30 de septiembre de 2007

Somos Zapping 30/09/2007

Republicanos. Yo también soy republicano. Pero antes, soy demócrata. Hay otros republicanos que tiran más a ser exhibicionistas, pirómanos, fetichistas, costureros de banderas o hasta sherpas del Che. Yo me he manifestado aquí muchas veces a favor de la República, por higiene intelectual y moral. Lo mismo puede hacer cualquier particular, asociación, ateneo o partido, ejerciendo su libertad. Pero un Ayuntamiento es Estado, y el Estado no tiene ideología como no tiene religión (supongo que en Humilladero sabrán qué es la laicidad). El Ayuntamiento representa a todos sus ciudadanos, no a la ideología de la mayoría. Lo de Humilladero, que hemos visto haciendo de brochazo exótico o friki en todos los informativos nacionales, ha sido como si el Ayuntamiento hubiera votado una resolución a favor del anabaptismo o del Papa. Con tristeza por el daño que le hacen a la causa republicana, debo decir que lo que se les ha visto ha sido una feísima tentación de totalitarismo, tan duro como eso. No distinguen entre la institución pública y su partido. Pero si no conocen qué es la cosa pública (¡la res-pública!), ¿qué clase de republicanos pueden ser? Pues yo diría que republicanos de puestecillo y banderín, con ganas de agarrar la melancólica bicicleta del fanatismo, que siempre tienen ahí aparcada.

Cercano fanatismo. El fanatismo está más cerca de lo que creemos, no hace falta llevar canana ni pedir guillotinas. Basta que ignoremos la libertad de los demás, y ya está ahí. Como en Humilladero. Como en la despedida de Antonio Romero, en algo tan aparentemente inocente como sus sentimentales palabras de adiós a la política, que escuché no hace mucho en los informativos de Canal Sur. Mencionó el hombre que esperaba un hijo o nieto, no recuerdo, y dijo que en la ecografía ya se le veía con el puño cerrado. Pues ya está ahí el fanatismo, sin más que ignorar la libertad de esa futura criaturita. Tan fanático como esos padres que visten a los bebés de nazarenos o de su equipo de fútbol. No me extraña que esté en crisis Izquierda Unida, con estos y otros ramalazos. Es cierto que necesitan una refundación, y yo diría que hasta un fregoteo de meninges para aquéllos a los que se les ven las telarañas como cejas. Sería útil y valiosa una izquierda laica y republicana, verdaderamente democrática. A ver si se enteran de que las revoluciones se pudrieron todas, a la vez que ellos.

Cortijo. Y el cortijo nos devolvió a las gallinas eólicas, a las mujeres aguadoras, al hombre con navaja y a la vergüenza de aquel pasado de sometimiento, clases y pisotones de caballos. Cualquier día a alguien se le ocurrirá hacer un reality en un campo de concentración y también le verán valor histórico o sociológico. Un reality en un cortijo para el cortijo que no deja de ser Andalucía, con sus señoritos de jarana y su hambre de pan seco. Sonrisa de manijero de Rafael Cremades, de pastorcita arremangada de Rocío Madrid, de graciosillo zángano de Fernando Ramos, para esta idiotez insultante de programa. Con un cortijo de 1907 sólo podrían salir otros santos inocentes como los de Delibes, pero la televisión andaluza hace un parque temático de perseguir cabras y rozarse con vacas amorosas. No lo soporto. La lástima o el asco me hacen huir. Dejo a Cremades, presentador eternamente alfarero, confundiendo el entretenimiento con la humillación.

Copla. Y la copla nos devolvió a las planchadoras que cantan, a los marineros tatuados, a las Vírgenes con capote, a ese futuro de maletilla o tablao que parece ser el único de los andaluces. No es la cutrez del programa, ni el injerto de esa niña mona, más desenvuelta al natural que leyendo papeles, que es Eva González; ni Rosario Mohedano, con su fama de cementerio, dictando sentencias junto a Lolita. No, lo que me solivianta es sobre todo ese oficio de gente con hatillo en el que nos retratan, el viaje a un época de serenos y sacromontes en el que nos meten, la sangre antigua con la que nos definen. ¿Harán un reality de andaluces robando jamones?

26 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Poder temporal (26/09/2007)

Hasta los papas, con yelmo de cisne en vez del gorro de pez de los babilonios, han cabalgado hacia las guerras, han sido príncipes antes que plateros de Dios o magos con cayado. El primer título de Dios es el de Rey, los cielos se gobiernan como un castillo con sus fosos, los profetas y los mesías siempre tuvieron la tentación de la política. El poder eterno, el poder espiritual, sólo mueve palomas con trapecio, lenguas de fuego, el balneario de las almas, el resfriado piadoso de las monjitas. El poder temporal, sobre los hombres y las tierras, ése es el auténtico poder, que hasta en la Gloria impone a sus funcionarios. Ni los dioses ni sus intérpretes se han podido resistir a esta verdad.

Ahora que la política andaluza es un Vaticano y hasta hemos visto a Chaves en una iglesia de Antequera con el barroco detrás como el oro en llamas que apilan los ángeles, otros reinos de Dios y otros llaveros del Cielo nos alcanzan. El poder temporal de Chaves es eterno, el poder eterno de Chaves (cierta teología de cierta izquierda) tiene aquí sus escaleras. Es un logro como carolingio que ha superado el intento de los papas con espada y de los emperadores con Pantocrátor. El poder temporal eterno, el poder eterno descendido a sus pies como un armiño. Burocracia de partido y un como tomismo de su izquierda que lo corona sagradamente. En ese trono ya no caben más alas, más mandorlas, más globos del mundo, más garras de águila. Reunidos Cielo y Tierra como en una cajita que acaba de cerrar, Chaves podrá contemplar la eternidad como lo que es, la simultaneidad de todo lo pasado y lo futuro. Quizá no hay mejor descripción de ésta su Andalucía.

Mal vamos cuando la política toma ese tamaño celestial y va siendo cosa de la eternidad y el estatismo de los santos. Chaves se hereda a sí mismo, unigénito de su cargo, y su política sirve para ser leída en todos los siglos como la Biblia. Los primeros dioses no lo eran por demiurgos ni todopoderosos, que eso es un invento de las sombras chinescas platónicas y de la mala lógica de Aristóteles, que apiñaron los escolásticos. No, los primeros dioses lo eran por inmortales, aunque siguieran teniendo cuerpo de lancero y sexo de ganado. Ningún político debería llegar a tener ese tamaño insoportable de la inmortalidad, pero Chaves está en eso, se empeña en eso, se define con eso. No es vejez, no se trata de cómo andan los alambres de sus piernas, no es que pueda o no con la techumbre de su partido y de la Autonomía. Es la inmoralidad que supone la condición de inmortal. Por eso, aun inmortales, también los dioses acababan y ya cayó el Valhala por una cuestión de pagos atrasados, recuerden. La mitología, donde ya están todas las metáforas, nos enseña que ni los dioses duran siempre porque la inmortalidad se opone al fundamento de la Naturaleza, que es el ciclo continuo de la vida y la muerte. De ahí que siga obligando a los dioses a morir y nacer con las estaciones.

No hay poder eterno, en realidad. Hasta los reinos con fundamento divino se derrumban. Todo es gloria vana y el poder, aun unido a la yunta de los dioses, será siempre un reloj de arena. Fracasaron todos los imperios que pretendieron juntar en la tierra el cielo con los palacios, y Chaves no da para un dios, ni siquiera para un rey, que también los reyes caen por la gota o por el pueblo. Cuando en la Iglesia hablaban de poder temporal contrapuesto a poder espiritual, sabían que eran la misma cosa. Pero a aquel dios rey que hicieron con eso todavía lo asesina el pueblo cada año, todavía necesita asesinarlo cada año. Con un político es más fácil. Que no se crean eternos.

23 de septiembre de 2007

Somos Zapping 23/09/2007

Nuevo curso. Ver a esta supuesta izquierda que se ha cargado la educación pública inaugurar el curso como un columpio, sacar sus leyes para flojos y celebrarlo todo con majorettes en televisión resulta obsceno. Qué traición, qué gran traición la de esta izquierda, condenando a los pobres al analfabetismo funcional mientras sólo los ricos tienen acceso a una educación de calidad... Van a conseguir lo que quería Fraga, lo recordarán, volver a ver a los pobres en alpargatas, enclaustrados en su obreraje eterno. Sí, esta supuesta izquierda capaz de todo esto sin perder la sonrisa, esa sonrisa de lobotomizada que no abandona a Cándida Martínez, a la que veíamos hace poco en esas entrevistas como hechas por mucamitas en las mañanas de Canal Sur, nefasta hada madrina del "laissez faire, laissez passer", cáncer de la educación. Se inaugura el curso en Estepa, con la realeza que parece que arrastra con ella sus capillas, con la ministra Cabrera que con sus saltos de curso aún afirma que se “responde a las necesidades de una sociedad cada vez más exigente” y que “se afianza el sistema educativo entre los mas desarrollados de nuestro entorno” (¿qué entorno, Marruecos?). Se inaugura el curso en un ambiente de piscina de bolas y Chaves aplaza las soluciones diciendo de la nueva ley que “nos sitúa en condiciones para afrontar los problemas reales de nuestro sistema educativo” (¿nos sitúa en condiciones para afrontarlos, no los afronta, no los resuelve?). Qué obscenidad, qué avilantez, qué traición.

Los milagros barrocos. El barroco, Andalucía siempre se salva por el barroco o por una fuente moruna. Somos pobres pero muy barrocos, por lo visto, lo cual genera complacencia, documentales y congresos. No hace mucho vi una serie sobre la Andalucía barroca que al principio parecía muy educativa pero luego pasaba a una propaganda culturetilla y exaltadora, pues se atrevieron a decir nada menos que el clasicismo en la música nació gracias a que Scarlatti estuvo en Andalucía y el espíritu de la tierra le insufló las nuevas formas. Chaves también se pone barroco, en un congreso en Antequera, habla en una iglesia, con todo el barroco de Dios detrás como su coraza, habla como dando misa, adelanta las preces a Zapatero. Y pienso que no le viene nada mal el púlpito, ahora que él va haciendo con los presupuestos el milagro de los panes y los peces, de los pisos gratis y de los cheques de Tío Gilito.

Operación kilo. Gordos achocolatados, gordos ansiosos, María del Monte monta en su programa lo que llama “Operación kilo” para redimir a unos gordos que aquí en Andalucía ya hemos dicho alguna vez que son gordos idiosincrásicos, esa gordura de todo un pasado de hambre y rebañamientos. María del Monte trae a gordos de chiste, gordos exagerados, carpantudos, que a ella le dan ternura o risa y a mí mucha pena, para que hablen de sus platos de tres en tres, de las papas con huevo, de dos kilos de torrijas de una sentada, de la alegría del comer de los pobres. Lleva a una mujer tan basta que hasta María del Monte parece por un día fina como la institutriz de una zarina. “A Manuela en su casa le dicen vaca”, rotulan. Su hermana la llama “jarona” y ella habla de los dulces, de los fritos y de los guisos con fruición, gula, engollipamiento. Nos cuenta la buena señora que sin embargo tiene una hija que se mueve mucho, es como la “niña zarcista (sic)”, o sea, la niña de El exorcista. Cuanto más basto y más mórbido es el hambre del invitado, más tiempo le dedican. No, no se trata de mirar por su salud, sino de hacer una exhibición de feria, con la gracia y las arrobas de los gordos más ávidos y regurgitadores, como si trajeran ogros al plató. María del Monte, otra vez, me da fatiga.

Otro siglo. Atrasados en todo, como es de rigor en Andalucía, ahora Canal Sur hace su Operación Triunfo, pero con la copla. Canal Sur tiene un empeño de otro siglo. La copla como la sintonía de unos resucitados de un pasado gramofónico y lunarero, que hace juego además con ese otro programa que empieza, el del cortijo. En un cortijo y cantando copla... Vaya estampa de modernidad. Pero al tópico insultante, rancio y odioso lo llaman aún tradición y memoria.

20 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Las camisetas (20/09/2007)

Tardes de merienda, políticos con churretes, fútbol de la parroquia con el portero con gafas, con postes de trencas y carteras, con el número bordado por la madre usando el mismo cariño de la raya al lado. Es la vuelta al cole de nuestros diputados, políticos Zipi y Zape, ostentación como de una espada de un balón de reglamento con querencia a las tapias, a las macetas, a los ciclistas y a los perros. Los niños llevábamos el balón ajedrezado o el cromo de un mediocentro que parecía un forajido de chocolate; los políticos llevan ahora las camisetas de su equipo, equipo con el gordo el último, con el capitán de todos los árboles del patio, con el árbitro salesiano, con los pepinazos no valen, con el campeonato de la copa del meao, el que ha perdido se la ha bebido. Los nacionalismos son la niñez, son una madre con veriscró (¿de dónde vendrá esa palabra que me escocía tanto?), son una rodillera despegada, son la chiquilla que no nos sacaba en el corro, son aquel mapa con sus fenicios y sus cereales, son el vecino que no nos devuelve la pelota o que roba en nuestras moreras el imperio chino de sus gusanos de seda. La niñez de la política, la niñez de los pueblos, y quizá también algo así como la madurez triste y rencorosa del golfo de colegio derrotado en su gloria por la vida adulta. Todo eso, los nacionalismos.

He visto a hombres de barba blanca como sijs con traje, a señores serios como cobradores o estomatólogos, sacando camisetas de niño igual que cajas nuevas de lápices, igual que banderas lavadas por la madre con sus sábanas. Camisetas de fútbol, calcetines con escudo, cropanes rojos o azules, esa pequeña guerra del Tulicrem contra la Nocilla. Es el color de cada uno elegido como nosotros elegíamos, sin razón pero muy sentimentalmente y con fidelidad, el color de los sacapuntas y de nuestra ficha de parchís, que eran el mismo y ya nos identificaba. Miren cómo van en su caballito estos tíos como trinquetes, bigote y pantaloncito corto, para enseñarnos la pichita de su niñez y de su ideología. El nacionalismo es la niñez y usa la niñez. También la estoy usando yo aquí como recurso y da para mucho. Los nacionalismos empiezan por la niñez de estos tíos de estirón tardío y continúan con la niñez dirigida de todo el pueblo. El niño piensa a pelotazos y si se consigue que todo un pueblo piense así ya no se necesita otra cosa. Lo más que va a exigir el niño luego es una escopeta de plomillos, y ya en algún sitio se la dan, con un peso de historia como de balas viejas. Dejar al pueblo en la niñez también les asegura que luego los voten a ellos, pues siempre optarán por el profe que en clase los manda a cazar hormigas. Es una pena que nuestros nacionalistas andaluces no estén en el Congreso para aportar otra camiseta y otra forma de llamar a las piedras, a los pájaros, a los cagajones y a la seño. Podrían chocarse con los otros niños, que es como se hace la infancia y yo creo que ahora también la política, e ir aprendiendo.

Salieron, ya ven, los niños en el Congreso y nadie puso la sensatez como un silbato. En un barrio lleno de porterías, los nacionalismos centrífugos chuleaban de chándal y sólo había, para hacerles frente, ese otro nacionalismo de camiseta con toro, ridículo como el empollón queriendo jugar. Un día tendremos políticos adultos. Pero para eso el pueblo deberá ser adulto también. Alguno dijo que los niños de su idioma o de su raza soñaban con vestir esa camiseta. Yo sueño con que esos niños crezcan y manden a sus políticos meones a la cama.

16 de septiembre de 2007

Somos Zapping 16/09/2007

Goyesca. Se trata de montar una corrida de toros con trabuco y eso por lo visto atrae a cierta nobleza veneciana de aquí, a políticos todavía belmontinos, a famosos de abanico, a ese público con placo en las misas y hasta a los caballos de Carlos IV por lo menos. La goyesca de Ronda, toreros como meninas para una gente de alma antigua igual que sus puñetas, Andalucía como si sus modistillas, sus fígaros y sus curas excomulgaran o le cortarán las patillas de nuevo al general Dupont. La goyesca de Ronda, en la televisión, en todos los programas, los guapitos con maja, la duquesa de Alba con su cesta de loros, María Teresa Campos como una señora con puro, Magdalena Álvarez y otros barandas socialistas que cabecean como campesinos ante los grandes de España y los héroes de las cigarreras (ella buscaba a George Clooney). Andalucía vuelta hacia la gloria ya muy cuarteada de sus pinacotecas, Andalucía que se se gusta así como una cursi que se viste de Maria Antonieta. Una cosa ridícula, unos culitos con borlas, un lujo de fábrica de tapices, un gran mantón por el cielo y todo ese divertimento de ricos jugando a la gallinita ciega, ante los pobres del lugar como panaderos de palacio.

Betisvisión. Modernidad para el Betis, algo así como Internet en una capilla. Hay ciertas cosas imposibles, como que Lopera resulte moderno, que sería igual que ver a un centurión en moto. El Centenario del Betis incluye ritos tridentinos, monumentos a la afición como un pastel luisino en Chantilly, pero también páginas web que les salen como de madera, claro. En las noticias de Canal Sur sacaban la presentación de esta Betisvisión, que en realidad sólo consiste en el uso de herramientas de Google que permiten enviar mensajes y vídeos, con los que seguramente los béticos se intercambiarán muchas estampas de santos. El primero fue Lopera, que comenzaba su vídeo con un primer plano del busto de un Cristo (no entiendo de cristos, pero éste parecía entre decapitado y trofeo de verano), para que luego la cámara fuera descendiendo lentamente hasta enfocar al Máximo Accionista (parece en verdad nombre de centurión) en un despacho alicatado, raro como en unas termas o en un matadero. “Béticos, enhorabuena. Como un club moderno que es el Real Betis Balompié, ya tenemos la televisión del Real Betis Balompié, por Internet (...). Lo que mi afición se merece”. Tela de moderno, Don Manué. Creo que ya están pensando cómo hacer para chatear con el Gran Poder.

La muerte con María. Vi a María del Monte a cuatro patas, olisqueando, y no era otro taichí raro o la definitiva asunción de su altura artística, sino que ahora hace teatrillos, sketches, que la dejan por los suelos, nunca mejor dicho. A ella y a colaboradoras como Rosario Mohedano o Maite Cadaval, menuda roña de actrices. Gracias a ello, y a que en una de éstas un actor travestido se atragantó con un tortillón, pudimos ver a los maravillosos puñeteros de Sé lo que hicisteis dedicarle maldades. “Morir en el programa de María del Monte ya es humillante, (...) pero morir en el programa de María del Monte, vestido de mujer y atragantado con un trozo de tortilla, no se me ocurre nada peor”, decía Ángel Martín. El público se reía sólo al escuchar “programa de María del Monte”, tanto que casi no hizo falta la ironía de comparar sus sketches con los de los Monty Python. El de la tortilla fue especialmente brillante: “Guarra, asquerosa, cómo tienes la boca de pringue”. Con María del Monte hay que morir, ciertamente. Atragantado o de puro asco.

Gran Bretaña Directo. Canal Sur va donde lo lleva el morbo, por muy lejos que caiga, que ellos no reparan en gastos cuando se trata de excitar a la plebe con truculencias. Nada menos que en Rothley, Gran Bretaña, se plantó Andalucía Directo (¿por qué se llama Andalucía Directo?), siguiendo el culebrón de Madeleine y sus padres, a los que, por cierto, el reportero llamó McCain, como las patatas fritas, en vez de McCann. Donde sea, hombre, como si aquí no hubiera dinero... Hasta para hacer Gran Bretaña Directo, si hace falta.

13 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: La vía de Savater (13/09/2007)

Éstos no son tiempos de filosofía como no son tiempos de sotabarba. La filosofía fue el primer intento de ciencia; luego, durante siglos, le hizo las túnicas a los dogmas cristianos; y por último, reducida la metafísica al lenguaje, ha quedado para el estudio del propio lenguaje y, lo más importante, de la ética. Pero ahora ni el lenguaje ni la ética significan nada, cuando todo nuestro mundo lo mueven economistas rudos como remeros y políticos que les sirven a ellos, a sus propias ambiciones cesarionas y a las de todos sus hijos incluseros de partido que tienen que comer de la demagogia y del clientelismo. Los filósofos ya no son tutores de emperadores, ni hablan para las masas, que ahora los tomarían por monologuistas. Hay filósofos, pero están en sus cátedras con la chaqueta llena de cera, o haciendo oposiciones para Correos, e incluso hay algunos a los que ni se les nota que son filósofos y aunque escriban en los papeles lo hacen a pedradas o en sarcófagos. Por eso me gusta el filósofo lúcido que se vuelve al mundo, que baja de la montaña y reclama la razón, la cordura y la ética en la política y en la sociedad, que vuelve a defender la libertad y la igualdad y sobre todo desmonta las patrañas atrofiantes, criminales o simplemente estúpidas que nos destrozan la convivencia. Hay pocos así, quizá Marina y desde luego Savater. Savater va vestido de filósofo como Sherlock Holmes iba vestido de Sherlock Holmes, o sea, es un filósofo en el libro andante de su vida, con su estuche con cosas de filósofo como pipas o lupas, que hace filosofía hasta frente a la chimenea, que va raudo a desmontar las mentiras primigenias y al que le rozan las balas dialécticas y de las otras que le dirigen unos malvados insistentes y locos. Lo más parecido que nos queda al intelectual heroico.

El nuevo partido de Savater él dice que no es suyo, pero le pone la primera luz de inteligencia y ética. No quiere ser el filósofo gobernando con los soldados por debajo, como en la utopía platónica, dictadura de monjes con grandes mangas pero dictadura al fin y al cabo. Es solamente el filósofo que se rebela contra la sinrazón, su primer deber, y toma con valentía su magisterio. Será un partido, lo ha dicho él, para los desencantados con la política territorial del PSOE y con la tendencia llorona y mojigata del PP a correr hacia las faldas de los obispos. Sí, el PSOE ha alimentado el delirio de esas tribus de santificar unas banderas y quemar otras, ese espeluznante desfile de infantilismo, sincronía, pensamiento uniforme, fanatismo agresivo y días medio fascistas de la raza. A su vez, el PP sigue carolingio, beatón, monaguillo, besado por todos los papas, conducido por hisopazos, cuando hasta el Dalai Lama, suave y acuático, sabio y levitante, clama por la laicidad del Estado como fundamento de una sociedad verdaderamente libre. Ese espacio entre el PSOE malvendido y el PP campeón de los cruzados, ésa es la vía de Savater. Pero, ¿y en Andalucía? Aquí sí estamos condenados. El PSOE viejuno, propagandista y parado; el PP lleno aún de señoritos, damas con mantilla, cojos de guerra, mañanas de Corpus (vean a Arenas hablar todavía de “la gente normal”, decir que la Educación para la ciudadanía es cosa de “dictaduras”, apuntalando a la Conferencia Episcopal). Aquí, ¿dónde está el filósofo, dónde la rebeldía? No llenó ese espacio, aunque pudo, el PA, que se limita a montar en sus borriquitos sentimentales y a copiar en pobre a los otros nacionalismos usureros. Aquí muchos no tendremos siquiera el voto del desencanto. Sin otra vía, el desencanto será el mismo voto.

10 de septiembre de 2007

Somos Zapping 09/09/2007

¿Y esto, quién lo paga? La primera idea salió de un oscuro urdidor del PP de mi pueblo, lo recordarán los lectores, eso de prometer miles de pisos para conseguir votos, canallada que sobrepasaba sin pudor la demagogia. Por eso yo me pregunto si Chaves, además de asegurarnos por ley una vivienda, también nos regalará dormitorios de caoba o al menos nos dará una papeleta para la rifa, siguiendo el modelo sanluqueño. Total, ya que estamos... Igual que se prometen sueldos y vacaciones para las amas de casa, o cientos de miles de ordenadores en las escuelas, se pueden prometer viviendas a duro y hasta dormitorios como un castillo de popa. Será por prometer... Que los alquileres no superen un cuarto del sueldo familiar, que las hipotecas no se lleven más de un tercio, para aquellos andaluces (pocos, seguramente) que no ganen más de 3.100 euros. En La Sexta se lo tomaban con humor: “¡Cuánta generosidad! Pero esto, ¿quién lo paga?”. Solbes, con su cara de lechuza, también se lo preguntaba: “¿Y han calculado bien lo que les costará, y lo tienen controlado para los próximos años?”. ¿Calculado, controlado? Esto es Andalucía, y aquí no gastamos esos modos. Basta la propaganda.

Sobrados. A Solbes tampoco le contestaron en Canal Sur, pero, eso sí, se encargaron de que, antes que nada, en la noticia se notara que aquí andamos sobrados de dinero, mostrándonos una mesa bien puesta de cacharritos: “Los miembros del Gobierno [andaluz] han comenzado el curso político con novedades sobre la mesa. Estrenan equipos informáticos de última generación y en sus pantallas destacaba el texto de la futura Ley de Vivienda...”. Los equipos no eran más que tablet PCs puestos de pie, que los que se atrevían tocaban con cara de calambre, pero al andaluz lo mismo le convencían de que si hay pasta para montar el puente de mando del Enterprise, las antiguas casas de ladrillo son nada. Si hasta van a terminar de aquí al 2012 con la infravivienda... Cómo lo harán, es el misterio. Yo creo que ni desmantelando Canal Sur sacarían suficiente. En fin, ojalá sean capaces. Pero ya iremos viendo en qué se quedan estas intenciones tan bien traídas en fecha y modo, ahora que los políticos se van vistiendo de hada madrina o de Pinocho, que el caso es soltar el cuento. Quién sabe, puede que pongan a los andaluces más pobres a habitar las caracolas con las que tan extrañamente modernizaron los colegios. Si es que la dignidad, en la vivienda o en lo que sea, es sólo cuestión de actitud...

Chaves chupón. Épica y cámaras, cómo no se van a acercar los políticos al Eurobasket, para rozarse con la gloria ajena y chupar plano igual que Papaloukas chupa balón. “Chupón”, eso le diría Andrés Montes a Chaves. No pude evitar sonreír cuando Susana Guasch se acercó a nuestro presidente en Sevilla para decirle que debía de ser muy aficionado al baloncesto, porque no se perdía un partido. Lo que no se pierde es un palco ni una posturita, que es diferente. Claro que lo que le explicó él fue que de joven jugó al baloncesto. De camino, quedaba también como aupador de los jugadores andaluces de la selección. Así se demuestra la altura de nuestra Autonomía.

La tajada del dolor. Ya lo hizo con la muerte de Antonio Puerta y lo ha repetido con la tragedia de los pescadores de Barbate. Es la renta que da el morbo de la lastimita. María del Monte se llevó toda una hora moviendo la cabeza, mordiéndose los labios, respirando hondo, fingiéndose viuda. Una hora entrevistando a los supervivientes del naufragio, preguntándoles los detalles de sus ahogos, rebuscando escabrosamente en el dolor, sonsacando la pena, deseando las lágrimas. Pero, claro, con publicidad entremetida. Repugnante. “No sé cómo salí de allí”, decía uno. “Pues porque estaba de Dios, José, no hay cosas que se puedan explicar (sic)”, le contestó ella. Lo que no se puede explicar es el desparpajo con el que algunos sacan tajada del dolor y de la muerte, y encima van de consoladores y elegíacos.

6 de septiembre de 2007

Los días persiguiéndose: Eñemanía (06/09/2007)

Ante los dioses musculados, ante el pueblo griego llamado por el que amontona las nubes, los filósofos y escritores divulgaban sus ideas y leían sus poemas como a una multitud de jugadores de dados. Aprovechaban que nunca había más griegos reunidos que en los Juegos de Olimpia, y cuentan que fue allí, en el opistódomo del templo de Zeus, donde Heródoto consiguió emocionar con su obra a un joven Tucídides, mientras los atletas se preparaban como novias, en aquel tiempo en el que los dioses y los hombres parecían compartir sus amantes y sus caballos. Ya no esperan los intelectuales al gentío de los Juegos, ni siguen los dioses en su carro las batallas o el camino de las jabalinas. Los inmortales no se sientan a la mesa de los hombres desde las bodas de Cadmo y Harmonía, pero aún gobernaban la guerra, la poesía y el deporte. El deporte, que no se sabe si nació en los rituales de la muerte, las coronaciones o las cosechas, ha perdido lo sagrado, ha perdido el mismo público que la filosofía, ha perdido su sitio en la cultura y a veces se diría que sólo dejó en herencia el barullo y las apuestas. Usado como enardecimiento o como dormidera por demagogos y hasta por racistas, sólo lo salva la estética, cuando hace esculturas de un solo segundo, o ese heroísmo primigenio, más filosófico o iniciático que guerrero, del hombre que no vence a otros, sino que se vence a sí mismo, y que era lo que lo conectaba con su verdadera grandeza.
El Eurobasket nos visita, está en Granada y en Sevilla, juntando banderas y público como muchas tazas de colores. El baloncesto todavía parece un deporte puro, hecho por niños en el estirón, jugando entre tendederos, descansando para la merienda. Aquí todavía no lo han corrompido, como el fútbol, el gran negocio, los hechiceros del barrio, el alineamiento con las Vírgenes. Los futbolistas enseguida se hacen viejos playboys, deportistas de casino, veraneantes de su propio oficio, quinielistas de su dinero. En el baloncesto aún podemos ver a chiquillos en los árboles, con la alegría de tirar piedras, de colar un avioncito en un balcón. Se fue lo sagrado, pero aún queda lo bello si se mira bien. Es cierto, ya no esperan los intelectuales al público de los Juegos, para inaugurar la historiografía o explicarles como Pitágoras quiénes eran los filósofos y en qué se diferenciaban de los demás hombres. No, ahora esperan los políticos, posando en los palcos, extraños como grajos. He visto a Chaves, a Monteseirín, a ministras algo incómodas como si las entrevistaran en las duchas con los jugadores, vendiéndose silenciosamente como marca o proponiéndose como capitanes de las hazañas ajenas. Y también he visto usar por algunos la eñemanía, ese eslogan de la selección que trae una alegre fábrica de tejidos, viseras, banderas de plástico e himnos cantados con la letra “loroloro”, como resucitador de un decaído espíritu patrio que a mí, que no entiendo ni a los espíritus ni a las patrias, me descoloca. No, ni discursos de filósofos, ni la oportunidad de tocar las lanzas de los dioses, nos trae ya el deporte, ensuciado de modistería, intereses, chovinismo, propaganda. Pero aún, en la cancha, como un volcán bajo su ruido, juegan, ajenos, niños cazando pájaros, gigantes girando con la mano el cielo, hombres con el caduceo de Mercurio, con el pulso de relojero, con el sextante de sus brazos. Todavía el deporte puede ser hermoso, grande, humano.

2 de septiembre de 2007

Somos Zapping 02/09/2007

La muerte. La muerte es desfilante y televisiva, sabe arreglar sus caballos de paseo, sabe posar para las cámaras. La muerte de Umbral, muerte de su estatua, último dictado de su genio ascendiendo en taxis o ambulancias; la muerte del joven Puerta, muerte taurina, muerte de soldado escribiendo a la madre... La muerte se gusta en televisión, coquetea con sus encajes, mira como las muchachas muy blancas y muy bellas. La muerte vende en televisión sus carpinterías y sus zapatos. La televisión adora la muerte. El público adora la muerte. Muchos especiales sobre Puerta, un ángel fulminado, una guerra parada, un pueblo con su infante o su Aquiles muerto. Heroísmo e inmortalidad, morbo y traumatología. El pueblo llora como ríe o como ama, en ataques, en desbandadas. Fue el primer culto, el de la muerte. La televisión, sacerdotisa de esta sociedad, cumple con su oficio. Yo no puedo soportarlo. Dejo a la televisión poniéndoles diademas a los muertos y me voy a hacerle mi personal homenaje a Umbral. Como no tengo piscina, arrojo libros malos a la bañera. Le digo adiós y luego escribo a la salud de su invencible salud de muerto.

Las uvas doradas. "Las uvas doradas", dijo el maestro, queriendo entrar en septiembre ya en el cesto del cielo, con ellas. Las uvas doradas, el tiempo de la vendimia nos perfuma de zumo y borriquillos y obliga al campo a una tarea barroca, como si hubiera que pintar al óleo cada racimo recogido, porque así se hace la vendimia. Todavía tomamos la sangre del sol y de la tierra, y si hay que ir a buscarla fuera, lo hacemos. Hacia Francia marchan de nuevo los temporeros andaluces, a hacer una vendimia como rumana, y las noticias de Canal Sur nos muestran sus caras de pasar estaciones nocturnas y sus maletas de soldado, como dice Raúl del Pozo de la de Umbral. Hacia las uvas doradas, hacia el dinero de los pobres hecho de fruta y caldo. Siempre el dinero lejos y para cogerlo del barro. Nada menos que el 70% de los españoles que vendimiarán en Francia son andaluces. Las uvas doradas de septiembre, para ponerlas sobre columnas como hojas de acanto, y los andaluces de nuevo con el pan extranjero y el patrón como un quesero de allí. Nosotros somos las uvas doradas, maestro Umbral, Andalucía lo es: hermosa, alimenticia, de riqueza pobre y esperando pudrirse.

Pollos por ordenador. Temporeros con sacos, cuchillos de estación, hambre en los zapatos. No pasa nada. Aún así nos dirán modernos y eléctricos. Las noticias de Telecinco sacan una carnicería andaluza porque su propietario ha sustituido los típicos carteles con los precios por pantallas con una presentación de ordenador, donde los pollos parecen pisos piloto y dan paso a las chuletas con espectaculares cortinillas. A lo mejor para comprar el filete cibernético los andaluces tienen que irse a Francia con sombrero de paja, pero, tal como suele hacer nuestra administración autonómica con sus pretendidos hitos tecnológicos, el adorno pixelado nos redime y la anécdota se convierte en universalidad. Seguro que Zarrías diría con esto que Andalucía es la única región que hace sus pollos por ordenador.

La Cristiandad y los toros. Toros en Canal Sur... Me aburre y me repele su insistencia tanto como el estilo de las retransmisiones, sobre todo por Enrique Romero, adulador y anfetamínico. Narran las corridas como romerías o como misas de campamento. El otro día, por ejemplo, alguien intentaba (malamente) explicar el origen del dicho “que salga el sol por Antequera”. Ya saben, la Reconquista, tomar Antequera haciendo frente a cualquier aparente imposibilidad (como que salga el sol por poniente, que es donde queda Antequera respecto a Granada). Pero la interpretación curil de Enrique Romero fue delirante : “Lo mismo es una metáfora de que la Cristiandad empieza a ganar por Antequera, que salga la luz por Antequera”. La luz de la Cristiandad junto al hispánico y nacionalcatólico toro... Qué rancio. A Romero lo harán un día obispo de la tauromaquia, aunque ahora lo que parece es un monaguillo de la plaza.

30 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: El Tireless (30/08/2007)

Yo fui a aquello del Tireless, que parecía una borrachera de balleneros, el asalto a una carnicería, la caza de un gigante, no sé, esas cosas que monta el pueblo, ruidosas, festivas, enfurecidas o inútiles, igual la venganza contra una montaña que el manteo de un santo. Con aquella manifa me hice una crónica llena de ponchos y piratas, de alcaldes crupieres y vendedores de cucuruchos, y creo recordar que lo que menos salía era el Tireless, al que nadie veía, pero lo sentían como una bomba pegada al culo, como una momia radiactiva en su sarcófago o un tentáculo que podía salir en cualquier momento del agua para arrastrarnos por la pierna igual que un cocodrilo. El submarino no se veía, pero allí estaba presente en vibraciones o vaivenes, como un péndulo sumergido, y recuerdo ese miedo de la gente a lo invisible, que les dejaba una mirada como de buscar un mosquito. Y es que hay cosas que dan miedo de lejos igual que una percha por la noche o un hacha colgada, y los barcos con un costado hundido y el veneno que llega sin avisar de su olor son de esta clase de miedo. Por eso triunfó el Tireless, que era sobre todo una escultura del miedo, con la forma quieta de su campana, que todas las campanas en silencio amenazan. El Tireless triunfó como miedo, como ogro y como convocatoria de una aldea contra un imperio, aunque al final sólo fuera tarea de soldadores.

Cuando vemos que en el Estrecho los buques chocan sus esqueletos y el dinero mundial defeca en el agua la basura que come, Juan Carlos Juárez, alcalde de La Línea, echa de menos los autobuses y los bocadillos, o sea aquel jaleo subvencionado políticamente contra el Tireless, contra la simbología de sus cañones o de sus átomos dibujados según Rutherford, contra la derechona o contra los gobiernos con la religión de lo militar, que hacían entre todos un confuso enemigo, que es lo que más aprecia el gentío. Juárez, fichaje gilista convertido al PP, nunca me dio buena impresión, y menos desde que me amenazó severamente con hablar con mi director por haber escrito yo que parecía un médico que juega al tenis o alguna cosa así. Pero tiene razón en parte, aunque al tenerla se equivoca en lo mismo que los otros. Contra Aznar, que acabó en monja sargento, se movilizaron por el Tireless o por el Prestige afilando todas las hogueras y bieldos. Ahora, las catástrofes siguen ocurriendo y la incompetencia ha cambiado de bando. Tiene razón porque el mar continúa mal fregado y el Estrecho está peligroso y lleno de ratoneras, con Gibraltar como un mal farero. Pero se equivoca porque en conducir a la gente contra obeliscos del miedo siempre hay mucho de maniobra interesada y de demagogia de domingo. Los océanos están llenos de bombas como de zapatos, los submarinos nucleares y otras ojivas de la muerte se cruzan todos los días con los trasatlánticos y nuestra comida cruda, pero sólo cuando les vemos el morro y las portezuelas parece que nos dan miedo, un miedo que yo también sentí, es cierto, aquella vez en ese barullo, llamado por sus negras chimeneas. Pero en realidad todo el suelo y todo el cielo son explosivos, porque la civilización ha hecho que funcionemos pedaleando en un misil, como ya retrató Kubrick. Por eso pienso que la gente y los políticos eligiendo un bicho adversario entre la abundante fauna del mar buscan otra cosa, la pedrada a un partido o una camiseta estampada. El Tireless daba miedo desde su nombre de tridente. Los barcos chatarreros parecen amenazar con el tétanos. Pero los políticos montando películas de terror para el personal nunca me gustan. No sé si saben que todo el planeta es radiactivo. La culpa será del Gobierno, que para eso está.

La muerte de Umbral

Trajino mal con los muertos. No he querido escribir sobre Umbral, cuando el periódico venía mojado de su muerte. Esta pequeña nota, que cuelgo aquí tarde y con dudas, es para dejar constancia de que no es un olvido ni un desprecio, sino un homenaje. Me levanté y escribí otras cosas del día, como manda a veces el oficio y como dejó dicho él mismo: "Lo que hago es desmarcarme cuando el tema está ahí muy mollar, y sé que van a ir todos por ahí...". La columna que aparecerá pronto aquí arriba no lo menciona, no tiene nada que ver con él, pero está llena de Umbral. Disculpen ustedes, pero es que yo no sé rozarme con los muertos ni hablarles como al padre, aunque lo fueran. Sólo le digo: adiós, maestro.

26 de agosto de 2007

Somos Zapping 26/08/2007

La rebaba de María. El micrófono le salía del clavel de la oreja como un esqueje, y eso demostraba definitivamente que todo el patatal que es ahora Canal Sur surge de la plantera que María del Monte cría en la cabeza, bodegón de tubérculos, alacena de lebrillos. Ya no sabemos si da grima o más bien pena, como en aquel dibujito animado que se llamaba El perro de Flandes, contemplar a esta mujer, que no sabe ni hablar ni presentar sin parecer que está blanqueando la fachada, arrastrar con los dientes y el moño toda la cacharrería de La Nuestra. Pero verla presentándose a ella misma, en el especial de sevillanas que nos tocó sufrir esta semana, fue ya el colmo patético y esquizofrénico de esa abundancia de su persona que hace rebosar la pantalla con una gruesa rebaba.

El corral del folclore. Olvidemos, si es posible, a María del Monte. Mi intención era más proponer una reflexión sobre el lugar que ocupa el folclore en la televisión andaluza. Y en este sentido, el especial Las sevillanas de tu vida, donde los invitados parecían salidos de la foto de familia de Los santos inocentes, fue más que otro programa de relleno: fue un ideario. El “deleznable género folclórico” que decía Fernando Fernán Gómez en Morena clara, no lo es tanto por un mero juicio estético como por su instrumentalización como forma de control y amodorramiento del pueblo. Lo peor no es ver a estos sevillanistas igual que manijeros narrar como cumbre de la creación artística el momento en el que surgió “la noche que me dio el tío del tambor”. Ni siquiera escucharles cantar, encendidos de felicidad y tradición, “que no sé leer, no me mandes papeles, que no sé leer...”. No, lo peor es la malvada intención que hay en alejar al pueblo de la gran cultura, del arte verdadero, que es lo que proporciona capacidad de juicio, amplitud de miras, espíritu crítico, perspectiva. Y esto se consigue con la glorificación de este folclore esmirriado, nulo artísticamente, pero que deja muy contenta a la plebe en su corral, en su alegría alpargatera, en la complacencia en su incultura (vean a Las Carlotas). Es mentira que eso sea Andalucía, porque Andalucía es también Manuel de Falla y es Juan Ramón Jiménez sin que les hagan especiales. Y es mentira que eso sea “pueblo”, porque nada hay más “pueblo” que la justa lucha por su prosperidad, y en esto la cultura es fundamental. Pero así nos quieren los que mandan, agachados en las zambras, sin aspirar a saber más, a ser más, a ver más lejos. Por eso nos emborrachan con el folclore y veo a Los Marismeños repetidos día tras día y la cara de tomate de María del Monte de nuevo emocionada ante un pseudoarte zarrapastroso. Esa intención de mantener a la gente en su ignorancia, en una cultura sin valor, haciéndole creer que así son más pueblo y más Andalucía; eso es lo verdaderamente traicionero y criminal. Y es en lo que más se afana Canal Sur.

Tirao en el sofá. Folclore y, cómo no, fútbol. Hay familias que sólo se alimentan de fútbol, cosa que agrada a los dueños de Andalucía casi tanto como lo que criticábamos antes. Por eso, Canal Sur, ahora que comienza la liga, les hace reportajes en sus casas, orientadas telúricamente hacia el televisor. Y allí, el zagalón aborricado decía esto: “Yo desde chico estoy viendo el furbo to los fines de semana, aquí tirao en el sofá sin hacé ná, es lo mejó, aquí tirao en el sofá con mi padre viendo el furbo, o con mis colegas en la peña...”. Ahora, que María del Monte presente también los goles de la jornada y seguiremos avanzando imparablemente hacia la felicidad.

Exportando. Vean los frutos de la Segunda Modernización, que ya nos hace exportar a los Estados Unidos nuestros más novedosos productos. ¿Ordenadores, biotecnología? No, qué va: gazpacho y salmorejo. Nos contaban en las noticias de Canal Sur que una franquicia sevillana de gazpacho se iba a instalar en Florida y con eso parecía que les adelantábamos en la carrera espacial y que además íbamos a salvar a todos los gordos de allí como misioneros de la magra sabiduría mediterránea. Menudo orgullo gazpachero.

23 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: Cultura de verano (23/08/2007)

El verano no se despega de los pies, como una alfombrilla de ducha. Entre culos como nueces y sangrías derramadas por el pelo, el cuerpo, la única columna que sostiene el cielo de agosto, ha acabado con todos sus rivales. La cabeza sirve para dormirse, los libros se asustan de los ventiladores y para leer están los muslos. La naturaleza se impone y es inútil resistirse a ella, por eso las universidades veraniegas parecen palacios de invierno que quieren atacarnos y sus conferenciantes, raros acordeonistas con abrigo. Es mal tiempo para la cultura, cuando las orquestas hiperbóreas sólo vienen a derretirse y los moros de la historia, a bañarse. Es mal tiempo para las reflexiones sesudas, que no pueden competir con las esculturas que hacen las niñas poniéndose o quitándose el pareo. Pero es ahora, cuando sólo los escuchan las fuentes y las bóvedas, que vienen profesores a dar las soluciones del mundo y las recetas de la vida. Leo que en los cursos de la UNIA un catedrático pide más música en la educación, pero el arte está enterrado por los políticos que quieren votantes analfabetos, consumidores ciegos y, si acaso, comerciales que ayuden a todo eso. Una sociedad formada, culta, crítica, cuestionando cada una de sus bobadas, es lo más peligroso que pueden imaginar. Ante el arte, sobre todo, que es el dibujo que ha ido haciendo el ser humano de su universalidad, recuperan su mezquino tamaño las pequeñas exaltaciones chovinistas, catetas, que representan el sostén sentimental de la política actual. Música, pedía Antonio Martín Moreno, gran música, el espíritu del hombre catedralizado en el aire, pero aquí quieren solamente los himnos de los soldados y el sonido de palitroques de cada región, glorificando a sus leñadores. En este verano de presidentes mochileros y medusas colombinas, leo también que José María Monzón, de la Universidad Fernando III, pide “educación en valores”, sin que se termine uno de enterar de a qué valores se refiere exactamente. Porque valores, cada cual tiene los suyos; lo difícil es encontrar aquéllos que permitan la convivencia en libertad y justicia de todos. Ahora, cuando la naturaleza se exhibe como un gran pez mitológico, cuando el cuerpo anda ocupado en su vendimia, es mala época para gritar en los palacios del pensamiento. Todo lo apaga, todo lo diluye el verano como una gran cubazo. El frío nos retirará a nuestras cabañas, pronto. Y entonces nos daremos cuenta de que no era el verano, sino que pensar es siempre la mayor pereza y que lo que pasaba en agosto era que algo, el mar o nuestra sed, iba tirando mágicamente de todos los hilos de la vida sin que hiciera falta más.

20 de agosto de 2007

Somos Zapping 20/08/2007

Déjà vu. O si lo prefieren, paramnesia, que suena a reportaje de Salud al día en vez de a agua de colonia. Pero no, seguramente no es mi memoria equivocándose de camino, sino que en Canal Sur todo es repetido. Veo una feria con la misma gala y el mismo Rafael Cremades que dice lo de siempre junto con la otra chica tan mona de todas las veces y el elenco de baratillo acostumbrado. Veo una corrida de toros y me parece que El Cordobés ya ha dicho eso miles de veces y que los narradores, que no tienen el estilo como pictórico de otras cadenas, sino otro bastante más baboso, exagerado y festivalero, ya me agobiaron otra tarde con su soniquete. Veo los viejitos de María del Monte y los niños empachosos de Juan y Medio y a Ismael Beiro dando saltitos. Veo con horror que vuelven a abrir el ropero de los muertos con su brillerío para otro homenaje, o el de siempre, a Rocío Jurado, pues vuelven a estar Falete vestido de Cleopatra y Rosario Mohedano con su oficio de desenterradora, y de nuevo María del Monte ahogada en mantones, y virgencitas en las pantallas gigantes y rosas putrefactas por las lágrimas. Ya mareado, incluso creo ver a Chaves presentando el informativo, pero no, esta vez sí es una mala pasada que me juegan los sentidos, y es que han puesto ahora un presentador que se le parece un poco, quizá para que no desfallezca en verano su presencia. Todo lo que aparece en Canal Sur ya lo he vivido, ya lo he sufrido. No puedo distinguir el directo del refrito, la novedad del moho. Y concluyo que es el mismo círculo y el mismo vahído en el que vive permanentemente Andalucía.

Valiente adivina. Teníamos a la bruja Lola, adivina que es su mismo loro, ante la que hasta Rappel parece investido de una seriedad babilónica. Hay que reconocer con tristeza que cuando a la hechicería se le suma el analfabetismo, lo que sale es tan puramente andaluz que por eso ha tenido tanto éxito televisivo esta mujer que va como con los ingredientes de sus pócimas derramados por la cabeza. Pero nada comparable a la telepitonisa que casi se achicharra en aquella emisora de Marbella, sorprendida por un incendio que sus poderes no supieron ver. Valiente adivina, como dice el chiste. Pero seguro que la siguen llamando. Somos la tierra de la superstición y yo diría que aquí se creen hasta a la princesa serbobosnia de Los Morancos, adivinando por sustos o cabezadas.

La Misión. Anda todo un pueblo enamoriscado de un cura, tal como se enamoran a veces de ellos oscuramente algunas mujeres igual que de su primo. Por ese amor desesperado, Albuñol sale en los informativos nacionales en una especie de barullo selvático, que es donde uno se imagina al cura. Sí, pienso en aquellos misioneros que no sólo llevaban la religión al pie de una cascada, sino que enseguida organizaban toda la vida del lugar, enseñaban a los niños, atendían la malaria, recolectaban la cosecha, ayudaban a levantar establos, fundían campanas, reunían un coro y representaban, pues, toda la civilización y su guía, algo así como Tintín en esa polémica aventura entre los negritos del Congo. Sin embargo, Albuñol no está en el Congo, sino en Granada, así que uno no acaba de entender todo ese primitivismo del pueblo que funciona gracias al cura, que se queda desamparado sin el cura, que tiene la felicidad y la salud pendiente del cura, tanto que las ovejas sin pastor están de revolución contra Dios mismo o sus burocracias. Quizá quieren a un cura bueno porque un cura malo viene también con un Dios malo que no salva o salva de peor gana. Quizá quieren a un cura bueno para que todo vaya mejor en las reuniones con el alcalde, el maestro y el médico, que no sé si Albuñol todavía funciona a través de esas entrañables “fuerzas vivas”. Incomprensible para mí, en todo caso, además de decepcionante, que haya lugares en Andalucía que aún funcionen como una misión junto al río, con el cura como única medicina, o que así lo parezcan delante de España entera.

16 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: La estupidez y el odio (16/08/2007)

Se ven venir en las llamas de sus banderas, erguidas como cobras; viven todavía en las superstición de la sangre y de la tierra, cercados por los mojones y lindes que dejaron allí dioses agropecuarios, los que hablaban la primera lengua de los ríos, los que guardaban la pureza de los cereales y las mozas. Es fácil reconocerlos, porque suelen hablar de los derechos de los pueblos, pero no de los de las personas. Son, en realidad, un caso freudiano. Para que un individuo se haga adulto, debe desarraigarse de la familia, y si no, se convierte en un tarado. Igualmente, una sociedad no se hace adulta hasta que reniega de ser tribu, y si no lo consigue, sufrirá el infantilismo social y político que es el nacionalismo, cualquier nacionalismo. Harán tanques con la cultura, trazarán divisiones entre buenos y malos ciudadanos según sus opiniones, clamarán contra el enemigo de la colina de enfrente (enemigo porque es simplemente El Otro, sin el que no pueden comprenderse ni definirse). Su sueño es la uniformidad, la pureza racial o ideológica, algo ya imposible. Usan el lugar de nacimiento como blasón, pero también como insulto, como hizo Joan Puig con Magdalena Álvarez. Y aún más, todo esto les sirve para perpetuarse como casta dirigente. Me dan un miedo terrible los nacionalismos.

He visto las pintadas racistas en la judería cordobesa: un alemán con faltas de ortografía, una estrella de cinco puntas (el signo por el que se reconocían los pitagóricos, el símbolo esotérico que representa nada menos que al ser humano...) que esos crueles imbéciles han confundido con el sello de Salomón, con la estrella de David, que tiene seis. Me resisto a unir la locura nazi con estos nacionalismos del Rh o de la pela, pero ahí está también su Volksgeist, el espíritu del pueblo como destino y, aún más grave, como sometimiento del individuo a una falsa grandeza colectiva y sincrónica. Me resisto por lo que ello significaría, pero a veces encajan espeluznantemente. Sí, los oiremos hablar de los derechos de los pueblos, pero los pueblos son todos mentira, sólo está el individuo en su libertad o en su esclavitud, y lo demás es folclore. El ser humano tiene el tamaño del mundo, aunque lo quieran negar estas pequeñas chozas sentimentales; estas hachas que hacen con la raza, el nacimiento, la historia de sus flautas. Me dan un miedo terrible los nacionalismos, que son la involución humana más peligrosa junto con el fanatismo religioso. Asesinan, exilian, marcan, vetan o glorifican evaluando la sangre, la largura de los apellidos, las opiniones. Ya los conocemos. He oído el insulto de haber nacido en un sitio u otro, he visto puntos de mira en los muros de Córdoba, en sus calles con sombras como juntadas por manos. Y me he estremecido de horror. Algo une siempre a todas las locuras humanas. La estupidez y el odio, quizá.

12 de agosto de 2007

Reportaje: Un paseo por la realidad (12/08/2007)

N. A.: Texto original completo del reportaje, que puede ser diferente al que aparece en la edición impresa del periódico

SANLÚCAR DE BARRAMEDA.- Antes que Zapatero como un heladero, antes que Aznar y Blair con su amistad tuareg, a Sanlúcar ya venían los señorones y las infantas, a bañarse con sus velos y mecedoras, a curarse en la leche del sol y a mezclar sus hijos transparentes con los chiquillos renegridos del lugar, pescadillas humanas, descalzos como arponeros. A Sanlúcar la llamaban la San Sebastián del sur y tenía la salud salvaje del cielo destapado y de la mano del agua como un pañuelo mojado. Sanlúcar aún es una vid que llega hasta el mar, una linfa salada que crece en el campo, una copa del cielo volcada para la fiesta de hombres y peces. Tierra y mar, jornaleros y pescadores, y el barro de todo eso estatuado ante Doñana, pubis del Guadalquivir, bronce de Tartessos vivo y comido por los pájaros, donde creció la naturaleza como un incendio verde. Aún es todo eso, balconada de tierra y mar donde el forastero ve el principio del mundo, la partida del sol, el pozo donde van a caer o a purificarse las estrellas sucias de su ciudad. Hay tierra en las manos de los hombres, olas en los ojos de las muchachas, aun en la era del ladrillo, de la velocidad y de lo feo.

Sanlúcar está acostumbrada a visitantes descendidos, imperiales, exploradores; a posar con postura de postal y a ofrecer bandejas donde pone todo su corazón salado. Sanlúcar tiene la hermosura de las pobres y la pobreza de su blancura, que es como una túnica para todo el año. Porque Sanlúcar es pobre o eso dicen los números que le cuentan desde fuera. En el informe económico anual de La Caixa, cuando no aparece como el pueblo más pobre de España mayor de cincuenta mil habitantes, roza ese deshonor. Pero en esos informes no aparece la chapuza, el chanchullo, la charanga, la listeza, la economía sumergida que tiene allí su latonería. El pueblo donde Zapatero salió a procesionar y rechazó una bandeja de langostinos como barnizados a mano por el sol, no es ni una favela ni la Milla de Oro con barcas de corcho y cielos de pintor. Sólo tiene el truco de la historia, la doblez del hambre, el dinero con trampa o el misterio de la felicidad. O es que ha terminado haciendo de su necesidad su virtud, su estandarte, su reclamo, su singularidad. Con el mercado del vino (su famosa manzanilla que sabe a mar purificado) atravesando una grave crisis, con la pesca moribunda como el planeta, con una industria inexistente, quedan los cuatro jornales y el desempleo, y un turismo como de reserva india, refugio de una pureza de otro tiempo, sin apenas infraestructuras (5 hoteles en la ciudad). No es el modelo de la Costa del Sol. No hay allí cementerios con ventanas en la playa, ni reyes moros con helicópteros como jaboneras. Sí hay urbanizaciones, chalés con columnas con cabezas de caballo, pero los levantan los forasteros, o sirven para distinguir el éxito de unos pocos profesionales y empresarios, o el orgullo decadente de los cuatro apellidos herederos de aquella amarga tiesura del señorito. Eso, o los trae el dinero sucio del hachís, el mismo que exhiben niñatos en el Paseo Marítimo haciendo derrapar coches de 5 millones con estética de carriola. No hay en Sanlúcar yates versallescos, sino un turismo de ver pasar motillos con serón y de masticar el aire como dicen por allí que hacen los camaleones. Pero ni aun así hay el café a 80 céntimos que soñó Zapatero.

Quizá los políticos están siempre a la distancia de un brazo de la realidad. Zapatero desembarcado en Sanlúcar movía a los bañistas y a los vendedores de pistachos, que querían tocarlo como se quiere rozar con los dedos una diadema. Ese mismo rozar sin asir del pueblo con el político quizá también sirve para describir el paseo del político por la realidad, por la gente en su bulto, por el peso y el precio desconocido de las cosas. Llegar, como hizo Zapatero, a Bajo de Guía desde Doñana es saltar desde el mar a su espejo. Bajo de Guía es ese sitio religioso donde hacen crucifijos con los mariscos y los animales del mar salen como la diosa Venus de las espumas de la desembocadura del Guadalquivir, para ser comidos con veneración y lujuria por peregrinos, creyentes, que los desarman en blancas eucaristías con el sol como el Espíritu Santo presidiendo.

En Bajo de Guía está Sanlúcar en su cristalería, destilada de sus males y carencias. Lo primero que ve Zapatero de Sanlúcar está concentrado en una perla, forrado en una cajita. Fiesta de los elementos, cielo estucado, mar que hipnotiza, placer que entra inevitablemente como arena en los ojos. En Casa Bigote, donde los bogavantes parecen almirantes de marina, Paco Bigote afirma sin dudar que “En Sanlúcar se vive muy bien”. “Aquí la gente gasta con alegría --explica--, con más alegría que en la Feria de Sevilla, pero vienen mucho de fuera. Y dentro de la provincia de Cádiz, Sanlúcar es un sitio muy asequible. Unos langostinos, unas almejas y un pescadito, puede salir aquí por 45 o 50 euros por persona”.

¿Sabrá esos precios Zapatero? “Zapatero paga, o por lo menos, manda que paguen”, asegura Manolo Lazareno en el Mirador de Doñana, con ambiente marinero, decoración de camarote, sal que despierta el hambre y grandiosos bichos vivos que esperan ser admirados como veleros o comidos como bueyes. “El secreto está en lo natural del producto, y el sitio, el entorno, y la calidad humana”, dice su hermano Rafael. Allí es donde guardan igual que el Grial los catavinos con los que brindaron una vez Aznar y Blair, por el preacuerdo de paz en el Úlster, casi en la playa, como hamaqueros. “Queríamos llevarle los catavinos a la Moncloa y hasta cocer allí para él unos langostinos, pero ya no ha podido ser”, se lamenta Manuel. Presidentes, famosos... Quizá Bajo de Guía es una hermosa burbuja desprendida o un barco de púrura y lapislázuli atracado en el pueblo. “Aquí llega el presidente y pregunta: ¿qué, como están los langostinos?, y uno dice que cómo van a estar, estupendos”, comenta divertido Manuel. Y es cierto que están estupendos y a 84 euros el kilo ese día. En su última visita, Zapatero sólo saludó. No comió en Bajo de Guía, pero dejó ver su estela como la Virgen del Carmen, patrona de la gente de la mar, cuando la pasean en barcas con luces vivas y banderines de coral.

No estuvo Zapatero por los chiringuitos, donde podría haberse enterado de que la taza de gazpacho está a 2'50 euros y a 12 la ración de puntillitas. Tampoco pasó el presidente por El Colorao, en el que fue siempre el barrio marinero y allí simplemente llaman el Barrio, entre las calles donde nacieron Manolo Sanlúcar y Pajo Ojeda, el arte con hambre que da la tierra. Hay señoras con delantal en las casapuertas, una sencillez de pan en la mano o juegos parados de niños. En El Colorao, las familias, arropadas por el fútbol de la tele y por carteles de Jesulín de Ubrique que parecen ya viejos anuncios de Mirinda, comen pescaíto frito con una alegría diferente y purísima, como un verdadero acontecimiento. El otro acontecimiento allí es el domingo de pollo asado. Hay la distancia de un mundo entre Bajo de Guía y aquello. “Nosotros lo que queremos es que la gente pueda comer por dos pesetas y que salga satisfecha, pero siempre con calidad –dice Luis, el dueño-. Aquí una familia puede tomar sus gambitas y su bandeja de pescado y le sale a 10 euros por persona”. Allí no van presidentes, allí los camareros no parecen sobrecargos, pero sigue siendo Sanlúcar.

Lo que no parecía Sanlúcar, a decir de algunos vecinos guasones, era la Cuesta de Belén, baldeada, limpia desde por la mañana, sin la pringue que suele dejar la descarga del pescado fresco en la plaza de abastos, que le da olor a agallas y a manguera. Iba a pasar Zapatero, lo sabían todos, de vuelta del Ayuntamiento, y así lo hizo, procesionando. “Esto parecía la Semana Santa”, afirma un sanluqueño que lo vio. No pasó Zapatero por la otra calle paralela que lleva también al mercado, con un ambiente alegre de pajarería o de zoco. Aceitunas a granel, tomates de oferta (5 kilos, 3 euros) en balanzas de platillo, huevos que pregonan “muy gordos” a 1'80 la docena, señoras que venden camarones que aún saltan con la singular medida de un vasito de vino (1 euro el vasito). En los puestos de la plaza, con el pescado medio vivo con olor a tiburón y carteles de cristos que han terminado poniéndose cianóticos, el lenguado está a 16'80, las cigalas a 45 euros, y los langostinos que no probó el presidente están entre 20 y 30 euros el kilo, los más caros los atigrados, que parecen ciempiés gigantes del desierto. “No se los comería porque los vería muy gordos”, cree Rafael Llanera, pescadero que salió a la calle (algunos temían que les robaran el género en el barullo) y pudo darle la mano al presidente. “Me preguntó cómo estaba la cosa en Sanlúcar, y yo le dije que en verano medio regular pero que en invierno es una ruina, y él me contestó ''tranquilo, que hay dinero'' –asegura persignándose--. Palabra, por mi nieta que tiene tres años...”.

Del mercado con coquineras vestidas como su abuela, al centro, a la Calle Ancha, un salto como a otra ciudad que tampoco llegó a ver bien Zapatero en su rapidez. Allí ondean, como las velas de galeones en formación, los nombres de diferentes bancos y cajas de ahorro, hasta ocho en lo que abarca la vista. Es la Sanlúcar donde en inmobiliarias con miedo a la grabadora cuentan que no hay pisos de segunda mano en el centro por menos de 30 millones de pesetas y que los alquileres en verano, cerca de la playa, pueden llegar a los 2.500 euros al mes. Comercios, terrazas abarrotadas, camareros al sol con la calva colorada, lo que ve el forastero que, igual que Zapatero, no llega hasta las barriadas y sus desconchones de necesidad. Allí en la Calle Ancha, lo que sí llego a comprobar el presidente fue el precio de su querido laicismo, o más bien el de su derrota: todo el pueblo comenta que compró dos papeletas (20 euros cada una) de una rifa de un automóvil Honda a beneficio de la Hermandad de la Caridad, patrona de la ciudad. Y ya, la Plaza del Cabildo, palomas y gente mojadas por el sol y sus salsas, y Casa Balbino, con cabezas de toros en cucañas, con jamones totémicos, con los cofres del mar abiertos como cajas de música. No quiso probar los langostinos (27 euros la ración), por el agobio de la gente o por lo que significan de ostentación, ni las almejas (16 euros). Sólo su antojo de las tortillas de camarones (8 euros), que allí hacen con una secreta e inimitable orfebrería. Los langostinos los repartieron luego en la cocina, para los trabajadores de la casa.

Se fue después Zapatero, hacia Las Marismillas, donde cazaron reyes y otros presidentes contemplaron la belleza de ese atardecer que parece esparto ardiendo. No se quedó a vivir la noche sanluqueña. Podría haber ido a El almacén, antiguo ultramarinos del XIX que se conserva tal cual, con las copas de 4,50 a 5 euros y actuaciones; o a La mandrágora, decorada con fotos de cantautores y buena música, con tragos largos a 4 euros; o a La Herencia, en la Plaza del Cabildo, dispuesta como una iglesia gótica, con confesionarios sobre la barra y estatuas de monaguillos, con los cubatas a 5 euros. Allí, su encargado, Manuel Sánchez, parece el único que ese día abomina de la idiosincrasia de postal de Sanlúcar y se queja del paro, de su pobre nivel cultural, de su carencia de infraestructuras, de su abandono secular. Podría haberse quedado el presidente a las fiestas salseras de los chiringuitos de la playa (5 euros la copa también) donde las sevillanas juegan a ser caribeñas, y dormir por 106 euros en el Hotel Guadalquivir, de tres estrellas, desde cuya azotea se suicidan los sanluqueños. Pero se fue, habiendo rozado todo sin asir nada. Y no, no hay en Sanlúcar, uno de los pueblos más pobres de España según rezan las malvadas estadísticas, cafés a 80 céntimos. Como poco, 1 euro. Si acaso, por 70 céntimos podría haber probado un vasito de manzanilla a granel Viruta, en La Habana, en la Calle Santo Domingo, con oscuridad de catacumba y olor de vino en rama. Entre la realidad y Zapatero, hubo aquel día la distancia constante de su sonrisa.

Somos Zapping 12/08/2007

Maestría en sucesos. Si se quiere pasar de puntillas sobre ciertas noticias incómodas, lo mejor es meter primero muchos sucesos. Los sucesos, carne picada de los noticiarios, nos pesan con su peso de muerto la calidad de los informativos y la intención distraedora de los que los urden. Y en esto, Canal Sur representa la maestría. Meten tantos sucesos que pronto, seguro, los informativos los dirigirá Paco Lobatón escoltado por sus buitres como amas de llaves. Yo quería ver cómo enfocaban la imputación al Ministerio de Fomento por aquel desastre de la A7, o la imagen de los trabajadores de Delphi apuntándose al paro (“los trabajadores de Delphi se inscriben en el paro a la espera de su recolocación (!!!)” era el titular cómico y creyente a la manera de Zapatero que eligieron). Yo quería ver todo eso pero tuve que esperar veinte minutos en los que enlazaron apuñalados, violaciones, incendios, ahogados y defenestrados. Luego, claro, lo de Delphi o lo de la A7 parecía un leve nubarrón del verano. Qué maestría...

Hambre de baloncesto. No soporto el fútbol que nos pone ahora la televisión, esos trofeos de verano con equipos paquete y público de barbacoa, donde los jugadores de aquí salen todavía con el cubata o la piña colada y los que vienen de fuera parecen esos grupos que tocan la quena en la calle. Canal Sur intenta glorificar esas noches lacias en las que nuestros equipos se mueven como golfistas, pero su fútbol cargado de cocos y su retórica prebélica me aburren como la playa. Lo que pasa, claro, es que yo tengo hambre de baloncesto, ese deporte de astronautas en la tierra. Hasta vuelve uno a quedar con los colegas para echar unas canastas, habitual y patético intento de los treintañeros por recuperar lo que ya se perdió hace mucho, la puntería y el fuelle, la juventud y el driblin. Hambre de baloncesto, ganas de que empiece el Eurobasket. La selección con más talento que hemos tenido, con rayos en las manos como los dioses, se entrena en Cádiz y sin embargo en La Nuestra sólo veo, como siempre, la cara de higo de Lopera, el culito de Shin Chan (ya saben que así llaman los sevillistas al logotipo del centenario bético), defensas fichados entre estibadores, confesiones idiotas de tuercebotas y meapilas. Los campeones del mundo, atletas con postura de constelación, se preparan aquí pero no aparecen, no consigo verlos en Canal Sur, donde sale repetido cien veces cada remate de cabeza de los equipos segundones. Aquí basta el furbo como nos basta la plazoleta.

Apagones. No sabe uno, de todas formas, si esto de no ver a nuestros chicos de oro del baloncesto en Canal Sur nos ahorra penas y vergüenzas. Así no nos encontramos con la fea noticia de que pasan un calor inhumano en el pabellón de San Fernando porque no hay aire acondicionado, sólo abren las puertas para que entre el fresquito como hacía mi abuela (¿tendrán botijos en los entrenamientos?). Claro que esto no es nada comparado con lo que pasó el otro día en el primer partido de preparación, en Jerez, donde saltaron los plomos y se fue la luz. “En Andalucía puede ocurrir cualquier cosa, pero igual que en el resto de España”, decía tontamente alguien que entrevistaba La Sexta. Mientras, Andrés Montes e Iturriaga hacían chistes (“ahora va a empezar el concierto”, o algo así creo recordar que decían) y se preguntaban si los venezolanos con los que competíamos se habrían sorprendido de que en Occidente también se fuera la luz. Sí, se fue la luz como en las películas de vampiros y, sin dejar el terror clásico, uno se imaginaba a los técnicos trajinando con brutales interruptores diferenciales como guillotinas, igual que los que manejaba el doctor Frankenstein... Tercermundista fue aquello. O no, miren. A lo mejor es que nos estamos acercando al nivel de Cataluña. Después de ese apagón en Jerez, en directo para la televisión, si empiezan a colapsarse nuestros aeropuertos y a atascarse los trenes de cercanías con cascotes o con vacas, es que ya estamos llegando al liderazgo económico del país, como ellos. Ciertamente, aquello fue una prueba de que nuestro Estatuto de Autonomía se está desarrollando tan brillantemente como allí. Bendito apagón. Y yo creyendo que aquello nos estaba dejando de nuevo como zulúes...

9 de agosto de 2007

Los días persiguiéndose: Langostinos presidenciales (09/08/2007)

En Casa Balbino, donde cuelgan cabezas de toros asesinados por jamones y artículos de columnistas castizos igual que escapularios, me dijeron una vez que allí hasta el más tonto pide langostinos. Casa Balbino, llena de exvotos del hambre, vino salado y bichos con cáscara, junta a las clases ante el comedero del mar, un mar que en verano ya huele de lejos a freidor. En su mostrador he visto contar patitas a curritos y concejales, funcionarios y artistas, guiris y vinateros; he visto la convidada babosa del empleado al señorito; he visto sibaritas y pobretones, domingueros y roneadores, la democracia meneando el bigote. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron, unos langostinos como de caoba, unos langostinos en orfeón, unos langostinos para comulgar. Ahora que el sol del verano hace harapos con el cielo de Sanlúcar, en las tardes como un altísimo balcón que se desprende, la gente celebra su casta o se venga de ella comiendo langostinos con manicura, y el presidente Zapatero desciende igual que un cazador de perlas a la cocina del pueblo, hacia un tumulto de pescadores descalzos y pinches de temporada.
En Sanlúcar, en la Plaza del Cabildo con palomas suicidas y palmeras ahorcadas en el sol, a Zapatero le pusieron, primero que nada, langostinos, ante los que todos, labriegos y príncipes, parecen que están cosiendo cremalleras. Los políticos saben que tienen que compartir con el pueblo los dioses de la tierra y el bautizo de su vino, y a su vez el pueblo gusta de ver a sus jefes rozándose en la taberna para comprobar que no se alimentan de ambrosía, sino del mismo pan que también cagan ellos. Para hacer política en verano hay que olvidar Delphi, la ETA, las autonomías que aupan sus alcázares, y centrar la estrategia en pringarse los dedos, mojarse el culo, enseñar los pies, que no hay nada que nos haga más humanos. Un presidente gana más votos pareciendo un hamaquero que cantando en el Parlamento arias de apuñalado. Todos lo han hecho porque así dejan las calles alfombradas de igualitarismo y muchos souvenirs para la plebe, que en Bajo de Guía todavía guardan los catavinos con que brindaron Aznar y Blair como gaviotas borrachuzas. Hasta el más tonto pide langostinos, me dijeron en Casa Balbino, donde manejan los camarones igual que tasadores de diamantes. En Sanlúcar, en realidad, los langostinos son ya como una garbanzada y el que sabe de verdad pide galeras, animales un poco egipcios y que hay que comer con cirugía. Los langostinos presidenciales eran como churros del verano, pero a Zapatero le sonaban a ostentación y los retiraron sin que nadie los tocara. El presidente, con camisa blanca, comido por los bañistas, lo que parecía era el heladero de España.

Foto: J.F. Ferrer

5 de agosto de 2007

Somos Zapping 05/08/2007

Televisión sin tiempo. El verano nos iguala a todos por los pies. El verano es una indecencia estética que sólo se salva por la alegre cercanía del sexo a la vista, evidente, desvelado. La televisión suele seguir las estaciones y se acomoda al resudor de la gente, por eso huele ahora a chiringuito y a sandía pisada. Sin embargo, en Canal Sur, que funciona a base de barreduras todo el año, el verano no supone este deschanclamiento radical. Los refritos, las videoteces, las galas larguísimas con los saldos de la tierra, las películas baratas, los programas para el personal que no se levanta de sus mecedoras, son los de siempre con alguna cara añadida y con otro nombre que parece más mojado, pero ya está. Sí, me doy cuenta de que Canal Sur es la televisión que se mantiene todo el año en su hoyo veraniego, en el rebozo de su dominguerismo. Poner a María del Monte por Alicia Senovilla, o que sea Carmen Janeiro la que nos presente los vídeos de chocazos en vez de Ismael Beiro, no es más que cambiar unas chachas por otras. Pero están los mismos sevillanistas mofletudos, las mismas marujas corraleras, el mismo bodegón con botijos y pan duro. No hay más novedad que una sobreabundancia de corridas de toros por la tarde, como nuestro ciclismo de establo. Canal Sur es la televisión no ya sin estaciones, sino sin tiempo. Veo a Rafael Cremades, que va a presentar a El Arrebato en una feria; veo a Juan y Medio como a Mary Poppins (¡también con El Arrebato!) ante sus niños sabihondos; veo un programa que uno creía extinguido, Furor, que se diría hecho con gente borracha, pero no, solamente parecen idiotas... Los veo y es imposible saber si son actuales o si se emitieron hace años. Ropavejeros, cansinos, repetidos, pestosos, con su eterno manguerazo de horterez. No es el verano. Canal Sur es así.

Un niño, niño. Su programa es inagotable, la olla sin fondo de la tarde. María del Monte es la musa de esta columna y uno ya se la imagina con sus atributos de una manopla y un cucharón. Los jubilados buscando el amor como la bolsa de agua caliente ya están un poco pasados y el nuevo filón ternurista lo han encontrado en las ecografías en directo, barrigas como de chicle y padres emocionados que no sabemos si es que no han conseguido cita en el SAS o es que quieren adelantar a los monstruitos de Juan y Medio empezando su estrellato en el útero. La cosa da para muchas gracias de partera y para ver a los padres andaluces orgullosos de la picha que se le ve al hijo. “¡Un niño, niño!”, exclamaba María del Monte ante la imagen de los testículos de un feto, para que luego salgan los modernos y las feministas queriendo desgenitalizar la sociedad y derrocar el androcentrismo y la falolatría. Los huevos gordos del niño eran la alegría de esta pareja (hubiera estado bien ver a Olga Bertomeu comentando la jugada) y toda esa celebración de la fertilidad y el macherío les hacía parecer padres amazónicos. Pero ellos querían que el niño fuera cantante “para que les sacara de pobres”, con lo que ya descubríamos que más que amazónicos eran genuinamente andaluces. Otro padre le decía a la señora que no descansaría hasta tener un “Miguelito” para poder ver con él el fútbol, ya ven cómo anda aquí la igualdad que pregonan los políticos y la consideración que aún merece la mujer como alacena de niños y juguetería para el esposo. Pues para esto sirven estas ecografías, para hacernos a los andaluces la primera foto granjera, tribal, antigua, de los machitos y las hembritas como dicen las señoras mayores; ese tipito de familia un poco a lo franquista que parece que es la que se sigue llevando paradójicamente en esta tierra tan remodernizada y progre.

Podcasting para Los del Río. Inevitable hablar de modernidad y RTVA... Esto es lo que le parece a Rafael Camacho, claro, porque a los demás nos suena a la madre de todas las paradojas. El antiguo vocero socialista y manejador de la máquina de atontar que es la RTVA ha presumido en una conferencia de la UNIA, y así nos lo hacían llegar los informativos, de su podcasting, sus descargas de noticias desde la web y la cercana maravilla de una televisión a la carta. Bajarse una actuación de Los Marismeños o una de las ferias presentadas por Los del Río en Canal Sur... Sin duda, imposible más modernidad.