5 de marzo de 2007

Somos Zapping 4/03/2007

Asco de fútbol. Voy desertando del fútbol, que es la escupidera de los mafiosos y el patriotismo de los tontos de barbería. Prefiero ver cualquier otra cosa, baloncesto, béisbol, snooker, saltos de esquí, curling, lo que sea. Para volver a apreciar la belleza del deporte, que una vez congregó a los dioses en sus balcones, aprendo nuevas reglas, sigo por canchas extranjeras a jugadores que parece sijs, hamburgueseros, espeleólogos, o busco en la televisión ese sonido de piscina vacía de los pabellones donde se hacen deportes pequeños o como en el colegio, sólo con el árbitro y la novia mirando. Voy desertando del fútbol, que idiotiza y acanalla, y sólo me cruzo ya con él a veces en los bares. El fútbol es verdad que huele a sobaco del que sirve la cerveza, a periódico manchado de adobo, a rifa de un jamón, a bronca de borrachos. Sin batallas, sin héroes, el pueblo cree que los delanteros son Aquiles, que los presidentes de los clubes son reyes que cabalgan. El currito que nunca sabrá lo que es la gloria, el cateto que quiere creer que su barrio puede ser épico e imperial, hacen cada domingo una España de gallera. Piensan que van a mantener su honor en la taberna los niñatos millonarios por el campo y los chuloputas por los palcos. Pero es otra cosa. Es un negocio, un montón de dinero que se gana a costa de las frustraciones y venganzas de la plebe que saben muy bien alimentar y glorificar no sólo los clubes, sino también los medios de comunicación, que otorgan al fútbol una categoría de mundo en guerra. Y es también un altar donde imbéciles con medalla, capos con billetes, meapilas de cuello tieso, demagogos mesiánicos con busto o con babas, se ven adorados y en parihuela. Lopera, Del Nido, León, los directivos no han querido medirse la polla uno delante del otro y por eso han terminado arrastrando a una ciudad entera a esta vergüenza que ha paseado a Sevilla por todas las televisiones del planeta. Yo los desterraba, los mandaba, qué sé yo, a Minnesota, donde no hay fútbol ni Semana Santa y los idiotas fanáticos con dinero son eso sin más adornos ni encomiendas, a ser nadie. “Asco de fútbol”, han pintado en la ciudad deportiva del Betis. Sí, yo deserto.

Entrenamiento del pueblo. Una cámara con grúa hacía un traveling hacia la bandera, sonaba el himno de Andalucía, se cuadraban los pájaros, los políticos y los presentadores de las noticias de Canal Sur. El 28-F, “día grande para Andalucía” según decía Keka Conesa, celebraba los círculos quietos del mundo y echaba flores en nuestros carromatos de pobre. Cócteles, discursos, agradecidos, andaluces con guirnalda y con reverencia, maquillaje en el cielo y en las solapas. No sé qué harán cuando Andalucía salga de la cola de España, cuando haya algo que celebrar verdaderamente, y no esto que parece el fin de curso de Chaves. “La historia de la autonomía andaluza es la de un éxito”, recalcaban en Canal Sur, y el presidente como una muchacha vestida de su propia primavera volvía a abanicarse con el Estatuto del silencio y con las glorias de la nada. Pero yo me quedo con otra imagen que también destacó el informativo de La Nuestra. Para conmemorar el día, en un museo habían montado un taller para enseñar a la gente a tocar las palmas bien flamencamente. Eso, palmeros, es lo que quieren aquí; ese entrenamiento del pueblo sí que resume bien ese día, esta época, esta política.

Tópicos. Chaves lo había dicho en su discurso del 28-F, después de bendecir a sus hijos como el padrecito que se siente: hay que aumentar la autoestima andaluza para reforzar nuestra imagen en el exterior. Curiosamente, ese mismo día, antes del informativo, en un programa repetido de la serie Andalucía es su nombre, el presidente también había insistido en el mal que le ha hecho a Andalucía el tópico. Lástima que Canal Sur no haga caso. La noche del 27, una gala larguísima, hortera y enmacetada nos ponía en la televisión el escaparte de una tienda de souvernirs. Baste una imagen: el semipianista Manolo Carrasco, con casaca blanca, con ridículas ínfulas mozartianas, envilecía el instrumento con un flamenquillo marismeño y cateto mientras en el escenario con fondo de hogueras (luego fueron acuarios) bailaba una moza con un señor goyesco a caballo. Kitsch sin pudor para celebrar el día de Andalucía. Toda una declaración de principios.


Somos Zapping 25/02/2007

Artistas sin gusto. Yo iba a sacar aquí a Quintero por la entrevista a Rafael Amargo, porque en sus noches sevillanas, hechas con luz de estanque, a los artistas andaluces que lleva se les acaban transparentando hambres y abecedarios de pobre como por debajo de un traje blanco. Me interesaba Rafael Amargo, al que en Tenerife quiere linchar el pueblo capitaneado por mujeres vestidas de paraguas. Y no quería plantear yo batallas de glamur entre las murgas y Belén Esteban saliendo al escenario igual que desde la ducha de la piscina. No, lo que llama mi atención en realidad es la capacidad que tiene esta tierra nuestra para dar artistas sin gusto. Son artistas que incluso pueden ser genios en su taconeo y en su palo, pero a los que, como cegados en su toreo, se les niega cualquier otro tipo sensibilidad estética. Son artistas salvajes, unidireccionales, demediados, con un sólo músculo ejercitado como un brazo monstruoso, sin la escuela de humanismo que debe ser el arte. Rafael Amargo o Farruquito pueden incendiar una noche Nueva York sin más que enseñar la cintura, y luego montar una discoteca hortera o hacer una boda de vendedor de telas. Damos unos artistas con raza y sin poesía, con fuego y sin finura. A eso le llamarán algunos el arte del pueblo, pero a lo mejor sólo es el arte de los analfabetos. De Amargo dijeron una vez que era un bailarín ecléctico, y en una entrevista confesó que no conocía esa palabra, pero que le gustaba tanto que se la quedaba. Nuestros artistas que no conocen diccionario ni otro arte que el de su cazuela... En esa carencia o maldición pensaba yo viendo la entrevista de Quintero a Amargo. Pero pasaron otras cosas en la colina del loco. Y haciendo crítica televisiva, uno tendrá que mojarse...

El tijeretazo. A Quintero le han pisado ya para siempre los discursos libertarios como la bandera que hacía de sus pañuelos y bufandas. No es que me gustaran especialmente, pero su programa era mucho ese aullido suyo desde las azoteas, que aunque fuera pose y mala literatura, era lo que le quedaba de loco bajo la luna. Con el tijeretazo dado a la entrevista a José María García, a partir de ahora Quintero sonará como nunca a cartón. Tuve que sonreír cuando desde TVE dijeron que la entrevista se había eliminado o cortado porque “en ella no se vierten opiniones, sino insultos, ataques y descalificaciones a terceras personas”. Si en este país la televisión y la radio aplicaran verdaderamente este baremo, sin duda quedaría poco más que la publicidad. ¿Sería deseable? Depende. Siempre resulta peligroso establecer qué puede considerarse insulto, ataque y descalificación. Todavía más dañino es que el que hace un programa esté pensando en eso cuando llama a un personaje o monta una tertulia, porque es cuando la prudencia se convierte en autocensura. La comparación con la telebasura tampoco me parece de recibo: no es igual una contestación de Dinio sobre sus encamamientos que la de alguien que ha conocido de cerca los saloncitos del Poder y te los cuenta desde su punto de vista, acertando o no. Delicado asunto, en cualquier caso. Yo nunca dirigiré una cadena, pero sí puedo decir lo que hubiera hecho: yo no hubiera eliminado la entrevista. Quintero siempre ha sabido conseguir que sus invitados le mostraran las tripas, y las tripas dicen mucho de una persona. Yo prefiero ver al fanático desnudo en su fanatismo y al ingenuo cegado por su ingenuidad; a los que cargan con su verdad o su ira vaciándola allí delante y a los que mienten disimulando mal que mienten. Prefiero verlos, oírlos, y asentir o irritarme, estar de acuerdo o hasta odiarlos, y si luego tiene que venir por detrás un fiscal porque han injuriado o calumniado, que venga. El retrato ya estará hecho, y después seremos más sabios, siempre, seguro.

El ombligo de Petit. El programa ya empieza con el gran ombligo de la luna, que tiene el tamaño del de Joaquín Petit, pero nunca pensé que en sus monólogos de detective un día nos llegaría a decir que 1001 noches iba a estar dedicado al ombligo, a la metáfora del ombligo, a la tontería del ombligo. Así lo hizo. Pero en la RTVA, ombligo de la autonomía, del poder, cordón umbilical del que chupan tantos, ¿no era acaso esa dedicatoria idiota sólo una obviedad?

Somos Zapping 18/02/2007

Arrayán. He visto muchos ordenadores portátiles como manzanas sobre las mesas y las rodillas, muchos negocios y empresas, guapos de aeropuerto, guapas de congreso; he visto habitaciones de hospital individuales (!) con el logotipo del SAS en las sábanas, y hasta mecánicos que no tenían ni siquiera sucio el mono de trabajo. Arrayán es como si Andalucía toda viviera en un hotel, o al menos en su hall. Si en Los vigilantes de la playa no salía ni un viejo ni un gordo ni un feo, en Arrayán Andalucía se nos muestra acicalada y neoyorquina. Los problemas los da el éxito, ni los más pobres son pobres, todo está iluminado como las oficinas, todos llevan maletín y la sociedad no tiene más males que un jefe puñetero o un colega trepa. Nunca dudé que fuera más que un teatrillo de propaganda, con el guión vigilado por el alto Ministerio de la Verdad. Esta serie es Andalucía tal como el poder quiere que la veamos. Igual que Crónicas de un pueblo fue diseñado por el franquismo para divulgar los principios del Movimiento con sus curas y bicicletas, aquí tenemos Arrayán para meternos entre amoríos y pasillos la guapura y la modernización de esta tierra. En Médico de familia la publicidad se quedaba en el desayuno, pero aquí cada detalle, cada brillo, cada fax, cada ventanal, está pensado para servir a la imagen modélica con la que se nos engaña. Me sorprendí mucho cuando en Mejor lo hablamos llegaron una vez a interrumpir el debate para presentar la nueva temporada de la serie. Ahora se entiende como nunca, cuando sus personajes andan metiendo el referéndum del Estatuto en los diálogos. Nada en Canal Sur queda al azar. Todo obedece a un objetivo político. Atontarnos con folclore, sucesos o chistosos, hacer un Nodo de los informativos y las telenovelas. Da miedo y asco. ¿Quién puede creerlos ya?

Vista pública. Luis Mariñas, Peter MacDermott de las noticias (¿se acuerdan de Hotel?), ha ido degenerando de la información al escaparatismo de su persona hasta llegar a chófer de funeraria, que es de lo que iba el otro día, marmolizando el prime time de Canal Sur con el negro y el frío de los tanatorios y los pésames. Pensé que era otro de los cementerios con pajarracos y verdina de Paco Lobatón, pero no, Lobatón parece que por una vez no tiene nada que ver en esta nueva mesa de autopsias que nos mete en casa la televisión pública andaluza. Seguir con el hocico el rastro de los asesinatos a escopetazos, de las mujeres acuchilladas, de las patrullas policiales en las noches de las ratas, hacer un zoom cuando el familiar del muerto ya no puede hablar y llora, hipa y besa los retratos, pesar los sesos que quedaron en la acera y remover con el cucharón cada herida, cada detalle enfermizo. Vista pública se llama el vomitivo, otro más que se une a Expreso Noche en la intención de la RTVA de proporcionarle al espectador, como a un aguilucho, el curioso servicio público de mucha carne reciente y sangrienta, el único equivalente a las luchas de gladiadores que le queda al poder para entretenernos. Mariñas nos anuncia un próximo reportaje, la historia cruelmente dramatizada luego por actores de una chica que fue violada y que terminó suicidándose. Nos invita a que no nos la perdamos. “Puede pasarle a usted”, advertía. El programa es capaz aún de esa máxima impudicia que representa utilizar un drama social como la violencia contra la mujer, disfrazando de denuncia lo que es beneficio del morbo: “Cada día conocerán a una víctima de la violencia de género”, prometía. Tenemos dos programas de sucesos escabrosos, repugnantemente parecidos. Ya lo decíamos, nada queda al azar en la RTVA. Los despieces de muertos distraen, el olor a estómago abierto nos emborracha.

Cinismo malayo. Por los programas de las babas andan ya los corruptos. Ya se atrevieron con maltratadores y esto le parece a uno el paso previo a que se sienten ante Jaime Cantizano los asesinos convertidos en vedettes. Maltratar, robar, y pronto matar, como otra vía hacia la fama y los bolos, superados ya los empompamientos. Isabel García Marcos iba como vestida de impoluto cinismo en ¿Donde estás corazón? Pero peor fue el cinismo del presentador. Hacerle a la malaya reproches éticos cuando él y sus jefes se frotan las manos ante el dinero que les supone el espectáculo...

Somos Zapping 11/02/2007

Carnaval domesticado. Era pequeño, costurero, puro, libre y afilado, pero algo pasó. Algo como la decadencia de ciertas cortes, como la corrupción que trae el oro nuevo. Aquello que era el pueblo subido a su taburete empezó a dar divos, pasarelas, egos, y dinero. Lo he ido notando año tras año, como una barquita que se iba hundiendo por sus cofres. Demasiado grande, demasiado eco, demasiados intereses. El Carnaval de Cádiz se está volviendo blando, cartonero, recaudador, comodón. Y mucha culpa la tiene Canal Sur, que ha tentado con glorias y famas de pijicantantes o futbolistas a los que debían ser la voz y la conciencia de la calle, con la garganta rabiosa y el pecho abierto. Ahora hay en juego giras, contrataciones, premios que da la Junta a los piropos que menos sangre hagan, a la copla sobre Andalucía que coincida con su publirreportaje. He visto en sus letras un Carnaval que gusta de cantarse a sí mismo, pero que sale como sin dientes al Falla, que ha olvidado la crítica al poder, que cada vez mete más pichas y atardeceres, pero deja sin navajazo a los dueños de esta Andalucía domesticada como siempre. Pellizcos para el agua y para los barrios gaditanos con hechuras de novia, pero hay que atender a muchos espantapájaros tristes y a muchos caletis con barbacoa para escuchar un solo golpe, una sola valentía dándole en la cara al poder. Apenas una crítica a la medalla otorgada a la duquesa del Alba, la intención de una comparsa de ir a votar el domingo de Carnaval “con pijama y bata en el sofá”, y que sin embargo antes nos había explicado lo que era la “realidad nacional”: flamenco y poetas contrapuestos a los malayos. Peor que ver a Paz Padilla preguntarle a ese inaguantable niño del tambor cuántas rebanadas de manteca colorá se ha comido, resulta comprobar que el Carnaval está tan bien embridado. ¿Qué es el ingenio sin la rebeldía y la protesta? Pero hay que salir en los resúmenes, hay que vender cedés, hay que conseguir bolos. Hasta lo más puro se puede comprar. Canal Sur lo ha conseguido con el Carnaval.

Y no hago más na. El programa está cada día más lleno de sus pajarerías de loca, de sus mesillas de vieja, de enanos que salen de las faldas. Es ya hacer televisión revolviendo un carromato, vaciando los armarios, recogiendo chatarreros por Andalucía. María Jiménez era una artista de raza enhiesta y muslos rubios, novia de los bandoleros de España, y que tenía cuchillos envenenados en las alforjas, en los labios y en los pechos. Ahora, la televisión la ha vuelto gallinácea, pitonisa, orujera, parece la anfitriona de la última fiesta de disfraces y de borrachos que queda en la noche decadente, promiscua y desesperada. Tiene personalidad para manejar unas entrevistas que ella hace de una manera muy particular, algo así como la mitad con el guión y la otra mitad con el coño. Pero la han ido rodeando cada vez más bufones de barbería, catetos con la gracia como una mella, peste a vino en el chiste. Subidos a los abanicos y candelabros que ella les pone, los analfabetos que hacen reír por serlo o por taconearlo reinaban en ese trono de lo andaluz que monta María Jiménez ante las cámaras como su alcoba. No llegué a saber a cuento de qué venía la broma, si la performance era una cosa naïf o sencillamente palurda. Pero el otro día vi a María Jiménez con sus graciosos, disfrazados de jueces o más bien de chimpancés vestidos de jueces, ante un grupito con cajón, guitarra y monos de trabajo blancos (“Sierras andaluzas – miel”, ponía en el logotipo que llevaban en el pecho). Cantaban una coplilla sobre la idílica buena vida de un hombre que se levantaba tardecito, se tomaba sus cafés, paseaba, bareteaba, holgazaneaba... “Y no hago más ná, que no, que no”, decía el estribillo. Yo hace mucho tiempo que no le cojo ya la gracia a ese tipo del andaluz satisfecho de ser vago, menos aún cuando se canta entre olés. Pero me di cuenta de que era lo único que le faltaba al programa para ser el corral de pollos de todo lo que debería avergonzarnos.

Macabro. “La conductas violentas en las clases bajan”. Así, tal cual, comenzaba la noticia en Canal Sur. Justo cuando en Jerez nos volvía a estremecer otra brutal agresión a un profesor. Macabro hasta para La Nuestra, que ya es decir.

Somos Zapping 4/02/2007

Google en Fitur. Más que los diversos torreones, chacinas y señoritas como otra fruta de la tierra, la estampa de Fitur es sobre todo la de ese aspecto de ser transportados en bandejas que tienen allí los políticos. Concejalillos y prebostes han terminado mimetizándose con ellas y, agrupados alrededor de los stands o moviéndose por los pasillos, parecen langostinos servidos de pie. En Fitur, feria al andaluz modo que les pagamos a todos esos barandas con nuestro dinero, cambia un lema o cambia un moño de la azafata, pero poco más. Para buscar una novedad que presentar, otro cupo de turistas por cazar, la excusa anual para esa escapadita hacia un ambiente de discoteca de puretas, hay que ser imaginativo y lo que nunca falla es el recurso de las nuevas tecnologías, que es como mandar marcianos a raptar a los guiris. Parece que el pretexto de este año para llenar el AVE de toda la curia juntera ha sido más que nada una herramienta tecnológica que se llama “Andalucía en vivo”, y que no es un teletransportador, sino una simple página web con información turística. Lo molón es que, utilizando Google Earth, invento nada andaluz, se puede caer desde el espacio a la playa elegida en un segundo, cosa que les suena a magia. Pues eso, en el año 2007, una página web todavía maravilla a nuestros gobernantes y nos la enseñan en Canal Sur como si fuera una pila de fusión. Lo mejor fue la imagen de Paulino Plata mostrando en alto, igual que a un príncipe recién nacido, el móvil o PDA donde se veía la dichosa página, como si eso fuera también mérito de la Junta y no del fabricante del cacharro, de la compañía telefónica y de los motores de Internet que menean todo desde USA. Creo que les bastaría con decir que a Fitur se van de pingoneo. Total, si lo tenemos asumido. No hace falta que cojan gadgets copiados ni que se disfrazen de Merlín para impresionar al andaluz, tan analfabeto tecnológicamente que Internet le huele a azufre.

'Llamarme' a hotmail. Sumemos el analfabetismo tecnológico de aquí al otro de siempre, añadamos la cutrez televisiva propia de la tierra y la postal del paisano acodado en la barra del bar, ahíto de vinazo, dominó y fútbol, y tendremos el personaje del que se cachondearon largamente en Noche Hache para nuestra vergüenza. Se llama José Ramón, parece el panadero y tiene en Televisión Costa de la Luz, cadena roteña, un programa sostenido por sus delirios solitarios, ingenuos y camperos sobre el mundo del corazón, o eso pretende. En principio surge la duda de si el programa se ha planeado en serio o de cachondeo, pero luego concluyo que esa capacidad para resultar ridículo de una manera tan natural es imposible de fingir. Las televisiones locales son, ciertamente, el museo antropológico de lo que somos. Baste este ejemplo del tal José Ramón informando a la audiencia de su correo electrónico (me he ahorrado poner todos los sic): “Pa que la gente me quieran escribir o quieran saber algo mío, nada menos que tienen que hacer, llamar o escribir a joseramonconcorazon@hotmail.com, es mi..., mi... lo de Internet, mi número de esto para Internet, y quien quiera llamarme, aquí estáis...” . Y la gente lo “llamó” a hotmail, concretamente un tal Maguila, a quien le dijo esto: “Ahora no caigo quien es, pero me gustaría, a ver si un día quedo contigo... Yo paro en el bar Los Siete, allí puedes verme todos los días cuando tú quieras”. Ni “llamar” a hotmail ni messenger ni nada: que vaya al bar donde para. Maravilloso cómo ha cambiado la segunda o tercera modernización esta Andalucía.

Caballos. Los caballos, guapos animales guardiamarinas, y ese mundo alrededor suyo como de peluqueros o lanceros de una raza. Me pregunto, viendo en Espejo público (Antena 3) un reportaje sobre un espectáculo de la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre en la Plaza Mayor de Madrid, por qué no los soporto. “Caballo y caballero, tándem inseparable, una comunión que se pierde en el tiempo, en las faenas del campo, en el apartado de las reses”, dice la voz en off. Y creo que ya lo sé. Dehesas y garrochas, caballos y jinetes, los señoritos que dejaron pudrirse a Andalucía, que la apartaron de la industrialización para tener mano de obra barata y seguir montando jacas. Sí, por eso no los soporto.

29 de enero de 2007

Somos Zapping 28/01/2007

Bienvenidos. Yo era demasiado joven para el rocanrol, pero fue el primer disco que tuve. En realidad, ni siquiera era disco, sino una cassette naranja que me trajeron de regalo desde Madrid con perfume de movidón y carabanchelería. A mis doce años, aquel Rock & Ríos sonaba como un tren de dinamita y aplausos, y Miguel Ríos, jefe como de una caravana de músicos electricistas o cañoneros, se me hizo ídolo. Ha vuelto Miguel Ríos a la televisión, con la calavera viva de todos los roqueros, refundido con el metal negro de la chupa, y uno agradece el viejo magisterio de los profetas del rock, que ya parecen bibliotecarios, entre tanto niñateo de playa y tanta guitarrita lacia, entre los zapatones canis y los percheros de detective que en 1001 músicas nos sacaban Joaquín Petit, David de María, Las Niñas o el que colgara el abrigo. Buenas noches, bienvenidos (Canal 2 Andalucía) es un programa de concepto ambicioso, arriesgado, que baraja una música más cuidada que en otros espacios con un rato de humor de teatro, otro de oenegé, otro de ciencia, otro de poesía, otro de arte. Todo esto suma una enciclopedia a veces interesante y a veces no tanto, a la que se le pueden criticar ciertos guiños de etnocentrismo (“hijos de Al-Andalus”, nos saludó el roquero) y hasta un poco de propaganda autonómica que se atraviesa. Por ejemplo, para presentar la sección social de José Chamizo, Miguel Ríos se refirió a la “voz que mejor conoce el lado menos opulento y feliz de una comunidad que en los últimos años ha conocido avances sociales importantes”. Ni tanta opulencia ni tanta felicidad, diría yo. Hasta el reportaje elegido, sobre los sin techo, quedaba con aire como neoyorquino, un poco como si aquí la gente o viviera en los parques o fuera rica entre rascacielos, cosa que no ocurre en Andalucía. Fue algo infantil la sección de ciencia, explicando el ADN como en CSI; fue endeblón el humor y fue saludable para la televisión la poesía de Luis García Montero, que últimamente anda muy repetido por Canal Sur haciendo versos del Estatuto más que otra cosa (es un buen poeta y no vamos a pensar que le dan focos para sus poemas de verdad a cambio de los otros poemas que gustan al poder). Aun con estos peros, a los abuelazos del rock & roll, bienvenidos. Los echábamos de menos entre tonadillas, aserejés, raperos y babas de saxofón.

Qué arte. Hay en ver a los famosos en la pista de baile una curiosidad como de verlos en un cuarto de baño muy grande, por eso Mira quién baila agrada a cierto tipo de telespectadores que gustan de sentirse apabullados de culos y resbalones ajenos. Curiosamente, murcianos, aragoneses o extremeños pasan por el programa sin dejar más que su pierna o su lengua fuera, brillantísimas como el suelo, pero en cambio, los andaluces, ay, siempre añaden su flor y provocan la caricia racial del jurado o de la presentadora. Carmen Janeiro se excusó por sus torpes meneos ya que ella viene “del campo”, y provocó que Anne Igartiburu soltara un “¿por qué será que los andaluces tienen tanta gracia?”. El Linterna bailó hip-hop, se crucificó de catetismo al afirmar que él era de Alhaurín de la Torre, “el mejor pueblo del mundo”, y la rubia aplaudió rendida: “qué arte, qué arte, qué arte”. Sí, el arte nos persigue casi tanto como la vergüenza.

Lo mismo. Con lunas en su nombre o con ojos de un animalillo u otro, Quintero hace siempre el mismo programa. Entrevistas nariz con nariz que resultan reveladoras, sentidas o quirúrgicas, más esa insoportable manía de hacer una filosofía de insomne y de quijote, con literatura mala a pesar de la gravedad, que ya cansa por repetida o por posada. Llevó a un andaluz (Banderas) con guri y con tortilla, y a otro (Farruquito) que me sigue pareciendo un niñato aun en sus atormentadas contriciones. Decidí que me aburría.

Muy suyo. Tapabocas de la Junta Electoral a la campaña del referéndum del Estatuto. El lema “muy nuestro” les ha parecido muy suyo y Andy & Lucas y demás van a tener que buscarse otra coletilla, que podría ser “ojú, quillo”, cosa tan andaluza como sus otros empeños salvadores. Pero tampoco importa mucho. Sigue estando la radiotelevisión pública andaluza para hacerles la campaña con toda su trompetería.

Somos Zapping 21/01/2007

La idiosincrasia de la lechuga. Hay algo que se olvidó en el Estatuto andaluz, algo que no encuentro entre su numismática de civilizaciones y afluentes, entre la albardonería de nuestra cultura. Se les pasó un artículo que fuera más o menos así: “Corresponde a la Comunidad Autónoma la competencia exclusiva en materia de conocimiento, conservación, investigación, formación, promoción y difusión de nuestras formas idiosincrásicas de sexualidad como elementos singulares del patrimonio cultural andaluz”. Hay una idiosincrasia sexual andaluza que consiste en rozones a la sombra de los pinos a lo María del Monte, polvos del camino, desparramamientos en los humedales y otras posturas con los botos puestos, el culo en los poyetes, la medalla enredada y el vino por la espalda. No sé cómo la Junta no ha creado todavía una Agencia de Protección del Polvo Autóctono, monumentalidad de aljibe de nuestra naturaleza caliente. De momento, es la Juani, una chica bastota o botijera con una libido que uno se imagina como de pan de pueblo, la que se encarga de esto ante la falta de interés de la Administración. A la Juani, Jesulín de Ubrique le hizo una vez la lechuga, eso de subirle el traje de gitana hasta la cabeza para aliñársela como la escarola que queda. Ahora, la posturita, digna de toda una flamencología del casquete, ha vuelto a la actualidad a través del dichoso polígrafo. Gracias al programa de Telecinco A tu lado, que Gemma García conduce con su cara de haber sido electrocutada en la peluquería, y a esa maquinita que rasca tan bien los bajos, sabemos que aquel cuadro fue verdad. Bueno, al menos hay bastante probabilidad, porque en Sexto sentido (La Sexta) hemos descubierto a un curioso personaje, un tal M. Ángel Gallardo, criminólogo que parece que se interpreta a sí mismo en Ley y orden, un tipo que es como la sublimación de esos seguratas que hablan en esdrújulo (quería ir de culto y sacó hasta a Otelo y Desdémona en la entrevista), y que duda mucho del cacharrito porque los agentes dobles se entrenan para pasarlo. Como uno no ve a la Juani en plan espía que surgió tras una cepa, creo que podemos afirmar que un nuevo hito cultural andaluz acompañará ya a la museística de lo nuestro. Somos alegres y frescos en la fiesta, en la pena, en la borrachera y en las camas que sacamos a la cuadra o a la huerta. Un día, un verdadero Estatuto que articule bien nuestra esencia lo reflejará y estaremos completos.

Viazé un referente. El Estatuto ha estallado en los medios públicos andaluces, pero eso lo veremos con más detalle a partir de mañana (el zafarrancho se merece columnas especiales). Sin embargo, llevamos un tiempo notando las banderas de nuestros padres y la gloria de nuestros especialísimos perfumes en espacios más o menos embozados por Canal Sur. Ya mencionamos ese programa, Andalucía es su nombre, que versifica o pancartea todo esto, y el viernes alcancé a ver el final de otro, Palabra del sur, que parece que va de mostrarnos los geranios de nuestros decires, acentos y dignidades lingüísticas. No hay nada que pueda llamarse andaluz como idioma, ni siquiera como dialecto o habla, pues hay muchos diferentes por aquí. Pero ya se sabe que, puestos a buscar esencialismos y sustentos culturales a las verdades políticas, la lengua es objetivo principal. Si no la hay, se inventa. Y si no hay unidad, se acentúa la diversidad. El caso es tener un diccionario flotando al sol de la “realidad nacional” como una pandorga. El reportaje que vi incidía en los medios de comunicación como referentes de la lengua y muchos periodistas de la casa hacían rizos con la belleza y la nobleza de todas las modalidades del andaluz. Uno de ellos, Ángel Gámez, se dejó caer con esta cosa tan democrática y ecualizadora: “Yo no creo que la gente se tenga que fijar en los medios de comunicación para hablar, yo creo que la gente tiene que hablar por sí; nosotros deberíamos ser los que nos fijáramos en la gente para hablar nosotros”. Sí, que los periodistas aprendan del Koala. Teh qui' puí, home...

Suma y sigue. Ahora, en Alhaurín el Grande. La peste de la corrupción vuelve a abochornarnos en los noticiarios. ¿Harán algo por fin nuestros legisladores, o esperarán a que el pueblo harto saque las guillotinas a la plaza?

15 de enero de 2007

Somos Zapping 14/01/2007

Armas arrojadizas. Quien quiera hoy guantes blancos y buenas maneras en la mesa, que se aleje de la política. Esto es la guerra desde que por Atocha pasó el Diablo como un armadillo de hierro, fuego y odio. Los muertos de carne trajeron otros tras los pisapapeles del poder y hay juramentos de venganza y aniquilación entre ellos bajo la luna gitana de España, rodaja de sangre. Por eso tuve que sonreír al escuchar en las noticias de la semana dos llamamientos, de Chaves y de Zarrías, a no usar como “arma arrojadiza” tal o cual asuntillo. Cuando la política quiere llegar al hueso del otro, cuando arden los taxis en mañanas de arrebato y se levantan los viejos fusilados para devolver las balas y los dientes arrancados, lo que extraña es que queden adoquines en las plazas y los diputados no lleven estoque en el bastón. Chaves hablaba de la fecha del referéndum del Estatuto, el 18 de febrero, “una fecha que quedará para siempre en el calendario de la autonomía andaluza”, según el verbo apostólico que usa Canal Sur en estos casos, e invitaba a que el resultado “no se convierta en arma arrojadiza entre partidos”. Zarrías, que hacía apostillas de esa conferencia de presidentes autonómicos con aires de museo de cera, tampoco quería que se utilizara como “arma arrojadiza” el agua que se guardan o se tragan las regiones, cuando aquí se están trasvasando hasta lágrimas de viudas. Demasiado tarde. Han volado ataúdes, traiciones, patrias, todos los sellos y esquelas de Franco, todos los gorros frigios de los guillotinados. Lo de menos es que vuelen librillos y botijos. Quien quiera hoy paz y deporte, que se aleje de la política. Cierto, sucio y triste.

Es el sol. Parece que el andaluz con guitarra tiene que acabar siempre como un mexicano en una tapia. Se pone él mismo, o los que lo presentan o entrevistan en televisión, pero llega con la silueta hecha al tópico y acaba estampado en la pared con sus corcheas como moscas. El jerezano David DeMaría es uno de esos cantantes que con una guitarra floja ponen igual de flojas a las niñas del lugar, y eso le hace muy artista. Escribe canciones con letras de carpeta de instituto y compone una música de tristeza en su cuarto después de una pelea con la novia en el vespino, pero debe de ser un valor indiscutible de esta tierra porque hasta lo pusieron a presentar en Canal 2 Andalucía, en esas noches como musicalizadas de porros canis y gatos bajistas. El otro día lo llevaron a Espejo público, el programa mañanero de Antena 3, para halagarlo por la esencia de su provincia, que da tanto músico con pulserita y tanta vocación de cantar en la playa a las muchachas. “Es nuestra cultura”, decía él, que son las cosas que nos hacen quedar como una troupe. “Es el sol”, decía una colaboradora gallega. “Anteponemos la calidad de vida”, remataba el cantante, terminando de acomodar la espalda en la tapia. Pues eso, somos los juglares del amor, somos los cantores de la vida con mendrugo, somos el vino del solitario como en aquel poema de Baudelaire, somos una raza agarrada a las harpas y esto es lo que exportamos como único perfume, lo que dan el sol y la tierra de aquí para que luego se tire en los cojines de la televisión como haría un emperador de la artisticidad. Ahora hemos tenido que soportar un programa nefasto lleno de máscaras y pianos de plástico que intenta que no se vuelva a repetir la enojosa vergüenza que para algunos han supuesto los últimos fracasos en Eurovisión, tan puramente andaluces: Las Ketchup, Son de sol, otras muestras de “nuestra cultura”, el producto más feliz de ese “anteponer la calidad de vida”, seguramente. Pero eso es una antigua estafa, aquí no somos más artistas por parecer vagos ni más cíngaros por bebernos la alegría con el hambre. Aunque David DeMaría parezca debérselo todo a esto.

El sello. El primer plano de unos hematomas igual que el detalle de unos valles de Marte, una cámara movediza detrás de policías como poceros de la madrugada, la satisfacción en el morbo de lo más sucio que encontraban por la calle... Lo supe, antes de ver su nombre. Expreso noche, programa que emite Canal Sur como a la hora del asco, tiene de productor ejecutivo a Paco Lobatón. Su sello, el olor de la carne frita, de la basura meneada, de la infección metida por los ojos, lo delataba.

8 de enero de 2007

Somos Zapping 7/01/2007

Discursos. Parecen siempre señores embarazados, contándonos sus cosas en el saloncito, y suenan igual que colocar la vajilla y encender velas. El Rey y Chaves, en una noche cristianizada de infantitas o en otra en que la calle ya se va preparando como para la fiesta de un transatlántico, hablan redondeces, cantan recitativos y sacuden tapices. Lo del Rey nunca he podido entenderlo. Veo dos posibilidades, a cual peor: o habla en nombre del Estado, lo que veo imposible porque el Estado es una ficción jurídica que no tiene opiniones ni manda crismas; o bien habla por él, y entonces se está sacralizando el parecer de “un particular”, como dice Sabina. Los presidentes autonómicos sí que hablan en el brindis de su propaganda y por eso bajar por la chimenea a hacer el recuento glorioso del año les infla mucho los mofletes. Chaves empezó su discurso con un pésame y continuó como una miss, con la paz en la Tierra y los paseos que le ha dado él a Andalucía por los salones y mapamundis de la ONU para el bien de los pueblos. Luego, siguió con esta nuestra “sociedad que se moderniza a pasos agigantados” y, cómo no, con la varita mágica del Estatuto. Ejemplar fue esa frase que nos decía: “Cuando seamos llamados a las urnas, nadie, por ninguna razón, debería sentirse tentado de negar su apoyo a Andalucía y a sus intereses generales”. Sí, nadie debería sentirse tentado de votar lo que él no quiere, a ver qué es eso de la libertad y de la democracia. Jóvenes en vivero, mujeres dolorosas y viejitos en su cabaña le sirvieron para terminar su pastel en el que se colaron cosas como “formentar (sic) el diálogo”, “remomover (sic) los obstáculos” o, hablando de la juventud, “aportar a Andalucía todo el caudal de iniciativas y capacidad que atesoro (¡sic!)”. Algo como el pavo muerto de todos los años, algo como la abuela en la butaca, algo como hablar de una nieve que no vemos. A mí estos discursos no me dieron ni banda sonora ni hambre ni esperanza.

Campanadas de corrupción. Es el leitmotiv nacional, la inspiración de todos los chistosos, nuestra mayor vergüenza en un cabaret. La corrupción, claro. Para sus gracias de calcetín, Los Morancos eligieron un supuesto Hotel Malaya y, aparte de la mediocridad del intento, sí había en esa Omaíta con maleta playera algo así como el viaje de todo un país desde la inocencia hasta una cárcel con guardia de tebeo que nos resume. En Nochevieja, también Cruz y Raya montaron un musical con la corrupción, en el que las bolsas de basura con dinero pasaban de un sketch a otro con gesto de rugby. Hacían gimnasia y villancicos con las recalificaciones y todos los concejales de las parodias se parecían a alguno de nuestro pueblo. Esa ponchera que es Nochevieja en televisión suele siempre recoger muy gráficamente la sustancia del año y uno recuerda esas fiestas, ahora desenlatadas por Hermida, en las que se cantaba al IVA, en las que el escándalo era la teta embuchada de Sabrina y para reír había que recurrir al tema de una empanadilla. Todo eso parece ahora melancolía, ingenuidad y trapo como los muñecos de Mari Carmen. En estos tiempos, es el trinque urbanístico al ibérico modo lo que nos da las campanadas y pone título no sólo a los especiales del año, sino a toda España. Hará época y se recordará para siempre, como aquel chocho con alitas de Ciciolina.

El vals fino. El concierto de Año Nuevo, otra vez, sacó de sus lagos a los cisnes más empalagosos y de sus coches a las señoras con más collares. El único Strauss que me gusta es Richard y esta otra familia de valses, polcas y loza me lleva con grima hacia los rizos de Sissi. Prefiero el Vals triste de Sibelius y otros que andan por ahí embozados, como en la Sinfonía Fantástica de Berlioz o en la Octava de Dvorak, al pony musical del Danubio azul. Y esto, a pesar de que me lo traiga Zubin Mehta, aunque mi favorito es Harnoncourt. Pero, ay, el vals vienés, esa fantasía de campesinos... Por eso hasta en La buena gente han puesto a parejas de jubilados a bailarlos, sonando, eso sí, a teclado de los de cabra y trompeta. En Canal Sur no saben el término medio entre lo hortera y lo decadente. Antonia Moreno lo expresó muy bien: “Yo siempre he visto el vals como algo tan lejano a mí, tan fino...”. Pues eso, a seguir queriendo ser finos, que vais bien.

Somos Zapping 31/12/2006

Navidad en Canal Sur. La televisión en Navidad acumula sus postizos, extiende sus desiertos, atraviesa sus roscos en la noche, suelta a sus pastores cagones y a sus borrachos encintados. Entran ganas de asesinar a los muñecos de nieve y a los guionistas de Canal Sur, de fumigar a los triunfitos y a los presentadores, de echar la televisión a la chimenea para que arda como el tocón que es. Veo en la Nochebuena de La Nuestra el mismo teatrillo de colegio de siempre, con sus diálogos infames y una gracia de pies en la mesa. Santi Rodríguez pretende ser una novedad, pero sólo es un bigote como con nata entre otras voces de pito y unos chistes que vienen de su chacina mental. Veo a Ismael Beiro disfrazado de botones o de polvorón, veo el baratillo del artisteo, Son de Sol ya con pelusa en los ombligos, el insufrible Arrebato que parece que está allí siempre encalando los platós. Veo a María Jiménez que forma una conga en su programa especial, con una cabeza que se ha puesto ella entre Tina Turner, medusa y helecho; la veo en un belén de chistosos, con peces mariquitas, con lavanderas como aquella señora que presentaba la lejía Tres Sietes, con reyes magos con las babuchas por debajo de la túnica; la veo invitando a Josemi Rodríguez-Sieiro, ese hombre que va como de doctorado en casitas de muñecas, a que nos enseñe a los catetos de por aquí cómo se usan los cubiertos y cómo se come con la boca cerrada. Veo a Paz Padilla en un engendro que han llamado Nos vamos de fiesta, con el decadente Arévalo, convertido ya en desecho de casino, queriendo hacer de tenor; la veo presentar con orgullo a Carmen Janeiro, que canta por primera vez en televisión y lo hace con un playback muy retocado, atiborrado de filtros, envolventes, reverberaciones y voces superpuestas, hasta hacer parecer que su versión de aquel “Bailando” de Alaska llega desde dentro de un fregadero. Esa Navidad de Canal Sur que nos presenta Rosa, eterna niña chica a la que le han dado ahora un cuerpo de guerrera amazona, esa Navidad de momias en serpentinas, borrachera de vieja y pajes con botijo. Y yo apago la televisión, antes de que le contagie al turrón sus sabor a barreduras.

Epopeya. Hay unos guionistas de cámara y unos enciclopedistas de la épica o la miseria andaluza que están elaborando unos muy educativos reportajes desagraviadores y cantores de esta tierra, por cierto, narrados con un bello acento andaluz que no vemos casi nunca en Canal Sur, pero que a veces, cuando pega con la hagiografía o con el llanto, es un buen recurso. La serie se llama Andalucía es su nombre y, según leo en la programación, su objetivo es “reflejar la identidad de los andaluces y su capacidad para construir su realidad social y política”. El escepticismo me hace sonreír porque con la miseria de Andalucía, con el tráfico de sus lágrimas de pan duro, han hecho su trono los políticos de aquí y cuando recurren a la epopeya regional, al 28-F y al guerrillerismo de este pueblo tirando sus alpargatas, suele ser para infiltrar su patronazgo en el asunto, para identificarse con el heroísmo de todas esas églogas, para vendernos el jardín que ellos trajeron después de una travesía del desierto y, finalmente, pedirnos un voto identitario y salvador en honor de los mártires y los romances de nuestra sufrida tierra. El episodio que vi trataba de explicarnos que no somos vagos y en ello insistían muchos políticos e historiadores. Cierto, y uno añadiría que los verdaderos vagos e indolentes de Andalucía han sido los señoritos, los terratenientes, los latifundistas, ésos a los que la Junta todavía concede medallas. Pero, sin embargo, no puedo dejar de ver, en esos tópicos injustos y dolorosos que soportamos, casi el mismo pecado que en los gloriosos esencialismos comuneros y mosaicos que esta serie parece querer trasladar quizá porque ahora (seamos maliciosos) conviene para hacernos guapo y rescatador el nuevo Estatuto. La lucha de esta tierra, que sigue pobre y en barbecho, no ha terminado con el logro de la Autonomía. Más aún, su ensillonado y eternal gobierno sigue teniendo la culpa de un atraso que nos quieren borrar hablando de la Expo y de los invernaderos de Almería en contraposición a un pasado negro y orteguiano. La serie, en fin, parece hecha desde la cima de una montaña a la que no hemos llegado. Aún así, nos la venden. Aún así, la poetizan en Canal Sur, cómo no, los mismos de siempre y para lo mismo de siempre.

Somos Zapping 24/12/2006

Se armó el Belén. Ha querido la casualidad o la ironía que Canal Sur programe en estas fiestas esa película de Paco Martínez Soria que era como una revisión lechera de la Natividad, justo cuando en Mijas hemos estado asistiendo a un ruidoso motín contra los borriquitos, los ríos de celofán y los Jesusitos de hojaldre que nos ha ido avergonzando por los noticiarios nacionales. Yo he defendido muchas veces la laicidad como la única manera de garantizar en un Estado la auténtica libertad de conciencia y la no discriminación ideológica, pero hay unos corsarios de la cosa, unos violadores de portales y unos arremangasantos que parecen empeñados en hacer que esta bella y justa idea parezca la gamberrada que tira los juguetes a los niños y se caga en las pilas del agua bendita. No creo que en un colegio público los símbolos religiosos deban presidir las aulas ni guardar las esquinitas de la moral, pero tirar el trabajo navideño de una clase de religión católica que se limitaba a panificar un poco un rinconcito, me parece esperpéntico y salvaje como quemar los abetos o pinchar los muñecos hinchables de Papá Noel, que también ha salido en la tele algo así por el extranjero. La tolerancia no puede administrarse nunca a través del odio y eso, odio y mala baba, es lo que ha demostrado esa directora que ha podrido la verdadera laicidad haciéndola una pira y un abordaje.

Bendita catetada. No dejamos los belenes, que hacen una guerra de peines y escobas por un sitio y una guerra de aldeanismos por otro. Hay una simpleza tierna y una sentimentalidad ñoña en ciertos apadrinamientos de pueblo que amantillan para sí los símbolos religiosos y en los que Andalucía es campeona hasta el ridículo. Un niño judío se puede llamar Manué, el mismo de adulto puede convertirse en un Cristo gitano, Sevilla puede ser la tierra de María Santísima tan lejos de Palestina y así otros muchos trasplantes de corte cateto que traducen los cielos en la barriada. En Andalucía Directo nos han empachado de belenes, y si en uno la torre más famosa de la ciudad se metía en el nacimiento “como pudiera haber sido en esa época” (en Judea, suponemos), en otro, precisamente en Mijas, se hacía que María y José se casaran en la ermita de allí, lo cual parece que les produce una paleta satisfacción evangélica y una alegría empanada de hacer celestial su vecindario. Ha causado mucha risa la intención que tienen algunos en Polonia de nombrar a Jesucristo rey del país, pero aquí donde los cristos son hinchas de los equipos de fútbol, las vírgenes generalas de la banda, los Jesusitos palmeros o confiteros del lugar y los nacimientos maquetas de la plaza, en esas ridiculeces no nos van a ganar nunca.

Espejo madrileño. Me encuentro de nuevo con la polémica del belén de Mijas, pero esta vez en la televisión autonómica madrileña, lo cual me da la idea para un ejercicio de simetría especular en esta columna. Y es que los males de las televisiones públicas no son un cocido que se inventen Zarrías y Rafael Camacho, sino que Tele Chaves tiene su contrapunto en Tele Espe y eso significa que nos encontramos condenados a la manipulación de la partitocracia estemos donde estemos. A Curry Valenzuela no tengo dificultad en imaginarla con el bigote invertido de Tom Martín Benítez y los informativos son iguales que aquí pero también dados la vuelta. La reforma de la RTVA va a esperar a que les de tiempo de guapear la campaña de las municipales, pero en Telemadrid yo creo que ni se plantean reformas. Todo parece que funciona como Dios manda.

Risa inolvidable. La imagen de tu vida ha sido una bonita pinacoteca de la nostalgia presentada impecable y elegantemente por Jesús Hermida, que por algo es el astronauta de nuestro periodismo, y en la que Andalucía también ha terminado con premio, si se puede llamar premio. Nada menos que en el puesto 29 de las imágenes más votadas quedó la inolvidable secuencia de un Parlamento andaluz en medio de un ataque de risa. Comentaba Carlos Herrera que al menos ese día los parlamentarios habían parecido vivos. Pero ya ven, otra vez somos recordados por el cachondeíto. Para variar.

Somos Zapping 17/12/2006

Pedigüeños. Hay una máquina del dinero que está siempre fuera de Andalucía y parece que nuestra misión es esperar que mande las monedas rodando por una cuesta o que las haga llover de los cielos azafatos de Europa, de la cohesión interterritorial, de la solidaridad regional o de cualquier otro bolsillo altísimo y forastero. Es la economía de la menesterosidad o del tragabolas, que contradice de manera fundamental las sucesivas modernizaciones que nos vende la Junta como si nos manteara con nuestros pobres números. La Andalucía imparable, al máximo, o con sus otras metáforas ferroviarias o velocípedas, se deshace nada más pensar en esta postura de mimo que no perdemos, con la mano extendida y esa pena de que se nos han escapado históricamente todos los globos. Sin embargo, nuestros gobernantes no parecen darse cuenta y todavía nos presentan estos regalos o propinillas del mundo rico como logro, en vez de como fracaso. Con un fondo de viveros floreados, palas excavadoras, generadores eólicos y torres de alta tensión, que es en lo que por lo visto se nos refunde este dinero, el informativo de Canal Sur nos contaba que recibiremos de la Unión Europea más de 12.000 millones de euros, “664 millones más que en el marco comunitario vigente”. Lo mejor es que, a pesar de esto, el consejero de Economía, José Antonio Griñán, nos anunciaba en la noticia, y también en una de esas entrevistas con alfombra y chambelán que hace Canal Sur por las mañanas, que Andalucía “depende cada vez menos de los fondos europeos”. O sea, que si Europa nos da más dinero es porque aquí cada vez hace falta menos. Tendremos que concluir que la Unión Europea anda loca o borracha de billetes o que la Junta se lava con paradojas las vergüenzas del pedigüeño.

El hombre rana. Si la economía de la boca abierta es uno de nuestros signos, otro no menos significativo resulta la economía sumergida, las cajas B, el dinero en los colchones y ese hospicio en el que viven los billetes de 500 euros. Las facturas son literatura, las cuentas una brisca y nada menos que el 21,7% del PIB andaluz de 1980 a 2000 fue negro según un estudio del Consejo Económico y Social de Andalucía. Menos mal que nuestros gobernantes son espabilados y han encontrado la manera de acabar con esta lacra: asustarnos con un hombre rana. El anuncio de la Junta pone a un hombre rana por las calles llevando un paquete con aire de foca, y yo creo que la gente, por no verse asfixiada, acangrejada, arponeada, entubada, lastrada y fea con gafas, va enseguida a darse de alta en todo, a respetar el IVA como al padre, a desenterrar sus billetes sucios y a presentarse contritos en Hacienda a millares. Lo que no son capaces de hacer inspectores, sanciones, leyes, lo hará sin duda ese submarinista que sufre hacia dentro y les dice a los defraudadores que no los van a querer los demás pececitos y que vivir así es muy triste. “Quítate un peso de encima” es el eslogan, que quizá se podría adaptar a otros anuncios para acabar de una vez con corruptos, ladrones y hasta asesinos. Nada mejor que confiar en la buena voluntad de las personas para terminar con el delito y la mangancia. Más le valdría a la administración poner más ganas en pescar a esos hombres rana de la economía sumergida, en vez de gastar el dinero en una publicidad para asustar a los pulpos.

Verdad. No hay palabra más obscena en un político que “verdad”. Y pocas cosas que apesten tanto como un político premiando esa verdad. Quizá, solamente, un periodista recibiendo ese premio. Los políticos no quieren verdad, sino sumisión, peloteo, palmas y églogas a su propaganda. Por eso sus medallas huelen a toalla de bidé. Canal Sur daba la noticia de la entrega de los Premios Andalucía de Periodismo, donde para llegar hay que gustar al poder hasta que te bese en la boca, y Chaves hablaba del “buen periodismo” como “una tarea vinculada directamente a la verdad”. Sí, de ahí que suela haber tantos premiados de la RTVA, que es el mismísimo Ministerio de la Verdad orwelliano. Que Chaves arremeta después contra la prensa incómoda es un halago. Ladran, luego cabalgamos.

11 de diciembre de 2006

Somos Zapping 10/12/2006

Explorando. Nuestro presidente Chaves visita mucho los cocoteros, las misiones y las cancillerías del mundo y siempre se trae algo bueno de un dictador o de una fábrica, algo que no sabemos bien qué es pero que en Canal Sur brilla como el mapa de un tesoro. De aquello de Finlandia pretendieron venir con algo así como una tecnología mentolada, de Cuba volvieron con besos de negritos y alma de sahib, de un México almanaqueado de literatura y gorroneo parece que han conseguido tinta y papel para culturizar toda Andalucía, y de Marruecos lo que se suele traer es un buen rollo de tetería entre aquel régimen corrupto y esta autonomía donde la cosa moruna les adorna mucho la multiculturalidad y los palacios. Chaves se ha ido otra vez a Marruecos, la tercera este año, a inaugurar un museo o a encender una lámpara, pero aquí somos tan catetos que enseguida nos da por criticar la mundología, la diplomacia y todos los Ferrero Roché que se comen por ahí por nuestro bien. Si Andalucía es universal, crisol de culturas y cuna de civilizaciones, todo esto es normal, saludable y elegante, y hace que esta tierra tenga presencia, caché y sepa poner los cubiertos de la política y la cultura en su sitio. Y es que el verdadero andaluz, ciudadano del planeta, humanista con canastilla, donde mejor ejerce la universalidad de su esencia, es en el extranjero. Menos mal que Chaves nos ilustra en el cosmopolitismo, igual que Isabel Pantoja cuando se va a Rusia a comerse el clavel de su corazón. O el grupo Siempre así (esos rancios macerados en vinito, dirán los malos andaluces) que salían en las noticias por Senegal, poniéndole coros africanos a su música de zambombada. Toda esta misión civilizatoria, todas estas andancias de explorador, toda esta clase del viajado que nos demuestran, ya ven, insisten en denostarlas una tropa de pueblerinos. Qué catetada sí, mientras nuestros políticos e iconos culturales nos enseñan cómo debe ser la gente de mundo, con ese perfume de jet lag y duty free salvándonos del etnocentrismo y del patinillo. Menos mal.

Medallas al cinismo. La imagen de Sandokán condecorado en Benalmádena ponía tigres de mierda y escayola en las noticias de Canal Sur. Que los corruptos son salvadores, que los mangantes son filántropos, que cierta gente no viene aquí a forrarse y a emputecer la democracia, sino a dar trabajo, es una especie de teoría siciliana del negocio que pone los pelos de punta. Así se instalan las mafias aquí, sabiendo que como mucho les dedicarán un brindis. Pero la culpa es de los políticos venales y mecedores de todo esto, sin cuyo silencio y guardarropía no sería posible esta primavera de corrupción que sufrimos. Todavía, en la semana televisiva, hemos tenido que soportar otra vez la vergüenza del hotel de El Algarrobico, defendido aún por su promotor y por un teniente de alcalde de Carboneras ante el amazonismo fiero de Mercedes Milá en su programa Diario de...Atentos a las palabras del promotor de ese mazacote obsceno en mitad del Parque del Cabo de Gata: “El hotel está orientado a servir de equipamiento para el Parque Natural, es un complemento al Parque Natural, para visitantes, congresos, convenciones (...), con amplios salones mirando al mar que son un sitio ideal para estudiar el Parque, el desarrollo, la evolución...”. La cara y el cinismo, eso es lo que se lleva las medallas por aquí. Que vayan haciendo cola los merecedores de tales honores...

Superación. Es un concurso de cubazos por la calle, de comer pelusa o de despelotarse por dinero que hace un tour por las ciudades andaluzas, que parecen siempre hambrientas de billetes o desconocedoras de sus colores, pues los miran como a exóticas rupias. No sé si resulta más triste la complacencia con que la gente se degrada y tortura o el comprobar que suele salir bastante barato que el andaluz se preste a eso. No digas no se llama la cosa que presenta Ismael Beiro y que convierte a todos en menesterosos y en bufones, que tampoco es algo muy desacostumbrado aquí. Al menos parece que el programa tiene asumido su papel, pues el otro día les pareció simpático recibirnos con este rótulo: “Si la semana pasada sentiste vergüenza, repugnancia (...), prepárate para sentir aún más...”. Loable espíritu de superación el de de la televisión pública andaluza.

Somos Zapping 3/12/2006

Que vuelvan las Mamachicho. En las tardes en que la televisión pone sus bragas sobre almohadones, veo algo así como la hospitalización o la agrimensura de los polvos, humedades y apretones de culo de varias rubias que parecen la misma. Una sevillana de algún Gran Hermano, otra con pinta de espía con ladillas… Las preguntas que les hacen siempre son si se acostaron o se calentaron con tales o cuales chulimindundis del gremio. El invento no es nuevo, pero sí la insistencia, la repetición, la insignificancia de la tropa y ese apuntar a sus bajos con precio puesto. En Antena 3 lo llaman polígrafo, en Telecinco detector, y en el simpático e imprescindible Sé lo que hicisteis la última semana, Patricia Conde propone llamarlo “pillamentiras”. Es el último gadget que está electrificando los ojetes de esta gentucilla impulsada a la fama por la ambición de las cadenas y que hace que, de repente, las Mamachicho me parezcan un tierno recuerdo, una frutería inocente. Durante esos poligráficos empompamientos concluí que la televisión había tocado fondo definitivamente, pero pronto me di cuenta de que podía ser peor. Bastó ver al campeón del periodismo de los pelos de picha, Jorge Javier Vázquez, erigirse en defensor de la libertad de expresión y en víctima de la “censura”. Y es que un juez de Jerez había prohibido cautelarmente la emisión de uno de esos reportajillos que hacen ellos rebuscando tropezones en los orinales de la gente, esta vez alrededor de El Pescaílla y de un supuesto hijo suyo (noten la trascendencia periodística del tema). Todo por una menudencia como ver indicios de vulneración del derecho a la intimidad, fíjense. “Yo no corrí delante de los grises, pero podré contar que una vez me prohibieron la emisión de un documental”, decía el tomatero, atacado de martirologio. Ver a estos rebañadores de flujos llamar documental a un remirar braguetas y apelar a la libertad de información para exhumar mierdas y rebabas pisoteando derechos fundamentales, superó toda mis escalas. Entre el grosero alineamiento con el poder político de la prensa seria y los hurones de rajas como este Jorge Javier Vázquez capitaneando la televisión basura como libertarismo, vamos hacia el último estertor de la dignidad del periodismo. Las Mamachicho se me aparecen ahora puras como madonnas con un pecho fuera. Que vuelvan. Con ellas, la televisión olía quizá todavía un poco a cereza. Ahora, sólo huele a desatascador.

Las ganancias del horror. Esos machos españoles de vino y correa, que creen que las hembras son suyas como unas botas… En la televisión parecen noticias de un lobo, pero son mujeres las que están siendo asesinadas, cada día, mientras nos cuentan que hay buenas leyes y policías atentos y políticos atareados. No cesa este horror y en el día contra la “violencia de género”, que yo llamo violencia machista sin más, otra mujer de Sevilla ocupaba en los informativos el espacio pequeño de su ataúd y de su número. La víctima 62, decían, como si contaran los goles de un delantero. Veo en La 2 una tertulia que se pregunta si las leyes son suficientes para terminar con esta lacra, y yo lo que me pregunto, estupefacto ante tanta simplicidad, es si las leyes han acabado acaso alguna vez, por sí mismas, con el asesinato, el robo o la corrupción. Por eso recuerdo con vergüenza, con asco, cómo esta tragedia se ha utilizado como propaganda, cómo desalmados han frivolizado con estas muertes siempre calientes para su saca política. Sí, recuerdo aquel día en que se glorificaba el Estatuto andaluz en el falso debate de Mejor lo hablamos y fueron capaces de sobreimpresionar esta insultante frase: “¿Acabará el nuevo Estatuto con la violencia de género?”. Acabará o no, pero lo cierto es que ya hay quien ha tenido la mala sangre de apuntarse éxitos y ganancias, mientras las mujeres siguen cayendo con los hijos en los brazos.

Autopremio. No es que el programita sea mejor ni peor, apenas unos escolares de excursión por museos y zoológicos, poco para llamarlo informativo juvenil en todo caso. No, es por esa inelegancia de los autopremios. Acerca-T ha conseguido el Premio Andalucía de periodismo en un círculo en la que la Junta se convoca y se condecora a través de su televisión. Premios a sus propios programas, igual que a sus propios periodistas. Para que el dinero público no deje de revertirles en propaganda.

Somos Zapping 26/11/2006

Diagnóstico educativo. Después de unos números que eran gusanitos y de un abecedario llevando chistera, la consejera de Educación, Cándida Martínez, aún sonreía en las noticias de Canal Sur. Era una sonrisa en la que la luz hacía arco iris igual que sobre las letras de la palabra Andalucía, grabadas en la carcasa del ordenador portátil abierto en la mesa y que parecía una sandwichera de exposición (creo que sólo Arrayán saca más ordenadores sin venir a cuento que la Junta en sus propagandas). Pobre orgullo debería representar para un gobierno supuestamente de izquierdas haber destrozado la educación pública hasta reducirla al columpio. Sin embargo ella sonreía, oronda, porque “el sistema educativo ha funcionado, ha funcionado el profesorado, han funcionado los centros, ha funcionado maravillosamente bien la inspección educativa andaluza y ha funcionado el sistema informático”. La consejera no es que hubiera estado probando fusibles, sino que se felicitaba por el resultado de eso que han llamado “pruebas de diagnóstico educativo”, que es un test como pensado por Súper Coco que han presentado a los alumnos y en el que sólo ha faltado preguntar nombres de Pokémon. En este periódico pudimos leer precisamente una carta al director del delegado de la Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía que denunciaba sus “claras deficiencias”: preguntas sobre “coloquialismos”, Andy & Lucas apareciendo como “modelo literario”, cuestiones que incluían la respuesta en el enunciado y hasta un recibo con la palabra “electricidad” bien visible para que el alumno demostrara la eficacia del sistema educativo andaluz señalando si se trataba de un recibo de la luz, del agua o del gas. Veo en las imágenes de la noticia a una clase de quinto curso devanarse los sesos ante dos relojes dibujados, uno con las doce y cuarto y otro con las dos y media. ¿Qué tremendo problema plantearían? Pues con esta tomadura de pelo, doña Cándida sonreía y se aplaudía. “Nuestros profesores y nuestros directores están contentos”, decía. Y eso que ni siquiera los resultados han sido buenos. “Un nivel medio que se corresponde con nuestra situación socioeconómica y sociocultural”, remataba Casto Sánchez Mellado, Director General de Ordenación Educativa. ¿Pero ésta no era la tierra de la excelencia? Ni con unas pruebas para idiotas, cocinadas por sus propios expertos, logramos escapar del bochorno. Esto es lo que le iluminaba el rostro a doña Cándida, que parecía el panadero de Barrio Sésamo.

Curtirizando”. No bastaba con el concursito del bote de cristal, en el que la Andalucía de la dentadura en el café con leche que conforma su audiencia, su target, demuestra cada día que no distingue los conceptos de mayor y menor. En La buena gente, programa que está logrando que echemos de menos a Juan y Medio, todavía pueden hacer más por glorificar esa obscenidad que representa la satisfacción ante la ignorancia, premiada como autenticidad o idiosincrasia. Por ejemplo, sacar a varias señoras de su público o de su patinillo y ponerlas a hacer reportajes por hoteles o por el extranjero, para que su sorpresa ante el mundo y su desconocimiento de todo nos haga la gracia de esas películas en las que un cavernícola descongelado visita la ciudad. La andaluza media, enguatada en su barrio, de repente se enfrenta a comidas de por ahí, a otros idiomas, a recepciones elegantes, y los consiguientes comentarios catetos hacen desternillarse al plató. Sí, qué risa. A una señora la mandan a Roma (“me habéis dado lo que nunca había esperado”, decía la pobre). A otra, a un desfile de moda andaluza en el que se queja de que no ha visto “lunares y volantes” y donde pregunta a las modelos si de aquí les gusta más “el puchero o el gazpacho”. A la tercera señora, la envían a lo que ella llama un “cótel” (sic), un evento gastronómico marroquí en Sevilla. “Qué gente tan elegante, me tendría que haber traído mis brilleríos”, se lamentaba. Se llevó todo el tiempo diciendo “chislaba” (sic) y cuando le preguntaron por la comida explicó que no se trataba de “lentejas ni habichuelas ni espaguetis ni albóndigas ni flamenquines”. Con todo esto, claro, ella se estaba “curtirizando” (sic) mucho, además de poder expresar su amor “patrónico” (sic) por algún famoso. Ésta era la gracia de la cosa, la risa que nos da ser catetos. Duele la realidad, pero duele más su exhibición. Cómo le gusta a Canal Sur que el andaluz se sienta palurdo, analfabeto y feliz...

20 de noviembre de 2006

Somos Zapping 19/11/2006

De la carreta al Audi. Esos dineros como muchos brazaletes, esas mujeres como las lámparas que cuelgan en Contraportada, esa corrupción con refajo, con salve y con cornamenta, todo eso ha llevado desde el principio el escándalo de Marbella a la tomatería televisiva, frivolizando su gravedad, confundiéndolo con bigotes y encamamientos, y sobre todo despistándonos de los jefes, que no son tonadilleras ni freidoras de huevos. El último Dolce Vita fue una vomitona y si de la justicia, de la economía y de la política se acaba hablando en los programas de cotilleo, con falsos periodistas huelebraguetas, todo el rigor y todo el tamaño del asunto va a perderse tras el paraguas o las patillas de la Pantoja. En el guiñol de Eva Hache ironizaban sobre ésto precisamente imaginando a Solbes y a Fernández de la Vega presentando un supuesto Aquí hay ladrillo. Por eso me complació mucho escuchar a Manuel Hidalgo (ay, cuánto echamos de menos leerlo algunos por aquí), en Los desayunos de la Primera, diciendo una verdad que va más allá de los nombres, y es que todo esto de Marbella es “un reflejo de la sociedad española, profundamente hortera y macarra, impulsada por las televisiones privadas”. Bueno, las públicas tampoco es que anden mucho a la zaga, que si bien en Canal Sur hay orden de Zarrías de no meterse con la Pantoja, las horteradas se compensan por otros lados. Después de Hidalgo, pudimos escuchar también la voz azurronada de Labordeta, dejando esta imagen certerísima: “Mucha gente ha pasado de la carreta al Audi 100 y sigue conduciendo el Audi con la misma cara que llevaba en la carreta”. Pero los peces gordos de la cosa, ésos que no tienen líos con tonadilleras ni enseñan los tigres forrados de diamantes, me pregunto cuándo los veremos en el telediario o en el Tomate. O es que nos están contentando con la morralla mientras los capos se ríen viendo a sus subalternos en los zappings.

Misionera de lo andaluz. Si a lo hortera se le añade un piano, lo que queda es algo así como la horterada en su transatlántico. Las folclóricas con piano, su musiquilla con frac, su melena planchada por violines. A las folclóricas así se les pone la sonrisa como toda una octava, la bata de cola se les hincha como un foque y creen que una dignidad de teatros de la ópera y de batutas de plata desciende sobre el clavel del canalillo igual que en una coronación. De Isabel Pantoja en Rusia se me ha quedado, más que otra cosa, la imagen del piano junto a ella como un catafalco y de la orquesta detrás formando cortina. Algo como demasiado escenario, demasiado dorado o demasiado violonchelo para tan pequeña cosa, ese querer ser sinfónica con una música suya que es de tendedero. Isabel Pantoja se fue a Rusia en una especie de misión cristiana de lo español o lo andaluz. A las folclóricas les gusta sentirse internacionales, pero es una internacionalidad de cocinera o lateral izquierdo, que no es cosmopolitismo sino un trasplante de su barrio en las tundras o las Américas. Hay una universalidad de lo andaluz, que puede ser el flamenco, que suena igual en cualquier punto del planeta porque es arte. Pero luego hay un andaluceo intransportable, que son esas tonadas de la radio local y esa estética de su virgencita que fuera de aquí sólo quedan batusi. En la tele hubo polémicas sobre el lleno del teatro y las entradas regaladas. A mí sólo me recordó ese catetismo del que sale fuera y cree que le entienden los chistes y los majados de su pueblo.

Serenidad parlamentaria. “Con plante serio y muy formales, tal como invita la serenidad de la cámara andaluza, así hemos visto a estos 60 estudiantes que se han convertido en diputados por un día”. Así presentaba el locutor de las noticias de Canal Sur ese día Disney del Parlamento Andaluz, ocupado por chiquillos. La serenidad del Parlamento, ¿será por el sueño, la parálisis y los ecos en los que se resume su actividad? ¿Será la serenidad de algunos al votar con los pies sin inmutarse? ¿La serenidad con la que Chaves torea las preguntas sobre la deuda histórica o sus hermanísimos? ¿O la serenidad con la que salen casi menos leyes que comisiones de investigación? Piensen serenamente.

13 de noviembre de 2006

Somos Zapping 12/11/2006

El bote de fideos. El programa duele desde el nombre, ese nombre que lo enmarca todo de lástima, conmiseración, excusa, condescendencia. Pobres e incultos, lo que nos queda es ser “buena gente”, qué tristeza. La buena gente, el aprovechamiento con otros colores de los mismos viejitos de Juan y Medio, sigue sacándonos la grada de lo que somos, esas personas para las que un autobús es una aventura, la televisión un ovni, cada palabra un ovillo. El andaluz medio, ajeno a las modernizaciones y los vértigos estatutarios, ingenuo, iletrado, con su cesta del pueblo, con su cuchara de palo, con su risa de niño. No tienen ellos la culpa de nada, sólo van en su desnudez hacia esa máquina política que los utiliza como bienaventuranza bíblica, para que esta tierra sea feliz sintiéndose ignorante. Hace poco, hablaba yo con alguien que trabajó en educación de adultos y reconocía que si la Junta les retiró el apoyo fue porque en Andalucía no podía haber “oficialmente” analfabetos. No, no hay analfabetos, sino quizá sólo buena gente, como los llaman en ese programa, aunque el otro día, frente a un bote de fideos, la realidad les pisoteó los eufemismos. El concurso era tan sencillo como tonto. Los participantes tenían tres oportunidades para acertar cuántos fideos había en un bote, con Ismael Beiro aclarando si la cantidad real era mayor o menor que la dicha. Vean cómo quedaron ante tamaño desafío una señora y un señor sacados del público: Cuando Beiro les aclaró que la cantidad estaba entre 2.000 y 3.500, el señor dijo 12.000 ¡dos veces! Entre 2.400 y 3.500, la señora dijo 2.350 y, al segundo intento, 2.200. Desperdiciadas sus oportunidades, se dio paso a otra señora al teléfono. No mejoró lo cosa, porque entre 2.450 y 2.750, optó por decir que había 2.100, y entre 2.450 y 2.600, le pareció oportuno arriesgarse con 2.325. El presentador se daba cabezazos contra el atril y yo me hundía de vergüenza y pena en el sofá. No hay analfabetos, sino buena gente. Así los llaman los canallas que se aprovechan de ellos, para el share o las elecciones.

El modelo. Cumpleaños de payasos, del hombre de la luna, de presentadores con bigotazos, de niños de San Ildefonso, de fantasmas de Don Juan en los platós. El 50 Aniversario de Televisión Española anda sacando las trencas y los tricornios, las pesetas y los turrones, de sus cámaras como molinillos de café. Pero el malvado truco de la nostalgia no nos puede y, sin desmerecer algunos inolvidables programas de los que hablan como de esa buena música que ya no se hace, lo que recordamos es que poco ha tenido de modélica esta televisión pública. Cuando fue única o no, desde el franquismo como su zarzuela hasta los informativos del tardofelipismo y los otros de Urdaci, siempre funcionó de orquesta del poder político y ni los electroduendes ni Balbín acallan eso. Hace poco, La Sexta se paseaba también por ese barco hundido de la televisión antañona y la quiso comparar o enfrentar a esas hijas magras que empezaron a ser las autonómicas. Hasta Tom Martín Benítez salió elogiando lo pequeño, lo local, que él mejor que nadie ha acabado convirtiendo en el ángelus de un patrocinio político. Pero he aquí que una chica de TV3 elogiaba a Canal Sur de esta manera: “Un cuerpo y una personalidad muy especial, tienen esos tipos de programas de risa, que se ríen ahí, de chistes andaluces, y tienen audiencia y les va bien”. Sí, cómo nos reímos y qué bien nos va. A la vanguardia del chiste. Ya somos, como quieren nuestros políticos, un modelo.

Mejor que Lopera. Tengo varias vergüenzas donde elegir para rematar esta columna, y podrían ser María Jiménez vestida de muñeca rosa contando el chiste de los centímetros del marido que le impiden aparcar bien, o el último espectáculo de Lopera “en estado puro”, que decían en Telecinco. Pero prefiero rescatar del vídeo un programa de 59 segundos porque la vergüenza que dan los políticos siempre es mayor que la que dan ciertos payasos. No hace mucho, hablando sobre la corrupción municipal, Ignacio Martínez, del Grupo Joly, decía esta verdad como un martillazo: “Los gilistas han subastado los ayuntamientos con todos los partidos”. Y ahora, que unos pregonen pactos y otros clamen a la justicia. Ni Lopera supera este bochorno.

6 de noviembre de 2006

Somos Zapping 5/11/2006

El Verbo del Estatuto. Con cócteles como fuentes, con políticos de piñata, con orfeones de micrófonos, con periodistas de barandilla, el Estatuto era un transatlántico iluminado llenando la televisión andaluza. Ese texto pastoso, grandilocuente, geomorfológico, agramático, plumífero, achampanado, nos va a salvar de todo sin más que cantarse a sí mismo y Canal Sur se derretía en otro día histórico. Puedo imaginar sin dificultad dos palabras (“listas abiertas”) que harían por la Democracia y por el progreso mucho más que ese largo trenecito de esencias clorofílicas, derechos que ya hay y regalos por venir que han enganchado los políticos. Pero no, la política nos tira a la cabeza más letras que ganas, nos regala como collares unas subordinadas mal escritas y ese día histórico, plantado igual que un obelisco, lo que significa es que nuestra clase dirigente tiene una nueva canción de moda con la que seguirán haciendo lo de siempre, pero ahora más agotados y heroicos. Sí, me abate el escepticismo, que es lo que da el resabiamiento de una política hecha marketing, floricultura y comida para los pececillos que somos los ciudadanos. Una fiesta sin bragas, un sol de borracho, una exposición de platería y una política de manguera es lo que veía yo en la celebración, en la complacencia, en el júbilo salvífico del Estatuto esparcido por la televisión autonómica. Un jolgorio de todos los géneros igualados, de todos los enfermos curados, de todos panes multiplicados, de todos los prados refrescados, de todos los niños informatizados. El Verbo del Estatuto los creaba al nombrarlos y eso es una nueva religión más que una nueva certeza.

Corro de unanimidades. Ya no es suficiente ver guapa a Mariló Montero, vestida de maga o de cortina. Mejor lo hablamos tiene unos programas de peluquería y otros de publirreportaje que ya no se aguantan ni aunque unas cejas de morena nos los adornen como abanicos. En sus días de peluquería, debaten sobre si vivimos por encima de nuestras posibilidades o si los gays pueden adoptar niños; en los de publirreportaje, se ponen las gafas de la Junta abombando Andalucía. En cualquiera de los dos casos, es insoportable. El otro día tocó publirreportaje, la enumeración de las bondades sociales del Estatuto como el recitado de unos afluentes. Periodistas de la casa, un miembro (o miembra) de ese órgano subrayador que es el Consejo Consultivo, varios convencidos de la profecía estatutaria, beneficiarios de su áurea lluvia y hasta un investigador de células madre. Ni una voz crítica. Un debate sin debate, un corro de unanimidades. Sólo el investigador dijo que a las células madres todavía le están buscando las patitas y que hace falta más desarrollo y financiación que otra cosa. “¿Por qué estamos en la vanguardia?”, preguntaba tendenciosamente Mariló Montero. “¿Acabará el Estatuto con la violencia de género?”, sobreimpresionaban en la pantalla. Y si la conversación se salía mínimamente de esta melaza, la moderadora levantaba las manos para clamar que “no queremos hablar de la política, queremos hablar de los aspectos sociales”. Mujer, claro, ¿cómo hablar de política en un debate sobre el Estatuto? Así, se mencionó a un Lorca que podría proclamar ahora sin miedo su “amor oscuro”, salieron enfermitas que serán curadas por imposición de manos Chaves y pusieron el doloroso vídeo de Michael J. Fox para demostrar que “mientras estamos en la vanguardia, en otros países se suplica” (Mariló Montero dixit). Y por supuesto, en la calle estaban interesadísimos e identificadísimos con el Estatuto. Todo lo salvaba este texto mágico, moribundos, bosques, escolares, gays, hambres y pronombres, en un debate que era sólo una reverencia.

Truco subliminal. Qué imagen, que breve metáfora significando tanto. El truco, la manipulación, la mano que cambia algo que parece intrascendente pero que no debe serlo para éstos que lo miden todo. En Mejor lo hablamos entrevistaban a María del Mar Moreno y, de un plano a otro, ¡vimos cómo su lunar cambiaba de lado de la cara! Habían simulado dos planos montando una imagen especular del único que tenían. ¿Para qué? ¿Qué enseñanza subliminal querían transmitir? ¿Un Estatuto a derecha y a izquierda? Qué no harán los trileros de Canal Sur si son capaces de gastar tiempo y cintas en esta desconcertante pequeñez.