31 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Descartes y ascensos (31/01/08)

Cándida Martínez se ha ido con su sonrisa flipada, ha cambiado de columpio, ha corrido la sillita. Entre cuneros, paracaidistas y exiliados, las listas de los partidos se llenan de consejeros ineptos, de alcaldes eméritos o agotados, de fichajes de rematadores de cabeza, de jovencitos con hambre criados en el partido igual que aguiluchos. Lo de Cándida Martínez es un descarte, no una promoción. En el Congreso se duerme como en un solárium y sólo los que aspiran a los bancos azules o a guillotinar al jefe del partido ven en el hemiciclo un velódromo. Para Esperanza Aguirre o Gallardón, un escaño hubiera sido vestirse con tahalí, escuchar por las mañanas la trompa de caza. Para Cándida Martínez, será el alto tacataca de la jubilación. Al Congreso se llega por ambición o por ruina, por eso la parte que no es coliseo de gladiadores es montaña de elefantes y desván de esqueletos. En las escaleras se juntan los que trepan con los que se han dado el batacazo, los más vivos y los más muertos todos colganderos.

Los partidos van dando premios, retiros, oportunidades o cochecitos lerés a sus postulantes o desahuciados y Cándida Martínez es el ejemplo perfecto de un pescado pasado aprovechado para el último adobo. Cándida Martínez, junto con Carmen Calvo, me parecen de los más nefastos políticos que ha dado esta tierra a la miseria autonómica y luego a la nacional. Las dos en áreas tan sensibles e importantes como la educación y la cultura, fuerzas motrices del progreso convertidas por ellas en parchís y en circo de payasetes, hicieron del fracaso complaciente y del cinismo exhibicionista su sello. Ahora han acabado, como niñas con disfraz de princesita subidas a una cabalgata, para tocar el silbato a los senadores o dar palmas a compás en los debates, que en política es como quedar de perchero o verse sentado en un orinal con patito. Allí no pueden hacer demasiado daño y, aunque uno preferiría una especie de calabozo para inútiles de la política, me alegro en parte de estos descartes, incluso cuando incluyen billetes a Disneylandia.

Hay quien se marcha a dormir entre los leones borbónicos, igual que aquel loco de la canción de Sabina, y hay quien irrumpe en los parlamentos como una chacha mandona. Entre esos ascendidos hay que mencionar a Sánchez Gordillo, quizá también escapado con capirote de Marinaleda como de Ciempozuelos, Loco de las Coles del comunismo (si no venían ustedes La hora chanante, no sabrán quién es este Loco de la Coles, pero echen mano de You Tube). Peinado de rastrillos, talibán de un sovietismo en barbecho, Sánchez Gordillo representa como nadie lo que le estorba a la izquierda para entrar en este siglo, pero se ha impuesto en Sevilla entre los tortazos linderos de IU y seguramente lo veamos antes que a Valderas en el Parlamento andaluz, colectivizando pelusas. Estuve en Marinaleda, donde sentí como en ningún sitio el agobio de la uniformidad, del pensamiento totalitario y del arredilamiento de un pueblo, y desde entonces este hombre me da el escalofrío de los bieldos y de las momias.

Unos se marchan a un retiro mollar y otros entran a incendiar la paja de los parlamentos, pero todo parece pensado para que se mantenga la mediocridad de la política, eterno tentetieso. La partitocracia conserva sus vicios y tristezas y por eso no importan tanto los nombres. Hay un desencanto que no depende de los figurantes. Esto no lo van a arreglar las nuevas listas con perdedores o con advenedizos.

Somos Zapping 27/01/2008

Regreso al refrito. No hay quien le quite a Paco Lobatón su gusto por las humedades, las telarañas y los desenterramientos. Hasta para tirar de archivo hay que tener talento y gusto, que es lo que tenían por ejemplo Salas y Summers cuando nos desempolvaban la vieja tele y eran capaz de hacernos sentir nostalgia, y no sólo asquito. Pero la vocación necrófila de Paco Lobatón le hace traer una televisión de morgue, con viejos sucesos, artistas y personajes como muertos del Titanic; con unos recordatorios de idioteces o truculencias y unos homenajes no ya pretéritos, sino orinados por el tiempo. Cuando vi a Lobatón ante Joaquín Petit (dos fijos en esta tele pública andaluza que tan bien abraza y paga a sus fieles) manifestando su ilusión y entusiasmo ante un nuevo proyecto, pensé que iba a ser otro de sus desfiles de descuartizados, pero casi es peor, porque se trata de unos recuerdos televisivos que resultan como si hubiera abierto el ataúd de su abuela. De entrada, el nombre es tan facilón como tonto: Regreso al futuro, como aquella emblemática película ochentera. Por lo menos, en aquella película, sí había un futuro al que regresar, mientras que en ese programa no sólo Lobatón, sino todos los andaluces y su televisión, parecen vivir en un pasado intacto. Este domingo sufrimos una larga retrospectiva de Los Morancos con gloria de toreros; el recuerdo de un pirado que fue noticia en el 93, el santón de Baza, el que hizo que la gente del lugar se quemara la retina cuando anunció que “la Virgen enseñaría las puertas del Cielo dentro del sol”; un recorrido sin ton ni son por fandangos de Manolo Caracol a Los del Río, y hasta un extraño añadido, un reportaje sobre los cuernos que provocan las mujeres del este que van a la recogida de la fresa en Huelva, que no sé qué tiene eso de viaje en el tiempo. El programa es un reciclado extremo del refrito con otras inserciones inexplicables y al que, además, una manera de seleccionar los temas que es directamente proporcional a su estupidez o a su morbo, e inversamente proporcional a su interés, convierte en un pastiche intragable, insano, agusanado, en una alacena del moho totalmente prescindible. Es como querer extraer melancolía de unas mondas.


De dulce. Hemos hablado alguna vez de Andalucía es su nombre, que, según la sinopsis que me ofrecen, es una serie que “refleja la identidad de los andaluces y su capacidad para construir su realidad social y política”. Interesa mucho crear identidad andaluza, sobre todo cuando el partido político que reina intenta que se le asocie a ella. Así pues, todo el heroísmo de la Autonomía, todo nuestro éxodo de la pobreza y todas nuestras bellezas o cateteces son exaltadas en este programa como triunfos de nuestra raza y, subrepticiamente, también de nuestros políticos. Para fundar identidades hace falta poco. En realidad, sólo que alguien gane con eso. Lo demás es cuestión de darle tono épico y fondo de banderas. Como en el programa de esta semana, en el que la gloria de Andalucía quedaba definida nada menos que... por los dulces. Sí, la identidad, las señas inequívocas, la singularidad, el espíritu y el orgullo de Andalucía en sus dulces, alfajores, yemas, tocinos de cielo, arropes, mostachones, pestiños y piononos de monja, contados como imperios. Todo eso que “lleva la huella de un remoto pasado” y que nos distingue de otras cocinillas por la “finura”, a decir de una especialista. Vean qué satisfacción, la cultura como carolingia de las bizcotelas, igual que adornar con sedas nuestro hambre secular. Habrá otras tierras que se funden en dioses o filósofos, que aquí lo hacemos con las poleás, el arte del hambre, el único torreón que podíamos levantar aquí. Sí, la identidad y la realidad social que hemos construido en Andalucía a partir del ruido de las tripas...


Notas de precampaña. Información electoral en las noticias de Canal Sur: Chaves nos vuelve a hacer “referente de la modernidad” y pide que el PSOE “se movilice con humildad”, mientras IU se declara “anticapitalista” y ya va enseñando a Sánchez Gordillo con jersey de Evo Morales (¿se lo imaginan de consejero de Agricultura, planeando koljoses?). Pongan ustedes los comentarios, que a mí me da la risa.

24 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: El hombre y la máquina (24/01/2008)

La tecnología puede que nos haga un día inmortales, aunque no sabios. Los frikis que meten ordenadores en peceras de aceite, con luces de ovni, con caretas de Darth Vader, con quirófanos para el overclocking, puede que hablen el lenguaje de las máquinas, pero no están haciendo nacer filósofos en los garajes. La propaganda política ha confundido conocimiento con información, nos quieren hacer creer que Internet es el oráculo, el Mamotrectus o la Tabla de Esmeralda del nuevo hombre, pero la Red la hacen los adolescentes pajilleros, los cienciólogos pirados, los trekis, los magufos, los alargadores de penes, los salvajes con cámara en el móvil. Por cada artículo de la Wikipedia hay toneladas de tetas, insultos, mentiras, basura. La cultura y su demolición están en el mismo nivel en la Red, y eso puede ser maravilloso o acojonante. Como ocurre con toda invención humana, Internet es una herramienta que pueden usar la inteligencia o la necedad para multiplicarse y afianzarse. Un troll de chat y un investigador no se distinguen por el ancho de banda que utilizan. Los políticos, de nuevo, están confundiendo los medios con los fines. El mega que promete Chaves le sale seguro más barato que una educación de calidad, con la diferencia de que ese mega puede servir para llevar sobre raíles a los analfabetos de la globalización, sin más beneficio.

Ha sido la tecnología, desde la Revolución Industrial, la que ha inculcado el falso concepto de progreso sin fin. Es más, se ha llegado a identificar la tecnología con el progreso mismo. La ciencia y el artefacto han fascinado hasta a los propios poetas, y uno recuerda versos a las máquinas de Pessoa o Kipling (“aun con todo nuestro poder y peso y medida / nada somos sino hijas de tu cerebro”, hace decir Kipling a la maquinaria moderna). A mí también me fascinan. Soy de la generación que programó en el Spectrum y empezó a soñar con viajes estelares (Sagan, Asimov, por supuesto). Pero aun así, hasta Sagan y Asimov empezaban por fundarse en Mileto o en Alejandría. Nuestros políticos, sin embargo, creen que la máquina hace al hombre, en vez del hombre a la máquina. Su fijación por la tecnología como mueble, como obelisco, como altar, sólo refleja su desconocimiento y una fe hueca, infantil, en una nueva magia o religión. Las sucesivas modernizaciones de Andalucía, confundidas con un desván de aparatos, son el mejor ejemplo. Pero esas “hijas de nuestro cerebro” nada son sin la mano diligente, sin el conocimiento fundado, sin la educación bien dirigida. Carecemos de ese cimiento, así que nos encontramos con esta política que sólo da jóvenes con electrodos como monos sobre un Sputnik.

Ahí tenemos a la Consejería de Innovación, igual que una iglesia rara fundada en Faraday, contratando noticias en los medios para que el sabor metálico de una tecnología salvadora nos envenene de falso progreso. Sí, que parezca que esta Andalucía de carretones, de economía alfarera, de analfabetismo secular, navega por la estratosfera y ha alcanzado la salud de los hibernados, la felicidad del soma, el magisterio mesmeriano, el sueño del Universo controlado con botones. Pero la tecnología no es progreso, sino una herramienta de la inteligencia para conseguirlo. Y en Andalucía el hombre y la máquina no dejan de escarbar raíces, de pasar hambre y de fracasar tenazmente en el futuro, a pesar de todas estas bombillas de calambre y de fiesta.

20 de enero de 2008

Somos Zapping 20/01/2008

Sum sum. Después de las compresas de nubes, de las burbujas con carita, del olor de los remolinos, de las bailarinas en frascos, de las coladas anfetamínicas y de los orgasmos del champú, creo que solamente vienen los anuncios de la Junta. Su publicidad institucional ha sobrepasado el surrealismo, la sinestesia, la ñoñería, la chaladura, como no lo habían conseguido esos perfumes levemente sáficos, esa fibra para cagar guindas, esas empresas aseguradoras que se te meten en la cama o esas acuarelas que hacen las menstruaciones de los spots. Al menos, en estos anuncios, después del viajecito de LSD de 20 segundos, la cosa se sustancia en la braga, en un aerosol, en un yogur o en una póliza. Sin embargo, en los de la Junta, lo que venden es el flipe por el flipe. He intentado cogerle el corte a esa campaña de “el mañana de Andalucía lo decides tú hoy” y no he sido capaz de encontrar qué información de interés público transmitía ni qué hecho relevante de la Autonomía nos hacía llegar, que es lo que uno supone que debería hacer la publicidad institucional. El anuncio consiste en que varias personas, con pinta de formar parte de un grupo de terapia y como poseídas por el espíritu de la Junta que es una misma voz en off, nos van recitando esto: “Cada día tengo la oportunidad de hacer realidad lo que otros soñaron antes y empezar lo que otros podrán alcanzar. Hoy podemos decidir cómo cambiar lo que nos rodea. Tenemos la llave del futuro. Podemos hacer un mundo que avance sin agotarse, más justo, más solidario. Y aunque no será fácil, merece la pena intentarlo. El mañana de Andalucía lo decides tú hoy. Junta de Andalucía. Andalucía al máximo”. ¿Pero esto, de qué va? Sólo se me ocurre que sea una campaña para disuadir a suicidas, en plan qué bello es vivir. Eso, o descarada propaganda de partido pagada con dinero público, a la que además se le ha ido la mano con la estética “sum sum”. Creo que sólo les faltó poner de banda sonora aquello del musical Oklahoma (“Oh, what a beautiful morning! / oh, what a beautiful day!”). Aunque en realidad lo que falla es el final, eso de “Andalucía al máximo”. Lo suyo hubiera sido rematarlo con algo como “hoy me siento flex”, “¿te gusta conducir?”, o “piensa en verde”. No, mejor aún: “Porque yo lo valgo”.
Vídeo del anuncio

Cosas de niños. No abandonamos la publicidad, que hace de la época electoral otras Navidades. Después de ver el diseño de su campaña, he concluido que el PSOE de aquí va a darnos a los andaluces el potito. Ya nos trataban como a niños y siguen suponiendo que nos chupamos el dedo, así que basar su propaganda en bebés era bastante lógico, aunque no original (recuerdo una campaña de Iberia que también vació las plantas de maternidad). Pero no está mal traída ésta del PSOE, no. Entre otras cosas, por ejemplo, nos indica la capacidad del partido para identificar los problemas de los andaluces, o sea, que el chorrito de pis vaya hacia delante o hacia abajo, todo un reto tecnológico para impulsar nuestra modernización. Y qué mejor bienvenida a esta Autonomía que invitar a mamar de la teta, de la teta pública, claro, como hacen ellos y sus arrimados. Sí, no deja de tener su sentido, aunque viendo en la noticias de Canal Sur a Pizarro o a Chaves ante esos carteles con lactantes, me doy cuenta de que parecen ogros o esos tipos que se llevan el cochecito con el sobrino a los parques para ligar con las titis. Bebés, los andaluces somos bebés y el PSOE nos distrae con sonajeros, nos canta nanas, nos asusta con el coco, cura nuestras escoceduras históricas y está pendiente de que echemos el flatito del sentido crítico, no nos vaya a dar dolor de barriga. Eso, más la ternura de sus cuentos: Érase una vez que se era “un mundo donde ser mujer ya es una oportunidad, donde las enfermedades se curan antes de nacer, donde hacerse anciano es disfrutar como un niño, donde serás todo lo que quieras ser...” Ea, mi niño, ea, que mi niño va a “bien pensar, bien aprender y bien trabajar”. Ea, mi niño, ea, cuatro esquinitas tiene tu cama y muchos consejeros de la Junta que te la guardan... Ea, mi niño, ea, dichoso tú que vienes a esta tierra del paro, la incultura, la superstición, el folclore, el carpantismo, la dormidera, el enchufe, el subdesarrollo, la mediocridad, la complacencia, la inercia, la propaganda, la homogeneidad, el caciquismo... Bienvenido al paraíso que han preparado para ti tus amorosos y eternales gobernantes. Apañado vas, hijo.

Vídeo de la campaña


17 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Letra muerta (17/01/2008)

Yo no me levanto con ningún himno patrio desde la mili, donde la bandera y la Marcha Real, irreconocible en aquella versión sólo con la parte de corneta, olían al coñá y a las barreduras del cuerpo de guardia. Que se cuadren los granaderos o los nuevos soldados enfermera, los Aquiles millonarios del balompié o los segadores del hockey hierba, los políticos que chulean al patriotismo o los arrimados que trincan subvenciones, los de las casas museo o los de los archicuernos históricos en la chimenea, los fachas o los conversos, los de Riego o los de Blas Infante, los del Cara al sol o los de La marsellesa. Yo me abstengo, por la trampa, el daño, la simplificación, el fanatismo, las empalizadas y los salivazos de todos los nacionalismos y todas las hileras. Quizá un día pensé que llegaría a levantarme con el final de la Novena de Beethoven, música un poco hortera y versos universalistas de Schiller para la nueva Europa. Pero la Unión Europea, que parece un bufete, también me ha decepcionado, y además me gusta bastante más el final de la Octava de Mahler, y eso que tiene lírica de convento. Me levantaría antes con el Morgen! de Richard Strauss (partitura como de nieve para un poema solar y esperanzador del anarquista o individualista John Henry Mackay) que con palabras futbolistas que pretendieran definir mi pertenencia a razas de la historia o a mitos navegantes. No, yo no soy anarquista. Simplemente, ya pasé la edad de las nanas y dejé atrás las posturitas de lealtad de los mosqueteros.

Los deportistas podrían inventarse ellos una danza de marmita, como el Haka mahorí de los All Blacks, y los políticos otra manera de hacer patria sin tirabuzones en los símbolos, y así nos evitarían estos debates idiotas sobre letras de pastores y sentimientos de cantina. A esta España, que ya definí como una matrimoniada, no la ve nadie marchando a compás con rimas de marines ni con maitines laicos, de ahí el fracaso de la iniciativa, que no es culpa del texto, sino de esa intención de llevarnos a todos a cantar los domingos de la nación, cuando ni sabemos lo que es la nación ni nos sale cantar nada en este corro de caníbales. He dicho alguna vez que los sentimientos no se legislan, y menos aún se pueden consensuar en estrofas con toldos de cielo y veredas hasta el mar, aquí donde con la tierra hacemos pellas para la boca del otro. Los himnos, como las canciones para la comba, disimulan su ridiculez en su edad. Nuevos, no tienen ni sentido ni perdón. Han intentado hacer patria empezando por el final, por la orla o por el funeral, pero una letra no define una patria, aparte de que una patria tampoco tendría que definir nada, ni siquiera colores.

Miren, sin más, el caso de Andalucía. Aquí sí tenemos himno con letra, con historia y hasta con martirologio. Suena a reforma agraria, a hambre con aceitunas, a pueblo levítico y a libertad a caballo. Pero ha quedado para inauguraciones, para guapeo de los políticos y para empapelar leyes paralíticas. Tenemos un himno muy cantabile, que aun así ha visto caducar la rebeldía, enrocar todas las esperanzas y hasta desaparecer el andalucismo que le dio origen. Letra muerta, sentimientos emputecidos, gloria de cementerio, lírica de canallas, abrigo de ingenuos, comida de listos, estribillo de lavadero para el pueblo, foto al sol para los dueños, éste nuestro igual que los otros, con versos o tamboradas. Yo, por eso, no me levanto con ningún himno.

Somos Zapping 13/01/2008

Desenterramiento en directo. Qué enfermizo espectáculo en directo, seguir a los perros buscando sangre o braguitas, a los guardias civiles como colilleros de cadáveres. Pero sí, lo anunciaron como si fuera un pasacalles y conectaron con Mijas para retransmitir la batida en busca de la joven Amy o de su rastro truculento. Fue en Mira la vida, programa que parece que ha sustituido su alfarería y sus fresqueras por la carroña. Ya tienen un nuevo filón para el morbo, una Madeleine más cercana, para llenar la mañana con círculos de buitres, familias llorosas, todas las posibilidades de morir o caer a un pozo o desaparecer en furgonetas blancas (¿no era eso de la furgoneta blanca una leyenda urbana?). Desde que Rafael Cremades lo dejó, me había dado la impresión de que el programa evolucionaba hacia otra amabilidad de cocineros y consultas gerontológicas, que disminuía su nivel de catetismo, quizá ayudado por esa serena elegancia que tiene la encantadora Silvia Medina o la maternidad como panificadora que parece irradiar Mariló Maldonado. Pero ahí estaban sus reporteros al pie de las zanjas contando que se habían encontrado pantaloncitos, vísceras que luego resultaron de animal; y un público que se dividía en apostar si la chica estaría muerta o secuestrada, y la propia Mariló Maldonado que cambiaba su tono repostero por una voz fuerte de gravedad o inminencia, igual que si diera instrucciones para una evacuación, y dejaba las preguntas más morbosas en el aire para ser contestadas después de la publicidad, como mandan las reglas de los que rebañan desgracias en televisión. Y me estremezco al imaginar el repugnante triunfo que hubiera supuesto para ellos retransmitir en directo el terrible hallazgo (no lo quiera el Hado) del cuerpo de la joven, describir su horror y su postura y su desenterramiento. Prefiero que se dediquen a los embutidos de cada pueblo y al reúma de cada señora. Mejor la catetada que el canibalismo.

Cuanto antes, mejor. Tenía en la mano la marioneta de un pollo y volvía sonreír mucho, demasiado, como colocada de plastilina o témperas. Por supuesto, era Cándida Martínez, la consejera de Educación, que inauguraba un centro escolar para niños de “0 a 3 años” (así lo dicen, seguramente porque “menores de 4 años” les sonará de derechas) al que las noticias de Canal Sur daban dimensión de puente colgante. Estoy obsesionado con esa sonrisa, lo saben ustedes porque la menciono mucho. Esa careta, esa ortodoncia de cinismo, ese maquillaje como de japonesita envenenadora que ríe al servirte el té, me enoja, me subleva. Es como si riera en el entierro de los niños, que al fin y al cabo es eso la educación andaluza. Se felicitaba la consejera de que en esta legislatura se hubiera llevado a cabo “la escolarización de 3 a 6 años” (vaya avance, porque yo, hace más de tres décadas, ya me escolaricé a los 3, y con la diferencia de que a los 6 ya estaba multiplicando) y de que ahora hicieran “esta apuesta por los niños de 0 a 3 años”. Pero yo no sé si es una buena noticia, porque, teniendo en cuenta el nivelito que exhibe nuestro sistema educativo, eso quizá sólo significa que la idiotización y el aborricamiento de los chiquillos andaluces comenzará a una edad más temprana y por tanto será más efectiva e indeleble. Cuanto antes, mejor, pensarán. Quizá por eso sonreía tanto.

Honestidad sin duda. Todavía estaba yo recordando las palabras de Chaves en Ratones coloraos, aventando su “honestidad” como ese pañuelo de la ceremonia gitana, abominando de los políticos que utilizan “los dineros públicos –qué castizo, viejil y quevedesco este plural para el dinero-- en beneficio propio”, cuando me encuentro en las noticias de Canal Sur, miren la casualidad, a su hermano Leonardo Chaves, coronado por el logotipo de la Junta. Se trataba de algún acuerdo sobre espiritismos esportivos en el que había entrado su Dirección General, que recuerden es la de Tecnología e Infraestructuras Deportivas. Sí, la que adjudica de vez en cuando obras a otra empresa de cuyo nombre Chaves no quiere acordarse y que desde luego nada tiene que ver tampoco con su familia, que quede claro. Y es que cuando esa “honestidad” es tan obvia y manifiesta, la duda ofende.

11 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Chaves contra Obama (11/01/08)

Expulsaron al Imperio Británico con un ejército de granjeros, colonos, reverendos y galeotes (más la ayuda de Francia) y fundaron la democracia moderna sobre triángulos masónicos antes de que el París sin calzones se echara a la calle. La Revolución Francesa les pareció luego a los historiadores más pictórica y más salvaje para ponerle fecha a la Edad Contemporánea, pero uno siempre ha visto en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos el verdadero hachazo al Antiguo Régimen. Todavía guardan armas en la leñera por si les vuelve a invadir un rey inglés, han pasado solamente la mitad de la infancia de los cowboys y han llegado a convertirse ellos mismos en el Imperio, pero siguen siendo la referencia de Occidente, a la que Europa, desunida, desenraizada, no ha sabido contraponer su modelo. Sus elecciones como nocheviejas, sus candidatos con chapas, su bipartidismo con mascota, nos extrañan y nos fascinan. Aún les quedan horcas, biblias repujadas con balas y cruces en llamas, pero esa manera callejera, movediza, múltiple y larga de vivir la democracia que tienen me despierta algo así como envidia.

Hillary, Obama, una mujer y un negro, que sólo se habían sentado en la Casa Blanca en las películas, emparejados con Spiderman, pueden inaugurar un nuevo Camelot, ahora que el Partido Republicano se ha enterrado hasta la gorra en Arlington, donde los fusiles juntan a los pájaros. Hillary, Obama. Hay guión de boxeo, todo un género en Hollywood; hay un musical itinerante por los estados, hay cada día un home run en la última entrada, y es todo tan puramente americano como excitante, para nosotros que estamos acostumbrados a una política donde los partidos son muebles, cuarteles, cancillerías, piramidones. Una novedad contra otra novedad, un reto contra otro reto, una película contra otra película. ¿Se imaginan algo así en Andalucía? Listas abiertas, primarias en cada provincia, postulantes atrevidos y críticos, savia nueva, candidatos sin miedo, ningún aparato decidiendo nombres según los servicios prestados.

Me imagino a Chaves contra algún Obama (¿quién podría ser, en este PSOE sin disensiones?), cuerpo a cuerpo, palabra contra palabra, diariamente y por cada pueblo, y a las bases eligiendo entre ellos sin que estuvieran pendientes de un puesto en una diputación, de un número en la lista de un ayuntamiento, de una subida en el escalafón, de un sillón en algún consejo o empresa pública. Pero claro, lo primero es que en Estados Unidos haría una década que Chaves no se podría haber presentado a la reelección, y éste sería otro PSOE, quizá sin el culo redondo, con gente joven y osada que aspirara a cambiar las cosas, que no conociera siquiera el españolísimo mandamiento político de tragar, callar y esperar. Y si hubiera ocurrido lo mismo en el PP, quién sabe, puede que volviéramos a tener a Pimentel, a Amalia Gómez, un liberalismo moderno y centrista por encima de los monaguillenses, los señoritos, la carcunda, el facherío de las Azores.

Y aún nos atrevemos (¡nosotros, con esta partitocracia semifeudal!) a tachar de infantiles sus caravanas, sus guirnaldas, sus delegados a caballo, sus virginianos con sombrero de tres picos... Pero en Estados Unidos está ahora la democracia de cumpleaños y de bolera cada día, con toda la calle metida dentro, mientras en Andalucía nos esperan, otra vez, sólo momificaciones y papados.

10 de enero de 2008

Somos Zapping (especial): La honestidad del perezoso (10/01/08)

El paisaje en el que Jesús Quintero entrevista es como una güisquería llena de asteroides o migas de ratón, pero con Chaves fue el territorio de un gato frente al de un perezoso, con dos velocidades de caza, de tretas, de miradas, de amagos. Chaves no tiene pudor, lo sabemos, a la hora de hacer campaña gratis en la radio y en la televisión que su partido dirige con un ex portavoz a la cabeza y con comisarios con tienda de campaña tras las fotocopiadoras. Después de aquella nochevieja con Juan y Medio y sus niños haciéndole la adoración de los pastores, creo que sólo me sorprendería verlo aparecer en Arrayán. Pero Quintero tampoco es Mar Arteaga, la que le prepara entrevistas con tobogán, ni Tom Martín Benítez, que es como su mariachi enamorado. Quintero sabe que aún tiene licencia para meter la uña, aunque no deje de sonreír o de emborrachar. De hablar con Quintero nadie sale del todo vestido ni del todo virgen. Quintero usa con la gente de la tierra, igual que Carlos Herrera, el truco del ceceo oportuno, de remarcar el acento para mostrarse cercano y amigable, y eso lo utilizó mucho con Chaves en las preguntas delicadas, que hizo sin sangre pero con filo. Fue una caza sin destrozo. Chaves sabía que no se sentaba a la mesa de las autopsias, porque Quintero aún sabe dónde trabaja. Pero Quintero también sabía que nadie esperaría verlo hacer de rapsoda del régimen.

Quintero dejaba sus arañazos y Chaves dejaba su manera torpe y pilosa de esquivar. Quintero soltaba preguntas como bombas con paracaídas y Chaves contestaba según su sabido catecismo. Los 18 años que lleva gobernando Chaves le merecían al Loco de la colina un largo y elocuente “uffff” y se atrevió a sacarle su pseudomonarquía: “Eso es para sentirse un virrey, ¿no?”. Chaves dijo lo de siempre, que está ahí porque la gente quiere, una obviedad que en nada niega los armiños con los que maneja Andalucía. “¿Cuántas modernizaciones necesitamos para ser ya modernos de verdad?”, le inquiría Quintero, y Chaves escapaba con algo así como con el perpetuum mobile, el desarrollo sin fin y eso de señalarnos otra vez el horizonte inalcanzable hacia el que corremos con la lengua fuera desde hace décadas. Decepcionante. Peor salida tuvo cuando Quintero le invitó a explicar a los andaluces “que la Junta no tuviera conocimiento de la corrupción marbellí”. “Eso sólo lo puede saber la policía”, contestó. Claro, es que en todas las llamadas, visitas y papeles que la Junta y Roca intercambiaron tanto tiempo, nada hubo que les hiciera sospechar, ni tampoco en el pestazo de la ciudad y sus gilichulos. Ni siquiera fue capaz de autocrítica con el demoledor informe PISA sobre educación, afirmando que aún era ésta “la generación de andaluces mejor preparada”, y que al fin y al cabo “estamos en el 96% de la media de la OCDE”, aunque esto signifique que sólo países como Turquía, Bulgaria o Tailandia están por debajo de nosotros.

Pero sobre todo, Chaves insistió mucho en su “honestidad”. Seguramente quería decir honradez, porque las primeras acepciones de esta palabra se refieren más a asuntos de cama y de cuernos. “¿Qué es lo más imperdonable de un político?”, le preguntaron (y esto sirvió precisamente para la promo del programa): “El utilizar los dineros públicos en beneficio propio”, dijo el presidente. Como sabemos, él no tiene a ningún familiar que haga negocios con la Junta, ni hay socialistas ni amigos chupando de la gran teta, con subvenciones, empresas adjudicatarias o productoras pata negra de Canal Sur. “La honestidad es el único patrimonio que yo voy a dejar a mi familia. No dejo casa, no les voy a dejar dinero porque no soy rico de cuna (?)”. ¿Pero no dijo en Tengo una pregunta para usted que había ayudado a pagar las hipotecas de sus hijos? Seguramente, tantos actos honestos y modestos se le confunden en la cabeza. Pero lo que me dejó boquiabierto fue la interpretación que hizo de la sentencia del juicio contra los periodistas de EL MUNDO. Quizá es que tiene el mismo nivel de lectura que deja su penoso sistema educativo. Según él, una sentencia anterior afirmaba “que no hubo espionaje” y el juez en ésta última se había basado en que “el derecho de información está por encima del derecho al honor”, cuando lo que deja claro es que la información fue “veraz y diligente” y que existieron los seguimientos.

El espectáculo del gato contra el perezoso, en fin, nos dejó un gato sin mucha hambre, pero sobre todo un perezoso que resulta increíble cuando habla, como si lo hiciera ese mismo mamífero o su peluche. Sonreí, luego, cuando otro entrevistado por Quintero, Hilario López Millán, cantó aquella copla de Rafael de León que decía “mira que miente más que parpadea”.

8 de enero de 2008

Somos Zapping 06/01/2008

La postura del faraón. La monarquía ya es en sí una cosa aturronada y el mensaje navideño del Rey quizá cumple esa función de estampita y hojaldre. El Rey aparece como un paisaje y habla siempre como del clima de la patria, sin decir en realidad nada importante, sino vagos universalismos, buenas intenciones, neutrales evidencias. No debe ser de otra manera, porque una democracia no puede permitir que parezca que el Rey está dando sus opiniones particulares, ni que nos riñe o nos educa gravemente como un padre sentado a la mesa. Es una tradición que se podría discutir, que a mí me parece innecesaria y curil, pero que al fin y al cabo está allí sin que nadie la mire, como otra cinta u otro velón puesto en la salita. A lo que uno no le ve ningún sentido es a esta moda de los presidentes autonómicos tomando prestada la postura de faraón de la monarquía y casi su música de capilla para soltarnos en fin de año su propaganda camuflada en confeti. “Reflexiones sobre el año que termina”, llamó Chaves a su discurso como hecho en una pecera de caoba, con fondo de papel pintado y libros de atrezzo, en una atmósfera de brillos y filtros de gasa como si la que nos hablara fuera Sara Montiel. Un año “trascendente para nuestra Comunidad”, en el que “se han dado pasos en el camino del progreso”, un Estatuto salvador que “ya está desplegando sus competencias”, un “aumento de nuestro bienestar” y “una tierra de futuro”, más otros pétalos que él mismo se echaba por encima, conduciendo la carroza del éxito. Parecía que en cualquier momento, por detrás de las banderas recién peinadas, iba a salir un violinista. Eso no es un mensaje institucional, sino propaganda de estilo Nescafé, y como tal debería ocupar el espacio que ya tienen los otros anuncios de jamones, electricidades y virguerías de la Junta, no aparecer durante la cena familiar como pidiendo el aguinaldo. Estando dentro de la misma categoría que los colchones de látex que nos entremeten en los programas mañaneros, debería igual que en ellos aparecer sobreimpresionada la palabra “publicidad”. Pero Chaves quizá se cree lo que le dijo aquél, que es el rey de Andalucía, y por tanto tenía las trompetas para llamar y el deber de convocar a los pastorcillos y a la estrella de Belén, que parece un poco el logo de la Junta, para dejarnos la Buena Nueva que es él mismo, envuelto para la fecha como un mazapán. Pero no, ni así parecía poder conseguir la postura del faraón.

Vídeo del mensaje de fin de año de Manuel Chaves

Payasos. Nochevieja, champán por las tetas, gente descalza por entre los añicos del año. En Nochevieja, la televisión toma el mismo aspecto de fiesta puerca y de ponche de meados que tiene fuera la noche entera. Refritos, basura, canciones de lata, batacazos de culo. En Canal Sur se decantaron por sus niños enanizados, aupados por Juan y Medio ante la jaula de loros que formaban los graciosos más oficiales de Andalucía: Los Morancos, Paz Padilla y Manu Sánchez. Ya hemos hablado muchas veces de ese circo de pulgas para jubilados que es el programa, pero en esa noche, especialmente, resultó una vulgaridad sobrepuesta a otra vulgaridad como una cenefa horrorosa sobre otra cenefa horrorosa. Sería el ambiente pegajoso de la Nochevieja, pero los invitados no se limitaron a ser graciosos a su manera casapuertera, sino que parecía que habían llegado al plató todos borrachos, pero borrachos como cubas, como justo antes de ponerse el tanga en la cabeza. Por la calle, otros payasos borrachos me resultaban más simpáticos.

Disco del año. Recuerdo, de Clásicos populares, la anécdota de aquél que siempre terminaba el año escuchando el Vals triste de Sibelius. Me acordé viendo en La Uno un especial que montaron para elegir el disco del año, lleno de canciones fresquitontas que no me sonaban de nada cantadas por otra gente que tampoco me sonaba, pero que deben de ser lo más en el botellón. Sin embargo, lo mejor fue la promoción, en la que personajes más o menos conocidos nos decían cuál era su favorito. Cuando vi a José María del Nido afirmar que para él el disco del año había sido Ganas de vivir, de Andy y Lucas, comprendí que todavía había algo que podía superar el ridículo de su estética de monaguillo, y hasta la vergüenza coplera de toda esta bendita tierra.

4 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Perspectiva (04/01/2008)

Entre epifanías de obispos y de petardos, hemos visto llegar el que será también un año de puñaladas. Año bizco, bisiesto, con mal fario dicen los supersticiosos, año con mariscales y reconquistas, derby fanático de las dos Españas, elecciones a muerte echando a los perros por delante. En marzo, el mes dedicado a Marte por los romanos, los españolitos verán que el deshielo no trae más que ejércitos y los tibios seremos barridos por el odio, la revancha, las tribus de los partidos con cuerno de batalla. Como todas las guerras, ésta también es inventada, pero realísima. Igual que ocurre con los dioses o con la magia, no importa que no sean verdad, basta con que la gente se comporte como si lo fueran. Todos los sacerdotes, astrólogos, mesías y políticos de la historia lo saben. Desconfíen de los agoreros, los que anuncian el fin del mundo o el paraíso lleno de viñedos, que tales cosas no son nunca ciertas ni los políticos se encargan de esos asuntos, sino de contar siempre las mismas monedas.

Año nuevo, que viene con gafas de bombillas, buenos propósitos y reyertas de borracho. La gente se pone bragas rojas y pide cosas a los relojes y a las velas, y yo lo único que pido, si acaso, es perspectiva. La perspectiva sólo requiere distancia y un poco de escepticismo, pero ya sería suficiente para reconocer a las ideologías en su cortedad y a la política en sus falsedades. Nos han mentido diciéndonos que somos una ideología con otra enfrente a derribar. Las ideologías son sistemas particulares de vida, y el señor de derechas se siente decente con la suya y el progre se siente quizá luchador con la propia. Pero lo que haga el de derechas con su domingo o el progre con sus poemas no es tan importante como el sistema común que sostiene a ambos y les garantiza la libertad. Este sentido de lo común, de lo público, es el que ha perdido la política empeñada en enfrentarnos como hinchadas. Y no me refiero sólo a los políticos, sino a cierta gente tan apegada a su propia ideología que es incapaz de entenderla como opinión, sino como verdad que debe imponerse a un enemigo. Vi el otro día la apalomada manifestación por la familia cristiana en Madrid y yo sólo me preguntaba: si los cristianos evidentemente tienen familias cristianas con valores cristianos, ¿qué es lo que piden? ¿Que los no cristianos tengan esos mismos valores? Sí, hay una incapacidad de ciertos individuos para reconocer la libertad de los otros de decidir su propio camino, igual que para darse cuenta de que las leyes deben salvaguardar esa libertad más allá de sistemas de valores particulares. Con esta incapacidad, además, algunos hacen su trinchera. Traslademos esta miopía beligerante a la política y tendremos la guerra que padecemos.

Necesitamos perspectiva para ver que por encima de las ideologías está la democracia misma, y que es lo que peligra en esta guerra, porque una democracia no puede buscar la exclusión ni la destrucción del diferente. Por eso no entiendo esas manifestaciones; por eso mismo, igualmente, aquí en Andalucía, no me cansaré de protestar contra un régimen que ha sometido toda la vida pública a sus intereses particulares y que se limita a justificarse con eso de que al otro lado está la derechona. Es la salud de la democracia lo que está en juego, pero ningún partido pide por ello, sino por un triunfo con degollamiento del otro. Sin embargo, para darnos cuenta de esto hace falta distancia, perspectiva. Y es cada uno el que debe dar un paso atrás en sus convicciones, en sus certezas, y mirar luego el paisaje quemado que está dejando.

Somos Zapping 30/12/2007

Candelás. Otra Nochebuena andaluza, nueva o mezclada con las pasadas, Navidad migotera, celebración de cisqueros. La Navidad diferencial andaluza no ceja en sus harapos aunque cambien un escenario de carretas por otro como un bingo de Marina D'Or. Ni aun así pudieron dejar de sacar gente alrededor de fogatas, simulando rezos a un frío primigenio, como si viviéramos en una época anterior a la invención de los techos, como si copiáramos la Navidad de los cherokees. A pesar de que salen también las niñas poperas de moda, parece que hay que dejar claro de alguna manera que somos gente de descampado o de caravana. No sé qué misterio nos une con las noches al raso, quizá nuestra alma de espantapájaros, esa pobreza nuestra del relente. Me inquieta, me molesta esto más que ver de nuevo a Andy & Lucas como bajados de su motillo o al Linterna cafeinizado en ese sainete malo donde hasta Manu Sánchez sólo tiene la gracia de imitar a un pavo. Me molesta incluso más que el ridículo de otro programa que pretende como hacer sinfónica una música de botijo porque así canta nuestra tierra por Navidad. Sí, ver que nos retratamos como un pueblo aterido, esas candelás, qué manía, esas sombras de quinqué, ese primitivismo carbonero del que aún no hemos escapado.

La tecnología del jarrillo. Nuestra Navidad acarrea leña o espera la suerte de los pobres, toda la esperanza mísera que nos define. María del Monte sorteaba décimos metidos en roscos de reyes y hasta un programa especial nos ilustraba con gran gravedad las supersticiones de la suerte, las “vibraciones” de los números y las varitas mágicas de la necesidad. Ante esta realidad, me cruzo en la programación de Canal Sur con nuestras veleidades tecnológicas y todo se me llena de ironía. No es sólo Tecnópolis, ese ingenuo intento de galactizarnos enseñándonos un tiovivo a pedales, ni esos anuncios fotovoltaicos de la Junta que nos hablan de “una Andalucía solar, una apuesta redonda”. Tenemos programas más serios, como Andaluciencia, presentado por mi admirado Manuel Lozano, verdadera Minerva, pero que tampoco son capaces de sacarme de mi amargo escepticismo. Nos muestran salas blancas, todo el buceo de la electrónica y todo el ozono de la ciencia que, es cierto, se maneja en Andalucía, y sin embargo sabemos que todo eso no deja de ser una anécdota. Sí, el peso de la industria tecnológica aquí es insignificante, en esta tierra de cereal, espuertas y camareros con adobo. Esto no es Silicon Valley, no es Japón, ni siquiera Finlandia. La inversión en I+D+I, por mucho que nos la saquen como hechizo, es ridícula. Ni la tecnología tiene aquí tamaño, ni se traduce en la sociedad andaluza que sigue siendo como molinera, que usa más que nada el invento del jarrillo de lata y aún alucina ante un simple ordenador. Nos hablaba el programa de “empresas de alto nivel industrial que usan tecnología punta”, y es verdad que alguna hay. Pero son un leve chispazo entre freidurías, ladrillos de gafas y serones. Agrandarlas, hiperbolizarlas como gusta la televisión pública andaluza, es sencillamente espiritismo y propaganda. Tanta alta tecnología, y aquí todavía con migas de pastores y candelás en Nochebuena.

Boca de pez. Creo que el anuncio no es de la Consejería de Educación, aunque podría serlo. Algo en su boca de pez y en su satisfacción en fresquera me recordaba exactísimamente a doña Cándida Martínez, en una de sus explicaciones después del informe PISA sobre educación, el que dejaba la escuela andaluza a alturas africanas. Sí, porque en el anuncio, un pescado hablaba así: “Soy un besugo de Andalucía y estoy bueno, bueno”. Luego, no sabemos si era el pescadero el que remataba: “Andalucía, al máximo”. Maximizar los besugos es ciertamente uno de sus mayores logros.

El suceso. Aquello de los hilillos de plastilina de Rajoy con el Prestige fue un buen ejemplo de que en las catástrofes no hay que usar lenguaje coloquial. No, lo suyo es el eufemismo levemente cientifista, que es a lo que recurrieron los sabios de Canal Sur en las noticias al contar que el New Flame reventaba con toda su basura en el Estrecho. “Suceso medioambiental”, lo llamaron. A ver quién se asusta con eso. Qué maestría.

27 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Navidad pagana (27/12/2007)

Algunos han colgado al Niño Jesús de los balcones y parece una toalla de playa o una caja de polvorones, pero la ciudad en Navidad está diseñada por boy scouts, por jardineros orientales, por gnomos del bosque, por echadores de cartas, por hadas congeladas y por prestamistas. La Navidad es cristiana sólo levemente. Bastante antes de que el pequeño Jesús se hiciera dogma, estampa y escayola, los dioses solares que le precedieron también nacían en cunas de nieve, con los planetas y los animales arrodillados. El 25 de diciembre es el cumpleaños de Dionisos, de Osiris y de Mitra, ante el que también se postraron pastores y magos y que igualmente resucitó al tercer día. A Horus se le representaba recién nacido en un pesebre. La Navidad es el rezo al sol acostado, al sol parado en el cielo (sol sticio) en su posición más baja, y es pagana como es pagano el mismo cristianismo. Antes que rabiar contra Santa Claus, el cervecero de la Navidad, contra El Corte Inglés, que cambia a la Virgen por azafatas de congreso, y contra los alcaldes como lampistas ateos, los católicos deberían rabiar contra Constantino, contra los primeros concilios que fueron broncas de jugadores de dados y mezclaron todos los mitos de este hemisferio para darle consistencia y tradición a un nuevo dios como a un nuevo merengue. Veo en los recibidores de las casas los nacimientos con ríos de papel y molinos de corcho y toda la nieve mentirosa de Judea, pero lo que hay sobre las coronillas de la Sagrada Familia no es sino el disco solar de los egipcios.

La Navidad, todos los mitos del frío, las ruedas del universo que se levantan, los dioses que balan, la naturaleza con rayos prendidos en el pelo. Que no se inquiete la ortodoxia creyente, que la Navidad sigue siendo pura. En la luz que pone sombreros a la ciudad (la luz, eso es lo que pedimos en esta época), en los árboles donde ahora se cuelga en plástico la esperanza de la fruta, de la vida que traerá el sol cuando vuelva de su cueva, hay una simbología más auténtica que en los villancicos donde las burras llevan remiendos y los peces se emborrachan como mosqueteros. Si consumimos, si nos hartamos de galletas y ofrecemos regalos, es para celebrar que la naturaleza no se para y que volverá la abundancia, que estamos llamando a la abundancia igual que a esa luz. Hasta las cajeras pasando dulces por sus manos tienen más sentido estos días que los nidos de ratones que roen calzoncillos. Sí, la ciudad está llena de mitos, los más auténticos y los más impostores. Rojos encendidos en el frío, campanillas que parecen dátiles, fiesta patinadora en las calles, muérdago sobre los besos como sobre cerezas, lazos en el cielo anisado, luz y más luz en sus bomboneras. La Navidad más verdadera es la Navidad pagana. La teología es un harapo añadido a sus rituales y un niño desnudo no iguala al sol en su ponchera. Me gusta la Navidad, soy un pagano. Cumplo con la tradición, enciendo velas, adorno con plata la eclíptica, quiero la bicicleta del sol y hasta escribo como cada año este artículo, el de la Navidad, que es el de siempre. La Navidad no está raptada, no se ha podrido su esencia, como dicen, porque esa esencia está en el ritmo de las constelaciones, de nuestras colmenas y de nuestro cuerpo que odia las bufandas, y no tanto en el de la mecedora de una Madonna. En todo caso, feliz Navidad, a los paganos y a los otros. Lo llamemos como lo llamemos, todos compartimos ese mismo deseo de luz, que sigue mereciendo rezo o simplemente esperanza.

Somos Zapping 23/12/2007

Tengo un bache para usted. Era un formato novedoso y con morbo, eso de ver a los políticos como gladiadores o trapecistas ante las ganas y pedradas del pueblo, pero Tengo una pregunta para usted me ha ido decepcionando poco a poco. Primero, porque los políticos han ido aprendiendo de los que caían antes, y segundo, porque me he dado cuenta de que el personal tiene muy corta la mira, no suele abordar la raíz y la esencia de los asuntos, sino que va a su paguita y al bache de su pueblo, repitiéndose por cada carretera comarcal y cada juanete que sufren. Esto se llama incultura política, y me aburría soberanamente. Para cada pregunta del público, uno imaginaba siempre otra con más peso y con más sangre, pero casi nunca llegaba. Esta semana le tocó a Javier Arenas, que venía como entrenado en la dureza de las nieves, igual que Rocky Balboa, y comprobamos que se había preparado la lección, que se conocía hasta los baches de los que se quejaban y que puede ser convincente cuando se acerca al centro. Creo que esta vez no mencionó lo de las “personas normales”, ni se puso sacristanejo sosteniendo las faldas de los obispos y dorándoles las hostias, y eso ayuda. Así, en la moderación, y sin que se acerque demasiado por aquí la parejita de pádel que forman Acebes y Zaplana, todavía puede tener una oportunidad. De todas formas, visto que el pueblo preguntando es incapaz de pasar de su fontanería, uno lo que desearía es presenciar durante esta campaña un debate cara a cara entre Chaves y Arenas. Eso sí sería un combate de altura, y no este programa, que ha terminado en una junta de propietarios del bloque.

La gracia de la mierda. Hay largas familias andaluzas como circos enteros que están ocupando las tardes de María del Monte dando una especie de estampa franquista, bíblica y granjera, de salud y alegría reproductiva. Eso de que la felicidad está en la familia es muy de derechas, y sacar a tanto bisnieto de comunión, también. El conservadurismo de esta falsa progresía canalsureña ya no se puede negar. Pero aparte esto, demasiado a menudo ve uno en esta sección unas exhibiciones de analfabetismo y montunería que no sé si dan más pena o vergüenza. Si somos así, hacer espectáculo de ello es verdaderamente una lástima y una obscenidad. Si no somos así, es que están empecinados en que lo creamos, que no hay aquí más que esa “buena gente” que no sabe ni hablar ni comportarse y que a partir de ella debemos medir nuestra autenticidad. Claro que lo que me encontré no hace mucho fue ciertamente un caso extremo: la familia de Las Carlotas, entre otras varias y sonrojantes bajunerías y vulgaridades, contando que si los niños decían palabrotas les untaban la boca con mierda. Anda que se reían poco de la gracia. Pero más repulsión que la misma mierda me produce el que nuestra realidad se defina con la ordinariez y que sea un empeño de la televisión pública el que nos reconozcamos en ello con coros de risotadas.

Publicidad. No salgo del programa de María del Monte, musa montonera de esta columna. Tengo que confesar que, con toda la publicidad institucional que nos inyecta la Junta, verdeando sus maravillas, o el Gobierno, quitándonos las alegrías y los vicios, esta forma de propaganda no recuerdo haberla visto nunca tal cual. Vale, los presentadores nos han metido en el salón colchones, cuberterías o cuadros de ciervos, y los actores de las series no es raro que aparezcan en sus mismos decorados con yogures laxantes o consolas de dar saltitos. Pero... ¿anunciarnos así una ley? Pues sí. Estaba María del Monte con su pareja de viejitos cuando en la parte superior izquierda de la pantalla apareció de repente la palabra “publicidad” y, en vez de tintes o jalea real, la señora se puso a vendernos las bondades ¡de la nueva Ley de Dependencia! Extraño, sospechoso, pero en fin, nada que objetar salvo apuntar la maldad de que, dado el público del programa, pocos acertarían a leer la palabra “publicidad” y lo tomarían pues por una sincera opinión de la presentadora. Lo que uno agradecería es que eso de poner “publicidad” en una esquinita lo hicieran también en las noticias de Canal Sur o en Tecnópolis. Puestos a ser legales...

Papá Noel contra la libertad de prensa (22/12/2007)

En Canal Sur, las crónicas del juicio de Chaves contra EL MUNDO parecieron desde el principio secuencias de guillotinados. Los juicios, que huelen a guardarropía y a miedo de hospital, son feos y duros de cubrir para el periodista, pero en las noticias de La Nuestra la cámara degollaba el banquillo con satisfacción y la voz del locutor tenía los dedazos de madame Defarge, la que tricotaba mientras miraba rodar las cabezas en Historia de dos ciudades. Estaban los dueños a la vista, estaba la orden de escarmiento que llegaba desde arriba, y la noticia se daba con hambre y alegría, como si retransmitieran la matanza que les daría de comer. Ante la imagen dolorosa de unos periodistas como reos de felonía, sólo se contaba la tesis de la acusación, había un sucio acento al escoger palabras como “montaje” en vez de “edición”, la desmesurada fianza parecía una apuesta ya ganada, el dolor de Chaves y Pizarro les sonaba a algo así como a madres violadas, y todo se mostraba como un bandidaje contra el honor y una perversa operación regicida urdida por los enemigos de esta tierra. Justo todo lo contrario de lo que luego se ha demostrado. No, nadie esperaba la neutralidad de una televisión de partido en un juicio de esta envergadura, un juicio sin precedentes, con un periódico sentado en el banquillo por un presidente autonómico simplemente por informar de lo que pasaba. Nadie esperaba neutralidad, pero sí un poco más de elegancia o decencia.

La sentencia absolutoria ha sido contundente, demoledora. Aún así, me dispuse a ver las noticias del viernes en Canal Sur con la seguridad de que terminaría riéndome amargamente. Y así fue. Los presentadores se deseaban feliz Navidad, los titulares se llenaban con guardias civiles maltratadores, leyes que prohibían los azotes a los chiquillos, teorías idiotas de la suerte para el Gordo, juguetes de lata, productos adelgazantes fraudulentos, belenes como códices medievales. El poder político y su máquina de cuchillas, que habían intentado amordazar la libertad de información, que habían merecido hasta una llamada de atención del Comité Mundial de Libertad de Prensa, y que habían fracasado en los tribunales como era de esperar, no resultaba una noticia destacable para Canal Sur. Pero sí lo era el que unos conductores de autobuses carecieran de urinarios. No podía creerlo. Por fin, después de todo eso y de temporales en Granada y de villancicos de despedida del Parlamento andaluz y de muertos en Pakistán y de la épica de la Champions y de la guerra montañera entre Papá Noel y los Reyes Magos, dieron la información. Breve, vergonzante, apenas 50 segundos, mientras el presentador ponía la misma cara que Urdaci cuando deletreaba lo de CC.OO. Y eso sí, destacando que “el fallo argumenta que no es exigible en la noticia una absoluta certeza o acomodación a la verdad”. Se le olvidó decir que la sentencia dejaba claro que la actuación del periódico había sido “diligente”, que la noticia trataba de “hechos de relevancia pública y sin ningún juicio de valor" y que “se confirma la veracidad de la misma”. Y me reí, amarga y sardónicamente, asqueado del torcimiento y la desfachatez de Canal Sur. Luego, volvieron a las noticias la Navidad y sus cielos almendrados y sus escalas de deshollinador hacia las estrellas. El día que la libertad de prensa luchó contra Papá Noel en la televisión pública andaluza, ganó Papá Noel. Para los demás, ganó la libertad.


Sentencia completa
Carta del Comité Mundial de Libertad de Prensa

20 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Gadafi hechizado (20/12/2007)

Aún no sabemos si viene de Pakistán, de los moriscos o de las forjas de la luna, pero el flamenco hechiza porque tiene la temperatura de la sangre y de los muslos de las mujeres. A Gadafi, con piel de cabra, lo conquistó María la Coneja, granadina del Sacromonte, donde los gitanos vivían en cuevas antes de que llegaran allí los guiris hippilones a hacerse collares con las uñas de los pies. El flamenco, exótico, salvaje, egipciano, se lo han servido aquí a Sinatra, a Lady Di, a Clinton, en las navajerías de la raza, como si fueran danzas de sables o rizos de Salomé. Aquí agasajamos con mitología, con veneno, con hogueras, con bronce, y el flamenco, las cabezas de toro y ciertas mujeres morenas son quizá todo eso. Creo que venimos de Las mil y una noches, del Cantar de los cantares, de los profetas iracundos, del vino oriental de los reyes, igual que venimos de la sabiduría del hambre y las trashumancias de los pueblos sin tierra pero con carromatos de muchos dioses. Éste es el misterio al que se rinden las actrices con el pie en champán, los crooners con pistola de nácar, los escritores con agonía de tabaco, los gobernantes con chalecos llenos de ases de picas y hasta los dictadores con vírgenes en botijas. Toda esta ponzoña, magia de yerbas, labios y crótalos, que ha cautivado de los románticos a los jeques y que les prepara sándalo cuando llegan a esta tierra.

Gadafi hechizado, arrebatado por el arte o por sus zahoríes un poco herodianamente. Los asesinos también han amado junto a las fuentes y han tocado liras ante la destrucción, que para ellos es otra forma de belleza. Lo que se ha llamado la “banalización del mal” (ya saben, Hannah Arendt y demás), daría para muchos tapices de este estilo, con carniceros de flamenquito o de merienda. Ahora Gadafi viene como con sus boticas del desierto, pero fue un día, antes que Sadam, antes que Bin Laden, la cara de la moneda del mal, y uno recuerda que hasta algunos lo veían en las profecías de Nostradamus, iniciando el Apocalipsis con todos sus caballos. Pero el mal es otro convenio, la política internacional es un asumido cinismo, y aquí se han desvestido hoteles y se han degollado corderos ante la plata y los violines de reyes y presidentes para hacerle honores al beduino, terrorista confeso, al que protegen vestales violadas por Marte, como la madre de Rómulo y Remo. En la diplomacia, como en los palacios luisinos, todos van cagameados y con olor a puta por debajo de las galas. Ha sido por las pateras y por el petróleo, para que a Zapatero no le caigan encima los muertos de la miseria y para que Repsol pueda hacer luego anuncios pervirtiendo poemas masónicos de Kipling; por esto le abrieron a deshora cancelas y tablaos, como a los señoritos, por eso le adularon con fiesta y brujería.

Gadafi, hechizado por María la Coneja, entre la grandiosidad y el turroneo del flamenco. “Éxtasis”, lo llamó este periódico. El flamenco es como el jazz, hay que sentir el pellizco o sólo se ve como unos músicos de mudanza por su casa. A mí, por ejemplo, nunca me ha terminado de llegar ese pellizco que hizo zapatear a Gadafi. Pero sí me ha llegado, intenso, duro, con olor como de sangre en correas, el asco de la hipocresía humana, zambreado esta vez por nuestra arquitectura de herradura, nuestras noches de fogatas y nuestras mujeres con la voz de sus grutas. Me doy cuenta de que los tiranos siempre aplauden fuerte y se ven guapos entre incendios y entre artistas.

17 de diciembre de 2007

Somos Zapping 16/12/2007

27 Generation. Quizá pretendía ser un homenaje a la cultura, pero se quedó en un cagarse en sus estatuas. A la cultura no la mata sólo la ignorancia, sino que casi peor es su reducción, su abaratamiento, su hocicamiento hasta obligarla a quedar a la altura de lo inculto, como cuando Luis Cobos le metía batería a los clásicos. Jamás pensé que podría hacerse algo como lo que vi en Canal 2 Andalucía el otro día, un documental poligonero sobre la Generación del 27. Sí, una tropa cani de raperos, grafiteros, mochileros y primos de Melendi decía payasadas de fumeta sobre la poesía y sobre el arte, reduciéndolos a sus tatuajes, mientras el documental parecía querer hermanar a estos coleguis con aquella reunión irrepetible de talentos. Lo mismo el narrador nos despachaba la figura inspiradora de Góngora diciendo que era un “literato muy divertido” que uno de los preclaros entrevistados nos definía a Lorca como un menda que “escribió pedazos de canciones”. Y hablando de sublime poesía... ¿cómo no meter el rap? “Todo tiene que rimar cuanto más mejor”, nos explicaba un rapero por si nos quedaba alguna duda sobre la relación del hip-hop con el 27. Pero pronto quedó claro porque el tipo traía “unas poesías y unas movidas” que eran dos textos de Aleixandre y Laffón, y que, con un ritmillo adecuado (“ésta está guapa, suena ahí con rollo”), rapeó en un éxtasis de cultismo. Ésta es la moda que nos pervierte y nos embrutece. Todo es igual, todo vale lo mismo, talento y mediocridad, poesía y rap, arte y basura. Hay que aplastar la cultura hasta que quepa en los futbolines. No nos extraña que Andy y Lucas entren en los exámenes de literatura, porque “lo artístico puede estar en cualquier lado”, según decía otro, “en un disco de música o en un equipo de fútbol”, añadían en la calle. Y, “sobre todo, como algo divertido, sin pretensiones”, remataba alguien. ¿Pero qué es el arte? De nuevo nos lo explicaba el rapero: “Yo no tengo arte porque meto el trompo en la pared para poner una estantería y sale agua de la pared y rompo la tubería, ¿jabe? Y viene un nota que es un artista y con un agujerito así me lo arregla, y yo le digo: eres un artista...”. Qué nivel. Así que la Generación del 27 fueron unos tíos que tuvieron problemas “por la movida de la guerra” pero que “han marcado tendencia”. Aquí han dejado huella, todavía se nota cuando en un documental así, personajes de referencia en Andalucía nos dicen esto: “Hombre, nojotro con los artistas andaluces po lo flipamos”. Yo sí que lo flipo. Eso sí, tela de guapo el mural que les salió a los grafiteros con aquella famosa foto del grupo. “Voy a poner un logo de 27 Generation”, dijo uno. La cosa no merecía menos.

Osado Manu. Le debo un olé a Manu Sánchez, al que ahora han relegado a Canal 2. Manu es un tipo con verdadero ingenio, no es el simple chistoso de las pichas que da esta tierra. Cecea sin complejos pero no castiga la gramática, y aunque tiene sombras topiquistas, su brillantez lo aleja del catetismo. Hace un par de semanas, en su programa, le estuvo dando caña todo el tiempo a nuestra miseria educativa. Yo me quedo con esta frase: “Mientras la copla tenga un 40% de audiencia, que no se asuste nadie de que estemos a la cola de Europa”. Vaya un reverendo guantazo a la propia televisión andaluza. Muy osado. Igual que cuando comentó el referéndum de Chávez: “No liarse con el ceceo... Siempre que nos riamos de Chávez será el de Venezuela, porque del de aquí no nos dejan. Tú te has reído –le decía a alguien del equipo--, pero verás la que nos va a caer”. Un olé, pues, por valiente. A ver si no le cuesta el programa. Zarrías seguro que ha tomado nota.

Compromiso. Creí que nada superaría como chiste el que hubiera un atril en forma de zeta, como una hamaca hecha de su ronquido, pero el acto que reunió en Cádiz a Zapatero, Chaves y Rubalcaba, convertido en fiesta de cumpleaños por Canal Sur, trajo aún una humorada mejor, estas palabras de Chaves: “Si nos seguimos esforzando en desarrollar nuestra economía como hasta ahora, yo me comprometo, y nos comprometemos, que en pocos años en Andalucía habrá pleno empleo”. Hombre, eso el Día de los Inocentes queda mejor...

13 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: Emergencia (13/12/2007)

España da catástrofes y pesimistas desde Felipe II, para gloria de las tabernas, los pendencieros y los poetas. En el fondo nos gusta y nos anima la decadencia tanto como los entierros o las reyertas con vino (sin esta decadencia no hubieran sido posibles ni Quevedo ni Ortega). Revoluciones, restauraciones, breves repúblicas, largas dictaduras y hasta la actual Democracia han recaído sobre ese pesimismo y ese astillero de viejos imperios y muebles que hacen antiguas todas nuestras puestas de sol. Son los achaques de España, siempre con un muro que se cae (muy quevediano) y un lobo que viene. No me he apuntado a cantar el Apocalipsis de Zapatero porque mi tristeza no es la del espadachín ni la de las tejedoras de banderas, cantando que “se rompe España”. Las Patrias me parecen abstracciones sentimentales y fijaciones infantiles como la que nos queda por la teta femenina, igual cierto concepto sagrado de España que los nacionalismos medio racistas de la periferia. España es una matrimoniada, como las de la tele. Donde unos quieren ver un sacramento, yo veo aguantar olor a pies. De lo que se trata es de si firmamos o no un contrato para aguantarnos, y no de rezar a esencias eternas. España va hacia un Estado federal, no le queda otra. Por muy poco que me guste el nacionalismo homogeneizante y lobotomizador, ni un trapo ni una cruz ni un rey van a unir este país en el alcázar que todavía sueñan algunos. Sólo la ley, consensuada en contrato, es capaz hacerlo. Y la ley se cambia y no se caen las estatuas del cielo por eso. Puede ser ésta, pues, la emergencia de algún partido, pero no la mía.

Ni por España, coño, ni por sus galeones, mártires o espiritismos, sino por el Estado de Derecho, por la salud de la Democracia, es por lo que estamos ante una emergencia. Y hablo, ahora sí, de Andalucía. No valen aquí ya la tibieza o el posibilismo, no valen tampoco esas trincheras de los nuestros y los otros, de la izquierda buenista o la derechona malvada, cuando todo esto está podrido, cuando los políticos que nos gobiernan parecen tener por trono sus escupideras, cuando nos toman por idiotas y nos torean como a cabestros. He tenido algo así como unas semanas de rebeldía y de asco, con los últimos acontecimientos, con las últimas noticias, y mi determinación ha sido escoger adversario, aun dándome cuenta, primero, de la dureza que hay en esa palabra, y luego, de que esa determinación estaba más allá incluso de las ideologías. Sí, porque hay algo por encima de la ideología, algo que debe ser previo, el propio sistema de libertades, la propia decencia de la Democracia. Miren a nuestros gobernantes autonómicos: cinismo de falsos pobres, sonrisas de analfabetos satisfechos, tropa de trincones y tapabocas, imperio de la propaganda, sistemática idiotización del ciudadano, larga flojera, manos en todos los sitios. Miren la Andalucía que han construido, tercermundista, infantil, menesterosa, arrodillada, dirigida, medio mafiosa, una gigantesca alacena para ellos y los suyos. Ésta es la guerra, no las izquierdas contra las derechas, sino la última dignidad de la Democracia contra un régimen asfixiante del que ya no me importan las siglas, ni los versos de los que quizá vinieron un día, ni siquiera los enemigos que señalan enfrente, sino su avilantez y su desprecio a toda decencia. Ésta es la emergencia, en esto sí nos van la libertad y el futuro. No es ningún pesimismo histórico, ni el Apocalipsis mentiroso que un partido arroja a otro. Es la justa resistencia de la ciudadanía ante los que se han declarado nuestros dueños perpetuos.

10 de diciembre de 2007

Somos Zapping 09/12/2007

Ironía del conocimiento. Quedar un fin de semana para salvar al mundo entre azafatas y techos de cristal es una cosa que gusta mucho en Occidente. Precisamente hemos tenido en Málaga una de estas magnas quedadas, Encode 2007, un proyecto bienintencionado para “implicar a los gobiernos contra la desigualdad”, con muchas aleluyas a la “sociedad del conocimiento” y a la santa tecnología, pero que a uno le parecía más bien una demostración de la Thermomix, aunque Canal Sur nos quisiera hacer creer que Andalucía dirigía la redención del planeta. Sin embargo, ni esta columna aspira a tales globalizaciones, ni Kofi Annan junto a Rigoberta Menchú y Bob Geldof trajeron más que obviedades, así que me centro en la imagen irónica que ofrecían Andalucía y sus políticos entre esas ostentaciones de pantallas como cataratas y logotipos como el Espíritu Santo deletreado. Sí, esa ironía que daba más calambre que todo el cableado mundial planteado, cuando el consejero de Innovación, Francisco Vallejo, afirmaba en las noticias que “la experiencia de Andalucía con la tecnología y el conocimiento tiene mucho que aportar en la lucha contra las desigualdades”, o que “estamos construyendo en Andalucía las nuevas Universidades, la nueva economía, aquellos elementos que caracterizan a la sociedad del conocimiento”. ¿Hablaba el consejero de esta Andalucía a la cola de la educación, churrería de analfabetos funcionales? ¿Qué cortocircuito en las cabezas de nuestros gobernantes ha conseguido que se llame sociedad del conocimiento a una que sufre el total fracaso educativo? En los guiñoles de Cuatro pusieron a un mono dando clases a Chaves. Poco más se puede decir.

La ecuación. No se preocupen, que Cándida Martínez no ha perdido la sonrisa, que la nueva Ley de Educación, después de casi treinta años, ya ha diagnosticado los problemas y, sobre todo, que en ese Encode 2007 traían todas las soluciones en unas como cajas de bombillas. Y no sólo para la educación, sino hasta para hambre. Palabras, de nuevo, del consejero Vallejo: “Es la primera generación ésta que tiene oportunidades gracias a la Red Internet de actuar en global y solucionar un problema global como es el hambre, la miseria, las grandes desigualdades sociales”. Analfabetos andaluces y pobres del mundo ya podrán estar tranquilos: Internet está ahí. Pero aún nos dejaban otro poderosísimo instrumento, que presentaba una especie de gurú con modos de telepredicador y acento del Superagente 86, flotando en sus logotipos como entre fórmulas de azúcares: nada menos que el Instituto de Innovación para el Bienestar del Ciudadano, que tendrá su sede en el parque tecnológico de Málaga, que costará 15 millones de euros y que le dará muchas vueltas, nos decían, a esta ecuación: Personas + Conocimiento + Tecnología = Calidad de vida. No veía yo una ecuación tan hermosa desde la Identidad de Euler. Claro que lo malo es que aquí no sabemos lo que son las ecuaciones, o las usamos para sacar manteca colorá. En esta educación tan igualitaria, son seguramente las únicas igualdades que no se tocan. A mí se me ocurre otra ecuación: Idiotez + Desgana + Propaganda = Políticos que nos gobiernan. Define mucho mejor nuestro horizonte.
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La ecuación 2.0. Recién descubierta esta ecuación mía, resulta que Canal Sur y la realidad andaluza me obligan a revisarla. No, no soy infalible. En un avance de Tecnópolis, veo a un tipo que se desliza por una cuerda mientras la reportera anuncia: “En Tecnópolis les enseñaremos cómo convertirnos en auténticos tarzanes con las iniciativas pioneras de Andalucía” (!!!). En las noticias también me entero de que, según “constata” (sic) un informe del Centro de Estudios Andaluces, aquí viviremos mejor... ¡en 2020! Un tal Eduardo Bericat, vocero institucional de la cosa, lo explica: “Se romperá el fatalismo, existe confianza en que Andalucía siga por la senda de crecimiento económico, insistiendo en que Andalucía, como sociedad buena (???), tiene que ser una sociedad justa, igualitaria, ecológica...”. Lo dicho. Se me fastidió la ecuación. Habrá que dejarla así: Idiotez x Idiotez + Desgana + Propaganda = Políticos que nos gobiernan = Televisión pública andaluza. Yo creo que ahora sí.

6 de diciembre de 2007

Los días persiguiéndose: La herencia (06/12/2007)

El presidente Chaves está ya en la edad de las herencias, porque las herencias son cosa de cierta edad como el bingo, el rosario, el orujo, los rastrillos o los caniches. Es esa edad en que se te están muriendo las tías del pueblo con terrenito, loro y joyero, dando velatorios cantados por notarios. El español, cuando empieza a quedarse calvo, ya sólo espera una herencia o una quiniela, que son dinero de domingo y patrimonio histórico de la raza, eso de vivir del azar o de los muertos, de los remates de cabeza o de los indianos que tuvo la familia. Chaves era pobre o peñista hasta que la suerte, esa religión tan española como la vagancia, le trajo una herencia como una goleada o como el premio de una participación de lotería con almanaque. Ha sido una herencia tan oportuna y puntual como para sospechar de un envenenamiento, pero aquí somos de familia larga y de salud delicada, y cuando no es una embolia es un accidente de caza o una triquinosis por la última matanza, y así a quién no le llega una herencia de tanto en tanto. Yo creo, de verdad, que Chaves estaba rezándole a la quiniela o a la herencia (quizá también a los cupones de los ciegos) y al final le ha caído la herencia porque los cielos de la suerte estaban así como provenzales. Los cupones o la primitiva hubiesen recordado a Roca y además son cosa de vicio de taberna, pero una herencia es respetable como una cojera. De todas la maneras honradas de dejar de ser pobre de repente, seguro que Chaves pidió la herencia porque incluye retratos, mecedoras y sábanas bordadas que sentimentalizan el dinero que queda por el medio, como si a través de él sólo se recodara el olor del monedero del muerto o muerta, instalado en la infancia igual que el de su tabaco o su delantal. Es un dinero que no sólo le sanea la cuenta, sino deja a Chaves como de buen sobrino, que todavía vale más. Acertó Chaves pidiendo eso y no la lotería, e hizo bien la Providencia en concederle el deseo, uniendo el dinero que necesitaba su menesterosidad con la decencia y una pequeña lagrimita de cementerio.

Todo esto me suena encantadoramente navideño, una herencia como si le llegara a un zapatero remendón o a una criadita hospiciana, cosa de ángeles intermediarios o de Frank Capra con el día dulzón. Un presidente autonómico con 3000 euros en el banco tiene que mover necesariamente a la piedad a todos esos entes encargados de repartir la fortuna y manejar la belleza de la nieve. Tras el programa Tengo una pregunta para usted, sin duda sonaron campanillas en el Cielo llamando a restaurar la justicia en la Tierra. Hasta dejaron la señal del milagro, algo como un rastro de sus alas, y que ha sido usar esa frase de Chaves afirmando que nunca había recibido una herencia para que, al caerle precisamente una, reconociera en ello la intervención divina. Justicia poética, se llama eso. Llega el tiempo de los milagros, en el que cantan los peces y se peinan las estrellas, en el que los árboles se convierten en dulce y los pobres se hacen violines con los zapatos, en el que las manos del Cielo dejan en la tierra sus anillos y patinan los ángeles por los tejados. Un tiempo de milagros para los hombres de buena voluntad, que verán que les vienen herencias y les guiñan el ojo los muñecos de nieve. Todo es posible en esta época, y yo creo que igual que unos pidieron herencias, otros pidieron un infinito candor. Y se les concedió.

4 de diciembre de 2007

Somos Zapping 02/12/2007

Mala educación. Mucho tiquitaca de centros TIC, muchos ordenadores de atrezzo, mucha golosina que le pone la Consejería a su propaganda, pero la educación en Andalucía da pena. Según el Informe Internacional de Evaluación de Estudiantes, los zagalones andaluces de ESO están en el vagón de cola del país, 14 puntos por debajo de la media nacional, y eso que España está a su vez 12 puntos por debajo de la media de la OCDE. Tenemos el menor porcentaje de “alumnos sobresalientes” y el mayor de “jóvenes descolgados del sistema educativo”, nos decía la noticia de Canal Sur con una tristeza como de mancharse. Pues todavía sonreía Cándida Martínez, cínica o emporrada de sus idioteces, al dar esta increíble explicación o justificación: “Todas esas medidas que contempla la Ley [de Educación en Andalucía], y que ya están en marcha en estos momentos, son fruto de un diagnóstico que nosotros hicimos hace más de dos años. Por tanto, estamos poniendo medidas”. Pues eso, los que llevan décadas gobernando aquí, están ahora “poniendo medidas”. Toda una generación de políticos y pedagogos tendrá que reconocer un día que se cargaron la educación y eso constituye la mayor traición imaginable al futuro de un país. Tanto la izquierda que ve la escuela como un juego de palmitas como la derecha que cuando protesta es mayormente para meter más catecismo y más olor a sotana. Iñaki Gabilondo dijo el otro día en su informativo que estábamos haciendo un país de analfabetos, y tenía razón. Lo que pasa es que en Andalucía esos analfabetos quedan luego muy bien en los programas de Canal Sur y los llaman “buena gente”. Aquí, con la mala educación sólo están haciendo cantera.

La élite de la burricie. Un buen ejemplo de cómo es la educación en Andalucía lo tenemos entre esas pelusas de sofá humanas que son los concursantes de Gran Hermano. Que alguien destaque en ese programa por su burricie ya es pertenecer a la élite de las élites, y eso lo han conseguido dos gemelas sevillanas de melena tan suelta como sus diarreas cerebrales. Ya les hacen especiales, como el que les dedicaron los benditos canallas de Sé lo que hicisteis, sólo con los insultos al lenguaje y a la inteligencia que van dejando en sus despatarramientos: “Sofales”, “pacencia”, “deshacío”, “distrayó”, “culo operativo” (por operable, quizá) y así. Eso cuando no utilizaban raras medias angulares diciendo que alguien había dado “un giro de 120 grados, 160 ó 480, no lo sé”. Uno de los colaboradores del programa de Ana Rosa Quintana llegó a afirmar con razón que hasta un extranjero que también habita esa casa de negados, y que habla como los vendedores callejeros de collares, manejaba el castellano mejor que ellas. Lo peor es que habría que reconocer que estas gemelas no son un caso raro en nuestra tierra, sino lo habitual. Pero sin duda son así porque a su instituto no llegaron a tiempo los ordenadores del TIC.

Sueños de pobre. Todavía puede el programa de María del Monte dar nuevos sustos, ascos y penas, y no me refiero sólo a ver aparecer a Maite Cadaval como travestida de sus hermanos, sino a una lástima más profunda que sentí al comprobar cuáles son los sueños de los andaluces, que son sueños de pobretón. Una señora de Alhama de Granada sólo quería hacerse una foto junto a la Giralda y allí la llevaron en coche de caballos y con mantilla. “Parece que estoy en un cuento de Cenicienta, que soy una estrella de cine”, decía la pobre. La Giralda como algo exótico, tan lejano como el Taj Mahal, ilusiones tan humildes como imposibles para ellos, para tantos andaluces. Qué pena.

Sin tópicos. El informativo de Canal Sur lo había anunciado como un evento sobre cultura andaluza en Munich, organizado por el gobierno autonómico, que quería dar una imagen “alejada de los tópicos”. Pues menos mal, porque salieron farolillos colgados, mozas con traje de gitana bailando con abanicos detrás, jamón y manzanilla, fotos de nazarenos, toros de Osborne en miniatura y señoritas como anuncios de Tío Pepe. ¿Qué harán cuando quieran ponerse tópicos?