9 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: Langostinos presidenciales (09/08/2007)

En Casa Balbino, donde cuelgan cabezas de toros asesinados por jamones y artículos de columnistas castizos igual que escapularios, me dijeron una vez que allí hasta el más tonto pide langostinos. Casa Balbino, llena de exvotos del hambre, vino salado y bichos con cáscara, junta a las clases ante el comedero del mar, un mar que en verano ya huele de lejos a freidor. En su mostrador he visto contar patitas a curritos y concejales, funcionarios y artistas, guiris y vinateros; he visto la convidada babosa del empleado al señorito; he visto sibaritas y pobretones, domingueros y roneadores, la democracia meneando el bigote. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron, unos langostinos como de caoba, unos langostinos en orfeón, unos langostinos para comulgar. Ahora que el sol del verano hace harapos con el cielo de Sanlúcar, en las tardes como un altísimo balcón que se desprende, la gente celebra su casta o se venga de ella comiendo langostinos con manicura, y el presidente Zapatero desciende igual que un cazador de perlas a la cocina del pueblo, hacia un tumulto de pescadores descalzos y pinches de temporada.
En Sanlúcar, en la Plaza del Cabildo con palomas suicidas y palmeras ahorcadas en el sol, a Zapatero le pusieron, primero que nada, langostinos, ante los que todos, labriegos y príncipes, parecen que están cosiendo cremalleras. Los políticos saben que tienen que compartir con el pueblo los dioses de la tierra y el bautizo de su vino, y a su vez el pueblo gusta de ver a sus jefes rozándose en la taberna para comprobar que no se alimentan de ambrosía, sino del mismo pan que también cagan ellos. Para hacer política en verano hay que olvidar Delphi, la ETA, las autonomías que aupan sus alcázares, y centrar la estrategia en pringarse los dedos, mojarse el culo, enseñar los pies, que no hay nada que nos haga más humanos. Un presidente gana más votos pareciendo un hamaquero que cantando en el Parlamento arias de apuñalado. Todos lo han hecho porque así dejan las calles alfombradas de igualitarismo y muchos souvenirs para la plebe, que en Bajo de Guía todavía guardan los catavinos con que brindaron Aznar y Blair como gaviotas borrachuzas. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron en Casa Balbino, donde manejan los camarones igual que tasadores de diamantes. En Sanlúcar, en realidad, los langostinos son ya como una garbanzada y el que sabe de verdad pide galeras, animales un poco egipcios y que hay que comer con cirugía. Los langostinos presidenciales eran como churros del verano, pero a Zapatero le sonaban a ostentación y los retiraron sin que nadie los tocara. El presidente, con camisa blanca, comido por los bañistas, lo que parecía era el heladero de España.

Foto: J.F. Ferrer

5 de agosto de 2007

Somos Zapping 05/08/2007

Televisión sin tiempo. El verano nos iguala a todos por los pies. El verano es una indecencia estética que sólo se salva por la alegre cercanía del sexo a la vista, evidente, desvelado. La televisión suele seguir las estaciones y se acomoda al resudor de la gente, por eso huele ahora a chiringuito y a sandía pisada. Sin embargo, en Canal Sur, que funciona a base de barreduras todo el año, el verano no supone este deschanclamiento radical. Los refritos, las videoteces, las galas larguísimas con los saldos de la tierra, las películas baratas, los programas para el personal que no se levanta de sus mecedoras, son los de siempre con alguna cara añadida y con otro nombre que parece más mojado, pero ya está. Sí, me doy cuenta de que Canal Sur es la televisión que se mantiene todo el año en su hoyo veraniego, en el rebozo de su dominguerismo. Poner a María del Monte por Alicia Senovilla, o que sea Carmen Janeiro la que nos presente los vídeos de chocazos en vez de Ismael Beiro, no es más que cambiar unas chachas por otras. Pero están los mismos sevillanistas mofletudos, las mismas marujas corraleras, el mismo bodegón con botijos y pan duro. No hay más novedad que una sobreabundancia de corridas de toros por la tarde, como nuestro ciclismo de establo. Canal Sur es la televisión no ya sin estaciones, sino sin tiempo. Veo a Rafael Cremades, que va a presentar a El Arrebato en una feria; veo a Juan y Medio como a Mary Poppins (¡también con El Arrebato!) ante sus niños sabihondos; veo un programa que uno creía extinguido, Furor, que se diría hecho con gente borracha, pero no, solamente parecen idiotas... Los veo y es imposible saber si son actuales o si se emitieron hace años. Ropavejeros, cansinos, repetidos, pestosos, con su eterno manguerazo de horterez. No es el verano. Canal Sur es así.

Un niño, niño. Su programa es inagotable, la olla sin fondo de la tarde. María del Monte es la musa de esta columna y uno ya se la imagina con sus atributos de una manopla y un cucharón. Los jubilados buscando el amor como la bolsa de agua caliente ya están un poco pasados y el nuevo filón ternurista lo han encontrado en las ecografías en directo, barrigas como de chicle y padres emocionados que no sabemos si es que no han conseguido cita en el SAS o es que quieren adelantar a los monstruitos de Juan y Medio empezando su estrellato en el útero. La cosa da para muchas gracias de partera y para ver a los padres andaluces orgullosos de la picha que se le ve al hijo. “¡Un niño, niño!”, exclamaba María del Monte ante la imagen de los testículos de un feto, para que luego salgan los modernos y las feministas queriendo desgenitalizar la sociedad y derrocar el androcentrismo y la falolatría. Los huevos gordos del niño eran la alegría de esta pareja (hubiera estado bien ver a Olga Bertomeu comentando la jugada) y toda esa celebración de la fertilidad y el macherío les hacía parecer padres amazónicos. Pero ellos querían que el niño fuera cantante “para que les sacara de pobres”, con lo que ya descubríamos que más que amazónicos eran genuinamente andaluces. Otro padre le decía a la señora que no descansaría hasta tener un “Miguelito” para poder ver con él el fútbol, ya ven cómo anda aquí la igualdad que pregonan los políticos y la consideración que aún merece la mujer como alacena de niños y juguetería para el esposo. Pues para esto sirven estas ecografías, para hacernos a los andaluces la primera foto granjera, tribal, antigua, de los machitos y las hembritas como dicen las señoras mayores; ese tipito de familia un poco a lo franquista que parece que es la que se sigue llevando paradójicamente en esta tierra tan remodernizada y progre.

Podcasting para Los del Río. Inevitable hablar de modernidad y RTVA... Esto es lo que le parece a Rafael Camacho, claro, porque a los demás nos suena a la madre de todas las paradojas. El antiguo vocero socialista y manejador de la máquina de atontar que es la RTVA ha presumido en una conferencia de la UNIA, y así nos lo hacían llegar los informativos, de su podcasting, sus descargas de noticias desde la web y la cercana maravilla de una televisión a la carta. Bajarse una actuación de Los Marismeños o una de las ferias presentadas por Los del Río en Canal Sur... Sin duda, imposible más modernidad.

2 de agosto de 2007

Hoy jueves: Las Marismillas (02/08/2007)

Zapatero va a entrar en Andalucía por Doñana, donde las garzas que miran igual que él trabajan el bronce tartésico del agua y el sol. En Madrid ha tenido que hacer ahora un congreso de quirófano, con sierras de hueso y manos de jabón, para quitar de en medio a los muertos que no podían ganarle a la derecha chulapa, autobusera, sobrada. Pero en Andalucía, donde el PSOE es otra Virgen de carromato, la señora de las cosechas, la patrona del oficio de ahogado, el partido vence desde la siesta, mandan los viejos mayorales y vive en la paz de las moscas y en el tiempo que manejan los queseros. Zapatero no tiene aquí padrinos, sino los que fueron un día sus enemigos y luego le dejaron hacer franciscanismo progre con la condición de que no tocara el sur, la montaña del yuyu, el cementerio de los elefantes, donde el equilibrio del hambre y de la historia les había hecho dueños perpetuos. Para acercarse, Zapatero tiene que entrar como el aguador o como el galgo, por la puerta de atrás de los palacios andaluces como salinas, allí donde el sol es un serón colgado, donde huele a albardonería, donde las acequias parecen conventos y la humedad es el grano de las aves y el cristal de las ventanas. Zapatero, atendido por carboneros, vigilado por la Guardia Civil vestida de cazador, entra en Andalucía, pero si viene a romper los cántaros de este sociatismo o sólo a dormir en la cama de otros reyes, otros presidentes y otros furtivos, no lo sabemos.

El palacio de Las Marismillas es como nuestro Camp David, budismo de Maryland al que Franklin D. Roosevelt llamó Shangri-La soñando con cordilleras de paz como con el cielo hecho hielo. Un nido de pájaros donde los presidentes se vuelven recogedores de tomates y cafeteros de conversación. Alfonso XIII colgaba ciervos, Felipe González juntaba rosas con manzanas y Aznar hacía su tenis contra los jabalíes. Zapatero, tan lejos de aquí desde que llegó al poder, pisará primero esta tierra como turista o como condesito, antes que como revolucionario del socialismo, y en Las Marismillas verá la Andalucía del mugido, de las mañanas con aceite, de la cal donde al amanecer el sol se estrella como un cesto de huevos. Uno hubiera preferido ver a Zapatero entrando por Despeñaperros, más napoleónico que rociero, más desterrador que zahonado. Zapatero aún no es la socialdemocracia sin pamplinas ni mitologías que uno desearía, ni siquiera su primera sonrisa. Pero ya sería algo mejor que este partido de viejos guardabosques que tiene a nuestra tierra como una gran siega parada. Zapatero va a entrar en Andalucía por Doñana, pubis del Guadalquivir donde el mar reposa la cabeza como una gacela enamorada. Pero no tocará nada y se irá cuando se vaya el fuego.

Hoy jueves: Enterrado en banderas (26/07/2007)

Los muertos gloriosos, al calor ciclista del verano, encolonian a los políticos de jardinería y viudez. Agosto abrirá su cemento para que los muertos históricos salgan de velada con parlamentarios, sindicalistas, primos lejanos de la memoria o la ira. Blas Infante muere cada año ante un fotógrafo nuevo, mientras los políticos van a plantar sobre él una acacia o lo llevan como una maceta hasta el Parlamento, donde esperan que salga la mano antigua de Andalucía a saludar desde su entierro. Un día de casarse con el muerto espera a sus caballos peinados y a sus madrinas pasteleras y ya andan los partidos queriéndolo más o mejor que el otro. Los muertos enterrados en banderas vienen como desde el mar a sus damas bañadoras. Dan estampa de madre o de Magdalena y eso no tiene nada que ver con ideologías ni simbolismos, sino con el adorno de preparar la tumba de un gato sentimental con más ternura que nadie. Los muertos enterrados en banderas contagian su heroísmo a sus mirones, como un sepelio en una fragata. Cristificado en los escudos, conserje de sus fundaciones, los políticos le han dado a Infante la fama de su lápida como algunos compositores y es el ángel oficial de Andalucía en la eternidad.

No sé qué diría Blas Infante ante los homenajes como traiciones o las traiciones como homenajes que le preparan los partidos cada uno en su cancha. La izquierda como antigualla, la derecha eternal, los andalucistas como sus hijos incluseros, el PSOE como el anestesista de su cadáver. No sé cuántos de ellos han traicionado a Andalucía, a su sufrimiento, a su esperanza, y ahora llevan candiles en su nombre. Padre de la Patria andaluza, pero todas las patrias son mentira y lo que hay es gente esperando justicia o pan sin ninguna abstracción. Los héroes envejecen en sus estatuas y se pervierten en los discursos. No son tanto las ideas de Blas Infante, discutibles como todas, sino el objetivo de esas ideas, lo que han olvidado. Ese muerto estirado ahora entre todos, sus huesos de santo encalado, no son su espíritu ni su intención, sino su molde vacío para la propaganda de unos políticos que aún no han conseguido levantar esta Andalucía de espaldas arañadas pero discuten por inaugurarle estanques en una carretera o capillas en el Parlamento. Blas Infante, enterrado en banderas, sin saberlo les patrocina estatutos, les titula ideologías igual que yeguadas, les carameliza sentimentalismos, les esconde las barreduras, les amonja la Autonomía. Los muertos gloriosos, sacados por los ojos a la calor cocinera del verano, aventados como la paja de sus tripas florecidas... Lo mostrarán al público y a las moscas en un lugar u otro. Un día de agosto al año, lo que ocurre es que a Blas Infante lo vuelven a fusilar contra las mismas amapolas.

El blog se amplía

A partir de ahora, este blog también dará cabida a mis demás columnas y artículos en El Mundo de Andalucía, y pronto cambiará su nombre y su dirección a www.luismiguelfuentes.blogspot.com
La página www.geocities.com/lmfuente seguirá manteniendo los artículos anteriores así como recomendaciones y otras informaciones de utilidad.

1 de agosto de 2007

Somos Zapping 29/07/2007

El empacho. Aún puede aprovecharse para media hora más de televisión que solventa como empanándose ella misma, pues tiene ese estilito de guardar para croquetas. María del Monte, que tarda y hierve en la grasilla de la tarde como un gran puchero, no tenía bastante con llevar a culazos ese largo programa que es pura vergüenza engollipada de migajones. A Canal Sur le parece poco el tiempo que dedica a esas charlas como de consulta de podólogo, a cosas como perseguir gallinas o embadurnar la cara de la gente con clara de huevo, y sobre todo, a ese taichí coplero que parece y dura lo mismo que tender la colada. Por cierto, yo pensé que eso del taichí coplero era un punto surrealista que tuvieron un día que mezclaron kung fu con lunaritos o cafelito con opio, pero ha terminado en una sección más y hasta María del Monte se viste como de enfermera para intentar practicarlo, aunque ella parezca que está reponiendo el frigorífico. Decíamos, en fin, que les parece poco el tiempo que esta mujer se lleva repellando la tarde y por eso le han endosado esa media hora perdida antes del informativo que ahora se llama La tarde musical. Es un tiempo que siempre estuvo consagrado a los picores de la silla de enea y a las voces patrias que acuden en plan película de Joselito, y que María del Monte ha reconvertido en concurso de marujas, con preguntas sobre sevillanas (¡toma cultura!) que les cantan allí mismo y el glorioso premio de una minicadena, tal que en las tómbolas de la feria. María del Monte reposa lo que dura Andalucía directo y vuelve enseguida de la mano de El Mani (juntos parecen la galleta de chocolate del folclorismo), de otro figurón similar o de unas muchachas costureritas de la copla o el flamenco, y es cuando me doy cuenta de que estoy verdaderamente empachado de esta mujer y sus vecindonadas, catetismos y majados.

El empacho II. Es nuestra verdadera lucha por la modernidad, lucha que no trata tanto de células madre y enchufes en caliente a Internet, sino de las carnes, de nuestra fantasía un poco gitanita del comer, de los eternos cucharones del hambre andaluza, todo esto contra la dietética y los magros figurines como californianos que definen la nueva era. Lucha que en Canal Sur es un disimulo quizá, pues saben que si no podemos llegar a más tecnología que a la nevera de playa, puede que las barrigas planas, el sudor isotónico y el cagar fibra nos hagan sentir como si toda Andalucía se entrenara para astronauta. A dejar la pringá, a mover el culo, a descubrir la vitamina sin sabor y a alcanzar el nirvana del tanga, a toda esta evolución nos quiere invitar Ponte a punto, nuevo programa del presentador Disney de Canal Sur, Roberto Sánchez Benítez. Es un programa que sale de mezclar las ensaladas de la tierra y el alma de eucalipto que sostenían Salud al día con el nombre y los meneos de aquel emblemático espacio de Eva Nasarre, se acordarán, el primer aerobic televisivo (Puesta a punto se llamaba). Pues en esa salud de balón de Nivea se enfoca el programa, ayudado subliminalmente, piensa uno, por la reposición de Los vigilantes de la playa, queriendo entre los dos desterrar de la orilla los tortillones. Pero todo es inútil. El tipito que Canal Sur nos quiere poner en la piscina es tan vano como el intento de hacer tecnología de los alcauciles, que es lo que trataba Tecnópolis a falta de otra cosa. La Nuestra no puede evitar descubrirse en sus trampas. Recordamos la risa de Juan y Medio hablando con Soponcito de Jerez, ese niño que canta a dos carrillos; nos topamos con la alegría de gordito de ese insufrible chiquillo del tambor y otros del mismo molde, o vemos a Manu Sánchez reconociendo que su plato favorito es “el que rebosa por los lados”. Mucha hambre ha habido aquí para ponernos en plan voley playa. Aquí la felicidad es la comida. Ni el tanga, ni la tecnología. Comer, joé. El sueño de empacho de Andalucía.

Senadores a dedo. Vi el titular en la web de Canal Sur: “Cualquier andaluz podrá ser senador en representación de la comunidad”. Sí, y hasta cualquier español puede ser presidente, pero pasando por las urnas, claro. Pues en las noticias, a esto de los partidos nombrando senadores a dedo (más juego para el clientelismo) lo llamaban “llevar a su máxima expresión el derecho de participación de los ciudadanos”. La máxima expresión de la cara dura, más bien.

22 de julio de 2007

Somos Zapping 22/07/2007 (aunque no lo parezca)

Tocando los Borbones. Tenía pensado traer a esta columna el tratamiento que dio Canal Sur al bautizo de la infanta Sofía, bautizo hecho con lagrimitas del cielo y obispos como novios de tarta. Me resultó muy chocante que la crónica destacara en tono de reproche, como si lo dijera Peñafiel, que la vicepresidenta del Gobierno no hiciera las reverencias de rigor a las varias majestades y altezas que formaban su portal de Belén para la ocasión. Canal Sur dando lecciones de cómo ser buen súbdito... Y es que a esta gente le gusta mucho doblar la cerviz y rozarse con la sangre azul, tanto como por el manto de las vírgenes. Hace poco, en la celebración de los diez años del programa Contraportada, también los vimos entregar un premio a la duquesa de Alba, enmoñada de sus greñas o de sus alpacas, para que hiciera parejita con el título de Hija Predilecta de Andalucía que ya le otorgaron sus jefes. Sí, tenía la intención de hablar de todo esto con bastante más mala leche, pero después de lo que ha pasado con El jueves, ya no sabe uno cómo puede terminar la cosa. Lo mismo secuestran el periódico, desmontan los kioscos o me llevan a la Torre de Londres. Cualquier cosa parece posible ya, todo depende del día que tengan los fiscales, que en este país escogen los casos como los que en el bar apartan las pasas en los frutos secos que ponen. Mi solidaridad y mi enhorabuena para El jueves, benditos gamberros. Siempre han sido bestias y brillantes, y nunca han buscado el insulto sino la crítica. Pero todo esto ha servido para hacer emerger las contradicciones que produce una institución arcaica en un Estado de Derecho moderno. Peor ha dejado a la Monarquía este celo desinfectante del fiscal que la caricatura de marras, tanto que uno piensa con guasa si no será esto en el fondo una maniobra de republicanos embozados. Que no pierdan comba en la Corte, que la Historia nos enseña que en este país nos levantamos un día a por el pan y nos desayunamos con él a los reyes. Un par de sucesos más de este estilo, que pongan “la dignidad de la Corona” por encima de la libertad de expresión y de crítica, o que exhiban ese farde suyo de no ser iguales que los demás españoles ante la Ley, y veremos si la gente empieza a cansarse de acudir igual que palomas sentimentales a sus bodas como regatas o a sus regatas como bodas. Y de ahí, a la República.

Pequeños protagonistas. Los niños son juguetes de sus padres, dijo una vez algún cínico, y hay domingos de familia en los que los chiquillos compiten con los cachorritos de la casa, con sus mismas gracias, caritas y curiosidad pegajosa. La televisión, que siempre aprovecha todas nuestras debilidades para su beneficio, ha sabido usarlos vestidos de viejo o de monito, de chistoso o de bailarina de cajita de música, ampliando esa costumbre hasta la canallada y el negocio. Lúcido y valiente ha estado el periodista Antonio Manfredi al criticar en unos talleres de la UNIA en La Rábida la utilización de los niños en televisión para divertir a los mayores. Niños como adultos jibarizados, obligados a ejercer sus roles pero con voz de pito, todo como volver a la gracia primitivísima de los enanos. Me encuentro con un niño torero malagueño en Andalucía directo, o con ese pequeño, espeluznante y tétrico telepredicador del creacionismo que está de moda, y me doy cuenta de que los muestran con complacencia, simpatía y gusto. Pero en Canal Sur, el uso perverso de los niños tiene un nombre: Menuda noche, circo de papagayos que todavía tienen la desfachatez de vestir de ternurismo, y en el que vemos emocionarse a Juan y Medio cuando los chiquillos forzados por el ego y las frustraciones de los padres le cantan o le tiran del bigote. “Los genios, ¿nacen o se hacen”, “nuestros niños quieren demostrarle lo que valen a David Civera”, “si tienes talento, demuéstralo en Menuda noche”, “pequeños protagonistas de la televisión”, dice la promo del programa... Los niños son juguetes de los padres y a veces, también negocio para ellos y para la tele. Les gustan esos niños reviejos, arrastrados y maleados que han sido siempre los niños artistas (les invito a ver Pequeña Miss Sunshine, maravillosa y aleccionadora película). Quizá se pregunten por qué la fiscalía de menores no hace nada. A lo mejor están esperando a que se vea envuelta una infantita.

17 de julio de 2007

Somos Zapping 15/07/2007

Entrevista de marinerito. “Una buena conversación debe empezar por el tiempo”, le decía Tom Martín Benítez a Chaves al comienzo de su entrevista en Canal Sur Radio. El calor del verano y las cabañuelas de los viejos, menudo nivel cuando vivimos la legislatura del odio y del despellejamiento. Pero bueno, no resulta raro porque Chaves va al programa de Tom como a casa de su abuela. Uno se imagina a Chaves recibiendo pellizquitos amorosos en los cachetes y a Tom diciéndole: “Ay mi presidente, pero que grande se ha puesto en estas décadas, y que buenas notas me trae de la Autonomía”. No se lo dijo así, claro, pero lo que sí hizo fue darle un repaso a la ropita, que era un poco de marinerito: “Le veo, presidente, con una chaqueta azul oscura, casi negra... Tiene un polo el presidente, debajo, también azul, y veo que es de manga corta, no tiene una acto digamos así muy solemne esta mañana. Tiene pinta de que se va a quitar la chaqueta y se va a quedar en polo, en manga corta”. Nada, como en su casa... Entre plancharle las solapas y unas preguntas tan incisivas como la primera sobre las calores transcurrió la cosa. No se puede esperar más de una visita a la familia.

Sex bomb. Ya ven las entrevistas con mimos de gato que le hacen a Chaves en Canal Sur. La radiotelevisión pública no hay quien la arregle. La nueva ley tampoco va a espantar a los periodistas babosos ni a disuadir de los telefonazos y de la cocinilla matutina de las noticias en los despachos políticos. Seguirán reinando la televisión y la radio de partido. Hace poco pudimos ver en Sexto sentido una patética discusión entre Pedro Zerolo y Soraya Sáenz, como dos capitanes a escobazos de sus melenas, donde cada uno presumía de la excelencia de las televisiones que le tocan y enmierdaba las del otro, cuando la verdad es que todas son iguales y entre la Tele Chaves de aquí y la Tele Espe de allá el panorama de servilismo y manipulación es ancho y duro como sus rostros. Precisamente en la tele madrileña nos pusieron a Urdaci imitando a Tom Jones, prueba de que del lacayismo político al cabaret hay poca distancia. Lo mismo nos encontramos un día a Tom Martín Benítez, despojado ya de sus mañanas para florear al PSOE, cantando algo de Torrebruno, un poner, en alguna tele socialista amiga. Es lo que da esto, periodistas de cámara y luego payasos tristes huerfanitos de amo. Urdaci despechugado resulta tan indecente como sus noticiarios, pero lo preferimos. También preferiríamos a Tom Martín Benítez cantando Sex bomb en vez de esas odas a Chaves como a su Eurídice.

El protocolo progre. En Canal Sur suelen tener cuidado de no pecar contra los mandamientos progres, contra su diccionario multiplicado de ñoñerías, contra su buenismo logsiano. Esto, claro, siempre que no estén en juego audiencias o sagradas tradiciones de la tierra. La laicidad huye en Semana Santa o en el Rocío, el tacto con el “género” desaparece ante las mujeres mostradas como caballos en las ferias o ante las ganas rozonas de viejos verdes de Los del Río, y así tantas otras veces. Pero ya no se salvan ni los menores, y eso a pesar de que la izquierda hiperprotectora los ha hecho sujetos de un derecho a ser intocables, igual que a ser analfabetos sin esperanza y delincuentes sin castigo. No me refiero a Menuda noche, aunque podría. Me refiero al vídeo de una agresión a una chica que Andalucía directo se ha deleitado en repetir, lo que ha merecido una amonestación. Sí, ese ideario progre está bien de estandarte. Pero siempre se saltarán el protocolo para que ganen las pulsiones morbosas de la plebe. Lo primero es la clientela numerosa, halagarla, fidelizarla, para poderla conducir luego hasta la imagen de Chaves o Zarrías en los informativos. Cualquier cosa vale, en medio, para conseguirlo.

Videoteces jesulinas. ¿Faltaba algo después de un homenaje a Los del Río y de María del Monte conduciendo un programa pantuflero? Sí, Carmen Janeiro, de profesión hermana boba, en otro de videoteces veraniegas. Canal Sur no podía defraudarnos. La más penosa tribu andaluceante siempre tiene cabida en La Nuestra.

9 de julio de 2007

Somos Zapping 08/07/2007

Adiós a la cultura de Pin y Pon. No sé si se gana teniendo en el Ministerio de Sanidad a un científico mago en vez de una puritana astringente (recuerden que el tabaco y el alcohol son de derechas, según Zapatero). Pero de lo que sí estoy seguro es de que nadie lo hará peor en Cultura que Carmen Calvo, sustituida ahora por César Antonio Molina, hombre con todo el perfil del intelectual largamente arrimado al dinero y al cartón de lo público. Carmen Calvo, hada madrina de la tontería, cerebro de algodón de azúcar con su idea de la kurtura como trapito, botellón, aplastamiento y póster, negación de su ministerio cada vez que abría la boquita, ha sido nefasta y ridícula y a los andaluces nos sacaba los colores haciendo de su guiñol. Ha salido del Gobierno la casita de Pin y Pon y eso representa un alivio además de una necesidad higiénica, aunque la televisión pierde la continua caricatura que era ella. Curioso, por cierto, cómo las noticias, mientras contaban estos relevos, reservaban para Carmen Calvo el punto final. Salvo en Cuatro, donde le añadieron el adjetivo de “polémica”, el nombre de la ya ex ministra solía ser el remate de la frase sin nada detrás, como si no tuvieran palabras para resumir a esta mujer que es todo un libro de colorear. De Elena Salgado mencionaban sus leyes purgantes, a Jordi Sevilla le auguraban nuevas misiones políticas en Valencia, pero de Carmen Calvo, nada. “César Antonio Molina gestionará la cartera de Cultura en sustitución de Carmen Calvo”, decían en Canal Sur dejando luego un punto gordísimo flotando, el mismo silencio de la vergüenza, quizá. En la Primera fueron más descarados, pues la crónica la cortaron con un hachazo: “[Molina] sustituye en el cargo a Carmen Calvo, q...”. Y en este fonema se paró la imagen. Alguien debió decidir que era mejor no añadir nada, por si la gente se acordaba de Pixie y Dixie o de sus roqueros de látex. Nosotros tampoco lo haremos. Carmen Calvo siempre ha sido su propia campanada.

El científico ambicioso. Han hecho de él el nuevo andaluz del Gobierno sin serlo. “Valenciano de origen pero ciudadano de Andalucía”, decían en Canal Sur. Bernat Soria, científico que vende muy bien sus neveras vacías, llevará la sanidad con bata blanca. Es muy antigua la controversia de si en un ministerio es mejor un político o un técnico, lo que pasa es que en este caso da la sensación de que es un científico irradiado de política o un político que se aprendió muy bien aquellos tochos de Lehninger. Recordando cómo Bernat Soria alababa en los programas de La Nuestra el nuevo Estatuto andaluz, que en él sonaba a desinfectante, a cataplasma y a vacuna para todo, uno diría que quizá se estaba ya postulando para el cargo. No duda uno de su cualificación científica, pero no me gusta su docilidad con los políticos, la rapidez con la que entró en el circo del autobombo una vez que lo compraron con dinero público. Los mismos investigadores reconocen que ese paritorio de células madre de Andalucía, icono de la Segunda-Tercera Modernización, tiene más propaganda que financiación, y piensa uno si con él la sanidad española a partir de ahora va a vivir de fachadas y de enseñarnos la espuma futura de la ciencia eternamente incubada, que es en lo que parece especialista Soria. Se lo vaticinó un premio Nobel, cuenta, eso de que llegaría a ministro. Y para ello parece haber trabajado, haciendo como de hombre mutante de la Junta, asombrándonos con maravillas que sólo tienen el cartel puesto, presumiendo de los microscopios aún en sus cajas. En la televisión salió como desmadejándose de macromoléculas, delante de los logos de la Junta que parecen en verdad el aparato de Golgi. En la Junta lo ven como un triunfo de su política científica. Yo lo veo como el premio que se ha buscado un investigador ambicioso, listo y prestidigitador.

El escalón más bajo. Es insufrible, vergonzoso. Tengo que reiterarlo. Ecografías en directo, María de la O en versión taichí, chillidos verduleros, borriquitos y vacas de cartón para acentuar el ambiente rústico de una Rosario Mohedano (sorbida de la fama de sus muertos) que hipnotizaba a una gallina... Y María del Monte como arrastrando percheronamente el programa a base de relinchos. Parecía imposible que Canal Sur colocara a la audiencia en un escalón aún más bajo, pero lo han hecho. La tarde supura.

2 de julio de 2007

Somos Zapping 01/07/2007

La tarde con María. Se ha limitado a conservar una fama que le vino una vez como una urticaria al arremangarse entre los pinos, porque la verdad es que esta mujer no ha hecho nada más aparte de crecer en culo, en moño y en dientes. Pero así es como nacen los andaluces profesionales y luego les basta con ir macerándose en el aceite de su propia vulgaridad, manteniéndose como a base de mucha bollería de folclore, virgencitas, atinajamientos, miarmas, balconadas y vino por el pelo o por las tetas. María del Monte, jamón cantante de la tierra, guasa con el marchamo de gracia, infección de andaluceo llenándole los cachetes, carretón aborricado de trapos, palmitas y garbanzadas patrias, ha evolucionado desde el marismeñismo a una gloria de mesa camilla apucherada y chacha. Ha presentado todas las ferias, ha despachado todos los lunares, ha rezado todas las salves, ha volcado todas las palanganas del topicazo y ahora la han puesto a presentar el programa de la tarde en Canal Sur, cadena para la que parece que representa algo así como la musa de sus matanzas. Al programa, La tarde con María, le falta aún el patrocinio de una ferretería para llegar al nivel de bodrio de emisora de pueblo. El modelo ya es malo, pero sumando la nula originalidad y el mal gusto y la torpeza de boquita y de neurotransmisión de María del Monte, lo que queda es algo así como un magazine que hiciera Ana Rosa Quintana lobotomizada. María del Monte se pone gafas y se sienta al frente de una mesa de actualidad, pero los colaboradores (veo a un guapito, a un enterado y a un payaso) parece que estén esperando a que ella les reparta rebanadas de pan con manteca, que es lo que pegaría. Concursos idiotas para gente aún más idiota, más viejitos buscando calorcito pellejudo, risotadas orujeras... Lo podría grabar en la puerta de su casa hablando con el ditero y la portera y quedaría igual. Imposible algo más cutre y más bajo, y aun así la sensación es que tan pésimo programa (o “pograma”) le viene grande como una braga, igual que si se pusiera a presentar los Oscar. Por favor, que alguien le pague para que vuelva a cantar o a guisar menudo.

Macarena contra Mahler. Para pasar de María del Monte a Los del Río sólo hay que saltar de lebrillo. Nada menos que un homenaje les montaron en Canal Sur a este par de ranos de lo andaluz, campeones en aquella encuesta que hicimos para elegir a los paisanos que más nos avergüenzan en televisión. ¿Pero qué concepto del arte, de la notoriedad tenemos aquí para que merezcan tal cosa estos dos matarifes del cante pachanguero, estos dioscuros de lo rancio y de la Andalucía de cortijo? Quedaría algún favor político que pagar... Ay, tengo que reconocerlo, han conseguido ponerme agrio entre Los del Río y María del Monte, lo habrán notado. Pero ha sido culpa de un brutal contraste, de una caída desde lo sublime hasta lo zafio que me ha sublevado. Justo esta semana había conseguido yo recuperar algo de aquella joya que emitió una vez la CBS, parte de los conciertos para jóvenes que Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York ofrecieron en el Carnegie Hall entre los cincuenta y los sesenta. Bernstein desvelando a Mahler tan transparente y exactamente ante unos escolares (¡apenas dos conceptos y toda su obra quedaba entendida!) que emocionaba. La lección magistral de Bernstein y momentos de la Cuarta Sinfonía o de La canción de la Tierra... Tanta belleza acristalando el mundo, que cuando volví a la televisión y me encontré a María del Monte y más tarde a Los del Río, el insulto me hizo enfurecer. Sí, de Mahler a Los del Río, con su amigo Rappel contándonos que el Papa bailó la Macarena, que su éxito se debe a “que han sido desde siempre personas”, que “son los mejores embajadores que puede tener Andalucía”. Y luego ellos mismos, revolcándose en su puerca idiosincrasia: “Somos andaluces, totalmente andaluces, que es lo más importante que se puede ser”. Qué tremenda idiotez y qué vanidad a la vez, la de los que no pueden ser más que eso, andaluces sin más adjetivo ni mérito. Pero no, eso no es ser andaluz. Eso es ser cateto, chovinista, vulgar, cacerolo. ¿Y artistas? Bueno, Los del Río están más cerca de la jamonera que de cualquier sucedáneo decente del arte, concepto que ellos nunca conocerán. Y yo sentía una pena y un asco indescriptibles, otra vez Andalucía definida a partir de sus corrales, con alegría, con avilantez, con orgullo. Puse de nuevo a Bernstein, pero ya la amargura me había vencido para toda la semana.

25 de junio de 2007

Somos Zapping 24/06/2007

Pactos sin comillas. En los Ayuntamientos con o sin pacto, han entrado los nuevos con raticida o han seguido los de antes con la última colada. Esto y que el prorrateo de delegaciones y los tocamientos por debajo de la mesa no cesarán hasta que tengamos segundas vueltas constituyen la moraleja de estas municipales, que es la de todas. Javier Arenas ha ido pidiendo como una viudita un acuerdo para que gobernara la lista más votada (observen que no es lo mismo que pedir segunda vuelta, que al PP le vendría igual de mal), pero lo que se ha encontrado ha sido el “pacto de progreso”, farallón de las izquierdas verdaderas o falsas que ya hemos glosado en otra parte. De todas formas, una cosa es que los políticos utilicen este eslogan como un bisoñé y otra que lo hagan igual que ellos los informadores, sin comillas, que en televisión no se pronuncian pero se notan. Si no hay comillas, ese pacto deja de ser un nombre para convertirse en una definición, y así le quedó a Canal Sur en sus informativos, donde ya no sabemos si no se dan cuenta de que se les descubre la querencia o es que ya han llegado a la desvergüenza de que les dé igual. Transcribo lo que decía Leonardo Sardiña en las noticias de La Nuestra, aquel sábado en que los alcaldes parecían majorettes: “Sevilla y Jaén son dos ejemplos de los pactos de progreso entre PSOE e IU que darán estabilidad a 110 municipios”. ¿No parece que hablaban Luis Pizarro o Gaspar Zarrías? Bueno, como si así fuera.

Millonario por un día. Hay en Andalucía islas de ricos, salones con océano, cielos con puente levadizo que quiso acercarnos Andalucía directo en un goloso reportaje o cuento: Imagine que se despierta usted millonario... Sí, millonario en Andalucía, algo ideal pues el rico siempre se siente más rico cuando tras el muro sabe que está la plebe, la reconfortante peste a necesidad que les define a ellos por contraste. Millonario en la Costa del Sol, aunque sea con el paradigma de Juan Antonio Roca, ése que se lo gastaba todo en cagar... Si uno fuera millonario en la Costa del Sol, conduciría un Ferrari en el circuito Ascari y comería langosta igual que cacahuetes en La Cabane, donde también tendría una cama de dos metros junto a la orilla con “amenidades todo el día”. Además, sería dueño de una casa levemente romana en La Zagaleta, la zona “más lujosa y exclusiva de Europa” según explicaba una tal Theresa Bernabé, churruscada en su hache, en su pijerío y en su sonrojante cargo de “directora de Televisión Millonarios en Internet”, a la que se le ensalivaba la boca al hablar de dinero y al contar que, para entrar allí, jardineros o limpiabotas tenían que pasar aduanas como desinfecciones. Pobres mirando por la reja de los ricos, ilusiones monaguescas en la tierra del paro y el botijo... Sí, en otro lugar podría quedar decadente, ridículo, pero en Andalucía, resultaba obsceno. Como consuelo o venganza, sepan que en La Cabane iba a actuar “en un concierto con cena privada” Julio Iglesias. Al menos, el dinero rebosando en poncheras sigue sin otorgar buen gusto.

Horteras de videoclub. En Canal Sur tienen a la audiencia medida, prejuzgada, y nos dan catetadas porque nos suponen catetos y nos hablan como a niños porque nos suponen niños. Yo hace tiempo que quería hablar del cine que emite Canal Sur, que gusta de Sisí o de westerns baratos que nos dejan a todos entre mucamitas y don Marcial Lafuente. Pero hay otro nivel, que va más allá incluso de los temas y la calidad de las películas. Es sólo un pequeño detalle, pero revelador y definitorio como comerse siempre la última croqueta. Me di cuenta al encontrarme el otro día con la pésima Catwoman, con Halle Berry desaprovechada como superheroína o rana nocturna. Sí, hay otro nivel en el que Can al Sur nos coloca, y es el de cierto hortera de videoclub que no quiere películas con “rayas negras”, raza hermana de esa otra de los dueños de bares que en sus orondos televisores panorámicos aplastan a los futbolistas en 16:9 por amortizar la inversión. Halle Berry brincaba llenando toda la pantalla y sus saltos mareaban el doble porque el formato original, el estrechísimo y cinematográfico 2,35:1, lo habían recortado a 4:3 para ofrecernos cabezones y la mitad de cada plano. No vaya a ser que a los horteras de videoclub que somos los andaluces nos dé por cambiar de canal al ver tanto ancho de televisión malgastado. Ya saben, nuestra ansia de gente eternamente rebañadora...

18 de junio de 2007

Somos Zapping 17/06/2007

30 años. Un poco harto de Pablo Abraira y de otros señores con el bigote de luto o de hippie ha acabado uno esta semana de efemérides. La Transición es algo así como nuestra Pasión con megáfonos y por eso los reportajes que se le dedican se parecen cada vez más a las películas de Semana Santa. No sé si se empeñan tanto en recordar aquella libertad ganada por si así se nos olvida que hay que seguir ganándola; en mostrarnos esto que llamamos democracia como una cima a la que se llegó un día de merienda por si así dejamos de buscarle fallos y lascas; no sé, en fin, si no será sólo ese afán tan político de que consideremos todo hecho, todo alcanzado, y nos sentemos en el sillón a recordar junto a la gramola. El milagro, el consenso, la Transición “modélica” según nos decían, una vez más, por ejemplo en Andalucía directo, antes de que tres gaditanos evocaran aquel 15-J con fotos de miedo y de pantalones de campana. No se termina de tragar uno la hagiografía de la Transición. Nadie se corta la cabeza deportivamente sin más y si la Dictadura se disolvió fue porque aquellos procuradores que votaron la reforma política ya sabían que iban a mantenerse las mismas élites del poder, pero esta vez con una Europa que se nos abría, y así los hemos visto luego, en esta democracia llena de conversos y franquistas dados la vuelta como su abrigo. En Canal Sur, en Los reporteros, eligieron la figura de Suárez como macguffin y lo pudimos ver jurando “fidelidad a los principios del Movimiento Nacional” ante un crucifijo como un cóndor. Muchos palos repartiría luego Suárez en Andalucía, cuando tan ingenuamente pedíamos la autonomía, pero en el reportaje aparecía santificado y padrecito. 30 años, pero todavía nuestra salud y madurez democráticas son enclenques. Aún no nos ha dejado el franquismo sociológico (recuerden esas encuestas recientes en las que la gente todavía excusaba al dictador). Yo no celebraría tanto algo que uno ve a medio cocer. Pero para los que gusten de pasteles y teteras viejas, ahí ha quedado esta semana de televisión en blanco y negro.

Academicismo de lo malo. Cuéntame cómo pasó tenía al principio la gracia de volver a ver las cocinas de formica, pero pronto me aburrieron sus guiones y sus sopitas. Acabó en su parodia y sólo la modesta sensualidad de Ana Duato me llevaba de vez en cuando a mantenerla en pantalla algunos segundos. En cuanto a las comedias, Siete vidas y Aquí no hay quien viva fueron un alarde de imaginación y una celebración coral del humor. Poco más se puede decir de la “producción propia” de la televisión en España. Para el goce y la reconciliación con la caja tonta sólo me quedan los americanos: House, que me ha curado con cinismo la hipocondria, o Futurama, que es como Los Simpson pero con los guionistas fumados. En las series españolas, hace tiempo que el triunfo equivale a la vulgaridad, desde la cursi y plasticosa Mary Poppins de Ana Obregón a las tramas con incestos y jamones de Los Serrano. Pero entre lo malo, la Academia de Televisión, dirigida por el arrimista Manuel Campo Vidal, ha elegido para su premio a lo peor: Arrayán, culebrón abominable de una Andalucía que se sueña oficinista y aeroportuaria, falsa como era la Colombia llena de cócteles que salía en Betty la fea; folletín espejado al gusto del régimen con las clases medias felices y ocupadas en los cuernos y en el jefe, con hospitales del SAS ajardinados, con expositores de ordenadores apestando a cristasol; largo engendro o llorera o pasacalles marujón con los guiones bizcos, temblones y propaganderos. Esta bazofia amacetada se ha llevado el premio a la “serie 10”, Rafael Camacho lo celebraba en Canal Sur como revolcándose en su avilantez y todavía este academicismo de lo malo se atrevía a pedir dignidad para la la televisión...

La Alhambra en el desfiladero. No vamos a entrar en lo de la Alhambra metida en el juego de la oca de las nuevas Siete Maravillas del mundo. Pero presten atención a esta frase de Carmen Calvo durante su speech en el Instituto Cervantes de Madrid, que sacó el informativo de Canal Sur: “La Alhambra no está puesta en ningún desfiladero del que pueda salir ni ganadora ni vencedora” (sic). Gloria a la ministra de lengua y cerebro tan floreados como su armario.

12 de junio de 2007

Somos Zapping 10/06/2007

Rompiendo clichés. Afilando la ironía se llega al cinismo, que a veces puede tener elegancia, o al recochineo, que es su versión sin guantes y la preferida por Canal Sur. Hemos hablado ya de Andalucía es su nombre, esa serie de pretensiones bíblicas que incluso huele como aquellos librillos de Historia Sagrada de antaño, a mártires fritos y a parchís de Dios. Invariablemente, sus episodios nos conducen a través de cautiverios, afrentas, luchas de nuestro pueblo siempre agónico pero esperanzado, en lo que parecen escenas contra egipcios o paganos, hasta que culminan en la felicidad, en la Tierra Prometida, en la actual Autonomía que nos salva y nos redime. Pues ya ven, todo este Evangelio tan bien preparado por guionistas del régimen y tan bien contado por una voz femenina en off que se va graduando desde la lastimita hasta el hosanna; todo esto, para quedarse en puro y doloroso recochineo. Sí, porque sobre imágenes de películas de los 50, de los jamones de Morena clara, de las gitanitas con su ozú y sus amores de reja, de los andaluces de cante y sol, el programa se quejaba del “costumbrismo falso y superficial” de esa imagen nuestra. En Canal Sur, que nos emborracha de lo mismo con sus ferias, romerías, tablaíllos; que hace altares con las sillas de enea, los potajes del folclore, la salud del vinazo y las gracias de los chistosos y los jarones; en Canal Sur, yeguada del tópico, escuela de autocomplacencia gazpachera, mercería de lo rancio, Santa Cena podrida con Los del Río o María del Monte oficiando, meneo eterno de culos alegres e indolentes a la gloria de la esencia patria; en Canal Sur, indecente recochineo, se pedía dignidad ante una imagen que ellos alimentan cada día. Afortunadamente, decían luego, Andalucía ya rompe clichés. O eso les parece porque ahora nuestro cine no es de tonadilleras, sino de quinquilleros, y nuestra mujeres no hacen chistes fregando, sino que sufren y luchan como las protagonista de Solas. ¿No es esperanzador?

Una de piratas. El pirata es romántico y seductor como todos los ladrones canallas y a lo mejor la Junta y hasta Carmen Calvo se han dejado camelar por las barbas sucias y los besos de ron que saben a lujuria y a desdén. Los barcos de Odyssey se han llevado la plata y han dejado suspiros, o sea que han cumplido bien con la leyenda. El programa Los reporteros nos contaba el caso y, ni aun siendo en Canal Sur, la Administración podía evitar quedar torpe y tonta como esos capitanes que persiguen al pirata cuando el pirata es el bueno de la peli. Primero, los barcos de Odyssey “aparecen y desaparecen sin permisos, aprovechando una disputa de la competencias entre las administraciones central y autonómica”. Luego, resuelto el conflicto a favor de la Junta, admitía el reportaje que “la lentitud burocrática ha podido beneficiar a los cazatesoros”. Y tanto. Un portavoz de los ecologistas se quejaba de que no paraban “de mandar documentación” a la Junta, de decirles “oye, que están ahí”, a lo que la Junta respondía que no pasaba nada porque “no tenían permiso”. ¿Cómo van a llevarse el tesoro si no tienen permiso y además no conocen a ningún cuñado de un consejero ni a un hermano de Chaves ni nada? ¿Es que no saben los piratas cómo funciona Andalucía? Engañada, patética y hasta un poco enamoriscada todavía parecía Carmen Calvo explicando luego en el parlamento que un tal James Goold (a ella le sonó como a Sherlock Holmes) va a litigar en Florida por el honor mancillado del Reino de España (en cosas de piratas, lo de Reino queda aún más espadachín). Con los capitanes idiotas detrás, los piratas caen aún más simpáticos.

Fracaso con PDA. Lo veo ahora en Youtube y resulta más propio, con más espíritu segundomodernizador, que en la antigualla de la tele. Andalucía Directo emitía un reportaje sobre un colegio de Málaga donde controlan las faltas con una PDA y se las mandan por SMS a los padres. Perfecto ejemplo de la filosofía de nuestros gobernantes: inversiones en gadgets llamativos, en marcianitos que hacen ruido, en propaganda que los ioniza, mientras lo fundamental, el hundimiento de la educación pública, se ignora o se permite. Nada, la culpa de este fracaso seguro que es de Windows, que se cuelga mucho.

Más información:
Vídeo del reportaje en Andalucía Directo
Página del Proyecto E-valúa

3 de junio de 2007

Somos Zapping 03/06/2007

Los caras de Bélmez. Los espíritus en camisón, los fantasmas con insomnio, el más allá que forma sus campamentos y buhardillas con lo oscuro. Hay que tomarlos en serio, sí, pues son nada menos que la superstición fundamental que arrastra aún el ser humano. Michel Onfray, que anda ahora escribiendo la contrahistoria de la filosofía, diría que es culpa de Platón y de toda la corriente idealista del pensamiento que venció gracias al cristianismo. La mentira de la dualidad materia / espíritu, el gran error que posibilitó el imperio de las religiones, que condenó al hombre a vivir aterrado por lo inexistente y que todavía da para un mercadillo donde investigadores de sucesos para anormales, estafadores, magufos y pardillos se mezclan en un ponzoñoso caldero. Las caras de Bélmez, humedades y dedos que atacaron por igual las paredes y la inteligencia, vuelven a la actualidad con el libro que han escrito Javier Cavanilles y Francisco Máñez (Los caras de Bélmez) y que destapa ese fraude entre albañil y escolar. Ya conocíamos las investigaciones y los informes, que no dejan lugar para la duda al menos para una mente sana (en quiénes son los responsables del fraude, en eso ya no entro). Pero por si acaso, el programa En antena nos regaló la demostración de la fuerza, el rigor, el nivel de las pruebas y argumentaciones que manejan la tribu de pseudobrujos o infracientíficos del repelús que aún defienden el timo de las teleplastias. Con sensores, cazamariposas y sirenas para los fantasmas de la casa, sus pruebas eran apagar la luz y que una señora afirmara haber visto el espectro de su suegra materializado en una zapatilla, más el inexplicable misterio de que un programa de Windows petara de repente (!). Sobrecogidos quedaron los “investigadores” por la “evidencia” y sobrecogido quedé yo al comprobar una vez más que la estupidez humana no tiene límites. Cómo no, el cada vez más ameno, puñetero y saludable Sé lo que hicisteis no pudo evitar armar un sonoro cachondeo a costa de este espiritismo ridículo. Quizá se pregunten ustedes qué es preferible, reconocerse idiotas o estafadores. Pues sepan que el pleno del Ayuntamiento de Bélmez ha acordado por unanimidad demandar a los autores del libro.

Más información:
www.loscarasdebelmez.com
Artículo sobre las caras de Bélmez en ARP

Estrellas malayas. El caso Malaya no va a devolvernos la inocencia, ni a limpiar nuestro dinero ni nuestra política. Pero sí va a conseguir lanzar al estrellato a sus delincuentes, presuntos, testaferros, cónyuges y aguantapalanganas. Ser malayo ya es una profesión muy cotizada gracias a la impudicia de la televisión basura. Entre el encamamiento con maromo o con pilingui y el blanqueo de dinero, la segunda opción cada vez es un camino más directo y menos sucio para brillar en los platós y cobrar. Ya vimos que a Isabel Pantoja el paso por el calabozo la ha convertido en una virgen apuñalada con más sangre en los claveles, más lágrimas en el mantón, más caché y más agenda, pero ella ya era artista a su doloroso modo bastante antes. Mayte Zaldívar, sin embargo, ha encontrado ahora algo así como la fama de los estranguladores pero con remuneración. Todo un teatro de la ópera le montó Antena 3 a la ex de Julián Muñoz para su ego y su bolsillo, en una entrevista en la que parecía Sara Montiel desfajada. María Patiño, esa mujer que está siempre como peleada con su insignificancia y con sus peines, se diría que más que ponerla en un aprieto la acompañaba hasta un trono de relevancia y autosatisfacción. Delincuentes coronados. Los mangantes y la tele del asco tienen un nuevo filón.

Muertos. La pinacoteca de los muertos, la alcoba de las calaveras, todo lo que da para comer un cadáver como una gran pescado. A Rocío Jurado le hacían un homenaje en Canal Sur por el aniversario de su muerte, un homenaje como con las galletas del velatorio, aprovechado, repetido, no sé, deprimente. La audiencia que tienen los muertos, lo que duran como su olor a cenicero... No, no era como lo de Jorge Javier Vázquez, que hablaba de las reglas y masturbaciones de La Más Grande en Hormigas blancas. Pero aun así, ese velo de muerto otra vez, ese duelo como exhibición, casi obsceno, como un canibalismo ante los focos. Homenaje sentido, hagiográfico, santificador, sí, pero yo no lo soportaba. Cuánta gente viviendo de los muertos...

29 de mayo de 2007

Somos Zapping 27/05/2007

Programando en Delphi. Esta modernización de Andalucía, edades sucesivas de los metales, salud mesmeriana que nos magnetiza por capítulos, está teniendo tanto éxito que hasta nuestra industria es ya sólo realidad virtual, modelaje en 3D, polígonos que flotan en la mente de nuestros cibergobernantes. Es una industria intangible pero que en los despachos queda muy bien organizada, luminosa e hiperespacial. Sólo falta que los soldadores entren en Matrix, cosa que, según parece, creo que vamos a vivir. Veo anunciar en el informativo de Canal Sur que Sadiel es una de las que empresas que van a absorber parte de la plantilla de Delphi y me maravillo de la capacidad de adaptación de nuestro tejido industrial. No es para menos, pues Sadiel lo que tiene pensado es montar un “centro de producción de software” que se dedique a “proveer de servicios de programación específicos mediante avanzadas metodologías de construcción de software para maximizar la productividad y calidad en todo el ciclo de vida de desarrollo de software”. Ya ven todas las veces que dicen “software”, que suena a zumo de la tecnología. El que unos trabajadores puedan pasar sin más de la automoción, de los rodamientos y las suspensiones, a programar ordenadores, me tiene alucinado. ¿Les darán un curso acelerado de programación orientada al evento, o los pondrán a todos a barrer o a embalar? ¿Se habrán confundido nuestros esforzados negociadores de la Junta porque también se llama Delphi un conocido entrono de desarrollo de software, o es todo cuento? Qué magia la de nuestra modernización... Pronto, el mecánico del taller nos dirá que, como el ordenador de 2001, HAL, nuestra junta de culata lo que ha sufrido es una “lazada de Hofstadter-Moebius”.

Las rocieras innovadoras. Y seguimos con más innovación desarrollada aquí, en Andalucía. Sí, cierto, algo así es lo que suele decir en Tecnópolis, con sonrisa teleñeca y gesto de Súper Ratón, Roberto Sánchez Benítez, ese presentador marioneta de sí mismo. En este programa hemos visto llamar innovación hasta a la compota de castañas, pero lo de esta semana ha sido un hito insuperable. Y es que la innovación era... ¡el Rocío! Diga usted “innovación” y ponga seguidamente imágenes de caballos, bueyes y gente como emigrada de la Edad Media de su mentalidad y sus sandalias, y tendrá toda la macabra ironía de lo que somos. Era el diseño, el diseño de los trajes para el Rocío concretamente, lo que para el programa aumentaba la modernidad de Andalucía hasta niveles radiactivos de autocomplacencia. Trajes como ensaladas, trajes como todo el costurero encima, zarcillos que nos enseñaban cual sonajeros atómicos... Como sigan así, el siguiente salto tecnológico les llevará un día al botijo.

Rocío. A una edad de palitroques, de salamandras sagradas, de calendarios de piedra, de dioses en las vísceras, de altares como colmillos; a un mundo de tribu ante el fuego, de bebedizo en la sangre, de huesos con harapos, de rezar a los volcanes; a esto nos arroja Canal Sur y lo viste de esencia, orgullo, emoción. El Rocío, hombres y mujeres infantilizados y enardecidos por un primitivismo inexplicable para mí... Veo que saltan poseídos de locura hacia una parihuela; veo que golpean a unos bueyes para que se arrodillen delante de algún ídolo o tótem y la gente aplaude, grita, llora, extrañamente satisfecha de que unos pobres animales se hayan humillado ante el poder divino de las piedras, igual que ellos. Siento desconcierto y lástima. Canal Sur dedica horas, reportajes, helicópteros, a mostrar lo que tenemos de horda y de hechiceros. Programas especiales sacan toda la mantería y la lloronería de su folclore dedicado a la diosa, Andalucía Directo conecta con reporteros que hablan de “nuestra Señora”, lenguas de arena se sacan el corazón avinado para unas cámaras en misión apostólica. Canal Sur también se arrodilla como los bueyes. Que la gente crea lo que quiera. Yo nunca lo entenderé, es cierto. Pero que una televisión pretenda decirme con este apabullamiento, con esta santurrona identificación, que esto es Andalucía y así hay que sentir ante las estatuas, eso, no. Que una cadena pública haga de monaguillo y convierta en esencia la ceguera de una superstición como otra cualquiera, eso siempre provocará mi protesta y mi desprecio.

21 de mayo de 2007

Somos Zapping 20/05/2007

Lo importante. No es una anécdota, no es una moda: es un síntoma. Y mide la salud cívica, intelectual, moral, de una sociedad, de sus medios y de sus dirigentes; su adultez, su seriedad, su altura. Me refiero a la escala que se tiene de lo importante, de lo que se considera noticiable, heroico, histórico, feliz, fundamental. Pero hoy en día lo importante es lo que no importa y lo que importa no es importante. Creo que no hay mejor definición de la decadencia. Veo al pueblo en la calle, como en la piscina de su barbarismo, y están felices de una manera zoológica y niña. Y pienso que es igual que el placer que se les induce a los ratoncitos en ciertos experimentos, llevando con agujas una descarga hasta su cerebro destapado. Un equipo ha ganado en su juego alguna cosa, un trofeo como un brillante cencerro que traen en un avión, y el pueblo responde a su programación previa interpretando en eso heroísmo y triunfo de sus fantasías de grandeza. Una proyección mental de simples o de domesticados, pero la televisión rebosa de eso, hay programas especiales, hay un seguimiento paracaidista de esa multitudinaria e incomprensible felicidad eléctrica. “Canal Sur les va a ir ofreciendo cada uno de los movimientos de este equipo”, decían en Andalucía Directo. El Sevilla gana la UEFA, ofrece la victoria a la gente y a los dioses, que son dos muchedumbres borrachas, y eso les satisface y les colma. ¿Por qué? Inefable misterio. Pero abre los informativos y diluye los problemas de verdad en un vino muy rojo y falso. Más tarde, veo que el locutor pasa a describir un manto de la Virgen del Rocío, “bordado sobre tisú de plata y seda natural”. Definitivamente, hemos olvidado lo que es importante. Por eso nos manejan. Enhorabuena. Algunos ya han elegido su manera de ser feliz.

El cortijo. Han terminado dando cuerpo de adobe y tinaja a la metáfora de Andalucía, el cortijo, albardonería en la que vive esta tierra. El cortijo de los políticos, distancia que hay entre sus botas, cabalgada con la que dominan y apabullan los nuevos señoritos. El cortijo de la pobreza, los jarrillos que nos alimentan, los quinqués que nos alumbran, las herraduras a las que confiamos nuestra suerte. El cortijo de la tradición, tiempo detenido como sólo se detiene en las chimeneas, adoración de los cajagones de las bestias, de los bailes de las cosechas, lagar donde se reblandece lo eterno. El cortijo de las clases, las estancias separadas, la altura entre las alforjas y las cocinas, paja en los rincones o alcobas con camas como diligencias donde duermen aún apellidos igual que crucifijos. El cortijo de la incultura, cuenta de sacos, firmas con un dedo, masa de las cuatro reglas, lengua de trapo. Qué acierto, qué ironía. Canal Sur va a hacer un reality en un cortijo habilitado como podría estarlo uno en 1907, año que suena a moneda o a foto de Las Hurdes, y en Mira la vida animan con entusiasmo a participar. “Se tendrán que encargar de las labores del campo, de dar de comer a los animales, nada de lujos ni comodidades”. ¿Campo, animales, estrecheces? Sí, algo tan diferente a nuestra idiosincrasia... Sin modernizaciones, sin tecnología, aun así se sentirán (¡qué gran tristeza!) como en casa.

Solucionado. Ese contrapeso de las noticias, ese guante que pasa por Canal Sur colocándolo todo... La marcha de los trabajadores de Delphi hacia Sevilla les afeaba de indignidad y frustración el informativo como si al locutor se le hubiera reventado el bolígrafo en el bolsillo de la camisa, pero ahí estaba la siguiente crónica para traer la esperanza, la tranquilidad. Con algo de hada, la reportera anunciaba que el Consejo de Gobierno había aprobado “destinar 665 millones de euros a la creación de empleo en nueve zonas desfavorecidas de Andalucía”, entre ellas, la azotada Bahía de Cádiz. Aún más, el Consejero de Empleo, Antonio Fernández, había afirmado que “están cerrados acuerdos con más de una empresa para dar salida a los trabajadores”. Todo solucionado. Ahora, la marcha de los defenestrados de Delphi quedaba como otra romería. Canal Sur no se permite nunca dejarnos con desasosiego.

Somos Zapping 13/05/2007

No paran. No se han esponjado del todo aún las tonadilleras en sus lágrimas, la corrupción en sus colchones, ni siquiera la monarquía en su pony. Siguen lagartijeado en los medios y uno, que se había propuesto no volver a hablar de estos temas, ha visto cómo la televisión se llenaba de apostillas y rechupadas de lo mismo. Un último lametazo me pareció, por cierto, que Canal Sur programara el sábado pasado nada menos que Sisí emperatriz, por aprovechar la temperatura palaciega y el corazón miriñaqueado del personal. Qué tierna resulta esta izquierda que va del republicanismo al lacayismo como va de la laicidad al Rocío, según la marea de la plebe. En cuanto a la Pantoja, la hemos visto volver, marcada con la flor de lis, a los escenarios de un Valladolid en el que se alquilaban los balcones por miles de euros, como si esperaran presenciar su agarrotamiento. Mientras, su mosquetero Julián Muñoz dejaba una huelga de hambre que más bien ha parecido la dieta del melocotón. Dos kilos ha perdido, cuando los programas del morbo ya preguntaban a los médicos cuándo podría morir. Y como la moda de la huelga de hambre estratégica, que purga el vientre y los pecados, parece una promoción gubernamental, resulta hasta lógico que Juan José López Garzón, Delegado del Gobierno en Andalucía, tenga la potestad de clasificarlas bien en shows o bien en prioridad nacional. Yo no quería volver a estos asuntos, pero ya ven, esta España vecindona no para.

Feria machista. Más ferias, como un franquicia de cagajones por Andalucía. Ahora, la de Jerez, y de nuevo en Canal Sur María del Monte y Rafael Cremades, con presencia de cenefa y sonrisa de bandurria. Pero yo quería llamar la atención sobre otra cosa que me ha chocado más que nuestra eterna vida en los maceteros. Y es que resulta curioso comprobar cómo el lenguaje progre de La Nuestra se deja vencer por el casticismo. Ni siquiera la delicada cuestión del “género”, que tanto cuidan, resiste el empuje de lo típico. En las noticias anunciaron que el miércoles de la feria jerezana tenía de protagonistas “a los caballos y a las mujeres”, como igualándolos en la misma cuadra. “Es el día tradicional en el que las señoras dejan a sus maridos por un día para venir a disfrutar a su manera de la feria”, decían. Les resultaba muy simpático, popular y noticiable esa tutela del varón que parece que deja salir a la señora por un día de la cocina como de la plantación. Tanto empeño en desplegar los sustantivos en masculino y femenino y, de repente, una noticia llena de jovialidad idiosincrásica nos muestra a unas esposas con algo de esclavas brevemente liberadas, como agradecidas por la concesión de sus dueños que les permiten ver el sol una vez al año. “Qué buenos son los maridos de nosotros (sic), qué buenos son que nos llevan de excursión”, cantaban las mujeres. Seguro que no hay institutos ni consejeras que protesten por esto. Quieren cambiar la gramática, pero ese sitio de mesita que tienen las mujeres en la grupa de la tradición o en los arquetipos de Canal Sur, eso, ¿cuándo?

La ministra de la horca. En el premio Pico de Oro que otorga Noche Hache entre los bocazas de la semana, ella tuvo el honor de empatar en el primer puesto nada menos que con ese Aznar borrachuzo, Mad Max de nuestras carreteras. Hablamos de Magdalena Álvarez, ministra pistolera de las inauguraciones. Ya que eran “los elementos de la Comunidad de Madrid”, le parecía que en aquella disputada estación de metro, Esperanza Aguirre sólo podía estar “tumbada en la vía o colgada de la catenaria”. Qué delicadeza. Al menos, la otra perla andaluza del Gobierno, Carmen Calvo, en sus chuminadas todavía no ha matado a nadie. Ni siquiera a Pixie y Dixie.

Lentitud. Era como un desayuno de camaleones en el patio, y esa institución de la sangre gorda que es el funcionariado español, sublimaba su esencia. Las noticias de Canal Sur nos mostraban a unos funcionarios de la Delegación de Empleo de Huelva haciendo taichí, indistinguibles de cuando mueven papeles, y fue un glorioso descanso de humor entre la fealdad de la actualidad. “Me gusta porque son movimientos lentos, tranquilos”, decía uno. Los funcionarios entrenándose en la lentitud antes de ponerse a trabajar... Delicioso.

7 de mayo de 2007

Somos Zapping 06/05/2007

La semana de la plebe. Entre infantitas y pantojismos, ha sido una semana televisiva para la glotonería, las uñas sucias y las fantasías enfermizas de la plebe. Una España con el vientre seco busca en la monarquía su hijo universal y busca en las malas mujeres su casta venganza. El pueblo hace sus romances igual con una princesa panadera que con una viuda defenestrada o falsa, adora los palacios igual que las horcas, la sumisión tanto como la revancha. La monarquía trae niños como evangelios, niños de oro y dulce para el hambre sentimental del populacho, ennoviado con los cuentos de la infancia, con los unicornios de cristal que nunca verán de cerca y otras maravillas de la sangre azul, que bebe ambrosía y pare hijos navegantes e hijas rosáceas. Con esto tiene el pueblo para sentirse embarazado, mientras que para sentirse verdugo les sirve mejor que nada la vecina humillada, la famosa despeinada, esa caída de las balconadas a la acequia. Isabel Pantoja ha resultado perfecta para esto. En todo lo que ha dado Marbella de sucio, la Pantoja sólo parece la última lavandera. Pero su mantón arrastrado por los calabozos, sus dientes para fotos mordiendo los barrotes, son la literatura de cordel que entusiasma a las plazoletas. Sí, el pueblo, de acuerdo con su televisión, prefiere ver penar a las folclóricas antes que ver a los políticos pagar por sus mangoneos. En un programa mañanero, que como todos sorbía la sangre que se le ofrecía, un SMS manifestaba la alegría del espectador por la detención de la cantante y recordaba cómo ella “se pavoneaba en las terrazas de Marbella”. Han tenido para la mansedumbre y para el linchamiento. Ha sido la semana de la plebe.

Los culpables. Tantas horas de televisión sacándonos sólo coches y gafas, tantos especiales de los periodistas de los pelos de picha gozando como de su batacazo en un escenario... Isabel Pantoja ha caído como un pajarillo que cantaba y el morbo ha ganado a la gravedad igual que la mentira ganó un día a la política. Tantas horas, tantos detalles de mocos y cancelas, tantos justicieros o ajusticiadores, tanto mercader al pie del cadalso... Hemos visto a abogados con pañuelo y botines citando a Churchill y a su lechero, a Isabel García Marcos gozar del repugnante estrellato que le otorgaba Telecinco en A tu lado, al Tomate hacer su picadillo con música de fantasmas y al pueblo satisfecho de que la hayan revolcado por el moño (una mujer contaba en Espejo público que ya la madre de la cantante, cuando vendía sandías y melones, engañaba con el peso). Pero no fue Isabel Pantoja la que pudrió Marbella, la que llenó de mafias la política, la que instauró la era de la corrupción juntando a los capos del ladrillo con los ambiciosos patanes de los ayuntamientos. Isabel Pantoja, enamorada de los fondillos de un truhán, a mí sólo me parece una pardilla que ha torpeado entre tiburones y ha enredado sus flecos en una mierda bastante más negra que su melena sobre los pianos. Pero la Pantoja no es Carmen la cigarrera entre bandoleros. Da para una copla, pero no para final de película. Aunque eso le sirva a la televisión, yo no me conformo ni con el destripamiento de una virgen icónica e inelegante ni con dejar ahí la teoría tontorrona de la cortina de humo, como le hemos oído a Esperanza Aguirre o a Arias Cañete. Yo, ante tanto ruido, más que nada me lamento de que caerán otro chófer u otro picapleitos, otros mindundis y acarreadores, de que Julián Muñoz en huelga de hambre será otra canina en los medios; pero, al fin y al cabo, los más altos culpables, los que lo consintieron todo, no van a salir en el Tomate llorando con relicarios, ahora que están de campaña.

Sexo bruto. Van a sacar a todos los andaluces de picha alegre, de huevos gordos y de verbo bruto en los zappings, ganando incluso a sus viejitos rijosos. El consultorio sexual de Olga Bertomeu en el programa de Alicia Senovilla, con la que hace una especie de competición de ordinarias o de hacer pollas con servilletas, triunfa en el cachondeo nacional televisivo. Esta vez, un hombre basto con un testículo hinchado y que se ponía cachondo al cambiar el viento ha sido el que nos ha paseado por todas las cadenas. Serán los que llaman, serán los que hacen el programa, pero entre todos parecen querer dejarnos siempre como de follaburras.