26 de junio de 2008

Los días persiguiéndose: Príncipes de las ostras (26/06/2008)

La princesa de las ostras es una comedia de Lubitsch en la que los ricos parecen balleneros y los príncipes, violinistas tiesos. La ostra es otra vulva para los horteras, pero, como todos los moluscos, acumula la mierda del mar, los metales pesados y hasta las meadas tibias y cartilaginosas de las sirenas. Lubitsch no podría haber elegido nada mejor que las ostras para su sátira contra la riqueza sucia, la vanidad, la gula y la vulgaridad. Las ostras y cuatro camareros por comensal le sirven al genial director para retratar a toda una casta de engreídos que aún seguimos viendo, esos comecoños del dinero y del poder que retozan en los jardines de sus eructos y engullen con satisfacción el simbolismo de sus propios mocos. Ostras, marisco, fetiches de los que chupan sus ganas de superioridad lascivamente, como el pie bello y sudado de una señorita. Ostras, marisco, como si dejaran en los salones el olor de sus ingles, su orina de lobos en público. El mundo se divide entre los que hacen mariscadas y orgías y los demás que sólo los miran mientras cae el vino por su papada y parecen sentarse a la mesa sobre una escupidera, cagameándose a la vez que cenan. Luego, los que hacen mariscadas y orgías se dividen entre los que sólo se están limpiando el culo con su propio dinero y los bellacos que se convidan con dinero público, sumando a su obscenidad esa satisfacción que dan la piratería y el latrocinio, la lujuria de los botines.

No sé qué se supone que debería ser ese Consejo Audiovisual de Andalucía, convento de peritos televisivos, geómetras de la caja tonta o brahmanes de las videotecas. Pero sé que ha sido un empeño del poder en el que han colocado esbirros y guardianes que tienen el hambre de los criados. Una cena de Lubitsch o quizá aquella otra de los mendigos de Buñuel en Viridiana, eso es lo que nos traen estos rebañadores de gran gañote y vientres sucesivos preparados para las papillas de sus dueños, los sapos de su vergüenza y el lujo de las cáscaras. Un oficio que se presenta con cisnes asados, almirantazgo de crustáceos, bandejas como carrozas, camareros como porteadores, cascadas de vino, timbales hechos de jabalíes, todo libidinoso e impúdico como mamadas bajo el mantel. Tranquilos, que paga el pueblo para que se trabajen el buche de acuerdo con la dignidad del cargo. Las mariscadas “inherentes” son la bandera de esta democracia de dedos amorcillados y boca sedosa de pringue. La gran teta pública los alimenta en camadas, los acuna en su flato, los baña en copas de balón, los condecora de lamparones y aún defienden el derecho a que así sea, pues se lo merecen por arrimarse a los que un día lo ganaron todo y se convirtieron en amos, que no en gobernantes. Pidamos luego independencia, rigor, integridad, trabajo, vocación de servicio, a aquéllos a los que el poder ha puesto triclinios en los restaurantes de lujo para que el presupuesto público los corone de solemnidad y les apacigüe sus voraces estómagos agradecidos. Qué menos, pensarán, tendría que devolverles el pueblo, a ellos, los que se desviven por su bienestar, ellos sobre los que recae tanta responsabilidad, ellos los de la “alianza estratégica” con los andaluces. Sí, ponerse tibios a nuestra salud, con nuestro dinero, qué menos que eso para el indispensable Consejo Audiovisual, sustento de nuestra libertad. Poco me parece para la dignidad de su ministerio. Creo que deberíamos nombrarlos, en una gran ceremonia chavesiana, príncipes de las ostras.

23 de junio de 2008

Somos Zapping 22/06/2008

Corrupción gazpachera. Qué sería de la corrupción sin su periódico toque de gazpacheo andaluz... De lo de Marbella apenas quedaba ya el recuerdo de la casa de Roca, mezcla de la de un taxidermista loco (Norman Bates disecaba bichos) y la de un Torrente que hubiera ganado la primitiva; quedaban unas lágrimas de folclórica entre manojos de pelo de sus moños y quedaban bolsas de basura con los millones oliendo a escarola. La operación Malaya ya ha pasado de moda, suena a telenovela de otra época o a cantante de la OTI, como los que se acuerdan de Rubí o de El Puma cantando Pavo real. Pero he aquí que el choriceo televisivo se nos vuelve a refrescar con Estepona. Parece que esto de la lucha contra la corrupción se va ir limitando a abrir algún cofrecito por la costa andaluza cada dos o tres años, así que todavía nos quedan muchos alcaldes esposados abriendo los informativos y muchas veces que nuestros gobernantes autonómicos salgan con el bigote erizado del susto y la palangana de Pilatos. Ahora, Estepona. El día en que la policía entraba en el ayuntamiento de Estepona como a una redada de puticlub, la televisión burbujeaba de morbo y nos dejaba perlas como anillazos de concejal de urbanismo. En Las mañanas de Cuatro, alternaban una y otra vez imágenes de Antonio Barrientos con otras que ellos creían que correspondían a Jesús Gil Marín. Pero no, no era Jesús Gil Marín el que sacaban, sino Antonio Sanz, al que alguien había confundido con el hijo del Ostentóreo. Pobre Antonio Sanz. Vale que no sepa elegir sus chaquetas, pero de ahí a igualarlo con el heredero de Gil... No vi una rectificación, no sé si es que no llegó o me la perdí zapeando (Estepona triunfaba en cada canal como no lo haría ni una boda de la familia Ordóñez). Todas las cadenas se deleitaban en la maldad de los malísimos, pero también dejaban su sesgo. Iñaki Gabilondo, que no me gusta porque le da a los informativos el tono que tengan su humor y sus tripas ese día, recalcaba que en Estepona “todos los partidos estaban manchados”. ¿Todos? ¿Y por igual? ¿Pero no está en la cárcel un alcalde del PSOE al que Chaves le había permitido pactar con ex gilistas? La Sexta llamaba a Barrientos “un garbanzo negro”. Canal Sur se apresuraba a sacar a Zarrías recalcando que los implicados habían sido expulsados del partido. Ridículo (ese Barrientos buscando novia en un programa como de época Un, dos, tres...), morbo televisivo, vergüenza de nuevo para Andalucía y ese asco de ver cómo las ratas huyen del barco. Esto nos ocupará unos meses. Pero ya vendrá el próximo escándalo. Qué sería de la corrupción sin su periódico toque de gazpacheo andaluz...


Armas de mujer. Lo que son las casualidades, sobre todo en Canal Sur. La ministra Bibiana Aído acababa de pasar una semana entera ganando su propio campeonato de tonterías y poco después ya la vemos con Jesús Quintero, ese hombre que redime y acuna, purificándose a base de primeros planos y caídas de ojos. No le parece a uno bien que una ministra de Igualdad utilice armas de mujer. Sí, porque la ministra había cambiado su peinado (un ondulado hechizante), hablaba en susurros y se emulsionaba en sonrisas. Vamos, que estaba de un sexy que mareaba, perdonen la sinceridad. Hubiera enamorado hasta a Jiménez Losantos. El fallo que tuvo es que siguió confundiendo las buenas intenciones con la competencia política. Nadie puede pensar que no sean loables y necesarios el empeño y los objetivos de su ministerio. Lo que ocurre es que la bobería afea mucho a un político, casi tanto como lo artificioso, lo vacuo y lo postizo. Contó que de pequeña tenía un muñeco que cantaba La Internacional y llegó a invocar el lema de los hippies: “Haz el amor y no la guerra”. Esas palabras casi hacen que me caiga del sofá. Comprendo que cautivara a Zapatero. Pero para llevar un ministerio, apreciaríamos más otras cualidades que ese pelo trigueño ondulado que estuvo persiguiéndome toda la noche.


Inherente. Ya sabemos para qué sirve ese Consejo Audiovisual de Andalucía: sirve para que ellos se pongan púos en restaurantes de postín a costa del contribuyente. ¿Cómo criticar al poder que te lleva a hincharte de ostras de gañote? Y dicen que es algo “inherente” al cargo... Lo inherente al cargo me parece que es la poca vergüenza.

20 de junio de 2008

Los días persiguiéndose: Los culpables (19/06/2008)

Estuve en Estepona en aquella moción de censura de 2001 contra el alcalde Antonio Barrientos, ahora detenido. Estepona tenía una belleza vulgar, como de flor bañada en agua de colonia, igual que toda la Costa del Sol. Parecía un Miami con bingos que mantenía un corazón de panadería de pueblo. Pero la política olía a entrepierna y el Mediterráneo era un cagadero con desinfectante verde. El GIL hacía tiempo que había convertido en eso toda la costa, contaminando a los partidos, corrompiendo las almas y el paisaje, acabando con los inocentes. Titulé aquella crónica “El poder a toda costa”. Entonces fue el PP el que se alió con ex gilistas tránsfugas o conversos para arrebatar la alcaldía al PSOE, siguiendo la táctica (fea y sospechosa) que ya había usado en La Línea. Luego, el mismo Barrientos les devolvería la jugada. Como digo, nadie parecía ya inocente, igual que ocurre en las timbas o en los puticlubs. Pero no ser capaz de encontrar vírgenes en aquella política de cocodrilos de spa tampoco significa que todos sean igual de culpables.

No esperemos a los dioses, que sólo aplican su justicia a los muertos; ni a la policía, que sólo aparece en el lugar del crimen para rodear el cadáver con tiza. Desde los italianos que llegaban a la isla de Ellis, a la que llamaban "L’isola delle lacrime", y después se vengaban repartiéndose las ciudades entre las “familias”, sabemos que ciertos negocios no pueden mantenerse sin untar a una parte de los políticos, la pasma, la judicatura y el periodismo. Vuelvan a ver El Padrino, esa Biblia de nuestra época. La corrupción es imposible de erradicar en su totalidad. Pero cuando se llega a la impunidad, cuando los corruptos se encuentran tan seguros y tranquilos que crean castas y se extienden haciendo cabotaje por Andalucía durante años, es que se saben con las espaldas bien cubiertas. Sigamos el rastro del dinero, como dijo Garganta Profunda a Bob Woodward, pero también el de los silencios, a ver adónde nos lleva. Los que han callado, los que han consentido, los que no veían ni olían nada cuando los ediles y los gerentes de urbanismo se pavoneaban como jeques y en el mar encallaban pirámides de piscinas y culos. “Tolerancia cero”, “sorprendidos en nuestra buena fe”, dice Álvaro Cuesta, secretario de política municipal del PSOE. “Expulsados del partido”, se apresura a aclarar Gaspar Zarrías. Alegraría saber que aún existe tanta ingenuidad en nuestros políticos, pero los conocemos y sabemos que suelen manejarse más en el cinismo que en la candidez. Me pregunto si sería más grave que fueran culpables por complicidad o por incompetencia

Marbella, Estepona, la hidra de la corrupción entre miopes y untados, entre ineptos y bandidos. Un poder que en Andalucía controla hasta el último pedo no ha visto llegar ni ha sabido derrocar a la Babilonia con palmeras electrificadas y comisionistas de marisquería que crecía bajo su sol de merendero. En Estepona, ahora sí, estaban los suyos, y hasta Chaves iba allí como a los cumpleaños de Don Vito, a soltar peroratas sobre la buena democracia de los que sirven y callan. La policía llega a Estepona tarde, igual que barrenderos tras la fiesta, pero se lleva los papeles de los años del PSOE, que escurren mierda, y en la Junta los ciegos vuelven a ver de repente como en los falsos milagros. Negarán tres veces a los que han pringado, hasta que cante el gallo. No quedan inocentes en la política, pero conoceremos a los auténticos culpables de toda esta vergüenza porque ahora se esforzarán en parecer los más dignos y escandalizados.

15 de junio de 2008

Somos Zapping 15/06/2008

El guiñol Aído. Desde que nombraron ministra a Bibiana Aído, Canal Sur la ha ido tratado como a un ángel anunciador, la portadora de la antorcha de la Igualdad con los mantos y los rayos de las alegorías enredados en sus anillos. Volvía a esta tierra desde Madrid y en los informativos la sacaban en cuadros de Giotto, en imposiciones de manos y en curaciones milagrosas del machismo. Confundían a la ministra con una musa y todo resultaba ridículo y devoto como en una especie de marianismo progre. Pero era un bluff, un ministerio ocupado por una escaparatista. Hija de los clanes y de las cuotas, ha ocupado en el Gobierno el sillón de la idiotez que ya ocupó otra andaluza, Carmen Calvo. Parecía imposible superar lo de “jóvenes y jóvenas” de Carmen Romero, cuando la chica que pasó de la burocracia del flamenco a la bancada azul soltó lo de “miembros y miembras”. Parecía imposible superar lo de “Pixie y Dixie” de Carmen Calvo, cuando Bibiana Aído nos deslumbró con que la Academia ya había reconocido “anglicismos como fistro y guay”. ¿Anglicismos fistro y guay? ¿Reconocido el lenguaje chiquitistaní por la Academia? Deben de estar contentos el feminismo y la progresía al ver que una chica jovencita, mona y tonta ha llegado a la cima de la política por ser precisamente chica, jovencita, mona y tonta. Era el empujón definitivo que necesitaba la digna causa de la igualdad entre los sexos. Y deben de estar orgullosos también sus padrecitos aquí en Andalucía, al haber regalado a la política nacional otro mediocre iletrado. La cuota andaluza en el Gobierno parece que se limita a proporcionar, una y otra vez, al payasete de turno del gabinete, al incompetente ridículo, a la florecilla boba. Con Aído ha nacido otro guiñol andaluz, más carne de zapping. Y ya van siendo demasiados.


Matanza coral. A Rafael Cremades le pega mucho todo eso de enseñarnos lo que hace la gente en sus cocinillas, de ahí que quede tan bien en este otro concurso sobre lo que canta Andalucía en la ducha o en el tendedero que es Viva mi coro. Menos le pega a Cristina Peña pasar de acompañar a Wyoming a meterse en estas zambras de barrio. El programa es una secuela de Se llama copla, pero hecho con peñas enteras en vez de con solitarias planchadoras, más un toque chocante de Sorpresa, sorpresa, porque Cremades se va los pueblos para darles a los coros la buena nueva de su selección buscándolos entre procesiones de la patrona y repostería del lugar. Veo una coral polifónica con más buena intención que voces y un conjunto levemente folk que parece acompañar a María Ostiz o a Mocedades. Pero lo que abundan más son esos insoportables coros rocieros o romeros, los tontipijos de las rumbitas con flato de rebujito, meneo jaquetón de culo y culto al medallón y a la patilla, que crecen en los pueblos al calor del verbenaje y de ese mal gusto avinado de lo feriante que aquí algunos hasta se atreven a llamar nuestro arte (por cierto, era la primera vez que un concurso de este estilo veía cortar jamón en los ensayos). Toda una pretendida balconada canticoral, en fin, que se quedó en el Sarandonga de Lolita, ese himno chovinista y lamioso de Creó Andalucía, las Habaneras de Cádiz un poco aguadas, alguna canción de Marc Anthony o Nino Bravo, u otra de Luis Miguel que, interpretada por tíos con chaquetilla corta, parecía cantada por su cochero sevillano. La verdad, no sé qué necesidad hay de escuchar a aficionados queriendo convertir su domingo de paella en intento de música, pero ya sabemos cómo es Canal Sur con tal de conseguir el aplauso de las plazoletas. Para evaluar esta matanza del arte coral (bueno, salvemos al conjunto polifónico de Algeciras, que al menos tiene empeño y gusto y se presentó con Händel) hay un increíble jurado que merece comentario aparte. Vale que Julio Pardo hace sus cositas de carnaval, aunque tampoco sea Georg Solti. Pero el cantante de No me pises que llevo chanclas, inventor del agropop, o Las seventies, esas rubias al unísono que creen que cantar a dos voces es chillar el doble durante sus horteradas antimusicales, eso ya es de cachondeo. Para desinfectarme de todo esto, tuve que escuchar enterita la Octava de Mahler. ¿Que qué es eso? Pues algo que lamentablemente todavía no han versionado los de Siempre así porque no terminan de cogerse con el meneo de culo.

13 de junio de 2008

Los días persiguiéndose: El sexo de los camiones (12/06/2008)

Los camiones de España han tenido hijos con tractores y sindicalistas, y así tan multiplicados y engordados de su fruta, su leche y la rudeza de sus padres, están tapando todos los poros del país con su forma de bacilos atravesados. Pero no pasa nada porque los ministros no hacen la compra, y menos las ministras, que eso va contra el género, la igualdad, la paridad y la concordancia. Los transportistas están haciendo una huelga de hombres, con sus cosas de la gasolina, del taller mecánico y de los sacos por acarrear, una huelga de hombres cabreados que parece que ha llenado el país de botellas vacías de cerveza, como en esas timbas que supongo que siguen haciendo los hombres. Aquí podemos levantar ministerios de igualdad y pelearnos por el sexo de las palabras (ya no tienen género, sino sexo, con su violencia y sus cópulas, con su seducción y sus venganzas) pero nos encontramos con la curiosidad de una huelga totalmente ibérica de hombres en sus asuntos machos, una huelga como de hinchas futboleros que han ido yendo a mamporros de las tabernas a las gasolineras. Sí, esto de los camioneros es lo más parecido a una huelga de hombres y ya vemos que queda una guerra sucia, violenta, sin ducha y sin comida caliente. Seguro que esta huelga salvaje se arreglaba si alguien propusiera abordarla desde la perspectiva de género. Es una huelga nada paritaria, toda violencia machista, a través de la que estos hombres están canalizando su agresividad, sin duda porque no tienen un teléfono ministerial que los atienda y les explique cómo está cambiando el rol masculino en el gremio de los transportistas.

Pero dejemos la guasa. Llevar el sexo a los camiones o a ciertos neologismos malparidos es el mismo absurdo. Uno piensa que la verdadera igualdad no puede venir de extender a todo la división de los sexos, que es como llenarnos de biombos, sino precisamente de lo contrario, terminar con esas divisiones que parece que le ponen a cada lugar de la vida o del idioma ropa interior diferente. O sea, que el sexo sólo contara para el sexo, para la biología y el amor, y que en lo demás no hiciera falta siquiera hacer referencia a él. Recalcar continuamente la existencia de dos sexos, multiplicar por dos cada palabra y cada colectivo, no deja de ser otra manera de seguir colocándonos en barracones separados, como si volvieran aquellos colegios de señoritas y cadetes. Todo lo opuesto, piensa uno, a lo que debería ser la igualdad: la consideración de cada persona por sí misma, como ser humano libre y único con sus derechos y dignidad, sin tener que distinguirse con tocado o con sombrero en cada frase o en cada auditorio. La ministra Bibiana Aído ya es una reverenda madre de sus tonterías pero lo más grave es que no sirve a la causa de la igualdad, sino que la ridiculiza. Eso de miembros y miembras es una estupidez lingüística pero sobre todo creo que continúa siendo un camino equivocado para que dejemos de vernos como hombres y mujeres y nos tengamos al fin sólo por seres humanos. Las cuotas y las paridades, las palabras con colita o sin ella, la sexualización obsesiva de todo, no hacen más que poner otros azules y rosas sobre los antiguos que ya había. Ya tenemos suficientes divisiones en patrias, sangres, lenguas, credos, ideologías. Me cansa tanta categorización banal de lo que somos. Hay una huelga de hombres, transportistas o transportistos, pero lo importante es que hay una huelga. Y hay sexos, pero lo importante es que hay personas, ciudadanos. A ver para qué serviría en este conflicto arriero ponerles sexo a los camiones...

9 de junio de 2008

Somos Zapping 08/06/2008

Innovación a tope. A veces no puedo resistirme y, en domingos de desgana o de morbo, me vuelvo a dejar arrastrar hacia el mundo pitufo al que invita esa marioneta de calcetín que es Roberto Sánchez Benítez. Lo dejo al azar por si la casualidad le da a Tecnópolis una oportunidad para redimirse, pero es inútil: el catálogo de chorradas no tiene interrupción ni techo. En busca de la innovación andaluza, el programa nos lleva esta vez a un sitio al que la Consejería de Innovación ha otorgado el nombre de Centro Tecnológico de la Cerámica de Andalucía, donde hacen... ¡tejas y adoquines! Allí, señores con bata blanca parecen moverse en la ingravidez alrededor de ladrillos de gafas o verificando si los baldosines resbalan. Sin duda, con eso llegaremos un día a las estrellas. Aunque nada comparable con el siguiente hito tecnológico: las sandías de Almería. No, no se trata de cultivos hidropónicos o variedades nacidas de la ingeniería genética, sino simples sandías híbridas que siguen examinando al peso y por el método del picotazo. Acabarán por descubrir los patatales y eso encumbrará nuestra industria tecnológica. Y aún hay más. ¿No decía Arthur C. Clarke que cualquier tecnología suficientemente avanzada sería indistinguible de la magia? Pues ahí tenemos a la Andalucía más vanguardista y mágica en una tienda dedicada al feng shui que ha abierto por ahí una señora. Ya saben, un color y una planta en cada pared para dirigir las “energías”, o una figurita de un dragón en el rincón adecuado para que vayan bien los negocios. “Unos consejos que nos ayudarán a mejorar la energía de nuestro entorno, gracias a proyectos innovadores y pioneros en Andalucía”, remataba idiotamente la voz en off. Pero no, esto no se acaba. Tenemos más innovación “en el sector de la automoción”. ¿Coches de hidrógeno o conducidos por inteligencia artificial? No, una familia que se ha llevado el ordenador a su autocaravana, que le da a su hijo un DVD portátil, que nos enseña su cama de 1,50 (!!!), su frigorífico y su microondas, y que, eso sí, ha puesto placas solares en la ruló. Estoy deseando que llegue la próxima cita “con la innovación y la calidad de vida en Andalucía”. Tienen que ser gloriosos los reportajes que les dediquen al azadón y a la nevera de playa.


Más centros tecnológicos. Aún anonadado por la existencia de ese Centro Tecnológico de la Cerámica, me encuentro en las noticias de Canal Sur con una larga exposición de las medias de nuestro Gobierno autonómico contra la crisis (perdón, desaceleración que causa un ajuste fuerte etc...), donde descubro que aún tenemos otros centros ante los hasta aquel Instituto de Energía Fotoatómica de Mazinger Z resulta ridículo. Tranquilos, pues, que ante la crisis, nuestros gobernantes van a activar hasta su máximo rendimiento... ¡el Centro Tecnológico de la Piel en Ubrique o el Centro Tecnológico de la Piedra en Macael! ¿Se refieren quizá a hacer monederos y a picar en las canteras? No, eso se queda para el mundo atrasado que aún no conoce la Segunda Modernización. Y eso que todavía no funciona a toda su potencia el Centro Tecnológico del Borrico...


Buenas noches y buena suerte. Resulta abrumadora la capacidad que tiene Joaquín Petit para la cursilería vacía y para el ridículo estético y ético, ya le toque la armónica a la luna o le cuelgue los abrigos a sus amos en su perchero de detective. Se celebraba el décimo aniversario de Canal 2 Andalucía, que a partir de ahora se llamará Canal Sur 2, y al ver a Petit en el atril, redondito y ahuecado de su propia afectación, supe que nos iba a regalar una de sus joyas. Y así fue. Petit, servilón del poder, enchufado agradecido, tuvo el descaro y el impudor de citar a Edward Murrow, aquel honrado y valiente periodista que se enfrentó nada menos que a McCarthy durante la caza de brujas. Una cita que, dicha en la televisión pública andaluza, sólo podía tomarse como sorna o como insulto a la inteligencia: “La televisión puede enseñar, puede arrojar luz, y sí, hasta puede inspirar, pero sólo lo hará en la medida en que nosotros estemos dispuestos a utilizarla con estos fines”. Qué precisa descripción de lo que no es la televisión de aquí. “Buenas noches y buena suerte”, remató Petit con la oronda satisfacción con la que termina siempre sus pamplinas.

5 de junio de 2008

Los días persiguiéndose: El Mundo (05/06/2008)

Los periódicos no son la Biblia, aunque a veces traigan el Apocalipsis en las portadas. Son el envoltorio diario de la democracia, que viene como el pan. “La prensa no es objetiva”, me reprochan con frecuencia. Pero no, la prensa no tiene que ser “objetiva” (¿quién decide eso?), sino libre, y eso es lo que distingue a las sociedades civilizadas. Midan la libertad de prensa y tendrán la calidad de una democracia. Por la mañana, los kioscos arden igual que los taxis, pero el poder, sea el que sea, sabe que se levantará con una ducha fría por la espalda. Los titulares se contradicen y hay cuchillas de todos los tamaños encartadas, pero no teman. Lo espantoso sería llegar un día y encontrar la unanimidad junto a las cajas de donuts y las revistas de ganchillo. Ese día, habría que huir de aquí porque no tendríamos democracia. Cada mañana me incendio con los periódicos, me indigno con los periódicos, me alegro de tener periódicos y hasta de que se maten entre ellos con los políticos por el medio. Hay columnistas que me repatean, hay editoriales increíbles, hay noticias tendenciosas, hay cabeceras que saben a ricino. Doy gracias por todo ello, pues son el escaparate de la libertad.

Antes de escribir aquí, yo compraba EL MUNDO para leer a los grandes, a Umbral, a Raúl del Pozo, los que llenaban sus columnas de hojas de acanto, que era con lo que yo soñaba. Ya me lo había recomendado un amigo más bien anarquistón, fíjense: “Es un periódico moderno, muy a la americana”, me decía. Por entonces, EL MUNDO ya formaba parte de la historia de España. Aquel día de hace casi ocho años, cuando Paco Rosell me llamó para decirme que quería contar conmigo, fue uno de los más felices de mi vida, eso no puedo negarlo. Pero no es agradecimiento ni lealtad babosa lo que me une a este periódico, sino más bien confianza y respeto. Se lo han ganado sus profesionales, que me demostraron su independencia, su pasión, su espíritu crítico, que me enseñaron tanto, que perdonaron mi bisoñez y mi impetuosidad. Como en todo trabajo, ha habido broncas y desavenencias, pero me publicaron salvajadas, respetaron mis opiniones, mis obsesiones, mis columnas a menudo totalmente contrarias a la línea editorial. Un periódico que me hizo sentir libre, a pesar de no estar de acuerdo (esta pasada legislatura del odio, sobre todo) con mucho de lo que en él aparecía. Cuando salí del armario declarándome aquí mismo masón, algunos colegas de logia pensaron que EL MUNDO me iba a dar la patada. “Tirando a rojete y encima masón, no pegas nada allí”, me decían. Pero yo sabía que eso no ocurriría.

Este periódico, que aún me hace fruncir el ceño con ciertos titulares, me enseñó lo que era la prensa verdaderamente libre. Ahora, cuando lo acosan desde el poder, cuando sientan en el banquillo a sus periodistas por hacer su trabajo y lo intentan asfixiar negándole publicidad institucional, me doy cuenta de la importancia de lo que hacen y de la valentía de todos los que lo hacen. Sí, los periódicos se equivocan, se alinean con los partidos, son parciales o exagerados o hasta sectarios. Que así sea mientras se mantengan libres, mientras le arañen la conciencia al poder y a la sociedad, mientras a los políticos, a los burócratas, a los falsos dueños de todo les dé sarpullido leerlos. Que sean rebeldes, incómodos, puñeteros. Como lo ha sido siempre este periódico. Que arda cada día el kiosco o estaremos comprados, esclavizados, muertos. Aún estoy orgulloso de que EL MUNDO me pinche por la mañana en las manos. Y de que la casta del poder en Andalucía lo tenga por enemigo.

2 de junio de 2008

Somos Zapping 01/06/2008

Rafael Camacho (I). El poder se ejerce en las trascocinas. La política no se hace en el Parlamento, donde nuestros gobernantes sólo se exponen como cuadros. La política de verdad se hace en los restaurantes, se hace a esa hora tibia del cubata tras el café, se hace en hoteles que parecen el transiberiano, se hace en eventos y festivales, se hace entre amigotes y furcias, donde los arrimados, los adeptos (no sé por qué ahora les dicen “adictos”), los enchufados, los mantenidos, los trepas se rozan con los políticos para pactar con ellos negocios y fidelidades que los mantengan. Así funciona el poder en Andalucía y así consigue que haya siempre un tentáculo suyo en cada aspecto de la vida de la Autonomía, desde el mundo del dinero al de la cultura. En esas lateralidades de la política, donde no se ve política pero sí su mano ahí metida, obscena y viscosa, es donde se mueve todo. Me ha vuelto esta reflexión siguiendo esta semana el periplo de Rafael Camacho, el director general de la RTVA. Rafael Camacho me parece uno de los ejemplos más repugnantes de la podredumbre de nuestra democracia, un vocero del Partido colocado sin pudor para hacer de la radiotelevisión pública el ministerio de propaganda de la Junta. Seguirlo a él es seguir un rastro de babas, ver los foros en los que le adulan significa identificar inequívocamente quién sirve al poder con la espalda tronchada y la sonrisa del agradecido. Sigámoslo, pues, hoy, por salones orinados y plateas incestuosas.


Rafael Camacho (II). En el atril, Rafael Camacho habla como ante un espejo. Hay azules y brillos a su espalda, en grandes pantallones que le hacen celestial o aparecido. Usa la falsa modestia y el recatado orgullo de los hipócritas y los puritanos. Su misión de manipulador y propagandista él la convierte en sacerdocio, en monacato. Suenan aplausos de unanimidad desde un patio de butacas donde los presentadores de Canal Sur se han hermanado con periodistas de la cuerda y políticos con cara de bufé, todos asintiendo al compás. Es la retransmisión de la gala de los premios de la Asociación de Telespectadores de Andalucía (ATEA), sospechosísima entidad que le ha concedido al director de RTVA un premio (¿por su labor de comisariado político?). Presentan Enrique Romero, el de los toros, y Esther Martín, de Los reporteros. Hay algo en la gala de navidad en familia o de cumpleaños de un padrino, de fiesta de “los nuestros”. Por parte de la asociación, un tal Antonio Jurado da las gracias a Canal Sur, a Monteseirín, que también está allí, menciona a Rafael Cremades que conoce bien, dice, los sinvivires de ATEA. Aún el alcalde de Sevilla saldrá también a entregar un premio. No es el que le han dado a Se llama copla, ese icono cultural de la Andalucía del régimen, sino otro para Matías Prats, que parece un extranjero entre la impúdica promiscuidad endogámica del acto. Cambio de canal con asco. Era como asistir a una cama redonda del poder y sus adláteres, donde todos se comían la boca con entusiasmo, indiscriminación y rijosidad.


Rafael Camacho (y III). Lo veo con la reproducción de una carabela en la mano, plata falsa y premio de concejalía como un trofeo de futbito. Por lo visto en el Ayuntamiento de Isla Cristina identifican su misión goebbelsiana con una especie de cabotaje al servicio del Partido. Pero no es el único reconocimiento a Rafael Camacho que incluye la noticia de Canal Sur ese día. Además de la carabela que a él le queda bucanera, también nos cuentan que le van a dar el Camaleón de honor del Festival de Islantilla. Sí, ese festival que un día trató de cine y ahora, descarado instrumento político, con la dirección de ese Carlos Rosado del que hemos conocido su facilidad para mezclar eventos con los negocios propios, sirve para presentar Arrayán como cima del arte y a Canal Sur como motor de la cultura chancleteante que preconizan, a la vez que dan bombo a lo que hacen las productoras de los amigotes. Pero éstos han sido únicamente dos ejemplos de la desvergüenza con la que el poder se maneja y se entremete. Sólo hemos seguido a Rafael Camacho. Imaginen lo que ocurre todos los días en la ancha Andalucía socialista.

29 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Invitación a la nada (29/05/2008)

Llega el calor, las romerías y las ferias han ido pasando por Andalucía dejando flores podridas en los pueblos y comienza la época en que la política parece que se levanta más tarde cada día. Desde ahora hasta agosto, los políticos irán remangándose los perniles hasta que terminen con los pies en salmuera. Después de las vírgenes de la primavera y el vino de mediodía, Andalucía resbala ya hacia el sueño de los peces y la gloria de la carne. Hay tibias mañanas de desgana y todo se irá parando como una rueda que entra en el agua. Es el sol del sur o es nuestra política, aquí donde gobernar es dormitar. Lo único que le faltaba a la flojera de nuestros gobernantes era empezar a sentir el calor en la cara sin tener que preocuparse siquiera de la oposición. Si los partidos todavía se mantienen despiertos es porque van a tener congresos y rencillas, pero ya no se miran entre ellos y han dejado de atender a lo público. El tiempo acompaña su astenia y las pocas fuerzas las guardan para pelearse con las fieras de su propio partido, pelea que el verano convertirá en un combate aceitoso, como entre lentos guerreros bronceados. Un verano tras unas elecciones y además una oposición rota, shakesperiana (¿de Hamlet, de Macbeth o de Julio César?), a la que la temperatura le traerá la proliferación de los insectos, las camadas de serpientes y las noches de vudú. Sí, los políticos tardarán mucho en volver a ocuparse de nosotros.

El verano, igual que la política en Andalucía, traerá un horizonte más tumbado que nunca y un cielo quieto como un plato apoyado allí arriba. Las elecciones le han dado cuatro años más de cuerda a la carraca del PSOE, que ha tenido la suerte de que la crisis económica le estallara después de que el pueblo votara pensando aún en otras cosas, quizá sólo con asco de la larga legislatura del odio. Ahora pueden caer las inmobiliarias que vendían cartón de oro y puede subir el petróleo igual que tras la guerra del Yom Kippur, que en Andalucía todo se ha repartido nuevamente para ellos según la teoría de las cuotas de clanes o de género, y únicamente les preocupa si Chaves dejará la corona como a Excálibur clavada otra vez. Con una gran boca de bostezo, es una invitación a la nada lo que nos trae en el gobierno autonómico. Ninguna novedad, cierto, pero ahora con la oposición desactivada, con el PP envenenándose como los emperadores. Ahora que Arenas parece unido a Rajoy como esos alpinistas atados unos a los otros, ¿qué ocurriría si éste cae? ¿Veríamos a un muerto enfrentándose a Chaves?

Llega poco a poco el calor, va pesando en los días como un estiércol que se amontona sobre los tejados. La invitación a la nada nos ablanda el sueño, la carne y la política. El PSOE andaluz parece prepararse para su siesta de oso, sin temer a sus cazadores, que sólo planean suicidarse. Me parece oír a Arenas en la televisión, pero es José Luis Sáez, el presidente de la Federación de Baloncesto, que habla como él. Los Juegos Olímpicos, la Eurocopa de fútbol, son lo que nos faltaba para rendirnos a la modorra, para pudrirnos en el sofá. Al PSOE andaluz le marcha todo sin hacer nada, se le ahorcan los adversarios, le llegan a tiempo las crisis, las estaciones del cansancio, los circos ferruginosos en los que se entretiene la masa. Creo que hoy un gran sopor me entra por la ventana igual que una lengua repugnante. En Andalucía, las ganas y la rebeldía dan una pereza como de acarrear muchas cosas. Vencer este sopor, vencer a esta pesada nada como desenterrarse en la arena. Si fuéramos capaces...

26 de mayo de 2008

Somos Zapping 25/05/2008

Invento gaditano. Los grandes inventos españoles son la fregona, el jamón (que en la casa adorna como un violonchelo) y la siesta. La tecnología nos llegó tarde porque aquí no hacía falta que volaran los Cristos ni los señoritos, ni tampoco que el campo se recolectara solo, que ya estaban para eso los jornaleros, e incluso en Castilla llegaron a arar los ángeles. En Andalucía nos privó de la industrialización esa aciaga casta que aún nos sobrevive en maestrantes, rejoneadores y vinateros con mastines o yeguadas en los cuadros de familia, y desde ahí nuestras aventuras con la tecnología parece que no pasan de la cestería. Sí, ahora ya hay aquí empresas tecnológicamente punteras, pero son muy pocas y representan una industria que no mueve nada aparte de una propaganda electrificada de marcianitis, muy utilizada, claro, por los políticos y sus modernizaciones de pega. Por todo esto, cuando en los titulares de las noticias de Canal Sur anunciaron el otro día una gran idea que había nacido en Cádiz a raíz del lanzamiento del MacBook Air, la última virguería de Apple (un ordenador que cabe en un sobre), no supe qué pensar. ¿Alguna empresa gaditana había superado a Apple? ¿De qué clase de avance tecnológico, de qué genialidad electrónica se trataría para aparecer nada menos que en los titulares de las noticias? ¿Un ordenador óptico, o quizá cuántico? Pero luego llegaron la realidad, la risa y por fin la tristeza. No, no era nada de eso. Es que en Ubrique habían diseñado… ¡una funda de cuero para ese MacBook! La tecnología sigue siendo cosa de otros. Aquí a la modernidad sólo le hacemos las talegas. Y Canal Sur aún se maravilla por esto.


Trinidad. “Country, religion, family…”. Me acuerdo de las famosas y ridículas imágenes de Franco que tanto ponían en Noche Hache, con su inglés de loro o de Cantinflas. “Patria, religión, familia…”, la Trinidad franquista. Y me acuerdo, cómo no, viendo Canal Sur, cuando María del Monte se me aparece presentando a una señora que ha tenido 19 hijos, 70 nietos, 62 bisnietos y un tataranieto, allí presentes como toda una inclusa. Esas familias numerosas, orgullo del franquismo, que daban soldados a Dios y a la Patria, las familias criadero, santas y conejas, ensalzadas ahora en la Andalucía del siglo XXI, quizá esta vez para mayor gloria de la financiación autonómica… Y, claro, caigo en que el resto de la Trinidad franquista es también perfectamente aplicable a esta tierra, a lo que hacen de ella sus gobernantes y a la imagen que Canal Sur ofrece. La Patria franquista requería esencias eternas, una épica grandiosa de héroes y una infantil exaltación del folclore. Aquí tenemos lo mismo: el espíritu inmortal del pueblo andaluz plasmado en todos sus tópicos, una épica de autonomismo (28-F, Estatuto, modernizaciones…) protagonizada por el PSOE, y la cansina presencia de coros y danzas, macetería y palmoteos. ¿Y la religión? Ahí ha estado el Canal Sur nacionalcatólico en Semana Santa, en el Rocío y, ahora, también en el Corpus, ese día en que parece que la Iglesia Católica saca a limpiar sus cuberterías. Andalucía Directo nos llevó por toda la región para ver custodias, legionarios cara al sol o una virgen que es “patrona del Ayuntamiento” (?), todo con el fondo del himno nacional (¿por qué ha de sonar el himno nacional en una procesión?). Y atentos a la piadosa narración: “Va a llegar aquí hasta esta plaza, con el reflejo del sol dorado, esta custodia (…) que porta al Santísimo Sacramento, algo importantísimo para todos los habitantes del Puebla del Río…”. Patria, religión, familia. Franquismo sin más. Alguien me comentaba hace unos días que no le gustaban las antigüedades porque olían a muerto. Pues eso. Aquí, en Andalucía, en Canal Sur, huele a muerto.


No canten al contestador. Y hablando de franquismo sociológico, ya se prepara la segunda edición de Se llama copla. Pive Amador nos explicaba junto a María del Monte que pronto empezarán los castings y que para apuntarse había que llamar al número de un contestador automático. Cómo será el nivel del target de este programa, que Pive tuvo que recalcar que no había que cantarle al contestador, sino sólo dejar los datos.

22 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Poder absoluto (22/05/2008)

Desde Chaves, viejo como un galápago, hasta el último escalafón de doctores, empresarios, maestros, cantaores o friegasuelos, planea el Partido cubriendo Andalucía entera igual que una gran ala membranosa, como cuando en las películas tapan la luna los murciélagos. De los palacios a las cocinas, los comisarios políticos, los chusqueros arrimados, los servilones mediocres manejan esta tierra para el poder. Hay que tener a un político de la Junta o a su mandado en la mesa o al teléfono ya quieras que sobreviva tu empresa, que no te quemen la cátedra, que te cuelguen cuadros en las exposiciones, que te llamen para una conferencia o que no te manden a hacer fotocopias de tu currículum o de tu culo. Todos los ámbitos de la actividad económica, educativa, artística, profesional, social en Andalucía están poseídos por esa superestructura que no es lo público sino una monstruosa tumoración de lo público, maraña de negocios, propaganda, favores, castigos, calladas, regalías, clientelismo. Suelo contar que un amigo me dijo una vez que ni en la Cataluña de Pujol había visto semejante dominio de una casta política sobre todos los órdenes de la vida de una sociedad. Ya no es sólo el funcionamiento de los servicios públicos, orientados y sometidos a la consecución de objetivos políticos como nos enseñan, por ejemplo, el manifiesto de los médicos del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, las protestas de los profesionales de la educación o el lacayismo de la RTVA. No, es también todo lo demás, lleno igualmente de alguacilillos, manejadores y hasta rompepiernas que trabajan para el poder y le llevan Andalucía entera en alforjas como una cosecha diaria, como una obscena recaudación.

Esta política, este sistema, están enfermos. Lo han podrido el tiempo o la ambición, lo han pervertido caciques demagogos, muertos de hambre codiciosos e intrigantes, trepas ineptos, pero también la inocencia o la pasividad de una sociedad adormecida y sin verdadera cultura democrática. En algún momento hemos olvidado lo que significaba la democracia y por eso estos gobernantes nuestros se creen dueños. Andan ensoberbecidos, impúdicos, llamando al hermano enchufado para la foto, contratándose a ellos mismos con dinero de todos, confundiendo la mayoría parlamentaria con la impunidad. Admitamos la culpa. Nosotros, los andaluces, les hemos enseñado, se lo hemos permitido y han ido creciéndose, engordando en su avilantez legislatura tras legislatura. Nosotros hemos gritado nuestro particular “vivan las caenas” en nombre de falsas ideologías y poses de progreso, o contra enemigos fantasmagóricos de nuestro pueblo o nuestras esencias. Pero la honradez debe ser previa a la ideología, y me refiero tanto a la de los actos como a la honradez intelectual. Un gobernante que piensa, como Chaves, que la mayoría en las urnas deshace o autoriza las mentiras, los incumplimientos y los abusos ha llegado a una corrupción más allá de los hechos, esa corrupción intelectual, como con base teológica, que ya puede justificar cualquier tropelía. Hubo un tiempo en que ni un gorrión caía si no era voluntad de Zeus. O así lo creían los hombres. Ahora, nada se mueve, nada crece, nada ocurre en Andalucía sin que lo dirija o lo vigile el Partido. Los gorriones sindicados, los funcionarios en falange, los andaluces como muñequitos que manejan desde el Olimpo de la Junta. “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”, dijo Schiller. Contra la corrupción, contra el despotismo, contra la arbitrariedad, contra este poder absoluto con que nos asfixia el PSOE andaluz, ni los dioses ni los ciudadanos parece que lo intentan siquiera.

18 de mayo de 2008

Somos Zapping 18/05/2008

Vicepresidencia luisina. Cuando los informativos de Canal Sur le llaman vicepresidente, parece que Gaspar Zarrías va con porteadores. La vicepresidencia lo ha dorado para los locutores, que con un tono especial o un subrayado de intención, le añaden al cargo algo así como un cargamento de ébano o una dignidad obispal. Lo de “vicepresidente” lo dicen mucho, bien vocalizado y como dejando espacio luego para que suenen fanfarrias, igual que la de Monteverdi a Gonzaga. Zarrías hace lo de siempre con sus mismas hechuras y retruécanos, pero ahora, con el “vicepresidente” por delante, lo hace con espada flamígera, maestro de capilla y probadores de comida, o eso nos hace pensar Canal Sur. Es una vicepresidencia que sólo sirve para masticar esa palabra, como esos apellidos compuestos que parece que vienen ya con enganches de alazanes, porque Zarrías ya era valido, factótum, urdidor y manda aun con el cargo plebeyo de consejero. Lo veo de nuevo, en las noticias de La Nuestra, anunciado igual que la reina de Saba, esta vez porque va a Zaragoza a visitar o a santificar lo que será el pabellón de Andalucía en su Expo. Mientras habla de la modernidad de esta tierra, le proyectan imágenes de una portada de feria iluminada con fuegos artificiales. No, nada cambia aquí. Zarrías se envuelve en los armiños de su nuevo cargo pero su misión de ángel trompetero es la misma. Andalucía nos la venden vertiginosa y galáctica pero a la Expo de Zaragoza llevaremos el anuncio de Tío Pepe de toda la vida. Fuegos artificiales sobre una feria, brillando en la calva de Zarrías, o puede que fuera el casco que le pusieron para visitar las obras. Me acordé de Händel, que vendría bien para la escena, para el barroco de estos políticos luisinos y para el eterno decorado de cartón que somos.


La trampa del pueblo. Ser el pueblo, identificarse con el pueblo, hablar por el pueblo. Es la metonimia malvada a la que llegan todos los totalitarismos y este régimen que sufrimos va adquiriendo cada vez más esos tics y pestosidades tan peligrosos. El PSOE afirma que tiene una “alianza estratégica” con los andaluces, cualquier crítica a ellos la hacen crítica (o traición) a Andalucía, más que un gobierno son la encarnación del espíritu hegeliano de esta tierra, el Volksgeist sentado a una mesa redonda. Es pavoroso porque esto significa que desconocen lo que es la democracia en un Estado de Derecho. Pero nuestra cultura democrática es tan pobre que aún se permiten usarlo como anzuelo y como zalamería. Ni el Estado ni la Autonomía son la suma ni la media ni la mayoría de las opiniones, ideologías o sentimientos de sus ciudadanos, sino el contrato que asegura sus libertades en un marco común que está por encima de todo eso y que es precisamente lo público. Gobernar Andalucía no es ser Andalucía, ni personificarla, ni hablar por ella. No entender algo tan básico sólo puede venir de la ignorancia más penosa o de la maldad más cruel. En cualquier caso, deplorable. Pero así lo hacen, continuamente, tanto los políticos que nos dirigen como sus poderes laterales. Veo un anuncio de Canal Sur Radio en el que afirman que son “la voz de Andalucía”, pero si esto es una democracia Andalucía no tiene una voz, sino muchísimas. Y sin embargo ahí están ellos, creyéndose enviados, delegados de toda una tierra, homogeneizada y simplificada. Es una trampa obscena pero efectiva, porque así las críticas que se les hagan se convierten automáticamente en insultos a todo el pueblo. Veo también a Juan y Medio con Quintero, y hasta él usa el truco. ¿Cómo se atreven algunos –venía a decir-- a meterse con esos viejitos que han “levantado” esta tierra porque digan “pograma”? No, en realidad nos metemos con los que los usan para sus intereses, con los que creen que la vulgaridad y la incultura no deben dar pena, sino risa y orgullo de alguna “pureza”. Nos metemos con los que halagan la ignorancia del pueblo porque sólo desean que se mantengan en ella para que así nunca puedan hacer uso de su libertad, cosa que sólo es posible con el conocimiento y el espíritu crítico. Nos metemos con los políticos y sus lacayos que atontan a la sociedad y aún tienen la desfachatez de decirnos que reprobarlos a ellos es despreciar al pueblo. Nos metemos con todo ese filofascismo disfrazado de ternura. No, ellos no son el pueblo. Son, si acaso, sus dueños o sus chulos.

15 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Educación (15/05/2008)

¿Qué es educar? ¿Y quién educa? No sé qué tendrán en sus manuales los nuevos pedagogos, los de la secta psicológica, los enemigos de la excelencia, los que no distinguen la motivación de la voluntad, esos que pueden hundirnos con su empeño de crear igualitarísimos analfabetos funcionales. Pero yo pienso en mi educación. ¿Quién me educó, y cómo? ¿Me educaron mis padres, las monjitas del parvulario que olían a sábana, a beso y a vela; el mundo salvaje de los niños por los tejados, aquellos maestros que me descubrieron la ciencia y la literatura entre murales y plintos, la Universidad encalada con sus teoremas? ¿Me educaron Dumas, Verne, Homero, Sagan, Asimov, Russell? Ha sido una suerte tener padres que no piensan igual: una madre católica por impregnación y un padre de un risueño escepticismo. Eso, que los seres humanos no tienen por qué pensar igual, quizá fue la más valiosa enseñanza. Enseguida me di cuenta de que era yo mismo el que tenía que reflexionar sobre mis certezas y mis valores. Creo que mis padres, incluso sin ser conscientes, me enseñaron a aprender. Yo tuve más libros que balones, y no los libros que ellos elegían para mí, sino los que yo pedía. Esa buena educación, en el mejor sentido que soy capaz de concebir, es lo que les tengo que agradecer. Todos, mis padres y las monjitas, los profesores y los niños que cazaban gusanos, los libros y mis dudas, hicieron mi educación. Unos me dieron respuestas, otros me plantearon buenas preguntas (aún mejor), y yo tuve que aprender para poder decidir, no más. Creo que éste es mi ideal. Creo que a esto lo llamo educación en libertad.

Pero esta educación en libertad, este ideal que yo viví, es sólo una opción de conciencia para los padres y no se puede imponer ni legislar. Lo que nos dice la Constitución es esto: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Sí, el adoctrinamiento por parte de los padres es legal, y tampoco encuentro, ciertamente, una alternativa satisfactoria sin vernos dentro de la pesadilla de Huxley. Y sin embargo, también hay algo de perverso en esto. ¿Qué ocurre si las convicciones morales de los padres incluyen la supremacía natural de una raza o una religión, el sometimiento de la mujer al hombre o de la legalidad a una supuesta ley divina, el exterminio del infiel o la consideración de la homosexualidad como una perversión punible? Porque esto es posible, el Estado no sólo puede, sino que debe, además, educar en los valores comunes de la Democracia, la tolerancia, la libertad y los Derechos Humanos. Por eso, aunque con demasiada frecuencia he visto en sus manuales mucha ñoñería, creo necesaria la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Eso sí, los tribunales deberán decidir si verdaderamente se viola la neutralidad ideológica del Estado en alguno de sus textos y habrá que corregirlos si es el caso. Pero no, no se les impide a los padres que transmitan a sus hijos sus convicciones morales particulares. Son esferas diferentes, la de la moral privada y la moral pública, que no deberían colisionar si fuéramos civilizados. Pero algunos no son civilizados, como los que piensan que el enseñar que hay opiniones diferentes a la suya atenta contra sus derechos. Yo tuve una educación en libertad. Otros padres pueden educar a sus hijos incluso en la intolerancia o en el fanatismo. Quizá sea su derecho. Pero también es derecho del Estado señalarles que sus convicciones no pueden coartar la libertad de los demás para decidir su propio camino. Y que en eso consiste la convivencia, aunque les pese.

11 de mayo de 2008

Somos Zapping 11/05/2008

Nacionalcatolicismo. Ahí está, capitaneando al pueblo que tiene las pantorrillas en agua, los bueyes alados, un calor religioso en las ingles y los dioses medio enterrados en arena, como anclas. Nuestra televisión autonómica se debería llamar Hermandad Matriz de Canal Sur y tener por logotipo, en vez de ese sol con tatuaje, esas telas sobredoradas y duras que llaman simpecado, como corpiños de monja en los que se han posado un ave o una salamandra. Cuando al poder le interesa el pueblo en cuanto a gentío, no importa en pos de qué, siempre se pone delante a vocearlo, a acompañarlo, a aplaudirlo. Como instrumento del poder que es, Canal Sur tiene el disfraz de rociero como tiene el de nazareno y sabe convertir la televisión en capilla o en tronco sagrado con el que luego recoge votos sin pudor. Esto del socialismo nacionalcatólico no es una contradicción, sino el resultado perverso del interés sin escrúpulo, del populismo sin valores, de la venalidad de su ideología que no es ideología sino adulación a la masa en todas sus manifestaciones de amontonamiento. En las noticias, en Andalucía directo, en Mira la vida, en todos sus programas, el Rocío, religión de descalzos, de pastores y de traperos, era ensalzado con resoles de agua, con fervor manijero, y un continuo rezo a los pantanos y las piedras se apoderaba de la cadena pública con reporteros y helicópteros arrodillados y piadosos. Carriolas, simpecados, herrajes y bombonas consagrados; ritos en los ríos, cantos a la luna, lloros histéricos, salves en directo, un hermano mayor que dice que lo ha puesto allí “el pueblo” (no los socios), clubes de fútbol ofreciendo ramos, Chaves recibiendo una medalla y dando vivas a la Blanca Paloma, María del Monte explicándonos lo que es la hermandad (“hermandad porque van todos a una, buscándola a Ella, con mayúscula”)... Canal Sur, sacristanejo de un nacionalcatolicismo con todas sus hechuras y pústulas franquistas. Tras tanto embarque, camino y rendido fervor, sólo un olor desvergonzado a pies llegaba hasta los espectadores y los cielos.


Extraterrestes de las marismas. Lo he dicho alguna vez: para el resto del mundo somos bosquimanos o extraterrestres. Nuestras costumbres tienen la ternura de lo primitivo o el asombro de lo incomprensible. En La Primera, el programa de Carolina Ferre, Yo estuve allí, invitó a Los del Río, a María José Suárez y a Belén Ordóñez para que explicaran el Rocío, y pareció que aquello trataba de exobiología, como si intentaran entender la bioquímica de un marciano a través del idioma del mismo marciano. Ni las visitas a una madre pastorcita ni las noches al raso como un impresionismo de lo religioso con que trataban de aclarar Los del Río su esotérica devoción, podían eludir la realidad de que, fuera de su pequeño contexto o microcosmos palanganero, el Rocío sólo puede verse como una extraña idolatría de las piedras, una merendola medieval y unas incómodas escoceduras en las que se solaza toda una tribu prehistórica. Las imágenes, siempre espeluznantes, de los almonteños saltando la reja con ese fanatismo que parece hambre, aún intentaban justificarlas como amor de hijo. Cuando no sabían que responder, Los del Río se arrancaban por sevillanas: “La reunión va cantando sevillanas y plegarias / a la Virgen del Rocío, que es la más guapa de España”. Inconscientemente quizá, buscaban con eso el abrigo de su catetismo, volver a su idioma, a su contexto en el que no hace falta explicar nada porque todo resulta evidente, claro, eterno y normal. Pero a mí nunca me ha parecido evidente ni normal que haya una marabunta de extraterrestres por las marismas.


El eslogan. Si tuvieran que describir a Canal Sur, ¿con qué palabras lo harían? ¿Una televisión zafia, vecindona, populachera, chovinista, hortera, analfabeta, kitsch, folclórica, filofranquista, al servicio baboso del poder político? Pues ellos se han buscado un eslogan bastante más rimbombante, tanto que parece cachondeo. Invitándonos en un spot a visitar las ferias del libro (¿pero para qué un libro, con lo contentos que estamos aquí con los pitos rocieros?), Canal Sur aprovecha para definirse como “la primera industria cultural de Andalucía” (¡¡¡sic!!!). Cuánto cinismo... ¿Qué creerán que es la cultura? ¿Los regüeldos de los gordos de María del Monte?

8 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Crisis (08/05/2008)

He bajado a por el periódico y me he cruzado con caballistas que parecían mineros del oeste. Con cuerdas y mulas, van a excavar el oro de esta tierra: vino y sol enterrados. Ahora que sube el paro, que arde la gasolina, que caen los gruístas de la construcción como cigüeñas electrocutadas, nos volvemos a preparar para la fiesta, que lo exorcisa todo, una fiesta con la que nunca han podido la desgracia ni la pobreza. Aquí recibiríamos el Fin del Mundo con una zambra, a los Cuatro Jinetes con una sabia resaca. Los periódicos hablan de crisis; las televisiones de partido, de desaceleración. Pero veo a los romeros en sus preparativos para el Rocío, crujiendo igual que una merienda de insectos, y las terrazas llenas como a cubazos de gente. A veces me voy a la Taberna de Juan, en la Plaza del Cabildo, en la orilla opuesta a Balbino (Juan tiene otro estilo porque te cocina y te anima a comer como tu madre) y cuando pasan los guisotes marineros, haciendo olores de domingo, se diría que se celebra la boda del señor del castillo. Comen hasta los muertos de hambre, soltando sus últimas monedas igual que si pagaran con sus propios dientes. La crisis quizá sólo significa que despedimos al dinero de otra manera, como a un duelista o a un suicida.

La crisis nos la comemos y la bailamos igual. Las medidas contra la crisis no llegan o se hacen esperar porque los que nos gobiernan saben que en esta tierra la catástrofe no es la economía, sino los nublados sobre un nazareno o las jarras vacías, como en Caná. Mientras haya Vírgenes en las ramas de los árboles y lata para otro trago, la casa puede ir acumulando arena. Por eso en Andalucía sigue triunfando la inacción, por eso están tan tranquilos los políticos, que sobreviven a todas nuestras ruinas. No se ha caído el sol, no se ha derramado el vino, no se han muerto nuestras guapas, y la crisis no es más que frío que pasan en los salones de la banca y una horca en la que vienen colgados los periódicos del día. Eso más el caos del PP, que ha desactivado a la oposición. El PP ya no pide explicaciones, están en su propia ópera de venganzas, huidas, felonías, sucesiones. Los que se levantan del escaño parecen interinos o parecen zombis. Pasan un interregno, esperan a un Arturo mientras sus nobles se desnucan a mazazos. Así, Solbes puede seguir silbando como un búho, cada vez más resfriado de sus números, sin que nadie le levante la voz; así, la Junta puede esquivar todas sus responsabilidades delegando con desidia lo que deberían ser iniciativas de su gobierno en una incierta “concertación social”, como si la cosa se pudiera arreglar montando una timba. Todo esto es posible con la gente enfiestada y la oposición shakesperiana.

Salgo a la calle, con cascabeles de sol y dichosas cagadas de caballo. La gente está borracha de flautas y tamboriles, va hacia las marismas como dirigida por tragafuegos de vino. Bueyes con corona, cocinas colgantes, cortinas hasta el cielo, capachos de conchas, mitos con pezuña. Hay una alegría de dejadez y de marea, santificada por niños y perrillos. Los dioses y sus arrieros cabecean en las barcas. El agua lame a muchachas de rojo como a manzanas de caramelo. La crisis, cómo pensar en la crisis. La crisis nos la comemos con sal y butano, la bailamos con el fuego de la raza. A ver quién es capaz de salvar a un pueblo feliz...

4 de mayo de 2008

Somos Zapping 04/05/2008

Eslogan laico. Perdonen ustedes, pero esas romerías de Vírgenes por descampados o ciénagas me parecen como ruidosas bodas de gallinas. No entiendo la idea de un Dios, menos aún el fantasioso pastiche del cristianismo, pero esta religión popular entre el vino, la ebanistería y el vudú, me descoloca del todo. En la romería de la Virgen de la Cabeza, retransmitida por Canal Sur, aupaban niños, ropa y hasta una cámara de fotos (?) para rozarlos por el manto de la diosa madre, y yo me acordaba de aquello tan viejo y primitivo de la “magia por contacto” a la vez que crecía mi estupor. Sin embargo, el tema no es mi escepticismo o mi descreimiento. Cada cual es libre de creer lo que quiera y me han curado de espanto demasiadas muestras de irracionalidad en el ser humano. De irracionalidad y de hipocresía. Porque el tema que yo quiero tratar es ése, la hipocresía de un partido que gusta de sacar a pasear eslóganes (iba a decir ideas) como la laicidad y luego hace que su televisión se los pase por el campanario por adular a la plebe. En la romería de la Virgen de la Cabeza, Canal Sur no ofreció una retransmisión, sino una catequesis. La hermana mayor de la cofradía adoctrinaba y hacía comentarios piadosos, pero el locutor no se quedaba atrás hablando “del fervor muy importante de la juventud”. No, éste no es un país laico. Como decía aquí Anguita, el Rey asiste a misas en actos oficiales y eso lo dice todo. Y en Andalucía, no hay más que ver cómo relucen los cargos socialistas en Semana Santa, como coraceros. Después de bautizos de infantitas y de homilías en su televisión pública, que el PSOE deje de hablar de laicidad y se compre un catecismo y un cilicio.


Sobra afectación. Creo que a Jesús Quintero ya no nos lo creemos. Su efectismo parece de Méliès y cuando posa en sus buhardillas filosóficas, con guión de pregonero, parece uno de esos romanos de las películas malas a los que se les veía el reloj de pulsera. El otro día empezaba así: “Te advierto que esta noche tengo malas intenciones, te voy a apuntar al corazón con un poema...”. Luego añadía: “Todo el mundo quiere salir en televisión aunque sea a costa de hacer el ridículo. En este rincón te respetamos. Tenemos el más alto concepto de ti, espectador”. Sí, empieza poético, humanista, museístico, el más rebelde laudista de los tejados, y además haciendo creer al espectador que si está con él es también todo eso, además de inteligente. Pero luego saca a las nuevas Pantojas de Se llama copla, o a ese tipo, Toni Rodríguez, que no es humorista sino simplemente así: una especie de Buda de freiduría, apóstol de los vagos, empanado en cochambrerías y machismo. “Tú nunca has hecho dos cosas a la vez...”, le decía Quintero. “Sí, por ejemplo dormir y roncar, comer y cambiar de canal...”, contestaba. “Dame tres razones para vivir”, le invitaba a filosofar. “Comer, merendar y cenar”, enumeraba el sabio. “Y si tu fueras candidato a presidente...¿cuáles serían tus palabras?”, le preguntaba. “Mis palabras serían claras –afirmaba, serio--. Pondría once meses de permiso y uno trabajando”. Para eso no hace falta que Quintero se vista de sonámbulo, de salvador, de bardo o de Robin Hood. Podría aparecer directamente con Monchito o Macario y se ahorraría esas lánguidas peroratas suyas, entre el New Age y la autoayuda. Sobra afectación para terminar sacando a folclóricas de puñales y a chistosos de la haronería.


Desaceleración. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Esto, además de ser el título de un disco de Supertramp (endeblón), es la consigna que parece imperar en Canal Sur, ya desde la campaña electoral. Por eso, en los noticiarios o las entrevistas siempre se refieren a “desaceleración”, el mismo término que usan los portavoces del PSOE. Hasta en Mejor lo hablamos se plantea un debate con la pregunta: “Desaceleración económica, ¿cómo la ve?”. Pero de este debate mejor no hablar, que me da la risa. Menos mal que, mientras la construcción se para, baja el consumo y el déficit enseña las orejas, Chaves nos tranquiliza en el programa de Tom Martín Benítez: “El gobierno andaluz es un gobierno que coge el toro por los cuernos y quiere dar seguridad a la gente de que somos capaces de afrontar esta situación económica en una buena condición”. Digno del lapidario bobo...

1 de mayo de 2008

Los días persiguiéndose: Anguita (01/05/2008)

Es la medalla de Nobel que le queda a la izquierda y tiene el corazón remachado con todos sus viejos metales, pero todavía me gusta cómo le suenan las verdades, a eso mismo, a metal, a Bruckner de su ideología. De verdades y martillazos estaba llena la entrevista que este periódico le hizo a Anguita. Anguita ya posee la nobleza de la edad o del oficio, como les pasa a los árboles. Frente a la falsa política de la mercadotecnia, de la demagogia, su estilo le hace parecer que habla en verso igual que un mosquetero. Lo llaman iluminado, mesías; lo acusan de acompañar sus recitativos con órgano como el Jesús de las Pasiones de Bach, de practicar un comunismo levítico, y sin embargo yo veo a un hombre con principios que nunca ha dormido con las meretrices que pone en los caminos la política. ¿La reforma estatutaria?: “Un churro”. ¿La monarquía y su encarnación posibilista en el juancarlismo?: “Una excrecencia del pasado”. ¿La autonomía andaluza?: “¿La autonoqué?”. Esto se llama hablar claro, justo lo que han abandonado los políticos de la sonrisa, la componenda, el arrimismo y el caramelito para bobos. La sinceridad, la dignidad y la honradez deberían ser previas a la ideología. Por eso Anguita parece un caballero entre patanes, que aún lo trae un cisne como a Lohengrin. No hablo, como digo, de sus ideas, sino de su actitud.

No sé si Anguita salvará a la izquierda, a su izquierda, la vieja o la verdadera o la nueva o la que hayan hecho engastando o acomodando a lo que iba viniendo aquellas máximas de otro siglo, que sonaban a desmotadora. La refundación puede ser un cambio o un encastillamiento. Pueden derrocar a los viejos fetiches y barbudos, renunciar a la revolución y a quemar a los ricos junto a su dinero, volar con los pájaros, adorar al sol hecho con ceras de la ecología, tragar lo justo con el capital y buscar un hueco a la izquierda de la socialdemocracia tibia o traidora. También pueden refugiarse en los orígenes, en la pureza del paraíso perdido, que es siempre una tentación ante la crisis (y un pensamiento muy cristiano, también). Pueden convencerse de que el comunismo verdadero nunca se llevó a la práctica porque lo pudrieron entre Stalin y otros con guerrera, pero seguir creyendo en el estado monstruo, en los koljoses, en los ejércitos de campesinos y en la igualdad como pobreza repartida o mera uniformidad. ¿Tiene sentido hoy una izquierda anticapitalista, o eso sólo es un llamamiento al ridículo? ¿No se deberían buscar otros horizontes y otros ideales? Creo que esos ideales están ahí: laicidad, republicanismo y un Estado que equilibre las desigualdades del liberalismo sin llevarnos en reatas y sin amordazar los derechos individuales. Pero no sé si en Izquierda Unida, que quizá son demasiadas izquierdas, y a veces tan folclóricas, estarán por la labor. ¿Cómo cuadrar en un mismo proyecto a ácratas, marxistas, pintores del arco iris, guerrilleros, guitarristas, pasotas, utópicos, okupas, rebeldes, antisistema, labriegos y bohemios? Entre ser lacayos o mendigos del PSOE y querer convertirnos en Cuba, creo que hay lugar para otra izquierda, una izquierda con la que me gustaría contar. ¿Se habrá dado cuenta Anguita, o sólo ha llegado ahora a reclamar, en la era de Internet, otro novecentismo fundado en los incendios y las mieses? Digno y empecinado, me gustó Anguita. Sólo necesita algo más de pragmatismo. Y librarse del siglo pasado. Creo que alguna vez soñé con un Partido Republicano de izquierdas que no pareciera un museo alfarero. ¿Habrá soñado también Anguita con eso?

27 de abril de 2008

Somos Zapping 27/04/2008

Camelot. Cuando los nuevos ministros o consejeros prometen su cargo parece que van a marchar a las Cruzadas. En Madrid todavía ponen un crucifijo grande como una Tizona y una biblia abierta junto a la Constitución, porque no hemos avanzado mucho y aún la política está legitimada por la magia y las divinas palabras. Sólo falta que a los ministros los invistan con los tres toques de espada y aquella fórmula de los caballeros: “en nombre de Dios, San Miguel y San Jorge”. En Andalucía, el nuevo Gobierno no tenía crucifijo en la mesa, pero se fue al monasterio de Santa María de las Cuevas, en La Cartuja, donde los almohades cocían barro y luego se encontró una Virgen, cuando las Vírgenes servían para abrir sucursales de lo suyo. En las noticias de Canal Sur se quería dar la impresión de que les encomendaban una misión sagrada (“el derecho a portar armas y a impartir justicia”, les recordaban a los caballeros) pero cuando hablaron Chaves y Zarrías nos dimos cuenta de que sólo juraban estar cuatro años más durmiendo en su montura. Van para tres décadas en el poder y todavía suenan como si inauguraran el castillo. “Son muchas cosas que tenemos sobre la mesa –dijo Zarrías--, los retos de futuro, y hay que ponerse a trabajar ya”. Ya ven, como si hasta la fecha hubiesen estado velando armas y sólo ahora se dispusieran a comenzar a desfacer entuertos. ¿Y cómo definía el presidente de la Junta sus objetivos? Pues más como una miss que como un gobernante: “Que todo vaya bien, que todo mejore, que todo progrese –explicaba Chaves--, que los andaluces vivan mejor, con mejor calidad...”. Pero eso no es un programa, sino un rezo. No, esto no es Camelot y el Gobierno andaluz lo que parecía era un sala llena de armaduras vacías.


Elegancia. Como no tenemos nada que vender, vendemos nuestras flores de papel. Un escalón más abajo que el arte y que la industria está el diseño. El diseño andaluz, que no es ni fábrica ni estatua, sólo una pequeña gloria de retales, el costurero en que se entretienen los pobres que somos. En Tecnópolis llegaron a enseñarnos como innovación la confección de trajes de novia, pero ahora La Nuestra ha hecho todo un programa dedicado al diseño andaluz, entre la arquitectura y poner la mesa. Veo que el programa visita la casa de Tony Benítez, viejo diseñador de princesas o quizá de banderillas. Cristos en las comoditas, un altar para la duquesa de Alba, muebles y salones como las catedrales de unos gatos. Todo como el mal gusto de un maestrante o de un zar agitanado; decadente y hortera, de una enferma pseudoelegancia pomposa, como un orinal muy adornado. “Se nace siendo elegante”, dice, justificando esa nobleza de la sangre que se da más en ciertos lacayos que en los propios aristócratas. Tony Benítez pinta monigotes en piedras, gitanas y toros; sale a su balcón cada día a saludar a la Giralda como en una estampa de caja de cerillas; se siente encortinado por una manera y un orgullo tapiceros de ser andaluz; cruje en sedas y maderas igual que un moro de su chovinismo. Veo después que el programa muestra un salón de Sevilla ligado a cierto apellido muy conocido, donde los famosos y los principados del dinero y las castas suelen cenar con cubiertos de oro, que es una manera de comer sin hambre, por pura perversidad. Pero yo no podía dejar de pensar en ese hombre y en todo lo que significa, Tony Benítez en el monacato de su kitsch que a él le parece la esencia de la clase y del ser andaluz regia o mantecosamente. Sí, a veces nuestro pueblo es vulgar, y eso da pena. Cuando los vulgares son los que presumen de finura, siento cierta satisfacción de revancha o de justicia.


Homenaje. Día del libro, día del papel al peso. Hace poco me detuve en un centro comercial a mirar el sitio reservado para los libros y sólo sentí ganas de incendiar aquello. No había allí más literatura (la literatura es arte, hay que recordarlo) que en las cajas de cereales. Veo la propaganda institucional que pretende incitar a la lectura y me pregunto para qué, cuando lo que encuentra el pueblo a su alcance es basura aglomerada. Al final, Canal Sur me regala una carcajada. En un titular de las noticias, escriben que hay otra “trava” (sic) en no recuerdo qué asunto. La falta de ortografía casi me resulta tierna. Canal Sur ha sabido hacer un homenaje que está a la altura del día.

24 de abril de 2008

Los días persiguiéndose: Mujeres (24/04/2008)

A las mujeres las raptan para ministras, para consejeras o para llevar el ramo en las escalinatas. Lo que quiero decir es que aunque los gobiernos nacional y andaluz presuman de mayoría femenina, todavía siempre es un hombre el que las manda llamar con el timbre y las pone ahí, igual que el ligón que las invita a subir a su coche. Por eso parecen las novias de un pirata o las que han llegado de Avón a los despachos del poder, que todavía son territorio macho. La foto del gobierno andaluz, con las consejeras a los lados como alfiles de cristal, como el celofán que envolvía el núcleo varón e importante de la cosa, era más la de la boda de un cuñado que la de la paridad, la igualdad y el gineceo democrático. Esto no es la nueva revolución de la mujer, sino otro insulto machista agravado por la condescendencia (por lo visto Chaves pidió luego retratarse sólo con sus consejeras, como si fueran un vistoso equipo de voley playa). Hay mujeres muy contentas con esto, aunque les sigan dando las carteras que tienen que ver con lo que algunos hombres creen asuntos femeninos, con la piedad o la ternura, como enfermeras de la Gran Guerra, con virtudes de madre universal, que son las virtudes judeocristianas, claro, pensadas para anular la libertad y la influencia de la mujer y a la vez apaciguar el antiguo miedo del hombre a la hembra con poder. Hasta en el nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa hay mucho de esto, aunque sea por oposición. Pero a mí me parece insuficiente, postizo, tramposo e hipócrita.

En este PSOE andaluz tan igualitario, aún son los hombres los que controlan el aparato, los que fundan clanes, los que hacen la política en su salón de fumar y los que sacan a bailar a las damas. Llamar a las mujeres como a azafatas de la política, entremeter a jovencitas rosáceas entre viejos machos, encargarles las labores auxiliares o de escaparatismo, mientras el mando y el dinero siguen acuartelados en el varón, no me parece un gran avance. Miren las consejerías que llevan las mujeres en Andalucía: Salud, Igualdad y Bienestar Social, Cultura, Educación, Justicia, Medio Ambiente... Otra vez son institutrices, cuidadoras, matronas o jardineras, o como mucho alegorías de ideales, de nuevo la mujer como un óleo. Sólo a Mar Moreno (¿la delfina?) parece que le dan una llave inglesa en Obras Públicas e incluso la consejería de Gobernación de Clara Aguilera suena un poco a disponer la casa. La verdad es que ahora sólo hay una mujer subida a la política hasta sus más altas barbas y no es del PSOE. Se trata, por supuesto, de Esperanza Aguirre, que nunca me ha gustado ideológicamente pero tengo que reconocer que ha ido mucho más allá de cuotas y ayudantías para hacer política con toda la fuerza de esas letras sin que nadie atienda a su sexo, sino a su munición. Ni siquiera el lapsus de Chaves abriendo el debate sucesorio y la posibilidad de una mujer como candidata socialista a la presidencia de la Junta nos sustrae de que hasta Mar Moreno tendría algo de hija heredera y todavía con el tutelaje de su Pigmalión, otra señorita moldeada y adiestrada por un hombre. Aún se lleva a la mujer a la política como al altar, aún el hombre con poder las llama como a mucamitas, aún parecen un secretariado a los pies del macho. Desafortunadamente, queda mucho para la verdadera igualdad. No nos confunden la pose y la tienda de abanicos de esta progresía de feminiles aderezos, achicorias y solecismos. En la foto con sus consejeras, Chaves todavía parecía el sultán.

20 de abril de 2008

Somos Zapping 20/04/2008

Parménides en el Parlamento. En el patio del Hospital de las Cinco Llagas, con un blanco de manicomio, la reportera de Canal Sur sonreía como en un cumpleaños. Y es que eso parecía en televisión la sexta investidura de Chaves, el cumpleaños bisiesto de los que nacieron un 29 de febrero. Lo institucional se ha convertido en celebración personal y el Parlamento tenía el tamaño y la textura de una tarta. Los años de la Autonomía son sólo el avance de la calva de Chaves, el tiempo que acumula su ropero. Igual que los monarcas, Chaves tiene ya la misma edad que sus palacios y Purcell podría haberle puesto música como a aquello de la reina Mary. “Día festivo para la democracia”, “quien ama a Andalucía encuentra hoy un día para celebrar en el Parlamento”, decían los coros de aleluyas de Canal Sur. Pero la eternidad, que es lo que fingen las monarquías y las religiones, no es tanto lo que dura siempre como lo que no se mueve. Y la repetición vacía es su manifestación. Chaves se repetía, en su discursos, en sus propuestas, como si la política fuera la eucaristía de él santificado. “Nos ha vuelto a sorprender con un ordenador para cada dos alumnos”, declaraba con ironía Esperanza Oña. Sin embargo, Chaves no se repite por cansancio o dejadez, sino por coherencia. Su política es una cosa parmenidiana: Lo Uno, lo Absoluto, no cambia ni se mueve, simplemente es, y lo que es no puede dejar de ser ni convertirse en otra cosa por propia definición. Las tesis parmenidianas hubiesen supuesto el fin de la filosofía, pero afortunadamente fueron superadas. También las tesis de Chaves significan el fin de la política, aún más cuando a lo inamovible le suma el uso de una lógica enferma. Vean si no cómo argumenta que su mayoría lo legitima hasta para salvar las aporías, las contradicciones; cómo los votos le permiten decir que lo que no hicieron es como si lo hubieran hecho, o que la oposición queda negada por ser oposición. La verdad es que la eternidad queda siempre falsa y fea en democracia. La verdad es que la política no ha llegado a su fin aunque Chaves traiga otra vez, con una antigüedad y un orgullo de muerto, a Parménides al Parlamento.


Ridículo enciclopédico. “Solemnidad”, llamaba a todo este enterramiento de la política Iñaki Gabilondo en las noticias de Cuatro. El Parlamento andaluz parecía que celebraba los círculos eternos, la inevitable vuelta del sol a su posición inicial entre las constelaciones, y él hablaba de “solemnidad”. Me descoloca Iñaki Gabilondo, su estilo de homilía, la chocante costumbre de mezclar constantemente información y opinión en sus informativos, ese dar las noticias como un padrecito o juez de la actualidad, entre rojos papales y regañinas de autoridad. Curiosamente pasó de esa “solemnidad” de catafalco del discurso de investidura de Chaves a enlazar con el rechazo del PP sevillano al nombramiento de Felipe González como hijo predilecto de la ciudad, dicen que por haber llamado imbécil a Rajoy durante la campaña. “El único presidente nacido en Andalucía, cuyos méritos son reconocidos por todos los partidos, es pues, boicoteado –decía--. Nos parece un ridículo enciclopédico (?) que Rajoy debería evitar”. Pero no entremos en evaluar las luces y sombras de González. Es sobre todo la forma que tiene Gabilondo de tomar partido, de dictar sentencia, de dar lecciones y consejos como un gurú, la que me hace huir de sus acolchados noticiarios. Esas maneras en mitad de un informativo sí que me parecen de un “ridículo enciclopédico” y sobreesdrújulo.


Viva mi coro. Parece que Canal Sur ya tiene sustituto para la copla. Esta vez van a ser coros de vecinos o amas de casa, que no creo que se dediquen precisamente a la polifonía renacentista, sino a las salves rocieras y a las rumbitas tontipijas. Viva mi coro se llama la nueva fórmula de atontamiento con la que el folclore populachero nos ofrecerá sin duda la conocida medida de nuestra vulgaridad cultural.


Palote. Aquí dejo, sin más comentarios, el tema que esta semana nos trajo Mejor lo hablamos, el único programa de debate (o algo así) de nuestra televisión pública: “Viagra: ¿mito o realidad?”. La cosa, más que para ponerse palote, era para deprimirse...