24 de febrero de 2008

Somos Zapping 24/02/2008 (Especial campaña)

Gazpacho andalucista. Forrada de verde limón, con un gorro levemente francés o guerrillero, a Pilar González, de Coalición Andalucista, Canal Sur sólo le dejó decir el comienzo del poema: “En un valle del Genil, en una encrucijada de caminos...”. No sé de qué iría, pero desde la toma del Perejil, con el alba quijotesca y el levante macho de la germanía de Trillo, no escuchaba yo cosa semejante. El andalucismo se hunde y eso es mala noticia. Han caído en el vestirse de aceituna, en la épica de los antiguos alfanjes, en el romancero, en la trampa identitaria, remedo flaco de los otros nacionalismos que triunfan donde hay más dinero, ambición, egoísmo y una maquinaria homogeneizante que apabulla. El andalucismo podría haber sido una alternativa, pero Julián Álvarez, seducido por un Volksgeist un poco palurdo, lo está impidiendo. Su coalición es un gazpacho y cuando vi que se adhería a ella Liberación Andaluza, que me suele mandar correos clamando por la vuelta de un Al-Andalus con mezquitas, ajedrecistas y babuchas, me di cuenta de que toda esperanza se había perdido. Un andalucismo realista, moderno e innovador era posible. Pero ahora lo que queda es su sombrajo melancólico. Ya empiezan las campañas con poemas a la raza, entre cojines y laúdes.


La juventud de Chaves. El PSOE andaluz, que padece una vejez como egipcia, que está agotado de sus achaques y de su elefantiasis, aún trata de rozarse y de identificarse con lo nuevo y el intento es patético como los noviazgos asaltacunas de Ana Obregón. Hemos visto a Chaves meterse en las escuelas, a respirar la juventud y a masticar tizas; lo hemos visto definir al PSOE como el partido de la renovación constante, cuando parece que se refiera a otro recetario para sus pastillitas de la tensión; y ahora, recién comenzada la campaña, lo hemos visto también afirmar que se siente “como un chiquillo con zapatos nuevos”. Estas cosas de viejo con hula-hop, de viejo discotequero, como si fuera Paco Martínez Soria, resultan obscenas igual que Castro haciendo gimnasia. Es la lucha contra la realidad y contra el tiempo de un régimen apergaminado que quiere bañarse en sangre joven y en saunas de propaganda pero no puede disimular su decrepitud un poco vampírica. Un chiquillo con zapatos nuevos, así se ve Chaves, quizá con Andalucía como su pony, como su larguísimo cumpleaños emplatado, imagen triste como la locura de una actriz vieja y acabada que se maquilla y sueña. La crónica de Canal Sur terminaba con una toma del autobús de campaña del PSOE. Lo han estampado con una gigantesca foto de Chaves rodeado de niños, como una ilustración de testigos de Jehová. Quedaba entre Fausto y Dorian Gray, con su contrato antinatural y su pústulas por dentro.


Enseñanzas. Algunas enseñanzas del segundo debate sectorial en Canal 2 Andalucía, sobre economía, empleo y sociedad de la información. A saber: que sonaba a burla verlo competir en horario con Juan y Medio, que todos los asistentes eran bastante previsibles y tenían poca garra, que el consejero Griñán se aliña los números, que Antonio Sanz no manejó bien los suyos como si pincharan, que un zapato pegado en la solapa hace que los representantes de CA parezcan una viñeta de Mortadelo y que, desde luego, los del PP no se disuelven bajo los focos de Canal Sur ni caen entre estertores por ningún vudú.

23 de febrero de 2008

Somos Zapping 23/02/2008 (Especial campaña)

Comienza la feria. El arranque de la campaña en Canal Sur vino de la mano de Mar Arteaga, la que le prepara entrevistas al poder como desayunos con champán. Empezaron dando imágenes sólo del PSOE y de IU, y la presentadora tardó media hora en pedir disculpas porque un “fallo técnico” había impedido que salieran las del PP y CA. Yo creo que ella ni se dio cuenta. Chaves, en Cádiz, con el cunero Rubalcaba, entre decorados como quinielas, utilizaba un satélite para su omnipresencia, según explicaba el reportero, demostrando que la Segunda Modernización está pensada más que nada como hélice de su propaganda. Pero el satélite le daba ecos soviéticos a su discurso, que se limitaba a explicar que “no es lo mismo la derecha que la izquierda”, que ellos, que tienen parada a Andalucía, son el progreso y los otros “el oscurantismo y el retroceso”. Ya ven por dónde va a ir la cosa, otra vez con que viene el coco. Uno piensa que, al menos, Alfonso Guerra hacía decía lo mismo con más gracia. También en Cádiz, Rajoy invocaba a la Constitución de 1812 y aparecía junto a Arenas, Sanz y Teófila ofreciendo corazón y cabeza. Pero la cabeza debería llevarlos al centro, en vez de a usar tanto esa rara habilidad que tienen para asustarlo. IU, en Huelva, daba tristeza de ayudantía y Valderas parecía que espantaba moscas de la fruta con sus banderas. CA traía a Julián Álvarez sin atril, como un telepredicador, y a un grupo musical que cantaba “porque somos diferentes, lucha por tu gente”. ¿Sacarán un día el RH andaluz? Comienza la feria. Esto promete.


El debate y la valentía. ¿Qué le va a pasar a Javier Arenas si el debate con Chaves se hace en Canal Sur? ¿Lo van a maquillar como a Falete, van a cogerlo en todas las mojigangas, van a drogarlo con el agua, van a entremeterle imágenes de la cárcel de Abu Ghraib? Que Canal Sur está ahí como un ministerio de la propaganda, que lo lleva nada menos que un ex portavoz de la Junta, que es un póster del PSOE y que está habitado y dispuesto por sus camarlengos, no es algo que vayamos a descubrir ahora. Pero el temor del PP me parece exagerado, contraproducente y torpe. Algunas obviedades más: al PSOE no le interesa un cara a cara de Arenas con Chaves y su victoria estaría en que no se celebrase; al PP sí le interesa y debería mostrar más valentía y seguridad, en vez de quejarse por los árbitros caseros. Chaves, Zarrías y el chusquero Luis Pizarro cumplen con su misión poniendo pegas y haciendo que trabaje para ellos el miedo escénico. Pero tampoco Arenas debería inquietarse demasiado, que parece que está exigiendo su perfil bueno o filtros de gasa en su cámara, como si fuera Sara Montiel. Si todavía no han asumido que esto es una batalla descompensada, que pisan tierra hostil y minada, deberían desistir y marcharse a casa a lamentarse por las injusticias del mundo. El primer debate de peso que vimos, el de Solbes y Manuel Pizarro, nos demostró que ni el fondo ni el moderador ni la realización cuentan ante la actitud, los números, la seguridad y la listeza. Solbes, aun con un ojo caído y salivazos en la comisura de los labios, ganó a Manuel Pizarro, fichaje que ya me suena a bluf. Pizarro me decepcionó. Con pocas tablas, desconociendo la cosa pública, metió mucho soft data, trajo los comentarios de las fruterías, estuvo demagogo y pareció a ratos un tertuliano de la radio del veneno. Así pues, un poco más de arrojo, señores del PP, que Chaves no es Liberty Valance.

22 de febrero de 2008

Somos Zapping 22/02/2008 (Especial campaña)

La guerra de otros. Después de una legislatura entera rozando las armas con los dedos, igual que samuráis, ya llega el duelo al sol, en el que los partidos sacarán a sus tribus para que se reten o se escupan de orilla a orilla. No le viene bien a Andalucía este panorama de ganar o perder ahora las guerras de los antepasados y todos los alcázares y cuadros de lanzas de las dos Españas. Nuestras cuitas de menesterosos se perderán entre los jinetes del Apocalipsis que traen la izquierda y la derecha, que se juegan el país y el infierno. Me doy cuenta de que Canal Sur empieza su información electoral por los partidos nacionales, con colores como de batalla de Waterloo, y luego la campaña andaluza queda lateral, empequeñecida, subsidiaria, hecha como por secretarios o sacristanes de los otros. La primera trampa está dispuesta y los presentadores pasan de Zapatero a Chaves y de Rajoy a Arenas como dando paso a sus sargentos o mini-yos. Sería bueno recordar que, aunque por ahí se jueguen los estandartes o los esqueletos de la patria, lo que nos jugamos en Andalucía es el pan y la sal de los pobres. Pero esto nos lo hurtaron el mismo día que decidieron que las dos convocatorias coincidieran. Se ahorran funcionarios y se adunan los votos cuando hay que ir a hacia las urnas con el asco de este zafarrancho global y sucio en los ojos y en el horizonte. Andalucía, qué lástima, será sólo otro batallón en esta guerra de otros.


Mímica. Primero fueron la siglas y el abecedario, de Zapatero a ZP y de la socialdemocracia a la Z de sus hamacas o dormideras. El marketing ha sustituido a la política y lo último parece que es la mímica, los mimos que se suben a los atriles y ya no dejan ni un argumento ni su inicial, sino un gesto abracadabrante. Veo una y otra vez en televisión la ceja de Zapatero, como gafas hechas con los dedos, y a uno le parece una mirilla muy pequeña para la realidad y la complejidad de la política. Pero no es sólo Zapatero con su ceja de quita y pon. También Julián Álvarez, de la Coalición Andalucista, esa especie de rebujo agropecuario, va poniendo por seña unos pies descalzos, unos pies de bailarín, unos pies como ortopédicos, unos pies de saltimbanqui que anda con las manos, unos pies como un aplauso de pobres. Mímica o cortes de manga con los pies, en esto se ha quedado la política. Y si el PP no tiene aún gesto ni parte del cuerpo pintada para la campaña, es sin duda porque no lo ven propio de las “personas normales” que dicen ellos. Pienso, viendo en la información de campaña tanta posturita y sombra chinesca, que al PSOE de aquí le convendría otro signo, mejor que el de esa suma que tienen y que parece que ha copiado también Llamazares. El signo del PSOE de Andalucía podría ser pasarse dos dedos por el gañote de arriba a abajo y ya no necesitarían más explicaciones ni discursos.


Independencia. Manuel Campo Vidal se defendía en los desayunos de TVE y las campañas que le ha llevado a la Junta y los programas de televisión idiotas que le han dado (¿recuerdan esa yincana que se llamaba Generación XXI?) no importaban. Sí, pidamos independencia ahora a estos arrimados al poder y también a Canal Sur para el cara a cara entre Chaves y Arenas. Ya es demasiado tarde, hasta para los ingenuos.

21 de febrero de 2008

Los días persiguiéndose: País para viejos (21/02/2008)

Javier Bardem, con pelucón y matando a tuercazos, se va a comer Hollywood, que adora los papeles de tontos, locos y caníbales. Ha construido a un asesino que mata por fatalidad, tan sin culpa y sin ganas como el destino. La determinación en su tarea está disimulada por el azar, por el karma de los desgraciados, por la razón de lo inevitable. Así matan los iluminados, los tiranos, los dioses y los políticos, haciendo creer a la víctima que la culpa es suya, que en realidad es ella la que ha decidido morir. Pero no, esta columna no va de cine, qué mas quisiera uno. La vida no es cine, aunque eso cantara Aute, sino esta política de tramperos, profetas, felones, maquilladoras, ajustes de cuentas que hacen entre pistoleros y contables. Ojalá estuviera el país para hablar de cine, de arte. Entonces, yo podría escribir sin que se me atravesaran escorpiones, y seguiría con Bardem o confesaría que yo ya le di mi oscar a Expiación, después de que me enamorara con un plano secuencia de cinco minutos donde la playa de Dunkerque era una ópera que ardió. No es país para el arte, aunque ahora todas las páginas culturales lleven días mostrando torsos empaquetados. Lo que estoy decidiendo ahora es si éste es o no un país para viejos, que es el cansancio que quería transmitir desde el título la película de Bardem, el mismo cansancio sin salvación que nos deja quizá la política.

Sí, igual que el personaje de Bardem matan los iluminados, los tiranos, los dioses y los políticos, entre paisajes de aburrimiento, decadencia, lentitud, a distancia y con discursos. Es lo que ha hecho Castro en Cuba, un país que sobrevive a sus pellejos y a sus bicicletas de posguerra encalando a sus muertos. Es la política la que trae un país para viejos. Y cuando ocurre eso los viejos se retiran o se mueren como ganado en las carreteras, pero dejan su temperatura y sus escopetas en las mecedoras. En Cuba llevan la casaca de sus revoluciones, el hambre de sus dentaduras, una época arrastrada a otra época, y eso no ha sido por la edad de un hombre sino por la vejez de una política maldita como una momia, maldita como todo el siglo XX. Castro se jubila pero deja el país convertido ya en su geriátrico. No hay tanta diferencia con lo que pasa aquí, donde se siguen matando los antepasados, los anarquistas y carlismos, los santos con una espada como una escoba y los rojos con un libro como una guadaña. Este es un país para viejos que tiene a la derecha con levitón, a la izquierda con carromatos, a los nacionalismos con cistas mitológicas y a las tabernas con un Dos de Mayo.

No es por la edad Rajoy ni de su primo, de Zapatero ni de su abuelo, ni siquiera es por la edad de Chaves, aclimatado al poder como un lagarto al sol de su isla. Es la política tan vieja y es ese agotamiento de los árboles con horcas. Por eso Andalucía copia a sus señoritos y capataces hasta cuando reniega de ellos, por eso no importa lo que hace un gobierno sino la historia a la que le reza, la guerra en la que se funda. Chaves llega hasta a hablar de arcas de la alianza con el pueblo, cuando los dioses de la Autonomía le hablaron con las barbas en llamas. Todo es viejo, más allá de sus actores, por encima de sus actores. En este país para viejos, con todo podrido, todo ocurrido y todo anunciado, pasan las desgracias por sentencia y aún aparentan que el futuro llegará arrojando al aire una moneda, como hacía el asesino que interpreta Bardem. Pero en los ojos de la víctima (que somos nosotros) se adivina que ya está todo decidido, que no importa elegir entre morir o seguir muriendo.

Somos Zapping 17/02/2008

El talento de los esbirros. Un día perdieron definitivamente la vergüenza como las bragas y desde entonces nos van enseñando la sonrisa obscena de sus culos. Sólo en medio de una gran borrachera como la suya, pellejuda e impúdica, puede caber la desfachatez de convertir al que fue portavoz de su gobierno en director de la radiotelevisión autonómica, como hizo el PSOE andaluz con Rafael Camacho. Es como si nos estuvieran diciendo que igual podrían haber nombrado a un caballo, superados ya todos los límites de la decadencia, la arbitrariedad y la perversión. Pero aún esta orgía puede ser más repugnante, por ejemplo con un premio, equivalente al que se ganó Mesalina superando a las mejores putas de Roma. A Rafael Camacho, la Academia de Televisión le ha concedido uno de los premios Talento 2007, último insulto y risotada que nos arrojan a la cara los que se saben tan dueños de esto que ni la moral ni el sonrojo les alcanzan. Premio al talento de los esbirros del poder, que sirven al partido usando el dinero público en una meticulosa operación de embrutecimiento y propaganda; premio a su indecencia sin tapujos. Pero la cosa ya estaba aceitosa para el asco. Al fin y al cabo, esta Academia de Televisión está presidida por Manuel Campo Vidal, el ideólogo de la Segunda Modernización, el que tiene una productora con tanto talento que nunca le han faltado encarguitos y contratos de Canal Sur y de la Junta, éste señor de probada independencia que ahora quieren algunos que modere el debate entre Zapatero y Rajoy. Sí, un día perdieron la vergüenza, quizá el mismo día en que le perdieron el respeto a la ciudadanía. Entre ellos se besan los bigotes y se rozan las nalgas. Y ríen, lo peor es que ríen, seguros de que están consiguiendo lo que pretendían: convertir al pueblo en idiotas.


La medida del arte. Ésta es la tierra del arte sin escuela, de las lavanderas que cantan y de los maletillas con sueño de dehesa. Tanto le gusta esto a Canal Sur que tiene montadas una Operación Triunfo de tonadilleras y otra de rejoneadores. Vuelvo a ver a Enrique Romero, torerito de salón, coleccionista de toda la porcelana de las jacas, esta vez en Mira la vida, donde comenta con ranciedumbre el esfuerzo de su juventud agropecuaria y como cretomicénica, que quiere llegar a la gloria de esa manera salvaje y bandolera, siempre entre fogatas y bestias, que parece que es la única posible aquí. Nuevas remesas de rejoneadores salvarán sin duda a Andalucía de su incultura y de su pobreza. Sí, ésta es la tierra del arte sin escuela. Nos basta el pastoreo de los toros o el cante de taberna. O la poesía de las marujas, que es lo que me doy cuenta que trae también Mira la vida cuando Enrique Romero termina con su rocierismo taurino. En cada programa, alguien del público, pretenciosamente etiquetado por el rótulo como “poeta popular”, es invitado a leer sus ripios infantiles que enseguida merecen el aplauso entregado de los presentadores. “Alegría en la amistad / alegría en el amor / alegría en mi vida / es lo que tengo yo”, escucho recitar a una señora que casi no sabe leer. Es el arte abaratado, hocicado, bajado hasta la altura del vulgo, hasta que lo pudre o lo mata. El arte de verdad es enemigo, elitista, despreciable. Los eructos del pueblo, ésa debe ser la medida. Todo lo que necesitamos lo dan ya el campo y las trascocinas. Así se destruyen la cultura y la civilización; así vencen, a base de adularlas, la vulgaridad y la tiranía de las masas (ay, Ortega y Gasset). Ésa es la innoble tarea en la que no ceja Canal Sur.


Vagos. Cuando Manuel Pizarro, fichado por el PP como un escualo eléctrico de la economía, criticó la cultura de la subvención en Andalucía y usó con nosotros las mismas analogías de peces y cañas que se usan para África, Chaves se mostró enseguida insultado. Otra vez, dijo, los tópicos del andaluz indolente y vago. Pero con esto ocurre un poco como con las gracias sobre judíos o negros, que sólo las pueden hacer Jon Stewart o Chris Rock porque lo son. Miren por dónde, en un zapping de Cuatro veo frente a Jesús Quintero a un paisano barrigón con camiseta del Cádiz que cuenta muy rumboso un chiste de andaluces harones que les dio mucha risa (floja, claro). Mejor sería empezar con la viga en la tele propia antes que con la paja en el ojo de los forasteros bocazas, ¿no?

14 de febrero de 2008

Los días persiguiéndose: Desde el pupitre (14/02/2008)

A mí nunca me visitaron políticos en clase. Sólo recuerdo barullo en el patio cuando los golfos se colaban en el recreo saltando la tapia, esos niños sin colegio, un poco bosquimanos, que vivían en los tejados como los balones y las botellas; o aquella vez (mi primera y pequeña revolución) cuando protestamos con pancartas de cartulina, descolgadas quizá de los murales de las monocotiledóneas y las dicotiledóneas, porque se nos iba una profesora sustituta. Ella nos había seducido trayendo una ciencia nueva y que se tocaba, con átomos de juguete y clases como campamentos. No sé si hoy los alumnos se rebelarían por defender a un profesor que enseña con pasión o viene con una maleta de mago. Entonces todavía pasaban esas cosas, terminábamos queriendo al maestro que nos descubría la literatura o el baloncesto o las primeras calculadoras, que en aquellos tiempos parecían pizarrones o xilófonos. Pero nunca nos visitaron políticos, o es que la política sólo se estaba inventando entonces. Yo no sé qué les hubiera preguntado, quizá por qué se iba aquella profesora buena, pequeña y cantadora, o por qué había niños sin colegio, los que entendían de pájaros y de tabaco y de chicas.

Ahora llegan los políticos en coches como sobres lacados, como embajadas ambulantes, llegan igual que espías de uniforme o reyes en moto, a los colegios o institutos donde van a hacer una propaganda de chocolatina o Tulipán. Chaves usa los colegios para su campaña y no los distinguirá de piscinas municipales o de fábricas de lácteos, porque se trata de aparecer rozado por todo lo nuevo, lo joven y lo refrigerado, lo que crece a su pesar y lo que maneja de lejos a través de intermediarios sin ganas y de retratistas pagados. Chaves baja a la realidad como una dueña a la cocina, como un lord a sus caballerizas, pero es una visita donde sólo está su distancia y su desconocimiento, que es una manera de manifestar superioridad, tan lejos de las cosas como ese lord de la mierda de sus yeguas. Pero una realidad con alfombra nunca es realidad, como no lo son la pulcritud que se encuentra en los sitios ni las preguntas remitidas antes por escrito.

Los mesías, los tiranos y los mafiosos gustan de rodearse de niños y de orquídeas, que les prestan blancura, paciencia, paternidad, pureza. Hay algo de ogro y de sacamantecas en el político que se acerca a los niños y los besa con babas de viejo y toca su pelo con un punto de lascivia, como a una joven criada. Los políticos en los colegios dan fotos de pervertido. Ahora, no sé qué les preguntaría si yo estuviera en el pupitre. El colegio que yo viví ya no existe. Los golfos no saltan la tapia, sino que tienen sus tejados en las aulas, y a los profesores no se les quiere por enseñarte a medir árboles con el sol y un palo, sino que se les acorrala contra el encerado (ya tampoco dice nadie encerado). Desde el pupitre, quizá yo levantaría la mano y les preguntaría por qué han destrozado la educación pública, por qué la izquierda ha traicionado el futuro de los humildes, por qué han convertido la política en un oficio de canallas y en un estraperlo, por qué vienen ahora, dueños de todo, a estafarnos con besos repugnantes; por qué engañan con toda su dentadura, por qué nos usan como carnaza, por qué triunfaron los mediocres, por qué la propaganda sustituyó a la acción, por qué nos conforman con tan poco, por qué, aun así, viven tan felices... Pero seguramente no me contestarían y se irían como un circo, con peste y serpentinas, hacia otra mentira programada, en sus grandes coches que parecen siempre perseguidos o robados.

10 de febrero de 2008

Somos Zapping 10/02/2008

El escenario. En política, todo tiene el tamaño de sus mentiras, o es que la mentira sólo se puede creer en grande, algo así como esos globos enormes o esos cabezudos de los desfiles y carnavales. Esto, que es así para la política en general, lo es más para Andalucía y para el PSOE-A, al que su edad y su lentitud han sovietizado en estética, hasta hacerles montar tarimas del PCUS igual que inviernos techados en la Plaza Roja. Veo en las noticias de Canal Sur la conferencia o lo que sea que han hecho en Granada para proclamarse padrecitos del pueblo o herederos de ellos mismos, para rubricar su programa, para animarse con coros. Y era un Lego gigante o un Circo del Sol o una enorme piscina descuajada, con la altura del cielo y el color de los quirófanos. Tenía el tamaño de lo vacío, espectacular e inútil, pero así es la ópera en la que tienen que meterse para que la pequeñez y la pobreza de las ideas, del discurso, retumbe con campanazos de gloria. La reportera hablaba como desde la ONU, pero allí sólo estaban los viejos políticos que viven de la abulia y levantan cartones, los que ya no gobiernan sino se anuncian, los que han de montarse en un dirigible y catedralizar sus retruécanos y sandeces para que la realidad, la amargura de lo que nos pasa y lo que somos no les desinfle. Un gran escenario, un retablo, una pagoda, un oriente de papel, la montaña donde vive el eco, todo eso necesitan para que no nos muramos de risa o de tristeza con estas palabras de Chaves: “Estamos ante una oportunidad histórica. Por primera vez en nuestra historia moderna tenemos la posibilidad real, al alcance de nuestras manos, de situarnos entre los mejores, entre los que viven mejor, entre los que tienen más derechos y más oportunidades”. Por detrás, cruces verdes o entre verdes parecían imitar aquella marca de matacucarachas y a su anuncio. Creo que aquel sitio olía un poco a eso, a cuarto de baño desinfectado para soltar miserias y vergüenzas.


Trapitópolis. El programa tiene más gracia aún porque se lo toman en serio. Es como ver lo de José Ramón con corazón. Lo que le da naturalidad a la estupidez es la ignorancia de ella misma. Y si además las camarillas de propaganda del poder le conceden premios, ya da la risa del tonto coronado, que es la mejor. Sí, Tecnópolis es inagotable. Es como las tardes de María del Monte. No importa el programa que uno decida ver, está asegurado que sentiremos esa inimitable mezcla de hilaridad y vergüenza ajena. El único presentador de televisión hecho de gomaespuma, Roberto Sánchez Benítez, unido al patético intento de hacernos tremebundamente modernos a costa de cualquier cosa (desde la compota de castañas hasta balancearse en una cuerda), lo ponen fácil. Esta vez, el hito tecnológico, el ejemplo innegable de la hiperatómica modernización de Andalucía, estaba representado por el pueblo de Fuentepalmera, donde hacen muchos... trajes de novia (!!!). “Un ejemplo de diseño e industria textil que ha convertido a Andalucía en uno de los mayores referentes de la moda nupcial”, decía el presentador, exultante, como si alguna de aquellas novias pasteleras le hubiese tirado el ramo. Trajes de novia, ya ven qué logro vanguardista. Pero tenían el día costurero y aún pudimos ver una entrevista a Vicky Martín Berrocal, pues su moda flamenca es evidente que supone una victoria épica en nuestro avance tecnológico. “¿Verdad que el diseño andaluz está influyendo en la moda internacional?”, le preguntaban. Un poco más modernos y llegaremos ya al esparto.


Lo que queda. ¿Se han preguntado alguna vez qué queda de la indecente cantidad de millones de dinero público que se gasta en la RTVA, después de que pasen por las primeras manos de los amigotes del poder y de las productoras pata negra? Pues más o menos lo que queda para los pobres trabajadores de Andalucía directo: sueldos congelados y mileuristas (con suerte), 9 euros para la comida, y además el desdén y la insensibilidad de la productora (en este caso, Andalucía Digital Multimedia) ante su penosa situación laboral. Un programa estrella de Canal Sur, con su gente como limpiabotas. Sí, qué bien reparten el dinero de todos estos tipejos tan progresistas y tan de izquierdas, en la tierra del “bien vivir” y del “bien trabajar”.

8 de febrero de 2008

Los días persiguiéndose: Pange, lingua (08/02/2008)

Por hacer una torre de ladrillo y betún, que el Dios asomadizo y jardinero del Génesis pensó que le llegaría a las barbas (el cielo estaba entonces muy bajo), nos cuenta la Biblia que llegó la confusión de las lenguas. El hombre queriendo llegar con su curiosidad, su obra y su empeño “hasta el firmamento”, o sea, hasta el límite de sus posibilidades y de su conocimiento, y los dioses aplastando siempre esta osadía, es una historia recurrente no sólo en la tradición judeocristiana. La fruta prohibida del Árbol del Bien y del Mal se emparenta con Babel igual que también Prometeo se junta entre las nubes con Ícaro. Pero todo esto lo tiene muy explicado ya Frazer y uno lo que quiere es sacar enseñanzas políticas de este cuento.

La lenguas como plaga, como castigo, significan sobre todo el fracaso del hombre en su afán por entenderse, por comunicarse. Sin esta comunicación, es imposible la obra común humana, y esta moraleja es la que me parece verdaderamente importante. Cuando la lengua se utiliza no para entendernos con otros, sino para que otros no nos entiendan, es cuando estamos tirando nuestras torres, más por nuestra estupidez que por el vozarrón de ningún dios. Es la lengua como afirmación de una diferencia inventada o deseada, diferencia que promueve artificialmente cierta casta de partido para que se identifiquen las esencias del grupo con su ideología y por tanto su política se convierta en una especie de religión natural del pueblo. Tan sencillo como empobrecedor y destructivo, y esto es lo que uno cree que está ocurriendo con los nacionalismos en España, nacionalismos de burbuja y de cercado que están desevolucionando hacia la tribu y que no traen tanto una cultura desenterrada como el afán de control social y económico de toda la comunidad. El actual euskera se construyó ad hoc a partir de dialectos de los caseríos, el catalán se ha ido imponiendo antes en los decretos que en la calle, y en los dos casos hay un sólido y eternal cuerpo político que se apropia de la lengua y se ve recompensado con el poder. A ver adónde iría hoy quien sólo supiera catalán o euskera o gallego. Sólo le quedaría ese orgullo antihumanista y como arqueológico de saberse no entendido por nadie fuera de su pequeño mundo. Sin embargo, para los políticos locales esto representa mantener una comunidad cerrada, uniforme, monolítica y fiel. Suficiente para sus intereses.

Chaves apuesta ahora por que los andaluces aprendan esas lenguas como idiomas de runas y hay en ello muchos pecados de resignación y de cinismo. Primero, supone su apoyo a toda esta concepción manipuladora del idioma, que también le sirve a su partido por aquellos foros. Pero luego, y sobre todo, aquí nos está señalando de nuevo el camino de la emigración y de los andenes de las estaciones con equipaje de guitas. ¿Cómo puede prometernos una Andalucía de pleno empleo y decirnos que vayamos aprendiendo catalán para poder trabajar? Será que ese pleno empleo vendrá sólo cuando convoyes de andaluces sobrantes, con diccionario y manta, marchen hacia tierras de una prosperidad a la que aquí nuestros políticos han renunciado por incapacidad o dejadez. Pange, lingua. Que cante la lengua la gloria miserable de nuestros gobernantes, nuestro triste destino de mano de obra movediza y ganado de vagón, de los que tienen que aprender el idioma de los ricos para sobrevivir bajo su mesa. Que cante la lengua el triunfo de las tribus sobre la Humanidad y de la huida sobre la esperanza. No hay ya dioses que castiguen a estos cobardes.

4 de febrero de 2008

Somos Zapping 03/02/2008

Se llama rejoneo. Era el siguiente paso, evidente y natural, en su preocupación por el futuro de la juventud y por el fomento de la Cultura así con sus capiteles de mayúsculas. Sí, porque después de Se llama copla, lo que faltaba aquí era una OT de toreros, y eso parece que anda haciendo o patrocinando Canal Sur con una especie de certamen de jóvenes rejoneadores. Tiene jurado, puntos, clasificaciones, gran final, y todo ello retransmitido con emoción, entusiasmo y redobles por Enrique Romero, piconero de estas cosas, en unos domingos retrohispánicos con ambiente de cucaña en el pueblo. Jacas y casacas son de nuevo la modernidad y el horizonte de Andalucía, el olor a establo vuelve a dar la talla de nuestra cultura y en él se regodean, gloriosos y rancios, los de siempre.


Debate con hándicap. Hablábamos el otro día de la “Andalucía de dulce” que proclamaban en una serie sobre glorias de la Autonomía y resulta que me encuentro en el programa del Wyoming a Chaves prometiendo enviarle mostachones a una reportera. Podría ser una nueva promesa electoral: mostachones para todos, junto al pack de ADSL de un mega... Pero lo interesante fue que la reportera era Usun Yoon, cuya misión consiste en quedarse con el personal haciéndose la tonta, que es una manera de evaluar las luces del que entrevista. Chaves le respondió ridículamente (sus contestaciones incoherentes merecieron varias veces risas enlatadas de fondo) y me di cuenta de que estoy deseando ver ese debate cara a cara con Arenas, aunque seguramente el PSOE no se atreverá. Eso sí, que el PP no le ponga pegas al campo ni a las condiciones. Arenas podría hasta aceptar a Tom Martín Benítez de moderador, e incluso consentir hablar con un polvorón en la boca, y ni así creo que eso influyera. Si Chaves no supo comprender, contrarrestar ni reaccionar ante Usun Yoon, Arenas no tiene de qué preocuparse. Y lo mismo Chaves le manda luego mostachones.


Cruzada. Las noticias de Canal Sur tuvieron el viernes muchos minutos de obispos y casullas, a raíz de las declaraciones que está haciendo la jerarquía católica, participando a hisopazos en la precampaña. La Iglesia metida en política, vaya novedad. Por eso el espanto del PSOE me parece idiota. La Iglesia enseñando como enaguas sus preferencias ideológicas, ¿a quién le puede sorprender esto? Lo que me sorprende a mí son otras cosas: que el PSOE se queje cuando estas exhibiciones, que ponen en marcha el voto del asco, le benefician; que la Iglesia crea que su cruzada se puede traducir electoralmente, cuando los que le hacen caso hace mucho que tienen enmarcada la papeleta para el 9-M; que el PP no pida a los obispos que dejen de “ayudarle” tanto a espantar al votante de centro y en vez de eso le presten de monaguillo a Gabriel Elorriaga... En fin, que en esta movida de sotanas, autos de fe y arremangamientos píos, sólo he visto coherentes y listos a los de Canal Sur, que haciendo retrospectivas de declaraciones o encíclicas católicas y aventando esas fumatas de incienso y pecadores que producen tanto repelús, ya le habrán comido otro cachito de centro al PP. Los demás no hacen más que torpear.


A mamarla. Han completado la toma del carnaval de Cádiz, con los concursantes de Se llama copla en los palcos como un escaparate de abanicos, con Modesto Barragán subiendo a las tablas sagradas del Falla en mitad de la actuación de una agrupación para recoger un falso pavo. Esto ya tiene dueño, se nota en el peloteo, en la sumisión, en lo que no dicen la letras o en lo que dicen con la boca muy chica. Ni una crítica a Chaves o a la Junta he escuchado. El carnaval de Cádiz está enjaulado. Nada de palos al poder, basta con los localismos, las pichas y los ridículos ajustes de cuentas entre autores, ésos a los que Canal Sur ha engordado tanto el ego plazoletero. Sólo la chirigota Los que van como Cádiz, que llamó “infierno de cobardes” a lo que presentan al pueblo esos autores, domesticados como no lo estuvieron ni en la dictadura, y La comparsa de Momo, la ganadora, que le dijo las verdades a Canal Sur en un pasodoble con cuchillas, parecía que seguían gastando cojones. El resto, a mamarla.

31 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Descartes y ascensos (31/01/08)

Cándida Martínez se ha ido con su sonrisa flipada, ha cambiado de columpio, ha corrido la sillita. Entre cuneros, paracaidistas y exiliados, las listas de los partidos se llenan de consejeros ineptos, de alcaldes eméritos o agotados, de fichajes de rematadores de cabeza, de jovencitos con hambre criados en el partido igual que aguiluchos. Lo de Cándida Martínez es un descarte, no una promoción. En el Congreso se duerme como en un solárium y sólo los que aspiran a los bancos azules o a guillotinar al jefe del partido ven en el hemiciclo un velódromo. Para Esperanza Aguirre o Gallardón, un escaño hubiera sido vestirse con tahalí, escuchar por las mañanas la trompa de caza. Para Cándida Martínez, será el alto tacataca de la jubilación. Al Congreso se llega por ambición o por ruina, por eso la parte que no es coliseo de gladiadores es montaña de elefantes y desván de esqueletos. En las escaleras se juntan los que trepan con los que se han dado el batacazo, los más vivos y los más muertos todos colganderos.

Los partidos van dando premios, retiros, oportunidades o cochecitos lerés a sus postulantes o desahuciados y Cándida Martínez es el ejemplo perfecto de un pescado pasado aprovechado para el último adobo. Cándida Martínez, junto con Carmen Calvo, me parecen de los más nefastos políticos que ha dado esta tierra a la miseria autonómica y luego a la nacional. Las dos en áreas tan sensibles e importantes como la educación y la cultura, fuerzas motrices del progreso convertidas por ellas en parchís y en circo de payasetes, hicieron del fracaso complaciente y del cinismo exhibicionista su sello. Ahora han acabado, como niñas con disfraz de princesita subidas a una cabalgata, para tocar el silbato a los senadores o dar palmas a compás en los debates, que en política es como quedar de perchero o verse sentado en un orinal con patito. Allí no pueden hacer demasiado daño y, aunque uno preferiría una especie de calabozo para inútiles de la política, me alegro en parte de estos descartes, incluso cuando incluyen billetes a Disneylandia.

Hay quien se marcha a dormir entre los leones borbónicos, igual que aquel loco de la canción de Sabina, y hay quien irrumpe en los parlamentos como una chacha mandona. Entre esos ascendidos hay que mencionar a Sánchez Gordillo, quizá también escapado con capirote de Marinaleda como de Ciempozuelos, Loco de las Coles del comunismo (si no venían ustedes La hora chanante, no sabrán quién es este Loco de la Coles, pero echen mano de You Tube). Peinado de rastrillos, talibán de un sovietismo en barbecho, Sánchez Gordillo representa como nadie lo que le estorba a la izquierda para entrar en este siglo, pero se ha impuesto en Sevilla entre los tortazos linderos de IU y seguramente lo veamos antes que a Valderas en el Parlamento andaluz, colectivizando pelusas. Estuve en Marinaleda, donde sentí como en ningún sitio el agobio de la uniformidad, del pensamiento totalitario y del arredilamiento de un pueblo, y desde entonces este hombre me da el escalofrío de los bieldos y de las momias.

Unos se marchan a un retiro mollar y otros entran a incendiar la paja de los parlamentos, pero todo parece pensado para que se mantenga la mediocridad de la política, eterno tentetieso. La partitocracia conserva sus vicios y tristezas y por eso no importan tanto los nombres. Hay un desencanto que no depende de los figurantes. Esto no lo van a arreglar las nuevas listas con perdedores o con advenedizos.

Somos Zapping 27/01/2008

Regreso al refrito. No hay quien le quite a Paco Lobatón su gusto por las humedades, las telarañas y los desenterramientos. Hasta para tirar de archivo hay que tener talento y gusto, que es lo que tenían por ejemplo Salas y Summers cuando nos desempolvaban la vieja tele y eran capaz de hacernos sentir nostalgia, y no sólo asquito. Pero la vocación necrófila de Paco Lobatón le hace traer una televisión de morgue, con viejos sucesos, artistas y personajes como muertos del Titanic; con unos recordatorios de idioteces o truculencias y unos homenajes no ya pretéritos, sino orinados por el tiempo. Cuando vi a Lobatón ante Joaquín Petit (dos fijos en esta tele pública andaluza que tan bien abraza y paga a sus fieles) manifestando su ilusión y entusiasmo ante un nuevo proyecto, pensé que iba a ser otro de sus desfiles de descuartizados, pero casi es peor, porque se trata de unos recuerdos televisivos que resultan como si hubiera abierto el ataúd de su abuela. De entrada, el nombre es tan facilón como tonto: Regreso al futuro, como aquella emblemática película ochentera. Por lo menos, en aquella película, sí había un futuro al que regresar, mientras que en ese programa no sólo Lobatón, sino todos los andaluces y su televisión, parecen vivir en un pasado intacto. Este domingo sufrimos una larga retrospectiva de Los Morancos con gloria de toreros; el recuerdo de un pirado que fue noticia en el 93, el santón de Baza, el que hizo que la gente del lugar se quemara la retina cuando anunció que “la Virgen enseñaría las puertas del Cielo dentro del sol”; un recorrido sin ton ni son por fandangos de Manolo Caracol a Los del Río, y hasta un extraño añadido, un reportaje sobre los cuernos que provocan las mujeres del este que van a la recogida de la fresa en Huelva, que no sé qué tiene eso de viaje en el tiempo. El programa es un reciclado extremo del refrito con otras inserciones inexplicables y al que, además, una manera de seleccionar los temas que es directamente proporcional a su estupidez o a su morbo, e inversamente proporcional a su interés, convierte en un pastiche intragable, insano, agusanado, en una alacena del moho totalmente prescindible. Es como querer extraer melancolía de unas mondas.


De dulce. Hemos hablado alguna vez de Andalucía es su nombre, que, según la sinopsis que me ofrecen, es una serie que “refleja la identidad de los andaluces y su capacidad para construir su realidad social y política”. Interesa mucho crear identidad andaluza, sobre todo cuando el partido político que reina intenta que se le asocie a ella. Así pues, todo el heroísmo de la Autonomía, todo nuestro éxodo de la pobreza y todas nuestras bellezas o cateteces son exaltadas en este programa como triunfos de nuestra raza y, subrepticiamente, también de nuestros políticos. Para fundar identidades hace falta poco. En realidad, sólo que alguien gane con eso. Lo demás es cuestión de darle tono épico y fondo de banderas. Como en el programa de esta semana, en el que la gloria de Andalucía quedaba definida nada menos que... por los dulces. Sí, la identidad, las señas inequívocas, la singularidad, el espíritu y el orgullo de Andalucía en sus dulces, alfajores, yemas, tocinos de cielo, arropes, mostachones, pestiños y piononos de monja, contados como imperios. Todo eso que “lleva la huella de un remoto pasado” y que nos distingue de otras cocinillas por la “finura”, a decir de una especialista. Vean qué satisfacción, la cultura como carolingia de las bizcotelas, igual que adornar con sedas nuestro hambre secular. Habrá otras tierras que se funden en dioses o filósofos, que aquí lo hacemos con las poleás, el arte del hambre, el único torreón que podíamos levantar aquí. Sí, la identidad y la realidad social que hemos construido en Andalucía a partir del ruido de las tripas...


Notas de precampaña. Información electoral en las noticias de Canal Sur: Chaves nos vuelve a hacer “referente de la modernidad” y pide que el PSOE “se movilice con humildad”, mientras IU se declara “anticapitalista” y ya va enseñando a Sánchez Gordillo con jersey de Evo Morales (¿se lo imaginan de consejero de Agricultura, planeando koljoses?). Pongan ustedes los comentarios, que a mí me da la risa.

24 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: El hombre y la máquina (24/01/2008)

La tecnología puede que nos haga un día inmortales, aunque no sabios. Los frikis que meten ordenadores en peceras de aceite, con luces de ovni, con caretas de Darth Vader, con quirófanos para el overclocking, puede que hablen el lenguaje de las máquinas, pero no están haciendo nacer filósofos en los garajes. La propaganda política ha confundido conocimiento con información, nos quieren hacer creer que Internet es el oráculo, el Mamotrectus o la Tabla de Esmeralda del nuevo hombre, pero la Red la hacen los adolescentes pajilleros, los cienciólogos pirados, los trekis, los magufos, los alargadores de penes, los salvajes con cámara en el móvil. Por cada artículo de la Wikipedia hay toneladas de tetas, insultos, mentiras, basura. La cultura y su demolición están en el mismo nivel en la Red, y eso puede ser maravilloso o acojonante. Como ocurre con toda invención humana, Internet es una herramienta que pueden usar la inteligencia o la necedad para multiplicarse y afianzarse. Un troll de chat y un investigador no se distinguen por el ancho de banda que utilizan. Los políticos, de nuevo, están confundiendo los medios con los fines. El mega que promete Chaves le sale seguro más barato que una educación de calidad, con la diferencia de que ese mega puede servir para llevar sobre raíles a los analfabetos de la globalización, sin más beneficio.

Ha sido la tecnología, desde la Revolución Industrial, la que ha inculcado el falso concepto de progreso sin fin. Es más, se ha llegado a identificar la tecnología con el progreso mismo. La ciencia y el artefacto han fascinado hasta a los propios poetas, y uno recuerda versos a las máquinas de Pessoa o Kipling (“aun con todo nuestro poder y peso y medida / nada somos sino hijas de tu cerebro”, hace decir Kipling a la maquinaria moderna). A mí también me fascinan. Soy de la generación que programó en el Spectrum y empezó a soñar con viajes estelares (Sagan, Asimov, por supuesto). Pero aun así, hasta Sagan y Asimov empezaban por fundarse en Mileto o en Alejandría. Nuestros políticos, sin embargo, creen que la máquina hace al hombre, en vez del hombre a la máquina. Su fijación por la tecnología como mueble, como obelisco, como altar, sólo refleja su desconocimiento y una fe hueca, infantil, en una nueva magia o religión. Las sucesivas modernizaciones de Andalucía, confundidas con un desván de aparatos, son el mejor ejemplo. Pero esas “hijas de nuestro cerebro” nada son sin la mano diligente, sin el conocimiento fundado, sin la educación bien dirigida. Carecemos de ese cimiento, así que nos encontramos con esta política que sólo da jóvenes con electrodos como monos sobre un Sputnik.

Ahí tenemos a la Consejería de Innovación, igual que una iglesia rara fundada en Faraday, contratando noticias en los medios para que el sabor metálico de una tecnología salvadora nos envenene de falso progreso. Sí, que parezca que esta Andalucía de carretones, de economía alfarera, de analfabetismo secular, navega por la estratosfera y ha alcanzado la salud de los hibernados, la felicidad del soma, el magisterio mesmeriano, el sueño del Universo controlado con botones. Pero la tecnología no es progreso, sino una herramienta de la inteligencia para conseguirlo. Y en Andalucía el hombre y la máquina no dejan de escarbar raíces, de pasar hambre y de fracasar tenazmente en el futuro, a pesar de todas estas bombillas de calambre y de fiesta.

20 de enero de 2008

Somos Zapping 20/01/2008

Sum sum. Después de las compresas de nubes, de las burbujas con carita, del olor de los remolinos, de las bailarinas en frascos, de las coladas anfetamínicas y de los orgasmos del champú, creo que solamente vienen los anuncios de la Junta. Su publicidad institucional ha sobrepasado el surrealismo, la sinestesia, la ñoñería, la chaladura, como no lo habían conseguido esos perfumes levemente sáficos, esa fibra para cagar guindas, esas empresas aseguradoras que se te meten en la cama o esas acuarelas que hacen las menstruaciones de los spots. Al menos, en estos anuncios, después del viajecito de LSD de 20 segundos, la cosa se sustancia en la braga, en un aerosol, en un yogur o en una póliza. Sin embargo, en los de la Junta, lo que venden es el flipe por el flipe. He intentado cogerle el corte a esa campaña de “el mañana de Andalucía lo decides tú hoy” y no he sido capaz de encontrar qué información de interés público transmitía ni qué hecho relevante de la Autonomía nos hacía llegar, que es lo que uno supone que debería hacer la publicidad institucional. El anuncio consiste en que varias personas, con pinta de formar parte de un grupo de terapia y como poseídas por el espíritu de la Junta que es una misma voz en off, nos van recitando esto: “Cada día tengo la oportunidad de hacer realidad lo que otros soñaron antes y empezar lo que otros podrán alcanzar. Hoy podemos decidir cómo cambiar lo que nos rodea. Tenemos la llave del futuro. Podemos hacer un mundo que avance sin agotarse, más justo, más solidario. Y aunque no será fácil, merece la pena intentarlo. El mañana de Andalucía lo decides tú hoy. Junta de Andalucía. Andalucía al máximo”. ¿Pero esto, de qué va? Sólo se me ocurre que sea una campaña para disuadir a suicidas, en plan qué bello es vivir. Eso, o descarada propaganda de partido pagada con dinero público, a la que además se le ha ido la mano con la estética “sum sum”. Creo que sólo les faltó poner de banda sonora aquello del musical Oklahoma (“Oh, what a beautiful morning! / oh, what a beautiful day!”). Aunque en realidad lo que falla es el final, eso de “Andalucía al máximo”. Lo suyo hubiera sido rematarlo con algo como “hoy me siento flex”, “¿te gusta conducir?”, o “piensa en verde”. No, mejor aún: “Porque yo lo valgo”.
Vídeo del anuncio

Cosas de niños. No abandonamos la publicidad, que hace de la época electoral otras Navidades. Después de ver el diseño de su campaña, he concluido que el PSOE de aquí va a darnos a los andaluces el potito. Ya nos trataban como a niños y siguen suponiendo que nos chupamos el dedo, así que basar su propaganda en bebés era bastante lógico, aunque no original (recuerdo una campaña de Iberia que también vació las plantas de maternidad). Pero no está mal traída ésta del PSOE, no. Entre otras cosas, por ejemplo, nos indica la capacidad del partido para identificar los problemas de los andaluces, o sea, que el chorrito de pis vaya hacia delante o hacia abajo, todo un reto tecnológico para impulsar nuestra modernización. Y qué mejor bienvenida a esta Autonomía que invitar a mamar de la teta, de la teta pública, claro, como hacen ellos y sus arrimados. Sí, no deja de tener su sentido, aunque viendo en la noticias de Canal Sur a Pizarro o a Chaves ante esos carteles con lactantes, me doy cuenta de que parecen ogros o esos tipos que se llevan el cochecito con el sobrino a los parques para ligar con las titis. Bebés, los andaluces somos bebés y el PSOE nos distrae con sonajeros, nos canta nanas, nos asusta con el coco, cura nuestras escoceduras históricas y está pendiente de que echemos el flatito del sentido crítico, no nos vaya a dar dolor de barriga. Eso, más la ternura de sus cuentos: Érase una vez que se era “un mundo donde ser mujer ya es una oportunidad, donde las enfermedades se curan antes de nacer, donde hacerse anciano es disfrutar como un niño, donde serás todo lo que quieras ser...” Ea, mi niño, ea, que mi niño va a “bien pensar, bien aprender y bien trabajar”. Ea, mi niño, ea, cuatro esquinitas tiene tu cama y muchos consejeros de la Junta que te la guardan... Ea, mi niño, ea, dichoso tú que vienes a esta tierra del paro, la incultura, la superstición, el folclore, el carpantismo, la dormidera, el enchufe, el subdesarrollo, la mediocridad, la complacencia, la inercia, la propaganda, la homogeneidad, el caciquismo... Bienvenido al paraíso que han preparado para ti tus amorosos y eternales gobernantes. Apañado vas, hijo.

Vídeo de la campaña


17 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Letra muerta (17/01/2008)

Yo no me levanto con ningún himno patrio desde la mili, donde la bandera y la Marcha Real, irreconocible en aquella versión sólo con la parte de corneta, olían al coñá y a las barreduras del cuerpo de guardia. Que se cuadren los granaderos o los nuevos soldados enfermera, los Aquiles millonarios del balompié o los segadores del hockey hierba, los políticos que chulean al patriotismo o los arrimados que trincan subvenciones, los de las casas museo o los de los archicuernos históricos en la chimenea, los fachas o los conversos, los de Riego o los de Blas Infante, los del Cara al sol o los de La marsellesa. Yo me abstengo, por la trampa, el daño, la simplificación, el fanatismo, las empalizadas y los salivazos de todos los nacionalismos y todas las hileras. Quizá un día pensé que llegaría a levantarme con el final de la Novena de Beethoven, música un poco hortera y versos universalistas de Schiller para la nueva Europa. Pero la Unión Europea, que parece un bufete, también me ha decepcionado, y además me gusta bastante más el final de la Octava de Mahler, y eso que tiene lírica de convento. Me levantaría antes con el Morgen! de Richard Strauss (partitura como de nieve para un poema solar y esperanzador del anarquista o individualista John Henry Mackay) que con palabras futbolistas que pretendieran definir mi pertenencia a razas de la historia o a mitos navegantes. No, yo no soy anarquista. Simplemente, ya pasé la edad de las nanas y dejé atrás las posturitas de lealtad de los mosqueteros.

Los deportistas podrían inventarse ellos una danza de marmita, como el Haka mahorí de los All Blacks, y los políticos otra manera de hacer patria sin tirabuzones en los símbolos, y así nos evitarían estos debates idiotas sobre letras de pastores y sentimientos de cantina. A esta España, que ya definí como una matrimoniada, no la ve nadie marchando a compás con rimas de marines ni con maitines laicos, de ahí el fracaso de la iniciativa, que no es culpa del texto, sino de esa intención de llevarnos a todos a cantar los domingos de la nación, cuando ni sabemos lo que es la nación ni nos sale cantar nada en este corro de caníbales. He dicho alguna vez que los sentimientos no se legislan, y menos aún se pueden consensuar en estrofas con toldos de cielo y veredas hasta el mar, aquí donde con la tierra hacemos pellas para la boca del otro. Los himnos, como las canciones para la comba, disimulan su ridiculez en su edad. Nuevos, no tienen ni sentido ni perdón. Han intentado hacer patria empezando por el final, por la orla o por el funeral, pero una letra no define una patria, aparte de que una patria tampoco tendría que definir nada, ni siquiera colores.

Miren, sin más, el caso de Andalucía. Aquí sí tenemos himno con letra, con historia y hasta con martirologio. Suena a reforma agraria, a hambre con aceitunas, a pueblo levítico y a libertad a caballo. Pero ha quedado para inauguraciones, para guapeo de los políticos y para empapelar leyes paralíticas. Tenemos un himno muy cantabile, que aun así ha visto caducar la rebeldía, enrocar todas las esperanzas y hasta desaparecer el andalucismo que le dio origen. Letra muerta, sentimientos emputecidos, gloria de cementerio, lírica de canallas, abrigo de ingenuos, comida de listos, estribillo de lavadero para el pueblo, foto al sol para los dueños, éste nuestro igual que los otros, con versos o tamboradas. Yo, por eso, no me levanto con ningún himno.

Somos Zapping 13/01/2008

Desenterramiento en directo. Qué enfermizo espectáculo en directo, seguir a los perros buscando sangre o braguitas, a los guardias civiles como colilleros de cadáveres. Pero sí, lo anunciaron como si fuera un pasacalles y conectaron con Mijas para retransmitir la batida en busca de la joven Amy o de su rastro truculento. Fue en Mira la vida, programa que parece que ha sustituido su alfarería y sus fresqueras por la carroña. Ya tienen un nuevo filón para el morbo, una Madeleine más cercana, para llenar la mañana con círculos de buitres, familias llorosas, todas las posibilidades de morir o caer a un pozo o desaparecer en furgonetas blancas (¿no era eso de la furgoneta blanca una leyenda urbana?). Desde que Rafael Cremades lo dejó, me había dado la impresión de que el programa evolucionaba hacia otra amabilidad de cocineros y consultas gerontológicas, que disminuía su nivel de catetismo, quizá ayudado por esa serena elegancia que tiene la encantadora Silvia Medina o la maternidad como panificadora que parece irradiar Mariló Maldonado. Pero ahí estaban sus reporteros al pie de las zanjas contando que se habían encontrado pantaloncitos, vísceras que luego resultaron de animal; y un público que se dividía en apostar si la chica estaría muerta o secuestrada, y la propia Mariló Maldonado que cambiaba su tono repostero por una voz fuerte de gravedad o inminencia, igual que si diera instrucciones para una evacuación, y dejaba las preguntas más morbosas en el aire para ser contestadas después de la publicidad, como mandan las reglas de los que rebañan desgracias en televisión. Y me estremezco al imaginar el repugnante triunfo que hubiera supuesto para ellos retransmitir en directo el terrible hallazgo (no lo quiera el Hado) del cuerpo de la joven, describir su horror y su postura y su desenterramiento. Prefiero que se dediquen a los embutidos de cada pueblo y al reúma de cada señora. Mejor la catetada que el canibalismo.

Cuanto antes, mejor. Tenía en la mano la marioneta de un pollo y volvía sonreír mucho, demasiado, como colocada de plastilina o témperas. Por supuesto, era Cándida Martínez, la consejera de Educación, que inauguraba un centro escolar para niños de “0 a 3 años” (así lo dicen, seguramente porque “menores de 4 años” les sonará de derechas) al que las noticias de Canal Sur daban dimensión de puente colgante. Estoy obsesionado con esa sonrisa, lo saben ustedes porque la menciono mucho. Esa careta, esa ortodoncia de cinismo, ese maquillaje como de japonesita envenenadora que ríe al servirte el té, me enoja, me subleva. Es como si riera en el entierro de los niños, que al fin y al cabo es eso la educación andaluza. Se felicitaba la consejera de que en esta legislatura se hubiera llevado a cabo “la escolarización de 3 a 6 años” (vaya avance, porque yo, hace más de tres décadas, ya me escolaricé a los 3, y con la diferencia de que a los 6 ya estaba multiplicando) y de que ahora hicieran “esta apuesta por los niños de 0 a 3 años”. Pero yo no sé si es una buena noticia, porque, teniendo en cuenta el nivelito que exhibe nuestro sistema educativo, eso quizá sólo significa que la idiotización y el aborricamiento de los chiquillos andaluces comenzará a una edad más temprana y por tanto será más efectiva e indeleble. Cuanto antes, mejor, pensarán. Quizá por eso sonreía tanto.

Honestidad sin duda. Todavía estaba yo recordando las palabras de Chaves en Ratones coloraos, aventando su “honestidad” como ese pañuelo de la ceremonia gitana, abominando de los políticos que utilizan “los dineros públicos –qué castizo, viejil y quevedesco este plural para el dinero-- en beneficio propio”, cuando me encuentro en las noticias de Canal Sur, miren la casualidad, a su hermano Leonardo Chaves, coronado por el logotipo de la Junta. Se trataba de algún acuerdo sobre espiritismos esportivos en el que había entrado su Dirección General, que recuerden es la de Tecnología e Infraestructuras Deportivas. Sí, la que adjudica de vez en cuando obras a otra empresa de cuyo nombre Chaves no quiere acordarse y que desde luego nada tiene que ver tampoco con su familia, que quede claro. Y es que cuando esa “honestidad” es tan obvia y manifiesta, la duda ofende.

11 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Chaves contra Obama (11/01/08)

Expulsaron al Imperio Británico con un ejército de granjeros, colonos, reverendos y galeotes (más la ayuda de Francia) y fundaron la democracia moderna sobre triángulos masónicos antes de que el París sin calzones se echara a la calle. La Revolución Francesa les pareció luego a los historiadores más pictórica y más salvaje para ponerle fecha a la Edad Contemporánea, pero uno siempre ha visto en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos el verdadero hachazo al Antiguo Régimen. Todavía guardan armas en la leñera por si les vuelve a invadir un rey inglés, han pasado solamente la mitad de la infancia de los cowboys y han llegado a convertirse ellos mismos en el Imperio, pero siguen siendo la referencia de Occidente, a la que Europa, desunida, desenraizada, no ha sabido contraponer su modelo. Sus elecciones como nocheviejas, sus candidatos con chapas, su bipartidismo con mascota, nos extrañan y nos fascinan. Aún les quedan horcas, biblias repujadas con balas y cruces en llamas, pero esa manera callejera, movediza, múltiple y larga de vivir la democracia que tienen me despierta algo así como envidia.

Hillary, Obama, una mujer y un negro, que sólo se habían sentado en la Casa Blanca en las películas, emparejados con Spiderman, pueden inaugurar un nuevo Camelot, ahora que el Partido Republicano se ha enterrado hasta la gorra en Arlington, donde los fusiles juntan a los pájaros. Hillary, Obama. Hay guión de boxeo, todo un género en Hollywood; hay un musical itinerante por los estados, hay cada día un home run en la última entrada, y es todo tan puramente americano como excitante, para nosotros que estamos acostumbrados a una política donde los partidos son muebles, cuarteles, cancillerías, piramidones. Una novedad contra otra novedad, un reto contra otro reto, una película contra otra película. ¿Se imaginan algo así en Andalucía? Listas abiertas, primarias en cada provincia, postulantes atrevidos y críticos, savia nueva, candidatos sin miedo, ningún aparato decidiendo nombres según los servicios prestados.

Me imagino a Chaves contra algún Obama (¿quién podría ser, en este PSOE sin disensiones?), cuerpo a cuerpo, palabra contra palabra, diariamente y por cada pueblo, y a las bases eligiendo entre ellos sin que estuvieran pendientes de un puesto en una diputación, de un número en la lista de un ayuntamiento, de una subida en el escalafón, de un sillón en algún consejo o empresa pública. Pero claro, lo primero es que en Estados Unidos haría una década que Chaves no se podría haber presentado a la reelección, y éste sería otro PSOE, quizá sin el culo redondo, con gente joven y osada que aspirara a cambiar las cosas, que no conociera siquiera el españolísimo mandamiento político de tragar, callar y esperar. Y si hubiera ocurrido lo mismo en el PP, quién sabe, puede que volviéramos a tener a Pimentel, a Amalia Gómez, un liberalismo moderno y centrista por encima de los monaguillenses, los señoritos, la carcunda, el facherío de las Azores.

Y aún nos atrevemos (¡nosotros, con esta partitocracia semifeudal!) a tachar de infantiles sus caravanas, sus guirnaldas, sus delegados a caballo, sus virginianos con sombrero de tres picos... Pero en Estados Unidos está ahora la democracia de cumpleaños y de bolera cada día, con toda la calle metida dentro, mientras en Andalucía nos esperan, otra vez, sólo momificaciones y papados.

10 de enero de 2008

Somos Zapping (especial): La honestidad del perezoso (10/01/08)

El paisaje en el que Jesús Quintero entrevista es como una güisquería llena de asteroides o migas de ratón, pero con Chaves fue el territorio de un gato frente al de un perezoso, con dos velocidades de caza, de tretas, de miradas, de amagos. Chaves no tiene pudor, lo sabemos, a la hora de hacer campaña gratis en la radio y en la televisión que su partido dirige con un ex portavoz a la cabeza y con comisarios con tienda de campaña tras las fotocopiadoras. Después de aquella nochevieja con Juan y Medio y sus niños haciéndole la adoración de los pastores, creo que sólo me sorprendería verlo aparecer en Arrayán. Pero Quintero tampoco es Mar Arteaga, la que le prepara entrevistas con tobogán, ni Tom Martín Benítez, que es como su mariachi enamorado. Quintero sabe que aún tiene licencia para meter la uña, aunque no deje de sonreír o de emborrachar. De hablar con Quintero nadie sale del todo vestido ni del todo virgen. Quintero usa con la gente de la tierra, igual que Carlos Herrera, el truco del ceceo oportuno, de remarcar el acento para mostrarse cercano y amigable, y eso lo utilizó mucho con Chaves en las preguntas delicadas, que hizo sin sangre pero con filo. Fue una caza sin destrozo. Chaves sabía que no se sentaba a la mesa de las autopsias, porque Quintero aún sabe dónde trabaja. Pero Quintero también sabía que nadie esperaría verlo hacer de rapsoda del régimen.

Quintero dejaba sus arañazos y Chaves dejaba su manera torpe y pilosa de esquivar. Quintero soltaba preguntas como bombas con paracaídas y Chaves contestaba según su sabido catecismo. Los 18 años que lleva gobernando Chaves le merecían al Loco de la colina un largo y elocuente “uffff” y se atrevió a sacarle su pseudomonarquía: “Eso es para sentirse un virrey, ¿no?”. Chaves dijo lo de siempre, que está ahí porque la gente quiere, una obviedad que en nada niega los armiños con los que maneja Andalucía. “¿Cuántas modernizaciones necesitamos para ser ya modernos de verdad?”, le inquiría Quintero, y Chaves escapaba con algo así como con el perpetuum mobile, el desarrollo sin fin y eso de señalarnos otra vez el horizonte inalcanzable hacia el que corremos con la lengua fuera desde hace décadas. Decepcionante. Peor salida tuvo cuando Quintero le invitó a explicar a los andaluces “que la Junta no tuviera conocimiento de la corrupción marbellí”. “Eso sólo lo puede saber la policía”, contestó. Claro, es que en todas las llamadas, visitas y papeles que la Junta y Roca intercambiaron tanto tiempo, nada hubo que les hiciera sospechar, ni tampoco en el pestazo de la ciudad y sus gilichulos. Ni siquiera fue capaz de autocrítica con el demoledor informe PISA sobre educación, afirmando que aún era ésta “la generación de andaluces mejor preparada”, y que al fin y al cabo “estamos en el 96% de la media de la OCDE”, aunque esto signifique que sólo países como Turquía, Bulgaria o Tailandia están por debajo de nosotros.

Pero sobre todo, Chaves insistió mucho en su “honestidad”. Seguramente quería decir honradez, porque las primeras acepciones de esta palabra se refieren más a asuntos de cama y de cuernos. “¿Qué es lo más imperdonable de un político?”, le preguntaron (y esto sirvió precisamente para la promo del programa): “El utilizar los dineros públicos en beneficio propio”, dijo el presidente. Como sabemos, él no tiene a ningún familiar que haga negocios con la Junta, ni hay socialistas ni amigos chupando de la gran teta, con subvenciones, empresas adjudicatarias o productoras pata negra de Canal Sur. “La honestidad es el único patrimonio que yo voy a dejar a mi familia. No dejo casa, no les voy a dejar dinero porque no soy rico de cuna (?)”. ¿Pero no dijo en Tengo una pregunta para usted que había ayudado a pagar las hipotecas de sus hijos? Seguramente, tantos actos honestos y modestos se le confunden en la cabeza. Pero lo que me dejó boquiabierto fue la interpretación que hizo de la sentencia del juicio contra los periodistas de EL MUNDO. Quizá es que tiene el mismo nivel de lectura que deja su penoso sistema educativo. Según él, una sentencia anterior afirmaba “que no hubo espionaje” y el juez en ésta última se había basado en que “el derecho de información está por encima del derecho al honor”, cuando lo que deja claro es que la información fue “veraz y diligente” y que existieron los seguimientos.

El espectáculo del gato contra el perezoso, en fin, nos dejó un gato sin mucha hambre, pero sobre todo un perezoso que resulta increíble cuando habla, como si lo hiciera ese mismo mamífero o su peluche. Sonreí, luego, cuando otro entrevistado por Quintero, Hilario López Millán, cantó aquella copla de Rafael de León que decía “mira que miente más que parpadea”.

8 de enero de 2008

Somos Zapping 06/01/2008

La postura del faraón. La monarquía ya es en sí una cosa aturronada y el mensaje navideño del Rey quizá cumple esa función de estampita y hojaldre. El Rey aparece como un paisaje y habla siempre como del clima de la patria, sin decir en realidad nada importante, sino vagos universalismos, buenas intenciones, neutrales evidencias. No debe ser de otra manera, porque una democracia no puede permitir que parezca que el Rey está dando sus opiniones particulares, ni que nos riñe o nos educa gravemente como un padre sentado a la mesa. Es una tradición que se podría discutir, que a mí me parece innecesaria y curil, pero que al fin y al cabo está allí sin que nadie la mire, como otra cinta u otro velón puesto en la salita. A lo que uno no le ve ningún sentido es a esta moda de los presidentes autonómicos tomando prestada la postura de faraón de la monarquía y casi su música de capilla para soltarnos en fin de año su propaganda camuflada en confeti. “Reflexiones sobre el año que termina”, llamó Chaves a su discurso como hecho en una pecera de caoba, con fondo de papel pintado y libros de atrezzo, en una atmósfera de brillos y filtros de gasa como si la que nos hablara fuera Sara Montiel. Un año “trascendente para nuestra Comunidad”, en el que “se han dado pasos en el camino del progreso”, un Estatuto salvador que “ya está desplegando sus competencias”, un “aumento de nuestro bienestar” y “una tierra de futuro”, más otros pétalos que él mismo se echaba por encima, conduciendo la carroza del éxito. Parecía que en cualquier momento, por detrás de las banderas recién peinadas, iba a salir un violinista. Eso no es un mensaje institucional, sino propaganda de estilo Nescafé, y como tal debería ocupar el espacio que ya tienen los otros anuncios de jamones, electricidades y virguerías de la Junta, no aparecer durante la cena familiar como pidiendo el aguinaldo. Estando dentro de la misma categoría que los colchones de látex que nos entremeten en los programas mañaneros, debería igual que en ellos aparecer sobreimpresionada la palabra “publicidad”. Pero Chaves quizá se cree lo que le dijo aquél, que es el rey de Andalucía, y por tanto tenía las trompetas para llamar y el deber de convocar a los pastorcillos y a la estrella de Belén, que parece un poco el logo de la Junta, para dejarnos la Buena Nueva que es él mismo, envuelto para la fecha como un mazapán. Pero no, ni así parecía poder conseguir la postura del faraón.

Vídeo del mensaje de fin de año de Manuel Chaves

Payasos. Nochevieja, champán por las tetas, gente descalza por entre los añicos del año. En Nochevieja, la televisión toma el mismo aspecto de fiesta puerca y de ponche de meados que tiene fuera la noche entera. Refritos, basura, canciones de lata, batacazos de culo. En Canal Sur se decantaron por sus niños enanizados, aupados por Juan y Medio ante la jaula de loros que formaban los graciosos más oficiales de Andalucía: Los Morancos, Paz Padilla y Manu Sánchez. Ya hemos hablado muchas veces de ese circo de pulgas para jubilados que es el programa, pero en esa noche, especialmente, resultó una vulgaridad sobrepuesta a otra vulgaridad como una cenefa horrorosa sobre otra cenefa horrorosa. Sería el ambiente pegajoso de la Nochevieja, pero los invitados no se limitaron a ser graciosos a su manera casapuertera, sino que parecía que habían llegado al plató todos borrachos, pero borrachos como cubas, como justo antes de ponerse el tanga en la cabeza. Por la calle, otros payasos borrachos me resultaban más simpáticos.

Disco del año. Recuerdo, de Clásicos populares, la anécdota de aquél que siempre terminaba el año escuchando el Vals triste de Sibelius. Me acordé viendo en La Uno un especial que montaron para elegir el disco del año, lleno de canciones fresquitontas que no me sonaban de nada cantadas por otra gente que tampoco me sonaba, pero que deben de ser lo más en el botellón. Sin embargo, lo mejor fue la promoción, en la que personajes más o menos conocidos nos decían cuál era su favorito. Cuando vi a José María del Nido afirmar que para él el disco del año había sido Ganas de vivir, de Andy y Lucas, comprendí que todavía había algo que podía superar el ridículo de su estética de monaguillo, y hasta la vergüenza coplera de toda esta bendita tierra.

4 de enero de 2008

Los días persiguiéndose: Perspectiva (04/01/2008)

Entre epifanías de obispos y de petardos, hemos visto llegar el que será también un año de puñaladas. Año bizco, bisiesto, con mal fario dicen los supersticiosos, año con mariscales y reconquistas, derby fanático de las dos Españas, elecciones a muerte echando a los perros por delante. En marzo, el mes dedicado a Marte por los romanos, los españolitos verán que el deshielo no trae más que ejércitos y los tibios seremos barridos por el odio, la revancha, las tribus de los partidos con cuerno de batalla. Como todas las guerras, ésta también es inventada, pero realísima. Igual que ocurre con los dioses o con la magia, no importa que no sean verdad, basta con que la gente se comporte como si lo fueran. Todos los sacerdotes, astrólogos, mesías y políticos de la historia lo saben. Desconfíen de los agoreros, los que anuncian el fin del mundo o el paraíso lleno de viñedos, que tales cosas no son nunca ciertas ni los políticos se encargan de esos asuntos, sino de contar siempre las mismas monedas.

Año nuevo, que viene con gafas de bombillas, buenos propósitos y reyertas de borracho. La gente se pone bragas rojas y pide cosas a los relojes y a las velas, y yo lo único que pido, si acaso, es perspectiva. La perspectiva sólo requiere distancia y un poco de escepticismo, pero ya sería suficiente para reconocer a las ideologías en su cortedad y a la política en sus falsedades. Nos han mentido diciéndonos que somos una ideología con otra enfrente a derribar. Las ideologías son sistemas particulares de vida, y el señor de derechas se siente decente con la suya y el progre se siente quizá luchador con la propia. Pero lo que haga el de derechas con su domingo o el progre con sus poemas no es tan importante como el sistema común que sostiene a ambos y les garantiza la libertad. Este sentido de lo común, de lo público, es el que ha perdido la política empeñada en enfrentarnos como hinchadas. Y no me refiero sólo a los políticos, sino a cierta gente tan apegada a su propia ideología que es incapaz de entenderla como opinión, sino como verdad que debe imponerse a un enemigo. Vi el otro día la apalomada manifestación por la familia cristiana en Madrid y yo sólo me preguntaba: si los cristianos evidentemente tienen familias cristianas con valores cristianos, ¿qué es lo que piden? ¿Que los no cristianos tengan esos mismos valores? Sí, hay una incapacidad de ciertos individuos para reconocer la libertad de los otros de decidir su propio camino, igual que para darse cuenta de que las leyes deben salvaguardar esa libertad más allá de sistemas de valores particulares. Con esta incapacidad, además, algunos hacen su trinchera. Traslademos esta miopía beligerante a la política y tendremos la guerra que padecemos.

Necesitamos perspectiva para ver que por encima de las ideologías está la democracia misma, y que es lo que peligra en esta guerra, porque una democracia no puede buscar la exclusión ni la destrucción del diferente. Por eso no entiendo esas manifestaciones; por eso mismo, igualmente, aquí en Andalucía, no me cansaré de protestar contra un régimen que ha sometido toda la vida pública a sus intereses particulares y que se limita a justificarse con eso de que al otro lado está la derechona. Es la salud de la democracia lo que está en juego, pero ningún partido pide por ello, sino por un triunfo con degollamiento del otro. Sin embargo, para darnos cuenta de esto hace falta distancia, perspectiva. Y es cada uno el que debe dar un paso atrás en sus convicciones, en sus certezas, y mirar luego el paisaje quemado que está dejando.

Somos Zapping 30/12/2007

Candelás. Otra Nochebuena andaluza, nueva o mezclada con las pasadas, Navidad migotera, celebración de cisqueros. La Navidad diferencial andaluza no ceja en sus harapos aunque cambien un escenario de carretas por otro como un bingo de Marina D'Or. Ni aun así pudieron dejar de sacar gente alrededor de fogatas, simulando rezos a un frío primigenio, como si viviéramos en una época anterior a la invención de los techos, como si copiáramos la Navidad de los cherokees. A pesar de que salen también las niñas poperas de moda, parece que hay que dejar claro de alguna manera que somos gente de descampado o de caravana. No sé qué misterio nos une con las noches al raso, quizá nuestra alma de espantapájaros, esa pobreza nuestra del relente. Me inquieta, me molesta esto más que ver de nuevo a Andy & Lucas como bajados de su motillo o al Linterna cafeinizado en ese sainete malo donde hasta Manu Sánchez sólo tiene la gracia de imitar a un pavo. Me molesta incluso más que el ridículo de otro programa que pretende como hacer sinfónica una música de botijo porque así canta nuestra tierra por Navidad. Sí, ver que nos retratamos como un pueblo aterido, esas candelás, qué manía, esas sombras de quinqué, ese primitivismo carbonero del que aún no hemos escapado.

La tecnología del jarrillo. Nuestra Navidad acarrea leña o espera la suerte de los pobres, toda la esperanza mísera que nos define. María del Monte sorteaba décimos metidos en roscos de reyes y hasta un programa especial nos ilustraba con gran gravedad las supersticiones de la suerte, las “vibraciones” de los números y las varitas mágicas de la necesidad. Ante esta realidad, me cruzo en la programación de Canal Sur con nuestras veleidades tecnológicas y todo se me llena de ironía. No es sólo Tecnópolis, ese ingenuo intento de galactizarnos enseñándonos un tiovivo a pedales, ni esos anuncios fotovoltaicos de la Junta que nos hablan de “una Andalucía solar, una apuesta redonda”. Tenemos programas más serios, como Andaluciencia, presentado por mi admirado Manuel Lozano, verdadera Minerva, pero que tampoco son capaces de sacarme de mi amargo escepticismo. Nos muestran salas blancas, todo el buceo de la electrónica y todo el ozono de la ciencia que, es cierto, se maneja en Andalucía, y sin embargo sabemos que todo eso no deja de ser una anécdota. Sí, el peso de la industria tecnológica aquí es insignificante, en esta tierra de cereal, espuertas y camareros con adobo. Esto no es Silicon Valley, no es Japón, ni siquiera Finlandia. La inversión en I+D+I, por mucho que nos la saquen como hechizo, es ridícula. Ni la tecnología tiene aquí tamaño, ni se traduce en la sociedad andaluza que sigue siendo como molinera, que usa más que nada el invento del jarrillo de lata y aún alucina ante un simple ordenador. Nos hablaba el programa de “empresas de alto nivel industrial que usan tecnología punta”, y es verdad que alguna hay. Pero son un leve chispazo entre freidurías, ladrillos de gafas y serones. Agrandarlas, hiperbolizarlas como gusta la televisión pública andaluza, es sencillamente espiritismo y propaganda. Tanta alta tecnología, y aquí todavía con migas de pastores y candelás en Nochebuena.

Boca de pez. Creo que el anuncio no es de la Consejería de Educación, aunque podría serlo. Algo en su boca de pez y en su satisfacción en fresquera me recordaba exactísimamente a doña Cándida Martínez, en una de sus explicaciones después del informe PISA sobre educación, el que dejaba la escuela andaluza a alturas africanas. Sí, porque en el anuncio, un pescado hablaba así: “Soy un besugo de Andalucía y estoy bueno, bueno”. Luego, no sabemos si era el pescadero el que remataba: “Andalucía, al máximo”. Maximizar los besugos es ciertamente uno de sus mayores logros.

El suceso. Aquello de los hilillos de plastilina de Rajoy con el Prestige fue un buen ejemplo de que en las catástrofes no hay que usar lenguaje coloquial. No, lo suyo es el eufemismo levemente cientifista, que es a lo que recurrieron los sabios de Canal Sur en las noticias al contar que el New Flame reventaba con toda su basura en el Estrecho. “Suceso medioambiental”, lo llamaron. A ver quién se asusta con eso. Qué maestría.