20 de septiembre de 2010

Somos Zapping: Yo soy Beethoven (30/08/2010)

Vuelta sostenible. Ay, a quién se le ocurre hacer alardes eléctricos en el agosto sevillano, donde toda la energía va al fresquito en el sofá... Pero a mí me parece que el apagón durante la presentación de la Vuelta se debió a otra cosa, y me explico. Me entero en los informativos de Canal Sur, por boca del mismo director de la ronda española, Javier Guillén, de que han conseguido “hilar tres patas (?) fundamentales: sostenibilidad, seguridad y espectáculo”. Conociendo cómo le gusta al ayuntamiento sevillano el pavoneo sostenible, seguro que Monteseirín se ofreció a proporcionar toda la energía necesaria para el evento pedaleando él mismo en una bicicleta con dinamo. Aquello era un espectáculo, como quería la organización, pero claro, no pudo aguantar mucho. En fin, bromas aparte, ellos han aprendido a tener cuidado al enchufar cosas en Sevilla y los demás hemos aprendido que en esta era de bobería progre una vuelta ciclista se puede hacer sostenible. Debía de ser que hasta este momento las bicicletas eran atómicas. No sé si los coches de los equipos irán ahora tirados por caballos y los guardias civiles en cestitas de las mismas bicicletas, como hermanitas pequeñas... Uno creía que la sostenibilidad de las bicicletas se debía más bien a la conservación del momento angular, pero ya ven. ¿Qué será eso de una Vuelta sostenible? Nos lo tendrían que explicar en Tecnópolis, donde ya lo hicieron con los bañistas o los tomates. En Tecnópolis, siempre que hablan de sostenibilidad sale una bici, un burro, un botijo, una siesta o una talega. A ver si con estas pistas logramos alguna vez entender el concepto...


Ombligos musicales. No me canso de admirar las madrugadas musicales de Canal Sur. Pocas veces puede uno encontrarse, como allí, a una violinista jovencita con gorrita, top y shorts, con el ombliguito al aire. Es que era una pieza para violín y piano, sin palmeros, sin quejidos folclóricos y sin caballos bailarines, así que supongo que pensaron que algo habría que hacer para animar al telespectador andaluz. Otro día le tocará salir vestida de jugadora de voleibol, de animadora o de majorette. Aquí no puede ponerse música seria sin más, que el andaluz se asusta o se aburre. Afortunadamente, el infrapianista Manolo Carrasco, que, cómo no, apareció luego, no exhibió el ombligo, aunque sí ombliguismo, o más bien una impresionante cara dura. “Manolo Carrasco: Sueños de España”, de esta manera rotularon la pieza que iba a tocar, así que me preparé para otra de sus horrorosas composiciones de escalitas y mordentes. Pero lo que sonó fue un recosido de Sevilla y de Asturias, de la Suite Española de Albéniz. Anda, qué chulo, apropiándose de la música de Albéniz... Y ni siquiera le puso batería, en plan Luis Cobos. Así también compongo yo. Este pianista con serón podría haber tocado la sonata Patética de Beethoven y rotular “Manolo Carrasco: Autorretrato”. Hay que tener morro. Sin duda asumió que, total, quién iba a reconocer a Albéniz entre la audiencia de Canal Sur, así que por qué no hacer suyas esas famosas piezas... ¿No cree la gente que la Novena de Beethoven es de Miguel Ríos? Claro que seguramente pronto creerán que es de Manolo Carrasco, de eso ya se encargará Canal Sur. Por si acaso, me adelanto y digo aquí que la compuse yo. Y me quedo tan ancho como él.


Overused. Nos animaba Tecnópolis a visitar Itálica (para “despertar nuestro espíritu imperial”, nada menos) y nos indicaba la página web que podíamos consultar para “propuestas de recorridos, historia, anécdotas y otras actividades”. ¿Saben cuál era la página? Pues ésta: www.juntadeandalucia.es. Eso se llama ser concretos. Busquen ustedes lo de Itálica allí, entre la morterada de consejerías, organismos y noticias autobombásticas, a ver si son capaces de encontrarlo. Pero claro, la intención era otra, decirnos que aquí todos los caminos conducen a la Junta o, entendido con más perspicacia, que Canal Sur siempre encuentra una excusa para llevarnos a los dominios de sus dueños y a su entorno de propaganda, en el que esta vez la palabra “web” (telaraña) define como nunca sus pretensiones. En cualquier caso, una publicidad forzada, babosa y ridícula. A propósito, como simpática curiosidad, si en vez de la dirección oficial tecleamos www.juntadeandalucia.com, veremos que el navegador nos muestra este mensaje sabio y profético: “This account has been suspended. Either the domain has been overused, or the reseller ran out of resources”. O sea, que la cuenta ha sido suspendida porque ese dominio se ha usado en exceso o se han quedado sin recursos. Creo que nunca había encontrado tan perfecta descripción, casi un bello epitafio, para la Junta de Andalucía.

Los días persiguiéndose: Cambio de equipo (24/08/2010)

Estaban los balones y los gatos, las niñas y el chocolate, y con eso íbamos aprendiendo la vida, el dolor, la sangre, la felicidad, la amistad y el fracaso, como grumetes. Me he recordado rematando de cabeza contra las casetas de la playa, con un sol metido en aceite como el de este verano, o con el picor en la cara de esos balones de curtis; me he acordado de esas explanadas en las que los golfillos te podían quitar la pelota o la novia, o en cómo se llevaban los tendederos y los tejados el primer balón de reglamento, con esa sensación de que uno había perdido para siempre un anillo hasta que la vecina o el más ágil de los amigos lo devolvía y lo recibíamos gritando como balleneros. Así aprendíamos la pérdida, la esperanza, la rabia, el compañerismo. Existía el fútbol en los cromos y la televisión en blanco y negro, pero aquel charco, aquella cartera que hacía de poste, aquellas macetas rotas, aquellos chiquillos churretosos y aquella chiquilla con trenca que miraba, eran el fútbol de verdad, la vida.

Ortega teorizó que el Estado tiene un origen deportivo y Manuel Vicent definió una vez a España como “un partido de fútbol”. Ay, el fútbol... Hace poco leí un largo y esdrujulísimo artículo de Sánchez Ferlosio en el que, a cuenta del triunfo mundialista, despreciaba el deporte con demasiados griegos y mala baba para lo que merecía la cosa. Me sorprendió que alguien tan culto ignorara sin más la importancia de la figura del héroe en la historia humana, y aún más, que sin el homo ludens nuestra cultura no habría sido posible. El juego y el deporte son seguramente nuestra primera socialización en unas reglas comunes, nos preparan nada menos que para aceptar una Ley. Quizá no tanto en Occidente, pero en Oriente, además, la dimensión iniciática de la actividad física (en sus artes marciales, por ejemplo) la convierten en un método de disciplinamiento cuya finalidad va más lejos, hacia lo mental y lo espiritual, hacia la moral y la filosofía. Claro que todo esto que es aprendizaje de vida, entrenamiento de la voluntad o vía de superación, también puede ser horda, negocio y vanidad. Es cierto, Cristiano Ronaldo no es un samurái, ni los ultras son monjes budistas. Pero el deporte no es despreciable ni embrutece por sí, sólo cuando se convierte en hinchada, fanatismo, proyección de glorias, frustraciones o esencias, y ese monstruo lo usurpa todo.

Creo que en política pasa lo mismo. También se ha hecho compraventa e hinchada. Parece que el intelectual de butaca tiene que odiar la política como el deporte, pero lo que hay que odiar es que su espíritu primigenio, que en un caso es gobernar el propio cuerpo y en el otro gobernar la sociedad, se ha pervertido. Sí, los partidos políticos son negocio, y sus votantes, fanáticos. Viendo estos enfrentamientos de pretemporada pensé que yo fui primero del Betis porque me parecía que tenía los colores de mi barrio, y luego del Real Madrid por mi padre o por aquella maravillosa Quinta del Buitre. Ya, después, me fue volviendo tibio la suciedad o la vulgaridad que rodeaban al fútbol. Ahora, me está reconquistando el Barcelona, que juega como en mis sueños de chiquillo. Me estoy planteando cambiar de equipo. Mi Madrid lleno de figurines vagos, vividores, cansados, opulentos e incapaces ya no me da belleza ni esperanza. ¿Se imaginan eso en política, aquí, en Andalucía? Cambiar de partido, de voto, sin tragedia, sólo porque el otro aburre, asquea, fracasa y encima presume. Ahora sé que me gusta el fútbol porque puedo cambiar de equipo, o mejor, porque no me importa el equipo, sino su juego. Quizá recuperemos la política cuando el ciudadano pueda hacer lo mismo ante las urnas sin sentir que traiciona a su dios o a su infancia.

Somos Zapping: Todos los pantalones del presidente (23/08/2010)

Acentos e insultos. Hablamos mucho del “nivelito” del PSOE andaluz (ya saben, Luis Pizarro, Rafael Velasco, Mario Jiménez...), pero anda que cuando a los de PP les da por ponerse chorras y bocazas, no les van a la zaga... Ahora ha sido Juan Soler, un tipo capaz de argumentar sobre la idoneidad de los candidatos según su acento, observen la idiotez. Por lo visto, Madrid requiere unos purismos muy específicos de sangre, raza y pronunciación, y esta idea enfermiza es la que me parece inaceptable, no el “insulto a Andalucía” que yo no aprecio (si Trinidad Jiménez tuviera acento gallego, el argumento de Soler habría sido el mismo). Curioso resultó, sin embargo, que los informativos de Canal Sur colocaran la noticia del resbalón de meninges de este Soler justo después de la de la polémica visita de Aznar a Melilla, tan “desleal”, con lo que conformaron todo un bloque acerca del PP metepatas, muy bien traído y conveniente. Un poquito del viejo tufo de las Azores con otro poquito del PP faltón con Andalucía, y la cosa quedó redonda. Lo malo es que una vez que uno se mete en un combate de estupideces, el asunto sólo puede ir a peor. Después de lo del “insulto a Andalucía” gritado a coro por todo el PSOE andaluz, nos enseñaron a Luis Pizarro para que exhibiera su contraargumento, más o menos del mismo nivel de indigencia intelectual que el de Soler: “El señor Arenas no sabe defender a Andalucía, nunca ha defendido a Andalucía”. Pues nada, ellos se quedan compitiendo por decir la mayor chorrada, y nosotros nos quedamos de nuevo abochornados ante unos políticos cuyos cerebros sólo eructan.


Esplendor en el barro. Si los políticos no nos dan argumentos ni ideas, sí, en cambio, nos suelen dejar de vez en cuando certeras metáforas e imágenes en las que se retratan mejor que en los discursos. Eso pensé al ver en las noticias de Canal Sur a Griñán, metido en el barro de las inundaciones de estos días con su pantaloncito claro y sus zapatos de vestir, como una marquesona visitando una inclusa. Podríamos teorizar mucho sobre el alejamiento de la política con la realidad, sobre la impostura de su mundo perfecto, sobre el endomingamiento de sus maneras o el lujo de sus burocracias, pero ese Griñán vestido con pantalón claro, de un tan elegante como inadecuado color crema, para pasear entre el cieno, lo dice todo mucho mejor. ¿Cómo va a enfrentarse a los verdaderos y duros problemas de esta tierra alguien con tan poca vista que va de claro para meterse en barro? Parecía Paris Hilton en ese programa que la ponía a trabajar en una granja para que nos riéramos de sus grititos, asquitos y melindres.


Artistas cotidianos. Esta semana hemos abundando en el conocimiento de ese singular Hijo de la Paquita, el que anunciaba su disco con la recia voz de un actor que intimaba con nosotros confesando que “sus letras hablan de ti y de mí” y nos aclaraba que “triunfó como autor y ahora triunfa como artista”. Por el programa Top Fiesta, nos enteramos de que a este prodigio le debemos, entre otras glorias, El baile del gorila de Melody. “Otro artista de aquí, de Andalucía”, pregonaban en el programa. Sí, qué artistazo... Ni los del Conservatorio de París. Pero seguro que en París no salen artistas que digan de sus canciones que son “historias que le pasan a cualquier persona cotidiana”, como éste. Eso de ser “persona cotidiana” es algo que valoramos mucho aquí. Por cierto, para cotidiano, Manolo Carrasco, ese pianista de pega al que me encuentro invariablemente una y otra vez en las madrugadas de Canal Sur, pellizcando su piano y nuestra sensibilidad musical con gran dolor para ambos. ¿Qué clase de enchufe tiene este hombre en Canal Sur? Seguro que le crearon una plaza a medida, de las que las administraciones de aquí saben tanto: “Pianista malo con pésimo gusto y que toque como un caballo o alrededor de caballos”. Será por eso que no vemos nunca en Canal Sur a pianistas de verdad, que los hay en Andalucía, auténticos concertistas y no mozos de cuadra de la música. Pero aquí cualquiera es artista, menos el que lo es realmente.


Super palmero. También lo vi en Top Fiesta, y es una pena que sea guiri, porque es el palmero más rápido del mundo, con record Guiness y todo. La carrera que haría en la Junta o en Canal Sur un palmero tan entusiasta, veloz y entregado a su tarea... Sería perfecto para ir acompañando a Griñán, o para rematar las crónicas desde la Casa Rosa o San Telmo en los informativos. O para sustituir a Pablo Carrasco, claro...

Los días persiguiéndose: Nuevo PSOE (17/08/2010)

No sé si la teoría de las generaciones de Ortega sirve para el PSOE andaluz, que es un partido parmenidiano, o sea lo Uno inamovible, inmutable, eterno y perfecto. Todos hemos visto venir a sucesivas juventudes con sus nuevos pelos, intereses o desintereses, rebeldías o incivilidades, tomando su lugar en el mundo, y nos dábamos cuenta de que ya no eran como nosotros. Mi generación (yo nací en 1970) es hija de un franquismo decadente que apenas nos rozó en el parvulito, una generación que vivió la transición sin entenderla, sólo por la agitación de los padres y los carteles de las calles, y ya se encontró creciendo en la Democracia. Yo no sabía muy bien con 9 ó 10 años qué era eso de la Democracia, pero sí me parecía que era algo que nos habían regalado, algo que habían conseguido para nosotros otros que lucharon durante aquella cosa que hubo antes y que para mí, entonces, sólo era un recuerdo de libros o tebeos con moros, banderas, alcázares y jesusitos. Quiero decir que la juventud ya me espanta con sus pantalones cagados, su música y su deseducación, como ocurre siempre a cierta edad, y tomo conciencia de mi generación, de mi diferencia con ellos. Sin embargo, ver en el PSOE andaluz a Luis Pizarro o ver a Rafael Velasco no nos deja diferencia alguna. Ese derrocamiento de modas y actitudes, esa conciencia de participar de otra herencia histórica, de otros presupuestos teóricos fabricados por reacción a los viejos, que es lo que hace que una generación sustituya a la anterior, no ha ocurrido en el PSOE andaluz. No ha habido en este PSOE ningún cambio generacional, sólo la llegada de unos cachorros que imitan en todo a los padres, en vez de matarlos freudianamente.

Desde el PP han pronosticado ya unas primarias entre Griñán y Moreno, aunque no sé los conocimientos que tiene el PP sobre elecciones primarias, ellos que nunca han celebrado unas. Pero no es ese vaticinio lo que me importa. Lo que yo pretendo negar es que esa lucha, que llegará o no, sea la de un viejo PSOE contra un nuevo PSOE. Ya con Chaves se hablaba de Moreno como futuro de un PSOE andaluz remodelado, refrescado, pero a mí me parecía sólo photoshop, una manera de buscar una nueva portada para el mismo libro. Que esté ahora Griñán por Chaves es lo de menos. La dicotomía entre el viejo padraco y la joven meritoria sigue siendo igual de falsa. Mar Moreno no ha demostrado ser diferente a sus mentores, usa sus mismas tácticas y argumentarios y, si llega a la cima, será otro interregno en un PSOE andaluz que aún no se da cuenta de que si no cambia en profundidad, en esencia y en método, contemplará su muerte entre orinales. ¿Dónde está el nuevo socialismo en Andalucía? Pues yo lo he visto a veces, en gente que ha salido triste y hasta avergonzada de sus congresos búlgaros, gente que aún me habla de una Democracia de ciudadanos críticos, informados y participativos, gente que no entiende que al partido rival se le intente expulsar sin más del sistema. Sí, algunos hay, todavía escondidos. Son el futuro de la socialdemocracia en Andalucía, pero seguramente no los veremos hasta que éstos de ahora se descalabren. Entonces puede que surja otro PSOE que no patrimonialice Andalucía, que se proponga como gobierno y no como dueño, que no se crea con el derecho eterno al poder, que acepte el juego democrático del debate de las ideas y las soluciones, que no trate al rival político como a un usurpador, que levante esta tierra en vez de amodorrarla, que haga cosas en vez de tapar bocas, que convenza al pueblo en vez de malcomprarlo. Esto no vendrá ni con Griñán ni con Moreno. No se crean ese pugilato que no existe. Al nuevo PSOE andaluz todavía no le hemos visto la cara.

Somos Zapping: Mentes brillantes, cultura de calamar (16/08/2010)

La capitalidad del pulpo. Ya sabíamos que aquí la cultura es un plato único de folclore y piedras morunas, y que no hay más. Se quejaba con razón el otro día Eva Díaz Pérez de la sistemática labor de demolición que está llevando a cabo Paulino Plata desde su Consejería, reducida a una agencia de animación turística para guiris. Pues todavía diría yo que la cosa puede ser peor. El viernes, sin ir más lejos, las noticias de Canal Sur nos presentaban la feria agosteña de Málaga dejando este soberano susto que aún estoy intentando procesar: la cámara enfocó un gran muñecote del pulpo Paul con los colores de España y Málaga y la Copa del Mundo entre sus tentáculos, colocado por lo visto en un lugar preeminente de la feria, mientras el locutor nos aclaraba que “un anfitrión muy especial, el pulpo Paul, promociona la candidatura de Málaga a la capitalidad cultural europea en 2016”. ¡La capitalidad cultural europea reclamada y promocionada mediante el pulpo Paul! Seguro que descartaron poner a una muñeca chochona por ser demasiado elitista. Nada, sin complejos, apostemos por la estupidez, que sin duda también es cultura, y así nadie nos ganará. Que luzcan otros orquestas y pinacotecas, porque aquí, donde hemos asumido como único tesoro las pasiones raciales de la masa y sus iconos callejeros, somos tan chulos que pedimos abanderar la cultura europea con este pulpo de marras, no sé si acompañado de Manolo el del bombo. Por el nivelito que estamos viendo, la oferta cultural de Málaga para esa capitalidad consistirá en futbolín, espectáculos de monster trucks, concentraciones de tuning y, como cumbre, a lo mejor Bisbal, que también tiene canción mundialista. Puede que en Europa nos tomen por imbéciles, pero eso será porque aún no han aceptado la decadencia de la cultura del Viejo Continente, rendida a los gustos y supersticiones de la plebe. En Málaga ya lo han asimilado e institucionalizado, poniendo al pulpo Paul a simbolizar con orgullo toda nuestra hambre de cultura y toda nuestra inteligencia de calamar.


Talento. Canal Sur sigue buscándole al andaluz su futuro como pequeño ruiseñor o guapa zarzamora, que es el futuro que le corresponde, claro. Se llama copla, Mi primer olé, todos esos programas para artistas sin escuela que salvan a camareros y a peluqueritas llevándolos al escenario, ese sueño andaluz que sigue igual que en las películas de los 50, época que aún nos deja su estética, su armario y su épica de pobre. Esta semana he descubierto que en La tarde aquí y ahora también tienen un concursito de éstos. Se busca talento se llama la sección, para la que han recuperado entrañables categorías musicales como “canción ligera” (¿se acuerdan de Gente joven?). Sé que, al menos, hay otra categoría, “fandango”, pero no sé si también tienen “bailes regionales”. Vi, en fin, a unos chavales de gusto bastante distraído cantar por Luis Miguel o Francisco con fondo de organillo, actuaciones de un patetismo sólo igualado por el hecho de que en el jurado estuvieran Las Seventies, esas mujeres unísonas que hacen que Las Grecas parezcan un dúo de Elisabeth Schwarzkopf y Christa Ludwig. La verdad, el talento no sé si lo buscan, pero no lo encuentran, o no saben qué es. Por eso me fascinó la simpatiquísima ironía de un anuncio que vi luego en Canal Sur, el de un curioso Primer Congreso de Mentes Brillantes (¡en la Málaga del pulpo Paul!) patrocinado, entre otros, por la Junta y la RTVA. Pensé que lo de la Junta y la RTVA buscando, promoviendo o evaluando “mentes brillantes” venía a ser como lo de Las Seventies en el concursito musical. A saber qué saldrá de ese congreso, si toman como patrones de mentes brillantes a Chaves o al Linterna, un poner.


Estrellas fugaces. Hablaban de las Perseidas en las noticias de Canal Sur y supe que alguna burrada o chorrada soltarían. “Que caen las estrellas”, así explicaba un chiquillo el fenómeno. Ciencia suficiente para Canal Sur, desde luego, pero aún quiso mejorarlo el reportero: “Hay que pedir un deseo cada vez que veamos una estrella fugaz. Imaginamos que este año los deseos serán que haya menos paro y menos crisis”. Ya que nuestros gobernantes no hacen nada, pidamos a las estrellas. Si es que el que no encuentra soluciones es porque no quiere. Luego pareció que iban a explicar de verdad qué son esas estrellas fugaces, pero la respuesta del astrónomo quedó cercenada al editarla, dejando esta tontería: “Lo que vamos a ver es esa arena ardiendo dentro de la atmósfera”. ¿Pero qué arena? ¿La de la playa? No, la que forman pequeñas partículas de un cometa, pero eso no salió. En fin, qué más da. Lo importante es que las estrellas nos salven de la crisis, como Canal Sur nos salva de la angustia y la ignorancia.

11 de agosto de 2010

Los días persiguiéndose: Agosto (10/08/2010)

Esto es agosto, ahora llega una gorda a la playa, ahora se va una princesa extranjera sin que se le vea el culo, ahora un político se quita el cinturón como un padre, ahora una ministra se moja la melena en la Castellana, ahora me como una tortilla regresada del mar y del tiempo como los trilobites, ahora habrá primarias en Madrid como esos cinquillos que jugábamos en la orilla de chicos, bajo una caseta a rayas donde parecía que vivía un forzudo de circo, las filas de naipes que parecen alcaldes las mojábamos de arena y sandía y ganaba un espadón, un sol como una galleta o un rey con moñas, como ganarán los políticos sus cosas pisando a los doses y a las sotas o esperando que a los otros naipes o políticos se los lleve el levantazo o un perro en llamas en la boca. Esto es el verano, ahora oigo de lejos a los caballos que galopan como los candidatos a las municipales, sudando el color negro, respirando la velocidad, rápido antes de que se los coma la sal que los persigue, rápido como si esperaran novias prisioneras y moras, ahora uno del PSOE dice que es un lince, gato con máscara de gato, y no un elefante, el elefante hecho ya un taburete que te quiere vender un africano por las terrazas, ese cementerio de falsificaciones que nos traen los políticos con dientes de collares, ahora un castillo de conchas crece sobre mis pies como una infancia de Gaudí, ahora se desmaya una niña que traía piedrecitas y la sanan con cocacola y besos, ahora uno del PP se quiere quitar la derechona como un cangrejo del dedo, ahora hay una huelga que parará el cielo al quitar la mano, ahora el mundo se humedece la nuca como un galeote.

Esto es agosto, ahora los ricos hacen caridad por Marbella salvando pobres con sus banquetes, salvando niños con la cirugía de sus tetas, se hace uno más guapo salvando gente mientras se roza el cristal con el dinero, que suena a arpa, ahora Blas Infante muere otra vez acribillado como un indio de película, ahora se abandonan los puentes a medio hacer como el esqueleto de una locomotora, ahora los enchufados de la Junta buscan otra sombrilla, ahora las olas se hacen trenzas unas a otras, ahora una chica morena trae una selva con serpientes y esmeraldas, ahora los toros pasan descabalgados, con la sangre abanderada, con la muerte ahigada, con la luna rota desprendida de sus cuernos. Esto es el verano, ahora la política muerde a los tiburones, ahora una pared busca una salamandra, ahora una sombra se suicida desde el tejado, ahora la carne llena su copa, ahora los bancos se enamoran y se matan como herederos godos, ahora los héroes se desinflan en las hamacas, ahora las ambulancias se llevan a los cuerdos, ahora el mar me deja un anillo, ahora la luz engorda de leche. Esto es agosto, ahora suena la calle como una lavadora, ahora nos olvidan los partidos, ahora alguien llama a su madre, ahora una bicicleta vieja se escapa con mis tirachinas, ahora la economía se asfixia horriblemente como un buzo, ahora los tribunales duermen como traidores tras sus mosquiteras, ahora los bandidos roban las amantes a los soñadores, ahora un parado toca en la plaza un saxofón en el que beben los pájaros, ahora una nación se pone calzonas, ahora otra nación se las quita, ahora el sol deja rodada, ahora la noche se hace allí muy alto un cubata para ella sola, ahora se entierran las verdades, ahora se electrocutan las palmeras, ahora los muslos se ciegan, ahora un incendio llega hasta Dios.

Somos Zapping: Catetos, uñas, artistas y poetas (9/08/2010)

No exageremos. Le van dando jamones o pestiños de cada pueblo y ese cariño plebeyo que la gente corriente gasta con las princesitas, pero eso es algo que aquí ya conocemos bien. Al menos, el marido de Michelle Obama fue elegido democráticamente, y no por Dios o por un hada madrina de la historia, como en la monarquía. Y encima, sus vacaciones se las pagan ellos. Hay que decirlo de nuevo: no es Paris Hilton, es nada menos que la Emperatriz del mundo, y aun así insisto en que me parece más sobria y modesta que Carmen Lomana, a pesar de que ésta sólo tiene la gloria y el oficio de sus zapatos. ¿Es su visita a Marbella un acontecimiento noticiable? Ciertamente, sí. ¿Hay adulación? Quizá, pero teniendo en cuenta que nuestros pueblos y ayuntamientos se ponen babositos con la visita de Bisbal, Penélope Cruz o una infantita tejedora, tampoco tanto. Fue peor en Cádiz cuando Ismael Beiro ganó Gran Hermano. ¿Vuelve Mr. Marshall? Por una vez, es cierto que esta visita puede tener un beneficio numerable. Bastante más berlanguiano me pareció lo de Tom Cruise y Cameron Díaz por Sevilla y Cádiz (horrorosa y decididamente idiota, por cierto, esa película que me obligué a ver): Cádiz aparece como otra calle de Sevilla y a Sevilla, la verdad, no creo que vengan muchos extranjeros tras ver la cinta, pues pensarán que van a embestirlos los toros por las aceras. Más perverso me resulta que Canal Sur abra sus informativos con ventiscas o apuñalamientos o inauguraciones de Griñán, mientras la economía y la política se van al garete, que el que lo hagan con Michelle Obama de shopping. Somos más catetos y más aduladores y más ciegos en muchas otras ocasiones más delicadas y decisivas que en la visita de la señora Obama. Así que no exageremos.


De la gracia al estercolero. Era nuestra graciosa oficial, con su lengua de nudos y su sombra descuadernada, como la tata feúcha y simpática que hay en todas las familias. Tenía una gracia natural aunque un poco mojonera y una gramática como su cuerpo de guita, pero al menos no fingía ni pretendía ser otra cosa, no como ese Manu Sánchez que quiere ser un académico con serón. Ya escribí una vez que me daba pena que Paz Padilla hubiera pasado de graciosilla a huelebragas en ese programa, Sálvame, que hace de Telecinco un bidé con tamaño de piscina. Pero el otro día la vi alcanzar la cumbre, pues presentar ese programa masticando algo mientras continuaban los cotilleos de los bajos y a un tipo le cortaban las uñas de los pies en el plató, resulta ya una pocilga difícilmente igualable. Ahora sólo es graciosa de hurgar la narices o los culos de otros, y eso es acabar con su gracia, que la tenía, o emputecerla de la manera más triste y decadente posible. Ahora es sólo una payasa vendida al morbo y al estercolamiento televisivo nacional. Sí, me da mucha pena.


Cultura 1. Veo en Canal Sur el anuncio de un disco de alguien que no conozco, El hijo de la Paquita, como el hijo de una quiosquera. Dice el anuncio que “sus letras hablan de ti y de mí” y yo me desternillo al pensar que el disco cuenta las intimidades del actor que presta su voz a esta publicidad y del escuchante, como si estuvieran liados. Se trata además de un cantante que “triunfó como autor y ahora triunfa como artista”. Cabe preguntarse, claro, que si no era artista mientras era autor, qué clase de artista será ahora que canta sus letras. Segunda carcajada, pues. Si ya el anuncio se luce de esta manera, cómo será el disco. Cultura andaluza, dirían en Canal Sur. Y de qué nivel.


Cultura 2. Al otro lado de la cultura andaluza, veo en Tesis un reportaje hagiográfico y sobón sobre García Montero. La verdad, parecía Juan Ramón Jiménez. Sí, era más un reportaje sobre alguien ya muerto y con Nobel. Cuánto halago para su poesía, su prosa, sus artículos, su valiente compromiso social, con él allí presente, complacido. Hasta mandaron a unos chiquillos de instituto a pegar heroicos carteles como del oeste que ponían “poeta, se busca, LGM”. Se pasaron un poco para ser alguien que aún es capaz de escribir “motores rugientes” (Sonata triste para la luna de Granada). No es que sea mal poeta, pero tampoco es para tanto. Claro que tiene otros méritos. Sobre todo, su docilidad aquí con el poder. Yo hubiera puesto otro cartel: “Se busca poeta o intelectual no orgánico, no mantenido, no subvencionado, independiente y crítico. Imprescindible no haber participado en propaganda institucional alguna. Se valorará que no haya escrito jamás 'motores rugientes', 'café destartalado', 'calor abrasador' ni 'marco incomparable'”.

Los días persiguiéndose: La Revolución (3/08/2010)

Yo ya no sé qué es la Revolución, me parece que pasó la época de eso como la de las gorgueras. Pero el otro día hicieron la Revolución en una plaza de mi pueblo, así, como una barbacoa. Creo que fue una idea del CUT de Sánchez Gordillo, que quiere representar a los trabajadores o a los trasquilados pero yo pienso que sólo se representa a él mismo cabreado con un mundo que se le adelantó un siglo entero y lo dejó en las herrerías del novecentismo, las desmotadoras y los daguerrotipos. En realidad no había guillotinas ni bieldos en esta Revolución, sólo grupos de por aquí que iban a cantar su rock y su melancolía, y entre los que se colaba gente pidiendo vivas para Fidel Castro y otros estampados de su tradición. Vi los carteles rojos por las calles, en los que los nombres de estos grupos parecían de cosmonautas soviéticos, y yo, notando la energía y la convicción que le ponían a la cosa ya desde la tipografía, me acordé de ese Apocalipsis de cuatro que hacen en Así en el Cielo como en la Tierra, aquella genialidad de José Luis Cuerda. En la película, un mundo que ha dejado de creer en los mitos termina dando de guantazos a unas legiones celestiales que ya no significan nada, que ya no tienen ningún poder, y su Fin del Mundo apenas consigue traer a unos cuantos despistados. A esta izquierda le ha pasado lo mismo: el mundo ha dejado de creer en sus mitos y cuando se ponen a hacer la Revolución todos los salvados le caben en una plaza, que encima se puede confundir con un botellón. La Revolución de mi pueblo acabó, me cuentan, con todos borrachos o emporrados, que es algo que jode mucho al capital, por lo visto. Creo que les basta con eso. Igual que los góticos no esperan en realidad ni a Satán ni a un vampiro vestido de baile, sino que se conforman con la estética y con reunirse para intercambiarse anillos y tristezas, esta izquierda no espera al Socialismo Verdadero, sino motivos para camisetas y para compartir caladas.

No es que hayamos llegado al Fin de la Historia, esa ingenuidad de Fukuyama. Pero hay ciertas cosas que ya no tienen vuelta atrás, a menos que nos conquisten los bárbaros de ahora, los fanáticos religiosos medievalistas. No es posible negar que el Capitalismo tiene fallos. Pero el Socialismo tiene los mismos, mata la libertad y, encima, no funciona. Sí, digo los mismos fallos, porque esta izquierda revolucionaria aún sigue achacando el egoísmo y la injusticia al dinero, al capital, cuando estos males no pertenecen a un sistema económico u otro, sino a la naturaleza del hombre. Como dijo alguien que no recuerdo, no hay diferencia entre la lucha por el control de la propiedad privada y la lucha por el control del usufructo de la propiedad pública. En todos los sistemas se crean élites y burocracias de poder; ambiciones y abusos. Lo importante es qué mecanismos proporcionan uno y otro sistema para controlarlos, y qué grado de libertad individual otorgan. Yo, la verdad, prefiero esta democracia imperfecta, basada en los derechos de la persona y en la propiedad privada, antes que cualquier ortodoxia ideológica obligatoria que, aun con la excusa del bien común, acabe con la libertad y encima, como ha demostrado la historia, sólo genere miseria repartida.

Acabó el tiempo de las revoluciones como el de los ángeles. Hace falta, eso sí, una sociedad más crítica, inconformista y comprometida. Pero eso no necesita hogueras. Basta levantar la vista, la voz y el voto. Incluso se puede hacer una Revolución con guitarras en una plaza, entre amigos y porros, mientras no quieran traernos el Gulag. La verdadera revolución sería que nos sintiéramos ciudadanos libres, y no esclavos de mitos, siglas, ortodoxias ni gurús.

Somos Zapping: Sacar el sol de la cabeza (2/08/2010)

El candil. Crece el paro también durante el festival de los culos. En agosto, cantaremos mientras sirven nuestro propio cuerpo asado, igual que aquel cisne del Carmina Burana de Orff. Pero ya ven lo que dicen nuestros gobernantes: para el Consejero de Empleo, Manuel Recio, los datos del paro son “una excelente noticia” si los coges de cierta manera, al revés, con el papel hecho una pajarita o no sé cómo. Me pregunto qué habremos hecho para merecer estos políticos. En este verano, en fin, con toda esta luz que quema como una tortilla, yo también salgo con un candil a la manera de Diógenes Laercio, a buscar no un hombre esta vez, sino un político entre nuestros gobernantes tramposos o pamplinosos, y no lo encuentro. Encuentro hamaqueros y vendepeines, buceadores y posturitas, pero no un político. A Griñán me lo veo en las noticias de Canal Sur inaugurando “el primer invernadero sostenible”, sin que nadie me aclare qué es eso. Por lo visto un pimiento creciendo bajo maderos y plásticos era hasta ahora una cosa contaminante, radiactiva, un gran desagüe de mierda que se comía a la Madre Tierra, y, desde luego, algo muy facha y antisocial. Pero llega Griñán, desenchufa un ventilador o corta una cinta, y lo que antes sólo era crudo o natural ahora es “sostenible”. “Sostenible” no significa más que el pimiento o la brisa han sido bendecidos por estos políticos que sólo fabrican palabras, sin que nada cambie en realidad en la verdura ni en el campo ni en nuestra hambre. Antes teníamos sencillos tomates y bicicletas y chamizos, ahora tenemos alimentos y movilidad y turismo “sostenibles”, que son lo mismo pero pasados por su diccionario idiota. Si hay algo sostenible y sostenido en ellos, me parece que es la tontería, así que me alejo con mi candil y lo pongo ante Mar Moreno, a ver qué encuentro. Y me encuentro con que la portavoz y consejera, eterna delfina de este socialismo creyente únicamente en la bobería, valora así en La Nuestra la última encuesta que le da al PP andaluz 7 puntos de ventaja sobre el PSOE: “La gente sabe que el objetivo político de Javier Arenas no es que Andalucía salga de la crisis, sino salir él de la oposición; y yo creo que eso termina molestando a la gente...”. Ahí tenemos a quien decían futuro de su partido, reinventado la política. Ha descubierto que los partidos tienen como objetivo ganar elecciones, pero sólo en el PSOE puede ser eso legítimo. Ellos quieren ganar por Andalucía, pero los otros quieren ganar sólo para fastidiar y medrar. Lo que en ellos es desinteresado sacerdocio, en los otros es golosa ambición o sucia venganza. Además, ella sabe perfectamente lo que piensa “la gente”, pues la gente es la del PSOE y los demás no sé si sólo serán gentuza o qué. Ni siquiera se molestan en defender su gestión. Para qué. Basta con advertir de que la oposición quiere gobernar, dónde se ha visto eso. Ése es su nivelito político, en el que se complacen Griñán y sus ninis, el que demuestran en sus discursos el propio presidente, esta Mar Moreno o ese Rafael Velasco que me sigue pareciendo el político más nefasto que ha dado el PSOE andaluz desde Luis Pizarro, su espejo y padrino. Mejor apago el candil y desisto de buscar un político entre nuestros gobernantes. Habrá que buscarlos, digo yo, en otro sitio.


Sabios remedios. No sé si es una solución sólo para el golpe de calor o si podría serlo para toda esta crisis. Total, lo que han hecho hasta ahora nuestros mandamases creo que está a la misma altura que este remedio que nos descubrió Andalucía directo en su afán didáctico, explorador, innovador y curativo. En El Arahal saben desde hace mucho, por lo visto, cómo luchar contra las insolaciones, así que un equipo del programa se fue hasta allí para demostrarnos que hay soluciones sencillas al sofoco y al agobio de este verano o de este pueblo. La cosa es muy simple. Consiste en colocarse en la cabeza un vaso con agua, bocabajo, sobre un trapo. Eso sí, hay que hacerlo bien, a las 12 del mediodía, durante unos 9 minutos, y, según el lugareño, en un sitio “que dé entre la luz y el sol”, para así “sacarle lo que es el sol de la cabeza” (sic). No me extrañó que Canal Sur se hiciera eco de semejante prodigio, ni que todos se creyeran esa extracción del sol de la cabeza por ósmosis o por magia. Al fin y al cabo, los remedios contra la crisis que nos cuentan Zapatero o Griñán suenan igual y también La Nuestra dedica todos sus esfuerzos a que los tomemos por santa medicina. Me imaginé a nuestros gobernantes saliendo ante los atriles con el vaso de agua en la cabeza al pregonar sus medidas anticrisis, y a Andalucía y a España de tal guisa, esperando que los males se evaporen igual, con la misma ingenuidad con la que aquel hombre esperaba en su azotea sacarse el sol de la cabeza por la coronilla. Ay, si el pueblo es sabio, los políticos lo son más...

31 de julio de 2010

Los días persiguiéndose: Sin City (27/07/2010)

La familia imperial viene a Marbella, que aunque no es Capri, donde Tiberio montaba unas orgías del copón, sigue siendo nuestro rincón más lujoso y decadente, con casas que se venden con su propio cielo y rusas que te lo hacen metidas en champán. Llegarán Michelle Obama, elegante hasta haciendo el american pie, o sea la tarta de manzana con categoría de pastel nacional, y su hija pequeña, sin que sepamos si se acercará el Jefe del mundo a ese lugar donde el sol es un peluco, los zapatos cuestan más que los hombres y los yates trepan a los tejados. Marbella fue un invento de un visionario, casi como Las Vegas, la ciudad que necesitó la presa más grande de su época para que floreciera la luz en el desierto y los locos, los románticos y los millonarios se pelaran, se mataran y se emborracharan por igual. En nuestra Sin City, en Marbella, recaló primero una aristocracia de valquirias y de bigotes como bastones con estoque, la famosa jet set en la que, en realidad, pocos o ninguno tenían para jet privado. Vinieron también los jeques árabes con sus helicópteros de oro y sus sábanas llenas de esposas, un poco como en Amarcord. Luego, fue tomada por los especuladores despechugados, los constructores mafiosos, los mindundis comisionistas y la corrupción cangrejera consentida por gran parte del pueblo y no sabemos si por los de arriba en la política. Ahora tampoco sabemos si se recupera del gilismo, si vende sus joyas, si se alquila a otras mafias o ha vuelto milagrosamente a la virginidad. A mí siempre me pareció un pueblo de pescadores profanado por el lujo. Aún tiene calles en las que sigue oliendo a panadería o a salazón, lejos de donde construyeron cataratas de monedas y colinas nadadoras para los ricos. Pero no sé si pega en nuestra ciudad del pecado Michelle Obama, mujer como de iglesia de La casa de la pradera, que aun durmiendo junto al que gobierna el planeta sigue pareciendo que sólo tiene un único vestido para todos los 4 de julio.

Marbella fue un invento, como Las Vegas, y hay en esta ciudad bella, hortera, maltratada y brillante algo de sueño americano que acabó un día, como ocurrió a veces allí, en cóctel de gánsteres y putiferio de políticos. Ahora la visita otro sueño americano, Michelle Obama, que no es Rosa Parks, sino una niña bien que estudió en Harvard y Princeton, pero al fin y al cabo es la esposa del primer presidente negro de Estados Unidos, cosa que algunos estadounidenses de peto no terminan de concebir. Yo no sé si estos sueños son ya posibles en Marbella, si son posibles en Andalucía. Marbella pasó de las fiestas de ir de blanco a ser violada por feos piratas, apedreada contra el mar, pintada de mierda, saqueada con saña. Me gustaría pensar que algo aprendimos de lo que ocurrió allí, de lo que se consintió allí, cuando todo apestaba pero nadie quería enterarse. Me gustaría pensar que el pueblo no va a volver a tolerar la corrupción a cambio de parterres ni de propinas de aparcacoches, pero tampoco por razón de ninguna pureza ideológica que todavía algunos trileros se atreven a identificar con Andalucía. En Marbella podrán seguir dorándose los ricos, zorreando el dinero, poniéndose collares de diamantes los perros, incluso estando en medio de esta autonomía pobre y castigada. Pero que nunca más la emputezcan ambiciosos canallas como los que se adueñaron de ella. Ahora viene a Marbella la emperatriz del mundo, aún discreta a pesar de que ella y su marido significan una revolución. A lo mejor nos contagia un sueño, quién sabe.

Somos Zapping: ¿Esto qué es lo que es? (26/07/2010)

Rebelión. No es la calor que soflama las meninges, no es el verano que nos deja hechos rodajas en las tumbonas, no es la crisis que ya afecta al riego cerebral o al rating de la inteligencia política. No, es que nuestros gobernantes son así, sin excusas estacionales ni vasculares. Si el ciudadano se rebelara contra las tomaduras de pelo de los políticos, si los mandáramos a coger coquinas apenas viéramos no tanto que dicen idioteces, sino que las dicen porque nos toman por idiotas, porque confían en que somos idiotas, porque han trabajado en convertirnos en idiotas; si nos rebeláramos, decía, acabaríamos con ellos, con esta era de los Rafael Velasco o los Mario Jiménez, el imperio del argumento imbécil, del nivelito de recreo de colegio, del asquito de su gelatina cerebral expuesta además con orgullosa chulería. Griñán no sólo ha impulsado hasta los atriles a esta generación de apologistas chusqueros de lógica infantiloide y blanda, sino que es el capitán de esta estrategia. Lo que dijo el presidente el otro día en el Comité Director, destacado por Canal Sur, me parece suficiente para desahuciarlo como buen político y gobernante: “Somos la referencia política de Andalucía, porque con aciertos, y también con errores, nuestro interés siempre ha sido y será el interés general, y nuestra empresa, la de los hombres y mujeres de nuestra tierra; y hemos de seguir siéndolo”. O sea, que da igual lo que hagan, que se equivoquen, fracasen o nos lleven al desastre. Hay que votarlos porque sí, ellos tienen que gobernar porque sí. Ea, “porque yo lo valgo”. No les hacen falta más argumentos. Bueno, ni más argumentos ni más partidos. Están ellos como “referencia política de Andalucía” y luego sólo hay piratas y usurpadores que sobran. Son los únicos que pueden y deben gobernarnos, y se acabó. Cualquier demócrata temblaría, cualquier político decente huiría de esa manera de ejercer su oficio, cualquier ciudadano despierto se debería sentir llamado a la rebeldía ante tamaña exhibición de vanidad, suficiencia y diría que casi totalitarismo. Pero así se maneja este PSOE andaluz. Tratarnos como a idiotas es su programa. Algún día, ni todo ese trabajo que se tomaron para que el andaluz se creyera de verdad idiota funcionará.


Altos tribunales. ¿Sirven de verdad para algo esos altos tribunales, esos lentos y graves doctores como en su arzobispado de leyes? El Constitucional dictamina sobre el Estatut pero Zapatero y Montilla se reúnen para ver cómo pueden conseguir que todo siga igual. Aquí, el TSJA sentencia contra ese plan que llaman de “calidad” de la enseñanza pero que sólo consiste en untar a los profesores para que aprueben a más alumnos, y sin embargo, las noticias de Canal Sur abren diciendo que “la Junta insistirá en su política de incentivos con una nueva norma en preparación”. Por cierto, La Nuestra lo llamaba “pago de primas a los docentes para atajar el fracaso escolar”. Suena mucho más bonito así, desde luego. Casi no queda rastro de su inmoralidad. Pues otra norma, que no sabemos si pasará también por los salones del TSJA. Total, para lo que sirve eso...


Flamenco y sintaxis. No había más que oír el saludo o la consigna del programa para darnos cuenta de cómo impulsará la cultura de Andalucía: “¿Esto qué es lo que es? Mi primer olé”, gritaban. Quizá es que lo primero para flamenquear es maltratar la sintaxis, para dejar claro que nuestras purísimas raíces no pueden tener nada que ver con esa otra cultura tan elitista y antiandaluza del leer, el escribir y el saber. Enseñar esto a nuestros chiquillos es primordial. Y, encima, así consiguen que el programa tenga aún más aire de rengue de hijos de feriantes de coches de choque, que es lo que parece.


Moños. Otro clásico de la cultura andaluza hemos visto esta semana, una auténtica pelea de folclóricas en los programas del basureo: Charo Reina, María del Monte y La Pantoja enredadas en no sé qué enfados, venganzas o ajustes de cuentas (incluidos supuestos vetos en Canal Sur). Es tranquilizador que la tradición no se pierda. Yo propongo que La Nuestra haga pronto un programa en el que los nuevos alevines folclóricos aprendan a tirarse del moño.


Tradición torcida. Corrida goyesca en Archidona, en una plaza torcida (ochavada, dicen), donde las circunferencias eran huevos. Mientras Enrique Romero alababa la pureza de la cosa, yo pensaba en lo significativo que es que la tradición glorifique el encanto de lo torcido. Torcido, feo o equivocado, pero tradición... Eso explica tantas cosas en Andalucía...

Los días persiguiéndose: Patria y tribu (20/07/2010)

No me pregunten por mi patria, que ya soy mayorcito. Esos sentimentalismos como de la madre o de la novia son para el colegio o para la mili, aunque ya no haya mili. Llega un momento en que oír a gente adulta tan enmadrada en esos asuntos de patrias y naciones me da un poco de vergüenza ajena, como si los viera en pantaloncito corto. Me pasa como con la religión, en la que también veo la condición infantil de la humanidad, igual que Feuerbach o, si me apuran, Freud. Buscar la teta, buscar a Dios, buscar una nación, vienen a ser lo mismo, querencias, necesidades del niño social desamparado, solo y frágil. Tierra, sangre, clan, caverna, madre, padre, casa, sitio, cobijo, identidad... Nos hemos llevado toda la historia preguntando a otros quiénes somos. De alguna manera, el hijo se lo preguntaba al padre, el padre se lo preguntaba al jefe de la tribu, el jefe de la tribu se lo preguntaba al dios, y entre todos iban formando complejas relaciones de pertenencia y dependencia, aceptadas con tal de dejar satisfecha, aun parcialmente, esa primera inquietud del ser. No teníamos otra manera de situarnos en el mundo hasta que el individuo se dio cuenta de que tenía valor por él mismo, no por la pertenencia a un grupo ni por ser una criatura (o sea, un ser creado). El hombre no era ni un siervo ni un súbdito ni un creyente, o al menos no podía definirse completamente como ser humano en esas categorías. Eso fue la modernidad, e hicieron falta Galileo y Descartes, o sea, la explicación mecánica del mundo natural y el principio de subjetividad racional (el cogito ergo sum). La subjetividad, el individuo como punto de partida del conocimiento y, más tarde, de las sociedades basadas en los derechos de la persona, es uno de los logros culturales más importantes del ser humano. Pero luego parece que nos cansamos de eso. Sea por una especie de asco o desencanto antiilustrado que empezó con el Romanticismo y se recuperó en la Posmodernidad, o por lo que decía Erich Fromm del “miedo a la libertad”, o por esa sensación de victoria y dominio del hombre vulgar de la que hablaba Ortega, el caso es que volvemos a una época en que los individuos se gustan siendo masa, y la mayor sublimación de la masa es la Patria. Digo Patria (o Nación), y no Estado, pues el Estado es un contrato, no una abstracción, y no requiere comulgar con sentimentalismos ni homogeneidades. Hemos vuelto, como por pereza, a la cuna infantil, a que nos respondan a la pregunta del ser con una sola palabra: sois españoles, o andaluces, o catalanes. Y eso es responder con nada, eso no dice nada de nadie. Pero no se dan cuenta.

Mis amigos catalanes me señalan en la prensa artículos “anticatalantes” y yo vuelvo a decirles que “anticatalán” no tiene sentido como no tiene sentido “antiatlántico”. Serán, en todo caso, artículos antinacionalistas catalanes, que es otra cosa. Pero en estas patrias macizas al individuo se le impone, tras la sentimentalidad, la ideología. Hablan de identidad, historia, cultura, pero de eso tenemos todos, hasta llegar a las hordas. Y además, ¿qué cultura? Porque la que yo considero mi cultura va desde Asia Menor hasta Washington y abarca más de veinticinco siglos. No, aún no hemos encontrado la respuesta a nuestro ser y por eso nos cegamos con sucedáneos. Tampoco las patrias antiguas ni nuevas nos la traerán. A mí, que me den libertad y una ley justa, y ya me pensaré yo qué soy. Y que me llamen andaluz o español o rumano o terrícola, me da igual. O mejor, que me llamen simplemente “hombre”. Yo votaría sí a la independencia de Cataluña, si alguna vez tienen la valentía de pedirla. Sólo por ver qué les salía a partir de ese miope y sentimental infantilismo, un Estado o una tribu.

Somos Zapping: My fair lady (19/07/2010)

Surfeando. Así es el verano, estación glandularmente hortera, llena de gente que te asesina con los estampados y las chanclas, tiempo en el que vomitan los ombligos, se licuan los cerebros y algo así como la inundación de un caldo de sandía pegajoso y chorreante nos llega hasta el cuello estemos donde estemos. Estación hortera que la televisión, intrínsecamente hortera, convierte en compota, y que Canal Sur, orondo campeón a su vez de esa horterez televisiva, sublima y reconcentra aún más hasta dejarlo en una sola estampita, que puede ser la que hemos visto en las promos, la de ese Manu Sánchez con chaqueta y bermundas surfeando en el sol de su logo. Esta imagen podríamos interpretarla, de manera más particular, como el intento de Manu de ser exquisito, guay y popular a la vez, eterna lucha suya tan fallida que lo deja hecho un centauro descosido o como con sólo medio disfraz de vaca puesto. Ya lo hemos visto en su programa bailar con sombrero de copa sin renunciar a sus eructos camperos, que a mí me recuerda a la Eliza Doolittle de My fair lady. Quizá toda Andalucía está atrapada en esa misma contradicción, la de resistir orgullosamente en su catetez a la vez que quiere aparentar de cuando en cuando, quizá por complejo de inferioridad, ser culta y elegante. Por eso Manu Sánchez resulta tan paradigmático. Manu se pone frac igual que Manolo Carrasco apila pianos blanquísimos y se orla de bordados, igual que Canal Sur mete en la madrugada violines en las fuentes. Pero con gafitas u orquestas sinfónicas, ese fondo garbancero sobrevive y se revela dejando una ridiculez aún más patente por ese esfuerzo de encoloniarla. Manu va con pajarita y bermudas o calzoncillos como podría ir con esmoquin y boina. Esta imagen nos dice mucho sobre lo que somos, además de dejar claro que es imposible que la estética sobreviva estos meses en Canal Sur. Dan ganas de apagar este verano igual que la televisión.


Refritos. Sí, es verano y Canal Sur aprovecha la carne del puchero de todo el año o de toda su vida, hecha ya cecina. Vuelven los refritos, los programas de videoteces, los zappings y esos cantantes recuperados con el colador de galas, homenajes, especiales y verbenas. Manu Sánchez reúne sus mejores momentos mientras va disfrazado de lord en busca del tío del bombón helado. Una horrible recopilación de canciones del verano nos devuelve a King África vestido de torero que se comió al toro, a María Isabel antes muerta que callada, a Los Sírex o a Los Bravos o a Camilo Sesto espolvoreados de cal de cementerio, a Camela o a Los Amaya escapados de las gasolineras, a toda la penosa colección de la quinquillería juvenil, a la marcha culona de las canciones de Gran Hermano, y así hasta tres horas de suplicio. Veo Salud al día y me doy cuenta de que también es un programa ya emitido, que sobre ese tesoro nacional de los tomates andaluces había escrito yo hace mucho. Sí, todo repetido o remasticado. Qué podíamos esperar, siendo esta tierra y esta televisión una eternidad que se copia a sí misma...


Simpatía oriental. Sigo sin saber por qué hay un programa nuevo, Ponte a punto, que básicamente es igual que Salud al día pero como entre balones de Nivea. Lo único es que hay más personajes andaluces enseñándote su culo de piscina, los zumos de su turmix o sus tapas de la esquina. Y, eso sí, hallazgos que van más allá de la salud frutal de esta tierra, como nuestra capacidad para importar simpatía de Oriente Próximo. Así lo entendí yo, cuando presentaban a las Soles y nos hablaron de su “simpatía nazarena” (sic). Simpática tierra debe de ser Nazaret, por lo visto. Cuánto aprendemos en Canal Sur...


Poderes. Eramos campeones del mundo, la Patria se inflaba como un balón y Canal Sur nos sacaba a un tío travestido de flamenca y a otro con tricornio de guardia civil celebrándolo. Son estos pequeños símbolos los que hacen nación, ya ven. En los pueblos de Navas, Ramos o Marchena, el triunfo se saboreaba también en su pedacito andaluz. Pero yo sólo pensaba en quién va a ser capaz de enfrentarse a Griñán ahora. No sólo podrá argumentar que su “Andalucía sostenible” da campeones del mundo, sino que, después de coincidir con el pulpo Paul, sabemos que el presidente tiene poderes.


Leyendas. No me extrañó que El club de las ideas, coproducido por la Consejería de Educación, le dedicara un reportaje a la chica de la curva y a otras leyendas urbanas. Lo que mejor hace la Junta es eso: intentar colar trolas increíbles que pasen por verdad.

Los días persiguiéndose: El triunfo (13/07/2010)

Tenía que ser Iniesta, el genio miniaturista, con ojos en los pies, pálido como un chico que toca el arpa. Ya no somos aquel equipo de cojón de toro, de trotones cabreados, La Furia que decían. Ahora somos la inteligencia, la perspectiva, ese fútbol como sobre planos inclinados, maravilloso, delicado y veloz, que hacen estos chavales atletas y arquitectos. Perdonen ustedes que me ponga masónico, pero viendo jugar a esta selección yo me acordaba de los tres pilares, con capitel jónico, dórico y corintio, que tenemos en el centro de la Logia simbolizando la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza que deben guiar cualquier obra humana. Ha sido ese equilibrio, ese triángulo de inspiración, determinación y técnica, el que ha acabado con nuestra historia de agónicos fracasos en el fútbol y nos ha desparramado de nuevo por las fuentes, con toda la sed del mundo saciada, en otra noche reventada por héroes y pintada por muchachas.

No hay que desdeñar el poder de los símbolos, ni, sobre todo, el de la gente enfocada e identificada en una tarea común. Sin embargo, no voy a ser yo el que levante un nuevo imperio sobre un triunfo deportivo. A mí también me rozaban el domingo las banderas, que iban como novias, pero me guardo mucho de bordar sobre ellas o sus batallones metafísicas, identidades o política. A pesar de todo, es cierto, ahí estaba la gente, tanta gente, compartiendo corazón como se comparte una sábana. Yo no terminé el domingo ni más ni menos español, aunque sí más abrazado por algo. No era la gloria prestada, no era el orgullo de ser tribu, no era la uniformidad de la masa, cosas que detesto. Creo que, simplemente, era la emoción, quizá sólo insinuada, o incompleta, o prometedora, de ver a la gente olvidando sus diferencias, ideologías, localismos, por algo que se puede discutir si en realidad es más grande, pero que desde luego era percibido como algo más grande, algo compartido, algo común, algo que unía. Lo que a uno le gustaría es que eso común y aupado por tantos brazos fuera algo más que una copa dorada o una patria de estanco o de tizas de colores. Otro proyecto, otro objetivo, quizá una sociedad más libre, consciente y justa; quizá una democracia sin tantos odios ni urdidores ni mentiras; quizá unos valores de esfuerzo, compromiso, ética, civismo, honradez... Por eso mi alegría y mi emoción fueron tibias, prudentes y puede que hasta levemente tristes tras la final, como si hubiera algo de usurpación en ese triunfo.

Tenía que ser Iniesta, el de piernas de compás, el que ve por encima de las águilas; tenía que ser la inteligencia dirigiendo a la voluntad. Para ganar tuvieron que enmendar el tópico de los futbolistas coléricos, la furia solitaria de paquete, y traer a violinistas rápidos y a relojeros despaciosos, que hacen y perciben las cosas un segundo antes de que ocurran, pensando juntos como una colmena. Era necesario, aun a costa de la tradición, la pureza, el mito del torazo en la bandera o de las espinas en el corazón. Ojalá pudiéramos en Andalucía conseguir algo parecido, tener a una nueva generación capaz de darle la vuelta a todo, de sustituir a los palmeros por geómetras, a los dormidos por capitanes, a los conformistas por luchadores, a los desafortunados por vencedores. Y que toda la gente empujara en esa tarea común como me empujaba el domingo una espuma de banderas y abrazos hasta el agua o hasta los besos. Ni por patrias ni por estampas, sino por nuestra dignidad, nuestra libertad y nuestro futuro. Eso sí sería un triunfo, eso sí sería ganar el mundo.

Somos Zapping: Coincido con el pulpo (12/07/2010)

Paul. Escribo antes del partido, así que no sé si cuando lean esto España gozará por la gloria o por la tragedia (gozamos de las dos maneras, ésa es nuestra enfermedad). En cualquier caso, nos abrigará ese consuelo de pobre, un poco brasileño, que ofrece el deporte como escapatoria o sustituto de una vida que pocas veces nos deja ser héroes de forma tan absoluta. Este mundial épico, aglutinador, simbólico y a ratos insufrible, puede poner a una reina a saludar a un tío en toalla, puede hacer patria hasta en los castillos enemigos y puede descubrir que nos gustamos en la pasión y en la necedad, vitoreando a un delantero que nos presta las piernas o a un pulpo que nos presta el cerebro. El pulpo Paul quizá ha triunfado porque, igual que la gente, se desparrama sobre las banderas por instinto o por viscosidad y hace de un movimiento ciego y aleatorio (las patrias lo son) intención, necesidad, destino. O, simplemente, porque la estupidez humana, siendo una constante universal, tiende a manifestarse con más fuerza en los momentos de crisis e incertidumbre. El pulpo Paul no es un recién llegado, ya nos acompaña desde las cavernas. Aunque agigantado por los medios, por las televisiones, daba más miedo: ese mejillón que se comía parecía nuestra inteligencia sorbida. Cómo no, Canal Sur, espejo y lupa de toda imbecilidad posible, también puso al pulpo de marras a abrir su informativo, con el agravante de que aún le quisieron dar explicación o excusa, cosa que parecía que elevaba al cuadrado la idiotez del asunto: “Evidentemente, no hay ninguna explicación científica a esta superstición, pero lo cierto es que durante todo el mundial, cada vez que se le ha hecho esta prueba al pulpo Paul, ha acertado en sus predicciones”. Ni Iker Jiménez hubiera encontrado de forma tan brillante el sentido del sinsentido, ni descrito con tanta propiedad el post hoc ergo propter hoc de los débiles de mente. Pero aún más divertido fue lo que ocurrió después. Tras la larga cabecera de noticias deportivas, la presentadora nos sorprendió con esto: “Según el pulpo Paul, España vencerá, y el presidente de la Junta comparte el pronóstico”. Efectivamente, enseguida apareció Griñán afirmando: “Yo coincido con el pulpo”. Es para meditarlo, porque no sé si nos querían decir que Griñán es precognoscente, o al menos está aliado con esos poderes, conectado o hermanado con las razas de bichos adivinos; o quizá que Griñán se fía de lo que diga un pulpo, o que cree en las mancias de ultramarinos, o que comparte sus métodos. ¿Habrá visto Griñán el futuro de Andalucía también en un mejillón? Me lo imagino en los consejos de gobierno, o en la soledad de su despacho, tomando las decisiones por el sistema de deslizarse invertebradamente sobre varios platos de moluscos y elegir uno según el olor o el color o el capricho o la marea... “Yo coincido con el pulpo”... ¿Coincide en confiar el futuro a los calamares, o en planearlo como ellos, o en hacer política sin huesos y sin forma, todo manos hambrientas y cabeza llena de agua, decidiendo a voleo y otorgándole a eso calidad de superpoder o sabiduría? Yo preferiría tener un presidente que no coincidiera con los pulpos. Pero ya vemos cómo el pueblo elige a sus héroes, videntes, gurús y preclaros salvadores.


Himnos. Ni las vuvuzelas, trompetas de plástico de siempre con nombre zulú; ni Shakira, percutiéndose las caderas y haciendo, como la pantera que es, un África de su cuerpo y su voz... No, nada de esto ha sido el verdadero sonido del mundial. Ha sido, claro, el himno que ha compuesto para el evento Miki Rodríguez, de Canal Fiesta Radio. ¿Es que no lo han escuchado? Pues se han perdido lo mejor. Sí, porque el chaval ha convocado en estilo y en presencia a toda esa morralla del flamenqueo juvenil quejumbroso de guitarrilla floja y escuela perdida que ellos han convertido en modelo para la nueva generación de andaluces. El bodrio se titula “La fuerza de la unión” y es como un “We are the world” que hubieran patrocinado Andy y Lucas (ellos no están, pero sí otros iguales o parecidos). Fútbol y flamenkito botellonero, vaya calimocho. Si digo que esta cancioncita merece ser el purísimo sonido del mundial africano es porque, viendo el vídeo, daban ganas de arrojarlos a los leones.


Los huevos de Jesulín. El nuevo programa piscinero de Roberto Sánchez Benítez, Ponte a punto, sobre salud veraniega y abrir sandías, se echó a perder con la primera imagen, la de Jesulín de Ubrique en su cocina diciendo esto: “Me pillas en plena faena, aquí comiéndome un par de huevos fritos (...). Así que si quieres ponerte, ponte a punto, aquí comiéndote huevos conmigo...”. Ya tengo fatiguita para todo el verano.

Los días persiguiéndose: Roja oscuridad (6/07/2010)

No busquen en las playas estatutos desplumados, portavoces cabreados, periódicos ardiendo, burkas bajo la ducha. Cuando el sol sienta su culo en nuestros muslos y el mar infla delfines de goma para los niños, la política parece una edad de hielo que se acaba de derretir dejando un lago. He paseado por la playa, un gran colchón de látex con la forma de los cuerpos, una toalla mojada envolviendo las cinturas, un reloj de arena de olas rodando por cada espalda, y he visto el mundo sin dinero y sin zapatos, sin noticias y sin partidos, sólo esa sensación cruda del aire y la tierra entre los dedos, de uno mismo convertido en una isla. A mí no me gusta en realidad la playa, es decir, no me gusta estar en la playa, especie de fregadero humano. Me aburro y me empano allí. Parece que me comen o me anidan caracoles marinos como en los cascos de los barcos naufragados. Y, sin embargo, he paseado por la playa, un poco de lejos, un poco mirón y un poco perdido, pensando que es como una quesera que resguarda luz, gotas y gente del resto de la vida; pensando también que quizá estaría bien sentirse por unos días sólo un girasol entre otros, atento únicamente a esa vitamina que entra por la piel, a la respiración de la naturaleza que te besa los párpados. Cerrar los ojos en esa oscuridad roja, viajar por dentro como mi sangre, quieto y vivo como una selva, sin nada más; o por el contrario, correr o rodar o mojarme como un chiquillo salvaje que desconoce lo seco, lo duro y lo dañino. Ser allí un ancla, o ser un cachorro, mientras muy lejos ocurren las cosas, se precipita el mundo, se encastillan las facciones, salen de sus fraguas los discursos con intención de hacha, cruje la política igual que los insectos bajo la madera o las lápidas. Sí, quizá estaría bien poder escapar de todo, nadar en la melena del sol mientras el resto de lo que pasa suena como cuando se está bajo el agua. Quizá estaría bien, si me fuera posible.

Paseo por la playa, cubazos de luz y azules me salpican, las chicas me miran a los ojos con sus pezones, un descanso de todo viene a saludarme como un perrillo mojado. Y me doy cuenta de que ya no podemos permitirnos la inocencia, de que ya no podemos permitirnos el verano. Más allá de esta playa, de este sol como una bola de helado, de esta carne y esta fruta que nos invitan a hundir en ellas la cabeza, están los desastres, las mentiras, los trileros. Ahora, cuando la política parece un invierno, es cuando no hay que ignorarla o nos consumirán la molicie y el sueño de las largas digestiones. Esta hora del planeta nos hace querer huir, olvidar, abandonarlo todo salvo la piel. Quién no ahogaría en el mar la crisis, las desgracias, el paro, sus culpables o sus vividores, y se tumbaría igual que un indio feliz y desnudo bajo una cascada. Pero qué hacer con el mundo de fuera, tan vasto y duro, que levanta la arena y nos hiere los ojos. Me marcho, al final, de la playa, donde la desgana me ha dado tibios lametones, tentadores y un poco asquerosos. Ahora tengo ganas de escribir, de protestar y de incordiar, sobre todo a los que nos han mantenido tanto tiempo en esta playa con la que, ahora que caigo, seguramente me quería referir a Andalucía. No descansen más que lo justo, no sesteen en la roja oscuridad de esta paz estancada y falsa. Pateen los castillos de arena, manden a tomar por culo esa felicidad idiota de cubito y de palita, salgan valientes a enfrentar lo que hay fuera de esta quesera y, como ciudadanos libres y críticos, juzguen, actúen, hagan política o antipolítica, pero no amanezcan otro día en esta playa de dormidos. O al menos, no lo hagan como contentos o como esclavos.

Somos Zapping: Discursos con tutú (5/07/2010)

Consejo Consultivo. Tienen de sede un palacio, tienen de armario el de un Rey Mago, y, además, creo que tienen la misión de completar las frases de Griñán o de que Griñán complete las suyas, que en la noticias de Canal Sur no terminaba de quedar claro. Me refiero al Consejo Consultivo de Andalucía, unos señores como vestidos de carruaje, especie de baraja de lores enjaezados, tapizados de collares, contrachapados de dignidad, que forman como un cuerpo de hadas madrinas para las ensoñaciones y los bailes institucionales, aunque la reportera los describía como “una pieza clave en el desarrollo legislativo andaluz”. Con la excusa de inaugurar su nueva sede, nada menos que el palacio-castillo de Bibataubín, en Granada, se turnaban con Griñán en los piropos a las nuevas leyes locales con unos discursos indistinguibles salvo en un detalle: el de este Consejo parecía leído con un tutú puesto. No sé si a la Administración le sirve de algo consultar a estas ínclitas y magnificentes cacatúas sobreemplumadas, aunque lo que podemos asegurar es que, desde luego, ni lo que les preguntan ni lo que ellos contestan hacen nada contra la ineficacia, el gigantismo, el despilfarro y el mamoneo que definen a lo público en Andalucía. Mientras Canal Sur nos paseaba por el palacio, que parecía hueco como los rizos y ropajes de esta gente, pensé que era una institución que se bastaba con hacer eco, el eco de los manejos del poder devuelto por coros ridículamente oxonienses y grandes espacios cortesanos. Castillos y bisutería, toda una exposición de condeduques y salones luisinos para que lo que diga y haga Griñán rebote en un caro plateresco. Otra muestra más de la rebaba de lujos, redundancias e inutilidades de la Autonomía. Para palacios, escuderos de gala y doctores de sus enaguas y anillazos está la cosa aquí, vamos. Voy a ver si puedo yo consultarle a este Consejo cómo se anuda una pajarita bien hecha y cómo se vive de eso, de pulir espejos y de decir que sí con el peso de tanta chatarra colgando del cuello.


Innovación de la semana. Habrá que deponer definitivamente a Tecnópolis como vocero de las modernizaciones churreras de esta tierra, porque la innovación de esta semana nos la trae, de nuevo, Andalucía directo. Roberto Sánchez Benítez ha conseguido por fin parecer un astronauta, y su programa, tener a la vez la intrepidez futurista del puente de mando del Enterprise y el tranquilo y preciso monacato tecnológico de esas salas blancas en las que se fabrican los microchips como hostias consagradas. Al menos, claro, comparado con Modesto Barragán, que lleva la modernidad con más calle, más vecinos y como con más pana. Él convierte en realidad lo que para Tecnópolis sólo podíamos decir en broma, eso de contarnos la modernidad de un botijo. En este caso, no fue un botijo lo de AD, sino, casi mejor, una cartera de piel. Eso sí, no una cartera normal, sino una gigante, la más grande del mundo, que han fabricado en Ubrique creyendo quizá que los hitos se consiguen por amontonamiento. Una cartera gigante, en la que cabía la reportera, ése era el acontecimiento que había reunido a todo el pueblo ante una tarima y que hacía a Modesto Barragán decir esto: “Qué barbaridad, qué impresionante, cómo toda la gente de Ubrique se ha concentrado para asistir a este momento también importante para la historia de la localidad...”. Magno evento, desde luego, que merecía añadir un poco de suspiro de pregón y de chacina lugareña para, por fin, declararlo oficialmente suceso innovador. Así lo hizo Barragán, dirigiéndose en directo desde el estudio a la gente: “Ubrique, pueblo blanco, serrano y turístico, cuna del artículo de piel, gente honrada y trabajadora de toda la vida, demostrando innovación como siempre”. La innovación de una cartera gigante, increíble. Roberto Sánchez Benítez vuela ya por la estratosfera, soplado por Barragán.


HD o VHS. El infinito documental sobre paramotor en Canal Sur HD cansaba, pero al menos seguía siendo alta definición. Con justito ancho de banda, eso sí, pero el público podía hacerse una idea de cómo será la cosa si alguna vez lo ponen marcha. Ahora me encuentro con otro sobre noches de quejidos flamencos en Córdoba, pero creo que con las prisas se han equivocado y se han ido a las estanterías donde guardaban los vídeos VHS o los juegos del Spectrum. Sí, porque se ve más o menos igual de mal. Queda feo que, presumiendo de HD, nos pongan esas imágenes turbias, mal definidas, en las que hasta podemos apreciar las gruesas escaleritas de píxeles que forman las líneas. Al final, todo esto resultará un timo y dará igual ver Canal Sur HD que aquellas cintas pegajosas del videoclub.

Los días persiguiéndose: Aliados con la crisis (29/06/2010)

Antes de leer el texto de la entrevista a Griñán que publicaba este periódico ayer, de lo que me di cuenta, mirando las fotos, fue de que al presidente andaluz se le ha quedado la cara de las caricaturas que le hacen Idígoras y Pachi. O sea, triste, un poco coronado de moscas y como llevando con cansancio el candelabro de su esqueleto a través de nieblas y precipicios. No sé si Idígoras y Pachi calcan las almas directamente al papel o tienen el poder de que el papel se vaya apoderando luego de las almas. En cualquier caso, son brujos maravillosos. Eso, la tristeza, el abatimiento, una curvatura que va de las cejas al espíritu, cierta sombra que abraza a su sombra, es lo que transmite Griñán, lo que irradia a toda la Autonomía. Griñán tiene la cara del PSOE andaluz, envejecido, agotado, consumido, reseco o aplastado de tanta vanidad a la vez que de tantos cementerios. Lo siento, pero últimamente sólo me salen metáforas góticas o apocalípticas con nuestros gobernantes. La semana pasada, una amiga me comentó que mi último artículo daba miedo. Yo le contesté, con guasa, que los que daban miedo eran los socialistas. Como ella es votante socialista, la cosa dio para muchas bromas puñeteras y cariñosas. Sí, es imposible que me salgan ahora artículos luminosos y hasta los pájaros del verano me parece que sólo están pinchados en las antenas. A lo mejor es que también yo me he aliado con la crisis, como decía Griñán del PP.

Puede que yo fuera uno de los que, en su día, arremetieron contra los agoreros, los vendedores de cadáveres por adelantado, los que bailaban con el galope de los Cuatro Jinetes. Fue antes de darme cuenta de que tenían razón y de que no todos lo hacían para llamar al mal y a los cataclismos, sino al contrario, para evitarlos. Estaban los pesimistas y los negacionistas, pero ahora quizá sólo hay, simplemente, desengañados. Empezaron por llamar desaceleración a lo que eran trompetas de la muerte, luego nos dijeron que aquello era una enfermedad del mundo y del capitalismo reventón, lo siguiente fue parchear la catástrofe poniendo al Estado a abrir zanjas para luego taparlas (¿era keynesianismo o preparar la propia tumba?), y, cuando por fin aceptan la magnitud del problema y viran hacia reformas tímidas y tardías, resulta que es el PP el que se ha “aliado con la crisis”. Yo diría que han sido los socialistas los que han estado aliados con ella desde el principio, disimulándola, contemplándola, alimentándola, dejándola crecer como una gran cobra en nuestra casa. Ellos, los que no han hecho nada, los que se fueron a pintar nubes mientras esto se hundía, los que aumentaron el déficit pensando en tapar bocas, los que formaban gobiernos de pitiminí, los que aquí atendían sólo a recolocar los sillones del Partido y de la Junta... Al PP, como ya he dicho alguna vez, le ha faltado sentido de Estado: debería haber apoyado las reformas de Zapatero sin dejar de ejercer la crítica y señalar los agujeros. Pero los auténticos aliados de la crisis, sus valedores, sus paladines, sus ejecutores, son los socialistas. Y todavía llaman traidores y aprovechados a los que, sencillamente, tienen ojos. Cómo no van a salirme artículos oscuros, si es el color de pajarraco que han puesto colgando en el cielo. Griñán tiene la cara triste de haberse matado o pensar en hacerlo. Es una tristeza impotente que no da ni para rabia contra el enemigo, apenas para tirarle últimos y leves guijarros o huesecillos. El problema, ya ven, es que el PP se ha aliado con la crisis. No: es que el PSOE lo ha hecho con el fracaso contumaz y, encima, cobarde.