1 de febrero de 2010

Somos Zapping: 'Pogramas' y dueños (1/02/2010)

Mojones y peos. Manu Sánchez ya ha vuelto al plató después de buscar la gracia de Andalucía por los melonares, pero, campo a través o con esmoquin, siempre repite lo mismo, o sea, su “pograma”, como él dice. Creo que no hay manera mejor de definir su estilo: es la televisión que hace alguien que dice “pograma”. Aun así, le ha dado por ir de cultureta, en un intento bastante ridículo por conciliar la inteligencia con su virtuosismo de lo basto, que es su gran aspiración profesional. Ahora nos trae hasta a un filósofo, o mejor dicho, ha sacado a un filósofo de un bar de motoristas, para que mezcle a Gianni Vattimo con vídeos de Youtube. Podría pensarse que es una tentativa de desborricar desde dentro del propio aborricamiento, pero lo que consigue es que hasta ese breve refilón de filosofía parezca un chiste del Sevilla. “Mojones y peos” es el saludo y el lema de este filósofo que empezó queriendo hablar de pensamiento débil y postmodernidad y luego confundió el concepto con el triunfo de la idiotez en las masas, que no es ninguna filosofía sino una constante histórica. Nos pusieron un vídeo trucado de móviles que hacían palomitas de maíz al sonar y desmontaron ese cuento de las antenas cancerígenas y los teléfonos que fríen el cerebro. Pero no sé si la enseñanza mereció tener que soportar la pretenciosidad de un Manu como con birrete y azadón a la vez, la visión de un filósofo guay que parece que va con una recortada y la insistencia en aforismos del culo para acomodar la filosofía al andaluz. Por cierto, no se quitó el birrete Manu y luego nos rellenó otra de sus famosas pizarras, sobre la Reconquista. Toda la cultura se le volvió a quedar en la fiambrera cuando escribió “Wifredo el Belloso (sic)”. Quizá es que su famoso vello era muy bello. O que un graciosillo que intenta hacerse el cultureta sin renunciar a la dehesa debe resultar siempre más patético que el que se queda en los chistes de pichas y en la gloria popular de los esfínteres.


Prioridad. Hay varias cosas inamovibles en la escaleta de las noticias de Canal Sur. Una es que, salvo riada o ventisca, las explosiones de butano y los sucesos de atufados, sepultados o acuchillados van siempre antes que la información política. Otra, que metidos ya en política, la opinión de IU siempre irá antes que la del PP. Da igual el asunto (esta vez fue por la Encuesta de Población Activa, en la que los parados alcanzan ya números de peste bubónica), pero a Valderas lo sacan antes y con mucho cuidado de que no se note el vacío en el público ni el eco de su voz en sus soledades. El ingenuo lector se preguntará cómo puede ser eso, viendo el número de diputados de unos (6) y otros (47). Pero el estupor se disipa sabiendo que IU apoyó el nombramiento de Pablo Carrasco como jefecillo del Ministerio de Propaganda y ya sabemos que aquí todo tiene su precio y su premio. Para qué recordar el silencio de Canal Sur sobre el fracaso de Chaves en su demanda contra EL MUNDO, o las palabras de Carrasco sobre el “irrelevante” caso. Quién manda aquí, quiénes son los dueños, eso sí que está bien claro y asentado en las escaletas de Canal Sur.


Cintas y horcas. Una cinta verde y otra cinta blanca sobre la foto de Marta del Castillo, mientras Andalucía directo entrevistaba a su madre... Quizá sólo aquí somos capaces de esa ternura de gestos incomprensibles, como ese poner a la chiquilla abanderando ya una tierra con su martirio, entre sus colores, piadosa o candorosamente. El caso cumplía un año y las televisiones le dedicaban especiales o rezos. Esas dos cintas, tan puras, ingenuas, sin sentido, y Andalucía directo, que hizo (hace) de aquello espectáculo, morbo y caja, aún se atrevía a preguntarse por el papel de los medios en sucesos tan tremendos: “¿Cómo controlar la presión mediática en los juicios?”, rotulaban. Esas dos cintas sobre su foto, como si Marta desgarrara Andalucía, ese sufrimiento ya hecho santidad y patria, y el programa que voló con los buitres aún negaba, digno y aleccionador, sus propias horcas.


Kitsch folclórico. Seguro que lo veremos pronto en Se llama copla, porque semejante cima del kitsch folclórico, tal giraldillo de la catetada, no puede estar ausente en un programa que se sostiene sobre esos mismos postulados. Con el habitual orgullo, las noticias de Canal Sur nos enseñaban un modelito que han presentado en el Salón de la moda flamenca de Sevilla, un traje de gitana hecho con tapones de botellas de vino, ¡y con la propia botella haciendo de peineta! Salvo que alguien diseñe otro de tortillitas de camarones, el premio al bochorno lo tiene asegurado.

28 de enero de 2010

Los días persiguiéndose: La cara (28/01/2010)

Cambian de cara los mafiosos y sus soplones, las actrices y sus culos, los partidos y sus mastines. No me digan que no es una humorada que el mismo día en que en Andalucía se realizaba el primer trasplante de cara, el PSOE-A haya anunciado un congreso para sustituir por fin la cara de medallón de Chaves por la cara de apendicitis de Griñán. La cara como espejo del alma ya equivocó a Cesare Lombroso, pero nos sigue guiando al buscar pareja para la vida, para el catre (parece que cuando el amor o el deseo mira a los ojos sólo busca buenos genes), y puede que también para las urnas. Dice la psicología evolutiva que estamos programados para reconocer los rasgos del rostro humano en todo, hasta en lo inanimado; por eso los chiquillos tratan como personitas a muñecos y dibujos animados, aunque sean esponjas marinas con pestañas; por eso nos resulta simpático un monito pero nos repele una araña, por eso hay a quien se le aparecen vírgenes y cristos tumefactos en las humedades de las paredes. El alma no está en la cara y además hay caras sin alma, pero es donde seguimos mirando. A lo mejor esto también vale para la política.

Lo que han hecho en el Virgen del Rocío ha sido una cirugía cercana al alma, más que cuando abren el tórax con sacacorchos. Platón ponía almas diferentes en el cerebro, el corazón y el hígado, pero eso ya sólo son bolsillos, como esa cara que trasplantan ahora con el alma de unos labios pegada. Primero se difuminaron las fronteras del alma con la filosofía, luego las del yo con el psicoanálisis y las últimas serán las del cuerpo con la tecnología. Un día seremos múltiples, extensibles y biónicos, nos prestaremos y recargaremos un brazo o el cerebro como un mechero. Uno lo que lamenta es que se esté avanzando en la ciencia-ficción en los mismos hospitales donde las listas de espera admiten muertos y los médicos tienen contado el esparadrapo. Hace poco, un amigo, traumatólogo en la privada, me contaba que colegas suyos, médicos de cabecera en el SAS, le llevan radiografías para pedirle opinión, porque cada vez que ellos derivan un paciente al especialista, los de arriba ponen un punto negro al lado de sus nombres. Y esto es así mientras la Junta añade su logotipo a vídeos de siameses separados y Canal Sur publicita estas operaciones de cien médicos y cien palanganas como prueba de nuestra vanguardia. Pero la impresión que dan es que se han gastado todo el dinero en eso como en una boda de pobre.

La política quizá también lo está gastando todo en caras mientras se mueren sus urgencias. Llegó la cara de Griñán por la de Chaves a la presidencia de la Junta, pero hablaban igual y a nosotros nos seguían mordiendo las pulgas. Ahora Griñán colgará su retrato en el partido pero no sabemos si eso será política o decoración. El PSOE andaluz parece ahora operado a vida o muerte, queda por averiguar si lo han llevado al quirófano de ese congreso extraordinario para hacerle un lifting o para cambiar todas sus vísceras nicotinadas por otras esponjosas. Empiezan por la cara de convaleciente de Griñán, pero la cara ya hemos dicho que no es el alma aunque insistamos en buscarla allí. Más hondo está el espíritu de un partido y quizá no hay médicos para curar ciertos males. Mucha microcirugía y mucha sangre va a necesitar Griñán si quiere cambiar en este PSOE más que una cara de repuesto. No sé si el PSOE andaluz resucitará como rubia operada o como monstruo de Frankenstein, o acaso está entregando la cuchara, como dicen los médicos cuando alguien va a palmarla sin remedio.

25 de enero de 2010

Somos Zapping: Gestos guturales (25/01/2010)

Atropellos a la cultura. Constantino Romero era la propia voz de los libros en aquel concurso, El tiempo es oro, presidido por enciclopedias como el despacho de un magistrado. Jordi Hurtado aún sigue siendo el ratoncillo con gafas que vive en las estanterías de su veterano Saber y ganar, donde casi hay en juego doctorados. Pero quizá todo esto supone demasiada cultura y gravedad para la televisión de masas de hoy en día. Es mejor hacer un concurso estilo quiz en un taxi, que ahí lo que se suele preguntar es cómo ha quedado el Betis, y encima encargarle la cosa a Manolo Sarriá, antítesis del conocimiento, espanto de toda ilustración, que queda como si te examinara Jesulín de Ubrique. Este concurso que vimos estrenar en Canal Sur 2 es una adaptación de un formato que se ha emitido en varios países aunque aquí se ha traducido a nuestra idiosincrasia, por eso el taxi va decorado por dentro como una feria y el conductor parece borracho y presume de inculto. Yo creo que lo propio hubiera sido un concurso en el que te hicieran preguntas mientras cortas jamón o pelas gambas, pero en fin. Además de un presentador que no asuste a la sencilla alma andaluza con libracos, erudición y gafotas, hacen falta preguntas de un nivel adecuado, por ejemplo: “Si Jerry era el ratón, ¿cómo se llamaba el gato?”. A veces no es necesario ni que el concursante sepa hablar: bastará con que pueda hacer “gestos guturales” (?), como dijo Manolo Sarriá al pedir que imitaran el grito de Tarzán (será que él sí suele hacer gestos con la garganta). Y si ya la cosa se pone demasiado cultureta, por ejemplo preguntando quién escribió Alicia en el País de las Maravillas, el Linterna nos tranquilizará haciendo comentarios de satisfacción ignorante, llamando a Lewis Carroll “Luis el del carro”, y en ese plan. Pero también aprendemos: verbigracia, que Michael Ende se pronuncia “Maikel Endel” según Sarriá. Tan del pueblo han hecho el programa que el doble o nada final se lo juegan a la carta más alta. Ganaron los chavales con un caballo de bastos, como en un rentoy de taberna. Hasta la despedida tuvo su patada antiacadémica: “Que os divertáis (sic)”, dijo el presentador. El taxi parecía que salía a atropellar la cultura, igual que hacían con los perros en aquel relato de Boris Vian. Al menos, de momento, se salvaron peatones y ciclistas.


El meridiano forastero. Será por esos mediodías suyos de las ocho de la mañana (¿qué pensar de un programa cuyos responsables consienten que empiece con una mentira desde el nombre?), pero El meridiano parece que no se encuentra a sí mismo en los mapas. Me refiero a que a veces se diría que lo emite la televisión portuguesa o la toledana, porque muchos días Andalucía desaparece. Debe de ser que aquí no ocurre nada, como no ocurre nada en el Cielo; que en una tierra eterna e inmutable como la nuestra no hay actualidad, noticia, polémica, movimiento, sino sólo “permanente y sublime recapitulación”, como decía sobre el conocimiento aquel monje malvado de El nombre de la rosa, y eso no requiere discusiones sino rezos. Vi el programa, casualmente, el viernes, un día en que, para El meridiano, nada en Andalucía había sucedido. El barullo sobre un un cementerio nuclear allá por Guadalajara consumió 15 minutos dejándoles a todos los pelos electrizados; el empadronamiento de inmigrantes en Vic ocupó otros 12, y luego, tras una breve mención a la capitanía de Zapatero en Europa, el resto se dedicó a la reunión de ministros de Interior de la UE en Toledo. ¿Y la entrevista? Pues sobre hijos que maltratan a los padres. Así están: temas forasteros, anecdóticos o de polémica facilona, mejor si sirven para identificar a los progres buenos y a los carcas malos. Pero el debate sobre lo que ocurre en Andalucía, con toda su intensidad política, los asuntos más duros e incómodos, se hurtan o se edulcoran en la sonrisa pacífica de Mabel Mata y su visión inofensiva de la actualidad. Yo diría que como programa portugués vale. Como única tertulia de la televisión andaluza, es una tomadura de pelo.


Lumbrera. Vean el nivelito de Rafael Velasco, Secretario de Organización del PSOE andaluz, poniendo cara de chulapo (quizá un “gesto gutural”) en las noticias de Canal Sur: “A resolverle los problemas a los ciudadanos... Ésa es la diferencia entre el Partido Socialista y el Partido Popular. (...) Unos piensan en ocupar el poder y otros en compartir (!) el poder con los ciudadanos”. Se acabaron los debates ideológicos, políticos, económicos. Son los buenos y ya está. Qué estadista, qué filósofo, qué lumbrera...

22 de enero de 2010

Los días persiguiéndose: Mysterium Cosmographicum (21/01/2010)

No se fíen de las interpretaciones de las encuestas, oscuras e interesadas como las de las profecías. El mundo no se ajusta a nuestros números, sino al revés, aunque eso acabe a veces con cosmologías y con sueños. Los pitagóricos creían que todo estaba gobernado por relaciones entre números enteros hasta que ellos mismos descubrieron los irracionales. Tanto les fastidiaba esto su sistema que durante mucho tiempo los ocultaron. Kepler llegó a dudar de los datos astronómicos (incluso de los de Tycho Brahe, los más exactos de su época) porque no se acomodaban a su modelo de órbitas inscritas en sólidos platónicos, su Mysterium Cosmographicum. Parece muy humano aceptar lo que confirma las propias expectativas y rechazar lo que no. Aun así, los pitagóricos tuvieron que terminar renunciando a su mundo de cuerdas pulsadas y también Kepler tiró a la basura sus poliedros enredados para quedarse con la elipse. Sin embargo, la política aún no funciona como la ciencia.

Cuidado con las encuestas, que el pueblo se levanta un día y las revienta mientras se despereza. Las encuestas, que se cogen a pellizcos, que se cocinan o se guapean, están hechas por astrólogos, pero quizá por eso asustan como un cometa. Estos números que dan ahora al PP como ganador en Andalucía puede que no tengan la fuerza de la demostración de la irracionalidad de la raíz cuadrada de dos, o del movimiento retrógrado de Marte, capaces de asustar a una secta de matemáticos o destrozar el primer universo carpintero de Kepler, pero ahí está de nuevo el dato que se enfrenta al dogma, a la creencia. Al PSOE andaluz este dato le ha zarandeado sus eternidades y ahora está entre la incredulidad y la hermenéutica. Pueden rechazar estos números, un poco como Kepler o los pitagóricos al principio, diciendo que Dios no haría un universo tan feo; o pueden intentar una reinterpretación que no les desmonte del todo el mecano que tanto les costó armar. Lo primero es lo que hizo Pajín, suma sacerdotisa de su creencia: sin duda esos datos han sido puestos ahí para probar su fe, pero al final el destino frenará la mano con el cuchillo, como lo de Abraham. Lo segundo es lo que ha insinuado Griñán: los números señalan un cambio, pero ese cambio puede hacerse sin renunciar al antiguo sistema, todavía el PSOE andaluz puede seguir colgando los planetas en sus antiguas perchas. Lo que uno no cree es que Griñán tenga voz ni bastonazo para imponerse en ese partido mosaico hecho de creyentes y aleluyas. Nos dimos cuenta de que su “cambio” no llegaba a nada apenas pasó su investidura. Con Pizarros y Velascos, con ese viejo aparato que no maneja, Griñán no podrá dar nunca su giro copernicano, si es que éste existe. A la vez, controlar el partido en Andalucía requeriría comulgar con esa fe tolomeica que niega el movimiento, anulando lo que pretendía. Lo suyo, como se ve, parece imposible. A veces hay que renunciar a las creencias por ese dato suelto que descuadra todo. Kepler lo hizo y acertó. Le dio una patada a su Mysterium Cosmographicum y luego el sol y los mundos se le colocaron solos. Las encuestas son las matemáticas más falsas, pero todo indica que Andalucía está harta, no sé si del PSOE o sólo de este PSOE. O Griñán se desprende del Mysterium Cosmographicum de su PSOE caducado, o sólo le quedará el martirologio por la fe. Yo creo que es más probable lo segundo.

Somos Zapping: El andaluz acervezado (17/01/2010)

Idiosincrasia en una caña. Con eso de “ser andaluz” nos han vendido postales, casetes de gasolinera, bragas de lunares, género de charcutería, televisión basura y partidos políticos, entre otras muchas cosas. No es que desentone, pues, que ahora nos vendan con ello cerveza. Es más, eso viene a enseñarnos que el sentimiento patriótico es una especie de borrachera que deja bigotes de espuma. La cerveza quizá la inventaran los sumerios, pero si ésta puede ser la tierra de María Santísima, que nació tan lejos, también puede ser la tierra de la cerveza oriental o vikinga. Cruzcampo ha hecho un anuncio inyectando a su cerveza una especie de tomatada de todo lo andaluz, así que burbujea de rodajas de sol, tauromaquia de peluquería, desfibrilaciones flamencas, morenas de relicario, picadillos salerosos, jamones colombinos, jacas con mantilla, calles de cuponeros, rozones de terraza y tópicos de perol. Vender cerveza como cerveza debe de parecerles una tontería, hay que venderla con paisaje, almanaque, chaquetilla, paletada, todo ese febril carromato del catetismo. “Amamos ese arte, esa risa, ese orgullo, esa casta...”, dicen como si fuera una promo de Se llama copla. Nos han vendido tanta mentira, conformismo, siesta y vulgaridad con lo de “ser andaluz”, que el que una cerveza se abanique con todo ese ropavejerismo facilón parece lo menos odioso. Lo peor del andaluz acervezado de su chovinismo no es que sirva para tirar más cañas, sino, sobre todo, para mantener al poder tranquilo, dueño y padrecito de un pueblo cantarín y sobado. Con ese mismo anuncio de Cruzcampo nos podrían vender cualquier cosa con o sin sustancia, Canal Sur entero o todo el programa de gobierno de la Junta. A mí el anuncio no me da ni sed. Sólo flato.


Dignidad. María del Monte, huérfana ya de gordos pasteleros, de chistosos aerofágicos y de morbo forense, tiene una nueva y curiosa profesión que exhibe por los platós del basureo braguetero. Y esta profesión es la de ser digna. En La noria, o en DEC, o quizá en otros programas de chocar cuernos y ensuciar sábanas que se le parecen (no los distingo), la he visto sentarse a decir que ella no tiene nada que decir, que ella es muy artista y que su vida privada es privada. ¿Y por qué va? Lo mismo se creía que la llamaban para conocer su opinión sobre la coyuntura económica. De revolcar todo lo andaluz por el suelo ha pasado a posar como una infanta, con una superioridad moral y una distanciada dignidad que pasman: da lecciones de tolerancia, de respeto, de ética, de periodismo, hace como un budismo de folclórica entre sonrisas y capotazos, reprende como una madre y esquiva como un delantero centro. Ahora se ha hecho como monja de ella misma y enseña virtud con la misma naturalidad y satisfacción con la que antes enseñaba barreduras de esta tierra. O, simplemente, es que hay que comer, y con la dignidad cobra casi lo mismo que con la ordinariez. Por lo que nos toca, la preferimos así. Que le dure mucho la dignidad, tanto como para no verla más en Canal Sur.


Amable obscenidad. Entre las cocinillas y la podología, Mira la vida quiere ser amable como la sonrisa de Mariló Maldonado, pero cuando lo tétrico se anuncia como una aromaterapia, es aún más obsceno. Así presentaban un increíble reportaje folletín sobre una mujer con cáncer de mama a la que, además, le diagnostican otro de pulmón: “En el capítulo de hoy, veremos cómo se enfrenta la familia a esta información”. Y después, harán buñuelos sin perder la sonrisa.

15 de enero de 2010

Los días persiguiéndose: Capitán de madera (14/01/2010)

Europa se busca entre las nieves de las guerras y las barbas de los filósofos desde que una pequeña aldea del Lacio la compuso sumando Derecho y generales a Grecia. Roma no terminó ardiendo como el Valhalla, es falso ese mito de unos greñudos nibelungos arrasándola desde las cavernas. Esos bárbaros, ya romanizados y con toga, respetaban el nombre y la magia del Imperio y no querían ser hunos, sino nuevos césares y ciudadanos. Las dinastías godas, con padres e hijos matándose, trocearon luego el Imperio en haciendas que ahora llamamos naciones, pero Roma quedó ahí tan presente e invencible que todavía queremos volver a ser ella. La Unión Europea es este deseo, pero peleándose y equivocándose como los godos. En Bruselas se siguen reuniendo bárbaros de cada familia de la Historia, aunque con modales de embajada. Cada nación pone su linaje, sus runas y su patada en un constructo que carece de unidad, de intención, de instituciones verdaderamente políticas, representativas y fuertes: un Parlamento que no legisla, una Comisión compuesta por comensales, un Consejo como una reunión de tribus vigilándose, una Presidencia llevada a medias entre un burócrata con demasiados dueños y un país aguardando turno para los desfiles... La Unión Europea es un caos. Han puesto los palacios, las orquestas y los retablos antes que la idea. Europa intenta hacerse poco a poco desde el tejado y así es normal que todo se vaya cayendo. Quizá no hay otra forma, no sé. Pero, al menos, que no se nos vistan ahora de armiño y de Carlomagno los que han llegado, cuando la ruleta giró, a poco más que tocar la trompeta en este baile de cancillería.

Zapatero, presidente de turno, “capitán de madera, capitán sin bandera” como decía la canción, calienta un sillón de paja en esta Europa de oficiantes, mecanógrafos y solarios. No hay realmente nada que presidir en esta estructura diluida por la “codecisión”, el prorrateo, el equilibrismo y la burocracia, sino sólo ejercer de anfitrión para los empujones más o menos civilizados de los países. Pero si Zapatero ha llegado a presidir el viento, la conjunción de los planetas, las civilizaciones con todos sus gorros, la oceanografía de lo verde y la economía de los agujeros, esta Unión Europea, hecha de espejos, debe de parecerle lo más sólido que ha tenido entre las manos últimamente. Alemania le tira de las alas con el asunto del seco dinero, la prensa internacional lo retrata junto a peluches con ojos de botón como Mr. Bean, pero este Zapatero enamorado siempre de las sirenas que no hay ha cogido las espadas carolingias y las estrellas en el pelo de Europa y nos hará su parodia de estadista desparramado hasta los Urales. Y algo de esta gracia, algo de esta majestad, le tocará a Andalucía. De momento, Sevilla aportará desde hoy chorros mozárabes a una reunión de ministros de Energía y Medio Ambiente. Y ayer, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega habló con Griñán en la Casa Rosa para traerle embajadas del nuevo liderazgo europeo. Ya están haciendo de extranjeros ellos mismos, multiplicados, desdoblados o redundantes. Seguro que Griñán, otro capitán de madera, también se sentirá internacionalizado por estos efluvios europeístas que vienen de una paisana. Europa no se construirá ni más ni menos con Zapatero, que sólo puede aportar suspiros y mala sombra. Los andaluces tampoco nos haremos cosmopolitas ni imperiales ni lujosos porque nos roce un pico prestado del azul bruselense. Conoceremos bien aquí a estos capitanes de madera...

Apagón informativo en Canal Sur (14/01/2010)

El día en que Chaves perdía por segunda vez la demanda contra los periodistas de El MUNDO, Canal Sur se olvidó de mirar. Nada pasaba en Andalucía, salvo nevadas, lluvias en los pozos, ruido de todo lo talado desde lo alto, escombros y raíces, cataratas en los pueblos y perros ladrando a los paraguas que tapaban espesamente el notición. Los troncos se descuajaban ante los reporteros y las mesas camillas ardían por un pico, pero el definitivo varapalo judicial al ex presidente de la Junta y ahora Vicepresidente tercero del Gobierno parecía haber sido barrido por las riadas. En el informativo de la tarde del martes, sólo soplaba el viento y se perdían los aviones. La sentencia no mereció un segundo entre noticias que hablaban de chabolas que ardieron en Leganés, el menudeo de las rebajas y falsos niños montados en globo. La tarde repitió lo mismo con cansancio y, en Canal Sur 2, a la hora de los canallas, La noche al día, ese informativo al que le ponen música de peli porno, la noticia estrella era una especie de matrimonio de osos polares que hacían las salinas con las nevadas. Exposiciones de fotografía y españoles en el París-Dakar terminaban de amasar el sueño de los presentadores, que parecían desear sólo irse a la cama sin molestar a los jefes.

Tampoco fue considerado el asunto digno de mención en El Meridiano, la tertulia de la mañana, que trajo un increíble monográfico dedicado a la “aeronáutica”, como tuvo que reconocer su directora Mabel Mata: reforma aeroportuaria, fiasco del Airbus 400M, damnificados de Air Comet y aquel intento de derribar con un misil el avión de Aznar. La vibrante actualidad volaba a otras alturas y como entre papelotes de ingeniero. Igualmente fue ignorada la sentencia en Canal Sur Radio, donde Tom Martín Benítez tenía de vigía a Javier Pérez Royo. Por su parte, el informativo matinal Buenos días Andalucía, aun teniendo una hora para llenar, siguió paseándonos por todos los fangales de cada provincia y prefirió contarnos la vuelta del cómic femenino setentero “Esther y su mundo”, las subvenciones para cambiar de horno y la huida de un hipopótamo del zoo de Montenegro antes que el batacazo judicial de Chaves.

Todos los partidos, incluido el PSOE, ya habían hecho sus declaraciones al respecto, pero los informativos de Canal Sur continuaron ayer evitando el tema y consiguieron que Valderas y el mismo Arenas parecieran despreciarlo, al limitar sus declaraciones del día a las indemnizaciones por el temporal o a un pacto por la educación, quedando tan benignos o cómplices como Pérez Royo. Ayudó al silencio el terremoto de Haití, que inició las noticias encogiendo el alma para dejar todo lo demás en frivolidad. Las catástrofes se amontonaban con las catástrofes en Puerto Príncipe o en el Guadalete, la gente se moría en su estufa, De la Vega venía a ver a Griñán para cantarle madrigales europeístas, se preparaba Fitur 2010, se restauraban castillos, cantaban los flamencos y nos presentaban el último videoclip de Tokio Hotel. La única mención al incómodo asunto apareció en la página web de los informativos de Canal Sur, en las noticias locales (!) de Sevilla, un parrafito que el miércoles ya no estaba. Apagón en toda regla. Pero cómo gritaba y enfangaba ese silencio...

11 de enero de 2010

Somos Zapping: La crisis es bella (10/01/2010)

Con una presentación de bebés sonriendo, cumpleaños de monja, besos a viejitas, chiquillos jugando por las calles, chicas abrazadas a caballos... ¿de qué podría ir el programa? Pues de la crisis, claro, aunque a la manera de 75 minutos, que sólo acierto a definir diciendo que era como si en Toñi Moreno y su equipo se hubiera materializado el espíritu de Roberto Benigni pero corrompido por Zarrías. Su intención era contarnos, como en aquella película, que la vida es bella a pesar de (o gracias a) la crisis. Ya el comienzo fue como una Anunciación. Los reporteros iban materializándose desde la lejanía, donde ponían posturitas como de ángeles de Charlie, para cantarnos las nuevas bienaventuranzas. “Raro es el día en que no oímos hablar de la crisis: paro, pobreza... ¿Pero esto, es un callejón sin salida, o la crisis también ha traído cosas buenas”, se preguntaba Toñi Moreno. “La crisis nos empuja a ser más creativos, menos consumistas y más solidarios”, decía bobamente otra. “En estos 75 minutos –prometían- vamos a comprobar cómo la crisis es capaz de sacar lo mejor de nosotros mismos”.

Sí, comprobémoslo. Paseemos, asombrados, por las bendiciones que nos ha traído la crisis. Si la crisis le ha empujado a marcharse de su ciudad y de su trabajo para recalar en una zona rural, mejor que mejor: “Tienen menos dinero, pero son más felices”, dice el reportero. “Ahora tienen más tiempo para compartir con sus hijos”, sobreimpresionan. Y los chiquillos pueden ir solos por la calle. Si una estudiante tiene que dejar su piso alquilado para vivir cuidando a una anciana, estaremos ante el caso de “dos mujeres con edades totalmente distintas que comparten su vida gracias a la crisis”. Si tiene que servir sopas en un comedor social, se dará cuenta de que “lo que más llena es el contacto humano con los más necesitados”. Si con la crisis ha pasado de ser un albañil que ganaba 3600 euros a ser un ermitaño hortelano allí donde el programa nos anuncia que “hay mucha más tranquilidad y calidad de vida”, la alegría o la locura le harán decir: “Ahora gano menos, pago menos estupideces y vivo mucho más feliz”. El reportero apostillará que “los problemas económicos y la crisis te han hecho ser más feliz”, y el ermitaño lo confirmará con sonrisa mellada y crudívora: “Me han hecho encontrar mi sitio”. Y aún se regocijarán más: “¿Sonreías tanto cuando estabas en la obra?”. Si le gustan los caballos, la crisis también le permitirá cuidar jamelgos esqueléticos abandonados y llorar como una madre por ellos. Y si le va más la ostentación de llevar yogures a una familia y luego cantarles y tocarles palmas ante las cámaras, entonces disfrutará como Las Carlotas, tan solidarias como discretas. “La crisis es cambio –concluía Toñi Moreno- (...) Dicen los expertos que nadie vuelve a ser el mismo después de una crisis (?). Sentir las manos que nos levantan cuando caemos nos obliga a ser agradecidos y nos vuelve más fuertes, porque la fortaleza es descubrir que no estamos solos”. Qué desvergüenza. Me recordó a aquello de Los Simpsons, cuando el señor Burns alaba la contaminación radiactiva como motor de la evolución.

Impresionante cinismo con cara de pan. ¿No es para dar gracias a los ambiciosos que desfondaron los bancos y a los gobernantes cuya desidia hizo posible que nuestra pobreza atávica se agigantara para dar esta catástrofe de angustia y sufrimiento? Sí, gracias. Sin ellos no podríamos ser creativos y solidarios, sin ellos seguiríamos siendo solamente ciegos y calentitos consumistas, viviríamos cómoda e infelizmente entre burgueses empleos, facturas pagadas y eso despreciable e innecesario que llaman dinero; no tendríamos oportunidad de aprender del hambre y del frío, de las tripas vacías, el techo volado y las nanas de las cebollas. Seguro que a los de 75 minutos les encantarían ciertas zonas de África donde el consumismo ha sido afortunadamente barrido por una sed de moscas y gachas tan pura, sincera, tierna y bellamente humanizadora que los arrobaría. Allí sí que tienen suerte por poder sacar lo mejor del ser humano sin esperar al regalo de una crisis. Me imagino a Toñi Moreno presentando el reportaje: “¿Todo en la hambruna africana es malo, o trae cosas buenas: solidaridad, empatía, fortaleza, aprecio de lo verdaderamente importante?”. Y donde pone “hambruna africana”, pongan cáncer, esclavitud infantil o campo de concentración, y dense cuenta de la cruel obscenidad. ¿Acaso esto le repugna como a mí, acaso le resulta incomprensible y odioso concluir algo bueno y bello de tanto dolor? Entonces es que usted, como yo, es un materialista sin corazón, un malvado pesimista, y, sobre todo, no trabajará nunca en Canal Sur haciendo reportajes que conviertan el fracaso de los gobernantes y la triste miseria del pueblo en indecentes estampitas amables y festivas.

Los días persiguiéndose: Zeitgeist (6/01/2010)

La noche de Reyes, que tiene barbas de dulce, unos amigos nos regalaron peonzas, tirachinas, trompos, boliches, cromos, elásticos de saltar, todo oliendo como a tiza o a delantal de madre. De la madera viva, de la arena en las manos, de ese peso en los bolsillos que teníamos de niños, cuando jugábamos con lo mismo que los gatos, ya no queda nada. Pero durante un rato, volvimos a ir un poco tras los nidos, los chorros de agua, las niñas de las monjas, lo que rodaba por las cuestas y los tejados, que quizá la infancia es eso, correr tras todo lo que rueda, vuela o gira. No soy de esos sentimentales a los que ataca una añoranza del quinqué o el tintero, esa nostalgia como ferroviaria a la que le da calambre todo lo moderno. Siempre me gustaron los últimos cacharros tecnológicos y ya voy coleccionando tantos accesorios para la Wii como ajedreces en los cajones. Quizá por eso, en esta noche de Reyes, con las manos por el suelo o entre cintas igual que los chiquillos, me di cuenta de cómo cambiaba el mundo siempre un poco por delante de nosotros, de nuestros juguetes, armarios, convenciones, artefactos, morales e incluso dioses.

El Zeitgeist, el “espíritu de la época”, es eso que va cambiando la moralidad, el arte, el gusto, los vestidos, no sabemos empujado por qué. Si ahora nos naciera un Julio César o un Alejandro, ¿no lo llamaríamos tirano genocida? En su Zeitgeist, sin embargo, eran héroes y gigantes de la Historia dispuestos para los mosaicos. A gente liberal en su época, como Lincoln, no podríamos ahora sino tacharlos de misóginos y racistas (“no estoy ni he estado nunca a favor de la igualdad social y política de blancos y negros”, llegó a decir). Un Zeitgeist a veces dura siglos, imperios, y otras veces se va en una década. En este sentido, nuestro Zeitgeist ha cambiado tan rápido como yo he sustituido la pequeña China de mis gusanos de seda por mi consola. Basta ver cómo han evolucionado en 20 ó 30 años nuestras convenciones sobre la mujer, las otras razas, los gays y lesbianas, el medio ambiente, la sexualidad o sensualidad... Ni siquiera vemos el hecho de fumar igual que hace poco. El mundo va más rápido que nuestra edad, nuestros trenecitos y nuestros prejuicios. Habría que retocar la teoría de las generaciones de Ortega porque nos volvemos viejos, protestones o extraños demasiado pronto. Y este vértigo, que define nuestro tiempo, causa aún muchos conflictos. Quiero pensar que estos cambios son para bien, aunque la idea de progreso continuo es un romanticismo muy dudoso y frágil. Hay picos y valles (bien nos lo enseñó el aciago siglo XX), y habrá que dejar que la dialéctica de la Historia los amortigüe para verlos en la escala adecuada. Mientras, el cambio y la reacción al cambio nos atropellan, nos descolocan y nos afligen. Creo que la violencia machista contra la mujer, por ejemplo, aún está en medio de este oleaje, y el caso del juez Serrano lo demuestra. A veces una aspiración justa produce injusticias, a veces esas injusticias se usan para negar la justa aspiración, a veces hay gente equivocada en los dos lados por la velocidad de todo lo que nos pasa. Aquel Zeitgeist que duraba toda una dinastía o toda una Biblia ya no es posible. Nuestro Zeitgeist es el cambio y su zozobra. Esperemos que, aun entre bandazos, sepamos mantener un rumbo hacia el bien y la libertad. Que el tiempo, como yo con mis juguetes, acomode en paz su madera con su metal.

Los días persiguiéndose: Moros y cristianos (4/01/2010)

La Historia debería dejarnos enseñanzas, pero parece que sólo deja herederos. Se reclaman, reviven y sentimentalizan las herencias de un pastor, de un árbol, de un rey, de una piedra, de un buque, de un libro, de un tumulto, de una matanza, que existieron hace mucho o ni siquiera existieron, y con eso se forjan orondas identidades, patrias y verbenas. Hay quien vive todavía con los godos, los nazaríes, los Austrias o los bolcheviques, sin haber ya ni godos ni nazaríes ni Austrias ni bolcheviques; hay quien vuelve a montar en galeón, a tener un Imperio, a rendir un castillo o a hacer una revolución, sin que nada de eso sea ya posible. Una orfandad de glorias y de homogeneidad parece calar en ciertas personas que no se preocupan de “ser-ahora”, “poder ser” o “llegar a ser” por ellas mismas, sino sobre todo de “ser-entonces”, “haber sido”, o “continuar siendo”, siempre junto a otros huérfanos que lo son menos al formar clan, nación, etnia, religión o cualquier otro grupo escogido por sentimiento, arbitrariedad, cercanía, afinidad o interés. Lo malo de la Historia así mirada es que proporciona esencia y justificación para cualquier cosa, una patria, una guerra, una secta, un enemigo. Escojan su fundador, su pendón, su “herencia”, y lo demás (cultura, identidad, pensamiento, fechas, compañeros y adversarios) vendrá sin que uno tenga que hacer nada. Podremos hacer nuestra cualquier hazaña o canallada ajena, pasada, existente o inventada. Es tremendamente cómodo, empobrecedor y triste.

En Granada, donde uno sólo ha visto en realidad esa religión del cielo en sus espejos, siguen afanes de moros y cristianos, pero lo más curioso es que sin moros y sin cristianos. Al menos, sin aquellos moros y aquellos cristianos. Esto es fundamental. Se habla de la “herencia cristiana” sin más, contando y juntando igual a las primeras comunidades, a la revolución de Saulo, a lo que luego vino con Constantino y Nicea, a Santo Tomás, a la oscuridad medieval, a los guerreros de la Reconquista más del hambre y la tierra que de la cruz, al Santo Oficio, a la Reforma y la Contrarreforma, al Concilio Vaticano II y al ecumenismo, como si fuera la misma cosa, como si el cristianismo no hubiera sido moldeado por otras fuerzas paralelas de la Historia y el pensamiento. Y cuando hablamos de moros o musulmanes, ¿son los almohades, los Omeyas de Damasco o de Córdoba, los nazaríes de Granada, los algebristas, los chiíes, los suníes, los wahabistas, los ayatolás, los manteros, los ahogados de las pateras, los terroristas de Al Qaeda? Así pues, ¿quiénes se enfrentan ahora en Granada y por qué herencias o revanchas?¿Se celebra un año, lo que ya era antes de ese año, lo que vino después, lo presente o lo futuro? ¿Se equivocan en Granada los fachas de Enciclopedia Álvarez, la izquierda andalusí de tetería, los católicos tibios o reivindicantes, los simples festeros? Yo diría que todos. Seguimos echando a pelear a la Historia, buscando al enemigo ya enterrado y al hermano de armas muerto en otro siglo. Y mientras, el verdadero adversario, el fanatismo, la injusticia, la falta de libertad, está ahí muy disperso y escondido, sin uniformes emplumados ni pabellones que lo distingan. Cruces y alfanjes, marinas de la Historia, batallas que se quieren ganar o equilibrar a destiempo, orgullo de los que no han hecho nada. Eso trae fiesta y tradición. Pero nadie celebra la única herencia (inacabada) de la Historia que merece la pena: la civilización en contraposición a la barbarie. Quizá es que no es tan fácil encontrar ese bando.

Somos Zapping: La felicidad y la Revolución Francesa (3/01/2010)

Teletienda presidencial. Le quitaron ese sillón como de coronel, lo sacaron de ese salón de fumar de los presidentes con caobas, lozas y retratos borbónicos, y lo dejaron de pie en su primer mensaje de Fin de Año, caminando entre travelings y dioramas del logotipo de la Junta. Griñán parecía que iba a presentar el tiempo, que se había convertido en telepredicador o que nos iba a vender máquinas de abdominales. ¿Quién dice que Griñán no representa un cambio respecto a Chaves? Chaves tenía estética de padrecito y Griñán (eso debe de ser la modernidad) ha optado por una estética de teletienda. El discurso, eso sí, era el de siempre. Recuerdos como de enfermera para los menesterosos y sufrientes, esperanza y suspiros contra la crisis que, eso sí, nos invadió desde fuera, y catálogo de esfuerzos de su Gobierno que, como cada año, nos dejan donde estábamos, esperando la salvación que nunca traen. Concertación social, educación, economía sostenible; sueños de chimenea, horizontes con violines, hojaldres navideños. Yo me quedé esperando que Griñán sacara por fin el robot de cocina o el alargador de pene.


Filosofía de las campanadas. Campanadas en Canal Sur, San Fernando atacado por matasuegras. ¿Sonarían de nuevo rasgueos de guitarra, o nos traerían esta vez olés o arsas? Ésta era la sorpresa que yo esperaba, pero no lecciones magistrales de historia o de claqué. Claqué era lo que bailaba Enrique Romero durante toda la retransmisión del evento, algo normal pues este hombre que se diría que convierte en orujo el ser andaluz tenía que moverse al ritmo de la borrachera del cielo que trae esa noche, entre la conga y el resbalón. Creo que las campanadas sonaron más rápidas no por el mecanismo del reloj, sino por la aceleración del presentador: se contagiaron de sus espasmos. Pero lo que desde luego mereció todos los fuegos artificiales del momento fue el tino de los comentarios de Ana Cristina Ramírez, que pasaba de presentar el tiempo a enguantarse el nuevo año. “Ya me voy a poner un poco filósofa”, dijo al dar paso a Enrique Romero para que, épico y doceañista, recordara las Cortes de Cádiz. ¿Qué entenderá ella por filosofía? Pues más o menos lo mismo que por historia, porque aseguró que “aquí, España consiguió la independencia de la Revolución Francesa” (!?). Aquello parecía una entrevista a una miss, más cuando Enrique Romero declaró que “es muy importante la ilusión, la solidaridad, ayudar al más necesitado pero siempre con ilusión”. Era tanta la ilusión de los presentadores que cualquiera la hubiera confundido con opiáceos: “¡Ay, Dios mío, qué felicidad!”, exclamaba Ana Cristina Ramírez. Cómo no ser felices cuando el 2010 va a ser un año “en que la crisis la vamos a olvidar seguro”, afirmaba ella, y además “somos también los que vamos a llevar el timón de Europa”, decía él taconeando por la presidencia española de la UE. También la presentadora le dedicó un comentario a este asunto, maravillosamente acompañado por los cohetes: “Es algo muy importante porque en estos seis meses el Gobierno español va a tener que organizar todo lo... ¡madre mía, qué traca!”. Sí, menuda traca la del Gobierno y la suya. Que alguien me diga la marca del champán que bebieron. ¿O será Canal Sur el que produce por sí mismo estos ridículos colocones?


Análisis. También el PSOE andaluz se despidió del año en las noticias de Canal Sur entre flipes y zambombas. La mezcla de licor, escarcha y burbujas que dejó Chaves en su análisis de este aciago año, tras la reunión de la Ejecutiva regional, lo hacen candidato a dar las próximas campanadas: “Andalucía ha sabido mantener la cohesión social, ha sabido mantener la protección social, y lógicamente ha mantenido las políticas sociales”. Como para no acompañarlo de cohetes. A Chaves se le olvidó mencionar el logro de seguir independientes de la Revolución Francesa y terminar con lo de “¡ay, Dios mío, qué felicidad!”.


Sensaciones andaluzas. Y otra vez, la copla. Esas fieras raciales agarradas a los colgajos de la noche más hortera del calendario, saludando al año reventonamente, regurgitando las sobras de la Andalucía de patio. Enrique Romero había descrito la cosa como “nuestro sentimiento y nuestra expresión (...) para recibir un 2010 cargado de sensaciones andaluzas”. A mí, esas “sensaciones andaluzas” me parecían un pisoteo de jacas sobre los restos de dignidad y esperanza de nuestra tierra.

31 de diciembre de 2009

Los días persiguiéndose: Días iguales (31/12/2009)

Me acuerdo de Neruda ahora que va a acabar este año mordido de ratones. “El mejor de los malos poetas”, según dicen que dijo Juan Ramón Jiménez. Quizá Neruda no es ni malo ni bueno, simplemente es un poeta que tiene su época en la vida, como Schubert o Monet, artistas también de paso y de juventud. Yo tuve con Neruda alergias y novietas y por eso le guardo cariño. El nombre de esta columna lo tomé de él: “Andan días iguales persiguiéndose”. Me pareció muy apropiado para escribir sobre una Andalucía que se copia eternamente como un monje. Creo que el estatismo es algo que me preocupa o me inspira, porque mi columna en Diario de Cádiz también tenía título de mirar algo parado: “Las horas tendidas”, verso robado esta vez a Jorge Guillén: “Horas tendidas como playas”.

Nuestros relojes se dan la vuelta a la vez que los astros; los círculos de la tierra y del cielo, haciendo hilos de música, están unidos y lo sabemos desde la Tabla Esmeralda, pasando por Pitágoras y, sobre todo, tras Newton. Tendemos a concebir el tiempo linealmente (del nacimiento a la muerte, claro), incluso antes de que la física nos descubriera lo de la flecha cosmológica o termodinámica, pero a la vez la regularidad del universo nos lleva a parcelarlo cíclicamente. Hay algo que nos impulsa a buscar nuevos comienzos, a regresar “cual línea al centro”, como cantaba Otón en L'incoronazione di Poppea de Monteverdi. Es la hermosa paradoja de un ser finito y rectilíneo como el hombre, arrojado a una Naturaleza sin embargo circular, que gira y se repite en sucesivas muertes y renacimientos. Nacemos y morimos y no hay en eso vuelta a nada, pero en los calendarios, en los sueños y en la historia, en lo pequeño y en lo grande, inventamos cosas como el eterno retorno nietzscheano, las reencarnaciones de esas almas como sin vestido, el año de Brahma o la falsa puesta a cero que escenificaremos esta noche. Es una manera de espantar nuestra mortalidad, esto que celebraremos hoy con los zapatos mojados en champán.

Andan días iguales persiguiéndose, lo nuevo sólo se finge y se disfraza esta noche. Si hay un lugar en el que los círculos han ganado a las flechas, en el que la ilusión de eternidad ha combado el tiempo, es Andalucía. Todo se repite porque es idéntico, y sin cambio no hay tiempo. Sí, medimos el tiempo con el cambio, con el movimiento, con el aumento de la entropía dirían los físicos. Pero aquí no se mueve nada. Sigue el mismo partido con el mismo mantra, sigue la misma pobreza con el mismo sol. Todo lo que se promete ya se prometió, todo lo que se quedó por hacer sigue sin hacer; todos los horizontes, adornos, fracasos, excusas, salvaciones, malvados, esperanzas, heridas, maravillas, lágrimas y migajas de ahora son los de siempre. El tiempo tiene en Andalucía su estanque. La arena atascó nuestros ojos, nuestros miembros y nuestras clepsidras. Todo está parado como una hélice fuera del agua. Andalucía es su museo por la noche. Culpemos a los políticos o a nosotros que tiramos los relojes y nos acunamos en la eternidad. Ahora un año se va y sacan otro de las cajas de polvorones. No esperen que nada nuevo venga de las copas, del muérdago, de los valses, de las flores machacadas y las guindas en la boca de hoy; de los ceniceros del año que murió o de los labios rojos del que llega. “Andan días iguales persiguiéndose / Se desciñe la niebla en danzantes figuras”. Feliz 2010, redondo, repetido, amargo y colgante. La luna se raja a medianoche como las campanas.

Somos Zapping: Mil campanilleros y un crimen (27/12/2009)

Relente o moñas. Todos los villancicos de casete de caja de ahorros, todas las candeladas de cacharreros de carromato, toda esa religión granjera y cantante de los descampados, los potes y las mulillas iban empujándose de la tarde a la noche hasta aparecer de nuevo por el otro horizonte. La Nochebuena de Canal Sur parecía una fila interminable de arrieros que daba la vuelta al mundo. En otros lugares la Navidad viene con crooners, con trineo, con charol, pero a mí me sigue desconcertando que la Nochebuena andaluza tenga que venir al raso y con fogatas. Se diría que nos corresponde un mundo sin estufas y sin techos, una tierra indígena, un alma ambulante. ¿Por qué Andalucía es o se sueña todavía un campamento? La tarde de Nochebuena, Canal Sur había preparado un popurrí de toda su historia de villancicos al relente, abundante de patios con pavesas o de establos mal cerrados donde el niño Jesús parecía cocinado por un hambre y un frío atávicos. La otra opción, casi peor, los rodeaba de moñas en unos escenarios más saludables pero también más dolorosos estéticamente. Sólo se me ocurre describirlos diciendo que eran como si el decorador de la casa de Santa Claus, borracho de anís, hubiera montado una versión navideña de Las Vegas dentro de un salón versallesco. Dolían las luces y los colores como chinchetas en los ojos, y los pianos parecían cadillacs envueltos en su plástico. Con relente o con moñas, pues, una musiquilla de quinqué y abrevadero, flamencoide, cansina, polvoronera, amontonaba los almanaques de varias décadas de zambombadas canalsureñas. De vez en cuando prestaba atención a las letras, absurdas como las de las canciones de saltar a la comba, y tuve que concluir que no celebraban ni cristianismo ni paganismo, sino una alegría racial y latera que se bastaba a sí misma. Creo que todas las fiestas son aquí una sola, la de saludarnos y reconocernos como comanches en nuestras danzas, taparrabos y aullidos. El mes o el dulce que toquen son sólo la excusa.


Teatrillo. Mil veces habían sonado ya Los campanilleros, o así lo parecía, antes de que empezara la Nochebuena andaluza etiquetada como tal por Canal Sur. Indistinguible, en realidad, de lo anterior. Será la crisis, pero la mayoría de las actuaciones seguían saliendo de las latas más oxidadas y de los más oscuros pocijones del archivo de La Nuestra: una María del Monte que volvía a ser colegiala, un José Mercé como una vieja actuación de El Puma... Sólo los chavales de Se llama copla (tan baratos), y poco más, eran de esta añada, aunque igual de rancios. La única diferencia con la tarde panderetera fue el habitual teatrillo entremetido, otra vez esa jaula de monos, esa majadería manoteante, con el Linterna, Chiquito de la Calzada, Eduardo Bandera y algún chistoso de aquel frenopático de María del Monte salpicándose y rodando por el suelo. Era más que malo, más que ridículo: era criminal. Y eso que Eloy Botello había contado esta vez con la ayuda de un tal José Francisco Ortuño para el guión. Lo de estos guionistas es un misterio: imposible tener menos talento, menos gracia, menos imaginación. Es como si hubieran llegado a la televisión pública directamente tras ser abucheados en una función de guardería. Pero creo que si están ahí es porque dan la medida de lo que esperan del público, de lo que Canal Sur ha hecho calar en la audiencia: la riente estupidez satisfecha en lo vulgar y lo torpe. Esto, en Canal Sur, es lo que tiene asignado más personal. Este crimen es el que se lleva más ganas y presupuesto.


Eternidad. La Nochebuena, pues, ardió en Canal Sur como una herrería cíngara y hortera. Pero, sobre todo, me dí cuenta de que habían superado el refrito, la simple repetición, para alcanzar una pura eternidad teológica, esa simultaneidad del pasado, el presente y el futuro en una pella total y como parmenidiana. ¿Era la misma Nochebuena del año anterior, de hace cinco, diez años; era la de 2010 o la de 2020? No, era todas ellas, fuera ya de cualquier sucesividad temporal. Andalucía no tiene tiempo, eso es lo que quieren decirnos: todo lo que ocurre ya ocurrió exactamente igual y volverá a ocurrir, sin remedio. Vi, más allá de las cencerradas folclóricas del día, la verdadera condena de esta tierra: alguien le hizo ya la escultura definitiva a Andalucía y sólo queda contemplarla en continuo éxtasis. Nos enfrentamos más que al mal gusto o a la pobreza estética, nos enfrentamos a esa visión detenida, circular, invaginada, de lo eterno, de lo inmutable. Da igual que lo hagan con la Navidad o con la política. Nos han parado de una manera rotunda y metafísica.

24 de diciembre de 2009

Los días persiguiéndose: Feliz Navidad (24/12/2009)

Feliz Navidad, feliz Jánuca, feliz Solsticio de Invierno. Hay naranjas en el cielo, qué más quieren. El martes el dinero tuvo un día de piñata, pero los parados, los arruinados y los tiesos sólo tienen barrigas de algodón, como Santa Claus. El CIS nos pone el frío de la crisis y la desesperanza en el primer lugar de nuestras preocupaciones, y justo detrás aparecen ya los políticos mismos, igual los de los trajes sicilianos que los de las mariscadas andaluzas. Pero brinden con el vino y con las narices, que han nacido Jesús, Mitra, Osiris, las luminarias renovadas, el Dios Sol en todo caso. Es difícil escribir el artículo anual de la Navidad cuando sólo vemos que los ladrones entran en el portalito a roer calzones, que la política nos trae carbón, que la luz viste de entierro la economía. Prefiero ponerme pagano, pues todo ahora es pagano aunque los Jesusitos cuelguen de los balcones como electricistas. Leo cartas al director sobre el “verdadero” sentido de la Navidad, paja y desnudez; o defendiendo los crucifijos en las escuelas, gloria como de antiguos mascarones de proa. No sé si en esta época nacen, se encalan o se ahorcan los dioses, pero sí sé que si hubiera dioses tendríamos que concluir que no se preocupan por nosotros ni en sus cumpleaños, igual que nuestros gobernantes. No sé si el despilfarro es poco cristiano, aunque sí sé que si adornamos los árboles de fruta falsa, si hacemos regalos y comemos dulce, es por invocar la abundancia de la naturaleza que a partir de ahora remontará en el horizonte con el sol haciéndose un capacho. ¿Crecerá la economía como las cosechas? La naturaleza sigue sus ciclos y nosotros seguimos con agujeros en los bolsillos y en los paraísos, enfrentando partidos, naciones, contabilidades, sectas, credos y palitroques, cuando todo lo que hay en realidad es luz cuajada, semillas mojando la tierra, astros en su sarcófago, poco que repartir y poco por lo que pelearse.
Es época de que las religiones y las ideologías reclamen sus dominios, sus aniversarios, que llamen a sus fundadores como a serenos, que busquen el purismo del santo, del pobre, del emprendedor, del profeta, del mercader, del virgen, de la cruz, de la moneda. Esos ángeles de bautizo que trae diciembre compiten con los augures de los partidos. Hay tantos anunciadores de salvaciones como de plagas. Ahora unos hacen nacer a un niño que matarán en abril entre rejas y trompetas y otros hacen nacer presupuestos que llegan muertos entre espinas. Renacerá la economía o revivirán los pescadores de hombres, o todo eso será mentira como siempre. Dios y la política acostados en paños, signos en el cielo arañando a los cometas, peces que cantan con copa y lira y mueren asfixiados, cataratas en los molinos y en los bancos, calcetines desparejados traídos por pastores y ministros; besos en la nieve, en las llagas y en los cofres. Feliz Navidad, feliz Jánuca, feliz Solsticio de Invierno. Los dioses, los ídolos y las estrellas juegan con su plata igual que los políticos. Hay una catedral de luciérnagas sonando sus campanas cuando el frío hace su pobre confitería en nuestras manos y en los parlamentos. El sol se pone coronas mientras en las esquinas aparecen osos blancos comiéndose a violinistas y a recién nacidos. Tiemblan con música las vidrieras del cielo y los descalzos cubren la tierra adorando a sus reyes. Un dios sordo y ciego se peina y se viste de fiesta en las montañas, y la esperanza sólo cae en flecos sobre árboles de plástico. Feliz Navidad, o lo que sea.

21 de diciembre de 2009

Somos Zapping: Tontos y borrachos (20/12/2009)

Bombillitas. Es como Roberto Sánchez Benítez pero a menos revoluciones, lo que le da un aire más curil. Si el de Tecnópolis parece cafeinizado de su propaganda, a Pedro Martos, de El club de las ideas, la suya le hace lento y flotante, como emporrado por los vapores curriculares que invoca su sacerdocio logsiano. También el suyo es un programa de pura propaganda, coproducido nada menos que por la Consejería de Educación. Con esa marca, pues, la vergonzosa tasa de fracaso escolar en Andalucía, los informes que nos dejan a alturas educativas africanas y esa juventud que tiene por santos patrones a Andy y Lucas, se transforman en Canal Sur 2 en la actividad de unas aulas como de mozarteum, llenas de cadetes de astronauta. No salen colegios con desconchones, sin calefacción y sin profesores; no salen alumnos que van a entrar en la universidad sin comprender un texto ni saber resolver una ecuación de segundo grado. Salen niños con sus ordenadores portátiles y pizarras electrónicas, dibujando con el dedo casitas con árbol, buscando memeces en Google, mientras unos profesores que se equivocan en la concordancia al construir las frases pero no olvidan nunca lo de “alumnos y alumnas” se vanaglorian de una tecnología decorativa que sólo sirve para electrificar la ignorancia, como si se maravillaran de una cafetera o de una persiana que se recoge con un botón. Escuchándolos me di cuenta de la terrible realidad. No es sólo que esa tecnología sea una anécdota, que todavía haya más grietas en los techos y faltas de ortografía en los cuadernos que pizarras voladoras. Es más grave: es la perversión de confundir los medios con los fines. Aun con ordenador, aun con encerados que zumban, sólo estaban dibujando jardines y buscando fotos de Fernando Alonso. Han hundido la educación pública (¡la supuesta izquierda, vean la traición!), pero ahora los analfabetos funcionales son inalámbricos. Eso sí, los chiquillos eligen el tema de sus trabajos “democráticamente” (ganó el deporte). Esto no es llegar a la estratosfera educativa, sino disimular con calambres el fracaso. Pedro Martos seguía levitando en el ozono de su inútil y aparatosa tecnología y yo echaba de menos una tiza, un maestro, un mapa como el de un almirante de marina entre trencas y paraguas. No hace falta más para una escuela de conocimiento y esfuerzo. Pero ellos creen que lo que se necesita es un ovni con bombillitas.


Felices. Ah, la felicidad... El sabio diría mejor “el equilibrio”, pero quién atiende a los sabios. ¿Qué es la felicidad y cuándo merece la pena? Son más felices los tontos y los borrachos, pero hay algo que nos hace intuir que ser tonto o estar siempre borracho no es lo mejor. Sin embargo, los políticos y sus adláteres entienden la felicidad de una manera menos compleja y más termométrica, y así lo anunciaba el informativo territorial de La 1: datos del Centro de Estudios Andaluces decían que esta tierra mide su felicidad con una puntuación de 8,2 sobre 10. La misma presentadora lo acompañaba con una satisfecha alegría pitufera, que es muy de ese noticiario (me di cuenta cuando una vez rotularon el nombre del Presidente de la Junta simplemente como Pepe Griñán, como si fuera el panadero de Barrio Sésamo). 8,2 en felicidad... ¿Se habían vuelto estoicos los andaluces leyendo a Marco Aurelio? ¿Había calado por fin el desapego budista en esta tierra pobre y necesitada? No, no es sabio desapego. Es conformismo, laxitud, resignación, eso que nos hace acríticos, eso de lo que viven nuestros gobernantes. Recuerden, los tontos y los borrachos...

Los días persiguiéndose: La postal (17/12/2009)

Incluso este año que termina otra vez en fin del mundo, crecen las espigas de azúcar y de luz. España se doraba de nieve y se encendían las cascadas de las ciudades cuando los políticos con zurrón o con panal se reunieron como frente al precipicio de sus zapatos, a mirarse entre las agujas de diciembre, a ver congelarse los lagos que hay entre ellos, a oír el bosque de sus silencios crecer, crujir y caer como un solo tronco o témpano. Conferencia de presidentes autonómicos, portalito de Belén que va de entierro, palacio que el frío dejó sin techo. A ver qué milagro de la Navidad esperaban, qué música en los cristales, qué estrella para coger por su rizos. Ni España se monta como una mesa de un día ni va a nacer un coro de entre los ahorcados, los confiteros y los lobos que cada partido puso en la escalinata. Era la cena de los mendigos, de los opulentos, de los ciegos, de los cabreados, de los enemigos, de los sumisos, sopa y hambre de cada esquina de este país, con porcelana de embajada y cuchillos por el poder. A ver qué esperaban, ¿que volviera Dickens, que hablara un ángel, que los riachuelos se hicieran de plata, que se convirtieran los bueyes y las mulas? PSOE y PP ya no ven ni el mismo cielo desde sus montañas. Las casitas con sombrero de unos son tumbas descuajadas para los otros, los amaneceres traen harapos o traen arpas, la nieve se come o la nieve te esculpe el esqueleto. Es la Navidad del creyente contra la Navidad del desnudo. No sé qué podrían acordar juntos, ahora, los que viven en los nimbos y los que viven en las aceras, los de un mundo y los del mismo mundo volcado. El caso es que, mientras, el frío duele, los estanques se rajan, el sol se desmadeja y hay quienes, encima, protestan porque no se les aplaude, se les consiente o se les acuna.

“Lealtad institucional”, pedía Zapatero, ayudante de Santa Claus. O sea, que se suban todos a su trineo de campanillas y le firmen la postal. Chaves cantaba ese mismo villancico, como Bing Crosby, y Griñán, por su parte, parecía que sólo iba a llevarle a alguien las zapatillas. Eso sí debe de ser lealtad institucional, lo de Griñán, que por alimentar la chimenea mojada de Zapatero ha malvendido Andalucía por solares y ha apostado nuestro futuro al cuento de la “economía sostenible”, consintiendo la mentira de que eso nos dará la vuelta por decreto y por electroshock, llevándonos sin más de la ruralidad, la desindustrialización, la incultura y el desempleo a capitanear altísimas tecnologías transparentes. ¿Qué iba a exigir para Andalucía en esta conferencia el dócil Griñán, palomita zureante, querubín miradizo, pastorcillo con pandereta? Pero pedir esa lealtad, toda una traición, a la oposición, es demasiado hasta para Navidad.

Ni el invierno puede traer ahora la política del abrazo. Hay demasiados ahogados, víctimas, escombros, espinas, cenizas. No sé qué esperaba el Gobierno de esta conferencia. Quizá el amor de los renos de esta fecha, borrachos de anís y sirope; quizá un encuentro de las hadas que ellos se imaginan con las frutas que le están siempre por nacer; quizá el dulce de leche que pide esta época traído por todas las autonomías como ofrenda. Ahora que el cielo es un copa rota en el suelo, que la luz achampana las ciudades y les pone pone narices de ardilla, las postales que se pueden tocar son las más falsas. Que no pidan que la política se rinda a la Navidad. El fracaso no se puede tapar con ponche y calcetines. Deberían saber que en Navidad también están más solos los solos, y eso es lo que se han ganado.

Somos Zapping: Poni sobre poni (13/12/2009)

Infancia. La cercanía de la Navidad parece que le pone a todo en televisión unos ruidosos patines. O será este catarro o gripe que sufro, que me ha metido como una pecera en la cabeza. El caso es que, si ciertos programas son ya molestos, ahora que se le añaden campanillas, caramelo, acémilas y panderos, no digamos. Uno de los programas a los que temo en esta época es Menuda noche, que ya es todo el año un belén viviente, una peli de cachorritos, una calceta para abuelos y una función de fin de trimestre para padres, con lo que llegan a diciembre con todo el merengue, la temática y el menaje de la Navidad agotados. Tienen pues, que echar mano de la hipérbole, de la sobreexposición o de la recursividad, y meter un ternurismo montado sobre otro como un poni encima de otro poni. Me di cuenta el otro día cuando me encontré a Juan y Medio y a sus chiquillos en una especie de telemaratón a beneficio de Unicef. No entro yo en lo justo y loable de la causa, aunque habría mucho que decir sobre la efectividad real de estas iniciativas y la afectación, intereses y lateralidades que suelen acompañar a estos alardes de aparente buenismo (la solidaridad con jactancia y anunciantes pierde mucho). No, yo me quedo en lo puramente televisivo, y a este respecto resulta triste comprobar que sólo un niño muriéndose por ahí puede ganar a otro contando chistes aquí. Tan triste como ver defender la causa de la infancia a un programa que explota a los niños, que los convierte en monitos, que los prepara para ser graciosos oficiales, pequeños buenos andaluces, tan amenos, castizos e inofensivos. ¿No se queja Unicef?


Hazmerreír. Me escribe un lector a propósito de Toros para todos, programa “risible” que él llama “toros para tontos”. “¿No vamos a tener detractores en la Fiesta si somos el hazmerreír de los propios taurinos?”, dice. Tengo con la tauromaquia sensaciones estéticas y éticas contradictorias, pero al menos uno le suponía cierta seriedad y gravedad a ese mundo, como si los toreros fueran todavía un poco samuráis. Alrededor de los mitos de la lucha y la muerte, de la fuerza y la sangre, del héroe en su precipicio y del dragón en su caverna, se puede hacer y decir mucho, pero nadie había sido capaz de convertir eso en Barrio Sésamo hasta que llegó Enrique Romero y su taurinismo de cropán. Él nos trae toritos de felpa, infantilismo agropecuario, musicales de molineras, maternidades de vacas, tauromaquia de playita, risitas de tobogán y una suma de ridiculeces, tontadas y medio borracheras que ya les van pareciendo insoportables hasta a los propios aficionados. Sus aventuras en el plató son como convidadas en una caseta de feria y sus reportajes de costumbrismo de dehesa rozan no ya la idiotez, sino la patología. Si recuerdan aquella historia de amor entre un toro y una yegua, el otro día nos ilustraron con las tiernas imágenes de un jabalí “adoptado” por una vaca brava. Ea, ya creo que forman la familia perfecta: el toro, la yegua, el jabalí y el propio Enrique Romero; una familia de circo o de manicomio en justa correspondencia con el programita. No me extraña que sientan vergüenza los taurinos. El toro y el toreo eran otra cosa en Andalucía. Gracias a Enrique Romero, ahora son tareas de payaso y fantasías de Disney. Él creo que peina a los toritos como a ponis.


Logo. Lo he visto en Tododeporte, pero se lo recomiendo a Canal Sur entero, sería más sincero y real: entrevistaban a un tirador de arco o algo así y el micrófono tenía directamente el logotipo de la Junta de Andalucía. Para qué cortarse.

Los días persiguiéndose: Puritanos (10/12/2009)

Hasta en la Biblia hay racimos de pechos y miel por el cuerpo. Y eso que la religión nunca ha sabido resolver del todo su tensión con la sensualidad ni con la estética, que ya Max Weber venía a decirnos que le hacían la competencia: nada más parecido al éxtasis místico que el placer sexual y la experiencia artística. Pero al menos, junto al pecado, la religión nos dejó la tentación, que es ponerle más azúcar a la cosa. Los nuevos puritanos no tienen siquiera un Cantar de los cantares, gacelas que bajan a beber a las caderas, reinas atadas con velos, patriarcas con concubinas (recuerden a la esposa de Abraham pidiéndole que se acostara con la sierva Agar). Claro que luego llegó Pablo a inventar el cristianismo castrante, igual que ha llegado ahora la progresía puritana, tapando los ombligos y vigilando el uso privadísimo de la carne de cada uno.

En una tienda de lencería de Martos posaba una chica bella como una espiga, pero uno de estos observatorios que tiene la Junta para la ortodoxia sexual decidió que no querían a Eva tomando el sol, como cantaba Sabina. Quién les habrá metido en la cabeza a esta gente que el cuerpo es objeto, cuando es mística y poesía, hasta el punto de rivalizar con la religión como decíamos. No, ellos sólo ven gusanos. El cuerpo no nos vacía de humanidad, de valor, de santidad; también somos cuerpo, no es un pellejo sucio para la mente o el alma, como para los ascetas. El cuerpo es lo que tenemos para sentir, para disfrutar, para doler y para ser humanos frente a los ángeles asexuados y los dioses con espada pero sin picha. Hay belleza y reivindicación de lo puramente humano al ser cuerpo, despertar deseo, inspirar estatuas. El cuerpo es el templo de la libertad, contradiciendo a los que nos aseguran que tiene que ser cárcel, llagas, saco o hasta un uniforme que debemos llevar con vergüenza y permisos. En el fondo son estos puritanos los que ven sólo mercancía en el cuerpo. Los demás vemos la sangre que nos habita, la piel que nos falta en otro, la tierra que nos llama a caer en ella.

Dice esta gente que la chica en el escaparate presenta “el cuerpo femenino como objeto, esto es, como valor añadido a los atributos de un determinado producto”. ¿La “mujer objeto”, el “hombre objeto”? No, el hombre y la mujer, los dos, sexo, deseo, belleza, carnalidad, sensualidad, libertad, éxtasis, mundo y humanidad palpitantes. Siempre y en todo lo que hacen. No hay manera de arrancarse eso, de hacernos a todos simplemente funcionarios del “género”. ¿Que el sexo se usa para vender y comprar? Más aún, para vivir. El matrimonio es un contrato fundado en el sexo. El sexo nos hace elegir un traje, nos convence para beber otro cubata o nos impulsa a escribir un verso. Tendríamos que prohibir las modelos, las gogós, los boys, los gimnastas, las noches, hasta los anuncios de maquinillas de afeitar que hacen de los hombres toallitas o peluches. Tendríamos que prohibir los pósteres de Cristiano Ronaldo, las braguitas de encaje, los zapatos de tacón, la silicona, las corbatas tan freudianas, los coches tan fálicos. Tendríamos que prohibir el mundo entero, que nos recuerda constantemente que somos seres sexuales. No era esclavitud, discriminación, abuso ni maltrato lo de esta chica en el escaparate. Era su libertad, arrebatada a los gusanos y a todos los intentos de paraíso sin genitales. Que se arranquen estos puritanos la carne, el sexo; que se queden ellos en “género”, que se miren con asco, que copulen sin tocarse, que nieguen la linfa que les riega. Pero que no me impongan que el cuerpo es pecado ni delito sólo por tenderse a ser contemplado, anhelado, adorado, recordándonos que somos dioses.

Somos Zapping: Truco o trato (6/12/2009)

Que Andalucía se entere. ¿Es el vídeo de un convite, es una cámara olvidada en un parque, es una caminata por el barrio, es una conversación pillada a tías y cuñados? La verdad es que no sé qué es esta promo o cortinilla, aunque parece que Canal Sur quiere anunciarse como la Navidad, su lotería o sus turrones, con gente que se limita a aparecer como gente, sin más papel que su cotidianidad pillada en el almanaque, la torta o el pesebre que propicia el anunciante. La cosa consiste en que sale un paisano y dice, inevitablemente, “que Andalucía se entere que (sic)”, siguiendo luego cualquier chorrada que puedan imaginar: que se ha sacado el carné de conducir, que en esta tierra hay mucho arte, que juega a las cartas en el hogar del jubilado, que ha hecho cocido ese día o que tiene un un sabañón. Noten que Canal Sur no se anuncia a sí mismo, sus programas, sus refritos, su siesteo, su atontamiento, sus cascabeles, sus copleros; prefiere anunciar a la gente, tomar el patronazgo del pueblo, nombrarse su voz y su espejo y ponerle en la coronilla su logotipo. Ésa es la perversa intención de esta publicidad: nos quieren decir que todo lo que nos cuenta y transmite Canal Sur, toda su zafiedad tan bien diseñada y todo su lacayismo político tan bien urdido, tiene la misma sinceridad, veracidad y ternura que eso que cuenta la señora sobre su pueblo o sobre su artrosis; nos quieren decir que no es que hablen al pueblo, sino que el pueblo habla a través de ellos. Pues no. Que Andalucía se entere de que manipulan, idiotizan y viven muy bien de eso. Que Andalucía se entere de que Canal Sur no quiere que nos enteremos de nada y encima con esa bribonada hace anuncios de polvorones.


Dinero concertante. En las noticias de Canal Sur parecía que aquello era la Conferencia de Yalta. Yo creo que más bien era una mezcla entre la visita de unos chiquillos en Halloween y esas ofrendas de títulos que hacen Del Nido o Lopera a sus dioses protectores, progenitores o accionistas del triunfo. Lo llaman “concertación social”, en medio del desconcierto de la sociedad. Con un 30% de paro aquí no debería haber paz social, sino hogueras de revolución, así que si ahora nos cantan en corro esa paz es porque debe de haber costado su buen dinero llevarlos del cabreo a la docilidad y al silencio. Santiago Herrero, de profesión sus empresarios; Manuel Pastrana (UGT) y Francisco Carbonero (CCOO), de profesión sus subvenciones; todos ellos saludados en la sede del PSOE por Griñán, de profesión sus herencias, y Luis Pizarro, de profesión sus compadres. Sí, allí recibidos después del “truco o trato” que, con 19.000 millones de euros de dinero público, les ha dejado a todos la boca merengada. Sí, nada menos que 19.000 millones, más los otros 109.000 que llevan gastados desde 1993. Y todo para vernos ahora con un millón de parados y rezando a los aerogeneradores para que la “economía sostenible” nos salve del desastre, porque lo de siempre no funciona. ¿Pero alguien puede decirnos en qué se ha gastado realmente ese dinero del que lo único que podemos constatar es que sólo ha servido para el fracaso económico? Quisiera no ser malpensado, pero la lógica es la lógica: ¿Cómo es posible que, con la que tenemos encima, los sindicatos y los (supuestos) representantes de los empresarios se citen con el poder político para organizar besamanos y posar satisfechos y rientes? Ya saben eso de “ladran, luego cabalgamos”. Ahora habría que decir, con la misma evidencia: “callan, luego trincan”. En Canal Sur lo que parecía es que nos había tocado la lotería a todos gracias a estos señores tan concertantes.

Los días persiguiéndose: Malos hijos (3/12/2009)

Me gusta ver los periódicos en el kiosco, mirándose de reojo, pegándose codazos, apuntándose con el dedo. Me gusta que tengan filos y dientes, que se nieguen los unos a los otros, que uno amargue y el de al lado acompañe y que al tipo que está detrás le pase lo contrario que a mí. El día en que los periódicos amanezcan diciendo lo mismo habrá que salir corriendo, porque detrás vendrán todos los demás desfiles, mordazas, jaurías y botafumeiros de una Verdad que sólo será crimen. En Cataluña casi ha pasado. Doce periódicos, el mismo editorial. De vez en cuando, algunos encuentran esa Verdad que debe servir para todos y entonces ya no hay opiniones o disensiones o ideologías, sino un Pueblo, clan o clase iluminados en su camino y en su destino frente a enemigos de esa Verdad con categoría de demonios. Da igual que esa Verdad sea proclamada por generalones o por la turba; en nombre de razas, naciones o estamentos. Lo que sigue siempre es lo mismo: el desastre y la muerte de la libertad con un estruendoso aplauso. Entiendo que los políticos interesados y las castas vencedoras se feliciten. Que la profesión periodística se sume de esta manera tan dócil, me resulta más difícil de comprender, salvo que todo allí esté ya podrido. La unanimidad no sólo es sospechosa, usualmente también es criminal. Sólo hay algo peor que prohibir pensar: dictar o acordar lo que se “debe” pensar. Ya han llegado a eso, y lo celebran.

Que otros definan las naciones o las patrias, bastante tengo yo con intentar comprender lo que soy como simple ser humano. Pero eso sí, si alguien tiene que definirme, seré yo; que nadie me meta en su castillo, me envuelva con sus banderas o me diga lo que soy o cómo debo serlo. Soy ciudadano de una ley, pero no de un sentimiento, un mito, una guerra ni un negocio. Supongo que en Cataluña también habrá gente como yo. Serán malos catalanes, o anticatalanes, o no-catalanes, o no suficientemente catalanes, según esta mayoría que tan homogéneamente se ha expresado. ¿Soy yo andaluz? Sí, puesto que en esto que llaman Andalucía nací. ¿Soy mal andaluz, soy andaluz a medias, podría ser más andaluz? No, porque a “ser andaluz”, como a “ser catalán”, sólo se puede contestar sanamente sí o no. Si una patria me adjetiva, me está invadiendo, coaccionando, aplastando, mutilando. Entiendo que alguien quiera una patria. Será que le faltan otros adjetivos. Entiendo que alguien quiera ser los demás. Yo me conformo con ser yo. ¿Que las naciones tienen derechos, “dignidad” como decían aquéllos? Yo digo que las que tienen derechos y dignidad son las personas. Y el primer derecho y dignidad es la libertad. No hay libertad cuando se exige uniformidad, ortodoxia, sumisión a la mayoría y cédulas de idoneidad para las opiniones. Las tierras y sus gentes no son una ideología, un partido, un dinero, una voz, una afiliación, una Biblia que haya que besar. Enemigos del Pueblo, de las “instituciones” y de la historia; malos andaluces, malos catalanes y malos hijos, rebeldes y apátridas, benditos sean porque representan la esperanza de la libertad ante el totalitarismo. Que se reúnan 12 ó 100 periódicos, que digan al unísono que son nación o esencia o Verdad y nos tiren a la cabeza sus mandamientos y multitudes. Bastará un dedo para negarlos. Alguien que diga, simplemente, “no sois yo, no soy vosotros; hablad por vuestras ideologías, infantilismos, intereses o demonios, pero no metedme ni echadme de vuestro país, familia o secta”. Alguien que diga “habéis perdido, como siempre; yo, que reniego, soy la prueba”.