El
paradigma del cani. Tenían un modelo para los
mayores, el modelo Juan y Medio de mantita y braguero, el de ponerlos en la
mecedora a mirar Andalucía como un patio con jilgueros mientras les dicen que
la Junta, con su cariño entre cocinero y farmacéutico, les dará todo lo que
necesiten: gachas, besos y fiestas de nietecitos. Tenían un modelo para los
hijos, el modelo moranquista, o sea el onanismo de la vulgaridad, la risa
mellada del que goza en la ignorancia y la fealdad, haciendo vida de eso sin
más aspiraciones. Cuánto le gusta al poder que la masa considere su incultura
un motivo de satisfacción, de autenticidad, de pureza… Ignorantes y halagados,
están en sus manos. También tenían un modelo para los nietos, quizá no muy
perfilado: el modelo andilucas. Sin embargo, ahora Andy y Lucas me parecen
antiguos como los Hombres G frente al nuevo paradigma, el del cani, tercera
generación en ese proceso de atontamiento. Lo deberíamos llamar Tercera Estupidización
de Andalucía. No es que quiera ponerme ahora moralista por una simple serie de
televisión. Sólo intento entender cómo encaja Flaman en el concepto de “servicio público”, que para la RTVA significa
“servicio al que manda”. De repente, por aquí, algunos se pusieron a filmar
cosas alrededor del mundo cani y se creyeron que estaban haciendo neorrealismo
italiano o al menos algo de Spike Lee. La gente se compra una cámara, se hace
fotos de los pies y seguidamente ya se ve vanguardia, contracultura,
provocación… Los hijos de su tiempo hablando el idioma de su tiempo… Pero para
eso se necesita fondo, sustancia, acritud, acusación, estética. Poner a un par
de canis hablando chorradas como los viejos de los Teleñecos no les convierte
en artistas, rebeldes ni salvadores. Tampoco el humor tiene necesariamente que
hacerles peligrosos para el poder (Pepito el Caja no lo es). Así que terminan
siendo otra pieza sumisa en la cadena, orgullosos y complacientes con la bajeza
por sí misma, sin más intención, crítica ni belleza. Flaman es eso. Es la exaltación sin talento de una juventud descerebrada
que quieren hacer heroica. Un cani con superpoderes que, antes que nada, los
utiliza para darle guantazos invisibles al profesor y robar exámenes. Un cani
chulito y de sesera líquida que humilla a unos frikis pardillos que, a pesar de
todo, lo admiran. La serie ni siquiera tiene gracia. Ni nada más, salvo
coletillas. La realización es de ejercicio de FP, los actores son malos, los
personajes simplones y el guión, absolutamente idiota. Flaman está producido por Los Morancos y desarrollado por los de Malviviendo, que parecían más
interesantes al principio pero terminaron de Benny Hill de lo cani. La serie,
en fin, es mala para darle de gorrazos. Pero además es la evolución del
moranquismo hacia su último nivel corruptor, el de los jóvenes. Ahora
entendemos el servicio público que presta. Tres generaciones idiotizadas a
conciencia. Y pretenden que nos riamos con eso.
Cara
y cruz del cinismo. Hay verdaderas conjunciones mágicas.
Por ejemplo, cuando coinciden Griñán, un parque tecnológico (el de Málaga) y
Carmen Benavides haciendo la crónica para Canal Sur. “Si el paro es la cruz, la
cara son los parques tecnológicos, motores de creación de empleo y de riqueza”,
decía la periodista, no citando a Griñán, sino con literatura propia. Un poco
descompensados veo yo los lados de esa moneda, ¿no? “La innovación y el
conocimiento se erigen así en una importante vía de crecimiento económico”,
remató. ¿Lo notan? Sí, este 35% de paro nuestro da un aire repugnantemente
cínico a ciertas formas de propaganda, excusa y distracción. O de chorrada.
Como la de Griñán: “Lo peor que podemos hacer en política es sumar parados como
si estuviéramos sumando votos”. Mejor los sumamos como mártires. Y víctimas. De
los que llegaron y de los que nunca se han ido. “Hay que luchar contra el paro”,
dijo tal cual Griñán otro día. ¿Le damos un premio? Bobo, efusivo, orquestado y
repugnante cinismo. Hay conjunciones mágicas que en Canal Sur ocurren cada día.