2 de marzo de 2009

Somos Zapping 1/03/2009

Banderas. Las banderas, qué bien se llevan con ellas las corbatas, los faldones y los besos, esos besos como de coronel (Sabina dixit) que se dan a su sombra de cielo tendido igual que ropa. Día de banderas, viento estacado, taparrabos de Hércules haciendo de cortina y de medallón. El patriotismo andaluz de nuestros gobernantes es sólo un babero de banderas. Eso parecía la blanca y verde, llena de las migas y la saliva de vino de todos ellos. No se celebran Andalucía ni sus batallas, sólo el destino que les hizo dueños de esta tierra y les proporcionó la gran comilona. Canal Sur nos llevaba a la celebración del 28-F con lirios de banderas y patio de reclutas, y mientras sonaba el himno y la cámara pasaba por todo el Gobierno andaluz igual que si fuera un equipo de fútbol en un final, se oían las protestas de los mineros de Boliden, acampados no lejos del lugar de la ceremonia, como apedreando el falso altar. Era una imagen exacta y dolorosa: los políticos en su jardín de estatuas y al otro lado la Andalucía real, abandonada a sus problemas, sus puños, sus gritos, sus mendrugos. Luego, durante el discurso en la entrega de la Medallas de Andalucía, Chaves, con todos sus armiños por encima, habló de la globalización, de las hipotecas basura americanas que nos habían arrastrado a la desgracia. Chaves y su corte, que nos han mantenido pobres hasta sólo poder ofrecer nuestros huesos pelados a la crisis, se lavaban las manos, y la bandera de Andalucía quedaba manchada de la huella de sus dedazos orondos, perfumados, salchicheros.


Todo en uno. Eso del Régimen no es una fantasmagoría, se ve y pesa como un gran pirámide. Es ese mazacote en el que Andalucía, la Junta, Chaves y Canal Sur son una sola cosa. Ya no sabemos de quiénes son los cumpleaños cuando Canal Sur dedica programas y galas al 28-F, a sus veinte años, a la vejez de sus presentadores, de sus políticos, de sus cantantes y de esta Autonomía, todo en uno, fundido, indiferenciado. En retrospectivas del ayer o felicitaciones de hoy, sale María del Monte llegando a caballo de verdad o a caballo de ella misma, sale Tom Martín Benítez como el churrero feliz de las noticias oficiales, sale Manuel Chaves jurando por primera vez su cargo de presidente de la Junta en 1990, emparejado en leyenda o en edad con imágenes de Lola Flores; sale Roberto Sánchez Benítez, antes de que se chutara gominolas para mayor gloria de la propaganda de la Junta, entrevistando a un ministro; salen épicas de la Autonomía como algo de bandoleros, sale Juan y Medio en sus diferentes etapas de bigote, salen El Arrebato y Bisbal, dos cantantes con rulos; salen la Expo y el AVE y el 18-F, salen Carmen Sevilla balando con una ovejita y Los del Río (“andaluces universales”, decía la voz en off) con su infame Macarena... Todo esto, en una gala del 28-F con aires onanistas, entremetido en los informativos o en ese programa aniversariero que presenta Carlos Herrera, que parece en él degradado de periodista de verdad a pregonero o guía de museo. La felicitación a los andaluces por el 28-F se une a otra por el éxito de Arrayán, los cantantes sandungueros del lugar siguen a autopiropos por la labor informativa de Canal Sur; los políticos socialistas posan para su pinacoteca a la vez que gimen Andy y Lucas... Y me doy cuenta de que todo forma parte de lo mismo, de que han conseguido esa unidad tan peligrosa y espeluznante que caracteriza a los totalitarismos, esa unidad orgánica, estructural, ideológica y estética. Ir y volver del Parlamento a Juan y Medio, de Chaves a Agustín Bravo, del Estatuto a La banda, de la Autonomía al niño del tambor, de las banderas patrias a los chistosos. Todo es lo mismo, suena a lo mismo, sirve a lo mismo. Todo esto en una única celebración, ¿no les da miedo? A mí, mucho.

Los días persiguiéndose: Morbo y necesidad (26/02/2009)

No sé si incendiarán Facebook, si prohibirán los ombligos y los novios en moto con su frío de aviadores. No sé hasta qué punto la tragedia de Marta está haciendo que la gente pierda la cordura. El padre o el pueblo, con velas y nudos en las manos, piden la cadena perpetua, castigo casi bíblico, eterno crujir de dientes. Yo me pregunto en qué casos. ¿Cuando el asesinato forme vendaval en las barriadas y en los medios? ¿Cuando alcance un mínimo de share en la televisión? ¿Pedirán tribunales populares, con bieldos hacia los precipicios? Yo no soy partidario de la cadena perpetua, de los pozos con ratas ni del Diablo de Dante masticando con sus tres bocas a los malvados por toda la eternidad. Todo eso me parece muy propio de la crueldad judeocristiana, de los dioses que se alimentan de sangre y culpa, pero no de una sociedad civilizada. Entiendo el dolor, la rabia, pero si el castigo para siempre ya me parecía sadismo por parte de estos dioses, por parte del Estado, y además empujado por la turba linchadora, me parece un fracaso y una inutilidad. Sí, una inutilidad. No tenemos más que mirar a Estados Unidos, el país de la silla eléctrica, donde ni siquiera la pena capital les libra de records de criminalidad, donde el corredor de la muerte está atestado de pobres y excluidos, algunos inocentes, que acabaron allí sólo por tener abogados malos o elecciones a la vista. Al padre de Marta le diría que la venganza no hará que duerma mejor. Me temo que nunca sirvió para eso.

En todo caso, esto nos hace constatar ese divorcio que existe entre la Justicia y el pueblo. Y aunque los casos de Mari Luz o Marta, tan sensibles, tan emocionales, son extremos, ciertamente la Justicia y la ciudadanía parecen hablarse desde muy lejos y con idiomas muy distintos. Seguimos sin confiar en una Justicia lenta, desbordada, desfasada, manejada como entre viejas tenedurías; una Justicia donde desbarran jueces y jurados, y que, para colmo, desde aquella Ley del Poder Judicial con la que Alfonso Guerra declaró muerto a Montesquieu, duerme blandamente en los tentáculos de la política. Que robagallinas y arrancadores de matas de poleo terminen en la cárcel mientras corruptos y terroristas tienen a la Ley por jardín, es algo que sigue chocando y no sin razón. Espectáculos como el de Garzón y Bermejo, con sus conchabamientos y causas generales, o los de los jueces que ponen su moral, su ideología y sus prejuicios por encima de la legislación; todo esto, en fin, es lógico que nos desasosiegue. Ahora parece que no hay más que esas cadenas perpetuas que se piden a bocados, pero creo que lo que necesitamos urgentemente es una Justicia moderna, independiente, eficaz, sin sus almenas kafkianas, y una Ley equilibrada, proporcionada, ejemplarizante y útil. Más que con horcas o mazmorras eternas, ganaríamos por ejemplo endureciendo las penas por corrupción, malversación de fondos públicos, cohecho y prevaricación, auténtico cáncer que amenaza con comerse a la Democracia misma. Desde “el clan de la gomina” hasta Ohanes, pasando por el paradigma de Marbella, vemos que la corrupción sale demasiado barata. Hay quien ve sus breves años de cárcel como una inversión aceptable porque luego retornarán a la sociedad igual de ricos y perfumados. Si la Ley asusta tan poco que un alcalde no duda en usar dinero púbico para irse de putas, imagínense cómo tiemblan si las corruptelas les hacen millonarios. ¿Pero quién grita en las calles por todo esto? Aún nos puede más el morbo que la necesidad.

23 de febrero de 2009

Feliz Carnaval de la crisis (22/02/2009)

A Cádiz la pusieron un día a buscar duros antiguos con la piocha y desde entonces no ha parado de escarbar. “Lo que es la miseria”, decía el eternal tanguillo del Tío de la Tiza. Cádiz acumula una crisis sobre otra como un romano sobre un fenicio o un levantazo que sigue a otro levantazo, así que ésta que vivimos coge a la Tacita y a su Carnaval ya viejos, resabiados, resignados, pasotas o entretenidos sólo en sus tirabuzones o en sus bajos, aficiones muy gaditanas. Ninguna crisis puede desplazar a los callejones bucaneros de La Viña, a esa Caleta un poco gondolera, a las puñaladas de los comparsistas, ni siquiera a las caballitas o al chocho de la vecina. A esto, que es así ya por el carácter del gaditano, hay que sumarle además, en los últimos tiempos, la dimensión de negocio que va teniendo el concurso y el abrazo del poder político que otorga premios, ofrece contratos e impulsa egos desde la plazoleta a la fama a través de Canal Sur. “¿Quién va a criticar aquí a los socialistas, a la Junta, a Chaves, estando pendientes de los contratos de la Diputación de Cádiz, o de Sevilla, para hacer giras?”, dice un joven autor, aún lejos de los premios. “Claro que hay todavía agrupaciones sinvergüenzas, pero como mucho llegan a cuartos”, explica, y luego añade, con guasa: “Lo mismo a partir de semifinales algunos se cortan menos porque ya no está el logo de Cajasol en las tablas”.

El único tipo remarcable con referencia inequívoca a la crisis ha sido el de la chirigota Los políticos, que, efectivamente, se quedó en cuartos. Eran paisanos en paro con el mono de Delphi, de Astilleros o de Skol acodados en una barra tras la que habían colgado las fotos de Calvo Sotelo, Suárez, Felipe González, Aznar, Zapatero, Chaves y (a su derecha) Franco, más una cabeza de toro que parecía condecorarlos a todos. Su primer pasodoble en cuartos era toda una declaración de intenciones: “Por el aro no paso yo, eso es para lo señores pelotas de los premios. Yo vengo a rajar, para mandar al carajo a cuatro mangantes y, si hiciera falta, a muchos más”, cantaban. En un cuplé dedicado a los cursillos de prevención de riesgos laborales, decían: “¿Cómo vamos a matarnos si no tenemos trabajo?”. Ya que “en el parlamento grande nos tienen a todos jodíos”, ellos prefieren estar en su “parlamento chico”, el bar, “bebiendo y criticando a este gobierno, al que vendrá y al que hubo, tomando una copita y a Zapatero que le den por culo”. Pero aun ellos se cuidaron mucho de mencionar siquiera a la Junta, dando sus babuchazos muy repartidos y sin nombre, a una casta política abstracta y atemporal. No dejaba de ser una crítica pasota o nihilista, en la que sus directos exabruptos y su estribillo (que era, literalmente, un pedo) los dejaba sólo en majaras enfurecidos.

A otros, la crisis parecía que sólo los empastillaba o los excitaba de masoquismo. La comparsa de Tino Tovar y Ángel Zubiela, Voces, que iba como de un africanismo fosoforito, incluso la llevaba a su estribillo, pero de esta curiosa manera: “Si la crisis los nervios te desata, si te disparata y te desbarata, en los Carnavales, no metas la pata, hazme caso bwana: Hakuna matata”. O sea, traduciendo directamente del swahili: “no hay problemas”. En el popurrí nos aclaraban que “cuando río te enseño cómo hay que tomarse la vida”. Sería una buena sintonía para Canal Sur. Parecían María del Monte con bongos. En esa misma resignación complaciente, en esa feliz rendición a la miseria, parecía instalarse igualmente la comparsa La secta de los Carapapas, dispuestos a “quitarse el hambre comiendo papelillos”. Por ellos, se pueden llevar de Cádiz las industrias y todo lo demás, “menos el Carnaval, que es sagrado”. También el coro Los Cañamaques, segundo premio, recomendaba a los españoles, “ahora que están tan tristes porque no llega para la hipoteca”, que “aprendan de Cai, que está medio muerta y nunca lloró”. “De la crisis me río yo, la ciudad que sonríe es la primera en el ranking de todo lo peor”, decían. ¿Amarga ironía o soberbia del flagelante? Les pega más lo segundo. En el carnaval gaditano siempre ha gustado mucho la estética del perdedor y hacer virtud de esa necesidad de sorberse los mocos de pobre.

La crisis como cilicio, como oportunidad para exhibir nuestras históricas cualidades para el sufrimiento y el conformismo sonrientes, o bien la crisis como mera anécdota, como otro vendaval que nos ha tocado, una crisis con espectadores pero sin culpables. La chirigota Salón de belleza El Tijerita, primer premio, también la llevó a su estribillo: “Crisis, crisis por tos laos, ¿cómo quieres que yo pele si está to el mundo pelao?”. Incluso cantando que “aunque Zapatero diga que la crisis no se nota” ellos han tenido que hacer tintes “con rotuladores Carioca”, el presidente del Gobierno parecía no más que el hombre del tiempo o el pregonero de lo que está pasando. Como mucho, sentaron en sus silla de barbero a los banqueros, adornados de cuernos, para ponerlos de ladrones del pueblo.

Lo del Selu y su chirigota Los enteraos, merece mención especial. Fueron sólo tercer premio, quizá porque no montan ese alboroto y esa vocinglería que gusta a algunos, pero sin duda no hay quien supere en este carnaval su ironía y su inteligencia. Sí, fue pura ironía su presentación, con el enteradillo gadita (genial y total inmersión en el tipo) diciendo que esto ni es crisis ni es nada, comparado con lo que él pasó en el año 40. Eso sí, hay que recordar que mucho más directo fue el Selu en el 94, cuando atravesábamos otra crisis y Los titis de Cai no sólo guaseaban con lo alegre que estaba la calle llenita de gente por no tener trabajo, sino que se atrevían a mandar “a recoger escombros” “a los socialistas con trajecito que miran por encima del hombro”.

Aunque les pese, la dimensión crítica del Carnaval de Cádiz está sobrevalorada. Suele ser facilona, demagógica y poco profunda. Se busca el aplauso fácil y para ello no hay nada mejor que dedicarles pasodobles a los jueces casi asesinos de niñas, a los maltratadores o a los violadores. Antonio Martín, con su comparsa La mare que me parió, consiguió el primer premio llevando a la final coplas a Marta del Castillo y a los banqueros y especuladores frente a los currantes. Otros, como Juan Carlos Aragón, hacían letras a la muerte o a la cama (!). El poder político, sobre todo el poder cercano y efectivo, apenas se toca. Las referencias a Zapatero parecían sólo coletillas y en todo caso, Madrid queda muy lejos. Teófila es un clásico y sabe que tiene que apechugar, pero aparte sus tintes y sus hechuras de alambre, sólo la comparsa Los trasnochadores, especie de vampiros en su perchero (tercer premio), le dedicaron en la final un pasodoble con cierto odio de clase, bastante confuso.

La Junta, desde luego, es tabú. Chaves ha salido dos veces por las glorias de su cabeza (Kike Remolino tenía que coger para él la tijera de tamaño familiar y la comparsa de Antonio Martín decía que para hacerle un trasplante capilar había que coger más pelo el que tiene la Pantoja donde uno se imagina). Una leve referencia le dedicó en el popurrí el coro de Julio Pardo, Cuando yo me pele, primer premio: “Me enteré de que Chaves no se presenta para presidente...”, y contestaban “cuando yo me pele”. Más sinvergüenzas estuvieron en la final los cuarteteros de Esta boca es mía, segundo premio: su suegro está haciendo uno de esos cursillos de formación y desde luego son útiles, porque “ahora puede cagarse en las castas del Chaves en catorce idiomas”. Hubo guasas para Bibiana Aído, pero ni de Solbes ni de Magdalena Álvarez hemos sabido nada. Como mucho, a la Fiona que hacía el Canijo le presentaron en el espejo una foto de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y ahí quedó la cosa.

Y sin embargo, letras como “bienvenidos a la fiesta de los pantalones bajados”, o “canta piropos a las puestas de sol y todo te irá mejor”, de la comparsa La imposible fábrica de sueños; o ese tango dedicado a cierta “mafia” por parte del coro de Tino Tovar , Cadilandia, que decía que “en este concurso no hay cojones para criticar”; esos “cobardes que se humillan” a los que se refería la comparsa La factoría... Todo eso, ¿es rebeldía ante un carnaval benevolente con el poder político? Pues no, sólo es lo que llaman metacarnaval: ajustes de cuentas entre autores, pullas al jurado y al Patronato, ombliguismo navajero de sus vanidades, envidias, negocios, camarillas, competiciones y contrapremios. Resulta chocante que la única autocrítica consista en decir precisamente que no hay valor para criticar, pero insistir en no criticar nada. Así, la comparsa de Quiñones, La pensadora gaditana, después de quejarse de que ya no hay valientes, de que “los valientes escribieron en la dictadura”, cantan un pasodoble a una niñita negra adoptada, ya ven, el colmo de la osadía.

El Carnaval de la crisis ha sacado muchos robots, cameos y reuniones de tuppersex. Como siempre, suegras, carajos, tetas y puntazos; coros esdrújulos y cantos vacíos y luneros a sus sombras chinescas y a “la cuna de la libertad”, que cada vez lo parece menos. Pero hubo más Obama, más Letizia y más Falete que Zapatero o Chaves; más peleas casapuerteras de arlequines y horcas para maltratadores que leña a los que nos gobiernan. Ya sea por carácter o por sumisión, la triste apostilla la ponía el coro Cadilandia: “en Cádiz no hay crisis mientras haya Carnaval y Semana Santa”.

Somos Zapping 22/02/2009

Medallas. Debemos de habernos quedado sin grandes poetas, artistas, intelectuales, científicos, economistas, profesores, o es que Andalucía ha acabado abaratada, acuñada con el oro más bajo, más pobre, más latonero. Las Medallas de Andalucía que otorga la Junta cada vez pesan menos, parecen lunares arrancados a nuestros estampados tópicos. En las noticias de Canal Sur se empeñaban en que fueran como nuestros Nobel, esa dignidad académica y un poco marina con su pesantez de anclas en el pecho y alfombras por la cabeza, pero aquí lo que se premia, demasiado a menudo, es otra cosa: divismos de barriada, andalucismos de tapete, vulgaridad con denominación de origen, rancias alcurnias o figurantes que sirven o al menos no estorban al poder. Ahí están enmedallados Los del Río, Lopera, David Bisbal, Isabel Pantoja, Carmen Sevilla, la Duquesa de Alba... Este año le han concedido la Medalla de Andalucía a La Mari, cantante de Chambao, ya saben, la de esa musiquilla de una Andalucía emporrada, la que nos dejaba el ánimo laxo y receptivo para los noticiarios de Canal Sur, la de “déjate llevar por las sensaciones”, todo un leit motiv para esta casta política sesteante y lisérgica. Debemos de estar sin genios, sin pensadores, sin héroes, o es que el oro viejo de esta Andalucía cada vez está más sucio y vale menos.


Marioneta. Buena pareja con La Mari, pues también participa en esa música de organillo de la propaganda juntera, haría Roberto Sánchez Benítez, el tecnopolitano de ojitos de botón. Al teleñeco de las modernizaciones mentirosas y la felicidad gominolera de Andalucía le han dado en Palma del Río (ayuntamiento socialista, claro) un premio de “comunicación”. Creo que ya tiene tantos premios como Los Lunis, con los que suele competir en la misma categoría. El poder trata muy bien a sus marionetas.


Tarantela. Toreros ellos y modelos ellas. Los confundo como a los japoneses. Los Rivera y sus parejas, iguales o intercambiables. Están los programas de la basura y el celestineo muy pendientes de Fran y Cayetano Rivera y de sus presuntas mujeres florero, mujeres como para dejar el estoque, pues los toreros no han cambiado de siglo y supongo que sus modernísimas novias lo tendrán asumido. El otro día, en uno de estos programas, sentí que Andalucía aparecía como una vieja Sicilia, como cuando en El Padrino Michael Corleone busca allí novia. Me acordé de esos rituales con toda la parentela caminando tras el paseo de la parejita, como entre cabras. Sí, fue cuando una de las contertulias tomó como prueba inequívoca de la relación de Fran Rivera con Elisabeth Reyes (me parece, porque ya digo que confundo a esta gente) el que ella acompañara al muchacho en sus ensayos semanasanteros, como una especie de ceremonia del pañuelo. Allí iba la chica, detrás del paso cargado con sacos, en un sitio que supongo deben de tener para las novias (para ellos las mujeres siempre tienen su sito), y Andalucía parecía una rancia tarantela mezcla de machismo, brujería y matanza de pueblo.


Cara. Siguieron el olisqueo de los perros, acompañaron a las lanchas que buscan el cuerpo de Marta del Castillo, hicieron espectáculo y morbo de los corazones encogidos, explotaron la piedad y la rabia. Y luego, los de Andalucía directo se dignificaron de “rigor informativo” y se distanciaron de la basura que había generado el caso en otras televisiones. Menuda cara.

Los días persiguiéndose: Reina del Guadalquivir (19/02/2009)

Una chiquilla le hizo un poema, “Reina del Guadalquivir”, allí en ese altar frente a un ascensor, con vigilia de lápices de colores y velas como cipreses derretidos. Mientras, en los juzgados de Sevilla, el pueblo elevaba patíbulos con extrañas herramientas, quizá las hoces que deja siempre la muerte en las manos. Reina del Guadalquivir, la llamaba la chiquilla, como una emperatriz muerta en su barcaza. A la muerte acuden los pájaros, los hierros, los faroles, las niñas con trenzas de flores y lágrimas. Pero cuidado con la soberbia del dolor, con el lujo del luto, con las misas nacionales, con los juramentos ante los ataúdes. No se puede derrocar a la Justicia volviendo de un entierro, con los ojos mojados de tierra, porque a la venganza le cuesta encontrar ecuanimidad e inocentes. Esto no puede ser la ira de Aquiles de todo un pueblo o habremos sucumbido a la barbarie.

Marta del Castillo, como antes Mari Luz... Estos crímenes son más que asesinatos, son arquetipos que producen reacciones programadas en nosotros. La víctima icono de la inocencia y el monstruo cruel son el bien y el mal puros, ante los que sentimos que debemos afianzar nuestra bondad a la vez que exorcizar nuestra maldad. El mito de la lucha contra el monstruo se escenifica en nosotros, y no es la justicia, sino la propia expiación, lo que se busca. Y esta expiación sólo puede conseguirse cuando hemos manifestado nuestra piedad con grandes alardes de buenismo y luego se ha matado al monstruo, matando también lo que hay de malvado en nosotros. Lo que ocurre es que esta muerte simbólica la quieren hacer efectivo empalamiento. Lo estamos viendo otra vez, al aire funeral de la calle, avivado por campanas y puños. Por eso hay velas y poemas, camisetas y manifestaciones, nudos de horca y crujido de hogueras, lágrimas con las que secretamente nos perdonamos y cólera vengadora con la que nos distanciamos del mal. Esto, aun siendo comprensible, es desmesurado si quiere ir más allá. La familia ya ha solicitado un hueco en las agendas de Zapatero y Rajoy, y de nuevo suenan los grilletes de cadenas perpetuas. Es el clamor del pueblo, dicen. No sé si esperarán que las condenas las decida el barrio por SMS, pero la Justicia no puede funcionar con autos de fe, con teas en las plazas, con circos de leones, según el despliegue de vecinos, medios y policías que mueva un asesinato u otro.

La reina del Guadalquivir, con corona de juncos, con la cabeza de virgen apoyada en la colmena que es el sol en el agua. Alma de paloma escapada, flores nacidas en el pecho, bocado del monstruo, niña dulce tronchada por la maldad. Nuestro dolor, nuestra piedad, nuestra solidaridad, nuestro consuelo, nuestro miedo, seguramente necesitan estas imágenes. Pero no necesitamos la venganza, que no es justicia. El pueblo puede llevar puñales en el corazón como las dolorosas, pero no así la Ley, que no está para repartir la sangre entre sus deudores. El día en que la pasión de las multitudes condene o santifique, algo importantísimo habrá fracasado. Las lágrimas y la rabia tienen su razón y su tiempo, pero la cordura, el sosiego, la Ley, deben tomar su lugar. Algo me dice que olvidarán los poemas y seguirán pidiendo crucifixiones.

Somos Zapping 15/02/2009

Genitalidad. El programa de María del Monte ya parecía transcurrir en un continuo amaestramiento de monos incluso antes de que llegaran esos chistosos con el borricaje de sus cagarrutas, mocos y hueveras. Sólo hay algo que entristezca más que comprobar que su objetivo siempre ha sido ir superando sus niveles de bajeza y zafiedad, y es precisamente darnos cuenta de que en esa bajeza sitúan ellos al andaluz. El caso es que en el Consejo Audiovisual, donde mandan una especie de afiliados a la servilleta dedicados entre comidas a guapear la basura de la radiotelevisión pública, se sometió a consideración ese espulgamiento de macacos que hacen en el programa creyendo contar chistes. La queja venía más que nada por las gráficas y hasta olorosas genitalidades que a tan temprana hora salen de sus bocas o esfínteres. Sin embargo, parece que, después de medir concienzudamente el alcance y la profundidad de las pichas, chochos, enculamientos y caiditas de Roma, el Consejo ha decidido que todo se hace con delicadeza metafórica y que nuestra chiquillería está protegida por sucesivos velos de dobles sentidos y sutiles tropos, aunque a simple vista parezca que los chistosos hacen trancas con el brazo. Pero no, no está la obscenidad en airear los bajos, vieja fijación del puritanismo. Es la indigencia mental, la extirpación de todo rastro inteligencia, el hocicamiento de la estética, lo que hace repulsivos y aciagos a esos chistosos y a su amaestradora. No tanto que salgan pollas sino que su gracia sea la ignorancia, la incultura, la vagancia, el mal gusto, la animalidad, la digestión. Más que nuestros jóvenes se espanten por coitos del butanero, a mí me preocupa que los estupidicen y los acunen en esa satisfacción de cochinera que esta gente representa. De eso seguro que no se va a ocupar el Consejo Audiovisual.


Saborear la muerte. Pura indecencia, más que en esos chistes de cagameadas y empomamientos que llegaron luego, sin transición. Sí, el coche de muertos pasaba una y otra vez en la pantalla, por detrás de María del Monte y de los contertulios. El entierro de la última víctima de la violencia machista, allí puesto con enfermizo regodeo en un bucle, llantos y coronas, la muerte en sus jarrones, ese coche fúnebre dando vueltas por detrás de María del Monte, como si fuera un Ibertren, y ella preguntando a un familiar “¿cómo te encuentras?” o “¿te ha vuelto a dar otro pálpito?”. Ese coche de muertos como una catarata de fondo, apareciendo una y otra vez, dejando bien olorosa la muerte para sus antropófagos, y María del Monte como en la carroza de esa muerte, como en el carrito de helados de esa muerte, saboreándola. Luego, continuaron con el caso de Marta del Castillo, con una entrevista a su madre. “La madre de Marta es la que se encuentra más afectada”, rotulaban. “Antonia, te veo un poquito baja de moral hoy”, le decía María del Monte. Después, pusieron una chirigota y, sin más pudor, pasaron a los chistosos. Eso es verdadera indecencia, no mencionar pichas.


Ácido. Un lector me envía un vídeo con una escena pavorosa de Ángel rebelde, esa telenovela que hasta hace poco teníamos aún en la sobremesa porque el Consejo Audiovisual estaba ocupado descascarillando marisco. En ella, una mujer con la cara horriblemente desfigurada por ácido se mira por primera vez en el espejo delante de toda su familia. Pensé que María del Monte le hubiera sacado mucho partido en su programa a algo así. De momento, con esto hacen el prime time de Canal Sur. Hoy hemos aprendido mucho sobre cómo entienden ellos el servicio público.

Los días persiguiéndose: Bigotes (12/02/2009)

Lo que faltaba era un tío con bigotazos. En España, para ser apuñalador o para ser chulángano viste mucho el bigote de encaje, a lo Dumas, el bigote del abuelo, el bigote austrohúngaro o el bigote marbellí, pero un bigote. Con tamaño de habano, con hechuras de caniche, con borlones de emir, con perlas de farlopa, pero un bigote. Aquí no podemos decir que hemos encontrado al canalla, al burlador, al jefe de los mangantes, hasta que no aparece un bigote. Dicen que este país vuelve a hacerse en las monterías, como en aquéllas de Berlanga con coleccionistas de pelos de coño, pero lo que hay en todos los chanchullos hispánicos no es una escopeta sino un bigote. Ha bastado ver las fotos de ese clan de Madrid, con mucho peine para el bigote o para los rizos, para darnos cuenta de la calaña de esta gente. Hay bigotes que sólo pueden estar en comisarías o en puticlubs, en ayuntamientos o en tesorerías, en trascocinas o en narices de plata. Y lo peor es que en el aire de esos bigotes y melenitas de Madrid todos hemos reconocido a muchos otros del pueblo o de la autonomía, muy rozados por concejalías y gerencias, por despachitos y fitures. Se parecen todos en tipito y en el bigote o en las ganas de bigote, van al mismo sastre y a la misma barbería. Esos bigotes que se copian los cocineros y los espadachines también los copian los perfumados por la corrupción política. Son bigotes de relamerse, son bigotes de mojar pan, son bigotes de reírse, son bigotes como braguetas.

No hay suficiente gente honrada para llenar la política, menos aún sus ayudantías y lupanares. Contar billetes con los bigotes no es oficio de una familia ni de un solo partido. Todos caen, todos mojan en esa salsa. O sea que estos bigotazos no tienen ideología. Esa estética obscena de tantos tíos con el mismo bigote ha suplantado a la política o la ha convertido en una excusa para su meneo, en Madrid o aquí. Lo que ocurre es que en Madrid los bigotes parecen de zares, mientras que en Andalucía encontraron un día los de Julián Muñoz y la Pantoja, especie de amor de velcro, y ya no quieren buscar más. No voy a entrar yo en si lo de Madrid es una cacería de tramperos con la mira torcida, aunque desde luego por allí corren magníficas piezas para cobrarse. Pero aquí ha habido igual seguimientos y gabardinas, tenemos al alcalde de Ohanes pillado con todo el papelón en las manos, hemos asistido a trincamientos de hermanísimos, recordamos demasiado bien lo de Ollero y lo de Montaner, y hasta vimos un bigote con pies y manos (Zarrías) votar por él y por sus compis, sin que nadie les haya cortado las barbas.

En el bigotazo de ese tipo de Madrid está toda la suciedad que enmosca la política y sus lindes, igual que estaban en sus melenas el rango y el honor de los reyes visigodos. Los partidos son una güisquería y chulitos con bigote de sacacorchos y paquete de calcetín se hacen ricos a costa de lo público. En las mismas fotos de Madrid, en esos bigotes de alambre, cabrían muchos de los que ustedes y yo conocemos. Ojalá alguna vez, cuando deje de buscar por los montes faisanes con la sigla pegada, la Justicia los rasure a todos. Pero creo que ese día aún está lejos.

Somos Zapping 8/02/2009

Crítica y chochos. El Carnaval de Cádiz es demasiadas cosas: gracia, ingenio, imaginación, crítica; pero también afectación, pichas silbando, mojonería vulgar, casticismo adobado. Para encontrar momentos de brillantez hay que soportar muchos chistes de nabos, hay que nadar en la baba de muchos payasetes de lágrima floja que se creen poetas, hay que rebuscar entre la demagogia, el chovinismo, la cursilería, los gemidos, los corazoncitos traperos y los ojetes del culo. Yo soy carnavalero tibio, más bien chirigotero aunque de una manera algo forastera. Hay cosas del Selu, de Manolo Santander o del Libi que siempre recordaré, pero los espantapájaros y deshollinadores mustios de las comparsas me resultan estomagantes, insoportables hasta la dentera. Hace 20 años que Canal Sur empezó a retransmitir el concurso de agrupaciones y el otro día lo celebraron con un popurrí bastante decepcionante. Recuerdo aquellas primeras finales del Falla por la tele, llegando yo mal dormido al instituto cantando el estribillo de Los combois da pejeta. Entonces nadie imaginaba lo que Canal Sur iba a hacer con el carnaval: endiosar a peñistas, fabricar profesionales, domesticar las críticas. Ahora que la Junta da premios, que las diputaciones ofrecen giras, que el poder observa entre bambalinas y elige lo que sale en los resúmenes, toda esa libertad caletera parece emputecida. Viendo el programa especial, que presentaron Manolo Casal y Modesto Barragán, tamborileros o postulantes (en la acepción gaditana) de ese poder, me reafirmé en todo esto. Mucho alabaron la crítica que ejerce el pueblo, su “periodismo cantado”, pero entre letrillas sobre la peluca de Carrillo o Jesulín de Ubrique, la Junta sólo salió en una noticia introductoria, por rehabilitar las viviendas de Cádiz, y en un cuplé de Las pitonisas, subvencionándole la ortodoncia al niño. Que no nos despiste su máscara de gaditanismo con tomati: Canal Sur no se arrodilla ante San Macarty como los monjes de Manolo Santander, sino ante San Telmo. Pero eso ya lo sabíamos. Más pena da ver este carnaval servilón, bien embridado, aceptando la vanidad y el dinero de la televisión a cambio de que salgan chochos pero no guantazos a los que mandan. A lo que hay que echarle cojones es al poder, no a las mojarritas.


Orgullo y glamur. Los Goya se prestan a muchos testarazos, que parecen diseñados para darse con él en la cabeza. Lo que nos interesa aquí, sin embargo, es que alguno llegó a Andalucía y, claro, en Canal Sur el orgullo patrio les rebosó. A la joven Nerea Camacho, premiada por su papel en Camino (película sobrecogedora y bastante bien hecha), le montaron en su pueblo de Almería un recibimiento a lo Se llama copla, contado cascabeleramente por la Nuestra. Otro Goya se llevó El lince perdido, producida por Antonio Banderas con mucho dinero público. Sí, unos 5 millones de euros entre la Junta y Canal Sur para la cosa de la concienciación verderona, o quizá simplemente para seguir la costumbre de que unos elegidos se lleven una buena pasta a costa del presupuesto autonómico. A Banderas, como recién despertado, lo llamaron por teléfono desde las noticias y parecía él solo una ONG entera salvadora de gatos. Para que nuestra aportación al séptimo arte no pasara desapercibida, hasta llevaron a la gala a un tipo disfrazado de lince, que quedó como sustanciar en un cojín esa política cultural de enchufe y trincamiento. Pero no terminaba ahí el numerito, porque al lado del lince, entre flases y aplastado por su bufanda, posaba el Risitas. Menuda estampa de orgullo y glamur de Andalucía y su cine, la politiquería de felpa que lo anima y el feliz ignorante que nos representa. En fin, todo el año es carnaval.

5 de febrero de 2009

Los días persiguiéndose: La tempestad (5/02/2009)

Llega un temporal tras otro, la nieve hace tazones de los valles, las nubes parecen piedras de afilar, y mientras, los parados caen alcanzados por rayos y cornisas, en mitad de este gran naufragio. No sé si será verdad lo del cambio climático, si la respiración del hombre mueve las dunas y desvía las corrientes cálidas del océano para helarnos los cristales y empaparnos el abrigo. Lo que sí es verdad es que hemos confiado en el dinero que compra dinero, en la riqueza que no se sustancia en trabajo y producción, sino en bolas de papel de mano en mano. Ambiciosos, especuladores, estraperlistas de futuros, amasadores de polvo, han reventado la economía, y aquí, donde era endeble y tendedera, poco más que esos volquetes de grava y ladrillos, han cegado el pozo. El viento se lleva ahora los techos, como sombreros, y la ruina suena a su silbido entre las grietas.

Dice Habermas que todo el pensamiento político de la modernidad es una dialéctica entre liberalismo y democracia radical. Jonh Locke, Adam Smith o Friedman; Rousseau, Hobbes, Maquiavelo o el mismo Habermas; aunque no tanto contrapuestos sino yuxtapuestos. Quizá la posmodernidad política no es sino llevar a la crisis o situar en perspectiva todo ese sustrato para concluir que aún nos falta algo. ¿Es el “individualismo posesivo” del que habla tan críticamente Habermas una rémora o aún es el sustento de la libertad democrática? ¿Hay alternativa al actual capitalismo? ¿Y hasta qué punto eso supondría cambios en nuestras actuales estructuras sociopolíticas? De momento, ni Habermas ni un simple remozamiento de Keynes parecen salvaciones de nada. Menos, lo que hacen nuestros políticos.

Cuando hay quien habla de una auténtica refundación de nuestra democracia (¿neo-neoliberal, neosocialdemócrata?), aquí nos las tenemos que ver con la misma política miserable, mediocre y estaticista. Imaginar a Chaves o a Pizarro en tan altas reflexiones sólo puede llevar a la risa, porque aquí se hace política de saca y de jugar a las casitas, lejos de los grandes conceptos. Zapatero se conforma con un logotipo de una letra y con invitar a café a la banca; Chaves lo confía todo a que los sindicatos se callen y a que la propaganda llene de aviones de papel el cielo iridiado. Chaves ya nos dijo que la solución a la crisis no está en sus manos, así que creerá que está en las del Hado o quizá en las de los gobernantes filósofos de Platón, que él no tiene. No sabemos si el mundo será refundado por los pensadores o los economistas, pero lo que sí sabemos es que un político no puede declararse impotente ni esperar que la marea le traiga cofres de monedas. Sus recetas contemplativas, su economía de “estados de ánimo”, sus cataplasmas para el pueblo, el achicamiento de su fracaso hacia Wall Street, no sirven de nada. La culpa de Chaves es actual y también es retrospectiva, es la inacción de ahora más el lastre de haber mantenido a Andalucía en una economía enclenque, inercial, burocratizada y sometida a sus intereses clientelistas y a sus negocios de partido. La tempestad, que siempre se ceba en los más débiles, se lleva ahora todos nuestros pobres palafitos y deja a los parados ensartados a miles en los pararrayos. Como diría Gómez de la Serna, los paraguas de nuestros gobernantes disparan a la lluvia. Pero eso no basta.

Somos Zapping 1/02/2009

Tragar monedas. Otra vez la televisión se gusta en el dolor, otra vez nos pasan la angustia a cámara lenta, como una larga cuchillada por los ojos. La desaparición de la joven Marta del Castillo hace babear de nuevo a los rebañadores de lágrimas y a los peristas del morbo, y en Canal Sur ha sustituido a las tempestades para abrir las noticias. La desgracia les proporciona muy buenas sobremesas. Atentos sólo a lo que salpica, remataron la rueda de prensa del padre con un inserto innecesario y obsceno: la imagen balbuceante, vencida y llorosa del hombre, sobre la que cerraban el plano con repugnante deleite. Nada relevante ni coherente decía ya el padre, destrozado, pero su desfondamiento se diría que les ensalivaba la boca. Luego, pusieron las declaraciones de uno que había traído un perro rastreador. Sí, cada detalle agigantado, olisqueado y saboreado enfermizamente. Volví a sentir el aleteo de vampiros o traficantes que acompaña a ese morbo y a ese patetismo interesado que sirve carnaza al púbico y luego recauda beneficios. Atónito, vi en las noticias deportivas de varios canales al entrenador del Sevilla, Manolo Jiménez, afirmando que cambiaría la victoria de su equipo por la aparición de la chica. Observen la manera de establecer equivalencias y las ganas de aspirar al Cielo con alardes tan baratos de buenismo. “Gran gesto de Manolo Jiménez –decía Ángel Acién en Canal Sur--, que ayer habló como ser humano”. Pero a uno le parece tan inmoral comerciar con el sufrimiento ajeno como usarlo para aplaudirse de buenos sentimientos. La televisión, como el Cielo, sólo traga monedas. Y cuando alguien sufre, todavía traga más.


El espantajo. Menuda munición para Chaves y Pizarro, que en las noticias de Canal Sur afilaban sus hachones sobre el cuello que blandamente les había ofrecido Arenas. Tanto empeño en descabalgarse de la derechona, tanto centro sin corbata, tanto cambio que quiere verdear Andalucía, para que después del fallo del Tribunal Supremo sobre la asignatura de Educación para la ciudadanía, a Arenas se le vuelvan a aparecer frailes, confesores austrinos y episcopados a hisopazos y se le caiga todo su sombrajo. Bien que lo ha aprovechado la hábil maquinaria socialista para ponerle otra vez a la derecha su escapulario en los informativos de La Nuestra. ¿Es torpeza del PP, o es un pago que todavía debe? Pues que sigan con sus antiguas servidumbres, a ver si son capaces de ganar unas elecciones en Andalucía sólo con los votos que traiga el cepillo de las misas tridentinas. No va uno a repetirse ahora en su defensa de esta asignatura (al menos, de su concepto, que ñoñerías y desbarres también ha visto), cuando ya está ahí lo que ha dicho gente como Savater o Marina. Pero, más tras este fallo del TS que deja bien claro su marco y hasta ofrece la posibilidad de impugnar contenidos, la postura de Arenas sólo los encierra a él y a sus cruzados en una especie de Palmar de Troya que se acerca tanto al viejo espantajo de la derecha que los socialistas están de fiesta. Arenas, con escapulario en Canal Sur, era demasiado pimpampún.


Innovaciones de la semana. ¿Cuál es el objetivo de programas como Tecnópolis o Andalucía innova, ese nuevo entremés de electricidad? ¿Decirnos de que ya no estamos en la Edad Media? Pues a veces, ni a eso llegan. Dos “innovaciones” dejo aquí hoy, una de cada programa: Un grupo de mujeres andaluzas “que han decidido innovar en la tapicería” y una marca de ropa infantil. Gracias, siglo XXI.

Los días persiguiéndose: Chaves eterno (29/01/2009)

Ahora que el mundo estrena traje, Andalucía parece como nunca el pellejo de tortuga de la política. Ojalá tuviéramos esas primarias gladiadoras que hacen en Estados Unidos entre sombreros de claqué y ponches de guirnaldas. Allí, el candidato que llega a héroe o a difunto sale de una fiesta por la calle o de un atropello de la gente, mientras que aquí, en nuestros partidos sectas, los políticos se mantienen por embalsamamiento de muchos doctores o caen envenenados a puerta cerrada. Las disensiones se dirimen en luchas mafiosas, clanes contra clanes, pistoleros contra pistoleros, sin que nada traspase su cripta. Si acaso, como mucho, nos encontramos un día con la muerte civil del adversario expuesta en los periódicos, como estamos viendo con lo de Madrid. Estos americanos, qué diferentes, ganándose la candidatura en esas caravanas con discursos de gloria o de crecepelo, pero por lo menos al aire del pueblo, despeinándose de gente, al alcance de sus uñas. Aquí, cuando las camarillas de los partidos deciden en el sitio de su oráculo o en las alcobas de sus ancianos lo que es mejor para todos, ya nos ofrecen hecho al muerto o al salvador. En el caso de Andalucía y de su dinastía del poder, quizá el muerto y el salvador son uno solo.

Chaves ha ido envejeciendo y parándose con Andalucía, como un reloj de cuco. Pero no es la edad ni la fatiga de los huesos, sino ese heredarse constantemente a sí mismo lo que da una política moribunda. Adormecerse cada día con las brasas de su poder, ver el paisaje quieto de Andalucía como una tierra conquistada hace mucho, notar con abulia y confort la cadencia de mecedora que toma todo con la repetición, contemplar el tiempo como las mismas sombras que se alargan y menguan una y otra vez, sin diferencia. Así, la política, que debe ser actividad, esfuerzo, movimiento, se le convierte a Chaves en una larga convalecencia de días idénticos, algo que pasa sólo levemente por su pelo entre noche y noche, que ocurre entre la merienda y la manta y que mañana será igual. Es la sensación de la eternidad, sí, que no es la del tiempo parado, sino la de percibir agolpados el pasado, el presente y el futuro, indistinguibles. Pero la eternidad es todo lo contrario a lo que debería ser la política, que no puede concebir la realidad como un punto, sino como una flecha. No es la vejez, no son los años, es haber llegado a la política de la eternidad y haber contagiado de esa eternidad a una Andalucía que sólo parece un interminable barbecho. Chaves admite “desgaste”, pero sigue queriéndose presentar a las próximas elecciones. No hay jóvenes que lo depongan, no hay otras ideas nuevas de su partido a bocinazos por la calle, no hay aquí ningún Obama que convoque esperanza y fuerza como tras cañones esmaltados; sólo la eternidad de Chaves, abrigada por su partido, que en Andalucía sufre la misma enfermedad que él. Envidio a los americanos, que cada vez que tienen elecciones hacen una suelta de palomas. Aquí, donde toda la política ocurre en catacumbas, los partidos nos dan hechos los salvadores y los muertos, ya con su evangelio y su urna. Pero deberían saber que la eternidad no les ha servido nunca ni a los propios dioses.

Somos Zapping 25/01/2009

Bienvenido Mr. Obama. A mí también me hipnotizaron esa suelta de grandes palabras y ese pueblo en escalinata, mientras un presidente negro juraba en Washington como poniendo otro obelisco en el National Mall. Canal Sur ofreció un especial un poco más aúlico que los demás, seguramente por ese enamoramiento escolar que sufre la progresía con Obama, poco comprensible porque su actitud y su discurso (¿esfuerzo, trabajo, responsabilidad, conciliación, unidad, honradez?) poco tienen que ver con el sesteo, el acortijamiento, la propaganda, la marrullería y el margaritismo sin sustancia que define a esa casta política que aquí se las da (falsamente) de progresista. Pero como Canal Sur nos tiene saturados de días históricos y su análisis del feliz advenimiento era indistinguible de cualquier inauguración de Chaves, yo me fijé más en la inteligencia, la ironía y la gracia que le dedicaron al asunto en El intermedio. Nada mejor para retratar esa mezcla de admiración, esperanza e ingenuidad hispánica ante la salvación que de nuevo llega desde Estado Unidos, que recurrir a Bienvenido Mr. Marshall. Wyoming y sus colaboradores, disfrazados de los castellanos disfrazados de andaluces de la película, lograron hacer algo así como una pirámide de caricaturas. Me pregunté en qué punto de esa pirámide se había perdido la imagen verdadera de los andaluces. La cinta de Berlanga es de 1953, y sus falsos andaluces ya eran en esa época una caricatura, con lo que en El intermedio teníamos la caricatura de una caricatura vieja. Y aun así, la gente de Wyoming vestida de flamenca sólo parecía un sobrio modelo para otra caricatura de nivel superior, sobrepasada su parodia por la ridiculez de esos andaluces de tiesterío por la cabeza y culos por peinetas que Canal Sur nos saca ahora con tanto orgullo. Para llegar a la imagen del andaluz de Se llama copla, pues, habría que descender a la caricatura de la caricatura de una caricatura de los años 50. Y encima, con satisfacción. Esto no lo arregla ni Obama.


El humor de la crisis. 750.000 parados en Andalucía, y en las noticias de Canal Sur un Chaves como un portero de discoteca aún le decía a la oposición que “cada uno en su sitio”. Con capoteos de políticos o retruécanos de redactor, Canal Sur nos está ofreciendo en esta crisis un impagable compendio de humor cínico. El otro día, sus locutores se atrevieron a llamar a una recesión del 2% “revisar a la baja las previsiones de crecimiento”. Y cuando no maquillan el desastre, nos sacan sus pintorescas recetas contra la crisis. Por ejemplo en Ubrique, donde, con el tono astronáutico que les suelen dar a estas noticias, nos contaban que “buscan soluciones con innovación y desarrollo” y “potenciando su presencia exterior en Internet”. Sí, un ubriqueño del negocio nos hablaba de su rimbombante “e-catálogo”, que uno imagina que será el carteramen de sus tiendas fotografiado y colgado sin más en Internet. Vértigo y esperanza da esta innovación, merecedora sin duda de la noticia. Hemos puesto fotos o lo mismo hasta documentos PDF en Internet, uf. Me extraña que no consigamos ya la fusión fría. Al menos, con Canal Sur, durante la crisis tenemos asegurada la risa.


Presentación. Llegó a la redacción de Andalucía Directo y fue presentándose mesa por mesa: “Vamos a trabajar juntos”. Viene de los informativos, donde nunca tuvo conflictos de intereses. Viene de cerca, pues allí todos los ascensores llevan al mismo sitio. ¿La harán directora de AD? Su nombre: María Teresa Sánchez Monsteseirín.

22 de enero de 2009

Los días persiguiéndose: El Imperio (22/01/2009)

Con las palomas vestidas de marines, con las estatuas como foques, el Capitolio espejaba el mundo. El Imperio se gobierna desde un país de majorettes y biblias como cajas de música, pero que a la vez es un país fundado en monumentos de palabras, no como nosotros, siervos aún de la tierra o de la sangre mitificadas. Europa no es más que la disgregación de Roma en reinos familiares, dinastías bárbaras que ahora se llaman estados. De hecho, en el fondo seguimos queriendo volver a ser Roma, desde Carlomagno a la Unión Europea. Y sin embargo, nos equivocamos. Aún reclamamos la fuerza a partir de nuestras pequeñas naciones, vanidades identitarias y califatos de la raza. Por el contrario, Estados Unidos es la patria de sus principios, de su Constitución, de su Derecho. Escuchando a Obama, que parecía un águila con libro, mientras unía en su discurso los colores, las procedencias y las religiones de los americanos o de todo el planeta bajo el mismo cielo de mármol, me di cuenta. Roma, que terminó abrigando a tantas tierras, razas y dioses diferentes, también fue un día eso mismo y solamente eso: una Ley, un Derecho. No, Europa no es Roma. Son los Estados Unidos los que la heredaron, no nosotros. Habrá que llamarles en realidad Imperio, y no como insulto.

Ahora que los hijos de aquellos esclavos nacidos entre cañas y de aquella turba de la Isla de Ellis han llegado a sentarse en la falda de Washington y de Lincoln, esperamos del Imperio la gran política, no el orden del día de Las Siete Hermanas; la antorcha de la Democracia, no la doctrina Monroe ni la política exterior de Franklin D. Roosevelt. Lo espera el mundo entero, no sé sin con demasiada algarabía o ingenuidad. Esa hora de “levantarse y sacudirnos el polvo”, a la que se refirió Obama, deseamos que signifique la resurrección de Norteamérica tras la segregación, la caza de brujas, la política de guerra fría, las dictaduras que ellos impusieron, Guantánamo e Irak. Esa orgullosa apelación a sus principios fundacionales, que han sido tantas veces sólo teatro para escolares con sombrerito alto; ese frontispicio suyo de una Democracia de hombres “iguales y libres”, necesitamos que sirva de guía en estos tiempos de odio, guerra y frío. Había el martes en Washington cúpulas como campanas, temblor de pájaros en los ojos del pueblo, esperanza falsa o no, pero esperanza; y era hermoso por ser tan diferente a lo que escuchamos aquí, era hermoso porque necesitaríamos que fuera cierto. Esfuerzo, voluntad, trabajo, honradez, responsabilidad, conciliación... Acostumbrados a la política mezquina, mediocre, interesada, propagandista, dormilona, de garrote y cuchara, que tenemos aquí, sobre todo en esta Andalucía desgarrada, el discurso de Obama era música de otro mundo. No, no es como Zapatero entre los velos de su sonrisa, buenismo de aguamiel y laissez faire, sino el ceño fruncido de la voluntad y la determinación. Sí, son el Imperio, y puede que por primera vez esa palabra no les insulte. Son el Imperio porque el otro día nos dijeron que su patria es el Derecho y la Libertad, y eso no puede quedarse sólo en su casa. El martes tuvo el color cielo de la Historia. Ojalá las grandes palabras no vuelvan a tendernos trampas, ojalá no se conviertan tantas mayúsculas en horcas, ni este Imperio en otra ruina.

19 de enero de 2009

Somos Zapping 19/01/2009

Nebrera. Cuentan que el acento de los hispanos resultaba muy gracioso en Roma, hasta el punto de que en el Senado se desternillaron cuando el futuro emperador Adriano, recién llegado de España, intentó dar un discurso. Recuerdo haberle leído esta anécdota a Juan Eslava Galán, que citaba a Cicerón describiendo aquel latín peculiar como “pingue atque peregrinum”, “gangoso y extraño”, traducía él. Ni la inteligencia ni la imbecilidad tienen casa, raza, lengua, Dios, pero el poder (político, económico o cultural) siempre marca las distancias de su supuesta superioridad de ésta o de otras formas. Son la misma estupidez el elogio y el insulto de la tierra, las raíces que crecen en la sangre o en el esputo. Pero, ay, este país de lindes, de peleas de cabreros, este trapo desgarrado que es España, conformado por banderas y hachas enredadas unas en otras... Montserrat Nebrera, mujer de trazo grueso, quizá se cree senadora del Imperio, señalando entogada a provincianos y a bárbaros. Hizo su caricatura del andaluz y la vendió a la política y a los zappings de la tele. El acento andaluz, acento de chiste. De camareros y gitanos, le faltó decir. Sus palabras no dejan dudas. En las noticias de Canal Sur las pusieron completas. Tras lo del “acento de chiste” de Magdalena Álvarez, contó lo trabajoso que le resulta a ella entender a la gente cuando llama a Córdoba y luego remató así: “Imagínate cuando además hay un problema de comunicación siendo andaluza”. Pero si a Magdalena Álvarez no se le entiende nada no es por el acento, sino por su turbidez mental. A los de Sé lo que hicisteis se les ocurrió la gracia de doblarla en varios acentos del país, e incuso leyeron con voz de navegador GPS su hilarante declaración de “cuido tanto hablar que hablo peor”, llegando a la misma conclusión. La mención del acento andaluz no pintaba nada, salvo si admitimos a Nebrera instalada en esa fatua superioridad imperial. Ay, este país de lindes, de prejuicios y tópicos, de mentes cortas siguiendo el badajeo de las tribus... Nebrera es la prueba de que la pronunciación dice poco sobre la inteligencia.


Bono cultural. La cultura es eso tan barato, sobre todo traída y llevada por los políticos o por los usufructuarios de tan manejable concepto. Cultura, en realidad, es todo lo que hace el hombre. Algo diferente son el conocimiento, la ciencia, el arte. También son cultura el vudú, reducir cabezas, cazar osos o adorar a las piedras. “Cultura andaluza”, con toda su herrería de grandeza, les parecen a los de Canal Sur sus coplas y a Los del Río sus charlotadas. Veo en el informativo de La Nuestra que la Junta ya va a poner en marcha su famoso bono cultural de 60 euros para los jóvenes, con la consejera Rosa Torres hablando como una Medea. Me pregunto, conociendo lo bajo que mide todo esta gente, si al final nuestros jóvenes podrán utilizar el bono para ir a un concierto de Andy y Lucas. La cultura, diría un escéptico, no es más que lo que se vende como tal. Yo añadiría que, en Andalucía, es lo que la Junta vende como tal. Y eso es para echarse a temblar.


Innovación de la semana. Considero seriamente dedicar una sección fija a Tecnópolis en esta columna. La podría titular “la innovación andaluza de la semana”. Si el domingo pasado citábamos a las muñecas de flamenca, hace poco pude ver a Roberto Sánchez Benítez, con sus ojos de bolitas y sus manitas de trapo, anunciar nada menos que la innovación andaluza ¡en las cabalgatas de Reyes Magos! Un hito tras otro.

Los días persiguiéndose: Tópico e hipocresía (15/01/2009)

Nada hay inocente ya, ni las palabras, en este panorama en el que autonomías, regiones, nacionalidades históricas o fueros de druidas, todos los picos de la España pespunteada, se arrojan a la cara monedas y cuchillos, odres con ríos y valles, fauna autóctona o molinos y quesos de cada uno. Ahora que la “identidad” es otro saquito para cobrar, la lengua un arma política y los casticismos los trajes domingueros de los partidos, hay que tener cuidado al hablar del pueblo del otro (incluso del propio) porque enseguida te dirán que eres anti o pro algo y te sacarán de lanza una bandera. Hay patrias mentadas como madres, hay partidos confundidos con una raza y hay una susceptibilidad ante la agresión a ciertas “esencias” aumentada por el interés político, que sabe convertirlas en votos. Ya sabemos cuán fácilmente usa aquí el poder eso del “insulto a los andaluces” para eludir críticas. Yo, que no entiendo las patrias ni sus esencias, que no creo en el “espíritu del pueblo” santificado, y que además siempre he pensado que eso de sentirse ofendido es horriblemente inelegante, no voy a traer aquí a Montserrat Nebrera porque me arremangue de dignidad andaluza, sino simplemente porque aborrezco el tópico y la injusticia, tanto como la hipocresía.

La lengua es otro ejército. Vence con los imperios, muere con las tribus aplastadas, acuna la soberbia y la venganza. El lenguaje no sirve para “decir” tanto como para “ser”, o en esto lo hemos acabado convirtiendo (ahí tenemos el ingenuo intento del esperanto). La fonética andaluza no es mejor ni peor que cualquier otra. El que ciertos fonemas sibilantes hayan seguido aquí una evolución diferente no impide la correcta comunicación de ideas. Pero no son las lenguas, los dialectos o los acentos por sí mismos, como no es en sí el color de la piel, sino el lugar en que la historia los ha ido colocando, lo que sigue justificando escalafones lo mismo para el simple pueblerino que para el racista. A Nebrera no es que le desagrade nuestra fonética o le resultemos difíciles de entender, sino que está afirmando, quizá no del todo conscientemente, su “ser”, su “pertenecer” a una comunidad lingüística que considera “superior”, no por su pronunciación, sino por su historia. Pero ojo, también los andaluces nos hemos encasillado a veces. En los personajes de los hermanos Álvarez Quintero, por ejemplo, los más “educados” distinguían 's' y 'z', la clase media o la gente de ciudad seseaba y por último, los de campo o más bajo nivel social, ceceaban. Nebrera, pues, ha dejado manifiestos, en la estupidez e injusticia de sus declaraciones, su altivo pecado de “superioridad”, el error tan basto de la generalización y su atavismo topiquista, simplificador y falso. Sin embargo, admitiendo esto, creo que con una severidad igual o incluso más dura deberíamos juzgar a los que en Andalucía, desde el poder político, siguen alimentando cada día, sin ir más lejos en nuestra televisión pública, esos tópicos de incultos, bailones y chistosos, elevándolos a pureza y a autenticidad orgullosa del pueblo. A algunos de los que he visto tan indignados por las palabras de Nebrera (Zarrías parecía encendido de bigote), les preguntaría yo cómo soportan su propia hipocresía.

Somos Zapping 12/01/2009

Avalancha. Les salvan las catástrofes, las bombas lejanas que los dioses se tiran a las barbas pero caen sobre sus hijos, los temporales que se tragan a los trenes. Antes también les salvaron el pan que hacía la Navidad con el mundo, el lago de luz en que se miraban las ciudades, la lotería que destapaba cofres en los pueblos. Todo eso les salva, les esconde la crisis, el paro ya con olor de epidemia. Empiezan los informativos de Canal Sur y les salva otra vez el frío, la nieve que cuelga corales en los árboles y ha aplastado a los aviones contra camiones, viajeros y osos. Recorren los cajones de frío en que se ha convertido España, Magdalena Álvarez, ministra de Catástrofes, se disculpa con “una concurrencia de fallos” en cadena y un locutor nos cuenta que “en Barcelona podría haber fallecido la primera víctima mortal de la ola de frío”. Desde luego, es curioso que pueda fallecer una víctima mortal... Intuyo que va a ser un informativo llenos de frases chocantes o tontas. La nieve, el frío, los cataclismos... Es una manera de decirnos que lo que ocurre es sólo por la temperatura del mundo y cuando, diez minutos después, no tienen más remedio que hablar de la crisis, también ella parece un soplido del planeta. “Dejamos el frío –dice la locutora-- para hablar de la crisis, que ha acabado por influir en la percepción que los andaluces tenemos de la situación económica”. Otra frase idiota. Inaudito, ciertamente, que la crisis termine influyendo en la percepción de la situación económica... “Casi 74 de cada 100 andaluces la califican de mala o muy mala, a pesar de que mantienen cierta confianza en que mejore”, cuenta la locutora citando el Barómetro del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía (barómetro: ya ven que todo es cuestión del clima). Los andaluces enumeran como principales problemas “el paro, la crisis y la vivienda”, pero la extraña conclusión es que “con todo, los andaluces mantenemos una cierta confianza en el futuro”. Las frases tontas, ya ven, se van acumulando como para la avalancha. Y la avalancha quizá la provoca ya Manuel Pérez Yruela, explicando ese barómetro con las gafas en la nariz: “El optimismo no ha caído quizás en la misma proporción esperada, sigue habiendo casi un 40% de población que estima que la situación dentro de un año puede ser mejor o igual en todo caso (!!!)”. “Igual en todo caso...”. Sí, ya ven cuánta razón hay para el optimismo, o es que el optimismo está muy barato, al menos para los barandas de la propaganda oficial. Tras el informativo, toda esa avalancha de nieve y tonterías sepultaba Andalucía.


Triunfo y fracaso. Recordarán a Eva González deseándonos un 2009 “lleno de alegría, de paz y de copla”. La alegría de los borrachos, la paz de los dormidos y la copla de los rancios colman a Andalucía de todo lo que necesita a juzgar por la audiencia del programa, por la que Canal Sur se ha estado felicitando mucho a sí mismo estos días. Pero su triunfo, que es el triunfo de su estrategia bribona de encanallar, vulgarizar y empobrecer la cultura y mantener al pueblo contento en sus tópicos y distraído de lo importante, es el fracaso de esta tierra, incapaz de escapar de la indolencia satisfecha, de la fiesta de su indigencia material e intelectual. Y lo peor es que esto no cambiará. Pablo Carrasco es como Rafael Camacho sólo desbigotado, y mantendrá a la RTVA por la triste y doble senda de la sumisión política y del halago a la racialidad y a la ignorancia de esta Andalucía, que no es ésa eterna en sus esencias (es la falacia que les interesa), sino la que ellos han construido y alimentado sistemáticamente, una Andalucía que siga siendo cualquier cosa menos un pueblo despierto, crítico, curioso, culto, inquieto, evolucionado. Eso es lo que constituye su triunfo.


Futuro brillante. La he recuperado por casualidad de una grabación de hace un par semanas, buscando otra cosa. Es una promo de Tecnópolis que no había visto escondida entre anuncios de la Navidad confitera y la Andalucía “de lujo”. En Tecnópolis se visten de ridiculez como de torero. Esta vez la innovación andaluza la representaba una empresa que fabrica ¡muñecas vestidas de flamenca! Podrían darse la mano con Se llama copla y brindar juntos por el brillante futuro de esta tierra.

Los días persiguiéndose: Dios autobusero (8/01/2009)

El otro día se me apareció en un semáforo la Virgen del Rocío, vestida como de cajita de conchas, flotando en un círculo ante mi cara. Era la funda estampada de la rueda de repuesto que llevaba un todoterreno, santificándolo y enmadrándolo. Reflexionando sobre cómo había acabado en la trasera de un coche algo que empezó con la sexuación de los espíritus arbóreos (las diosas madres y de la fertilidad vienen de ahí), me acordé de esos anuncios ateos que se pasean en algunos autobuses de lugares más infieles e impíos. Pronto imaginé la moda de una cabalgata de dioses y aforismos escépticos por las calles, en fiera competición con los anuncios de ópticas y aseguradoras. Bueno, las cabalgatas de dioses ya las tenemos; la de los aforismos, no. Pero sería simpático. Epicuro, Nietzsche o Russell ante todos los “soy rociero” de las lunas traseras andaluzas. Si no los vemos es porque la creencia religiosa es exhibicionista y el escepticismo no se suele preocupar por anunciarse. Es contra esa “invisibilidad” del ateísmo que han querido rebelarse últimamente Richard Dawkins, que es un cachondo, o Michel Onfray. La frase de los autobuses tiene mucha guasa, porque para acentuar la altiva seguridad de la religión en su “verdad”, han recurrido a la humorada, que no a la duda o a la inexactitud, de poner “probablemente Dios no existe”. De todas formas, ninguna frase habría sido del todo correcta y a la vez caber en el anuncio, porque, ya sabemos, lo que se escriba sobre Dios adolecerá siempre de lo que Bertrand Russell llamaba “mala sintaxis”. “Dios no existe” es tan mala sintaxis como “Dios existe”. Quizá se pudiera decir otra cosa, como ésta: “La proposición 'x es necesario para toda existencia, es omnipotente, omnisciente, proveyente e infinitamente bueno, y además creador del universo por su voluntad' es falsa para todo x”. Pero ya ven qué mal sonaría esto como publicidad.

Ay, los ateos siempre hablando de Dios... Sí, como los católicos del Diablo, los republicanos del rey, o Rajoy de Zapatero... Pero no es tanto así, y la afirmación del ateísmo como discurso positivo, racional, humanista y moral, no como amputación ni como nihilismo, es la corriente que está siguiendo gente como Dawkins u Onfray. Sin embargo, plantarse con este discurso puramente positivo ante el apabullante edificio que las religiones han erigido con su poder, no es fácil. Por ello, además de la simple afirmación de los valores ateos, aún es necesaria la crítica al sistema religioso, en general, así como a sus consecuencias y a los actos de sus representantes en el mundo terrenal, en particular. Y sí, he dicho “valores ateos”: por ejemplo, que el hombre deber resolver sus problemas por sí mismo, o que la moral es humana y debe basarse en el aumento de la felicidad respetando la libertad individual, no en una ciega aceptación de preceptos impuestos por la voz de rayo los dioses. No sé por qué esta propuesta legítima y positiva debería ser algo invisible o silencioso. Pero esto es lo que se espera, parece, a tenor de las críticas a ese anuncio ateo, o de otras más manidas y chocantes que solemos recibir, como la del usual espantajo del “anticlericalismo”. No habría anticlericalismo, claro, si no existiera clericalismo, o sea, la pretensión de las iglesias de imponer a todos su particular y pintoresca visión del mundo, arrogarse privilegios y acallar toda idea que contradiga sus febriles fantasías. Dejemos que las ideas se presenten, se conozcan y se discutan; dejemos que vayan por la carretera un Dios autobusero, una Virgen pastoril o las frases guasonas de Dawkins. Yo en el autobús quizá hubiera puesto una de Buda, la última según dicen algunos: “Duden de todo. Encuentren su propia luz”.

Los días persiguiéndose: Vestido de longevidad (5/01/09)

Tengo ganas de que pasen estas fiestas, porque en los últimos artículos siempre se me cuela un paisaje y eso me fastidia. Concluyo que en Andalucía la política pesa menos que la nieve y eso quizá ya es otro paisaje, pero también es verdad. Esperamos a los Reyes Magos, que sólo barren el papel de los regalos que pagan otros, pero no esperamos a los políticos, que ya no son ni acarreadores, poco más que viejos en la ventana. Como Chaves el otro día, en su discurso que parecía la cama de un moribundo, llamando a la viuda, a los nietos y a los mastines de la hacienda. La Navidad le regala a Chaves su médico de la peste, tan veneciano y decadente (Thomas Mann, claro), y a la Junta le regala una página web donde sólo cuelga sus calcetines vacíos. Pero eso no es política, es una alcoba de muerto con los nietos aún jugando alrededor de la cama, como si el abuelo fuera el gato dormilón. La política aquí huele a sábana y a orinal de ese muerto, cuya alma asfixiada ya se sale por los cristales.

Lo de Chaves no es exactamente el optimismo de Zapatero, que se viste cada día ayudado por pajarillos igual que Cenicienta. Lo de Chaves me recuerda más a esa costumbre china que contaba Frazer, la de regalar a los ancianos una túnica de seda azul con la palabra “longevidad” bordada en oro, ingenua magia simpatética (“simpática” sería mejor traducción, pero esta palabra tiene otras connotaciones) para espantar a la muerte, pero que en realidad es un anuncio de mortaja. Lo de Chaves es ese cumpleaños de abuelo chino, luciendo con alegría un regalo que apesta a tumba cercana. No, Chaves no tiene en sus manos lo que Zapatero. Zapatero cogió a España en la cumbre de su “milagro económico” (“Spain: The party is over”, titulaba hace poco The Economist), milagro en el que ya colaboraron otros, milagro un poco tramposo apoyado en la burbuja de la construcción, milagro que ahora se ha desfondado por nuestras debilidades estructurales y el ventarrón de la crisis internacional. Pero Chaves ha tenido durante lustros una Andalucía que no ha sabido aupar en la bonanza, desperdiciando los fondos europeos, enfocándose en construir una gigantesca maquinaria política a base de clientelismo y subvenciones, engordando la burocracia y la enfermiza dependencia de la Junta, sin crear verdadera riqueza ni un tejido socioeconómico que la hiciera posible. No hubo aquí ese “milagro”, sino un dejarse arrastrar por la inercia ajena que sí, ha conseguido crecimiento, pero no el suficiente, no el que se podría haber alcanzado con otro modelo de eficiencia y austeridad. En esta crisis, Chaves tiene la Andalucía que ellos mismos hicieron, colista, pobre, dependiente, inculta, manirrota en lujos, propaganda y pompas políticas, con una administración autonómica desmesurada, sin centros económicos de decisión, sin horizonte por el que crecer. Tenemos un sector primario excesivo y en crisis hace mucho tiempo (como en toda Europa), una industria enclenque y un sector servicios donde tiene demasiado peso ese camarerismo turístico con el que siempre quieren salvarnos. Zapatero quizá puede ser aún optimista porque hay una España que no se parece a Andalucía. Chaves sólo puede sonreír forzadamente, ya ahigado, fracasado, desahuciado. Ésa es su herencia tras tantos años, el fracaso sonriente.

Chaves con su “vestido de longevidad” como lo llaman los chinos, Chaves entre los dragones de la superstición mágica, llamaba el otro día a la “confianza”, pero sólo transparentaba enfermedad, cansancio, impotencia y formoles. Tras su discurso, parecía que únicamente quedaba cerrar las ventanas y esperar a que llegara la muerte, apagando las últimas velas y deshilando por fin las mentiras tan bien bordadas.

Somos Zapping 4/01/2009

Discurso del fracaso. Se cuelan en las cenas de la familia como un cocinero con matasuegras, cuando la navidad trufada vive aún de recalentarse, y nos sueltan sus discursitos que están entre la propaganda y la suerte que dan las bragas rojas. Los presidentes autonómicos no quieren ser menos que el Rey y tienen que aparecer como ángeles anunciadores, en el portalito institucional. Chaves se apareció para rematar con un arpegio de lira el año aciago de la crisis, pero más que un ángel era un pitoniso mostrándonos sólo un futuro de anillos, arcanos y crecepelos. Se apareció “en estas fechas en que le damos la vuelta al calendario”, según dijo, pero los políticos a lo que le dan la vuelta es a la realidad y ponerles mazapán a sus palabras no cambia nada. Empezó disculpándose porque a veces “la política no da repuestas inmediatas a algunos de los problemas”, pero precisamente de no dar respuestas, de alargar hacia delante todos los plazos y de hacernos esperar eternamente en nuestro chamizo vive la casta política que nos gobierna aquí. Ante la crisis, que según él es un ogro que viene de fuera, sólo nos dejó su imagen penosa de impotencia y unas velitas encendidas apelando a que “confiemos en la enorme fuerza de Andalucía”. Fue desconsolador y patético ver a un gobernante que frente a su fracaso sólo fue capaz de decir esto: “Traten de recrearse en las pequeñas cosas que hacen hermosa nuestra vida: en nuestros hijos, los nietos, en la amistad de nuestros amigos o en la imponente belleza de Andalucía”. Ojalá un día el nuevo año nos traiga para nuestro gobierno algo más que un abuelito de Heidi, hundido en su sillón, su postal y su vejez.


Memoria selectiva. El día de Nochevieja, las televisiones suelen mostrarnos el año comprimido, el año en su carrera que siempre parece más bien en su velatorio. En Canal Sur, en el especial de Los reporteros, reviví los bombazos del mundo y las zozobras de España preguntándome cómo resumirían el 2008 en Andalucía. Como imaginaba, fue como si cogieran el álbum de fotos de San Telmo con el aderezo de alguna lágrima del pueblo y alguna catástrofe del tiempo. ¿Qué pasó en Andalucía en 2008? Pues todo lo de Mari Luz, las elecciones, y luego... ¡las medallas de Andalucía! 40 segundos de Chaves repartiendo abrazos. ¿Algo más turbó nuestra tranquilidad? Pues sólo el susto de ver “el avión militar más grande”, ese Airbus que bautizaba también Chaves, o los hundimientos en el Estrecho de Gibraltar, o los disturbios en Roquetas. 20 segundos dedicaron a la corrupción en Estepona, los mismos que al notición de que el Parque de las Ciencias de Granada creció, y la mitad que a los triunfos del SAS, siamesas separadas y bebés medicamento bajo el logotipo de la Junta. ¿Algo más? Pues exposiciones de arte contemporáneo, la Bienal de Flamenco (1 minuto 20 segundos de taconeos) y el concierto de Madonna en Sevilla (35 segundos). Ya ven lo que ha pasado aquí en Andalucía este año. La crisis quedó reducida en el apartado de economía a las campanas rajadas de Wall Street. Claro, ¿qué esperábamos? ¿Delphi, las miserias económicas y políticas, la familia de Chaves, las ostras del Consejo Audiovisual? Como tantas otras cosas, eso no entraba en la memoria selectiva de Canal Sur.


Feliz copla. En Canal Sur lo de la copla se ha convertido en onanismo. No hacen más que tocarse una y otra vez tras sus volantes y ante el espejo, celebrando el triunfo de sus bajos floreados y que de nuevo Andalucía ha sido devuelta a su condición de gitanilla. Más de cuatro horas de refritos, entrevistas, zambras, culazos y arremangamientos copleros, junto a otros repertorios de verbena, nos dejó la Nochevieja de Canal Sur, mientras los coplistas poco a poco se iban emborrachando o fingiéndolo, sobre todo tras esas campanadas tan insoportablemente catetas, hechas a guitarrazos ridículos como olés. “El triunfo de Andalucía”, llamó Eva González a su revolcamiento en ese tipismo satisfecho, y brindó “por Andalucía, por que el 2009 sea un año lleno de alegría, de paz y de copla (!!!)”. Sí, para qué queremos ser otra cosa, para qué querríamos verdadera cultura, prosperidad o espíritu crítico. Nos basta con la copla. Que Andalucía siga emborrachada en la complacencia y en la jarana. Hay muchos aquí que celebran eso.