31 de mayo de 2010

Somos Zapping: El buche sentimental (31/05/2010)

Crisis, de verdad. Ya estamos oficialmente en crisis en Andalucía. Sí, ya sé que hace mucho que el paro es una marabunta, que la economía sólo enseña horcas, que las empresas guardan turno para el degüello, que los bancos parecen fachadas apuntaladas y que Europa nos ve como la popa hundida del continente. Pero ahora sí que estamos en crisis. Y no porque Zapatero haya bajado del Monte de los Olivos sudando sangre, ni porque Mar Moreno salga en las noticias de Canal Sur como la ayudante de un dentista para anunciarnos tierna y maternalmente que nos toca sufrir y encima pagar. No, todo eso de la macroeconomía, los mercados, el sucio dinero, ocurría sólo en los periódicos, porque el andaluz se alimenta de otras esencias. Si afirmo que ya estamos oficialmente en crisis es porque, según nos contaban los informativos de La Nuestra, hay dos pueblos (de momento), Aznalcóllar y Mairena del Aljarafe, que han tenido que suspender sus ferias. Esto sí que le llega al andaluz al alma, que está más allá de sus bolsillos, en una especie de buche sentimental y folclórico. Sólo falta que se cancele una Semana Santa para que estalle la revolución. Por otra cosa, aquí nadie se va a mover.


Mercados irracionales. Cuando nos rondan los buitres, cuando Zapatero parece un galeote y María Teresa Fernández de la Vega se diría que ha sorbido para ella sola la tisis de todo el país, cada vez resultan más increíbles y patéticos los intentos de Canal Sur por suavizar el estruendo de esta ruina. El otro día, pusieron a una de las locutoras de sus informativos a achicar agua con esto: “El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha respaldado las medidas de ajuste adoptadas por el Gobierno español en una situación complicada por el pesimismo irracional de los mercados”. Entiendo que Canal Sur diga esto, aunque no un Premio Nobel. Los mercados, o mejor los mercaderes, pueden ser ambiciosos, especuladores o incluso temerarios, pero ¿irracionales? Nadie se juega los cuartos irracionalmente, sino atendiendo a la salud de su dinero. Si los mercados se espantan o llegan a la euforia es porque tiran de ellos el miedo o la codicia, pero desde luego no la locura. Sin embargo, el Premio Nobel dijo literalmente que “los mercados financieros son irracionales”. Quizá fue porque venía invitado por la Fundación Ideas para el Progreso, que suena mucho a que paga por cosas como ésa. De todas formas, Canal Sur supo aprovecharlo para poner otra vez a los enemigos lejos, contuberniando, y a nuestros gobernantes luchando contra monstruos forasteros. Siempre tan sin culpa como sin soluciones, así salen ellos en la leal televisión pública andaluza, cada vez más increíble y patética en el ocultamiento de este desastre.


Almas sensibles. Dejemos la política y la economía: merecemos el refugio del arte, el de la tauromaquia en este caso. A veces me decepciona el toreo, como ahora cuando me paseo por las retransmisiones de la Feria de San Isidro y (mala suerte) sólo me encuentro con pitadas y tocinería de hombres y ganado. Pero otras veces me reconcilio con esa belleza sublime, esa arborescente plasticidad que envuelve no sólo la faena en sí, sino todo lo que rodea el mundo del toro. No entiendo a los que le niegan la categoría de arte, equiparándolo a un deporte o a un pastoreo. El arte es más que la mera tarea hecha con talento, el arte supone una predisposición del alma hacia lo bello y lo elevado, es una percepción del mundo regida por la sensibilidad. Lo que define al arte es la presencia, el reinado de esa personalidad artística, o sea, esa predisposición y esa percepción totalizadora de la belleza, y que implica tanto al que crea como al que disfruta de la obra. Esto ocurre con el toreo, por eso es arte verdadero, porque genera almas artísticas como los cafés hacen poetas. Y si alguien no lo cree, sólo tiene que ver la promoción de Toros para todos que vi yo: unos hombres con la gorra encasquetada, patillas de hacha y como yerbajos en las palabras, que parecían todos el Algarrobo de Curro Jiménez, diciendo que “estamos en plena faena jaciendo lotes de vacas y cuando terminemos nos vamos a ver la televisión para ver Toros para todos”. La medida de un arte es sin duda la de las almas que alimenta y engrandece.


Daikiris. Más cultura en las noches de Canal Sur: dos chicos que parece que se han disfrazado de eunucos tras emborracharse con daikiris en un crucero caribeño, con panderetas y collares de flores incluidos, danzan al son de La Primavera de Vivaldi tocada con saxofón. Estaban entre Tarzán, la capoeira y Elvis Presley en Hawái. De lo más ridículo que he visto últimamente en la tele, si no fuera por lo de Eurovisión...

27 de mayo de 2010

Los días persiguiéndose: Usufructo de Alberti (25/05/2010)

El poeta, el artista, comienza soñándose un genio en sus buhardillas, como decía Pessoa, y lo normal es que acabe allí podrido de sabiduría igual que sus ratones, loco o muerto de mirar ese planetario que únicamente él ve en el mundo, desde las perchas y los ventanales, como estrellas de Van Gogh. Sólo algunas veces el artista llega a hacerse museo, institución, después de matarse o de que lo maten como artista para convertirlo en otra cosa, una marca, un faraón de su nombre, un gran pescado cultural que vocean en los mercados por su peso o por el horror de su historia y sus ganchos, como un tiburón al que le encontraron manos humanas en el estómago (aquí a los artistas les encuentran sobre todo guerras, fusilamientos, zapatos enredados en política y líos de cama a medio digerir). El artista empieza a morir cuando tiene un nombre, cuando se hace un nombre, que es a lo que atiende la gente aquí, incluso la gente de la propia industria cultural, que son esos tasadores de firmas que no leen ni los poemas, sólo rascan por debajo hasta que encuentran dinero, o no encuentran nada, o peor aún, encuentran sólo arte y no saben qué hacer con eso. Es lo que gusta, es lo que tenemos: el poeta, el artista, ya en un nido de viudas, ya con adoradores de su butaca más que de sus obras, el artista que ha sido vendido muerto o vivo como carne o como timo, el artista que lo era más cuando sólo era genio-para-sí-mismo (así decía Pessoa), o que nunca lo fue pero lo han colgado como tal en los escaparates, con la moda de la temporada que puede ir de templarios, espadachines, posibilistas, exiliados, memorialistas, sicalípticos, dandis o bujarras.

Ahora me entero por un amigo de El Puerto de que un secretario de la Fundación Alberti va a denunciar a la viuda del poeta, María Asunción Mateo, por irregularidades varias y acoso laboral. En eso se quedan los poetas a veces, ya ven, en estas burocracias y conflictos de cuerpo de casa, en estas oficinas con facturas de la luz, en estas sucursales del arte hecho menaje o almacén, como si en vez de literatura hubieran dejado un estanco. A mí, la verdad, nunca me gustó especialmente Alberti, con su poesía de farero. Creo que valía más como testigo o fotógrafo de otros que como propia singularidad poética. Al lado de Aleixandre, Salinas, Cernuda o el mejor Lorca, me parece sólo un paje de aquello. Pero tuvo la suerte de sobrevivir, de hacerse icono por nostalgia, de que la melena se le pusiera del color de sus versos y de que cierto sentimiento de culpa generacional lo estatuara contra el viento de esa mar suya un poco cascabelera. A veces veo a Alberti más como un futbolista de su pueblo que como un gran poeta. Sin embargo, se le arrimaron intelectuales rojetes y enfermeras y políticos y vinieron a pedirle pan sus churumbeles verdaderos o fingidos, ya no como artista sino como pirata con tesoro o como capitán de una guerra enterrada. En este comedero destaca María Asunción Mateo, mujer de viudez arácnida y usufructuaria, entre la gobernanta y el braguetazo. A un artista de cierto tamaño le limpian la baba y de ahí puede salir un imperio con reina egipcia. Claro que esto no da la medida de su arte, sino de un negocio. La viuda de Alberti puede llevar lo suyo como una yeguada particular, pero a mí me preocupa otra cosa. Me preocupa una cultura que sólo mira el icono y el nombre, ya sea de los poetas-museo o del escritor malo que vende celulosa a la masa, cuando habría que mirar más las ventanas que se encienden por la noche ahora, tras las que sin duda se está haciendo el arte de mañana aún sin ujieres, agentes, viudas ni hijastros que se disputen vorazmente su usufructo.

Somos Zapping: A Canal Sur se le aparece la Virgen (24/05/2010)

Atasco rociero. Ya lo anunció una reportera en las noticias de la mañana, el primer día, cuando los bueyes como san bernardos y los palomares de diosas recién empezaban su camino: nos iban a dar Rocío en las noticias, en Mira la vida, en La tarde aquí y ahora, en Andalucía directo, en 75 minutos y hasta en Menuda noche. Todo el día, toda la semana sonando el pito rociero en Canal Sur (en Mira la vida, literalmente: lo ponían de fondo para sus charletas). Decenas de reporteros siguiendo al minuto cómo en cada una de las hermandades se lavaban los pies, hacían tortillas, se empanaban en vino, acarreaban o regaban carrozas como parterres y lucían esa religiosidad suya entre el paganismo, los peroles, la terracota y el safari. Y aún añadieron misas y un especial de refritos llamado Cantando al Rocío, donde Paco Gandía, Chiquito de la Calzada, Los del Río y otros sevillanistas encendidos de fervor y pavesas parecían salir de una antigüedad televisiva hortera y cansina como las reposiciones de El príncipe de Bel Air o Cosas de casa. La verdad, ese refrito rociero podría haber sido igual una de sus Nochebuenas flamencas o ferias de descampado, yo ya no lo distingo. Poco se puede añadir sobre la adoración a las piedras y a las zambras que profesa esta tierra. Limitémonos a sonreír al ver cómo Canal Sur disimula esta fase febril de la crisis económica y política atascando su programación con arena, rodadas, idolatría y folclore, escondiendo a Zapatero y Griñán tras las carriolas. Nada grave puede ocurrir aquí cuando las noticias abren con tamboriles. Nadie da las gracias este año a la Virgen del Rocío tanto como Canal Sur: en la semana de los peores cataclismos le ha permitido emborrachar al pueblo en su propio jugo para que siga sin enterarse de nada.


Tapando calvas. Era lo que le faltaba a Del Nido para parecer JR y lo que le faltaba a Canal Sur para terminar de torear los últimos truenos de la crisis: el sombrerito de la final de la Copa del Rey, que es más que una anécdota, es la chulería del balompié que se vuelve presumida y la superstición boba con la que se corona esa otra religión que es el fútbol, tan conveniente para atontar y distraer al pueblo como las diosas de la primavera y los humedales. Sea sombrero de Chicago, sombrero tanguista o sombrero rejoneador, ahí tenemos el símbolo de otra peineta de las glorias populares, el triunfo futbolero haciendo de su cartón una tiara, el deporte como triste lujo, señoritismo y calor en la cabeza de una tierra pobre y al relente. Ese sombrero que tapa las calvas, que guapea al hortera, que toreriza al currante, que engalana al parado. O sea, el fútbol que cubre y acalla otra vez todos los problemas. Rocío y Copa del Rey, qué suerte. A Canal Sur, sin duda, se le ha aparecido esta semana la Virgen con todo su séquito de bailones, ajumados y gladiadores. No hay crisis, emergencia o penuria que pueda con eso.


Duplicidad. Hablando de fútbol: ¿Por qué nos ponen la final de la Champions a la vez en La 1 y en Canal Sur (en La Nuestra, con menos calidad de imagen)? Quizá esto de la Autonomía consiste precisamente en duplicar gobiernos, televisiones, gastos y vividores, y encima haciéndolo peor. Por ahí debería empezar el tijeretazo de Zapatero.


Locura. Pensé que flipaba, que toda esta semana de folclore y borracheras santas o épicas había nublado mi percepción. Cambié de canal, sin intentar siquiera buscarle un sentido al absurdo que veía en Menuda noche: Niños de estampa rociera contaban chistes de argentinos a una Mercedes Milá que pedaleaba en bicicleta estática (¡?). Están locos o nos han vuelto ya locos a todos. La diferencia quizá no importa.


Descontento en AD. Modesto Barragán no ha tenido buen aterrizaje en Andalucía directo. Hasta los trabajadores del programa me transmiten su descontento. No sólo llegó a la dirección (tras una pifia de Teresa Sánchez Monteseirín) imponiendo a sus coleguis de Cádiz y exigiendo ser el presentador (cuentan que a Blanca Rodríguez, muy querida en el equipo, le comunicaron el patadón en plena Nochevieja, por teléfono). No, además me dicen que la censura es más feroz que nunca (están acojonados por las encuestas sobre intención de voto), que demasiadas cintas se quedan en la nevera, que se eliminan de los reportajes hasta las más leves críticas a la Junta, que el programa se ha vuelto más cateto, que ha bajado la audiencia, que ya se ha recortado en media hora su duración... Incluso hay rumores de que desaparecerá. Lo dudo. Siendo Barragán tan amiguito de Pablo Carrasco y Manolo Casal, seguro que mantendrán su vieja chirigota.

18 de mayo de 2010

Los días persiguiéndose: El escalpelo (18/05/2010)

Yo creía que a las ideologías de tapetillo y a los ismos con Pentateuco se los había cargado la crisis y sólo nos quedaba la hora de los médicos de la peste, de la economía de guerra, de los fundidores de campanas para hacer monedas o escudillas. Hasta Zapatero ha tenido que apostatar de su socialismo de cantautor porque se ha dado cuenta de que sustituir el dinero por margaritas no funciona. Y la derecha, a la que parece que le han robado el libro de recetas, y que debería estar de acuerdo con esos ajustes, prefiere olvidar sus dogmas para seguir teniendo damnificados de Zapatero, esta vez esos pensionistas y tiesos. A unos los ha despertado la realidad que no casa con los poemas, a los otros los ha reconducido una estrategia de partido que necesita descontentos y agraviados, haga Zapatero lo que haga. El caso es que estas ideologías de la creencia no valen nada cuando la economía obedece a sus propios dioses, la oposición a sus ambiciones y el pueblo, a su rabia. Sólo la izquierda megalítica, su comunismo imposible que no tiene que rendir cuentas porque nunca gobernará, se puede permitir soñar aún con la revolución de sus viejos barbudos. Pero sus soluciones no importan porque hablan de otro mundo. La economía global, fría, sin sentimientos, funciona ya con máquinas desideologizadas, y cuando se para de esta manera brutal, sólo hay una mecánica que lo arregle, una mecánica que ya no es ni política, sino como ferroviaria. Un perno roto requiere otro perno, y ahí no hay opiniones que valgan. Es lo que ha terminado entendiendo Zapatero, aunque tarde. Creo que las ideologías funcionan únicamente en la abundancia, que es cuando todavía se puede escoger si el dinero va a un cajón o al arcoiris. Pero ahora que nos hundimos o agonizamos, les toca a los cirujanos y a los maquinistas, que no miran ideologías sino láminas, que sólo atienden a si dejan un muerto o un vivo, un motor o una chatarra.

Sí, yo creía que esta crisis, esta emergencia, había acabado de alguna manera, aun temporalmente, con el lujo de las ideologías y sus eslóganes, como el hambre acaba con el lujo del merengue y sus guindas. Por eso me ha sorprendido mucho lo de Arenas inventándose otro ismo. Eso de nombrarnos un nuevo santo o un nuevo horizonte, ese inaugurar palabras y enfocar mayúsculas como un podio, sabíamos que era la estratagema del socialismo andaluz, pero Arenas parece que lo ha adoptado cuando menos pega, cuando ya ni Zapatero cree que los versos basten para alimentarnos. Ahora nos viene Arenas con lo del Nuevo Andalucismo, que no sabemos qué es pero suena igual que las modernizaciones y las imparabilidades de los otros: a campanillas en las nubes, a título sin novela, a cartelón de sombrerería. El andalucismo ha sido ya demasiadas cosas aquí, autonomismo ingenuo, zumo de la tierra, monacato de banderas, mucamita del PSOE, regionalismo del suspiro, portarretratos de vanidades y hasta dulce moruno en su más nueva reencarnación arabizante. También podría ser ahora lavandería de toallas para el PP, pero eso no aporta nada, no sirve para nada, sólo para sumar otra religión más a todas las que le han ido dando a este pueblo tan harto de rezar desmayado. No es tiempo de inventar más romances ni estribillos. De esta crisis no nos salvarán los políticos, que sólo parecen mirones estorbando con sus pancartas. Nos salvarán los que saben escuchar al dinero en su respiración y sus neurosis, y no lo harán con ideologías, sino con balanzas y escalpelos, asépticos y sin emociones. Ya luego, con lo que quede, seguirán jugando los políticos a las casitas.

Somos Zapping: Sergio Dalma, servicio público (17/05/2005)

Noche en blanco. Es la misma cultura o culturilla que ya hay a plena luz, son los mismos museos visitados por los silencios más que por el pueblo, son los mismos pianos como arpas becquerianas que el andaluz cree que son un mueble bar. Pero como aquí se trata de hacer de todo una verbena, una borrachera, una convidada, si los sacan por la noche y les ponen un logotipo que es una luna como una pastilla efervescente, Canal Sur los convierte en una Madrugá culturetilla en la que la gente parece que ha ido a cazar con hambre desaforada a pintores o saxofonistas. Es la Noche en blanco de Málaga, donde el pueblo se ha hecho por una vez vampiro de un arte más o menos verdadero o quizá sólo de garrafón, pues iguala a Picasso con grafiteros, monociclistas o vendedores de globos. Un museo de día lo habitan sus vacíos colgados en perchas, una sonata de entre semana suena a pájaro enjaulado en un torreón y sin oyente, pero he aquí el misterio de que se escoge una fecha, se le añaden farolas y entradas gratis, y la calle es de repente la churrería de una cultura como desvelada y cogida en camisón. Ésta es la incongruencia: un pueblo y una televisión de espaldas a la cultura que, sin embargo, cuando la montan como un chiringuito y la hacen barullo, acuden a ella como a una paellada, aunque, claro, también con el mismo valor que tiene ir a una paellada. Canal Sur 2 se recreaba en esa cultura falsamente multitudinaria, pero la gente colándose en los museos simplemente porque les dejan, o mirando a un grupo de jazz como mirarían una fuente nocturna o un león escapado a esas horas, eso, digo, ni significa ni mejora nada. Con el día, el sol derretirá esa cultura hecha de hielo, las arpas volverán a sus desvanes, los museos se recogerán en su habitual soledad, y el pueblo volverá a sus panaderías igual que Canal Sur a su folclore. La cultura ya habrá cumplido su cupo, que dura lo que una recogida de basuras, y el canto del gallo les revelará la mentira.


Mejor que Radio Clásica. Seamos justos. No toda la RTVA es una berenjenada hecha con el folclore y la vulgaridad. Sí, hay que reconocer la labor educativa y cultural que, aunque no abunda, sí tiene sus gozosos huecos en la radio y la televisión andaluzas. Me refiero, por ejemplo, a esa joya que es Canal Fiesta Radio. No la oigo mucho, pero sí veo de vez en cuando ese Top Fiesta con el que Canal Sur 2 nos abre una ventana al arte más intangible. Yo lo comparo al esfuerzo divulgador que en RTVE representa Radio Clásica, donde aprendí tanto cuando comenzaba a aficionarme a la música. Pero en Andalucía han logrado incluso superar a esta mítica emisora. Me reconforta que el número uno de su lista sea Sergio Dalma, me enorgullece que ese clásico inmortal que es el Bolillón de No me pises que llevo chanclas, extrañamente resucitado, le siga los pasos de cerca; me extasía que abunden esos grupos como Rebujitos o Decai que suenan todos igual, a la pureza que ya inauguraron, como otra Moderna Escuela de Viena, genios como Los Caños o Andy & Lucas... Encomiable labor cultural y estupendo ejemplo de cómo se invierte en el arte y su divulgación el dinero de todos, este Canal Fiesta y su resumen televisivo que engalana los domingos. Si Sergio Dalma no es servicio público, ya me dirán qué lo es...


Cómo está el patio. Aunque sea una cadena de la competencia, hay que decirlo: necesitábamos ese Cómo está el patio que conduce en Canal 10 Andalucía mi querido y admirado Paco Robles, que parece un chiquillo con tirachinas delante de las cristaleras del Poder. Me imagino el impacto, el súbito desvelamiento que este programa supondrá sin duda para tanta gente que sólo ha conocido el parte oficial de Canal Sur, al darse cuenta de repente de que existen otras opiniones, otras perspectivas, tan contrarias a las trompeterías, glorias y complacencias de la Junta y su Ministerio de la Verdad... Un descubrimiento que significa de alguna manera llevar al televidente andaluz a la edad adulta, como si le dijeran por fin, ya tan mayor, que los Reyes Magos son los padres. Es cierto que al programa quizá le falta pluralidad, ese tertuliano de las tortas siquiera, porque demasiado a menudo se nota que les cuesta encontrar opiniones diferentes para mantener un verdadero debate entre los invitados. Pero bueno, como medio privado que es, tampoco se le puede exigir. Lo importante es que ya hay por fin en Andalucía un contrapeso televisivo, otra mirada, un refrescante picotazo en la apabullante homogeneidad que imponía hasta ahora Canal Sur. Sí, necesitábamos algo así. Gracias y enhorabuena, colega.

Los días persiguiéndose: Decadencia (13/05/2010)

Debe de ser porque estoy en Barcelona, y vi la música de Richard Strauss incendiar la propia luz en el Teatro del Liceo, y volví a pensar que todo Gaudí era ser una libélula tragada por un dragón, pero creo que el arte y la belleza verdaderos repelen, apartan, arrinconan al lujo, que es en realidad la estética más barata. La piedra vence al oro y un violín solo puede hacer que huyan como salamandras todas las joyas colgadas de los techos. Pero para el hortera, impotente estético, sólo queda el sucio lujo al peso como el de un dueño de casino, ese Bizancio comprado, ese tener que vestirse con un palacio entero y rodearse de pajes plumíferos, ujieres en carroza y secretarias disfrazadas de Cleopatra. San Telmo es bastante más que un problema de dinero o una pelea de partidos como de indios por una casaca. San Telmo nos habla de una casta política antiestética, orgullosamente hortera y sin duda acomplejada por ello, que no puede sentirse digna si no se pinta en ese barroco muy empelucado aunque cagado por debajo, como decían de aquellas cortes luisinas. Ni siquiera hablo aún de derroche, ahora que hasta Zapatero ha bajado ya el hacha sobre funcionarios y pensiones. Hablo de una política de tipito, de espejito, de presumidos, de caprichos, obscenamente perfumada y desabrochada, esta política de emperadores locos peinando a sus caballos.

San Telmo es todo un monumento a esta decadencia, pero no es su único síntoma. Ver a Griñán protagonizando una campaña que parece de Chanel Nº 5 es todavía más grave. Nuestros gobernantes ya parecía que se dedicaban sólo a comprarse zapatos caros como Carmen Lomana, pero centrarse en la guapura de Griñán con la que está cayendo, dejar de lado toda la acción política para vendernos sólo el enamoramiento o la creencia en su persona de esa manera entre norcoreana y parisina, eso, definitivamente, es ya indecente. Este Griñán de escaparte o de marquesina del bus, como enseñándonos sin venir a cuento una pierna para publicitar una colonia o un chocolate o un disco o una peluquería, ha terminado de estatuar la decadencia y la fealdad de la casta gobernante andaluza. Eso no es política, eso es la primavera del Corte Inglés, eso es un catálogo de Pronovias, eso es la sonrisa idiota de una azafata de El precio justo o de una teletienda que nos quiere hacer comprar un taladro o una pulsera del horóscopo cuando no hay ni para pan. Griñán como una maja, Griñán como un hada madrina, Griñán como el calvo de la lotería, Griñán como un domador de circo, Griñán como Arguiñano o como Julio Iglesias o como esos horteras de Il divo, Griñán como un vendedor de colchones de látex, no sé, Griñán como cualquier cosa menos como un presidente en medio de los cataclismos de la crisis, la deuda, el hambre o las guerras que ya tenemos o se nos avecinan. A esa imagen de Griñán, poniéndole además de fondo su palacio de nata y crujientes, sólo le faltan unas hombreras con flecos para que únicamente la ridiculez fuera capaz de acallar su impudicia.

Ni ética ni estética, sólo vulgaridad, vanidad, despilfarro, maquillaje, principados de columnatas o tocadores, de pompas o altarcitos; posturitas de torero y un lujo en llamas absurdo y lascivo igual que el orinal de oro y angelotes de una reina. La decadencia de estos gobernantes nuestros aún acarrea salones y pinacotecas, pero ya ha matado a la política y herido a Andalucía toda, que sangra fastuosamente como un armiño acuchillado por orfebres asesinos.

Somos Zapping: Los pies en los capiteles (10/05/2010)

Castillos y príncipes. Todo el barroco por corona y todo el mármol como pisapapeles es lo que va a tener la Presidencia de la Junta en San Telmo, hecho ya un pastelito de oro. En las imágenes de Canal Sur no cabían las lámparas de araña, los querubines trepando, las llamas de los bordados... A uno le sigue pareciendo demasiado lujo para meter archivadores y fotocopiadoras y para que anden por allí, sin saber el minué, funcionarios y políticos de una autonomía pobre. Casi 47 millones de euros ha costado, que ellos cuentan en la partida de la dignificación del patrimonio andaluz, no en la de los políticos queriendo sentirse marquesones. Puede que sean las dos cosas. Con lo del “patrimonio” ya hizo su sátira Berlanga, pero yo lo que digo es que invertir en ese patrimonio para que después los políticos lo usen de trono y pongan los pies en los capiteles es, como poco, hortera, y, si me apuran, indecente. Recuerden que el palacio incluye una residencia para el Presidente de la Junta, aunque éste ha asegurado que no la va a utilizar. Me pregunto por qué no la utiliza, si tan digno, normal, artístico y patrimonial le parece aquello... Había que escuchar a Mar Moreno en las noticias de Canal Sur diciendo más o menos que todos los presidentes autonómicos tienen su palacio y que ellos también querían uno, como niños antojados por el pony del amiguito rico. Demasiado castillo y demasiado príncipe para esta tierra devastada. Al menos tendremos un palacio que asaltar cuando el pueblo se harte de estos zares.


Planes de excelencia. Gracias a que el vídeo estaba mal editado, pudimos ver que hasta la reportera vaticana de Canal Sur enviada al evento griñanista se atascaba en la palabra y tenía que repetir la entradilla: “Nunca me acuerdo”, dijo. La palabra era “Esfuerza”, ese plan para “universalizar el éxito escolar” entre otras pretensiones que suenan a regalar bollycaos más que a cambiar realmente el fracasado modelo de la educación. Se entiende el atasco de la reportera porque aquí ésa es una palabra difícil, olvidadiza y de poca costumbre. Se han llevado décadas haciéndolo todo lúdico y en tobogán como para que el término cale de buenas a primeras, y las propuestas del plan, flotantes y acarameladas, tampoco ayudan a que se asocie con esfuerzo. Pero démosle a Griñán un margen de confianza. Se le ve preocupado por mejorar la educación, tanto que a Cavaco Silva le dijo que iba a promover el portugués como opción para los escolares andaluces. Era lo que nos faltaba para la excelencia, saber portugués. Aunque yo creo que hay algo aún más útil: crear un itinerario de flamenquito fusión en los institutos. Es la gloria juvenil que más vemos y más se ensalza en Canal Sur. Y si Banderas puede llegar al Doctorado honoris causa, ¿por qué la rumbita no iba a ser también éxito académico? Ésa es otra, lo de Banderas... No es que me parezca mal actor, al contrario. Y cuando ha dirigido ha hecho cosas interesantes... Pero un Doctorado... Teniendo en cuenta que a Caballero Bonald se lo concedió la Universidad de Cádiz en 2004, la comparación duele. Vi al pobre Banderas lidiando luego con preguntas sobre política, economía o educación en Los desayunos de La 1 y pensé que parecía que, en realidad, lo habían investido tertuliano. Pero así es la excelencia andaluza. Griñán tiene en qué fijarse.


Pecho fuera. ¿Qué será presumir para el PSOE Andaluz? Porque justo después de que las noticias de Canal Sur nos mostraran a Rafael Velasco diciendo que no van a “sacar pecho” por los datos del paro, la siguiente noticia nos anunciaba que “el Gobierno andaluz ve signos de mejora de la situación” y “un cambio de tendencia”. Pecho fuera.


Flashmob. Bailan en el confort y la satisfacción que da la sincronía, se han reunido para eso en una estación y nos lo enseña Andalucía directo como otro de sus barullos de patio. Lo llaman flashmob y está de moda. Me entero de que, además, en este caso, se trata de un proyecto chorra de una asignatura de la licenciatura de Ciencias de la Actividad Física (anda que han unido en la asignatura el Trivium y el Quadrivium...) Pero yo sólo me fijo en lo bien que retrata eso a nuestra época, en la que el individuo se disuelve y se define en el grupo, se gusta en la simultaneidad y se convierte en criatura de la multitud como antes de Descartes era criatura de Dios. Me da por pensar que nuestro sistema de libertades, que viene del concepto y el valor nucleares del individuo, puede acabar en sometimiento a la masa y a los unísonos de las mayorías, por malentender la democracia. Y que ese fracaso, ese retroceso, seguramente tendría ese mismo aspecto de baile feliz, homogéneo, guay, contagioso e idiota.

7 de mayo de 2010

Los días persiguiéndose: Esfuerza (6/05/2010)

De momento ya tienen la palabra, la invocación, que es por donde empiezan siempre como por un tachán. De nuevo esa “realidad performativa” (la cosa adquiere existencia por el hecho de nombrarla) que tan bien cuadra con la prestidigitación en la que se ha convertido la política, especialmente la de este socialismo de druidas y crupieres, un poco pitoniso y sombrerero. “Esfuerza” se llama el nuevo plan o abracadabra, que suena a estreñimiento, a que ellos están cansados antes de empezar o a que la educación no puede ya con sus sacos. Después de tantos años contemplando la decadencia y el fracaso de este sistema educativo que está entre el columpio y la caza de ranas y maestros, lo que se les ocurre es simplemente una palabra que les ponga cara de váter. Y digo que es sólo una palabra porque a la vez que Griñán nos vende esta faja o braguero, sus reglamentos y burocracias sólo se enfocan en mantener a las escuelas bajo vigilancia política y en forzar a las estadísticas a encajar en su propaganda por el método del tachón, la trampa o el adorno de los números. No basta con que Griñán parezca herniarse, no basta con que le pongan al asunto música de Rocky haciendo abdominales, no basta una palabra cuando los hechos la contradicen.

El plan tiene “desafíos” y “medidas” que quedan como versículos de la misma antigua creencia, porque su vaporosidad no revoca nada de esa aciaga pedagogía basada en la flojera y el igualitarismo por abajo, que es donde nacen todos los problemas. Ya nos lo dice con rotunda intención, pudriéndolo todo, el primer “desafío”, que llama a “universalizar el éxito escolar”. Pero me temo que el éxito o el fracaso dependen en última instancia de la capacidad y el esfuerzo de cada uno. El sistema lo que debe hacer es proporcionar una enseñanza de calidad (en contenidos y medios) y asegurar la igualdad de oportunidades de los alumnos, pero el “éxito” del cazurro o del vago, ¿cómo lo van a “universalizar”? ¿Regalando títulos? ¿Bajando el nivel hasta que ni el más zopenco pueda suspender? El segundo reto suena mejor, “respaldo y reconocimiento” para el profesorado. Pero, ¿cómo se concilia esto con el comisariado político de los directores, la dictadura de los gamberros y el chantaje que supone tener que cumplir el primer “desafío”? El tercero quiere “implicar a las familias”, aunque no sé si eso significa que cuando venga el padre cabreado por el suspenso del niño y le recuerde al profesor lo del “éxito universal” tendrá que aprobarlo. El cuarto desafío nos mete en el espejito mágico de la “economía sostenible”. Bien, pero a ver cómo se consigue que de ese dulce ambiente de éxito académico por decreto salgan magníficos ingenieros aeronáuticos o biólogos moleculares. ¿O los limpiadores de piscinas y los conductores de burros también entran en esa economía sostenible? El último es un rezo comunal, la “implicación de la sociedad” en los “desafíos educativos”, que a lo mejor consiste en que todos digamos que lo anterior está muy bien y no caigamos “en el desencanto y el derrotismo”, como dijo Griñán. O sea, que nadie se atreva a criticar que este maquillaje y estas salmodias no corrigen los fallos fundamentales del sistema.

No, no cambian la filosofía de la educación, sino que le echan el dobladillo para que su ruina no asome las canillas. Sólo tienen una palabra, inflada en muchos retruécanos, suspiros y perifollos. Una palabra digna, esfuerzo, que en este plan parece que sólo se refiere a su tarea fatigosa de enterrar el mismo fracaso más hondo y bajo más lindas amapolas, mientras se caen las aulas, enflaquecen los profesores, muere el mérito y el “éxito universal” lo que nos dice es que ese éxito no vale nada.

3 de mayo de 2010

Somos Zapping: Hablando de cebollas (3/05/2010)

Opinión o verdad. Es su sacerdocio ideológico lo que les empuja, por eso da igual que el programa hable de cebollas. En la nomenclatura logsiana dirían que es un contenido “transversal”. Otros diríamos que nada en Canal Sur sucede, se nombra o se oculta sin servir a los intereses del Partido. Sin embargo, estoy convencido de que muchos en Canal Sur creen que simplemente se comportan y opinan como deben hacerlo los ciudadanos de bien, los andaluces honrados y sanos. Por eso defender a Garzón en un programa campero les parece como defender a las margaritas o al lince, una cosa evidente y natural que sólo podría escandalizar a los malvados. Por eso el corazón justiciero y decente de un presentador no puede reprimirse en repudiar el objetivo atropello a ese héroe del Bien. No porque sea su opinión, insisto, sino precisamente porque piensa que no es sólo una opinión, sino indiscutible verdad. De ahí el gustarse en el gesto, como si defendiera a una damisela. Ocurrió en el programa Tierra y mar, presentado como con una ramita en la boca por Ezequiel Martínez, que tiene algo de zahorí, y al que ya hemos visto zureando mucho al poder (recuerdo una entrevista a la Consejera del ramo para celebrar el fin de año o una nueva era, no sé, y en la que parecía que ella fuera la misma diosa Ceres). Da igual. Podría haber ocurrido en otro programa sobre mascotas, turismo o cocina. En esto de Garzón hay muchas opiniones, y la mía no viene al caso, aunque no es la de un lado ni la del otro. Lo importante (y peligroso) es que algunos ya sienten que sus opiniones particulares son algo más, parte de un pensamiento que merece ser único, de una ideología partidista elevada a moral pública; y que una televisión pagada por todos se encarga de refrendar esta atrocidad, ya venga diseñada desde arriba por el poder político o finja surgir desde abajo, de la expresión a borbotones de las buenas almas ciudadanas. Lo importante (y peligroso) es que nos están diciendo que hay una verdad (la suya) tan Verdad y tan universal que da lo mismo ponerle fondo de noticiarios, molinillos u ovejas.


Donde vive la felicidad. Tenía que llegar este programa como complemento del otro, para terminar de fundir el mundo en su centro, que es Andalucía, lugar que se goza in situ o se añora desde lejos, pero donde la felicidad siempre tiene su casa. En Andaluces por el mundo, los emigrados echan de menos los jamones o las verbenas de su pueblo; el éxito en Nueva York o el dinero en Londres no son nada al lado del sol despatarrado y la alegría simple de los pobres que tenemos la fortuna de disfrutar aquí. Pero faltaba la otra mirada, la del extranjero que ha encontrado en Andalucía el Paraíso, el amor o el dulce, renunciando a una prosperidad artificial o a un cosmopolitismo triste y lluvioso como todo lo que no es andaluz. De esto va Viajeros por Andalucía, presentado por ese Rafael Cremades que es como un panaderito de lo nuestro, donde vi esta semana a una americana convertida a los mostachones de Utrera y a la Virgen del lugar, y a otro señor de Memphis muy adaptado ya a tocar el cajón en una peña flamenca. No faltó, por supuesto, el argumento que lo justifica todo y nos hace insuperables y dichosos: “Aquí se trabaja para vivir y en Memphis se vive para trabajar”, decía él, raro o absurdo en la peña, tan negro y jazzístico, igual que eso de Sabina de un belga por soleares. Juntos los dos programas, son el yin y el yang del catetismo. Somos pobres pero felices, somos la envidia del mundo. Anda ya...


Cultura nocturna. No me creo eso de que Canal Sur se gusta en el folclore pero luego hay una cultura nocturna en Canal Sur 2 para élites con sombrero. No, sólo hay pretensión de ello, aún más ridícula que asumirnos gitanillos. Veo muy tarde en Canal Sur 2 a Manolo Carrasco con su sinfonismo de pajar, toda una orquesta para mozos de cuadra, su Sinfonía Ecuestre malísima, hortera, entre la música de Semana Santa, de majorettes y de cupleteras; él tan de blanco para dirigir ese bodrio lleno de mordentes y arañamientos de tripas (que le pongan a este hombre algo de Mahler o Shostakóvich, a ver si aprende). Veo también allí que adaptan como para un jazz pobre a Mozart y a Brahms mientras unas buenas mozas jaquetonas y torpes intentan un baile medio sexy que parece una función de instituto. ¿Cultura de élite? Para eso hace falta más que un piano blanco (¡qué horror!) entre cagajones y un saxofón con penumbras de estriptis.


Innovación de la semana. En Tecnópolis, unas marujas pasean en camello por Doñana. Lo dicho: aquí las boñigas lo mismo son cultura que innovación.

Los días persiguiéndose: Marcianos (29/04/2010)

Acabarán con nosotros la crisis económica, la “crisis institucional”, los terremotos, los volcanes, los meteoritos, las plagas, el calentamiento global, los mayas, los fascistas, las niñas con velo, los políticos o los marcianos. Teníamos ya mil formas de sucumbir por la mano de los partidos, de los dioses, de Gaia enfadada como una comadre; por la soberbia, estupidez o torpeza nuestras o de los que dirigen este país o este mundo medio hundido en sus océanos de monstruos. Teníamos Apocalipsis para cada gusto, partido y cátedra cuando ahora, encima, Stephen Hawking, centauro de la ciencia, nos advierte sobre los extraterrestres, él que es un poco alien, un poco hombre-sonda, fronterizo entre el universo matemático y el mitológico, como si hubiera sobrevivido después de mirar a la cara a las gorgonas de los agujeros negros. No estaría mal morir de un rayo invasor, en un amanecer plateado de naves nodrizas. Al menos no nos habríamos matado entre nosotros, entre nuestras facciones, credos, patrias, siglas. Absorbidos o aniquilados por otra inteligencia, no tendríamos que lamentar el fracaso de la nuestra. O, quizá, quién sabe si un Griñán abducido por lagartos o una Junta ocupada por seres palmípedos harían que Andalucía saltara a las estrellas de verdad, cumpliendo por fin su propaganda.

No creo que a Hawking se le haya ido la olla, aunque muchos se han recreado ya en eso del sabio zumbado y la risa que dan los marcianos (ayer, aquí, el mismo Gómez Marín, otro sabio, hablaba de “esa vida inverosímil” o “esa ciencia mostrenca que se llama exobiología”). Recuerdo que Carl Sagan (poco mostrenco, aunque pionero de la exobiología), al presentarnos el Cosmos como un gran saco de canicas, empezaba precisamente por situarnos en nuestra pequeñez: habitamos un diminuto mundo que gira alrededor de una estrella mediocre en el borde exterior de una galaxia con más de 200 mil millones de soles, galaxia que a su vez sólo es una mota entre cientos de miles de millones de otras. Decía Sagan: “¿Por qué seríamos nosotros los afortunados, medio escondidos en un rincón olvidado del Cosmos? A mí se me antoja mucho más probable que el Universo rebose de vida. Pero nosotros, los hombres, todavía lo ignoramos”. Estoy de acuerdo: en tan vasto Universo, sólo un mostrenco (ahora sí) provincianismo planetario tacharía sin más de majadería la posibilidad de vida extraterrestre, incluso inteligente y tecnológica. Otra cosa es calibrar esa posibilidad (la famosa ecuación de Drake no deja de ser un juego), o desbarrar hasta asegurar que este planeta ya es una especie de parador interestelar (Sagan hizo una inteligente y divertida refutación de los “ovnis”). Sí, también en la ciencia hay lugar para extraterrestres, sin prejuicios intelectuales ni supersticiones catetas. De ahí el proyecto SETI, que los otea, o la exobiología, que intenta ampliar nuestra visión sobre la formación y evolución de la vida. ¿Razones para distraerse en eso? ¿Qué tal cambiar toda la perspectiva sobre nuestra existencia? Encontraremos esa vida o no, o serán sólo microbios, o viajarán por el espaciotiempo a capricho (podrían llevarnos millones de años de ventaja porque nuestro sistema solar es relativamente joven). Y ya veríamos si nos desintegrarían. Quiero pensar que una civilización capaz de sobrevivir tanto tiempo sin autodestruirse habría aprendido algo sobre la violencia. Pero no sé qué harían al vernos retozar en nuestra ignorancia, pequeñez y suficiencia, o pelear por razas, ideologías o dioses. Puede que se dieran la vuelta, dejando que madurásemos o nos extinguiéramos solitos.

26 de abril de 2010

Somos Zapping: La consejera enviada por la Virgen (26/04/2010)

Feria eterna. Lo avisaba Modesto Barragán, al que por cierto dirigir y presentar Andalucía directo le acentúa ese aire que ha tenido siempre de animador turístico o de posadero jefe de esta tierra, exhibiendo como chacina nuestro casticismo. Lo avisaba pero no hacía falta: se iban a ocupar “con detalle” de la Feria de Abril de Sevilla, “lo mismo que haremos cuando lleguen los Patios de Córdoba, el Rocío de Huelva o cuantos acontecimientos lo merezcan en Andalucía”. Eso se ya se sabía: que los acontecimientos en Andalucía se reducen a esa mudanza de un sarao a otro, esa ristra de verbenas y ese collar melonero de fiestas todas con parecidos arremangamientos, hervores de gentío y devoción amontonada; que Canal Sur vive eternamente en esa feria global de ser andaluz, con sus trajes que han criado costra, fauna y flora en la piel del pueblo. Ahora, sí, vemos a un reportera bailando sevillanas sin soltar el micrófono “en una caseta de postín”, pero ¿no llevan todo el año dando las mismas vueltas, taconeando enfierecidos, derramándose vino sobre la melena, besando a jacas, enrejando morenas o Cristos, adorando hogueras o bodegones y vistiendo novias, gitanas o molineras? Canal Sur en feria, en Navidad o en Semana Santa, en verano o en invierno, es el mismo escaparate de suvenires, y a mí me cuesta trabajo distinguir los meses y las fiestas cuando están ahí sin descanso la copla, el fandangueo, las cabalgatas y balcones de la raza, las guitarras colgadas a nuestro costado como jamones de pobre, la gente que siempre canta lo mismo en belenes, casapuertas, mayos, romerías, casetas o descampados. Todo el año en Canal Sur es como un Xacobeo del folclore. ¿Se han fijado ustedes por ejemplo en Menuda noche? Suelen hacer programas temáticos y no sólo los he visto dedicados al Rocío o a la Feria de Sevilla (esta semana, con María del Monte, fue como si nos visitara después de mucho tiempo la suegra con sus fiambreras). No, también los he visto dedicados a la “ciencia”, con los chiquillos con bata blanca; o al “arte”, con esos mismos chiquillos como después de haberse merendado la paleta de un pintor parisino... Pero es igual, luego salen siempre Ecos del Rocío, o Las Carlotas, o ese Mani que parece que ha puesto allí su confitería. Para homenajear a la ciencia sacan sevillanistas y para glosar la pintura, rumbas... Sí, no hay otra cosa que ofrecer. Aquí sólo tenemos el color de los lunares y el domingo en estampida del pueblo, que es siempre el mismo, cojan el día, el santo o la fiesta que cojan.


El Reino de Canal Sur. Gente trepadora por sus riscos y sus éxtasis, hombres con peto templario enamorados de una parihuela, una Virgen que es una vecina con la que se habla, una retransmisión de Canal Sur que parece hecha por frailes... Me encuentro el domingo con que Canal Sur se ha arrodillado ante una montaña, se ha ungido de ese cristianismo pagano tan al uso aquí y hasta el locutor ejerce de vestal consagrada a esa devoción. “¡Viva la Virgen de la Cabeza!”, grita el presentador (¡el presentador!), animado por un cura, por cofrades del asunto, por la pregonera de la romería, por una bordadora a la que le oigo decir que “la Virgen me ha enviado para hacer el manto” (¿oí bien? ¿hay en Andalucía gente que habla como los indios mapuches?). Eso, o que “es la Virgen la que nos mantiene vivos a todos”, o “la compañera de tu vida”. Ya no me indigna que seres humanos pensantes y adultos digan estas cosas, ni que se exalten pensando en el hecho de sostener con sus manos mortales e indignas a “la Reina de los Cielos, la Reina de la Tierra y la Reina de todos los hombres” (yo me permito salirme de ese vasto Reino, si es posible). No, ante esto ya sólo me concedo un segundo de tristeza y, eso sí, luego reclamo mi distancia y mi sedición de ese primitivismo que aún vence y aún se atreve a meternos a todos en su infantil idolatría. Lo que sí me sigue indignando es que Canal Sur nos cuente eso como una monjita. Y que, encima, entre esa santería, nos saque a la consejera Micaela Navarro publicitando un ascensor que ha puesto allí para los fieles impedidos o cansados. Ya tenemos en la de la Virgen de la Cabeza una romería “accesible”, según decían. Eché de menos que añadieran “sostenible”, pero eso se da por sentado porque creo que todavía no hay romerías atómicas, aunque la del Rocío ensucia bastante. Hermosa metáfora, ésta del ascensor, de cómo la Junta nos lleva al Cielo, o incluso de cómo, ayudada por el piadoso Canal Sur, hace aquí de representante de ese Reino que nos proclamaba el Hermano Mayor botando en la silla y talando con la mano no sé si las cabezas de los ateos o los herejes. Sin duda, la consejera también ha sido enviada por la Virgen.

Los días persiguiéndose: Justicia positrónica (22/04/2010)

En los tribunales, donde por algo los jueces van vestidos de monaguillos, se hace liturgia de la última creencia de la democracia, la de la Justicia. Creencia o acaso literatura, pero desde luego no ciencia, es el Derecho, porque la hermenéutica de la ley siempre termina en una opinión. Tantos doctores reunidos sin ponerse de acuerdo, el mismo texto que puede entenderse de una manera o de la contraria... A mí todo eso me recuerda a las cuitas de religión. Creo que los hombres, como los dioses, hicieron mal sus leyes a propósito, con contradicciones, ambigüedades y pasadizos, para que, al final, sea un concilio de sumos sacerdotes (un concilio en el que el poder que sea se asegurará influencia) el que termine decidiendo con una arbitrariedad que llamarán interpretación o inspiración. Estamos en manos de profetas y no sé si hay alternativa.

Me temo que a los jueces no podemos pedirles ciencia, exactitud, infalibilidad. Para eso, las leyes tendrían que escribirse como la matemática, y las sentencias, salir de un algoritmo, lo que, irónicamente, haría innecesarios a los jueces: bastaría una calculadora. Al hilo de estas paradojas sobre la idea tan humana de justicia y los también muy humanos e imperfectos mecanismos para administrarla, yo siempre me acuerdo de un relato de Asimov. En ese relato, un detective que se encuentra investigando un asesinato cuenta con la colaboración de un robot tan perfectamente humanoide que el detective duda que sea realmente un robot. Sus dudas se acrecientan aún más cuando el supuesto robot menciona la “justicia”. ¿Cómo va a hablar un robot de justicia? Pero éste le define la justicia de la siguiente manera: “La justicia es el estado que se produce cuando todas las leyes son obedecidas y respetadas”. Al replicarle el detective que puede haber leyes injustas, el robot le contesta que “una ley injusta es una contradicción lógica”. Quizá si nuestras leyes estuvieran minuciosamente formuladas y nuestros altos tribunales compuestos por robots como éste, las viscerales polémicas patrias sobre estatutos dudosos, persecuciones a partidos y martirios de jueces, que tanto nos afligen y nos dividen, no existirían. Como no contamos con la robótica, habrá que afrontarlo de otra manera.

A los jueces no les podemos pedir cerebros positrónicos como los de Asimov, sólo honradez e independencia. Lo primero no está en nuestra mano. Lo segundo deberíamos exigirlo con fuerza por la supervivencia de la democracia. En España la justicia está totalmente politizada, los jueces se dividen en hinchadas y los miembros de los altos tribunales son elegidos por los partidos igual que los equipos de fútbol de los recreos de mi niñez, dejando al gordo el último. ¿Cómo pedir respeto por la Justicia cuando la vemos habitada tan descaradamente por la política? Mientras ocurra esto, hasta las payasadas pro-Garzón de Zarrías se pueden entender, aunque a mí no me gusten. Otros arremetieron contra jueces cuando el caso Liaño, por ejemplo, y ahora bordan editoriales y columnas defendiendo el sacerdocio de los togados. No, lo que sucede es que aquí nadie atiende a la dignidad ni al acierto de la Justicia, sino a sus propios intereses ideológicos. Mientras los legisladores no resuciten al Montesquieu que ejecutaron, seguiremos como estamos: luchas de partido trasladadas a los tribunales, jueces de uno u otro lado en la picota o como peones, y descrédito del sistema. Con una Justicia verdaderamente independiente, los jueces quizá seguirían decidiendo en concilios, pero al menos el Espíritu Santo que les hablara no tendría siglas ni vasallajes.

19 de abril de 2010

Somos Zapping: Aullidos bosquimanos (19/04/2010)

Acoso y derribo. No conozco ese placer de abatir una avecilla, un ciervo o una vaca; no sé si grita dentro de uno un indio o un cowboy cuando un bicho poderoso o insignificante quiebra sus patas después de que un dedo nuestro se destense. Matar de lejos, derribar desde el poder de una loma o de un caballo, me parece un triunfo cobarde. Ya no cazamos por hambre, pero aún somos una tribu que quiere adornarse con pellejos; ya no esperan las hembras la carne del día junto a la hoguera, pero algunos tienen que volver a salir en manada a por la pieza magnífica que les haga jefes o sólo hombres. Detesto la caza, deporte con antropología cavernícola, afición de sádicos reprimidos. Recuerdo haber tropezado en Canal Sur con un programa, Lances, que disfrazaba de belleza naturista esas ganas de matar con ventaja: escopeteros con un frío entibiado en sangre y jaurías con la fiereza humana delegada, persiguiendo animalillos sin escapatoria; el tótem y las luchas jerárquicas de un atavismo como bosquimano que aún parece definirnos y satisfacernos. Pero no, no era caza lo que vi esta semana en Canal Sur, aunque me acordé de toda esa ferocidad campera y orgullosa pensando que aquello tenía la crueldad del matar sin la valentía de hacerlo, la misma necesidad animalesca de poder y dominación sin el precio de tener que mirar los ojos de una criatura que agoniza por nuestra mano. Por eso me pareció aún más bajo, primitivo y cobarde. Acoso y derribo, lo llaman. Y hacen hasta competiciones. Hombres de rasgos costrosos y salvajes que aúllan de placer extendiendo los brazos y abriéndose la chaquetilla porque después de perseguir a caballo a una vacas las han tumbado de un golpe de garrocha. Una y otra vez, las vacas caían, se levantaban, y de nuevo eran perseguidas y derribadas, con más excitación en cada golpe. El locutor, Antonio Bustos, se lamentaba porque la Federación Hípica se está planteando que semejante bestialidad deje de ser una disciplina deportiva nacional. ¿Pero eso era deporte, esa como diversión de hienas para cortijeros? El programa se llama A caballo y quizá trata de cómo seguimos siendo animales a lomos de otros animales.


Ataduras. Decidieron ya hace tiempo que no había que llevar al pueblo hacia la cultura, sino rebajar la cultura hasta el pueblo. Es más fácil rodar esa cuesta, y encima les da para poder llamar “democrático” a lo que sólo es decadencia. Lo sublime no puede ser lo general, lo excelente no puede venir del rasero de la masa, pero la política y algunos otros negocios principales se basan en la adulación a la turba que los sostiene. Si para eso hay que decapitar todo lo que sobresalga, si hay que hacer con el arte y el conocimiento algo así como esa cena de mendigos de Viridiana, se hace, y encima entre aplausos de igualdad y democracia. Todo esto es triste, pero en la educación es nefasto. En El club de las ideas, ese programa en que la Consejería de Educación se hace propaganda sin pudor ni disimulo, les vi deleitarse con una chocante iniciativa de una escuela de música de Punta Umbría, nada menos que basar su cantera en un “taller de carnaval”. Seguro que darán unos concertistas que ni el Conservatorio de París. Así lo explicaba deliciosamente en el reportaje una voz en off: “Una idea original para despojar a la música de su atadura por lo clásico y darle una pincelada más popular, práctica y cercana”. Observen la acumulación de insultos a la cultura y a la inteligencia en que se complace esta aciaga y destructiva filosofía : “despojar” al arte musical de su innecesaria “atadura” por lo clásico (o sea, con lo que es precisamente arte), y rebajarlo hasta lo “popular” (¿quién será ese Mahler que no lo tocan en las verbenas?), además haciéndolo “práctico” (¿se refieren a que sea inmediato y sin estudio, o a que la música sirva para hacer bricolaje?) y “cercano” (demasiado lejos y muertos están todos esos compositores hiperbóreos cuando tenemos a mano y sollozando a nuestros comparsistas). Esos octavillas lagrimeando y esos rasgueos gatunos a los que anima nuestra educación seguro que se pueden unir muy bien a los aullidos bosquimanos de los garrochistas de antes, para terminar de definir nuestra cultura en la vulgaridad, el tribalismo y el más penoso y lúgubre ocaso.


Feria del siglo XXI ¿La Feria de Sevilla en Tecnópolis? ¿Han computerizado las peinetas, hay nanobots en la manzanilla? No, es que ahora los feriantes van en metro (¡simplemente en metro, no es que usen teletransportadores!), montan en tricicleta y además hay un costurero para las flamencas que se descosen un volante (¡increíble en el siglo XXI!) Sí, habrá que ir a la feria este año con escafandra.

15 de abril de 2010

Los días persiguiéndose: El republicano solo (15/04/2010)

Escribo el 14 de abril con un viento en la calle que parece el de todas las banderas de la historia, que no se para. No soy de los republicanos nostálgicos, anticuarios, santeros, con la II República como una Virgen de Lourdes fluorescente. Entre la República que soñó Ortega y la de las facciones fratricidas de camisas y pistolas que vino luego hay demasiados hombres y caballos muertos para que una idealización romántica de aquello me resulte siquiera decente. Algún icono conservo, evocador pero siempre un poco espeluznante, como los exvotos, para recordarme que los ideales más bellos pueden resultar fallidos y que todo puede pudrirse cuando hay fanatismo, odio y revancha. Aquella República en medio de una Europa en plena crisis de la democracia liberal, esa Europa anidada por el fascismo y el comunismo, y en una España además sin tradición democrática, quizá estaba condenada al fracaso. Nos faltaba madurez y nos sobraban tripas. Aquello tuvo encanto, belleza, locura, prisas, injusticias y tragedia, como ocurre en la juventud de todas las cosas. Pero no fue una Edad de Oro, no es el Paraíso perdido. Fue un amago inspirador, pero no llega a servirme como Patria a la que volver, a la que acunar ni a la que rezar.

Yo no me opongo a la Monarquía por melancolía de nada, y tampoco por los nombres, las dinastías, los hechos de familia, como Barroso. Barroso se enfrenta al Borbón como a un rey malo, lo que deja espacio y legitimidad para reyes buenos. Se encara con el Rey de manera muy parecida a como lo haría un monárquico descontento, un criado suyo despechado u otro litigante por la Corona. Barroso es pendenciero y faltón, pero tan mitológico como los juancarlistas, en el fondo. Él pertenece a esa izquierda de descabalgar príncipes y arrasar palacios, una izquierda saboteadora que necesita el retrato en llamas de un zar con su zarina porque, si no, no sabe contra qué luchar. A mí no me importa el Rey sino la Monarquía, no me importa su persona sino su símbolo. Yo siempre digo que la Monarquía, por muy parlamentaria que sea, es una democracia con padre, y eso significa reconocer nuestra niñez política, que somos todos hijos que deben atender a los sermones, los guantazos, la guía, el modelo, la protección, el arbitraje, la tutela de una figura sin más mérito que haber heredado esa potestad por las casualidades de la historia y sus alcobas. Y esa superstición no me cuadra con ser ciudadanos adultos, libres, iguales y dueños de nuestro futuro. Aunque suele usarse mucho, ese patrocinio de la Monarquía en la transición a la democracia o en su consolidación no sólo no me parece un argumento a su favor, sino al contrario: reafirma la idea de que existe esa magia personal que permite reconducir un país en un sentido u otro, con bendecida arbitrariedad. No porque el brujo de la tribu pare una guerra vamos a decir que es bueno tener un brujo con el poder de decidir en tan graves asuntos.

Sí, yo soy republicano, pero sin un republicanismo al que mirar. El republicanismo español aún es nostalgia y fetichismo como de una novia muerta en su boda, y venganza de esa muerte. Aún identifica un sistema con su particular ideología y, lo que es más grave, aún ignora lo que es la “cosa pública”. Por eso esta izquierda de herrería hace que sus ayuntamientos, que representan a todos los ciudadanos, no a su partido, pidan la República, demostrando irónicamente que no saben lo que es. No, no soy de los republicanos con morriña ni con cuentas. Por eso el 14 de abril estaba un poco solo y espantado ante el viento de las banderas como el de antiguos cañonazos.

13 de abril de 2010

Somos Zapping: Bicicletas en los cuernos (12/04/2010)

Picasso modistillo. La tauromaquia sin más les resulta ya a algunos poco vistosa, colorida y folclórica, como si el personal bajara al ruedo con bata de quirófano. Por eso aquí algunas mentes brillantes y turísticas se inventaron eso de la corrida goyesca, donde todos van de bandoleros, y la corrida picassiana, donde van de arlequines. Torear se torea igual, pero se añade un ambiente modistillo o de charlestón a la cosa que les inflama sobremanera. Confieso que con lo de la corrida picassiana pensé que sería interesante ver cómo intentaban hacer una faena cubista, con los toros troceados y los toreros con la nariz en la ingle. Luego pensé que todo dependería de la época picassiana que eligieran, y por fin me di cuenta de que sólo consistía en dibujar lacitos y rombos en los trajes de luces. Como la inspiración temática es tan leve, las variaciones pueden ser infinitas, aprovechando no sólo cada pintor o artista, sino cada estilo de parador o producto de la tierra. Corridas lorquianas, mozárabes, jamoneras o freseras serían posibles según esta filosofía. El caso es hacer esa cultura falsa que consiste en superponer iconos sin profundidad pero con mucha propaganda e idiosincrasia. Lo de Málaga la semana pasada podría haber sido picassiano o de Victorio y Lucchino, sin diferencia.


Ready-made. Si Goya y Picasso están cogidos para el toreo hace tiempo, la tauromaquia surrealista le pertenece sin duda a Enrique Romero. Ya sabemos que él es onírico, freudiano, paisajístico y lisérgico, por eso es capaz de sacarnos a un piloto de ultraligero toreando con el casco puesto o, como esta vez, alucinar con una tienta en una playa. ¿En una playa? ¿Y eso por qué y para qué? Pues quizá para mezclar los cortijos con Sorolla, el casticismo de dehesa con ese otro casticismo del tío del bombón helado, la ternura de los establos con la de Chanquete, o quién sabe. Yo creo que le pasa como a Salvador Távora o a ese pianista con puñetas, Manolo Carrasco: se le juntan varias postales y tipismos y alcanza con ello unos éxtasis horteras, raciales y ridículos por acumulación de andaluceamientos. Por el lado folclórico y chovinista, a Enrique Romero le falta (o quizá ya lo ha hecho y no lo he visto) sacar toros con sevillanas, Cristos, cornetas, peinetas, catavinos o alfajores. Por el lado surrealista, le falta sacarlos en patinete, con esquíes, con pijama, con piano, con tigres, con avisperos, con esqueletos; toreados por guardias civiles, barberos, espeleólogos, dentistas, moteros; tentados en catedrales, centros comerciales, campos de fútbol, invernaderos, carpas de circo, pistas de hielo, zoológicos, museos, entierros... Pero los irá sacando sin duda, dedicándoles reportajes con esa emoción nerviosa y esa alegría que uno creía que sólo daba el porro. El toro y las olas, como en el rapto de Europa; vacas bañistas y garrochistas domingueros... Este hombre va bastante más allá del surrealismo, hace un ready-made con cada reportaje. Un día nos enseñará a un toro en un urinario o con una bicicleta en los cuernos y habrá que admitir que no es un hortera enganchado a un eclecticismo topiquista, infantil, sentimentaloide y risible, sino todo un artista del absurdo. Sí, un incomprendido al que un día se le acusó tan falsamente de convertir el toreo en payasada o psiquiatría.


Oro de pobre. Allí estaba la Andalucía del paro con su tenderete, su rendición, su suspiro, pregonando su miseria como esas figuritas de alambre. Era el zumo de la pobreza, eran las migas de los pájaros, era el lujo de un pesebre. Las noticias de Cuatro hacían un reportaje sobre Barbate, 40% de desempleo, bocados de hambre por las esquinas que daban ya trileros de la harina y la achicoria igual que cuando el racionamiento; y nos enseñaban a un hombre que tenía que sobrevivir rifando cada día en la calle cinco botellas de aceite. Es de las cosas más tristes que he visto en esta crisis. Cinco botellas de aceite, como cinco gordas lágrimas de la tierra, como cinco esmeraldas para el pan. Parecía que rifaba toda su riqueza o a todos sus hijos. Parecía que rifaba todo el oro de pobre que queda en Andalucía.


Declive. Las sevillanas decaen, dicen las noticias de Canal Sur, y hasta la Duquesa de Alba tiene que ir a apoyar al género en un congreso donde han unido quejidos de necesidad a los otros suyos rocieros o relinchadores. Creo que también están en crisis el twist y la yenka, qué injusticia y qué pena. En las imágenes, parecía que la Duquesa y los sevillanistas se sostenían mutuamente en su ranciedumbre y su decadencia.

8 de abril de 2010

Los días persiguiéndose: La casa del vecino (8/04/2010)

No sé si los dioses en las catacumbas, en los desiertos, en las pinacotecas o en las basílicas son más grandes o más pequeños, más dioses o menos; si caben dos en el mismo sitio, si necesitan cada uno su luz o su aseo particular, si viven para siempre en su casa o se mudan o se convecinan o se expulsan según los siglos y las guerras. Supongo que dependerá del dios y de sus creyentes, los que se bastan sólo con una estera o los que no pueden reinar o creer sino en un palacio, los que se avienen o los que tienen el mandato de pelear. Esto sólo competería a cada religión si no fuera porque suelen meter al Estado y a la sociedad entera en sus litigios y lindes. Una cosa es que se repartan el cielo y otra que se repartan la ciudad y el presupuesto. Lo sucedido en la mezquita-catedral de Córdoba es la demostración de que aún no hemos encontrado la manera de colocar a tantos dioses sin que se molesten entre sí o nos molesten a todos, si acaso eso es posible. Pero esto no pueden solucionarlo las religiones, que nunca se pondrán de acuerdo porque todas compiten por la Verdad, la historia, las almas, el dominio y, encima, por el espacio físico donde poner a su dios como un jarrón. No, esto tiene que solucionarlo el Estado.

Hasta ahora, las soluciones han sido tibias, incompletas y problemáticas. Y lo están siendo cada vez más, cuando la homogeneidad cultural y religiosa es ya imposible. Nuestra Constitución declara la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa, pero reconoce implícitamente ventajas para la iglesia católica, incluyendo una importante aportación pública para su mantenimiento, de una u otra forma aún vigente. Igualmente, se establece el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación conforme a sus creencias, lo que significa, en la práctica, que el Estado está obligado a pagar el adoctrinamiento religioso en las escuelas. En realidad, eso que ha dicho el Defensor del Pueblo Andaluz sobre construir mezquitas con dinero público forma parte de ese mismo espíritu de tibieza y mal repartimiento. Es comprensible que lo pida, porque viendo que las iglesias se repellan a costa del presupuesto, las cofradías se subvencionan y los catequistas los pone el Estado, es imposible mantener ese discurso de igualitarismo paternalista y providente de lo público en lo religioso si no se hace extensible a todos los credos. Como decíamos hace poco, todas las religiones están pidiendo ya los privilegios y dineros de los que históricamente ha gozado el catolicismo, y nuestros gobernantes no pueden negárselos sin contradecirse. Lo malo es que no todo lo que nos llega pidiendo amparo es siempre tan tolerante, pacífico y respetuoso con la libertad como nos gustaría, y esto es verdad aunque quede feo decirlo. Y puede costarnos disgustos a poco que aquí se instalen, al abrigo de esa comodidad, sectas, extremistas y fanáticos.

Pero la solución es sencilla. Basta con dos cosas. Primero, que el Estado deje de aportar pasta y sostén a las religiones, de montarles escuelas y alumbrarles templos. Y luego, claro, que se respeten la ley y las libertades, que nadie se refugie en su credo para ignorar el Derecho. A partir de aquí, que quienes quieran le construyan su cúpula o su aljibe a su dios con su propio oro, que recen y enseñen lo que les plazca con sus medios, y que nadie se meta en la casa del vecino. Y que, si se infringe la ley (la de todos), se actúe. En resumen: o laicidad verdadera, o veremos a los dioses pelearse en las calles, como siempre con manos y víctimas muy humanas, y además con nuestro dinero.

Somos Zapping: Vetusta (5/04/2010)

Nacionalcatolicismo andaluz. El oro y las lágrimas subían como salamandras por los pies de los Cristos con los ojos vueltos, llevados en las copas de su martirio. Las calles eran herrerías de joyas y lanzas, desfiles de novias y flagelados tras una mirilla. Dioses orfebres lanzados por las cuestas se desangraban en terciopelo y en gente. Entre el barroco y el vudú, muertos de boda chocaban con sus cofres y campanarios. Largas horas de televisión, Canal Sur como una capilla toda encendida allí en el salón, locutores sacristanejos narrando dioses hechos de la leñera y romanos de lata. Bienvenidos al nacionalcatolicismo andaluz, donde la televisión pública hisopea y catequiza y los ayuntamientos enteros se arrodillan ante dolorosas de cristal, Vírgenes generalas con fajín y crucificados con bastón de mando. Y todavía Canal Sur era capaz de preguntarse cuánto había cambiado la Semana Santa andaluza en 50 años. Nada, aparte de que creo que ya no se venden indulgencias para comer lechón. Sólo había que mirar a la pantalla y a la calle. Vi a un guardia civil encharolado delante de una pasopalio sevillano y pensé cómo se siguen pareciendo aquí el olor del incienso y de la pólvora. Vi la imagen espeluznante de esos legionarios portando enfierecidos a su Cristo y me pregunté a quién defienden o vengan sus armas, si aún tenemos un cuerpo de cruzados, si el sable y la religión se siguen sosteniendo y legitimando mutuamente. Vi a Juan y Medio que sacaba a pequeñuelas con mantilla negra, a chiquillos saeteros, pregoneros, costaleritos y tamborileros. A él le parecían encantadores y a mí tenebrosos y víctimas como niños vampirizados. Qué sabrán los pobres chiquillos sobre pecado, castigo, penitencia, redención, sobre el gótico de la muerte y sobre el poder del miedo a ella, sobre la alfarería de la que vienen todos los dioses y las mentiras que se tendieron desde los palacios al cielo para consolarnos; qué podrán aprender sobre la libertad aquí donde se les pone capuchón antes de que sepan hablar y pensar y así se les exhibe en la televisión pública. Sí, bienvenidos al nacionalcatolicismo andaluz, Cristos con bala, alcaldes con varita, televisión con relicario, misal de nácar e inocentes sacrificados. “Esto es Vetusta”, le digo a un amigo catalán mientras se nos cruza una procesión que parece rozar muchos ahorcados por las esquinas. “¡Tocan el himno de España cuando entran en la iglesia!”, me comenta él, sinceramente sorprendido. Y qué le voy a contestar yo, sólo que esto es el nacionalcatolicismo andaluz, covacha como del Antiguo Régimen, orgullo de medievo celebrado con candelabros, llagas, faldillas y banderas de coronas de espinas. Sale en todas las televisiones que el preso que iba a indultar una cofradía granadina ha sido pillado en una operación antidroga y yo vuelvo a preguntarme por qué pueden suplantar al Consejo de Ministros y por qué los ladrones que se postran ante un Cristo tienen más posibilidades de ser perdonados que un ateo. Pero esto es el nacionalcatolicismo andaluz y los santos movidos con poleas firman decretos. Titulaban en este periódico que unos jóvenes habían sido detenidos en Málaga por colgar un crucifijo invertido en un balcón y yo no me lo creía. ¿Cómo van a detenerlos por lo que pongan en su balcón? Y luego pensé que quizá podía ser, y hasta que si hubiera ocurrido durante esa procesión de legionarios, lo mismo alguien habría cargado un arma. ¿No están acaso para eso, no es esa fuerza la que exhiben? También en Córdoba hay bronca con unos musulmanes que querían rezar en la Mezquita y yo sonrío por una ironía de la que no se dan cuenta ésos que escenifican ahora una religión oficial. La ironía es que sólo la laicidad que tanto atacan puede impedir que un día las demás confesiones exijan al Estado los mismos privilegios del catolicismo, pero no vengan con figurines sino con fanáticos. ¿Laicidad he dicho? Perdón por la palabra maldita. Vade retro. Me excuso. Sigamos aquí con la religión obligatoria de los puñales, las volutas, las viudas y los sargentos; sigamos todos la senda piadosa de Canal Sur, brillante farol guía del nacionalcatolicismo andaluz.


Fregonas. No sé qué necesidades especiales de limpieza o qué vocación o predestinación al fregoteo tenemos los andaluces para que nos dediquen esos anuncios de detergentes con nuestro acento (Don Limpio o Fairy). Y encima acento falso, hasta casi parecer burla: “Sirve pa tó, limpia fenomená”, dice con fondo de guitarritas una como madrileña haciendo de andaluza con aljofifa. Piensan en una clientela de chachas y eso les lleva a las andaluzas, ya en sí un oficio o una esclavitud. Me indigna. Oigan ustedes, que la bayeta se pasa en todos sitios y con todos los acentos. No nos asignen el fuero histórico de constituir nosotros solos el gremio de las fregonas.