6 de abril de 2008

Somos Zapping 06/04/2008

Justicia amontonada. La Justicia es una cosa que se comen los ratones y que esponjan las cañerías. En las noticias de Telecinco nos enseñaban imágenes de los juzgados de San Fernando, con los expedientes apilados en el váter, con funcionarios ahogados en ácaros, y la Justicia, ropavejera, quedaba como una mudanza de pobres, un desorden de encalar y un colchón podrido apoyado sobre la pared de nuestro sistema. De Santiago del Valle a la juez de Motril que dejó un año en la cárcel a quien había absuelto, nos escandalizan sus errores, olvidos, traspapeleos, retrasos, precariedades. Es fácil señalar a un juez flojón, como ha hecho la Junta con Rafael Tirado, pero el asunto va más allá. Hay un profundo déficit estructural en nuestra Justicia, una imperdonable escasez de personal y medios, y a eso hemos llegado no por el sueño o la maldad de los funcionarios, sino por el desentendimiento de los políticos. Desde que el felipismo se cargó la división de poderes, el interés de la política por la Justicia se limita a los altos tribunales, que son los que pueden tumbar leyes y estatutos y juzgar aforados, y al Consejo General del Poder Judicial, comandita de todo ello donde los partidos tienen cuotas como si fueran accionistas. Por debajo de los jueces con toisón de oro, salidos de los tapices, todo lo que queda de la Justicia les parece a los políticos un trabajo de barrenderos. En Telecinco iban mostrándonos cementerios de cartapacios, sucias carpinterías de la ley y unos funcionarios sobrepasados, agotados como de trabajar en un matadero. La Justicia sólo era algo amontonado y a punto de arder.


Señores y señoritos. Cuando decía “señor”, hacía el gesto de ajustarse la chaqueta, una chaqueta naranja a juego con todas las fosforescencias que vestía, ésas que gastan los pijos de dinero, de patillas o de estirpe, como si su ridiculez fuera radiactiva. Jesús Quintero entrevistaba a Martín Pareja Obregón, torerito trotoncete y cortijero que se perdió un día en sus juergas, que se metió luego al cotilleo televisivo y que ya representa sólo una especie de taurinismo de hechuras porcinas, un casticismo de establo, una falsa aristocracia uniceja y la altivez del analfabeto azahonado, tan conocidos aquí. Sí, el señorito, o lo que queda de sus posturitas. No ha sufrido nada Andalucía con los señoritos, que condenaron a esta tierra al medievalismo, a la desindustrialización, que se regodearon en la opresión y en la injusticia, para que tengamos que soportar ahora a un hijo de papá, entre la farra y la haronería, defendiéndolos: “Era un señor, pero hoy dicen el señorito mirándolo como mal, y el señor, el señorito, era el hombre que le daba trabajo a muchísima gente...”. No, el señorito explotaba, sometía y abusaba; no era empresario sino dueño, y su recuerdo aquí duele como estocadas. Pero Martín Pareja Obregón, al que hemos visto por toda la televisión esparciendo su catetería, su machismo (trata a las mujeres como a vacas guapas), su orgullosa vulgaridad acoloniada, su ranciedumbre cascabelera, decía “señor”, se ajustaba la chaqueta naranja como volviendo a poner sus botos sobre los cuellos de los pobres, y quedaba entronado en su papada. Y aún a esto lo llamaba pureza. “Yo soy un tío muy puro, me he criado en una gente muy pura”. A esa pureza yo la llamo mugre, costra, roña. Todo lo odioso, kitsch, vergonzoso que arrastra Andalucía, sus castas de pajar, su bodoquería empingorotada, su fachosidad pringosa, todo eso en este Martín Pareja Obregón, saco humano de lo que nos abochorna de nuestro pasado y nuestro presente, la condena de Andalucía a la zafiedad, a la jarana, al folclore y al clasismo. Y todavía va de artista. Pero de señorito vividor no ha pasado.


Sospechoso. La Asociación de Telespectadores de Andalucía es un ente fantasmagórico que aparece una sola vez al año y da unos premios con tufo y baba que suelen recaer en los de siempre. Ahora han premiado a Se llama copla, que nos devolvió a un franquismo estético; a Tecnópolis, ridículo instrumento de propaganda modernizadora; y, ahí es nada, a Rafael Camacho, el vocero del poder que ha conseguido que la RTVA coleccione sanciones de la Junta Electoral como posavasos. ¿Sospechoso, evidente o directamente ignominioso? ¿Quién lleva esta asociación que se diría hecha ad hoc? ¿Zarrías?

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