y a la jarana. Así lo hizo Jorge Cadaval, entrando en directo por teléfono en el programa de Buenafuente. Empezó el Moranco señalando que llamaba desde “la tierra de María Santísima”, que es la portagayola con la que se presentan los rancios de allí. Por lo visto, en el paroxismo chovinista los dioses se hacen ya nacer en tu barrio, cosa que más que curiosa me parece estúpida. Después de esta declaración cateta, Jorge Cadaval hizo una invitación a visitar la feria como a salivazos. Supuse que quizá estaba un poco puesto de manzanilla, y en ese momento me di cuenta de que en realidad la gracia de Los Morancos es ésa: parecer que están borrachos o que nadie pueda saber con certeza si lo están o no. Lo comenté una vez, cuando aparecieron como a cuatro patas en Menuda noche, en un programa de fin de año. Pero también lo demuestran haciendo de jurado en uno de esos programas de talentos o frikadas (hay varios y no los distingo). La gracia del borracho, estarlo o simularlo, rodar por el suelo, hacer de perrito, subirse a las mesas o al escenario inesperadamente y dejarnos la vergüenza o la duda de su cogorza. Quizá ésa es su gracia, quizá ésa es la gracia de Andalucía toda, y por eso fuera nos suponen así, siempre trompas, siempre con la lengua enredada y el eructo a punto de salir. Por eso cuando parecemos felices damos más lástima.


Lluvia. La lluvia, cuánta lluvia, y Andalucía tan mojada y tan frágil que la lluvia y el viento la entristecen y la zarandean como a un columpio. La lluvia que mete a la feria de Sevilla bajo una capota, que deja aparcados a los Cristos en Semana Santa, que hace suspender las corridas de toros (todo torero es la esperanza de un Cristo)... Y pienso que somos una raza sin techos, una tribu tras una cascada, cosechadores de mitos pendientes de la lluvia, rezando a la lluvia, llorados y ahogados por ella como si nos arrastrara con nuestros pobres cobertizos. Pueblo primitivo desnudo en su selva, bajo la lluvia.

10 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Rapiña (10/04/2008)

Entre las espigas masónicas, que diría Raúl del Pozo (el maestro saca mucho a los masones en sus artículos, más que yo que soy masón), Rosa Díez parecía que había subido a la tribuna del Congreso a llevarle ramos a la Democracia. Ella misma es su rosa en la sillería de ese hemiciclo que tuvo una legislatura donde los bancos sólo acumulaban piedras. No puedo ocultar mi satisfacción por que su partido haya conseguido un escaño. No sólo por ella, por su personalidad y su valentía, sino sobre todo por el ideólogo que está detrás, Savater. Por fin un filósofo se hará oír entre los mercaderes, los demagogos, los profesionales del escapismo, los tahúres de los partidos con los dientes de hierro como una canana. Los partidos, diseñados por fontaneros y publicitarios, ya no daban ideas, sino estrategias de venta, ofertas y saldos. Que Savater sobrevuele las escalinatas de un parlamentarismo reducido a la reyerta y a la subasta significa que quizá veamos la política de la razón frente a la política de los intereses. El miércoles, en la tribuna como un gran cabecero de cama, Rosa Díez le daba la réplica a Zapatero y le hablaba de igualdad real, no de esa otra escrita con zeta, la igualdaz retórica, como mantra, como paisaje pintado, de la que tanto gusta Zapatero olvidando que su política autonómica ha consagrado lo contrario: los rebañamientos de las autonomías, los juegos de pesas entre ellas, la claudicación ante la ambición de dinero y control de las castas locales de poder. Parecía una obviedad, pero es una verdad que la política territorial de ZP ha olvidado: que los derechos son de los ciudadanos, no de los territorios. Así se lo recordaba Rosa Díez a la vez que pedía la devolución al Estado de algunas competencias (educación) ante el uso depravado que ciertas autonomías están haciendo de ellas. Zapatero contestó con una tontería: para él, el desarrollo autonómico que ellos están promoviendo (¿esos estatutos consentidos para mayor gloria de la mitología homogeneizante y manipuladora de los nacionalismos?) es mejor que algunos federalismos como el alemán. Por la boca de Zapatero sólo salían burbujas.

Soy muy escéptico con este modelo autonómico. Lejos de acercar la Democracia al pueblo y de agilizar el gobierno, no sólo ha multiplicado la burocracia, sino que ha creado élites locales que controlan todos los aspectos de la vida pública hasta hacerla instrumento de sus intereses. Las autonomías son haciendas, las competencias son regalías y son usadas para beneficio de la casta de partido e incluso para el adoctrinamiento ideológico: ahí está la educación, pueblerina, tribal, empequeñecida en las hazañas autonómicas, por más que Zapatero le contestara a Díez que con ese tema había elegido “el peor ejemplo”. Yo me acordé, ahora que vemos cómo los juzgados se comen sus desconchones, de aquellas palabras de la consejera de Justicia, María José López, cuando afirmó su voluntad de que nuestro Estatuto posibilitara que las sentencias tuvieran “idiosincrasia andaluza”. Sólo deseaba altos tribunales que obedecieran a la Junta. Mientras, las competencias nos dan caos en la Justicia, caos en la salud con listas de espera maquilladas, caos en la educación con sobornos a los profesores para que les decoren los malos resultados. Y luego, consejerías, secretarías y organismos públicos donde los comisarios políticos ordenan la realidad según su conveniencia, donde sólo se produce propaganda y donde come toda la marabunta de arrimados. Control absoluto, no más. Rosa Díez hablaba de igualdad. Pero este sistema sólo da rapiña y reyezuelos.

6 de abril de 2008

Somos Zapping 06/04/2008

Justicia amontonada. La Justicia es una cosa que se comen los ratones y que esponjan las cañerías. En las noticias de Telecinco nos enseñaban imágenes de los juzgados de San Fernando, con los expedientes apilados en el váter, con funcionarios ahogados en ácaros, y la Justicia, ropavejera, quedaba como una mudanza de pobres, un desorden de encalar y un colchón podrido apoyado sobre la pared de nuestro sistema. De Santiago del Valle a la juez de Motril que dejó un año en la cárcel a quien había absuelto, nos escandalizan sus errores, olvidos, traspapeleos, retrasos, precariedades. Es fácil señalar a un juez flojón, como ha hecho la Junta con Rafael Tirado, pero el asunto va más allá. Hay un profundo déficit estructural en nuestra Justicia, una imperdonable escasez de personal y medios, y a eso hemos llegado no por el sueño o la maldad de los funcionarios, sino por el desentendimiento de los políticos. Desde que el felipismo se cargó la división de poderes, el interés de la política por la Justicia se limita a los altos tribunales, que son los que pueden tumbar leyes y estatutos y juzgar aforados, y al Consejo General del Poder Judicial, comandita de todo ello donde los partidos tienen cuotas como si fueran accionistas. Por debajo de los jueces con toisón de oro, salidos de los tapices, todo lo que queda de la Justicia les parece a los políticos un trabajo de barrenderos. En Telecinco iban mostrándonos cementerios de cartapacios, sucias carpinterías de la ley y unos funcionarios sobrepasados, agotados como de trabajar en un matadero. La Justicia sólo era algo amontonado y a punto de arder.


Señores y señoritos. Cuando decía “señor”, hacía el gesto de ajustarse la chaqueta, una chaqueta naranja a juego con todas las fosforescencias que vestía, ésas que gastan los pijos de dinero, de patillas o de estirpe, como si su ridiculez fuera radiactiva. Jesús Quintero entrevistaba a Martín Pareja Obregón, torerito trotoncete y cortijero que se perdió un día en sus juergas, que se metió luego al cotilleo televisivo y que ya representa sólo una especie de taurinismo de hechuras porcinas, un casticismo de establo, una falsa aristocracia uniceja y la altivez del analfabeto azahonado, tan conocidos aquí. Sí, el señorito, o lo que queda de sus posturitas. No ha sufrido nada Andalucía con los señoritos, que condenaron a esta tierra al medievalismo, a la desindustrialización, que se regodearon en la opresión y en la injusticia, para que tengamos que soportar ahora a un hijo de papá, entre la farra y la haronería, defendiéndolos: “Era un señor, pero hoy dicen el señorito mirándolo como mal, y el señor, el señorito, era el hombre que le daba trabajo a muchísima gente...”. No, el señorito explotaba, sometía y abusaba; no era empresario sino dueño, y su recuerdo aquí duele como estocadas. Pero Martín Pareja Obregón, al que hemos visto por toda la televisión esparciendo su catetería, su machismo (trata a las mujeres como a vacas guapas), su orgullosa vulgaridad acoloniada, su ranciedumbre cascabelera, decía “señor”, se ajustaba la chaqueta naranja como volviendo a poner sus botos sobre los cuellos de los pobres, y quedaba entronado en su papada. Y aún a esto lo llamaba pureza. “Yo soy un tío muy puro, me he criado en una gente muy pura”. A esa pureza yo la llamo mugre, costra, roña. Todo lo odioso, kitsch, vergonzoso que arrastra Andalucía, sus castas de pajar, su bodoquería empingorotada, su fachosidad pringosa, todo eso en este Martín Pareja Obregón, saco humano de lo que nos abochorna de nuestro pasado y nuestro presente, la condena de Andalucía a la zafiedad, a la jarana, al folclore y al clasismo. Y todavía va de artista. Pero de señorito vividor no ha pasado.


Sospechoso. La Asociación de Telespectadores de Andalucía es un ente fantasmagórico que aparece una sola vez al año y da unos premios con tufo y baba que suelen recaer en los de siempre. Ahora han premiado a Se llama copla, que nos devolvió a un franquismo estético; a Tecnópolis, ridículo instrumento de propaganda modernizadora; y, ahí es nada, a Rafael Camacho, el vocero del poder que ha conseguido que la RTVA coleccione sanciones de la Junta Electoral como posavasos. ¿Sospechoso, evidente o directamente ignominioso? ¿Quién lleva esta asociación que se diría hecha ad hoc? ¿Zarrías?

3 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Venganza (03/04/2008)

Me aparto de los autos de fe, no me gusta contemplar cómo arden las almas de los pecadores, que huelen sólo a su pelo y a sus uñas quemados. Culpa, castigo, redención (¿la caída del ser humano por el pecado, la recuperación de ese estado primigenio –santidad, pureza o semidivinidad-- a través de la expiación?) me parecen mitología del sadismo. La Justicia (punitiva o reinsertadora o reparadora o disuasoria) aparece con repentina presencia de horca, de estaca, cuando un pueblo barbarizado le exige ser un mecanismo de venganza social. Michel Onfray diría que es la episteme judeocrisitana que aún nos impregna: “La culpa consciente y elegida libremente con ayuda del libre albedrío que desconoce los determinismos, y de donde surge la creencia en la responsabilidad personal que, desde entonces, justifica el castigo, y por lo tanto, la redención, ciclo infernal y perverso...”. Michel Onfray, cada vez más imprescindible ante todos los que aún piensan que frente a las creencias supersticiosas con su moral descendida de los cielos sólo existe un nihilismo vacío, triste, egoísta, inmundo; que no es posible una ética humanista ateológica, pues para ellos el ateísmo es una amputación. Pero Michel Onfray ha sabido enunciar la ateología no como negación de nada, sino de manera afirmativa, como teoría de lo inmanente, que lleva además aparejada una “ética estética”. Sí, ante esa episteme judeocristiana que, entre otras cosas, aún hace bíblicos los tribunales, no está sólo la náusea sartriana (que no es más que una elección de carácter), sino, no lo olvidemos, también la Gaya Ciencia, la alegría del hombre liberado, sin contratos con los dioses, sino únicamente consigo mismo y con la sociedad, con su felicidad y serenidad que están unidas siempre a las de los otros a través de la cortesía y de las virtudes de la civilidad y de la buena fe, de la bondad en fin. “Goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: ésa es la moral”, dijo Chamfort, formulando el imperativo categórico hedonista. Esto, frente a la pulsión de muerte, al ascetismo castrante, a la moral del sadismo.

Me aparto de los autos de fe, no me apacigua que el gentío traiga la cabeza de la Hidra en sus manos sucias, no me gusta la Justicia como éxtasis de la venganza, no voy a encontrar ninguna satisfacción en el sufrimiento de nadie, ni siquiera de ese pobre loco, enfermo sin duda, asesino confeso que el pueblo ha empezado a quemar por los pies. “Lo bíblico es el ojo por ojo, pero sólo Dios puede quitar la vida”, dijo el padre de Mari Luz. Pero a Dios hace mucho que le sobran instrumentos en la tierra, hay demasiados que hablan y actúan por él, y desde que los hombres sueñan con su fantasma ha habido manos que mataron siguiendo su voz. Sí, es bíblico el ojo por ojo, el muerto por el muerto, cuando se ha admitido que el mal se elige libremente y el castigo es algo que no se aplica para proteger a la comunidad, sino que, sencillamente, se merece, que etimológicamente significa “hacer el bien”. Han pedido la pena de muerte, que hace mucho que me parece, además de inútil (en ningún lugar se ha parado nunca el crimen con ella), objetivamente inhumana. Han pedido la cadena perpetua, que es la traslación terrena del castigo eterno (tan bíblico también), pero ¿a quién negarle la posibilidad de cambiar? ¿Cómo pueden los mismos que enarbolan la teoría de la elección consciente del mal afirmar que es imposible que el sujeto cambie? Y si ese sujeto está tan indefectiblemente determinado, ¿hasta qué grado es culpable? Ay, la episteme judeocristiana... Que la Justicia nos proteja de los monstruos, sí. La cacería, el trofeo, la venganza, son otra cosa.