27 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Navidad pagana (27/12/2007)

Algunos han colgado al Niño Jesús de los balcones y parece una toalla de playa o una caja de polvorones, pero la ciudad en Navidad está diseñada por boy scouts, por jardineros orientales, por gnomos del bosque, por echadores de cartas, por hadas congeladas y por prestamistas. La Navidad es cristiana sólo levemente. Bastante antes de que el pequeño Jesús se hiciera dogma, estampa y escayola, los dioses solares que le precedieron también nacían en cunas de nieve, con los planetas y los animales arrodillados. El 25 de diciembre es el cumpleaños de Dionisos, de Osiris y de Mitra, ante el que también se postraron pastores y magos y que igualmente resucitó al tercer día. A Horus se le representaba recién nacido en un pesebre. La Navidad es el rezo al sol acostado, al sol parado en el cielo (sol sticio) en su posición más baja, y es pagana como es pagano el mismo cristianismo. Antes que rabiar contra Santa Claus, el cervecero de la Navidad, contra El Corte Inglés, que cambia a la Virgen por azafatas de congreso, y contra los alcaldes como lampistas ateos, los católicos deberían rabiar contra Constantino, contra los primeros concilios que fueron broncas de jugadores de dados y mezclaron todos los mitos de este hemisferio para darle consistencia y tradición a un nuevo dios como a un nuevo merengue. Veo en los recibidores de las casas los nacimientos con ríos de papel y molinos de corcho y toda la nieve mentirosa de Judea, pero lo que hay sobre las coronillas de la Sagrada Familia no es sino el disco solar de los egipcios.

La Navidad, todos los mitos del frío, las ruedas del universo que se levantan, los dioses que balan, la naturaleza con rayos prendidos en el pelo. Que no se inquiete la ortodoxia creyente, que la Navidad sigue siendo pura. En la luz que pone sombreros a la ciudad (la luz, eso es lo que pedimos en esta época), en los árboles donde ahora se cuelga en plástico la esperanza de la fruta, de la vida que traerá el sol cuando vuelva de su cueva, hay una simbología más auténtica que en los villancicos donde las burras llevan remiendos y los peces se emborrachan como mosqueteros. Si consumimos, si nos hartamos de galletas y ofrecemos regalos, es para celebrar que la naturaleza no se para y que volverá la abundancia, que estamos llamando a la abundancia igual que a esa luz. Hasta las cajeras pasando dulces por sus manos tienen más sentido estos días que los nidos de ratones que roen calzoncillos. Sí, la ciudad está llena de mitos, los más auténticos y los más impostores. Rojos encendidos en el frío, campanillas que parecen dátiles, fiesta patinadora en las calles, muérdago sobre los besos como sobre cerezas, lazos en el cielo anisado, luz y más luz en sus bomboneras. La Navidad más verdadera es la Navidad pagana. La teología es un harapo añadido a sus rituales y un niño desnudo no iguala al sol en su ponchera. Me gusta la Navidad, soy un pagano. Cumplo con la tradición, enciendo velas, adorno con plata la eclíptica, quiero la bicicleta del sol y hasta escribo como cada año este artículo, el de la Navidad, que es el de siempre. La Navidad no está raptada, no se ha podrido su esencia, como dicen, porque esa esencia está en el ritmo de las constelaciones, de nuestras colmenas y de nuestro cuerpo que odia las bufandas, y no tanto en el de la mecedora de una Madonna. En todo caso, feliz Navidad, a los paganos y a los otros. Lo llamemos como lo llamemos, todos compartimos ese mismo deseo de luz, que sigue mereciendo rezo o simplemente esperanza.

Somos Zapping 23/12/2007

Tengo un bache para usted. Era un formato novedoso y con morbo, eso de ver a los políticos como gladiadores o trapecistas ante las ganas y pedradas del pueblo, pero Tengo una pregunta para usted me ha ido decepcionando poco a poco. Primero, porque los políticos han ido aprendiendo de los que caían antes, y segundo, porque me he dado cuenta de que el personal tiene muy corta la mira, no suele abordar la raíz y la esencia de los asuntos, sino que va a su paguita y al bache de su pueblo, repitiéndose por cada carretera comarcal y cada juanete que sufren. Esto se llama incultura política, y me aburría soberanamente. Para cada pregunta del público, uno imaginaba siempre otra con más peso y con más sangre, pero casi nunca llegaba. Esta semana le tocó a Javier Arenas, que venía como entrenado en la dureza de las nieves, igual que Rocky Balboa, y comprobamos que se había preparado la lección, que se conocía hasta los baches de los que se quejaban y que puede ser convincente cuando se acerca al centro. Creo que esta vez no mencionó lo de las “personas normales”, ni se puso sacristanejo sosteniendo las faldas de los obispos y dorándoles las hostias, y eso ayuda. Así, en la moderación, y sin que se acerque demasiado por aquí la parejita de pádel que forman Acebes y Zaplana, todavía puede tener una oportunidad. De todas formas, visto que el pueblo preguntando es incapaz de pasar de su fontanería, uno lo que desearía es presenciar durante esta campaña un debate cara a cara entre Chaves y Arenas. Eso sí sería un combate de altura, y no este programa, que ha terminado en una junta de propietarios del bloque.

La gracia de la mierda. Hay largas familias andaluzas como circos enteros que están ocupando las tardes de María del Monte dando una especie de estampa franquista, bíblica y granjera, de salud y alegría reproductiva. Eso de que la felicidad está en la familia es muy de derechas, y sacar a tanto bisnieto de comunión, también. El conservadurismo de esta falsa progresía canalsureña ya no se puede negar. Pero aparte esto, demasiado a menudo ve uno en esta sección unas exhibiciones de analfabetismo y montunería que no sé si dan más pena o vergüenza. Si somos así, hacer espectáculo de ello es verdaderamente una lástima y una obscenidad. Si no somos así, es que están empecinados en que lo creamos, que no hay aquí más que esa “buena gente” que no sabe ni hablar ni comportarse y que a partir de ella debemos medir nuestra autenticidad. Claro que lo que me encontré no hace mucho fue ciertamente un caso extremo: la familia de Las Carlotas, entre otras varias y sonrojantes bajunerías y vulgaridades, contando que si los niños decían palabrotas les untaban la boca con mierda. Anda que se reían poco de la gracia. Pero más repulsión que la misma mierda me produce el que nuestra realidad se defina con la ordinariez y que sea un empeño de la televisión pública el que nos reconozcamos en ello con coros de risotadas.

Publicidad. No salgo del programa de María del Monte, musa montonera de esta columna. Tengo que confesar que, con toda la publicidad institucional que nos inyecta la Junta, verdeando sus maravillas, o el Gobierno, quitándonos las alegrías y los vicios, esta forma de propaganda no recuerdo haberla visto nunca tal cual. Vale, los presentadores nos han metido en el salón colchones, cuberterías o cuadros de ciervos, y los actores de las series no es raro que aparezcan en sus mismos decorados con yogures laxantes o consolas de dar saltitos. Pero... ¿anunciarnos así una ley? Pues sí. Estaba María del Monte con su pareja de viejitos cuando en la parte superior izquierda de la pantalla apareció de repente la palabra “publicidad” y, en vez de tintes o jalea real, la señora se puso a vendernos las bondades ¡de la nueva Ley de Dependencia! Extraño, sospechoso, pero en fin, nada que objetar salvo apuntar la maldad de que, dado el público del programa, pocos acertarían a leer la palabra “publicidad” y lo tomarían pues por una sincera opinión de la presentadora. Lo que uno agradecería es que eso de poner “publicidad” en una esquinita lo hicieran también en las noticias de Canal Sur o en Tecnópolis. Puestos a ser legales...

Papá Noel contra la libertad de prensa (22/12/2007)

En Canal Sur, las crónicas del juicio de Chaves contra EL MUNDO parecieron desde el principio secuencias de guillotinados. Los juicios, que huelen a guardarropía y a miedo de hospital, son feos y duros de cubrir para el periodista, pero en las noticias de La Nuestra la cámara degollaba el banquillo con satisfacción y la voz del locutor tenía los dedazos de madame Defarge, la que tricotaba mientras miraba rodar las cabezas en Historia de dos ciudades. Estaban los dueños a la vista, estaba la orden de escarmiento que llegaba desde arriba, y la noticia se daba con hambre y alegría, como si retransmitieran la matanza que les daría de comer. Ante la imagen dolorosa de unos periodistas como reos de felonía, sólo se contaba la tesis de la acusación, había un sucio acento al escoger palabras como “montaje” en vez de “edición”, la desmesurada fianza parecía una apuesta ya ganada, el dolor de Chaves y Pizarro les sonaba a algo así como a madres violadas, y todo se mostraba como un bandidaje contra el honor y una perversa operación regicida urdida por los enemigos de esta tierra. Justo todo lo contrario de lo que luego se ha demostrado. No, nadie esperaba la neutralidad de una televisión de partido en un juicio de esta envergadura, un juicio sin precedentes, con un periódico sentado en el banquillo por un presidente autonómico simplemente por informar de lo que pasaba. Nadie esperaba neutralidad, pero sí un poco más de elegancia o decencia.

La sentencia absolutoria ha sido contundente, demoledora. Aún así, me dispuse a ver las noticias del viernes en Canal Sur con la seguridad de que terminaría riéndome amargamente. Y así fue. Los presentadores se deseaban feliz Navidad, los titulares se llenaban con guardias civiles maltratadores, leyes que prohibían los azotes a los chiquillos, teorías idiotas de la suerte para el Gordo, juguetes de lata, productos adelgazantes fraudulentos, belenes como códices medievales. El poder político y su máquina de cuchillas, que habían intentado amordazar la libertad de información, que habían merecido hasta una llamada de atención del Comité Mundial de Libertad de Prensa, y que habían fracasado en los tribunales como era de esperar, no resultaba una noticia destacable para Canal Sur. Pero sí lo era el que unos conductores de autobuses carecieran de urinarios. No podía creerlo. Por fin, después de todo eso y de temporales en Granada y de villancicos de despedida del Parlamento andaluz y de muertos en Pakistán y de la épica de la Champions y de la guerra montañera entre Papá Noel y los Reyes Magos, dieron la información. Breve, vergonzante, apenas 50 segundos, mientras el presentador ponía la misma cara que Urdaci cuando deletreaba lo de CC.OO. Y eso sí, destacando que “el fallo argumenta que no es exigible en la noticia una absoluta certeza o acomodación a la verdad”. Se le olvidó decir que la sentencia dejaba claro que la actuación del periódico había sido “diligente”, que la noticia trataba de “hechos de relevancia pública y sin ningún juicio de valor" y que “se confirma la veracidad de la misma”. Y me reí, amarga y sardónicamente, asqueado del torcimiento y la desfachatez de Canal Sur. Luego, volvieron a las noticias la Navidad y sus cielos almendrados y sus escalas de deshollinador hacia las estrellas. El día que la libertad de prensa luchó contra Papá Noel en la televisión pública andaluza, ganó Papá Noel. Para los demás, ganó la libertad.


Sentencia completa
Carta del Comité Mundial de Libertad de Prensa

20 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Gadafi hechizado (20/12/2007)

Aún no sabemos si viene de Pakistán, de los moriscos o de las forjas de la luna, pero el flamenco hechiza porque tiene la temperatura de la sangre y de los muslos de las mujeres. A Gadafi, con piel de cabra, lo conquistó María la Coneja, granadina del Sacromonte, donde los gitanos vivían en cuevas antes de que llegaran allí los guiris hippilones a hacerse collares con las uñas de los pies. El flamenco, exótico, salvaje, egipciano, se lo han servido aquí a Sinatra, a Lady Di, a Clinton, en las navajerías de la raza, como si fueran danzas de sables o rizos de Salomé. Aquí agasajamos con mitología, con veneno, con hogueras, con bronce, y el flamenco, las cabezas de toro y ciertas mujeres morenas son quizá todo eso. Creo que venimos de Las mil y una noches, del Cantar de los cantares, de los profetas iracundos, del vino oriental de los reyes, igual que venimos de la sabiduría del hambre y las trashumancias de los pueblos sin tierra pero con carromatos de muchos dioses. Éste es el misterio al que se rinden las actrices con el pie en champán, los crooners con pistola de nácar, los escritores con agonía de tabaco, los gobernantes con chalecos llenos de ases de picas y hasta los dictadores con vírgenes en botijas. Toda esta ponzoña, magia de yerbas, labios y crótalos, que ha cautivado de los románticos a los jeques y que les prepara sándalo cuando llegan a esta tierra.

Gadafi hechizado, arrebatado por el arte o por sus zahoríes un poco herodianamente. Los asesinos también han amado junto a las fuentes y han tocado liras ante la destrucción, que para ellos es otra forma de belleza. Lo que se ha llamado la “banalización del mal” (ya saben, Hannah Arendt y demás), daría para muchos tapices de este estilo, con carniceros de flamenquito o de merienda. Ahora Gadafi viene como con sus boticas del desierto, pero fue un día, antes que Sadam, antes que Bin Laden, la cara de la moneda del mal, y uno recuerda que hasta algunos lo veían en las profecías de Nostradamus, iniciando el Apocalipsis con todos sus caballos. Pero el mal es otro convenio, la política internacional es un asumido cinismo, y aquí se han desvestido hoteles y se han degollado corderos ante la plata y los violines de reyes y presidentes para hacerle honores al beduino, terrorista confeso, al que protegen vestales violadas por Marte, como la madre de Rómulo y Remo. En la diplomacia, como en los palacios luisinos, todos van cagameados y con olor a puta por debajo de las galas. Ha sido por las pateras y por el petróleo, para que a Zapatero no le caigan encima los muertos de la miseria y para que Repsol pueda hacer luego anuncios pervirtiendo poemas masónicos de Kipling; por esto le abrieron a deshora cancelas y tablaos, como a los señoritos, por eso le adularon con fiesta y brujería.

Gadafi, hechizado por María la Coneja, entre la grandiosidad y el turroneo del flamenco. “Éxtasis”, lo llamó este periódico. El flamenco es como el jazz, hay que sentir el pellizco o sólo se ve como unos músicos de mudanza por su casa. A mí, por ejemplo, nunca me ha terminado de llegar ese pellizco que hizo zapatear a Gadafi. Pero sí me ha llegado, intenso, duro, con olor como de sangre en correas, el asco de la hipocresía humana, zambreado esta vez por nuestra arquitectura de herradura, nuestras noches de fogatas y nuestras mujeres con la voz de sus grutas. Me doy cuenta de que los tiranos siempre aplauden fuerte y se ven guapos entre incendios y entre artistas.

17 de diciembre de 2007

Somos Zapping 16/12/2007

27 Generation. Quizá pretendía ser un homenaje a la cultura, pero se quedó en un cagarse en sus estatuas. A la cultura no la mata sólo la ignorancia, sino que casi peor es su reducción, su abaratamiento, su hocicamiento hasta obligarla a quedar a la altura de lo inculto, como cuando Luis Cobos le metía batería a los clásicos. Jamás pensé que podría hacerse algo como lo que vi en Canal 2 Andalucía el otro día, un documental poligonero sobre la Generación del 27. Sí, una tropa cani de raperos, grafiteros, mochileros y primos de Melendi decía payasadas de fumeta sobre la poesía y sobre el arte, reduciéndolos a sus tatuajes, mientras el documental parecía querer hermanar a estos coleguis con aquella reunión irrepetible de talentos. Lo mismo el narrador nos despachaba la figura inspiradora de Góngora diciendo que era un “literato muy divertido” que uno de los preclaros entrevistados nos definía a Lorca como un menda que “escribió pedazos de canciones”. Y hablando de sublime poesía... ¿cómo no meter el rap? “Todo tiene que rimar cuanto más mejor”, nos explicaba un rapero por si nos quedaba alguna duda sobre la relación del hip-hop con el 27. Pero pronto quedó claro porque el tipo traía “unas poesías y unas movidas” que eran dos textos de Aleixandre y Laffón, y que, con un ritmillo adecuado (“ésta está guapa, suena ahí con rollo”), rapeó en un éxtasis de cultismo. Ésta es la moda que nos pervierte y nos embrutece. Todo es igual, todo vale lo mismo, talento y mediocridad, poesía y rap, arte y basura. Hay que aplastar la cultura hasta que quepa en los futbolines. No nos extraña que Andy y Lucas entren en los exámenes de literatura, porque “lo artístico puede estar en cualquier lado”, según decía otro, “en un disco de música o en un equipo de fútbol”, añadían en la calle. Y, “sobre todo, como algo divertido, sin pretensiones”, remataba alguien. ¿Pero qué es el arte? De nuevo nos lo explicaba el rapero: “Yo no tengo arte porque meto el trompo en la pared para poner una estantería y sale agua de la pared y rompo la tubería, ¿jabe? Y viene un nota que es un artista y con un agujerito así me lo arregla, y yo le digo: eres un artista...”. Qué nivel. Así que la Generación del 27 fueron unos tíos que tuvieron problemas “por la movida de la guerra” pero que “han marcado tendencia”. Aquí han dejado huella, todavía se nota cuando en un documental así, personajes de referencia en Andalucía nos dicen esto: “Hombre, nojotro con los artistas andaluces po lo flipamos”. Yo sí que lo flipo. Eso sí, tela de guapo el mural que les salió a los grafiteros con aquella famosa foto del grupo. “Voy a poner un logo de 27 Generation”, dijo uno. La cosa no merecía menos.

Osado Manu. Le debo un olé a Manu Sánchez, al que ahora han relegado a Canal 2. Manu es un tipo con verdadero ingenio, no es el simple chistoso de las pichas que da esta tierra. Cecea sin complejos pero no castiga la gramática, y aunque tiene sombras topiquistas, su brillantez lo aleja del catetismo. Hace un par de semanas, en su programa, le estuvo dando caña todo el tiempo a nuestra miseria educativa. Yo me quedo con esta frase: “Mientras la copla tenga un 40% de audiencia, que no se asuste nadie de que estemos a la cola de Europa”. Vaya un reverendo guantazo a la propia televisión andaluza. Muy osado. Igual que cuando comentó el referéndum de Chávez: “No liarse con el ceceo... Siempre que nos riamos de Chávez será el de Venezuela, porque del de aquí no nos dejan. Tú te has reído –le decía a alguien del equipo--, pero verás la que nos va a caer”. Un olé, pues, por valiente. A ver si no le cuesta el programa. Zarrías seguro que ha tomado nota.

Compromiso. Creí que nada superaría como chiste el que hubiera un atril en forma de zeta, como una hamaca hecha de su ronquido, pero el acto que reunió en Cádiz a Zapatero, Chaves y Rubalcaba, convertido en fiesta de cumpleaños por Canal Sur, trajo aún una humorada mejor, estas palabras de Chaves: “Si nos seguimos esforzando en desarrollar nuestra economía como hasta ahora, yo me comprometo, y nos comprometemos, que en pocos años en Andalucía habrá pleno empleo”. Hombre, eso el Día de los Inocentes queda mejor...

13 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Emergencia (13/12/2007)

España da catástrofes y pesimistas desde Felipe II, para gloria de las tabernas, los pendencieros y los poetas. En el fondo nos gusta y nos anima la decadencia tanto como los entierros o las reyertas con vino (sin esta decadencia no hubieran sido posibles ni Quevedo ni Ortega). Revoluciones, restauraciones, breves repúblicas, largas dictaduras y hasta la actual Democracia han recaído sobre ese pesimismo y ese astillero de viejos imperios y muebles que hacen antiguas todas nuestras puestas de sol. Son los achaques de España, siempre con un muro que se cae (muy quevediano) y un lobo que viene. No me he apuntado a cantar el Apocalipsis de Zapatero porque mi tristeza no es la del espadachín ni la de las tejedoras de banderas, cantando que “se rompe España”. Las Patrias me parecen abstracciones sentimentales y fijaciones infantiles como la que nos queda por la teta femenina, igual cierto concepto sagrado de España que los nacionalismos medio racistas de la periferia. España es una matrimoniada, como las de la tele. Donde unos quieren ver un sacramento, yo veo aguantar olor a pies. De lo que se trata es de si firmamos o no un contrato para aguantarnos, y no de rezar a esencias eternas. España va hacia un Estado federal, no le queda otra. Por muy poco que me guste el nacionalismo homogeneizante y lobotomizador, ni un trapo ni una cruz ni un rey van a unir este país en el alcázar que todavía sueñan algunos. Sólo la ley, consensuada en contrato, es capaz hacerlo. Y la ley se cambia y no se caen las estatuas del cielo por eso. Puede ser ésta, pues, la emergencia de algún partido, pero no la mía.

Ni por España, coño, ni por sus galeones, mártires o espiritismos, sino por el Estado de Derecho, por la salud de la Democracia, es por lo que estamos ante una emergencia. Y hablo, ahora sí, de Andalucía. No valen aquí ya la tibieza o el posibilismo, no valen tampoco esas trincheras de los nuestros y los otros, de la izquierda buenista o la derechona malvada, cuando todo esto está podrido, cuando los políticos que nos gobiernan parecen tener por trono sus escupideras, cuando nos toman por idiotas y nos torean como a cabestros. He tenido algo así como unas semanas de rebeldía y de asco, con los últimos acontecimientos, con las últimas noticias, y mi determinación ha sido escoger adversario, aun dándome cuenta, primero, de la dureza que hay en esa palabra, y luego, de que esa determinación estaba más allá incluso de las ideologías. Sí, porque hay algo por encima de la ideología, algo que debe ser previo, el propio sistema de libertades, la propia decencia de la Democracia. Miren a nuestros gobernantes autonómicos: cinismo de falsos pobres, sonrisas de analfabetos satisfechos, tropa de trincones y tapabocas, imperio de la propaganda, sistemática idiotización del ciudadano, larga flojera, manos en todos los sitios. Miren la Andalucía que han construido, tercermundista, infantil, menesterosa, arrodillada, dirigida, medio mafiosa, una gigantesca alacena para ellos y los suyos. Ésta es la guerra, no las izquierdas contra las derechas, sino la última dignidad de la Democracia contra un régimen asfixiante del que ya no me importan las siglas, ni los versos de los que quizá vinieron un día, ni siquiera los enemigos que señalan enfrente, sino su avilantez y su desprecio a toda decencia. Ésta es la emergencia, en esto sí nos van la libertad y el futuro. No es ningún pesimismo histórico, ni el Apocalipsis mentiroso que un partido arroja a otro. Es la justa resistencia de la ciudadanía ante los que se han declarado nuestros dueños perpetuos.

10 de diciembre de 2007

Somos Zapping 09/12/2007

Ironía del conocimiento. Quedar un fin de semana para salvar al mundo entre azafatas y techos de cristal es una cosa que gusta mucho en Occidente. Precisamente hemos tenido en Málaga una de estas magnas quedadas, Encode 2007, un proyecto bienintencionado para “implicar a los gobiernos contra la desigualdad”, con muchas aleluyas a la “sociedad del conocimiento” y a la santa tecnología, pero que a uno le parecía más bien una demostración de la Thermomix, aunque Canal Sur nos quisiera hacer creer que Andalucía dirigía la redención del planeta. Sin embargo, ni esta columna aspira a tales globalizaciones, ni Kofi Annan junto a Rigoberta Menchú y Bob Geldof trajeron más que obviedades, así que me centro en la imagen irónica que ofrecían Andalucía y sus políticos entre esas ostentaciones de pantallas como cataratas y logotipos como el Espíritu Santo deletreado. Sí, esa ironía que daba más calambre que todo el cableado mundial planteado, cuando el consejero de Innovación, Francisco Vallejo, afirmaba en las noticias que “la experiencia de Andalucía con la tecnología y el conocimiento tiene mucho que aportar en la lucha contra las desigualdades”, o que “estamos construyendo en Andalucía las nuevas Universidades, la nueva economía, aquellos elementos que caracterizan a la sociedad del conocimiento”. ¿Hablaba el consejero de esta Andalucía a la cola de la educación, churrería de analfabetos funcionales? ¿Qué cortocircuito en las cabezas de nuestros gobernantes ha conseguido que se llame sociedad del conocimiento a una que sufre el total fracaso educativo? En los guiñoles de Cuatro pusieron a un mono dando clases a Chaves. Poco más se puede decir.

La ecuación. No se preocupen, que Cándida Martínez no ha perdido la sonrisa, que la nueva Ley de Educación, después de casi treinta años, ya ha diagnosticado los problemas y, sobre todo, que en ese Encode 2007 traían todas las soluciones en unas como cajas de bombillas. Y no sólo para la educación, sino hasta para hambre. Palabras, de nuevo, del consejero Vallejo: “Es la primera generación ésta que tiene oportunidades gracias a la Red Internet de actuar en global y solucionar un problema global como es el hambre, la miseria, las grandes desigualdades sociales”. Analfabetos andaluces y pobres del mundo ya podrán estar tranquilos: Internet está ahí. Pero aún nos dejaban otro poderosísimo instrumento, que presentaba una especie de gurú con modos de telepredicador y acento del Superagente 86, flotando en sus logotipos como entre fórmulas de azúcares: nada menos que el Instituto de Innovación para el Bienestar del Ciudadano, que tendrá su sede en el parque tecnológico de Málaga, que costará 15 millones de euros y que le dará muchas vueltas, nos decían, a esta ecuación: Personas + Conocimiento + Tecnología = Calidad de vida. No veía yo una ecuación tan hermosa desde la Identidad de Euler. Claro que lo malo es que aquí no sabemos lo que son las ecuaciones, o las usamos para sacar manteca colorá. En esta educación tan igualitaria, son seguramente las únicas igualdades que no se tocan. A mí se me ocurre otra ecuación: Idiotez + Desgana + Propaganda = Políticos que nos gobiernan. Define mucho mejor nuestro horizonte.
Vídeo

La ecuación 2.0. Recién descubierta esta ecuación mía, resulta que Canal Sur y la realidad andaluza me obligan a revisarla. No, no soy infalible. En un avance de Tecnópolis, veo a un tipo que se desliza por una cuerda mientras la reportera anuncia: “En Tecnópolis les enseñaremos cómo convertirnos en auténticos tarzanes con las iniciativas pioneras de Andalucía” (!!!). En las noticias también me entero de que, según “constata” (sic) un informe del Centro de Estudios Andaluces, aquí viviremos mejor... ¡en 2020! Un tal Eduardo Bericat, vocero institucional de la cosa, lo explica: “Se romperá el fatalismo, existe confianza en que Andalucía siga por la senda de crecimiento económico, insistiendo en que Andalucía, como sociedad buena (???), tiene que ser una sociedad justa, igualitaria, ecológica...”. Lo dicho. Se me fastidió la ecuación. Habrá que dejarla así: Idiotez x Idiotez + Desgana + Propaganda = Políticos que nos gobiernan = Televisión pública andaluza. Yo creo que ahora sí.

6 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: La herencia (06/12/2007)

El presidente Chaves está ya en la edad de las herencias, porque las herencias son cosa de cierta edad como el bingo, el rosario, el orujo, los rastrillos o los caniches. Es esa edad en que se te están muriendo las tías del pueblo con terrenito, loro y joyero, dando velatorios cantados por notarios. El español, cuando empieza a quedarse calvo, ya sólo espera una herencia o una quiniela, que son dinero de domingo y patrimonio histórico de la raza, eso de vivir del azar o de los muertos, de los remates de cabeza o de los indianos que tuvo la familia. Chaves era pobre o peñista hasta que la suerte, esa religión tan española como la vagancia, le trajo una herencia como una goleada o como el premio de una participación de lotería con almanaque. Ha sido una herencia tan oportuna y puntual como para sospechar de un envenenamiento, pero aquí somos de familia larga y de salud delicada, y cuando no es una embolia es un accidente de caza o una triquinosis por la última matanza, y así a quién no le llega una herencia de tanto en tanto. Yo creo, de verdad, que Chaves estaba rezándole a la quiniela o a la herencia (quizá también a los cupones de los ciegos) y al final le ha caído la herencia porque los cielos de la suerte estaban así como provenzales. Los cupones o la primitiva hubiesen recordado a Roca y además son cosa de vicio de taberna, pero una herencia es respetable como una cojera. De todas la maneras honradas de dejar de ser pobre de repente, seguro que Chaves pidió la herencia porque incluye retratos, mecedoras y sábanas bordadas que sentimentalizan el dinero que queda por el medio, como si a través de él sólo se recodara el olor del monedero del muerto o muerta, instalado en la infancia igual que el de su tabaco o su delantal. Es un dinero que no sólo le sanea la cuenta, sino deja a Chaves como de buen sobrino, que todavía vale más. Acertó Chaves pidiendo eso y no la lotería, e hizo bien la Providencia en concederle el deseo, uniendo el dinero que necesitaba su menesterosidad con la decencia y una pequeña lagrimita de cementerio.

Todo esto me suena encantadoramente navideño, una herencia como si le llegara a un zapatero remendón o a una criadita hospiciana, cosa de ángeles intermediarios o de Frank Capra con el día dulzón. Un presidente autonómico con 3000 euros en el banco tiene que mover necesariamente a la piedad a todos esos entes encargados de repartir la fortuna y manejar la belleza de la nieve. Tras el programa Tengo una pregunta para usted, sin duda sonaron campanillas en el Cielo llamando a restaurar la justicia en la Tierra. Hasta dejaron la señal del milagro, algo como un rastro de sus alas, y que ha sido usar esa frase de Chaves afirmando que nunca había recibido una herencia para que, al caerle precisamente una, reconociera en ello la intervención divina. Justicia poética, se llama eso. Llega el tiempo de los milagros, en el que cantan los peces y se peinan las estrellas, en el que los árboles se convierten en dulce y los pobres se hacen violines con los zapatos, en el que las manos del Cielo dejan en la tierra sus anillos y patinan los ángeles por los tejados. Un tiempo de milagros para los hombres de buena voluntad, que verán que les vienen herencias y les guiñan el ojo los muñecos de nieve. Todo es posible en esta época, y yo creo que igual que unos pidieron herencias, otros pidieron un infinito candor. Y se les concedió.

4 de diciembre de 2007

Somos Zapping 02/12/2007

Mala educación. Mucho tiquitaca de centros TIC, muchos ordenadores de atrezzo, mucha golosina que le pone la Consejería a su propaganda, pero la educación en Andalucía da pena. Según el Informe Internacional de Evaluación de Estudiantes, los zagalones andaluces de ESO están en el vagón de cola del país, 14 puntos por debajo de la media nacional, y eso que España está a su vez 12 puntos por debajo de la media de la OCDE. Tenemos el menor porcentaje de “alumnos sobresalientes” y el mayor de “jóvenes descolgados del sistema educativo”, nos decía la noticia de Canal Sur con una tristeza como de mancharse. Pues todavía sonreía Cándida Martínez, cínica o emporrada de sus idioteces, al dar esta increíble explicación o justificación: “Todas esas medidas que contempla la Ley [de Educación en Andalucía], y que ya están en marcha en estos momentos, son fruto de un diagnóstico que nosotros hicimos hace más de dos años. Por tanto, estamos poniendo medidas”. Pues eso, los que llevan décadas gobernando aquí, están ahora “poniendo medidas”. Toda una generación de políticos y pedagogos tendrá que reconocer un día que se cargaron la educación y eso constituye la mayor traición imaginable al futuro de un país. Tanto la izquierda que ve la escuela como un juego de palmitas como la derecha que cuando protesta es mayormente para meter más catecismo y más olor a sotana. Iñaki Gabilondo dijo el otro día en su informativo que estábamos haciendo un país de analfabetos, y tenía razón. Lo que pasa es que en Andalucía esos analfabetos quedan luego muy bien en los programas de Canal Sur y los llaman “buena gente”. Aquí, con la mala educación sólo están haciendo cantera.

La élite de la burricie. Un buen ejemplo de cómo es la educación en Andalucía lo tenemos entre esas pelusas de sofá humanas que son los concursantes de Gran Hermano. Que alguien destaque en ese programa por su burricie ya es pertenecer a la élite de las élites, y eso lo han conseguido dos gemelas sevillanas de melena tan suelta como sus diarreas cerebrales. Ya les hacen especiales, como el que les dedicaron los benditos canallas de Sé lo que hicisteis, sólo con los insultos al lenguaje y a la inteligencia que van dejando en sus despatarramientos: “Sofales”, “pacencia”, “deshacío”, “distrayó”, “culo operativo” (por operable, quizá) y así. Eso cuando no utilizaban raras medias angulares diciendo que alguien había dado “un giro de 120 grados, 160 ó 480, no lo sé”. Uno de los colaboradores del programa de Ana Rosa Quintana llegó a afirmar con razón que hasta un extranjero que también habita esa casa de negados, y que habla como los vendedores callejeros de collares, manejaba el castellano mejor que ellas. Lo peor es que habría que reconocer que estas gemelas no son un caso raro en nuestra tierra, sino lo habitual. Pero sin duda son así porque a su instituto no llegaron a tiempo los ordenadores del TIC.

Sueños de pobre. Todavía puede el programa de María del Monte dar nuevos sustos, ascos y penas, y no me refiero sólo a ver aparecer a Maite Cadaval como travestida de sus hermanos, sino a una lástima más profunda que sentí al comprobar cuáles son los sueños de los andaluces, que son sueños de pobretón. Una señora de Alhama de Granada sólo quería hacerse una foto junto a la Giralda y allí la llevaron en coche de caballos y con mantilla. “Parece que estoy en un cuento de Cenicienta, que soy una estrella de cine”, decía la pobre. La Giralda como algo exótico, tan lejano como el Taj Mahal, ilusiones tan humildes como imposibles para ellos, para tantos andaluces. Qué pena.

Sin tópicos. El informativo de Canal Sur lo había anunciado como un evento sobre cultura andaluza en Munich, organizado por el gobierno autonómico, que quería dar una imagen “alejada de los tópicos”. Pues menos mal, porque salieron farolillos colgados, mozas con traje de gitana bailando con abanicos detrás, jamón y manzanilla, fotos de nazarenos, toros de Osborne en miniatura y señoritas como anuncios de Tío Pepe. ¿Qué harán cuando quieran ponerse tópicos?

29 de noviembre de 2007

Los días persiguiéndose: El alma de las células (29/11/2007)

Cuando los primeros hombres vieron en sueños que les hablaban los muertos, con armas de guerrero o cabeza de oso, inventaron los espíritus. Con esos espíritus que les soplaban en la oreja llenaron la naturaleza y poblaron el cielo. Mucho después, los filósofos harían cristalería con ello, las almas platónicas le pondrían un delgado forro al ser humano y lo harían inmortal a través de un tropo. Los sucesivos y torpes intentos de racionalización de esa primera superstición animista nos han dado igual la mala ontología que las religiones o la new age con ouija. Todavía hay quien piensa que un vapor divino nos hace humanos, que la muerte aún nos derrama en otra cosa que no es estiércol, que nos habitamos como una concha y que, como aquellos cazadores primitivos, el muerto aún vive en una constelación o en los ojos de un antílope que aparece con el crepúsculo. Nada ha podido hacer la ciencia contra esta superstición primordial. Siguen viendo almas en la carne, en los bosques, en las cúpulas, en la espuma y en las células. Para ellos, lo vivo es un fantasma.

Han abierto ahora una investigación penal contra el Banco Andaluz de Células Madre porque alguien ha vuelto a acusarles de asesinar almas o sus microscópicos cubículos, algo así como de matar niños en su fase líquida. Los preembriones les parecen víctimas herodianas y unas completas almas enrejadas que ya son objeto de moral, de crimen o de perdón. Sin embargo, esto es sólo una opinión fruto de una concepción religiosa particular de la naturaleza humana. Yo, por ejemplo, tengo otra. Pienso que la moral sólo implica a los seres sensibles y que debe buscar la manera de que los humanos vivan minimizando su sufrimiento y garantizando además su libertad. Pero la capacidad de sufrir y de ser libre implica sensibilidad y consciencia. Luego hacer moral con seres que no son ni sensibles ni conscientes sería como hacer moral para las piedras. No puedo medir la condición humana ni en la ecuación de un código genético ni en un sello que ha puesto sobre la química del carbono algún dios. Veo al ser humano cuando siente, actúa, piensa, sufre, anhela. Frente a los derechos de un conglomerado de moléculas, yo antepongo la sanación de los enfermos y la disminución de su sufrimiento. Poco me pesa ante esto el alma imaginada de unas células nadadoras. Dirán que, claro, es sólo otra opinión. Cierto. La cuestión sigue siendo, pues, cómo debe manejarse la ciencia cuando se acerca a tan delicado terreno. Y en este sentido creo que la ley debería favorecer el bien público antes que dogmas tan parciales, discutibles y mal fundamentados.

Defienden la vida, dicen. Pero yo diría que no, simplemente defienden el señorío y la simiente de su dios, igual que cuando rechazan los métodos anticonceptivos (el mandato bíblico de la reproducción sólo pretendía hacer los ejércitos de su tribu y de su dios más numerosos). Defienden la vida, qué curioso, los mismos que han justificado cruzadas o gustan del linchamiento de los pecadores, para los que tienen preparado un nada amable infierno aquí o en otro lado. Pero defender la vida es acabar con el dolor de los vivos más que buscar en las jeringas limbos para el alma de las células. Y seguramente es también desembarazarnos por fin de la dictadura de los espíritus, la que quieren imponer en lo público tantos que viven en ella felices, salvajes y ciegos.

26 de noviembre de 2007

Somos Zapping 25/11/2007

El rey de Andalucía. Los reyes, que empezaron siendo legitimados por la lanzada y por los brujos de la tribu, alcahuetes de los dioses, y han terminado adornando burgers, repartiendo caramelos a los niños y musicando los cuentos, son literatura mágica. Están a la distancia de los animales que viven en las constelaciones, e igual que ellos gobiernan o median en las cuitas de los hombres sin bajar a la tierra. La realeza implica separación, elevación, perpetuidad y paternidad celeste sobre los demás. No podían haberle llamado nada más exacto y simbólico a Chaves que rey de Andalucía. Chaves con mastines a los pies, con maestros de capilla y de banquetes, con guardia pretoriana, con la eternidad de sus salones, con el dedo taumatúrgico, con la copa de vino de la savia de esta tierra; Chaves fundacional, sostenedor, protector, esencializador de Andalucía. Eso, un rey. Lo mejor que trajo ese programa, Tengo una pregunta para usted, fue ver a ese rey fuera de su corte, como rodeado de los mendigos del reino. Lejos de sus aduladores, de sus probadores de comida, de sus violistas de cámara. Aunque hubo preguntas blandas, el pueblo le puso por delante sus mendrugos cotidianos, en la sanidad, en la educación, en su paro, en su pobreza, en su rabia. Más allá de los laberintos de los jardines junteros, en los que sólo habitan faunos borrachos, Andalucía pena, sufre, hambrea, y ese olor de pueblo llegaba por fin hasta sus Tullerías y a su nariz acostumbrada a pavos reales. Esta vez no podía hablar de la derechona, no podía decirles, como a la oposición, “y tú más”, y las cuentas de su cocina no convencían al que no come. Con su hermano que no importa que trinque de la Junta, con sus 3000 euros ahorrados, con sus hijos estudiando en el extranjero (¿no sirve para ellos la excelencia de la educación pública andaluza?), Chaves decepcionaba y su cara dejaba ver que sentía las piedras arrojadas a su capa. Fue el espectáculo de un rey apaleado. De vuelta a sus palacios, seguro que se bañó para quitarse la peste a chusma y pensó que nunca más saldría a las calles, llenas de sans culottes, si no era en carroza.

Tapa borbónica. A la infantita Sofía ya le han dedicado un pan en un horno madrileño, y no es el primer caso de ternurismo gastronómico-monárquico, ni mucho menos, desde aquella panadera del emperador que hizo Romy Schneider. Es la forma que tiene el pueblo de bajar la realeza a sus fogones, a su mesa, una mezcla de vasallaje y paletismo, como una adoración de pastores. No podía tardar la borbonada del “por qué no te callas” en tomar su sitio entre el pueblo castizorro y plebeyo, y, a la par que triunfa el politono, un bar sevillano, según nos muestra Andalucía directo, ha diseñado una tapa inspirada en el suceso. Tiene chacina ibérica con dos huevos, un revueltito y la bandera de España encima hecha de chorizo y queso. Hasta Buenafuente se cachondeó del tema y para igualar el absurdo, decidió bautizar con esa misma frase un escalón de su plató. Pero a uno le parece que en esta chorrada de la tapa hay bastante más que homenaje o babosería. Nuestra cultura es la de los pícaros, y en Andalucía, tierra de hambre, aún más. Como vendedores de reliquias, aprovechamos las supersticiones para vender; como sablistas, usamos las desgracias y las alegrías para que nos fíen en la taberna. No es patriotismo lo de esta tapa, es que estamos en Andalucía y ésta es la tierra de sobrevivir con lo que va cayendo, del forastero que llega y de la moda que buscan los tontos. Da igual una tapa patriótica o un cuadro flamenco de sosos para los guiris.

El cucharón. Era una escena de cementerio, Paco Lobatón entrevistado por Joaquín Petit. La afición a la carne putrefacta de uno y las fantasmadas de buhardilla del otro, en un aquelarre televisivo. En Canal Sur no sabe uno nunca cuándo lo que sale es actual o antiguo, pero me estremecí cuando Paco Lobatón dijo que estaba muy ilusionado con un “nuevo programa”. ¿Otra de sus casquerías en La Nuestra, quizá? Qué suerte tienen los dos. Paco Lobatón y sus pajarracos hurgando en los estómagos, Joaquín Petit y su patético onanismo con micrófonos, siempre tendrán sitio en su televisión amiga. Da igual la basura o la idiotez que ofrezcan. Hace mucho que les dieron el cucharón, para que se hartaran.

22 de noviembre de 2007

Los días persiguiéndose: Extremismos (22/11/2007)

Lo que le pasa a esta España de muertos con capote es que ha seguido adelante sin terminar de enterrar varios siglos y ahí los tenemos, como arcones o pianos llenos de arena por la casa. Ni el XIX, con los nacionalismos de su tisis, los carlismos de sus infantones y sus curas de trabuco; ni el XX, siglo de los totalitarismos, de fasces contra hoces, hemos sabido apagarlos aquí a su hora. Lo malo de la memoria histórica es que nos damos cuenta de que viven aún los mancos lepantinos, el paletó de Fernando VII, los anarquistas con morral y los franquistas con sol de moneda romana, en una especie de fiesta veneciana de la que nadie se va, como en El ángel exterminador de Buñuel. Parece que un día perdimos definitivamente la oportunidad de la modernidad y desde entonces vamos con los harapos de la historia, con todos los abuelos a caballo y con todos los relojes del siglo anterior, como traperos de nosotros mismos. Igual que el cateto es ése que no puede evitar llevarse su pueblo allá donde va, el español es ése que no puede evitar meter el carretón de sus siglos en todo lo que hace. Somos contemporáneamente antiguos, somos eternamente pretéritos, andamos pendientes de resolver o pagar algo así como un préstamo fenicio que nos ha llevado la historia entera y que todavía dejaremos en herencia a nuestros hijos. Por eso no me gusta esto de la memoria histórica, cuando la historia es nuestra bola de preso, nuestro oro con el que nos hundimos por avaros, por pobres o por sucios.

Hemos visto a los franquistas en su 20-N, la España con boina, crucifijo y bayoneta que sólo se viste de ella un día al año y que ya no da ni para llenar una plaza. Pero el franquismo no está muerto porque no era Franco, sino otra cosa de la que Franco sólo era su monja. El franquismo es la novia de la Patria, la Religión en su fragata, los cojones con correas, y esto, en este país embalsamado en su historia, tiene todavía otros escapes, otras formas, otros conversos. Igual que su extremo opuesto. En Granada unos supuestos antifascistas salieron a demostrar su ideología que resultó ser otra hoguera diferente de muebles. Yo también soy antifascista. Lo que habría que preguntar a estos antifascistas chatarreros es si son demócratas, porque a lo mejor también vienen de otro siglo, son otro siglo como si llegaran de Waterloo, tanto o más que los fachas. Con mechones del Che y cuellos de Mao y cucharones de Lenin se levantan otros paredones y otro Estado o anti-Estado tan contrarios como indistinguibles del fascista. También tienen ellos su historia, hay historia para todos cuando España está gorda de sus siglos inconclusos. Son los extremos, dicen, claro. Pero hay muchos extremos. Ortega y Gasset ya nos previno sobre esto. Para Ortega, el extremismo significa enfocarlo todo en una tarea, en una obsesión, en un problema, o sea, renunciar a analizar lo que nos rodea como totalidad, como complejidad. Es la simplificación maniática y ciega. El extremista todo lo reduce a la Patria, la religión, el campesinado, la propiedad, la ecología o lo que elija su extremismo. También hay un extremismo de la historia, y es el que maldice a España: que en la historia, sus justas, sus cuentas, su peso, su bendición, está todo. Empezar a hacer historia, no seguir en su repaso, en su responso, es lo que necesitaríamos. Pero viejos fueros y lápidas, viejos soldados y herreros, los extremistas de la historia en varios disfraces, arrastran España con su roña monumental, ideológica, melancólica y podrida, como una gran tortuga de siglos.

19 de noviembre de 2007

Somos Zapping 18/11/2007

El Gobierno gobierna. Somos nuestro lenguaje, según Heidegger, de ahí que la ontología haya sustituido por este giro lingüístico su espiritismo. Pero del giro lingüístico creo que no sabe mucho la generación Logse, de la que forman parte no sólo sus alumnos amorralados, sino también sus burócratas y políticos (recuerden el sopapo de la Asociación de Profesores de Instituto a los textos de Cándida Martínez y su Consejería de regaliz). Somos nuestro lenguaje y además nuestras ideas llegan donde nuestra gramática, y eso significa que los políticos que nos gobiernan se encuentran en un estado mental de solecismo, de retruécano y de vacío. Por eso vemos muerto al parlamentarismo, que se supone que debe unir en una sola esgrima la retórica y la política, artes demasiado altas para esta caterva de mediocres. En el debate sobre los presupuestos, en una tarde televisiva larga como de ciclismo, hubo muchas perlas, pero yo me quedo con la intervención del portavoz socialista, Manuel Gracia, y la teoría de la Democracia con la que nos ilustró, todo un compendio de majadería: “Cumplimos con nuestro papel, la oposición se opone, el Gobierno gobierna, los ciudadanos nos escuchan, nos atienden y ellos juzgan y se pronunciarán. Esta es nuestra utilidad, que no es poca cosa, pero tenemos que creérnoslo nosotros mismos”. “El gobierno gobierna”, a ver qué más queremos, qué más argumentos o explicaciones se pueden pedir después de esto. “El Gobierno gobierna”, y encima algunos se quejarán, claro. ¿Cómo puede ir mal Andalucía si “el Gobierno gobierna”, hombre? Y en cuanto a los presupuestos, tranquilos, que “continúan una política económica y presupuestaria” y “continúan haciendo los gastos estratégicos que han definido la situación de Andalucía estos cuatro años”. Con eso, que era todo y nada, que podía ser bueno o malo, poco nos decía aparte de mostrarnos su cabeza calva de ideas por dentro. Sin parlamentarismo, sin política, sólo un lenguaje idiota dando vueltas en el vacío como una mosca atrapada en un vaso. El Gobierno gobierna y los tontos mandan. Evidentes verdades.

Buenas personas. Salían primeros planos de las bocas de los locutores y las buenas personas llamaban a otras buenas personas como pidiendo un beso. Sí, porque la propaganda de Radio Andalucía Información decía que el periodista tenía que ser “buena persona” y eso los oyentes lo reconocían, lo necesitaban y lo buscaban. O sea, que las buenas personas y los buenos periodistas eran ellos y los buenos andaluces que lo sabían eran todo su público. Viva yo y viva mi gente. El periodismo, que es un sacerdocio, sí necesita buena gente, pero aún más necesita valientes, independientes, rebeldes, inconformistas, que es lo que desde luego no hay en la radiotelevisión pública andaluza. Amamantados por el poder político, sumisos con él hasta la babosería, todavía se ponen como modelo de bondad y profesionalidad. Y sin embargo, a la prensa libre, a los periodistas que no lamen zapatos, tan escasos en esta tierra, a ésos son los que critica Chaves en sus discursos y los que hasta lleva a los tribunales por ejercer su profesión, como ha ocurrido con Paco Rosell y Javier Caraballo. “Buenas personas”, se llaman ellos mismos los de una emisora cuyos informativos son la agenda de los consejeros de la Junta, los de esta radiotelevisión pública al servicio perruno del poder. Hay que joderse.

De lujo. Ante un guiri que se está comiendo una rebanada de pan con aceite y diciendo “wonderful”, el buen andaluz, como la señorita de la publicidad institucional, lo que debe decir es “qué wonderful ni wonderful: de lujo”. Aunque parezca mentira, no es que la Junta haya hecho publicidad de cómo ser cateto, sino de productos andaluces, aunque unir lo uno con lo otro resulta bastante efectivo. Pero esta campaña con tanto lujo de jamones (lo del lujo es expresión de pobres, de ahí que el eslogan nos pegue tanto) tiene otras enseñanzas. En el último anuncio que he visto, dos puestos vecinos exhiben su mercancía de tomates idéntica y sólo el que los proclama “de lujo” atrae a la clientela. Perfecto. Si la moraleja del primero era el orgullo del catetismo, en éste es que no importa lo que se venda sino la propaganda que se le haga. Como para negar que son de la Junta...

Ver vídeo del anuncio

15 de noviembre de 2007

Los días persiguiéndose: La borbonada (15/11/2007)

Y el Rey, con sus reales cojones, soltó la borbonada que de vez en cuando hace época aquí, donde siempre vamos cargando con el cuadro de un rey para inaugurar lo que sea, una revolución o un museo con lanzas y tapices. La Monarquía venía siendo últimamente la piñata de las Españas, pero un rey que se pone un día la casaca puede volver a recuperar al pueblo que está sin padre. La Monarquía no es más que un Estado con padre, que tiene la necesidad de un padre y espera de él un modelo, unos modos, una autoridad, un cabreo para poner orden en la mesa. Claro que un padre deja tanto una herencia de relojes y navajas como de traumas freudianos, y entre matar freudianamente al padre y desear que nos ofrezca su abrazo y su tabaco andamos todos en la vida y anda España con su historia de reyes padrazos o padrastros. Aplaudo el gesto del Rey mandando callar a Chávez, caudillo de los bocazas, aunque no por ser un guantazo de padre ni el bastonazo de un monarca. Recuerdo aquello de La flauta mágica, cuando uno de los iniciados del Templo de la Sabiduría hace notar que el nuevo candidato, Tamino, es un príncipe, y Sarastro le contesta que “aún más, es un hombre” (creo que me hice masón por esta frase). Así que yo, que tengo la manía de mirar a los hombres como tales, y no según se me aparezcan con el plumón de la aristocracia o de la plebeyez, lo que vi fue a un hombre irritado ante una mala educación ejercida con desparpajo, impudicia y provocación. Lo que a uno le hubiera gustado es que el tapabocas hubiese salido de Moratinos o del mismo Zapatero, pero podría haber venido igual de alguna institutriz que hubiese en la sala, como el regletazo de una monja, sin mediar majestades imperiales ni misionerismos ni cóleras de Aguirre, que ahora le sirven a Chávez para alimentar su paranoia y su populismo precolombino.

Una simple cuestión de educación no es un debate sobre la Monarquía ni sobre los viejos oros de España ni sobre la melenita regatista de Aznar ni sobre el acomplejado ceceo de Zapatero por el mundo, pero eso es lo que están haciendo aprovechando la borbonada. Todo sirve para esta reyerta de los partidos que ya van haciendo demasiado largo su recreo de tirachinas. Rajoy acusa a Zapatero de haber fortalecido a Chávez acementando su cara y nuestro Chaves hace de alguna manera equivalentes en la pelea a Rajoy y al dictadorzuelo venezolano. También, ante el regreso de esta real figura paterna encojonada, después de tanto tiempo sirviendo de abuelo de las Navidades de España o de otra estopa para los mecheros de los idiotas, vuelven los medios a resaltar ciertas avilanteces republicanas. Así, nos recuerdan que ya son varios los ayuntamientos andaluces que han pedido la III República. Pero tranquilos, eso en realidad no es nada republicano porque, como suelo recordar, al encalar los ayuntamientos con su ideología demuestran que no tienen ni idea de lo que es la res publica. La borbonada, como todo lo que ocurre en este bendito país de garrotes colgados, ya está haciendo bandos. Y en esos bandos hay quien parece carlistón, quien es acusado de facha, quien fuma mazorcas con los indígenas, quien ha encontrado al padre tras su siesta o quien se ha dado cuenta de que no quiere padres. Yo soy de los que no quiere padres en el Estado, pero el justo cabreo de un particular me sirve igual que el de toda una pinacoteca con gorguera. Lo de Agamenón y su porquero sigue valiendo, aunque no se dividan los siglos en borbonadas.

12 de noviembre de 2007

Somos Zapping 11/11/2007

Presente y futuro. Canal Sur es un espectáculo estático como una pecera. Los programas repetidos (niños, viejitos, marujas, folclóricas) y las noticias intemporales (consejeros, inauguraciones, la misma cosa que viene siempre a salvarnos) burbujean en círculos. A veces me parece que el vídeo ha echado a andar él solo con alguna grabación que hice hace meses o años, cuando me salen Joaquín Petit cantando con su impudor como una borrachera o Juan y Medio como aquel poli de guardería de Schwarzenegger. O como esta vez, que veo a una reportera desde la Casa Rosa, una reportera con aire inaugural y vaticano, y me obliga a comprobar si es la actualidad o es mi cinta. Yo ya había visto un anuncio con pisos izados como toldos, con el logo de la Junta como llevado por gruístas, con una voz cálida y apaciguadora que se felicitaba por aquel pacto por la vivienda, un logro con el tamaño de sus cielos acementados. Y sin embargo, aquella reportera me decía que, tras una reunión de la Junta con los sindicatos y la patronal, “comenzaban oficialmente las negociaciones para alcanzar el futuro Pacto andaluz por la vivienda”, que aquello era “el embrión de la ley que regulará el acceso a la primera vivienda” y otros vagos porvenires. No, no era una grabación y eso había sucedido esta misma semana. Simplemente, la propaganda de la Junta se había adelantado a la realidad, por ir aprovechando el tiempo y, al parecer, la sobreabundancia de dinero público. Aquí ya no hay presente ni futuro, todo se confunde en esta eternidad de lo parado. Lo que será ya es, y lo que no será, también lo es igualmente; lo solamente pensado existe como en la ontología de San Anselmo y los deseos tienen su forma corpórea y ya vendible. Ni presente ni futuro, sino el tiempo con truco en el que sustentan ciertas teologías o ciertas estafas.

Circo de gordos. Son unos gordos cada vez más gordos y unas exhibiciones impúdicas de su morbidez como un funambulismo inverso, el de mostrar con todos sus cacharros cuán exageradamente gordo se está. María del Monte quizá está compensando con ese tamaño de los gordos de su Operación kilo una tarde con menos presencia, desde que ese ratito suyo de antes del informativo, el de su concurso con sevillanistas levemente limosneros y marujas en pos de una minicadena, lo ocupa el resumen de Se llama copla (hubo un día en el que llegué a verla, más que repetida, trinitaria, cuando al concurso acudió una tal María de la Colina y hubo como un encuentro de gemelas de moño, folclore, mofletes y nombre). Los gordos le compensan, pues, aumentando la densidad del programa o combando el tiempo como las estrellas muy masivas. Para acentuar este efecto, María del Monte no se contenta con que aparezcan el señor o la señora sobraditos de arrobas contando su problema. No, hay que ir hasta el espectáculo del asco, hasta el borde de la vomitona, como el gordo de los Monty Python en El sentido de la vida. Si una chica cuenta con orgullo que desayuna tres o cuatro veces durante la mañana (dos tostadas de pan de pueblo, un paquete de donuts y una baguette de a metro, todo antes de sentarse a almorzar), el programa nos lo va poniendo por delante para que el estómago se nos achique y la glotonería de la moza se nos traduzca en arcadas. Si la chica se comió una vez una tarta de 50 centímetros de diámetro enterita, allí nos la sacan. Tampoco basta con que el gordo nos diga lo que pesa, sino que hay que conducirlo hasta una báscula industrial donde parecen reses y sus kilos un precio. O sacarnos sus pantalones como sábanas tendidas, o pedirles que cuenten cómo no son capaces de abrocharse los zapatos, qué risa. Un circo de gordos. El que les faltaba.

La Virgen lotera. En la idiosincrasia del andaluz, no puede faltar su proverbial superstición. Por eso Andalucía Directo se fue a Santiponce, a contarnos con alegría y casticismo que la gente anda loca comprando para la lotería de Navidad el número de la fecha de la coronación de su patrona. “Dame uno de la Virgen, que este año nos toca”, pedían las señoras, besando luego el décimo. Qué inocencia, qué candidez. Qué pena.

5 de noviembre de 2007

Los días persiguiéndose: Viudo de izquierda (05/11/2007)

Muchos estamos viudos de izquierda y eso se siente en los huesos igual que dormir en una cama vacía de política, grande y salada como la de un almirante sin familia. Los politólogos ya no suelen hablar de estos conceptos, izquierda y derecha, y ahora manejan esquemas vectoriales con dos ejes (libertad económica y libertad personal) donde los partidos e ideologías se ubican en coordenadas como un alpinista. Pero la izquierda y la derecha eran referencias para no equivocarse de acera, de barrio, de parroquia, de cantante, de guateque, que se entendían sin trigonometría, y por eso las siguen utilizando los curritos, las señoronas, los propios políticos que tienden a la simplificación en una sociedad simplificada, los periodistas que en verdad miran a izquierda y a derecha en los bancos parlamentarios, y los sentimentales que ven la política como una novia que tienen desde el colegio, tan fiel y vulgar y ya desenamorada. Uno está sin izquierda porque aquello que fue un día, que se levantó contra los privilegios, la injusticia, las monarquías de Dios y sus pelucas, terminó también en privilegios, injusticia y monarquías del proletariado y sus herrerías; se bañó en sangre, se vistió de mitología, trajo otro vasallaje al Estado convertido en monstruo, confundió la igualdad con la uniformidad, despreció la libertad sometiéndola a un bien común decidido por burócratas y fue tan dañina como el Antiguo Régimen y tan semejante al fascismo que sólo podíamos distinguirla por el color de sus banderas y de sus muertos. Lo que le ha pasado a la izquierda, o a una parte significativa de la izquierda, es que no ha sabido coger la postura de la Democracia, que es algo que ya desde la revolución americana, se pongan como se pongan, no tenía vuelta atrás. Todavía hay un comunismo fracasado que no sabe salir de su cajón de martillos. Y una socialdemocracia que en España pasó de la esperanza a la corrupción, y que ahora se muestra como infantilismo cuando no como régimen dormilón, morrocotudo y propagandista, que es el caso de Andalucía.

Izquierda Unida es la izquierda desubicada, pelona en sus mitos, confusa de tantos herrajes, que va muriendo del nuevo siglo como los telegramas y no se da cuenta. Aquí, Rosa Aguilar pronunció la palabra mágica, refundación, pero la han ahogado pronto entre tribus de novecentistas, afiladores de hoces, cheguevaristas de puestecillo, compañeros del metal, románticos del porro, viejos de puño escayolado, apedreadores de duquesas, flautistas de la izquierda, comunistas de calcetín. Hay como un miedo de matar a los abuelos, de quedarse sin canciones, de vender sus antiguas máquinas de coser heredadas. Así dan una tristeza de circo sin sitio, de viejo circo que sobrevive con payasos orinados y leones con moscas, fuera de tiempo, de moda, a otra velocidad que no es la del mundo, sino la de sus carretas como jaulas y la de sus músicos malos, lentos como factores de estación. Llamazares ha ido bebiéndose su formol, matándose con su partido como un borracho en las últimas. Y ahora, una nueva candidata, Marga Sanz, manda una carta a los militantes en la que llama a un “proyecto de Estado puesto al servicio de la mayoría social” (!) y hace suyas estas palabras de Rossana Rossanda, comunista italiana de posguerra: “La izquierda, o es anticapitalista o no es izquierda”. Esta es la renovación de Izquierda Unida, un embalsamamiento sobre otro. Por eso estoy viudo de izquierda. La mía sería una izquierda laica, republicana, respetuosa con las libertades individuales, que olvidara a los dictadores con guerrera, que enterrara a sus santones, que supiera administrar la solidaridad sin abolir la propiedad, que buscara el progreso sin internarnos en comunas, que se diera cuenta por fin de que el Estado no tiene que ponerse al servicio de la “mayoría social”, sino al servicio de todos, que eso es lo público. Pero me parece que estoy viudo de una izquierda que nunca ha existido. Sólo veo el mismo desfile, apestoso y patético, de momias con bieldos.

Somos Zapping 04/11/2007

Ejército verde. Ágatha Ruíz de la Prada se preguntaba si tenía que tirar de la cisterna, Adolfo Domínguez hablaba de los tejidos que hilaba Gandhi... El planeta, ya ven, está salvado. El movidón climático de Sevilla ha tenido ambiente de discoteca y temperatura de pabellón de testigos de Jehová. Con eso no sé si se hace un ejército verde, como decían los informativos, pero sí una party de película de Woody Allen llena de burgueses neuróticos. A mi escepticismo se ha sumado el rechazo por tanta propaganda, adocenamiento y mesianismo. Ya preparan como a vendedores de aspiradoras a los que van predicar esta moda convertida en verdad por el interés de los burócratas, el amarillismo de los medios y el medievalismo de muchos ecologistas. Será que tengo vocación de hereje, o simplemente que no me creo las cosas porque sí, pero yo no entiendo esta locura. No entiendo que el CO2 que produce el hombre en su actividad, insignificante al lado del que emiten todos los seres vivos, sea la causa de un cambio en el clima; ni que ese mínimo porcentaje de CO2 pueda influir más que las variaciones de la actividad solar; ni que se diga que la temperatura depende del nivel del CO2 cuando las curvas muestran que es el CO2 el que sigue a la temperatura, normal pues cambia su solubilidad; ni tampoco entiendo cómo hubo periodos mucho más cálidos que éste en la tierra cuando no existía actividad industrial (¡en la Edad de Bronce y en la Edad Media!). No entiendo, en fin, demasiadas cosas, y Al Gore y sus famosillos ni me lo explican ni me convencen. Aun así, en los informativos de Canal Sur, que le han dado al evento la cobertura y el tono de un concilio, hacían referencia a los “intereses que intentan esconder o minimizar este problema”. ¿Intereses o pulcritud intelectual? Pero ahí está la nueva religión que excita a modistos, escritores, faranduleros, cazasubvenciones, políticos y periodistas, todos como vegetarianos hipnotizados, y que hasta le arruina la vida al pobre primo de Rajoy. A mí no me gusta predicar. Utilicen sus luces. Vean la “verdad incómoda” de Gore y luego ese otro documental que anda rulando por Internet: La gran estafa del calentamiento global. Y juzguen.

Besapiés en la radio. El logo de Canal Sur le coronaba la calva a Chaves como las potencias de los cristos y pensé que aquello quedaba muy propio en el besapiés que le volvía a montar la radio andaluza. El cartelón de Canal Sur como una hornacina para el santo patrón, como el armiño de su majestad, mientras Tom Martín Benítez le hacía la entrevista como un gato que se le arrimaba a las piernas, o al menos así sonaba. Verlo (pusieron las imágenes, cómo no, en las noticias de La Nuestra) le daba al momento ese punto de desayuno o palanganeo en palacio que se pierde en la radio. Entre otras cosas, Chaves dio la fecha de las elecciones andaluzas, que es también la de las generales, y alabó a Gore llamándolo “líder del cambio climático”, como dándole la vuelta a su misión redentora. Pero no pude prestarle atención. Todo mi ser estaba ocupado sintiendo el inmenso asco de la servidumbre de los medios públicos ante el poder político.

Premio para la vergüenza. Parece que capitanean el espíritu de esta tierra con la pringá del puchero y quizá por eso les han dado un premio en las Jornadas Gastronómicas de Andalucía en Madrid. Concretamente, por “sus méritos como difusores de los valores andaluces”, según decían en las noticias de Canal Sur. Estamos hablando de César y Jorge Cadaval, o de esas croquetas que forman cuando se juntan y que se llaman Los Morancos. Así que Andalucía no sólo tiene ciertos valores propios, sino que curiosamente coinciden con esos valores de freiduría que ellos encarnan, toda esa mezcla de vocinglería, ignorancia y catetismo autosatisfecho, aderezada con bigotes de gambas, ferias de borracho, sobacos de vago y bufonería de retrete. Vaya colección de valores andaluces la de nuestros ínclitos embajadores, vaya modelo de lo andaluz el que difunden Antonia y Omaíta a base de analfabetismo, chillidos, babucheo y regüeldos. Mucha indignación cuando Vidal-Quadras se mete con Blas Infante, y aquí dando premios a quienes sólo nos hacen sentir vergüenza y pena.

29 de octubre de 2007

Los días persiguiéndose: Así en la tierra (29/10/2007)

Parece que las cosas del Cielo y de la Tierra están muy adesvanadas y ahora toca ordenarlas como si hubiera que limpiar una pajarería después de mucho tiempo. El Cielo, que es una estantería de dioses y un arpa becqueriana, acumula también percheros de cura y santos sin pasaporte que esperan la mano del Papa para ocupar su mesa, porque el Cielo, una vez recompuesto, debe quedar como una oficina. En la Tierra, el hombre ha ido revolviendo los mares con las nubes, hinchando la atmósfera como una colchoneta, vaciando sus cajones en los valles y tenemos a la Naturaleza que se rebela y se derrama como una nevera abierta o como leche hervida en las fábricas, en las ciudades de estufa y gasolina, en los bosques que se ahorcan en su montaña y en los polos igual que un solárium, pidiendo abrir ventanas antes de que nos asfixie el tufo de la civilización. Somos muy dejados. Abandonamos muertos dormidos y sin etiqueta en el Cielo hasta que unos excursionistas tienen que irse a Roma a despertarlos a campanazos, o al menos encargárselo al Papa, que es un mayordomo que sólo ciertos muertos gloriosos tienen para ese menester. Abandonamos basura en los rincones o en la alfombra que hacen los ríos hasta que Al Gore, que ve la Naturaleza como la ve un indio, hermanado con los osos y preñado por las praderas, nos avisa de que Gaia se defenderá matándonos si no dejamos de respirar tan fuerte.

Ante estas ceremonias de poner orden arriba y abajo, con ascensores llenos de exvotos y dulces de monja para los mártires y con diplomas para espantar los huracanes, cabe un escepticismo al que yo me apunto con matices. No cree uno que en el Cielo espere nadie su cédula de santo para empezar a patrullar por las iglesias. Lo que sí consiguen estas burocracias de la resurrección es hacer un Cielo español como el de José Luis Cuerda, el de su película Así en el cielo como en la tierra, donde la Gloria era un pueblo como castellano, San Pedro un guardia civil y la ira de Dios una señora que daba guantazos. Estas beatificaciones no moverán nada allí arriba pero aquí van haciendo crecer ese Cielo español empezando por las alcobas de vieja y por el Valle de los Caídos, donde ese abad que dice que “lo español y lo católico van unidos” y que “España se sostiene en Dios” tendrá para toda una liga de fútbol de santos patriotas o para una baraja entera de matamoros baturros. Tampoco el cambio climático me convence, ya no sólo como apocalipsis, sino sobre todo como religión, como pose política y como merchandising. Que alguien tan serio e independiente como Manuel Toharia ponga en duda estas emergencias ya sería suficiente para repensarlo. Al Gore, prieto como si guardara sus cataclismos bajo el traje, me parece lleno de fallos y sustos, y veo a muchos científicos asalonados demasiado pendientes del dinero, de la publicidad y de las cátedras que ahora se reparten para el tema. Sigo pensando que aún no tenemos escalas, que los modelos de predicción no son fiables, que no está clara la correlación del CO2 con la temperatura y que, sobre todo, nada vende mejor que el miedo y eso ya merecería cierta prevención. Por otro lado, sin embargo, sé que si los escépticos están equivocados, nos queda poco tiempo para reaccionar. El planeta no va a esperar, como los santos, a que el que manda diga si hay que revivir o terminarse de agusanar.

El Cielo se redecora y la Tierra se resquebraja o no, pero en ambos casos los políticos obtienen su tajada. Ese Cielo español está lleno otra vez de los estancos en los que vive la derecha y esta Tierra sufriente le da a la progresía un gran jardín para trabajar su propia santidad impostada (Chaves saludando a Gore en Sevilla parecía que recibía al Dalai Lama). Ya en la Tabla Smaragdina se decía que “como lo de arriba es lo de abajo, como lo de abajo es lo de arriba”. En ambos sitios hay mucho espacio aún para las mentiras, sus desfiles y sus ganancias.

Somos Zapping 28/10/2007

País de cafres. Rojos y curazos, sociatas y fachillas, repipiprogres y pijitontos, invitados a chocar sus duras y españolísimas testuces. No es culpa de Mejor lo hablamos, ni de otros debates con las mismas zanjas. Todo eso forma parte de la penosa e interesada simplificación que ha adoptado la política como táctica. Es la primera regla de Goebbels de la propaganda: la de la simplificación y el enemigo único. Y a ello se apuntan los medios con sus cuadrillas de voceros, limpiabotas y mamporreros. Aquí no se libra nadie, o casi nadie. Canal Sur cambia el final de Mejor lo hablamos, sacando a Mariló Montero del camerino como de la ducha, porque a los amos no les gustó cómo quedaban dispuestos los cadáveres. Pero basta poner Telemadrid para ver la imagen especular del mismo asco. Nadie duda del control político de los medios públicos, igual que nadie duda que hay periodistas esbirros y que los políticos ven cada vez más rentable esta guerra. La escenificación de esto no sólo nos dio la bronca seguida de espantá y de manipulación del otro día en ese debate, sino que nos ofrece la medida de toda la política en España. Somos un país de cafres. En el extranjero aún nos menosprecian porque combatimos la Ilustración y porque aguantamos 40 años de dictadura sin que la mayoría abriera la boca. Me puso la carne de gallina un titular de este periódico que afirmaba que se había hecho una ley de la memoria histórica de media España contra la otra media, lo que a mí me resultaba equivalente a admitir que media España seguía siendo franquista. Somos un país de cafres, con una democracia sólo desperezante. La derecha es antañona, cuartelera y nacionalcatólica, y la izquierda sectaria, infantil y cheguevarista. Ignacio Villa me produce un repelús diferente al de María Antonia Iglesias, pero los dos me parecen fanáticos y dañinos. Los políticos han puesto a España alfil contra alfil, tertuliano contra tertuliano y trinchera contra trinchera. Somos todavía un país de cafres y por eso nunca me ha convencido lo de la memoria histórica, porque aquí la memoria sigue siendo odio y la política, un paredón o el otro. No hay nada que merezca estas guerras, pero en ellas andan, y así nos va. Al lado de esta dolorosísima realidad, las broncas de la televisión me parecen una anécdota.

Vivir del milagro. Había condescendencia y conmiseración en la manera en que Telecinco daba la noticia, como exploradores ante la medicina de palitroques de una tribu. Andalucía aparecía de nuevo en su ingenuidad y su santería, en su primitivismo y su magia de cuevas. Eran unas maderas del Ayuntamiento de Órgiva que habían cogido humedad, pero los lugareños ya veían acuarelas de espíritus, caras de santos, fantasmas derretidos, presencias de brocha gorda, unos milagros bostezantes para una gente de desayuno milagrero que ya olía a negocio, según comentaba Hilario Pino. Otro Bélmez pero a la sombra del aire acondicionado, con un miedo de funcionarios como escoceses con espectros. Y me dí cuenta de que ahí estaba otra vez Andalucía. Primero, porque seguíamos provocando carcajadas. Segundo, porque nos volvía a condecorar la superstición, que aquí igual significa tener armarios poseídos por el abuelo que brujas idiosincrásicas que cristos que hablan con los futbolistas. Tercero, porque de nuevo parecía que queríamos vivir del milagro, de lo que nos manda el cielo o su sótano, de las vírgenes o dineros encontrados junto a un tronco o de un rezo que no se acaba. “Desde luego, hay que echarle mucha imaginación”, concluía el locutor. Con imaginación, cara, santones y limosnas aquí hemos hecho toda una manera de vivir y de adornarnos.

Otro friki. Mucha pose de deshollinador triste y filósofo, pero lo de Quintero sigue siendo una churrería de frikis andaluces. Ahora, un tal Mariano el Botero, que le canta sevillanas a su perra igual que el otro francés que se las cantaba a los jamones, y que hasta se calienta un poco con ella, con sus ojazos de novia y su gracioso meneo de culito. El programa ya resulta enfermizo y Quintero decae. Los andaluces, colgaos, mientras el listo siempre es un Punset de por ahí fuera. Cada vez me cansa y me rebela más.

22 de octubre de 2007

Los días persiguiéndose: Chaves en Florencia (22/10/2007)

Hay que tener cuidado escribiendo sobre Florencia, que siempre marmoliza de cursilería. Sólo hay algo más cursi que sacar la Florencia de los Médicis, y es recurrir a lo de la Atenas de Pericles. Cada vez cree uno menos en ciertos mitos culturales, edades de oro y óperas de la Historia, que no son más que lo que dejan algunos bedeles después de dividir la civilización en salas de museo. El Renacimiento fue un desayuno de pintores en los tejados, fue un mareo de marinos perdidos en esos mapamundis con los continentes como rosas, fue volver a los clásicos pero empezando por su peinado con volutas. Se habla siempre del antropocentrismo renacentista como revolución contra una Edad Media ahogada por la gordura de Dios, pero yo diría que el Renacimiento tiene mucho aún de nostalgia neoplatónica, y fue Platón precisamente el que posibilitó la Edad Media dándole a la teología todo su cuerpo transparente. Ese antropocentrismo colgando aún de las almas platónicas, pues, está incompleto y da un intermedio confuso en la Historia (es un pastiche que se aprecia todavía hasta en Giordano Bruno). Este intermedio sólo empieza a ser otra cosa con Galileo, pero hay que esperar hasta Descartes para que nazca el verdadero hombre moderno. El hombre volando en bicicletas de Da Vinci, el hombre volviendo a medirse en columnas y en señoras como manzanas del Renacimiento, es solamente un anuncio truncado de lo que estaba por venir. También los Borgia son Renacimiento, y eso es bastante menos bello y humanista que el resto de las postales que le hacen a la época.

He visto a Chaves en Florencia, más mareado por el protocolo que por el síndrome de Stendhal, que no sé si Chaves sufrirá esos vahídos, pero me parecería raro como si le pasara a María del Monte. Chaves resulta aún más papal con todo el Renacimiento detrás como rosetón o como corona. En el barroco de Andalucía Chaves está sobredorado y en el Renacimiento de Florencia Chaves está un poco papa gondolero aunque no haya góndolas ni papas. Recuerdo que en el colegio nos decían mucho eso del hombre renacentista “de letras y de armas”, otro topicazo, pero a Chaves no le pega ni la pluma de ganso ni el florete musical, que es otra manera de ir con pluma. Ahora que el socialismo español se queda en el abecedario de la primera cartilla y que han dejado su ideario resumido en una sola letra de roncar o abejear, ver a Chaves ante los altares de Dante o de Boccaccio le hace mudito. Eso, un papa mudo, un rey sin arte, un mendigo bajo una catedral, es lo que parece Chaves en Florencia cuando cree que anda de estadista en el corazón de una Europa extasiada en sus cúpulas. Chaves pasa por Florencia como puede pasar un camión (habrá camiones en Florencia sin que tengan que ser renacentistas), pero duda uno mucho que la ciudad le inspire o le transforme. Sin ser del todo, como he defendido antes, ese darse la vuelta la tierra y el cielo, el Renacimiento sí fue el tránsito del ser humano por hermosas vitrinas hacia su definitiva modernidad. Es ese concepto de estación antes de la modernidad el que hace icónica a Florencia, aún dibujada siempre parada en el mismo siglo, como metonimia del Renacimiento entero. Es ese concepto el que Chaves aún no ha entendido tras todos sus lustros presidenciales. La modernidad de Andalucía no es terminar de pintar el Airbus ni cegarnos a pantallazos de Windows. La modernidad de Andalucía sería otra visión de lo individual, de lo social, de lo intelectual y también de lo político. Ésa es la revolución que necesitamos, más que nuevos pinchazos de la ciencia. Otra manera de concebir Andalucía fuera de su mística, de su estatismo, de su continuo repensarse y copiarse, que es en lo que consiste nuestra particular Edad Media, época monástica de la que no escapamos. Pero Chaves, ni estando dentro del Renacimiento mismo como en su cajón, se dará cuenta de eso.

Somos Zapping 21/10/2007

Un mal día. Elegí un mal día para verlos todos juntos. Esos columpios verdes, esas brisas de jamones, esos estudiantes como rayitos de sol, esa Andalucía alicatada de tecnología, esas casas que se arman solas y gratis, esas dulces enfermeras telefonistas, ese logo de la Junta como la dentadura de su sonrisa clorofílica. Eso que llaman publicidad institucional y que es propaganda de partido con dinero público, 23 millones en menos de un trimestre. Elegí un mal día para ver esos anuncios: después de un cabreo con funcionarios. No hay nada más español que eso, ni las banderas como paelleras de Rajoy ni el otro patriotismo con chupete de Zapatero. Sí, me siento españolísimo en mi indignación. Dejen que les cuente: Tras quince días, los resultados de mis análisis no están y no saben por qué. El médico también se sorprende y me manda a que baje yo mismo a reclamar. Una enfermera de enguantada parsimonia me los saca por impresora (¿cómo podían estar sin estar?), pero me doy cuenta de que sólo hay una parte, de que falta lo más importante. “Cualquiera sabe qué habrá pasado --me dicen--. Seguramente se habrá estropeado la muestra, pero llamar ahora con la de gente y jaelo que hay en el laboratorio de Jerez... Venga el lunes para volver a sacarle sangre”. Y tan tranquilos. Me acuerdo de Larra e imagino sus Batuecas trasplantadas a Andalucía. Pero yo exijo saber qué ha ocurrido, y ante la despreocupación y las pocas ganas de la funcionaria por dar explicaciones, asusto con mi sacerdocio periodístico (perdón, no suelo hacerlo), por si les motiva más el derecho de la ciudadanía a conocer lo mal que funciona lo público que mi derecho como paciente, tan endeble al parecer. La señora cree que le estoy bacilando, así de poco acostumbrados están a que les exijan responsabilidad. Subo, bajo, desespero. Me dicen al fin que alguien en Jerez no marcó en el ordenador lo que pedía el volante. No me lo trago, pero ya me resigno. Habrá que repetir los análisis. Otras dos semanas. Luego, mirando la felicidad y rapidez de esos anuncios, me da el ataque de risa y decido caer en esta inelegancia de contar mis cosas, similares a las de otros miles de andaluces que no se podrán quejar. Me permito erigirme hoy en su paladín. Perdonen ustedes este desahogo. Qué cabreo y qué risa, tantos anuncios para esta pobre y desatendida realidad.

El Código Colón. La televisión pública andaluza, igual que ha inventado la gerontología catódica, ha inventado también el género del documental indocumentado o alucinado. Y no lo digo por lo de su cortijo (presentado con ánimo documental, recuerden), sino por la serie que están emitiendo sobre Colón en Canal 2 Andalucía. La anunciaban con una seriedad de códices, mapamundis y noble historiografía sobre cuero, pero lo que me encontré el otro día fueron apariciones de templarios, pseudomisterios como egipciacos, la capilla de Rosslyn con sus enigmas de emparedados y merovingios, y hasta a Javier Sierra, ese escribidor del esoterismo-historia-ficción, desbarrando con peregrinas teorías no muy lejos de acabar en un Colón extraterrestre o al menos avisado o conducido por ovnis. Apunté en mi libreta como gracia que habían hecho un Código Da Vinci con el pobre Colón, pero pronto comprobé que, efectivamente, esta serie que se pretende documental incluía partes de ficción con unos actores que se movían entre bibliotecas, conspiraciones, asesinos en las sombras, secretos ocultos y jeroglíficos ardiendo, todo en torno al velamen de don Cristóbal. O sea, que verdaderamente estaban haciendo un Código Da Vinci, pero además con la producción y el guión que le corresponderían a María del Monte. La serie, de un ridículo chiripitifláutico, es una auténtica estafa.

Un año más. La nueva temporada de Canal Sur no sólo eterniza a María del Monte, sino a otros desechos de destripadero como Vista pública. No sé qué me revolvió más el estómago, ver a Luis Mariñas anunciar con una media sonrisa que tratarían “una terrible historia en la que un matrimonio muere degollado por una catana” y la posibilidad de que los perros que olieron a muerto en casa de los McCann se hubiesen equivocado, o simplemente pensar que esto se sigue pagando con dinero público un año más.