25 de enero de 2011

Los días persiguiéndose: La reconquista (25/01/2011)

Ha comenzado la reconquista, el desquite, con fiestas de cumpleaños a ritmo como de Xuxa, aquella cantante infantil sin voz, toda piernas y sombreros, un poco como Rajoy. Lo esperaban desde el burbon con veneno de las Azores, desde los trenes malditos de la muerte, desde aquella legislatura del odio. Zapatero les ganó dos veces sin más que terminar las palabras con zeta y aprovechar el asco de la gente, que disfruta todavía más castigando a los gobiernos engreídos que con las hazañas del fútbol. Ahora le tocará al PSOE probar la rabia del pueblo traicionado, primero desencantado y luego definitivamente furioso por la torpeza de Zapatero, por sus ministros teletubbies, por su economía de abrir y tapar zanjas, por su progresía de ñoñerías y gafapastas, y por la horca a medida que le fue colocando a cada españolito en el salón. Hasta por el cabreo del tabaco, tan carpetovetónico, va a pagar Zapatero.

En Sevilla, confitería del barroco y palacio del rival político, el PP se sintió ya ganador y resarcido. Hizo una convención para mirarse las trenzas de princesa. A pesar del aburrido Rajoy, las gradas ondeaban la gaviota igual que el rayo de la victoria, una victoria que olía como el ozono. De momento, no enseñan demasiado a los sacristanejos ni a ese tea party español que a lo mejor no existe o a lo mejor son ésos de siempre que se acuestan con cirio, bandera y rosario del Papa, aunque Mayor Oreja dio la cantada definiendo al PSOE como “el partido de la muerte”. Parece que vienen con la calculadora en la oreja y la tijera en la mano, como tacañones, y sin embargo es eso lo que hace falta. Hasta han tenido el valor de meterse con las autonomías, pero no contra el legítimo, útil (si se hace bien) y hasta sentimental autogobierno de las regiones, sino contra su despilfarro, su gigantismo, sus redundancias, sus séquitos y sus mantenidos.

A Zapatero le bastó con su zeta y a Rajoy le puede bastar con no ser ZP. Creen que la mayoría del país piensa que es imposible hacerlo peor que el leonés errante y por eso el PP lanza sus propuestas sin mucho perfilado, con más borrador que tinta. Tampoco les hace falta un gurú, un Moisés como fue Felipe González o un Niño Jesús como fue Zapatero. Rajoy, un político gris, sensato y como tejedor, bien les sirve contra una sombra, contra un desahuciado.

En España el PP espera la marea y en Andalucía, el milagro. Gallardón dijo que la Transición no terminará hasta que el PP gobierne en Andalucía y yo estoy de acuerdo. La democracia no puede tener partidos naturales de los pueblos, que es como suele venderse aquí el PSOE. Y al PSOE andaluz ni siquiera lo sostiene el éxito, sino al contrario, un largo fracaso, compensado eso sí con una fatigosa inercia, una herencia mitificada y un poder desmedido y ubicuo. Pero quizá se le olvidó a Gallardón el otro lado de su frase: para que gane en Andalucía, el PP tendrá que haber completado también aquí su particular Transición. Es decir, desprenderse de señoritos y fachosos, de tufos rancios y beatería, que aquí parece que nos duran o nos duelen más. Creo que Arenas ha hecho mucho en este sentido, aunque a veces se le noten querencias o extrañas hipotecas con el discurso tradicional de la derechona. En Sevilla, con las gaviotas como delfines, Arenas todavía no parecía esa princesa prometida, a pesar de que la última encuesta, de la Universidad de Granada, le da 9 puntos de ventaja. Que tenga cuidado, que las encuestas engañan más que las básculas. Cualquier día sale el pueblo con una rabia o un asco, se carga todas las predicciones y deja las reconquistas convertidas en ceniceros.

Somos Zapping: Creemos en Chaves (24/01/2011)

Flores y babas. Ver a arrimados y lacayos hacer el pastelón no nos espanta, aunque nos indigne. Duele más (y es más peligroso) que los periodistas ignoren los hechos, la realidad, que es su materia prima, y se dediquen a dar saltos de fe y a poner la mano en el fuego por los políticos (¡por los políticos!). Trataba la tertulia de El meridiano el fallo del TSJA que sentencia a la Junta a abrir expediente a Chaves por el caso Matsa, pero aquello parecía un besapiés. Crujían las vertebras de las espaldas dobladas hasta el suelo y una agradecida babilla chorreaba en los micrófonos, mientras la única voz que pretendía explicar razonadamente el asunto era silenciada como a tartazos. El tono ya lo dio la ínclita Susana Díaz, en unas declaraciones que servían de introducción al debate: “Hay algo que los andaluces tienen claro, y es la honestidad y la talla moral (...) de Manuel Chaves”. ¿Los andaluces, así, en general? En fin. Pero no le fue a la zaga, ya metidos en faena, Javier Aroca, quien dijo de Chaves que es “una persona que si por algo se ha destacado en su trayectoria política (...) es [por ser] un hombre honesto en su fondo y en sus formas”. Ay, ese amor de hijo... Tampoco Francisco Giménez Alemán quiso quedarse sin lanzar su beso al aire y argumentaba (¿argumentaba?) de esta forma: “Creo que el señor Chaves ha sido una persona de una honestidad ejemplar en la presidencia de la Junta”. ¿Qué se puede añadir cuando hay tal fe? Aleluya, tan sólo. Bueno, también se puede decir lo que apostilló Mabel Mata: “Y además, a Chaves, una de las cosas que más le puede doler es que se cuestione su honestidad”. Acabáramos. La prueba de la inocencia y honradez de Chaves es que le duele que las pongan en duda. Y ahí está el periodista (¿periodista?) para dar por buena esa prueba, remarcar el grito de inocencia del político, sumarse a su indignación, prestarle su apoyo moral y asentir con tristeza y empatía. Para el áulico Javier Pérez Royo, también “la conducta del Presidente ha sido totalmente correcta”. Sí, eso fue capaz de decir un catedrático de Derecho Constitucional ante la clara sentencia del TSJA y la no menos clara Ley de Incompatibilidades. ¡Llegó incluso a fingir que no distinguía la jurisdicción penal de la administrativa! Sólo Paco Reyero intentó al menos explicar el sentido y los fundamentos de la sentencia y colocar en su sitio los hechos (¡hechos!). Pero se encontró con la estrategia de embarullamiento e interrupciones de Pérez Royo, que sacaba en desesperados manotazos los bigotes de Gürtel y el voto particular del presidente del tribunal (uno contra cinco). Y también se encontró con la moderadora, que no sólo no paraba a Pérez Royo para que Reyero pudiera terminar de explicarse, sino que, deseosa de acabar con toda aquella incómoda conversación rápidamente, entremetía un “bueno...” cortante e intentaba acallar al director de la edición andaluza de La Razón hasta con las manos. Sí, no sea que los andaluces se enteren de qué dice esa sentencia y por qué Chaves ha metido la pata. Sólo hubo una intervención por contertulio, tres hechas de flores babeadas y otra saboteada... Y Mabel Mata preocupada por cómo se siente Chaves... ¿Alguien se extraña de que en la entrevista que le hizo a Griñán este asunto ni se mencionara? Una sociedad acrítica y un periodismo mayoritariamente servil con el poder constituyen una de las mezclas más nefastas que se pueden concebir en democracia. Esta mezcla la tenemos en Andalucía. Y generosamente subvencionada con dinero público.


Mi Primera Cartilla. A los ninis de Griñán los hemos visto soltando memeces ante los micrófonos, pero nunca los habíamos pillado así como haciendo cuentas con los dedos, en mitad de ese parvulario en el que viven el resto de su tiempo. Hasta que en las noticias de Canal Sur nos dimos cuenta de que Mario Jiménez lee sus papeles siguiendo el renglón con el boli, como si fuera Mi Primera Cartilla. Pero tampoco vamos a exigir a estos políticos nuestros no perderse en un folio sin ayuda del dedito. Leer de corrido y sin puntero es sin duda cosa de esa élite enemiga del pueblo. A lo mejor lo piden de ministro para arriba, por las apariencias, pero para un carguito autonómico, no vamos a ponernos tan severos. A ellos les basta con silabear, balbucir y palmotear. Y supongo que también con ponerse a hacer caquita ellos solitos.


Andaluz en Andalucía. Palabras de Mar Moreno tras un Consejo de Gobierno: “Es un Gobierno andaluz... [pausa] que propone y alcanza acuerdos. Es un Gobierno socialista de Andalucía que marca el camino a seguir”. ¿Un Gobierno andaluz? ¿En Andalucía? ¿Cómo han conseguido eso? No paran de deslumbrarnos con sus éxitos. Y sus tontadas.

Los días persiguiéndose: Nepotes (18/01/2011)

Éste es un país de sobrinos, nueras y gente de bautizo. Lo sabemos desde los mostradores del pan, el andamio y las boticas; desde el pregúntale a tu cuñado y el mira si me colocas al niño. La institución del Fulanito me conoce, del me manda mi hermano, del a ver qué puede hacer usted, del ya sabe quién es mi padre. Si funciona para los aprendices de barbero, imaginen en las administraciones públicas. Pero esto no lo hemos inventado ahora nosotros, sino los romanos y los papas hace mucho, y tiene que ver con una concepción familiar del poder, muy del Antiguo Régimen, y con el carácter que no sé si llamar latino de una sociedad basada en el favor y en su contrapartida, en el hoy por ti y mañana por mí, en el qué hay de lo mío que yo ya cumplí lo que me tocaba, en el vamos a llevarnos bien que a los dos nos conviene. Así se hacen negocios y política y hasta cultura. Son el enchufismo y el amiguismo que nos convierten en una sociedad de mediocres.

Llega un momento, sin embargo, en que ni siquiera hace falta una contrapartida: basta la disuasión del poder. El poderoso coloca descaradamente o entremete más discretamente a su familia o amigotes, y el que proteste que se atenga a las consecuencias. Añadamos unas leyes bastante laxas y tendremos lo que hoy nos aflige, esta mugre de hermanísimos, hijísimas, esposísimas y demás que viven alrededor del panal público o de sus hilajos desprendidos, panal que el poderoso dispone y reparte. Ahí está el caso Velasco. ¿Es que ninguno de estos barandas tiene una esposa o un hijo con una mercería, o que se haya preparado una honrada oposición a Correos? ¿Es que tienen que revolotear todos por las subvenciones y los carguitos? Recuerden a los hermanos Chaves con lo de Climo Cubierta, recorriendo toda la línea que va de concebir el presupuesto público a materializarlo en dinero en su mano. Y si la cosa levanta demasiada polémica, pues al hermano se le busca luego un huequito en cualquier otro lado, como a Leonardo Chaves, presidiendo un club de baloncesto (patrocinado por una caja de ahorros, qué revelador).

No hace falta ponerse leguleyo para que el caso Matsa repugne moralmente. Basta el sentido común: una empresa contrata a la hija de Chaves para que tramite una subvención que su padre deber firmar. O incluso aunque él no la firme en persona, una subvención que debe aprobar el aparato de poder que maneja su padre. En cualquier lugar civilizado, esto sería un escándalo. Aquí, ya vemos que no. Aquí lo que ocurre es que, simplemente, como cualquier padre, Chaves sólo quiere “lo mejor para sus hijos”, según la increíble justificación de aquel consejero, Luciano Alonso. Pero la impunidad en la que se siente abrigada esta gente hizo que Chaves ni siquiera cumpliera la somera ley saliéndose de aquel Consejo de Gobierno, que es lo único que pide ingenuamente, y que, por otro lado, no impide que el resultado sea el mismo. Es este engreimiento de Chaves el que le puede costar la inhabilitación.

Ay, este país de cuñados, pillos, enchufes y favores... Nepotismo viene de sobrino en italiano, esos sobrinos de los papas (realmente hijos) que enseguida eran nombrados cardenales. Es lo que ocurre cuando el gobernante no se siente servidor de la ciudadanía, sino cabeza coronada. Por eso lo público se nos ha llenado de aprovechados y nepotes. Sin duda nuestras leyes no son lo suficientemente duras con esta lacra. Pero yo sigo manteniendo que lo que no es meritocracia es sencillamente corrupción.

Somos Zapping: Asfixia patrocinada por la Junta (17/01/2011)

Tatuaje. Eso de que las banderas o los emblemas cubran el paisaje y presidan cualquier aspecto de la vida ciudadana siempre me ha dado un poco de repelús, como si aún batiera de lejos aquel aciago Nuremberg. Quizá el logo de la Junta lo que parece es eso, un gran zepelín a tiras que flota sobre Andalucía. Lo veo en marquesinas, autobuses, edificios, carriles bici, recetas, carnés, gorras, chaquetillas, uniformes, coches, señales de tráfico, panfletos, conferencias, fundaciones, patrocinios... La Junta lo ocupa todo, lo dirige todo, está en todas partes como un ojo y una mano puestos allí, como un hierro con el que han marcado el mundo que nos prestan. Pero no es una flor de lis, sino el signo de una administración ubicua, paternalista, todopoderosa, gigantesca, que no deja espacio para nada más. Al logo de la Junta, sol de calcomanía, bandera un poco japonesa de nuestra vida, lo he visto casi en cualquier lugar. El otro día, en 2 minutos de Tecnópolis, salió en desvíos de caminos, coches, solapas de técnicos... Incluso vi hace poco en Andalucía directo un gran cartelón juntero de fondo mientras un médico explicaba la maniobra de Heimlich, la que se realiza para los atragantamientos. Hasta en la asfixia nos tiene que patrocinar la Junta. Pero nada tan descriptivo, tan agónicamente gráfico, como lo que me encontré en Los reporteros. Sólo era un reportaje sobre los títeres de La Tía Norica, pero uno de ellos, que era como una puta vieja, una cupletera tetona, un travesti de cabaré o algo así, un personaje vulgar y cachondón pero a la vez terriblemente melancólico, tierno y derrotado, exhibía en el brazo un tatuaje que era el logo de la Junta encerrado en un corazón. “Y mira, mira: apoyada por la Junta de Andalucía, sácame el tatuaje, niño”, decía el actor. Y yo pensé que ésa es Andalucía, esa decadencia que rezumaba ese títere, esa carne castigada pero reidora, y marcada, patrocinada o prostituida por un símbolo que tiene algo de chulo castigador, de amor portuario, de esperanza ingenua, de sueño de vieja loca, de tótem primitivo, de nombre de hijo pródigo, de Corazón de Jesús civil para creyentes desahuciados. Sí, ese logo, ese tatuaje de nuestro fracaso. A fuego lento lo han marcado y para siempre iremos con él.


Lo imposible. Llevaban prismáticos y GPS, radios y protocolos, todoterrenos y casi escafandras. Parecía que vigilaban un encuentro en la tercera fase o que planeaban hacer de una montaña un sincrotrón. Pero no, en Tecnópolis tal despliegue debía de responder a algo bastante más agreste. “Nuestro reto es alcanzar una ganadería sostenible”, decía un agente de Medio Ambiente mientras el objeto de su interés aparecía por la alta montaña de la Sierra de Castril: ovejas. Planeando una ganadería sostenible a partir de ovejas montunas de la sierra. ¿Serán capaces de alcanzar ese reto? ¿Será posible en ese ambiente electrizado, hipertecnológico, atrofiado de contaminantes, en el que crepitan la radiactividad, el feo plástico y la obscena suciedad de nuestra civilización; será posible, digo, lograr en aquel lugar tan hostil para ello el milagro de que las ovejas se conviertan en ganadería sostenible? Pues en eso trabajan, en ese casi imposible objetivo se afanan los brillantísimos técnicos de la Junta. Un día llegará, sí, en que las ovejas sean sostenibles. Con suficientes medios y financiación, y con un gran equipo humano como el de la Junta, seguro que se conseguirá. Ovejas de la sierra sostenibles... Cuesta soñarlo, siquiera... Pero hay gente que trabaja sin descanso por lo imposible. Ovejas de la sierra sostenibles... ¿De qué seremos capaces después de este hito? Da vértigo pensar adónde hemos llegado y adónde podemos aún llegar.


We are the flamencos. El flamenco de Quintero ya tiene hasta su We are the world. Sí, un himno reivindicativo que oí cantar entre las galaxias de sillas de su decorado. “Sueño que sueño que el mundo es flamenco / Como tú, sin saber lo llevas dentro”, dice la letra. No sé qué pensar del mundo flamenco que pretenden empezar a construir, salvo que esa yihad va a tener que ganarse a zapatazos: no creo que el resto del mundo acepte sin más que lo conviertan en un rengue. Lo que sí es verdad, como preveíamos, es que este flamenco suyo de la Unesco se empieza a abaratar: he visto a César Cadaval metido en el jolgorio, al propio Quintero recitando y marcando el compás con los nudillos, a alguien bailar una especie de break dance sobre una mesa, y hasta a uno de estos grupos de rumbita tontipija (no sé cuál, no distingo los tintes ni los mofletes de unos u otros) colgándose el mérito y la raza del arte jondo. No sé lo lejos que llegará esa conquista. Eso sí, que ya hay quienes están viviendo mucho mejor a cuenta de esta cruzada, eso es seguro. Lo de We are the world al menos era para África. Esto es para su bolsa.

Los días persiguiéndose: Bob Esponja (11/01/2010)

En la cabalgata de Reyes de Sevilla pasearon a Bob Esponja, personaje con cara de edredón que habita en tres mundos submarinos: el suyo, el de la infancia y el de la televisión. Nunca he visto su serie, no sé de qué van sus aventuras, pero pensé que la estrella de Belén apuntaba este año al plástico, que la religión ya va por Spiderman, que los mitos consisten en pintarles ojos a las piedras o a las nubes y en hacer hablar a las serpientes o a los gusanitos, que el cristianismo también es merchandising y que los dioses de los niños y los de los adultos comparten cunita. Los mesías se van abaratando e infantilizando, su corte empieza con ángeles y palomas sopranos y ejércitos con espada flamígera, pero termina en un té de muñecos. En la política ocurre lo mismo: del estadista al nini, del gobernante al señorito, del político al mequetrefe hay muchas gradaciones posibles y en estos tiempos nos ha tocado verlos en lo más bajo. Los niños creen en Jesús o en los Reyes o en Bob Esponja indistintamente porque es lo que está encima de la carroza o del mueble bar. Los ciudadanos creen en el gobernante porque está en el sillón y en Canal Sur. Hacer teología con Bob Esponja y hacer política con los gobernantes que tenemos quizá sea el mismo absurdo. Sólo dejan lugar para la creencia de los chiquillos, las cabalgatas con azúcar y ese lenguaje desaforado de ojos, bocas y manos gigantes que a los adultos debería horrorizarnos.

Bob Esponja puede estar en una cabalgata o en el mismo pesebre de Dios, e igualmente cualquiera puede estar en un cargo, una consejería, un ministerio, una presidencia. Los ninis de Griñán, que en vez de declaraciones hacen anuncios de clics de Playmobil, que en vez de discursos dejan suspiritos, que en vez de inteligencia usan plastilina; estos ninis, digo, no son dibujos animados sino hijos naturales de esa macabra decadencia de la política que ha culminado en el infantilismo y la memez. Y quizá el primer Bob Espoja de esta nueva era política fue Zapatero, que hemos visto que no era Kung Fu, un sabio tranquilo, un cuidador de flores de loto, el que hablaba con las constelaciones a través del rocío y las ardillas, sino un niño que, como niño, desconoce el valor de las cosas, del dinero, de la vida, y por eso puede llevarse todo el tiempo persiguiendo una rueda de colores, o abrazar dulcemente a un gatito hasta estrangularlo, que es lo que parece que ha hecho con España. Aquí, en Andalucía, nuestros gobernantes ya hace mucho que nos hablan y tratan como a niños, pero aún había en Chaves y su generación cierta postura de padre atabacado en su butaca. Ahora son niños gobernando a niños, y esto es ya la casita de chocolate sin siquiera una bruja.

Crecer nosotros, si no crecen nuestros gobernantes, es lo que deberíamos hacer. Empezar por rechazar el caramelo, el besito, la cancioncita; repudiar a los políticos que vengan hacia nosotros con el babi y las trenzas a cambiar cromos o a ofrecernos un peluche, exigirles que nos hablen como adultos y traigan la voz grave y la lógica pulcra, y menos corazoncitos pintados y más números por delante, y menos hacer palmitas y más doblar el espinazo, y menos hadas y más realidad, y menos 'y tú más' y más voluntad, y menos chupete y más respeto para la ciudadanía. Estamos atrapados entre los listillos vividores de lo público y los tontos con cabeza de esponja que hacen política de mocosete. Menudo panorama. Lo de ver a Bob Esponja en la cabalgata de Reyes no es nada. Lo malo es verlo sentado entre teteras cantantes en los palacios de la Junta.

Somos Zapping: Collejas y cataplasmas (10/01/2011)

Vieja y nueva guardia. Vinieron desde Madrid Rubalcaba y Chaves, con aleteo membranoso y sin traje de bonito, sino de faena, para que no se salpicaran las corbatas. Cumbre, gabinete de crisis, emergencia en las santas vacaciones, el día 5, el de las cabalgatas de los niños, el de las calles resbaladizas, el de la última borrachera. Cuando ni el secreto ni la discreción fueron posibles, intentaron que aquello pareciera una reunión institucional de rutina y eso aún fue más ridículo y patético. “Gobierno, Junta de Andalucía y Partido Socialista han celebrado hoy una reunión en Sevilla para coordinar actuaciones en Andalucía”, decían en las noticias de Canal Sur. Dejémoslo en el PSOE solamente, aunque ya sabemos que ellos no distinguen entre las instituciones y el Partido. Los ministros no van con jerseicillo para tratar asuntos de Estado, sino cosas de casa, que era a lo que venían. Rubalcaba, Chaves, Griñán, Moreno, Pizarro, Jiménez, Díaz, reunión de los grandes jefes y ancianos con los mayorales, capataces y gobernantas para poner orden en este cortijo que se les viene abajo. Mucho hablaban los medios de la vieja y nueva guardia, pero ésa es una diferencia que yo no veo. No hay una nueva generación en el PSOE andaluz, sólo hay viejos leones que permanecen y jóvenes cachorros de lo mismo que los imitan, con idéntica concepción del partido, idénticos modos e idéntica política, pero más inexperiencia y torpeza. “Hay una gran sensibilidad del conjunto del Gobierno hacia lo que tienen que ser las necesidades de los andaluces y las andaluzas”, manifestaba Susana Díaz. ¿Cómo que “lo que tienen que ser las necesidades de los andaluces”? ¿Es que nuestras necesidades vienen impuestas, diseñadas o seleccionadas por el Gobierno? Yo creía que la necesidades simplemente las teníamos y el Gobierno debía intentar satisfacerlas... En fin, otra tontería de estos ninis, de tantas que les salen al querer alargar y retorcer las frases, que es lo que ocurre cuando ni se sabe hablar ni qué decir. “Sin caer en triunfalismos, pero las cosas se están haciendo bien”, remató en su línea habitual la ínclita Susana Díaz. ¿El mefistofélico Rubalcaba o el desahuciado Chaves van a cambiar en una reunión esta forma marrada e idiota de hacer política, este partido quemado, atrofiado y tan endiosado como fracasado? No, desde luego que no. Hace falta mucho más. No es una colleja de Rubalcaba lo que necesita esta tropa, sino la gran y definitiva colleja de la ciudadanía.


Desapego. Si no pueden darnos trabajo ni traer crecimiento económico, ¿con qué nos podrían aliviar? Pues con consuelos ascéticos, budistas o taoístas, como el del desapego, el desprecio por las cosas materiales, demonio viejo como la carne. Es lo que intentaron en Los reporteros, machacándonos con eso de que las empresas y los bancos nos empujan al consumismo y nos esclavizan. Todo nos iría mucho mejor si corrigiéramos nuestros “hábitos de consumo perversos”, aseguraban. Entre esos hábitos perversos o lujos superfluos citaban comer naranjas en agosto, comprar teles, móviles y cacharritos electrónicos, e incluso tomar demasiadas pastillas cuando sabemos que “las grandes empresas farmacéuticas inducen al consumo de medicamentos y crean enfermedades falsas”. Por cierto, esto último lo dijo Juan Torres, un catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla que hablaba como Sánchez Gordillo. Ni frutas fuera de temporada, ni teles, ni ordenadores, ni tampoco médico (“acudimos a costosos especialistas y a complicados tratamientos sin poner el foco en la prevención y en una vida saludable”, insistían). Pues nada, verdura del tiempo, parchís y quinqué en el salón, tam-tam para comunicarnos, cataplasmas de la abuela cuando estemos malitos y a volver a la Edad Media, que así la crisis dolerá menos. Seguro que entonces no necesitaríamos tantas zarandajas de dinero, sueldos o empleo, que es que nos quejamos por vicio. Así haríamos “políticas del buen vivir” en vez de ““políticas para el buen hacer de los mercados y de los banqueros”, según nos volvía a explicar el economista revolucionario o hippie, que también nos recordaba que “el 65% de la población mundial no ha hecho nunca una llamada telefónica”. Cómo envidio a esa feliz mayoría, que seguro que también tiene la suerte de carecer de electricidad y de agua potable y de comida que llevarse a la boca. Ellos sí han alcanzado la sabiduría. Menos mal que llega la bendita y purificadora crisis, nos recuerda todas estas verdades y nos invita a deshacernos del lujo en el que nos revolcamos obscenamente. Dejen todo lo que tienen, cojan sólo una túnica y unas sandalias, y sigan a esta gente hacia su cueva de la felicidad. Sólo padecerán la crisis los que quieran seguir comprando, comiendo, trabajando y viviendo. Perversos locos...

6 de enero de 2011

Los días persiguiéndose: Reyes Magos (4/01/2011)

Ya no amanece junto a mi cama una bicicleta roja, grande y brillante como una cosechadora, ni me mira un rifle de John Wayne sobre la silla, ni me espera en el salón un microscopio que será un hospital para moscas. Aquello no era mágico por quienes lo traían, Reyes Magos o padres, sino por cómo aparecían sin sentirlos, en una mañana que ponía ella sola cosas en la ventana. Ni siquiera recuerdo cuándo me di cuenta de que los regalos eran de mis padres, de que los Reyes Magos sólo eran gente del ayuntamiento conchabada con los barrenderos. Pero sí recuerdo la diferencia entre el regalo aparecido y el que luego ya vino de otra manera, como la compra del día, y eso era lo que distinguía a la magia de la cesta del pan. Supongo que esa diferencia tenía que ver con el dinero, con la conciencia de su existencia y su dureza, que quizá es lo que nos saca de esa primera niñez, y no tanto descubrir que Melchor es un ferretero del pueblo.

La niñez en la política, igualmente, quizá es pensar que las cosas aparecen sin más y que no cuestan. Y no sólo me refiero a dinero, sino a esfuerzo, tenacidad, inteligencia o paciencia. Y tampoco me refiero sólo a los gobernantes, ni sólo al pueblo, sino a ambos. El ciudadano se acostumbra a pedir y a esperar dormido, y los políticos a prometer, a conceder de palabra o a amañar envoltorios virtuales, o sea propaganda. Por eso nuestros gobernantes se dirigen a nosotros como a niños. Es a ese lenguaje al que respondemos todavía: a la fantasía, a la emotividad, a la inmediatez y al capricho. Sólo queremos ver que la ventana se llena un día de regalos o de sus promesas, sin preocuparnos de dónde vienen ni qué ocurrirá después. Las manos de los niños ignoran la historia y el futuro de lo que tocan, son puro presente. Zapatero no hubiera sido posible sin esta niñez política. Olvidó el dinero, la responsabilidad, la historia y el futuro de las cosas, y se vistió de chocolate como Baltasar, hasta derretirse. Y qué decir de Andalucía, eterna cabalgata de Reyes, larga vigilia antes de la abundancia que nunca llega, amanecer siempre pospuesto que rapta cada día al poni que nos iba a despertar.

Yo ya no quiero regalos que salen de los zapatos, yo ya no quiero ignorar de dónde vienen los caramelos ni los monstruos. Yo quiero saber y no ser engañado y asumir mi responsabilidad y mi fuerza y mis límites, y esperar no la alegría del milagro, sino esa otra de lo ganado, lo merecido, lo peleado. Pero despertar a los chiquillos por la oreja y acuciarlos hacia la madurez, ¿cómo se hace? Sí, todo este mundo de chiquillos, la ciudadanía mocosa y los políticos de pantaloncito corto que nos gobiernan, esta Andalucía de toboganes y estas confortables legañas de domingo... Ya no hay cartas que escribir a los Reyes Magos. Ya no hay que pedir, sino que hacer. Hay que bajar a los políticos de las carrozas, hay que subir a los ciudadanos a los podios, hay que hacer triunfar a la honradez y a la inteligencia, hay que expulsar y avergonzar a los canallas y a los mentirosos y a los necios y a los ladrones, hay que contar el dinero en su justo peso, hay que saber medir y guardar y repartir. Y hay que derrocar en política a los Reyes Magos, con sus falsos rizos y camellos y su Visa sin límite. Prefiero personas sin magia, que sí tengan que cuidar las monedas y el tiempo, con ojos para ver el mundo como es, voluntad para cambiarlo y sabiduría y justicia para llevarlo a cabo. No se trata de buscar a esas personas, sino de empezar nosotros a ser esas personas. Quizá entonces tendremos políticos de la misma altura. Mientras, tengan Reyes Magos los niños.

Somos Zapping: Porque esto es África (3/01/2011)

El idilio. Para su mensaje de Fin de Año, Griñán se presentó con el Idilio de Sigfrido de Wagner y su palacio con las puertas abiertas y el rosa de los mármoles aterido, como él. Pero estamos para pocos idilios con el poder y los lujos, así que el mensaje sólo transmitía ese frío de los pajarillos fuera y el del propio Griñán, que parecía un príncipe desahuciado. Leyó tieso, triste y con automatismo su villancico de buenos deseos, confianza y caramelo, y yo me fijaba en el trozo de paisaje de árboles y luces fuera, que parecía atraerlo, absorberlo, como si todo en Griñán llamara a la huida, como si tiraran de sus hombros todos los puntos de fuga de la realidad de Andalucía para despedazarlo. Me pareció más descriptiva y decisiva esa imagen que todo lo que dijo sacudiéndose los problemas y la responsabilidad, llamando a los ángeles de la fortuna y a las campanillas de la esperanza, pero no como un líder, sino como un sacristanejo. “Urge restaurar el prestigio de la política”, se atrevió a decir desde su postal vienesa, él, el de los viejos urdidores y los ninis inútiles, el heredero a dedo que forma sus gobiernos atendiendo al equilibrio de las familias del partido. “La política es lo que hace mejor nuestras vidas”, añadió. Cierto, sobre todo las de los vividores de lo público, políticos, enchufados y arrimados al partido. La “Andalucía real, moderna, innovadora” le salía falsa como las angulas falsas de las cenas de ahora. Sí, estos discursos son cargantes y odiosos: esa propaganda partidista regalada en la televisión pública, esa estampa de abuela dando consejos y repartiendo carantoñas... Pero a veces pueden retratar en un solo plano toda la decadencia de una época, de un sistema, de un régimen fracasado y moribundo. Griñán iba hablando y se iba congelando frente a la puerta abierta de su palacio. El Idilio de Sigfrido (¿idilio de Griñán con su Andalucía inventada?), los mármoles rosas, la voz del Presidente que sonaba como el acordeón de un loco durante un bombardeo... Y su cara triste, y unos violines de nieve, y una realidad que parecía que había roto a pedradas los cristales del palacio para estremecernos de verdad, enfermedad y frío.


Campanadas flipadas. Es como si diera las campanadas el Pájaro Loco. Enrique Romero de nuevo manoteó, saltibrincó, nos mareó, dio pases de pecho y creo que esnifó las uvas. Se había puesto el hombre hasta un chalequillo torero para la ocasión, porque “los toreros se vienen arriba”. Yo creo que él se viene arriba con algo que se mete, ranciedumbre en vena, metanfetas de catetismo, fumeteo de establo, pirulas de tradición y una especie de andalucismo que consiste en picores. Es como un hombre orquesta de los tópicos que va dando platillazos con manos y pies a toros, olivos, postales, flamenqueos y otros andaluceamientos flipados. Qué dolor de cabeza y estómago me da.


Waka Waka. Es el día más hortera del año, en el que la noche se vomita en sus tacones y las fiestas huelen a cáscaras, barreduras y meado. La Nochevieja, día de los niñatos y los culazos, sólo podía ser más hortera en la televisión más hortera del país, Canal Sur. Noche poligonera, coplistas vestidos de camareros o de damas de honor de barrio, Chiquito de la Calzada disfrazado de Elvis Presley, La vaca lechera sonando agitanada, carnes mal enfajadas cantando el Waka Waka... Creo que ése fue el momento de la noche: tras las campanadas, unos ritmos negros llaman a una chica como una pantera de nuestra raza, que parecía que se había comido a Shakira en el camerino, para cantar esa canción futbolera o cazadora en la que todos corean con alegría “porque esto es África”. Y así es, sin duda, esto es África con el hambre en la boca, el meneo en las caderas y el folclore como hechicería. Un África pobre, orgullosa, bailona, abandonada y sufrida. Esa África que hacen de Andalucía y que la muchacha reconocía con tanta verdad como inconsciencia, recibiendo el Año Nuevo, sin saberlo, con la descripción de nuestra posición y eternidad en el mundo. Nadie se atreve a cambiar la letra de nuestra canción para, en vez de afirmar, preguntar: ¿Por qué esto es África?


Resumen. Podríamos jugar a buscarle a este aciago 2010 un adjetivo o un subtítulo, pero creo que pocos usarían la frase de Esther Martín en el especial de fin de año de Los reporteros: “Les dejo con el resumen de Los reporteros 2010, el año de la declaración del flamenco como patrimonio de la Humanidad”. Luego, entre desgracia y desgracia del año, ponían cortinillas con estampas de tablao. Ya saben que en el periodismo es fundamental saber dar la prioridad adecuada a las noticias. Pero claro, eso es en el periodismo, no en la Consejería de Atontamiento y Propaganda que es la RTVA.

31 de diciembre de 2010

Los días persiguiéndose: Ganar la Navidad (28/12/2010)

Los árboles de Navidad ponen sombrero a las calles y a las casas. Me gusta ese símbolo, que evoca a la naturaleza cargada de sus frutos, la que renacerá después del solsticio de invierno. Por eso comemos pasteles, hacemos regalos y nos felicitamos con alegría ahora, como preludio o invitación a esa abundancia que esperamos recibir de la tierra. No es que quiera ponerme pagano para espantar a los pastorcitos de los belenes, pero me desconcierta la anual reivindicación o apropiación de esta época por parte de los cristianos, un poco encorajinados porque desearían que todas las luces y dulces se refirieran a su niño Dios. Pero su niño Dios sólo se colgó los adornos del sol (y su calendario y biografía, con muertes y resurrecciones), que también son los de Mitra y Osiris, por ejemplo. Yo suelo decir que el cristianismo no inventó nada, pero supo conquistarlo todo. Su moral “nueva” ya estaba en la filosofía griega y en Buda, sus cimientos y manías son los del judaísmo, y sus mitos y fiestas (también la Navidad) son adaptaciones de un paganismo preexistente. Jesús es el Dios Sol que ahora nace y María sustituye a otras diosas madres. Ni siquiera los sacramentos son originales, incluida la Eucaristía, el “comerse al dios”, cosa tan vieja como el cereal. Los cristianos pueden, sí, reivindicar su Navidad como botín de conquista, pero no como pureza de nada, esa pureza que piensan que se pervierte por los papanoeles, los arbolitos y las luces sin forma de ángel. En realidad, eso se acerca mucho más al primigenio sentido de esta época que su establo: triunfo de la luz sobre la oscuridad, renovación de los ciclos vitales y promesas de abundancia para la tierra y también para el espíritu humano, entendiendo por espíritu humano lo que cada uno buenamente entienda.

Lo que no comprendo es que haya que ganar la Navidad. Me refiero a que haya que pelear por la supremacía de una Navidad verdadera sobre otra falsa, decadente o, como decíamos, pervertida. Es un problema de las religiones en general, que sienten que siempre tienen que salir de alguna manera ganadoras, en multitud o en adornos, en presencia o en fuerza. Al cristianismo le obsesiona que quede claro, en toda ocasión, que porta no sé qué estandarte de autoridad o legitimidad que se le debe reconocer por encima de otras opiniones. Así, la Navidad debe ser puramente cristiana, Europa debe aceptar que sus raíces son cristianas, y en ese plan... Pero Europa es cristiana y griega y romana y pagana e ilustrada y atea y revolucionaria, y fue la dialéctica entre todo esto, aunque es cierto que teniendo como muro de contención en sus avances precisamente a la ortodoxia religiosa, lo que ha desembocado en nuestro sistema de libertades, en nuestra civilización. Demasiado complicado esto para asignarle un solo padre, un solo abanderado, una sola estrella que nos haya guiado en la historia.

Esta Navidad es la Natividad de un niño Dios, y del sol, y de la luz toda, y de la naturaleza, y del mismo ser humano que vence a la oscuridad exterior o interior; es de los cristianos y de los ateos y de los pasotas; es el impulso de renacer y crecer, es la esperanza representada por ese sol que se para en el cielo como pensando en morirse en las sombras y luego decide que no, que todavía merece la pena otra vuelta por la vida. Esta Navidad con pastores y bombillas, con renos y melaza, con Jesús y Osiris, con los Reyes Magos y Papá Noel, con árboles y canciones, con rezos apagados y ojos abiertos, con alegría y melancolía, con fe y duda. Esta Navidad ya es pura. Esta Navidad ya está ganada. Por todos. Feliz Navidad.

Somos Zapping: Pana hasta en los calcetines (27/12/2010)

Nochebuena andaluza. Canal Sur nos trajo otra vez la carbonería de su Nochebuena y los villancicos se tocaban con cántaros y los rizos de la Navidad llegaban hasta el culo en sus chistes. Tuvo gracia que Esther Martín, durante el habitual y cansino refrito de villancicos de la tarde, hablara de “momentos irrepetibles de Canal Sur televisión”. Sí, serían irrepetibles si no los repitieran todos los años. La misma candelá, el mismo frío eterno de nuestra raza de descalzos, los mismos campanilleros mordidos por jaurías, el mismo niño Manué hecho gitanito por el ridículo chovinismo, la misma señora de Triana pura como la abuela de Dios... El día venía forrajero ya desde por la mañana, cuando vi tocando zambombas en Mira la vida a un grupo revestido de pana hasta en los calcetines, como si hubieran salido a cazar conejos. Luego ardieron nuestros potes y hierros como caravanas del oeste y la Navidad fue esa religión de relente y migotes recordada por arrieros. La Nochebuena andaluza continuó el reúma folclórico en los patios y le añadió el teatrillo idiota de siempre más unas escenas como de piano bar hortera con los de Se llama copla. De nuevo Manolo Sarria, Eduardo Banderas, Carmen Janeiro, Chiquito de la Calzada y una de las chistosas de aquéllas de María del Monte, Pilar Sánchez, hacían de monicacos siguiendo el guión absolutamente estúpido de Javier Ortuño, que los ponía a tocarle el culo a un pavo o a tocárselo entre ellos, y a cacarear unas gracias sin gracia, despatarradas y mentalmente indigentes, que daban vergüenza ajena. Puedo entender los villancicos de herrería, e incluso que aprovechen a los de Se llama copla, los vistan de fiesta de crucero barato y los pongan a cantar lo de El guardaespaldas de Whitney Houston o el Without you de Harry Nilsson... Pero ese teatrillo subnormal que año tras año asume la imbecilidad de su audiencia, la incapacidad del andaluz para un humor siquiera levemente inteligente, y que se complace no ya en la grosería, sino en la bajeza aún peor de la simple memez, me subleva. Sí, yo también siento que me repito. Y seguiré repitiéndome hasta que Canal Sur deje de tratarnos, en Nochebuena o no, como a una cabila de descerebrados.


La sombra de los ángeles. Entre las pavesas y la mulería, faltaba el toque dickensiano, aunque sin el talento de Dickens. Algo como un huerfanito con muletas o tisis al que pudiera acudir, cámara en mano, ese espíritu de la Navidad que besa a los dolientes y a los pobres en la escarcha de su frente. En 75 minutos lo tuvieron claro: nada mejor que un bebé enfermito, padeciendo entre tubos y máquinas. ¿Qué podría ganar a eso? Pues quizá sólo añadirle al caso la madre que dona su riñón para salvar al niño, y envolverlo todo como regalo de Navidad para un reportaje de lágrimas y babas por la pata abajo. Así lo hicieron. ¿Exceso melodramático, sentimentalismo facilón, recurso abyecto? Nada que pueda frenar desde luego a Toñi Moreno, y menos si eso le permite aparecer como un ángel que acaricia barriguitas. Luego, creo que siguieron con escenas de mendigos o perrillos famélicos, o las dos cosas. Y yo pensé que a veces los ángeles se parecen a los buitres en la sombra y la intención.


El salto del tigre. A los viejitos calentorros de Juan y Medio los habíamos visto meterse ya un poco mano aun sin conocerse, separados por una mampara que apenas podía contener sus ansias. Pero otra cosa, y de bastante más repelús, es ver cómo se preparan para hacer el salto del tigre. Pues eso hizo una señora, que enseñó a la cámara el camisón y las bragas con talla de colcha que tenía preparados para ese momento de pasión e intercambio de fijadores dentales. Entre ayudar a las personas a acabar con su soledad, como suele describirlo Juan y Medio, y proyectarnos en la imaginación la estampa del roce de sus carnes sabias y hambrientas, creo que hay una sutil diferencia de gusto y de pudor. ¿Llegarán a sacar a los viejitos haciendo edredoning?


Normal. Las encuestas escuecen y Mar Moreno se defiende ya azuzando el viejo dóberman. “Consideramos que protegemos mejor a la gente normal”, dijo en los informativos. ¿La gente “normal”? ¿Y quiénes son los otros “no normales”? ¿Y significa eso que el PP vela por los andaluces “anormales”? Curiosamente, es un adjetivo éste, “normal”, que también ha empleado alguna vez Javier Arenas. Yo recomiendo no caer en estas cosas que suenan una mijita nazi. Lo que hay que hacer es gobernar bien, con justicia y para todos. Nadie es o deja de ser normal por votarla o no, señora Moreno, ni por merecer o no la atención de su partido.

Los días persiguiéndose: Cerdos y ofensas (21/12/2010)

Sobre vacas, cerdos, guerras y brujas, hay que leer por supuesto a Marvin Harris, que armó con todo ello no sólo un título simpático, sino un libro coherente que además no es de humor ni de cocina, sino de antropología. El origen de los tabús puede parecer a veces oscuro, pero tirando del hilo se ve que los dioses participan menos en ellos que la economía, la higiene y hasta los malentendidos. Recuerdo que Bertrand Russell ponía como ejemplo de tabú chocante el rechazo de los pitagóricos a las habas (Diógenes Laercio también dejó constancia de su estupefacción al respecto), pero hasta para eso se han dado explicaciones, desde los simples gases hasta que su forma recuerda a los testículos. En el caso del cerdo, Harris concluye que, más allá de repugnancias materiales o simbólicas, su tabú proviene sobre todo de la necesidad de adaptación de ciertos pueblos a su clima y a los delicados ecosistemas de competencia entre los animales y el propio hombre. Pero todo resulta mucho más efectivo y levítico si unas recomendaciones sobre economía o salud se ponen en boca de unos dioses dedicados a mirar las pezuñas del ganado. A partir de ese momento, se convierten en asunto sagrado y cualquier explicación sobra: sólo quedan la norma y el rayo.

Ahora, en La Línea, una familia musulmana ha denunciado a un profesor por mencionar el jamón en una clase de geografía. Si dicen que los pitagóricos preferían morir antes que pisar un campo de habas, nos damos cuenta de que los musulmanes tampoco pueden soportar siquiera que se les miente a la bicha, o sea al cerdo, y hasta llaman a la policía (policía que, por cierto, acude e interroga al profesor). Pero no se trata de entender la charcutería de los dioses, cosa a la que yo renuncio, sino de cómo debe manejarse una ley civilizada en un Estado en el que la religión es una opinión, y cómo deben comportarse las religiones aceptando que son sólo una opinión. Sin embargo, nuestra ley es peligrosamente ambigua en este aspecto, de tal forma que el artículo 525 del Código Penal aún establece una pena de multa de ocho a doce meses por “ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa". Teniendo en cuenta lo fácilmente que la gente se “ofende” por estas cuestiones, aquí estaríamos multados casi todos si no fuera porque la jurisprudencia ha ido dejando claro que el ámbito de este artículo está limitado por ese otro derecho fundamental a la libertad de opinión y expresión. De todas formas, esto no está resuelto todavía clara ni satisfactoriamente en nuestra legislación, de ahí que nos encontremos con casos como éste, que puede acabar con un profesor en el calabozo como en aquel “juicio del mono” de Tennessee, el que retrató la célebre película La herencia del viento.

Entender que la religión es simplemente una opinión supone que tiene derecho a ser mantenida, practicada y divulgada sin discriminación, coacción ni violencia en contra. Pero, igualmente, implica que no se puede exigir que la mera existencia o manifestación de otra opinión diferente resulte una ofensa y menos un delito, porque estaría amparada por el mismo derecho. Ésta, me parece a mí, es la cuestión clave. Sin embargo, por alguna razón que se me escapa, la religión no se considera una opinión más. En este ridículo suceso de La Línea, ni siquiera se manifestaban opiniones, sino hechos científicos. Claro que los hechos son seguramente lo que más ofende a las religiones. A mí no me ofende que el cerdo sea jugoso o maldito para unos u otros. Que los dioses y los hombres se peleen por estas cosas, quizá sí. Pero no voy a poner una denuncia.

Somos Zapping: Belenes de pobres y casitas de Pin y Pon (20/12/2010)

Plácido. Ya es Navidad, con los ángeles de Frank Capra y las damas de la caridad en Canal Sur. Pero la caridad es lo que queda cuando no se puede hacer justicia, así que siempre es un fracaso. Y si es necesaria, debe ejercerse con discreción, para que el gesto solidario no sea un acto de vanidad y ostentación para el que da y de humillación para el que recibe. Por eso cuando se unen televisión y buenas obras yo suelo ponerme en guardia. Hay tantos a los que les gusta ir de buenazos, que se acaramelan hablando de niños y pobres, figurando en galas, colectas, telemaratones... Gente que incluso dedica programas y finge concursos en beneficio de Unicef, a la vez que se forra con el dinero público de una televisión derrochadora, ese dinero que se está quitando de la educación o de la sanidad o de las ayudas sociales... Pero ahí están con la sonrisa alta y la lágrima azucarada, con sus estampas de chiquillos y sus abracitos de muñeco de trapo. Sí, esa santidad por la que se cobra... No hace falta dar nombres, ¿verdad? Pero es Navidad y hay portalitos de pobres en Canal Sur para conseguir audiencia. Es peor que el pobre decorativo, como en el Plácido de Berlanga. Es el pobre como gancho mediático, casi más perverso aún que lo de Telecinco con Rodríguez Menéndez. Yo no terminaba de creérmelo cuando vi en Andalucía directo a un matrimonio sin casa donde vivir, él en paro, ella recién parida; un matrimonio con bebé que, buscando tiernos paralelismos evangélicos, habían puesto haciendo de San José, de Virgen y de Niño Jesús en un belén viviente. Así los habían preparado para que, ante las cámaras del programa, y con la publicidad entremetida, recibieran la noticia, el milagro: dos buenas almas se habían conmovido con su desgracia y una les regalaba una casa y otra le daba trabajo al marido. ¡Una casa y un trabajo, nada menos! Pero si usted es uno de los miles de andaluces sin casa ni trabajo, no llame a Andalucía directo, que el milagro no se repetirá. Éstos eran pobres de exhibición y con ellos los cupos de la culpa, la caridad y la audiencia quedaban satisfechos. Andalucía directo parecía que se ganaba sus alas, como el ángel de aquella película, pero a mí me daba pena y un poco de asco.


¿Andalucía 10? Se presentó la Andalucía 10 de Griñán sin salir de su pecera, que es eso lo que parece la iniciativa, una pecera de Andalucía puesta y adornada en Madrid para que, como decía yo el jueves, la vean los invitados. Una Andalucía para las visitas en la que han cogido las cuatro bombillas, microscopios y cartones de modernidad que han levantado sin nada detrás, todo eso tapando, que no descubriendo, la realidad de una tierra que estos gobernantes eternos nuestros no han sabido sacar de la pobreza, el paro, la incultura y el folclorismo, como se empeña en demostrarnos el propio Canal Sur con cada arremangamiento, risotada y taconeo. “La sociedad del conocimiento que existe ya”, decía en las noticias un empresario. ¿Con nuestra tasa de fracaso escolar, con las vergüenzas del informe PISA a pesar de la ridiculez de sus pruebas para tontos? Que nos pongan todos los soles y vientos con manivela que se pueda inventar su propaganda, pero la verdad es que Andalucía aún no tiene tejido educativo, económico, industrial y productivo para dar trabajo a sus ciudadanos, y no ya de ingenieros aeronáuticos, sino siquiera de camareros o fregasuelos. Y mientras eso siga así, es como si Griñán hubiera presentado en Madrid la casita de Pin y Pon.


Poner la manita. Iremos dosificando lo que decimos sobre la ventolera flamenquista que nos ha traído la Unesco, no vaya a ser que los guardianes de las esencias de la raza se solivianten. Esto pedía la bailaora Carmen Ledesma en El sol, la sal, el son de Jesús Quintero: “Que nos ayuden, ya no solamente como espectáculo y como eso, sino que los artistas cuando terminamos y tenemos una edad, hay mucha gente que no tiene nada, y las instituciones se tienen que acordar un poco de este tipo de cosas”. Poner la manita, se llama eso. Y lo que nos queda...


El malo de los Pitufos. Susana Díaz, Secretaria de Organización del PSOE-A, se va uniendo con honores a ese club de ninis entontecedores de la política, tanto que ya ni echamos de menos a Velasco. Como Mario Jiménez, todo lo reduce a que la oposición es mala como el malo de los Pitufos. Lean esta brillante frase, otra vez sobre el decretazo de la función pública: “[El PP sigue] intentando crispar, enfrentar y no arrimar el hombro en algo que esperan el conjunto de los andaluces y de las andaluzas”. ¿“El conjunto”? Para enmarcar, vamos. ¿Cuándo acabará esta generación de políticos imbecilizantes?

Andalucía para invitados (16/12/2010)

Griñán se fue a Madrid con sus molinillos y escafandras a sacudirse los lunares, el bostezo y el vinazo de nuestra tierra, a hacer iconoclasia de los topicazos andaluces y a presentar su “realidad” diseñada para el pantallón por una empresa catalana. Esta Andalucía como para invitados se llama “Andalucía 10”, una Andalucía “alejada de los tópicos, pujante, moderna e innovadora”. Quizá porque esta Andalucía se la llevó toda maqueada Griñán al Museo Reina Sofía, aquí nos dejó la otra, la de siempre, que nuestra televisión pública nos mostró con su vocación de espejito mágico.

2:18h. Noticias. Primera referencia a la presentación del proyecto Andalucía 10. Quirófanos donde parece que están operando a E.T, laboratorios relucientes, placas solares con el cielo trabajando dentro, aerogeneradores, edificios acristalados, aulas informatizadas… Una lástima que no le hayan puesto de fondo alguna canción de El Arrebato, la de “háblame del sur” y “dame cervecita y caracoles”, por ejemplo.

2:38h. Destino Andalucía. Quizá para compensar tanta tecnología, vemos en un reportaje a gente echando de comer a unos cerdos. A cubazos, eso sí. Aún no han llegado los brazos robóticos, parece. También enseñan ermitas de patronas, norias para regadío y patios con macetas. Tanta innovación me marea.

8:58 Buenos días Andalucía. La noticia de Andalucía 10 se acompaña esta vez con fragmentos de la entrevista que le hizo Gabilondo a Griñán en CNN+. “En Andalucía se vive en la calle, se convive, Andalucía es una región alegre, pero alegre es lo contrario de triste, no de serio; Andalucía es alegre y seria”, decía el presidente. Parecía el anuncio de Cruzcampo. Pues vámonos de cervecitas para acabar con el tópico, sí señor. Bien comienza Griñán la defensa del proyecto. Mientras, en Canal Sur 2, en Fiesta TV, Los Rebujitos, un tal El Pescao, El Arrebato y otros perroflautas de por aquí nos enseñaban en su top 20 de música harapienta lo alegre pero seria que es Andalucía.

9:09h. Fiesta TV. Entrevista chorra a Andy y Lucas. Algunas de sus respuestas: “Yo [me voy a levantar] muy tarde” y “fui feriante de caseta”. La entrevista termina con ellos dos y el reportero canturrenado un “leireireire”. En Andy y Lucas se refleja como en nadie el espíritu de esta Andalucía10: pujanza, innovación, conocimiento… Deberían haber acompañado a Griñán para que vieran los forasteros cómo es la generación de andaluces que nuestros gobernantes han preparado para llevarnos a lo más alto.

9:36h. Canal Sur 2. Una promo del programa de Manu Sánchez nos saca un chiste suyo totalmente de Andalucía 10: “Trabajan el doble, son cosas de japoneses, catalanes, gente extraña”. Otro tópico que nos duele mucho y con el que no nos reímos nada, éste del andaluz vago. Menos mal que Canal Sur no cae en ello apenas.

10:53h. Mira la vida. Comienza el patético circo de los chistosos oligofrénicos, pero antes Ismael Beiro nos aclara que “el humor es un referente andaluz como la copla”. El primer chiste mejora el anterior de Manu Sánchez: Un compadre lee una noticia sobre un barco que ha llegado cargado de picos y palas y el otro le dice que lea para él solo. Le sigue otro de gitanos mangantes y guardias civiles. Y otro en el que la gracia está en que el tipo se guarda la picha después de mear usando las cucharas con las que estaba haciendo albóndigas. Mientras Irma Soriano decía “qué asco”, pero sonreía, las carcajadas complacidas del público, muy identificado con los cuentachistes, creo que llegaban hasta Madrid, donde Griñán quería espantar los tópicos. Menos mal que ése del andaluz chistoso, monicaco, harón y cochambroso va siendo desterrado de Andalucía gracias a Canal Sur. Sí, menos mal…

11:25h. Mira la vida. Un coro con gorras, panderetas y flecos canta villancicos o algo similar. Alguien menciona a un Cristo, el Cautivo, que por lo visto es “Señor de Málaga”, pero además “de todos los andaluces”, según remata Irma Soriano. Ésta es la parte en la que la Andalucía 10 se fusiona grácilmente con el franquismo sociológico en coros y danzas y en nacionalcatolicismo.

12:34h. Mira la vida. Empieza, después de un recuerdo a Enrique Morente, la sección dedicada a Se llama copla. Repaso a las galas, a las actuaciones, a los hipidos y entrañas por la boca de sus cantantes, mártires o muñequitas. Todo lo tratan con aire grandioso o trágico pero sólo es ridículo. Coplillas, trajes, poses, traiciones, cotilleos… Son otro siglo desfilando, son las lavanderas con cancioncita que no hemos dejado de ser, son un refajeo de la raza, son un guantazo de blanco y negro en la televisión de hoy. Casi siento alivio cuando llega la serie de Chuck Norris y lo rancio, lo cutre y lo facha se va por un rato hasta Texas.

14:03h. Noticias. Conectan con Madrid, por fin, para ponerle cara a ese evento en el que Andalucía iba a parecer Japón. Vuelven a repetir lo de la “nueva realidad de nuestra Comunidad alejada de tópicos” (dos veces en 5 segundos lo de “alejada de tópicos”). Después de lo que llevamos visto, y mientras aún revolotean los culos llenos de volantes, los chistes de pichas y flojos o el verbo analfabeto de Andy y Lucas, lo de los tópicos o lo de “tercera potencia investigadora” suena a cachondeo. Y más estando allí el mismo Pablo Carrasco, el que mantiene a nuestra televisión en el rengue, el cingarismo y el regodeo en las ventosidades. ¿Qué pensaría el director de la RTVA cuando Griñán pidió a todos que “proyecten una imagen de Andalucía que se aleje de los tópicos [¡otra vez!] y que se ajuste más a la realidad”? Quizá, cínicamente, Carrasco pensó que los dos saben que la realidad son los tópicos y la Andalucía 10 es la mentira. O quizá que hay que llenar Canal Sur de esos tópicos precisamente para que la audiencia que han ido formando y fidelizando a base de adular sus catetadas, pueblerinismos y vulgaridades llegue luego a los informativos y se trague lo de la Andalucía 10… Seguro que ni Carrasco ni Griñán ven en esta táctica contradicción, sino sólo astucia.

17:05h La tarde aquí y ahora. Es el cumpleaños de Juan y Medio y lo reciben con fanfarrias. Él presenta a una mujer que se hizo famosa por sus carcajadas y un señor lo nombra luego Doctor Honoris Causa en Virtudes Humanas. Sí, Juan y Medio es el prócer de esa buena gente a la que se le dice que está bien ser ignorantes pero auténticos. Es de ésos que confunde la bondad o la sencillez con el conformismo y la docilidad. También es el que se recrea en los nuevos cachorros de la raza que imitan el casticismo y el graciosismo por la pata abajo de sus mayores. No sé si eso son virtudes humanas, puede que sí, pero creo que esa actitud tiene mucho que ver con los males de Andalucía. Al menos, el cumpleaños de Juan y Medio nos dejó sin la otra tertulia diaria sobre esa copla que Canal Sur recopia, regurgita y alarga durante toda la semana.

20:33h. Noticias. Se cierra el círculo. Otra vez “Andalucía alejada de los tópicos”, bla, bla. Y yo pienso que, para que eso fuera cierto, lo primero que tendría que hacer este plan Andalucía 10 sería desmantelar Canal Sur por completo. O toda esta política del cinismo que incluye a nuestra televisión pública.

14 de diciembre de 2010

Los días persiguiéndose: Al abordaje (14/12/2010)

Los libros respiran su silencio como cajas de música. Guardan las sombras de la habitación encerradas en ellos, junto con el humo con el que he ido enfermando mi mundo, junto con los otoños superpuestos que se hacen papel, junto con mis manos o mi lengua aplastadas que leyeron sus historias, sus crímenes, sus pasiones o sus teoremas. Duermen como párpados, los libros, cajas de arena que sostienen la casa hasta la azotea, los libros donde está mi niñez de bolas de colores y galaxias de coral y mosqueteros como naipes, donde está mi orgullo intelectual hecho de filósofos desde la tumba y de científicos a los que les estalló el Universo en los ojos, donde está mi vida acostada sobre ellos como una novia o un convaleciente. Los libros alacenan besos guillotinados y una piel pospuesta, y suben quietos hasta las grietas, y doblan los calendarios por la mitad del tiempo, y esconden nidos de paja y arañas, y asienten callados en días como éste. A veces, cuando se oye el viento, que parece un barco que suena y cae puntual desde el cielo, creo que también la casa se deja navegar o ser navegada en la noche o la mañana fluvial, la casa escorada de libros, la casa como un faro arrancado, como un castillo de popa a la deriva con un candil en la ventana.

Yo tenía libros y una calculadora llena de ochos verdes, yo tenía una profesora dulce de la España húmeda, yo tenía mapas del tesoro en los cajones, yo tenía a los dioses griegos peleando con mis indios de plástico, yo tenía a Mortadelo dándose golpes en el colodrillo, yo tenía un colegio con pasadizos para poetas y para baloncestistas. Yo empezaba a juntar libros que parecían cada uno un violín, libros de Verne y de Dumas, de Stevenson y de Delibes, una historia coloreada de Persia, el Cosmos de Carl Sagan que mi madre me compró quitándoselo de lo que había para comer, las aventuras de Guillermo o de Aquiles, aquella enciclopedia de lomos negros que llenaba todo el salón como un tren de vapor... Era cuando los libros no eran ceniza y los niños aún soñaban, cuando los gusanos de seda eran mandarines y las poesías todavía enamoraban a las niñas con comba y calcetines caídos y lápices enredados en el pelo, cuando quedaba tanto por saber que nos abrumaba y septiembre olía a árbol recién plantado en los textos de naturales o matemáticas. Pero ya los niños no tienen pájaros ni piratas, ni los jóvenes laúdes ni versos ni historia. Se han quedado ciegos y huérfanos de mundo y no leen ni entienden. Ahora, los evalúan con textos sobre cómo lavarse los dientes, y ni así.

Miro mis libros como restos de una Navidad pasada, envueltos en periódicos, escoltados por mis pipas, por mis granadas y herramientas masónicas, por mis antiguos premios como juegos de té. En estos libros están todos los grumetes que fui y todos los escritores que quiero ser, todo el mundo que me fue dado y todas las cometas que se me escaparon hacia el cielo. Pero siento como si alguien poderoso y salvaje, fuera, conspirara para quemarlos o enterrarlos: nuevos pedagogos, políticos obtusos, padres embrutecidos. Me siento viejo y monje, escribo acuciado por gigantes que agonizan a mi espalda. Todos estos libros que llevaban a túneles y a jardines, a estrellas y a utopías, parecen derrumbarse sobre sí mismos como una tapia podrida, aplastando a sus balleneros, a sus enamorados y a sus geómetras. Estos libros que crujen, este terciopelo de la inteligencia, esta pared que susurra... Estos libros aún me recuerdan, aún me dan abrigo y aún pueden guiar otras vidas antes de sucumbir. Apenas otro niño los oiga, apenas se aparten los necios burócratas o los expulsemos nosotros, al abordaje.

Somos Zapping: Felicidad Interna Bruta (13/12/2010)

Ecología alucinógena. Yo no sé si las burocracias salvarán al planeta en Cancún o aquí, pero a veces da la impresión de que el medio ambiente se ha convertido básicamente en un negocio bajo techo. Creo que ya hay más dinero para congresos, conferencias, ponentes, azafatas, folletos, stands y pantallones con cascadas que para la dolorida Madre Tierra en sí misma. Y eso que muchos de estos concilios se limitan a ser un mero alucinógeno (recuerden lo del “ecofeminismo” en Sevilla). En esto pensaba yo mientras Ezequiel Martínez, nuestro hombre de la intemperie de Tierra y mar, nos hablaba del Congreso Nacional de Medio Ambiente celebrado en Madrid. A pesar de que este hombre ya nos tiene acostumbrados a que, cuando no está soltando soflamas políticas, levita en efluvios de misticismo verde, lo que destacó del congreso me dejó completamente anonadado. Atentos a la “filosofía que viene pegando fuerte”, perla de este evento según nos contaba: la “Felicidad Interna Bruta”. ¿Que qué es eso? Pues así lo definían: “La Felicidad Interna Bruta, frente al Producto Interior Bruto, (...) pretende hacer más feliz a la gente fomentando las relaciones humanas y el respeto al hombre y a la naturaleza en contraposición a la tiranía de los mercados”. La cosa es para preguntarse si de verdad queda alguien que se preocupa del medio ambiente o sólo se dedican a esnifarlo. Por cierto, ¿será la misma felicidad interna bruta con la que nos conforman en Andalucía para que no atendamos a la pobreza, al paro o a la incultura? En esto ha devenido el ecologismo, en negocio de conferenciantes mezclado con religión sioux y consuelo para subdesarrollados a los que hacen creer que su miseria cura el planeta. ¿Serían capaces de defender ese paradigma en Haití o en el África de las moscas? Bueno, en Andalucía ya lo hacen la Junta y Canal Sur. Pobres, felices y en cueros al sol... Demasiado nos suena eso aquí como para no ver la trampa.


Burrada lunera. No dejamos Tierra y mar, que une la chorrada con la magufería sin solución de continuidad gracias a su habitual cabañuelista, especie de hechicero del relente. Al buen señor le dio por decir esta semana que la luna, igual que provoca las mareas en el mar, y ya que somos en gran parte líquido, también provoca “mareas internas” en el cuerpo humano, y eso son los “biorritmos”. Esta vez, ante semejante barbaridad, mi espanto pudo con la risa. Hombre, la gravedad de la luna (y del sol) afecta visiblemente a los océanos por la gran masa de éstos, pero en el caso del cuerpo humano, dada su poca masa, esta influencia gravitatoria (en nuestros líquidos o en nuestro huesos) es despreciable. La atracción gravitatoria de una persona sentada a nuestro lado ya es millones de veces mayor que la de la luna. Además, las mareas se producen por la diferencia del efecto gravitatorio del sol y la luna sobre los océanos en distintos puntos del planeta, pero, evidentemente, no hay diferencia medible de esa atracción en un lado de nuestro cuerpo respecto al otro. ¡Pero si hasta en mares como el Caspio las mareas son inapreciables! Sí, un mito ridículo, pero aquí estamos acostumbrados a la avilantez de la ignorancia, exhibida con normalidad y hasta con orgullo, y más cuando viene etiquetada como “sabiduría popular”. Pues ahí quedó la burrada lunera y ahí sigue el cabañuelista o brujo con un espacio fijo para su oscurantismo y sus ventoleras mentales, patrocinado por la televisión pública.


Veredas y estiércol. No daríamos tanto la lata con Tecnópolis si se llamara, un poner, Veredas y estiércol. Se entenderían entonces los reportajes sobre huertas de rábanos o ciclistas hablando de yerbas, y los largos minutos de gente cogiendo pimientos o enseñando molinos de agua, mientras una noticia sobre biología sintética la despachan en 10 segundos. Pero en el fondo yo creo que lo suyo es el humor. Nos hablaban sobre el caviar ecológico que producen en una piscifactoría y, después de decirnos su precio, 2.000 euros el kilo, la reportera remató que es “un manjar que podemos disfrutar estas Navidades en nuestra mesa”. ¿Quién dijo crisis? Veredas, estiércol y risa, eso es.


Positivismo flamenco. El flamenco universal ya nos ha traído su programa, con Jesús Quintero flotando en una ingravidez de sillas de enea. Pero para que no digan que me ensaño con el arte jondo, sólo citaré una frase de Curro Carrasco, de Navajita plateá, que salía felicitándose por la distinción de la Unesco: “Esto es un positivismo (sic) para la etnia gitana y para el flamenco y para todo el mundo”. Pues ea, filosofía positivista y cultura para estar orgullosos. ¿Será esto también parte de la felicidad interna bruta?

Los días persiguiéndose: Pacto con el diablo (7/12/2010)

Otra vez vendrá el Niño Jesús a pedirnos calderilla como con madre rumana, pero Herodes o el Diablo serán Europa, los mercados y los golpistas de los bonos, con máquinas de triturar países. El zapaterismo, quién lo diría, les ha dado un pellizco a los funcionarios, va a dejar sin aguinaldo y en el frío a los parados, va a privatizar la lotería y a Dickens, y ya ha sacado al ejército a hacer de ferroviario. Aquí se puede hacer ideología y hasta utopía mientras no se toque el dinero, que en este mundo, que es una pecera, es uno sólo y vive aparte de las naciones, con sus propias leyes y sacerdotes. Hasta Zapatero, con margaritas en el pelo, tiene que abandonar sus libros rojos y su pax boviscum porque ningún estado puede vivir sin los prestamistas, ésos que están todos los días vigilando la afiladura de nuestros huesos por si morimos antes de pagar. Y ellos, los mercados, el dinero sin cara, los bancos de los propios bancos, levantados con mierda y petróleo, exigen su sacrificio. La palabra sacrificio viene de “hacer sagrado”, de los actos sagrados, cumplir con los dioses, hablarles y que nos hablen, apaciguarlos y que nos consuelen. Y los dioses unas veces se contentan con rituales y otras con sangre.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, decían en los Evangelios, esos libros que son tan bellos precisamente por mezclar sabiduría, crueldad y sueños. Los dioses del dinero nos dieron mercado global, moneda única, libre tránsito de mercancías y personas (otra mercancía) y otros regalos preciosos o envenenados; a cambio quieren estabilidad, control presupuestario, de déficit y de inflación, y la última palabra sobre las cabezas a cortar. A la política lo que es de la política y al dinero lo que es del dinero, dirán algunos todavía. Pero el dinero deja poco espacio para la política (ahora lo ve Zapatero), o es que la política y el dinero ya son lo mismo. O sea, que César es Dios y quizá también el Diablo, y contra eso ya sólo nos queda hacernos ácratas o ermitaños. Es lo que intentó Zapatero, vivir como si el dinero no existiera. Es cierto que recibió un país que vivía por encima de sus posibilidades, corrompido por la mentira de que la especulación puede sustituir a la producción, de que la riqueza puede ser virtual, salir de la nada. Quizá el mundo entero dormía en ese sueño, aunque no tan profundamente como nosotros. Hasta el gran estallido. Pero el error de Zapatero ha sido no darse cuenta de que ni siquiera el dinero podrido anula su religión. Tras el gran cataclismo, siguió haciendo su socialismo de perroflauta como si el dinero no existiera. Ahora, hasta se viste de caqui si el dinero se lo pide, cuando ya es muy tarde y el dinero, como los dioses, pide la sangre del inocente o del débil para purificarse.

Lo próximo serán las pensiones y estas autonomías nuestras, estas burocracias redundantes, superpuestas, ineficaces, gigantescas y derrochonas. Ha dicho Griñán que los mercados no pueden acabar con el consenso constitucional de las autonomías, pero creo que nadie en el 78 podía imaginar que aquella fórmula de compromiso acabaría en estas taifas con caciques, arrimados, gorrones y despilfarradores. Si esto sigue así, veremos tocar la Santa Constitución, ni tan perfecta ni tan de piedra. Mientras, si les place, pueden ustedes culpar a los mercados, dedicarles cortes de manga, irse a vivir a una ruló con la pintada “ni Dios ni Patria ni amo” y hacerse trenzas con los sueños y la mugre. Pero el Diablo del dinero nos encontrará para pedirnos lo que le debemos, lo que es suyo, enseñándonos aquel contrato que firmamos con sangre gótica, hace tanto que ni nos acordamos.

Somos Zapping: Nuevos cauces de investigación en botijos (6/12/2010)

Alarma. Los aviones parecían corcheas en los aeropuertos parados, los pasajeros penaban entre cintas transportadoras, el Gobierno se ponía como un guardia civil (Rubalcaba tiene cierto aire de civilón) y a los controladores rebeldes los amenazaban con calabozos turcos. Pero, mientras veía los informativos monotemáticos, yo no dejaba de pensar que, pese a la gravedad de la situación y el intolerable chantaje de un colectivo capaz de paralizar un país por sus reverendos cojones, en España se había declarado por primera vez en Democracia el estado de alarma... ¡porque la gente no se podía ir de puente! Esto sólo podía pasar aquí. Fastidiarnos un puente nos lleva enseguida al motín, al linchamiento de operarios y dulces azafatas, y a que el ejército patrulle por los pasillos civiles. Pero esta política del desastre, esta economía en coma, este paro que es una peste, el verdadero estado de alarma que vivimos, todavía no hace que persigamos a nuestros gobernantes con el bolso ni nos subamos con ira a sus mostradores. En las noticias de Canal Sur, Manuel Recio, consejero de Empleo, decía esto tras la nueva subida del paro en noviembre (8.517 andaluces más sin trabajo): “Todavía no se pueden lanzar las campanas al vuelo, en el sentido de decir que nos estamos recuperando a un ritmo fuerte, pero soy profundamente optimista sobre la evolución de la economía y del mercado de empleo”. Y nada ocurrió tras esto, no oímos sirenas de emergencia ni vimos a ciudadanos mosqueados por la tomadura de pelo amenazar siquiera con el botellín de agua. A ver quién pone, en esta alarma que es la que de verdad importa, la rebeldía, la hartura, la determinación y los cojones.


El desarrollo de las cabritas. La nueva economía que nos va a salvar sigue siendo, por lo que parece, algo rodeado de moscas. Paseándonos por “lugares que tienen el sello del desarrollo sostenible”, Tecnópolis nos lleva por rutas a caballo en el Parque Natural de Sierra Nevada, nos invita a contemplar casas de piedra y barro y nos pone de remate y resumen del concepto a un viejo acariciando cabritas. Habrá que cabalgar mucho y acariciar muchas cabritas para salir de la crisis, supongo, y entonces viviremos en la tecnópolis de la Edad Media, que es adonde se dirigen, como hemos dicho ya tantas veces. Veo luego en Destino Andalucía a un “técnico de desarrollo” que, curiosamente, lo que nos muestra son sólo antiguas covachas, molinos y tinajas como morunas en San Sebastián de los Ballesteros. Es toda una hazaña que nuestro “desarrollo” haya llegado ya a contemplar pozas, aljibes, ruecas y graneros, y que un técnico en ello se maraville ante una como herrería. Cazo al vuelo, también, que en Parlamento Andaluz mencionan ciertos “nuevos cauces de investigación y experimentos en técnicas y métodos nuevos”, pero se refieren a los más recientes cursos de... ¡alfarería! Ya era hora de que llegaran tan novedosos avances para hacer botijos. Con este panorama, con este orgulloso medievalismo, con este “desarrollo sostenible” que consiste en mirarnos en postales, desevolucionar hasta la era preindustrial y volver a las matanzas de pueblo, es normal que me entre la risa floja al ver a Griñán celebrando el quinto aniversario de la Corporación Tecnológica de Andalucía, y más estando entre el público del evento Pablo Carrasco, el director de esa RTVA en la que el desarrollo de nuestra tierra huele a choto. “Andalucía avanza hacia un nuevo modelo de producción en el que el conocimiento tecnológico y la innovación son los pilares fundamentales”, decía Griñán en el informativo. Y yo me pregunto si, visto cómo nos enseñan el “desarrollo sostenible”, esa rimbombante Corporación Tecnológica se dedicará a hacer tejas o quesos o albardonería. O a acariciar cabritas, claro.


Copla cinco estrellas. He descubierto que la borrachera andaluza del otro día en el programa de María Teresa Campos no fue casualidad. La presentadora ha tomado el cetro del floclorismo macetero andaluz en la televisión nacional y tiene una sección de copla (“copla cinco estrellas”, creo que la llama) que cuela de vez en cuando para mayor gloria del jaqueteo de nuestras esencias. Lo de que ya parece Carmen Sevilla en pantuflas deja de ser broma para convertirse en verdad empírica. María Teresa Campos ha asumido ese viejo y sublime arte de aquí, el de la chochera folclórica.


Dentro y fuera. Lo ha dicho Pablo Carrasco, consejero in péctore de Atontamiento y Propaganda: “Por cada euro que entra en la RTVA, la RTVA devuelve a la sociedad una cantidad superior”. Ríanse con ganas, que la frasecita lo merece.