30 de abril de 2007

Somos Zapping 29/04/2007

Día del Libro. Día de las flores que se leen o de los libros que se comen, quizá sea eso el Día del Libro. O sea, un intento marchoso de amontonar a los no lectores ante contenedores de papel al peso, pues los lectores de verdad ya leen sin que haya fiesta ni azafatas ni libros vestidos de bombones ni cartelones donde el escritor parece Spiderman. Para el fomento de la lectura uno piensa que hay estrategias más útiles (empezando por mejorar la educación) que montar un día una pescadería de los libros más dorados o empanados. Pero esto sirve para el negocio y para los políticos, que es así como sienten ellos la cultura, como inauguración y transporte de bultos, algo que nada tiene que ver con querer dar cultura de verdad a la sociedad, último interés de la política. Veo el lunes, en el informativo de Canal Sur, la noticia guapeada de ese día en que el pueblo y los políticos se acercan a los libros, el primero como a packs de yogures y los segundos como asomándose un pozo. Pero un reportero, desde Córdoba, ya nos desencanta diciéndonos que “los libros más demandados son los de autoayuda o espirituales”. Da igual, eso a los políticos les da para su homilía cultureta lo mismo que si Habermas estuviera en el número uno de ventas. Y efectivamente, sale luego muy digna y como condecorada de códices la consejera de Cultura de la Junta, Rosa Torres, para soltar esta estupidez: “Un mundo que, estamos convencidos, necesita más que nunca del libro como instrumento común que ayude a apagar las convulsiones y que prodigue entendimientos”. No, mire, señora, eso lo hace un binguito en la casapuerta. Los libros transmiten conocimiento, ciencia, arte, opinión, y no tienen que ser la moral ni el arbitraje social de nada, sino el fruto de la creatividad humana, a veces explosiva y provocadora. Todavía hay una diferencia entre la cultura e ir dando abracitos gratis por la calle, esa moda que ha salido. El caso es que la ñoñería de la consejera tampoco arregla nuestro paupérrimo índice de lectura. Y eso que se incluyen los horóscopos, los diversos códigos Da Vinci y demás basura encuadernada. No merece tanta fiesta esta tristeza.

Feria. ¿Es cultura la feria de Sevilla? Para la consejera Rosa Torres, seguramente tanto como Los osos amorosos. Para mí, pues tanto como es cultura el vudú. Este año, después de más de 15, he vuelto a pisar la feria de Sevilla, animado por buenos amigos que no sé hasta qué punto querían hacer un experimento conmigo, por si acaso me desintegraba como un vampiro al sol. Y qué quieren que les diga, la buena conversación y el tapeo los puedo tener igual sin soportar esa horrible musiquilla y ese olor a establo que pasaba a veces como en un capacho, además del pamplineo y las escalinatas a diferente altura en las que se veía posar a cada uno. En cualquier caso, no sé si resulta más dura la feria desde dentro o al otro lado de la pantalla en la que Canal Sur había puesto, como todos los años, sus mantones, rodillas de morena, jamoncito “de pegarse al riñón” (Cremades dixit) y otras aplaudidas vulgaridades. Un especial intragable con la aceitosa María del Monte y el alfarerismo etnocentrista de Rafael Cremades apestiñaba la noche y, en la pena por nuestra eterna reducción al folclorismo, sólo me hizo reír escuchar a no sé quién cantando esta ridiculez: “...que te mires al espejo antes de criticar a otra persona, a mí me han despellejao...”. Y con razón, hijo... Pero mejor fue Contraportada, no por la exhibición de nudos gordos de corbata, patillas de hacha y méritos de hermandades al conseguir una caseta (“Tú también te tienes que hacer de la Hermandad del Rocío de la Macarena”, le aconsejaba Inmaculada Casal a un invitado). No, es que volvimos a ver a la consejera Rosa Torres teorizar sobre la cultura patria: “Alegrándonos con la alegría (sic) y la felicidad de todos los que vemos por la calle, porque la fiesta es sobre todo un lugar de encuentro entre amigos y para la diversión, y para una consejera de Cultura, que todos los días trabaja para ver si hacemos a los andaluces más felices, este momento es muy satisfactorio”. Cuando le preguntaron si la gente la paraba por la feria para pedirle cosas (¿?), la consejera contestó: “Las peticiones vendrán cuando termine la feria y baje el nivel de felicidad y de satisfacción que se vive”. Después de esto, uno se pregunta: ¿Qué es lo que ofrece la consejera de Cultura? ¿Marihuana?

Somos Zapping 22/04/2007

Guau-guau. Lopera ha unido al Betis sus caquitas domésticas, sus mudas de pelusa y su chifladura de vieja hasta hacer de un equipo emblemático y sentimental algo así como la exposición constante de sus palominos intelectuales, estéticos y morales. Más que la billetera sucia que enseña como de pagar en freidurías; más que la tarta que es capaz de hacerse con su busto, su estadio y su épica; más que todo eso, lo que ha terminado convirtiéndolo en el ridículo Calígula del fútbol patrio ha sido la glorificación de su perro, su perro embajador con camiseta y sevillana, este último numerito con el que Lopera parece presentarnos al Betis como su jardincito, su ruló, su pocetilla. No sólo nos ha dejado otro cuadro de patético catetismo, sino que transfiriendo el Centenario al cumpleaños de su mascota nos demuestra la asimilación del club entero al ámbito particular de su mesa camilla. Las sevillanas del guau-guau, toda una rueda de prensa institucional para presentar eso como podría haber presentado una foto de su culo a rayas. En Antena 3 daban la noticia entre la incredulidad y el desternillamiento, y en Youtube el vídeo ha arrasado hasta que lo han retirado por cuestiones de copyright. “Cuando ha escuchado las sevillanas, Hugo se ha puesto en pie”, ha dicho Lopera. El Betis está dirigido por algo así como un ventrílocuo loco. Pero ni siquiera la risa es suficiente ya para competir con la pena o con el asco.

Carnalidades. Ha pasado de una desnudez de tendera a una desnudez de tenista, a la vez que pasaba de la finura a las taquillas camioneras y del arte por el arte a sus tetas bien tasadas en Interviú, que siempre ha sido la salchichería de tetas de toda España con la que además aquí se hizo la Transición entera, la Democracia que se podría resumir en evolucionar de la Cantudo a la Pataky. La concejala pepera de Lepe se ha paseado desnuda de nuevo por las televisiones como dejando un reguero de arena desde sus orificios, y a uno, que no es nada puritano, le parece muy saludable para la vista y hasta para la política ver a esta buena señora hacer campaña en pelota. Esto cura enseguida la crispación (mientras que a Esperanza Aguirre no le dé por imitarla, claro) y cambia la imagen mantillona del PP igual que la del pueblo de Lepe, llevándola de sus tópicos a un nuevo naturalismo venéreo y a esa alegría de la cosecha de la carne. Mejor que el graciosismo, mejor que la catetada, mejor que la Andalucía encendida en el folclore y los azadonazos, uno prefiere la Andalucía encendida por el cuerpo mojado de sus vecinas, que además, la verdad, a uno le hace caer en esa secreta perversión que siempre resulta de imaginar a una señora decente seducida hacia el pecado por el dinero. Todo mucho más sensual y agradable, dónde va a parar, que la patética imagen que nos deja el consultorio sexual que últimamente les ha dado por poner en La buena gente, en el que todos los andaluces quedan entre ignorantes en la cama y mal follados, aparte de bastos. A una parienta a la que el esposo no tocaba demasiado, Olga Bertoméu le recomendaba lo de aquel chiste: “A las 12 se folla esté el titi o no esté el titi”. Nada, yo me quedo con la concejala, que creo que me gusta hasta más que la Pataky, que realmente parece sólo pescada en su fría desnudez, mientras que esta chica deja traslucir todo el proceso que va desde la timidez hasta la gloriosa explosión pública de su carnalidad. ¿Puede haber algo más sexy?

El otro culo al aire. Al morbo del desnudo de la concejala de Lepe sólo le ha podido hacer sombra en televisión el morbo de una nueva operación contra el blanqueo de dinero en el entorno Marbella. Por cierto, que el culo al aire que se le ha quedado a la Junta con sus abrazos al gilismo, con su silencio o con su silbar, que es a lo que ellos se dedicaban mientras Marbella se iba pudriendo, sigue siendo negado por Chaves, al que hemos visto culpar hasta a la prensa, ya ven. Vamos, que la corrupción ha venido con los reporteros del Tomate. Malo y torpe intento de tapar una vergüenzas imposibles de tapar, aunque ahora que Yola Berrocal se presenta a la alcaldía, según nos recuerda el Gran Wyoming, quizá les queda la esperanza de que otro culo más vistoso se interponga.

Somos Zapping 15/04/2007

La culpa de los otros. Un cementerio de jirafas, una cerrajería sumergida, un único barco levantándose por el mimo de muchos fareros, ese solo barco como una sola miga para todo un hormiguero. Eso fue, eso es, el pan de la Bahía de Cádiz, la casa arrasada de toda la industria de la comarca. Tengo esa imagen de los Astilleros de Cádiz, lo bombardeado y lo mohoso que quedó de un tiempo de minas de oro. Ahora, es Delphi la que se suma a esa decadencia, a ese descascarillamiento, y uno piensa que quizá no puede ocurrir otra cosa en una zona que ha maldibujado su industrialización basándola en viejas catedrales fuera de época, en trasplantes forzados y en el enamoramiento con subvenciones de multinacionales extranjeras y salvajes. Un tejido industrial de cartón, fundado en la apariencia y en el apuntalamiento, se viene abajo, y lo peor es que nuestros políticos, verdaderos culpables, han optado por la hipocresía de aparecer como rescatadores o hasta víctimas. Me he dado cuenta al ver el tratamiento de Canal Sur de las últimas manifestaciones: El pueblo salía con rabia y con familia a la calle porque hay unos guiris malvados, unos patronos sin corazón bajo el chaleco que desde áticos imperiales matan a nuestros soldadores y electricistas. Contra eso y por su salvación, luchan nuestros gobernantes. “Muchas familias están en vilo pendientes de la solución”, decía la presentadora de Andalucía directo. “Supongo que está usted pendiente de las negociaciones y de todo lo que se está haciendo, ¿no?”, le preguntaba el reportero a un trabajador. Pero son ellos, los políticos, los que han buscado la foto de feria, los que han hecho de la pobre industria de aquí una frágil papiroflexia, los que han conseguido que el pueblo sólo tenga para comer caliente las chispas de un par de factorías torpemente alquiladas. Eso no lo decían. Los malos, siempre fuera; las culpas, siempre de otros.

Sin baloncesto. Ingenua y como madrera, en la manifestación de los trabajadores de Delphi aparecía una pancarta con el escudo y los colores del Cádiz C.F. El fútbol ocupa aquí el mismo altar de fervor y perejil que los santos y los dioses estatuados. En unos domingos eucarísticos, el pueblo le da el corazón a gorditos comodones, a modelos con melenita, a leñadores malcarados que manejan toda la esperanza de esta tierra. Ya he dicho alguna vez que voy repudiando cada vez más el fútbol, que aquí es feo, tabernario, carnicero y hortera, sobre todo con esos capitanes que son Lopera y Del Nido sentados por la plebe en los orinales de sus tronos. Por eso me alegro cuando llega otro deporte a los titulares, como ha ocurrido con esas chicas de la natación sincronizada, que es un deporte de sonreír con los pies. Por eso también me enfurezco cuando ignoran otros eventos, como ha ocurrido con los cuartos de final de la Euroliga de baloncesto. El Unicaja de Málaga ha llegado a la Final Four por primera vez en su historia, tras un partido duro y emocionante contra el Barcelona que, ya ven, la televisión andaluza no emitió. Tuvo uno que buscar por los últimos canales de la tele por cable, donde hay teletiendas y tarots que huelen a lavandería mágica. Sólo por allí, en Teledeporte, cadena minoritaria y como hermanastra, pudimos ver el partido. La Nuestra tenía sus noticias embellecidas de consejeros o ponía dibujitos japoneses en su segundo canal, pero el baloncesto les debió parecer un waterpolo de señoritas que no interesa a nadie. Seguramente piensan que el baloncesto no atonta, embrutece o despista de los problemas de Andalucía lo suficiente para merecer su atención. Las cámaras se quedaron en otro sitio esperando córners, romerías o inauguraciones.

La Junta, maravilla. La Alhambra de Granada, ese sitio mágico donde el sol dejó sus acuarios y la historia sus aposentos, anda ahora en una carrera para formar parte de las nuevas Siete Maravillas del mundo, y hay un gran movimiento de ciudadanos e instituciones que nos saca la televisión andaluza en ese loable empeño. En lo que no han caído es en que la candidata perfecta para ese honor era, mejor aún, la Junta de Andalucía. Monumental, pétrea, vieja como la más vieja de las murallas de nuestra tierra, gigantesca hasta ocupar toda la realidad, perfecta y armoniosa según nos la muestra Canal Sur, unión incomparable de arte y técnica, cumbre de la civilización humana. ¿No es la Junta una maravilla? Yo voy a ver si puedo votar por ella.

10 de abril de 2007

Somos Zapping 08/04/2007

Lo que somos. Ha sido como una gran digestión, la comida de clavos que nos ha durado toda la semana. El marco dorado, pesado y kitsch en el que Andalucía se coloca en televisión durante su Semana Santa creo que sólo tiene comparación posible en las ferias, el otro altar de esta tierra. Y no, no es por mi descreimiento, por mi escepticismo, por mi irreligiosidad. La religión es un intento del hombre por comunicarse con lo Absoluto, pero todo lo que hemos visto más bien parece el intento del andaluz por comunicarse con el mal gusto. En espejos sacros o festivos, con el corazón de cera o de vino, parece que esta tierra se refleja siempre rancia, pueblerina, ensimismada en sus gloriosas pequeñeces, monumentalizadas de orgullo. De repente, lo he visto todo igualado, los Cristos que hay por cada panadería, la acogedora sombra que da el folclore, las jacas peinadas como hembras, la musiquilla con la que taconea nuestra alma, la tradición puesta como una cortina, las altas mesas atocinadas del chovinismo, el calendario floreado en el que transcurre nuestra existencia, ciudades capitales del cielo, guitarras con el tamaño de banderas, una alegría de campesinos, un alarde de sonajas. Sí, de repente he visto lo que somos, como si pasara ante mí su cabalgata. Y todo era tan sentimental como de mal gusto, y todo era tan pobre como abundante. Fiestas y vanidades, etnocentrismo y autosatisfacción, la tierra que sólo sabe mirarse en su fuente y se ve guapa, simple, tribal, demagoga. Lo que somos, lo que hemos decidido ser… Todo, en realidad, tan triste que me vence. En qué pequeño palmo cabe eso que algunos creen nuestra esencia…

Estampas. He ido recogiendo estampas de esta semana, con algo de explorador o de entomólogo. Seguramente, el desesperado párrafo anterior ha salido de ahí. Repasándolas, me he sentido andaluz desertor o traidor, o directamente extranjero. Como los que vi en las noticias de Telecinco, incrédulos, espantados como ante un rito africano. “Mi compañero dice que son una secta”, admitía una guiri después de ver pasar una banda de cornetas y tambores con gesto de desagrado. Sonreí. Quizá sí, la secta de la pureza patria. Entre mis estampas veo a José María del Nido haciendo de costalero. Cuánta piedad y fervor en ciertos ricos turbios que van del roce con los malayos a los faldones maternales de las Vírgenes. Qué repentina limpieza de alma para algunos sujetos certeramente matones, presumidos y tenebrosos. Entre mis estampas veo al pueblo en la ternura de su ingenuidad, entre las lágrimas que les deja la lluvia. Argumentan que sus imágenes, vivas y sintientes, no han querido salir, que por algo será. Otros están tranquilos: “Nuestra advocación es la del Santísimo Cristo de las Aguas y estamos convencidos de que nos va a ayudar”. Ninguna teología puede explicar ese candor y esa simpleza. Veo también a uno de los indultados por las cofradías apelar a su extraño concepto de la justicia divina. El sujeto al que apuñaló en una reyerta se compró una moto con la indemnización y se mató con ella. “Dios está en lo alto”, dijo. Sí, el Dios que manda en el Meteosat y en las autopistas. Veo también a los legionarios portando a su Cristo como al padre y vuelvo a sonreír. Esa religión cuartelera y viril… Nada hay más viejo: las armas legitiman a los dioses y los dioses, a cambio, legitiman las armas. Los dioses siempre lo fueron, antes que nada, de los ejércitos, aunque aquí esa vetusta realidad brille como en ningún otro sitio. Veo también a Teófila Martínez ceder el bastón de mando a un Cristo, puro caleticatolicismo. En Cádiz, ese Cristo es nada menos que Alcalde Perpetuo. Sería increíble, de no ocurrir aquí. Y hay más, vanidades, chaquetitas, meapilas, medallones como corazas romanas. Yo soy extranjero. Yo, definitivamente, quiero ser extranjero.

¿Y el laicismo? En Canal Sur, todo el socialismo laico se derritió. Los respiraderos y los alelíes de los pasos abrían los informativos. Los palcos que mostraban acogían a socialistas píos indistinguibles de la derechona amantillada que tanto caricaturizan. Qué poco les importa la hipocresía… En El musical, un tal Diego Benjumea canta una cateta sevillana dedicada al Cachorro que me hace escapar de vergüenza ajena. Otra chica se arrodilla en mitad de su copla o saeta dedicada a la Virgen de su barrio. En Canal Sur saben que Dios puede traer votos igual que trae los chaparrones.

2 de abril de 2007

Somos Zapping 01/04/2007

Semana Santa. Ya llevan los cursis un tiempo con lo del olor a azahar, que quizá es más el olor de sus colonias que la metáfora que llena de algodones esta semana que empieza. Es una semana en la que Andalucía saca sus herrajes paganos, cristianos, fareros y cementeriales para deslumbrarnos con la caballería de la muerte y los encajes de la sangre. Es la “pulsión de muerte” del cristianismo, que decía Michel Onfray, con la que esta tierra hace sinfonías para la calle y peinados para las mujeres. Andalucía desnudará a Mitra y a Osiris, y hasta a Baco, en unas efigies gitanas con el frío de sus costillas por fuera, y todo será tan cristiano como poco cristiano, tan sagrado como profano y tan oscuro como luminoso. Andalucía en Semana Santa será en las televisiones, incluida la “laica” Canal Sur, una especie de capucha del medievo, una rara belleza de horcas que caminan y unas manos de paja y oro sosteniendo las coronas del cielo, y todo esto servirá para rematar los informativos con un punto de amargor, anacronía y tribalismo. Pero este año, singularmente, nos han sorprendido noticias cofrades que han llegado a la nación y a las cejas peinadas de Pedro Piqueras, adelantándose a la explosión de estos días. El caso de las costaleras de Córdoba, con el pecado de su postura que no es pecado de ellas sino de los otros, nos ha vuelto a dejar en un corral de machos. Ya ven, recaer en eso de la hembra tentadora, manzana primigenia siempre para varones castos o no. O eso de toda la Semana Santa de Granada pendiente de una disidencia, cisma cateto como el de una junta de vecinos. Yo hace tiempo que renuncié a entender todo eso y el espectáculo de la Semana Santa lo miro como un vudú caribeño. Para que la inteligencia y el humor me distraigan del tipito rancio, de los dioses llagados y de la masa borracha de luto, dejaré la televisión y volveré a ver La vida de Brian, esa catedral que hicieron los Monty Python. Nada mejor pare reírse de las disidencias y los sectarismos. Nada mejor para entender el espíritu de jaleo y esparto de lo cristiano.

Hombre anuncio. El anuncio con andaluz ya es una categoría como el chiste con pichas. Pero lo curioso es el anuncio con andaluz que no pretende vendernos nada andaluz, con lo que uno adivina una singularidad que tiene la condición de andaluz para la mente de los publicistas, unos poderes que se nos manifiestan gloriosamente en ese menester y que no tienen vascos o catalanes o manchegos, que nos venden sus hachas, sus embutidos o sus molinos pero no se universalizan en la tarea de llamar la atención. Ahí está: llamamos la atención. Somos chocantes, exóticos, como es exótica una japonesa sin salir de su casa o una tribu que se forra los testículos con cocos. Veo andaluces anunciando desengrasantes de cocina, yogures con magia dentro, y hasta uno, con cañero y todo, medio ahogándose en el mar para demostrarnos las bondades de ciertas fabes con almejas. Seguramente recuerdan también aquel niño del maíz Bonduelle: “Papá, que ehtoy zuándo como un poyo con ezoh focoh”. Para un coche sacan piernas de mujer o un tipo bien afeitado por el triunfo; para las compresas, adolescentes floricultoras o acuarelistas de sus braguitas... Para todo lo demás, puede servir un andaluz. Chocantes, exóticos y un tanto antiguos; ingenuos, atrasados y aun así sonrientes. Colgados en el perchero de ser andaluz, denotamos sinceridad y alegría en la nada de una lata o de una bayeta. Somos la falsa felicidad de lo pequeño, y eso vende. Somos esa pena que da siempre un hombre anuncio.

Sentarse. En las noticias de Canal Sur, querían decirnos que habían ido ya a cobrar la lotería en el propio palacio donde vive el dinero. La Comisión Mixta Paritaria, nombre idiota que no se puede pronunciar sin pudor, abría sus ordenadores como en una escena de Arrayán entre tapices, y Zarrías y Jordi Sevilla se disponían a jugar al larguísimo tenis de los políticos. Sí, lo pintaban como si hubieran ido ya con con las mulillas de cargar oro, pero las comisiones primero tienen que poner sus relojes en hora, y luego acordar plazos para acordar el sistema métrico con el que se acordará un número que llevará a otro plazo para acordar posibles fechas y así hasta que nos aburran. Esperen sentados a cobrar la deuda histórica. Sentarse, para ellos, fue toda la ceremonia del día.

Somos Zapping 25/03/2007

Adiós al loco. Se ha ido Quintero con sus lunas de globo, vuelve a las madejas entre las que uno imagina que vive. Ha sido la mala salud de los tristes o de las vedettes, ha sido el tijeretazo de Televisión Española, ha sido la boca de vinagre de José María García, ha sido el bajón de audiencia o quién sabe. El martes, en vez su pecera de muchos ojos, en vez de esa colada blanca que hacía él con los silencios, nos pusieron una de Schwarzenegger, Daño colateral, ruidoso contraste frente al loco con cazamariposas que era Quintero. Se ha ido, con sus personajes, zambras, absoluciones, fariseos malos y deshollinadores buenos. No sé si lo echaré de menos. No me estaba gustando la galería de andaluces que sacaba, abanicando las pestañas de la raza, buscando siempre una temperatura de vino. No me gustaban sus monólogos de fakir, de milenarista, de revolucionario millonario, que cada vez le quedaban más falsos, cursis y ropavejeros. Se iba acercando ya demasiado al morbo y a los juicios de Dios (me di cuenta con Farruquito), y esa pretensión de ser el cuarto de las escobas de la verdad en televisión le iba descubriendo cada vez más como ese snob que ya era. Sí, Quintero es un estilo, un carácter, un ritmo, y ha sabido hacer verismo y ponerle muy bien el pijama a cada invitado que ha tenido. Pero ya me cansaba. Ya me aburría. Sus programas los miraba como se miran velas en la mesa.

Americanos. Esperanza Oña me suele dar más que nada unos sustos estéticos de broches, rebequitas y peluquería; siempre hay un medallón o un tipito ursulino en ella que me distrae de sus discursos. Y es que se empeña en ir caracterizada de su ideología, por eso a uno le da la impresión de que conoce perfectamente lo que va a decir, así que se evade y se pierde en la capilla de sus colgantes. Algo parecido me pasa con las chaquetas de Antonio Sanz. Quizá lo primero que tendría que cambiar el PP aquí sea su moda, que no es moda sino todo lo contrario, algo así como vestirse de sus abuelas. Pero a Esperanza Oña esta vez la he escuchado, quizá porque sus declaraciones eran para la radio (cadena Ser) y porque en el programa de Eva Hache, que creo que tiene los ojos más listos de la televisión, sólo pusieron, para adornar el mantilleo de su voz, una imagen fija. Dijo, refiriéndose al cerrojazo de Delphi, que “con la actitud de Zapatero, que no consigue el presidente de EEUU se ponga al teléfono (...), pues tenemos ahora a una serie de trabajadores que, por desgracia, no pueden esperar que su gobierno haga una gestión diplomática”. A ver, una cosa es que el chavismo eternal de aquí nos tenga sin tejido industrial propio y a merced de las alas de aviones que nos quieran donar, y otra que salgamos a mendigar de nuevo a los americanos leche en polvo y que llamemos a Bush como al profe del recreo. Eva Hache le cantó con razón aquello de “americanos, os recibimos con alegría...”. Entre el antiamericanismo tontón y ese buscarlos como padrecitos o primos de Zumosol, digo yo que habrá un término medio que al menos nos salve la dignidad. Aquello le sonó a nostalgia de los pies por arriba de las Azores y a querencia del pelota que fue expulsado de la corte. Como andaluz, tampoco me satisfaría nada que dependiese de la caridad de Bush nuestra industria. Bastantes lacayos tenemos aquí con el PSOE como para que reivindiquemos con orgullo serlo también, con boina, de los americanos. “Olé mi mare, olé mi suegra y olé mi tía”.

Sevilla tiene un calor especial”. Esta gracia también era de Noche Hache, a cuenta del desbarre de Luis Fernández, el entrenador del Betis, que por cierto se habrán fijado ustedes que da muy bien el tipo de mascota de jaula de Lopera. A Luis Fernández lo han pillado las cámaras diciendo de lejos a Juande Ramos, en algo como un falso aparte teatral, “cuidado, que va --o vas-- a recibir otra botella”. Demasiado peligrosos se están volviendo ya estos payasos del fútbol hispalense. Estos machitos calentones, de lengua tan floja como sus meninges, están pidiendo a gritos un escarmiento. La salud del deporte y la dignidad de una ciudad lo reclaman. Ese otro botellazo, con menos peso pero misma provocación y mala uva, no sólo merece un tapabocas, sino una sanción.

Somos Zapping 18/03/2007

Consejo de sordos. El Consejo Audiovisual parece que es un senado con sonotone que además ve la televisión andaluza sin gafas, o quizá es que el aburrimiento de su labor les lleva a comer muchos paquetes de papas fritas, que así no se entera uno de nada. Es lo único que explicaría que haya llegado ahora la primera crítica a Canal Sur “por falta de imparcialidad”, ya ven, cuando todo en ella es una acuarela de propaganda y felicidad. El toque de atención se lo han dado a La entrevista, un programa que es la primera alfombra puesta por la mañana para que lleguen consejeros que rotan según un cuadrante y otros predicadores de las buenas nuevas junteras. Mar Artega lo ha presentado siempre con testuz encorvada y aire de mucamita, acompañada normalmente de alguna otra periodista encargada de ofrecer preguntas como bomboncitos, salvo cuando viene alguien de la oposición (rareza comparable a un meteorito) y entonces sacan los cuchillos de trinchar y los tacones de doler. En la entrevista a Javier Pérez Royo y Carlos Rosado, con el Estatuto expuesto como tarta de cumpleaños, se les fue tanto la mano que hasta este Consejo Audiovisual ha tenido que intervenir. Pero uno recuerda otros muchos pasteleos, reverencias, loas, quites y palmaditas. Así a bote pronto, repaso mis apuntes y veo que en la entrevista que le hicieron a Bernat Soria y Antiñolo, Mar Arteaga soltó este poema: “Se está llevando a cabo en nuestra comunidad autónoma – no me digan que no parece el de Aquí no hay quien viva – políticas en materia científica bastante progresistas, y estas políticas están contempladas en este texto [el Estatuto]...”. Tanto se azoró que luego tuvo que excusarse de esta manera: “Me he atrevido a opinar, ha sido más opinión que información”. Sí, y más lacayismo que profesionalidad. Pero eso se ve igual o más, y constantemente, en los informativos o en Tecnópolis, y este Consejo Audiovisual de sordos sin pilas se calla su boquita bien alimentada. ¿Trabajan o disimulan? Que dejen las papas fritas y atiendan.

Mala y buena noticia. Con la espantá de Delphi, Canal Sur opta por sacar muchas reuniones conciliares y muchos prebostes de la Junta que llegan como a un Domingo de Ramos al pueblo con hambre y sin esperanza. Pero ni derramar agua bendita ni montar confesionarios ni adornar con carpetas las mesas va a salvar los puestos de trabajo, aunque pretendan convencernos de ello. Es lo que pasa por importar industria extranjera y como paracaidista a golpe de subvención y sin garantías de nada. Claro, es que lo que prima es poder sacar pronto en los informativos colas de aviones y motores como molinos de viento, para que parezca que todo eso es de aquí y no un préstamo y una ortodoncia. Pero una noticia nos cuenta muy bien cómo se las gasta Delphi, y es que nos enterarnos de un despido masivo de trabajadores en una factoría suya de Marruecos por el tremendo delito de sindicarse y pedir un día libre a la semana. Con estos modos, seguro que los tiburones de Delphi se rinden nada más la Junta les agite delante el nuevo Estatuto con sus promesas de empelo y prosperidad. Debió de ser porque esta noticia sonaba demasiado a catástrofe y a barbas cortadas del vecino, que Canal Sur se vio obligado a compensar metiendo justo después otra información tan desmedida como sospechosa: “La economía andaluza ha crecido un 71% en seis años”, decía el locutor. ¿De veras? ¿Casi un 12% al año? ¿Cómo demonios han medido eso? Pues eso aseguraba un oportuno estudio de la Universidad Autónoma de Badalona, que allí nos conocen muy bien. Y no sólo eso, sino que además, “si la creación de empelo se sigue comportando como hasta ahora, en pocos años toda la población masculina estará ocupada”. Vaya, aquí parece que no hay paridad. Pues eso, que ya pueden estar tranquilos los trabajadores de Delphi. Y no se pierdan al Consejero de Empleo, Antonio Fernández, soltándonos esto: “Estamos en tasas ya de pleno empelo”. ¿Se habrán enterado de esto nuestros parados? ¿Pero Andalucía ha dejado de ser la campeona del paro y no nos hemos dado cuenta? Se pasaron esta vez con eso tan viejo de la mala y la buena noticia.

Somos Zapping 11/03/2007

Música de primavera. Cuando aún no se me ha ido de la cabeza la imagen de Manolo Carrasco tocando el piano como si lo fregara un mayordomo, acompañado de gitanas y caballos en el escenario; cuando me persiguen como fantasmas taconeando el reciente mal gusto de Rafael Amargo con sus performances, las crucifixiones de Bisbal y otros de su mismo círculo infernal, asisto con espanto a la promoción que hacen Andy y Lucas por varios programas de televisión. Nadie nos gana en artistas malos, bajunos o ridículos. Esta parejita me da una vergüenza como si con ellos Andalucía enseñara el culo, aunque sólo sean ellos exhibiendo sus mofletes, sus flojeras de mollera, sus gracias de papitas aliñás y su música de motillo. Con Eva Hache, con Buenafuente, con Los Morancos, estos dibujitos animados de Los Pecos que ha dado Cádiz, ese pop comparsista que suena a sus hormonas haciendo pompitas, me estremecen de horror. Escucho su nueva canción, que me parece igual a otra de Ricky Martin (“Te extraño, te olvido, te amo”) y me sorprendo de que estos dos puedan cantar fuera de su ducha y de su barbacoa. Pero ya ven, ésta es la referencia de la juventud según lo santifica la Junta en sus anuncios y según dan fe los exámenes de la ESO. Sin embargo, mi señora, que me hace muy bien de secretaria, me apunta que debo prepararme para más, pues llega la primavera de Andalucía en la que los pudrideros de la musiquilla se abren a la calor y a la nariz: queda, me dice, el pelotazo de las ferias, la canción que odiaremos este año. Y no tardo en reconocer a dos claros candidatos. En el programa de Los Morancos, aprovechando la temperatura andaluceante que han dejado Andy y Lucas como la de un culo en una silla, dos chicas de la tierra, “Las seventies”, que se diría que escaparon de “Siempre así” o que son cuñadas de “Los Manolos”, perpetran una versión rumbera de “I love to love” con un inglés digno de puesto de dos pares de calcetines a un euro. Y poco después, en Bienaventurados, unos que se hacen llamar “Romeros del chabolo”, vestidos de rocieros avinados y con cara de asomarse tras un serón o tras un chiquero, le cantan a una ratita que se llama María del Carmen Petra Paula sin ningún miedo a los ladrillazos que podrían merecer. Ante esta primavera musical andaluza, por un momento Andy y Lucas casi me parecen Simon y Garfunkel. Y Manolo Carrasco, Franz Liszt.

Ironías. Hay programas de Canal Sur de los que uno termina disfrutando con ironía. Creo que es un placer morboso similar al que proporcionan algunas películas de serie Z o los espacios cofrades de las cadenas locales, algo así como el único humor que puede exprimir uno de una televisión que no tiene humor aunque le sobren muchos chistosos. Me ha pasado con 1001 noches o con Tecnópolis, y cada vez me ocurre más con las noticias, en las que también parece que hay diablillos que no pueden dejar de colar la gracia en la seriedad o en la desdicha. La base del humor está, dicen, en el absurdo y en la contradicción sorprendente, que es lo que más abunda en los informativos de La Nuestra. Cómo no tomarse con ironía la noticia de un Congreso de Jóvenes Lectores de la Generación del 27 en Vélez-Málaga, con ministra incluida, que Canal Sur nos presenta poniéndose sus gafas de cerca. ¿Pero no era con letras de Andy y Lucas como se formaba aquí a nuestros chavales? ¿No era con ese nivel de cultura de patinillo con el que Cándida Martínez se sentía tan orgullosa después de aquella evaluación de nuestro sistema educativo? ¿Todavía sobrevive la Generación del 27 a la destrucción de la enseñanza pública que están perpetrando los políticos? ¿Jóvenes lectores de Lorca y Cernuda en las camadas de analfabetos que están fabricando los institutos? Claro que el congreso era internacional, así no se notaba que en Andalucía no habría para llenar la sala. Sí, ironía, hasta llegar a lo macabro. Como la otra noticia sobre el cierre de Delphi (¿alguien se sorprende de que ocurra esto en una Andalucía sin tejido industrial propio?). “Se buscará una salida a los trabajadores”, decía la locutora después de una reunión con prebostes de aquí. No me digan que no tiene gracia: buscar una salida... Si la salida está clara: la de la puta calle. Si no fuera por la ironía, a ver cómo iba uno a aguantar ciertas cosas.

5 de marzo de 2007

Somos Zapping 4/03/2007

Asco de fútbol. Voy desertando del fútbol, que es la escupidera de los mafiosos y el patriotismo de los tontos de barbería. Prefiero ver cualquier otra cosa, baloncesto, béisbol, snooker, saltos de esquí, curling, lo que sea. Para volver a apreciar la belleza del deporte, que una vez congregó a los dioses en sus balcones, aprendo nuevas reglas, sigo por canchas extranjeras a jugadores que parece sijs, hamburgueseros, espeleólogos, o busco en la televisión ese sonido de piscina vacía de los pabellones donde se hacen deportes pequeños o como en el colegio, sólo con el árbitro y la novia mirando. Voy desertando del fútbol, que idiotiza y acanalla, y sólo me cruzo ya con él a veces en los bares. El fútbol es verdad que huele a sobaco del que sirve la cerveza, a periódico manchado de adobo, a rifa de un jamón, a bronca de borrachos. Sin batallas, sin héroes, el pueblo cree que los delanteros son Aquiles, que los presidentes de los clubes son reyes que cabalgan. El currito que nunca sabrá lo que es la gloria, el cateto que quiere creer que su barrio puede ser épico e imperial, hacen cada domingo una España de gallera. Piensan que van a mantener su honor en la taberna los niñatos millonarios por el campo y los chuloputas por los palcos. Pero es otra cosa. Es un negocio, un montón de dinero que se gana a costa de las frustraciones y venganzas de la plebe que saben muy bien alimentar y glorificar no sólo los clubes, sino también los medios de comunicación, que otorgan al fútbol una categoría de mundo en guerra. Y es también un altar donde imbéciles con medalla, capos con billetes, meapilas de cuello tieso, demagogos mesiánicos con busto o con babas, se ven adorados y en parihuela. Lopera, Del Nido, León, los directivos no han querido medirse la polla uno delante del otro y por eso han terminado arrastrando a una ciudad entera a esta vergüenza que ha paseado a Sevilla por todas las televisiones del planeta. Yo los desterraba, los mandaba, qué sé yo, a Minnesota, donde no hay fútbol ni Semana Santa y los idiotas fanáticos con dinero son eso sin más adornos ni encomiendas, a ser nadie. “Asco de fútbol”, han pintado en la ciudad deportiva del Betis. Sí, yo deserto.

Entrenamiento del pueblo. Una cámara con grúa hacía un traveling hacia la bandera, sonaba el himno de Andalucía, se cuadraban los pájaros, los políticos y los presentadores de las noticias de Canal Sur. El 28-F, “día grande para Andalucía” según decía Keka Conesa, celebraba los círculos quietos del mundo y echaba flores en nuestros carromatos de pobre. Cócteles, discursos, agradecidos, andaluces con guirnalda y con reverencia, maquillaje en el cielo y en las solapas. No sé qué harán cuando Andalucía salga de la cola de España, cuando haya algo que celebrar verdaderamente, y no esto que parece el fin de curso de Chaves. “La historia de la autonomía andaluza es la de un éxito”, recalcaban en Canal Sur, y el presidente como una muchacha vestida de su propia primavera volvía a abanicarse con el Estatuto del silencio y con las glorias de la nada. Pero yo me quedo con otra imagen que también destacó el informativo de La Nuestra. Para conmemorar el día, en un museo habían montado un taller para enseñar a la gente a tocar las palmas bien flamencamente. Eso, palmeros, es lo que quieren aquí; ese entrenamiento del pueblo sí que resume bien ese día, esta época, esta política.

Tópicos. Chaves lo había dicho en su discurso del 28-F, después de bendecir a sus hijos como el padrecito que se siente: hay que aumentar la autoestima andaluza para reforzar nuestra imagen en el exterior. Curiosamente, ese mismo día, antes del informativo, en un programa repetido de la serie Andalucía es su nombre, el presidente también había insistido en el mal que le ha hecho a Andalucía el tópico. Lástima que Canal Sur no haga caso. La noche del 27, una gala larguísima, hortera y enmacetada nos ponía en la televisión el escaparte de una tienda de souvernirs. Baste una imagen: el semipianista Manolo Carrasco, con casaca blanca, con ridículas ínfulas mozartianas, envilecía el instrumento con un flamenquillo marismeño y cateto mientras en el escenario con fondo de hogueras (luego fueron acuarios) bailaba una moza con un señor goyesco a caballo. Kitsch sin pudor para celebrar el día de Andalucía. Toda una declaración de principios.


Somos Zapping 25/02/2007

Artistas sin gusto. Yo iba a sacar aquí a Quintero por la entrevista a Rafael Amargo, porque en sus noches sevillanas, hechas con luz de estanque, a los artistas andaluces que lleva se les acaban transparentando hambres y abecedarios de pobre como por debajo de un traje blanco. Me interesaba Rafael Amargo, al que en Tenerife quiere linchar el pueblo capitaneado por mujeres vestidas de paraguas. Y no quería plantear yo batallas de glamur entre las murgas y Belén Esteban saliendo al escenario igual que desde la ducha de la piscina. No, lo que llama mi atención en realidad es la capacidad que tiene esta tierra nuestra para dar artistas sin gusto. Son artistas que incluso pueden ser genios en su taconeo y en su palo, pero a los que, como cegados en su toreo, se les niega cualquier otro tipo sensibilidad estética. Son artistas salvajes, unidireccionales, demediados, con un sólo músculo ejercitado como un brazo monstruoso, sin la escuela de humanismo que debe ser el arte. Rafael Amargo o Farruquito pueden incendiar una noche Nueva York sin más que enseñar la cintura, y luego montar una discoteca hortera o hacer una boda de vendedor de telas. Damos unos artistas con raza y sin poesía, con fuego y sin finura. A eso le llamarán algunos el arte del pueblo, pero a lo mejor sólo es el arte de los analfabetos. De Amargo dijeron una vez que era un bailarín ecléctico, y en una entrevista confesó que no conocía esa palabra, pero que le gustaba tanto que se la quedaba. Nuestros artistas que no conocen diccionario ni otro arte que el de su cazuela... En esa carencia o maldición pensaba yo viendo la entrevista de Quintero a Amargo. Pero pasaron otras cosas en la colina del loco. Y haciendo crítica televisiva, uno tendrá que mojarse...

El tijeretazo. A Quintero le han pisado ya para siempre los discursos libertarios como la bandera que hacía de sus pañuelos y bufandas. No es que me gustaran especialmente, pero su programa era mucho ese aullido suyo desde las azoteas, que aunque fuera pose y mala literatura, era lo que le quedaba de loco bajo la luna. Con el tijeretazo dado a la entrevista a José María García, a partir de ahora Quintero sonará como nunca a cartón. Tuve que sonreír cuando desde TVE dijeron que la entrevista se había eliminado o cortado porque “en ella no se vierten opiniones, sino insultos, ataques y descalificaciones a terceras personas”. Si en este país la televisión y la radio aplicaran verdaderamente este baremo, sin duda quedaría poco más que la publicidad. ¿Sería deseable? Depende. Siempre resulta peligroso establecer qué puede considerarse insulto, ataque y descalificación. Todavía más dañino es que el que hace un programa esté pensando en eso cuando llama a un personaje o monta una tertulia, porque es cuando la prudencia se convierte en autocensura. La comparación con la telebasura tampoco me parece de recibo: no es igual una contestación de Dinio sobre sus encamamientos que la de alguien que ha conocido de cerca los saloncitos del Poder y te los cuenta desde su punto de vista, acertando o no. Delicado asunto, en cualquier caso. Yo nunca dirigiré una cadena, pero sí puedo decir lo que hubiera hecho: yo no hubiera eliminado la entrevista. Quintero siempre ha sabido conseguir que sus invitados le mostraran las tripas, y las tripas dicen mucho de una persona. Yo prefiero ver al fanático desnudo en su fanatismo y al ingenuo cegado por su ingenuidad; a los que cargan con su verdad o su ira vaciándola allí delante y a los que mienten disimulando mal que mienten. Prefiero verlos, oírlos, y asentir o irritarme, estar de acuerdo o hasta odiarlos, y si luego tiene que venir por detrás un fiscal porque han injuriado o calumniado, que venga. El retrato ya estará hecho, y después seremos más sabios, siempre, seguro.

El ombligo de Petit. El programa ya empieza con el gran ombligo de la luna, que tiene el tamaño del de Joaquín Petit, pero nunca pensé que en sus monólogos de detective un día nos llegaría a decir que 1001 noches iba a estar dedicado al ombligo, a la metáfora del ombligo, a la tontería del ombligo. Así lo hizo. Pero en la RTVA, ombligo de la autonomía, del poder, cordón umbilical del que chupan tantos, ¿no era acaso esa dedicatoria idiota sólo una obviedad?

Somos Zapping 18/02/2007

Arrayán. He visto muchos ordenadores portátiles como manzanas sobre las mesas y las rodillas, muchos negocios y empresas, guapos de aeropuerto, guapas de congreso; he visto habitaciones de hospital individuales (!) con el logotipo del SAS en las sábanas, y hasta mecánicos que no tenían ni siquiera sucio el mono de trabajo. Arrayán es como si Andalucía toda viviera en un hotel, o al menos en su hall. Si en Los vigilantes de la playa no salía ni un viejo ni un gordo ni un feo, en Arrayán Andalucía se nos muestra acicalada y neoyorquina. Los problemas los da el éxito, ni los más pobres son pobres, todo está iluminado como las oficinas, todos llevan maletín y la sociedad no tiene más males que un jefe puñetero o un colega trepa. Nunca dudé que fuera más que un teatrillo de propaganda, con el guión vigilado por el alto Ministerio de la Verdad. Esta serie es Andalucía tal como el poder quiere que la veamos. Igual que Crónicas de un pueblo fue diseñado por el franquismo para divulgar los principios del Movimiento con sus curas y bicicletas, aquí tenemos Arrayán para meternos entre amoríos y pasillos la guapura y la modernización de esta tierra. En Médico de familia la publicidad se quedaba en el desayuno, pero aquí cada detalle, cada brillo, cada fax, cada ventanal, está pensado para servir a la imagen modélica con la que se nos engaña. Me sorprendí mucho cuando en Mejor lo hablamos llegaron una vez a interrumpir el debate para presentar la nueva temporada de la serie. Ahora se entiende como nunca, cuando sus personajes andan metiendo el referéndum del Estatuto en los diálogos. Nada en Canal Sur queda al azar. Todo obedece a un objetivo político. Atontarnos con folclore, sucesos o chistosos, hacer un Nodo de los informativos y las telenovelas. Da miedo y asco. ¿Quién puede creerlos ya?

Vista pública. Luis Mariñas, Peter MacDermott de las noticias (¿se acuerdan de Hotel?), ha ido degenerando de la información al escaparatismo de su persona hasta llegar a chófer de funeraria, que es de lo que iba el otro día, marmolizando el prime time de Canal Sur con el negro y el frío de los tanatorios y los pésames. Pensé que era otro de los cementerios con pajarracos y verdina de Paco Lobatón, pero no, Lobatón parece que por una vez no tiene nada que ver en esta nueva mesa de autopsias que nos mete en casa la televisión pública andaluza. Seguir con el hocico el rastro de los asesinatos a escopetazos, de las mujeres acuchilladas, de las patrullas policiales en las noches de las ratas, hacer un zoom cuando el familiar del muerto ya no puede hablar y llora, hipa y besa los retratos, pesar los sesos que quedaron en la acera y remover con el cucharón cada herida, cada detalle enfermizo. Vista pública se llama el vomitivo, otro más que se une a Expreso Noche en la intención de la RTVA de proporcionarle al espectador, como a un aguilucho, el curioso servicio público de mucha carne reciente y sangrienta, el único equivalente a las luchas de gladiadores que le queda al poder para entretenernos. Mariñas nos anuncia un próximo reportaje, la historia cruelmente dramatizada luego por actores de una chica que fue violada y que terminó suicidándose. Nos invita a que no nos la perdamos. “Puede pasarle a usted”, advertía. El programa es capaz aún de esa máxima impudicia que representa utilizar un drama social como la violencia contra la mujer, disfrazando de denuncia lo que es beneficio del morbo: “Cada día conocerán a una víctima de la violencia de género”, prometía. Tenemos dos programas de sucesos escabrosos, repugnantemente parecidos. Ya lo decíamos, nada queda al azar en la RTVA. Los despieces de muertos distraen, el olor a estómago abierto nos emborracha.

Cinismo malayo. Por los programas de las babas andan ya los corruptos. Ya se atrevieron con maltratadores y esto le parece a uno el paso previo a que se sienten ante Jaime Cantizano los asesinos convertidos en vedettes. Maltratar, robar, y pronto matar, como otra vía hacia la fama y los bolos, superados ya los empompamientos. Isabel García Marcos iba como vestida de impoluto cinismo en ¿Donde estás corazón? Pero peor fue el cinismo del presentador. Hacerle a la malaya reproches éticos cuando él y sus jefes se frotan las manos ante el dinero que les supone el espectáculo...

Somos Zapping 11/02/2007

Carnaval domesticado. Era pequeño, costurero, puro, libre y afilado, pero algo pasó. Algo como la decadencia de ciertas cortes, como la corrupción que trae el oro nuevo. Aquello que era el pueblo subido a su taburete empezó a dar divos, pasarelas, egos, y dinero. Lo he ido notando año tras año, como una barquita que se iba hundiendo por sus cofres. Demasiado grande, demasiado eco, demasiados intereses. El Carnaval de Cádiz se está volviendo blando, cartonero, recaudador, comodón. Y mucha culpa la tiene Canal Sur, que ha tentado con glorias y famas de pijicantantes o futbolistas a los que debían ser la voz y la conciencia de la calle, con la garganta rabiosa y el pecho abierto. Ahora hay en juego giras, contrataciones, premios que da la Junta a los piropos que menos sangre hagan, a la copla sobre Andalucía que coincida con su publirreportaje. He visto en sus letras un Carnaval que gusta de cantarse a sí mismo, pero que sale como sin dientes al Falla, que ha olvidado la crítica al poder, que cada vez mete más pichas y atardeceres, pero deja sin navajazo a los dueños de esta Andalucía domesticada como siempre. Pellizcos para el agua y para los barrios gaditanos con hechuras de novia, pero hay que atender a muchos espantapájaros tristes y a muchos caletis con barbacoa para escuchar un solo golpe, una sola valentía dándole en la cara al poder. Apenas una crítica a la medalla otorgada a la duquesa del Alba, la intención de una comparsa de ir a votar el domingo de Carnaval “con pijama y bata en el sofá”, y que sin embargo antes nos había explicado lo que era la “realidad nacional”: flamenco y poetas contrapuestos a los malayos. Peor que ver a Paz Padilla preguntarle a ese inaguantable niño del tambor cuántas rebanadas de manteca colorá se ha comido, resulta comprobar que el Carnaval está tan bien embridado. ¿Qué es el ingenio sin la rebeldía y la protesta? Pero hay que salir en los resúmenes, hay que vender cedés, hay que conseguir bolos. Hasta lo más puro se puede comprar. Canal Sur lo ha conseguido con el Carnaval.

Y no hago más na. El programa está cada día más lleno de sus pajarerías de loca, de sus mesillas de vieja, de enanos que salen de las faldas. Es ya hacer televisión revolviendo un carromato, vaciando los armarios, recogiendo chatarreros por Andalucía. María Jiménez era una artista de raza enhiesta y muslos rubios, novia de los bandoleros de España, y que tenía cuchillos envenenados en las alforjas, en los labios y en los pechos. Ahora, la televisión la ha vuelto gallinácea, pitonisa, orujera, parece la anfitriona de la última fiesta de disfraces y de borrachos que queda en la noche decadente, promiscua y desesperada. Tiene personalidad para manejar unas entrevistas que ella hace de una manera muy particular, algo así como la mitad con el guión y la otra mitad con el coño. Pero la han ido rodeando cada vez más bufones de barbería, catetos con la gracia como una mella, peste a vino en el chiste. Subidos a los abanicos y candelabros que ella les pone, los analfabetos que hacen reír por serlo o por taconearlo reinaban en ese trono de lo andaluz que monta María Jiménez ante las cámaras como su alcoba. No llegué a saber a cuento de qué venía la broma, si la performance era una cosa naïf o sencillamente palurda. Pero el otro día vi a María Jiménez con sus graciosos, disfrazados de jueces o más bien de chimpancés vestidos de jueces, ante un grupito con cajón, guitarra y monos de trabajo blancos (“Sierras andaluzas – miel”, ponía en el logotipo que llevaban en el pecho). Cantaban una coplilla sobre la idílica buena vida de un hombre que se levantaba tardecito, se tomaba sus cafés, paseaba, bareteaba, holgazaneaba... “Y no hago más ná, que no, que no”, decía el estribillo. Yo hace mucho tiempo que no le cojo ya la gracia a ese tipo del andaluz satisfecho de ser vago, menos aún cuando se canta entre olés. Pero me di cuenta de que era lo único que le faltaba al programa para ser el corral de pollos de todo lo que debería avergonzarnos.

Macabro. “La conductas violentas en las clases bajan”. Así, tal cual, comenzaba la noticia en Canal Sur. Justo cuando en Jerez nos volvía a estremecer otra brutal agresión a un profesor. Macabro hasta para La Nuestra, que ya es decir.

Somos Zapping 4/02/2007

Google en Fitur. Más que los diversos torreones, chacinas y señoritas como otra fruta de la tierra, la estampa de Fitur es sobre todo la de ese aspecto de ser transportados en bandejas que tienen allí los políticos. Concejalillos y prebostes han terminado mimetizándose con ellas y, agrupados alrededor de los stands o moviéndose por los pasillos, parecen langostinos servidos de pie. En Fitur, feria al andaluz modo que les pagamos a todos esos barandas con nuestro dinero, cambia un lema o cambia un moño de la azafata, pero poco más. Para buscar una novedad que presentar, otro cupo de turistas por cazar, la excusa anual para esa escapadita hacia un ambiente de discoteca de puretas, hay que ser imaginativo y lo que nunca falla es el recurso de las nuevas tecnologías, que es como mandar marcianos a raptar a los guiris. Parece que el pretexto de este año para llenar el AVE de toda la curia juntera ha sido más que nada una herramienta tecnológica que se llama “Andalucía en vivo”, y que no es un teletransportador, sino una simple página web con información turística. Lo molón es que, utilizando Google Earth, invento nada andaluz, se puede caer desde el espacio a la playa elegida en un segundo, cosa que les suena a magia. Pues eso, en el año 2007, una página web todavía maravilla a nuestros gobernantes y nos la enseñan en Canal Sur como si fuera una pila de fusión. Lo mejor fue la imagen de Paulino Plata mostrando en alto, igual que a un príncipe recién nacido, el móvil o PDA donde se veía la dichosa página, como si eso fuera también mérito de la Junta y no del fabricante del cacharro, de la compañía telefónica y de los motores de Internet que menean todo desde USA. Creo que les bastaría con decir que a Fitur se van de pingoneo. Total, si lo tenemos asumido. No hace falta que cojan gadgets copiados ni que se disfrazen de Merlín para impresionar al andaluz, tan analfabeto tecnológicamente que Internet le huele a azufre.

'Llamarme' a hotmail. Sumemos el analfabetismo tecnológico de aquí al otro de siempre, añadamos la cutrez televisiva propia de la tierra y la postal del paisano acodado en la barra del bar, ahíto de vinazo, dominó y fútbol, y tendremos el personaje del que se cachondearon largamente en Noche Hache para nuestra vergüenza. Se llama José Ramón, parece el panadero y tiene en Televisión Costa de la Luz, cadena roteña, un programa sostenido por sus delirios solitarios, ingenuos y camperos sobre el mundo del corazón, o eso pretende. En principio surge la duda de si el programa se ha planeado en serio o de cachondeo, pero luego concluyo que esa capacidad para resultar ridículo de una manera tan natural es imposible de fingir. Las televisiones locales son, ciertamente, el museo antropológico de lo que somos. Baste este ejemplo del tal José Ramón informando a la audiencia de su correo electrónico (me he ahorrado poner todos los sic): “Pa que la gente me quieran escribir o quieran saber algo mío, nada menos que tienen que hacer, llamar o escribir a joseramonconcorazon@hotmail.com, es mi..., mi... lo de Internet, mi número de esto para Internet, y quien quiera llamarme, aquí estáis...” . Y la gente lo “llamó” a hotmail, concretamente un tal Maguila, a quien le dijo esto: “Ahora no caigo quien es, pero me gustaría, a ver si un día quedo contigo... Yo paro en el bar Los Siete, allí puedes verme todos los días cuando tú quieras”. Ni “llamar” a hotmail ni messenger ni nada: que vaya al bar donde para. Maravilloso cómo ha cambiado la segunda o tercera modernización esta Andalucía.

Caballos. Los caballos, guapos animales guardiamarinas, y ese mundo alrededor suyo como de peluqueros o lanceros de una raza. Me pregunto, viendo en Espejo público (Antena 3) un reportaje sobre un espectáculo de la Escuela Andaluza de Arte Ecuestre en la Plaza Mayor de Madrid, por qué no los soporto. “Caballo y caballero, tándem inseparable, una comunión que se pierde en el tiempo, en las faenas del campo, en el apartado de las reses”, dice la voz en off. Y creo que ya lo sé. Dehesas y garrochas, caballos y jinetes, los señoritos que dejaron pudrirse a Andalucía, que la apartaron de la industrialización para tener mano de obra barata y seguir montando jacas. Sí, por eso no los soporto.

29 de enero de 2007

Somos Zapping 28/01/2007

Bienvenidos. Yo era demasiado joven para el rocanrol, pero fue el primer disco que tuve. En realidad, ni siquiera era disco, sino una cassette naranja que me trajeron de regalo desde Madrid con perfume de movidón y carabanchelería. A mis doce años, aquel Rock & Ríos sonaba como un tren de dinamita y aplausos, y Miguel Ríos, jefe como de una caravana de músicos electricistas o cañoneros, se me hizo ídolo. Ha vuelto Miguel Ríos a la televisión, con la calavera viva de todos los roqueros, refundido con el metal negro de la chupa, y uno agradece el viejo magisterio de los profetas del rock, que ya parecen bibliotecarios, entre tanto niñateo de playa y tanta guitarrita lacia, entre los zapatones canis y los percheros de detective que en 1001 músicas nos sacaban Joaquín Petit, David de María, Las Niñas o el que colgara el abrigo. Buenas noches, bienvenidos (Canal 2 Andalucía) es un programa de concepto ambicioso, arriesgado, que baraja una música más cuidada que en otros espacios con un rato de humor de teatro, otro de oenegé, otro de ciencia, otro de poesía, otro de arte. Todo esto suma una enciclopedia a veces interesante y a veces no tanto, a la que se le pueden criticar ciertos guiños de etnocentrismo (“hijos de Al-Andalus”, nos saludó el roquero) y hasta un poco de propaganda autonómica que se atraviesa. Por ejemplo, para presentar la sección social de José Chamizo, Miguel Ríos se refirió a la “voz que mejor conoce el lado menos opulento y feliz de una comunidad que en los últimos años ha conocido avances sociales importantes”. Ni tanta opulencia ni tanta felicidad, diría yo. Hasta el reportaje elegido, sobre los sin techo, quedaba con aire como neoyorquino, un poco como si aquí la gente o viviera en los parques o fuera rica entre rascacielos, cosa que no ocurre en Andalucía. Fue algo infantil la sección de ciencia, explicando el ADN como en CSI; fue endeblón el humor y fue saludable para la televisión la poesía de Luis García Montero, que últimamente anda muy repetido por Canal Sur haciendo versos del Estatuto más que otra cosa (es un buen poeta y no vamos a pensar que le dan focos para sus poemas de verdad a cambio de los otros poemas que gustan al poder). Aun con estos peros, a los abuelazos del rock & roll, bienvenidos. Los echábamos de menos entre tonadillas, aserejés, raperos y babas de saxofón.

Qué arte. Hay en ver a los famosos en la pista de baile una curiosidad como de verlos en un cuarto de baño muy grande, por eso Mira quién baila agrada a cierto tipo de telespectadores que gustan de sentirse apabullados de culos y resbalones ajenos. Curiosamente, murcianos, aragoneses o extremeños pasan por el programa sin dejar más que su pierna o su lengua fuera, brillantísimas como el suelo, pero en cambio, los andaluces, ay, siempre añaden su flor y provocan la caricia racial del jurado o de la presentadora. Carmen Janeiro se excusó por sus torpes meneos ya que ella viene “del campo”, y provocó que Anne Igartiburu soltara un “¿por qué será que los andaluces tienen tanta gracia?”. El Linterna bailó hip-hop, se crucificó de catetismo al afirmar que él era de Alhaurín de la Torre, “el mejor pueblo del mundo”, y la rubia aplaudió rendida: “qué arte, qué arte, qué arte”. Sí, el arte nos persigue casi tanto como la vergüenza.

Lo mismo. Con lunas en su nombre o con ojos de un animalillo u otro, Quintero hace siempre el mismo programa. Entrevistas nariz con nariz que resultan reveladoras, sentidas o quirúrgicas, más esa insoportable manía de hacer una filosofía de insomne y de quijote, con literatura mala a pesar de la gravedad, que ya cansa por repetida o por posada. Llevó a un andaluz (Banderas) con guri y con tortilla, y a otro (Farruquito) que me sigue pareciendo un niñato aun en sus atormentadas contriciones. Decidí que me aburría.

Muy suyo. Tapabocas de la Junta Electoral a la campaña del referéndum del Estatuto. El lema “muy nuestro” les ha parecido muy suyo y Andy & Lucas y demás van a tener que buscarse otra coletilla, que podría ser “ojú, quillo”, cosa tan andaluza como sus otros empeños salvadores. Pero tampoco importa mucho. Sigue estando la radiotelevisión pública andaluza para hacerles la campaña con toda su trompetería.

Somos Zapping 21/01/2007

La idiosincrasia de la lechuga. Hay algo que se olvidó en el Estatuto andaluz, algo que no encuentro entre su numismática de civilizaciones y afluentes, entre la albardonería de nuestra cultura. Se les pasó un artículo que fuera más o menos así: “Corresponde a la Comunidad Autónoma la competencia exclusiva en materia de conocimiento, conservación, investigación, formación, promoción y difusión de nuestras formas idiosincrásicas de sexualidad como elementos singulares del patrimonio cultural andaluz”. Hay una idiosincrasia sexual andaluza que consiste en rozones a la sombra de los pinos a lo María del Monte, polvos del camino, desparramamientos en los humedales y otras posturas con los botos puestos, el culo en los poyetes, la medalla enredada y el vino por la espalda. No sé cómo la Junta no ha creado todavía una Agencia de Protección del Polvo Autóctono, monumentalidad de aljibe de nuestra naturaleza caliente. De momento, es la Juani, una chica bastota o botijera con una libido que uno se imagina como de pan de pueblo, la que se encarga de esto ante la falta de interés de la Administración. A la Juani, Jesulín de Ubrique le hizo una vez la lechuga, eso de subirle el traje de gitana hasta la cabeza para aliñársela como la escarola que queda. Ahora, la posturita, digna de toda una flamencología del casquete, ha vuelto a la actualidad a través del dichoso polígrafo. Gracias al programa de Telecinco A tu lado, que Gemma García conduce con su cara de haber sido electrocutada en la peluquería, y a esa maquinita que rasca tan bien los bajos, sabemos que aquel cuadro fue verdad. Bueno, al menos hay bastante probabilidad, porque en Sexto sentido (La Sexta) hemos descubierto a un curioso personaje, un tal M. Ángel Gallardo, criminólogo que parece que se interpreta a sí mismo en Ley y orden, un tipo que es como la sublimación de esos seguratas que hablan en esdrújulo (quería ir de culto y sacó hasta a Otelo y Desdémona en la entrevista), y que duda mucho del cacharrito porque los agentes dobles se entrenan para pasarlo. Como uno no ve a la Juani en plan espía que surgió tras una cepa, creo que podemos afirmar que un nuevo hito cultural andaluz acompañará ya a la museística de lo nuestro. Somos alegres y frescos en la fiesta, en la pena, en la borrachera y en las camas que sacamos a la cuadra o a la huerta. Un día, un verdadero Estatuto que articule bien nuestra esencia lo reflejará y estaremos completos.

Viazé un referente. El Estatuto ha estallado en los medios públicos andaluces, pero eso lo veremos con más detalle a partir de mañana (el zafarrancho se merece columnas especiales). Sin embargo, llevamos un tiempo notando las banderas de nuestros padres y la gloria de nuestros especialísimos perfumes en espacios más o menos embozados por Canal Sur. Ya mencionamos ese programa, Andalucía es su nombre, que versifica o pancartea todo esto, y el viernes alcancé a ver el final de otro, Palabra del sur, que parece que va de mostrarnos los geranios de nuestros decires, acentos y dignidades lingüísticas. No hay nada que pueda llamarse andaluz como idioma, ni siquiera como dialecto o habla, pues hay muchos diferentes por aquí. Pero ya se sabe que, puestos a buscar esencialismos y sustentos culturales a las verdades políticas, la lengua es objetivo principal. Si no la hay, se inventa. Y si no hay unidad, se acentúa la diversidad. El caso es tener un diccionario flotando al sol de la “realidad nacional” como una pandorga. El reportaje que vi incidía en los medios de comunicación como referentes de la lengua y muchos periodistas de la casa hacían rizos con la belleza y la nobleza de todas las modalidades del andaluz. Uno de ellos, Ángel Gámez, se dejó caer con esta cosa tan democrática y ecualizadora: “Yo no creo que la gente se tenga que fijar en los medios de comunicación para hablar, yo creo que la gente tiene que hablar por sí; nosotros deberíamos ser los que nos fijáramos en la gente para hablar nosotros”. Sí, que los periodistas aprendan del Koala. Teh qui' puí, home...

Suma y sigue. Ahora, en Alhaurín el Grande. La peste de la corrupción vuelve a abochornarnos en los noticiarios. ¿Harán algo por fin nuestros legisladores, o esperarán a que el pueblo harto saque las guillotinas a la plaza?

15 de enero de 2007

Somos Zapping 14/01/2007

Armas arrojadizas. Quien quiera hoy guantes blancos y buenas maneras en la mesa, que se aleje de la política. Esto es la guerra desde que por Atocha pasó el Diablo como un armadillo de hierro, fuego y odio. Los muertos de carne trajeron otros tras los pisapapeles del poder y hay juramentos de venganza y aniquilación entre ellos bajo la luna gitana de España, rodaja de sangre. Por eso tuve que sonreír al escuchar en las noticias de la semana dos llamamientos, de Chaves y de Zarrías, a no usar como “arma arrojadiza” tal o cual asuntillo. Cuando la política quiere llegar al hueso del otro, cuando arden los taxis en mañanas de arrebato y se levantan los viejos fusilados para devolver las balas y los dientes arrancados, lo que extraña es que queden adoquines en las plazas y los diputados no lleven estoque en el bastón. Chaves hablaba de la fecha del referéndum del Estatuto, el 18 de febrero, “una fecha que quedará para siempre en el calendario de la autonomía andaluza”, según el verbo apostólico que usa Canal Sur en estos casos, e invitaba a que el resultado “no se convierta en arma arrojadiza entre partidos”. Zarrías, que hacía apostillas de esa conferencia de presidentes autonómicos con aires de museo de cera, tampoco quería que se utilizara como “arma arrojadiza” el agua que se guardan o se tragan las regiones, cuando aquí se están trasvasando hasta lágrimas de viudas. Demasiado tarde. Han volado ataúdes, traiciones, patrias, todos los sellos y esquelas de Franco, todos los gorros frigios de los guillotinados. Lo de menos es que vuelen librillos y botijos. Quien quiera hoy paz y deporte, que se aleje de la política. Cierto, sucio y triste.

Es el sol. Parece que el andaluz con guitarra tiene que acabar siempre como un mexicano en una tapia. Se pone él mismo, o los que lo presentan o entrevistan en televisión, pero llega con la silueta hecha al tópico y acaba estampado en la pared con sus corcheas como moscas. El jerezano David DeMaría es uno de esos cantantes que con una guitarra floja ponen igual de flojas a las niñas del lugar, y eso le hace muy artista. Escribe canciones con letras de carpeta de instituto y compone una música de tristeza en su cuarto después de una pelea con la novia en el vespino, pero debe de ser un valor indiscutible de esta tierra porque hasta lo pusieron a presentar en Canal 2 Andalucía, en esas noches como musicalizadas de porros canis y gatos bajistas. El otro día lo llevaron a Espejo público, el programa mañanero de Antena 3, para halagarlo por la esencia de su provincia, que da tanto músico con pulserita y tanta vocación de cantar en la playa a las muchachas. “Es nuestra cultura”, decía él, que son las cosas que nos hacen quedar como una troupe. “Es el sol”, decía una colaboradora gallega. “Anteponemos la calidad de vida”, remataba el cantante, terminando de acomodar la espalda en la tapia. Pues eso, somos los juglares del amor, somos los cantores de la vida con mendrugo, somos el vino del solitario como en aquel poema de Baudelaire, somos una raza agarrada a las harpas y esto es lo que exportamos como único perfume, lo que dan el sol y la tierra de aquí para que luego se tire en los cojines de la televisión como haría un emperador de la artisticidad. Ahora hemos tenido que soportar un programa nefasto lleno de máscaras y pianos de plástico que intenta que no se vuelva a repetir la enojosa vergüenza que para algunos han supuesto los últimos fracasos en Eurovisión, tan puramente andaluces: Las Ketchup, Son de sol, otras muestras de “nuestra cultura”, el producto más feliz de ese “anteponer la calidad de vida”, seguramente. Pero eso es una antigua estafa, aquí no somos más artistas por parecer vagos ni más cíngaros por bebernos la alegría con el hambre. Aunque David DeMaría parezca debérselo todo a esto.

El sello. El primer plano de unos hematomas igual que el detalle de unos valles de Marte, una cámara movediza detrás de policías como poceros de la madrugada, la satisfacción en el morbo de lo más sucio que encontraban por la calle... Lo supe, antes de ver su nombre. Expreso noche, programa que emite Canal Sur como a la hora del asco, tiene de productor ejecutivo a Paco Lobatón. Su sello, el olor de la carne frita, de la basura meneada, de la infección metida por los ojos, lo delataba.

8 de enero de 2007

Somos Zapping 7/01/2007

Discursos. Parecen siempre señores embarazados, contándonos sus cosas en el saloncito, y suenan igual que colocar la vajilla y encender velas. El Rey y Chaves, en una noche cristianizada de infantitas o en otra en que la calle ya se va preparando como para la fiesta de un transatlántico, hablan redondeces, cantan recitativos y sacuden tapices. Lo del Rey nunca he podido entenderlo. Veo dos posibilidades, a cual peor: o habla en nombre del Estado, lo que veo imposible porque el Estado es una ficción jurídica que no tiene opiniones ni manda crismas; o bien habla por él, y entonces se está sacralizando el parecer de “un particular”, como dice Sabina. Los presidentes autonómicos sí que hablan en el brindis de su propaganda y por eso bajar por la chimenea a hacer el recuento glorioso del año les infla mucho los mofletes. Chaves empezó su discurso con un pésame y continuó como una miss, con la paz en la Tierra y los paseos que le ha dado él a Andalucía por los salones y mapamundis de la ONU para el bien de los pueblos. Luego, siguió con esta nuestra “sociedad que se moderniza a pasos agigantados” y, cómo no, con la varita mágica del Estatuto. Ejemplar fue esa frase que nos decía: “Cuando seamos llamados a las urnas, nadie, por ninguna razón, debería sentirse tentado de negar su apoyo a Andalucía y a sus intereses generales”. Sí, nadie debería sentirse tentado de votar lo que él no quiere, a ver qué es eso de la libertad y de la democracia. Jóvenes en vivero, mujeres dolorosas y viejitos en su cabaña le sirvieron para terminar su pastel en el que se colaron cosas como “formentar (sic) el diálogo”, “remomover (sic) los obstáculos” o, hablando de la juventud, “aportar a Andalucía todo el caudal de iniciativas y capacidad que atesoro (¡sic!)”. Algo como el pavo muerto de todos los años, algo como la abuela en la butaca, algo como hablar de una nieve que no vemos. A mí estos discursos no me dieron ni banda sonora ni hambre ni esperanza.

Campanadas de corrupción. Es el leitmotiv nacional, la inspiración de todos los chistosos, nuestra mayor vergüenza en un cabaret. La corrupción, claro. Para sus gracias de calcetín, Los Morancos eligieron un supuesto Hotel Malaya y, aparte de la mediocridad del intento, sí había en esa Omaíta con maleta playera algo así como el viaje de todo un país desde la inocencia hasta una cárcel con guardia de tebeo que nos resume. En Nochevieja, también Cruz y Raya montaron un musical con la corrupción, en el que las bolsas de basura con dinero pasaban de un sketch a otro con gesto de rugby. Hacían gimnasia y villancicos con las recalificaciones y todos los concejales de las parodias se parecían a alguno de nuestro pueblo. Esa ponchera que es Nochevieja en televisión suele siempre recoger muy gráficamente la sustancia del año y uno recuerda esas fiestas, ahora desenlatadas por Hermida, en las que se cantaba al IVA, en las que el escándalo era la teta embuchada de Sabrina y para reír había que recurrir al tema de una empanadilla. Todo eso parece ahora melancolía, ingenuidad y trapo como los muñecos de Mari Carmen. En estos tiempos, es el trinque urbanístico al ibérico modo lo que nos da las campanadas y pone título no sólo a los especiales del año, sino a toda España. Hará época y se recordará para siempre, como aquel chocho con alitas de Ciciolina.

El vals fino. El concierto de Año Nuevo, otra vez, sacó de sus lagos a los cisnes más empalagosos y de sus coches a las señoras con más collares. El único Strauss que me gusta es Richard y esta otra familia de valses, polcas y loza me lleva con grima hacia los rizos de Sissi. Prefiero el Vals triste de Sibelius y otros que andan por ahí embozados, como en la Sinfonía Fantástica de Berlioz o en la Octava de Dvorak, al pony musical del Danubio azul. Y esto, a pesar de que me lo traiga Zubin Mehta, aunque mi favorito es Harnoncourt. Pero, ay, el vals vienés, esa fantasía de campesinos... Por eso hasta en La buena gente han puesto a parejas de jubilados a bailarlos, sonando, eso sí, a teclado de los de cabra y trompeta. En Canal Sur no saben el término medio entre lo hortera y lo decadente. Antonia Moreno lo expresó muy bien: “Yo siempre he visto el vals como algo tan lejano a mí, tan fino...”. Pues eso, a seguir queriendo ser finos, que vais bien.