
Niños robados. Volvió Paco Lobatón con sus paladas de ceniza y sus pajarracos del morbo. Niños desaparecidos o niños muertitos, madres llorosas con el vientre huérfano, oscuras enfermeras de película de manicomio... Niños robados iba a ser un programa especial para una sola noche como de terror nazi, pero ya le han dado continuación. El morbo, una vez más, sedujo a la audiencia andaluza y Canal Sur sabe reaccionar ante eso. Paco Lobatón va a poder seguir abriendo muchos más ataúdes blancos y muchos más corazones enterrados. Los hijos sin madre y las madres sin hijo en realidad dan siempre la misma historia, por eso todo era repetirse y recrearse enfermizamente una y otra vez en las entrañas arrancadas y en los llantos oídos en las pesadillas, en las cunitas vacías y en los patucos sueltos, en las mismas imágenes en blanco y negro de bebés raptados entre toallas o ya cadáveres (sí, sacaron mucho la foto de una mujer con un bebé muerto en los brazos). Madres con el agujero de un hijo, ahí hay para escarbar y para supurar todo lo que Canal Sur quiera. La cosa podría durar más que Arrayán.
La cura. Y entonces, como en el poema de Pedro Salinas, la alegría... Que la alegría nos cura de todo es un viejo ardid para contentarnos en nuestra miseria. Creo que he dicho ya alguna vez que aquella frase de Roberto Sánchez Benítez que pretendía espantar la crisis “con este sol y esta alegría” quedará un día como resumen perfecto de la sociedad andaluza de este tiempo, mantenida pobre, inculta y a la vez riente por el poder para hacernos conformistas, acríticos y satisfechos aun en nuestras dolorosas carencias. Por eso, sin duda, en Salud al día hicieron esta semana de la risa una científica medicina. La risa “mejora nuestra memoria, reduce el estrés, aumenta la capacidad de respuesta del organismo ante los tumores (!), protege de enfermedades respiratorias, previene los resfriados y las enfermedades del corazón”, nos decían. Hasta “mejora la productividad”. Luego, ponían a un andaluz contando un chiste. Ya estamos salvados de la tristeza, la pobreza y la enfermedad con esa “terapia al alcance de cualquier bolsillo”. Seguro que por eso Roberto Sánchez Benítez nos hace reír tanto, por nuestra salud: sus ridiculeces casi quitan el colesterol. Rían ustedes, como invitaba el programa sacando hasta a un payaso que se dedica a hacer talleres de “risoterapia”. Vean Canal Sur y rían por lo que somos o por lo que han hecho de nosotros, monos rascadores satisfechos en su risa boba, olvidando todo lo demás. “Se recomienda reír al menos 10 minutos al día”, nos indicaban. Poco es, porque nuestros gobernantes y nuestra televisión autonómica nos mueven a la carcajada continuamente. Rían ustedes, como intento reír yo. Pero si luego sienten, pese a todo, una intensa amargura, una honda sensación de pérdida o de estafa, y ven la realidad que se niega y a la inteligencia desahuciada y a la estupidez triunfante; si ocurre así, si todavía les queda tristeza y rabia y descontento, entonces, y por eso mismo, no estará todo perdido: aún tenemos cura.