20 de agosto de 2007

Somos Zapping 20/08/2007

Déjà vu. O si lo prefieren, paramnesia, que suena a reportaje de Salud al día en vez de a agua de colonia. Pero no, seguramente no es mi memoria equivocándose de camino, sino que en Canal Sur todo es repetido. Veo una feria con la misma gala y el mismo Rafael Cremades que dice lo de siempre junto con la otra chica tan mona de todas las veces y el elenco de baratillo acostumbrado. Veo una corrida de toros y me parece que El Cordobés ya ha dicho eso miles de veces y que los narradores, que no tienen el estilo como pictórico de otras cadenas, sino otro bastante más baboso, exagerado y festivalero, ya me agobiaron otra tarde con su soniquete. Veo los viejitos de María del Monte y los niños empachosos de Juan y Medio y a Ismael Beiro dando saltitos. Veo con horror que vuelven a abrir el ropero de los muertos con su brillerío para otro homenaje, o el de siempre, a Rocío Jurado, pues vuelven a estar Falete vestido de Cleopatra y Rosario Mohedano con su oficio de desenterradora, y de nuevo María del Monte ahogada en mantones, y virgencitas en las pantallas gigantes y rosas putrefactas por las lágrimas. Ya mareado, incluso creo ver a Chaves presentando el informativo, pero no, esta vez sí es una mala pasada que me juegan los sentidos, y es que han puesto ahora un presentador que se le parece un poco, quizá para que no desfallezca en verano su presencia. Todo lo que aparece en Canal Sur ya lo he vivido, ya lo he sufrido. No puedo distinguir el directo del refrito, la novedad del moho. Y concluyo que es el mismo círculo y el mismo vahído en el que vive permanentemente Andalucía.

Valiente adivina. Teníamos a la bruja Lola, adivina que es su mismo loro, ante la que hasta Rappel parece investido de una seriedad babilónica. Hay que reconocer con tristeza que cuando a la hechicería se le suma el analfabetismo, lo que sale es tan puramente andaluz que por eso ha tenido tanto éxito televisivo esta mujer que va como con los ingredientes de sus pócimas derramados por la cabeza. Pero nada comparable a la telepitonisa que casi se achicharra en aquella emisora de Marbella, sorprendida por un incendio que sus poderes no supieron ver. Valiente adivina, como dice el chiste. Pero seguro que la siguen llamando. Somos la tierra de la superstición y yo diría que aquí se creen hasta a la princesa serbobosnia de Los Morancos, adivinando por sustos o cabezadas.

La Misión. Anda todo un pueblo enamoriscado de un cura, tal como se enamoran a veces de ellos oscuramente algunas mujeres igual que de su primo. Por ese amor desesperado, Albuñol sale en los informativos nacionales en una especie de barullo selvático, que es donde uno se imagina al cura. Sí, pienso en aquellos misioneros que no sólo llevaban la religión al pie de una cascada, sino que enseguida organizaban toda la vida del lugar, enseñaban a los niños, atendían la malaria, recolectaban la cosecha, ayudaban a levantar establos, fundían campanas, reunían un coro y representaban, pues, toda la civilización y su guía, algo así como Tintín en esa polémica aventura entre los negritos del Congo. Sin embargo, Albuñol no está en el Congo, sino en Granada, así que uno no acaba de entender todo ese primitivismo del pueblo que funciona gracias al cura, que se queda desamparado sin el cura, que tiene la felicidad y la salud pendiente del cura, tanto que las ovejas sin pastor están de revolución contra Dios mismo o sus burocracias. Quizá quieren a un cura bueno porque un cura malo viene también con un Dios malo que no salva o salva de peor gana. Quizá quieren a un cura bueno para que todo vaya mejor en las reuniones con el alcalde, el maestro y el médico, que no sé si Albuñol todavía funciona a través de esas entrañables “fuerzas vivas”. Incomprensible para mí, en todo caso, además de decepcionante, que haya lugares en Andalucía que aún funcionen como una misión junto al río, con el cura como única medicina, o que así lo parezcan delante de España entera.

16 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: La estupidez y el odio (16/08/2007)

Se ven venir en las llamas de sus banderas, erguidas como cobras; viven todavía en las superstición de la sangre y de la tierra, cercados por los mojones y lindes que dejaron allí dioses agropecuarios, los que hablaban la primera lengua de los ríos, los que guardaban la pureza de los cereales y las mozas. Es fácil reconocerlos, porque suelen hablar de los derechos de los pueblos, pero no de los de las personas. Son, en realidad, un caso freudiano. Para que un individuo se haga adulto, debe desarraigarse de la familia, y si no, se convierte en un tarado. Igualmente, una sociedad no se hace adulta hasta que reniega de ser tribu, y si no lo consigue, sufrirá el infantilismo social y político que es el nacionalismo, cualquier nacionalismo. Harán tanques con la cultura, trazarán divisiones entre buenos y malos ciudadanos según sus opiniones, clamarán contra el enemigo de la colina de enfrente (enemigo porque es simplemente El Otro, sin el que no pueden comprenderse ni definirse). Su sueño es la uniformidad, la pureza racial o ideológica, algo ya imposible. Usan el lugar de nacimiento como blasón, pero también como insulto, como hizo Joan Puig con Magdalena Álvarez. Y aún más, todo esto les sirve para perpetuarse como casta dirigente. Me dan un miedo terrible los nacionalismos.

He visto las pintadas racistas en la judería cordobesa: un alemán con faltas de ortografía, una estrella de cinco puntas (el signo por el que se reconocían los pitagóricos, el símbolo esotérico que representa nada menos que al ser humano...) que esos crueles imbéciles han confundido con el sello de Salomón, con la estrella de David, que tiene seis. Me resisto a unir la locura nazi con estos nacionalismos del Rh o de la pela, pero ahí está también su Volksgeist, el espíritu del pueblo como destino y, aún más grave, como sometimiento del individuo a una falsa grandeza colectiva y sincrónica. Me resisto por lo que ello significaría, pero a veces encajan espeluznantemente. Sí, los oiremos hablar de los derechos de los pueblos, pero los pueblos son todos mentira, sólo está el individuo en su libertad o en su esclavitud, y lo demás es folclore. El ser humano tiene el tamaño del mundo, aunque lo quieran negar estas pequeñas chozas sentimentales; estas hachas que hacen con la raza, el nacimiento, la historia de sus flautas. Me dan un miedo terrible los nacionalismos, que son la involución humana más peligrosa junto con el fanatismo religioso. Asesinan, exilian, marcan, vetan o glorifican evaluando la sangre, la largura de los apellidos, las opiniones. Ya los conocemos. He oído el insulto de haber nacido en un sitio u otro, he visto puntos de mira en los muros de Córdoba, en sus calles con sombras como juntadas por manos. Y me he estremecido de horror. Algo une siempre a todas las locuras humanas. La estupidez y el odio, quizá.

12 de agosto de 2007

Reportaje: Un paseo por la realidad (12/08/2007)

N. A.: Texto original completo del reportaje, que puede ser diferente al que aparece en la edición impresa del periódico

SANLÚCAR DE BARRAMEDA.- Antes que Zapatero como un heladero, antes que Aznar y Blair con su amistad tuareg, a Sanlúcar ya venían los señorones y las infantas, a bañarse con sus velos y mecedoras, a curarse en la leche del sol y a mezclar sus hijos transparentes con los chiquillos renegridos del lugar, pescadillas humanas, descalzos como arponeros. A Sanlúcar la llamaban la San Sebastián del sur y tenía la salud salvaje del cielo destapado y de la mano del agua como un pañuelo mojado. Sanlúcar aún es una vid que llega hasta el mar, una linfa salada que crece en el campo, una copa del cielo volcada para la fiesta de hombres y peces. Tierra y mar, jornaleros y pescadores, y el barro de todo eso estatuado ante Doñana, pubis del Guadalquivir, bronce de Tartessos vivo y comido por los pájaros, donde creció la naturaleza como un incendio verde. Aún es todo eso, balconada de tierra y mar donde el forastero ve el principio del mundo, la partida del sol, el pozo donde van a caer o a purificarse las estrellas sucias de su ciudad. Hay tierra en las manos de los hombres, olas en los ojos de las muchachas, aun en la era del ladrillo, de la velocidad y de lo feo.

Sanlúcar está acostumbrada a visitantes descendidos, imperiales, exploradores; a posar con postura de postal y a ofrecer bandejas donde pone todo su corazón salado. Sanlúcar tiene la hermosura de las pobres y la pobreza de su blancura, que es como una túnica para todo el año. Porque Sanlúcar es pobre o eso dicen los números que le cuentan desde fuera. En el informe económico anual de La Caixa, cuando no aparece como el pueblo más pobre de España mayor de cincuenta mil habitantes, roza ese deshonor. Pero en esos informes no aparece la chapuza, el chanchullo, la charanga, la listeza, la economía sumergida que tiene allí su latonería. El pueblo donde Zapatero salió a procesionar y rechazó una bandeja de langostinos como barnizados a mano por el sol, no es ni una favela ni la Milla de Oro con barcas de corcho y cielos de pintor. Sólo tiene el truco de la historia, la doblez del hambre, el dinero con trampa o el misterio de la felicidad. O es que ha terminado haciendo de su necesidad su virtud, su estandarte, su reclamo, su singularidad. Con el mercado del vino (su famosa manzanilla que sabe a mar purificado) atravesando una grave crisis, con la pesca moribunda como el planeta, con una industria inexistente, quedan los cuatro jornales y el desempleo, y un turismo como de reserva india, refugio de una pureza de otro tiempo, sin apenas infraestructuras (5 hoteles en la ciudad). No es el modelo de la Costa del Sol. No hay allí cementerios con ventanas en la playa, ni reyes moros con helicópteros como jaboneras. Sí hay urbanizaciones, chalés con columnas con cabezas de caballo, pero los levantan los forasteros, o sirven para distinguir el éxito de unos pocos profesionales y empresarios, o el orgullo decadente de los cuatro apellidos herederos de aquella amarga tiesura del señorito. Eso, o los trae el dinero sucio del hachís, el mismo que exhiben niñatos en el Paseo Marítimo haciendo derrapar coches de 5 millones con estética de carriola. No hay en Sanlúcar yates versallescos, sino un turismo de ver pasar motillos con serón y de masticar el aire como dicen por allí que hacen los camaleones. Pero ni aun así hay el café a 80 céntimos que soñó Zapatero.

Quizá los políticos están siempre a la distancia de un brazo de la realidad. Zapatero desembarcado en Sanlúcar movía a los bañistas y a los vendedores de pistachos, que querían tocarlo como se quiere rozar con los dedos una diadema. Ese mismo rozar sin asir del pueblo con el político quizá también sirve para describir el paseo del político por la realidad, por la gente en su bulto, por el peso y el precio desconocido de las cosas. Llegar, como hizo Zapatero, a Bajo de Guía desde Doñana es saltar desde el mar a su espejo. Bajo de Guía es ese sitio religioso donde hacen crucifijos con los mariscos y los animales del mar salen como la diosa Venus de las espumas de la desembocadura del Guadalquivir, para ser comidos con veneración y lujuria por peregrinos, creyentes, que los desarman en blancas eucaristías con el sol como el Espíritu Santo presidiendo.

En Bajo de Guía está Sanlúcar en su cristalería, destilada de sus males y carencias. Lo primero que ve Zapatero de Sanlúcar está concentrado en una perla, forrado en una cajita. Fiesta de los elementos, cielo estucado, mar que hipnotiza, placer que entra inevitablemente como arena en los ojos. En Casa Bigote, donde los bogavantes parecen almirantes de marina, Paco Bigote afirma sin dudar que “En Sanlúcar se vive muy bien”. “Aquí la gente gasta con alegría --explica--, con más alegría que en la Feria de Sevilla, pero vienen mucho de fuera. Y dentro de la provincia de Cádiz, Sanlúcar es un sitio muy asequible. Unos langostinos, unas almejas y un pescadito, puede salir aquí por 45 o 50 euros por persona”.

¿Sabrá esos precios Zapatero? “Zapatero paga, o por lo menos, manda que paguen”, asegura Manolo Lazareno en el Mirador de Doñana, con ambiente marinero, decoración de camarote, sal que despierta el hambre y grandiosos bichos vivos que esperan ser admirados como veleros o comidos como bueyes. “El secreto está en lo natural del producto, y el sitio, el entorno, y la calidad humana”, dice su hermano Rafael. Allí es donde guardan igual que el Grial los catavinos con los que brindaron una vez Aznar y Blair, por el preacuerdo de paz en el Úlster, casi en la playa, como hamaqueros. “Queríamos llevarle los catavinos a la Moncloa y hasta cocer allí para él unos langostinos, pero ya no ha podido ser”, se lamenta Manuel. Presidentes, famosos... Quizá Bajo de Guía es una hermosa burbuja desprendida o un barco de púrura y lapislázuli atracado en el pueblo. “Aquí llega el presidente y pregunta: ¿qué, como están los langostinos?, y uno dice que cómo van a estar, estupendos”, comenta divertido Manuel. Y es cierto que están estupendos y a 84 euros el kilo ese día. En su última visita, Zapatero sólo saludó. No comió en Bajo de Guía, pero dejó ver su estela como la Virgen del Carmen, patrona de la gente de la mar, cuando la pasean en barcas con luces vivas y banderines de coral.

No estuvo Zapatero por los chiringuitos, donde podría haberse enterado de que la taza de gazpacho está a 2'50 euros y a 12 la ración de puntillitas. Tampoco pasó el presidente por El Colorao, en el que fue siempre el barrio marinero y allí simplemente llaman el Barrio, entre las calles donde nacieron Manolo Sanlúcar y Pajo Ojeda, el arte con hambre que da la tierra. Hay señoras con delantal en las casapuertas, una sencillez de pan en la mano o juegos parados de niños. En El Colorao, las familias, arropadas por el fútbol de la tele y por carteles de Jesulín de Ubrique que parecen ya viejos anuncios de Mirinda, comen pescaíto frito con una alegría diferente y purísima, como un verdadero acontecimiento. El otro acontecimiento allí es el domingo de pollo asado. Hay la distancia de un mundo entre Bajo de Guía y aquello. “Nosotros lo que queremos es que la gente pueda comer por dos pesetas y que salga satisfecha, pero siempre con calidad –dice Luis, el dueño-. Aquí una familia puede tomar sus gambitas y su bandeja de pescado y le sale a 10 euros por persona”. Allí no van presidentes, allí los camareros no parecen sobrecargos, pero sigue siendo Sanlúcar.

Lo que no parecía Sanlúcar, a decir de algunos vecinos guasones, era la Cuesta de Belén, baldeada, limpia desde por la mañana, sin la pringue que suele dejar la descarga del pescado fresco en la plaza de abastos, que le da olor a agallas y a manguera. Iba a pasar Zapatero, lo sabían todos, de vuelta del Ayuntamiento, y así lo hizo, procesionando. “Esto parecía la Semana Santa”, afirma un sanluqueño que lo vio. No pasó Zapatero por la otra calle paralela que lleva también al mercado, con un ambiente alegre de pajarería o de zoco. Aceitunas a granel, tomates de oferta (5 kilos, 3 euros) en balanzas de platillo, huevos que pregonan “muy gordos” a 1'80 la docena, señoras que venden camarones que aún saltan con la singular medida de un vasito de vino (1 euro el vasito). En los puestos de la plaza, con el pescado medio vivo con olor a tiburón y carteles de cristos que han terminado poniéndose cianóticos, el lenguado está a 16'80, las cigalas a 45 euros, y los langostinos que no probó el presidente están entre 20 y 30 euros el kilo, los más caros los atigrados, que parecen ciempiés gigantes del desierto. “No se los comería porque los vería muy gordos”, cree Rafael Llanera, pescadero que salió a la calle (algunos temían que les robaran el género en el barullo) y pudo darle la mano al presidente. “Me preguntó cómo estaba la cosa en Sanlúcar, y yo le dije que en verano medio regular pero que en invierno es una ruina, y él me contestó ''tranquilo, que hay dinero'' –asegura persignándose--. Palabra, por mi nieta que tiene tres años...”.

Del mercado con coquineras vestidas como su abuela, al centro, a la Calle Ancha, un salto como a otra ciudad que tampoco llegó a ver bien Zapatero en su rapidez. Allí ondean, como las velas de galeones en formación, los nombres de diferentes bancos y cajas de ahorro, hasta ocho en lo que abarca la vista. Es la Sanlúcar donde en inmobiliarias con miedo a la grabadora cuentan que no hay pisos de segunda mano en el centro por menos de 30 millones de pesetas y que los alquileres en verano, cerca de la playa, pueden llegar a los 2.500 euros al mes. Comercios, terrazas abarrotadas, camareros al sol con la calva colorada, lo que ve el forastero que, igual que Zapatero, no llega hasta las barriadas y sus desconchones de necesidad. Allí en la Calle Ancha, lo que sí llego a comprobar el presidente fue el precio de su querido laicismo, o más bien el de su derrota: todo el pueblo comenta que compró dos papeletas (20 euros cada una) de una rifa de un automóvil Honda a beneficio de la Hermandad de la Caridad, patrona de la ciudad. Y ya, la Plaza del Cabildo, palomas y gente mojadas por el sol y sus salsas, y Casa Balbino, con cabezas de toros en cucañas, con jamones totémicos, con los cofres del mar abiertos como cajas de música. No quiso probar los langostinos (27 euros la ración), por el agobio de la gente o por lo que significan de ostentación, ni las almejas (16 euros). Sólo su antojo de las tortillas de camarones (8 euros), que allí hacen con una secreta e inimitable orfebrería. Los langostinos los repartieron luego en la cocina, para los trabajadores de la casa.

Se fue después Zapatero, hacia Las Marismillas, donde cazaron reyes y otros presidentes contemplaron la belleza de ese atardecer que parece esparto ardiendo. No se quedó a vivir la noche sanluqueña. Podría haber ido a El almacén, antiguo ultramarinos del XIX que se conserva tal cual, con las copas de 4,50 a 5 euros y actuaciones; o a La mandrágora, decorada con fotos de cantautores y buena música, con tragos largos a 4 euros; o a La Herencia, en la Plaza del Cabildo, dispuesta como una iglesia gótica, con confesionarios sobre la barra y estatuas de monaguillos, con los cubatas a 5 euros. Allí, su encargado, Manuel Sánchez, parece el único que ese día abomina de la idiosincrasia de postal de Sanlúcar y se queja del paro, de su pobre nivel cultural, de su carencia de infraestructuras, de su abandono secular. Podría haberse quedado el presidente a las fiestas salseras de los chiringuitos de la playa (5 euros la copa también) donde las sevillanas juegan a ser caribeñas, y dormir por 106 euros en el Hotel Guadalquivir, de tres estrellas, desde cuya azotea se suicidan los sanluqueños. Pero se fue, habiendo rozado todo sin asir nada. Y no, no hay en Sanlúcar, uno de los pueblos más pobres de España según rezan las malvadas estadísticas, cafés a 80 céntimos. Como poco, 1 euro. Si acaso, por 70 céntimos podría haber probado un vasito de manzanilla a granel Viruta, en La Habana, en la Calle Santo Domingo, con oscuridad de catacumba y olor de vino en rama. Entre la realidad y Zapatero, hubo aquel día la distancia constante de su sonrisa.

Somos Zapping 12/08/2007

Maestría en sucesos. Si se quiere pasar de puntillas sobre ciertas noticias incómodas, lo mejor es meter primero muchos sucesos. Los sucesos, carne picada de los noticiarios, nos pesan con su peso de muerto la calidad de los informativos y la intención distraedora de los que los urden. Y en esto, Canal Sur representa la maestría. Meten tantos sucesos que pronto, seguro, los informativos los dirigirá Paco Lobatón escoltado por sus buitres como amas de llaves. Yo quería ver cómo enfocaban la imputación al Ministerio de Fomento por aquel desastre de la A7, o la imagen de los trabajadores de Delphi apuntándose al paro (“los trabajadores de Delphi se inscriben en el paro a la espera de su recolocación (!!!)” era el titular cómico y creyente a la manera de Zapatero que eligieron). Yo quería ver todo eso pero tuve que esperar veinte minutos en los que enlazaron apuñalados, violaciones, incendios, ahogados y defenestrados. Luego, claro, lo de Delphi o lo de la A7 parecía un leve nubarrón del verano. Qué maestría...

Hambre de baloncesto. No soporto el fútbol que nos pone ahora la televisión, esos trofeos de verano con equipos paquete y público de barbacoa, donde los jugadores de aquí salen todavía con el cubata o la piña colada y los que vienen de fuera parecen esos grupos que tocan la quena en la calle. Canal Sur intenta glorificar esas noches lacias en las que nuestros equipos se mueven como golfistas, pero su fútbol cargado de cocos y su retórica prebélica me aburren como la playa. Lo que pasa, claro, es que yo tengo hambre de baloncesto, ese deporte de astronautas en la tierra. Hasta vuelve uno a quedar con los colegas para echar unas canastas, habitual y patético intento de los treintañeros por recuperar lo que ya se perdió hace mucho, la puntería y el fuelle, la juventud y el driblin. Hambre de baloncesto, ganas de que empiece el Eurobasket. La selección con más talento que hemos tenido, con rayos en las manos como los dioses, se entrena en Cádiz y sin embargo en La Nuestra sólo veo, como siempre, la cara de higo de Lopera, el culito de Shin Chan (ya saben que así llaman los sevillistas al logotipo del centenario bético), defensas fichados entre estibadores, confesiones idiotas de tuercebotas y meapilas. Los campeones del mundo, atletas con postura de constelación, se preparan aquí pero no aparecen, no consigo verlos en Canal Sur, donde sale repetido cien veces cada remate de cabeza de los equipos segundones. Aquí basta el furbo como nos basta la plazoleta.

Apagones. No sabe uno, de todas formas, si esto de no ver a nuestros chicos de oro del baloncesto en Canal Sur nos ahorra penas y vergüenzas. Así no nos encontramos con la fea noticia de que pasan un calor inhumano en el pabellón de San Fernando porque no hay aire acondicionado, sólo abren las puertas para que entre el fresquito como hacía mi abuela (¿tendrán botijos en los entrenamientos?). Claro que esto no es nada comparado con lo que pasó el otro día en el primer partido de preparación, en Jerez, donde saltaron los plomos y se fue la luz. “En Andalucía puede ocurrir cualquier cosa, pero igual que en el resto de España”, decía tontamente alguien que entrevistaba La Sexta. Mientras, Andrés Montes e Iturriaga hacían chistes (“ahora va a empezar el concierto”, o algo así creo recordar que decían) y se preguntaban si los venezolanos con los que competíamos se habrían sorprendido de que en Occidente también se fuera la luz. Sí, se fue la luz como en las películas de vampiros y, sin dejar el terror clásico, uno se imaginaba a los técnicos trajinando con brutales interruptores diferenciales como guillotinas, igual que los que manejaba el doctor Frankenstein... Tercermundista fue aquello. O no, miren. A lo mejor es que nos estamos acercando al nivel de Cataluña. Después de ese apagón en Jerez, en directo para la televisión, si empiezan a colapsarse nuestros aeropuertos y a atascarse los trenes de cercanías con cascotes o con vacas, es que ya estamos llegando al liderazgo económico del país, como ellos. Ciertamente, aquello fue una prueba de que nuestro Estatuto de Autonomía se está desarrollando tan brillantemente como allí. Bendito apagón. Y yo creyendo que aquello nos estaba dejando de nuevo como zulúes...

9 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: Langostinos presidenciales (09/08/2007)

En Casa Balbino, donde cuelgan cabezas de toros asesinados por jamones y artículos de columnistas castizos igual que escapularios, me dijeron una vez que allí hasta el más tonto pide langostinos. Casa Balbino, llena de exvotos del hambre, vino salado y bichos con cáscara, junta a las clases ante el comedero del mar, un mar que en verano ya huele de lejos a freidor. En su mostrador he visto contar patitas a curritos y concejales, funcionarios y artistas, guiris y vinateros; he visto la convidada babosa del empleado al señorito; he visto sibaritas y pobretones, domingueros y roneadores, la democracia meneando el bigote. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron, unos langostinos como de caoba, unos langostinos en orfeón, unos langostinos para comulgar. Ahora que el sol del verano hace harapos con el cielo de Sanlúcar, en las tardes como un altísimo balcón que se desprende, la gente celebra su casta o se venga de ella comiendo langostinos con manicura, y el presidente Zapatero desciende igual que un cazador de perlas a la cocina del pueblo, hacia un tumulto de pescadores descalzos y pinches de temporada.
En Sanlúcar, en la Plaza del Cabildo con palomas suicidas y palmeras ahorcadas en el sol, a Zapatero le pusieron, primero que nada, langostinos, ante los que todos, labriegos y príncipes, parecen que están cosiendo cremalleras. Los políticos saben que tienen que compartir con el pueblo los dioses de la tierra y el bautizo de su vino, y a su vez el pueblo gusta de ver a sus jefes rozándose en la taberna para comprobar que no se alimentan de ambrosía, sino del mismo pan que también cagan ellos. Para hacer política en verano hay que olvidar Delphi, la ETA, las autonomías que aupan sus alcázares, y centrar la estrategia en pringarse los dedos, mojarse el culo, enseñar los pies, que no hay nada que nos haga más humanos. Un presidente gana más votos pareciendo un hamaquero que cantando en el Parlamento arias de apuñalado. Todos lo han hecho porque así dejan las calles alfombradas de igualitarismo y muchos souvenirs para la plebe, que en Bajo de Guía todavía guardan los catavinos con que brindaron Aznar y Blair como gaviotas borrachuzas. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron en Casa Balbino, donde manejan los camarones igual que tasadores de diamantes. En Sanlúcar, en realidad, los langostinos son ya como una garbanzada y el que sabe de verdad pide galeras, animales un poco egipcios y que hay que comer con cirugía. Los langostinos presidenciales eran como churros del verano, pero a Zapatero le sonaban a ostentación y los retiraron sin que nadie los tocara. El presidente, con camisa blanca, comido por los bañistas, lo que parecía era el heladero de España.

Foto: J.F. Ferrer

5 de agosto de 2007

Somos Zapping 05/08/2007

Televisión sin tiempo. El verano nos iguala a todos por los pies. El verano es una indecencia estética que sólo se salva por la alegre cercanía del sexo a la vista, evidente, desvelado. La televisión suele seguir las estaciones y se acomoda al resudor de la gente, por eso huele ahora a chiringuito y a sandía pisada. Sin embargo, en Canal Sur, que funciona a base de barreduras todo el año, el verano no supone este deschanclamiento radical. Los refritos, las videoteces, las galas larguísimas con los saldos de la tierra, las películas baratas, los programas para el personal que no se levanta de sus mecedoras, son los de siempre con alguna cara añadida y con otro nombre que parece más mojado, pero ya está. Sí, me doy cuenta de que Canal Sur es la televisión que se mantiene todo el año en su hoyo veraniego, en el rebozo de su dominguerismo. Poner a María del Monte por Alicia Senovilla, o que sea Carmen Janeiro la que nos presente los vídeos de chocazos en vez de Ismael Beiro, no es más que cambiar unas chachas por otras. Pero están los mismos sevillanistas mofletudos, las mismas marujas corraleras, el mismo bodegón con botijos y pan duro. No hay más novedad que una sobreabundancia de corridas de toros por la tarde, como nuestro ciclismo de establo. Canal Sur es la televisión no ya sin estaciones, sino sin tiempo. Veo a Rafael Cremades, que va a presentar a El Arrebato en una feria; veo a Juan y Medio como a Mary Poppins (¡también con El Arrebato!) ante sus niños sabihondos; veo un programa que uno creía extinguido, Furor, que se diría hecho con gente borracha, pero no, solamente parecen idiotas... Los veo y es imposible saber si son actuales o si se emitieron hace años. Ropavejeros, cansinos, repetidos, pestosos, con su eterno manguerazo de horterez. No es el verano. Canal Sur es así.

Un niño, niño. Su programa es inagotable, la olla sin fondo de la tarde. María del Monte es la musa de esta columna y uno ya se la imagina con sus atributos de una manopla y un cucharón. Los jubilados buscando el amor como la bolsa de agua caliente ya están un poco pasados y el nuevo filón ternurista lo han encontrado en las ecografías en directo, barrigas como de chicle y padres emocionados que no sabemos si es que no han conseguido cita en el SAS o es que quieren adelantar a los monstruitos de Juan y Medio empezando su estrellato en el útero. La cosa da para muchas gracias de partera y para ver a los padres andaluces orgullosos de la picha que se le ve al hijo. “¡Un niño, niño!”, exclamaba María del Monte ante la imagen de los testículos de un feto, para que luego salgan los modernos y las feministas queriendo desgenitalizar la sociedad y derrocar el androcentrismo y la falolatría. Los huevos gordos del niño eran la alegría de esta pareja (hubiera estado bien ver a Olga Bertomeu comentando la jugada) y toda esa celebración de la fertilidad y el macherío les hacía parecer padres amazónicos. Pero ellos querían que el niño fuera cantante “para que les sacara de pobres”, con lo que ya descubríamos que más que amazónicos eran genuinamente andaluces. Otro padre le decía a la señora que no descansaría hasta tener un “Miguelito” para poder ver con él el fútbol, ya ven cómo anda aquí la igualdad que pregonan los políticos y la consideración que aún merece la mujer como alacena de niños y juguetería para el esposo. Pues para esto sirven estas ecografías, para hacernos a los andaluces la primera foto granjera, tribal, antigua, de los machitos y las hembritas como dicen las señoras mayores; ese tipito de familia un poco a lo franquista que parece que es la que se sigue llevando paradójicamente en esta tierra tan remodernizada y progre.

Podcasting para Los del Río. Inevitable hablar de modernidad y RTVA... Esto es lo que le parece a Rafael Camacho, claro, porque a los demás nos suena a la madre de todas las paradojas. El antiguo vocero socialista y manejador de la máquina de atontar que es la RTVA ha presumido en una conferencia de la UNIA, y así nos lo hacían llegar los informativos, de su podcasting, sus descargas de noticias desde la web y la cercana maravilla de una televisión a la carta. Bajarse una actuación de Los Marismeños o una de las ferias presentadas por Los del Río en Canal Sur... Sin duda, imposible más modernidad.

2 de agosto de 2007

Hoy jueves: Las Marismillas (02/08/2007)

Zapatero va a entrar en Andalucía por Doñana, donde las garzas que miran igual que él trabajan el bronce tartésico del agua y el sol. En Madrid ha tenido que hacer ahora un congreso de quirófano, con sierras de hueso y manos de jabón, para quitar de en medio a los muertos que no podían ganarle a la derecha chulapa, autobusera, sobrada. Pero en Andalucía, donde el PSOE es otra Virgen de carromato, la señora de las cosechas, la patrona del oficio de ahogado, el partido vence desde la siesta, mandan los viejos mayorales y vive en la paz de las moscas y en el tiempo que manejan los queseros. Zapatero no tiene aquí padrinos, sino los que fueron un día sus enemigos y luego le dejaron hacer franciscanismo progre con la condición de que no tocara el sur, la montaña del yuyu, el cementerio de los elefantes, donde el equilibrio del hambre y de la historia les había hecho dueños perpetuos. Para acercarse, Zapatero tiene que entrar como el aguador o como el galgo, por la puerta de atrás de los palacios andaluces como salinas, allí donde el sol es un serón colgado, donde huele a albardonería, donde las acequias parecen conventos y la humedad es el grano de las aves y el cristal de las ventanas. Zapatero, atendido por carboneros, vigilado por la Guardia Civil vestida de cazador, entra en Andalucía, pero si viene a romper los cántaros de este sociatismo o sólo a dormir en la cama de otros reyes, otros presidentes y otros furtivos, no lo sabemos.

El palacio de Las Marismillas es como nuestro Camp David, budismo de Maryland al que Franklin D. Roosevelt llamó Shangri-La soñando con cordilleras de paz como con el cielo hecho hielo. Un nido de pájaros donde los presidentes se vuelven recogedores de tomates y cafeteros de conversación. Alfonso XIII colgaba ciervos, Felipe González juntaba rosas con manzanas y Aznar hacía su tenis contra los jabalíes. Zapatero, tan lejos de aquí desde que llegó al poder, pisará primero esta tierra como turista o como condesito, antes que como revolucionario del socialismo, y en Las Marismillas verá la Andalucía del mugido, de las mañanas con aceite, de la cal donde al amanecer el sol se estrella como un cesto de huevos. Uno hubiera preferido ver a Zapatero entrando por Despeñaperros, más napoleónico que rociero, más desterrador que zahonado. Zapatero aún no es la socialdemocracia sin pamplinas ni mitologías que uno desearía, ni siquiera su primera sonrisa. Pero ya sería algo mejor que este partido de viejos guardabosques que tiene a nuestra tierra como una gran siega parada. Zapatero va a entrar en Andalucía por Doñana, pubis del Guadalquivir donde el mar reposa la cabeza como una gacela enamorada. Pero no tocará nada y se irá cuando se vaya el fuego.

Hoy jueves: Enterrado en banderas (26/07/2007)

Los muertos gloriosos, al calor ciclista del verano, encolonian a los políticos de jardinería y viudez. Agosto abrirá su cemento para que los muertos históricos salgan de velada con parlamentarios, sindicalistas, primos lejanos de la memoria o la ira. Blas Infante muere cada año ante un fotógrafo nuevo, mientras los políticos van a plantar sobre él una acacia o lo llevan como una maceta hasta el Parlamento, donde esperan que salga la mano antigua de Andalucía a saludar desde su entierro. Un día de casarse con el muerto espera a sus caballos peinados y a sus madrinas pasteleras y ya andan los partidos queriéndolo más o mejor que el otro. Los muertos enterrados en banderas vienen como desde el mar a sus damas bañadoras. Dan estampa de madre o de Magdalena y eso no tiene nada que ver con ideologías ni simbolismos, sino con el adorno de preparar la tumba de un gato sentimental con más ternura que nadie. Los muertos enterrados en banderas contagian su heroísmo a sus mirones, como un sepelio en una fragata. Cristificado en los escudos, conserje de sus fundaciones, los políticos le han dado a Infante la fama de su lápida como algunos compositores y es el ángel oficial de Andalucía en la eternidad.

No sé qué diría Blas Infante ante los homenajes como traiciones o las traiciones como homenajes que le preparan los partidos cada uno en su cancha. La izquierda como antigualla, la derecha eternal, los andalucistas como sus hijos incluseros, el PSOE como el anestesista de su cadáver. No sé cuántos de ellos han traicionado a Andalucía, a su sufrimiento, a su esperanza, y ahora llevan candiles en su nombre. Padre de la Patria andaluza, pero todas las patrias son mentira y lo que hay es gente esperando justicia o pan sin ninguna abstracción. Los héroes envejecen en sus estatuas y se pervierten en los discursos. No son tanto las ideas de Blas Infante, discutibles como todas, sino el objetivo de esas ideas, lo que han olvidado. Ese muerto estirado ahora entre todos, sus huesos de santo encalado, no son su espíritu ni su intención, sino su molde vacío para la propaganda de unos políticos que aún no han conseguido levantar esta Andalucía de espaldas arañadas pero discuten por inaugurarle estanques en una carretera o capillas en el Parlamento. Blas Infante, enterrado en banderas, sin saberlo les patrocina estatutos, les titula ideologías igual que yeguadas, les carameliza sentimentalismos, les esconde las barreduras, les amonja la Autonomía. Los muertos gloriosos, sacados por los ojos a la calor cocinera del verano, aventados como la paja de sus tripas florecidas... Lo mostrarán al público y a las moscas en un lugar u otro. Un día de agosto al año, lo que ocurre es que a Blas Infante lo vuelven a fusilar contra las mismas amapolas.

El blog se amplía

A partir de ahora, este blog también dará cabida a mis demás columnas y artículos en El Mundo de Andalucía, y pronto cambiará su nombre y su dirección a www.luismiguelfuentes.blogspot.com
La página www.geocities.com/lmfuente seguirá manteniendo los artículos anteriores así como recomendaciones y otras informaciones de utilidad.

1 de agosto de 2007

Somos Zapping 29/07/2007

El empacho. Aún puede aprovecharse para media hora más de televisión que solventa como empanándose ella misma, pues tiene ese estilito de guardar para croquetas. María del Monte, que tarda y hierve en la grasilla de la tarde como un gran puchero, no tenía bastante con llevar a culazos ese largo programa que es pura vergüenza engollipada de migajones. A Canal Sur le parece poco el tiempo que dedica a esas charlas como de consulta de podólogo, a cosas como perseguir gallinas o embadurnar la cara de la gente con clara de huevo, y sobre todo, a ese taichí coplero que parece y dura lo mismo que tender la colada. Por cierto, yo pensé que eso del taichí coplero era un punto surrealista que tuvieron un día que mezclaron kung fu con lunaritos o cafelito con opio, pero ha terminado en una sección más y hasta María del Monte se viste como de enfermera para intentar practicarlo, aunque ella parezca que está reponiendo el frigorífico. Decíamos, en fin, que les parece poco el tiempo que esta mujer se lleva repellando la tarde y por eso le han endosado esa media hora perdida antes del informativo que ahora se llama La tarde musical. Es un tiempo que siempre estuvo consagrado a los picores de la silla de enea y a las voces patrias que acuden en plan película de Joselito, y que María del Monte ha reconvertido en concurso de marujas, con preguntas sobre sevillanas (¡toma cultura!) que les cantan allí mismo y el glorioso premio de una minicadena, tal que en las tómbolas de la feria. María del Monte reposa lo que dura Andalucía directo y vuelve enseguida de la mano de El Mani (juntos parecen la galleta de chocolate del folclorismo), de otro figurón similar o de unas muchachas costureritas de la copla o el flamenco, y es cuando me doy cuenta de que estoy verdaderamente empachado de esta mujer y sus vecindonadas, catetismos y majados.

El empacho II. Es nuestra verdadera lucha por la modernidad, lucha que no trata tanto de células madre y enchufes en caliente a Internet, sino de las carnes, de nuestra fantasía un poco gitanita del comer, de los eternos cucharones del hambre andaluza, todo esto contra la dietética y los magros figurines como californianos que definen la nueva era. Lucha que en Canal Sur es un disimulo quizá, pues saben que si no podemos llegar a más tecnología que a la nevera de playa, puede que las barrigas planas, el sudor isotónico y el cagar fibra nos hagan sentir como si toda Andalucía se entrenara para astronauta. A dejar la pringá, a mover el culo, a descubrir la vitamina sin sabor y a alcanzar el nirvana del tanga, a toda esta evolución nos quiere invitar Ponte a punto, nuevo programa del presentador Disney de Canal Sur, Roberto Sánchez Benítez. Es un programa que sale de mezclar las ensaladas de la tierra y el alma de eucalipto que sostenían Salud al día con el nombre y los meneos de aquel emblemático espacio de Eva Nasarre, se acordarán, el primer aerobic televisivo (Puesta a punto se llamaba). Pues en esa salud de balón de Nivea se enfoca el programa, ayudado subliminalmente, piensa uno, por la reposición de Los vigilantes de la playa, queriendo entre los dos desterrar de la orilla los tortillones. Pero todo es inútil. El tipito que Canal Sur nos quiere poner en la piscina es tan vano como el intento de hacer tecnología de los alcauciles, que es lo que trataba Tecnópolis a falta de otra cosa. La Nuestra no puede evitar descubrirse en sus trampas. Recordamos la risa de Juan y Medio hablando con Soponcito de Jerez, ese niño que canta a dos carrillos; nos topamos con la alegría de gordito de ese insufrible chiquillo del tambor y otros del mismo molde, o vemos a Manu Sánchez reconociendo que su plato favorito es “el que rebosa por los lados”. Mucha hambre ha habido aquí para ponernos en plan voley playa. Aquí la felicidad es la comida. Ni el tanga, ni la tecnología. Comer, joé. El sueño de empacho de Andalucía.

Senadores a dedo. Vi el titular en la web de Canal Sur: “Cualquier andaluz podrá ser senador en representación de la comunidad”. Sí, y hasta cualquier español puede ser presidente, pero pasando por las urnas, claro. Pues en las noticias, a esto de los partidos nombrando senadores a dedo (más juego para el clientelismo) lo llamaban “llevar a su máxima expresión el derecho de participación de los ciudadanos”. La máxima expresión de la cara dura, más bien.

22 de julio de 2007

Somos Zapping 22/07/2007 (aunque no lo parezca)

Tocando los Borbones. Tenía pensado traer a esta columna el tratamiento que dio Canal Sur al bautizo de la infanta Sofía, bautizo hecho con lagrimitas del cielo y obispos como novios de tarta. Me resultó muy chocante que la crónica destacara en tono de reproche, como si lo dijera Peñafiel, que la vicepresidenta del Gobierno no hiciera las reverencias de rigor a las varias majestades y altezas que formaban su portal de Belén para la ocasión. Canal Sur dando lecciones de cómo ser buen súbdito... Y es que a esta gente le gusta mucho doblar la cerviz y rozarse con la sangre azul, tanto como por el manto de las vírgenes. Hace poco, en la celebración de los diez años del programa Contraportada, también los vimos entregar un premio a la duquesa de Alba, enmoñada de sus greñas o de sus alpacas, para que hiciera parejita con el título de Hija Predilecta de Andalucía que ya le otorgaron sus jefes. Sí, tenía la intención de hablar de todo esto con bastante más mala leche, pero después de lo que ha pasado con El jueves, ya no sabe uno cómo puede terminar la cosa. Lo mismo secuestran el periódico, desmontan los kioscos o me llevan a la Torre de Londres. Cualquier cosa parece posible ya, todo depende del día que tengan los fiscales, que en este país escogen los casos como los que en el bar apartan las pasas en los frutos secos que ponen. Mi solidaridad y mi enhorabuena para El jueves, benditos gamberros. Siempre han sido bestias y brillantes, y nunca han buscado el insulto sino la crítica. Pero todo esto ha servido para hacer emerger las contradicciones que produce una institución arcaica en un Estado de Derecho moderno. Peor ha dejado a la Monarquía este celo desinfectante del fiscal que la caricatura de marras, tanto que uno piensa con guasa si no será esto en el fondo una maniobra de republicanos embozados. Que no pierdan comba en la Corte, que la Historia nos enseña que en este país nos levantamos un día a por el pan y nos desayunamos con él a los reyes. Un par de sucesos más de este estilo, que pongan “la dignidad de la Corona” por encima de la libertad de expresión y de crítica, o que exhiban ese farde suyo de no ser iguales que los demás españoles ante la Ley, y veremos si la gente empieza a cansarse de acudir igual que palomas sentimentales a sus bodas como regatas o a sus regatas como bodas. Y de ahí, a la República.

Pequeños protagonistas. Los niños son juguetes de sus padres, dijo una vez algún cínico, y hay domingos de familia en los que los chiquillos compiten con los cachorritos de la casa, con sus mismas gracias, caritas y curiosidad pegajosa. La televisión, que siempre aprovecha todas nuestras debilidades para su beneficio, ha sabido usarlos vestidos de viejo o de monito, de chistoso o de bailarina de cajita de música, ampliando esa costumbre hasta la canallada y el negocio. Lúcido y valiente ha estado el periodista Antonio Manfredi al criticar en unos talleres de la UNIA en La Rábida la utilización de los niños en televisión para divertir a los mayores. Niños como adultos jibarizados, obligados a ejercer sus roles pero con voz de pito, todo como volver a la gracia primitivísima de los enanos. Me encuentro con un niño torero malagueño en Andalucía directo, o con ese pequeño, espeluznante y tétrico telepredicador del creacionismo que está de moda, y me doy cuenta de que los muestran con complacencia, simpatía y gusto. Pero en Canal Sur, el uso perverso de los niños tiene un nombre: Menuda noche, circo de papagayos que todavía tienen la desfachatez de vestir de ternurismo, y en el que vemos emocionarse a Juan y Medio cuando los chiquillos forzados por el ego y las frustraciones de los padres le cantan o le tiran del bigote. “Los genios, ¿nacen o se hacen”, “nuestros niños quieren demostrarle lo que valen a David Civera”, “si tienes talento, demuéstralo en Menuda noche”, “pequeños protagonistas de la televisión”, dice la promo del programa... Los niños son juguetes de los padres y a veces, también negocio para ellos y para la tele. Les gustan esos niños reviejos, arrastrados y maleados que han sido siempre los niños artistas (les invito a ver Pequeña Miss Sunshine, maravillosa y aleccionadora película). Quizá se pregunten por qué la fiscalía de menores no hace nada. A lo mejor están esperando a que se vea envuelta una infantita.

17 de julio de 2007

Somos Zapping 15/07/2007

Entrevista de marinerito. “Una buena conversación debe empezar por el tiempo”, le decía Tom Martín Benítez a Chaves al comienzo de su entrevista en Canal Sur Radio. El calor del verano y las cabañuelas de los viejos, menudo nivel cuando vivimos la legislatura del odio y del despellejamiento. Pero bueno, no resulta raro porque Chaves va al programa de Tom como a casa de su abuela. Uno se imagina a Chaves recibiendo pellizquitos amorosos en los cachetes y a Tom diciéndole: “Ay mi presidente, pero que grande se ha puesto en estas décadas, y que buenas notas me trae de la Autonomía”. No se lo dijo así, claro, pero lo que sí hizo fue darle un repaso a la ropita, que era un poco de marinerito: “Le veo, presidente, con una chaqueta azul oscura, casi negra... Tiene un polo el presidente, debajo, también azul, y veo que es de manga corta, no tiene una acto digamos así muy solemne esta mañana. Tiene pinta de que se va a quitar la chaqueta y se va a quedar en polo, en manga corta”. Nada, como en su casa... Entre plancharle las solapas y unas preguntas tan incisivas como la primera sobre las calores transcurrió la cosa. No se puede esperar más de una visita a la familia.

Sex bomb. Ya ven las entrevistas con mimos de gato que le hacen a Chaves en Canal Sur. La radiotelevisión pública no hay quien la arregle. La nueva ley tampoco va a espantar a los periodistas babosos ni a disuadir de los telefonazos y de la cocinilla matutina de las noticias en los despachos políticos. Seguirán reinando la televisión y la radio de partido. Hace poco pudimos ver en Sexto sentido una patética discusión entre Pedro Zerolo y Soraya Sáenz, como dos capitanes a escobazos de sus melenas, donde cada uno presumía de la excelencia de las televisiones que le tocan y enmierdaba las del otro, cuando la verdad es que todas son iguales y entre la Tele Chaves de aquí y la Tele Espe de allá el panorama de servilismo y manipulación es ancho y duro como sus rostros. Precisamente en la tele madrileña nos pusieron a Urdaci imitando a Tom Jones, prueba de que del lacayismo político al cabaret hay poca distancia. Lo mismo nos encontramos un día a Tom Martín Benítez, despojado ya de sus mañanas para florear al PSOE, cantando algo de Torrebruno, un poner, en alguna tele socialista amiga. Es lo que da esto, periodistas de cámara y luego payasos tristes huerfanitos de amo. Urdaci despechugado resulta tan indecente como sus noticiarios, pero lo preferimos. También preferiríamos a Tom Martín Benítez cantando Sex bomb en vez de esas odas a Chaves como a su Eurídice.

El protocolo progre. En Canal Sur suelen tener cuidado de no pecar contra los mandamientos progres, contra su diccionario multiplicado de ñoñerías, contra su buenismo logsiano. Esto, claro, siempre que no estén en juego audiencias o sagradas tradiciones de la tierra. La laicidad huye en Semana Santa o en el Rocío, el tacto con el “género” desaparece ante las mujeres mostradas como caballos en las ferias o ante las ganas rozonas de viejos verdes de Los del Río, y así tantas otras veces. Pero ya no se salvan ni los menores, y eso a pesar de que la izquierda hiperprotectora los ha hecho sujetos de un derecho a ser intocables, igual que a ser analfabetos sin esperanza y delincuentes sin castigo. No me refiero a Menuda noche, aunque podría. Me refiero al vídeo de una agresión a una chica que Andalucía directo se ha deleitado en repetir, lo que ha merecido una amonestación. Sí, ese ideario progre está bien de estandarte. Pero siempre se saltarán el protocolo para que ganen las pulsiones morbosas de la plebe. Lo primero es la clientela numerosa, halagarla, fidelizarla, para poderla conducir luego hasta la imagen de Chaves o Zarrías en los informativos. Cualquier cosa vale, en medio, para conseguirlo.

Videoteces jesulinas. ¿Faltaba algo después de un homenaje a Los del Río y de María del Monte conduciendo un programa pantuflero? Sí, Carmen Janeiro, de profesión hermana boba, en otro de videoteces veraniegas. Canal Sur no podía defraudarnos. La más penosa tribu andaluceante siempre tiene cabida en La Nuestra.

9 de julio de 2007

Somos Zapping 08/07/2007

Adiós a la cultura de Pin y Pon. No sé si se gana teniendo en el Ministerio de Sanidad a un científico mago en vez de una puritana astringente (recuerden que el tabaco y el alcohol son de derechas, según Zapatero). Pero de lo que sí estoy seguro es de que nadie lo hará peor en Cultura que Carmen Calvo, sustituida ahora por César Antonio Molina, hombre con todo el perfil del intelectual largamente arrimado al dinero y al cartón de lo público. Carmen Calvo, hada madrina de la tontería, cerebro de algodón de azúcar con su idea de la kurtura como trapito, botellón, aplastamiento y póster, negación de su ministerio cada vez que abría la boquita, ha sido nefasta y ridícula y a los andaluces nos sacaba los colores haciendo de su guiñol. Ha salido del Gobierno la casita de Pin y Pon y eso representa un alivio además de una necesidad higiénica, aunque la televisión pierde la continua caricatura que era ella. Curioso, por cierto, cómo las noticias, mientras contaban estos relevos, reservaban para Carmen Calvo el punto final. Salvo en Cuatro, donde le añadieron el adjetivo de “polémica”, el nombre de la ya ex ministra solía ser el remate de la frase sin nada detrás, como si no tuvieran palabras para resumir a esta mujer que es todo un libro de colorear. De Elena Salgado mencionaban sus leyes purgantes, a Jordi Sevilla le auguraban nuevas misiones políticas en Valencia, pero de Carmen Calvo, nada. “César Antonio Molina gestionará la cartera de Cultura en sustitución de Carmen Calvo”, decían en Canal Sur dejando luego un punto gordísimo flotando, el mismo silencio de la vergüenza, quizá. En la Primera fueron más descarados, pues la crónica la cortaron con un hachazo: “[Molina] sustituye en el cargo a Carmen Calvo, q...”. Y en este fonema se paró la imagen. Alguien debió decidir que era mejor no añadir nada, por si la gente se acordaba de Pixie y Dixie o de sus roqueros de látex. Nosotros tampoco lo haremos. Carmen Calvo siempre ha sido su propia campanada.

El científico ambicioso. Han hecho de él el nuevo andaluz del Gobierno sin serlo. “Valenciano de origen pero ciudadano de Andalucía”, decían en Canal Sur. Bernat Soria, científico que vende muy bien sus neveras vacías, llevará la sanidad con bata blanca. Es muy antigua la controversia de si en un ministerio es mejor un político o un técnico, lo que pasa es que en este caso da la sensación de que es un científico irradiado de política o un político que se aprendió muy bien aquellos tochos de Lehninger. Recordando cómo Bernat Soria alababa en los programas de La Nuestra el nuevo Estatuto andaluz, que en él sonaba a desinfectante, a cataplasma y a vacuna para todo, uno diría que quizá se estaba ya postulando para el cargo. No duda uno de su cualificación científica, pero no me gusta su docilidad con los políticos, la rapidez con la que entró en el circo del autobombo una vez que lo compraron con dinero público. Los mismos investigadores reconocen que ese paritorio de células madre de Andalucía, icono de la Segunda-Tercera Modernización, tiene más propaganda que financiación, y piensa uno si con él la sanidad española a partir de ahora va a vivir de fachadas y de enseñarnos la espuma futura de la ciencia eternamente incubada, que es en lo que parece especialista Soria. Se lo vaticinó un premio Nobel, cuenta, eso de que llegaría a ministro. Y para ello parece haber trabajado, haciendo como de hombre mutante de la Junta, asombrándonos con maravillas que sólo tienen el cartel puesto, presumiendo de los microscopios aún en sus cajas. En la televisión salió como desmadejándose de macromoléculas, delante de los logos de la Junta que parecen en verdad el aparato de Golgi. En la Junta lo ven como un triunfo de su política científica. Yo lo veo como el premio que se ha buscado un investigador ambicioso, listo y prestidigitador.

El escalón más bajo. Es insufrible, vergonzoso. Tengo que reiterarlo. Ecografías en directo, María de la O en versión taichí, chillidos verduleros, borriquitos y vacas de cartón para acentuar el ambiente rústico de una Rosario Mohedano (sorbida de la fama de sus muertos) que hipnotizaba a una gallina... Y María del Monte como arrastrando percheronamente el programa a base de relinchos. Parecía imposible que Canal Sur colocara a la audiencia en un escalón aún más bajo, pero lo han hecho. La tarde supura.

2 de julio de 2007

Somos Zapping 01/07/2007

La tarde con María. Se ha limitado a conservar una fama que le vino una vez como una urticaria al arremangarse entre los pinos, porque la verdad es que esta mujer no ha hecho nada más aparte de crecer en culo, en moño y en dientes. Pero así es como nacen los andaluces profesionales y luego les basta con ir macerándose en el aceite de su propia vulgaridad, manteniéndose como a base de mucha bollería de folclore, virgencitas, atinajamientos, miarmas, balconadas y vino por el pelo o por las tetas. María del Monte, jamón cantante de la tierra, guasa con el marchamo de gracia, infección de andaluceo llenándole los cachetes, carretón aborricado de trapos, palmitas y garbanzadas patrias, ha evolucionado desde el marismeñismo a una gloria de mesa camilla apucherada y chacha. Ha presentado todas las ferias, ha despachado todos los lunares, ha rezado todas las salves, ha volcado todas las palanganas del topicazo y ahora la han puesto a presentar el programa de la tarde en Canal Sur, cadena para la que parece que representa algo así como la musa de sus matanzas. Al programa, La tarde con María, le falta aún el patrocinio de una ferretería para llegar al nivel de bodrio de emisora de pueblo. El modelo ya es malo, pero sumando la nula originalidad y el mal gusto y la torpeza de boquita y de neurotransmisión de María del Monte, lo que queda es algo así como un magazine que hiciera Ana Rosa Quintana lobotomizada. María del Monte se pone gafas y se sienta al frente de una mesa de actualidad, pero los colaboradores (veo a un guapito, a un enterado y a un payaso) parece que estén esperando a que ella les reparta rebanadas de pan con manteca, que es lo que pegaría. Concursos idiotas para gente aún más idiota, más viejitos buscando calorcito pellejudo, risotadas orujeras... Lo podría grabar en la puerta de su casa hablando con el ditero y la portera y quedaría igual. Imposible algo más cutre y más bajo, y aun así la sensación es que tan pésimo programa (o “pograma”) le viene grande como una braga, igual que si se pusiera a presentar los Oscar. Por favor, que alguien le pague para que vuelva a cantar o a guisar menudo.

Macarena contra Mahler. Para pasar de María del Monte a Los del Río sólo hay que saltar de lebrillo. Nada menos que un homenaje les montaron en Canal Sur a este par de ranos de lo andaluz, campeones en aquella encuesta que hicimos para elegir a los paisanos que más nos avergüenzan en televisión. ¿Pero qué concepto del arte, de la notoriedad tenemos aquí para que merezcan tal cosa estos dos matarifes del cante pachanguero, estos dioscuros de lo rancio y de la Andalucía de cortijo? Quedaría algún favor político que pagar... Ay, tengo que reconocerlo, han conseguido ponerme agrio entre Los del Río y María del Monte, lo habrán notado. Pero ha sido culpa de un brutal contraste, de una caída desde lo sublime hasta lo zafio que me ha sublevado. Justo esta semana había conseguido yo recuperar algo de aquella joya que emitió una vez la CBS, parte de los conciertos para jóvenes que Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York ofrecieron en el Carnegie Hall entre los cincuenta y los sesenta. Bernstein desvelando a Mahler tan transparente y exactamente ante unos escolares (¡apenas dos conceptos y toda su obra quedaba entendida!) que emocionaba. La lección magistral de Bernstein y momentos de la Cuarta Sinfonía o de La canción de la Tierra... Tanta belleza acristalando el mundo, que cuando volví a la televisión y me encontré a María del Monte y más tarde a Los del Río, el insulto me hizo enfurecer. Sí, de Mahler a Los del Río, con su amigo Rappel contándonos que el Papa bailó la Macarena, que su éxito se debe a “que han sido desde siempre personas”, que “son los mejores embajadores que puede tener Andalucía”. Y luego ellos mismos, revolcándose en su puerca idiosincrasia: “Somos andaluces, totalmente andaluces, que es lo más importante que se puede ser”. Qué tremenda idiotez y qué vanidad a la vez, la de los que no pueden ser más que eso, andaluces sin más adjetivo ni mérito. Pero no, eso no es ser andaluz. Eso es ser cateto, chovinista, vulgar, cacerolo. ¿Y artistas? Bueno, Los del Río están más cerca de la jamonera que de cualquier sucedáneo decente del arte, concepto que ellos nunca conocerán. Y yo sentía una pena y un asco indescriptibles, otra vez Andalucía definida a partir de sus corrales, con alegría, con avilantez, con orgullo. Puse de nuevo a Bernstein, pero ya la amargura me había vencido para toda la semana.

25 de junio de 2007

Somos Zapping 24/06/2007

Pactos sin comillas. En los Ayuntamientos con o sin pacto, han entrado los nuevos con raticida o han seguido los de antes con la última colada. Esto y que el prorrateo de delegaciones y los tocamientos por debajo de la mesa no cesarán hasta que tengamos segundas vueltas constituyen la moraleja de estas municipales, que es la de todas. Javier Arenas ha ido pidiendo como una viudita un acuerdo para que gobernara la lista más votada (observen que no es lo mismo que pedir segunda vuelta, que al PP le vendría igual de mal), pero lo que se ha encontrado ha sido el “pacto de progreso”, farallón de las izquierdas verdaderas o falsas que ya hemos glosado en otra parte. De todas formas, una cosa es que los políticos utilicen este eslogan como un bisoñé y otra que lo hagan igual que ellos los informadores, sin comillas, que en televisión no se pronuncian pero se notan. Si no hay comillas, ese pacto deja de ser un nombre para convertirse en una definición, y así le quedó a Canal Sur en sus informativos, donde ya no sabemos si no se dan cuenta de que se les descubre la querencia o es que ya han llegado a la desvergüenza de que les dé igual. Transcribo lo que decía Leonardo Sardiña en las noticias de La Nuestra, aquel sábado en que los alcaldes parecían majorettes: “Sevilla y Jaén son dos ejemplos de los pactos de progreso entre PSOE e IU que darán estabilidad a 110 municipios”. ¿No parece que hablaban Luis Pizarro o Gaspar Zarrías? Bueno, como si así fuera.

Millonario por un día. Hay en Andalucía islas de ricos, salones con océano, cielos con puente levadizo que quiso acercarnos Andalucía directo en un goloso reportaje o cuento: Imagine que se despierta usted millonario... Sí, millonario en Andalucía, algo ideal pues el rico siempre se siente más rico cuando tras el muro sabe que está la plebe, la reconfortante peste a necesidad que les define a ellos por contraste. Millonario en la Costa del Sol, aunque sea con el paradigma de Juan Antonio Roca, ése que se lo gastaba todo en cagar... Si uno fuera millonario en la Costa del Sol, conduciría un Ferrari en el circuito Ascari y comería langosta igual que cacahuetes en La Cabane, donde también tendría una cama de dos metros junto a la orilla con “amenidades todo el día”. Además, sería dueño de una casa levemente romana en La Zagaleta, la zona “más lujosa y exclusiva de Europa” según explicaba una tal Theresa Bernabé, churruscada en su hache, en su pijerío y en su sonrojante cargo de “directora de Televisión Millonarios en Internet”, a la que se le ensalivaba la boca al hablar de dinero y al contar que, para entrar allí, jardineros o limpiabotas tenían que pasar aduanas como desinfecciones. Pobres mirando por la reja de los ricos, ilusiones monaguescas en la tierra del paro y el botijo... Sí, en otro lugar podría quedar decadente, ridículo, pero en Andalucía, resultaba obsceno. Como consuelo o venganza, sepan que en La Cabane iba a actuar “en un concierto con cena privada” Julio Iglesias. Al menos, el dinero rebosando en poncheras sigue sin otorgar buen gusto.

Horteras de videoclub. En Canal Sur tienen a la audiencia medida, prejuzgada, y nos dan catetadas porque nos suponen catetos y nos hablan como a niños porque nos suponen niños. Yo hace tiempo que quería hablar del cine que emite Canal Sur, que gusta de Sisí o de westerns baratos que nos dejan a todos entre mucamitas y don Marcial Lafuente. Pero hay otro nivel, que va más allá incluso de los temas y la calidad de las películas. Es sólo un pequeño detalle, pero revelador y definitorio como comerse siempre la última croqueta. Me di cuenta al encontrarme el otro día con la pésima Catwoman, con Halle Berry desaprovechada como superheroína o rana nocturna. Sí, hay otro nivel en el que Can al Sur nos coloca, y es el de cierto hortera de videoclub que no quiere películas con “rayas negras”, raza hermana de esa otra de los dueños de bares que en sus orondos televisores panorámicos aplastan a los futbolistas en 16:9 por amortizar la inversión. Halle Berry brincaba llenando toda la pantalla y sus saltos mareaban el doble porque el formato original, el estrechísimo y cinematográfico 2,35:1, lo habían recortado a 4:3 para ofrecernos cabezones y la mitad de cada plano. No vaya a ser que a los horteras de videoclub que somos los andaluces nos dé por cambiar de canal al ver tanto ancho de televisión malgastado. Ya saben, nuestra ansia de gente eternamente rebañadora...

18 de junio de 2007

Somos Zapping 17/06/2007

30 años. Un poco harto de Pablo Abraira y de otros señores con el bigote de luto o de hippie ha acabado uno esta semana de efemérides. La Transición es algo así como nuestra Pasión con megáfonos y por eso los reportajes que se le dedican se parecen cada vez más a las películas de Semana Santa. No sé si se empeñan tanto en recordar aquella libertad ganada por si así se nos olvida que hay que seguir ganándola; en mostrarnos esto que llamamos democracia como una cima a la que se llegó un día de merienda por si así dejamos de buscarle fallos y lascas; no sé, en fin, si no será sólo ese afán tan político de que consideremos todo hecho, todo alcanzado, y nos sentemos en el sillón a recordar junto a la gramola. El milagro, el consenso, la Transición “modélica” según nos decían, una vez más, por ejemplo en Andalucía directo, antes de que tres gaditanos evocaran aquel 15-J con fotos de miedo y de pantalones de campana. No se termina de tragar uno la hagiografía de la Transición. Nadie se corta la cabeza deportivamente sin más y si la Dictadura se disolvió fue porque aquellos procuradores que votaron la reforma política ya sabían que iban a mantenerse las mismas élites del poder, pero esta vez con una Europa que se nos abría, y así los hemos visto luego, en esta democracia llena de conversos y franquistas dados la vuelta como su abrigo. En Canal Sur, en Los reporteros, eligieron la figura de Suárez como macguffin y lo pudimos ver jurando “fidelidad a los principios del Movimiento Nacional” ante un crucifijo como un cóndor. Muchos palos repartiría luego Suárez en Andalucía, cuando tan ingenuamente pedíamos la autonomía, pero en el reportaje aparecía santificado y padrecito. 30 años, pero todavía nuestra salud y madurez democráticas son enclenques. Aún no nos ha dejado el franquismo sociológico (recuerden esas encuestas recientes en las que la gente todavía excusaba al dictador). Yo no celebraría tanto algo que uno ve a medio cocer. Pero para los que gusten de pasteles y teteras viejas, ahí ha quedado esta semana de televisión en blanco y negro.

Academicismo de lo malo. Cuéntame cómo pasó tenía al principio la gracia de volver a ver las cocinas de formica, pero pronto me aburrieron sus guiones y sus sopitas. Acabó en su parodia y sólo la modesta sensualidad de Ana Duato me llevaba de vez en cuando a mantenerla en pantalla algunos segundos. En cuanto a las comedias, Siete vidas y Aquí no hay quien viva fueron un alarde de imaginación y una celebración coral del humor. Poco más se puede decir de la “producción propia” de la televisión en España. Para el goce y la reconciliación con la caja tonta sólo me quedan los americanos: House, que me ha curado con cinismo la hipocondria, o Futurama, que es como Los Simpson pero con los guionistas fumados. En las series españolas, hace tiempo que el triunfo equivale a la vulgaridad, desde la cursi y plasticosa Mary Poppins de Ana Obregón a las tramas con incestos y jamones de Los Serrano. Pero entre lo malo, la Academia de Televisión, dirigida por el arrimista Manuel Campo Vidal, ha elegido para su premio a lo peor: Arrayán, culebrón abominable de una Andalucía que se sueña oficinista y aeroportuaria, falsa como era la Colombia llena de cócteles que salía en Betty la fea; folletín espejado al gusto del régimen con las clases medias felices y ocupadas en los cuernos y en el jefe, con hospitales del SAS ajardinados, con expositores de ordenadores apestando a cristasol; largo engendro o llorera o pasacalles marujón con los guiones bizcos, temblones y propaganderos. Esta bazofia amacetada se ha llevado el premio a la “serie 10”, Rafael Camacho lo celebraba en Canal Sur como revolcándose en su avilantez y todavía este academicismo de lo malo se atrevía a pedir dignidad para la la televisión...

La Alhambra en el desfiladero. No vamos a entrar en lo de la Alhambra metida en el juego de la oca de las nuevas Siete Maravillas del mundo. Pero presten atención a esta frase de Carmen Calvo durante su speech en el Instituto Cervantes de Madrid, que sacó el informativo de Canal Sur: “La Alhambra no está puesta en ningún desfiladero del que pueda salir ni ganadora ni vencedora” (sic). Gloria a la ministra de lengua y cerebro tan floreados como su armario.

12 de junio de 2007

Somos Zapping 10/06/2007

Rompiendo clichés. Afilando la ironía se llega al cinismo, que a veces puede tener elegancia, o al recochineo, que es su versión sin guantes y la preferida por Canal Sur. Hemos hablado ya de Andalucía es su nombre, esa serie de pretensiones bíblicas que incluso huele como aquellos librillos de Historia Sagrada de antaño, a mártires fritos y a parchís de Dios. Invariablemente, sus episodios nos conducen a través de cautiverios, afrentas, luchas de nuestro pueblo siempre agónico pero esperanzado, en lo que parecen escenas contra egipcios o paganos, hasta que culminan en la felicidad, en la Tierra Prometida, en la actual Autonomía que nos salva y nos redime. Pues ya ven, todo este Evangelio tan bien preparado por guionistas del régimen y tan bien contado por una voz femenina en off que se va graduando desde la lastimita hasta el hosanna; todo esto, para quedarse en puro y doloroso recochineo. Sí, porque sobre imágenes de películas de los 50, de los jamones de Morena clara, de las gitanitas con su ozú y sus amores de reja, de los andaluces de cante y sol, el programa se quejaba del “costumbrismo falso y superficial” de esa imagen nuestra. En Canal Sur, que nos emborracha de lo mismo con sus ferias, romerías, tablaíllos; que hace altares con las sillas de enea, los potajes del folclore, la salud del vinazo y las gracias de los chistosos y los jarones; en Canal Sur, yeguada del tópico, escuela de autocomplacencia gazpachera, mercería de lo rancio, Santa Cena podrida con Los del Río o María del Monte oficiando, meneo eterno de culos alegres e indolentes a la gloria de la esencia patria; en Canal Sur, indecente recochineo, se pedía dignidad ante una imagen que ellos alimentan cada día. Afortunadamente, decían luego, Andalucía ya rompe clichés. O eso les parece porque ahora nuestro cine no es de tonadilleras, sino de quinquilleros, y nuestra mujeres no hacen chistes fregando, sino que sufren y luchan como las protagonista de Solas. ¿No es esperanzador?

Una de piratas. El pirata es romántico y seductor como todos los ladrones canallas y a lo mejor la Junta y hasta Carmen Calvo se han dejado camelar por las barbas sucias y los besos de ron que saben a lujuria y a desdén. Los barcos de Odyssey se han llevado la plata y han dejado suspiros, o sea que han cumplido bien con la leyenda. El programa Los reporteros nos contaba el caso y, ni aun siendo en Canal Sur, la Administración podía evitar quedar torpe y tonta como esos capitanes que persiguen al pirata cuando el pirata es el bueno de la peli. Primero, los barcos de Odyssey “aparecen y desaparecen sin permisos, aprovechando una disputa de la competencias entre las administraciones central y autonómica”. Luego, resuelto el conflicto a favor de la Junta, admitía el reportaje que “la lentitud burocrática ha podido beneficiar a los cazatesoros”. Y tanto. Un portavoz de los ecologistas se quejaba de que no paraban “de mandar documentación” a la Junta, de decirles “oye, que están ahí”, a lo que la Junta respondía que no pasaba nada porque “no tenían permiso”. ¿Cómo van a llevarse el tesoro si no tienen permiso y además no conocen a ningún cuñado de un consejero ni a un hermano de Chaves ni nada? ¿Es que no saben los piratas cómo funciona Andalucía? Engañada, patética y hasta un poco enamoriscada todavía parecía Carmen Calvo explicando luego en el parlamento que un tal James Goold (a ella le sonó como a Sherlock Holmes) va a litigar en Florida por el honor mancillado del Reino de España (en cosas de piratas, lo de Reino queda aún más espadachín). Con los capitanes idiotas detrás, los piratas caen aún más simpáticos.

Fracaso con PDA. Lo veo ahora en Youtube y resulta más propio, con más espíritu segundomodernizador, que en la antigualla de la tele. Andalucía Directo emitía un reportaje sobre un colegio de Málaga donde controlan las faltas con una PDA y se las mandan por SMS a los padres. Perfecto ejemplo de la filosofía de nuestros gobernantes: inversiones en gadgets llamativos, en marcianitos que hacen ruido, en propaganda que los ioniza, mientras lo fundamental, el hundimiento de la educación pública, se ignora o se permite. Nada, la culpa de este fracaso seguro que es de Windows, que se cuelga mucho.

Más información:
Vídeo del reportaje en Andalucía Directo
Página del Proyecto E-valúa

3 de junio de 2007

Somos Zapping 03/06/2007

Los caras de Bélmez. Los espíritus en camisón, los fantasmas con insomnio, el más allá que forma sus campamentos y buhardillas con lo oscuro. Hay que tomarlos en serio, sí, pues son nada menos que la superstición fundamental que arrastra aún el ser humano. Michel Onfray, que anda ahora escribiendo la contrahistoria de la filosofía, diría que es culpa de Platón y de toda la corriente idealista del pensamiento que venció gracias al cristianismo. La mentira de la dualidad materia / espíritu, el gran error que posibilitó el imperio de las religiones, que condenó al hombre a vivir aterrado por lo inexistente y que todavía da para un mercadillo donde investigadores de sucesos para anormales, estafadores, magufos y pardillos se mezclan en un ponzoñoso caldero. Las caras de Bélmez, humedades y dedos que atacaron por igual las paredes y la inteligencia, vuelven a la actualidad con el libro que han escrito Javier Cavanilles y Francisco Máñez (Los caras de Bélmez) y que destapa ese fraude entre albañil y escolar. Ya conocíamos las investigaciones y los informes, que no dejan lugar para la duda al menos para una mente sana (en quiénes son los responsables del fraude, en eso ya no entro). Pero por si acaso, el programa En antena nos regaló la demostración de la fuerza, el rigor, el nivel de las pruebas y argumentaciones que manejan la tribu de pseudobrujos o infracientíficos del repelús que aún defienden el timo de las teleplastias. Con sensores, cazamariposas y sirenas para los fantasmas de la casa, sus pruebas eran apagar la luz y que una señora afirmara haber visto el espectro de su suegra materializado en una zapatilla, más el inexplicable misterio de que un programa de Windows petara de repente (!). Sobrecogidos quedaron los “investigadores” por la “evidencia” y sobrecogido quedé yo al comprobar una vez más que la estupidez humana no tiene límites. Cómo no, el cada vez más ameno, puñetero y saludable Sé lo que hicisteis no pudo evitar armar un sonoro cachondeo a costa de este espiritismo ridículo. Quizá se pregunten ustedes qué es preferible, reconocerse idiotas o estafadores. Pues sepan que el pleno del Ayuntamiento de Bélmez ha acordado por unanimidad demandar a los autores del libro.

Más información:
www.loscarasdebelmez.com
Artículo sobre las caras de Bélmez en ARP

Estrellas malayas. El caso Malaya no va a devolvernos la inocencia, ni a limpiar nuestro dinero ni nuestra política. Pero sí va a conseguir lanzar al estrellato a sus delincuentes, presuntos, testaferros, cónyuges y aguantapalanganas. Ser malayo ya es una profesión muy cotizada gracias a la impudicia de la televisión basura. Entre el encamamiento con maromo o con pilingui y el blanqueo de dinero, la segunda opción cada vez es un camino más directo y menos sucio para brillar en los platós y cobrar. Ya vimos que a Isabel Pantoja el paso por el calabozo la ha convertido en una virgen apuñalada con más sangre en los claveles, más lágrimas en el mantón, más caché y más agenda, pero ella ya era artista a su doloroso modo bastante antes. Mayte Zaldívar, sin embargo, ha encontrado ahora algo así como la fama de los estranguladores pero con remuneración. Todo un teatro de la ópera le montó Antena 3 a la ex de Julián Muñoz para su ego y su bolsillo, en una entrevista en la que parecía Sara Montiel desfajada. María Patiño, esa mujer que está siempre como peleada con su insignificancia y con sus peines, se diría que más que ponerla en un aprieto la acompañaba hasta un trono de relevancia y autosatisfacción. Delincuentes coronados. Los mangantes y la tele del asco tienen un nuevo filón.

Muertos. La pinacoteca de los muertos, la alcoba de las calaveras, todo lo que da para comer un cadáver como una gran pescado. A Rocío Jurado le hacían un homenaje en Canal Sur por el aniversario de su muerte, un homenaje como con las galletas del velatorio, aprovechado, repetido, no sé, deprimente. La audiencia que tienen los muertos, lo que duran como su olor a cenicero... No, no era como lo de Jorge Javier Vázquez, que hablaba de las reglas y masturbaciones de La Más Grande en Hormigas blancas. Pero aun así, ese velo de muerto otra vez, ese duelo como exhibición, casi obsceno, como un canibalismo ante los focos. Homenaje sentido, hagiográfico, santificador, sí, pero yo no lo soportaba. Cuánta gente viviendo de los muertos...