4 de septiembre de 2013

Ouroboros: La culpa de Madrid (03/09/2013)


Madrid con carros de dioses en las fachadas, con hollín en la nariz, con agujeros de manzana mecánica, con gente hecha grano, con cristal hecho cascada, con el imperio de los cartoneros, con reyes de baraja, con taxistas furibundos, con el guardia, el paleto, el ministro y el desagüe de España. Yo llegué a Madrid la primera vez en un tren expreso que tardaba toda la noche en aplastar las montañas y dormir a los soldados. Atocha era todavía una panera de hierro para relojes gigantes y trenes mineros, y estaba aquel horroroso scalextric que metía ruedas en los balcones y atufaba a las señoras y a los loros. Me montaron en el Circular, me llevaron a comer patatas bravas a la Gran Vía, me enseñaron el metro que parecía más una cisterna que un dragón, y el Retiro con su lago de dos palmos y su Palacio de Cristal como una princesita cursi sin vals. Aún había serenos, lo recuerdo. Y pensiones de anafe. Me sorprendió que la gente de Madrid era casi toda de otro sitio y eso los hacía más madrileños. Madrid era en el fondo un pueblo ensanchado donde, casualmente, se había hecho la historia como en una tahona. A partir de una plaza o un cántaro se fueron añadiendo avenidas, monarquías, monjas, trincheras y ministerios y así había resultado una capital para funcionarios, novios y loteras.

Madrid no es Babilonia, aunque los generales, los escritores y los tramposos han hecho allí templo de sus pecados, ambiciones y venganzas. Tiene un palacio en el que los presidentes se vuelven locos y escalinatas en las que la democracia guarda glorias y reposo, pero no es el guardia civil que persigue a las autonomías gitanitas, como nos dice aquí el PSOE. La culpa es de Madrid, que igual que corrompe a las niñas asfixia a las autonomías poniéndoles encima sus chulapos y sus dioses futboleros de mármol. Madrid no les deja ser progres ni espléndidos, ayudar a los pobres ni a las bicicletas. Madrid está con su porra y su prisa, su señor serio y su hora de cerrar, y ante eso no se puede hacer nada. Aquí han agigantado la autonomía no sólo en mitos, orfeones y épica, sino en políticos, funcionarios, oficinas, letreros, organismos, escribanos, conserjes, celadores, cancillerías, capitolios, tenderetes, sacristanes, cachorros, jefecillos y convidados. Pero resulta que esta autonomía morrocotuda, numerosa como un ejército mogol, cara como una monarquía con mil zares, con un burócrata por cada papel y un comisario político por cada portal, no sirve para nada porque todo lo importante depende de Madrid. No puede planificar una política económica, ni reducir el paro (el pleno empleo aparecía como objetivo en el Estatuto) porque eso se decide en Madrid, esquina con Alemania. ¿Nos merece la pena una Junta con presupuesto billonario pero poder sólo para jugar a las comiditas, pegar carteles y llorar? Madrid era hermoso y sucio cuando lo vi de chiquillo. Sigue siéndolo. Te empuja a la vez a huir y a conquistarlo. Y está acostumbrado a que lo culpen de los fracasos, los carteristas y los cuernos.

1 comentario:

Javier Lunaro dijo...

Pero recuerda que todo acabará pasando por madrid, ciudad de "funcionarios y sirvientes", donde nunca eres gato y que no fue la locomotora de España ni nunca fue motivo de equilibrio para el país. No en vano la revolución industrial y financiera llegó desde el País Vasco y Cataluña mientras los papeleos se tenían que hacer en castellano.