15 de octubre de 2007

Los días persiguiéndose: La patria enamorada (15/10/2007)

No se lleva el otoño este viento de banderas. Son las banderas melena, las banderas manta, las banderas pañuelo, las banderas libro, las banderas campana, las banderas llama, las que hacen cielo cayendo hacia arriba. Las estaciones también se izan como patrias y ahora que veo llover me parece que todas esas banderas se deshilachan en música como los violines, que las naciones tienen un nido del que se caen en esta época y que el otoño deja el suelo como un armario con las perchas caídas o como una barbería de la política, sentimental, humana y sucia. Se han paseado banderas, que para unos políticos son caniches y para otros ambulancias; se han paseado ejércitos con su peso de nieve, se han paseado ministros con capote de guerra y hasta se han paseado Vírgenes como monjas de gala por sus cocinas. Todo eso debe ser la patria, un campamento que se mueve por las nubes, un rezo que nos amuebla de grandes sillones, una letra grabada en un capa, una corneta colgada como un hacha. Creo que la patria da frío con su poca tela y sueño con sus larguísimas palabras. Creo que la patria es una cosa de ir encendiendo ya la chimenea.

Yo no sé si la patria es amor, quiere amor, necesita amor, como dicen. Rajoy pedía ese amor o pedía orgullo, que es un sentimiento paralelo. Se ama más cuando hace frío y a lo mejor eso vale para las patrias igual que para las enfermeras que te cuidan en la fiebre. Ya se acabó el tiempo de la lujuria y lo que queda es un amor de abuelos, de sopa, de pies y de bufanda. La patria tiene mucho de bufanda. No sé si la patria es amor y entra en la Navidad de las familias. Quizá eso de la patria novia es algo de soldados, como la patria madre es algo de una tía abuela de visita. Amar a las abstracciones, como amar a ciertos meses sobre otros, me parece de una lánguida decadencia romántica. El romanticismo nos trajo la belleza de las tumbas como de las niñas sobre ellas, y también nos enseñó que no se podía hacer política con eso, o que si se hacía llevaba a la locura y a los duelos con pistolas musicales o de verdad, que es en lo que desembocaban el amor, las sinfonías y los imperios de la época. La patria romántica no es una patria política, y por eso Rajoy haciendo de joven Werther lo que parece es un duelista.

No se lleva el otoño este barro de banderas. Veo que ha llovido sobre esas mismas banderas y sus municipios y creo que hay alguien en la calle que se casa, con este día oscuro que le hace de párroco resfriado y de gran carroza mojada. Me doy cuenta de que ni siquiera el matrimonio sirve como contrato de amor. Menos aún el Estado, que también es un contrato. A un contrato no hay que amarlo, pero sí cumplirlo, respetarlo. A eso quizá es a lo que se le llama ciudadanía, que es un concepto menos romántico pero más útil. Esa diferencia entre el ciudadano y el amante en sus balcones nocturnos es la que no ven algunos políticos. Es la misma diferencia que hay entre la ley y la estrofa, entre la nación y la raza. Sé que hay quienes aman a la patria, la que sea, pero yo lo veo como amar a una estatua, pigmalionismo, fetichismo de los objetos que sustituyen la presencia de otra cosa. Amar a una bandera, como amar la toalla que acaba de dejar la mujer desnuda, puede dar para un verso, pero la política basada en eso es sucedánea y hasta enfermiza. La patria enamorada, de Rajoy o de otros, es arrastrada por los cielos, es tendida en las plazas, es bordada por sentimentales o canallas, pero besa en la cama con un frío de esposa muerta. En realidad, yo no conozco patrias. Conozco gente y sus libertades, derechos, necesidades y sufrimientos. Conozco hasta una grada que se hace con todo eso y que se llama, a veces, democracia. Mi orgullo sería que esa democracia construyera justicia. No que sus vestidos adornaran la tarde, que sus palomas tocaran trompetas, que sus lágrimas espumaran el aire, que sus enamorados se mataran de amor.

14 de octubre de 2007

Somos Zapping 14/10/2007

La estrategia del asco. Mariló Montero ha llegado como más planchada a la nueva temporada de Mejor lo hablamos, pero el programa sigue teniendo tipificadas las dos mismas categorías de debate de siempre: el debate insustancial o directamente idiota (como el primero, sobre el caso Madeleine), y el debate que enfrenta a progres contra la carcunda de la derechona moral, como el que trató la asignatura de Educación para la ciudadanía o el de esta semana sobre la castidad. Bien pensado, éste entra en las dos categorías, todo un éxito. Vino con el de la castidad un notable descubrimiento para muchos, aunque no para mí (los vídeos de este personaje me los ponían en clase de religión en el instituto). Se trata de Jorge Loring, jesuita abuitrado, fundamentalista ante el que hasta Lefebvre parece un teólogo de la liberación, y que nos volvió a traer la religión contra las pajas, el pecado de los condones, el orgasmo como propiedad de los casados y otras burradas iracundas que andan aprovechando ya en los zappings (yo lo vi en El intermedio de Wyoming asustando como una momia). No hay que ser demasiado espabilado para darse cuenta de que en los debates de ese tipo, Mejor lo hablamos usa la sagaz estrategia de identificar a un bando con la izquierda-PSOE y al otro con la derecha- PP, siendo éste el que da miedo, por supuesto. De ahí los temas tan peregrinos (¿a qué venía eso de la castidad ahora?) y esos personajes cavernarios, tan impresentables que hasta Ramoncín se los come en la argumentación. Lo que a uno le sigue sorprendiendo, sin embargo, es lo que ayuda el mismo PP a esta identificación. Por qué el PP de aquí se enreda en puritanismos en vez de hacer política, es algo que no entiendo. No, no tienen la culpa los manejadores de este debate canalsureño. Ese supuesto centro que tira tanto a la beatería y al estreñimiento moral le pone en bandeja al PSOE muchos votos de simple asco. Ese asco que da Loring, por ejemplo, que a lo mejor es el mismo que puede dar Arenas cuando lo copia a él o a otras sotanas del mismo corte.

Socialismo con mantilla. Será por cercanía, pero lo que voy a contar creo que ha sido la respuesta más brutal que he visto al discurso de Navidad de Su Majestad Rajoy por parte de un cargo socialista. Recordarán que la semana pasada contemplábamos aquí la posibilidad de que la alcaldesa socialista de Sanlúcar, Irene García, después de aparecer en un acto de exaltación rociera junto a la primera edil de Jerez y el subdelegado del Gobierno en Cádiz, se vistiera de mantilla para amadrinar algo de Virgencitas. Pues sí, ha sucedido, antes de lo que esperaba y en otro acto mariano, una coronación canónica al aire libre, sobre una especie de zigurat erigido en un paseo, retransmitida igual de piadosamente por la misma tele local. Allí estaba la alcaldesa socialista de mantilla, en el Día de la Raza, entarimada con un obispo, un batallón de curas y un pasopalio como toda una platea, en una ceremonia en la que se diría que estaban resucitando a Franco o a Pío XII. No me digan que este nacionalcatolicismo socialista no va mucho más allá de los simples besos a las banderas que pedía Rajoy. Por cierto, una pregunta que me asalta mirando ahora el párrafo anterior: ¿A dónde irá ese voto del asco que también promueve este socialismo sacristanejo? Ay, cómo necesitamos en Andalucía a un Savater...

Hablando de niños. El programa no se llamaba Menuda noche, sino Los niños hablan. Y no lo presentaba Juan y Medio, sino al parecer Bill Cosby. En realidad, ni siquiera era un programa real, que yo sepa, sólo una parodia dentro de un episodio de Padre de familia, una de las series de animación más divertidamente bestias y gamberras que he visto nunca, aunque no llegue al nivel de South Park. Hilarante fue comprobar cómo el cruel retrato que habían hecho los guionistas en ese episodio era tan fácilmente transportable al programa de niños macacos de Canal Sur. “Exploten a su hijo por un viaje gratis”, animaba su promo. “Y ahora, una niña que salta a la comba con las trenzas de su hermana”, anunciaba el presentador. Sí, era tan exacto que yo creo que en USA también ven a Juan y Medio, y hasta al insoportable niño del tambor.

13 de octubre de 2007

Una 'Operación Triunfo' con macetas: 'Se llama copla' (13/10/2007)

N.A.: Texto original completo del artículo, que puede diferir del que aparece en la edicion impresa del períódico

Es el último intento de Canal Sur por devolver Andalucía a sus carromatos y a un tiempo de campanilleros, a la resurrección de unas esencias que en realidad terminaron ya como los guardias civiles con capote o como esas farolas de gas que alumbraban muy bien las tragedias de amor entre las clases y la majestad de los caballos con sombrero de copa. Hay diferencia entre la tradición y un desván sentimental de antiguallas, y esa diferencia está en la acumulación, en la exhibición, en la satisfacción, en la evasión en la que se regodean; algo así como una viuda o una actriz loca que se hunde en sus viejos ajuares, fotos y maquillajes, que eso sólo da pena y estampas de enterramiento en vida.

El formato Operación Triunfo está muerto como aquello de Gente Joven, y recuperarlo ahora con la copla, con toda la costurería y la tauromaquia de la copla, es como retrotraer la televisión a la radiofonía de Joselito, saltar de lo simplemente demodé a lo reverendamente carca, una doble manera de ser atrasados o ropavejeros. Se llama copla reúne muchos pecados éticos y estéticos, pero los éticos son los peores. De nuevo se le dice al pueblo que su arte y su cultura son aquéllos que no necesitan educación ni academia, una cosa racial, “intuitiva” como llega a afirmar algún miembro del jurado. De nuevo se le dice al pueblo que tiene bastante con eso, que tiene que estar satisfecho, realizado y orgulloso con esas sobras; que no necesita o no puede llegar al arte verdadero, a la cultura de tamaño universal, y además que eso constituye precisamente su esencia. De nuevo se le dice al pueblo que sólo se puede salvar por el carácter y el corazón, no por la preparación o el estudio.

Es ese futuro de los maletillas, de las niñas sin escuela pero con pájaros en la garganta o en el tipito, la esperanza de los pobres, la redención con la que sueñan amas de casa, lavanderas y panaderos. Hay en esas chicas del programa algo de novia buscando novio como único porvenir, hay en esos chicos algo de futbolista que quieren ser, hay en todos ellos lo que parece ser la constante de los andaluces: ser rescatados o elevados de cierta condición plebeya por el impulso de la propia sangre o raza. Lo vimos ya en los primeros castings, y luego cuando nos han querido retratar a los concursantes: señoras sacadas de sus cocinas, señores con la canción de la taberna, chicas sin más cultura que sus ojazos; pueblo pegado a su paisaje, a sus ferias, a sus romerías; gente sencilla con sueños de princesa y aquello de la copla como el oficio propio de su casta. No se empeña mucho Canal Sur, desde luego, en que los andaluces empiecen a querer ser otra cosa, algo más que limpiabotas que llegan a triunfar en ruedos o tablaos.

Se llama copla es una Operación Triunfo con macetas, acompañada o recubierta de una cecina pretendidamente idiosincrásica, vulgarota y pobretona, fuera de siglo como la achicoria. El resultado es que todos los participantes nos recuerdan a nuestra abuela, que todo el público queda como alfonsino y que el programa en general huele a cera. Por todo esto las galas parecen un mueble bar, los resúmenes vídeos de la boda de la vecina, los invitados momias, el jurado el de la reina de la verbena, las votaciones un rosario y todas las lágrimas las de una malcasada o las de un hospicio. No hay ni siquiera clases de verdad para los concursantes, sino sólo ensayos tras unos biombos, como si en vez de cantar fueran a enjuagarse el sobaco en el palanganero, cosa tan de época como sus canciones.

Al menos, tenemos que felicitarnos por que no hayan llamado a María del Monte para presentarlo. En su lugar está Eva González, muchacha muy mona y desenvuelta aunque resulte algo postiza. Con ella han pretendido hermosear de juventud un planteamiento ineludiblemente rancio, igual que al meter entre los participantes a mucha chavalería. Pero tanta gente joven travestida de otro siglo queda aún más triste o esperpéntica, algo así como los chiquillos disfrazados de jubilados de Juan y Medio. “La copla está más viva que nunca”, afirmaba Eva en la última gala. Vivísima, sobre todo si a los de siempre les interesa mantener al personal en el amodorramiento folclórico. En el elenco de presentadores tenemos también a Eduardo Banderas, muñecote habitual en las videoteces y reposterías de la cadena (esta vez no le acompaña Carmen Janeiro), tan metido en su papel que cuando nos anuncia un vídeo o canción saluda con una montera invisible. No fue él, sin embargo, sino otra chica que anda entre bambalinas, la que el otro día nos regaló esta joya que daba toda la altura del programa: “Hay algunos temas que para los concursantes son un handycam (¡sic!)”. ¿Handycam? ¿Esas cámaras de Sony? Se diría que también hay que acomodar el verbo a nuestra idiosincrasia, que tiene mucho de no saber hablar. Tampoco saber escribir le pega mucho al programa y quizá por eso la realización sobreimpresionaba “Me embrujastes” (sic).

De idiosincrasia, desde luego, están forrados los concursantes, hasta llegar al alicatamiento. Ellas, vestidas como de sofá con bata de cola, en el ramo de sus trajes, en el columpio de sus zarcillos, con las tetas ajardinadas y escalinatas por peinetas, todas como dedales decorados, son talmente la muñeca flamenca que vive en los tapetillos. A ellos (hay dos chicos) nos los ponen entre cowboys de gala y toreritos (“torero que no sabe hablar”, se le escapó a Concha Márquez Piquer de uno de ellos, y era cierto). Sin ese faldonaje crujiente y vetusto la copla no sería copla (“cuando me pongo los tacones, el vestido y la flor, soy otra”, decía una de las chicas), igual que sin sus dorados no serían nada Earth, wind & fire, grupo del que yo me acordaba no sé por qué, quizá por la asociación de ideas que me traían lo satisfechamente retro y hortera.

No faltaba ni la muchacha que llevaba cosida por dentro del escote una estampa que le dieron unas monjitas (Santa Angela de la Cruz, que igual cantaba), con lo que eso de la morena con relicario se hacía carne mortal ante mis atónitos ojos, embotados ya de topiquismos. Y es que el programa tenía también que reflejar la proverbial superstición del pueblo, esa santería de los abanicos que traen suerte o las pelusas de Fray Leopoldo muy rezadas por la madre, que tanto nos indigeniza. Tan proverbial eso como cierto guerrillerismo de nuestro genio, porque aunque alguna se empeñara en cantar que era la Carmen de España, y no la de Mérimeé, llegué a pensar que se avecinaba una pelea de cigarreras por los pelos cuando otra chica, golpeándose el pecho y manoteando, advertía esto ante la posibilidad de quedarse fuera del concurso: “Llevo mucho tiempo luchando y lo voy a conseguir, ¿eh?, y si no es ahora, lo que es pa mí no me lo va a quitar nadie”. Así defienden su plaza, su honra o su pan las mujeres andaluzas, y olé. Para remarcar esto, la gala culmina con el reto de un nuevo aspirante que llega de fuera, y que usualmente nos ofrece un duelo entre morenazas como por su hombre, entre la desesperación, el mordisco y la supervivencia.

Este desenterramiento de lo carca lo completa un jurado que es como un palco de torneo medieval o de Nodo: Pive Amador, productor que parece el Luis Cobos de la copla; Rosario Mohedano, ascendida macabramente al oficio tras el incienso de su tía; Hilario López Millán, que es un señor que vive a medias de opinar de corbatas y a medias del marujeo televisivo con incursiones en la telebasura; y un invitado figura que cambia según el programa (hemos visto a Lolita, a María Jiménez y Concha Márquez Piquer) pero que viene siempre con sus batallitas copleras o sus vajillas de familia como con baúles del Titanic, y que reparte puntos, guapuras y niveles de pureza como si los participantes fueran caballos.

Todo esto, pues, conforma el altar al que luego llega la copla con sus capotes enredados con escapularios, sus Vírgenes aparecidas a los toreros, sus civilones, sus hembras enrejadas, sus chulazos de puerto, su matarse de pena, sus cristianas decentes y su España cañí. Todo ese mundo de candelería, beatería, machismo, espuelas y cornadas, que uno no sabe qué sentido tiene hoy en día, no ya como pseudoarte, sino como pretendido fundamento, aún, de identidades y orgullos, y hasta como faro de la juventud. Es como volver a la literatura de cordel en la televisión, pero además haciendo patria, vistiendo muñequitas, aplaudiendo nuestra ignorancia y tejiendo con todo eso un mantón. O sea, lo que ya sabíamos de Canal Sur. Como decía Fernando Fernán Gómez disfrazado de gitanito en Morena clara: “La fetén”.

8 de octubre de 2007

Los días persiguiéndose: El cromosoma Chaves (08/10/2007)

Con su ciencia humanista y sus estrellas como cataratas redondas, como gajos o como émbolos, Carl Sagan fue el padre de todos mis vértigos cosmológicos y bioquímicos. Recuerdo que en aquel libro, Cosmos, con el Universo en un acuario, describía el núcleo celular como una “explosión de espaguetis”, y que los gráficos en los que el ADN parecía una escultura hecha con estanterías y las mitocondrias buques entre sargazos me impresionaron de chiquillo más que todo lo que leí luego en el Lehninger, tocho donde la biología molecular había deletreado su recetario. Con aquellos nucleótidos de Carl Sagan que tenían sabor a caramelo y con su narración de la leyenda de los cangrejos Heike, a los que la selección artificial terminó dando cara de samurai, entendí por primera vez la fuerza de la evolución, tan poderosa que podía darnos toda la variedad de la vida, aunque algunos le sigan otorgando el mérito a un viejo relojero, ciego según Richard Dawkins. No tengo duda de que el ser humano llegará a controlar su evolución biológica y que será la oportunidad o el arma más fabulosa y peligrosa que hayamos tenido nunca. Ni Prometeo, ni Frankenstein, ni los cabreos de ese relojero ciego o de su guardia pretoriana lo evitarán. Sólo espero que tengamos cabeza para manejar ese poder. De momento, Craig Venter ha creado el primer cromosoma artificial y con esas tenacillas empezará la revolución. Los pescadores japoneses “crearon” a los cangrejos Heike en apenas siglos, sin más que devolver al agua aquéllos que les parecía que tenían rasgos levemente humanos en el caparazón. Tenemos vacas lecheras y ovejas con abrigo gracias a un mecanismo similar. Ahora que la ciencia llega con sus sutilísimas cánulas a la fontanería más íntima de la célula y podemos empezar a vislumbrar el diseño a capricho de la vida, todo eso parece ya sólo una cosa achelense.

El motor de la evolución es la mutación, el cambio, y luego la selección que hace la naturaleza de esos cambios. Cambio y muerte, así se construye la música de la vida. El ser humano ha llegado a alterar su entorno a escala planetaria y ahora empieza a alterar la biología a escala molecular. El hombre, para bien o para mal, está ya dirigiendo con su voluntad ese cambio que mueve a la evolución. Es en política donde parece que no tenemos aún a esos doctores con ojos tan finos y lo que manda no es el cambio, sino el estatismo. O la inercia, que es otra ley de la naturaleza, en realidad la primera ley que hizo posible la ciencia, gracias a Galileo. Claro que a Pizarro le parece que no: “Chaves encarna el cambio permanente”, ha dicho, un poco presocráticamente. Podríamos recordar lo de Heráclito (ya saben: “todo fluye” y “no nos podemos bañar dos veces en el mismo río”), pero son dos frases que le encasquetó Platón y que además deforman muy bastamente su discurso verdadero. Pero yo a Chaves lo veo más parmenidiano, porque se monta en un carro para al final contarnos que el “ser” se opone al cambio y a la multiplicidad. Es el Chaves parmenidiano el que nos encontramos de nuevo candidato y el que no cesa en las tautologías. Pero Parménides resulta ahora tan antiguo como el peinado de sus musas, demasiado para que esté todavía definiendo la política de aquella forma redonda. Tan antiguo como ese Heráclito mal citado, porque en el río de Chaves, que se supone que nunca es el mismo según Pizarro, estamos hartos de bañarnos y de comprobar que suena y moja igual y nos sigue dejando con sed. Ya la ciencia ha ocupado todo el sitio de la filosofía, excepto la ética, y uno lo que desearía es que algún cromosoma inyectado en Andalucía hiciera bullir este aguado citoplasma. El cromosoma Chaves, que sólo se reproduce a sí mismo y no codifica más proteínas que la propaganda, debería ser desechado por la evolución o por la voluntad humana guiada por la inteligencia. Esperamos aún la puntería de unos doctores que den el jeringazo.

7 de octubre de 2007

Somos Zapping 07/10/2007

Si las pichas tuvieran ojos. Jesús Quintero ha vuelto algo zaherido, como un león pelado. Pero se venga haciendo lo que sabe hacer, lo que hace siempre y quizá lo que ya puede que nos canse un poco: ese león que ruge de sueño de manera idéntica y que lo caracteriza como aquellas películas también con león. Digo que cansa porque sus personajes veristas del pueblo, la taberna, el puesto de cupones o el cabaré provinciano van perdiendo su carácter velazqueño, ilustrador, pedagógico, culturizante de una cultura inversa, para ser otra cosa. O sea, frikis sin más, tal que el francés que canta sevillanas cortando jamón, como en una pesadilla diplomático-gastronómica. O simplemente, gente repetida. Quintero empezó a flojear cuando le dio una sección fija al Risitas y ya aquello parecía José Luis Moreno con Monchito. Ahora, se lleva un cuarto de hora hablando de pichas con ese llamado sabio de Tarifa, farero loco o loco de los vientos al que hace tiempo que le conocemos las sandeces, cada vez más profesionales, claro. “Si las pichas tuvieran ojos...”, se preguntaba. Más interesante fue la presencia de Paco el Pocero. Aunque le hizo una presentación casi heroica, yo creo que fue ironía o cebo para que luego el personaje diera él mismo su medida de pobre hombre con yate en la espuerta y bocatas de a millón. Luego, siguió con frikadas. El estilo de Quintero no cambiará, pero el elenco podría renovarse un poco. Llenar el tiempo con chistes de pichas me parece una opción demasiado desesperada para él. Eso sí, todos los programas de zapping tienen ya la papeleta resuelta. Quintero ha vuelto con las maletas llenas de tragasables y narizotas.

Teología municipal. Qué grandes enseñanzas nos regalan las televisiones locales, y a la vez qué placer morboso, casi de voyeur, al contemplar a los pueblos explayarse en sus privadas ridiculeces y pantufleos cuando creen que nadie los mira. Y si concurren, como es el caso del evento retransmitido, tres cargos socialistas alrededor de un ambiente extrañamente nazareno, ya ni les cuento. Un señor hincado de rodillas ante la majestad de sus horripilantes ripios, una cosa de rocierismo techado de angelotes y humedades, dos alcaldesas socialistas y un subdelegado provincial del Gobierno pietizados por el protocolo y la Blanca Paloma... En resumen, un pastiche teológico-cateto-municipal de calibre vaticano. Pilar Sánchez, alcadesa de Jerez, con el toisón de la cabeza cortada de Pacheco; Irene García, nueva alcaldesa de Sanlúcar, también con el trofeo de haber echado al PP y de tener la sombra política del padrecito Cabañas; y José Antonio Gómez Periñán, subdelegado del Gobierno en Cádiz, con el pecho de lata de los dogmas marismeños... Todos poniendo a las instituciones públicas bajo el manto de la Virgencita en un acto de hermanamiento rociero de pavorosa estética nacionalcatólica. Vaya con la laicidad socialista. Para colmo, a la alcaldesa de Sanlúcar la vamos a ver pronto de mantilla porque, si el sentido común no lo remedia, va a ser madrina (no como particular, sino como primera edil) de la erección de una estatua mariana en una plaza. Como si no colgaran ya del cielo y los balcones todas las Vírgenes que caben en la ciudad... ¿Cuándo y dónde aplica esta gente la laicidad? ¿En la intimidad?

Mensajes contradictorios. La Junta ha encontrado el remedio a los problemas de la educación, y no se trata de regalar lotería al profesor ni de enchufar a los chiquillos de dos en dos. ¿Cómo no caímos antes? Si queremos que los chavales estudien... ¡hagamos un anuncio! Sí, eso han hecho, un anuncio que le dice a la muchachada que “estudiando, tú ganas”. Una mezcla entre la publicidad de los embutidos de la tierra y el spot de Canal Fiesta Radio, que sin duda convencerá a los haraganes y a los desmotivados. Ay, la educación fracasó en el momento en que unos pedagogos flojones creyeron que se podía sustituir la voluntad por la motivación. Pero yo me pregunto qué pasará cuando el eslogan de esta campaña choque con aquel otro que, con rumor de olas y parecida ambientación, dice “déjate llevar por las sensaciones...”. A ver cómo procesan tanto mensaje contradictorio.

6 de octubre de 2007

Juguemos a las cortijadas: el nuevo 'reality retro' de Canal Sur (06/10/2007)

N.A.: Texto original completo del artículo, que puede diferir del publicado en la edición impresa del periódico

Majos de barbería, bandoleros con quesos, molineras de boda, niñas con cabritillo, corrales edénicos, lunas de romanza, pastoras con lazo, labriegos como barítonos haciendo de labriegos. Canal Sur no ha montado un intento de documental ni de reality show, sino una antología equivocada de lo andaluz como si la hubiera hecho un francés mezclando sin medida ni rigor la zarzuela con la cuchillería, los fandangos con las rebanadas, el locus amoenus con varios museos del traje, el sueño de una noche de verano con las norias de agua. Dentro de las postales, barcarolas, jardinerías de patio y cantarerías de lo andaluz en que se empeña esta cadena pública llena de rosetones del folclore e intrahistoria bucólico-analfabeta, un reality en un cortijo representa el colmo no sólo de esa especie de belenismo de lo de aquí en el que tanto se gustan, sino, lo que es más grave, de la trivialización, el dominguerismo, el caramelizado, el travestismo, el espantajo, la burla, el esportismo, la balletización de una de nuestras realidades más dolorosas. Este cortijo de 1907 les queda como una piñata hecha con el abuelo pobre, muerto y esponjado.

El cortijo es la catedral de nuestra miseria histórica, el nicho de paja de nuestros padres desfondados, la metáfora de toda Andalucía arrojada a un pozo de agua y cal. En el cortijo se fundamentan nuestra herencia de hambre, ese hambre del palo de la cuchara, nuestra incultura impuesta por el peso de las botas y mantenida aún como gracia, la diferente estatura de las clases que todavía se ven en la sombrerería de sus apellidos y yeguadas; en el cortijo se fundamentan el sabor a tierra de nuestra boca, la querencia a las manos negras y hasta el que el hierro de la industria nos resulte extraño como a hechiceros amazónicos, ese sabor a agua rara que todavía nos trae la máquina, la fábrica, la modernidad. El cortijo, establo humano, colchón de huesos del pobre condenado a la pobreza como a una postura, una pobreza que es un perro que olisquea en los lebrillos, que es todo un pueblo de espantapájaros con hoces, doblados por el viento y la patada.

A los andaluces habría que contarles lo que tenía el cortijo de baronía, de vasallaje, de baldamiento, de mocos, de horca, de chinches, de chiquillos como recuas, de frío por los pies, de eternidad sin salvación. Pero le ponen florecillas. El logo del concurso es una casa con florecillas que llueven igual que nieva en esas bolas de juguete con una ciudad dentro. Una casita entre flores como si viviera allí la familia Ingalls, en aquella santidad de pan en la que habitaban ellos como dentro de una fábrica de obleas. Florecillas y mariposas blancas que vuelan sobre el dibujo del cortijo como sobre una casa japonesa toda suavidad y papiroflexia, como sobre la publicidad de un ambientador o de un papel higiénico. Una colina de columpios, un trabajo de guirnaldas, un borriquillo que toma el sol, así son los cortijos sin novecentismo de Canal Sur. Todos los andaluces vivían antes en hoteles rurales, con la salud de las rebanadas gruesas y la alegría de los animales flautistas. La Edad de Oro con todo el sol del mundo aventado. Un azadonazo en el pecho hubiera dolido menos en nuestra dignidad.

Un viaje en el tiempo, así lo planteaban en el primer especial de domingo del programa. Pero Rocío Madrid y Fernando Ramos, vestidos más de violetera que de cortijeros, parecían guiris que llegaran a España con traje de luces. Un viaje en el tiempo que era más a un parque de atracciones con tema jornalero, una viaje en el tiempo como esas fiestas medievales donde no hay peste ni hambre, sino cerveza y parrilladas. Era el pasado pero imaginado por el animador de un crucero o un director de varietés, como el teatro imagina a los magos chinos vestidos de Fu Manchú. Así imaginaban ellos el mundo del cortijo, curioso y exótico como un mueso de la daguerrotipia o de máscaras tribales, ingenuo como las primeras escenas picantes del cine mudo, algo entre un safari de gallinas, un baile con cintas y la fiesta de una matanza. Saltaban del sepia al plató como desde esos cuadros con ciervos de los salones, venían como por el tobogán de su banalidad y traían la excitación niña de haber montado en pony o de que iban a montar, pues todo aquello del cortijo no podía ser sino caballitos para los chiquillos y rondallas para los mayores. Eso sí, Rocío Madrid decía que podían haberla mandado “a un sitio con más glamur”.

No ayudan los presentadores a que el programa de marras tenga un mínimo de decencia. Rocío Madrid, que pasó de entrevistar a los triunfitos a sonreír con las tetas en Crónicas Marcianas, es la estanquera de su tipito sin más sustancia que sus meneos. Fernando Ramos también viene de los bajos de la noche de Sardá y se ha revolcado por todo el pellejeo del corazón, con cuya pringue se abrillanta aún la melena. Y Rafael Cremades, qué decir de este hombre siempre rodeado de bollos del pueblo, de glorias de churreros, rebozado en una arcilla de harina, presentador de galas de saldo, de debates para memos, de mañanas palanganeras. Quiso explicarnos cómo era la Andalucía de 1907 y nos puso imágenes de gente bailando sevillanas, del comienzo del fútbol, de señoritos bebiendo vino, de damas en la playa. “Lo pasaban bien, aquéllos que tenían dinero, y otros tenían que buscarse la vida como jornaleros y tal”, contaba. “Buscarse la vida como jornaleros y tal...”, como si fueran hippies que venden collares o poetas bohemios o rebeldes de motocicleta. ¿Cómo se puede cometer la salvajada de decir semejante cosa de los que estaban atados a su pobreza sin remedio? Todo el asunto del cortijo les da a ellos para muchas gracietas, sobre todo a Fernando Ramos, que a veces parece Chiquito de la Calzada preparado para un sábado de discoteca. Pero hasta las gracias las paran con otras gracias: “Te has pasado dos cortijos”, decía Cremades.

Con semejante caterva, pues, este cortijo de Famobil va a su ritmo de zapatería entre incongruencias, embellecimientos o afrentas. No se puede aspirar a una seriedad documental (porque van de eso, de documental) sin más que colgar cuatro aperos y cuatro manojos en las paredes. Aquello no son las gañanías que realmente eran y las familias del programa parece que van a una feria o que son un coro de joteros. No ya en 1907, sino bien mediado el siglo, la gente de los cortijos vestía zurcidos sobre remiendos y harapos sobre harapos. En los primeros programas tienen que hacerse un colchón de lana, pero ¿quién los tenía? No, eran una tela de saco casi transparente rellena con paja de cebada, si se podía, y si no de trigo, aunque fuera más dura. Y a los temporeros que llegaban, les bastaba una estera donde hacían nido los bichos. Por la noche se tenían que atar con cuerdas los puños de las camisas y los perniles de los pantalones, para que no les comieran las pulgas. Ropa que se iba destrozando con el grano, aquella tela marinera que picaba, los mismos pantalones y chaquetitas para verano e invierno. Eso, y la suciedad endurecida, un poco de agua de un cántaro por el cuello y de vez en cuando medio lavarse en un lebrillo; y los chiquillos sin escuela o con la escuela del borrico, con su sabiduría de abuelo callado; y el trabajo de sol a sol, tan duro que al lucero del alba lo llamaban el matagañanes. Así era, hasta hace muy poco. No, no había mucho tiempo para organizar piñatas, como hemos visto en el programa, ni para excursiones a un lago como damas de Renoir, que también las han hecho (cantaban en el camino, qué ironía, “vamos a contar mentiras”). Y tampoco la comida era la de un mesón, la mesa llena de platos de barro con buen queso y patatas y carne y verduras que les ponen a los concursante. No, en el cortijo lo que había eran ollas de garbanzos, no más que garbanzos, pan, aceite y agua, y si había suerte algún higo.

Y claro, siempre, el temor del señorito. El señorito o su capataz o su arreador, que un día se enfadaba y arrojaba el sombrero al suelo y allí iba el pobre trabajador a recogerlo y a sacudirlo y a pedirle perdón otra vez sin levantar la mirada, antes de que lo volviera a tirar y él a repetir la ceremonia de la humillación. Hasta un actor haciendo de capataz han tenido la desfachatez de meter en el programa. Vino un día con gran anchura de huevos, poniendo muy bien cara de desprecio, a pedir cuentas por unas ovejas escapadas. Los concursantes le llamaban de don y se quitaban la gorra ante él. El pasado recobró su tamaño de injusticia y fue cuando la repugnancia de este espectáculo me sobrepasó.

Voten ustedes ahora por SMS, si tienen estómago, qué familia les gusta más. La familia que tiene asignadas las florecillas rojas o la otra que tiene asignadas las florecillas verdes. Vean que sacan la guitarra y bailan por sevillanas, que duermen cachorros, que hacen repostería, que celebran fiestas y ríen a la sombra chiquillos de picnic, labriegos como toreritos, señoras como felices posaderas. Qué tremendo insulto a la memoria. Hasta el nombre del programa suena a aniversario obsceno. De 1907 a 2007... Se diría que celebran un centenario de toda Andalucía como cortijo. Con lo que se ha sufrido aquí en un cortijo, con el llanto y la miseria y la vejación que nos han dejado los cortijos... Pero juguemos a las cortijadas, que tanto le siguen pegando a esta Andalucía que aún rebosa de señoritos y de sus reidores. Juguemos, a ver si es posible sin que se nos caiga la cara de vergüenza. En Canal Sur lo han conseguido.

4 de octubre de 2007

Los días persiguiéndose: Dos tonos (04/10/2007)

Al himno andaluz, himno de siega o de hambre, quieren bajarle dos tonos para que se cante mejor, en la tesitura del espíritu o del patriotismo, que es el tono de los futbolistas, de las diputaciones, de los boletines y de los domingos con alcalde como con organista. Estamos abandonando la política a los lobos y a los vivanderos, pero sin embargo nos da por renovar o transportar los himnos, buscarles letras, despertar a todos los músicos inspirados ya de invierno (el invierno es una sonata) para que sea eso lo que nos salve. Lo que no hace el Gobierno, lo que andan quemando por las afueras, lo que pierden las bolsas y lo que se llevan los poceros, quieren arreglarlo con una piñata de símbolos. Toda una comisión, concilio o cohorte artúrica anda buscando letra al himno nacional como inventándose un Evangelio, más que nada para llegar a las Olimpiadas, donde los himnos suenan a marcha nupcial y es verdad que parece que se casan los atletas con el país o entre ellos. Se diría que el que el personal se patriotice depende de que los héroes del pueblo contagien con su postura las ganas de ser un país, igual que contagian las ganas de rematar de cabeza esos anuncios con deportistas voladores. Se empeñan en el himno o se empeñan en las banderas, en que las banderas estén en su sitio y las atiendan bien los peluqueros de banderas para que enamoren con su presencia de señoritas con la falda volada.

No hay que menospreciar la pedagogía del símbolo, ni su fuerza, y un himno y una bandera son símbolos con tanto poder que han enfrentado a marinas y hasta a hermanos. Lo que no parece ni útil ni inteligente es que los símbolos hagan política y ciudadanía por nosotros, esperar que una rima o un estandarte aglutinen, conviertan, castellanicen o monarquicen a unos u otros por mediación del viento, el contrapunto o la magia, como si fuera aquella cruz que dicen que se le apareció a Constantino. Un símbolo también puede ser hueco y si no lo sostiene nada acaba en un paraguas de atrezzo. Este empeño de los políticos por centrarse en la ceremonia contrasta con las pocas ganas de dar auténtico sustento a esos símbolos. Yo no creo en patrias por muchos rizos que le pongan a las banderas ni por muchos soldados o damiselas que canten con fanfarrias o virginales. En lo que sí creo es en la idea de ciudadanía, que es una idea contractual (¿hay que volver a hablar del Estado como Contrato Social?). Los políticos atusan sus símbolos pero no los orientan a que signifiquen este compromiso cívico, sino que los hacen trapos sentimentales, escudos heroicos, pendones de guerra, retratos de una ideología, sellos de una identidad. Y éste es un pecado de los nacionalismos centrífugos, cada vez más fanatizados por el interés de la casta dirigente, pero también de cierto patriotismo español malcarado e ideologizante. Formen ciudadanos, no comulgantes ni forofos ni legionarios ni gudaris, y verán cómo el símbolo de esa ciudadanía no necesita imponerse con policía ni con banda de música. Poco dispuestos se ven los políticos a esto, sin embargo.

Quedémonos pues con un himno dos tonos más bajo, que lo mismo así resonará mejor con el alma andaluza, que es un arpa de cristal. Pero Andalucía pena y siente por otras cosas, y no tanto por la afinación de sus bandurrias. Aquí también renuncian cada vez más a la política por los epinicios. Quieren transportar el himno, que así se dice, alterar la tonalidad de esa partitura para hacer creer que nos modula el alma. Pero lo he probado y el himno más bajo sigue sonando a que falta pan y sobran melancolías.

30 de septiembre de 2007

Somos Zapping 30/09/2007

Republicanos. Yo también soy republicano. Pero antes, soy demócrata. Hay otros republicanos que tiran más a ser exhibicionistas, pirómanos, fetichistas, costureros de banderas o hasta sherpas del Che. Yo me he manifestado aquí muchas veces a favor de la República, por higiene intelectual y moral. Lo mismo puede hacer cualquier particular, asociación, ateneo o partido, ejerciendo su libertad. Pero un Ayuntamiento es Estado, y el Estado no tiene ideología como no tiene religión (supongo que en Humilladero sabrán qué es la laicidad). El Ayuntamiento representa a todos sus ciudadanos, no a la ideología de la mayoría. Lo de Humilladero, que hemos visto haciendo de brochazo exótico o friki en todos los informativos nacionales, ha sido como si el Ayuntamiento hubiera votado una resolución a favor del anabaptismo o del Papa. Con tristeza por el daño que le hacen a la causa republicana, debo decir que lo que se les ha visto ha sido una feísima tentación de totalitarismo, tan duro como eso. No distinguen entre la institución pública y su partido. Pero si no conocen qué es la cosa pública (¡la res-pública!), ¿qué clase de republicanos pueden ser? Pues yo diría que republicanos de puestecillo y banderín, con ganas de agarrar la melancólica bicicleta del fanatismo, que siempre tienen ahí aparcada.

Cercano fanatismo. El fanatismo está más cerca de lo que creemos, no hace falta llevar canana ni pedir guillotinas. Basta que ignoremos la libertad de los demás, y ya está ahí. Como en Humilladero. Como en la despedida de Antonio Romero, en algo tan aparentemente inocente como sus sentimentales palabras de adiós a la política, que escuché no hace mucho en los informativos de Canal Sur. Mencionó el hombre que esperaba un hijo o nieto, no recuerdo, y dijo que en la ecografía ya se le veía con el puño cerrado. Pues ya está ahí el fanatismo, sin más que ignorar la libertad de esa futura criaturita. Tan fanático como esos padres que visten a los bebés de nazarenos o de su equipo de fútbol. No me extraña que esté en crisis Izquierda Unida, con estos y otros ramalazos. Es cierto que necesitan una refundación, y yo diría que hasta un fregoteo de meninges para aquéllos a los que se les ven las telarañas como cejas. Sería útil y valiosa una izquierda laica y republicana, verdaderamente democrática. A ver si se enteran de que las revoluciones se pudrieron todas, a la vez que ellos.

Cortijo. Y el cortijo nos devolvió a las gallinas eólicas, a las mujeres aguadoras, al hombre con navaja y a la vergüenza de aquel pasado de sometimiento, clases y pisotones de caballos. Cualquier día a alguien se le ocurrirá hacer un reality en un campo de concentración y también le verán valor histórico o sociológico. Un reality en un cortijo para el cortijo que no deja de ser Andalucía, con sus señoritos de jarana y su hambre de pan seco. Sonrisa de manijero de Rafael Cremades, de pastorcita arremangada de Rocío Madrid, de graciosillo zángano de Fernando Ramos, para esta idiotez insultante de programa. Con un cortijo de 1907 sólo podrían salir otros santos inocentes como los de Delibes, pero la televisión andaluza hace un parque temático de perseguir cabras y rozarse con vacas amorosas. No lo soporto. La lástima o el asco me hacen huir. Dejo a Cremades, presentador eternamente alfarero, confundiendo el entretenimiento con la humillación.

Copla. Y la copla nos devolvió a las planchadoras que cantan, a los marineros tatuados, a las Vírgenes con capote, a ese futuro de maletilla o tablao que parece ser el único de los andaluces. No es la cutrez del programa, ni el injerto de esa niña mona, más desenvuelta al natural que leyendo papeles, que es Eva González; ni Rosario Mohedano, con su fama de cementerio, dictando sentencias junto a Lolita. No, lo que me solivianta es sobre todo ese oficio de gente con hatillo en el que nos retratan, el viaje a un época de serenos y sacromontes en el que nos meten, la sangre antigua con la que nos definen. ¿Harán un reality de andaluces robando jamones?

26 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Poder temporal (26/09/2007)

Hasta los papas, con yelmo de cisne en vez del gorro de pez de los babilonios, han cabalgado hacia las guerras, han sido príncipes antes que plateros de Dios o magos con cayado. El primer título de Dios es el de Rey, los cielos se gobiernan como un castillo con sus fosos, los profetas y los mesías siempre tuvieron la tentación de la política. El poder eterno, el poder espiritual, sólo mueve palomas con trapecio, lenguas de fuego, el balneario de las almas, el resfriado piadoso de las monjitas. El poder temporal, sobre los hombres y las tierras, ése es el auténtico poder, que hasta en la Gloria impone a sus funcionarios. Ni los dioses ni sus intérpretes se han podido resistir a esta verdad.

Ahora que la política andaluza es un Vaticano y hasta hemos visto a Chaves en una iglesia de Antequera con el barroco detrás como el oro en llamas que apilan los ángeles, otros reinos de Dios y otros llaveros del Cielo nos alcanzan. El poder temporal de Chaves es eterno, el poder eterno de Chaves (cierta teología de cierta izquierda) tiene aquí sus escaleras. Es un logro como carolingio que ha superado el intento de los papas con espada y de los emperadores con Pantocrátor. El poder temporal eterno, el poder eterno descendido a sus pies como un armiño. Burocracia de partido y un como tomismo de su izquierda que lo corona sagradamente. En ese trono ya no caben más alas, más mandorlas, más globos del mundo, más garras de águila. Reunidos Cielo y Tierra como en una cajita que acaba de cerrar, Chaves podrá contemplar la eternidad como lo que es, la simultaneidad de todo lo pasado y lo futuro. Quizá no hay mejor descripción de ésta su Andalucía.

Mal vamos cuando la política toma ese tamaño celestial y va siendo cosa de la eternidad y el estatismo de los santos. Chaves se hereda a sí mismo, unigénito de su cargo, y su política sirve para ser leída en todos los siglos como la Biblia. Los primeros dioses no lo eran por demiurgos ni todopoderosos, que eso es un invento de las sombras chinescas platónicas y de la mala lógica de Aristóteles, que apiñaron los escolásticos. No, los primeros dioses lo eran por inmortales, aunque siguieran teniendo cuerpo de lancero y sexo de ganado. Ningún político debería llegar a tener ese tamaño insoportable de la inmortalidad, pero Chaves está en eso, se empeña en eso, se define con eso. No es vejez, no se trata de cómo andan los alambres de sus piernas, no es que pueda o no con la techumbre de su partido y de la Autonomía. Es la inmoralidad que supone la condición de inmortal. Por eso, aun inmortales, también los dioses acababan y ya cayó el Valhala por una cuestión de pagos atrasados, recuerden. La mitología, donde ya están todas las metáforas, nos enseña que ni los dioses duran siempre porque la inmortalidad se opone al fundamento de la Naturaleza, que es el ciclo continuo de la vida y la muerte. De ahí que siga obligando a los dioses a morir y nacer con las estaciones.

No hay poder eterno, en realidad. Hasta los reinos con fundamento divino se derrumban. Todo es gloria vana y el poder, aun unido a la yunta de los dioses, será siempre un reloj de arena. Fracasaron todos los imperios que pretendieron juntar en la tierra el cielo con los palacios, y Chaves no da para un dios, ni siquiera para un rey, que también los reyes caen por la gota o por el pueblo. Cuando en la Iglesia hablaban de poder temporal contrapuesto a poder espiritual, sabían que eran la misma cosa. Pero a aquel dios rey que hicieron con eso todavía lo asesina el pueblo cada año, todavía necesita asesinarlo cada año. Con un político es más fácil. Que no se crean eternos.

23 de septiembre de 2007

Somos Zapping 23/09/2007

Nuevo curso. Ver a esta supuesta izquierda que se ha cargado la educación pública inaugurar el curso como un columpio, sacar sus leyes para flojos y celebrarlo todo con majorettes en televisión resulta obsceno. Qué traición, qué gran traición la de esta izquierda, condenando a los pobres al analfabetismo funcional mientras sólo los ricos tienen acceso a una educación de calidad... Van a conseguir lo que quería Fraga, lo recordarán, volver a ver a los pobres en alpargatas, enclaustrados en su obreraje eterno. Sí, esta supuesta izquierda capaz de todo esto sin perder la sonrisa, esa sonrisa de lobotomizada que no abandona a Cándida Martínez, a la que veíamos hace poco en esas entrevistas como hechas por mucamitas en las mañanas de Canal Sur, nefasta hada madrina del "laissez faire, laissez passer", cáncer de la educación. Se inaugura el curso en Estepa, con la realeza que parece que arrastra con ella sus capillas, con la ministra Cabrera que con sus saltos de curso aún afirma que se “responde a las necesidades de una sociedad cada vez más exigente” y que “se afianza el sistema educativo entre los mas desarrollados de nuestro entorno” (¿qué entorno, Marruecos?). Se inaugura el curso en un ambiente de piscina de bolas y Chaves aplaza las soluciones diciendo de la nueva ley que “nos sitúa en condiciones para afrontar los problemas reales de nuestro sistema educativo” (¿nos sitúa en condiciones para afrontarlos, no los afronta, no los resuelve?). Qué obscenidad, qué avilantez, qué traición.

Los milagros barrocos. El barroco, Andalucía siempre se salva por el barroco o por una fuente moruna. Somos pobres pero muy barrocos, por lo visto, lo cual genera complacencia, documentales y congresos. No hace mucho vi una serie sobre la Andalucía barroca que al principio parecía muy educativa pero luego pasaba a una propaganda culturetilla y exaltadora, pues se atrevieron a decir nada menos que el clasicismo en la música nació gracias a que Scarlatti estuvo en Andalucía y el espíritu de la tierra le insufló las nuevas formas. Chaves también se pone barroco, en un congreso en Antequera, habla en una iglesia, con todo el barroco de Dios detrás como su coraza, habla como dando misa, adelanta las preces a Zapatero. Y pienso que no le viene nada mal el púlpito, ahora que él va haciendo con los presupuestos el milagro de los panes y los peces, de los pisos gratis y de los cheques de Tío Gilito.

Operación kilo. Gordos achocolatados, gordos ansiosos, María del Monte monta en su programa lo que llama “Operación kilo” para redimir a unos gordos que aquí en Andalucía ya hemos dicho alguna vez que son gordos idiosincrásicos, esa gordura de todo un pasado de hambre y rebañamientos. María del Monte trae a gordos de chiste, gordos exagerados, carpantudos, que a ella le dan ternura o risa y a mí mucha pena, para que hablen de sus platos de tres en tres, de las papas con huevo, de dos kilos de torrijas de una sentada, de la alegría del comer de los pobres. Lleva a una mujer tan basta que hasta María del Monte parece por un día fina como la institutriz de una zarina. “A Manuela en su casa le dicen vaca”, rotulan. Su hermana la llama “jarona” y ella habla de los dulces, de los fritos y de los guisos con fruición, gula, engollipamiento. Nos cuenta la buena señora que sin embargo tiene una hija que se mueve mucho, es como la “niña zarcista (sic)”, o sea, la niña de El exorcista. Cuanto más basto y más mórbido es el hambre del invitado, más tiempo le dedican. No, no se trata de mirar por su salud, sino de hacer una exhibición de feria, con la gracia y las arrobas de los gordos más ávidos y regurgitadores, como si trajeran ogros al plató. María del Monte, otra vez, me da fatiga.

Otro siglo. Atrasados en todo, como es de rigor en Andalucía, ahora Canal Sur hace su Operación Triunfo, pero con la copla. Canal Sur tiene un empeño de otro siglo. La copla como la sintonía de unos resucitados de un pasado gramofónico y lunarero, que hace juego además con ese otro programa que empieza, el del cortijo. En un cortijo y cantando copla... Vaya estampa de modernidad. Pero al tópico insultante, rancio y odioso lo llaman aún tradición y memoria.

20 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Las camisetas (20/09/2007)

Tardes de merienda, políticos con churretes, fútbol de la parroquia con el portero con gafas, con postes de trencas y carteras, con el número bordado por la madre usando el mismo cariño de la raya al lado. Es la vuelta al cole de nuestros diputados, políticos Zipi y Zape, ostentación como de una espada de un balón de reglamento con querencia a las tapias, a las macetas, a los ciclistas y a los perros. Los niños llevábamos el balón ajedrezado o el cromo de un mediocentro que parecía un forajido de chocolate; los políticos llevan ahora las camisetas de su equipo, equipo con el gordo el último, con el capitán de todos los árboles del patio, con el árbitro salesiano, con los pepinazos no valen, con el campeonato de la copa del meao, el que ha perdido se la ha bebido. Los nacionalismos son la niñez, son una madre con veriscró (¿de dónde vendrá esa palabra que me escocía tanto?), son una rodillera despegada, son la chiquilla que no nos sacaba en el corro, son aquel mapa con sus fenicios y sus cereales, son el vecino que no nos devuelve la pelota o que roba en nuestras moreras el imperio chino de sus gusanos de seda. La niñez de la política, la niñez de los pueblos, y quizá también algo así como la madurez triste y rencorosa del golfo de colegio derrotado en su gloria por la vida adulta. Todo eso, los nacionalismos.

He visto a hombres de barba blanca como sijs con traje, a señores serios como cobradores o estomatólogos, sacando camisetas de niño igual que cajas nuevas de lápices, igual que banderas lavadas por la madre con sus sábanas. Camisetas de fútbol, calcetines con escudo, cropanes rojos o azules, esa pequeña guerra del Tulicrem contra la Nocilla. Es el color de cada uno elegido como nosotros elegíamos, sin razón pero muy sentimentalmente y con fidelidad, el color de los sacapuntas y de nuestra ficha de parchís, que eran el mismo y ya nos identificaba. Miren cómo van en su caballito estos tíos como trinquetes, bigote y pantaloncito corto, para enseñarnos la pichita de su niñez y de su ideología. El nacionalismo es la niñez y usa la niñez. También la estoy usando yo aquí como recurso y da para mucho. Los nacionalismos empiezan por la niñez de estos tíos de estirón tardío y continúan con la niñez dirigida de todo el pueblo. El niño piensa a pelotazos y si se consigue que todo un pueblo piense así ya no se necesita otra cosa. Lo más que va a exigir el niño luego es una escopeta de plomillos, y ya en algún sitio se la dan, con un peso de historia como de balas viejas. Dejar al pueblo en la niñez también les asegura que luego los voten a ellos, pues siempre optarán por el profe que en clase los manda a cazar hormigas. Es una pena que nuestros nacionalistas andaluces no estén en el Congreso para aportar otra camiseta y otra forma de llamar a las piedras, a los pájaros, a los cagajones y a la seño. Podrían chocarse con los otros niños, que es como se hace la infancia y yo creo que ahora también la política, e ir aprendiendo.

Salieron, ya ven, los niños en el Congreso y nadie puso la sensatez como un silbato. En un barrio lleno de porterías, los nacionalismos centrífugos chuleaban de chándal y sólo había, para hacerles frente, ese otro nacionalismo de camiseta con toro, ridículo como el empollón queriendo jugar. Un día tendremos políticos adultos. Pero para eso el pueblo deberá ser adulto también. Alguno dijo que los niños de su idioma o de su raza soñaban con vestir esa camiseta. Yo sueño con que esos niños crezcan y manden a sus políticos meones a la cama.

16 de septiembre de 2007

Somos Zapping 16/09/2007

Goyesca. Se trata de montar una corrida de toros con trabuco y eso por lo visto atrae a cierta nobleza veneciana de aquí, a políticos todavía belmontinos, a famosos de abanico, a ese público con placo en las misas y hasta a los caballos de Carlos IV por lo menos. La goyesca de Ronda, toreros como meninas para una gente de alma antigua igual que sus puñetas, Andalucía como si sus modistillas, sus fígaros y sus curas excomulgaran o le cortarán las patillas de nuevo al general Dupont. La goyesca de Ronda, en la televisión, en todos los programas, los guapitos con maja, la duquesa de Alba con su cesta de loros, María Teresa Campos como una señora con puro, Magdalena Álvarez y otros barandas socialistas que cabecean como campesinos ante los grandes de España y los héroes de las cigarreras (ella buscaba a George Clooney). Andalucía vuelta hacia la gloria ya muy cuarteada de sus pinacotecas, Andalucía que se se gusta así como una cursi que se viste de Maria Antonieta. Una cosa ridícula, unos culitos con borlas, un lujo de fábrica de tapices, un gran mantón por el cielo y todo ese divertimento de ricos jugando a la gallinita ciega, ante los pobres del lugar como panaderos de palacio.

Betisvisión. Modernidad para el Betis, algo así como Internet en una capilla. Hay ciertas cosas imposibles, como que Lopera resulte moderno, que sería igual que ver a un centurión en moto. El Centenario del Betis incluye ritos tridentinos, monumentos a la afición como un pastel luisino en Chantilly, pero también páginas web que les salen como de madera, claro. En las noticias de Canal Sur sacaban la presentación de esta Betisvisión, que en realidad sólo consiste en el uso de herramientas de Google que permiten enviar mensajes y vídeos, con los que seguramente los béticos se intercambiarán muchas estampas de santos. El primero fue Lopera, que comenzaba su vídeo con un primer plano del busto de un Cristo (no entiendo de cristos, pero éste parecía entre decapitado y trofeo de verano), para que luego la cámara fuera descendiendo lentamente hasta enfocar al Máximo Accionista (parece en verdad nombre de centurión) en un despacho alicatado, raro como en unas termas o en un matadero. “Béticos, enhorabuena. Como un club moderno que es el Real Betis Balompié, ya tenemos la televisión del Real Betis Balompié, por Internet (...). Lo que mi afición se merece”. Tela de moderno, Don Manué. Creo que ya están pensando cómo hacer para chatear con el Gran Poder.

La muerte con María. Vi a María del Monte a cuatro patas, olisqueando, y no era otro taichí raro o la definitiva asunción de su altura artística, sino que ahora hace teatrillos, sketches, que la dejan por los suelos, nunca mejor dicho. A ella y a colaboradoras como Rosario Mohedano o Maite Cadaval, menuda roña de actrices. Gracias a ello, y a que en una de éstas un actor travestido se atragantó con un tortillón, pudimos ver a los maravillosos puñeteros de Sé lo que hicisteis dedicarle maldades. “Morir en el programa de María del Monte ya es humillante, (...) pero morir en el programa de María del Monte, vestido de mujer y atragantado con un trozo de tortilla, no se me ocurre nada peor”, decía Ángel Martín. El público se reía sólo al escuchar “programa de María del Monte”, tanto que casi no hizo falta la ironía de comparar sus sketches con los de los Monty Python. El de la tortilla fue especialmente brillante: “Guarra, asquerosa, cómo tienes la boca de pringue”. Con María del Monte hay que morir, ciertamente. Atragantado o de puro asco.

Gran Bretaña Directo. Canal Sur va donde lo lleva el morbo, por muy lejos que caiga, que ellos no reparan en gastos cuando se trata de excitar a la plebe con truculencias. Nada menos que en Rothley, Gran Bretaña, se plantó Andalucía Directo (¿por qué se llama Andalucía Directo?), siguiendo el culebrón de Madeleine y sus padres, a los que, por cierto, el reportero llamó McCain, como las patatas fritas, en vez de McCann. Donde sea, hombre, como si aquí no hubiera dinero... Hasta para hacer Gran Bretaña Directo, si hace falta.

13 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: La vía de Savater (13/09/2007)

Éstos no son tiempos de filosofía como no son tiempos de sotabarba. La filosofía fue el primer intento de ciencia; luego, durante siglos, le hizo las túnicas a los dogmas cristianos; y por último, reducida la metafísica al lenguaje, ha quedado para el estudio del propio lenguaje y, lo más importante, de la ética. Pero ahora ni el lenguaje ni la ética significan nada, cuando todo nuestro mundo lo mueven economistas rudos como remeros y políticos que les sirven a ellos, a sus propias ambiciones cesarionas y a las de todos sus hijos incluseros de partido que tienen que comer de la demagogia y del clientelismo. Los filósofos ya no son tutores de emperadores, ni hablan para las masas, que ahora los tomarían por monologuistas. Hay filósofos, pero están en sus cátedras con la chaqueta llena de cera, o haciendo oposiciones para Correos, e incluso hay algunos a los que ni se les nota que son filósofos y aunque escriban en los papeles lo hacen a pedradas o en sarcófagos. Por eso me gusta el filósofo lúcido que se vuelve al mundo, que baja de la montaña y reclama la razón, la cordura y la ética en la política y en la sociedad, que vuelve a defender la libertad y la igualdad y sobre todo desmonta las patrañas atrofiantes, criminales o simplemente estúpidas que nos destrozan la convivencia. Hay pocos así, quizá Marina y desde luego Savater. Savater va vestido de filósofo como Sherlock Holmes iba vestido de Sherlock Holmes, o sea, es un filósofo en el libro andante de su vida, con su estuche con cosas de filósofo como pipas o lupas, que hace filosofía hasta frente a la chimenea, que va raudo a desmontar las mentiras primigenias y al que le rozan las balas dialécticas y de las otras que le dirigen unos malvados insistentes y locos. Lo más parecido que nos queda al intelectual heroico.

El nuevo partido de Savater él dice que no es suyo, pero le pone la primera luz de inteligencia y ética. No quiere ser el filósofo gobernando con los soldados por debajo, como en la utopía platónica, dictadura de monjes con grandes mangas pero dictadura al fin y al cabo. Es solamente el filósofo que se rebela contra la sinrazón, su primer deber, y toma con valentía su magisterio. Será un partido, lo ha dicho él, para los desencantados con la política territorial del PSOE y con la tendencia llorona y mojigata del PP a correr hacia las faldas de los obispos. Sí, el PSOE ha alimentado el delirio de esas tribus de santificar unas banderas y quemar otras, ese espeluznante desfile de infantilismo, sincronía, pensamiento uniforme, fanatismo agresivo y días medio fascistas de la raza. A su vez, el PP sigue carolingio, beatón, monaguillo, besado por todos los papas, conducido por hisopazos, cuando hasta el Dalai Lama, suave y acuático, sabio y levitante, clama por la laicidad del Estado como fundamento de una sociedad verdaderamente libre. Ese espacio entre el PSOE malvendido y el PP campeón de los cruzados, ésa es la vía de Savater. Pero, ¿y en Andalucía? Aquí sí estamos condenados. El PSOE viejuno, propagandista y parado; el PP lleno aún de señoritos, damas con mantilla, cojos de guerra, mañanas de Corpus (vean a Arenas hablar todavía de “la gente normal”, decir que la Educación para la ciudadanía es cosa de “dictaduras”, apuntalando a la Conferencia Episcopal). Aquí, ¿dónde está el filósofo, dónde la rebeldía? No llenó ese espacio, aunque pudo, el PA, que se limita a montar en sus borriquitos sentimentales y a copiar en pobre a los otros nacionalismos usureros. Aquí muchos no tendremos siquiera el voto del desencanto. Sin otra vía, el desencanto será el mismo voto.

10 de septiembre de 2007

Somos Zapping 09/09/2007

¿Y esto, quién lo paga? La primera idea salió de un oscuro urdidor del PP de mi pueblo, lo recordarán los lectores, eso de prometer miles de pisos para conseguir votos, canallada que sobrepasaba sin pudor la demagogia. Por eso yo me pregunto si Chaves, además de asegurarnos por ley una vivienda, también nos regalará dormitorios de caoba o al menos nos dará una papeleta para la rifa, siguiendo el modelo sanluqueño. Total, ya que estamos... Igual que se prometen sueldos y vacaciones para las amas de casa, o cientos de miles de ordenadores en las escuelas, se pueden prometer viviendas a duro y hasta dormitorios como un castillo de popa. Será por prometer... Que los alquileres no superen un cuarto del sueldo familiar, que las hipotecas no se lleven más de un tercio, para aquellos andaluces (pocos, seguramente) que no ganen más de 3.100 euros. En La Sexta se lo tomaban con humor: “¡Cuánta generosidad! Pero esto, ¿quién lo paga?”. Solbes, con su cara de lechuza, también se lo preguntaba: “¿Y han calculado bien lo que les costará, y lo tienen controlado para los próximos años?”. ¿Calculado, controlado? Esto es Andalucía, y aquí no gastamos esos modos. Basta la propaganda.

Sobrados. A Solbes tampoco le contestaron en Canal Sur, pero, eso sí, se encargaron de que, antes que nada, en la noticia se notara que aquí andamos sobrados de dinero, mostrándonos una mesa bien puesta de cacharritos: “Los miembros del Gobierno [andaluz] han comenzado el curso político con novedades sobre la mesa. Estrenan equipos informáticos de última generación y en sus pantallas destacaba el texto de la futura Ley de Vivienda...”. Los equipos no eran más que tablet PCs puestos de pie, que los que se atrevían tocaban con cara de calambre, pero al andaluz lo mismo le convencían de que si hay pasta para montar el puente de mando del Enterprise, las antiguas casas de ladrillo son nada. Si hasta van a terminar de aquí al 2012 con la infravivienda... Cómo lo harán, es el misterio. Yo creo que ni desmantelando Canal Sur sacarían suficiente. En fin, ojalá sean capaces. Pero ya iremos viendo en qué se quedan estas intenciones tan bien traídas en fecha y modo, ahora que los políticos se van vistiendo de hada madrina o de Pinocho, que el caso es soltar el cuento. Quién sabe, puede que pongan a los andaluces más pobres a habitar las caracolas con las que tan extrañamente modernizaron los colegios. Si es que la dignidad, en la vivienda o en lo que sea, es sólo cuestión de actitud...

Chaves chupón. Épica y cámaras, cómo no se van a acercar los políticos al Eurobasket, para rozarse con la gloria ajena y chupar plano igual que Papaloukas chupa balón. “Chupón”, eso le diría Andrés Montes a Chaves. No pude evitar sonreír cuando Susana Guasch se acercó a nuestro presidente en Sevilla para decirle que debía de ser muy aficionado al baloncesto, porque no se perdía un partido. Lo que no se pierde es un palco ni una posturita, que es diferente. Claro que lo que le explicó él fue que de joven jugó al baloncesto. De camino, quedaba también como aupador de los jugadores andaluces de la selección. Así se demuestra la altura de nuestra Autonomía.

La tajada del dolor. Ya lo hizo con la muerte de Antonio Puerta y lo ha repetido con la tragedia de los pescadores de Barbate. Es la renta que da el morbo de la lastimita. María del Monte se llevó toda una hora moviendo la cabeza, mordiéndose los labios, respirando hondo, fingiéndose viuda. Una hora entrevistando a los supervivientes del naufragio, preguntándoles los detalles de sus ahogos, rebuscando escabrosamente en el dolor, sonsacando la pena, deseando las lágrimas. Pero, claro, con publicidad entremetida. Repugnante. “No sé cómo salí de allí”, decía uno. “Pues porque estaba de Dios, José, no hay cosas que se puedan explicar (sic)”, le contestó ella. Lo que no se puede explicar es el desparpajo con el que algunos sacan tajada del dolor y de la muerte, y encima van de consoladores y elegíacos.

6 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Eñemanía (06/09/2007)

Ante los dioses musculados, ante el pueblo griego llamado por el que amontona las nubes, los filósofos y escritores divulgaban sus ideas y leían sus poemas como a una multitud de jugadores de dados. Aprovechaban que nunca había más griegos reunidos que en los Juegos de Olimpia, y cuentan que fue allí, en el opistódomo del templo de Zeus, donde Heródoto consiguió emocionar con su obra a un joven Tucídides, mientras los atletas se preparaban como novias, en aquel tiempo en el que los dioses y los hombres parecían compartir sus amantes y sus caballos. Ya no esperan los intelectuales al gentío de los Juegos, ni siguen los dioses en su carro las batallas o el camino de las jabalinas. Los inmortales no se sientan a la mesa de los hombres desde las bodas de Cadmo y Harmonía, pero aún gobernaban la guerra, la poesía y el deporte. El deporte, que no se sabe si nació en los rituales de la muerte, las coronaciones o las cosechas, ha perdido lo sagrado, ha perdido el mismo público que la filosofía, ha perdido su sitio en la cultura y a veces se diría que sólo dejó en herencia el barullo y las apuestas. Usado como enardecimiento o como dormidera por demagogos y hasta por racistas, sólo lo salva la estética, cuando hace esculturas de un solo segundo, o ese heroísmo primigenio, más filosófico o iniciático que guerrero, del hombre que no vence a otros, sino que se vence a sí mismo, y que era lo que lo conectaba con su verdadera grandeza.
El Eurobasket nos visita, está en Granada y en Sevilla, juntando banderas y público como muchas tazas de colores. El baloncesto todavía parece un deporte puro, hecho por niños en el estirón, jugando entre tendederos, descansando para la merienda. Aquí todavía no lo han corrompido, como el fútbol, el gran negocio, los hechiceros del barrio, el alineamiento con las Vírgenes. Los futbolistas enseguida se hacen viejos playboys, deportistas de casino, veraneantes de su propio oficio, quinielistas de su dinero. En el baloncesto aún podemos ver a chiquillos en los árboles, con la alegría de tirar piedras, de colar un avioncito en un balcón. Se fue lo sagrado, pero aún queda lo bello si se mira bien. Es cierto, ya no esperan los intelectuales al público de los Juegos, para inaugurar la historiografía o explicarles como Pitágoras quiénes eran los filósofos y en qué se diferenciaban de los demás hombres. No, ahora esperan los políticos, posando en los palcos, extraños como grajos. He visto a Chaves, a Monteseirín, a ministras algo incómodas como si las entrevistaran en las duchas con los jugadores, vendiéndose silenciosamente como marca o proponiéndose como capitanes de las hazañas ajenas. Y también he visto usar por algunos la eñemanía, ese eslogan de la selección que trae una alegre fábrica de tejidos, viseras, banderas de plástico e himnos cantados con la letra “loroloro”, como resucitador de un decaído espíritu patrio que a mí, que no entiendo ni a los espíritus ni a las patrias, me descoloca. No, ni discursos de filósofos, ni la oportunidad de tocar las lanzas de los dioses, nos trae ya el deporte, ensuciado de modistería, intereses, chovinismo, propaganda. Pero aún, en la cancha, como un volcán bajo su ruido, juegan, ajenos, niños cazando pájaros, gigantes girando con la mano el cielo, hombres con el caduceo de Mercurio, con el pulso de relojero, con el sextante de sus brazos. Todavía el deporte puede ser hermoso, grande, humano.

2 de septiembre de 2007

Somos Zapping 02/09/2007

La muerte. La muerte es desfilante y televisiva, sabe arreglar sus caballos de paseo, sabe posar para las cámaras. La muerte de Umbral, muerte de su estatua, último dictado de su genio ascendiendo en taxis o ambulancias; la muerte del joven Puerta, muerte taurina, muerte de soldado escribiendo a la madre... La muerte se gusta en televisión, coquetea con sus encajes, mira como las muchachas muy blancas y muy bellas. La muerte vende en televisión sus carpinterías y sus zapatos. La televisión adora la muerte. El público adora la muerte. Muchos especiales sobre Puerta, un ángel fulminado, una guerra parada, un pueblo con su infante o su Aquiles muerto. Heroísmo e inmortalidad, morbo y traumatología. El pueblo llora como ríe o como ama, en ataques, en desbandadas. Fue el primer culto, el de la muerte. La televisión, sacerdotisa de esta sociedad, cumple con su oficio. Yo no puedo soportarlo. Dejo a la televisión poniéndoles diademas a los muertos y me voy a hacerle mi personal homenaje a Umbral. Como no tengo piscina, arrojo libros malos a la bañera. Le digo adiós y luego escribo a la salud de su invencible salud de muerto.

Las uvas doradas. "Las uvas doradas", dijo el maestro, queriendo entrar en septiembre ya en el cesto del cielo, con ellas. Las uvas doradas, el tiempo de la vendimia nos perfuma de zumo y borriquillos y obliga al campo a una tarea barroca, como si hubiera que pintar al óleo cada racimo recogido, porque así se hace la vendimia. Todavía tomamos la sangre del sol y de la tierra, y si hay que ir a buscarla fuera, lo hacemos. Hacia Francia marchan de nuevo los temporeros andaluces, a hacer una vendimia como rumana, y las noticias de Canal Sur nos muestran sus caras de pasar estaciones nocturnas y sus maletas de soldado, como dice Raúl del Pozo de la de Umbral. Hacia las uvas doradas, hacia el dinero de los pobres hecho de fruta y caldo. Siempre el dinero lejos y para cogerlo del barro. Nada menos que el 70% de los españoles que vendimiarán en Francia son andaluces. Las uvas doradas de septiembre, para ponerlas sobre columnas como hojas de acanto, y los andaluces de nuevo con el pan extranjero y el patrón como un quesero de allí. Nosotros somos las uvas doradas, maestro Umbral, Andalucía lo es: hermosa, alimenticia, de riqueza pobre y esperando pudrirse.

Pollos por ordenador. Temporeros con sacos, cuchillos de estación, hambre en los zapatos. No pasa nada. Aún así nos dirán modernos y eléctricos. Las noticias de Telecinco sacan una carnicería andaluza porque su propietario ha sustituido los típicos carteles con los precios por pantallas con una presentación de ordenador, donde los pollos parecen pisos piloto y dan paso a las chuletas con espectaculares cortinillas. A lo mejor para comprar el filete cibernético los andaluces tienen que irse a Francia con sombrero de paja, pero, tal como suele hacer nuestra administración autonómica con sus pretendidos hitos tecnológicos, el adorno pixelado nos redime y la anécdota se convierte en universalidad. Seguro que Zarrías diría con esto que Andalucía es la única región que hace sus pollos por ordenador.

La Cristiandad y los toros. Toros en Canal Sur... Me aburre y me repele su insistencia tanto como el estilo de las retransmisiones, sobre todo por Enrique Romero, adulador y anfetamínico. Narran las corridas como romerías o como misas de campamento. El otro día, por ejemplo, alguien intentaba (malamente) explicar el origen del dicho “que salga el sol por Antequera”. Ya saben, la Reconquista, tomar Antequera haciendo frente a cualquier aparente imposibilidad (como que salga el sol por poniente, que es donde queda Antequera respecto a Granada). Pero la interpretación curil de Enrique Romero fue delirante : “Lo mismo es una metáfora de que la Cristiandad empieza a ganar por Antequera, que salga la luz por Antequera”. La luz de la Cristiandad junto al hispánico y nacionalcatólico toro... Qué rancio. A Romero lo harán un día obispo de la tauromaquia, aunque ahora lo que parece es un monaguillo de la plaza.