22 de febrero de 2010

Somos Zapping: El arte del compás (22/02/2010)

Inmaterial. En el Parlamento andaluz la realidad debe de tener poca sustancia, por eso tocan y votan inmaterialidades que luego quedan muy frondosas en los titulares de las noticias de Canal Sur. Y no me refiero sólo a esa ley de vivienda, conquista de la semana, que parece que legisla el derecho a soñar con el pisito, que funda castillos burocráticos en el aire, pero que al fin y al cabo no dice ni cómo ni de dónde se van a sacar dinero, solares y tejas para ello. No, otros bienes intangibles y sentimentales ocupan también a nuestros parlamentarios y le otorgan un minutito apostólico a Griñán en los informativos. En este caso, la candidatura del flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, que quizá también es como sacarlo de debajo de un puente y darle una casa tan vaporosa y transparente como la que la Junta quiere ponerles a los andaluces, sin necesidad de que tenga paredes. Con el flamenco (puede que igual que con la vivienda), Griñán hizo esta revolera, esta oda al retruécano vacío y al academicismo de casapuerta: “El flamenco es una expresión de vida, socialmente y antropológicamente es una manifestación importantísima de un pueblo, y al mismo tiempo tiene el arte del compás, la gracia al cantarlo”. “El arte del compás”, “la gracia”... Esta gente es especialista en definir, hilar, piropear, engordar y vender lo eterno y lo invisible. Pero, como vemos, siempre de la manera más tonta.


Berzas. Se llama copla lo ha invadido todo, ha contagiado a Canal Sur entero con su viruela de lunares. Tiene tiempo, cotilleo y reverberaciones en Mira la vida y en La tarde de Juan y Medio, fueron el turrón único de la Navidad y, ahora, Menuda noche no sólo invita sin parar a su muchachada racial y encabalgada, sino que parece que quiere imitar ese formato de artistas que vienen de su patio y de concurso de película de Joselito. A los chiquillos amaestrados para el chiste y el pompón, se han unido niños cantantes, esa especial categoría de lo repipi. Pequeñas flamenquitas, pequeños coplistas, siempre un poco grotescos cono niños a los que los padres han disfrazado de toreros o marineritos, cantan apadrinados por “figuras” de la musiquilla de aquí, por ejemplo Manuel Orta, El Mani o algunos de los triunfitos al andaluz modo, como Laura Gallego. Ellos les transmiten sus quejidos, sus golpes de melena, su arte de baratillo y toda la espeluznante idiosincrasia de la que son paradigma, y que quizá se resume en esto que dijo El Mani: “Hemos estado en berzas flamencas”. Pues eso, esa berza artística es lo que legan a las nuevas generaciones, más quizá esa otra hambre física e inmemorial del andaluz que El Mani evocó haciendo un tour por todas las pastelerías de su vida (no es una metáfora, las citó por sus ciudades, nombres y pestiñadas). El futuro está asegurado. Hay relevo para esa mediocridad artística que triunfa y engalana de peroles esta tierra.


Decoración. En El meridiano sabemos que nada hará demasiada sangre al poder y que Andalucía parecerá un asunto o dulce o forastero. Creo que ya me aburre por repetido, previsible y acolchado, como Jesús Quintero. Por eso sólo voy a comentar un detalle de atrezo, más revelador si cabe. Bueno, más bien es una pregunta. En ese abanico de periódicos que ponen sobre la mesa, ¿por qué el primero, el que está más a la vista, el que empezaba a enfocar la cámara abriendo el plano, era Público? Sí, Público, que se vende menos que los disquetes, allí delante incluso de El País, también destacado aunque en segundo lugar. Los últimos, ya lejanos y más tapados, eran EL MUNDO y Abc. ¿Es casualidad, los barajan cada día, o acaso eso viene dictado desde lo alto? Me imaginé a un comisario político encargado de poner la prensa en procesión según el mérito o la docilidad, y por eso creo que lo que decían en la tertulia ya no me importaba. Piensen cómo se calcula todo allí si es verdad que tienen a un delegado pendiente de que hasta la decoración sirva a los que mandan.


Blues del cuero. Para “arte del compás”, ni Griñán ni los tonadilleros alevines. Nadie como Joaquín Petit, que sigue cantando ridícula y malamente en su programa como el detective o el galán saxofonista que se imagina. Ver cómo se ponía una chaqueta de cuero bien ajustada para arrancarse junto a Luis Tosar con El blues del autobús de Miguel Ríos ha sido una de las imágenes más divertidas de la semana. Parecía un travoltín de marisquería o un pingüino motorista. Pues en eso se gasta el dinero público.

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