27 de abril de 2008

Somos Zapping 27/04/2008

Camelot. Cuando los nuevos ministros o consejeros prometen su cargo parece que van a marchar a las Cruzadas. En Madrid todavía ponen un crucifijo grande como una Tizona y una biblia abierta junto a la Constitución, porque no hemos avanzado mucho y aún la política está legitimada por la magia y las divinas palabras. Sólo falta que a los ministros los invistan con los tres toques de espada y aquella fórmula de los caballeros: “en nombre de Dios, San Miguel y San Jorge”. En Andalucía, el nuevo Gobierno no tenía crucifijo en la mesa, pero se fue al monasterio de Santa María de las Cuevas, en La Cartuja, donde los almohades cocían barro y luego se encontró una Virgen, cuando las Vírgenes servían para abrir sucursales de lo suyo. En las noticias de Canal Sur se quería dar la impresión de que les encomendaban una misión sagrada (“el derecho a portar armas y a impartir justicia”, les recordaban a los caballeros) pero cuando hablaron Chaves y Zarrías nos dimos cuenta de que sólo juraban estar cuatro años más durmiendo en su montura. Van para tres décadas en el poder y todavía suenan como si inauguraran el castillo. “Son muchas cosas que tenemos sobre la mesa –dijo Zarrías--, los retos de futuro, y hay que ponerse a trabajar ya”. Ya ven, como si hasta la fecha hubiesen estado velando armas y sólo ahora se dispusieran a comenzar a desfacer entuertos. ¿Y cómo definía el presidente de la Junta sus objetivos? Pues más como una miss que como un gobernante: “Que todo vaya bien, que todo mejore, que todo progrese –explicaba Chaves--, que los andaluces vivan mejor, con mejor calidad...”. Pero eso no es un programa, sino un rezo. No, esto no es Camelot y el Gobierno andaluz lo que parecía era un sala llena de armaduras vacías.


Elegancia. Como no tenemos nada que vender, vendemos nuestras flores de papel. Un escalón más abajo que el arte y que la industria está el diseño. El diseño andaluz, que no es ni fábrica ni estatua, sólo una pequeña gloria de retales, el costurero en que se entretienen los pobres que somos. En Tecnópolis llegaron a enseñarnos como innovación la confección de trajes de novia, pero ahora La Nuestra ha hecho todo un programa dedicado al diseño andaluz, entre la arquitectura y poner la mesa. Veo que el programa visita la casa de Tony Benítez, viejo diseñador de princesas o quizá de banderillas. Cristos en las comoditas, un altar para la duquesa de Alba, muebles y salones como las catedrales de unos gatos. Todo como el mal gusto de un maestrante o de un zar agitanado; decadente y hortera, de una enferma pseudoelegancia pomposa, como un orinal muy adornado. “Se nace siendo elegante”, dice, justificando esa nobleza de la sangre que se da más en ciertos lacayos que en los propios aristócratas. Tony Benítez pinta monigotes en piedras, gitanas y toros; sale a su balcón cada día a saludar a la Giralda como en una estampa de caja de cerillas; se siente encortinado por una manera y un orgullo tapiceros de ser andaluz; cruje en sedas y maderas igual que un moro de su chovinismo. Veo después que el programa muestra un salón de Sevilla ligado a cierto apellido muy conocido, donde los famosos y los principados del dinero y las castas suelen cenar con cubiertos de oro, que es una manera de comer sin hambre, por pura perversidad. Pero yo no podía dejar de pensar en ese hombre y en todo lo que significa, Tony Benítez en el monacato de su kitsch que a él le parece la esencia de la clase y del ser andaluz regia o mantecosamente. Sí, a veces nuestro pueblo es vulgar, y eso da pena. Cuando los vulgares son los que presumen de finura, siento cierta satisfacción de revancha o de justicia.


Homenaje. Día del libro, día del papel al peso. Hace poco me detuve en un centro comercial a mirar el sitio reservado para los libros y sólo sentí ganas de incendiar aquello. No había allí más literatura (la literatura es arte, hay que recordarlo) que en las cajas de cereales. Veo la propaganda institucional que pretende incitar a la lectura y me pregunto para qué, cuando lo que encuentra el pueblo a su alcance es basura aglomerada. Al final, Canal Sur me regala una carcajada. En un titular de las noticias, escriben que hay otra “trava” (sic) en no recuerdo qué asunto. La falta de ortografía casi me resulta tierna. Canal Sur ha sabido hacer un homenaje que está a la altura del día.

24 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Mujeres (24/04/2008)

A las mujeres las raptan para ministras, para consejeras o para llevar el ramo en las escalinatas. Lo que quiero decir es que aunque los gobiernos nacional y andaluz presuman de mayoría femenina, todavía siempre es un hombre el que las manda llamar con el timbre y las pone ahí, igual que el ligón que las invita a subir a su coche. Por eso parecen las novias de un pirata o las que han llegado de Avón a los despachos del poder, que todavía son territorio macho. La foto del gobierno andaluz, con las consejeras a los lados como alfiles de cristal, como el celofán que envolvía el núcleo varón e importante de la cosa, era más la de la boda de un cuñado que la de la paridad, la igualdad y el gineceo democrático. Esto no es la nueva revolución de la mujer, sino otro insulto machista agravado por la condescendencia (por lo visto Chaves pidió luego retratarse sólo con sus consejeras, como si fueran un vistoso equipo de voley playa). Hay mujeres muy contentas con esto, aunque les sigan dando las carteras que tienen que ver con lo que algunos hombres creen asuntos femeninos, con la piedad o la ternura, como enfermeras de la Gran Guerra, con virtudes de madre universal, que son las virtudes judeocristianas, claro, pensadas para anular la libertad y la influencia de la mujer y a la vez apaciguar el antiguo miedo del hombre a la hembra con poder. Hasta en el nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa hay mucho de esto, aunque sea por oposición. Pero a mí me parece insuficiente, postizo, tramposo e hipócrita.

En este PSOE andaluz tan igualitario, aún son los hombres los que controlan el aparato, los que fundan clanes, los que hacen la política en su salón de fumar y los que sacan a bailar a las damas. Llamar a las mujeres como a azafatas de la política, entremeter a jovencitas rosáceas entre viejos machos, encargarles las labores auxiliares o de escaparatismo, mientras el mando y el dinero siguen acuartelados en el varón, no me parece un gran avance. Miren las consejerías que llevan las mujeres en Andalucía: Salud, Igualdad y Bienestar Social, Cultura, Educación, Justicia, Medio Ambiente... Otra vez son institutrices, cuidadoras, matronas o jardineras, o como mucho alegorías de ideales, de nuevo la mujer como un óleo. Sólo a Mar Moreno (¿la delfina?) parece que le dan una llave inglesa en Obras Públicas e incluso la consejería de Gobernación de Clara Aguilera suena un poco a disponer la casa. La verdad es que ahora sólo hay una mujer subida a la política hasta sus más altas barbas y no es del PSOE. Se trata, por supuesto, de Esperanza Aguirre, que nunca me ha gustado ideológicamente pero tengo que reconocer que ha ido mucho más allá de cuotas y ayudantías para hacer política con toda la fuerza de esas letras sin que nadie atienda a su sexo, sino a su munición. Ni siquiera el lapsus de Chaves abriendo el debate sucesorio y la posibilidad de una mujer como candidata socialista a la presidencia de la Junta nos sustrae de que hasta Mar Moreno tendría algo de hija heredera y todavía con el tutelaje de su Pigmalión, otra señorita moldeada y adiestrada por un hombre. Aún se lleva a la mujer a la política como al altar, aún el hombre con poder las llama como a mucamitas, aún parecen un secretariado a los pies del macho. Desafortunadamente, queda mucho para la verdadera igualdad. No nos confunden la pose y la tienda de abanicos de esta progresía de feminiles aderezos, achicorias y solecismos. En la foto con sus consejeras, Chaves todavía parecía el sultán.

20 de abril de 2008

Somos Zapping 20/04/2008

Parménides en el Parlamento. En el patio del Hospital de las Cinco Llagas, con un blanco de manicomio, la reportera de Canal Sur sonreía como en un cumpleaños. Y es que eso parecía en televisión la sexta investidura de Chaves, el cumpleaños bisiesto de los que nacieron un 29 de febrero. Lo institucional se ha convertido en celebración personal y el Parlamento tenía el tamaño y la textura de una tarta. Los años de la Autonomía son sólo el avance de la calva de Chaves, el tiempo que acumula su ropero. Igual que los monarcas, Chaves tiene ya la misma edad que sus palacios y Purcell podría haberle puesto música como a aquello de la reina Mary. “Día festivo para la democracia”, “quien ama a Andalucía encuentra hoy un día para celebrar en el Parlamento”, decían los coros de aleluyas de Canal Sur. Pero la eternidad, que es lo que fingen las monarquías y las religiones, no es tanto lo que dura siempre como lo que no se mueve. Y la repetición vacía es su manifestación. Chaves se repetía, en su discursos, en sus propuestas, como si la política fuera la eucaristía de él santificado. “Nos ha vuelto a sorprender con un ordenador para cada dos alumnos”, declaraba con ironía Esperanza Oña. Sin embargo, Chaves no se repite por cansancio o dejadez, sino por coherencia. Su política es una cosa parmenidiana: Lo Uno, lo Absoluto, no cambia ni se mueve, simplemente es, y lo que es no puede dejar de ser ni convertirse en otra cosa por propia definición. Las tesis parmenidianas hubiesen supuesto el fin de la filosofía, pero afortunadamente fueron superadas. También las tesis de Chaves significan el fin de la política, aún más cuando a lo inamovible le suma el uso de una lógica enferma. Vean si no cómo argumenta que su mayoría lo legitima hasta para salvar las aporías, las contradicciones; cómo los votos le permiten decir que lo que no hicieron es como si lo hubieran hecho, o que la oposición queda negada por ser oposición. La verdad es que la eternidad queda siempre falsa y fea en democracia. La verdad es que la política no ha llegado a su fin aunque Chaves traiga otra vez, con una antigüedad y un orgullo de muerto, a Parménides al Parlamento.


Ridículo enciclopédico. “Solemnidad”, llamaba a todo este enterramiento de la política Iñaki Gabilondo en las noticias de Cuatro. El Parlamento andaluz parecía que celebraba los círculos eternos, la inevitable vuelta del sol a su posición inicial entre las constelaciones, y él hablaba de “solemnidad”. Me descoloca Iñaki Gabilondo, su estilo de homilía, la chocante costumbre de mezclar constantemente información y opinión en sus informativos, ese dar las noticias como un padrecito o juez de la actualidad, entre rojos papales y regañinas de autoridad. Curiosamente pasó de esa “solemnidad” de catafalco del discurso de investidura de Chaves a enlazar con el rechazo del PP sevillano al nombramiento de Felipe González como hijo predilecto de la ciudad, dicen que por haber llamado imbécil a Rajoy durante la campaña. “El único presidente nacido en Andalucía, cuyos méritos son reconocidos por todos los partidos, es pues, boicoteado –decía--. Nos parece un ridículo enciclopédico (?) que Rajoy debería evitar”. Pero no entremos en evaluar las luces y sombras de González. Es sobre todo la forma que tiene Gabilondo de tomar partido, de dictar sentencia, de dar lecciones y consejos como un gurú, la que me hace huir de sus acolchados noticiarios. Esas maneras en mitad de un informativo sí que me parecen de un “ridículo enciclopédico” y sobreesdrújulo.


Viva mi coro. Parece que Canal Sur ya tiene sustituto para la copla. Esta vez van a ser coros de vecinos o amas de casa, que no creo que se dediquen precisamente a la polifonía renacentista, sino a las salves rocieras y a las rumbitas tontipijas. Viva mi coro se llama la nueva fórmula de atontamiento con la que el folclore populachero nos ofrecerá sin duda la conocida medida de nuestra vulgaridad cultural.


Palote. Aquí dejo, sin más comentarios, el tema que esta semana nos trajo Mejor lo hablamos, el único programa de debate (o algo así) de nuestra televisión pública: “Viagra: ¿mito o realidad?”. La cosa, más que para ponerse palote, era para deprimirse...

17 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: All'antica (17/04/2008)

No sé por qué le llaman Il Cavaliere, pero lo de Berlusconi me parece más el regreso de las Mamá Chicho que el de aquella vieja cavalleria rusticana al italiano modo. Con ese título (que no se traduce por caballería, sino por caballerosidad) y esas maneras, Mascagni hizo una ópera con cuernos y venganzas a la hora de las misas. No es extraño que la tercera parte de El padrino tenga su clímax alrededor de esta ópera toda honra y escopetas. "Tuo padre pensa all'antica", le dice una vez Sollozzo a Michael Corleone en la primera película de la saga, y quizá Berlusconi también piensa a la antigua, pero además con modos de putañero. Por eso su primer saludo a Zapatero ha sido como la risita dedicada a un calzonazos. Berlusconi, con su machismo como unos tirantes, se ha burlado de Zapatero por su mujerío un poco almodovariano, por su Gobierno lleno de musas. No es que Berlusconi me importe especialmente. Lo que sí me importa es que hay mucho de guasa berlusconiana también aquí, en España, y eso tiene el peligro de desvirtuar y banalizar la crítica, que tiene razones más profundas que el tono rosáceo o juvenal de su gabinete.

La crítica fundamental es hasta qué punto pueden los ministerios convertirse en alegorías, pues esto es lo que se diría que ha hecho Zapatero. La alegoría de la juventud, la alegoría de la fertilidad, la alegoría de la contradicción misma, no es lo que se espera de un Gobierno que debe conducir y gestionar, y que por tanto necesita, antes que nada, conocimiento y capacidad. Ni por mujer ni por embarazada podría espantarle a nadie que no pensara como Berlusconi el que Carme Chacón mande firmes en los patios de armas. No, es más bien por el total desconocimiento, la nula experiencia, el completo alejamiento por personalidad y convicciones de la misión que debe desempeñar. Y la edad, también yo he hecho guasas con la edad, es cierto. Pero es que reniego de la juventud como valor en sí mismo. Puede ser útil si va acompañada de talento, de fuerza, de ganas, de rebeldía, de intención de cambiar ese mundo de viejos que suelen ver extraño y gastado los jóvenes (ahí está la teoría de las generaciones de Ortega y Gassett). Pero Bibiana Aído es un cachorrito domesticado en la burocracia y en el orín de un sociatismo vetusto, compadrero, inercial, en la famiglia que sigue pensando all'antica. Y además, ¿por qué mujer joven y no hombre joven? Eso todavía me lleva a sospechar más que todo es un escaparate, una opción de diseño y no de funcionalidad, como si una nación se planeara igual que un anuncio de yogures. Bibiana Aído no sólo es joven sino que no tiene más experiencia ni capacidad que su sumisión a los clanes, y el único mérito de los favores que quedan por pagar. Bibiana Aído no sólo no añade nada, sino que hasta diría que menoscaba otra presencia a la vez icónica y verdaderamente valiosa de la mujer en este Gobierno, como la que representa Fernández de la Vega. Berlusconi hace burlas machistas, también las veo aquí. No es eso. Lo verdaderamente grave es este maquillaje sin fondo y sin sentido, un Gobierno basado en el estilismo de llevar la contraria. Me sorprende muchas veces cómo la idiosincrasia de un pueblo se refleja en la política. Pasa en Italia que vuelve a elegir a este dinosaurio de Berlusconi, pasa en Argentina que no escarmienta del peronismo, pasa también en Andalucía, ahora que escucho el discurso de investidura de Chaves y me doy cuenta de cuánto pesa ese pensamiento all'antica. Quizá España sigue siendo antigua y machista. Pero rebelarse contra esto únicamente con operaciones de dermoestética es un error y una irresponsabilidad.

14 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Edad de las ministras (14/04/2008)

Los ministros ya son de la generación de Bola de dragón, como mi señora, cosa que me hace sentir más viejo. Presiento la crisis de los cuarenta cuando aún me faltan un par de años, porque ahora me da por hacerme tattoos y los políticos del telediario me adelantan en juventud, algo casi tan frustrante como ese momento en el que te das cuenta de que los futbolistas de tu edad ya se retiran. Llegan las yogurinas a los atriles y las fontanerías de los partidos, a los ministerios siempre un poco cuarteleros y viejunos, donde hasta los seguratas parece que van con casaca. Tuve una novia que trabajó de eso mismo en el feo mazacote de Industria, como un parking emergido en la Castellana, y siempre me contaba los caprichos y lujos del ministro, al que atendían como a un coronel. Ahora que las carteras se las dan a las ecopacifistas y a las niñas que casi no conocieron el helicóptero de Tulipán, quizá los ministerios pierdan lo que tenían de bunker o de ópera para pasarse al feng shui y las coreografías de Take That. Creo que todo empezó con la niña de Rajoy y ya se ha inaugurado una época, un estilo, algo que es como ir con trenzas en la política. Soraya Sáenz de Santamaría lo que parece es una grupie, más que una JASP, y tiene ojos de merienda. Carme Chacón creo que pasó de las casas de muñecas al ministerio del mismo ramo igual que la Alicia de Carroll, de un bocado. Y lo de Bibiana Aído ha sido un récord menorero. Pero no sé si la política se perfuma verdaderamente de juventud con estos cambios o lo que quieren es enseñarnos pantorrilla para que soñemos, como hace con las enfermeras de sus hospitales ese Pascual que es un poco Benny Hill. Estas niñas vienen con padrino y con galletitas de los boyscouts, pero uno piensa que nuestra política sigue siendo antigua, que la Democracia no mejora por sacar un par de ministerios al recreo, que no son majorettes lo que necesitamos sino, por ejemplo, unos partidos menos piramidales. Soraya o Bibiana son una linda mirada con la misma voz de ogro.

Zapatero se ha cargado todas las quinielas (las mías y también las de muchos socialistas) metiendo a una desconocida empollona o meritoria y manteniendo en cambio a otras gobernantas. Si cuando salió el nombre de Bibiana Aído todos se preguntaban quién era y dónde la acaban de pescar, el que siguiera Magdalena Álvarez, ministra totalmente quemada, la hacía parecer una repetidora de curso. Es como si pensaran que sólo ella puede quitar todos los cascotes que dejó su ministerio o manejarse en el desorden de sus cajones como el de sus zapatos. Para mí ha sido mayor sorpresa ésta que el nuevo tocinito de cielo que ha traído la cuota andaluza en el Gobierno nacional. Bibiana Aído, del clan de Alcalá de los Gazules, protegida de Pizarro y dicen que también de Chaves, ha saltado al banco azul desde un puesto de comisariado político o de adorno burocrático, la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, al final de todos los organigramas y de todos los pasillos, allí donde los partidos sólo ponen jarrones. Dicen los malvados que su nombramiento ha supuesto un golpe para el ámbito de influencia de Zarrías y que el de Jaén ya está perdiendo posiciones para colocar candidatos de su círculo en la sucesión de Chaves. No sé, la verdad. Aún me espanta el esfuerzo que los partidos dedican a ese movimiento suyo de muñequitos, al seguimiento de esas carreras de caracoles, mientras se olvidan de la gestión de lo público. La edad o los tirabuzones de los ministros no hacen generación en la política, si acaso sólo escaparate. O quizá es que hoy me siento viejo y cansado de que pasen tantos años por nuestra Democracia sin que cambie más que su peluquería.

13 de abril de 2008

Somos Zapping 13/04/2008

Neurosis de la copla. En Mejor lo hablamos la actualidad les quema en las manos y por eso el otro día se preguntaban por la situación de la copla hoy en día. La verdad es que a mí me preocupa más cómo andará el cuplé, pero así es la tiranía de la noticia... Canal Sur anda ensoberbecido por las audiencias de Se llama copla hasta creer que ha propiciado una revolución callejera entre retrofranquista y goyesca (había que escuchar a Joaquín Durán, que parecía que había compuesto el Aserejé). Por eso, el debate lo plantearon como el desfile de la victoria de todas sus cigarreras o corseteras. La moda de la copla, el renacer de la copla gracias a ellos, como si hubieran vuelto los organilleros o los serenos... Pero esa audiencia tiene truco, porque el triunfo en las noches del fin de semana, donde la televisión queda para los viejos, los convalencientes y los frikis con fobia social (los demás están en la calle) sólo nos dice que vencieron contra el parchís. Y sin embargo ese regodeo en su (relativo) éxito nos indica el tamaño de nuestra miseria: la vetustez de la sociedad andaluza, la ignorancia de nuestro pueblo del arte verdadero, la complacencia en el tópico. Joana Jiménez, la ganadora del concurso, afirmaba que “la copla está en el corazón de la gente sencilla”, pero lo que está en la gente sencilla es la incultura y el folclore santificado como valor supremo, que no es motivo de orgullo sino de pena, y más cuando son fomentados por el poder político a través de una televisión populachera y embrutecedora. “¿Cuál es la clave de ese éxito?”, se preguntaban. Pues ése, nuestro atraso cultural. Pive Amador, que iba como de académico de un semiarte de los puñales, historiografiaba y agigantaba la copla y se quejaba de los que la critican “sin conocerla”, pero nadie supo decirle que hoy la copla es sólo la nostalgia madrera de algo con un valor artístico ínfimo, como el recuerdo de la música de un tiovivo de la niñez. Las razones para defenderla son más freudianas que estéticas. Resultó ridículo ver cómo algunos intentaban argumentar histórica y artísticamente su mal gusto o sus neurosis.


La gracia del borracho. La feria de Sevilla, algo así como el pueblo empanado en arena y vino... Aun deslucida por la lluvia, en televisión seguía siendo una noticia colorista y con tambores desde la que los borrachuzos llamaban alternativamente al sueño y a la jarana. Así lo hizo Jorge Cadaval, entrando en directo por teléfono en el programa de Buenafuente. Empezó el Moranco señalando que llamaba desde “la tierra de María Santísima”, que es la portagayola con la que se presentan los rancios de allí. Por lo visto, en el paroxismo chovinista los dioses se hacen ya nacer en tu barrio, cosa que más que curiosa me parece estúpida. Después de esta declaración cateta, Jorge Cadaval hizo una invitación a visitar la feria como a salivazos. Supuse que quizá estaba un poco puesto de manzanilla, y en ese momento me di cuenta de que en realidad la gracia de Los Morancos es ésa: parecer que están borrachos o que nadie pueda saber con certeza si lo están o no. Lo comenté una vez, cuando aparecieron como a cuatro patas en Menuda noche, en un programa de fin de año. Pero también lo demuestran haciendo de jurado en uno de esos programas de talentos o frikadas (hay varios y no los distingo). La gracia del borracho, estarlo o simularlo, rodar por el suelo, hacer de perrito, subirse a las mesas o al escenario inesperadamente y dejarnos la vergüenza o la duda de su cogorza. Quizá ésa es su gracia, quizá ésa es la gracia de Andalucía toda, y por eso fuera nos suponen así, siempre trompas, siempre con la lengua enredada y el eructo a punto de salir. Por eso cuando parecemos felices damos más lástima.


Lluvia. La lluvia, cuánta lluvia, y Andalucía tan mojada y tan frágil que la lluvia y el viento la entristecen y la zarandean como a un columpio. La lluvia que mete a la feria de Sevilla bajo una capota, que deja aparcados a los Cristos en Semana Santa, que hace suspender las corridas de toros (todo torero es la esperanza de un Cristo)... Y pienso que somos una raza sin techos, una tribu tras una cascada, cosechadores de mitos pendientes de la lluvia, rezando a la lluvia, llorados y ahogados por ella como si nos arrastrara con nuestros pobres cobertizos. Pueblo primitivo desnudo en su selva, bajo la lluvia.

10 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Rapiña (10/04/2008)

Entre las espigas masónicas, que diría Raúl del Pozo (el maestro saca mucho a los masones en sus artículos, más que yo que soy masón), Rosa Díez parecía que había subido a la tribuna del Congreso a llevarle ramos a la Democracia. Ella misma es su rosa en la sillería de ese hemiciclo que tuvo una legislatura donde los bancos sólo acumulaban piedras. No puedo ocultar mi satisfacción por que su partido haya conseguido un escaño. No sólo por ella, por su personalidad y su valentía, sino sobre todo por el ideólogo que está detrás, Savater. Por fin un filósofo se hará oír entre los mercaderes, los demagogos, los profesionales del escapismo, los tahúres de los partidos con los dientes de hierro como una canana. Los partidos, diseñados por fontaneros y publicitarios, ya no daban ideas, sino estrategias de venta, ofertas y saldos. Que Savater sobrevuele las escalinatas de un parlamentarismo reducido a la reyerta y a la subasta significa que quizá veamos la política de la razón frente a la política de los intereses. El miércoles, en la tribuna como un gran cabecero de cama, Rosa Díez le daba la réplica a Zapatero y le hablaba de igualdad real, no de esa otra escrita con zeta, la igualdaz retórica, como mantra, como paisaje pintado, de la que tanto gusta Zapatero olvidando que su política autonómica ha consagrado lo contrario: los rebañamientos de las autonomías, los juegos de pesas entre ellas, la claudicación ante la ambición de dinero y control de las castas locales de poder. Parecía una obviedad, pero es una verdad que la política territorial de ZP ha olvidado: que los derechos son de los ciudadanos, no de los territorios. Así se lo recordaba Rosa Díez a la vez que pedía la devolución al Estado de algunas competencias (educación) ante el uso depravado que ciertas autonomías están haciendo de ellas. Zapatero contestó con una tontería: para él, el desarrollo autonómico que ellos están promoviendo (¿esos estatutos consentidos para mayor gloria de la mitología homogeneizante y manipuladora de los nacionalismos?) es mejor que algunos federalismos como el alemán. Por la boca de Zapatero sólo salían burbujas.

Soy muy escéptico con este modelo autonómico. Lejos de acercar la Democracia al pueblo y de agilizar el gobierno, no sólo ha multiplicado la burocracia, sino que ha creado élites locales que controlan todos los aspectos de la vida pública hasta hacerla instrumento de sus intereses. Las autonomías son haciendas, las competencias son regalías y son usadas para beneficio de la casta de partido e incluso para el adoctrinamiento ideológico: ahí está la educación, pueblerina, tribal, empequeñecida en las hazañas autonómicas, por más que Zapatero le contestara a Díez que con ese tema había elegido “el peor ejemplo”. Yo me acordé, ahora que vemos cómo los juzgados se comen sus desconchones, de aquellas palabras de la consejera de Justicia, María José López, cuando afirmó su voluntad de que nuestro Estatuto posibilitara que las sentencias tuvieran “idiosincrasia andaluza”. Sólo deseaba altos tribunales que obedecieran a la Junta. Mientras, las competencias nos dan caos en la Justicia, caos en la salud con listas de espera maquilladas, caos en la educación con sobornos a los profesores para que les decoren los malos resultados. Y luego, consejerías, secretarías y organismos públicos donde los comisarios políticos ordenan la realidad según su conveniencia, donde sólo se produce propaganda y donde come toda la marabunta de arrimados. Control absoluto, no más. Rosa Díez hablaba de igualdad. Pero este sistema sólo da rapiña y reyezuelos.

6 de abril de 2008

Somos Zapping 06/04/2008

Justicia amontonada. La Justicia es una cosa que se comen los ratones y que esponjan las cañerías. En las noticias de Telecinco nos enseñaban imágenes de los juzgados de San Fernando, con los expedientes apilados en el váter, con funcionarios ahogados en ácaros, y la Justicia, ropavejera, quedaba como una mudanza de pobres, un desorden de encalar y un colchón podrido apoyado sobre la pared de nuestro sistema. De Santiago del Valle a la juez de Motril que dejó un año en la cárcel a quien había absuelto, nos escandalizan sus errores, olvidos, traspapeleos, retrasos, precariedades. Es fácil señalar a un juez flojón, como ha hecho la Junta con Rafael Tirado, pero el asunto va más allá. Hay un profundo déficit estructural en nuestra Justicia, una imperdonable escasez de personal y medios, y a eso hemos llegado no por el sueño o la maldad de los funcionarios, sino por el desentendimiento de los políticos. Desde que el felipismo se cargó la división de poderes, el interés de la política por la Justicia se limita a los altos tribunales, que son los que pueden tumbar leyes y estatutos y juzgar aforados, y al Consejo General del Poder Judicial, comandita de todo ello donde los partidos tienen cuotas como si fueran accionistas. Por debajo de los jueces con toisón de oro, salidos de los tapices, todo lo que queda de la Justicia les parece a los políticos un trabajo de barrenderos. En Telecinco iban mostrándonos cementerios de cartapacios, sucias carpinterías de la ley y unos funcionarios sobrepasados, agotados como de trabajar en un matadero. La Justicia sólo era algo amontonado y a punto de arder.


Señores y señoritos. Cuando decía “señor”, hacía el gesto de ajustarse la chaqueta, una chaqueta naranja a juego con todas las fosforescencias que vestía, ésas que gastan los pijos de dinero, de patillas o de estirpe, como si su ridiculez fuera radiactiva. Jesús Quintero entrevistaba a Martín Pareja Obregón, torerito trotoncete y cortijero que se perdió un día en sus juergas, que se metió luego al cotilleo televisivo y que ya representa sólo una especie de taurinismo de hechuras porcinas, un casticismo de establo, una falsa aristocracia uniceja y la altivez del analfabeto azahonado, tan conocidos aquí. Sí, el señorito, o lo que queda de sus posturitas. No ha sufrido nada Andalucía con los señoritos, que condenaron a esta tierra al medievalismo, a la desindustrialización, que se regodearon en la opresión y en la injusticia, para que tengamos que soportar ahora a un hijo de papá, entre la farra y la haronería, defendiéndolos: “Era un señor, pero hoy dicen el señorito mirándolo como mal, y el señor, el señorito, era el hombre que le daba trabajo a muchísima gente...”. No, el señorito explotaba, sometía y abusaba; no era empresario sino dueño, y su recuerdo aquí duele como estocadas. Pero Martín Pareja Obregón, al que hemos visto por toda la televisión esparciendo su catetería, su machismo (trata a las mujeres como a vacas guapas), su orgullosa vulgaridad acoloniada, su ranciedumbre cascabelera, decía “señor”, se ajustaba la chaqueta naranja como volviendo a poner sus botos sobre los cuellos de los pobres, y quedaba entronado en su papada. Y aún a esto lo llamaba pureza. “Yo soy un tío muy puro, me he criado en una gente muy pura”. A esa pureza yo la llamo mugre, costra, roña. Todo lo odioso, kitsch, vergonzoso que arrastra Andalucía, sus castas de pajar, su bodoquería empingorotada, su fachosidad pringosa, todo eso en este Martín Pareja Obregón, saco humano de lo que nos abochorna de nuestro pasado y nuestro presente, la condena de Andalucía a la zafiedad, a la jarana, al folclore y al clasismo. Y todavía va de artista. Pero de señorito vividor no ha pasado.


Sospechoso. La Asociación de Telespectadores de Andalucía es un ente fantasmagórico que aparece una sola vez al año y da unos premios con tufo y baba que suelen recaer en los de siempre. Ahora han premiado a Se llama copla, que nos devolvió a un franquismo estético; a Tecnópolis, ridículo instrumento de propaganda modernizadora; y, ahí es nada, a Rafael Camacho, el vocero del poder que ha conseguido que la RTVA coleccione sanciones de la Junta Electoral como posavasos. ¿Sospechoso, evidente o directamente ignominioso? ¿Quién lleva esta asociación que se diría hecha ad hoc? ¿Zarrías?

3 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Venganza (03/04/2008)

Me aparto de los autos de fe, no me gusta contemplar cómo arden las almas de los pecadores, que huelen sólo a su pelo y a sus uñas quemados. Culpa, castigo, redención (¿la caída del ser humano por el pecado, la recuperación de ese estado primigenio –santidad, pureza o semidivinidad-- a través de la expiación?) me parecen mitología del sadismo. La Justicia (punitiva o reinsertadora o reparadora o disuasoria) aparece con repentina presencia de horca, de estaca, cuando un pueblo barbarizado le exige ser un mecanismo de venganza social. Michel Onfray diría que es la episteme judeocrisitana que aún nos impregna: “La culpa consciente y elegida libremente con ayuda del libre albedrío que desconoce los determinismos, y de donde surge la creencia en la responsabilidad personal que, desde entonces, justifica el castigo, y por lo tanto, la redención, ciclo infernal y perverso...”. Michel Onfray, cada vez más imprescindible ante todos los que aún piensan que frente a las creencias supersticiosas con su moral descendida de los cielos sólo existe un nihilismo vacío, triste, egoísta, inmundo; que no es posible una ética humanista ateológica, pues para ellos el ateísmo es una amputación. Pero Michel Onfray ha sabido enunciar la ateología no como negación de nada, sino de manera afirmativa, como teoría de lo inmanente, que lleva además aparejada una “ética estética”. Sí, ante esa episteme judeocristiana que, entre otras cosas, aún hace bíblicos los tribunales, no está sólo la náusea sartriana (que no es más que una elección de carácter), sino, no lo olvidemos, también la Gaya Ciencia, la alegría del hombre liberado, sin contratos con los dioses, sino únicamente consigo mismo y con la sociedad, con su felicidad y serenidad que están unidas siempre a las de los otros a través de la cortesía y de las virtudes de la civilidad y de la buena fe, de la bondad en fin. “Goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: ésa es la moral”, dijo Chamfort, formulando el imperativo categórico hedonista. Esto, frente a la pulsión de muerte, al ascetismo castrante, a la moral del sadismo.

Me aparto de los autos de fe, no me apacigua que el gentío traiga la cabeza de la Hidra en sus manos sucias, no me gusta la Justicia como éxtasis de la venganza, no voy a encontrar ninguna satisfacción en el sufrimiento de nadie, ni siquiera de ese pobre loco, enfermo sin duda, asesino confeso que el pueblo ha empezado a quemar por los pies. “Lo bíblico es el ojo por ojo, pero sólo Dios puede quitar la vida”, dijo el padre de Mari Luz. Pero a Dios hace mucho que le sobran instrumentos en la tierra, hay demasiados que hablan y actúan por él, y desde que los hombres sueñan con su fantasma ha habido manos que mataron siguiendo su voz. Sí, es bíblico el ojo por ojo, el muerto por el muerto, cuando se ha admitido que el mal se elige libremente y el castigo es algo que no se aplica para proteger a la comunidad, sino que, sencillamente, se merece, que etimológicamente significa “hacer el bien”. Han pedido la pena de muerte, que hace mucho que me parece, además de inútil (en ningún lugar se ha parado nunca el crimen con ella), objetivamente inhumana. Han pedido la cadena perpetua, que es la traslación terrena del castigo eterno (tan bíblico también), pero ¿a quién negarle la posibilidad de cambiar? ¿Cómo pueden los mismos que enarbolan la teoría de la elección consciente del mal afirmar que es imposible que el sujeto cambie? Y si ese sujeto está tan indefectiblemente determinado, ¿hasta qué grado es culpable? Ay, la episteme judeocristiana... Que la Justicia nos proteja de los monstruos, sí. La cacería, el trofeo, la venganza, son otra cosa.

30 de marzo de 2008

Somos Zapping 30/03/2008

El monstruo. Hay fascinación en los monstruos. Son la manifestación alegórica del mal que queremos exorcizar en nosotros y, a la vez, de la oscura seducción que ese mismo mal puede ejercer. Matando al monstruo acallamos nuestro propio mal, matamos nuestro lado perverso, es un sacrificio ritual por el que la comunidad entera se purifica y se redime. Apolo matando a Pitón, Teseo y el Minotauro, San Jorge y el Dragón... Pienso todo esto viendo, de nuevo, las imágenes de ese Santiago del Valle, monstruo, loco, enfermo, estúpido, asesino despreciable en todo caso. En televisión, un monstruo es un filón. Saben que la gente necesita sentir ese asco y ese odio que les limpia, que les salva. Es más que justicia o venganza, es todo un ejercicio de expiación colectiva. Y Canal Sur, que además sabe que eso distrae de otros problemas, se ha regodeado en ello hasta la repugnancia. Ya nos retransmitieron la batida en busca del cuerpo de la joven Amy, esperando ofrecer un desenterramiento. Esta vez, lo que esperaban ver era un linchamiento, el pueblo con antorchas acorralando al monstruo. Lo vimos en el programa de María del Monte, que aparcó su yincana de viejitos para gustarse manejando el morbo como pringosos ovillos en su tarde. Ante los juzgados de Huelva, había nudos de horca preparándose como para un cuatrero y la reportera decía “éste es el ambiente que estamos viviendo”, igual que si fuera un partido de fútbol. María del Monte y luego Andalucía directo, exprimiendo la repulsión, regurgitando una y otra vez la misma náusea, horas y horas de televisión recreándose en cada detalle truculento, como un pajarraco que picotea despacio una víscera. El monstruo, describir al monstruo, explicar al monstruo, mostrarlo en su cueva y luego exhibirlo en una red, cazado por cerbatanas. Yo también siento asco, aunque no odio. Asco de tipos así que nuestro sistema (bien se ha demostrado en este caso) no sabe controlar, y asco del usufructo que la tragedia, el desgarro y la tripería de estos sucesos reporta a la televisión. La tarde de Canal Sur era una máquina de picar carne con lágrimas que daba monedas. El monstruo sólo era una excusa.


Teoría del fútbol. Alguien dijo que el deporte funciona como sustituto de la guerra, es la guerra constreñida en unas reglas de ajedrez. Pero llega un momento en que nuestro cerebro reptiliano, sobre todo si es convenientemente azuzado, salta estas ingenuas barreras civilizatorias. El mono desnudo puede ser fácilmente despertado hasta que sólo vuelve a haber defensa del territorio, hostilidad ante el Otro (primordial mecanismo de defensa) y muelles que nos impulsan desde la frustración a la agresión. La violencia está ahí, tan nuestra como pueda serlo la glucólisis en las células. Pero luego están la capa racional y la capa cultural, que en algunos casos frenan la violencia pero en otras la justifican (así lo hacen todos los fanatismos). Lo que ocurre en el fútbol es que ese hombre reptiliano que nos habita es ayudado o animado por toda una cultura de tribu y enemiguismo fomentada por el gran negocio que lo sostiene. En un corto espacio de tiempo, hemos asistido aquí a dos penosos sucesos de violencia en el fútbol, muy difundidos en todas las televisiones: la agresión al portero del Athletic de Bilbao en el campo del Betis y la paliza de unos hooligans sevillistas a otro aficionado del Atlético de Madrid (“para que te acuerdes de nosotros, so cabrón”, se oía en el vídeo). Ante la sanción al Betis, hemos tenido que escuchar protestas y curiosas interpretaciones, como una que pude leer en la web de Canal Sur quejándose de que la sanción castigaba “la puntería”. Pero a mí me parece bien que se castigue al club, y con dureza. Son las actitudes tan a menudo engreídas y rufianescas de personajes como Lopera o Del Nido las que alimentan todo este odio. La violencia en el fútbol forma parte de su negocio, engorda su negocio. Así pues, son los que ganan con ese negocio los responsables y los que tienen que pagar las consecuencias si no logran controlarla. El fútbol es otra guerra con sangre y dinero. O en eso lo han convertido estos chulánganos malmetedores, infantiloides, tontitribales y zafios.

27 de marzo de 2008

Los días persiguiéndose: Las cuatro letras (27/03/2008)

Hace tiempo que los malvados comentan que esas cuatro letras que dijo Alfonso Guerra se han ido cayendo como camisas en el viejo tendedero de España, esta España pasada por tantas manos y capachos, tan venteada y tan sudada de historia. El PSOE, ya ni socialista, ni obrero, ni tampoco español según la derecha que estudió en sus mapas de cartón, se habría quedado sólo en Partido, y eso que aquí el Partido sin apellidos fue siempre el Partido Comunista, del que solamente persisten sus herraduras enterradas. El PSOE nació como movimiento obrero en nuestra tardía revolución industrial, tuvo pandillas de todo pelaje en la Segunda República, durmió más que otros (se quejan los luchadores) durante el franquismo, fue marxista hasta 1979, hizo acomodo (para algunos, traición) en la Constitución de 1978, venció contemplando el ahorcamiento de Suárez, dijo que a España no la iba a conocer “ni la madre que la parió”, nos metió en la OTAN, en la Comunidad Europea, vinieron aquellos ricos de Solchaga, el golpe de cojones de Rumasa, y ya luego la corrupción, los cafelitos, los fondos reservados, los GAL, el hundimiento, el martirologio de Borell, los ojos bolsones de Almunia, el barbecho y, de manera casi milenarista, el advenimiento Zapatero. Tiempo suficiente para que se le caigan letras y para dar muchas veces la vuelta a los abrigos, en busca de una socialdemocracia moderna y europea que no sabemos si ha llegado con ZP, el de la linda mirada, el político con sitar, como un gurú de los Beatles, el que ha hipnotizado con crótalos a los rojiverdes, a las minorías, a los nacionalistas, a los jóvenes y a los poetas de la libertad y el cubata.

El PSOE, con sus cuatro letras en ramo, flores secas o cogollos de socialdemocracia, ha pasado en España por un purgatorio o una cura lavativa, cosa que no ha sucedido en Andalucía, y ahí está toda la diferencia. Andalucía es una isla en el PSOE. Me lo dice un amigo socialista, uno que no es forofo de la marca, sino que aún sabe conjugar sus principios con el espíritu crítico. Andalucía es una isla, Zapatero no ha pasado de Despeñaperros, hay pactos para que no se salten ciertas verjas y no se cambien los capataces ni de zamarra. Mientras el PSOE nacional vomitaba sus demonios, se descontaminaba como tras una catástrofe nuclear, se inventaba lo del talante, promocionaba a jóvenes empollones, encontraba dentro de un tronco a una virgen zen para el pueblo, el PSOE andaluz iba acumulando barreduras, un poder de oro sucio, viejos políticos como inviernos sobre inviernos, la política como la misma dentadura en el vaso de la mesilla. No sé si a Zapatero, durmiendo en ese reino de escopeteros y hadas acuáticas de Doñana, se le habrán aparecido delfines atlantes y habrá reflexionado sobre esta Andalucía donde su proyecto está lastrado, escorado, como si fuera la pata de palo del partido. Ganan por inercia, pero Chaves saca 164.000 votos menos que el pequeño Buda y en tanto hartazgo y parálisis no hay sitio para lo nuevo, que es de lo que come la política. Chaves ha zanjado rápido ese debate sucesorio que seguramente sólo fue un lapsus. Ya se ha postulado como candidato para 2012, aunque me cuentan que en es probable que en el próximo congreso regional se vaya desprendiendo de algunos collares. Pero cambiar la secretaría general por la presidencia apenas sería nada, sólo como si la edad le hiciera mudarse a una alcoba más cerca del baño. Esas cuatro letras han cambiado mucho. En Andalucía, donde vive todo lo eterno, no ha servido de nada.

23 de marzo de 2008

Somos Zapping 23/03/2008

Extraterrestres. Vienen a vernos como extraterrestres, mandan reporteros con escafandra, aquí donde vive la religión de los jarrones y de la lencería bajo el cilicio. En la televisión nacional, Andalucía era la boda gitana de los dioses y su Semana Santa dejaba crónicas de antropología comparada. El andaluz es tan chovinista que cree que Jesús nació en su barrio y que la Virgen dirige su equipo de fútbol, mientras fuera nos miran como una rara colmena de idólatras, presumidos y llorones. En un programa de cotilleo, una colaboradora se despistó y dijo que todos los famosos estaban ya en la Feria de Sevilla. No fue sin embargo una equivocación, sino gracia del guión, el que Thais Villas, de El intermedio, comenzara su crónica semanasantera sevillana en un coche de caballos, con una botella de manzanilla y un clavel. Andalucía es una sopa folclórica y el resto de España nos junta los muslos de los Cristos con los de las bailaoras igual que aquella película de Tom Cruise mezclaba la Semana Santa y las Fallas (nos lo recordaron en Los reporteros). Vienen como extraterrestres, a mirar nuestras chocantes rarezas. Con eso, aquí se hace orgullo e idiosincrasia.


Inexplicable. En una Sevilla pía de toreritos en La Campana, como hombres muy madreros, veo que la tele rosa invita a César Cadaval a que opine sobre un curioso incidente en el que se vieron envueltos Kiko (Paquirrín, vamos) y su novieta. Parece ser que se dieron besitos mientras pasaba una procesión y eso disgustó mucho a la gente, que se lo recriminó. César Cadaval hablaba de respeto y seriedad y me di cuenta de que los puritanos pueden abroncar a enamorados a la vez que admiran la terrible obscenidad que representa la glorificación del sufrimiento como tributo a los dioses. Para mí, es inexplicable. Tanto como la manera en que los creyentes racionalizan la lluvia que les deja sin procesión. Parecería obvio pensar que, o bien su dios no se preocupa en absoluto por esas vanidades, con lo que se las tendrían que replantear, o bien les está castigando por ellas, con lo que se las tendrían que replantear con más razón aún. Veo en televisión a toda esa gente llorando y creyendo con la misma fuerza de sus hipidos, y sé que hay a quien le resulta tierno. Para mí, sencillamente, sólo es inexplicable.


Postal franquista. Hablábamos la semana pasada de la televisión como franquista que hace Canal Sur y creo que he encontrado su icono definitivo, que no ha resultado ser ni María del Monte ni Juan y Medio, sino Enrique Romero, el de los toros. Esta certeza me sobrevino al comprobar que era él el que retransmitía también las procesiones de Sevilla para La Nuestra. Me pareció un maridaje perfecto: capotes y mantos, sangre y espinas, gloria patria en esa cultura como de relicario, el vestidor de todo lo rancio que lleva con él y que le hace contar de la misma manera curil las corridas y los pasos de misterio. Entre mucha voluta del barroco (me tuve que reír cuando luego dijo que una talla era de 1924), su narración llegaba hasta la catequesis, explicándonos que el tamaño mayor de la figura de cierto Cristo “destacaba su grandeza y su divinidad”. Toreros santiguándose y contándonos las procesiones. Toda una postal franquista la de esta tele progre.


Música seria. A veces nuestros artistillas pretenden ponerse serios y resultan más ridículos que si se quedaran en el folclorismo chusco de siempre. En TVE es música anuncian una pieza titulada “La Tacita de Plata”, un intermezzo perpetrado por Manolo Carrasco, ese pianista de posturitas que parece que se casa con jacas en los escenarios, y me preparo para el previsible bodrio. No me equivoco. Se trata una pieza para violín y piano, hecha sólo de escalas horripilantes y como de trozos cogidos a mordiscos del concierto para violín de Chaikovsky. Toda la pieza, espantosa, era como si al violinista le estuviera quemando los dedos la música tan mala. Creo que prefiero a las lavanderas cantantes antes que a los que van de compositores y sólo hacen gazpachos y puñetas con pedorretas de semicorcheas.

20 de marzo de 2008

Los días persiguiéndose: La derecha (20/03/2008)

Parece que la derecha se va a quedar a trabajar en este jardín andaluz, el jardín que es Andalucía en estas fechas, un jardín de convento, hecho de flores eucarísticas, de mujeres que miran desde las sombras de las ventanas y de hombres o dioses santificados por una desnudez sin pecado, un poco como el jardinero del convento que se quita la camisa, aunque creo que en realidad los conventos no tienen jardinero. La derecha, digo, o sea Javier Arenas, que tiene el peinado de mármol de la derecha pero ya va sin corbata y eso significa que empieza a ser menos derecha o que se ha acabado esa primera comunión en la que parecieron vivir tanto tiempo, con sus cuadernos de nácar y su saquito de monedas como lenguas de santo. Rajoy está en su entierro, su entierro de Conde Orgaz, por un Madrid donde están fúnebres los bancos, que siempre han tenido fachada de tumba de ricos, y todos los taxistas de la Cope, viudos y un poco urracos. Cuando el PP nacional está entre matarse y heredarse, alguien quiso poner ya a Arenas fuera de Andalucía, a recomponer los jarrones y testamentos del partido, pero éste ha dicho que se va a quedar, a esperar otras primaveras, a esperar a cazar al gran oso del jardín andaluz, a esperar que se mueran los señoritos de aquí como una yegua coja, a conducir el cambio, la alternancia, y a hacer crecer sus escaños que van formando pavimento o escalera.

Todo esto de la izquierda y la derecha suena a brújulas que nadie usa, a cosa de viejos marinos, a batalla de soldaditos de plomo que el pueblo sólo entiende desde su purísima superstición. Hay por las calles una superstición de dioses que caminan con ruedas y hacen milagros de madera y vinazo, y hay otra superstición de un pueblo que cree que hay izquierdas que reinan para los pobres y derechas con su casta de espadones y curas, que es algo así como la derecha convertida en un naipe. Pero uno ha visto que la economía la manejan más o menos igual, que hay más beatones y acuñadores y hacendados en el sociatismo andaluz que en la derecha con saco que todavía pintan, que los dueños son dueños y hacen de dueños tengan o no genealogía en las chimeneas, y que la democracia ya está en otro sitio que no es un cuadro de ésos de los Estados Generales. Arenas se queda, pero tiene por delante esa superstición y uno no sabe muy bien cómo se pueden vencer las supersticiones. Las supersticiones son algo en que la gente nace ya enlechada, como ésta que en Semana Santa viste a los niños de cesto de nardos y a los mayores de pantaloncito corto, sólo porque se hace desde siempre. La derecha que fue un día ya no puede serlo, lo impiden la época, las reglas que han cambiado, unos derechos que son irrenunciables y el pragmatismo de que nunca sumarían una mayoría sólo con esas armaduras que acarrearon en el siglo XX. O la derecha se da cuenta, o fracasará. Javier Arenas creo que va por el buen camino y se va desvendando de esas supersticiones y perfumes de muerto. La mitología de la derecha no está tanto ya en ella como en la supuesta izquierda de aquí que la usa de espantajo pero exhibe a sus hermanos como Borgias. Pero ésta es tierra de supersticiones, con dioses barberos y magia de candeladas rodando por las cuestas. Habrá que ir refutando la superstición con hechos, y ésa es la tarea que le queda a Arenas, que hace bien en quedarse aunque se quede entre lanzas. Esta democracia debería representar ya algo más que la manera de disponer las sillas que quizá es ese distingo entre derecha e izquierda. Pero aún hay mitos que encienden la calle y encatacumban los pueblos.

16 de marzo de 2008

Somos Zapping 16/03/2008

Locos por el fútbol. Me gustaba el fútbol, pero Zidane se fue, Ronaldo se hizo bollería y Raúl sólo tropieza. Para qué hablar de los ídolos de mi juventud, aquella selección brasileña de los 80, formada como por filósofos o aqueos. Me gustaba el fútbol, quizá aún me gusta, cuando las piernas son compases dibujando sobre la hierba, cuando en el campo hay arquitectos que mueven triángulos con música. Pero lo he ido aborreciendo. El fútbol se ha convertido en la capilla de los fanáticos, en la religión de los tenderos, en la freiduría de los domingos, en chovinismo de plazoleta y en feudo de proxenetas y gurús. Unas hordas infantiloides, una plebe embrutecida proyecta sus esperanzas y frustraciones cada fin de semana en un deporte que quiso ser arte y ya es matanza de barbería, taberna de pendencieros, meadero de borrachos. A toda esta épica zafia, a toda esta renuncia del mundo por una gallera, a todo este pueblo rezando a unos pies, alimentado de bajas pulsiones, constreñido a la secta de su equipo, es a lo que Canal Sur le rinde ahora homenaje. El programa se llama Locos por el fútbol y es la última glorificación de la simplicidad y la vulgaridad de la masa en la que se enfoca la televisión pública andaluza. Es una constante en Canal Sur, esa exaltación del pueblo que abdica de todo lo verdaderamente importante para empequeñecerse en su circo, su folclore y su necio orgullo de barrio. No podían dejar de hacerlo tampoco con la santería del fútbol, y ahora quieren transmitirnos la simpatía hacia el fanatismo, la supuesta ternura de unos locos o de unos idiotas ciegos por las banderas de colores, que mueren por un penalty, que nacen con un gol. El programa acompaña a un hincha del Poli Ejido que no se pierde un partido (más de 8.000 euros le cuesta al año), que se traga madrugadas de autobús como si verdaderamente peregrinara por su alma, y lo veo sufrir y gozar de una manera hiperbólica y enfermiza por algo que en realidad no significa nada. Luego muestran a una abuela que ha hecho una catedral sevillista en su casa, que habla de los jugadores como de santos, que parece una pitonisa mecida por sus espíritus, entre la devoción y la demencia. Forofos, frikis, exaltados, idólatras, niños que crecen en la religión fondona de sus padres: rebaño. Nos los retratan como símbolos o mártires de una fe hermosa y digna. Pero son el pueblo conducido hacia la estupidez, satisfechos de su estupidez, y condecorados por la televisión autonómica que, como tentáculo del poder que es, sabe que todo eso los hace más ignorantes, inofensivos, manejables, convenientes. “Es el momento de apuntarse a la locura”, dicen en el programa. Pero ver al pueblo ebrio de fútbol, enamorado de sus escudos, adorando tendederos sudados, a mí lo que me parece es un bochornoso fracaso.


Televisión franquista. Sumemos el fútbol convertido en gloria patria, las corridas de toros, los certámenes de rejoneo igual que algo de Lladró y ese bodrio de Se llama copla con sus planchadoras cantantes y sus tonadilleras con altar, y nos daremos cuenta de que Canal Sur forma una televisión como franquista. Sí, la progresía andaluza manejando la televisión pública lo que da, paradójicamente, es un franquismo populachero, rancio, folclórico, etnocentrista, santurrón. Es cierto que Se llama copla terminó por fin entre llantos o bodas gitanas, pero no sé si es peor lo que nos queda ahora en la tarde noche, otra vez María del Monte, a la que veo con más sevillanas de silla de enea junto a Las Carlotas, a las que casi prefiero ver cantar (cantan como fregando) que hablar (hablan como vendiendo bragas). El caso es que cambian los programas, pero se mantiene esa temperatura antigua, pestosa, como de una vieja y cerrada mercería de todos nuestros tópicos y caricaturas. Y aún nos queda la Semana Santa... El viernes, el informativo nos ofrecía, como una gracia, a chiquillos jugando a los capillitas; y luego, Andalucía Directo nos mostraba vía crucis, colas para una Virgen, dulces con forma de pasopalio y hasta un tipo que tiene que ir con un capuchón en la cabeza porque por lo visto un Cristo lo ha indultado. Sí, esa vetustez, como si aún fuéramos una plaza con garrote vil. Somos así, o quizá no, sólo es esta televisión nuestra, castiza, agusanada, arcaica, tridentina y, sí, estéticamente franquista.

13 de marzo de 2008

Los días persiguiéndose: Profecías (13/03/2008)

La política no es del todo una religión, pero también se basa en la fe de las masas y en las zarzas ardiendo que han visto los líderes. Por eso, a veces, sigue sus mismos movimientos y leyes. Contemplando aquel balcón de la calle Génova, que se iba a pique por la proa, se podía pensar que la sonrisa de Acebes tenía forma de degüello y que Rajoy fumaba su última pipa en el puente, esperando la tumba de las olas como la última dignidad de un mercante o un vikingo. Y sin embargo nunca dudé de que Rajoy seguiría. Recordé lo que escribió una vez Gonzalo Puente Ojea sobre las profecías incumplidas: “el fracaso de las predicciones de carácter religioso puede tender paradójicamente a incrementar la fe y extender su difusión”. Así es. El fracaso se racionalizará como prueba de fe y un mecanismo de compensación buscará la reafirmación en el apoyo incondicional al líder y en la sanción social. Aquel gentío que pedía a Rajoy que saltara no me pareció muy diferente a los adventistas a los que les ha fallado el fin del mundo de aquella tarde y pronto buscan otra fecha y aún más gente para esperarlo. Imposibilitados para aceptar la negativa que les muestran los hechos, como ocurre con toda creencia, el fracaso se borrará de la memoria y todo empezará de nuevo, de una manera limpia y ciega. “Y esto es lo que hay”, como dijo Rajoy.

En Andalucía también ha habido fracasos y ahora empieza una época en que los políticos tendrán que decidir si les sirve este refugio en el fanatismo, que consuela momentáneamente pero sólo les instala en la espera del siguiente golpe, o en cambio renuncian a la superstición y corrigen sus errores, aunque eso signifique quemar sus dogmas. Para el andalucismo con chorreras que las urnas han rechazado, el martirologio o la gloria del que pierde a pesar de tener razón resultan ahora una tentación peligrosa. Pueden sacudirse el polvo de las sandalias en una Andalucía que les ha dado la espalda (por el voto útil, por la mirada de cobra de Zapatero, por el miedo a una derecha fantasmagórica, por el ninguneo de los medios o lo que sea en que ellos se justifiquen) y continuar predicando por los desiertos su fe inamovible y llagada. O bien, haciendo un ejercicio crítico, eliminar sus amaneramientos, sus nostalgias, sus morerías, su soberanismo identitario, para presentar un andalucismo realista y reinvidicativo que no se limite al verde limón. Otra cosa es el PSOE de aquí. Sí, porque ha sido un fracaso que en unas elecciones en las que, además de con su bien instalada máquina de propaganda y clientelismo, han contado con el tirón de Zapatero, con enemigos beatones y con la mala baba de la derecha nacional, hayan bajado cinco escaños y promovido a Arenas hasta resultados históricos. Sí, un fracaso, aunque no lo admitan. Pero el PSOE andaluz, incapaz de autocrítica, no se dará cuenta. Aprisionados en la propia secta que han formado, seguirán creyéndose sus mentiras y su Reino de los Cielos. En el camastro de otra mayoría absoluta, se abandonarán a la autodestrucción. Seguramente, celebran la última fiesta de los que van a beber luego veneno. No tanto por las leyes divinas como por las de los hombres, Rajoy se empecinará y se estrellará. El andalucismo quizá tenga otra oportunidad, si son inteligentes. Y en el PSOE de aquí, la imparable decadencia ha comenzado. Que canten aleluyas y nieguen la realidad. Nunca las profecías incumplidas tumbaron a los dioses, nunca los hechos pudieron con la fe.

11 de marzo de 2008

Somos Zapping 11/03/2008 (Especial campaña)

El cheque. En España había ganado un icono, el flautista de la paz, el Buda flaco que la derecha todavía no se cree, pero en Andalucía había ganado otra cosa, algo como una antigua cosechadora. Cuando en la noche larga, con colores nazarenos y los partidos haciendo caja o contando sus colillas, salió por fin Chaves, no transmitió alegría ni venganza, sino sólo cansancio y sueño del oficio, como un sereno o un taxista. Si en Ferraz saltaban los de las golondrinas en el pelo, en Sevilla sólo recogían la mesa. Hubo momentos en que la mayoría absoluta tembló como un párpado. Los porcentajes bajaban cada minuto y cayeron dos escaños en el tiempo que duraba un café. Les ha salvado la vaporización de CA o el silbido de Zapatero, pero han visto los precipicios. Chaves, sin sonrisa, se metía una nueva mayoría absoluta en el bolsillo, pero de otra forma, como la última moneda. Esa cosechadora que es el PSOE aquí da síntomas de ahogo, pero aún tiene su tamaño de monstruo. “Hace cuatro años señalé que la mayoría absoluta no iba a representar un cheque en blanco -dijo Chaves- . Sigo pensando exactamente lo mismo”. Y sin embargo, esa mayoría con la que justificaba todo, ese engreimiento de creer que los votos le daban la razón, que lo hacían uno con Andalucía, que le permitían cualquier cosa hasta confundir la democracia con una encomienda, eso es precisamente tomar la victoria como un cheque en blanco. Y en la campaña lo demostró muchas veces. Después de perder cinco escaños, ahora, cuando haya votaciones, el PSOE tendrá que ir a buscar a los parlamentarios que estén meando. No es ni de lejos una derrota, pero puede que les haga reflexionar. Quizá su crédito se esté acabando y no tengan más cheques en blanco.


El paso de gigante. El PP ha roto su techo en Andalucía, ha conseguido más escaños que Teófila cuando vino empujada por el levantazo de Cádiz por un lado y el cansancio del felipismo por otro. Gran parte de este éxito, sin duda, se debe a Arenas. Arenas apareció en la televisión también tarde, como húmedo de palanganazos de madrugada, y mostró una satisfacción contenida y discreta. Ha hecho una buena campaña, ha demostrado capacidad y equilibrio y ha conseguido desprenderse un poco de los tics de la derechona. Era mucho PSOE contra el que luchar para aspirar a gobernar, pero diez escaños más (un “paso de gigante”) ya le convierten en alternativa, aunque mirando otros plazos. Deberá hacer una oposición firme, responsable y meticulosa, y no olvidarse de que no le ha llevado ahí la sillería eternal de la derecha, sino la Andalucía de centro, inconformista, moderada y harta del PSOE.


Hundimientos. Valderas ha mantenido sus escaños y sin embargo parecía enfadado, casi más que Jiménez Losantos el lunes, cuando les echaba la culpa de la victoria de Zapatero a Buenafuente y al chiki-chiki. IU se ha hundido en España, pero es una buena noticia que resista en Andalucía, donde necesitamos esa izquierda que aún sueña con utopías, aunque no estaría mal que se fueran deshaciendo de la herrería novecentista. También necesitábamos la presencia de un andalucismo realista, pero se ha desfondado. Cuando vi en el debatillo de Canal Sur, lleno de arrimados, a Pilar Gónzalez, su pañuelo verde me dio ternura. Se han equivocado porque en Andalucía no cala el soberanismo. Álvarez es un político con ideas y ganas. Ojalá aprendan, ojalá vuelvan.

10 de marzo de 2008

Somos Zapping 10/03/2008 (Especial campaña)

Sin descanso. Desperté como entre campanas que no había y la televisión andaluza ya me regalaba metáforas y espejos. A la hora en que abrían los colegios electorales, en Canal Sur, Doraemon, que se parece a Zarrías, se sacaba rayos de los bolsillos igual que hace él. Después de los dibujitos (¿no es la Andalucía de esta gente un dibujito?), tomó el relevo Juan y Medio con sus niños que remedan un pueblo, ese pueblo aboinado que también somos. Cada niño llevaba la pancarta de una provincia y creo que celebraban a destiempo, o en oportuna repetición, el 28-F. Me preguntaba yo luego, por la tarde, un poco envenenado de sorna, hasta qué punto sería legal que en un día de elecciones pusieran Tecnópolis. El primer reportaje fue propaganda del AVE a Málaga, “al servicio del turismo y la calidad de vida en Andalucía”. Ni en ese domingo descansaban. Ellos lo seguían llenando todo, empapando todo en esta Andalucía tomada, con su atontamiento y su impostura de felicidad desde temprano.


La cara del día. Creo que fui adivinando los resultados de las elecciones andaluzas al ver a los candidatos votar, con la cara de pragmatismo que dejaba el día. Se les transparentaba en el ánimo lo que ya decían las encuestas y por eso Chaves votó con suficiencia, Arenas lo hizo con esperanza o lejanía, pensando en otros plazos, y los demás, quizá, sólo como conjuro. Parecía que recurrían a la magia Valderas, que besó su papeleta como un relicario, y Julián Álvarez, con el amuleto de ese jersey verde que le ha convertido durante toda la campaña en una especie de Evo Morales o ardillita parlante de nuestras esencias, aunque con vocación más de gamusino que de alternativa. Ver echar mano de esa pequeña brujería contra el poder asfixiante del PSOE me dio tristeza. Cuando en Telecinco, a mediodía, subrayaron que los socialistas gobernaban en Andalucía desde 1982, se diría que hablaban de los Austrias, y eso son muchos lanceros contra los que luchar. Sí, era como si fueran todos con pereza a la misma foto de siempre. Excepto Álvarez, claro, que sólo iba a su entierro, después de haber ido tomando a lo largo de la campaña, cada vez más, una postura de cadáver decapitado y pisoteado por sus zapatos de colores.


La realidad. Escuchando a los partidos andaluces a medida que se conocían los resultados, estaba claro que nadie esperaba la sorpresa, el milagro, sino más bien sólo una confirmación, como para irse ya a casa tranquilos y con la tarea hecha. Bueno, nadie o casi nadie. El PSOE contaba su mayoría como el parte meteorológico o una carta a los corintios. El PP hizo el discurso previsible de su subida, un poco consolador y un poco ensayado, y la verdad es que no creo que aspirara a más. IU se felicitó por aguantar “el vendaval del bipartidismo” y sólo CA daba pena agarrándose todavía a sus sondeos, que le daban incluso grupo propio en el parlamento, hasta que los hechos los hundieron. Todo ha quedado igual o quizá aplazado, y era esta realidad estancada de Andalucía la que se apoderaba de la noche como sargazos.

9 de marzo de 2008

Somos Zapping 09/03/2008 (Especial campaña)

Este domingo. Los reporteros hablaban desde pabellones vacíos, como con todo volcado, y en la televisión de la medianoche el triste fin de campaña parecía una tela por la cara. Una vez soñé que me mataban de un tiro y era el sonido de sólo medio disparo y luego una oscuridad de haberme quedado en un ascensor sin luz. Estuve todo el viernes acordándome de ese sueño, mientras veía cómo la campaña se paraba con un gran crujido y los candidatos condenaban el asesinato de Isaías Carrasco con ojeras en las solapas, como médicos con la mala noticia. Después de tantos días de propaganda y dentelladas, se me aparecieron al fin dignos. Ayer, la hija de Isaías, con entereza y rabia, llamó cobardes a los asesinos y pidió que nadie utilizara la muerte de su padre. Ojalá le hagan caso. Algo tan horrible quizá nos ha puesto por delante, sin embargo, el valor de todo esto que tenemos, esta Democracia fallona pero que a veces se hace grande o al menos nos entran ganas de hacerla grande. Creo que este domingo, como con aves de incienso escapadas, llama a eso.


Campaña televisiva. La campaña, larga, faltona, plasticosa, ha tenido en la televisión su estrella y su emboscada. La televisión ha agrandado o quizá incluso a veces ha tapado la saliva, el hierro, la farsa y la verdad de este gran zafarrancho, pero nos ha transmitido la electricidad de las elecciones como hacía tiempo que no ocurría. Después de esta legislatura de la revancha y del odio, tuvimos el clímax de las películas, con los espadachines en la escalera. Recordaremos esta campaña tan televisiva por mostrarnos de nuevo a unos candidatos por fin vivos, hablándose cara a cara. En Andalucía, sin embargo, hay dos cosas que lamentar. La primera, que el debate nacional ha aplastado o empequeñecido el autonómico, que en ocasiones sólo parecía acarrear los votos hacia Madrid. En los informativos de Canal Sur, compartiendo el plano y el postre, la izquierda de Zapatero y la de Chaves se fundían en la misma, sin serlo, tanto como en sus palabras se hacían equivalentes la derecha de Rajoy y Arenas, de lo cual también tengo mis dudas. Demasiadas veces, la suciedad de la legislatura, ajena a nuestros problemas, se ha mezclado con la munición de aquí. Además, hemos sido invisibles para el resto de España. Lo segundo a lamentar es que Canal Sur ha demostrado, nada menos que con cuatro sanciones de la Junta Electoral, la parcialidad y el sometimiento al PSOE que ya nadie dudaba. Aún tuvimos que ver, en la última entrevista a Chaves, cómo la misma Marta Paneque que intentó acorralar a Arenas con todos los tópicos de la derechona, le hacía al presidente andaluz las preguntas exactas para su lucimiento o para su justificación, utilizando hasta sus mismos términos (“desaceleración económica”, por ejemplo). Casi lo puso de tío bueno cuando le preguntó si “necesitaba sentirse en forma”. Ahí ha estado, espejado en su televisión, el régimen que tanto niegan ellos.


Mi voto. Mientras veo el informativo del mediodía en Canal Sur, donde las elecciones parecen ya dispuestas en su tapete, me llama mi madre y me pregunta, tal cual, a quién hay que votar. Me enternece su ingenuidad y pienso cuántos en Andalucía estarán así. Le contesto que vote a quien le parezca, pero ella quiere saber qué voy a votar yo, y se lo digo. “¿Eso cómo va a ser?”, se sorprende. Sonrío, le mando un beso y cuelgo.

8 de marzo de 2008

Somos Zapping 08/03/2008 (Especial campaña)

El adversario. No hay ya sino un único adversario, el mayor: la locura, el fanatismo bañado en la muerte, el que le ha quitado la vida a Isaías Carrasco. Todo se ha apagado como apago yo la televisión, asqueado, triste, furioso. Queda un silencio escombrado, pero la Democracia tiene que continuar. Pongo esta mayúscula con fuerza y esperanza, como hacía mucho que no la ponía.


Mujeres. Esta jornada de reflexión y luto, con luz dañina de dolor, también es el Día de la Mujer, mujer a la que han traído y llevado estatuada los políticos, Isis de los mítines, el eterno femenino que preña el planeta adornando ahora de guirnaldas a los burócratas. La igualdad plena de la mujer es una dignidad ya inaplazable. Pero aún no hemos sabido conseguirla o pelear fuerte por ella. Otra cosa, sin embargo, es que las algaradas de los políticos, en estos días que son su estación más mentirosa, traigan algo más que manojos de flores. Hace poco, en Martos, Jaén, Chaves congregó a las mujeres para hablarles como de amazona a amazona, o así parecía en los informativos de Canal Sur. Chaves afirmó que creía en la mujer “porque no soy tonto”, como si se tratara de comprar algo en Media Markt. Pero yo me acordaba de las mujeres embarazadas despedidas por la Junta, y me di cuenta de que eran esos actos de la dura realidad, y no esos discursos como de macho que se pone un día a planchar, los que medían la altura verdadera de estos políticos, hipócritas, interesados, carantoñeros, falsos paladines de lo que toque.


Dedicatorias. De nuevo Zapatero y Chaves estuvieron juntos, en Córdoba, rodeados de mayores, a los que, según recalcaba Canal Sur, les van a dar dentaduras y ordenadores, además, supongo, de más María del Monte cada día. Llevan toda la campaña pidiéndonos el voto por nuestros padres, abuelos, hijos o nietos, y este sacarnos la cartilla de familia de la casa de la pradera me parece un recurso baboso y casi indigno. No, estas elecciones no son homenajes. Los políticos se juegan el poder y los negocios, no el álbum de fotos, y nosotros quizá nos jugamos la propia dignidad de nuestro sistema, cuando lo público en Andalucía está podrido por culpa de una casta de partido que se ha adueñado de todo. Las dedicatorias a los viejos o a las mujeres guerrilleras me parecen tan falsas como la extraña pareja que hacen Chaves y Zapatero, igual que una artistona con un cubano, dos socialismos de diferente edad, modos, escuela, unidos con cierto asco por un matrimonio de conveniencia. No, no nos engañan. Esto no es el cumpleaños del abuelo, sino el festín de nuestros dueños.


Vivir bien. Lo dijo Concha Velasco, también en el mitin de Córdoba, donde hizo de bailona o vecinita o sirvienta, como en sus tiempos yeyés: “Después de escuchar a Manolo Chaves, me dan ganas de quedarme a vivir en Andalucía”. Y con razón. Aquí se vive muy bien si eres artista del régimen. Enseguida caen encarguitos, premios, festivales; enseguida se entra en los circuitos culturales y en los programas de Canal Sur. Sí, aquí se vive bien si sabes arrimarte y aplaudir y callar. Aquí se puede vivir muy bien y todos sabemos quiénes y cómo. Concha Velasco acababa de pisar Andalucía y ya se dio cuenta.

7 de marzo de 2008

Somos Zapping 07/03/2008 (Especial campaña)

Trampas. A Javier Arenas, en la entrevista que le hizo Marta Paneque, le pusieron todos los cepos que tienen en las tramperías de aquí para la derechona y los fue saltando todos o casi todos. Arenas mejora cuando deja esa cosa tan fea y sospechosa de las “personas normales” y se enfoca en la política de los hechos, más que en las cruzadas que tanto le suenan a latón al PP. Quizá ha decidido con inteligencia que el PP andaluz no puede ser el de Madrid, que parece la cola de Medinaceli. Aquí las llagas de la patria y los domingos de relicarios ni sirven ni son lo fundamental. En cambio, economía, regeneración democrática y eficacia pública, sí. No vino, pues, con el cayado, a abroncar a los sodomitas y a los del becerro de oro, sino con pragmatismo y propuestas, insinuando por fin ese centro que tanto se echa de menos a veces en los populares. Y eso que en Canal Sur tenían bien tensado el alambre de estrangular. Marta Paneque le preguntó si su lema, “cambiar a mejor es posible”, significaba un “reconocimiento de que Andalucía ha ido cambiando para bien”; le recordó las salidas de tono de Ana Mato o Manuel Pizarro y le puso por delante la posibilidad de que se le casara un hijo homosexual y hasta un escenario para la eutanasia. Las preguntas tenían todo el sesgo y todo el veneno que ya se les suponen, pero Arenas respondió bien. Apostó por una Andalucía ambiciosa y se desmarcó de los bocazas a la vez que dejaba claro que fueron críticas a la gestión del PSOE, no a los andaluces. No se puso puritano, dijo que apoyaría siempre a sus hijos y que ante la muerte tendría en cuenta tanto sus convicciones como la dignidad del que está sufriendo. Eso sí, no pudo evitar mencionar, aunque de pasada, que eliminaría la asignatura de Educación para la Ciudadanía, cosa que le volvió a acercar a la derecha de primera comunión. Pero no es sitio éste para que yo vuelva a defender esa asignatura (tampoco evita esto que me espante la actitud de Chaves abofeteando a la Justicia y a la división de poderes). En resumen, vi a un Arenas más centrista y convincente, que no cayó en las trampas de su lado oscuro, o sólo en una pequeña. Puede que Arenas esté ya enterrando a la derechona aquí, y eso es una buena noticia para Andalucía.


Anuncios. En esta democracia nuestra, corta en palabras, suenan los himnos más que los programas y los eslóganes más que los argumentos. Pero viendo la publicidad televisiva de los partidos andaluces, me he dado cuenta de que, más que de votarlos, me entran ganas de irme a Merkamueble o algo así. El PP ha hecho un anuncio de cola del pan, el de IU es el de una ferretería de pueblo, y el de CA, con gente un poco fumada cantando estribillos de guardería (“yo voy, yo voy” y “anda, lucista”), es una rara conga de raperos soberanistas. Bastante cutres los tres, aunque no sé si es peor esta cutrez o la pretendida sofisticación de los del PSOE, copiando la estética juntera, ya saben, entre la acuarela y el salvaslip. Veo uno como narrado por mimos alucinados, lenguaje de signos para versos marineritos, que me deja algodonoso de ñoñería: “Quiero árboles, ríos y mares; vivir bien; si estuviera en mi mano curar enfermedades, lo haría; no quiero que me regalen la luna, pero sí Internet...”. Creo que faltó, antes del “Andalucía suma y sigue”, un cachorrito haciendo rodar papel higiénico. Tengan cuidado, pues, no vayan votar por error a Leroy Merlin, a Fanta limón o a Ausonia.