1 de diciembre de 2008

Somos Zapping 30/11/2008

Pentecostés en el Parlamento. Pablo Carrasco prometía su cargo de director de la RTVA como sobre una gran caja de polvorones abierta, pero debía de ser el Estatuto o quizá la Constitución, en su versión de cartón o en su versión de los Picapiedra, ese tamaño exagerado, sospechosamente freudiano diría yo, que los políticos le ponen a todo lo que les rodea para proyectar su anhelo de dignidad y compensar sus complejos (les ocurre últimamente también con los cochazos, ya saben). Pablo Carrasco prometía su cargo en el Parlamento, cosa que algunos aún creen algo mágico, purificador y revolucionario, y hasta Fuensanta Coves, pálida lechuza de la Cámara, parecía asistir, a su lado, a un Pentecostés. Ese mismo aire de milagro y Evangelio tenía el locutor que narraba la noticia en Canal Sur: “Ha prometido el cargo por primera vez en el Parlamento Andaluz, dado que es la primera vez que la Cámara andaluza lo elige en virtud de la nueva ley que regula esta empresa pública”. El discurso de Fuensanta Coves, que tiene voz de cera, pasó luego de las aureolas al cinismo: “Con la nueva ley andaluza se ha fortalecido la independencia y la neutralidad de los profesionales de la información de la Radiotelevisión andaluza”, se atrevió a decir. A ver: esa ley da igual porque basta la mayoría absoluta del PSOE para poner como director igual a Carrasco que a Doraemon. Y Carrasco ha sido propuesto por el PSOE, por el mismo Chaves, sin que hubiera siquiera otros candidatos para intentar un consenso. La RTVA seguirá siendo el ministerio de propaganda y atontamiento de la Junta por más que a su director lo paseen por el Parlamento como por una pinacoteca. Sus primeras declaraciones me dejaron atónito: “[La RTVA] es una empresa que es muy importante y que deberíamos sacarla del disparadero político”. ¿Y qué va a hacer para ello? ¿Cortarle el teléfono a Zarrías o dejar todo el tiempo sólo la carta de ajuste?


Vigorra. Entre los invitados que trajo el otro día Joaquín Petit a ese programa suyo que es como una buhardilla repleta de sus ridiculeces y sus gatos, creí que el que me daría más juego sería Tom Martín Benítez. Pero Tom habló de sus despertares, de sus musas y de ese sacerdocio suyo más misionero que locutor, y me aburrió. Sin embargo, después llegó Jesús Vigorra. Desde el viernes, a Jesús Vigorra le tengo que agradecer otra cosa además de su programa, uno de los pocos de Canal Sur con calidad e interés y de verdadero servicio público. Sí, le tengo que agradecer la cara estupefacta, descolocada y acojonada que le hizo poner a Petit durante unos impresionantes y maravillosos tres segundos. Como dijo una vez Carlos Herrera, uno tiene que saber para quién trabaja. Vigorra lo sabe y no se suicidó cuando le preguntaron sobre la cultura y la televisión pública, pero tuvo la valentía y la dignidad de soltar varias verdades tan morrocotudas como inconvenientes. Hablando sobre lo que hacen los poderes públicos por la cultura, intentó ser diplomático, pero dejó las primeras bombas: “La intención es muy buena, en la Consejería de Cultura, en la educación... ¿Pero cómo lo hacemos? En el ranking de lectura siempre salimos los últimos (...). La cultura tiene que empezar en la educación, en la escuela, y ahí no se puede ahorrar dinero. Y no se corresponde lo de Barenboim con los conservatorios, esa distancia tan grande entre cómo están algunos conservatorios y luego que tengamos aquí a la mejor orquesta de Europa...”. Creí verdaderamente haber oído el sonido de un hacha cayendo. Pero quedaba lo mejor. Vigorra respiró con fuerza y algo olió de nuevo a cuchillo: “La televisión pública tiene la obligación, y nosotros los ciudadanos la exigencia, de que nos enseñen otros mundos, que nos ayuden a descubrir otras cosas, cultivar el espíritu crítico, la libertad de pensamiento de la gente... Lo que pasa es que tener a un pueblo despierto, pues a lo mejor no interesa tanto...”. Y fue cuando, ante ese perfecto retrato / antirretrato de lo que es y no es Canal Sur, de lo que hace con él el poder, y que los dos entendieron sin duda como tal, la cámara enfocó la mudez pasmada de Petit, congelado en una sonrisa apretada que parecía un atragantamiento. Tres maravillosos segundos tras los que sólo acertó a decir, bobamente, “interesante reflexión”, para luego soltar una risa incómoda. Ole. Con dos cojones, Vigorra.

Los días persiguiéndose: La política de Pizarro (27/11/2008)

Nuestros políticos no son filósofos como quería Platón, ni caballeros duelistas, ni doctores resentados, ni abades bibliotecarios. No sé si son los políticos los que van haciendo la sociedad o es la sociedad la que termina eligiendo a sus políticos según su propio molde. En una sociedad que chilla en vez de pensar, que vende en vez de hacer, que cree ciegamente en vez de reflexionar, que se afilia en vez de dudar, quizá sólo pueden dirigirnos gritones, propagandistas, zoquetes, manijeros de la masa y chusqueros de las ideologías. Pizarro va como con el saco de cemento de su persona y de su cargo, todo polverío, riñonada, empujones, borricaje de las ideas, especie de carretero de su partido o afilador que llegó a político. Él representa como nadie la política sin asunto ni profundidad ni sintaxis ni elegancia, sólo un estar con los brazos en jarra y cara de escupir, acuevado en un partido que han decidido que ya no tiene que explicar ni convencer, sólo aparecer masticando su presencia, como el más forzudo de los chiquillos del recreo. Huido de los libros, ascendido de los clanes, manejador de sus pucheros, descalzonado de lengua, Pizarro cree ser el boxeador de una ideología, pero es la fealdad, el empequeñecimiento y el fracaso de la política, de todo lo que ésta debería de tener (¿soñamos?) de idea, debate, altura, dignidad.

No, ni los políticos son filósofos ni vamos a pedir que los partidos se hagan unos a otros, en estos tiempos, besamanos. Pero hasta el insulto deja ver categorías. Tengo una recopilación de aforismos de Schopenhauer que editaron bajo el título de El arte de insultar y que es una maravilla de ingenio, osadía y clarividencia. Los políticos pueden ser mordaces, irónicos, puñeteros (Guerra lo era a su modo), pero como en la literatura, eso requiere el sustento de un fondo y sobre todo ese forjado que es la forma. Cuando Pizarro llama a Arenas “matón de discoteca” o lo manda al psiquiatra por “desequilibrado”, no ha hecho un dardo con una idea ni un filo con una imagen, sino un simple salivazo a partir de sus propias rebabas. Algo se ha perdido en esta manera encanallada de hacer política. Desde luego la estética, pero también la lógica, hasta el punto de que el PSOE andaluz acusa al PP... ¡de ser oposición! Sí, de “deteriorar, desprestigiar y manchar la imagen" del Partido Socialista y de Chaves, ha dicho el ínclito Pizarro. Y al hecho de criticar el poder omnímodo y abusivo, las formas autoritarias y desahogadas de esta casta que reina en Andalucía, o la misma figura luisina de Chaves, lo llama “estrategia de crispación política”, lo que a su juicio hace a Arenas merecedor de ser llamado “campeón del insulto”, ya ven qué grado de cinismo.

Uno todavía sueña con otra política, donde choquen las inteligencias y no los cortes de manga, los hechos y no el forofismo, los argumentos de ahora y no las herencias de ayer; donde nadie mande a nadie al psiquiatra pero tampoco, como ha hecho Arenas afeándose de nuevo, se califique al contrincante de “partido de la muerte”. Sueño con que ningún partido crea que la democracia le pertenece ni que le acompañan las legiones eternas y encoloniadas de los ángeles, con que ni en Andalucía ni en otra parte una ideología forme parte del ser de una tierra. Sueño con que la palabra retome su peso contra el eslogan y con que los adversarios dejen de ser enemigos a mamporros. Los políticos, ni filósofos ni santos, pero tampoco matones, bandoleros o rebañadores. En esta política que sueño, quien no está, desde luego, es Pizarro.

Somos Zapping 23/11/2008

El premio. Los premios, ese cóctel de vanidad y abrillantador que se da a alguien porque lo merece o a pesar de que no lo merece para nada... Pero éste, desde luego, es un premio especial. No ha sido un premio a un programa, sino a toda Andalucía. El trofeo que España nos entrega por representar, aun en estos tiempos, una pureza, una esencia, una verdad. Nada menos que un Ondas, ese glorioso y deseado caballo alado que parece esperar ante Troya o ante una esfinge. Un Premio Ondas que pesa y se acaricia en las manos de cristal de las presentadoras como un falo que sostuviera una novia vestida de novia o una sacerdotisa. Este premio, sí, es para toda Andalucía. El premio a que Andalucía todavía sigue en el sitio que le corresponde, a que nunca llegaremos más allá de nuestros tópicos, a que somos feliz y orgullosamente esos tópicos. El arte sin escuela, la pena con cante, la redención de las mujercitas de patio, la antigüedad de las razas descalzas, la pobreza primigenia de los tambores, la obcecación en la ignorancia de otras cosas más bellas y más importantes... Un premio para toda Andalucía, ese Ondas que le han dado a Se llama copla por su histórica audiencia, por devolver a toda una región al tiempo, la estética, las alcobas y las enaguas de las películas de Estrellita Castro o Joselito. Enhorabuena, aunque estos Ondas los dé la Ser, Prisa, que suele repartirlo todo entre amigotes y adeptos. También se llevó un Ondas Canal Sur Radio por su vigésimo aniversario, y el muñequito con tambor que es Manolo Casal volvió a decir que ellos son “la voz de Andalucía”. Enhorabuena, sí. Son premios que esta Andalucía, ésta que han hecho los que ya conocemos, tristemente merece.


Patrocinio. Premios y festivales, escaparates y chorreras de sus dueños. La política patrocinando la cultura parece que nos enseña sólo su culo enmarcado para que lo besemos sumisamente. Vi durante las noticias de La Nuestra que, en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, en sus fachadas que intentaban un gótico de la propaganda, unas grandes letras proclamaban: “Canal Sur con el cine andaluz”. Pero en este caso su aportación al séptimo arte, a este festival de largo nombre como hotelero, y que llenaba esos minutos en el informativo, era una peliculilla de los chicos del programa La banda, rodada en Isla Mágica con todavía menos talento que cámaras. Aquello era como los teatrillos de los payasos de la tele, pero sin ingenio. Pues esto es lo que lleva la política a los festivales, este cine de bollycaos, cutre y tonto, esta ridiculez como rodada durante un recreo que hace que las pelis de Parchís parezcan de Orson Welles. El cine reducido a un quiosquito, la televisión al folclore, y toda la cultura en general al compadreo, a la venalidad y al lacayismo. El poder político patrocinando la cultura apesta como si de verdad nos enseñara su culo enmarcado.


Imaginación. ¿Qué puede hacer Canal Sur cuándo sus informativos no tienen más remedio que sacar un ERE tras otro? Pues quitarle leña a la cosa y presentarnos, por ejemplo, “la solución (!) imaginativa” por la que ha optado una empresa de Linares creando una “bolsa de horas”. O sea, la empresa para los viernes pero los trabajadores cobran el sueldo completo, con el compromiso de recuperar esas horas cuando escampe. Para las noticias de Canal Sur, esto “viene a demostrar que, con imaginación, la crisis podría ser más llevadera”. Pues nada, crisis solventada. Otra solución “imaginativa” es distraer al andaluz con los repompeos reales. Menudo día de baboseo nos dieron en Canal Sur con la medallita que le otorgaron a la princesa Letizia los maestrantes sevillanos, esa casta abotonada en los miriñaques de su amojamamiento. Como se trataba de una mujer “no nacida en cama real”, a un reportero de Contraportada el gesto de la rancia y machista institución le pareció “aperturista”, ya ven esta tele progre... Los varios comentarios sobre los zapatos de la princesa, el acierto de que no llevara medias negras (“es que ser princesa no es tan fácil”, dijeron en Mira la vida), o sus lazos (“la lazada es de oro”, comentaban; “hombre, para una princesa...”, apostilló alguien) nos hicieron desde luego olvidar la crisis para reparar en algo quizá más grave: la idiotez.

Los días persiguiéndose: San Telmo (21/11/2008)

En los palacios se perdían los hombres y se depositaba la historia. La palabra palacio proviene del nombre del Monte Palatino, la más antigua de las colinas de Roma, donde quisieron vivir sus emperadores porque allí, con un arado según cuenta la leyenda de Rómulo y Remo, se delimitó la primera Roma quadrata. Los palacios aquí han sido una extensión de la respiración de los castillos, de los tocadores de los reyes, de las capillas putrefactas de la aristocracia. Hubo un tiempo en que la historia sucedía bailando en ellos, meándose en sus fuentes o tomándolos las revoluciones. Luego fueron museos, féretros, floreros, cajitas de música, almacenes de relojes. Nada, ni los hombres ni los gobiernos ni el dinero han vuelto a tener nunca ya el tamaño de los palacios. El burgo, la modernidad, se fueron haciendo lejos de ellos, en los muelles, entre lonas, en las bancas de los cambistas (origen también de la palabra banco) donde el dinero tenía olor de pescado, no de estirpe ni de peluca. Al dinero, como a la democracia, le basta una barraca para empezar. Nuestras ciudades han quedado con palacios como broches de capas que ya no se llevan, pero los hombres o las instituciones que aún aspiran a palacios están condenados a la soledad o al veneno, a la decadencia o a los fantasmas, a la locura de los reyes o de los cuadros con ojos que se mueven.

San Telmo, Xanadú de la Junta, cámara de faraones, vestidor luisino, fachada enjoyada que oculta esta Andalucía de moscas, casona de estos gobernantes que no caben en sí mismos. Todos los millones no les dan para comprarse suficientes espejos, todas las escalinatas son pocas para sus colas de plumas. San Telmo, basílica del poder, orinal de oro, cartón de su gloria, carroza de funcionarios para la ópera que montan con esta tierra. He pasado por un San Telmo como arrasado por la ambición y la egolatría y me ha parecido la misma Andalucía sostenida por leves ganchos, descuajada de su peso y su corazón, sustituida por el cortinaje y sus porteros. Muchos millones de arena, mucho dinero pintado dando un resol de ruina imperial, una podredumbre melancólica como la que conmemoran las estatuas ya abandonadas u olvidadas por aquel día de su lejana victoria. Y me doy cuenta de que tantos millones no rellenan nada, no levantan nada sino guaridas de comilones, tapias y laberintos vegetales contra la realidad y una sombra que estorba indecentemente a la luz. San Telmo se lleva la bolsa de los pobres, las viudas y los enfermos; San Telmo crece en el aire robado a otros, a todos nosotros; San Telmo le hace al poder una hoguera de monedas petrificada. En los palacios, donde hombres tristes y codiciosos, tapados por el lujo, la mentira y los ángeles comprados, viven y mueren en la miseria de sus muchas camas; en los palacios, con el cielo falso de la vanidad y sus lámparas, ya ni si quiera se acurruca la historia, ya no puede ocurrir nada grandioso, ni aun decente. Sí, han perdido la historia y sólo les queda la fiesta de su retrato con mastines, en la que se afanan ahora con dinero público. Estos políticos nos dejarán en herencia pobreza, el recuerdo de su desfachatez y autocomplacencia, y la vista de un palacio donde habitan sus ecos moribundos, su opulencia devastada, la música obscena de sus bandejas y risotadas.

Somos Zapping 16/11/2008

Telecinco. Añoro a las Mamá Chicho. Al fin y al cabo, lo suyo era un palmeraje o una frutería de tetas que llamaba más al candor que a la lascivia. Las añoro, viendo que actualmente Telecinco se gobierna con la obscenidad mayúscula y la indecencia en carroza. Treinta veces emitieron en un día las imágenes de la paliza al profesor Neira, después de ayudar lo suyo a convertir en estrellas mediáticas, con caché y agente, al chulángano que se la dio y a esa otra tipa a la que le va la marchita que le da su macho. No contentos con este hito, ahora están pagando cifras de escándalo a delincuentes como Roldán o Julián Muñoz para que se dejen entrevistar. Y en esta inmoralidad, otra vez tenemos a Andalucía entremetida, en el icono castizo que es María Teresa Campos y en la vergüenza de todo lo que ha representado Marbella. No vi lo de Roldán con María Teresa Campos. Me negué. Que quieran hacer pasar por acontecimiento periodístico lo que es casi un patrocinio de la delincuencia, un premio al choriceo, me repugna. La Campos tiene que estar muy quemada, muy sola, muy falta de espectadores o cariño para prestarse a ese emputecimiento con tal de salir en prime time y engordarse el ego bizcochudo que tiene ella. Y si llegamos a ver a Ana Rosa Quintana, especie de ridícula princesa de las fajas, cara a cara con Julián Muñoz y con 350.000 eurazos de por medio, Telecinco habrá superado la ya alta montaña de su propia mierda y tendrá el trono perpetuo de la televisión basura. Telecinco huele a carroña por encima de ese olor que ya tenía a porqueriza, y ni siquiera tenemos el consuelo de ver cómo le sacuden con aguda inteligencia los adorables y benditos canallas de Sé lo que hicisteis. Una sentencia judicial, como sabrán, les impide emitir imágenes de la cadena de Vasile, aunque a mí eso me parece igual que prohibir que barran la televisión de mondas, cucarachas y cagajones. Añoro a las Mamá Chicho, que es un poco añorar aquel tiempo inocente en que un muslo era pecado. Ahora, en Telecinco, todo es mucho más sucio, despreciable y dañino.


La Andalucía que quieren. María del Monte sigue manejando sus pucheros de babas e higadillos en unas tardes como de escupidera de viejo. El otro día comenzó, con esa urgencia ansiosa de los glotones, dando paso apresuradamente a un directo desde San Fernando, para que una señora, a la que le habían ardido el piso y el padre, pudiera distraernos en la sobremesa contándonos que el hombre está “con un infarto, los pulmones encharcados y todo quemado por dentro”. Luego, la folclórica habló por teléfono con el padre de Mari Luz Cortés y, sin solución de continuidad, presentó a sus chistosos oligofrénicos. Así entiende esta gente cómo debe ser la diversión de los buenos y sencillos andaluces: tragedia ajena bien bañada en lágrimas y supuraciones, y después la gracia puerca, gastrointestinal y lobotomizada de esos caricatos de vino y plazoleta que se mueven siempre como con los pañales cagados de su chistosismo o sus taras. El programa de María del Monte también es un ejercicio continuo de superación. Siempre hay algo más apestoso o más ridículo cuando lo anterior, ya sean la pastelería de sus gordos, ese chovinismo suyo de alberca o los teatrillos a cuatro patas, nos parecían la cima. Creo que María del Monte es la medida de todo lo que quieren hacer de Andalucía, de todo a lo que quieren reducir Andalucía. La santera del régimen, la gobernanta de ese plan general de imbecilización del andaluz. ¿Cómo no la propuso el PSOE para dirigir la RTVA, si ella es toda la Andalucía que quieren retratarnos?


Premio. Iba a hablar del nombramiento de Pablo Carrasco como director de la RTVA, pero he encontrado algo que define casi mejor el cinismo de estos rebañadores de lo público: la Academia de Televisión, dirigida por ese arrimado que es Manuel Campo Vidal, le ha concedido uno de sus Premios Talento a Teresa Sáiz, jefa de producción de informativos de Canal Sur. Desde luego, hay que tener talento para hacer de Andalucía esa fiesta de prosperidad y consejeros que nos saca La Nuestra en sus noticias. Este mismo premio ya se lo dieron otro año a Rafael Camacho, cómo no. ¿Para cuándo el premio a la poca vergüenza?

13 de noviembre de 2008

Los días persiguiéndose: Hermano (13/11/2008)

Para mi Q:. H:. J.

Hermano, no sé escribirte. La enfermedad es un perro que nos huele el esqueleto, la vida es una palada al aire, las palabras son nuestros cinceles que ahora callan esperándote. Estas manos mías, paradas, suspendidas en el trabajo y en el abrazo; creo que sólo tengo estas manos como nudos, pesando y agarrando el vacío y la esperanza; creo que no tengo más homenaje ni más fuerza que estas manos, buscando aquello que me falta y que espero, lo que está ahora cerca y lejos, atado a ellas, con la vida cimbreando, con el pecho guardado por una espada. No sé escribirte, hermano. Algo como el mundo, sus gigantes o sus pozos quiere cegarlo todo, pero están las antorchas que encendimos y está la cadena que forjamos, como flechas de hierro y luz contra la muerte. Las sombras intentan negar a los soles, les cuelgan harapos, les tajan la mejilla, pero tú y yo hemos viajado de Oriente a Occidente, por Septentrión y Mediodía, formando espejos de nuestra arcilla y haciendo victoria de la noche. Ni la oscuridad del alma ni el frío de la tierra, de donde renacimos, nos son desconocidos.

No sé escribirte, hermano. Qué te podría decir, salvo que nos falta el mejor de los obreros y lo esperamos con todo por hacer, con las herramientas por el suelo, con el taller descuadernado. La plancha de trazar con la tarea del día, las columnas sosteniendo sus silencios como sauces, las luces respirando con dificultad como hacen las estrellas, los malletes que baten como con un ala arrancada, tu lugar que te llama y el cielo pintado de las logias asaeteado o derrumbado por ese lado, todo te aguarda en el trabajo triste o ya parado. Hoy nos falta tu piedra y se nos cae todo, nos falta tu silla y no encontramos nuestro lugar, nos faltan tus manos y tu voz y por eso algo aquí y en nosotros se ha quebrado con un gran chasquido, como un arbotante. Pero aun así estás aquí, hermano, cerrando la cadena, en ese momento en que se sienten como un pulso las distintas almas de aire o de granito de los masones.

Hermano, te llamo hermano no con el corazón desfallecido ni la mano simplemente en el chaleco, sino con la verdad de esa palabra, que sabe fuerte como sangre en la boca. Porque compartimos el oficio, las herramientas y nuestra humanidad coja que es menos coja en la labor, pero sobre todo porque me has hecho mejor, nos has hecho mejores a todos. Nos sigues haciendo mejores ahora, cuando luchas. Continúa luchando, porque he llamado a los hermanos y han llegado desde todos los puntos cardinales y hemos cogido de nuevo las herramientas y el taller ha revivido en el trabajo y en la esperanza, uniéndose a ti. Como siempre, estaremos mano a mano, acompañando con el brazo y la voluntad el golpe del metal contra la piedra y de la luz contra lo oscuro, elevando columnas, midiendo el firmamento, una vez más. Oye el sonido de tus hermanos, como una cantata mineral bajo las bóvedas del mundo, siguiéndote en la tarea. ¿Lo oyes ahora, hermano?

Somos Zapping 9/11/2008

Calentitos. Las noticias terminaron como en un largo beso incestuoso, Canal Sur Televisión y Canal Sur Radio en la promiscuidad de sus orondas carnes hermanas y subvencionadas, dedicándose arrumacos y lengüetazos con lascivia. Tenía lugar el acto oficial por el vigésimo aniversario de Canal Sur Radio y los informativos nos enseñaban en directo sus locutores achampanados, su colegueo autosatisfecho, el merengue con el que se celebran a sí mismas las camarillas del poder. El director de la radio andaluza, Manolo Casal, que parece ese insufrible niño del tambor, declaró esto a la reportera destacada en el evento: “Hemos cumplido con buena nota la misión que se nos encomendó: (...) vertebrar Andalucía, desterrar los tópicos (!), acabar con los complejos (!!)...”. Ahí estaba resumido todo el cinismo que define a la RTVA, que es el museo del tópico, una máquina amasadora que ensalza la vulgaridad y el orgullo del catetismo, y que encima funciona como sumiso instrumento de propaganda a las órdenes del poder político. Vuelvo a poner aquí la letrilla de esa canción en la que se declaran el retumbar purísimo de lo que ellos y sus jefes han decidido que tiene que ser Andalucía: “Ya son veinte años de la radio que habla y siente como tú. Su palabra cada día es la voz de Andalucía”. Eso es lo que quisieran ellos, que no hubiese en Andalucía más voz que la suya, más verdad que su palabra y más sentir que sus farolillos; que la uniformidad y la estupidez hubieran relegado al andaluz a ser adorador de sus eslóganes, soniquetes y palmeos. Tom Martín Benítez se retrató muy bien: “En la radio se está muy calentito”, declaró. Cuando se ha asumido la servidumbre bien pagada, desde luego que se está muy calentito, en la radio, en la televisión y en cualquier otro sitio donde se celebre la gran bacanal que ha hecho esta gente con lo público.


Alegría y aceite. Andalucía también es una “marca económica”, ya saben, esas letras como de chicle que vemos en las camisetas de nuestros equipos de fútbol y en esos anuncios de felicidad emporrada de Canal Sur, publicidad como de aerolínea o detergente. Precisamente la Confederación de Empresarios de Andalucía acaba de presentar los resultados de su estudio “Investigación sobre la imagen exterior de la Marca Económica Andalucía", que, como pueden imaginar, hace un destrozo de macetas de la floreada propaganda oficial, y por ello, los informativos de La Nuestra lo traían amortiguado y edulcorado. Desde fuera, los valores con los que menos nos identifican son la innovación, la organización y el cosmopolitismo, aunque ganamos en alegría o pasión. Nos sitúan en la cola en cuanto a situación económica y nivel de vida, sólo por delante de Extremadura, y lo mismo ocurre con nuestro nivel cultural. Sin embargo, para los redactores de las noticias de Canal Sur todavía había lugar para el optimismo. La razón: que fuera aprecian nuestra hostelería, nuestro jamón y nuestro aceite (!!). Sí, es para estar satisfechos y esperanzados: nos siguen viendo como a gitanitos de Morena clara, con la simpatía del hambre, la taberna, la ignorancia y los harapos. Cómo se notan nuestras “modernizaciones”...


Gracias. Con la crisis dejándonos cada mes miles de parados andaluces como pajaritos caídos, la “publicidad institucional” de la Junta, o sea, la propaganda de partido pagada con dinero público, va tomando un tono cada vez más obsceno. Veo en Canal Sur gente que bebe en los ríos, que se ducha sonriente, que saca a pastar bicicletas, que espera trenes como trasatlánticos. Van diciendo “gracias” como al dios sol, parecen entregados a una religión de sonámbulos. Y la voz en off proclama: “Gracias a las ayudas de la Unión Europea y a nuestro propio esfuerzo, los andaluces estamos avanzando para situar a Andalucía al nivel de las regiones más prósperas de Europa. Porque, así, conseguimos que todo sea más humano (??)”. Observen la cara dura, aparte de la idiotez final. Después de tantos años de ayudas (¿cuánto de ese dinero ha servido sólo para alimentar la gordura del régimen y sus convidados?), aún seguimos muy lejos de esa meta. Me hubiese reído, pero, en plena crisis, ese anuncio tenía el peso de un insulto.

6 de noviembre de 2008

Los días persiguiéndose: Cuadro real (6/11/2008)

La Reina es un mantillón. Los reyes tienen el oficio de sus ropajes. La última vez que me crucé de lejos con la realeza, una infanta había atascado el tráfico de Sevilla con peinetas y guardias civiles vestidos de cromo. Hay quien piensa que la Corona no debe salir de sus cuadros, pero de hecho, esos cuadros los pone la misma Constitución. El resto de lo que hagan o de lo que vayan diciendo por las galerías, las alcobas, los conciertos con toda una orquesta como camareros, me trae sin cuidado, la verdad. Doña Sofía tiene 70 años, es reina y es católica (conversa). ¿A quién puede sorprenderle lo que ha dicho? Los reyes se ponen pijama, montan en moto y hasta tienen, faltaría más, opiniones propias. A la Corona hay que vigilarla cuando está dentro del cuadro, o sea, cuando representa al Estado. Ahí sí nos puede preocupar que la familia real se arrodille ante los obispazos y las vírgenes folclóricas en actos oficiales, porque nos arrodillan a todos; o que el Rey borbonee con más o menos ferocidad por las cumbres internacionales, porque parece que España necesita sus guantazos de padre. Sus opiniones privadas no me interesan, porque lo contrario significaría participar de esa superstición que les adjudica tutela sobre el pueblo y los eleva del protocolo y el ballet a ser modelo o referencia preeminente de actitudes, creencias y criterios. Como no comulgo con esa religión monárquica, le doy la misma importancia a lo que piense Doña Sofía que a lo que piense mi tía abuela.

Estábamos todos pendientes de la herrumbre del dinero cuando hemos vuelto la vista hacia el oro de las cabezas coronadas, a las que despeinan directamente las águilas y los ángeles. Más nos deberían asustar las palabras de Griñán que lo que susurran las porcelanas en palacio, especie de diálogo de los tapices antiguos con los espejos que los escoltan, en su idioma de velones y visillos. Pero en este país no hay nada como sacar a un cura o a un rey de piñata para que se olviden los problemas del pan duro y el frío de los huesos. A mí, que soy republicano por ética y por estética, que vuelva a airearse el debate entre monarquía y república simplemente por estas declaraciones me parece un despropósito y un despiste. Yo tendría los mismos argumentos contra la monarquía si la Reina fuera progre o hippie o incluso hubiera desfilado en Chueca. La monarquía representa la institucionalización de la desigualdad y un simbolismo que nos habla de un Estado aún patrocinado por castas o dioses, y ante esto ya de por sí grave, es innecesario considerar la ideología, la moral o el tipito de los reinantes. Hace poco asistí a una conferencia de Julio Anguita sobre su ideal de república que fue toda una lección de sensatez. Arremetió contra el fetichismo de cierta izquierda entoallada en la tricolor y contra la nostalgia enfermiza de un pasado que no había que añorar ni intentar repetir. La república que buscaba Anguita no consistía sólo en quitar a un rey para poner a un presidente, ni tampoco en volver ahora a 1931, que sería una locura. Era un concepto de lo público sustentado en la igualdad, la civilidad, la laicidad, la responsabilidad, el trabajo, la educación, la honradez, la austeridad. Yo entraría en un debate entre monarquía y república si se pusieran por delante estos conceptos, pero no porque la Reina salga en pantuflas hablando de sus particulares repeluses morales. La polémica sirve para distraer de la crisis, pero nada más. La Reina es un mantillón y la Corona, un cuadro. No es el mejor para España, creo yo, y así lo criticaré cuando esté representando al Estado. Pero no cuando, fuera de ese cuadro, alguno de sus miembros tenga una mañana de confesionario o de pelos tiesos.

3 de noviembre de 2008

Somos Zapping 2/11/2008

Los muertos de domingo. Nunca faltan por estas fechas los que gustan de echar a pelear las castañas contra las calabazas, los santos contra Halloween, los difuntos de cera de la comodita contra los muertos vivientes americanos. Es una polémica que a mí me parece bastante cateta, y que suele alargarse hasta la definitiva batalla entre los Reyes Magos y Papá Noel, siempre con algún columnista convirtiéndola en épica batalla de la raza y la tradición. Yo ni me disfrazo de zombi ni me voy a regar a los muertos, pero debo reconocer que Halloween, por lo que tiene de exorcismo y parodia del propio miedo a la muerte, me parece más sano que hacer en estos días pastelerías de los cementerios, tender al sol los muertos, encoloniarlos, vestirlos de primera comunión y adornarles los nichos como coches de caballos. La tarde con María nos ofreció este viernes un reportaje al respecto desde Beas, y ese mujerío escamondando lápidas, colgando faroles y peinando a sus muertos; toda esa gente alrededor de la muerte como de una comida de domingo, todo aquello me pareció de un fetichismo enfermizo y algo caníbal, como ese público que disfruta asistiendo a los velatorios. Halloween es la burla de la muerte; lo nuestro es hacer con ella encaje, tertulia y mesa camilla. Casi me quedo con las calabazas.


En ocasiones veo tontos. La anunciaron como “la mesa de miedo”, y no se refería a aquélla en que Paz Padilla reunió a Olga Bertomeu con otras marujas de verborrea y sexo palanganeros. No, es una sección de Paz en la tierra en la que ella se sienta con velas encendidas y con alguien como fumigando por detrás, mientras zumbados o estafadores de esas cosas para-anormales hablan de fantasmas, espiritismos y otras chuminadas ectoplásmicas con una impostada y risible gravedad. En aquella “mesa de miedo” estaban dos autotitulados “investigadores del misterio” (José Manuel García y Jordi Fernández, con pinta de becarios de la memez) y una tipa que aseguraba (“como en El sexto sentido”, decían) tener contacto con los muertos. A los tres, y quizá también a Paz Padilla, que los escuchaba con la boca abierta, parecía que les habían abducido la inteligencia. Ya se sabe: “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”, dijo Schiller. Y si hay algo en lo que se afana Canal Sur es en la estupidización sistemática de su audiencia. Quizá han pensado que si el público se traga esas tonterías, se tragarán igualmente todo lo que dicen Chaves o Zarrías en los informativos. Es la manera en que la televisión andaluza concibe el servicio público: sorber sesos, extirpar el sentido crítico, hacer de la ficción realidad, ya sea metiendo fantasmas con quinqué o consejeros de la Junta. Estuve a punto de llamar al programa para contarles que yo también tengo inquietantes experiencias: en ocasiones veo tontos...


CAA. Si yo formara parte del Consejo Audiovisual de Andalucía, creo que sólo podría trasladarle una propuesta a la RTVA: su propia demolición, por el bien de la decencia, el buen gusto y la salud mental de Andalucía. Si este órgano no estuviera controlado por el poder político (en él hay unos que hacen de “gobierno” frente a otros que ellos ven como “oposición”), la imposible tarea de dignificar la radiotelevisión andaluza les haría renunciar. Como no es así y mandan los que mandan, este Consejo se limita a una parte sumisa, aplaudidora y comeostras, y otra que sólo puede rebelarse y protestar. El caso es que sus actuaciones siempre terminan soplando para el mismo sitio. Así, se afanan en proponer más retransmisiones de petanca femenina pero rechazan que, como sugirió recientemente una parte del Consejo, el ridículo tiovivo de propaganda que es Tecnópolis deje de tener consideración de programa de “divulgación científica” (¡de risa!). Tampoco le insisten a Canal Sur en que, como ya se aprobó en el Consejo, se elimine o se cambie de hora ese culebrón de torsos a caballo y erotismo de cuadra que es Ángel rebelde, donde han llegado a aparecer en horario infantil hasta violaciones. Mecer y ocultar la basura de la RTVA, eso es lo que hacen, aparte de comer mucho de gorra. No sólo no arreglan la radiotelevisión pública, sino que la ayudan a seguir siendo la vergüenza que es.

Los días persiguiéndose: El refugio (31/10/2008)

Arreglemos el mundo, llamemos a Zarrías. Con esta invocación despierta mi mañana. Tengo el día cínico, y eso se siente igual que una resaca. Zarrías, con él empiezo. Más que un embajador es un camellero de lo andaluz por el planeta, llevando secano y polvo, nuestra hambre eterna de púas en la lengua, comida regurgitada de un pobre a otro pobre. Vuelve de Palestina, envuelto en sus trapos y en mi carcajada. Ya ni siquiera intentan escapar del ridículo, estos gobernantes impostores, sino que lo van habitando igual aquí que en chozas por los continentes. Comienzo por esta noticia y me doy cuenta de que la actualidad ya no me da miedo, ni frío, sólo me mueve a la risa. Los viajes de mesías barquero de Zarrías, la crisis que Chaves dice que “no está en sus manos”, la chirigota de dirigentes del PSOE (la vocación les pesa) contratada por la diputación de Cádiz… Nuestra idiosincrasia no es la morería de los aljibes, ni el vino que derrama una luna gitana, ni las rejas que hacen las muchachas con su pelo, ni siquiera esa fiesta antigua sin pan y con borriquillos. Creo que ya sólo nos define el ridículo, en la política como en la calle. Escapar de este ridículo, extirparme lo andaluz tal como lo traen nuestros mandamases con sus mojigangas y zambras, con su idiotez traspasada a todo el corazón de cartón de un pueblo, ése es el deseo que siento después de la carcajada, no más.

Tengo el día cínico, y además estoy purificándome con belleza mientras aparto el asco de la actualidad a escobazos de arte y humor. Estoy en un refugio, la casa de unos amigos en Huelva, entre música, películas y libros como gatos por el suelo. Las noticias me llegan como esos sacos en los que suena una risa si los aprietas. ¿La ridiculez es nuestra idiosincrasia? Me deshice hace mucho de las patrias, y quizá es demasiado tarde hasta para buscar en el desprecio las esencias de esta tierra o de otra. Sería incapaz de elegir entre esta Andalucía de chiste y otras “nacionalidades” con fusileros en la lengua y dioses exterminadores en la historia. Pero de libro en libro y de disco en disco cae en mis manos un durísimo Schopenhauer: “El tipo de orgullo más barato es el orgullo nacional. Quien está poseído por él, revela con ello que carece de características individuales de las que pudiera estar orgulloso, pues de lo contrario no echaría mano de algo que comparte con millones de personas. El que posee méritos personales relevantes advertirá con toda claridad los defectos de su nación, ya que los tendrá a simple vista. Pero el pobre idiota que no tiene nada de lo que pudiera enorgullecerse se agarra al último recurso: estar orgulloso de la nación a la que pertenece. Eso lo alivia y, agradecido, se mostrará dispuesto a defender con uñas y dientes todas las taras y necedades propias de su nación”. Dolorosa clarividencia.


Zarrías, empiezo con él, me trae la primera carcajada. Pero luego con mis amigos descubro a Gossec, y decidimos que de él bebieron desde Mozart hasta Berlioz. Y Ana Rosa Díez, que está representando con la compañía El Mentidero una versión lírica, descalza y en llamas de Espacio, de Juan Ramón Jiménez, me enseña el velo que se puede tejer uniendo los versos del poeta con la música de Richard Strauss. Zarrías, Chaves, la crisis con espantapájaros y las chirigotas de Andalucía me hacen reír más con misericordia que con desprecio. Hoy, la música llena la casa como de alfombras y de luciérnagas. Me siento lejos y a salvo, libre y extranjero. Hoy he vencido a los políticos.

Somos Zapping 26/10/2008

La ronda. Han querido hacer un programa de debate, otro. Pero un programa de debate en el que la presentadora se sienta de espaldas, dentro de la mesa como en un bidé, rodeada de señores y señoras entre la fuente de sus piernas, ya tiene poca seriedad y uno se lleva todo lo que dura pensando que se han metido en un jakuzzi una periodista que viste como Betty Missiego junto a economistas con la corbata mojada y abogadas con champán. La ronda, se llama. Me doy cuenta de que la mesa gira, de que hay movimiento de focos y acordes que suenan a hacha antes de los duelos entre los opinadores, y no sé si la cosa se acerca más a 50x15 o a La ruleta de la Fortuna. Sin duda han pensado que la opinión, la idea, genera poco espectáculo para el andaluz y que por eso hay que darle al programa presencia de tiovivo y vértigos de manivela, como si al parar de girar la mesa, en vez de debatir, alguien se fuera a caer por una trampilla o a ganarse un tartazo. La puesta en escena, pues, ya me pareció ridícula. Lo demás tampoco es que fuera para generar demasiado entusiasmo o esperanza. Eso sí, al menos, los invitados parecen mejor escogidos, más especializados, no es como Mejor lo hablamos, donde llevaban a las chavalas de la copla o a Máximo Valverde. También el formato basado en el mano a mano, más boxístico, favorece que el tema no se diluya. Pero no, no se equivoquen. Por lo que se pudo ver, y como era de esperar, no va a discutirse allí ninguno de los grandes problemas de la política y de la sociedad andaluza, nada que pueda incomodar al poder. Es más, Andalucía no apareció en toda la noche entre la crisis “global” como el vendaval de cristales que ha llegado de Manhattan, el problema de cajones que tiene la justicia española y la última garzonada nacional... Me creeré que aquello es un programa de debate cuando se discutan el escándalo de los asesores de las diputaciones, el timo de la deuda histórica, las sopas de letras de los parados de Delphi, la carrera del desempleo que seguimos ganando... Mientras, será una noria hecha para despeinarse, marearse y no moverse del sitio.


El lince perdido. No sé si salvarán al lince, ese gato con máscara de gato, pero uno diría que todos menos ese felino están engordando a costa del dinero, la coreografía y la manicura del lince. Cada lince tiene ya detrás más personal que un presidente de diputación, más peluquería que su señora, más proyectos que Climo Cubierta. El lince no sabe que, mientras con su figura forma pagodas en la arena, una tropa de funcionarios y burócratas bebe de su sombra y le saca sueldos como abrigos de su pellejo, y hasta marionetistas, ilustradores y camarógrafos están últimamente salvándole y salvándose la vida por el método de pintarle posters. Ahora han hecho una película de animación “concienciadora”, El lince perdido, producida por Antonio Banderas (él sí que es un lince), que ha costado entre 4 y 6 millones de euros, aportados por la Junta y Canal Sur, o sea, pagados por todos nosotros. Lo anunciaron en las noticias de La suya y el propio Antonio Banderas, en Corazón corazón o en 59 segundos, lo contó como si él mismo hubiera rescatado o amamantado cachorros o al propio Chaves. Con todo el dinero del lince se les podría hacer templos de oro a cada uno de ellos, pero ya ven que ese dinero se queda en el camino y en la faltriquera de los verdaderos depredadores de Andalucía. Los linces ya se pueden quemar en sus manchas o ahorcarse ante los coches, que aquí tienen película, alfombra roja, ministerio, corte y escultores. En la película salen también camaleones y cabras, pero para reflejar la fauna autóctona de Andalucía todavía faltarían consejeros de la Junta y vividores de lo público, verdes o menos verdes. Claro que éstos no están precisamente en extinción.


Veinte años. Se cumplen veinte años de Canal Sur Radio y nuestra televisión pública nos lo recuerda adormeciéndose en un piano. Veinte años “de la radio que habla y siente como tú...”, o algo así, dice la cancioncita. Otra vez la fatídica y fascista identificación de un medio de partido con toda Andalucía. No, ni ellos son Andalucía ni cumplimos años a la vez que sus dueños.

24 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: El zoo (24/10/2008)

En el zoo de Jerez descubrí de pequeño que los animales olían a sol y a heces. La naturaleza con el culo pelado, sentada sobre sus cáscaras, bostezando y recibiendo manguerazos de sombra, me pareció más su hospital que otra cosa. Recuerdo que los bichos tenían algo de flacos, de dormidos, de pobres y hasta de impostores, medio salvajes como medio vivos. Nunca imaginé que aquello podría ser un día enseñanza y modelo para la reindustrialización de una comarca, aunque quizá las mentes preclaras de la Junta han pensado que allí los parados de Delphi tendrían la oportunidad de ver un reflejo de ellos mismos, también medio salvajes y medio vivos, un poco desdentados, un poco espantamoscas, con su fiereza quitada y tirada como un guante, conducidos, enjaulados, narcotizados, expuestos, largo y lento paisaje de sol en las barrigas y bocados al aire. Yo fui allí de niño, al zoo de Jerez, kioscos de pájaros, castillos de monos. Los animales y los niños se entienden, se reconocen, como todos los seres inocentes, habitantes del suelo, de las caricias y del tiempo infinito. Yo creo que los animales del zoo y los parados de Delphi también se reconocieron en lo que tienen de sombra encerrada, de duermevela, de expulsados de la jungla, de heridos de flecha, de día sin horas.

El zoo o una bodega, dos sitios donde se reblandece el tiempo y se ahogan flores machacadas. Dos formas de tumba o de intoxicación hacia donde llevan a los parados de Delphi en sus cursos de campamento, en sus merendolas o autocines. Yo estuve un tiempo impartiendo cursos a desempleados, y también a trabajadores y a empresarios. Ordenadores, ofimática, Internet, todo eso que siguen llamando “nuevas tecnologías”... Cuando empezaba, sucumbía a veces a la tentación de apartarme de lo que aparecía en la pantalla para explicar algún principio matemático o físico. Eran los propios alumnos los que me llamaban la atención, con razón, preguntándome para qué les iba a servir a ellos en el curro conocer los fundamentos del sistema binario o de la transmisión de señales digitales. No sé qué hubieran dicho si, jugándose ellos el futuro, les hubiesen llevado al zoo o puesto una película de mamporros. La Junta pretende que los trabajadores de Delphi pasen de los rodamientos a la aviónica, de la fresadora al microchip, pero les montan guarderías, les planean jornadas de guiri o jubilado, los llevan de excursión a alimentar palomas y macacos o a emborracharse de los perfumes lugareños. Y todavía tenemos que soportar el engolado cinismo de personajes como Antonio Pina, especie de vividor del desempleo ajeno, apelando a maniobras y conspiraciones de la derecha para explicar esta tomadura de pelo, este insulto a los parados, esta yincana de millones de euros que los entretiene del sofá al tobogán. Esto, que merecería un motín, mantiene sin embargo a los supuestos izquierdosos callados y en recua.

En el zoo pasta el silencio, se columpia el agua, se peinan las fieras. En el zoo las serpientes se aburguesan y las rapaces parecen sólo corcheas. El zoo es la naturaleza cuando se le lanza un dardo adormecedor y los cazadores se acuestan o se rinden. Cuando el dardo se le lanza a la izquierda, a los sindicatos, a los parados, su domesticación da este panorama de selva sin dientes y de león que bebe en un cántaro, negando en ese gesto todo lo que le quedaba aún de león.

Somos Zapping 19/10/2008

Joaquín x Magdalena. Joaquín Petit le terminó regalando a Magdalena Álvarez un bolígrafo, final muy apropiado para una entrevista toda hecha como de celofán y Corte Inglés (Petit es un poco como el típico dependiente pelusero de allí y hasta se rodea de las mismas músicas y perchas). Se lo regaló, según dijo, para que firmara “muchas cosas que le vengan bien a todo el mundo, pero, si le vienen bien a Andalucía, pues se lo agradeceríamos mucho”. Lo malo es que en manos de la ministra cualquier bolígrafo parece el de firmar catástrofes, así que aquél me dio miedo, como si fuera una invitación a demoler algo pronto o allí mismo, algo de lo que anda ella siempre demoliendo o agrietando, sus muchas cosas caedizas, hundidas, rajadas y caóticas. En cualquier caso, con regalito y miradas enredadas, yo creo que Joaquín Petit y Magdalena Álvarez quedaron un poco de novios. Puede que Petit, en realidad, quede siempre de novio con sus invitados, y por eso prepara un ambiente de seducción, se pone sombreros de medio lado, espera en las farolas que se fabrica para eso y regala flores en las preguntas. Otra manera de decirlo es que, en su programa, Petit parece reinar como un rano en un charco de babosería, sobre todo cuando se le acercan desde el poder socialista. La ministra dijo cosas para morirse de risa, como que el de Fomento es un ministerio “en el que te puedes lucir mucho” (ella se está luciendo a base de bien), o “soy mujer, soy andaluza, tengo unas características personales que pueden llamar la atención fuera y no en Andalucía”. Pero más significativos fueron los comentarios y las preguntas de Petit, que aparte algunas tontas como si es jugadora de mus o si merienda todos los días, nos mostraron todo el sesgo, el lacayismo y la docilidad que ya le conocemos: “¿Qué ha supuesto para Andalucía que usted, una andaluza, sea ministra de Fomento?”, “algunos que no son del Partido Popular como el señor Arenas también están muy interesados en no ver la realidad actual de Andalucía”... Y mi favorita: “Mujer, con carácter, andaluza, ¿tenía usted demasiadas papeletas para que las críticas de los machistas estuvieran ahí preparadas?”. Sí, ahora resulta que los que critican a una ministra nefasta es porque son machistas. En fin, que Petit parece cada vez más un curita del sociatismo, un colgador de sus chaquetas o un tanguista enamorado de sus jefes. Petit y Magdalena Álvarez creo que al final se fueron, entre hebras de gatos y de lunas por el suelo, como a él le gusta tan ridículamente retratarse, a hablar de su amor y otras servidumbres.


Paz en la tierra. Paz Padilla me cae bien: su naturalidad, su gracia un poco descoyuntada o gallinácea... Estoy seguro de que me reiría mucho con ella tomando cervecitas, lo que ocurre es que presentar un programa de televisión es diferente a contar chistes entre croquetas. Esta temporada de Canal Sur, que tampoco ha traído demasiada novedad aparte de unas cortinillas de continuidad que parecen sombras de tetas de colores, nos hemos encontrado con que Paz Padilla vuelve por partida doble, con un teleserie de la que ya hablaremos, y el show nocturno Paz en la tierra, que podemos describir como trastabillado y vulgar. A Paz Padilla, que tiene mucha gracia, no se le ha dado bien nunca, sin embargo, actuar ni leer tarjetitas, pero se han empeñado en hacer de ella presentadora, actriz, entrevistadora, imitadora, ayudante de mago y todo lo que tiene en el trastero para ella Canal Sur. Pero sus programas le salen a batacazos, se le enredan las palabras en las piernas o al revés, y es lo que vuelve a pasar en éste. A lo mejor la intención era hacer una Eva Hache andaluza, pero uno sigue creyendo que Paz Padilla, en sus programas, siempre parece que acaba de salir de la ducha y se ha encontrado en el plató de repente, sin saber muy bien qué decir ni a dónde mirar. El programa no es muy original: hay intentos de monólogos (malos), entrevistas en las que torpea mucho, frikis como Leonardo Dantés cantándole a los nombres de la picha o el Risitas magreando a un travesti, imitaciones como de mariquita en carnaval, parodias de canciones (Paz no sabe cantar, déjenlo), humoristas de mórbida flacura física y mental, mesas de marujas hablando de sus bajos y otras chorradas entre el ridículo y el espanto. Prefiero que cuente chistes en vez de verla patinar por este intento cutre de late show.

16 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: El viaje (16/10/2008)

El político va con su cestillo de votos, con su política como un platanal trasplantado, se lleva fachadas y cofres indianos y hasta el Parlamento de aquí como la fuente rodante de su pueblo, adornada, conocida, paleta, cementerio de palomas y plásticos y pipas. El político va con los moños y trapos de la tierra, con la feria cuchillera de sus gitanos y sus toneleros, con la rejería de nuestras manos hacia arriba, con las cocinas destechadas o los cielos hervidos, con su reino pobre y feliz igual que un reino de borriquillos. El político va lejos en el agua, como cañas o rifles que bajan con el río, o quizá es un mar, el océano lleno de caparazones de dragones o cascos de conquistadores, va hacia una Amazonia azul, hacia una pirámide bien hundida, hacia un sur de hielos forestales y ganado cabeza abajo, continente que cuelga secándose en el planeta. El político cuenta sus monedas, sucia arpillería de monedas, el precio como en esclavos que tiene su corona, dinero de huesos como un dinero de los caníbales; lleva todo el viaje contando lo que pesan los hombres, los votos, los países, la tierra, lo que le cuesta la carne comprada y los hijos por vender. El político va a por votos o a por marfil robado a elefantes que no hay, lleva bajeles y mozos para eso, baratijas y espejos para engañar a las tribus, ese aire a la vez de superioridad y de precaución de los desembarcados y de los traidores. El político, que será tomado por un dios a caballo, como aquellos soldados de Kipling, el político que tiene esperando en la orilla creyentes, campanarios, porteadores y novias, el político se va a llevar de allí todo lo que le quepa de patria en las alforjas.

El político ha planeado su viaje como un asesinato con huida, huida a través de selvas con cortinas o de esos trenes antiguos de encaje y farol, tan románticos para el asesinato como para la cena. América, trigal de la patria, altivez de poncho, hospital viejo de españoles a los que ahora el político saluda, usa, compra y luego asesina para llevarse sus corazones blancos, como de niños de coro, y amontonarlos aquí en Andalucía haciendo votos, que también los votos son blancos y huelen a inocente sacrificado en su primera comunión. Por la América del Sur, madero clavado en agua de lo hispánico, no saben nada de lo que pasa en Andalucía salvo que viene un señor invitando a café y chocolate, y allí, donde existe cierto complejo de faltarles padre o más familia, enseguida le regalan el voto, la fe y hasta a sus hijas en matrimonio, por que no se pierda el apellido, el vínculo, la raza. El político va con esa religión aprendida, el político sabe regarla con melaza, fiesta y madre patria. Por eso los representantes de esos emigrantes, esos españoles de españolidad macerada o de españolidad como un ajuar, hablan igual que yernos del político. El político busca andaluces que no lo conozcan, andaluces ciegos y sentimentales, con Andalucía como una película, y que podrían votar igual a un carruaje o a la Macarena. El político nos quiere poner uno o varios indianos en el Parlamento como en el casino, porque los indianos eran de casino y de barco de vapor y de tener una patria hecha de sombreros y domingos. El político ha ido cosechero, forajido o raptor hacia una América de nostalgia, rondallas y tribu, como a una Sicilia de lo español andaluz. Ha ido a por votos como a por especias, y el voto le sale al precio de los tomates o del vinazo. El político está acostumbrado a comprarlo y venderlo todo, es su oficio de manos sucias, y por eso sus viajes quedan venecianos, piratas, mentirosos y al peso. Yo creo que el político, además, se ríe mucho cuando queremos hacer literatura con sus infamias.

12 de octubre de 2008

Somos Zapping 12/10/2008

Modernidad telegráfica. Esa juguetería de nuestras sucesivas modernizaciones, las bombillitas y los falsos calambrazos tecnólogicos que la Junta usa para su propaganda, de alguna manera tienen su razón de ser. Aquí, donde desde la Revolución Industrial llegamos tarde a todo, la tecnología aún nos produce cierto complejo cateto que intentamos compensar convirtiéndola en una cosa ridículamente icónica, fetichista. Tuve que reírme el otro día cuando en Andalucía directo nos ofrecieron un reportaje sobre Jun, ese pueblo de Granada donde se ha experimentado la teledemocracia. Allí, animados por una fiebre tecnológica con espasmos de vudú, se les ha ocurrido nada menos que incorporar a su bandera la palabra “amor”, pero eso sí, “en código binario”: “01 11 111 010”. Y me reí porque ese “código binario” era... ¡morse! El viejo alfabeto morse, como si todavía hoy estuvieran intentando comunicarse con el Titanic. Se habían limitado a sustituir los puntos por ceros y las rayas por unos, lo que al parecer les produce un desmesurado vértigo de modernidad y un sin par orgullo pionero. Han vuelto al telégrafo como al plumín y ellos creen que se han montado en una nave espacial. No me digan que no es para reírse. Pues había que escuchar al alcalde adornando el hecho de palabrería pseudocibernética. No, lo que han hecho no sólo no es nada moderno, sino que además han quedado como analfabetos informáticos. Me explico. No es correcto decir que la palabra “amor” está escrita en “código binario” porque el código binario es sólo un sistema numérico posicional ponderado que usa base 2 en vez de nuestra conocida base 10. O sea, que el sistema binario codifica números. Para codificar caracteres en binario, como hacen los ordenadores, es necesario otro paso: hacer corresponder a cada carácter un número. Es decir, hace falta otro sistema de codificación más que realice esta asignación, arbitraria por supuesto. Por eso, “amor” no está escrito en su bandera “en binario”, cosa que no tiene sentido, sino simplemente en código morse. Si querían reflejar su pasión por la informática, y no parecer sólo fareros, tendrían que haber recurrido a los sistemas de codificación de caracteres que usan verdaderamente los ordenadores: ASCII, Unicode o UTF-8... Aún más, lo suyo hubiera sido utilizar, en vez de binario, hexadecimal, más corto y cómodo como bien saben los informáticos. Esa bandera los deja como adorando un telegrama en pleno siglo XXI. Y encima flipando de modernos.


La mirada sangrienta. No sé si prefiero al Paco Lobatón que lamía puñaladas en sus programas o a este otro de Regreso al futuro, especie de pasacalles de momias, frikis y rancios, como portadas antiguas del Teleprograma. Esta semana me encontré con que le dedicaban homenajes a aquello de los viejitos de Juan y Medio y también a Juanito Navarro, en una inaguantable mezcla de cuplé y bragueros. El caso es que volví a acordarme de él, curiosamente, viendo La mirada crítica, cuando durante un momento imaginé o temí que se pudieran haber unido tan tremendas fuerzas andaluzas de la televisión como son Lobatón y María Teresa Campos. María Teresa Campos cada vez me decepciona más. No sólo se enreda en la actualidad como atrapada en hojas de periódico, sino que se va escorando de la noticia al suceso truculento hasta hacer recordar las carnicerías de Lobatón. La vi departiendo con un colaborador sobre viejos detalles del caso Wanninkhof (descripción de regueros de sangre incluida), introducir más carnaza de ese estilo con la frase “esta semana han pasado muchas cosas desagradables”, y, tras un curioso desmarque (“me querías contar el caso este del caníbal y he dicho no, porque no quiero irme yo con esa cosa tan desagradable...”), continuar (mucho mejor) con las declaraciones de un hombre “apenas unas horas después de que tres personas le robaran, lo rociaran de gasolina y le prendieran fuego en vida”. Por fin, remató con “la mujer que entró en el hospital de Barcelona y apuñaló a dos enfermos”. Cómo añoro a Vicente Vallés. Aunque cualquiera sería mejor que este nuevo monstruo andaluz que vemos en las mañanas de Telecinco, el marujeo de la Campos con el injerto de los tentáculos sanguinolentos de Lobatón.

9 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: Adelgazar lo público (9/10/2008)

José Antonio Griñán, Consejero de Economía (cargo que en esta Andalucía de pobreza con resol parece sólo el de colillero mayor), ha dicho que no es “muy partidario” de “adelgazar” el sector público. Empezaron usando para la crisis eufemismos locomotores y ya han pasado a soltar puras metáforas del hambre, aunque lo hacen como los gordos. El hambre del necesitado es un contar y un tamborilear sus huesos, mientras que el hambre de los gordos es la bandeja que se dejan con sus propias carnes y morcillas. Sólo ellos, nuestros gobernantes autonómicos, que son gordos de lo público, triperos del presupuesto, culipanderos de su sillón, pueden hablar de “adelgazar” todavía con la boca azucarada, adelgazar por el colesterol o por el tipito, adelgazar como un niño glotón, como Rosa de España o como una novia que no cabe en el vestido, mientras aquí el hambre de verdad extiende telarañas por los bancos, las hipotecas, las grúas, las neveras y los estómagos, y los parados tienen la suya de garbanzos mientras la Junta tiene la del merengue. Adelgazar es una intención de la gula, no de la necesidad; adelgazar es esconderse los pasteles, no es comer junto con las gallinas pan esponjado. Adelgazar es la peor palabra que se puede elegir ante el flaco que sólo puede ser flaco, es exhibir como joyerío lo que les sobra de papada, es soltar un regüeldo de chacina entre comedores de gachas. Griñán dijo “adelgazar” cómo sólo pueden decirlo los zampabollos, porque esa palabra a los muertos de hambre ni les sale pronunciarla, como no le sale al pobre “langosta” o “golf”. Y todavía dijo “adelgazar” para negarse a hacerlo, como si lo hubiera dicho con una rosquilla en la boca y un lamparón de crema en la corbata.

Rabiosos se ponen nuestros orondos mandamases, gordos en el refrito de lo público, si se les intenta quitar las chocolatinas aun en época de crisis. El Observatorio Económico de Andalucía ha recomendado nada menos que dejar en cuatro las consejerías de la Junta y hasta eliminar las diputaciones provinciales, esos inútiles balnearios de enchufados, agradecidos y políticos quemados. Pero Griñán pronto ha dicho que no piensan adelgazar y que ellos se gustan así de redondos y satisfechos, bien criados y enlechados de dinero público. Ayer vieron en este periódico la indecente nómina de “cargos de confianza” de la Diputación de Almería, esos directores de “relaciones con entes supramunicipales”, de “centros de servicios múltiples”, de “prevención del cambio climático” a 3.500 eurazos mensuales. Imaginen lo que sumarán el resto de diputaciones y todas las consejerías, empresas e institutos públicos, consejos, comités y cenáculos. Esto es lo que han hecho con lo público, esta barra libre, esta orgía de gordos. Para ellos, no hay crisis ni dieta. Ahora que el dinero de todos va a salvar a los banqueros, los especuladores, los varios poceros, rebañadores y caníbales del sistema, parece que “lo público” está de moda hasta para los “liberales”, los que creían que el capital moviéndose por su peso era el perpetuum mobile de la riqueza. Griñán ha aprovechado este redescubrimiento o guapeado de lo público para intentar engañarnos con eso de que no se puede “adelgazar” ahora al único rescatador que nos queda. Pero es una falacia. Aquí lo público no es más que un comedero de pajarracos que no salva nada sino la voracidad nocturna de los políticos y sus convidados. En Andalucía, a lo público, mejor que adelgazarlo, habría que pasarle la guillotina o la trituradora. Ahora nos traen metáforas del hambre, mofa de los hartos de comer. Dan asquito como los gordos de María del Monte.

5 de octubre de 2008

Somos Zapping 5/10/2008

Churros mañaneros. María Teresa Campos tuvo una vez la mejor mesa de debate de España, pero el resto del programa era una cocinilla. Lo que le ocurre a La mirada crítica conducida por ella es que, de alguna manera, uno sigue esperando colchones de látex o que salga Rociíto por los tendederos. No es lo mismo un magazine de mesa camilla que un informativo mañanero, y a María Teresa Campos la veo torpe, lenta y embarullada en el arte de la pregunta, en el análisis político, en la lectura de la actualidad, como si se estuviera cambiando constantemente de gafas sin encontrar las adecuadas. Compararla con Vicente Vallés o Monserrat Domínguez no tiene sentido. Ellos traían en la mañana tinta y bisturíes, y María Teresa Campos sólo parece traer churros. Creo que esto no es lo suyo. Está tentado uno de pensar que, otra vez, ponen a una andaluza porque canta las mañanas en vez de hacerles radiografías.


Mi presidente”. Yo no quería hablar tanto de María Teresa Campos como de Chaves (“mi presidente”, dijo ella), al que invitó esta semana para una entrevista algo descolocada. Sí, porque cuando en el mundo se despeña el dinero y los bancos se hunden como paquebotes, traer a Chaves a hablar de la crisis global es como traer a un gorrilla. Seguro que desde Wall Street a Bruselas todos estaban pendientes del análisis de Chaves, campeón orgulloso de los pobres, de la economía del mendrugo, aquí donde sólo engordan el paro y los globos de la propaganda. Chaves hizo lo que se esperaba y se agarró al terremoto de Manhattan, a pesar de que nuestra crisis, aun agravada por esta global, sabemos que viene de otro sitio (el ladrillo). Chaves tuvo frases para ponerlas en neón: “Nadie puede achacarme que no hayamos adoptado las medidas necesarias para afrontar la crisis económica, es decir, para favorecer a los ciudadanos y ciudadanas que pertenecen a los sectores más desfavorecidos”. Claro: primero negaron la crisis, luego la quisieron solucionar con “concertación social” y otros pintalabios, y por fin vamos a salir de ella repartiendo sopitas a los pobres, los parados o los ahorcados, en vez de buscándoles trabajo. Brillante. Habló también de la RTVA con un beatífico cinismo: “Tendrá el primer director elegido por el Parlamento, y no designando por el Gobierno”. Pero si la elección de Carrasco ha sido suya, y la van a sacar adelante con su mayoría absoluta... ¿qué diferencia hay? Por supuesto, no faltaron referencias al Arenas perdedor, en ese estilo de Chaves como de malo de Rocky, y, luego, remató así: “Esa línea de fractura entre el norte y el sur de España, un norte desarrollado y un sur subdesarrollado, ya ha desaparecido”. ¿De veras? Después de esto, casi deseé volver a ver a María Teresa Campos tirando macetas por los balcones.


Sexología de Omaíta. El nuevo programa de Paz Padilla no cabe aquí entero como no caben sus piernas. Hoy sólo me voy a centrar en lo que se formó el otro día alrededor de su colaboradora Olga Bertomeu, especie de sexóloga de las dentaduras postizas o de los melonares. Esta mujer me desconcierta porque es como si te hablara de sexo Doña Rogelia. Se refiere siempre como a un sexo de las suegras, un sexo sequerón y de otra época, y además muy bastamente. Añoro a Lorena Berdún, que explicaba más cosas sólo con las manos y los ojos que Olga Bertomeu con todo su desparramamiento de bajos. Le escuché decir que el sexo ocasional entre desconocidos “no era sexo” y que en la vagina “no se siente nada”; cayó en ese viejo estereotipo de que la mujer es “sentimental” y llegó a recomendarle a un hombre impotente al que el médico había recetado una inyección intracavernosa (así sería de grave su disfunción) que recurriera a “métodos más divertidos”. Menuda sexóloga. Le faltó alabar el método Ogino. Pero lo más vergonzoso llegó cuando la sentaron con unas marujas, sobre todo una tal Anselma, incontinente verbal y bajuna hasta el sonrojo, que llamaba “yaculá” (sic) a sus orgasmos o quizá a sus risotadas. Hubiera sido lo mismo si en vez de a Olga Bertomeu y a estas señoras hubiesen llevado a la familia de Omaíta. Seguro que con ella aprenderíamos tanto o más sobre sexo y sobre educación.

Los días persiguiéndose: El frío repartido (2/10/2008)

Ni la lujuria del dinero, ni los cowboys que cabalgan bombas como en lo de Kubrick, ni las biblias remachadas con balas. Siempre he pensado que una de las mayores y más brutales diferencias entre Estados Unidos y la Europa más avanzada (u otros países como Canadá) es que allí los hospitales te pueden sentenciar a muerte por pobre. Un amigo me insiste en que, a pesar de haber nacido allí la democracia moderna, Estados Unidos es el imperio más cruel de toda la historia. No sé, hay demasiada crueldad en nuestra historia para atreverme a hacer escalafones. Aun sin misiles atómicos, no sabría yo dónde colocar las satrapías persas, Roma, el Imperio Otomano, o los mismísimos Alejandro y César (sólo hay que leer a Plutarco para concluir que eran verdaderos hijos de puta, aunque sus degüellos se cuenten con épica y hasta Dante colocara a Bruto y a Casio junto a Judas, devorados eternamente por las tres bocas del Diablo). Dejemos la política exterior de Estados Unidos en cínica y en oscura, por lo menos, pero el que allí sean las empresas aseguradoras las que pasen la guadaña por las salas de espera siempre me ha parecido escalofriante e incomprensible. Recomiendo la película Sicko, de Michael Moore, que aun con la boutade final de irse a Cuba, describe a la perfección ese sistema en que los enfermos reciben la vida o la muerte en facturas desglosadas. Quizá sea cierta mentalidad calvinista del lugar, tan decisiva, lo decía Tocqueville, en el desarrollo del capitalismo americano. O sea, eso de “que se haga mi voluntad, con ayuda de Dios”, que quizá termina para ellos en que Dios le da a cada cual lo que merece, normalmente medido en dinero. Pero sigo creyendo que la atención sanitaria gratuita y de calidad para todos debería ser un derecho fundamental en cualquier sociedad verdaderamente civilizada.

Incluso con esos derechos, aquí no dejamos de morirnos. Nuestra sanidad pública no rechaza a nadie, pero otra cosa es que a veces reparta frío y escasez, mientras nuestros gobernantes ratean el dinero o lo dedican a una indecente propaganda de brillos y ciencia-ficción. Andalucía es paradigmática en eso. Las urgencias se colapsan, los hospitales se apañan con médicos insuficientes, abusados, multiplicados o recién despertados; faltan medios, equipos, sitio, líquidos y hierros. Pero la Consejera de Salud busca fotos cuando separan dos niñas siamesas, Chaves nos sigue vendiendo lo de las habitaciones individuales (“camas individuales”, han llegado a decir), las listas de espera se maquillan y aquí todo lo van a solucionar las “células madre”, de las que no dejan de decirnos que somos pioneros, padrecitos, primeros jardineros. Este artículo ha venido de ver la foto de Bernat Soria repartiendo la cosa de la sanidad pública como pastillas de la tos, que a lo mejor se queda en eso con la crisis. Recordé que, hace poco, un amigo biólogo molecular me comentaba con amargura y sorna la gran mentira pirotécnica de las terapias génicas (un fracaso aún) y de las células madre, y también la mediocridad científica de Bernat Soria o de la ministra Garmendia, impulsados sólo por el arrimamiento político y la propaganda. “Con la biología celular están jugando –me contaba--, no tienen ni idea de lo que va a salir, lo que pasa es que de tanto jugar a veces sale algo. Si ni siquiera a nivel macromolecular terminamos de entenderlo todo, ya a nivel celular ni te digo”. Esto no es Estados Unidos, pero también se muere gente en los pasillos. Mientras, lo que nos dan los políticos es anestesia, autobombo, marcianos que nos salvarán y ese frío repartido en cuchillos y cucharadas de pobre de los hospitales.

Somos Zapping 28/09/2008

Dibujitos con cuota. Es como la ministra de los escombros, la jefa de los cajones volcados del Gobierno, especie de grúa de demolición de todo lo que habla y toca. Magdalena Álvarez hace descarrilar las montañas, avolcana las ciudades, erige un caos de vigas y papeles, nos sepulta en barreduras y manda con orgullo y suficiencia en los cristales rotos del Estado. Es un cataclismo enfurruñado, un reguero de pólvora, un gafe con tijeras, una gobernanta a patadas. No sé qué maldición hay en la cuota andaluza de los gobiernos de Zapatero que sólo nos deja demonios de Tasmania como Maleni, abejitas Maya como Carmen Calvo o un tocador de mi pequeño pony como Bibiana Aído. Parece, ya ven, que estamos condenados a ser los dibujitos animados del gabinete. Señoritas Rottenmeier, payasetes con tarta, armaritos de Barbie, sombrillas de Penélope Glamour; piñata de incompetentes, majorettes, chincheteros, columpiadores, huelemargaritas. A Magdalena Álvarez, que parece el ama de llaves quemada de su casa quemada también, la hemos tenido que ver esta semana en todas las televisiones desafiando al diputado del PP Andrés Ayala a que le dijera ciertas cosa “en la calle”. O le traicionó el inconsciente o es que no tiene ni pajolera idea de lo que es la inmunidad parlamentaria, que no se limita al techado del Congreso. El caso es que a la ministra se le descompone la cara con la chulería casi tanto como con la ineptitud. No sé si quedarme con el momento tabernario ante Ayala o con ese vídeo que anda por YouTube en el que decía que “el aeropuerto de Barajas es muy grande” mientras se liaba con los papeles como si fuera Carmen Hornillos. En el Gobierno, los andaluces son la cuota reservada para los dibujitos. Los políticos que criamos por esta tierra no dan para más. Y lo peor es que los castañazos que se pegan, los tutús que se ponen y los petardos que les explotan en el morro no tienen ni maldita gracia cuando se trata de dirigir un país.


Lluvia y desahogo. Menos mal que llovía, que en los garajes entraban canoas, que los tenderos se vestían de buzo y Canal Sur tenía que salir con botas de agua como entre tentáculos. Menos mal que llovía en este desierto informativo, porque así la vergüenza de lo que ha ocurrido con la deuda histórica quedó bajo un barro de neumáticos, tomates, tinajones y máquinas de coser llevados por la riada. Las noticias de Canal Sur fueron paragueras en esta semana en la que el gobierno autonómico debía dar la cara en el Parlamento por el escamoteamiento de la deuda histórica pero de nuevo sólo pareció enseñar sus nalgas como sonrisas, o al revés. En Andalucía llovía a grandes cubazos, con el agua como cáscaras, y eso echaba toldos sobre la bellaquería igual que sobre la verdad. Después de las inundaciones, los breves minutos dedicados a la política parecían en las noticias de Canal Sur un hojita flotando. Aun entre las paletadas de cieno de toda la semana, llegué a ver a Griñán declarando “improrrogable el plazo [del pago de la deuda]”. Sí, ya nos damos cuenta de lo puntuales que van en los plazos, tanto que creo que la deuda se llama histórica por lo que están tardando los socialistas en hacer que nos la paguen. También vi al ufano Pizarro, al que la meteorología de estos días le había dado pinta y habla de husillero, regalándonos este tartajeo de humor negro: “Los socialistas en esta cuestión tenemos la conciencia muy tranquila... Sí, la conciencia muy tranquila; sí, mucho, la conciencia muy tranquila... Y la cabeza muy alta, y la cabeza muy alta”. Y la carita, ¿cómo tienen la carita? Estos eran los verdaderos desahogados traídos por la lluvia y el marmolaje facial de los socialistas, no los que luego mencionó Chaves refiriéndose al PP.


ZZJ. Rafael Camacho, voz de su amo, lacayo lengüetero del poder, parece que tiene ya para los socialistas digno recambio. Se trata de Pablo Carrasco García, que ahora dirige la productora ZZJ, muy engordada por la tele pública andaluza y responsable entre otras joyas de La tarde con María o Menuda noche. Acertaron poniéndole a la productora ese nombre mezcla de sueño y asco. Desde luego, su director parece el candidato perfecto para seguir acumulando basura, sumisión y atontamiento en la RTVA.