24 de abril de 2009

Los días persiguiéndose: Viejos odres (23/04/2009)

A ver si ahora nos vamos a enamorar de Griñán porque haga un discurso de fallera, porque se parezca a Juan Pardo o porque lo llamen Pepe como al camarero. Uno creía que habíamos aprendido que el talantismo, la posturita, el verbo apetalado y esa concordia de brindis de sobremesa, pero sin sustancia, sin contenido, sin intención, eran aún más peligrosos que la marrullería (el decepcionante zapaterismo nos lo ha demostrado). Sin embargo, se diría que han bastado cuatro rimas y revoleras de Griñán para que hasta en este periódico los editoriales y los columnistas se destiñan o arrebolen. Parece que se olvida que Pepe Griñán, especie de tito después del padre (ese padre “que no se ha muerto ni se ha ido”, dijo Zarrías), ha sido el cerebro económico de esta Andalucía que va hacia el millón de parados, que se ha llevado tantos años como Chaves engrasando la máquina del Régimen, que está puesto ahí por las mismas manos de siempre que amontonaban nuestras nubes y que ha llegado al balcón sin que nada fundamental en el PSOE andaluz haya cambiado, ni aún temblado levemente. Vamos a tener un presidente, dicen, más leído y más operístico, pero eso sólo significa que seguirá cantando mientras nos apuñalan. En ese duelo o dúo parlamentario entre el tenor y el bajo (en las óperas, el bajo suele ser el malo), a Griñán lo acompañarán los violines y a Arenas el fagot o la tuba. Pero ni Griñán ha llegado como Lohengrin ni ha caído el Valhalla de este PSOE morrocotudo, que debe su poder a antiguas runas.

Griñán hizo un discurso de investidura lleno de pajarillos y pífanos, pero ayer vimos, en sus réplicas a Arenas, que todo fue una pose: siguió acusándole de estar “obsesionado con Chaves”, de “perder elecciones” y de “estar instalado en el pasado”; se dedicó a feos ataques personales (lo que Arenas llamó “picotazos”) en lugar de contestar a las preguntas y, en fin, el que Arenas se equivocara constantemente llamándole “señor Chaves” pareció cada vez más justificado, pues en verdad era otro Chaves sin afeitar y sin dislalia. De repente todo el talante se transformaba en chulería, resucitaba esa “superioridad moral” que el día anterior había criticado y, así, su primer discurso quedó ya comido por los ratoncitos apenas veinticuatro horas después. Quizá le llamaron al orden, quizá despidió pronto a las hadas que le inspiraron, quizá han sido muchos años de boxeo para pasar sin transición a los madrigales.

El cambio es una palabra barata, suelo decir yo. Cambio pretendió ser el mismo Chaves sin más que mudarse de corbata de lustro en lustro. Griñán subió a la tribuna como una novia demasiado vieja para ser virgen y aun así querían (queríamos) creerlo. Pero el cambio en este PSOE andaluz no puede venir de que Madrid se lleve a una gárgola ni de que un padrino de las mismas batallitas sustituya al padre y se limite a poner su acento a antiguas mentiras y abusos. Sigo pensando que sólo una derrota podría purificarlos, sólo dejar el poder podría salvar a la socialdemocracia en Andalucía, tan agusanada. Entonces otra generación y otros modos tomarían su lugar, y hasta podrían ser verdad sus discursos floreales. Con Griñán, no lo creo. Demasiado pronto algunos se enamoraron de Griñán y demasiado pronto llegó el desengaño. El vino nuevo y los viejos odres, o al revés... No me digan que no queda rancio que nos traigan ahora a Juan Pardo cantando al amor achampanado.

20 de abril de 2009

Somos Zapping 19/04/2009

Aquí estamos. Cuando a Roberto Sánchez Benítez le cortan los hilos de marioneta, sale de ese frigorífico de la propaganda en el que vive, deja el sol hidroeléctrico de las falsas modernizaciones y se va a la calle, lo que parece es un cochecito de cuerda. Montado en ese cochecito nos van a enseñar por lo visto ahora los pueblos de Andalucía en una especie de programa almanaque que se llama Aquí estamos. De nuevo nuestros pueblos, esta vez estampados en sus tópicos y torrijerismos, de manera diferente a aquella otra cosa que nos estuvieron poniendo, ese subir a tender con pretensiones de la Andalucía de cine de Juan Lebrón, con sus avionetas de playa. Han elegido un logo con silueta a lo caminante solitario, a lo peregrino o a lo sherpa, como Jesús Quintero, pero el programa sólo es una glorificación de los vecindarios y un como intento de que lo conviden en los bares. Me recordó a las mañanas alfareras y panificadoras de Rafael Cremades, pero in situ. Eligieron para el estreno Sanlúcar de Barrameda y nos sacaron postales con mar, caballos, manzanilla y chocos; paisanos con cestillo, un desfile de frikis o fareros locos, una chica que se casaba, otro chaval que se mató en moto, skaters y grafiteros como cumbre de nuestra juventud, famosillos de la altura de Canal Sur (la vocinglería de Las Carlotas, la racialidad orgullosa y sin más talento de Gala Évora, el exotismo de tetería de Hakim)... El objetivo parece ser el mismo que el de sus otros programas flipados y anfetamínicos: convencernos de la felicidad y la satisfacción de una Andalucía contenta de sí misma hasta el delirio. “Como se vive aquí no se vive en ningún lado”, decía un lugareño prototípico. Y si le hablaban de la crisis, Sánchez Benítez enseguida les recordaba “el sol” y “la alegría” de aquella tierra, abriendo los brazos y sonriendo bobamente como un querubín borracho de chovinismo. Un pueblo como Sanlúcar, siempre entre los más pobres de España, pretendió que por un momento fuera como Detroit, simplemente por enseñarnos que aquí tiene su sede una escudería de GP2, capricho de rimbombantes apellidos que se limita a un garaje. Verdes de Doñana, bigotes de gambas, morenos que da la sal, zarcillos del folclore y tibieza de las plazoletas... Nos dirán otra vez que Andalucía es ese paraíso que no hay que tocar para que no se rompan sus cántaros de autenticidad y belleza, y la realidad volverá a ser el cadáver al que se aplaude con alegría en nuestra televisión. Aquí estamos, tan felices.


Ortografía. Paz Padilla tortura al Risitas, tropieza con el alambre de ella misma, hace chiste de los enredos de su lengua y su late show me sigue pareciendo algo que ocurre en un lavadero. El otro día invitaron a Eva Hache (espejo demasiado alto para Paz Padilla) y temblé cuando vi que, en el colmo de la originalidad y el riesgo, la entrevista estaba amenizada por un teatrillo en el que alguien, haciendo de maestra, mandaba a Paz y a Eva escribir en una pizarra palabras con hache... Qué peligro... A Paz Padilla le tocó escribir “hortofrutícola” y después de decir “hortofrutícula” y creer que eso era algo de las uñas, dejó en la pizarra el curioso neologismo “hortofrulita”, especie de término medio, y encima con algún tachón. No sé si es peor que no sepa escribir o que la gracia consista en parecer analfabeta, en plan Andy & Lucas. Somos la risotada sin cultura como somos la fiesta sin pan. Eso de escribir debe de ser cosa de forasteros lacios o traidores a nuestra esencia, porque el andaluz puro se come los rotuladores o hace pintadas de mono. Así somos, así nos gustamos, así nos reímos. Sánchez Benítez hubiera dicho que con este sol y esta alegría, a quién le importa la ortografía.

14 de abril de 2009

Los días persiguiéndose: El chiringuito (14/04/2009)

El mar empieza a ser todas las lenguas y todos los pies de las muchachas, cuando ya se presiente el calor como algo que se derrama por el cuello. Nos alimentamos de monedas de sal y de luz, respiramos de las grutas, nuestra economía tiene el peinado exótico y pobre de las palmeras. El turismo es esa servidumbre en la que seguimos vendiendo nuestra piel y nuestras acuarelas, la industria de los que no tienen industria. Cazamos los pájaros que trae el verano, con billetes forasteros en el pico. Si nos quitan los guiris, los domingueros, las rubias de hamaca y los bigotes de la cerveza, tendríamos que masticar conchas. Ahora parece que el Gobierno quiere desmantelar los chiringuitos de playa, no sé si para que aparquen las ballenas o se tienda sólo el cielo boca arriba. No deja de resultar chocante que aquí, donde se ha permitido que el urbanismo salvaje alicate las nubes y meta griferías en el mar, donde entre los golfos del ladrillo y los de los ayuntamientos se ha acementado el aire y se han vuelto escalinatas las cascadas, los políticos se empeñen ahora en quitarnos la sombra inocente de los chiringuitos para que se nos quemen los pies y el gañote. Hay algo, por lo visto, que hace incompatibles a las sandías y al planeta, a los chamizos y la atmósfera, a los ombligos y a la ecología. Será que las frituras aceleran el cambio climático, que la sangría envenena a los delfines, que los muslos rozándose espantan la salud del mundo. Esta moda verderona y desinfectante que pretende salvar la biosfera a manguerazos ya me está cargando. Desde los ministerios de la progresía puritana nos quieren dejar sin tabaco, sin güiscazo, sin barbacoa, sin pecado, además de sin trabajo. 40.000 familias afirma el PP que dependen en Andalucía del cervezón y la calima de los chiringuitos. Demasiadas víctimas para conseguir sólo una inútil transparencia de nuestras costas y la incómoda victoria del resol.

Sin duda, estos socialistas no lo han pensado bien. Sin chiringuitos, a ver dónde iba a ir el vicepresidente tercero Chaves para escapar de su ministerio y enjuagarse de la crisis. Es más, el equilibrio de las autonomías, el sudoku de la financiación, el apaciguamiento de las tribus periféricas, todo ello puede depender de esa paz, esa inspiración y esa tortilla de Chaves en su playa entoldada, ya con la corona enterrada en arena, ya con el horizonte velero de la jubilación. Y qué decir si, acaso, un exceso de celo del zapaterismo les hace derribar esos otros chiringuitos que son los que la Junta tiene montados por toda Andalucía para solaz y engorde de sus políticos y arrimados... Muy mal han medido los socialistas las consecuencias de esta loca iniciativa. Los chiringuitos no atufan al planeta, las chanclas no se comen el plancton, los sombrajos no tapan la vida. Ese fanatismo suyo no salva nada y va a dejar más paro, más hambre y más sed en Andalucía. Además del riesgo de que un Chaves playero con insolación desbarajuste todo el Estado de las Autonomías.

12 de abril de 2009

Somos Zapping 12/04/2009

Una etapa. Chaves se iba y en las noticias de Canal Sur aquello era como un Domingo de Ramos rebobinado. No sobre un pollino, sino empujado por ese otro profético dedazo de Madrid, como dicta la tradición de esta autonomía, Chaves desandaba sus flores, glorias, milagros y cenáculos, mientras la palabra más repetida era “emotivo”. Tuvo gracia que empezaran rotulando “nuevas caras en el Gobierno” sobre el primer plano de un Chaves que es la eternidad marmolizada. Al fin y al cabo, el tiempo es relativo y al portavoz Enrique Cervera los 19 años de reinado de Chaves sólo le parecían “una etapa”. Hasta el presentador se atascó la primera vez que tuvo que decir “ex presidente Chaves”. Con un fondo de paseos en bicicletas y juegos de petanca, la historia de Chaves tuvo luego tintes de biografía norcoreana: “Prudente, tímido, deportista, amante de la lectura, gran cinéfilo y algo despistado, Manuel Chaves, padre de dos hijos, es un hombre familiar que siente verdadera pasión por sus nietas...”. Sí, y tan familiar, sólo hay que recordar a sus hermanísimos... También en Canal Sur parecían huérfanos. A mí me gustaría celebrar que Andalucía ya no tiene padrecitos sino gobernantes, pero aún no es hora. Chaves se fue pero queda su herencia como el olor a tabaco y cuero que deja el padre en la casa. Todavía faltan muchos adioses.


Alegorías. En Semana Santa, ese roce de perlas y clavos, de sangre y borlas, siempre me suelo acordar de unas viejas e ingenuas láminas alegóricas de las dos Españas, de la época republicana, que vi hace mucho. Procesiones, flagelantes y hogueras de libros por un lado; minervas, mapas, compases y pergaminos extendidos por el otro. Como digo, división ingenua y exagerada, pero es cierto que en estos días me turban estampas de la España negra, supersticiosa y medieval, sobre todo en Andalucía. Me espeluznan esa lascivia del sufrimiento, esa estética de las llagas, esa religión de la madera, esos rezos a las amputaciones y tanta gente como con los ojos arrancados. Lo veo por televisión, en las pías retransmisiones de Canal Sur que hacen triunfo, folclore y pastelería de todo ello, y siento que nos atraparon en las mazmorras de los siglos. Esos legionarios con Cristo, esas cruces en llamas, esas viudas de Dios, esas espinas en nuestras manos, esa fe de los palitroques, esas noches de santos aquelarres por el pueblo... En Mira la vida veo que montan hasta un pase de modelos de mantillas y peinas. Las mujeres llevan vara de plata y los encajes de la muerte por el pelo. Son la alegoría de lo sombrío con su coquetería. Quizá, en el fondo, aquellas viejas láminas tenían algo de razón.


Agasajo. Parece que no podemos hacer nada aquí sin dejar claro nuestro catetismo tribal, ni siquiera un torneo de tenis. Con gran vergüenza, pude ver cómo en las noticias deportivas de Antena 3 nos ofrecían las imágenes de una cena con tablao flamenco a la que habían llevado a las participantes en el torneo de Andalucía de tenis femenino. Nuestras gitanillas de tapete sacaban a bailar a las tenistas rusas o americanas y era como esos agasajos de países exóticos, con collares de cocos y sesos de mono para los invitados. Aquí las modernidades siguen siendo excusa para terminar emborrachando y embrujando al guiri de muslos y crótalos. Tablaíllo y guitarreo, que no piensen las estrellas del tenis que han venido a cualquier sitio, sino al último refugio de las tribus descalzas y las manos que roban lunas. Recordarán ya siempre que Andalucía es ese lugar en el que después de jugar al tenis te raptan cíngaros o camelleros.

9 de abril de 2009

Los días persiguiéndose: Muerte de ZP (9/04/2009)


No es Chaves. Es un estilo de autonomía, un manual de política, un modelo de partitocracia. Si esto les funcionaba, no era porque su cabeza de león reinante se enmarcara en el sol, sino por la estructura de un partido omnipresente, todopoderoso, proveyente, con todos los atributos divinos, instalado y vigilante de cada pequeño aspecto de la vida andaluza, premiando a sumisos, castigando a rebeldes, otorgando prebendas, hipotecando favores... La burocracia infinita, el clientelismo bien cebado, el nepotismo orondo, la propaganda folclórica, la guardarropía de todas las mentiras, la estrategia de la estupidización, la velocidad de lo parado, el cortijerismo de Andalucía en su provecho mientras aquí permanecíamos pobres, incultos y rientes. No es Chaves, al que se pueden llevar a lujosas horcas, retiros austrinos, pudrideros de Madrid, a esa manera de morir de gala que ofrecen los ministerios. Lo que queda aquí es lo mismo con otro nombre, otro mayoral. Nunca pensé que el día en que Chaves fuera ex presidente Andalucía seguiría igual de quieta. Pero sólo he visto fantasmas relevándose y un dormir siguiendo a otro dormir. Ni revoluciones ni cataclismos. Aquí continúan Griñán y Pizarro, los dioscuros del mismo sociatismo; aquí continúa Andalucía con sus harapos y sus dueños.

Se llevaron a Chaves como al lorito de la casa, sin que nada más haya cambiado, y me sorprendí indiferente ante la caída de su estatua. Chaves se iba pero no oí las campanas que imaginaba, el derrumbe de los palacios ni la primavera brotando. Sólo podía fijarme en Zapatero, verdadero muerto del día, más que el propio Chaves. Chaves defenestrado no era más que una anécdota al lado del espectáculo terrible de Zapatero haciéndose cenizas o condenándonos a las cenizas a todos. Zapatero ha formado un Gobierno de cáscaras del PSOE. En esta época de crisis, angustia y desesperanza, veía cómo un presidente era capaz de diseñar un Gobierno no con la intención de salvar al país, sino de enterrar cadáveres socialistas, mover sus fichas de partido, colocar a sus fieles, reordenar trincheras, pagar favores. Todo un ministerio para dar salida a Chaves, otro regalado al lobby de los actores, que ya serán juez y parte; nada menos que el de Economía entregado a poco más que un ujier, a una burócrata sin perfil ni altura; otros dos más de agradecimiento coleguil: el juego de médicos para Trini y la monumental cartera de Fomento para Blanco, con inquietantes lindes entre el dinero y la organización del partido... Fue más que una decepción para un socialdemócrata como yo, fue casi sentir una traición. Si aún podía quedarme un leve residuo de simpatía por el Buda del talante, por el ingenuo flautista de la paz y el diálogo, acabó con esa sumisión del Ejecutivo a prioridades de partido, con ese desprecio a la situación de emergencia que vivimos para limitarse a arreglar su jardín privado. Zapatero ha desperdiciado la última oportunidad de afrontar la crisis con rigor y valentía para enrocarse entre su guardia pretoriana y la dignificación de las agonizantes pestosidades del felipismo. Es un nuevo Gobierno nefasto, incomprensible, desengañador. Pensé que en un día como éste tendría que hacer un artículo de despedida a Chaves y de bienvenida a una nueva era para Andalucía. Pero al que puedo declarar muerto, suicida en su ópera, es a Zapatero. Por mí, acabaron su tiempo de las flores y su música de las sonrisas. Incluso sin Chaves, en Andalucía queda lo de siempre. En España, gracias a Zapatero, esta Semana Santa parece que pasea más que nunca sus cementerios.

Somos Zapping 5/04/2009

Fatwa. No soy de los creyentes en los puñales, ni de los cristianos de Osiris, ni de los de la arborescencia antropológica, ni de los del barroco de su alcoba (me creeré tanta admiración por el barroco cuando saquemos cantatas de Bach a pasear por las calles). En la Semana Santa, sobre todo la andaluza, sólo veo un espectáculo de gente enrejada aún tras un torreón amorterado de medievo y paganismo. Pero aunque uno opine que es un primitivismo supersticioso y feo de dioses, pústulas, látigos y horcas, lo malo es cuando se hace explosión fanática. El otro día, en El intermedio de Wyoming, contaron que desde el mundillo cofrade sevillano se había impulsado un boicot a La Sexta. Este programa satírico realizó el año pasado un reportaje que no los trató con la debida reverencia, así que pedían las correspondientes hogueras desde unas fatwas escritas como en el idioma de Lopera. Los de El intermedio dejaron que ese capillismo talibán se retratara solo y mostraron los mensajes que habían recibido de los cofrades sevillanos, llenos de insultos y amenazas de violencia física. Aquí pongo alguno, tal cual, con su excelencia moral, sintáctica y ortográfica: “Cabrones de mierda hijos de puta los asquerozos cabrones de mierdas estos dejar a Sevilla en paz cabrones e iros a meteros con la puta de buestra madre hijos de puta”. O éste dedicado a la reportera: “Thais hija de puta, como tengan el valor de mandarte pa feria prepárate porke te voy a dar poca, te voy a arrastrar de los pelos y te voy a revolear, te daré la paliza de tu vida y te tiraré al río después de darte con una catana”. Ya ven qué barroco, cristiano y piadoso todo. Éste es el bello azahar que los cofrades andaluces esparcen por la televisión. Luego nos quejamos de que nos miren como a la última tribu con taparrabos de España.


Metro. Otro día histórico, otro hito. Canal Sur no dejaba de repetirlo en las cocinillas de la mañana, en las mesas de los asesinados y en los informativos de la propaganda. El Metro de Sevilla, maravilla de la técnica y la paciencia, llegó, aunque tarde, para demostrar que aquí también sabemos hacer agujeros. El Metro de Madrid lo inauguró Alfonso XIII en 1919, eso lo dice todo. Después de retrasos y socavones, y todavía con desnudeces, acarreará a pobres y a violinistas y será el gusiluz que nos regale el poder este año, a falta de otra cosa. Con qué poco nos conformamos o nos conforman.


Sueño andaluz. Era más que una entrevista: estatuaban tristemente a Andalucía. Andy & Lucas frente a Joaquín Petit. Un agente sumiso del poder ensalzando el sueño andaluz, el de los maletillas sin escuela que llegan al estrellato y ya son modelos de vida y triunfo para la juventud, para la sociedad. No tengo nada contra estos chaveas, sólo resulta penoso comprobar qué bien representan a esta generación que los políticos y sus adláteres han hecho crecer en la incultura y el botellonismo, y a la que además aplauden mucho cuando pinta grafitis o canta encima de la motillo como cumbre de la cultura. Andy fue el que dijo aquello de que, si había crisis, por qué no se fabricaba más dinero. Aprovechó el altarcito que le hacía Petit para justificarse y lo arregló del todo: no debe de ser tan sencilla la cosa porque nadie le había sabido contestar aún. Sí, que se lo expliquen, porque el chaval todavía no lo ve y sigue desasosegado esperando respuesta. Entre la estulticia y su aplauso, qué perfecto retrato de lo que somos hacían los tres.


Innovación de la semana. 29 de marzo de 2009. En Tecnópolis guisan un potaje de garbanzos. Pero no es un simple cocido, porque, para hacer patente la audacia modernizadora de Andalucía, le echan tocino y papada de cerdo, ternera y costillar ibérico, morcilla y chorizo. Otro día histórico para esta tierra.

Los días persiguiéndose: Aborto y despiste (2/04/2009)

Que salgan a la calle las monjas con Jesusitos, los capillitas con moñas, los agricultores con calabacines y todas las bicicletas veraniegas y carretas volcadas de la crisis y las ideologías. Que salgan, que es éste un país de mercado y plazoleta, pero ojalá sepamos distinguir los debates morales de las adscripciones partidistas y las opiniones particulares del manejo interesado de las multitudes pisoteantes. Es un recurso muy pillo, pero está funcionando: en medio del desastre económico, volver a despertar a las dos Españas, las antorchas de cruces, Dios contra las hoces y el progre contra el confesor. Resulta conmovedora la ingenuidad con la que está cayendo en la trampa la derecha sociológica y política, pues cuanto más se retratan más llaman a la resistencia de esa mayoría que no va tras el Papa que consagra las pichas, la Sagrada Familia aturronada en su almanaque ni los cielos por cojones de esos curas a lo Agustín González. Ese cuadro de los que quieren convertir o condenar al infierno de aceite hirviendo a los demás le viene de perlas al Gobierno debilitado y acosado. Las cajas de ahorros hundidas por su sumisión al clientelismo de partido no asustan aquí tanto como los bibliazos en la cabeza y los guantazos de párroco. Esa derecha con sus condones pinchados, sus mariquitas contra natura y sus matanzas herodianas hace muy feliz a la progresía que luego barre todos esos votos del asquito y la trinchera. A mí, también progre aunque sin adscripción partidista, me parece una buena terapia de choque que se muestren en su ranciedumbre ciertas morales dogmáticas. La lástima es que estas polémicas terminen por servir de ganancia y despiste a los clanes de la partitocracia.

Me cuentan que el otro día, en esas madrugadas de la radio en las que se rozan las almohadas y los pañuelos, una mujer sevillana denunció del acoso que había sufrido en una mesa “pro vida”. Cuando la mujer les dijo que no estaba segura y que se iba a pensar firmar o no, la llamaron por detrás, le recriminaron rudamente su actitud y le mostraron el sangriento catálogo que tenían preparado con fetos desmembrados y almas descuajadas. La mujer quedó tan horrorizada que, entonces sí, decidió no firmar. Vean cómo el fanatismo y la imposición de una opinión pueden bastar para tomar partido en contra. Yo, por mojarme en la polémica, diré que pienso que la moral se aplica a los seres sensibles, no a los líquidos santificados; que hasta Santo Tomás diría que el embrión sólo tiene “alma vegetativa”, que con la moral católica la superpoblación, la hambruna y la enfermedad traerían su infierno a la tierra; que no es un debate científico sino ético y que, siendo por tanto discutible moralmente qué se considera persona o no-persona antes de esa frontera del “sentir”, nadie tiene derecho a imponer a los demás su particular concepto del comienzo de la vida humana. Pongo por encima de los derechos de las almas inventadas de las células el sufrimiento real, sintiente, innegablemente humano; rechazo que la mujer deba ser una esclava de los embarazos “que Dios le mande”, nunca vería justo que una mujer o un médico fueran encarcelados por practicar el aborto y, en fin, creo que en tan delicada y penosa situación, cada cual debe apelar a su conciencia para decidir. Por ello, una ley de plazos me parece lo más razonable. Ya con lo de las niñas de 16 años, albergo mis dudas, aunque no sé hasta qué punto los padres tendrían derecho a obligar a esa hija a seguir con un embarazo no deseado. Ésta es mi opinión. Otra cosa es que el Gobierno haga humo, caja y distracción con el asunto. Que la calle se llene ahora de puritanos dando “con la tea de churruscar Sodoma” (Javier Crahe dixit) es de lo mejor que les podía pasar.

Somos Zapping 29/03/2009

El meridiano. Ay, las tertulias, esa mala leche de las mañanas o ese mal vino de las noches, con destripaderos, siervos de partido, manojitos de sabios de Grecia, asientos para el pimpampum (esa figura tan tierna del tertuliano de los guantazos)... No se engañen, todas tienen trampa, pendiente, olor propio e intención de llevarse al escuchante a la cama. Sus filípicas no son las de Demóstenes y se turnan la demagogia y el maniqueísmo en un ambiente de salón de fumar y de campeonato de pellizcos y orejas de burro. Pero donde la tertulia tendenciosa deja de ser sólo fea para convertirse en pecado es en las cadenas públicas. He observado con paciencia y escepticismo ese intento de tertulia “plural” en Canal Sur que es El meridiano, para concluir en una decepción sin sorpresa. Los cuatro asientos parecen estar repartidos, pero hay todavía muchos lugares donde meter el truco, la parcialidad. Lo más sangrante es que se hurta con descaro el debate político específicamente andaluz. Así, la actualidad manda abrir con tiroteos de locos por ahí lejos, cosas que se urden en Europa, broncas entre Zapatero y Rajoy y, en general, las polémicas nacionales e internacionales más llamativas y menos incómodas para el poder de aquí. Fue significativo que ni se mencionara el último rifirrafe en el Parlamento andaluz entre Chaves y Arenas, mientras sí se discutían (varios días) el juicio del Yak 42, las guerras de los fetos, Carme Chacón y Kosovo o el botellón. Ésta es otra: cuando los temas no son forasteros, son ésos de polémica facilona al estilo de Mejor lo hablamos: los niñatos con el alcohol, el aborto, la Iglesia, los pobres muertos de las pateras... Y si acaso se toca algún asunto andaluz, pasan de puntillas o tienen culpables también lejanos: vi despachar la deuda histórica en dos minutos, los mineros de Bolidén acampados dieron para un debate de tres minutos y los problemas del sector olivarero parecían una podredumbre que nos contagiaban entre el clima y Bruselas. Además, de vez en cuando, el guión dejaba sus ayuditas a la Junta y sus sopapos al PP. Así, remascando el Yak 42, Mariló Montero (no le queda otra, supongo) preguntó si “falta en el juicio Aznar”, o, entrevistando a un profesor sobre la violencia escolar, dejó antes claro que “el Gobierno andaluz, por supuesto, también ha elaborado diferentes medidas para que haya seguridad dentro de las aulas”... Para constatar lo tramposo de esta tertulia, baste como ejemplo que mi admirado Paco Robles, tan incisivo siempre, vio pasar la hora sin que apenas tuviera oportunidad de dar algo de caña a la Junta, así de atravesados le ponían los temas. Otra tomadura de pelo, pues. Siguen mandando los que mandaban.


Expediente para nada. Cómo será de escandaloso el asunto que hasta la sección comeostras del Consejo Audiovisual andaluz que forman los arrimados al PSOE ha terminado consintiendo abrir un “expediente” a Andalucía Directo y a La tarde con María por su repugnante tratamiento del caso de Marta del Castillo. Pues en nada ha turbado eso la felicidad mofletuda y satisfecha que muestran estos programas perfumándose de olor cadavérico. Han seguido adornando la tarde con intentos de suicidio, lentos ahorcados que duran toda la sobremesa y directos humeando sobre la basura de los muertos. Los rebeldes del Consejo han pedido un “requerimiento de cese” de estas informaciones, pero el pleno ha dicho que nanai. Parece que el morbo buitrero entretiene a los andaluces casi más que los chistes de culos y la vocación de servicio público de la RTVA no puede renunciar a eso. Para María del Monte, los muertos son otra morcilla que comer. Para Canal Sur, otra apestosa churrería que tienen abierta. Seguiremos abundando en este tema.

26 de marzo de 2009

Los días persiguiéndose: ZP, grogui (26/03/2009)

Escribo tras ver a Zapatero en la tribuna del Congreso de los Diputados, grogui, con las manos cinerarias, supurando la cera de los Cristos. Zapatero va a la Carrera de San Jerónimo como a su entierro diario. Los muertos con los que vive, un Gobierno de desahuciados, intubados, todos con la pupila fija, entregando la cuchara, le han contagiado la necrosis definitiva. Si hay algo peor que esta crisis es darse cuenta de que el Gobierno no puede o no sabe hacer nada con ella. Contra la cuerdas, Zapatero sólo torpeaba y balbucía retruécanos, ahogos, frases suspensivas. Un presidente no puede subir ahí a espantar moscas, ni sacarle a la oposición aquello de El Perejil cuando todo se va a pique. Nunca lo vi tan impotente ni tan perdido. Parecía que le habían hecho subir borracho, a recibir burlas, a verle rodar por esas escaleras por las que han chocado tantos huesos. Ya no lo salvará ni la remodelación del Gobierno, que no se ha atrevido a hacer cuando debía y que, si la hace, sólo servirá para pasar los cirios a nuevos difuntos.

Yo no he sido de los creyentes, del clan de la ceja ni de la religión bautista del talante. Pero pensé sinceramente que este hombre que venía a enterrar el felipismo quizá podría hacer una socialdemocracia moderna. Me equivoqué. Con la sonrisa franciscana y la flor de agua de los payasos, alimentó la locura de la mitología nacionalista, hizo una política territorial del prorrateo, convirtió el progresismo en caricatura y, cuando llegó la crisis que aquí es doble (la internacional y la de nuestra débil economía especulativa y ferrallista), se le ha quedado sólo media lengua, el discurso de los espantapájaros, de la sopa de los pobres. Pensé igualmente que el zapaterismo podría cambiar el sociatismo andaluz, viejuno, atrincherado, gordinflón, señoritil, estático y podrido. De momento, sus pactos de no agresión dejaron intacto a Chaves y a su imperio, y ahora, con Zapatero cada vez más débil, uno empieza a pensar que ese cambio de generación y de sábanas tampoco se producirá.

Zapatero muere arcangélicamente, no puede con la crisis ni con el país zarandeado por todas sus esquinas. Se le acabaron la baraka, sus panes y sus peces, ese espiritismo de las buenas intenciones y las manos abiertas de su Evangelio. El Congreso se lo come, su castillo de popa hace agua, sus ministros figurines o búhos viven de transfusiones, y eso que al PP lo acosan la corrupción y el cainismo y Rajoy ha sido salvado por las elecciones gallegas en el último momento, cuando también hacía cola para su entierro. En Andalucía, Zapatero puede arrastrar en su caída al Régimen, o bien, si el PSOE-A aún logra una mayoría agonizante en las próximas elecciones, hacer que sobreviva a su estatua yacente y darle otra vez cuerda a la vieja guardia de aquí. No sé si los estertores de Zapatero ayudarán al adiós de Chaves o más bien apuntalarán su búnker. En todo caso, Arenas se enfrentará a una fiera asaeteada y eso siempre es peligroso. Todo dependerá de cómo el PP andaluz se gire al centro, que es bastante más que quitarse la corbata. Un día tendrá que elegir entre las hipotecas que aún le debe a la derecha y ganar las elecciones, así que ellos sabrán si les conviene seguir haciendo de monaguillos o conformar un partido moderado y eficaz que pueda pasar por fin de siglo en Andalucía. A Zapatero, grogui, descoyuntado, se le caía el techo del Congreso y vi cómo aquella esperanza de otra socialdemocracia era devorada finalmente por sus flores. A algunos ya sólo nos queda UPD, porque una derecha que se atreva a ser centro parece tan difícil como que resucite el mesías leonés de entre muertos y lombrices.

Somos Zapping 22/03/2009

Hipocresía verde. En el cestillo del cambio climático han metido no sólo al planeta asfixiándose por sus chimeneas, sino también un rebujo de ensaladas vegetarianas, pilates de amas de casa, pies descalzos, feng shui de las lámparas, anuncios de cachorros perdidos, música de tetería, altares de flores y pipas de agua. Es esa religión verde que no es ecología, sino una especie de espiritismo de picnic, un fundamentalismo mentolado de los zumos y los molinillos de viento. Poco tiene que ver la ciencia ecológica con esa moda, ese nuevo hippismo magro, pero los políticos pronto se han dado cuenta del filón que tienen ahí, la rentable demagogia que les ofrece ese póster en el que mezclan el sol como una margarita, los hielos fundiéndose, los linces cojos, el exorcismo de los humos, los desayunos con fibra, la diuresis, los grifos y los enchufes malvados, la santificación de los tomates y los humificadores, los sepelios de la basura, la poca sal en las comidas, los carriles bici, los venenos de la electricidad... Desde bañarse a comer un yogur, cualquier cosa entra en el “cambio climático”, y el apostolado de todo ese batiburrillo han sabido incorporarlo a su propaganda. Veo el anuncio de la Junta en el que una familia declara que “el protocolo de Kyoto está muy bien, pero sin la contribución de todos no es posible”. Por ello, presentan “el protocolo de los García Ramos”: “no pasar tanto tiempo en la ducha”, “no dejar la radio encendida”, “coger menos el coche”... No dicen nada del cagar, pero será lo próximo que derrita los polos. Es todo tan ingenuo que hace sonreír. ¿Pero qué hace en realidad el Gobierno andaluz, los desinfectados gurús de tan verderona, falsa y astringente religión? Pues dar ejemplo cortando una calle entera en Málaga con la flota de sus cochazos oficiales. “Coger menos el coche”, decía el padre del anuncio, pedaleando e invitando a “ecoactuar”... Ya ven que el “protocolo de la Junta” es muy diferente al de los García Ramos y no incluye ni la bicicleta ni la palangana, sino el despilfarro y la hipocresía. Que otros salven al planeta, ellos ya están salvados.


Mutación. Pensé que era un trailer del increíble Hulk o algo así: fogonazos verdes con tamboradas guerreras, letras de rayos gamma, jóvenes transformados por la radiación... Pero no, era el anuncio de la Junta promocionando su bono cultural, que por lo visto otorga musculatura mental a través de un bebedizo. “Tendrás el poder de la cultura en tus manos”, decía, como si hablara, enseñando su martillo o sus ganchos, aquel Thor o aquel Doctor Octopus de nuestros cómics. Pero la cultura no la da la teletransportación en mitad de un cine, sino la educación, esa educación que ellos han destruido con la misma ceguera y brutalidad de La Masa. La cultura no es una mutación, no es algo que llega por accidente de laboratorio o que otorga el sol amarillo de la Junta a unos jóvenes por su densidad molecular (para los que no sean suficientemente frikis, aclaro que esto va por Superman). La cultura es un largo hábito y enamoramiento que no va a venir en su ovni a los 18 años porque la Junta regale un talonario. A esta generación botellonera educada en Andy & Lucas y en el desprecio al esfuerzo y a la inteligencia, no se la va a empujar a escuchar a Mahler ni pagándoles. Además, teniendo en cuenta lo que la Junta puede considerar “cultura”, lo mismo el bono sólo les sirve para ir a escuchar a Pitingo o a las nuevas tonadilleras que engloria Canal Sur, o para ver eso de El lince perdido. Más educación y menos píldoras de superpoderes, es lo que necesitamos. Después del anuncio, todos los jóvenes andaluces volvían a su estado normal y enclenque, como Bruce Banner, y alrededor sólo había escombros.

19 de marzo de 2009

Los días persiguiéndose: Campañas (19/03/2009)

Los niños son gatitos, el idioma es un áspid, Dios es un dentífrico. Así es el lenguaje de la publicidad, la misma que nos intenta convencer de que el coche engorda el miembro viril, de que el dinero viene como una pizza si lo pides, de que el yogur da la juventud o de que la Junta nos invita a un balneario. No se vende un producto, se vende una fantasía. España expone sus sueños, sus complejos, sus fantasmas, sus cruzadas, en cielos con alcayata o en autobuses como zepelines. Es el escaparate de lo que somos, obispazos contra los siglos, nacionalismos con tijera, dioses encontradizos, política de almanaque. Lo bueno de esta moda de campañas es que adornan la ciudad con ese tamaño que tienen los interrogantes colgados; lo malo es que el mensaje de una doctrina, una reivindicación o una trampa se reducen a un eslogan y a una adhesión. La edición digital de este periódico preguntaba el otro día a los lectores, bastante tendenciosamente, si les parecía bien la campaña de la Conferencia Episcopal contra el aborto, y uno no sabía si se pedía opinión sobre el hecho de competir con los pintalabios en las vallas o sobre el aborto mismo. Lo que me pregunto yo es cuántos de los que ven bien esta campaña protestaron por el anuncio ateo, o cuántos de los que estuvieron de acuerdo con el anuncio ateo no quieren en Cataluña ese otro que pretende reivindicar la libre elección de idioma en la enseñanza.

Tenemos a las diferentes Españas o Antiespañas a cartelazos en la cabeza, compitiendo por su estampita, tapando unos anuncios con otros en una pugna como de varios cantantes en el pueblo la misma noche. Esta guerra de cepillos encolados me parece tonta, pero la afición al garrote y a la hoguera de los otros es tan nuestra como la atávica incivilidad que nos define. Si estuviéramos educados en la libertad, nos daría lo mismo que se publicitaran dogmas igual que tintes, ideologías igual que lavadoras, incredulidades igual que bífidus. Podríamos discutir esos dogmas, ideologías o incredulidades, pero no el hecho de que salgan a la calle a bocinazos o a doble página. Los obispos sólo hacen de obispos, como los vendecoches hacen de vendecoches; los ateos sólo proclaman que ellos existen a pesar de una mayoría asfixiante, como existe el español en Cataluña estrangulado de manera similar. Alguien en Doñana se molesta porque han hecho del lince algo así como la mascota de Herodes. Otros se sublevan porque los ateos se atreven a declarar con guasa que el trono de Dios está vacío o es tan humano como los demás. En Cataluña espanta la blasfemia del castellano expuesto entre semáforos. A mí, sin embargo, lo que me preocupa es el miedo que nos da aún la libertad de los otros, la libertad para que cada cual exprese sus convicciones como tenga a bien sin que inmediatamente les acechen guillotinas, inquisiciones, censores, tachones y gomas de borrar. Si los líquidos tienen o no alma, si Dios nos creó de sus barbas y triángulos o sólo es el atrapasueños que el ser humano colgó sobre su cuna, si la lengua es una falange del totalitarismo o la canción unísona de un pueblo, eso se podría y se debería discutir. Que todo esto ande por autobuses, solares o farolas, no. Veo ahora una publicidad de la Junta de Andalucía, dinero público usado como propaganda partidista, y eso sí me da ganas de protestar. Esos otros carteles con sus ideas o morales esquematizadas en peluches o entrecomillados, más verdaderos o más tramposos, deberían llamar a la reflexión, pero no a la condena, no al anatema. Si estuviéramos acostumbrados a la libertad, claro.

Somos Zapping 15/03/2009

Premio. Al fiel y dócil lacayo le esperan empresas públicas y ayudantías junteras, nunca más caminará solo, lejos del calorcillo del presupuesto y de la descansada oficialidad. Rafael Camacho, voz de su amo, pasó de la portavocía explícita a esa otra in pectore que confiere la dirección de la RTVA, y de ahí, ahora, a la cochera de enchufados, agradecidos, quemados y otros tocatrompetas y servilones que son las empresas satélites de la Junta, ésas que, ya ven, son capaces de perder en un solo año el equivalente a lo que nos van a pagar de deuda histórica. Da mucho que pensar que el mismo dinero que se supone va a compensar nuestro eternal atraso en infraestructuras y servicios ya se lo ha ido tragando año tras año esa urdimbre de siglas y cargos abanicadores de la Junta, pero así funciona esta Autonomía. En otro lugar quizá eso sería suficiente para levantar guillotinas, revoluciones, pero aquí, en Andalucía, hace mucho que la desvergüenza política derrotó al pudor y el sesteo a la rebeldía. En una empresa pública de “consultoría tecnológica”, pues, recala Rafael Camacho, donde no sabemos si aplicará la sabiduría que ya acumularon en Tecnópolis para convertir en vanguardia la compota de castañas, las muñecas de flamenca o los burrotaxis. Después de dirigir el ministerio de propaganda y atontamiento que es la RTVA, después de avanzar en ese objetivo canalla de embrutecer, conformar y narcotizar a la sociedad andaluza, Camacho obtiene su premio, especie de jubilación de SPA, cargo y despachito blandos desde donde seguirá cobrando por firmar neologismos idiotas y producir bombillitas de propaganda.


La metralleta. Mientras a Rafael Camacho le regalan el mando de una casita de muñecas por sus servicios, su sucesor, Pablo Carrasco, va haciendo méritos para seguir sus pasos. Está ya a la mitad de la escalinata. De producir programas basura en la pata negra ZZJ, a justificar esa misma basura de una manera apostólica. El vergonzoso programa de María del Monte, establo de todas nuestras boñigas, morcillería de todas nuestras bajezas, le hace sentirse “orgulloso”. Sus chistes cagameones, sus andaluces como mandriles, su alegre empeño por expulsar a pedos cualquier rastro de inteligencia, le parecen muy apropiados porque “hacen reír a 500.000 andaluces” y tampoco les obliga a salir a la calle “con metralleta” (???). No, la metralleta la tiene Canal Sur, y con ella están asesinando el buen gusto, la dignidad de los andaluces, la imagen de esta tierra devuelta a sus gracias de almorrana, a la hilaridad del pobretón, el vago, el inculto y el vocinglero; a la despreciable satisfacción en una felicidad monicaca que, eso sí, resulta tan apreciada, tan conveniente y tan inofensiva para el poder. Tanta lucha, tanta necesidad (histórica, moral, estética, resarcidora) del andaluz por escapar de sus tópicos de graciosismo, despreocupación, trivialidad e ignorancia, y nada menos que desde la radiotelevisión andaluza toda esta colección de lastres y vergüenzas se proclama festivamente como orgullo y hasta servicio público. Son dañinos, destructores, infames y aciagos; son los pervertidores de cualquier esperanza de dignidad para esta tierra, son los que nos hocican hacia lo más abyecto convenciéndonos de que así somos, de que así debemos ser, de que así debemos estar contentos, de que no podemos llegar a más, de que nuestro sitio está en el borricaje, la bajunería y el vinazo de la carcajada estúpida y animalesca. Así son, y por ello el poder les dará premios, cargos, sillones. Si siguen el camino del lacayo, como hizo Camacho, como está haciendo Carrasco, rebajar y destruir Andalucía les reportará una buena recompensa.

12 de marzo de 2009

Los días persiguiéndose: La herencia (12/03/2009)

Como los reyes, tienen corte, bardos y sangradores; como los reyes, tienen la picha consagrada y el dedo taumatúrgico. Pasan el sello, pasan una corona, pasan una infanta o un delfín con todos sus anillos de cama a cama o de familia a familia. Nuestros gobernantes no llegan ni se van acarreados por el pueblo o las bases de sus partidos, sino que se suceden, se heredan en alcobas austrinas, traspasan el poder poniendo sus manos enfermas sobre la cabeza de primogénitos o validos, entre confesores y viudas. El pueblo no tiene nada que decir en sus misas y concilios de partido, y el mismo chambelán que anuncia que el rey ha muerto y grita que viva el rey le dará luego las papeletas ya escritas para que vote en domingos ciegos de luz el futuro que ya han planeado en comandita.

Esa palabra, “sucesión”, sea de Chaves o de otros, remite al orinal de los reyes, en esta democracia de estirpes, ahijados, camarillas, mayorazgos. El pueblo sólo tiene candidatos ya con sus retratistas buscados, después de que otros los hayan elegido según la limpieza de sangre o la fidelidad a una espada. Sucesión: el rey viejo entrega a un vástago sus collares y sus escudos, la herencia que ellos piensan que es el pueblo, la autonomía, el país. Se traspasan toda la democracia como un caballo. Pero no somos herencia, no somos yeguadas, y los gobernantes o sus gabinetes que tras noches en blanco, visitas de arcángeles o echamientos de cartas eligen “sucesor” han confundido la democracia con su cofre. Lo hizo Aznar elevando su dedo como un cayado, lo hicieron otros como Pujol o Fraga. Y siempre dan enclenques consanguinidades, príncipes enfermizos, niños de papá a los que atormentan las pesadillas de los usurpadores.

Chaves no quiere que se hable de su “sucesión”, aunque fue él con su bocaza el que comenzó todo. A mí tampoco me gusta hablar de “sucesión”, por todo lo que queda dicho aquí. La política no debería ser cuestión de linaje, con un partido, una autonomía o un país reducidos a simple ajuar. Chaves ya se ha heredado a sí mismo demasiadas veces y un hijo con su apellido no aportaría un cambio significativo. Yo preferiría hablar de “renovación”, porque me cuesta trabajo admitir que la socialdemocracia en Andalucía sólo pueda ser este régimen egipciaco, omnímodo, marrullero, mostrenco, comilón y estatista. Y esa renovación no tiene nada que ver con sustituir la vejez regia de Chaves por un descendiente de las mismas familias hacendadas. La sucesión significa el dedo señalador desde arriba, el suave cambio de cortinas y ropajes de un legatario, mientras que la renovación es el terremoto desde abajo. Pero es difícil imaginar revoluciones en una estructura de partido que se ve poderosa, imbatible, con tentaciones de Eternidad y Absoluto. Está claro: lo único que puede salvar a la socialdemocracia en Andalucía es una catarsis, y eso sólo ocurrirá si estos falsos socialistas señoritos pierden el poder. Entonces no tendríamos ya a un rey que sólo se limita a ponerse la peluca del anterior y a contemplar los mismos valles desde su almena, sobre los esqueletos podridos de sus antecesores.

Nuestros gobernantes, con las telarañas y las águilas de los reyes, se suceden dándose besos o acaso puñaladas, a espaldas de la ciudadanía. La cuestión no es la sucesión de Chaves por un trasunto, sino si llegará a nuestra política el fin de esta era de monarcas emparentados con los dioses. Me dará igual Chaves que alguno de sus infantes. Lo que hay que pensar es qué será de Andalucía mientras consista en una herencia.

Somos Zapping 8/03/2009

Quejíos. En la taranta de El Patillas, cante de minas, cante de ahogo y quinqué, no hemos visto esta vez la pena de nuestro pueblo encorvado, sino la vergüenza del cazo y del engorde de los alcaldones, con el vecindario en verbena de toreros. Todas las televisiones sacaban al alcalde de Alcaucín en su quejío y, antes o luego, a su pueblo aplaudiéndolo cuando la policía se lo llevaba como si los migueletes apresaran a un bandolero. En Alcaucín ha habido millones de gallinero y folclore de mulillas en un espectáculo penoso e incomprensible. ¿Somos pillos que veneramos siempre al príncipe de los ladrones del barrio, somos palmeros de cualquier poder que nos ponga un plato y un catre, somos esos pobres que han decidido que la honradez es un lujo? Pues ahí estaba, un pueblo como hecho sólo de cuñados, enchufados y convidados del bar, vitoreando a un cargo electo acusado de corrupción. Ya vimos los mismos vítores en la Marbella gilista, con el pueblo contento de ser robado a cambio de cuatro macetas más y cuatro putas menos en las calles y de las propinas de los gordos de allí. Ay, esa taranta... ¿Somos pobres de quejío y tizne, o una cena de pícaros viles como aquélla de Buñuel?


Mandamientos. La experiencia nos dice que los mitos y las supersticiones, para que estén tan arraigados que los que los fabrican puedan vivir de ellos, hay que inculcarlos a edades tempranas, antes de que se desarrolle el sentido crítico. Da igual en religión o en política. Miren lo primero a lo que atienden los nacionalismos más o menos pueblerinos o racistas: la escuela. Ikastolas o galescolas que vayan moldeando las mentes inocentes hacia sus interesadas esencias, nostalgias, paraísos, héroes y odios. No soporto ver a niños obligados por los mayores a participar en cosas que no entienden ni les corresponden. Así ocurrió en Andalucía directo, el fin de semana de nuestras glorias del 28-F, en un reportaje (“y usted, ¿se siente andaluz?”, rotulaban) sobre padres que llevaban a sus hijitos al Museo de la Autonomía. Allí les pintaban la cara de verde y blanco y unos payasetes los dirigían en un recorrido “por la historia de la consecución de la Autonomía”. Les habían hecho hasta jugar a “manifestarse”. A un chiquillo que dijo que lo que más le gustaba del Día de Andalucía era el desayuno mediterráneo en la escuela, la reportera le continuó insistiendo, pues aquello tenía poca carga identitaria: “¿Aparte de la comida, que es lo que más te gusta de Andalucía?”. “Pues las tradiciones, me gusta mucho la feria, la Semana Santa...”, contestó. “¿Pero tú te lo tienes estudiado, o es que te gusta de verdad?”, siguió. Me quedé anonadado. ¿Estudiado? ¿Es que hay ya un catecismo del andaluz, con el aceite, la feria y la Semana Santa entre sus mandamientos? Aquello terminó con la voz en off de la reportera y la imagen de una chiquilla china adoptada, que apenas hablaba, allí jugando: “Un 28-F que celebrará como una buena andaluza”. Pero peor fue el remate, ya desde el plató: “El ideal andaluz con andaluces ideales”. ¿Ideal andaluz? ¿Andaluces ideales? ¿Y quiénes son los no ideales? La perversa homogeneidad, qué miedo me da siempre. Buenos y malos andaluces según comulguen o no con el mito, el folclore, el sentimiento, el circo o el perol diseñados por el poder para que ellos y esta tierra se tomen por una misma cosa, para que luego Chaves y Canal Sur luzcan en el 28-F como nuestros padrecitos. Cómo aborrezco las patrias, sus ortodoxias, sus camelos, sus dueños, sus profetas, sus preceptores y sus floristas.


Innovación de la semana. Otra vez en Tecnópolis: “Un secuestro de bandoleros en plena sierra de Cádiz”. Teatrillo para turistas. ¿Cómo soportamos tanta modernidad?

Los días persiguiéndose: El sueño de los faunos (5/03/2009)

Ya han oído al PNV, partido hecho de las piedras y los cereales de aquel lugar igual que las diosas de los segadores (Deméter siempre, claro), decir que considerará una “agresión política” su salida del poder. Vacíen un tronco y tendrán a Osiris o a esta política aún mitológica, la religión de las cabañas que es el PNV y que acertadamente ha criticado Patxi López. Y sin embargo, no hay tanta diferencia entre esta concepción del gobierno como propiedad de una casta elegida, de unos hacedores de lluvia de la tribu, y esa “alianza” con los andaluces de la que habla el PSOE de aquí. En los dos casos, creen que su ideología ya quedó establecida como espíritu y linde de la propia tierra, que gobernar es algo que les corresponde por linaje y que el Partido brotó de los ríos y los tamarindos para respirar por el pueblo, para ser el propio pueblo. Un socialista, Patxi López, advierte al PNV que no es la religión vieja de las comadres y los adanes leñadores, mientras aquí, el sociatismo andaluz se tiene por fundador, arcángel e Iglesia de Andalucía. No hemos avanzado tanto desde que adorábamos al sol y a la madre de las mieses. La política aún huele igual a bueyes sagrados, y eso nos hace primitivos más que nuestros ídolos de madera y trigo.

Un partido no es esencia, ni padre, ni bandera. Los pueblos no vienen con su ideología como con su sombrerito típico. Ni el PNV allí ni el PSOE aquí guardan una identidad, un alma, un Arca de la Alianza o una primera piedra de nada. En Democracia cambian los gobiernos y no hay por eso mudanza o despeñamiento de dioses, ni simas que se abren en los valles, ni plagas que matan a las vacas. Pero vemos que el poder convierte en reyes y sacerdotes a los políticos, de ahí que sea tan importante la alternancia, antes de que lleguen a pensar que el paso de las estaciones, la abundancia de las cosechas y la salud de las parturientas dependen de su presencia y su nigromancia. No es sólo un pecado del nacionalismo. Cualquier poder mantenido suficientemente en el tiempo termina usando el truco bellaco de identificarse con la tierra o el pueblo o la historia, echando mano de la propia edad como legitimación y convirtiendo en blasfemia las críticas que se le dirigen. Esa “agresión política” a la que se refiere ahora el PNV sintiéndose no desalojado del poder por las urnas, sino derrocado de un derecho eterno, me recuerda a ese “insulto a Andalucía” o a sus “instituciones” que suele sacar nuestro sociatismo cuando traidores y malos andaluces osan censurar su labor política. No hacen falta mitos del Rh, ni razas nativas de ovejas o de hombres, ni países cuyos nombres susurran los bosques; bastan el tiempo y el poder para que un partido se haga uno con el suelo y el cielo y el alma de todo un pueblo, para que usurpe su voz y su destino, para que ocupe a caballo el lugar de la libertad. Imagino al PSOE fuera del gobierno de Andalucía y pienso que sería como verla por primera vez sin dueños, sin patriarcas, sin apóstoles, sin caseros, sin niñeras, sin faraones, sin escribas, sin gurús, sin templarios. Algo así supongo que deben de estar sintiendo ahora muchos en el País Vasco. Sería saludable, sería normal, en eso debería consistir la Democracia. Ni derrocamientos ni felonías, sólo un cambio de gobierno, sin que tengan que trasfundirse sangre, esencias, dogmas; sin que nada en las raíces de la tierra o en la eternidad de las alturas sea o deje de ser nueva o vieja verdad. Puede ocurrir en el País Vasco, donde la política remitía al sueño mitológico de los faunos. ¿Ocurrirá en Andalucía?

2 de marzo de 2009

Somos Zapping 1/03/2009

Banderas. Las banderas, qué bien se llevan con ellas las corbatas, los faldones y los besos, esos besos como de coronel (Sabina dixit) que se dan a su sombra de cielo tendido igual que ropa. Día de banderas, viento estacado, taparrabos de Hércules haciendo de cortina y de medallón. El patriotismo andaluz de nuestros gobernantes es sólo un babero de banderas. Eso parecía la blanca y verde, llena de las migas y la saliva de vino de todos ellos. No se celebran Andalucía ni sus batallas, sólo el destino que les hizo dueños de esta tierra y les proporcionó la gran comilona. Canal Sur nos llevaba a la celebración del 28-F con lirios de banderas y patio de reclutas, y mientras sonaba el himno y la cámara pasaba por todo el Gobierno andaluz igual que si fuera un equipo de fútbol en un final, se oían las protestas de los mineros de Boliden, acampados no lejos del lugar de la ceremonia, como apedreando el falso altar. Era una imagen exacta y dolorosa: los políticos en su jardín de estatuas y al otro lado la Andalucía real, abandonada a sus problemas, sus puños, sus gritos, sus mendrugos. Luego, durante el discurso en la entrega de la Medallas de Andalucía, Chaves, con todos sus armiños por encima, habló de la globalización, de las hipotecas basura americanas que nos habían arrastrado a la desgracia. Chaves y su corte, que nos han mantenido pobres hasta sólo poder ofrecer nuestros huesos pelados a la crisis, se lavaban las manos, y la bandera de Andalucía quedaba manchada de la huella de sus dedazos orondos, perfumados, salchicheros.


Todo en uno. Eso del Régimen no es una fantasmagoría, se ve y pesa como un gran pirámide. Es ese mazacote en el que Andalucía, la Junta, Chaves y Canal Sur son una sola cosa. Ya no sabemos de quiénes son los cumpleaños cuando Canal Sur dedica programas y galas al 28-F, a sus veinte años, a la vejez de sus presentadores, de sus políticos, de sus cantantes y de esta Autonomía, todo en uno, fundido, indiferenciado. En retrospectivas del ayer o felicitaciones de hoy, sale María del Monte llegando a caballo de verdad o a caballo de ella misma, sale Tom Martín Benítez como el churrero feliz de las noticias oficiales, sale Manuel Chaves jurando por primera vez su cargo de presidente de la Junta en 1990, emparejado en leyenda o en edad con imágenes de Lola Flores; sale Roberto Sánchez Benítez, antes de que se chutara gominolas para mayor gloria de la propaganda de la Junta, entrevistando a un ministro; salen épicas de la Autonomía como algo de bandoleros, sale Juan y Medio en sus diferentes etapas de bigote, salen El Arrebato y Bisbal, dos cantantes con rulos; salen la Expo y el AVE y el 18-F, salen Carmen Sevilla balando con una ovejita y Los del Río (“andaluces universales”, decía la voz en off) con su infame Macarena... Todo esto, en una gala del 28-F con aires onanistas, entremetido en los informativos o en ese programa aniversariero que presenta Carlos Herrera, que parece en él degradado de periodista de verdad a pregonero o guía de museo. La felicitación a los andaluces por el 28-F se une a otra por el éxito de Arrayán, los cantantes sandungueros del lugar siguen a autopiropos por la labor informativa de Canal Sur; los políticos socialistas posan para su pinacoteca a la vez que gimen Andy y Lucas... Y me doy cuenta de que todo forma parte de lo mismo, de que han conseguido esa unidad tan peligrosa y espeluznante que caracteriza a los totalitarismos, esa unidad orgánica, estructural, ideológica y estética. Ir y volver del Parlamento a Juan y Medio, de Chaves a Agustín Bravo, del Estatuto a La banda, de la Autonomía al niño del tambor, de las banderas patrias a los chistosos. Todo es lo mismo, suena a lo mismo, sirve a lo mismo. Todo esto en una única celebración, ¿no les da miedo? A mí, mucho.

Los días persiguiéndose: Morbo y necesidad (26/02/2009)

No sé si incendiarán Facebook, si prohibirán los ombligos y los novios en moto con su frío de aviadores. No sé hasta qué punto la tragedia de Marta está haciendo que la gente pierda la cordura. El padre o el pueblo, con velas y nudos en las manos, piden la cadena perpetua, castigo casi bíblico, eterno crujir de dientes. Yo me pregunto en qué casos. ¿Cuando el asesinato forme vendaval en las barriadas y en los medios? ¿Cuando alcance un mínimo de share en la televisión? ¿Pedirán tribunales populares, con bieldos hacia los precipicios? Yo no soy partidario de la cadena perpetua, de los pozos con ratas ni del Diablo de Dante masticando con sus tres bocas a los malvados por toda la eternidad. Todo eso me parece muy propio de la crueldad judeocristiana, de los dioses que se alimentan de sangre y culpa, pero no de una sociedad civilizada. Entiendo el dolor, la rabia, pero si el castigo para siempre ya me parecía sadismo por parte de estos dioses, por parte del Estado, y además empujado por la turba linchadora, me parece un fracaso y una inutilidad. Sí, una inutilidad. No tenemos más que mirar a Estados Unidos, el país de la silla eléctrica, donde ni siquiera la pena capital les libra de records de criminalidad, donde el corredor de la muerte está atestado de pobres y excluidos, algunos inocentes, que acabaron allí sólo por tener abogados malos o elecciones a la vista. Al padre de Marta le diría que la venganza no hará que duerma mejor. Me temo que nunca sirvió para eso.

En todo caso, esto nos hace constatar ese divorcio que existe entre la Justicia y el pueblo. Y aunque los casos de Mari Luz o Marta, tan sensibles, tan emocionales, son extremos, ciertamente la Justicia y la ciudadanía parecen hablarse desde muy lejos y con idiomas muy distintos. Seguimos sin confiar en una Justicia lenta, desbordada, desfasada, manejada como entre viejas tenedurías; una Justicia donde desbarran jueces y jurados, y que, para colmo, desde aquella Ley del Poder Judicial con la que Alfonso Guerra declaró muerto a Montesquieu, duerme blandamente en los tentáculos de la política. Que robagallinas y arrancadores de matas de poleo terminen en la cárcel mientras corruptos y terroristas tienen a la Ley por jardín, es algo que sigue chocando y no sin razón. Espectáculos como el de Garzón y Bermejo, con sus conchabamientos y causas generales, o los de los jueces que ponen su moral, su ideología y sus prejuicios por encima de la legislación; todo esto, en fin, es lógico que nos desasosiegue. Ahora parece que no hay más que esas cadenas perpetuas que se piden a bocados, pero creo que lo que necesitamos urgentemente es una Justicia moderna, independiente, eficaz, sin sus almenas kafkianas, y una Ley equilibrada, proporcionada, ejemplarizante y útil. Más que con horcas o mazmorras eternas, ganaríamos por ejemplo endureciendo las penas por corrupción, malversación de fondos públicos, cohecho y prevaricación, auténtico cáncer que amenaza con comerse a la Democracia misma. Desde “el clan de la gomina” hasta Ohanes, pasando por el paradigma de Marbella, vemos que la corrupción sale demasiado barata. Hay quien ve sus breves años de cárcel como una inversión aceptable porque luego retornarán a la sociedad igual de ricos y perfumados. Si la Ley asusta tan poco que un alcalde no duda en usar dinero púbico para irse de putas, imagínense cómo tiemblan si las corruptelas les hacen millonarios. ¿Pero quién grita en las calles por todo esto? Aún nos puede más el morbo que la necesidad.

23 de febrero de 2009

Feliz Carnaval de la crisis (22/02/2009)

A Cádiz la pusieron un día a buscar duros antiguos con la piocha y desde entonces no ha parado de escarbar. “Lo que es la miseria”, decía el eternal tanguillo del Tío de la Tiza. Cádiz acumula una crisis sobre otra como un romano sobre un fenicio o un levantazo que sigue a otro levantazo, así que ésta que vivimos coge a la Tacita y a su Carnaval ya viejos, resabiados, resignados, pasotas o entretenidos sólo en sus tirabuzones o en sus bajos, aficiones muy gaditanas. Ninguna crisis puede desplazar a los callejones bucaneros de La Viña, a esa Caleta un poco gondolera, a las puñaladas de los comparsistas, ni siquiera a las caballitas o al chocho de la vecina. A esto, que es así ya por el carácter del gaditano, hay que sumarle además, en los últimos tiempos, la dimensión de negocio que va teniendo el concurso y el abrazo del poder político que otorga premios, ofrece contratos e impulsa egos desde la plazoleta a la fama a través de Canal Sur. “¿Quién va a criticar aquí a los socialistas, a la Junta, a Chaves, estando pendientes de los contratos de la Diputación de Cádiz, o de Sevilla, para hacer giras?”, dice un joven autor, aún lejos de los premios. “Claro que hay todavía agrupaciones sinvergüenzas, pero como mucho llegan a cuartos”, explica, y luego añade, con guasa: “Lo mismo a partir de semifinales algunos se cortan menos porque ya no está el logo de Cajasol en las tablas”.

El único tipo remarcable con referencia inequívoca a la crisis ha sido el de la chirigota Los políticos, que, efectivamente, se quedó en cuartos. Eran paisanos en paro con el mono de Delphi, de Astilleros o de Skol acodados en una barra tras la que habían colgado las fotos de Calvo Sotelo, Suárez, Felipe González, Aznar, Zapatero, Chaves y (a su derecha) Franco, más una cabeza de toro que parecía condecorarlos a todos. Su primer pasodoble en cuartos era toda una declaración de intenciones: “Por el aro no paso yo, eso es para lo señores pelotas de los premios. Yo vengo a rajar, para mandar al carajo a cuatro mangantes y, si hiciera falta, a muchos más”, cantaban. En un cuplé dedicado a los cursillos de prevención de riesgos laborales, decían: “¿Cómo vamos a matarnos si no tenemos trabajo?”. Ya que “en el parlamento grande nos tienen a todos jodíos”, ellos prefieren estar en su “parlamento chico”, el bar, “bebiendo y criticando a este gobierno, al que vendrá y al que hubo, tomando una copita y a Zapatero que le den por culo”. Pero aun ellos se cuidaron mucho de mencionar siquiera a la Junta, dando sus babuchazos muy repartidos y sin nombre, a una casta política abstracta y atemporal. No dejaba de ser una crítica pasota o nihilista, en la que sus directos exabruptos y su estribillo (que era, literalmente, un pedo) los dejaba sólo en majaras enfurecidos.

A otros, la crisis parecía que sólo los empastillaba o los excitaba de masoquismo. La comparsa de Tino Tovar y Ángel Zubiela, Voces, que iba como de un africanismo fosoforito, incluso la llevaba a su estribillo, pero de esta curiosa manera: “Si la crisis los nervios te desata, si te disparata y te desbarata, en los Carnavales, no metas la pata, hazme caso bwana: Hakuna matata”. O sea, traduciendo directamente del swahili: “no hay problemas”. En el popurrí nos aclaraban que “cuando río te enseño cómo hay que tomarse la vida”. Sería una buena sintonía para Canal Sur. Parecían María del Monte con bongos. En esa misma resignación complaciente, en esa feliz rendición a la miseria, parecía instalarse igualmente la comparsa La secta de los Carapapas, dispuestos a “quitarse el hambre comiendo papelillos”. Por ellos, se pueden llevar de Cádiz las industrias y todo lo demás, “menos el Carnaval, que es sagrado”. También el coro Los Cañamaques, segundo premio, recomendaba a los españoles, “ahora que están tan tristes porque no llega para la hipoteca”, que “aprendan de Cai, que está medio muerta y nunca lloró”. “De la crisis me río yo, la ciudad que sonríe es la primera en el ranking de todo lo peor”, decían. ¿Amarga ironía o soberbia del flagelante? Les pega más lo segundo. En el carnaval gaditano siempre ha gustado mucho la estética del perdedor y hacer virtud de esa necesidad de sorberse los mocos de pobre.

La crisis como cilicio, como oportunidad para exhibir nuestras históricas cualidades para el sufrimiento y el conformismo sonrientes, o bien la crisis como mera anécdota, como otro vendaval que nos ha tocado, una crisis con espectadores pero sin culpables. La chirigota Salón de belleza El Tijerita, primer premio, también la llevó a su estribillo: “Crisis, crisis por tos laos, ¿cómo quieres que yo pele si está to el mundo pelao?”. Incluso cantando que “aunque Zapatero diga que la crisis no se nota” ellos han tenido que hacer tintes “con rotuladores Carioca”, el presidente del Gobierno parecía no más que el hombre del tiempo o el pregonero de lo que está pasando. Como mucho, sentaron en sus silla de barbero a los banqueros, adornados de cuernos, para ponerlos de ladrones del pueblo.

Lo del Selu y su chirigota Los enteraos, merece mención especial. Fueron sólo tercer premio, quizá porque no montan ese alboroto y esa vocinglería que gusta a algunos, pero sin duda no hay quien supere en este carnaval su ironía y su inteligencia. Sí, fue pura ironía su presentación, con el enteradillo gadita (genial y total inmersión en el tipo) diciendo que esto ni es crisis ni es nada, comparado con lo que él pasó en el año 40. Eso sí, hay que recordar que mucho más directo fue el Selu en el 94, cuando atravesábamos otra crisis y Los titis de Cai no sólo guaseaban con lo alegre que estaba la calle llenita de gente por no tener trabajo, sino que se atrevían a mandar “a recoger escombros” “a los socialistas con trajecito que miran por encima del hombro”.

Aunque les pese, la dimensión crítica del Carnaval de Cádiz está sobrevalorada. Suele ser facilona, demagógica y poco profunda. Se busca el aplauso fácil y para ello no hay nada mejor que dedicarles pasodobles a los jueces casi asesinos de niñas, a los maltratadores o a los violadores. Antonio Martín, con su comparsa La mare que me parió, consiguió el primer premio llevando a la final coplas a Marta del Castillo y a los banqueros y especuladores frente a los currantes. Otros, como Juan Carlos Aragón, hacían letras a la muerte o a la cama (!). El poder político, sobre todo el poder cercano y efectivo, apenas se toca. Las referencias a Zapatero parecían sólo coletillas y en todo caso, Madrid queda muy lejos. Teófila es un clásico y sabe que tiene que apechugar, pero aparte sus tintes y sus hechuras de alambre, sólo la comparsa Los trasnochadores, especie de vampiros en su perchero (tercer premio), le dedicaron en la final un pasodoble con cierto odio de clase, bastante confuso.

La Junta, desde luego, es tabú. Chaves ha salido dos veces por las glorias de su cabeza (Kike Remolino tenía que coger para él la tijera de tamaño familiar y la comparsa de Antonio Martín decía que para hacerle un trasplante capilar había que coger más pelo el que tiene la Pantoja donde uno se imagina). Una leve referencia le dedicó en el popurrí el coro de Julio Pardo, Cuando yo me pele, primer premio: “Me enteré de que Chaves no se presenta para presidente...”, y contestaban “cuando yo me pele”. Más sinvergüenzas estuvieron en la final los cuarteteros de Esta boca es mía, segundo premio: su suegro está haciendo uno de esos cursillos de formación y desde luego son útiles, porque “ahora puede cagarse en las castas del Chaves en catorce idiomas”. Hubo guasas para Bibiana Aído, pero ni de Solbes ni de Magdalena Álvarez hemos sabido nada. Como mucho, a la Fiona que hacía el Canijo le presentaron en el espejo una foto de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y ahí quedó la cosa.

Y sin embargo, letras como “bienvenidos a la fiesta de los pantalones bajados”, o “canta piropos a las puestas de sol y todo te irá mejor”, de la comparsa La imposible fábrica de sueños; o ese tango dedicado a cierta “mafia” por parte del coro de Tino Tovar , Cadilandia, que decía que “en este concurso no hay cojones para criticar”; esos “cobardes que se humillan” a los que se refería la comparsa La factoría... Todo eso, ¿es rebeldía ante un carnaval benevolente con el poder político? Pues no, sólo es lo que llaman metacarnaval: ajustes de cuentas entre autores, pullas al jurado y al Patronato, ombliguismo navajero de sus vanidades, envidias, negocios, camarillas, competiciones y contrapremios. Resulta chocante que la única autocrítica consista en decir precisamente que no hay valor para criticar, pero insistir en no criticar nada. Así, la comparsa de Quiñones, La pensadora gaditana, después de quejarse de que ya no hay valientes, de que “los valientes escribieron en la dictadura”, cantan un pasodoble a una niñita negra adoptada, ya ven, el colmo de la osadía.

El Carnaval de la crisis ha sacado muchos robots, cameos y reuniones de tuppersex. Como siempre, suegras, carajos, tetas y puntazos; coros esdrújulos y cantos vacíos y luneros a sus sombras chinescas y a “la cuna de la libertad”, que cada vez lo parece menos. Pero hubo más Obama, más Letizia y más Falete que Zapatero o Chaves; más peleas casapuerteras de arlequines y horcas para maltratadores que leña a los que nos gobiernan. Ya sea por carácter o por sumisión, la triste apostilla la ponía el coro Cadilandia: “en Cádiz no hay crisis mientras haya Carnaval y Semana Santa”.

Somos Zapping 22/02/2009

Medallas. Debemos de habernos quedado sin grandes poetas, artistas, intelectuales, científicos, economistas, profesores, o es que Andalucía ha acabado abaratada, acuñada con el oro más bajo, más pobre, más latonero. Las Medallas de Andalucía que otorga la Junta cada vez pesan menos, parecen lunares arrancados a nuestros estampados tópicos. En las noticias de Canal Sur se empeñaban en que fueran como nuestros Nobel, esa dignidad académica y un poco marina con su pesantez de anclas en el pecho y alfombras por la cabeza, pero aquí lo que se premia, demasiado a menudo, es otra cosa: divismos de barriada, andalucismos de tapete, vulgaridad con denominación de origen, rancias alcurnias o figurantes que sirven o al menos no estorban al poder. Ahí están enmedallados Los del Río, Lopera, David Bisbal, Isabel Pantoja, Carmen Sevilla, la Duquesa de Alba... Este año le han concedido la Medalla de Andalucía a La Mari, cantante de Chambao, ya saben, la de esa musiquilla de una Andalucía emporrada, la que nos dejaba el ánimo laxo y receptivo para los noticiarios de Canal Sur, la de “déjate llevar por las sensaciones”, todo un leit motiv para esta casta política sesteante y lisérgica. Debemos de estar sin genios, sin pensadores, sin héroes, o es que el oro viejo de esta Andalucía cada vez está más sucio y vale menos.


Marioneta. Buena pareja con La Mari, pues también participa en esa música de organillo de la propaganda juntera, haría Roberto Sánchez Benítez, el tecnopolitano de ojitos de botón. Al teleñeco de las modernizaciones mentirosas y la felicidad gominolera de Andalucía le han dado en Palma del Río (ayuntamiento socialista, claro) un premio de “comunicación”. Creo que ya tiene tantos premios como Los Lunis, con los que suele competir en la misma categoría. El poder trata muy bien a sus marionetas.


Tarantela. Toreros ellos y modelos ellas. Los confundo como a los japoneses. Los Rivera y sus parejas, iguales o intercambiables. Están los programas de la basura y el celestineo muy pendientes de Fran y Cayetano Rivera y de sus presuntas mujeres florero, mujeres como para dejar el estoque, pues los toreros no han cambiado de siglo y supongo que sus modernísimas novias lo tendrán asumido. El otro día, en uno de estos programas, sentí que Andalucía aparecía como una vieja Sicilia, como cuando en El Padrino Michael Corleone busca allí novia. Me acordé de esos rituales con toda la parentela caminando tras el paseo de la parejita, como entre cabras. Sí, fue cuando una de las contertulias tomó como prueba inequívoca de la relación de Fran Rivera con Elisabeth Reyes (me parece, porque ya digo que confundo a esta gente) el que ella acompañara al muchacho en sus ensayos semanasanteros, como una especie de ceremonia del pañuelo. Allí iba la chica, detrás del paso cargado con sacos, en un sitio que supongo deben de tener para las novias (para ellos las mujeres siempre tienen su sito), y Andalucía parecía una rancia tarantela mezcla de machismo, brujería y matanza de pueblo.


Cara. Siguieron el olisqueo de los perros, acompañaron a las lanchas que buscan el cuerpo de Marta del Castillo, hicieron espectáculo y morbo de los corazones encogidos, explotaron la piedad y la rabia. Y luego, los de Andalucía directo se dignificaron de “rigor informativo” y se distanciaron de la basura que había generado el caso en otras televisiones. Menuda cara.