El lunes 17 de abril, Lunes de Pascua, en el Ateneo de Sevilla, Jesus Vigorra y Pilar González Modino presentarán mi novela 'Como llueve en las despedidas'. Espero poder saludarles allí y compartir con ustedes un ameno coloquio. Será a las 19:30 horas.
27 de marzo de 2017
13 de marzo de 2017
The Objective: Susana Díaz: la máquina de ganar
Hoy me mojo sobre las primarias del PSOE. No contar más autobuses que el otro, sino no tener siquiera que contar los votos: eso es poder. Susana tiene la "máquina de ganar".
Mi #Subjetivo hoy en The Objective.
http://theobjective.com/elsubjetivo/luis-miguel-fuentes/susana-diaz-la-maquina-ganar/
Mi #Subjetivo hoy en The Objective.
http://theobjective.com/elsubjetivo/luis-miguel-fuentes/susana-diaz-la-maquina-ganar/
11 de febrero de 2017
Especial sobre Umbral en la revista Barcarola
Fantástico nuevo número de la revista Barcarola, con un dosier sobre Umbral que incluye un artículo mío: "Literatura, ojos azules".
Por ahí andan también Santos Sanz Villanueva, Jesús Nieto Jurado, Eduardo Martínez Rico, Guillermo Garabito, Cristóbal Villalobos Salas, Agustín Rivera Hernández, Ángel Antonio Herrera y hasta Ramoncín.
http://barcaroladigital.com/numeros/barcarola-no-85-86/
Por ahí andan también Santos Sanz Villanueva, Jesús Nieto Jurado, Eduardo Martínez Rico, Guillermo Garabito, Cristóbal Villalobos Salas, Agustín Rivera Hernández, Ángel Antonio Herrera y hasta Ramoncín.
http://barcaroladigital.com/numeros/barcarola-no-85-86/
18 de enero de 2017
Eduardo Mendicutti analiza "Como llueve en las despedidas"
Introducción y análisis de "Como llueve en las despedidas" por Eduardo Mendicutti, que la emparenta con William Styron, John Banville y Francisco Umbral:
"Es tan personal, tan inhabitual desde el punto de vista narrativo, tan exigente desde el punto de vista literario, y tan brillante desde el punto de vista conceptual y verbal, como sus artículos" (Eduardo Mendicutti)
https://www.youtube.com/watch?v=RJluae7LEuw
"Es tan personal, tan inhabitual desde el punto de vista narrativo, tan exigente desde el punto de vista literario, y tan brillante desde el punto de vista conceptual y verbal, como sus artículos" (Eduardo Mendicutti)
https://www.youtube.com/watch?v=RJluae7LEuw
Pilar González escribe sobre mi novela "Como llueve en las despedidas"
"Tengo algunos amigos escritores. Y nunca dejan de asombrarme. Luis Miguel Fuentes es uno de ellos. Su primera novela (¡la primera y tan buena!), Como llueve en las despedidas, es una de las mejores que he leído en 2016. Os invito a saber algo más sobre ella y, si os apetece, ahora que es tiempo de regalos, a que os regaléis el inquietante placer de su lectura" (Pilar González)

"Es una novela impresionista que entreteje dos historias con doscientos años de diferencia entre ambas (...) Nada que ver con el realismo o con la novela histórica. La obra de Luis Miguel Fuentes es una narración de imágenes y de sentimientos. Una cinematográfica sucesión de metáforas primorosamente hilvanadas que dan como resultado un tapiz espléndido en el que la vida, la muerte, el amor y la memoria son las estaciones del laberinto de las entrañas de los personajes"
http://pilar-gonzalez-modino.blogspot.com.es/2017/01/como-llueve-en-las-despedidas.html

"Es una novela impresionista que entreteje dos historias con doscientos años de diferencia entre ambas (...) Nada que ver con el realismo o con la novela histórica. La obra de Luis Miguel Fuentes es una narración de imágenes y de sentimientos. Una cinematográfica sucesión de metáforas primorosamente hilvanadas que dan como resultado un tapiz espléndido en el que la vida, la muerte, el amor y la memoria son las estaciones del laberinto de las entrañas de los personajes"
http://pilar-gonzalez-modino.blogspot.com.es/2017/01/como-llueve-en-las-despedidas.html
Entrevista en La Razón: "Ahora las novelas parecen cajas de cereales"
"Frente a la Argónida, en Sanlúcar de Barrameda, hay muchas posibilidades de escribir una buena novela si se cuenta con la sensibilidad suficiente, pero también se necesita la técnica necesaria para sacar de la muñeca un buen libro. La genialidad no cae del cielo, pero Luis Miguel Fuentes (Sanlúcar de Barrameda, 1970) lo ha hecho con «Como llueve en las despedidas» (Seleer), en la que rescata la historia de un capitán francés preso en la Guerra de la Independencia que se mete en la vida de un profesor universitario de nuestro tiempo". (Pepe Lugo)
http://www.larazon.es/local/andalucia/ahora-las-novelas-parecen-cajas-de-cereales-DN14192133
http://www.larazon.es/local/andalucia/ahora-las-novelas-parecen-cajas-de-cereales-DN14192133
Oculta - Revista Literaria: "Luis Miguel Fuentes, prosa en llamas"
«¿Y qué hacer por parte de la literatura para distanciarse de la taquilla, para aportar un signo de distinción al modo de los impresionistas y de los rupturistas respecto de la cámara fotográfica? Pues, quizá, lo que trae Luis Miguel Fuentes (Sanlúcar de Barrameda, 1970), columnista y cronista, en Como llueve en las despedidas, su primera novela, finalista del Premio Azorín, en su edición de 2009».
Gonzalo Gragera habla de la primera novela de Luis Miguel Fuentes, 'Como llueve en las despedidas'.
17 de enero de 2017
Entrevista en El Mundo: "Sólo la crítica puede cambiar las cosas, la alabanza no sirve de nada"
"Incisivo, culto, ateo, masón y umbraliano. La pluma sarcástica de Luis Miguel Fuentes es temida y admirada. Desde su atalaya en Sanlúcar de Barrameda, lleva 16 años analizando la vida política andaluza en estas páginas con descreimiento, lirismo y apasionamiento. Su raudal de símiles imposibles se traduce ahora en una novela, Como llueve en las despedidas, la primera del autor." (Carmen Torres)
http://www.elmundo.es/andalucia/2016/06/20/5768179446163f32698b456e.html
http://www.elmundo.es/andalucia/2016/06/20/5768179446163f32698b456e.html
12 de diciembre de 2016
1 de noviembre de 2016
The Objective: 'Perejil con sangre'
Mientras en las televisiones posa de estadista igual que una portada de Bonnie Tyler con tigre, en Andalucía, Susana se limita a repartirle al pueblo perejil para San Pancracio. Dueña del PSOE, retrasará el congreso hasta asegurarse una aclamación sin primarias reales, un salto rociero. Incluso disolviendo o anulando alguna federación.
Mi #Subjetivo hoy en The Objective: 'Perejil con sangre':
http://theobjective.com/elsubjetivo/luismiguelfuentes/perejil-con-sangre/
Mi #Subjetivo hoy en The Objective: 'Perejil con sangre':
http://theobjective.com/elsubjetivo/luismiguelfuentes/perejil-con-sangre/
3 de octubre de 2016
Texto de la presentación de Juanjo Téllez
Texto de la presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" por Juan José Téllez
Cuando leí los primeros capítulos de la novela “Como llueve en las despedidas”, que Luis Miguel Fuentes ha publicado en “Ediciones Pura Tinta”, de la Editorial Seleer, se me vino a la memoria una vieja secuencia de “La mujer del teniente francés”, la película de Karel Reisz que tanto nos conmovió en su tiempo pero que no ha envejecido demasiado bien. Recordaba a una mujer –era Meryl Streep, jovencísimamente pelirroja—en la cima de un espigón, envuelta en una capa y al borde de una tormenta.
Se me antojaba que la actriz, en ese breve anonimato de una capucha que le guarecía el rostro, y en el juego entre el personaje y la persona que le encarnaba, en dos tiempos y dos acciones distintas, podía resumir perfectamente a la dama que aguardaba las cartas escritas por un oficial de Napoleón tras la casual derrota de Bailén, pero al mismo tiempo a Gloria, la mujer de David y a su amante de cabello azul o negro, a la que todavía nadie había puesto el nombre de Ana María.
“Las novias, las mujeres, que van haciendo manojos en el tiempo del hombre. No se divide el tiempo en años o meses, sino en mujeres que incendiaron el calendario e inauguraron sus eras como catástrofes climáticas, como un choque de planetas, como religiones nuevas. La Historia tiene para su orden revoluciones, batallas, convulsiones, y la vida del hombre tiene a las mujeres para ponerle el imperio de un nombre, la numeración a todos los días. La novia, la mujer, un siglo, un reinado”.
El amor y la guerra, la eternidad y el instante, la historia con mayúscula o con minúscula. He ahí los asuntos que trata este largo, reflexivo e intensísimo relato, con el título hermosamente robado a una canción de Joaquín Sabina.
No se trata, en ningún caso, de una novela histórica, porque a Luis Miguel Fuentes –gaditano de Sanlúcar y de 1970, le encoraja ese género, el de la novela galdosiana como la califica injustamente. Según le explicó a la periodista paisana Carmen Torres, abomina a grandes rasgos de un género que, en el fondo, estriba en “coger a un personaje casi como excusa para hablar de movimientos de ejércitos y de arboladuras de barcos”.
“Yo quería hacer otra cosa. Tenía la historia de la carta del capitán francés pero quería reflejar lo eterno de los sentimientos humanos que se daban hace dos siglos y se siguen dando ahora. Y la planteo de otra manera”.
Dos mundos paralelos y un lenguaje común. No es casual. “Como llueve en las despedidas” es un juego de espejos. O de espejismos. A caballo entre la realidad y la ensoñación, los protagonistas de esta narración porfían entre la percepción de lo inmediato y el deseo de otro mundo personal distinto, utopías privadas que, en el fondo, quizá también constituyan una parábola o una metáfora de las utopías colectivas.
Tampoco es una novela pedagógica, donde lo que importen sean los pensamientos, aunque la gran protagonista de sus páginas sea, en rigor, la palabra. Y más específicamente el estilo. Las frases sobre la que sustenta la armazón de lo que narra, guardan la legendaria sencillez de Azorín o el certero bisturí de las greguerías de Gómez de la Serna o los aerolitos de Carlos Edmundo de Ory: “La moto, fiera con fontanería, incendio que rueda, virilidad de la velocidad y del acero”. “El sueño viaja como un remero, el sueño vacía el líquido de la noche, el sueño es una soga que ha caído entre los brazos”. O, mucho más terrible y descarnado: “El cuerpo es un hormiguero de tripas, una torre de gusanos, una podredumbre caliente, una letrina tapada. Lo sé, me lo ha enseñado la guerra. Dentro del cuerpo sólo llevamos almacenada nuestra matanza. Vamos vestidos sobre nuestra carnicería”.
Podría espulgar frases como esta a lo largo de casi doscientas páginas por la que transcurre la peripecia de un puñado de personajes, que no necesitan dialogar. Un profesor universitario, sus dos querencias y la relación epistolar de un soldado decimonónico que vuelve de la muerte y, como antídoto, apela a lo que Pedro Salinas, al que cita Luis Miguel Fuentes en el frontispicio de esta obra, califica como “amor, amor, catástrofe, ¡qué hundimiento del mundo”. La vigencia del romanticismo, de sus ideales y de su actitud, podría ser también su convidado de piedra.
Como cuando distingue entre el amor y el amante: “Dejar al novio, o a la novia, cambiarlo por otro, por otra, eso sólo es repetirse. Pero el amante, la amante, quizá eso es el romanticismo, igual que ir a matarse con pistolas guardadas como violines, igual que ir a perder o a ganar todo en el casino. Verse criminal y desnudo, huir por la noche como si te persiguiera un gobierno extranjero, esconder las pruebas del pecado, dejándolas ver un poco, ese rastro justo para que trabaje un detective que tampoco existe o que es uno mismo jugando solo al ajedrez. No hay afrodisíaco como el secreto. No se busca en el amor otra cosa que el misterio”.
“De la historia del capitán francés y su cautiverio sólo cuento lo que me hace falta para explicar al personaje, para reflejar sentimientos como el miedo o la esperanza. También para mostrar el paralelismo con la otra historia del profesor universitario, que está entre dos amores, y que al encontrar esa carta se siente muy identificado”.
La historia colectiva es tan sólo un telón de fondo que nos remite a lo real, a lo tangible. Lo verdadero, en cambio, no pertenece a ese plano de la vida sino a la intimidad de quien considera que lo que realmente importa es el amor, la búsqueda de la dicha, lo único que puede vencer al arcano: “Sólo la Historia da la inmortalidad –sentencia David o Luis Miguel Fuentes--. Sólo mueren los que no entran en la historia”.
Sin embargo, “Como llueve en las despedidas” constituye, sobre todo, un homenaje al papel, a las ficciones, a las bibliotecas, tan lejos de la de Carlos Ruiz Zafón como las de Manuel Rivas, aunque nadie, ni Luis Miguel Fuentes, sea capaz de prescindir del botín emotivo de la que soñara Jorge Luis Borges. Cruzamos de su mano hacia la librería en donde encontrará la carta perdida del militar que le servirá como un hilo o como un coro griego a la hora de ir trenzando la acción intimista que constituye el nudo gordiano de este texto tan evocador como hermosamente escrito: “Ese agrupar en el libro el alma blanca de la literatura o la Historia, la hermosa carpintería que lo envuelve, el humo de los años que porta, las sombras que lo aprietan, las manos que lo han cuidado como a un viejo animal familiar. Todo eso, lirico fetichismo de que el leer y el custodiar de aroma y tenga sus portones y su cantería, los libros y papeles sosteniendo su silencio, su historia y su belleza como pianos que aguardan. La casa ahuecada de luz y de sigilo, aquel hombre viejo pendiente de oír crujir a los volúmenes. Los bibliófilos, los coleccionistas, son unos hombres y mujeres que miran respirar a los libros y tienen alrededor de ellos unas conversaciones gregorianas, absortas y mágicas, igual que constructores de basílicas. En las estanterías, dócilmente crucificados, o encima de los muebles como septiembres sin vendimiar, los libros, los legajos, como globos terráqueos o cartas astrales, a los que se les sale un unicornio o un esqueleto o un arlequín, salpicados de piedra y de oros, libros y papeles de todos los siglos, cartujos, con pesantez y con alas, con miradas de colores, libros como ventanas que levitan. Aquel hombre viejo y su vida sobre los libros, dedicado a su rezo, a su arquitectura, a su jardinería, a su historia, a su delicada enfermería que es como curar mariposas muy antiguas, su estudio que va del tecnicismo a la melancolía, de la química a la ternura, como si descifrara la misma mecánica del amor”.
“Y aquella carta, aquel hombre le enseñó una carta, pequeña joya plegada, un ala amarilla entre los tomos, una cuartilla suelta, como descosida. Cuando salió de la casa, la carta le palpitaba en el bolsillo como una víscera. Recordaba que luego caminó perdido esquivando los empellones del mar, que le pareció que venía silbándose algo, algo que le sonó a canción de soldado muerto y enamorado”.
Llama la atención, sin duda, la carencia de diálogos, que no ralentiza sin embargo la acción sino que a veces incluso la acelera porque hereda en gran medida algunas herramientas del lenguaje audiovisual que tanto ha marcado a su generación y a la mía: “Cuando empecé a escribir la novela me di cuenta de que no me hacían falta diálogos para transmitir lo que quería: sensaciones, emociones y situaciones casi fotográficas, visuales”, ha afirmado Fuentes.
A caballo entre las voces y los ecos, no cabe duda que Luis Miguel Fuentes ha depurado su estilo hasta conquistarlo. Hace tiempo, en una breve refriega periodística, le afeé su devoción por Francisco Umbral. No es mal maestro, desde luego, salvo que condicione en demasía la construcción de nuestro propio léxico. Aquí y ahora, en cambio, Umbral es una simple sombra que quizá nos transporte, como él reconoce, a “Mortal y Rosa”, un título que Luis Miguel Fuentes califica como “un gran poema lírico que no tiene estructura, tramas, personajes, desarrollo ni conclusión”. No es este el caso, porque alguien afirmó con razón que cada novela es un artefacto que debe cumplir con una serie de reglas y a la de Fuentes no le falta ningún perejil. Esto es, hay estructura, tramas, personajes, desarrollo y conclusión. Los paisajes, desde Cádiz a Cabrera, diluidos, como los edificios y las imágenes a menudo poéticas que el autor nos va regalando a cada paso.
Es, desde luego, la novela de un lector que seguramente ha paseado tanto por Julio Cortázar o por Pierre Louys, por Adolfo Bioy Casares y por Marco Denevi. Pero también por Javier Marías o, me atrevería de intuir, Rafael Chirbes. Todo ello, bien digerido. Como si advirtiéramos al ver a un ser humano todo el pedigrí de su alimentación, toda la memoria de su vida, todos los rasguños que el resto del mundo imprimió sobre su piel. Eduardo Mendicutti, en una reciente presentación de “Como llueve en las despedidas” apreciaba también en esta obra otras dos referencias magistrales, la de William Styron –“La decisión de Sophie” quizá sea su título más conocido-- y la de John Banville –“La carta de Newton, un intermedio”--, el escritor irlandés a quien también se conoce bajo el seudónimo de Benjamin Black, en su serie negra.
No pierdan el tiempo: pueden apreciar distintos acentos, pero sólo hay un habla, la de Luis Miguel Fuentes, enfrentado a sus propios fantasmas, como confirma desde la página de respeto de su novela, que dedica a sus padres pero también “a todas las mujeres a las que quise o no, que me quisieron o no”.
¿Novela autobiográfica? ¿Cuál no lo es? El poeta es un fingidor, afirmaba Fernando Pessoa, cuyo “Libro del desasosiego” es otro de los puntales confesos de Luis Miguel Fuentes. Pero es, sin duda, una novela literaria, lo que debería ser una redundancia pero que en los tiempos que corren se convierte, en cambio, en un obstáculo para su adecuada difusión: “No ha sido fácil publicarla –asegura--. Las editoriales me decían que era demasiado literaria”.
"Parte de la crisis cultural que estamos viviendo se puede ver en cómo la literatura está negando la propia literatura", denuncia. Y tiene razón.
Lleva muchos años denunciando o subrayando la realidad con su rotulador personal, intransferible, subjetivo. Técnico en informática, se arrimó al periodismo a partir de la buena escuela del periodismo local y de una revista virtual que fue legendaria, “La bahía del mamoneo”, que tanto éxito tuvo en Cádiz durante la década de los 90. Columnista de El Mundo de Andalucía desde 2000 hasta el cierre de la edición regional del periódico en junio de 2016, con su novela logró ser finalista del Premio Azorín de Novela 2009. Por otro lado, su trabajo periodístico abarca la columna de opinión, la crónica parlamentaria, el retrato de actualidad, la crítica televisiva, las redes sociales, la crónica política (congresos, campañas electorales…) y el reportaje literario.
Además de quedar finalista en el Azorín y del NH de Relatos, en su haber tiene el Premio Nacional de Periodismo de la Asociación Española de la Carretera (Madrid, 2003), el Premio Eduardo Mendicutti de artículos periodísticos (Sanlúcar de Barrameda, 2001), el Premio José Morillo León de periodismo (El Puerto de Santa María, 2000) y el Premio José María Martín de periodismo (San Fernando, 1999). “Como llueve en las despedidas” resulta, en cambio, su primera novela. Les garantizo que no será la última. Luis Miguel Fuentes ha probado esa rara sensación que estriba en dar la vida o quitarla, un atractivo oficio de dioses al que la miopía contemporánea ha bautizado con el humilde nombre de novelista. Sólo él sabe, como David, el protagonista de este texto, que al cerrar un libro apreciamos que tiene “algo de caja de huesos, de frigorífico para la muerte, de cobertizo para esqueletos”.
Se me antojaba que la actriz, en ese breve anonimato de una capucha que le guarecía el rostro, y en el juego entre el personaje y la persona que le encarnaba, en dos tiempos y dos acciones distintas, podía resumir perfectamente a la dama que aguardaba las cartas escritas por un oficial de Napoleón tras la casual derrota de Bailén, pero al mismo tiempo a Gloria, la mujer de David y a su amante de cabello azul o negro, a la que todavía nadie había puesto el nombre de Ana María.
“Las novias, las mujeres, que van haciendo manojos en el tiempo del hombre. No se divide el tiempo en años o meses, sino en mujeres que incendiaron el calendario e inauguraron sus eras como catástrofes climáticas, como un choque de planetas, como religiones nuevas. La Historia tiene para su orden revoluciones, batallas, convulsiones, y la vida del hombre tiene a las mujeres para ponerle el imperio de un nombre, la numeración a todos los días. La novia, la mujer, un siglo, un reinado”.
El amor y la guerra, la eternidad y el instante, la historia con mayúscula o con minúscula. He ahí los asuntos que trata este largo, reflexivo e intensísimo relato, con el título hermosamente robado a una canción de Joaquín Sabina.
No se trata, en ningún caso, de una novela histórica, porque a Luis Miguel Fuentes –gaditano de Sanlúcar y de 1970, le encoraja ese género, el de la novela galdosiana como la califica injustamente. Según le explicó a la periodista paisana Carmen Torres, abomina a grandes rasgos de un género que, en el fondo, estriba en “coger a un personaje casi como excusa para hablar de movimientos de ejércitos y de arboladuras de barcos”.
“Yo quería hacer otra cosa. Tenía la historia de la carta del capitán francés pero quería reflejar lo eterno de los sentimientos humanos que se daban hace dos siglos y se siguen dando ahora. Y la planteo de otra manera”.
Dos mundos paralelos y un lenguaje común. No es casual. “Como llueve en las despedidas” es un juego de espejos. O de espejismos. A caballo entre la realidad y la ensoñación, los protagonistas de esta narración porfían entre la percepción de lo inmediato y el deseo de otro mundo personal distinto, utopías privadas que, en el fondo, quizá también constituyan una parábola o una metáfora de las utopías colectivas.
Tampoco es una novela pedagógica, donde lo que importen sean los pensamientos, aunque la gran protagonista de sus páginas sea, en rigor, la palabra. Y más específicamente el estilo. Las frases sobre la que sustenta la armazón de lo que narra, guardan la legendaria sencillez de Azorín o el certero bisturí de las greguerías de Gómez de la Serna o los aerolitos de Carlos Edmundo de Ory: “La moto, fiera con fontanería, incendio que rueda, virilidad de la velocidad y del acero”. “El sueño viaja como un remero, el sueño vacía el líquido de la noche, el sueño es una soga que ha caído entre los brazos”. O, mucho más terrible y descarnado: “El cuerpo es un hormiguero de tripas, una torre de gusanos, una podredumbre caliente, una letrina tapada. Lo sé, me lo ha enseñado la guerra. Dentro del cuerpo sólo llevamos almacenada nuestra matanza. Vamos vestidos sobre nuestra carnicería”.
Podría espulgar frases como esta a lo largo de casi doscientas páginas por la que transcurre la peripecia de un puñado de personajes, que no necesitan dialogar. Un profesor universitario, sus dos querencias y la relación epistolar de un soldado decimonónico que vuelve de la muerte y, como antídoto, apela a lo que Pedro Salinas, al que cita Luis Miguel Fuentes en el frontispicio de esta obra, califica como “amor, amor, catástrofe, ¡qué hundimiento del mundo”. La vigencia del romanticismo, de sus ideales y de su actitud, podría ser también su convidado de piedra.
Como cuando distingue entre el amor y el amante: “Dejar al novio, o a la novia, cambiarlo por otro, por otra, eso sólo es repetirse. Pero el amante, la amante, quizá eso es el romanticismo, igual que ir a matarse con pistolas guardadas como violines, igual que ir a perder o a ganar todo en el casino. Verse criminal y desnudo, huir por la noche como si te persiguiera un gobierno extranjero, esconder las pruebas del pecado, dejándolas ver un poco, ese rastro justo para que trabaje un detective que tampoco existe o que es uno mismo jugando solo al ajedrez. No hay afrodisíaco como el secreto. No se busca en el amor otra cosa que el misterio”.
“De la historia del capitán francés y su cautiverio sólo cuento lo que me hace falta para explicar al personaje, para reflejar sentimientos como el miedo o la esperanza. También para mostrar el paralelismo con la otra historia del profesor universitario, que está entre dos amores, y que al encontrar esa carta se siente muy identificado”.
La historia colectiva es tan sólo un telón de fondo que nos remite a lo real, a lo tangible. Lo verdadero, en cambio, no pertenece a ese plano de la vida sino a la intimidad de quien considera que lo que realmente importa es el amor, la búsqueda de la dicha, lo único que puede vencer al arcano: “Sólo la Historia da la inmortalidad –sentencia David o Luis Miguel Fuentes--. Sólo mueren los que no entran en la historia”.
Sin embargo, “Como llueve en las despedidas” constituye, sobre todo, un homenaje al papel, a las ficciones, a las bibliotecas, tan lejos de la de Carlos Ruiz Zafón como las de Manuel Rivas, aunque nadie, ni Luis Miguel Fuentes, sea capaz de prescindir del botín emotivo de la que soñara Jorge Luis Borges. Cruzamos de su mano hacia la librería en donde encontrará la carta perdida del militar que le servirá como un hilo o como un coro griego a la hora de ir trenzando la acción intimista que constituye el nudo gordiano de este texto tan evocador como hermosamente escrito: “Ese agrupar en el libro el alma blanca de la literatura o la Historia, la hermosa carpintería que lo envuelve, el humo de los años que porta, las sombras que lo aprietan, las manos que lo han cuidado como a un viejo animal familiar. Todo eso, lirico fetichismo de que el leer y el custodiar de aroma y tenga sus portones y su cantería, los libros y papeles sosteniendo su silencio, su historia y su belleza como pianos que aguardan. La casa ahuecada de luz y de sigilo, aquel hombre viejo pendiente de oír crujir a los volúmenes. Los bibliófilos, los coleccionistas, son unos hombres y mujeres que miran respirar a los libros y tienen alrededor de ellos unas conversaciones gregorianas, absortas y mágicas, igual que constructores de basílicas. En las estanterías, dócilmente crucificados, o encima de los muebles como septiembres sin vendimiar, los libros, los legajos, como globos terráqueos o cartas astrales, a los que se les sale un unicornio o un esqueleto o un arlequín, salpicados de piedra y de oros, libros y papeles de todos los siglos, cartujos, con pesantez y con alas, con miradas de colores, libros como ventanas que levitan. Aquel hombre viejo y su vida sobre los libros, dedicado a su rezo, a su arquitectura, a su jardinería, a su historia, a su delicada enfermería que es como curar mariposas muy antiguas, su estudio que va del tecnicismo a la melancolía, de la química a la ternura, como si descifrara la misma mecánica del amor”.
“Y aquella carta, aquel hombre le enseñó una carta, pequeña joya plegada, un ala amarilla entre los tomos, una cuartilla suelta, como descosida. Cuando salió de la casa, la carta le palpitaba en el bolsillo como una víscera. Recordaba que luego caminó perdido esquivando los empellones del mar, que le pareció que venía silbándose algo, algo que le sonó a canción de soldado muerto y enamorado”.
Llama la atención, sin duda, la carencia de diálogos, que no ralentiza sin embargo la acción sino que a veces incluso la acelera porque hereda en gran medida algunas herramientas del lenguaje audiovisual que tanto ha marcado a su generación y a la mía: “Cuando empecé a escribir la novela me di cuenta de que no me hacían falta diálogos para transmitir lo que quería: sensaciones, emociones y situaciones casi fotográficas, visuales”, ha afirmado Fuentes.
A caballo entre las voces y los ecos, no cabe duda que Luis Miguel Fuentes ha depurado su estilo hasta conquistarlo. Hace tiempo, en una breve refriega periodística, le afeé su devoción por Francisco Umbral. No es mal maestro, desde luego, salvo que condicione en demasía la construcción de nuestro propio léxico. Aquí y ahora, en cambio, Umbral es una simple sombra que quizá nos transporte, como él reconoce, a “Mortal y Rosa”, un título que Luis Miguel Fuentes califica como “un gran poema lírico que no tiene estructura, tramas, personajes, desarrollo ni conclusión”. No es este el caso, porque alguien afirmó con razón que cada novela es un artefacto que debe cumplir con una serie de reglas y a la de Fuentes no le falta ningún perejil. Esto es, hay estructura, tramas, personajes, desarrollo y conclusión. Los paisajes, desde Cádiz a Cabrera, diluidos, como los edificios y las imágenes a menudo poéticas que el autor nos va regalando a cada paso.
Es, desde luego, la novela de un lector que seguramente ha paseado tanto por Julio Cortázar o por Pierre Louys, por Adolfo Bioy Casares y por Marco Denevi. Pero también por Javier Marías o, me atrevería de intuir, Rafael Chirbes. Todo ello, bien digerido. Como si advirtiéramos al ver a un ser humano todo el pedigrí de su alimentación, toda la memoria de su vida, todos los rasguños que el resto del mundo imprimió sobre su piel. Eduardo Mendicutti, en una reciente presentación de “Como llueve en las despedidas” apreciaba también en esta obra otras dos referencias magistrales, la de William Styron –“La decisión de Sophie” quizá sea su título más conocido-- y la de John Banville –“La carta de Newton, un intermedio”--, el escritor irlandés a quien también se conoce bajo el seudónimo de Benjamin Black, en su serie negra.
No pierdan el tiempo: pueden apreciar distintos acentos, pero sólo hay un habla, la de Luis Miguel Fuentes, enfrentado a sus propios fantasmas, como confirma desde la página de respeto de su novela, que dedica a sus padres pero también “a todas las mujeres a las que quise o no, que me quisieron o no”.
¿Novela autobiográfica? ¿Cuál no lo es? El poeta es un fingidor, afirmaba Fernando Pessoa, cuyo “Libro del desasosiego” es otro de los puntales confesos de Luis Miguel Fuentes. Pero es, sin duda, una novela literaria, lo que debería ser una redundancia pero que en los tiempos que corren se convierte, en cambio, en un obstáculo para su adecuada difusión: “No ha sido fácil publicarla –asegura--. Las editoriales me decían que era demasiado literaria”.
"Parte de la crisis cultural que estamos viviendo se puede ver en cómo la literatura está negando la propia literatura", denuncia. Y tiene razón.
Lleva muchos años denunciando o subrayando la realidad con su rotulador personal, intransferible, subjetivo. Técnico en informática, se arrimó al periodismo a partir de la buena escuela del periodismo local y de una revista virtual que fue legendaria, “La bahía del mamoneo”, que tanto éxito tuvo en Cádiz durante la década de los 90. Columnista de El Mundo de Andalucía desde 2000 hasta el cierre de la edición regional del periódico en junio de 2016, con su novela logró ser finalista del Premio Azorín de Novela 2009. Por otro lado, su trabajo periodístico abarca la columna de opinión, la crónica parlamentaria, el retrato de actualidad, la crítica televisiva, las redes sociales, la crónica política (congresos, campañas electorales…) y el reportaje literario.
Además de quedar finalista en el Azorín y del NH de Relatos, en su haber tiene el Premio Nacional de Periodismo de la Asociación Española de la Carretera (Madrid, 2003), el Premio Eduardo Mendicutti de artículos periodísticos (Sanlúcar de Barrameda, 2001), el Premio José Morillo León de periodismo (El Puerto de Santa María, 2000) y el Premio José María Martín de periodismo (San Fernando, 1999). “Como llueve en las despedidas” resulta, en cambio, su primera novela. Les garantizo que no será la última. Luis Miguel Fuentes ha probado esa rara sensación que estriba en dar la vida o quitarla, un atractivo oficio de dioses al que la miopía contemporánea ha bautizado con el humilde nombre de novelista. Sólo él sabe, como David, el protagonista de este texto, que al cerrar un libro apreciamos que tiene “algo de caja de huesos, de frigorífico para la muerte, de cobertizo para esqueletos”.
Juan José Téllez
22 de septiembre de 2016
Introducción de mi novela por Eduardo Mendicutti (vídeo)
Eduardo Mendicutti hace una introducción general de mi novela "Como llueve en las despedidas" y la emparenta más con William Styron y John Banville que con Umbral. Fragmento de la presentación que pueden encontrar completa en YouTube
https://www.youtube.com/watch?v=dkkYXG_KPAs
https://www.youtube.com/watch?v=dkkYXG_KPAs
18 de septiembre de 2016
Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" en Cádiz
Juan José Téllez presentará mi novela "Como llueve en las despedidas" en Cádiz el miércoles 28 de septiembre. 19:30 horas, Biblioteca Pública Provincial de Cádiz (Avenida Ramón de Carranza, 16)
6 de agosto de 2016
Dónde conseguir mi novela "Como llueve en las despedidas"
Pueden pedir mi novela Como llueve en las despedidas (Editorial Seleer) en su librería de confianza o por Internet:
- Casa del Libro
- Amazon.es
- Editorial Seleer (papel y e-book)
- Google Play Books (e-book)
Si tiene problemas para encontrarla en su librería, por favor pida a su librero que se ponga en contacto con la editorial Seleer o la distribuidora Azeta.
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5 de agosto de 2016
Eduardo Mendicutti sobre "Como llueve en las despedidas"
Eduardo Mendicutti, sobre mi novela Como llueve en las despedidas:
"Un talento singular para contar una historia de intimidades paralelas con los mejores recursos del lenguaje. Alta literatura".
"Un talento singular para contar una historia de intimidades paralelas con los mejores recursos del lenguaje. Alta literatura".
28 de julio de 2016
Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas" en Sanlúcar.
Eduardo Mendicutti presentará mi novela Como llueve en las despedidas en Sanlúcar de Barrameda. Será el miércoles 3 de agosto a las 21 horas en el Círculo de Artesanos.
19 de julio de 2016
A la venta mi novela "Como llueve en las despedidas"
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30 de junio de 2016
Disponible ya mi novela "Como llueve en las despedidas"
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13 de junio de 2016
Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas"
Presentación de mi novela "Como llueve en las despedidas".
Este viernes 17 de junio, a las 20:00h, en La Carbonería (calle Levíes, 18), Sevilla.
Presenta: Jesus Vigorra
Este viernes 17 de junio, a las 20:00h, en La Carbonería (calle Levíes, 18), Sevilla.
Presenta: Jesus Vigorra
23 de octubre de 2013
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twitter.com/LuisMFuentes7017 de octubre de 2013
Ouroboros: Jersey de madre (15/10/2013)
El
PSOE cargándose Rumasa o a Mario Conde, eso sí que eran alardes. Así se hacían
con la colmena del dinero, convirtiendo a los atravesados en presos de
dibujitos animados. Felipe, Guerra, aquel socialismo marismeño con tarteras y gracietas
modernizaban España, y entrábamos en la OTAN, aunque fuera de recluta que
friega los cañones, y hasta volvíamos a ser Europa de una manera que nos vendían
como carolingia, pero era más bien buñuelesca. En aquella época de movidón y
desperezamiento, queríamos coger a cambaladas esa modernidad a la que le
perdimos el rastro desde Fernando VII, o antes. Pero también fue entonces
cuando se asentaron las malas costumbres y feos defectos de nuestra democracia,
que tantos disgustos nos están trayendo ahora: la partitocracia piramidal, hija
de una Transición titubeante; la muerte a espadín de Montesquieu y el
conchabamiento corrupto entre poder político y poder económico. Que Ruíz Mateos
quedara en cromo y Mario Conde en Buda cristificado no deja de ser una anécdota
ante el paradigma que aquel tiempo traía o retomaba: el dinero y los negocios
tenían que tener el permiso, la visita y el manoseo del poder político. Al
principio, quizá sólo con cierta intención controladora, estatalista, aunque
pronto vendría el hambre. Si para que nos enterásemos de quién mandaba tenían
que darles la vuelta a las Torres de Colón (que siempre han estado dadas la
vuelta), pues lo hacía Boyer tan tranquilo como si fuera el hombre de la
tónica. No entro en razones o legalidades, pero eso sí que eran alardes, hacer
que el poder retumbara físicamente en toda la Castellana, igual que si se
moviera el Bernabéu a remo.
Nuestro
país desperdició recursos, ideas, gente, riqueza, por culpa de ese encamamiento
sucio de políticos, banqueros y empresarios pasándose el mechero. Luego, además,
todo esto se provincializó. Las autonomías multiplicaron las barajas y los
jugadores en la mesa. Y en Andalucía, donde no se han barrido los despachos en
más de treinta años, las consecuencias están a la vista. Por toda esta
tradición, por toda esta manera de hacer política que parece que viene como desde
Ramoncín, a uno le dan mucha risa esos amagos de “regeneración” y esos pactitos
contra la corrupción como lavados de gato. Más si vienen de la mano de
advenedizos criados en ese mismo sistema putrefacto. Que Susana Díaz se fuera a
ver a Mariano Rajoy significa tanto como que comprara un décimo en Doña
Manolita. Hace falta nadar mucho más hondo en la democracia. Esto que heredamos
de la Transición parece un viejo jersey de rombos que insistimos en ponernos.
Pero no nos cabe y además apesta.
Sí, qué
alardes aquéllos, tirando bancos, expropiando por cojones, montando horcas en
el despacho de Mariano Rubio… Las transferencias de financiación para engordar
reptiles parecen casi una finura francesa a su lado. Pero todo empezó aquella
vez que nos equivocamos con tan buena voluntad, como el jersey horroroso que
nos hizo nuestra madre.
15 de octubre de 2013
Somos Zapping: Santos con trabuco (14/10/2013)
Criaturitas. Peleando por su aire, por su sitio, por su culo, por sus tripas.
Qué importará la verdad con el estómago acostumbrado y la gorra en la mano.
Criaturitas. Defendiendo su derecho a chupar del bote, su sitio en el pilón,
como palomos viejos. A ver qué tendrán que decir la ley y la justicia (burguesas,
corruptas), en esa pelea eterna que tienen ellos, no por defender al
trabajador, que no les importa, sino sus propios intereses; no contra el dinero,
que desean tanto como los capitalistas, sino contra el hecho de no ser ellos los
que lo manejan y reparten. Sindicalistas acusados de tráfico de influencias, malversación, falsedad y
delito fiscal, jaleados como Messi. Insultos a la
jueza que trata de hacer cumplir las leyes. Comparaciones con el franquismo,
porque no puede ser otra cosa que franquismo atreverse a someter su agreste
voluntad al derecho. Hubo criaturitas que recibieron dinero, paguita,
prejubilaciones... ¿Arbitrariamente? ¿Mediante un uso fraudulento del dinero
público? Qué más dará… Su furia no es de hambre, sino de engreimiento. Y los
apoyan sus jefes y hasta el vicepresidente Valderas. “No terminó con nosotros
la dictadura y no van a terminar tampoco actuaciones mediáticas”, decía en
Canal Sur Francisco Carbonero, justo después del vídeo de la Guardia Civil con
los perros sacando fajos de billetes. Sí, hemos vuelto a rodar por todas las
televisiones, la Andalucía que vitorea a sus bandoleros que dejan monedas y
vinazo, como romerías de santos con trabuco. Pasa también en otros sitios. Pero
aquí con más fiesta, más tradición, más saliva y más orgullo.
Sindicalismo
sin ira. El sindicalismo con olor a neumático
quemado y ruido de polluelos piando montaba su escrache en los juzgados de Sevilla,
pero para los informativos de Canal Sur los insultos a Alaya no existieron o se
diluyeron en una canción de Jarcha. Cuando Salvador Mera, Secretario General de
UGT Cádiz, entraba en los juzgados, Bárbara Ruiz informaba que “los afiliados a
los sindicatos lo han apoyado gritando ‘libertad, libertad’”. Al día siguiente,
en el informativo de la mañana, volvió a oírse el mismo coro, esta vez cuando
el sindicalista salía. No se escuchó otra cosa en La Nuestra. La música de
siempre, en realidad.
Joyas
y cojetadas. Pueden imaginarse las tertulias de
Canal Sur con estos zafarranchos de la actualidad y el disimulo. Dejo aquí
algunas joyitas y cojetadas. Antonio Yélamo hablando de la “leyenda urbana” de
los fondos de formación, o recalcando que “ninguno de ellos [los detenidos] se
ha podido demostrar que se apropiara de un solo euro público” (no malversar para
uno, sino para tu sindicato, no es tan malo). Casi lo mismo decía Juan Manuel
Marqués sobre el caso ERE y los políticos: “No han podido demostrar el enriquecimiento
personal de ninguno de ellos, a excepción de Guerrero” (otra cosa son los
beneficios para el partido o los amigotes). También ironizaba con que habría
que alquilar el salón del Ritz en el que estuvo Susana Díaz para que cupieran
todos los que supuestamente conspiraron en la trama (o el Palacio de San Telmo,
diría yo). Para Pilar Gómez, “hay un afán muy importante por denostar la
función de los sindicatos, por retroceder en derechos” (el reconocido derecho de
llevárselo calentito, debe de ser). Y Diego Suárez: “Cuanto más tiempo pase con
la investigación abierta parece que esa causa general que denuncian los
sindicatos se va a seguir manteniendo”. Y Paco Lobatón: “Me parece que hay que
ser muy ingenuo para pensar que es pura casualidad (…). En la agenda de la
jueza siempre hay coincidencia con algunos hechos”. Ya para Javier Aroca,
necesitaríamos un libro. Por cierto, ¿quién sale más en Canal Sur? ¿Juan y
Medio o Javier Aroca? Habría que echar las cuentas.
#TuitMix: Derecho a meter el cucharón (13/10/2013)
Monarquía sindical. Sabrán ustedes que los sindicalistas no pueden ser detenidos. Son
inviolables, como corresponde a la monarquía de barbas y regalías que forman. Así
lo tuiteó mayestáticamente @ccooandalucia: “Toxo ve
impropio de una democracia que se mantenga detenidos a sindicalistas”. Sí, dijo
“democracia”, sin duda en un lapsus. Cualquiera se confunde entre tantos sistemas, mayorazgos, melancolías y bulas que usan a
la vez. Extraño concepto de la democracia, por lo visto un señorío que ellos
manejan concediéndose privilegios incendiarios y graciosos saltos a piola de la
ley. “Sí claro, la democracia está pa el mangoneo, que no pasa nada, y a las
comilonas con marisco incluido. ¡Habrase visto!”, protestaba @Trianabetis4. @edbalta
señalaba: “Que alguien le explique al Toxo que no han detenido a nadie por sindicalista,
sino por LADRONES, coño, por ladrones”. Pero nada: “Persecución a
sindicalistas, encarcelamientos, desprestigio a los sindicatos con ayuda
mediática... el PP es hijo del Franquismo”, insistía @ZasRoberto. Lanzas y su vaca asada, las
facturas engordadas y los ricos botes, son cosa de Franco. “Ahora los
sindicatos UGT y CCOO dicen que detener a sindicalistas que han robado es una
persecución de la brigada social franquista. Mafias!”, les acusaba @DidacPolo. Pero @carboneropaco dedicaba su
#FF a “quienes, como yo, sienten, #orgullodesersindicalista.
La defensa de los derechos no descansa”. “No nos van a callar, como no lo
hicieron en el pasado”, se unía al hashtag @CCOOCORDOBA. Pensé que
ese hashtag podría querer reivindicar
la esencia del sindicalismo, ahora tan pervertida.
Pero ese último tuit enlazaba a este tremendo titular: “CCOO: ‘La juez Alaya y
el PP no olvidan que en Andalucía hay un gobierno de izquierda por el papel
jugado por los sindicatos’”. Al final, creo se referían al derecho a meter el cucharón en la olla hasta el codo. Y el
orgullo de que nadie les rechiste. Por cierto, ¿saben dónde no he visto nada
sobre conjuras contra el sindicalismo? Pues en @CGT o
@cnt1910. Entre los sindicatos también hay clases.
El pacto
de los calvitos. Susana Díaz
sigue haciendo sus Américas como una folclórica de las palabras vacías como calabacines
o castañuelas. Y algunos ilusos hasta la creen. Taconeos, revoleras, visitillas
y preludios de pactos que no son nada pero van haciendo nombre, rodada y
cantares. “Pregunto: ¿qué hay que pactar sobre
corrupción? Los chorizos a la cárcel. Punto”, escribía @J_A_Isla tras la visita a Rajoy. “Un acuerdo para no atacarse mutuamente con la
corrupción”, le parecía a @mdlherran. Mucho pacto implacable, pero
luego aquí vetan una comisión sobre el fraude del Plan Bahía Competitiva…
Ahora, el mejor y más atinado, el propuesto por @Susi_Enfuresia: “Voy a
pedí a Rajoy un pacto contra los carvito con barba. Er quita a Aria Cañete y yo
a Rubarcaba”. Éste lo doy por hecho.
Triclinium: Retrato con pasapurés (11/10/2013)
Antes, Zoido había preguntado a la presidenta sobre corrupción y paro. Zoido ataca como un zombi, con esa tenacidad idéntica, sin cansancio, dolor ni media lengua, pero es verdad que Díaz no responde, ni ha mejorado la defensa a escobazos de Griñán, a quien se parece cada vez más. Para Díaz, las explicaciones y auditorías que pide el PP son una demostración de la “penosa situación de la oposición”, un grupo “descabezado” y “atrapado en los ERE”. Hemos regresado a la jorobas verbales de Chaves y a las lecciones de profesor con cuello duro de Griñán. Tampoco concretó nada Díaz sobre qué va a hacer contra el paro. Sólo que ella se reúne mucho, gasta suelas y cera con agentes sociales y prebostes con escalinata. A ver cuándo se reúne con ella misma y su gobierno, y empiezan a hacer algo más que maletas. Quiere solucionarlo todo con un bonobús, aunque sus sueños son más de Orient Express, arreglando Madrid, Cataluña, España y un poco los Cárpatos. Ayer, el PSOE se autopreguntó sobre el plan de financiación de Cataluña. Ya, interpelar sobre Rajoy y sus presupuestos, o Wert y su película de El muro, es una catetada. Al menos, la presidenta nos trajo una contradicción que casi aniquila el universo: aseguró haber recuperado 25.000 euros de unas facturas “indebidamente cobradas” por UGT-A, a la vez que el sindicato afirmaba no haber encontrado ninguna irregularidad en su comisioncilla interna. ¿Irá esa diferencia a un bote?
Ayer, toda la corrupción resbalaba como en un domingo piscinero. A Montero le preguntaban si seguía manteniendo que las transferencias de financiación eran legales, y contestaba que ellos tienen la mayoría en el Parlamento (¡?). ¿Invercaria? ¿Facturas de UGT? ¿Heracles? Para Sánchez Maldonado, que es un abuelo de Casa Tarradellas, todo se queda en “confiar en la Justicia”. ¿En qué consistirá esa implacabilidad suya contra la corrupción, si todo lo van a hacer los tribunales, hasta las fotocopias? Pero para nuestra presidencia, “hemos avanzado en transparencia” por su declaración de la renta. Ayer era el día para retratarse. Como exhortaba Zoido: “Hágalo, y no lo diga”. Pero hicieron y dijeron lo de siempre, o sea nada. No existe ese Nuevo Tiempo, esa secta de políticos sinceros o suicidas. Todo será igual pero con una bandera grabada de palabras susanistas, como el tapiz de una alegoría comido por bichos. Y que ayer se quedó en el maletero.
9 de octubre de 2013
Ouroboros: Una pura maravilla (08/10/2013)
Cuando llegó el zapaterismo con el talante y el sándalo, decíamos que nunca iba a bajar de Despeñaperros, aquí donde gobernaban sus enemigos, las viejas ayas del PSOE, los clanes de barraca y navaja campera, la rica Virgen en carreta de los harapientos. Al final, el zapaterismo se disolvió como la pastilla de su sonrisa, pero aquí permaneció el imperio chino del PSOE crecido sobre las moscas, manteniendo su religión de partido, su táctica de ocupación y reparto de la autonomía, a la vez que su cara de migajón de pobre. Ahora, podría ocurrir que fuera esa antigua biblia del PSOE andaluz, que sobrevivió a la hoguera, la que pasara Despeñaperros. Qué irónico desquite. Qué horrible vértigo.
En Madrid, en el Ritz, que es como media Rusia y tiene historias de transiberiano, le organizaron a Susana Díaz una puesta de largo nacional entre muertos vivientes y cruasanes emponzoñados. A la presidenta le hacían falta los acericos de banderas y las gorras enceradas para parecer una estadista, y algunos ingenuos hasta se lo han creído. Por allí están acostumbrados a que en Atocha sólo desembarquen limpiabotas y torerillos, pero por eso mismo, si escoges adecuadamente las palabras y la puesta en escena, te pueden tomar por genio lorquiano, que es el otro tópico. Se trataba de convertir a una florista de partido provincial en una princesa húngara de la alta política, como en My fair lady. Para eso pueden bastar tres frases con sombrilla, si hay predisposición al enamoramiento. Y por allí la hay, porque, por un lado, el PSOE nacional está desmoralizado, y por otro, hasta los más derechones suspiran por un Partido Socialista que no empuje hacia el precipicio catalán. Ella únicamente tenía que decir que la lluvia en Sevilla es una pura maravilla para que allí se les cayeran los monóculos en la taza, como a barones rijosillos. Qué poco conocen a Susana Díaz, que sólo es la nada con hambre.
Sin rival, sin miedo, con más joyas que ningún socialista en España, no había ni riesgo ni mérito en librarse de un zapaterismo que nunca llegó a Andalucía, aunque ella tampoco lo criticara en su día. Con la garbosa y fácil valentía de cuando no hay peligro pero se queda audaz en la foto, dijo lo que todos deseaban oír. También el PSOE, que necesita la fantasía contradictoria pero dulce de algo así como un revival rompedor. Alta idea de España la que quiso dejar mecida en las flores del Ritz, que son como cafetales con coroneles y azafatas. Pero ella era diputada y votó aquel Estatut. Igual que fue chaconista cuando tocó. Si esperan que la nueva socialdemocracia llegue desde Andalucía, van aviados. Hija purísima del modo andaluz del socialismo (sin socialismo si hace falta), ella sólo atiende al poder, como bien conocemos por aquí. Y no sabe de nada más. Antes era un soldado de partido y ahora es el ejército de ella misma. Me aseguran que se cargará a Rubalcaba en cuanto pueda. Que en Madrid aplaudan sus mohines los inocentes. No saben que les trae la peste.
Somos Zapping: Sandokanes por salvar (07/10/2013)
Juicios
paralelos. Mientras se leía la sentencia del caso
Malaya, en Canal Sur lloraban los sofás con goteras de Tiene arreglo. Para ver el programa especial, extensión de la
tertulia mañanera, había que buscar en el Canal 2 o HD. Quizá porque hay cosas
que es mejor no dejar muy a la vista, como que la miseria moral del país es aún
peor que la económica. De este especial me llamó la atención la oportuna
mención a los “juicios paralelos” o “mediáticos”, como si la gente, sean
informadores o albañiles, no pudiera tener juicio y discurrir propios. Siempre
es complicado cuando el periodismo tiene que hablar de la justicia, pero no entiendo
a esos periodistas que se cambian el sombrero con el juez y confunden la información
y veracidad periodísticas con las sentencias. El periodismo debe buscar y ofrecer
datos y hechos veraces para que juzgue el ciudadano. Estaría bueno que para investigar,
informar y opinar hubiera que esperar a que el Espíritu Santo bordado descendiera
sobre un tribunal. Juan Manuel Marqués decía ese día que “hay casos como
Bárcenas o los ERE que están levantando muchas expectativas y nos podemos
encontrar con problemas como los que están surgiendo aquí, de vulneración de
derechos fundamentales, de delitos prescritos, de instrucciones excesivamente
amplias e incluso de acusaciones realmente inciertas”. Sí, sería muy
conveniente para algunos que fuera así. Y más aún que, mientras llega el juicio
tardón, nadie pudiera pensar ni atar cabos. No hagamos juicios paralelos, es
decir, no hagamos ningún juicio. Se trata de eso, ¿no? Sigamos a De Llera, en
fin. Que sólo llegue la sentencia desde el silencio y se anulen todas las
opiniones o verdades no contempladas en ella. Pero según Tomás de Aquino, ni
siquiera Dios puede hacer que dos y dos no sean cuatro. Menos, digo yo, un
juez. La verdad únicamente como ese tapetillo que le queda a un magistrado
vestido de abuela con el hilo que le dan, me parece un concepto muy pequeño. Aunque
útil. Muchos sandokanes se han salvado y se salvarán con él. Y conviene ir
preparando el terreno para los próximos.
#TuitMix: La cárcel del Monopoly (06/10/2013)
“Estas condenas tardías como en Malaya tienden a la melancolía”, escribía @teoleongross el día en que el mayor caso de corrupción municipal terminaba mandando a la gente a la cárcel del Monopoly y poco más. Sí, qué tiempos aquéllos en los que aficionados, vendecoches, ferrallistas, cantineros, chachas y chóferes tomaban las instituciones para mangar. Qué antiguo parece el gilismo despechugado, la horterez advenediza de estos diletantes de la política con peste a tele de pueblo y toallitas de limón, cuando la corrupción ahora se diseña, se reparte, se enmadeja en los más altos cargos de la partitocracia y las administraciones. El caso Malaya parece una niñatería casi tierna por el tiempo, como una trastada del Piraña. Pero no por eso su leve sentencia, lenta y distanciada como un oráculo, deja de ser un augurio, “el capítulo piloto de los casos Gürtel, Bárcenas, ERE, Fabra, Noos, Liceo, etc, etc, etc”, preveía pesimista @jvmendezdeleon. Todos esos otros imputados que, como decía @LMmARISCAL con ironía, “deben estar asustaícos”.
La pesada justicia, trabada, sacerdotal, esotérica,
ciega o tuerta, de nuevo ha dictado algo que el sentido común no entiende.
“Robar en España sale tan barato...”, tuiteaba @pacorobles63. Normal,
cuando esas leyes están hechas precisamente por quienes temen sufrirlas. El
cohecho o la prevaricación son delitos líquidos, escapistas, definidos en las
leyes para que requieran adivinación. @cruzmorcillo veía a “todos
los chorizos de guante blanco frotándose las manos tras la sentencia de #casomalaya”.
“Ejemplaridad? Sí, la de la risa”, remataba. @cmgorriaran sostenía que
“si los jueces son más duros con quien roba un coche que con quien saquea una
Caja o un Ayuntamiento, nadie creerá en la Justicia. A ver!”. Mucho se comentó
la vergonzosa cuenta que aparecía en la portada de @larazon_es: “9 horas y 24 minutos de
cárcel por persona y millón estafado”. “Sale más caro robar 1 euro que 1
millón”, colegía @tonimoyalatorre.
Habrá que repartir las culpas entre las santas puñetas y los políticos y
adláteres que quieren protegerse, pero ésa es la lección que nos deja la ley y
que resumía @jaimegacela: “Si robas...
roba mucho mucho mucho...”.
Con lo de Malaya ha habido espanto, pero también mala memoria. “IU pidió 21 veces que se disolviera el ayuntamiento de Marbella, frente a la oposición de PSOE-PP”, tuvo que recordar @FelipeAlcarazM. Tanto al PSOE como al PP les interesó el gilismo. La Junta hizo negocios con él y el PP hasta reclutó o acogió luego a esbirros suyos. @hermanntertsch dejaba “un recuerdo para el periodista valiente que hizo frente a Gil cuando todos le adulaban, Felix Bayón”. En la cárcel del Monopoly ha acabado todo. Y algunos, hasta se han librado con la tarjeta de suerte. “Empresarios absueltos celebrándolo en afamados restaurantes”, nos contaba @JC_Villanueva. Celebraban el triunfo del Estado de Derecho, que suele decirse.
Con lo de Malaya ha habido espanto, pero también mala memoria. “IU pidió 21 veces que se disolviera el ayuntamiento de Marbella, frente a la oposición de PSOE-PP”, tuvo que recordar @FelipeAlcarazM. Tanto al PSOE como al PP les interesó el gilismo. La Junta hizo negocios con él y el PP hasta reclutó o acogió luego a esbirros suyos. @hermanntertsch dejaba “un recuerdo para el periodista valiente que hizo frente a Gil cuando todos le adulaban, Felix Bayón”. En la cárcel del Monopoly ha acabado todo. Y algunos, hasta se han librado con la tarjeta de suerte. “Empresarios absueltos celebrándolo en afamados restaurantes”, nos contaba @JC_Villanueva. Celebraban el triunfo del Estado de Derecho, que suele decirse.
3 de octubre de 2013
Ouroboros: Airbuses con lacito (01/10/2013)
Los
aviones, cielo con ruedines, taquilla del viento, tobogán de turistas y
apresurados, los tacones más altos en los que puede venir una bandeja y el
capacho más alto del que pueden caer las bombas. El avión es más o menos igual de
antiguo que la cremallera, pero Ícaro es eterno como todos los mitos y volar
aún nos parece subir a tirarles de las barbas a los dioses o a desplumarlos con
una afeitadora. Por eso los aeropuertos tienen algo de anticatedral encerada,
de vestíbulo de la impiedad. Los aviones, los coches, el acero ensartado con la
velocidad, han sido medida de la potencia industrial y del ego de los países,
como pistones con significado freudiano. En la Guerra Fría empezaron por lanzar
ollas espaciales y terminaron diseñando la aviónica para extinguirnos mil
veces, aunque aquel miedo nos legó casi toda la tecnología del siglo. Pero
Estados Unidos y la URSS jugaban su propia liga. Entre los demás, Japón se
ponía las gafitas de afilar lo pequeño y lo barato, y Alemania seguía con sus
automóviles cuadrados y sus cerebros como búnkeres, o al revés. ¿Y en España? Del
Jumbo al seiscientos estaba toda la distancia entre una primera potencia y un
fabricante de fiambreras.
Aquí no
podemos presumir de industrias celestes ni de remachar estrellas. Con eso sólo
nos sale algo de Tony Leblanc. Únicamente cuando la Unión Europea ha reunido
recursos y siglas, y luego ha repartido el hambre de trabajo, fotos y gloria argonauta,
aquí nos ha tocado poner un alerón o un váter en un Airbus, más cerca de fregar
el avión que de fabricarlo, o terminar de ensamblar el famoso A400M, que nos
llega ya como algo de Ikea. Espectaculares, poderosos aviones que nos levantan soplando
de la tierra, pero que abultan más en las nubes que en nuestra economía y
nuestro empleo. Lamentablemente, aquí hay boqueando bastantes más camareros,
albañiles y cursillistas del Windows que superingenieros. Grandes, complicados y
acojonantes como dragones con poleas, estos aviones a los que les ponemos el
lacito no bastan para redimir el indigente tejido industrial andaluz.
Ayer se
entregó en Sevilla el primero de estos A400M que envasamos más que hacemos, y
allí estuvieron los políticos, como siempre desde que nos prestaron esa gorra
de piloto. No sólo Susana Díaz, sino también Zoido, que se olvidó de las aceras
por reparar para hacer visera con la mano y mirar, mejor, cómo se enladrilla el
cielo. Achampanaron y apadrinaron el avión, se lo pusieron como pin, presumieron
de él como de un hijo guardiamarina y nos hablaron de las glorias que trae su
panza. El mismo desfile, la misma ventolera, las mismas palabras que en la
primera presentación del avión, allá por 2008. Desde entonces, no sólo no se han
llevado a nuestros parados volando, sino que más bien los han ido dejando en
paracaídas. Nos señalan otra vez arriba, nos vuelven a prometer el Cuerno de la
Abundancia descendido. Pero aquí se nos derriten las alas y los sueños apenas
pega el sol en la realidad como en una chapa.
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