26 de septiembre de 2008

Los días persiguiéndose: Andalucía, nada (25/09/2008)

Mientras el PP andaluz hacía en Córdoba su congreso de sueños marineros, en Madrid, Esperanza Aguirre hacía el suyo entre el karaoke y la bolera americana. Esperanza Aguirre es la ambición rubia a lo español, un poco lo que comentábamos de Madonna la semana pasada, inteligencia y fuerza de mujer superviviente, guerrera, con algo de dominatriz para cierto tipo de machos amenazados o desplazados. Con dudas, yo soy más de Gallardón, del que ya he dicho que, o bien es un político verdaderamente excepcional, o el más hábil de los tramposos. De todas formas, una fiera de la política, más seductor y más prestidigitador que Aguirre, más látigo de seda que guantelete de hierro, más veneno en el vino que en las flechas. Pero aun tratándose de dos candidatos a suceder a Rajoy (hay quien sólo piensa en él en pasado), fue significativo que a los titulares nacionales llegara incluso que Esperanza Aguirre había subido a su gloria con la canción Mamma mia, mientras que los tambores agitanados de Arenas parecía que sólo ocurrían en una cocinilla de este país, que eran algo montado para el servicio, para los pelagansos y lavanderos de una política menor. Pensé que, de nuevo, Andalucía era pequeña o invisible en España. Contaba más el pinchadiscos que ponían en Madrid que el asalto a las Tullerías que se planeaba en Córdoba.

Lo dicen cada vez que hay elecciones, que Andalucía es un granero de votos, pero parece que la nuestra es una pesantez temporera y una cosecha que se pudre pronto o se llevan en el pico el viento o los pajarracos. Me refiero a esa contradicción que existe entre nuestro gran tamaño y lo poco que representamos políticamente en España, que al final deja el peso de ese granero en un montón de cáscaras. Creo que esto es así porque nuestros gobernantes autonómicos sólo tiene dos actitudes. La primera, cuando a España la gobierna el PP, es la confrontación; estrategia de no conseguir nada para echarles la culpa luego en las siguientes elecciones. La segunda, cuando el gobierno es “amigo”, lacayismo y entrega a los intereses de ese gobierno, aunque se opongan a los de Andalucía. En cualquier caso, sumisión a la conveniencia partidista del PSOE. Andalucía no cuenta ahora porque su voz es una reverberación del gobierno de Zapatero y, cuando mandaba el PP, era sólo una llorera que sacaba beneficios electorales de cada cosa que iba mal (otra vez eso de “cuanto peor, mejor”). Comparen a los socialistas andaluces con los catalanes, a ver si Montilla refrena sus reivindicaciones para no hacerle feos a Zapatero o emborronarle sus cuentas de ratoncito a Solbes. Pero aquí la deuda histórica vuelve a guardarse en el cajón y en el sudoku del dinero somos los últimos de la fila.

Nos han hecho mudos, invisibles, laterales, apenas un calzo que el PSOE coloca en su mapa para que no se le termine de descolgar todo, algo como su criado enorme y bobo, su pachón grande y pulgoso. En la política nacional no tenemos voz, intención, discurso, presencia; de los medios recibimos ninguneo y del país, lastimita. Por eso lo que canten en la comunidad de Madrid será siempre más importante que lo que hambreemos o luchemos en Andalucía. Somos como un gigante talado, como un gran apellido arruinado, como un muñón que se arrastra, tamaño sin fuerza, no más que sombra y peso muerto. En España nos asignan el sitio de la leña, nos mandan entrar por la puerta del lechero. Alguien se ido ha encargando de que sea así. Han conseguido que no seamos nada, y los siguen votando.

22 de septiembre de 2008

Congreso PP-A: Hambre de gobierno (22/09/2008)

Hasta el triunfo llega un momento en que parece farolillos tirados. El domingo de clausura era una mañana de barrenderos cruzándose con resacosos, mientras Córdoba escalaba montañas de nubarrones en el horizonte. Pensé en la crisis, que moja todas las fiestas con ese mismo tamaño inabarcable de la tormenta. Arenas ha salido triunfante y magreado, pero el congreso estaba montado para eso como si fuera su despedida de soltero. Muchas veces durante estos días se me ha venido a la mente una frase de Amanece, que no es poco, esa maravilla tan simbólica y venenosa de José Luis Cuerda, cuando aquel paisano celebraba la llegada del alcalde gritando: “Todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. Este Arenas ontológico, verdadero centro del congreso, y el PP sobón que nos han enseñado a su alrededor, me han parecido una exageración y, aún más, una fealdad innecesaria. Pero estos congresos, estos ceremoniales políticos, son danzas mahoríes. Todo está ya decidido, planeado, dicho de antemano, pero sin la gente vibrando, como guijarros sobre un altavoz, las ideas desnudas aburren igual que las ecuaciones y, sobre todo, no asustan a nadie.

El domingo, día como detrás de una cortina para el PP andaluz, el lema del congreso pasó de “Andalucía en el centro” a “el cambio ya está aquí”. El cambio es una palabra que han usado todos, una palabra barata. Hasta Chaves sigue diciendo que el cambio es el PSOE, como si sólo se tratara de la muda de su pelaje viejo. Si el PP quiere gobernar en Andalucía, no le bastará con enseñar esa palabra tatuaje, sino que tendrá que ir explicando ese cambio, no sólo con papeles, sino con hechos, andanzas. Ayer, Javier Arenas, con clavel en la solapa, y aun con todos los bolsillos llenos de diminutivos (otra afectación suya de este congreso) hizo en su discurso todo un programa de gobierno con revoluciones y demoliciones frente a la soberbia y la vagancia de Chaves y el talante (“talante detrás y delante”, dijo) de Zapatero. Si llega a presidente de la Junta, no vivirá en palacios con palcos en las alcobas y despachos alicatados de millones, no permitirá que la elecciones andaluzas coincidan con otra, sólo estará 8 años, comparecerá cada semana en el Parlamento para contestar a las preguntas de la oposición, limpiará a la administración de enchufados, saneará lo público, hará que la educación deje de producir parados en serie... Sólo le faltó decir, como Guerra, que a Andalucía no la va a conocer ni la madre que la parió. Recordé algo que mencionó Beneroso el sábado: cambiar personas, un partido por otro como sillas de sitio, no sirve para nada. El cambio tiene que hacer temblar todo el maderamen de esta Autonomía, porque para el maquillaje y el fregoteo por encima, ya está el PSOE. Lo que sigo sin entender es a qué clases de hipotecas tiene que atender a Arenas dentro de su partido para sacar, en medio de los problemas que nos asfixian y tras enumerar una larga ingeniería de soluciones para nuestro males, esas obsesiones curiles del aborto, el “adoctrinamiento” de EpC y otros eslóganes del cuerpo místico de la derecha.

Rajoy llegó como si lo persiguieran en un zoco y se sumó luego a las ganas de cambio aunque no se acordaba de los años que llevaba aquí el PSOE. No sé si Rajoy le conviene al PP andaluz, no sé si aún hace daño, porque quizá es todavía como el paraguas que se dejó olvidado Aznar. Lo presentaron con un vídeo en el que se le oía decir “he estado mucho por aquí”, pero a lo mejor ése es el problema. Ha sido un congreso de hambre de gobierno y de atornillamiento en ese centro que a veces se les ve y otras se les emborrona. Lo mejor, la participación de organizaciones sociales, ese soplo tan nuevo aquí, donde todo es partidismo orgánico y el ciudadano se limita a ser una máquina de votar cada cuatro años. Ahora queda que el cambio pase de intención a realidad. Y eso ya no es una fiesta, ni una coronación, sino un trabajo herrero inmenso como la misma Andalucía.

Somos Zapping 21/09/2008

Corruptores. Recuerdo cuando septiembre olía a lápices de colores como recién talados, a libros como sábanas limpias, a un azúcar de lo nuevo amontonado. Lo que no recuerdo es que oliera a político, a baba de político, a manaza de político como de viejo verde allí entre los niños. Nunca vinieron a visitarme políticos al colegio, pero eran otros tiempos. Tan pequeños, ya hacíamos muchos diagramas de Venn y muchos quebrados con algo de jeroglífico y de naipe. Creo que los políticos empezaron a invadir las escuelas a la vez que comenzó a idiotizarse la educación. Creo, en realidad, que lo segundo es consecuencia de lo primero. Creo que los políticos se acercan a los colegios para asegurarse de que producen desde muy pronto los ciudadanos incultos y aborregados que les interesan. Vi en Canal Sur la noticia del comienzo del curso escolar, los lloros de los niños, aquella colonia nueva que ponen las madres el primer día, la vuelta a la fila, y, luego, como mandan estos tiempos, el político: Chaves, en mi pueblo, en un colegio de Sanlúcar, en una estampa repugnantemente castrista de niños usados como monitos para moverle banderas al poder. Le regalaron un dibujito de él con chiquillos de la mano, un dibujito que uno imagina encargado y muy planeado desde los despachos políticos, indecente propaganda a costa de los más pequeños. Me dio ese asco que dan los pervertidos, los tocapichitas. En la escuela, los políticos ya no son sólo corruptores del conocimiento, sino de la inocencia.


Andaluces colilleros. Entiendo por qué lo consideran peligroso. Gallardón seduce, ante el pueblo habla como sacándolos a bailar, sabe mezclar la política con cierta desnudez de su corazón, con poemas y sueños de la infancia; no va de salvador ni de leñero, transparenta sus dudas y hasta sus debilidades, quizá fingidas; parece que le han inyectado el suero de la verdad. Es una bestia política. Lo escuché con atención y puede que con miedo, en la encerrona de Tengo una pregunta para usted. O tenemos a un político excepcional o tenemos al peor de los tramposos. En la arena del pueblo, le sacaban los mendrugos de la crisis, las dobleces de la ideología, la religión de los partidos y de los nacionalismos, hasta que un andaluz, un joven sevillano, tuvo que dar la nota. Después de declarase “ateo político” y confesar que no sabía nada de política ni de historia porque le había tocado la Logse, le hizo la única pregunta que según él podía hacerle, la pregunta de los gorrillas, de los tiesos, de los pasotas, de los tirados: “¿Tiene un sigarrito?”. Y de repente vi a todos los andaluces en ese papel triste, vergonzoso y quizá real, el de aparcacoches, menesteroso, superviviente de la calle, pillo, sableador, esquinilla, colillero, despreocupado de los grandes temas, al sol de su indolencia, de su pasividad, de su ignorancia asumida, de su rendición que le parece hasta simpática. No era el cinismo de Diógenes de Sinope ante Alejandro, según aquella famosa y seguramente falsa anécdota, era toda una confesión orgullosa de pobreza material, mental, física, de la ausencia de toda voluntad, criterio, ganas, fuerza, esperanza, expresada en ese cigarrito, todo un símbolo de lo que han hecho de Andalucía sus gobernantes. Tenía que ser un andaluz. ¿Por qué tiene que ser siempre un andaluz?


La botella colorá. En la televisión, lo andaluz nunca es casual. Tiene un cometido, un rol, es una máscara griega del chistoso, el ignorante o el pobre. No sé si el anuncio se ve fuera de Andalucía, aunque supongo que sí. No creo que se haga un anuncio de detergente diferente para cada autonomía. Éste al que me refiero es de Ariel y saca a dos vecinas balconeras de marcado acento andaluz. Una le pregunta a la otra, que va de blanco impoluto, “cuánto se gasta en detergente”. “Poco, yo compro baratito”, le contesta. El anuncio termina recalcando que el detergente tan apañado y barato, ese “Ariel básico”, es “el de la botella colorá”. No roja, “colorá”. El pobretón tiene su detergente básico para pobretones; el pobretón es andaluz y el color de la botella del detergente, también. Lo menos que se despacha, parecen decir, es lo que nos corresponde. ¿Será la deuda histórica otra “botella colorá”?

Congreso PP-A: Braveheart (21/09/2008)

El día de la apoteosis de Arenas, la gente le fue haciendo desde temprano escalinatas, jardines, pirámides. Este congreso ya parecía ayer la playa de Troya, con ruido de escudos y el templo de Apolo a la vista. Traían para el asalto sillones desde fuera, como si fueran catapultas, madres o novias de soldados y naves de Madrid. A Javier Arenas lo están haciendo héroe de una manera escultórica, carolingia y un poco ridícula. Ya le inventan hasta milagros, y aunque todavía no han dicho que nació de una virgen o que lo sumergieron en la Laguna Estigia, Antonio Sanz le atribuyó el primer día la hazaña de haber recorrido Andalucía 8.300 veces. Poco antes, los que estábamos en el pabellón creímos que nos iban a pisotear caballos o que Excalibur nos iba a rozar la espalda cuando sonó una música épica entre Braveheart y la venganza de los Sith. Desde la mesa del congreso, lo que seguía pareciendo Arenas era un Robocop que daba abrazos. Se están pasando, y aunque este PP andaluz es decididamente presidencialista, en política aún debería haber diferencia entre la unanimidad y el chamanismo. Todavía no había hablado Arenas, pero ya dejaba estampas de Imperator y hasta de madonna renacentista, cuando ayer se le acercó su hijo pequeño para sentarse en su regazo, seguido por todas las cámaras. Estuvo feo usar al hijo para la foto, que los políticos así recuerdan al hombre del saco y a que lo suyo consiste en engañar con piruletas. Hay trucos, arengas y estética de guerra en este congreso en el que a Arenas se le entregó ayer una espada flamígera. Pero es la misma guerra de siempre aquí, en la que ya deberían saber que no bastan los timbales y el vudú.

La mañana preparaba sus alfombras y todo parecía un preludio wagneriano para Arenas, crescendo escenificado por ponentes, invitados y la voz un poco afónica o con bufanda de Teófila Martínez. Cuando se empezaron a votar resoluciones, esas cosas que hacen en estos congresos para que no se crea que todo ha sido una peregrinación, hubo quién manifestó la duda de que se hubieran repartido cartulinas con el “no”. En esto, todavía no hay distingos entre partidos. Los partidos cantan a la democracia hacia fuera, pero hacia dentro lo que hay es filas de soldados y órdenes con señorío y verticalidad. Llegué a ver dos noes, cuando se votaba la ponencia sobre su “andalucismo constitucional”, pero nadie se acordaba ya de ellos cuando los refuerzos, de aquí, del resto de España o de un dulce limbo de no-muertos, volvieron a florear a Arenas y a hacer rodar por el salón las cabezas de Chaves y de Zapatero, como pelotas hechas de calcetines: Soraya Sáenz de Santamaría, que parecía una niña con cerillas; Esperanza Oña, descargada para el evento de sus abalorios y collares de candelabros; Pío García Escudero, que empezó hablando de toros; y Gallardón, como un relevista de sí mismo. Tuvimos hasta una aparición enlatada de Manuel Pimentel (él ya era el centro antes de que Arenas enmarcara esta consigna), un vídeo en el que habló con palabras de monje copista sobre la cultura y el talento. Uno sigue diciendo que el PP (y Andalucía) perdió con Pimentel a un gran político, pero toda guerra tiene sus caídos.

Cuando Arenas empezó a hablar, se apartaron las nubes. Se llevó diez minutos dando las gracias, se emocionó recordando nombres como el tito de todos, pero pronto llegaron los mandobles, sin dejar de hablar de ilusión, ganas, optimismo, orgullo. No dijo nada nuevo, pero tampoco se esperaba. Para ganar, va a echarse a la calle. Sin embargo, otra vez siguió el mismo discurso que los obispazos con el aborto, la muerte digna y la EpC. ¿Todavía no ha aprendido qué es lo que les da tufo de derechona? Todos votaron luego por estirar las piernas y salió el muchacho de la película con números búlgaros. Sí, éste es su congreso, pero cuidado con los personalismos. Sólo en el cine gana el héroe solo, y sin que se le caiga el sombrero. Y a veces, ni ganan.

Congreso PP-A: Ecumenismo con redención (20/09/2008)

No les acompañan la ceremonia ni el cortinaje de los otros, los dueños de Andalucía. Si el congreso del PSOE en Granada, con muchos pisos, palcos y salones de música, era como una caja de bombones del poder, lo que ha montado el PP en Córdoba, en el Parque Joyero, que tiene algo de parada de camiones, es otra cosa más modesta y como fontanera, como una cancha de colegio algo triste y algo llovida. No era tanto el tamaño menor de todo, ni el cableado o la tecnología más escasos y sin fluorescencia, sino cierto ambiente desangelado, de ausencia o levedad, como si los del PP pesaran menos. Es la diferencia que quizá hay entre celebrar un gran cumpleaños, que es lo que hacen los socialistas cada vez, y ese trabajo galeote y achaparrado de ser oposición por condena, por historia, y reunirse para empujarse entre todos hacia arriba, con las fuerzas que puedan quedar.

“Andalucía en el centro” es el lema que han elegido, junto a verdes discretos y pequeños iconos de casitas, de familias con triciclo y de otros como de mapa del tiempo. Me acordé de aquella maldad de Alfonso Guerra, cuando dijo que si llevaban tantos años viajando hacia el centro, de dónde vendrían los del PP. En Andalucía, ese centro es su supervivencia. Saben que si lo usan sólo como mantra o como espantapájaros, irán heredando sucesivamente la oposición igual que los otros el poder absoluto y el toque de Midas. Antes de llegar, supuse que la diferencia de ambiente entre el congreso del PSOE y el del PP iba a ser la que hay entre un concierto de Ana Belén y otro de Julio Iglesias. Pero además de que el PP parezca el pobre, han descartado la estética pija, la uniformidad del Amo a Laura, el tipito de las regatas, las correítas y politos con tiras rojas y amarillas. El puestecillo que alguien ha colocado a las puertas del pabellón, lleno de la santería de la Patria como para un partido de la selección, tiene poco éxito. Nadie agita banderas de cuartel, como cuando salieron las monjitas a la calle; aquello no huele a la derechona, a esa mezcla de dinero y correaje. No sé si esto es por consigna o por evolución, pero para describir al PP andaluz como guateque de pijos apenas me han dejado alguna melena perdida entre un público que ya no está formado por notarios y sus viudas, por civilones y por montañeros marianos.

Han empezado por el maquillaje, veremos hasta dónde llegan. De momento, han invitado al congreso a sindicalistas, empresarios, oenegés, no para que hagan bulto, sino para que larguen desde el atril, ahora que hay tanto de lo que largar. Parece que quieren tirar de sociedad civil para sus ideas, y eso me parece saludable mientras no sea pose. A los sindicalistas (Francisco Carbonero, Manuel Pastrana) los abrazaba Arenas como si fuera el novio de la boda, y el público aplaudía cuando hablaban de fortalecer el tejido empresarial y de desterrar la cultura de la subvención. Fue extraño y quizá hasta cursi, como esas películas en las que se hacen amigos un americano y un ruso. Van de ecuménicos, y también de andalucistas, un andalucismo que han cogido por el racimo de lo verde y lo tópico, quizá por compensación (ay, aquel 28-F…). Pero se han pasado. Sí, vergüenza ajena sentí por un vídeo de presentación lleno de morenazas, abanicos y zarcillos, con Javier Arenas secándose el sudor entre vides, con muchas banderas blanquiverdes y una rumbita que decía cursiladas de este rango: “Existe un lugar donde la luna es de plata”, “Andalucía, bella gitana que se engalana por bulerías”…

Pero, sobre todo, éste sin duda es el congreso de Arenas, al que todos trataban como al Redentor, flotando en la unanimidad. Tanto a Ana Mato como a Antonio Sanz, que hizo el discurso de David ante Goliat, sólo les faltó besarlo en la boca. “El mejor político andaluz de la historia”, escuché un par de veces. Pues que se aplique, porque después de ésta sólo le queda la gloria o la crucifixión.

Los días persiguiéndose: La isla bonita (18/09/2008)

Miré una fotografía de Manhattan que tengo colgada, por si le habían salido gusanos estos días, pero el edificio Chrysler, que es como el minarete del capitalismo, me seguía pareciendo inderrumbable por mucho que los periódicos se empeñen en anunciar que Nueva York va a quedar para los traperos, los suicidas y los borrachos del Bowery. Hay quien dice que Manhattan significa precisamente “el lugar en el que nos emborrachamos”, aunque otros prefieren conducir su etimología hacia “isla de las colinas”, que le da paralelismos con Roma, orogenia y bronce de imperio. De todas formas, aquella isla donde el hombre clavó el cielo y le puso ascensores ha resistido ya terremotos del dinero, pisadas de gorilas y tajos del fuego de Alá. No puedo ser antiamericano porque, a pesar de la Norteamérica del rifle y el peto, de las cruces en llamas y el diseño inteligente, de la doctrina Monroe, la caza de brujas y los “hijos de puta” tan suyos de Franklin D. Roosevelt (o de G.W. Bush), fue allí donde se le dio muerte al Antiguo Régimen, antes que en la Revolución Francesa, y donde nació la democracia occidental fundada en esos “derechos evidentes” de la Declaración de Independencia. Estados Unidos quizá sea desconcertante y bipolar, a la vez aquel Camelot y el juez Lynch, cuna de las libertades y del puritanismo más retrógrado, pero su imperio del mal es una caricatura, una simplificación, una amputación, afectación de progres y eslogan de incultos. En Wall Street tiemblan sus ladrillos de oro, los paper boys llaman a los suicidas, y Zapatero justifica nuestra crisis mirando allí donde empiezan el dinero y los hierros de occidente. Los americanos vuelven a tener la culpa de todo, de las injusticias, la economía, la obesidad y hasta de los Cuarenta Principales.

Miré la foto de Manhattan, que a pesar de todo parece eterna, y la de Madonna en la portada de este periódico, que también lo parece. No han caído el edificio Chrysler ni los muslos de esta mujer que aún llena los estadios a pesar de que no tengamos para la hipoteca. Como Manhattan, ha pasado posguerras, épocas de optimismo, crisis o rebeldía; de break dance, mal gusto y hombreras. La otra reina del pop, la australiana Kylie Minogue, quizá es más una resucitada, pero Madonna, rubia de King Kong, siempre estuvo. Aquí nos han vendido la música americana como otra manera de contaminación y dominación cultural por la basura, pero la verdadera música americana es el jazz, afinación del blues de los esclavos, música de la pobreza y del dolor de tripas como nuestro flamenco. La crisis económica mundial lo que suena es a saxofón (al de Charlie Parker quizá, que vivió moribundo), pero Madonna es el eterno optimismo americano, la alegría, la fuerza y el negocio que hay siempre en sus rubias, que supieron sobrevivir a los gángsters, a la gran depresión y a trabajar en las cafeterías entre pellizcos y tarta de manzana (American pie, dicen allí). Leo que en la Cartuja pronunció algunas palabras en español, como en aquella vieja canción suya, La isla bonita. No sé si la cantó, pero hubiera pegado mucho en esta isla bonita que también nos aguitarra la Junta, la Andalucía que baila descalza, morena de penas. A Madonna le recuerdo coreografías con sombreros como del Crack del 29, y ahora la veo en esa foto de portada cabalgando en un cochazo con otro sombrero de copa, plateado como los bancos. Madonna, “la ambición rubia”... Les echamos la culpa de la crisis o de todo a los americanos, pero ellos tienen la eternidad y la ambición de sus rubias, de sus estatuas y de su dinero alicatado en Manhattan. Aquí, sólo tenemos una economía pobre y campera entre chamizos. Sí, aquí, donde no pasamos de ser una isla bonita...

16 de septiembre de 2008

Somos Zapping 14/09/2008

El cepillo de los muertos. De nuevo, el espectáculo de los muertos y el luto de los mirones. No podían dejar a las familias en su íntimo dolor, no. Las televisiones, los políticos y los obispazos aún tenían que hacer con los muertos el último palco, desfile, ganancia. Canal Sur empezó su informativo a las 8 de la noche, con Carlos María Ruíz como principal enterrador o marmolista, para traernos en directo el funeral de Estado (?) por las víctimas del accidente de Spanair, retransmitido como una ópera. “Cada detalle refleja la solemnidad inmensa del acontecimiento”, decía, como si fuera una investidura de doctores o una coronación napoleónica. Cómo le gustan a la televisión los muertos y sus galas. Así, entre la lentitud de los hisopazos, pudieron recordarnos una vez más los detalles de las “familias que murieron enteras”, ese “matrimonio con su pequeña hija”, “el largo calvario de la identificación de cadáveres”, las historias de los que “volvieron a nacer”, todo ese enfermizo regurgitamiento del morbo. Para mantener la audiencia, anunciaban una y otra vez el protagonismo especial que iban a tener en la ceremonia “los 18 niños muertos”, como esos cebos que ponen en los programas basura. Ya ven: no cambien de canal que pronto van a hablar de los niñitos muertos... Repugnante. A los reporteros, Carlos María Ruíz les recordó “el deber de contar tanto dolor”. ¿Deber? Más bien canibalismo. Había otro repelús en la Almudena, pero quizá no es momento de hablar de ello: reyes a los pies de cardenales, un funeral de Estado religioso (¿no es el Estado aconfesional?), Rouco con el funcionariado de consolar a las almas hispánicas y llevarlas todas (católicas o no) hacia su dios de pan, todo lo que de tridentino le queda a este país todavía tan incivilizado... Hasta eso se me olvidó al ver cómo Canal Sur nos traía de nuevo el espectáculo interesado de los muertos, igual que si recogieran el cepillo con sus últimas monedas como dientes.


La depre y la costura. Atónito me dejó el titular en el informativo de Canal Sur: “El paro perjudica la salud”. No es que el parado no tenga para dar de comer a su familia o que la hipoteca lo ahorque con las cortinas, no, es que no tener trabajo le produce ansiedad, estrés, insomnio, depre y otros achaques como de marquesa. Tendrían que hacer Consejero de Empleo a Roberto Sánchez Benítez, el teleñeco de Salud al día, que pronto acabaría con el problema a base de verduras y pedaleo, de papayas y siestas, de sonrisitas y eucalipto. Total, las medidas contra la crisis que aprueba la Junta tampoco van mucho más allá. Pero siendo Canal Sur como es, hasta esta noticia tonta necesitaba compensación. No podía quedar esa palabra, “paro”, flotando con su fealdad en la sobremesa para desasosegar a los andaluces. Así que en las siguientes nos alegraron con que todavía hay actividades económicas que crecen, como las nuevas tecnologías y... ¡la moda infantil! Sí, lo mismo podemos recolocar a todos los parados de la construcción e incluso a los de Delphi haciendo pantalones de peto o bordando ositos. O, como dijeron en la noticia que vino a continuación, en “el segundo polo aeronáutico” del país que tenemos aquí para dar cobijo a los miles de especialistas en la cosa que da esta tierra, más que encofradores y camareros. El paro es simplemente depre y la economía se salva con la costura o con una tecnología que para nuestros curritos es marciana... ¿En qué mundo vive esta gente?


El telefonazo. El reportaje sólo iba a sacar una calle sin asfaltar, pero se trataba de un ayuntamiento socialista dentro de un tradicional feudo provincial socialista, y eso era demasiada acumulación de socialismo. El telefonazo desde los despachos de Canal Sur llegó y el reportaje no se emitió. Si por semejante bobada saltan los muelles del poder y meten la tijera en Canal Sur, imaginen lo que ocurre a diario con los grandes asuntos, con la corrupción, con el nepotismo, con los abusos y mentiras de la Junta. Si en Canal Sur tienen a un comisario político para los baches, qué no harán en los informativos, hasta dónde no llegará el control de estos bellacos que han hecho de Andalucía su hacienda y de la televisión pública su ministerio de propaganda y atontamiento...

Ilustración: www.canalsu.blogspot.com

Los días persiguiéndose: Fin del mundo (11/09/2008)

Ayer no fue el fin del mundo, aunque Zapatero habló, todavía entre las sábanas de sueño que trae septiembre, de tiempos duros y de prepararse para consolar a los pobres como monjitas. En la tribuna del Congreso, el presidente parecía que sólo repartía mendrugos, mientras lejos, los científicos del CERN encendían a chasquidos el Gran Colisionador de Hadrones, al que llaman “la máquina de Dios”, el acelerador de partículas que algunos zumbados siguen diciendo que va a tragarse el planeta en un agujero negro. Tranquilos, moriremos antes de la melancolía de los banqueros que de disolvernos en espuma cuántica. A Zapatero no lo salvará un fin del mundo, veremos la recesión antes que nuestra caída en sumideros de singularidad (en realidad lo de singularidad es un término relativista inaplicable ya, a pesar de que a Hawking y a Penrose les dio para ejercicios académicos). Siempre hay un Apocalipsis a la vista y ahora podemos escoger entre muchos el que nos dé más vértigo o ardor. El calentamiento global por culpa de la voracidad humana tiene poesía y drama euripídicos, con eso de Gaia vengándose desmelenada; el agujero negro del colisionador de partículas nos remite a Ícaro, a Prometeo, a Frankenstein y de nuevo al castigo por nuestra vanidad y curiosidad (el saber, el comer del Árbol del Bien y del Mal, les pareció a los dioses suficiente para expulsarnos del Paraíso). También algunos políticos, entre vísceras, han visto el Armagedón en la desintegración de la Patria o del dinero. El mito del fin del mundo nos ha acompañado durante toda la historia, pero uno piensa que la miseria y el sufrimiento humanos no requieren de grandes cataclismos, están ahí de manera más continua y empecinada y no tienen que quedar arrasados los continentes o chupados los océanos para que nos preocupen. Entre el fin del mundo de los oscuros agoreros y el cielo en la tierra de nuestros gobernantes debe de haber un término medio que serían simplemente la realidad o la cordura.

Los científicos van a encender de nuevo el Universo y el mayor experimento de la historia no nos matará, sino que nos desvelará otros secretos para comprender o quizá enmarañar aún más la existencia. Tampoco nos matará del todo la crisis económica, aunque traiga en este septiembre ceniciento mañanas y líderes de entierro o de hospital. Algo que no sea ni el miedo ni la sedación es lo que necesitamos, pero no nos lo dan los políticos. Rajoy aún personaliza en Zapatero la catástrofe, como si fuera un meteorito, y sigue hablando de él con las barbas en llamas. Zapatero parece que sólo se enfrenta a la crisis levantando la Biblia de la izquierda, usando aromaterapia y guardando cama. En Andalucía, ya ven que la respuesta ha sido más endeudamiento y ningún ahorro para sus gastos de corte, playa para Chaves y maní para los sindicatos, guateques de consejeros y nuestra economía débil guapeada aún más por la propaganda. No, no habrá fin del mundo cuando choquen los protones como pequeños cubazos de Universo y quizá deje su rastro el bosón de Higgs, la “partícula de Dios” que otorga masa a las demás. Seguramente aquí estamos condenados a morir más lento, morir sin morir entre la decadencia de la política, los tambores de los adivinos y la mentira de las palabras. Un fin del mundo les hubiera ahorrado a nuestros prebostes levantarse y fingir, pero todo sigue en pie, dolorosamente tangible aunque caedizo. El misterio de lo real puede estar más cerca en aquellas cuevas del CERN. Esta política, sin embargo, aún es más inextricable que el Universo.

Somos Zapping 7/09/2008

Tontos del pueblo. Se empeña en exagerar eso de hablar con papas en la boca y se le nota una querencia a lo pueblerino que le pone como alpargatas ante la cámara, pero a pesar de esto, sigo creyendo que Manu Sánchez tiene ingenio, todavía por desbastar, eso sí. Sin embargo, falta mucho para tener en él a un Buenafuente andaluz, que es lo que intenta. Manu sigue en su plazoleta, no se quita la pinta de maletilla del humor, un humor de corto alcance, como de su pedrada, por esa incapacidad de escapar de lo local, maldición de todos los humoristas de esta tierra. Su reciente intento de hacer de un paisano suyo un nuevo Chiquilicuatre ha resultado bochornoso. Aún hay diferencia entre la parodia y la exhibición de monstruos de verbena. Creo que no he terciado mucho en aquella polémica, ahora pasada, del Chiki-Chiki, pero a mí me divirtió mucho esa pantomima nada chusca, sino al contrario, muy pensada y calibrada, que pretendía ser una mofa de la música basura triunfante hoy en día, cosa que consiguió dejar patente precisamente con su éxito. Pero el José Pardo que nos presenta Manu no es un actor en el papel de enseñarnos lo estúpida que sigue siendo la masa, sino un señor con un plomillazo dado, más en la línea del frikismo morrallero de Jesús Quintero que otra cosa. Vi a este José Pardo con pinta de taxista cantando su Atanafúa, que así se llama el malparto, un interminable berreo acompañado del desguace de una guitarra, mientras Manu bailaba con un raro estilo Pulp Fiction cani, y se me cayó la cara de vergüenza. Aún más cuando este tipo nos mostró su otra habilidad, que es recitar con la misma voz de monseñor Amigo la homilía de la boda de la Infanta Elena. Ya está bien de hacer televisión con los tontos del pueblo y además pretender que eso sea humor inteligente de los gafitas, en el caso de Manu, o etnografía de tasca, en el de Quintero. Vamos a terminar pensando que los tontos del pueblo son ellos.


Bandoleros. Andalucía es su nombre sigue intentando hacer “realidad nacional” de esta tierra a base de épica autonomista, historias muleras y unos guiones como sacados de un almanaque de caja de ahorros. A los bandoleros andaluces dedicó un reciente programa, cosa que uno considera un acierto en esta época de bandidaje. Eso sí que forma parte de nuestra idiosincrasia actual, el mangar, el llenar alforjas, el entrar a saco con la faca, el poner el trabuco en el pecho, y encima hacer con eso héroes del pueblo. Con la cursilería tremolante que caracteriza al programa, nos invitaron a pasear por el “atlas sentimental de la delincuencia” y pensé que nada podía ser más andaluz que eso, aunque mejor que por las serranías del XIX deberían pasearse ahora por la Costa del Sol, por los ayuntamientos podridos y por los despachos covacheros en los que se cuece la corrupción política y urbanística. El programa todavía parecía dejar como excusa para el bandolerismo nuestra pobreza o la gloria de la ópera. Más difícil resulta encontrar una excusa para el expolio y el emputecimiento de lo público que hacen ahora entre unos y otros. Quizá sólo nuestra abulia, nuestra dejadez, que hace aquí más realidad nacional que los bandoleros con patilla y el pan con estrellas de los montes.


Matanza coplera. Ya tenemos de nuevo Se llama copla, y desde el casting, desde la primera cosecha callejera de andaluces luneros, como clavellinas del pueblo. Lo anunciaban con uno de los Vier letzte Lieder de Richard Strauss de fondo, nada menos, quizá como burla a la buena música, antítesis de este programa. Pero yo tenía curiosidad por verlo porque Eduardo Bandera adelantaba que “sólo 50 participantes han sobrevivido al casting”, así que quería saber cómo habían ido matando a los demás. ¿Nos matarán un día también al resto de los andaluces no suficientemente copleros? Pero no, no los mataban, es que el presentador había dicho una tontería. No los mataban pero por si acaso los participantes se persignaban y hasta se encomendaban a la Virgen del Rocío: “Eso es lo primero”, explicaba uno de estos modelos de buen andaluz. El andaluz de tapetillo de televisor pasó el casting y sobreimpresionaron este rótulo: “¡La Virgen del Rocío ha escuchado sus oraciones!”. Ya ven lo que nos queda que aguantar.

4 de septiembre de 2008

Los días persiguiéndose: La misión de los muertos (04/09/2008)

Me daban miedo las lápidas, ese encaje de los muertos. Yo tenía que pisarlas y era como pisar ciempiés, yo tenía que pasar junto a ellas y era como pasar entre los velos que movían todos aquellos esqueletos. Aquella larga galería, con la altura de sus dioses ahorcados, con la temperatura de la muerte cuando ya es piedra o aljibe, aquella iglesia comida por dentro de difuntos, sus lápidas con escudos de armas, cruces cuchilleras y monedas de la muerte, lo que tenía aquel mármol de cama para serpientes. Yo era pequeño y mi madre me llevaba a aquella iglesia para ver a un cura viejo que vivía allí en un infierno de santos con los ojos y los corazones sacados, de estampas ardiendo en aceite y sangre, muy arriba, después de pasar por aquella galería y subir una escalera que parecía colgar como un talud de la tumba más alta. Aquel cura tenía conocidos, influencias, no sé a qué colegios o milicias quería mandarme mi madre (nunca me mandó), pero me llevaba de vez en cuando a verlo y yo temblaba con el frío de los muertos y el horror de aquella santidad podrida de velas, fémures y llagas. A mí se me quedó para siempre la impresión de que en las iglesias no vivía ningún dios, sino un ejército de muertos vigilado por otros muertos. No sé qué muertos eran, aristócratas o mártires de la Patria, muertos antiguos como godos o soldados del Glorioso Alzamiento. Pero nunca pensé que fuesen muertos amigos ni enemigos míos. Ellos pertenecían a otro tiempo, ese tiempo suyo sin ojos, y yo sólo pensaba que estaban allí para asustarme y para arrastrame junto a ellos por las noches, esa misión de los muertos sin más historia, inocencia o culpa.

A los muertos se les puede hacer justicia, altares y escarnios, pero en realidad es algo que se les hace a los vivos que quedan, sus dueños o usufructuarios. Tengo sentimientos contradictorios con esto de la memoria histórica, la dignidad de los muertos y su florecimiento tan tarde. Reconozco mi bando, si hay que elegir uno. Yo también habría sido fusilado sin duda por los Nacionales. Pero no sé hasta qué punto quedan todavía esos bandos o pueden redimirnos los muertos. Aún hay tiempo para homenajes, sí, pero me temo que es demasiado tarde para la justicia, como para la venganza. Esto no es Argentina ni Chile, donde los asesinos aún se visten en los cuarteles, los partidos, el poder. No sé si lo que quieren Garzón u otros, ahora que sólo quedan hijos y nietos de aquello, es identificar las castas de los chivatos, de los jefecillos de pelotón y del Movimiento, estigmatizar genealogías de fachas igual que antes estaban estigmatizadas las familias de rojos, por los pecados de los padres y los fantasmas de sus librerías. Se diría que pretenden repartir ahora entre los que quedan la herencia de los buenos y los malos, por seguir pintando ese cuadro que todavía vende. Puede que persistan las dos Españas, pero de otra forma. Nuestra inmadurez democrática, es verdad, lo hace posible. La derecha de aquí es reaccionaria y beatona, pero ya no es aquélla que mataba por su imperio de águilas perdido. No creo que quede nadie que tenga sobre sí el peso de aquellos muertos, y buscar a los culpables en fotos o en apellidos es macabro y puede que injusto. Más allá del homenaje a los inocentes, a los masacrados, ve uno demasiada intención política, apropiarse un bando y señalar al partido enemigo todavía en el otro. A mí me daban miedo las lápidas y creía que ese miedo era la única misión de los muertos. Aún tengo cuidado de no hacer sobre ellos merendolas, espiritismos, resurrecciones ni aquelarres.

31 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: La superstición del sexo (31/08/2008)

He visto a hombres salvados por las putas, como jóvenes soldados. Los he visto sobrevivir a noches de desahucio, noches de condenado a muerte, porque se agarraron a una cintura como a un crucifijo. Y no había en aquello carne ni violencia, sino una soledad comparable al hambre, una niñez sin madre y un absolución otorgada indiscriminadamente por esas mujeres de santidad maldita y cuerpos esculpidos con forma de piedad. He visto a hombres perdidos o vencidos y a esas mujeres llevando collares a sus manos y agua a su boca, he visto una ternura que no se paga, he visto la piel curando heridas y he visto al pecado rescatar almas. Hay otras cantinas para salvar el espíritu y lavar el cuerpo que también cobran y encima te hacen esclavo, culpable, cruel y hasta fanático. De todas las mentiras que pagamos, de todas las salvaciones a medias de la vida o de la muerte, de todos los consuelos artificiales, quizá el más honrado, sincero, inofensivo, sea éste tan primordial de otro ser humano que te acaricia y te escucha, aunque sea por dinero. Pero todo es por dinero y hasta el matrimonio es un contrato ante la comunidad y los dioses mirones.

El Ayuntamiento de Sevilla, arrebatado de puritanismo, ha declarado la guerra a la prostitución con una campaña que consiste en señalar la vergüenza de los puteros por las calles, como si fueran negreros. Es la vieja superstición de siempre, la del sexo. Entre todas las desgracias y sufrimientos humanos, aún se mantiene esa superstición del sexo como nido de serpientes que nos pudre los bajos y nos hunde el alma como nada. El origen del sexo como pecado quizá está simplemente en la propiedad, en la transmisión del nombre, la herencia o la pertenencia a un clan a través de la descendencia, de ahí que la actividad sexual tuviera que legitimarse por la comunidad o los dioses. Esto lo han usado luego las religiones para administrar el negocio de la culpa y el perdón, pues el sexo es una tentación en la que todos caemos. Sorprende ver en nuestros gobernantes progres esa mentalidad de algún modo tan cristiana de asociar el sexo con la “humillación”, la “vejación” o la “violencia”. No sé por qué se ha de considerar humillante esa gimnasia del cuerpo, gratis o pagada, a menos que se esté contaminado por esa idea de pecado o pureza, que también es muy machista, pues nadie explica por qué la mujer es la humillada y el hombre el triunfador, y no al revés. Se puede decir que lo que humilla es cobrar, sea hombre o mujer el que lo haga, pero entonces también los taxistas estarían humillados. No, nada de esto tiene sentido a menos que se siga considerando el sexo como sucio y pecaminoso, o al contrario, sagrado, y por ello una actividad que no puede convertirse en laboral como quien vende pipas o saca muelas. Pura superstición. Si un pizzero está explotado en su trabajo, lo inmoral es estar explotado, no ser pizzero. Si los que tocan el acordeón por las plazas son rehenes de las mafias, lo inmoral es su esclavitud, no tocar el acordeón. A ver si vamos a ir señalando con carteles a los que dejan una moneda en el sombrero de los titiriteros. Pero así están las cosas, así puede esta vieja superstición hasta con los más progres. Pienso que la prostitución debería estar regulada como una actividad más, y ser ejercida por el que así libremente lo haya decidido, al menos con la misma libertad que tiene cualquiera para elegir su trabajo. Lo demás es superstición y paternalismo puritano. Sí, yo he visto a hombres salvados por las putas, y ellos no eran negreros ni ellas prisioneras, aunque esto lamentablemente no sea siempre así. Pero a veces, como cantaba Sabina, “el alma necesita un cuerpo que acariciar”, y esto no debería merecer carteles escupiéndote.

28 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: Bodas y funerales (28/08/2008)

La boda de Cayetana como una boda de sus loros, la boda que no fue o no será o se inventaron porque agosto traía pocas carrozas.... En este verano acementado de catástrofes ya parece que sólo nos distraen los palomares de muertos y el casarse o el pasearse con anclas de la aristocracia guapa o fea, de los actores cantantes o de las parejas gogós que viven en UVE y en las crónicas de Carmen Rigalt. Pero uno diría que el país está más para morirse que para encamarse, aunque las dos cosas tienen ceremonia, cortinaje y endomingamiento. Se muere la economía volcando su monedero en el orinal, como un mercader veneciano al expirar; se muere la política de su vieja gula, de su gigantismo y de su pereza; se mueren salvándose en el último momento los toreros crísticos con muslos como violines de sangre; se muere el pueblo en coches o aviones de piedra, como siempre lo ha hecho, en mitad de un acarreo o de una breve felicidad. Entre el gran funeral de agosto, con sus muertos como nueces de noviembre adelantadas, una boda o un barco o una medalla atlética ponen alas blancas en la prensa. El amor sin dientes o con joyas, las regatas de los reyes o de los héroes, un hijo que nace en Hollywood ya piscinero, fotos con caballos de cóctel, narices principescas que caben mejor en la moneda... Nos dan esto y los muertos para que no pensemos en lo demás que se nos muere o falta o está equivocado o perdido, en el mundo, en España, en Andalucía.

Me dan tristeza las bodas, en las que los novios han caído como en una trampa para pájaros; me dan tristeza los funerales donde uno también se imagina cadáver y floreado y la muerte parece unos zapatos que te apretarán para siempre; me da tristeza el verano entero como si contemplara a un mendigo desnudo. Cayetana se casaba o no, ducados o enfermerías iban a juntar sus camas y palanganas, y era una noticia falsa o de verdad aguada, como suele ocurrir en esta época, que llegaba entre el adunamiento de muertos, desgracias y escaseces a poner su propio sombrerito en el morbo. Pero al fin y al cabo, se trata de que los dioses bajen a levantar velos y a tocar frentes, para llevar a una eternidad de caoba tanto a un matrimonio como a un despeñado. La aristocracia se casa con más ángeles y cofres, igual que se muere con más habitaciones y mirillas. Los ricos pasan de otra manera por todo, como con estela. Los muertos, quizá también. De ahí que nos entretengan tanto entre ambos, los ricos con planes de boda, timón en el pecho o novia tetera; los muertos con vértigo, pena y misterio.

Las bodas y los funerales huelen igual a flor y a pañuelo. Tienen el mismo público, el mismo chófer y el mismo fondo de armario. Alivian un poco también, de no morirse o casarse uno, y distraen de los propios achaques, desgracias, carencias o tipitos para que nos fijemos en los de los demás. Bodas y funerales, con estas campanadas se nos llena el verano, en el que parece que sólo son los otros los que se entierran o se encadenan. Pasan más cosas, pero no van de gala ni en coches de nácar. La crisis de la economía, la otra crisis de la decencia en política, aún no constituyen espectáculos comparables para el pueblo ventanero. Cayetana se casa o no, los cementerios caen del cielo a pedazos y ni los serafines ni los mirones saben a qué atender. Los únicos que se las arreglan para estar siempre en su propia boda y en los funerales ajenos son los políticos.

Somos Zapping 25/08/2008

La tragedia masticada. Ya sabemos cuánto le gustan los muertos a la televisión, que le pintan cuadros de ángeles, piedades de hospital y expresionismo con madres. No importa qué catástrofe sea: el rigor y el respeto siempre acaban desbancados por la seducción que ejerce ese morbo de tanatorio, ese embeleso algo gótico como el que tienen las tumbas de los novios o de los niños. Gran tragedia la del avión de Spanair, tanto que casi resultaba ofensivo el empeño de Carlos María Ruíz en las noticias de Canal Sur por llamarlo “terremoto con epicentro en Barajas” y otras tonterías de corte orogénico. Gran tragedia que, como siempre, la televisión masticaba con regusto obsceno y lentitud de entierro. Vi a Rafael Cremades sustituir a sus caricatos oligofrénicos por psicólogos diseccionadores del dolor, accidentados sobrevividos y pilotos mal aterrizados para que nos detallaran las depresiones y pesadillas de las víctimas y los familiares, la angustia del que se estrella, la asfixia del que se muere, las historias y posturas de los quemados y los amputados, todo horrible como un desfile de prótesis. “Uno de los bomberos contaba cosas tan duras y tremendas como esto...”, introducía por ejemplo Cremades, para que luego pasaran una lupa por cada cadáver, cada grito, cada vida truncada y cada superviviente de milagro. “¿Usted cree en Dios, en el destino...?, le preguntaba, ridículo, pitoniso, a alguien que se salvó porque cambió el día del vuelo. La cámara lenta que deja la muerte o su roce, insistente en el detalle enfermizo, en las imágenes macabras, con ese repelús como de ver una astilla clavada en un ojo, todo manejado largamente por Canal Sur con el agravio de presentarlo como información, homenaje, recuerdo y respeto, cuando era canibalismo. No fueron muy diferentes las noticias. En las del sábado, eligieron el primer plano de una mujer llorando, vencida y desconsolada, para que una voz en off terminara de amontonar el dolor como en un carro trapero con estas palabras simples, groseras, casi insultantes: “Historias, unas que reconfortan, otras que provocan más tristeza. Es la cara humana (!) de esta tragedia”. ¿“La cara humana”, cómo si sólo hubieran estado hablando de la vida de un circo? Sí, los muertos gustan a la televisión. Canal Sur, especialista en el morbo, parecía que exprimía concienzudamente cada uno, y el asco por esto se me sumaba al inmenso sufrimiento de almas en hierros con que quedó arrasada la semana.


Tumbing contra la crisis. Chaves hablaba y parecía que tenía todavía las chanclas puestas, a pesar del traje. De vuelta de la playa como un hawaiano, su reunioncita había despachado la crisis en un rato, con esa prisa de cuando hay partido luego. Todo va estupendo y pueden volver a su verano de bicicletas. Así nos lo explicaba el locutor de Canal Sur: “El paro ha subido en la comunidad por debajo de la media nacional. El momento adecuado en el que se puso en marcha el paquete de impulso económico, y lo adecuado del contenido de las medidas aprobadas, son la razón para Chaves de que los resultados ya se estén notando”. Más bien lo que notamos es el sesgo de la redacción y el morro engordado por picaduras agosteñas de nuestro presidente. Andalucía aportó el 52% de los parados españoles en julio, llegando al 24% del total del país a final de mes, y sin embargo, era la tasa interanual, dos puntos inferior a la media de España, el número inactual y casi anecdótico que usaban para declarar que aquí la crisis ya la estamos espantando, a pesar del mesecito de tumbing que se han tirado. Como era de esperar, tras esta buena nueva, ninguna opinión crítica nubló en las noticias de Canal Sur el horizonte de nuestra felicidad.


Nostalgia emigrante. Locos por el fútbol nos ofrecía un reportaje sobre una peña cadista de Barcelona, la gracia de un balompié de papas aliñás y chirigotas trasplantado allí. Pero algo más dejaron unas sentidas colombianas que cantó al final un andaluz emigrado: “El recuerdo, la esperanza de regresar algún día a la puerta de mi casa, y quedarme toda mi vida”. Vaya Andalucía imparable ésta, que sigue obligando a sus hijos a marcharse fuera para sobrevivir y a cantar con lágrimas de vino y nostalgia la desdicha de un volver tan imposible como deseado.

Los días persiguiéndose: La democracia de risa (24/08/2008)

La Democracia, así con la mayúscula de los discursos, ha tenido demasiados novios, chulos, padrecitos, salvadores, mercaderes, maquilladores, sepultureros y definiciones como para que sepa uno a qué se refiere el que saca la palabra como conjuro, yelmo o cachiporra. Democracia se llamaba lo de las polis griegas, con esclavos y mujeres excluidos de la condición de ciudadanos; de democracia orgánica se atrevían a titular la dictadura de monja sargento, tan ridícula como asesina, de Franco; democracia popular se proclaman todavía algunos de los más pesadillescos totalitarismos del planeta. Sabemos que la mayoría también puede ejercer la tiranía, que la guillotina reunía al pueblo haciendo calceta y que hasta Hitler ganó elecciones. El ser humano tiene la funesta habilidad de legitimar el abuso, el crimen, la opresión, la inmoralidad y la injusticia apelando incluso a los más altos y bellos conceptos. Pero no salvan ni condenan las palabras, con su etimología ambigua y su historia interesada, sino los hechos.

Suelo prevenirme ante ciertos abanderados impostores de la democracia y ciertos escupidores del insulto “antidemocrático” o incluso “fascista”. ETA habla de “solución democrática” para su locura, y siendo ellos puro fascismo, les encanta señalar como “fascistas” a los demás. En otro nivel, por supuesto, hasta a Chaves le hemos escuchado convertir la mentira en verdad y absolverse de incumplimientos, tropelías, despotismos y arbitrariedades con el argumento de que ellos habían “ganado en las urnas”. Hasta Antonio Pina, el que fue presidente del comité de empresa de Delphi y ahora se arrima tan oportunamente al PSOE, usa la gran palabra para desactivar las críticas hacía él: “Claro que esto es democracia y tal vez eso no lo tengan claro desde donde pretenden desacreditarme”, ha dicho. Ya ven qué burdo es el argumento y qué barato se compra aquí ser demócrata. La crítica a su venalidad, a su dócil alineamiento, a su sumisión al poder político en contra de los propios intereses de los trabajadores que dice representar, es capaz de convertirla nada menos que en ataque a la Democracia, en insulto a su templo. Vean aquí la medida y el valor de su concepto. Pero no nos sorprende, ya conocemos a muchos conversos, trepas, aprovechados y listillos que además van de pedagogos de la libertad.

Leyendo lo de Antonio Pina, he recordado de repente el sueño bastante extraño que tuve anoche. Me encontraba en un salón acapillado que yo sabía que pertenecía a una especie de movimiento neonazi, aunque no había esvásticas, sino, curiosamente, estandartes con el logo de los Juegos de Pekín (ay, el subconsciente...). Estaba delante de su líder, un ario gordo y de un rubio pringoso, y yo intentaba argumentarle, con toda la seriedad de que era capaz, la inmoralidad de su ideología. Hasta que me dijo “defendemos la superioridad del Norte”, ya ven, y yo le pregunté (qué cosa) si se refería al Norte geográfico o al magnético. Supongo que ante ciertas actitudes y tesis ridículas sólo cabe el humor, que a mí me sale hasta soñando. Lo de Antonio Pina es de risa, pero nos enseña hasta qué punto falta aquí verdadera cultura de la democracia, sobre todo en los que viven a costa de su nombre, tan emputecido. No, lo suyo no es que sea ilegal, ni ilegítimo. Sólo me parece despreciable, indecente y, aún más, obsceno. Y hasta que estos supuestos demócratas de interés y sueldecito instauren el Ministerio de la Censura o la Policía de la Verdad, esto se puede decir sin que tengan por ello que fusilar a nadie con los fachas y los legionarios tuertos. Cosas de la libertad.

Los días persiguiéndose: Chaves en la playa (22/08/2008)

Mi madre suele contarme que de pequeña se dormía escuchando las olas, y era como entrar remando en el sueño. Su abuela era bañista de los forasteros ricos y solían pasar las noches de verano en la playa, en su caseta o carpa o tienda toda de viento, con sillones de mimbre de altos espaldares como cápsulas, que parecían hornacinas para los mojados. El mar de noche dejaba hojas cayendo, suaves telas por la cara y flecos de cielo en las manos. Aquello debía de ser hermoso. Yo, sin embargo, nunca he sido playero. Ahora vivo a cien metros de la orilla y sólo me gusta la playa en invierno, cuando me sirve con frío y transparencia la metáfora perfecta del silencio y la soledad. Veo el verano como una parrillada de carne y suelo echar de menos las estaciones con abrigo y lluvia, en las que el mundo se mete en el alambre de los huesos y te hace más vivo y todo se siente más afilado y más de piedra. Huyo de la playa en verano, que es un cubo cangrejero de pies y sobacos. Nunca he podido encontrarle la diversión a ese cocerse y mojarse alternativamente en un ambiente de colada y de cuarto de baño sin tabiques. La playa es el desagüe del verano y huele a caldo humano y a mierda salada.

He visto las fotos de Chaves en la playa, como un barquillero, como un particular. No sé si la gente en la playa, ahora, flota u olvida. “Lentos veranos de niñez con monte y mar, con horas tersas, horas tendidas sobre playas”, creo que escribió Jorge Guillén. Quizá la gente necesita volver a la infancia un rato de su año adulto. Para el niño, en el mar está el misterio de lo infinito, a la vez monstruoso y atrayente, igual que está en un pájaro o en un gato el misterio de lo vivo. Yo recuerdo cinquillos, sandías, remates de cabeza y ahogadillas por sorpresa. Pero ya se me pasó el tiempo de todo aquello. No sé qué verán los políticos, tan niños, en el mar: la barcarola de su desgana, la huida de un mundo aventado, un sueño de caracol al sol. Chaves en la playa; pasan heladeros mientras todo se derrumba en el mundo adulto, que es como un paquebote escorado del que saltó. La crisis llena el verano de náufragos y los bolsillos de escombro y calderilla, las bombas estallan, Blas Infante vuelve a ser fusilado contra las amapolas, y Chaves en la playa, como dormido en un incendio. Lee, se roza los pies, se achicharra por pereza, mira las pandorgas, se entierra en indolencia como en algas. La playa es una distancia a todo, es un útero, es la gran pecera en que te mete el horizonte, es la siesta de la política a la hora de más calor y más peligro. Chaves en la playa; todo lo importante, lo necesario, lo urgente, está vencido por la digestión y la sombra y se aparta a manotazos con las moscas.

No sé qué podemos esperar de la política en agosto, cuando nuestros gobernantes se esconden de la verdad en los chiringuitos igual que de la suegra. Y si salen un día, de mala gana, es para decirnos que es mentira que los tiburones nos estén mordiendo los tobillos y que para eso no se les despierta. Chaves en la playa, con ahogados a los pies, con palita y cubito, con sueño y memoria de pez, con ese hacer nada de los que no saben qué hacer, no es una esfinge del poder, sino un manisero aburrido, un lagarto cansado y un niño inconsciente del tamaño y la gravedad del mundo y del tiempo. Mi madre se dormía con las olas, que hacían como la música sumergida de muchos grillos. Un político durmiendo así, en las manos del mar, mientras esto se hunde o se quema, mientras los andaluces comen arena y se descarnan en este agosto como un empalamiento o un despeñadero, es otra imagen diferente, de ocaso y de capitulación. Yo huyo de la playa en verano. Hay un mar llevándose carne, dinero y desahuciados, ante el indecente mirar de mecedora de nuestros gobernantes.

Somos Zapping 18/08/2008

ZP en vez de bombonas. Un informativo de Canal Sur en verano que no abría con imágenes de gente con los pies en las fuentes o el culo en la arena... Nada, ni siquiera con lo habitual el resto del año, ya saben, un camión de gaseosa volcado, la inundación de un garaje, un vecino atufado, un piso reventado por el butano, la puñalada de alguien para poner la mesa y el atropello de otro para ir abriendo el apetito. Ya he hablado del uso nada inocente de los sucesos para arrancar las noticias de La Suya: es una manera de convencernos de que nada grave ocurre aquí salvo que salgan un loco o un ahogado o estallen una grifería o un embrague. Pero aquel día, Zapatero interrumpía su veraneo mosquitero para salvarnos de la crisis, y eso, que de nuevo nos salvan los socialistas llegando en paracaídas, es mucho mejor que el que no ocurra nada salvo los cataclismos. Zapatero abría las noticias con sus nuevas o refrescadas medidas contra la crisis y Canal Sur rotulaba el eslogan “crecer más y mejor” como en un anuncio de papillas infantiles. Claro que eso era una introducción para presentar a Zarrías luego, anunciando que hasta Chaves va a volver de Croacia, dejando por fin la coctelera, las paletas de la playa y la versión del sirtaki que hagan por allí, para que un gabinetillo andaluz se encargue de lo propio, de conjurar el mal y de atraer el dinero con hechizos de gitana. O eso dicen, porque todo parece indicar que Chaves sólo va a escoltar a ZP y a aprovechar su sombra alada en su mitin almonteño, lugar muy apropiado para el rezo. Ya sabemos la efectividad de las recetas de nuestros gobernantes, como las últimas: “concertación social”, o sea, comprar a los sindicatos para que se estén calladitos; o activar los “centros tecnológicos” andaluces, entiéndase el de la piel de Ubrique. Zapatero abría los informativos de Canal Sur y yo no sé si eso era mejor o peor que otra bombona explotando en este verano de hombres rana arruinados.


Salvación aviónica. ¿Quién no tiene un primo o un conocido ingeniero aeronáutico? ¿Quién no cuenta en su pandilla con el típico amigote especialista en industria aeroespacial? Si hay algo que abunde aquí es el trabajador de la cosa aviónica, así que lo mejor que ha podido pasar es que vuelvan a encargar piezas del Airbus 350, que acabará con la mayoría de los parados andaluces. Precisamente Carlos María Ruíz nos daba la buena nueva, que sonaba así: “El vicepresidente primero de la Junta se ha referido también a la pujante (!) realidad del sector aeronáutico andaluz”, en relación con “un nuevo encargo para la flamante (!) sociedad Alestis Aerospace”. Cuánta pujancia y flamancia, caramba. Habrá que tener cuidado de no salir volando, de cómo está nuestro sector aeroespacial. Luego, una voz en off con todo el gangoseo y el estilo del Nodo, nos daba detalles sobre la “creación de 1000 empleos directos” y la inspirada y decisiva participación de la empresa pública andaluza Sacesa en el asunto, y, además, nos dejaba esta joyita propagandera: “El conflicto de la multinacional estadounidense Delphi en la Bahía de Cádiz, que dejó en la calle a casi 2000 trabajadores de sólida formación industrial, fue un acicate (!) para la formación de este consorcio, que se nutrirá de muchos de estos trabajadores (!)”. Pues ya ven, nuestra industria salvada y los de Delphi recolocados (una vez más, habría que decir). Creo que Cádiz se va a quedar sin pescadores de mojarras, de toda la gente que se va a colocar haciendo aviones.


Misa socialista. Paré mi zapeo en la Dos de TVE al ver allí a mi amiga Sara Rosique, prometedora y bellísima soprano, y luego me di cuenta de que retransmitían una misa desde mi pueblo. Sanlúcar es un ejemplo llameante del nacionalcatolicismo socialista. Su alcaldesa, Irene García, miembro por cierto de la ejecutiva andaluza del PSOE, cada vez pone más vírgenes y beatas estatuadas en las plazas y más calles con nombre de pasopalio. Aquella misa sobredorada, con un obispazo saludando a “la señora alcaldesa y autoridades” mientras las fuerzas vivas de la ciudad se abanicaban con el Espíritu Santo enjoyonado, parecía una cosa del Palmar de Troya. No sé si los socialistas acabarán con la crisis, pero ir a ese cielo con balcones de los capillitas y los piloneros, seguro que sí.

Especial: El verano del kiosquero (17/08/2008)

N. A.: Texto original completo del artículo, que puede ser diferente al que aparece en la edición impresa del periódico.

SANLÚCAR DE BARRAMEDA.- A Sanlúcar se viene a hacer un turismo de mojarse los pies, de ver motillos y puestas de sol con rodajas de limón y cielo, de sentir de lejos la respiración salvaje y como de navazo de Doñana y de hacer sacrificios mágicos ante los animales del mar con sus púas vivas o su carne rosa. Sanlúcar no tiene grandes infraestructuras turísticas, la playa es sólo el último revolcón del río Guadalquivir, existen pocos hoteles, no hay puerto deportivo ni esos spas que quieren parecer un Guggenheim, y aquel complejo con campo de golf del príncipe Hohenlohe, bautizado pomposamente como Sanlúcar Club de Campo, y que un día los lugareños creyeron que iba convertir al pueblo en otra Marbella, atrayendo a jeques y a piscineros, es sólo un cementerio de topillos y una siesta de agrimensores. Pero a pesar de esto, Sanlúcar sigue teniendo el encanto de lo puro, como una última sombra en esa costa andaluza castigada por el urbanismo hormigonero y las feas griferías de lo hortera.

Agosto aún abarrota Sanlúcar, sus plazas del tapeo, su playa estrecha y familiar llena de gente despeinada y acarreadora, de forasteros chanquleteros despaciosos como galápagos con barriga. Encontrar la crisis económica en el verano de Sanlúcar quizá tiene inconveniente de que aquí lo mejor y lo que más se busca es gratis o barato: el aire salado, ese olor como a ortiga mojada de la noche, el silencio abodegado que te acoge, el sol como un gran capacho que se vuelca arriba, el vino turbio y fuerte de las tascas, el aliño pobre de unas papas. No hay regatas, ni polo, ni helicópteros, ni ese verano que se hace en otros lugares amontonando el dinero y las castas sobre la cristalería de ellos mismos. La única afectación es la de sus famosas carreras de caballos, evento entre pijo y heladero que aunque monte en la arena una pequeña cañada de exclusivismo y paripé, no termina de convertir a Sanlúcar en casino, en palacio o en embajada. Claro que existe lo caro, pero aun lo caro es natural y honesto, un pescado que brilla de vivo, un marisco que también quiere comerte, la mesa dispuesta como una misa.

Es tarde de carreras en Sanlúcar y en la playa la gente sigue el oleaje de los caballos, que con la velocidad parecen hechos de guijarros. El paseo marítimo se diría que ha sido bombardeado, lo están construyendo o remodelando y las obras dejan alambradas, trincheras, traspiés. Es como el escenario pobre para este año pobre. La gente se dedica a estar miradiza, cosa que no cuesta dinero, y en los chiringuitos hay familias enteras alrededor de una fanta. Otros sacan sus fiambreras con desenvoltura. La crisis sabe a pimiento frito, o es que quizá la arena y el sol mojados saben a comida, antes de llegar a Bajo de Guía, capilla de pescadores, desconchadero de blancos y azules, bandeja que trajo el mar en sus pinzas.

Aún es temprano y el sol poniéndose pega a los camareros contra la pared de los restaurantes, esperando a la clientela, que llegará sobre todo cuando terminen las carreras. De momento, cervezas con aceitunas, ensaladas y pescaíto frito, pocos langostinos y gambas que cuando salen parecen sacados para una foto. Se nota quién va a pedir marisco por el peinado y los politos. Es cierto, en Sanlúcar se conserva cierta ortodoxia del pijerío de medio rango que incluye ropa fluoresecente, flequillo velero, moreno de galleta y una manera especial de pronunciar las eses y de pelar los langostinos como bajándoles la cremallera. Pero en el restaurante Mirador de Doñana, que es como el camerino de popa de un almirante, y donde guardan igual que si fueran clavos de Cristo los catavinos con los que brindaron aquella vez Aznar y Blair por la paz en el Ulster, los hermanos Lazareno admiten la crisis con un grave asentimiento. “Cuando llueve, todos nos mojamos –dicen-. Aunque tengamos trabajo, la crisis se ha notado desde junio. Tenemos clientes pero con un poquito menos de dinero. No es la cantidad de personas que vienen, porque Sanlúcar está abarrotado en agosto, pero se nota económicamente, la gente tiene menos dinero o por lo menos miedo a lo que pueda pasar mañana y por eso se retrae. Cuando al final del día se mira la caja, se nota”. También en el vecino Avante Claro, donde los bogavantes están como indultados en su acuario, opinan lo mismo: “Hay gente, más o menos igual que el año pasado – cuenta Manuel Rodríguez---, pero en vez de pedirte bogavantes, langostinos, cigalas, pues piden pescaíto frito o un arrocito para todos. Están más cortitos”. Sólo Paco Bigote, escoltado en su salón por tremendos bichos azules, como de un mar prehistórico, asegura no notar la crisis: “Normal, como otros años. Al menos, lo que es agosto. Cuando llegue septiembre, que ya se tiene que bandear uno con las comidas de empresa y eso, a lo mejor cambia la cosa”. Desde luego, allí el teléfono no deja de sonar, la gente solicita reservas exhibiendo a veces, de manera un poco ridícula, pedigrí, relaciones, amistades; pero no hay mesa hasta dentro de cinco días. Un cliente que entra apunta, con maldad o suficiencia, que seguramente a los que van a Bigote la crisis les da igual.

La crisis no espanta a la clientela de Bajo de Guía, aunque este verano se alimente un poco más del viento, como dicen por aquí que hacen los camaleones. Bajo de Guía es un lugar de peregrinación y su religión sobrevive al bajón de la economía como un palafito a las mareas. Pero tampoco se vacía la Plaza del Cabildo, que en agosto es como un árbol de Navidad trasplantado a esta época, corros de gente, luz de vino y campanas, rojos de un dulce salado en las terrazas. Ni una mesa libre en Balbino, en La Barbiana, en la Taberna Juan o en La Gitana. Y sin embargo, hay algo diferente este año: “A la gente les ofreces langostinos y te dicen 'no, langostinos no, que tengo en mi casa' –cuenta un camarero--. O te dicen 'no, hijo, no tenemos hambre, unas papitas aliñás nada más que luego vamos a ir a cenar', pero después te están pidiendo todo el tiempo más pan y picos. A mí me han llegado a preguntar cuántos trocitos entran en una tapa de chicharrones, que eso nunca me lo habían preguntado”. “Fíjate la cantidad de gente que está sólo dando vueltecitas, --señala otro trabajador de un bar de copas de la Plaza del Cabildo--, que se sientan con la familia en los bancos a comer pipas o una tarrinita de helado y ahí se quedan”. Alguien comenta, divertido, que el kiosquero de la Plaza del Cabildo ha llegado a confesar que no ha vendido más pipas en su vida. Éste es, sin duda, su verano.

Los días persiguiéndose: Finis Terrae (17/08/2008)

Dicen que Croacia llegó a ser satrapía del Imperio Persa, pero lo que parece ahora es el anuncio de un yogur griego. Todo el Mediterráneo es griego, en realidad, desde que surgieron de aquel mar las columnas de nuestra civilización y del Adriático a Asia Menor los ejércitos, los geómetras y los filósofos fundaban lo que somos como haciendo collares de conchas. Zarrías prefiere para sus viajes veraniegos zonas frutales de sol y de pobres, donde Andalucía puede hacer de personaje colombino y de rico y gordo por comparación, y Chaves ha elegido Croacia para sus vacaciones, que no sé si fue persa de verdad o nos engañan los documentos pétreos del lugar, pero que desde luego es como huir en trasatlántico de la crisis, un poco hacia el origen volcánico de Occidente que es ese Mediterráneo cercano a los dioses. Hay viajes para buscar y hay viajes para huir, para esconderse en islas y calas, enterrarse en arena blanca y en pueblos que se despeñan desde antiguo. Nuestros gobernantes andaluces hacen estos viajes de huir, a paraísos de los descalzos y de las nubes mojadas en ron, como elige Zarrías, o a un país de sirenas o faros levemente helénicos, que es la opción de Chaves, pero que tienen en común embeleso, mitología, arrecifes y reliquias. Por esos lugares la crisis les debe de resultar como un asunto de otra raza o de otro tiempo, igual que Blas Infante debe de verse como el barquero de Hércules u otro pescador renegrido, de ahí que Chaves no vuelva por tan poca cosa. Tanta gente quejándose, tanta realidad estropeando la cuidada propaganda de la Junta, que es normal que huyan hacia soles de aguacate o mares dóricos, donde todo parece remitir a una tranquilidad coralina y a un pasado quieto en un vaso.

He pensado en los viajes centrífugos de Zarrías o Chaves, en este verano en que la economía trae cada día un ahogado más en las playas, leyendo la curiosa noticia de que Stephen Hawking va a hacer el Camino de Santiago, al menos en parte. Hawking quizá ha llegado a la Ruta Jacobea cayendo de la Vía Láctea, que es su espejo allí arriba, después de andar buscando tanto tiempo el agujero del que salió todo el universo. En realidad, lo del apóstol Santiago en España es un mito romanista más que dudoso y, de todas maneras, ese viaje no tiene como origen ir a adorar sus huesos de madera, sino la mucho más antigua marcha al fin del mundo, al Finis Terrae, siguiendo la ruta del sol, viaje iniciático de culturas precristianas. Zarrías y Chaves se marchan en sentido opuesto, hacia el Caribe y hacia el Adriático, porque desean huir al fin del mundo, esconderse allí donde no llegue la crisis, ni las malas noticias, ni las verdades que desmienten sus fantasías cada día. Pero ese otro Finis Terrae iniciático no es tanto un lugar al que llegar como el propio camino a recorrer, cosa que seguramente sí sabe Hawking y por eso es capaz de encontrarlo hasta en silla de ruedas. Sin embargo, nuestros gobernantes, que distan mucho de ser sabios, huyen verdaderamente en kilómetros y no les sirve de nada. Como en todo camino iniciático, y ya digo que el de Santiago lo es, lo que se encuentra al final es uno mismo. No sé si después de haber seguido al sol hasta el verdadero Finis Terrae nuestros políticos se verían por fin en sus mentiras, su desfachatez y su cinismo. Pero es otro fin del mundo al que ellos escapan. Hay viajes para buscar y hay viajes para huir. En Cuba o en Croacia están solamente lejos, ni salvados ni invisibles ni sin culpa. Hasta ese fin del mundo suyo en el que intentan refugiarse, todavía llega la verdad como un oleaje.

16 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: Sindicalistas (16/08/2008)

Los sindicalistas empezaron incendiando o mojando el carbón contra el capital y la explotación y han acabado en los sillones de orejas del poder, siendo jefes de sus vacaciones, funcionarios del paro y fogoneros de los partidos. Precisamente lo que define y distingue en un principio al movimiento sindical es su defensa de los trabajadores más allá de objetivos políticos generales, pero de atrancar las máquinas, rebelar telares y aplastarle el sombrero al patrón parece que la cosa pasó a entremeter en las fábricas la propaganda de las ideologías, ir soliviantando al currante contra lo que convenía, arrimarlo al voto más o menos rojo, sacarlo a bailar a la calle o no según quién gobierne y convencerlo de que tal partido le va a dar más trabajo, colchones o botijos. Los grandes sindicatos, es decir, UGT y CCOO (al resto, ya ven, se les suele llamar “independientes”, aceptando la sumisión de estos dos), son sucursales de la política en el tajo, y eso se nota en que su interlocutor no es ya el empresario, personaje secundario, sino la Administración y los despachos de los partidos. La gran trampa que ha adormecido a los trabajadores, como a los niños a los que se les da un chupete mojado en anís, se llama concertación social, nombre manso que esconde ese prorrateo en el que los sindicatos “mayoritarios” se aseguran subvenciones públicas a cambio de mantener a la tropa calladita, mientras que los políticos tranquilizan con eso mismo a los empresarios, que sólo son como carteros de todo aquel tejemaneje interno. Hay unos sindicatos que ya no hacen ruido con las tuercas, ni traen un nuevo siglo ni una revolución de bieldos para arriba. Sus dirigentes sólo esperan ese funcionariado del “liberado” en el que crecen tan bien sus barbas, el dinero bajo cuerda o la recompensa que les regale el poder como una ínsula. Si empujan a la gente a la calle, adornados de mendrugos, es para cantar rondallas a sus políticos o someterlos a un pequeño chantaje cuyo fruto suele ser siempre el mismo: el silencio comprado.

En la Bahía de Cádiz iba a arder el agua como en un abordaje pirata porque Delphi se cerraba. Pero se cerró y no pasó nada. La Junta habló de “parados con perspectiva”, hasta de “oportunidad histórica”, y los sindicatos dóciles, amancebados con sus dueños políticos, guardaron los hierros y se echaron a dormir bajo ese sol gaditano que es como una fundición detenida. Empresas informáticas, aeronaúticas o en general esdrújulas, que vendrían por el impulso modernizador de la Junta y el poder mágico de su Verbo, iban pronto a recolocar a sus trabajadores. Este discurso increíble, esta tomadura de pelo, no sólo no rebeló aún más a los sindicatos, sino que los arrellanó en el silencio e incluso en la alegría. Un año después, el que fue presidente del comité de empresa de Delphi, Antonio Pina, de CCOO, se atreve a decir, en una carta abierta con el tono de aquéllas a los corintios, que están “a mitad del camino”, floreando además la amarga espera o decepción como si fuera un relajo, un balneario y hasta una ganga. Luego hemos sabido que Antonio Pina ha solicitado el carné del PSOE y todo ha acabado resultando tan transparente como repugnante. Ésa es la perspectiva verdaderamente prometedora aquí en Andalucía, el carné del PSOE, formar parte de la “familia socialista”. Los sindicalistas ya tienen otro amo, el poder les abraza, la traición les compensa. Hicieron, en otro siglo, por supervivencia y dignidad, la revolución entre el vapor y la tizne cafetera de las fábricas, cuando eran poco más que esclavos, morían los niños bajo sus chimeneas y la protesta obrera se consideraba delito. Ahora, sirven dentro del escalafón político, como agitadores o amansadores del proletariado, según convenga. Algunos deben de cobrar lo suyo sin mirar a los ojos, como las prostitutas.

14 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: José Tomás, dios hispánico (14/08/2008)

En El Puerto de Santa María pusieron estos días una enfermería para dioses, que aquí cuando se hieren sangran claveles en agua bendita y pañuelos de mujer morena. Hay un modelo grecorromano de dios o de héroe, que es el que vemos en Pekín persiguiendo sirenas hundidas, cincelándose los muslos o abrochándose el viento en la clavícula como una túnica, y otro modelo hispánico que es un Corazón de Jesús abierto desde el cuello, un bailarín atravesado por los cuernos de la luna o un poeta borracho de su sangre panificada. Los dioses clásicos eran carreristas y rijosos, con alas en los tobillos y falos adornados con acanto. Amontonaban las nubes, conducían el carro del sol y se beneficiaban a las mortales atravesándolas con un caduceo, todo en la misma gimnasia. Fue el cristianismo el que impuso a los dioses llagados, apaleados, cosidos, castrados y vencidos. Es la pulsión de muerte, que diría Michel Onfray, auténtica contramoral al nietzscheano modo que además se convierte en estética. Aquí hacemos barroco con la sangre y por eso los dioses heridos o muertos parecen candelabros. La religión con sus empalamientos, las ideologías con sus fusilados y hasta el arte con sus locos o flacos autodestructivos, están llenos de la gloria del morirse o del sufrir, opuesta a la gloria del vivir y el gozar: gozar es malo, pecaminoso, aunque no haga daño a nadie, y lo virtuoso es vivir con el cuerpo a tiras, vivir con asco de vivir, el morir por no morir teresiano, el morir cuchillero de la santidad.

José Tomás no desentona con este verano de suicidas ni con esta cultura nuestra de la muerte como una madre. No voy a hablar de toreo, porque no sé, aunque pienso que para ver en la tauromaquia la carnicería sádica que dicen los ecologistas margaritos hay que ser un zoquete. Allí están el tótem, la caverna iniciática y el dragón por vencer (uno mismo). Que sea o no arte, en eso no entro. No voy a los toros como no voy a las carreras de caballos: esa estética de lo quieto o de lo veloz no me compensa ante el circo de pamplineo y rancidumbre, de castas y escalinatas, con que se rodean. No, no voy a hablar de toros, pero José Tomás tiene la silueta y la vocación de todos los dioses hispánicos, del cristianismo de pies ensangrentados y huesos quebrados, aunque él no es beato, no se amortaja en las capillas ni se mete estampitas en el paquete. Enamorarse de la muerte como de la más morena de todas las mujeres es la vanidad de estos dioses con postillas y José Tomás se bebe su cáliz y sale un poco yacente a los ruedos, a fundar de nuevo esa patria de sufridores en la que se reconoce cierta España más flagelante que heroica. José Tomás se está haciendo un dios como sabe que hay que hacerlo por aquí, y eso no es locura sino tradición. Sobre heridas gloriosas, sangre macerada, sacrificios orgullosos y martirologios de la historia se han levantado imperios, iglesias, nacionalismos, políticas, líderes, camelos. Andalucía misma es la larguísima postración de un doliente o un descabalgado, y ha terminado seducida por su desgracia y sus cicatrices hasta el punto de definirse en ellas. Se llama síndrome de Münchhausen a esa enfermedad que empuja a inventarse o provocarse dolencias para obtener atención o cariño. Seres todopoderosos, santos torturados, artistas hacedores de silencios y hasta pueblos colgados por su ingle quizá cayeron en eso. Los dioses hispánicos tienen que supurar o morir para serlo. Pero yo afirmo que es inmoral construir la existencia sobre el sufrimiento. Ni la eternidad lo merece.