18 de enero de 2017

Pilar González escribe sobre mi novela "Como llueve en las despedidas"

"Tengo algunos amigos escritores. Y nunca dejan de asombrarme. Luis Miguel Fuentes es uno de ellos. Su primera novela (¡la primera y tan buena!), Como llueve en las despedidas, es una de las mejores que he leído en 2016. Os invito a saber algo más sobre ella y, si os apetece, ahora que es tiempo de regalos, a que os regaléis el inquietante placer de su lectura" (Pilar González)

"Es una novela impresionista que entreteje dos historias con doscientos años de diferencia entre ambas (...) Nada que ver con el realismo o con la novela histórica. La obra de Luis Miguel Fuentes es una narración de imágenes y de sentimientos. Una cinematográfica sucesión de metáforas primorosamente hilvanadas que dan como resultado un tapiz espléndido en el que la vida, la muerte, el amor y la memoria son las estaciones del laberinto de las entrañas de los personajes"

http://pilar-gonzalez-modino.blogspot.com.es/2017/01/como-llueve-en-las-despedidas.html


Entrevista en La Razón: "Ahora las novelas parecen cajas de cereales"

"Frente a la Argónida, en Sanlúcar de Barrameda, hay muchas posibilidades de escribir una buena novela si se cuenta con la sensibilidad suficiente, pero también se necesita la técnica necesaria para sacar de la muñeca un buen libro. La genialidad no cae del cielo, pero Luis Miguel Fuentes (Sanlúcar de Barrameda, 1970) lo ha hecho con «Como llueve en las despedidas» (Seleer), en la que rescata la historia de un capitán francés preso en la Guerra de la Independencia que se mete en la vida de un profesor universitario de nuestro tiempo". (Pepe Lugo)


http://www.larazon.es/local/andalucia/ahora-las-novelas-parecen-cajas-de-cereales-DN14192133


Oculta - Revista Literaria: "Luis Miguel Fuentes, prosa en llamas"

«¿Y qué hacer por parte de la literatura para distanciarse de la taquilla, para aportar un signo de distinción al modo de los impresionistas y de los rupturistas respecto de la cámara fotográfica? Pues, quizá, lo que trae Luis Miguel Fuentes (Sanlúcar de Barrameda, 1970), columnista y cronista, en Como llueve en las despedidas, su primera novela, finalista del Premio Azorín, en su edición de 2009».
Gonzalo Gragera habla de la primera novela de Luis Miguel Fuentes, 'Como llueve en las despedidas'.

17 de enero de 2017

Entrevista en El Mundo: "Sólo la crítica puede cambiar las cosas, la alabanza no sirve de nada"

"Incisivo, culto, ateo, masón y umbraliano. La pluma sarcástica de Luis Miguel Fuentes es temida y admirada. Desde su atalaya en Sanlúcar de Barrameda, lleva 16 años analizando la vida política andaluza en estas páginas con descreimiento, lirismo y apasionamiento. Su raudal de símiles imposibles se traduce ahora en una novela, Como llueve en las despedidas, la primera del autor." (Carmen Torres)

http://www.elmundo.es/andalucia/2016/06/20/5768179446163f32698b456e.html


12 de diciembre de 2016

1 de noviembre de 2016

The Objective: 'Perejil con sangre'

Mientras en las televisiones posa de estadista igual que una portada de Bonnie Tyler con tigre, en Andalucía, Susana se limita a repartirle al pueblo perejil para San Pancracio. Dueña del PSOE, retrasará el congreso hasta asegurarse una aclamación sin primarias reales, un salto rociero. Incluso disolviendo o anulando alguna federación. 
Mi #Subjetivo hoy en The Objective: 'Perejil con sangre': 
http://theobjective.com/elsubjetivo/luismiguelfuentes/perejil-con-sangre/


3 de octubre de 2016

Texto de la presentación de Juanjo Téllez

Texto de la presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" por Juan José Téllez

Cuando leí los primeros capítulos de la novela “Como llueve en las despedidas”, que Luis Miguel Fuentes ha publicado en “Ediciones Pura Tinta”, de la Editorial Seleer, se me vino a la memoria una vieja secuencia de “La mujer del teniente francés”, la película de Karel Reisz que tanto nos conmovió en su tiempo pero que no ha envejecido demasiado bien. Recordaba a una mujer –era Meryl Streep, jovencísimamente pelirroja—en la cima de un espigón, envuelta en una capa y al borde de una tormenta.
Se me antojaba que la actriz, en ese breve anonimato de una capucha que le guarecía el rostro, y en el juego entre el personaje y la persona que le encarnaba, en dos tiempos y dos acciones distintas, podía resumir perfectamente a la dama que aguardaba las cartas escritas por un oficial de Napoleón tras la casual derrota de Bailén, pero al mismo tiempo a Gloria, la mujer de David y a su amante de cabello azul o negro, a la que todavía nadie había puesto el nombre de Ana María.
“Las novias, las mujeres, que van haciendo manojos en el tiempo del hombre. No se divide el tiempo en años o meses, sino en mujeres que incendiaron el calendario e inauguraron sus eras como catástrofes climáticas, como un choque de planetas, como religiones nuevas. La Historia tiene para su orden revoluciones, batallas, convulsiones, y la vida del hombre tiene a las mujeres para ponerle el imperio de un nombre, la numeración a todos los días. La novia, la mujer, un siglo, un reinado”.
El amor y la guerra, la eternidad y el instante, la historia con mayúscula o con minúscula. He ahí los asuntos que trata este largo, reflexivo e intensísimo relato, con el título hermosamente robado a una canción de Joaquín Sabina.
No se trata, en ningún caso, de una novela histórica, porque a Luis Miguel Fuentes –gaditano de Sanlúcar y de 1970, le encoraja ese género, el de la novela galdosiana como la califica injustamente. Según le explicó a la periodista paisana Carmen Torres, abomina a grandes rasgos de un género que, en el fondo, estriba en “coger a un personaje casi como excusa para hablar de movimientos de ejércitos y de arboladuras de barcos”.
“Yo quería hacer otra cosa. Tenía la historia de la carta del capitán francés pero quería reflejar lo eterno de los sentimientos humanos que se daban hace dos siglos y se siguen dando ahora. Y la planteo de otra manera”.
Dos mundos paralelos y un lenguaje común. No es casual. “Como llueve en las despedidas” es un juego de espejos. O de espejismos. A caballo entre la realidad y la ensoñación, los protagonistas de esta narración porfían entre la percepción de lo inmediato y el deseo de otro mundo personal distinto, utopías privadas que, en el fondo, quizá también constituyan una parábola o una metáfora de las utopías colectivas.
Tampoco es una novela pedagógica, donde lo que importen sean los pensamientos, aunque la gran protagonista de sus páginas sea, en rigor, la palabra. Y más específicamente el estilo. Las frases sobre la que sustenta la armazón de lo que narra, guardan la legendaria sencillez de Azorín o el certero bisturí de las greguerías de Gómez de la Serna o los aerolitos de Carlos Edmundo de Ory: “La moto, fiera con fontanería, incendio que rueda, virilidad de la velocidad y del acero”. “El sueño viaja como un remero, el sueño vacía el líquido de la noche, el sueño es una soga que ha caído entre los brazos”. O, mucho más terrible y descarnado: “El cuerpo es un hormiguero de tripas, una torre de gusanos, una podredumbre caliente, una letrina tapada. Lo sé, me lo ha enseñado la guerra. Dentro del cuerpo sólo llevamos almacenada nuestra matanza. Vamos vestidos sobre nuestra carnicería”.
Podría espulgar frases como esta a lo largo de casi doscientas páginas por la que transcurre la peripecia de un puñado de personajes, que no necesitan dialogar. Un profesor universitario, sus dos querencias y la relación epistolar de un soldado decimonónico que vuelve de la muerte y, como antídoto, apela a lo que Pedro Salinas, al que cita Luis Miguel Fuentes en el frontispicio de esta obra, califica como “amor, amor, catástrofe, ¡qué hundimiento del mundo”. La vigencia del romanticismo, de sus ideales y de su actitud, podría ser también su convidado de piedra.
Como cuando distingue entre el amor y el amante: “Dejar al novio, o a la novia, cambiarlo por otro, por otra, eso sólo es repetirse. Pero el amante, la amante, quizá eso es el romanticismo, igual que ir a matarse con pistolas guardadas como violines, igual que ir a perder o a ganar todo en el casino. Verse criminal y desnudo, huir por la noche como si te persiguiera un gobierno extranjero, esconder las pruebas del pecado, dejándolas ver un poco, ese rastro justo para que trabaje un detective que tampoco existe o que es uno mismo jugando solo al ajedrez. No hay afrodisíaco como el secreto. No se busca en el amor otra cosa que el misterio”.
“De la historia del capitán francés y su cautiverio sólo cuento lo que me hace falta para explicar al personaje, para reflejar sentimientos como el miedo o la esperanza. También para mostrar el paralelismo con la otra historia del profesor universitario, que está entre dos amores, y que al encontrar esa carta se siente muy identificado”.
La historia colectiva es tan sólo un telón de fondo que nos remite a lo real, a lo tangible. Lo verdadero, en cambio, no pertenece a ese plano de la vida sino a la intimidad de quien considera que lo que realmente importa es el amor, la búsqueda de la dicha, lo único que puede vencer al arcano: “Sólo la Historia da la inmortalidad –sentencia David o Luis Miguel Fuentes--. Sólo mueren los que no entran en la historia”.
Sin embargo, “Como llueve en las despedidas” constituye, sobre todo, un homenaje al papel, a las ficciones, a las bibliotecas, tan lejos de la de Carlos Ruiz Zafón como las de Manuel Rivas, aunque nadie, ni Luis Miguel Fuentes, sea capaz de prescindir del botín emotivo de la que soñara Jorge Luis Borges. Cruzamos de su mano hacia la librería en donde encontrará la carta perdida del militar que le servirá como un hilo o como un coro griego a la hora de ir trenzando la acción intimista que constituye el nudo gordiano de este texto tan evocador como hermosamente escrito: “Ese agrupar en el libro el alma blanca de la literatura o la Historia, la hermosa carpintería que lo envuelve, el humo de los años que porta, las sombras que lo aprietan, las manos que lo han cuidado como a un viejo animal familiar. Todo eso, lirico fetichismo de que el leer y el custodiar de aroma y tenga sus portones y su cantería, los libros y papeles sosteniendo su silencio, su historia y su belleza como pianos que aguardan. La casa ahuecada de luz y de sigilo, aquel hombre viejo pendiente de oír crujir a los volúmenes. Los bibliófilos, los coleccionistas, son unos hombres y mujeres que miran respirar a los libros y tienen alrededor de ellos unas conversaciones gregorianas, absortas y mágicas, igual que constructores de basílicas. En las estanterías, dócilmente crucificados, o encima de los muebles como septiembres sin vendimiar, los libros, los legajos, como globos terráqueos o cartas astrales, a los que se les sale un unicornio o un esqueleto o un arlequín, salpicados de piedra y de oros, libros y papeles de todos los siglos, cartujos, con pesantez y con alas, con miradas de colores, libros como ventanas que levitan. Aquel hombre viejo y su vida sobre los libros, dedicado a su rezo, a su arquitectura, a su jardinería, a su historia, a su delicada enfermería que es como curar mariposas muy antiguas, su estudio que va del tecnicismo a la melancolía, de la química a la ternura, como si descifrara la misma mecánica del amor”.
“Y aquella carta, aquel hombre le enseñó una carta, pequeña joya plegada, un ala amarilla entre los tomos, una cuartilla suelta, como descosida. Cuando salió de la casa, la carta le palpitaba en el bolsillo como una víscera. Recordaba que luego caminó perdido esquivando los empellones del mar, que le pareció que venía silbándose algo, algo que le sonó a canción de soldado muerto y enamorado”.
Llama la atención, sin duda, la carencia de diálogos, que no ralentiza sin embargo la acción sino que a veces incluso la acelera porque hereda en gran medida algunas herramientas del lenguaje audiovisual que tanto ha marcado a su generación y a la mía: “Cuando empecé a escribir la novela me di cuenta de que no me hacían falta diálogos para transmitir lo que quería: sensaciones, emociones y situaciones casi fotográficas, visuales”, ha afirmado Fuentes.
A caballo entre las voces y los ecos, no cabe duda que Luis Miguel Fuentes ha depurado su estilo hasta conquistarlo. Hace tiempo, en una breve refriega periodística, le afeé su devoción por Francisco Umbral. No es mal maestro, desde luego, salvo que condicione en demasía la construcción de nuestro propio léxico. Aquí y ahora, en cambio, Umbral es una simple sombra que quizá nos transporte, como él reconoce, a “Mortal y Rosa”, un título que Luis Miguel Fuentes califica como “un gran poema lírico que no tiene estructura, tramas, personajes, desarrollo ni conclusión”. No es este el caso, porque alguien afirmó con razón que cada novela es un artefacto que debe cumplir con una serie de reglas y a la de Fuentes no le falta ningún perejil. Esto es, hay estructura, tramas, personajes, desarrollo y conclusión. Los paisajes, desde Cádiz a Cabrera, diluidos, como los edificios y las imágenes a menudo poéticas que el autor nos va regalando a cada paso.
Es, desde luego, la novela de un lector que seguramente ha paseado tanto por Julio Cortázar o por Pierre Louys, por Adolfo Bioy Casares y por Marco Denevi. Pero también por Javier Marías o, me atrevería de intuir, Rafael Chirbes. Todo ello, bien digerido. Como si advirtiéramos al ver a un ser humano todo el pedigrí de su alimentación, toda la memoria de su vida, todos los rasguños que el resto del mundo imprimió sobre su piel. Eduardo Mendicutti, en una reciente presentación de “Como llueve en las despedidas” apreciaba también en esta obra otras dos referencias magistrales, la de William Styron –“La decisión de Sophie” quizá sea su título más conocido-- y la de John Banville –“La carta de Newton, un intermedio”--, el escritor irlandés a quien también se conoce bajo el seudónimo de Benjamin Black, en su serie negra.
No pierdan el tiempo: pueden apreciar distintos acentos, pero sólo hay un habla, la de Luis Miguel Fuentes, enfrentado a sus propios fantasmas, como confirma desde la página de respeto de su novela, que dedica a sus padres pero también “a todas las mujeres a las que quise o no, que me quisieron o no”.
¿Novela autobiográfica? ¿Cuál no lo es? El poeta es un fingidor, afirmaba Fernando Pessoa, cuyo “Libro del desasosiego” es otro de los puntales confesos de Luis Miguel Fuentes. Pero es, sin duda, una novela literaria, lo que debería ser una redundancia pero que en los tiempos que corren se convierte, en cambio, en un obstáculo para su adecuada difusión: “No ha sido fácil publicarla –asegura--. Las editoriales me decían que era demasiado literaria”.
"Parte de la crisis cultural que estamos viviendo se puede ver en cómo la literatura está negando la propia literatura", denuncia. Y tiene razón.
Lleva muchos años denunciando o subrayando la realidad con su rotulador personal, intransferible, subjetivo. Técnico en informática, se arrimó al periodismo a partir de la buena escuela del periodismo local y de una revista virtual que fue legendaria, “La bahía del mamoneo”, que tanto éxito tuvo en Cádiz durante la década de los 90. Columnista de El Mundo de Andalucía desde 2000 hasta el cierre de la edición regional del periódico en junio de 2016, con su novela logró ser finalista del Premio Azorín de Novela 2009. Por otro lado, su trabajo periodístico abarca la columna de opinión, la crónica parlamentaria, el retrato de actualidad, la crítica televisiva, las redes sociales, la crónica política (congresos, campañas electorales…) y el reportaje literario.
Además de quedar finalista en el Azorín y del NH de Relatos, en su haber tiene el Premio Nacional de Periodismo de la Asociación Española de la Carretera (Madrid, 2003), el Premio Eduardo Mendicutti de artículos periodísticos (Sanlúcar de Barrameda, 2001), el Premio José Morillo León de periodismo (El Puerto de Santa María, 2000) y el Premio José María Martín de periodismo (San Fernando, 1999). “Como llueve en las despedidas” resulta, en cambio, su primera novela. Les garantizo que no será la última. Luis Miguel Fuentes ha probado esa rara sensación que estriba en dar la vida o quitarla, un atractivo oficio de dioses al que la miopía contemporánea ha bautizado con el humilde nombre de novelista. Sólo él sabe, como David, el protagonista de este texto, que al cerrar un libro apreciamos que tiene “algo de caja de huesos, de frigorífico para la muerte, de cobertizo para esqueletos”.
Juan José Téllez

22 de septiembre de 2016

Introducción de mi novela por Eduardo Mendicutti (vídeo)

Eduardo Mendicutti hace una introducción general de mi novela "Como llueve en las despedidas" y la emparenta más con William Styron y John Banville que con Umbral. Fragmento de la presentación que pueden encontrar completa en YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=dkkYXG_KPAs

18 de septiembre de 2016

Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" en Cádiz

Juan José Téllez presentará mi novela "Como llueve en las despedidas" en Cádiz el miércoles 28 de septiembre. 19:30 horas, Biblioteca Pública Provincial de Cádiz (Avenida Ramón de Carranza, 16)



6 de agosto de 2016

Dónde conseguir mi novela "Como llueve en las despedidas"

Pueden pedir mi novela Como llueve en las despedidas (Editorial Seleer) en su librería de confianza o por Internet:
Casa del Libro
Amazon.es
Editorial Seleer (papel y e-book)
Google Play Books (e-book)

Si tiene problemas para encontrarla en su librería, por favor pida a su librero que se ponga en contacto con la editorial Seleer o la distribuidora Azeta.


5 de agosto de 2016

Eduardo Mendicutti sobre "Como llueve en las despedidas"

Eduardo Mendicutti, sobre mi novela Como llueve en las despedidas:
"Un talento singular para contar una historia de intimidades paralelas con los mejores recursos del lenguaje. Alta literatura".



28 de julio de 2016

Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" en Sanlúcar.

Eduardo Mendicutti presentará mi novela Como llueve en las despedidas en Sanlúcar de Barrameda. Será el miércoles 3 de agosto a las 21 horas en el Círculo de Artesanos.


19 de julio de 2016

A la venta mi novela "Como llueve en las despedidas"

Pueden pedir mi novela Como llueve en las despedidas:
- En su librería de confianza. Si tiene problemas para encontrarla en su librería, por favor pida a su librero que se ponga en contacto con la editorial Seleer o la distribuidora Azeta.
- En Casa del Libro
- En Amazon.es
- En Editorial Seleer (papel y e-book)
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30 de junio de 2016

Disponible ya mi novela "Como llueve en las despedidas"

Pueden pedir mi novela "Como llueve en las despedidas":
- En su librería habitual. Si tiene problemas para encontrarla en su librería, por favor pida que se pongan en contacto con la editorial Seleer o la distribuidora Azeta.
- En Casa del Libro
- En Amazon.es
- En Editorial Seleer (papel y e-book)
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13 de junio de 2016

Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas"

Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas".
Este viernes 17 de junio, a las 20:00h, en La Carbonería (calle Levíes, 18), Sevilla.
Presenta: Jesus Vigorra


23 de octubre de 2013

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17 de octubre de 2013

Ouroboros: Jersey de madre (15/10/2013)


El PSOE cargándose Rumasa o a Mario Conde, eso sí que eran alardes. Así se hacían con la colmena del dinero, convirtiendo a los atravesados en presos de dibujitos animados. Felipe, Guerra, aquel socialismo marismeño con tarteras y gracietas modernizaban España, y entrábamos en la OTAN, aunque fuera de recluta que friega los cañones, y hasta volvíamos a ser Europa de una manera que nos vendían como carolingia, pero era más bien buñuelesca. En aquella época de movidón y desperezamiento, queríamos coger a cambaladas esa modernidad a la que le perdimos el rastro desde Fernando VII, o antes. Pero también fue entonces cuando se asentaron las malas costumbres y feos defectos de nuestra democracia, que tantos disgustos nos están trayendo ahora: la partitocracia piramidal, hija de una Transición titubeante; la muerte a espadín de Montesquieu y el conchabamiento corrupto entre poder político y poder económico. Que Ruíz Mateos quedara en cromo y Mario Conde en Buda cristificado no deja de ser una anécdota ante el paradigma que aquel tiempo traía o retomaba: el dinero y los negocios tenían que tener el permiso, la visita y el manoseo del poder político. Al principio, quizá sólo con cierta intención controladora, estatalista, aunque pronto vendría el hambre. Si para que nos enterásemos de quién mandaba tenían que darles la vuelta a las Torres de Colón (que siempre han estado dadas la vuelta), pues lo hacía Boyer tan tranquilo como si fuera el hombre de la tónica. No entro en razones o legalidades, pero eso sí que eran alardes, hacer que el poder retumbara físicamente en toda la Castellana, igual que si se moviera el Bernabéu a remo.

Nuestro país desperdició recursos, ideas, gente, riqueza, por culpa de ese encamamiento sucio de políticos, banqueros y empresarios pasándose el mechero. Luego, además, todo esto se provincializó. Las autonomías multiplicaron las barajas y los jugadores en la mesa. Y en Andalucía, donde no se han barrido los despachos en más de treinta años, las consecuencias están a la vista. Por toda esta tradición, por toda esta manera de hacer política que parece que viene como desde Ramoncín, a uno le dan mucha risa esos amagos de “regeneración” y esos pactitos contra la corrupción como lavados de gato. Más si vienen de la mano de advenedizos criados en ese mismo sistema putrefacto. Que Susana Díaz se fuera a ver a Mariano Rajoy significa tanto como que comprara un décimo en Doña Manolita. Hace falta nadar mucho más hondo en la democracia. Esto que heredamos de la Transición parece un viejo jersey de rombos que insistimos en ponernos. Pero no nos cabe y además apesta.

Sí, qué alardes aquéllos, tirando bancos, expropiando por cojones, montando horcas en el despacho de Mariano Rubio… Las transferencias de financiación para engordar reptiles parecen casi una finura francesa a su lado. Pero todo empezó aquella vez que nos equivocamos con tan buena voluntad, como el jersey horroroso que nos hizo nuestra madre.

15 de octubre de 2013

Somos Zapping: Santos con trabuco (14/10/2013)


Criaturitas. Peleando por su aire, por su sitio, por su culo, por sus tripas. Qué importará la verdad con el estómago acostumbrado y la gorra en la mano. Criaturitas. Defendiendo su derecho a chupar del bote, su sitio en el pilón, como palomos viejos. A ver qué tendrán que decir la ley y la justicia (burguesas, corruptas), en esa pelea eterna que tienen ellos, no por defender al trabajador, que no les importa, sino sus propios intereses; no contra el dinero, que desean tanto como los capitalistas, sino contra el hecho de no ser ellos los que lo manejan y reparten. Sindicalistas acusados de tráfico de influencias, malversación, falsedad y delito fiscal, jaleados como Messi. Insultos a la jueza que trata de hacer cumplir las leyes. Comparaciones con el franquismo, porque no puede ser otra cosa que franquismo atreverse a someter su agreste voluntad al derecho. Hubo criaturitas que recibieron dinero, paguita, prejubilaciones... ¿Arbitrariamente? ¿Mediante un uso fraudulento del dinero público? Qué más dará… Su furia no es de hambre, sino de engreimiento. Y los apoyan sus jefes y hasta el vicepresidente Valderas. “No terminó con nosotros la dictadura y no van a terminar tampoco actuaciones mediáticas”, decía en Canal Sur Francisco Carbonero, justo después del vídeo de la Guardia Civil con los perros sacando fajos de billetes. Sí, hemos vuelto a rodar por todas las televisiones, la Andalucía que vitorea a sus bandoleros que dejan monedas y vinazo, como romerías de santos con trabuco. Pasa también en otros sitios. Pero aquí con más fiesta, más tradición, más saliva y más orgullo.


Sindicalismo sin ira. El sindicalismo con olor a neumático quemado y ruido de polluelos piando montaba su escrache en los juzgados de Sevilla, pero para los informativos de Canal Sur los insultos a Alaya no existieron o se diluyeron en una canción de Jarcha. Cuando Salvador Mera, Secretario General de UGT Cádiz, entraba en los juzgados, Bárbara Ruiz informaba que “los afiliados a los sindicatos lo han apoyado gritando ‘libertad, libertad’”. Al día siguiente, en el informativo de la mañana, volvió a oírse el mismo coro, esta vez cuando el sindicalista salía. No se escuchó otra cosa en La Nuestra. La música de siempre, en realidad.


Joyas y cojetadas. Pueden imaginarse las tertulias de Canal Sur con estos zafarranchos de la actualidad y el disimulo. Dejo aquí algunas joyitas y cojetadas. Antonio Yélamo hablando de la “leyenda urbana” de los fondos de formación, o recalcando que “ninguno de ellos [los detenidos] se ha podido demostrar que se apropiara de un solo euro público” (no malversar para uno, sino para tu sindicato, no es tan malo). Casi lo mismo decía Juan Manuel Marqués sobre el caso ERE y los políticos: “No han podido demostrar el enriquecimiento personal de ninguno de ellos, a excepción de Guerrero” (otra cosa son los beneficios para el partido o los amigotes). También ironizaba con que habría que alquilar el salón del Ritz en el que estuvo Susana Díaz para que cupieran todos los que supuestamente conspiraron en la trama (o el Palacio de San Telmo, diría yo). Para Pilar Gómez, “hay un afán muy importante por denostar la función de los sindicatos, por retroceder en derechos” (el reconocido derecho de llevárselo calentito, debe de ser). Y Diego Suárez: “Cuanto más tiempo pase con la investigación abierta parece que esa causa general que denuncian los sindicatos se va a seguir manteniendo”. Y Paco Lobatón: “Me parece que hay que ser muy ingenuo para pensar que es pura casualidad (…). En la agenda de la jueza siempre hay coincidencia con algunos hechos”. Ya para Javier Aroca, necesitaríamos un libro. Por cierto, ¿quién sale más en Canal Sur? ¿Juan y Medio o Javier Aroca? Habría que echar las cuentas.


Sandokán. Casi peor que las sentencias del caso Malaya, es que a las televisiones les dé por matarnos de vergüenza ajena con especiales sobre Sandokán, ese personaje de José Mota, mezcla de Gil, vieja del visillo, Mocito Feliz y Lopera. Lo hicieron en Nitro y la risa no compensaba el asco y la tristeza.

#TuitMix: Derecho a meter el cucharón (13/10/2013)


Monarquía sindical. Sabrán ustedes que los sindicalistas no pueden ser detenidos. Son inviolables, como corresponde a la monarquía de barbas y regalías que forman. Así lo tuiteó mayestáticamente @ccooandalucia: “Toxo ve impropio de una democracia que se mantenga detenidos a sindicalistas”. Sí, dijo “democracia”, sin duda en un lapsus. Cualquiera se confunde entre tantos sistemas, mayorazgos, melancolías y bulas que usan a la vez. Extraño concepto de la democracia, por lo visto un señorío que ellos manejan concediéndose privilegios incendiarios y graciosos saltos a piola de la ley. “Sí claro, la democracia está pa el mangoneo, que no pasa nada, y a las comilonas con marisco incluido. ¡Habrase visto!”, protestaba @Trianabetis4. @edbalta señalaba: “Que alguien le explique al Toxo que no han detenido a nadie por sindicalista, sino por LADRONES, coño, por ladrones”. Pero nada: “Persecución a sindicalistas, encarcelamientos, desprestigio a los sindicatos con ayuda mediática... el PP es hijo del Franquismo”, insistía @ZasRoberto. Lanzas y su vaca asada, las facturas engordadas y los ricos botes, son cosa de Franco. “Ahora los sindicatos UGT y CCOO dicen que detener a sindicalistas que han robado es una persecución de la brigada social franquista. Mafias!”, les acusaba @DidacPolo. Pero @carboneropaco dedicaba su #FF a “quienes, como yo, sienten, #orgullodesersindicalista. La defensa de los derechos no descansa”. “No nos van a callar, como no lo hicieron en el pasado”, se unía al hashtag @CCOOCORDOBA. Pensé que ese hashtag podría querer reivindicar la esencia del sindicalismo, ahora tan pervertida. Pero ese último tuit enlazaba a este tremendo titular: “CCOO: ‘La juez Alaya y el PP no olvidan que en Andalucía hay un gobierno de izquierda por el papel jugado por los sindicatos’”. Al final, creo se referían al derecho a meter el cucharón en la olla hasta el codo. Y el orgullo de que nadie les rechiste. Por cierto, ¿saben dónde no he visto nada sobre conjuras contra el sindicalismo? Pues en @CGT o @cnt1910. Entre los sindicatos también hay clases.


El pacto de los calvitos. Susana Díaz sigue haciendo sus Américas como una folclórica de las palabras vacías como calabacines o castañuelas. Y algunos ilusos hasta la creen. Taconeos, revoleras, visitillas y preludios de pactos que no son nada pero van haciendo nombre, rodada y cantares. “Pregunto: ¿qué hay que pactar sobre corrupción? Los chorizos a la cárcel. Punto”, escribía @J_A_Isla tras la visita a Rajoy. “Un acuerdo para no atacarse mutuamente con la corrupción”, le parecía a @mdlherran. Mucho pacto implacable, pero luego aquí vetan una comisión sobre el fraude del Plan Bahía Competitiva… Ahora, el mejor y más atinado, el propuesto por ‏@Susi_Enfuresia: “Voy a pedí a Rajoy un pacto contra los carvito con barba. Er quita a Aria Cañete y yo a Rubarcaba”. Éste lo doy por hecho.

Triclinium: Retrato con pasapurés (11/10/2013)


Implacabilidad trampera contra la corrupción, transparencia de mentes en blanco, “tolerancia cero” eructante e insípida como un refresco… Todo se lo llevó Susana Díaz camino de Madrid, donde se fue a ver a Rajoy para seguir jugando a hacer política de alta tetería. Con el eslogan de la legislatura en otro bolsillo, el bipartito, que tenía ayer la oportunidad de convertir por fin las flores en panes y “las palabras orales” (Marina Segura dixit) en hechos, se tragó como una papilla verde sus discursos de regeneración y negó la comisión de investigación sobre el fraude del Plan Bahía Competitiva. Las razones fueron grotestas, previsibles y antiguas. Ignacio García, de IU, que fue presidente de la Comisión ERE y allí se dio cuenta de que era menos cansado disfrutar de la tapicería sin preguntar tanto, admitió el “tufillo” del asunto pero acusó al PP de “seguir por la senda de la demagogia”, de pedir comisiones de investigación “sin criterio”, “a todo lo que se mueve”, y usó ese argumento que merecería siempre una de esas falsas fanfarrias neronianas de las pelis: “no tener autoridad moral”. Digo yo que si cree que el PP no tiene autoridad moral para pedir la comisión, debería pedirla IU. Para García y Díaz Trillo, la Junta no tenía nada que ver (a pesar de los imputados de su agencia IDEA), y sin más que decir, el socialista se paseó por Bárcenas y Gürtel, por “la paja en el ojo ajeno”, “la doble moral” (que en él sería ya cuádruple) y el “fariseísmo”, mientras afirmaba que Susana Díaz viajaba a Madrid para “recuperar el valor de la política”. Sí que hacen falta tragaderas y pasapurés para decir y escuchar todo esto.

Antes, Zoido había preguntado a la presidenta sobre corrupción y paro. Zoido ataca como un zombi, con esa tenacidad idéntica, sin cansancio, dolor ni media lengua, pero es verdad que Díaz no responde, ni ha mejorado la defensa a escobazos de Griñán, a quien se parece cada vez más. Para Díaz, las explicaciones y auditorías que pide el PP son una demostración de la “penosa situación de la oposición”, un grupo “descabezado” y “atrapado en los ERE”. Hemos regresado a la jorobas verbales de Chaves y a las lecciones de profesor con cuello duro de Griñán. Tampoco concretó nada Díaz sobre qué va a hacer contra el paro. Sólo que ella se reúne mucho, gasta suelas y cera con agentes sociales y prebostes con escalinata. A ver cuándo se reúne con ella misma y su gobierno, y empiezan a hacer algo más que maletas. Quiere solucionarlo todo con un bonobús, aunque sus sueños son más de Orient Express, arreglando Madrid, Cataluña, España y un poco los Cárpatos. Ayer, el PSOE se autopreguntó sobre el plan de financiación de Cataluña. Ya, interpelar sobre Rajoy y sus presupuestos, o Wert y su película de El muro, es una catetada. Al menos, la presidenta nos trajo una contradicción que casi aniquila el universo: aseguró haber recuperado 25.000 euros de unas facturas “indebidamente cobradas” por UGT-A, a la vez que el sindicato afirmaba no haber encontrado ninguna irregularidad en su comisioncilla interna. ¿Irá esa diferencia a un bote?

Ayer, toda la corrupción resbalaba como en un domingo piscinero. A Montero le preguntaban si seguía manteniendo que las transferencias de financiación eran legales, y contestaba que ellos tienen la mayoría en el Parlamento (¡?). ¿Invercaria? ¿Facturas de UGT? ¿Heracles? Para Sánchez Maldonado, que es un abuelo de Casa Tarradellas, todo se queda en “confiar en la Justicia”. ¿En qué consistirá esa implacabilidad suya contra la corrupción, si todo lo van a hacer los tribunales, hasta las fotocopias? Pero para nuestra presidencia, “hemos avanzado en transparencia” por su declaración de la renta. Ayer era el día para retratarse. Como exhortaba Zoido: “Hágalo, y no lo diga”. Pero hicieron y dijeron lo de siempre, o sea nada. No existe ese Nuevo Tiempo, esa secta de políticos sinceros o suicidas. Todo será igual pero con una bandera grabada de palabras susanistas, como el tapiz de una alegoría comido por bichos. Y que ayer se quedó en el maletero.