24 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: El zoo (24/10/2008)

En el zoo de Jerez descubrí de pequeño que los animales olían a sol y a heces. La naturaleza con el culo pelado, sentada sobre sus cáscaras, bostezando y recibiendo manguerazos de sombra, me pareció más su hospital que otra cosa. Recuerdo que los bichos tenían algo de flacos, de dormidos, de pobres y hasta de impostores, medio salvajes como medio vivos. Nunca imaginé que aquello podría ser un día enseñanza y modelo para la reindustrialización de una comarca, aunque quizá las mentes preclaras de la Junta han pensado que allí los parados de Delphi tendrían la oportunidad de ver un reflejo de ellos mismos, también medio salvajes y medio vivos, un poco desdentados, un poco espantamoscas, con su fiereza quitada y tirada como un guante, conducidos, enjaulados, narcotizados, expuestos, largo y lento paisaje de sol en las barrigas y bocados al aire. Yo fui allí de niño, al zoo de Jerez, kioscos de pájaros, castillos de monos. Los animales y los niños se entienden, se reconocen, como todos los seres inocentes, habitantes del suelo, de las caricias y del tiempo infinito. Yo creo que los animales del zoo y los parados de Delphi también se reconocieron en lo que tienen de sombra encerrada, de duermevela, de expulsados de la jungla, de heridos de flecha, de día sin horas.

El zoo o una bodega, dos sitios donde se reblandece el tiempo y se ahogan flores machacadas. Dos formas de tumba o de intoxicación hacia donde llevan a los parados de Delphi en sus cursos de campamento, en sus merendolas o autocines. Yo estuve un tiempo impartiendo cursos a desempleados, y también a trabajadores y a empresarios. Ordenadores, ofimática, Internet, todo eso que siguen llamando “nuevas tecnologías”... Cuando empezaba, sucumbía a veces a la tentación de apartarme de lo que aparecía en la pantalla para explicar algún principio matemático o físico. Eran los propios alumnos los que me llamaban la atención, con razón, preguntándome para qué les iba a servir a ellos en el curro conocer los fundamentos del sistema binario o de la transmisión de señales digitales. No sé qué hubieran dicho si, jugándose ellos el futuro, les hubiesen llevado al zoo o puesto una película de mamporros. La Junta pretende que los trabajadores de Delphi pasen de los rodamientos a la aviónica, de la fresadora al microchip, pero les montan guarderías, les planean jornadas de guiri o jubilado, los llevan de excursión a alimentar palomas y macacos o a emborracharse de los perfumes lugareños. Y todavía tenemos que soportar el engolado cinismo de personajes como Antonio Pina, especie de vividor del desempleo ajeno, apelando a maniobras y conspiraciones de la derecha para explicar esta tomadura de pelo, este insulto a los parados, esta yincana de millones de euros que los entretiene del sofá al tobogán. Esto, que merecería un motín, mantiene sin embargo a los supuestos izquierdosos callados y en recua.

En el zoo pasta el silencio, se columpia el agua, se peinan las fieras. En el zoo las serpientes se aburguesan y las rapaces parecen sólo corcheas. El zoo es la naturaleza cuando se le lanza un dardo adormecedor y los cazadores se acuestan o se rinden. Cuando el dardo se le lanza a la izquierda, a los sindicatos, a los parados, su domesticación da este panorama de selva sin dientes y de león que bebe en un cántaro, negando en ese gesto todo lo que le quedaba aún de león.

Somos Zapping 19/10/2008

Joaquín x Magdalena. Joaquín Petit le terminó regalando a Magdalena Álvarez un bolígrafo, final muy apropiado para una entrevista toda hecha como de celofán y Corte Inglés (Petit es un poco como el típico dependiente pelusero de allí y hasta se rodea de las mismas músicas y perchas). Se lo regaló, según dijo, para que firmara “muchas cosas que le vengan bien a todo el mundo, pero, si le vienen bien a Andalucía, pues se lo agradeceríamos mucho”. Lo malo es que en manos de la ministra cualquier bolígrafo parece el de firmar catástrofes, así que aquél me dio miedo, como si fuera una invitación a demoler algo pronto o allí mismo, algo de lo que anda ella siempre demoliendo o agrietando, sus muchas cosas caedizas, hundidas, rajadas y caóticas. En cualquier caso, con regalito y miradas enredadas, yo creo que Joaquín Petit y Magdalena Álvarez quedaron un poco de novios. Puede que Petit, en realidad, quede siempre de novio con sus invitados, y por eso prepara un ambiente de seducción, se pone sombreros de medio lado, espera en las farolas que se fabrica para eso y regala flores en las preguntas. Otra manera de decirlo es que, en su programa, Petit parece reinar como un rano en un charco de babosería, sobre todo cuando se le acercan desde el poder socialista. La ministra dijo cosas para morirse de risa, como que el de Fomento es un ministerio “en el que te puedes lucir mucho” (ella se está luciendo a base de bien), o “soy mujer, soy andaluza, tengo unas características personales que pueden llamar la atención fuera y no en Andalucía”. Pero más significativos fueron los comentarios y las preguntas de Petit, que aparte algunas tontas como si es jugadora de mus o si merienda todos los días, nos mostraron todo el sesgo, el lacayismo y la docilidad que ya le conocemos: “¿Qué ha supuesto para Andalucía que usted, una andaluza, sea ministra de Fomento?”, “algunos que no son del Partido Popular como el señor Arenas también están muy interesados en no ver la realidad actual de Andalucía”... Y mi favorita: “Mujer, con carácter, andaluza, ¿tenía usted demasiadas papeletas para que las críticas de los machistas estuvieran ahí preparadas?”. Sí, ahora resulta que los que critican a una ministra nefasta es porque son machistas. En fin, que Petit parece cada vez más un curita del sociatismo, un colgador de sus chaquetas o un tanguista enamorado de sus jefes. Petit y Magdalena Álvarez creo que al final se fueron, entre hebras de gatos y de lunas por el suelo, como a él le gusta tan ridículamente retratarse, a hablar de su amor y otras servidumbres.


Paz en la tierra. Paz Padilla me cae bien: su naturalidad, su gracia un poco descoyuntada o gallinácea... Estoy seguro de que me reiría mucho con ella tomando cervecitas, lo que ocurre es que presentar un programa de televisión es diferente a contar chistes entre croquetas. Esta temporada de Canal Sur, que tampoco ha traído demasiada novedad aparte de unas cortinillas de continuidad que parecen sombras de tetas de colores, nos hemos encontrado con que Paz Padilla vuelve por partida doble, con un teleserie de la que ya hablaremos, y el show nocturno Paz en la tierra, que podemos describir como trastabillado y vulgar. A Paz Padilla, que tiene mucha gracia, no se le ha dado bien nunca, sin embargo, actuar ni leer tarjetitas, pero se han empeñado en hacer de ella presentadora, actriz, entrevistadora, imitadora, ayudante de mago y todo lo que tiene en el trastero para ella Canal Sur. Pero sus programas le salen a batacazos, se le enredan las palabras en las piernas o al revés, y es lo que vuelve a pasar en éste. A lo mejor la intención era hacer una Eva Hache andaluza, pero uno sigue creyendo que Paz Padilla, en sus programas, siempre parece que acaba de salir de la ducha y se ha encontrado en el plató de repente, sin saber muy bien qué decir ni a dónde mirar. El programa no es muy original: hay intentos de monólogos (malos), entrevistas en las que torpea mucho, frikis como Leonardo Dantés cantándole a los nombres de la picha o el Risitas magreando a un travesti, imitaciones como de mariquita en carnaval, parodias de canciones (Paz no sabe cantar, déjenlo), humoristas de mórbida flacura física y mental, mesas de marujas hablando de sus bajos y otras chorradas entre el ridículo y el espanto. Prefiero que cuente chistes en vez de verla patinar por este intento cutre de late show.

16 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: El viaje (16/10/2008)

El político va con su cestillo de votos, con su política como un platanal trasplantado, se lleva fachadas y cofres indianos y hasta el Parlamento de aquí como la fuente rodante de su pueblo, adornada, conocida, paleta, cementerio de palomas y plásticos y pipas. El político va con los moños y trapos de la tierra, con la feria cuchillera de sus gitanos y sus toneleros, con la rejería de nuestras manos hacia arriba, con las cocinas destechadas o los cielos hervidos, con su reino pobre y feliz igual que un reino de borriquillos. El político va lejos en el agua, como cañas o rifles que bajan con el río, o quizá es un mar, el océano lleno de caparazones de dragones o cascos de conquistadores, va hacia una Amazonia azul, hacia una pirámide bien hundida, hacia un sur de hielos forestales y ganado cabeza abajo, continente que cuelga secándose en el planeta. El político cuenta sus monedas, sucia arpillería de monedas, el precio como en esclavos que tiene su corona, dinero de huesos como un dinero de los caníbales; lleva todo el viaje contando lo que pesan los hombres, los votos, los países, la tierra, lo que le cuesta la carne comprada y los hijos por vender. El político va a por votos o a por marfil robado a elefantes que no hay, lleva bajeles y mozos para eso, baratijas y espejos para engañar a las tribus, ese aire a la vez de superioridad y de precaución de los desembarcados y de los traidores. El político, que será tomado por un dios a caballo, como aquellos soldados de Kipling, el político que tiene esperando en la orilla creyentes, campanarios, porteadores y novias, el político se va a llevar de allí todo lo que le quepa de patria en las alforjas.

El político ha planeado su viaje como un asesinato con huida, huida a través de selvas con cortinas o de esos trenes antiguos de encaje y farol, tan románticos para el asesinato como para la cena. América, trigal de la patria, altivez de poncho, hospital viejo de españoles a los que ahora el político saluda, usa, compra y luego asesina para llevarse sus corazones blancos, como de niños de coro, y amontonarlos aquí en Andalucía haciendo votos, que también los votos son blancos y huelen a inocente sacrificado en su primera comunión. Por la América del Sur, madero clavado en agua de lo hispánico, no saben nada de lo que pasa en Andalucía salvo que viene un señor invitando a café y chocolate, y allí, donde existe cierto complejo de faltarles padre o más familia, enseguida le regalan el voto, la fe y hasta a sus hijas en matrimonio, por que no se pierda el apellido, el vínculo, la raza. El político va con esa religión aprendida, el político sabe regarla con melaza, fiesta y madre patria. Por eso los representantes de esos emigrantes, esos españoles de españolidad macerada o de españolidad como un ajuar, hablan igual que yernos del político. El político busca andaluces que no lo conozcan, andaluces ciegos y sentimentales, con Andalucía como una película, y que podrían votar igual a un carruaje o a la Macarena. El político nos quiere poner uno o varios indianos en el Parlamento como en el casino, porque los indianos eran de casino y de barco de vapor y de tener una patria hecha de sombreros y domingos. El político ha ido cosechero, forajido o raptor hacia una América de nostalgia, rondallas y tribu, como a una Sicilia de lo español andaluz. Ha ido a por votos como a por especias, y el voto le sale al precio de los tomates o del vinazo. El político está acostumbrado a comprarlo y venderlo todo, es su oficio de manos sucias, y por eso sus viajes quedan venecianos, piratas, mentirosos y al peso. Yo creo que el político, además, se ríe mucho cuando queremos hacer literatura con sus infamias.

12 de octubre de 2008

Somos Zapping 12/10/2008

Modernidad telegráfica. Esa juguetería de nuestras sucesivas modernizaciones, las bombillitas y los falsos calambrazos tecnólogicos que la Junta usa para su propaganda, de alguna manera tienen su razón de ser. Aquí, donde desde la Revolución Industrial llegamos tarde a todo, la tecnología aún nos produce cierto complejo cateto que intentamos compensar convirtiéndola en una cosa ridículamente icónica, fetichista. Tuve que reírme el otro día cuando en Andalucía directo nos ofrecieron un reportaje sobre Jun, ese pueblo de Granada donde se ha experimentado la teledemocracia. Allí, animados por una fiebre tecnológica con espasmos de vudú, se les ha ocurrido nada menos que incorporar a su bandera la palabra “amor”, pero eso sí, “en código binario”: “01 11 111 010”. Y me reí porque ese “código binario” era... ¡morse! El viejo alfabeto morse, como si todavía hoy estuvieran intentando comunicarse con el Titanic. Se habían limitado a sustituir los puntos por ceros y las rayas por unos, lo que al parecer les produce un desmesurado vértigo de modernidad y un sin par orgullo pionero. Han vuelto al telégrafo como al plumín y ellos creen que se han montado en una nave espacial. No me digan que no es para reírse. Pues había que escuchar al alcalde adornando el hecho de palabrería pseudocibernética. No, lo que han hecho no sólo no es nada moderno, sino que además han quedado como analfabetos informáticos. Me explico. No es correcto decir que la palabra “amor” está escrita en “código binario” porque el código binario es sólo un sistema numérico posicional ponderado que usa base 2 en vez de nuestra conocida base 10. O sea, que el sistema binario codifica números. Para codificar caracteres en binario, como hacen los ordenadores, es necesario otro paso: hacer corresponder a cada carácter un número. Es decir, hace falta otro sistema de codificación más que realice esta asignación, arbitraria por supuesto. Por eso, “amor” no está escrito en su bandera “en binario”, cosa que no tiene sentido, sino simplemente en código morse. Si querían reflejar su pasión por la informática, y no parecer sólo fareros, tendrían que haber recurrido a los sistemas de codificación de caracteres que usan verdaderamente los ordenadores: ASCII, Unicode o UTF-8... Aún más, lo suyo hubiera sido utilizar, en vez de binario, hexadecimal, más corto y cómodo como bien saben los informáticos. Esa bandera los deja como adorando un telegrama en pleno siglo XXI. Y encima flipando de modernos.


La mirada sangrienta. No sé si prefiero al Paco Lobatón que lamía puñaladas en sus programas o a este otro de Regreso al futuro, especie de pasacalles de momias, frikis y rancios, como portadas antiguas del Teleprograma. Esta semana me encontré con que le dedicaban homenajes a aquello de los viejitos de Juan y Medio y también a Juanito Navarro, en una inaguantable mezcla de cuplé y bragueros. El caso es que volví a acordarme de él, curiosamente, viendo La mirada crítica, cuando durante un momento imaginé o temí que se pudieran haber unido tan tremendas fuerzas andaluzas de la televisión como son Lobatón y María Teresa Campos. María Teresa Campos cada vez me decepciona más. No sólo se enreda en la actualidad como atrapada en hojas de periódico, sino que se va escorando de la noticia al suceso truculento hasta hacer recordar las carnicerías de Lobatón. La vi departiendo con un colaborador sobre viejos detalles del caso Wanninkhof (descripción de regueros de sangre incluida), introducir más carnaza de ese estilo con la frase “esta semana han pasado muchas cosas desagradables”, y, tras un curioso desmarque (“me querías contar el caso este del caníbal y he dicho no, porque no quiero irme yo con esa cosa tan desagradable...”), continuar (mucho mejor) con las declaraciones de un hombre “apenas unas horas después de que tres personas le robaran, lo rociaran de gasolina y le prendieran fuego en vida”. Por fin, remató con “la mujer que entró en el hospital de Barcelona y apuñaló a dos enfermos”. Cómo añoro a Vicente Vallés. Aunque cualquiera sería mejor que este nuevo monstruo andaluz que vemos en las mañanas de Telecinco, el marujeo de la Campos con el injerto de los tentáculos sanguinolentos de Lobatón.

9 de octubre de 2008

Los días persiguiéndose: Adelgazar lo público (9/10/2008)

José Antonio Griñán, Consejero de Economía (cargo que en esta Andalucía de pobreza con resol parece sólo el de colillero mayor), ha dicho que no es “muy partidario” de “adelgazar” el sector público. Empezaron usando para la crisis eufemismos locomotores y ya han pasado a soltar puras metáforas del hambre, aunque lo hacen como los gordos. El hambre del necesitado es un contar y un tamborilear sus huesos, mientras que el hambre de los gordos es la bandeja que se dejan con sus propias carnes y morcillas. Sólo ellos, nuestros gobernantes autonómicos, que son gordos de lo público, triperos del presupuesto, culipanderos de su sillón, pueden hablar de “adelgazar” todavía con la boca azucarada, adelgazar por el colesterol o por el tipito, adelgazar como un niño glotón, como Rosa de España o como una novia que no cabe en el vestido, mientras aquí el hambre de verdad extiende telarañas por los bancos, las hipotecas, las grúas, las neveras y los estómagos, y los parados tienen la suya de garbanzos mientras la Junta tiene la del merengue. Adelgazar es una intención de la gula, no de la necesidad; adelgazar es esconderse los pasteles, no es comer junto con las gallinas pan esponjado. Adelgazar es la peor palabra que se puede elegir ante el flaco que sólo puede ser flaco, es exhibir como joyerío lo que les sobra de papada, es soltar un regüeldo de chacina entre comedores de gachas. Griñán dijo “adelgazar” cómo sólo pueden decirlo los zampabollos, porque esa palabra a los muertos de hambre ni les sale pronunciarla, como no le sale al pobre “langosta” o “golf”. Y todavía dijo “adelgazar” para negarse a hacerlo, como si lo hubiera dicho con una rosquilla en la boca y un lamparón de crema en la corbata.

Rabiosos se ponen nuestros orondos mandamases, gordos en el refrito de lo público, si se les intenta quitar las chocolatinas aun en época de crisis. El Observatorio Económico de Andalucía ha recomendado nada menos que dejar en cuatro las consejerías de la Junta y hasta eliminar las diputaciones provinciales, esos inútiles balnearios de enchufados, agradecidos y políticos quemados. Pero Griñán pronto ha dicho que no piensan adelgazar y que ellos se gustan así de redondos y satisfechos, bien criados y enlechados de dinero público. Ayer vieron en este periódico la indecente nómina de “cargos de confianza” de la Diputación de Almería, esos directores de “relaciones con entes supramunicipales”, de “centros de servicios múltiples”, de “prevención del cambio climático” a 3.500 eurazos mensuales. Imaginen lo que sumarán el resto de diputaciones y todas las consejerías, empresas e institutos públicos, consejos, comités y cenáculos. Esto es lo que han hecho con lo público, esta barra libre, esta orgía de gordos. Para ellos, no hay crisis ni dieta. Ahora que el dinero de todos va a salvar a los banqueros, los especuladores, los varios poceros, rebañadores y caníbales del sistema, parece que “lo público” está de moda hasta para los “liberales”, los que creían que el capital moviéndose por su peso era el perpetuum mobile de la riqueza. Griñán ha aprovechado este redescubrimiento o guapeado de lo público para intentar engañarnos con eso de que no se puede “adelgazar” ahora al único rescatador que nos queda. Pero es una falacia. Aquí lo público no es más que un comedero de pajarracos que no salva nada sino la voracidad nocturna de los políticos y sus convidados. En Andalucía, a lo público, mejor que adelgazarlo, habría que pasarle la guillotina o la trituradora. Ahora nos traen metáforas del hambre, mofa de los hartos de comer. Dan asquito como los gordos de María del Monte.

5 de octubre de 2008

Somos Zapping 5/10/2008

Churros mañaneros. María Teresa Campos tuvo una vez la mejor mesa de debate de España, pero el resto del programa era una cocinilla. Lo que le ocurre a La mirada crítica conducida por ella es que, de alguna manera, uno sigue esperando colchones de látex o que salga Rociíto por los tendederos. No es lo mismo un magazine de mesa camilla que un informativo mañanero, y a María Teresa Campos la veo torpe, lenta y embarullada en el arte de la pregunta, en el análisis político, en la lectura de la actualidad, como si se estuviera cambiando constantemente de gafas sin encontrar las adecuadas. Compararla con Vicente Vallés o Monserrat Domínguez no tiene sentido. Ellos traían en la mañana tinta y bisturíes, y María Teresa Campos sólo parece traer churros. Creo que esto no es lo suyo. Está tentado uno de pensar que, otra vez, ponen a una andaluza porque canta las mañanas en vez de hacerles radiografías.


Mi presidente”. Yo no quería hablar tanto de María Teresa Campos como de Chaves (“mi presidente”, dijo ella), al que invitó esta semana para una entrevista algo descolocada. Sí, porque cuando en el mundo se despeña el dinero y los bancos se hunden como paquebotes, traer a Chaves a hablar de la crisis global es como traer a un gorrilla. Seguro que desde Wall Street a Bruselas todos estaban pendientes del análisis de Chaves, campeón orgulloso de los pobres, de la economía del mendrugo, aquí donde sólo engordan el paro y los globos de la propaganda. Chaves hizo lo que se esperaba y se agarró al terremoto de Manhattan, a pesar de que nuestra crisis, aun agravada por esta global, sabemos que viene de otro sitio (el ladrillo). Chaves tuvo frases para ponerlas en neón: “Nadie puede achacarme que no hayamos adoptado las medidas necesarias para afrontar la crisis económica, es decir, para favorecer a los ciudadanos y ciudadanas que pertenecen a los sectores más desfavorecidos”. Claro: primero negaron la crisis, luego la quisieron solucionar con “concertación social” y otros pintalabios, y por fin vamos a salir de ella repartiendo sopitas a los pobres, los parados o los ahorcados, en vez de buscándoles trabajo. Brillante. Habló también de la RTVA con un beatífico cinismo: “Tendrá el primer director elegido por el Parlamento, y no designando por el Gobierno”. Pero si la elección de Carrasco ha sido suya, y la van a sacar adelante con su mayoría absoluta... ¿qué diferencia hay? Por supuesto, no faltaron referencias al Arenas perdedor, en ese estilo de Chaves como de malo de Rocky, y, luego, remató así: “Esa línea de fractura entre el norte y el sur de España, un norte desarrollado y un sur subdesarrollado, ya ha desaparecido”. ¿De veras? Después de esto, casi deseé volver a ver a María Teresa Campos tirando macetas por los balcones.


Sexología de Omaíta. El nuevo programa de Paz Padilla no cabe aquí entero como no caben sus piernas. Hoy sólo me voy a centrar en lo que se formó el otro día alrededor de su colaboradora Olga Bertomeu, especie de sexóloga de las dentaduras postizas o de los melonares. Esta mujer me desconcierta porque es como si te hablara de sexo Doña Rogelia. Se refiere siempre como a un sexo de las suegras, un sexo sequerón y de otra época, y además muy bastamente. Añoro a Lorena Berdún, que explicaba más cosas sólo con las manos y los ojos que Olga Bertomeu con todo su desparramamiento de bajos. Le escuché decir que el sexo ocasional entre desconocidos “no era sexo” y que en la vagina “no se siente nada”; cayó en ese viejo estereotipo de que la mujer es “sentimental” y llegó a recomendarle a un hombre impotente al que el médico había recetado una inyección intracavernosa (así sería de grave su disfunción) que recurriera a “métodos más divertidos”. Menuda sexóloga. Le faltó alabar el método Ogino. Pero lo más vergonzoso llegó cuando la sentaron con unas marujas, sobre todo una tal Anselma, incontinente verbal y bajuna hasta el sonrojo, que llamaba “yaculá” (sic) a sus orgasmos o quizá a sus risotadas. Hubiera sido lo mismo si en vez de a Olga Bertomeu y a estas señoras hubiesen llevado a la familia de Omaíta. Seguro que con ella aprenderíamos tanto o más sobre sexo y sobre educación.

Los días persiguiéndose: El frío repartido (2/10/2008)

Ni la lujuria del dinero, ni los cowboys que cabalgan bombas como en lo de Kubrick, ni las biblias remachadas con balas. Siempre he pensado que una de las mayores y más brutales diferencias entre Estados Unidos y la Europa más avanzada (u otros países como Canadá) es que allí los hospitales te pueden sentenciar a muerte por pobre. Un amigo me insiste en que, a pesar de haber nacido allí la democracia moderna, Estados Unidos es el imperio más cruel de toda la historia. No sé, hay demasiada crueldad en nuestra historia para atreverme a hacer escalafones. Aun sin misiles atómicos, no sabría yo dónde colocar las satrapías persas, Roma, el Imperio Otomano, o los mismísimos Alejandro y César (sólo hay que leer a Plutarco para concluir que eran verdaderos hijos de puta, aunque sus degüellos se cuenten con épica y hasta Dante colocara a Bruto y a Casio junto a Judas, devorados eternamente por las tres bocas del Diablo). Dejemos la política exterior de Estados Unidos en cínica y en oscura, por lo menos, pero el que allí sean las empresas aseguradoras las que pasen la guadaña por las salas de espera siempre me ha parecido escalofriante e incomprensible. Recomiendo la película Sicko, de Michael Moore, que aun con la boutade final de irse a Cuba, describe a la perfección ese sistema en que los enfermos reciben la vida o la muerte en facturas desglosadas. Quizá sea cierta mentalidad calvinista del lugar, tan decisiva, lo decía Tocqueville, en el desarrollo del capitalismo americano. O sea, eso de “que se haga mi voluntad, con ayuda de Dios”, que quizá termina para ellos en que Dios le da a cada cual lo que merece, normalmente medido en dinero. Pero sigo creyendo que la atención sanitaria gratuita y de calidad para todos debería ser un derecho fundamental en cualquier sociedad verdaderamente civilizada.

Incluso con esos derechos, aquí no dejamos de morirnos. Nuestra sanidad pública no rechaza a nadie, pero otra cosa es que a veces reparta frío y escasez, mientras nuestros gobernantes ratean el dinero o lo dedican a una indecente propaganda de brillos y ciencia-ficción. Andalucía es paradigmática en eso. Las urgencias se colapsan, los hospitales se apañan con médicos insuficientes, abusados, multiplicados o recién despertados; faltan medios, equipos, sitio, líquidos y hierros. Pero la Consejera de Salud busca fotos cuando separan dos niñas siamesas, Chaves nos sigue vendiendo lo de las habitaciones individuales (“camas individuales”, han llegado a decir), las listas de espera se maquillan y aquí todo lo van a solucionar las “células madre”, de las que no dejan de decirnos que somos pioneros, padrecitos, primeros jardineros. Este artículo ha venido de ver la foto de Bernat Soria repartiendo la cosa de la sanidad pública como pastillas de la tos, que a lo mejor se queda en eso con la crisis. Recordé que, hace poco, un amigo biólogo molecular me comentaba con amargura y sorna la gran mentira pirotécnica de las terapias génicas (un fracaso aún) y de las células madre, y también la mediocridad científica de Bernat Soria o de la ministra Garmendia, impulsados sólo por el arrimamiento político y la propaganda. “Con la biología celular están jugando –me contaba--, no tienen ni idea de lo que va a salir, lo que pasa es que de tanto jugar a veces sale algo. Si ni siquiera a nivel macromolecular terminamos de entenderlo todo, ya a nivel celular ni te digo”. Esto no es Estados Unidos, pero también se muere gente en los pasillos. Mientras, lo que nos dan los políticos es anestesia, autobombo, marcianos que nos salvarán y ese frío repartido en cuchillos y cucharadas de pobre de los hospitales.

Somos Zapping 28/09/2008

Dibujitos con cuota. Es como la ministra de los escombros, la jefa de los cajones volcados del Gobierno, especie de grúa de demolición de todo lo que habla y toca. Magdalena Álvarez hace descarrilar las montañas, avolcana las ciudades, erige un caos de vigas y papeles, nos sepulta en barreduras y manda con orgullo y suficiencia en los cristales rotos del Estado. Es un cataclismo enfurruñado, un reguero de pólvora, un gafe con tijeras, una gobernanta a patadas. No sé qué maldición hay en la cuota andaluza de los gobiernos de Zapatero que sólo nos deja demonios de Tasmania como Maleni, abejitas Maya como Carmen Calvo o un tocador de mi pequeño pony como Bibiana Aído. Parece, ya ven, que estamos condenados a ser los dibujitos animados del gabinete. Señoritas Rottenmeier, payasetes con tarta, armaritos de Barbie, sombrillas de Penélope Glamour; piñata de incompetentes, majorettes, chincheteros, columpiadores, huelemargaritas. A Magdalena Álvarez, que parece el ama de llaves quemada de su casa quemada también, la hemos tenido que ver esta semana en todas las televisiones desafiando al diputado del PP Andrés Ayala a que le dijera ciertas cosa “en la calle”. O le traicionó el inconsciente o es que no tiene ni pajolera idea de lo que es la inmunidad parlamentaria, que no se limita al techado del Congreso. El caso es que a la ministra se le descompone la cara con la chulería casi tanto como con la ineptitud. No sé si quedarme con el momento tabernario ante Ayala o con ese vídeo que anda por YouTube en el que decía que “el aeropuerto de Barajas es muy grande” mientras se liaba con los papeles como si fuera Carmen Hornillos. En el Gobierno, los andaluces son la cuota reservada para los dibujitos. Los políticos que criamos por esta tierra no dan para más. Y lo peor es que los castañazos que se pegan, los tutús que se ponen y los petardos que les explotan en el morro no tienen ni maldita gracia cuando se trata de dirigir un país.


Lluvia y desahogo. Menos mal que llovía, que en los garajes entraban canoas, que los tenderos se vestían de buzo y Canal Sur tenía que salir con botas de agua como entre tentáculos. Menos mal que llovía en este desierto informativo, porque así la vergüenza de lo que ha ocurrido con la deuda histórica quedó bajo un barro de neumáticos, tomates, tinajones y máquinas de coser llevados por la riada. Las noticias de Canal Sur fueron paragueras en esta semana en la que el gobierno autonómico debía dar la cara en el Parlamento por el escamoteamiento de la deuda histórica pero de nuevo sólo pareció enseñar sus nalgas como sonrisas, o al revés. En Andalucía llovía a grandes cubazos, con el agua como cáscaras, y eso echaba toldos sobre la bellaquería igual que sobre la verdad. Después de las inundaciones, los breves minutos dedicados a la política parecían en las noticias de Canal Sur un hojita flotando. Aun entre las paletadas de cieno de toda la semana, llegué a ver a Griñán declarando “improrrogable el plazo [del pago de la deuda]”. Sí, ya nos damos cuenta de lo puntuales que van en los plazos, tanto que creo que la deuda se llama histórica por lo que están tardando los socialistas en hacer que nos la paguen. También vi al ufano Pizarro, al que la meteorología de estos días le había dado pinta y habla de husillero, regalándonos este tartajeo de humor negro: “Los socialistas en esta cuestión tenemos la conciencia muy tranquila... Sí, la conciencia muy tranquila; sí, mucho, la conciencia muy tranquila... Y la cabeza muy alta, y la cabeza muy alta”. Y la carita, ¿cómo tienen la carita? Estos eran los verdaderos desahogados traídos por la lluvia y el marmolaje facial de los socialistas, no los que luego mencionó Chaves refiriéndose al PP.


ZZJ. Rafael Camacho, voz de su amo, lacayo lengüetero del poder, parece que tiene ya para los socialistas digno recambio. Se trata de Pablo Carrasco García, que ahora dirige la productora ZZJ, muy engordada por la tele pública andaluza y responsable entre otras joyas de La tarde con María o Menuda noche. Acertaron poniéndole a la productora ese nombre mezcla de sueño y asco. Desde luego, su director parece el candidato perfecto para seguir acumulando basura, sumisión y atontamiento en la RTVA.

26 de septiembre de 2008

Los días persiguiéndose: Andalucía, nada (25/09/2008)

Mientras el PP andaluz hacía en Córdoba su congreso de sueños marineros, en Madrid, Esperanza Aguirre hacía el suyo entre el karaoke y la bolera americana. Esperanza Aguirre es la ambición rubia a lo español, un poco lo que comentábamos de Madonna la semana pasada, inteligencia y fuerza de mujer superviviente, guerrera, con algo de dominatriz para cierto tipo de machos amenazados o desplazados. Con dudas, yo soy más de Gallardón, del que ya he dicho que, o bien es un político verdaderamente excepcional, o el más hábil de los tramposos. De todas formas, una fiera de la política, más seductor y más prestidigitador que Aguirre, más látigo de seda que guantelete de hierro, más veneno en el vino que en las flechas. Pero aun tratándose de dos candidatos a suceder a Rajoy (hay quien sólo piensa en él en pasado), fue significativo que a los titulares nacionales llegara incluso que Esperanza Aguirre había subido a su gloria con la canción Mamma mia, mientras que los tambores agitanados de Arenas parecía que sólo ocurrían en una cocinilla de este país, que eran algo montado para el servicio, para los pelagansos y lavanderos de una política menor. Pensé que, de nuevo, Andalucía era pequeña o invisible en España. Contaba más el pinchadiscos que ponían en Madrid que el asalto a las Tullerías que se planeaba en Córdoba.

Lo dicen cada vez que hay elecciones, que Andalucía es un granero de votos, pero parece que la nuestra es una pesantez temporera y una cosecha que se pudre pronto o se llevan en el pico el viento o los pajarracos. Me refiero a esa contradicción que existe entre nuestro gran tamaño y lo poco que representamos políticamente en España, que al final deja el peso de ese granero en un montón de cáscaras. Creo que esto es así porque nuestros gobernantes autonómicos sólo tiene dos actitudes. La primera, cuando a España la gobierna el PP, es la confrontación; estrategia de no conseguir nada para echarles la culpa luego en las siguientes elecciones. La segunda, cuando el gobierno es “amigo”, lacayismo y entrega a los intereses de ese gobierno, aunque se opongan a los de Andalucía. En cualquier caso, sumisión a la conveniencia partidista del PSOE. Andalucía no cuenta ahora porque su voz es una reverberación del gobierno de Zapatero y, cuando mandaba el PP, era sólo una llorera que sacaba beneficios electorales de cada cosa que iba mal (otra vez eso de “cuanto peor, mejor”). Comparen a los socialistas andaluces con los catalanes, a ver si Montilla refrena sus reivindicaciones para no hacerle feos a Zapatero o emborronarle sus cuentas de ratoncito a Solbes. Pero aquí la deuda histórica vuelve a guardarse en el cajón y en el sudoku del dinero somos los últimos de la fila.

Nos han hecho mudos, invisibles, laterales, apenas un calzo que el PSOE coloca en su mapa para que no se le termine de descolgar todo, algo como su criado enorme y bobo, su pachón grande y pulgoso. En la política nacional no tenemos voz, intención, discurso, presencia; de los medios recibimos ninguneo y del país, lastimita. Por eso lo que canten en la comunidad de Madrid será siempre más importante que lo que hambreemos o luchemos en Andalucía. Somos como un gigante talado, como un gran apellido arruinado, como un muñón que se arrastra, tamaño sin fuerza, no más que sombra y peso muerto. En España nos asignan el sitio de la leña, nos mandan entrar por la puerta del lechero. Alguien se ido ha encargando de que sea así. Han conseguido que no seamos nada, y los siguen votando.

22 de septiembre de 2008

Congreso PP-A: Hambre de gobierno (22/09/2008)

Hasta el triunfo llega un momento en que parece farolillos tirados. El domingo de clausura era una mañana de barrenderos cruzándose con resacosos, mientras Córdoba escalaba montañas de nubarrones en el horizonte. Pensé en la crisis, que moja todas las fiestas con ese mismo tamaño inabarcable de la tormenta. Arenas ha salido triunfante y magreado, pero el congreso estaba montado para eso como si fuera su despedida de soltero. Muchas veces durante estos días se me ha venido a la mente una frase de Amanece, que no es poco, esa maravilla tan simbólica y venenosa de José Luis Cuerda, cuando aquel paisano celebraba la llegada del alcalde gritando: “Todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. Este Arenas ontológico, verdadero centro del congreso, y el PP sobón que nos han enseñado a su alrededor, me han parecido una exageración y, aún más, una fealdad innecesaria. Pero estos congresos, estos ceremoniales políticos, son danzas mahoríes. Todo está ya decidido, planeado, dicho de antemano, pero sin la gente vibrando, como guijarros sobre un altavoz, las ideas desnudas aburren igual que las ecuaciones y, sobre todo, no asustan a nadie.

El domingo, día como detrás de una cortina para el PP andaluz, el lema del congreso pasó de “Andalucía en el centro” a “el cambio ya está aquí”. El cambio es una palabra que han usado todos, una palabra barata. Hasta Chaves sigue diciendo que el cambio es el PSOE, como si sólo se tratara de la muda de su pelaje viejo. Si el PP quiere gobernar en Andalucía, no le bastará con enseñar esa palabra tatuaje, sino que tendrá que ir explicando ese cambio, no sólo con papeles, sino con hechos, andanzas. Ayer, Javier Arenas, con clavel en la solapa, y aun con todos los bolsillos llenos de diminutivos (otra afectación suya de este congreso) hizo en su discurso todo un programa de gobierno con revoluciones y demoliciones frente a la soberbia y la vagancia de Chaves y el talante (“talante detrás y delante”, dijo) de Zapatero. Si llega a presidente de la Junta, no vivirá en palacios con palcos en las alcobas y despachos alicatados de millones, no permitirá que la elecciones andaluzas coincidan con otra, sólo estará 8 años, comparecerá cada semana en el Parlamento para contestar a las preguntas de la oposición, limpiará a la administración de enchufados, saneará lo público, hará que la educación deje de producir parados en serie... Sólo le faltó decir, como Guerra, que a Andalucía no la va a conocer ni la madre que la parió. Recordé algo que mencionó Beneroso el sábado: cambiar personas, un partido por otro como sillas de sitio, no sirve para nada. El cambio tiene que hacer temblar todo el maderamen de esta Autonomía, porque para el maquillaje y el fregoteo por encima, ya está el PSOE. Lo que sigo sin entender es a qué clases de hipotecas tiene que atender a Arenas dentro de su partido para sacar, en medio de los problemas que nos asfixian y tras enumerar una larga ingeniería de soluciones para nuestro males, esas obsesiones curiles del aborto, el “adoctrinamiento” de EpC y otros eslóganes del cuerpo místico de la derecha.

Rajoy llegó como si lo persiguieran en un zoco y se sumó luego a las ganas de cambio aunque no se acordaba de los años que llevaba aquí el PSOE. No sé si Rajoy le conviene al PP andaluz, no sé si aún hace daño, porque quizá es todavía como el paraguas que se dejó olvidado Aznar. Lo presentaron con un vídeo en el que se le oía decir “he estado mucho por aquí”, pero a lo mejor ése es el problema. Ha sido un congreso de hambre de gobierno y de atornillamiento en ese centro que a veces se les ve y otras se les emborrona. Lo mejor, la participación de organizaciones sociales, ese soplo tan nuevo aquí, donde todo es partidismo orgánico y el ciudadano se limita a ser una máquina de votar cada cuatro años. Ahora queda que el cambio pase de intención a realidad. Y eso ya no es una fiesta, ni una coronación, sino un trabajo herrero inmenso como la misma Andalucía.

Somos Zapping 21/09/2008

Corruptores. Recuerdo cuando septiembre olía a lápices de colores como recién talados, a libros como sábanas limpias, a un azúcar de lo nuevo amontonado. Lo que no recuerdo es que oliera a político, a baba de político, a manaza de político como de viejo verde allí entre los niños. Nunca vinieron a visitarme políticos al colegio, pero eran otros tiempos. Tan pequeños, ya hacíamos muchos diagramas de Venn y muchos quebrados con algo de jeroglífico y de naipe. Creo que los políticos empezaron a invadir las escuelas a la vez que comenzó a idiotizarse la educación. Creo, en realidad, que lo segundo es consecuencia de lo primero. Creo que los políticos se acercan a los colegios para asegurarse de que producen desde muy pronto los ciudadanos incultos y aborregados que les interesan. Vi en Canal Sur la noticia del comienzo del curso escolar, los lloros de los niños, aquella colonia nueva que ponen las madres el primer día, la vuelta a la fila, y, luego, como mandan estos tiempos, el político: Chaves, en mi pueblo, en un colegio de Sanlúcar, en una estampa repugnantemente castrista de niños usados como monitos para moverle banderas al poder. Le regalaron un dibujito de él con chiquillos de la mano, un dibujito que uno imagina encargado y muy planeado desde los despachos políticos, indecente propaganda a costa de los más pequeños. Me dio ese asco que dan los pervertidos, los tocapichitas. En la escuela, los políticos ya no son sólo corruptores del conocimiento, sino de la inocencia.


Andaluces colilleros. Entiendo por qué lo consideran peligroso. Gallardón seduce, ante el pueblo habla como sacándolos a bailar, sabe mezclar la política con cierta desnudez de su corazón, con poemas y sueños de la infancia; no va de salvador ni de leñero, transparenta sus dudas y hasta sus debilidades, quizá fingidas; parece que le han inyectado el suero de la verdad. Es una bestia política. Lo escuché con atención y puede que con miedo, en la encerrona de Tengo una pregunta para usted. O tenemos a un político excepcional o tenemos al peor de los tramposos. En la arena del pueblo, le sacaban los mendrugos de la crisis, las dobleces de la ideología, la religión de los partidos y de los nacionalismos, hasta que un andaluz, un joven sevillano, tuvo que dar la nota. Después de declarase “ateo político” y confesar que no sabía nada de política ni de historia porque le había tocado la Logse, le hizo la única pregunta que según él podía hacerle, la pregunta de los gorrillas, de los tiesos, de los pasotas, de los tirados: “¿Tiene un sigarrito?”. Y de repente vi a todos los andaluces en ese papel triste, vergonzoso y quizá real, el de aparcacoches, menesteroso, superviviente de la calle, pillo, sableador, esquinilla, colillero, despreocupado de los grandes temas, al sol de su indolencia, de su pasividad, de su ignorancia asumida, de su rendición que le parece hasta simpática. No era el cinismo de Diógenes de Sinope ante Alejandro, según aquella famosa y seguramente falsa anécdota, era toda una confesión orgullosa de pobreza material, mental, física, de la ausencia de toda voluntad, criterio, ganas, fuerza, esperanza, expresada en ese cigarrito, todo un símbolo de lo que han hecho de Andalucía sus gobernantes. Tenía que ser un andaluz. ¿Por qué tiene que ser siempre un andaluz?


La botella colorá. En la televisión, lo andaluz nunca es casual. Tiene un cometido, un rol, es una máscara griega del chistoso, el ignorante o el pobre. No sé si el anuncio se ve fuera de Andalucía, aunque supongo que sí. No creo que se haga un anuncio de detergente diferente para cada autonomía. Éste al que me refiero es de Ariel y saca a dos vecinas balconeras de marcado acento andaluz. Una le pregunta a la otra, que va de blanco impoluto, “cuánto se gasta en detergente”. “Poco, yo compro baratito”, le contesta. El anuncio termina recalcando que el detergente tan apañado y barato, ese “Ariel básico”, es “el de la botella colorá”. No roja, “colorá”. El pobretón tiene su detergente básico para pobretones; el pobretón es andaluz y el color de la botella del detergente, también. Lo menos que se despacha, parecen decir, es lo que nos corresponde. ¿Será la deuda histórica otra “botella colorá”?

Congreso PP-A: Braveheart (21/09/2008)

El día de la apoteosis de Arenas, la gente le fue haciendo desde temprano escalinatas, jardines, pirámides. Este congreso ya parecía ayer la playa de Troya, con ruido de escudos y el templo de Apolo a la vista. Traían para el asalto sillones desde fuera, como si fueran catapultas, madres o novias de soldados y naves de Madrid. A Javier Arenas lo están haciendo héroe de una manera escultórica, carolingia y un poco ridícula. Ya le inventan hasta milagros, y aunque todavía no han dicho que nació de una virgen o que lo sumergieron en la Laguna Estigia, Antonio Sanz le atribuyó el primer día la hazaña de haber recorrido Andalucía 8.300 veces. Poco antes, los que estábamos en el pabellón creímos que nos iban a pisotear caballos o que Excalibur nos iba a rozar la espalda cuando sonó una música épica entre Braveheart y la venganza de los Sith. Desde la mesa del congreso, lo que seguía pareciendo Arenas era un Robocop que daba abrazos. Se están pasando, y aunque este PP andaluz es decididamente presidencialista, en política aún debería haber diferencia entre la unanimidad y el chamanismo. Todavía no había hablado Arenas, pero ya dejaba estampas de Imperator y hasta de madonna renacentista, cuando ayer se le acercó su hijo pequeño para sentarse en su regazo, seguido por todas las cámaras. Estuvo feo usar al hijo para la foto, que los políticos así recuerdan al hombre del saco y a que lo suyo consiste en engañar con piruletas. Hay trucos, arengas y estética de guerra en este congreso en el que a Arenas se le entregó ayer una espada flamígera. Pero es la misma guerra de siempre aquí, en la que ya deberían saber que no bastan los timbales y el vudú.

La mañana preparaba sus alfombras y todo parecía un preludio wagneriano para Arenas, crescendo escenificado por ponentes, invitados y la voz un poco afónica o con bufanda de Teófila Martínez. Cuando se empezaron a votar resoluciones, esas cosas que hacen en estos congresos para que no se crea que todo ha sido una peregrinación, hubo quién manifestó la duda de que se hubieran repartido cartulinas con el “no”. En esto, todavía no hay distingos entre partidos. Los partidos cantan a la democracia hacia fuera, pero hacia dentro lo que hay es filas de soldados y órdenes con señorío y verticalidad. Llegué a ver dos noes, cuando se votaba la ponencia sobre su “andalucismo constitucional”, pero nadie se acordaba ya de ellos cuando los refuerzos, de aquí, del resto de España o de un dulce limbo de no-muertos, volvieron a florear a Arenas y a hacer rodar por el salón las cabezas de Chaves y de Zapatero, como pelotas hechas de calcetines: Soraya Sáenz de Santamaría, que parecía una niña con cerillas; Esperanza Oña, descargada para el evento de sus abalorios y collares de candelabros; Pío García Escudero, que empezó hablando de toros; y Gallardón, como un relevista de sí mismo. Tuvimos hasta una aparición enlatada de Manuel Pimentel (él ya era el centro antes de que Arenas enmarcara esta consigna), un vídeo en el que habló con palabras de monje copista sobre la cultura y el talento. Uno sigue diciendo que el PP (y Andalucía) perdió con Pimentel a un gran político, pero toda guerra tiene sus caídos.

Cuando Arenas empezó a hablar, se apartaron las nubes. Se llevó diez minutos dando las gracias, se emocionó recordando nombres como el tito de todos, pero pronto llegaron los mandobles, sin dejar de hablar de ilusión, ganas, optimismo, orgullo. No dijo nada nuevo, pero tampoco se esperaba. Para ganar, va a echarse a la calle. Sin embargo, otra vez siguió el mismo discurso que los obispazos con el aborto, la muerte digna y la EpC. ¿Todavía no ha aprendido qué es lo que les da tufo de derechona? Todos votaron luego por estirar las piernas y salió el muchacho de la película con números búlgaros. Sí, éste es su congreso, pero cuidado con los personalismos. Sólo en el cine gana el héroe solo, y sin que se le caiga el sombrero. Y a veces, ni ganan.

Congreso PP-A: Ecumenismo con redención (20/09/2008)

No les acompañan la ceremonia ni el cortinaje de los otros, los dueños de Andalucía. Si el congreso del PSOE en Granada, con muchos pisos, palcos y salones de música, era como una caja de bombones del poder, lo que ha montado el PP en Córdoba, en el Parque Joyero, que tiene algo de parada de camiones, es otra cosa más modesta y como fontanera, como una cancha de colegio algo triste y algo llovida. No era tanto el tamaño menor de todo, ni el cableado o la tecnología más escasos y sin fluorescencia, sino cierto ambiente desangelado, de ausencia o levedad, como si los del PP pesaran menos. Es la diferencia que quizá hay entre celebrar un gran cumpleaños, que es lo que hacen los socialistas cada vez, y ese trabajo galeote y achaparrado de ser oposición por condena, por historia, y reunirse para empujarse entre todos hacia arriba, con las fuerzas que puedan quedar.

“Andalucía en el centro” es el lema que han elegido, junto a verdes discretos y pequeños iconos de casitas, de familias con triciclo y de otros como de mapa del tiempo. Me acordé de aquella maldad de Alfonso Guerra, cuando dijo que si llevaban tantos años viajando hacia el centro, de dónde vendrían los del PP. En Andalucía, ese centro es su supervivencia. Saben que si lo usan sólo como mantra o como espantapájaros, irán heredando sucesivamente la oposición igual que los otros el poder absoluto y el toque de Midas. Antes de llegar, supuse que la diferencia de ambiente entre el congreso del PSOE y el del PP iba a ser la que hay entre un concierto de Ana Belén y otro de Julio Iglesias. Pero además de que el PP parezca el pobre, han descartado la estética pija, la uniformidad del Amo a Laura, el tipito de las regatas, las correítas y politos con tiras rojas y amarillas. El puestecillo que alguien ha colocado a las puertas del pabellón, lleno de la santería de la Patria como para un partido de la selección, tiene poco éxito. Nadie agita banderas de cuartel, como cuando salieron las monjitas a la calle; aquello no huele a la derechona, a esa mezcla de dinero y correaje. No sé si esto es por consigna o por evolución, pero para describir al PP andaluz como guateque de pijos apenas me han dejado alguna melena perdida entre un público que ya no está formado por notarios y sus viudas, por civilones y por montañeros marianos.

Han empezado por el maquillaje, veremos hasta dónde llegan. De momento, han invitado al congreso a sindicalistas, empresarios, oenegés, no para que hagan bulto, sino para que larguen desde el atril, ahora que hay tanto de lo que largar. Parece que quieren tirar de sociedad civil para sus ideas, y eso me parece saludable mientras no sea pose. A los sindicalistas (Francisco Carbonero, Manuel Pastrana) los abrazaba Arenas como si fuera el novio de la boda, y el público aplaudía cuando hablaban de fortalecer el tejido empresarial y de desterrar la cultura de la subvención. Fue extraño y quizá hasta cursi, como esas películas en las que se hacen amigos un americano y un ruso. Van de ecuménicos, y también de andalucistas, un andalucismo que han cogido por el racimo de lo verde y lo tópico, quizá por compensación (ay, aquel 28-F…). Pero se han pasado. Sí, vergüenza ajena sentí por un vídeo de presentación lleno de morenazas, abanicos y zarcillos, con Javier Arenas secándose el sudor entre vides, con muchas banderas blanquiverdes y una rumbita que decía cursiladas de este rango: “Existe un lugar donde la luna es de plata”, “Andalucía, bella gitana que se engalana por bulerías”…

Pero, sobre todo, éste sin duda es el congreso de Arenas, al que todos trataban como al Redentor, flotando en la unanimidad. Tanto a Ana Mato como a Antonio Sanz, que hizo el discurso de David ante Goliat, sólo les faltó besarlo en la boca. “El mejor político andaluz de la historia”, escuché un par de veces. Pues que se aplique, porque después de ésta sólo le queda la gloria o la crucifixión.

Los días persiguiéndose: La isla bonita (18/09/2008)

Miré una fotografía de Manhattan que tengo colgada, por si le habían salido gusanos estos días, pero el edificio Chrysler, que es como el minarete del capitalismo, me seguía pareciendo inderrumbable por mucho que los periódicos se empeñen en anunciar que Nueva York va a quedar para los traperos, los suicidas y los borrachos del Bowery. Hay quien dice que Manhattan significa precisamente “el lugar en el que nos emborrachamos”, aunque otros prefieren conducir su etimología hacia “isla de las colinas”, que le da paralelismos con Roma, orogenia y bronce de imperio. De todas formas, aquella isla donde el hombre clavó el cielo y le puso ascensores ha resistido ya terremotos del dinero, pisadas de gorilas y tajos del fuego de Alá. No puedo ser antiamericano porque, a pesar de la Norteamérica del rifle y el peto, de las cruces en llamas y el diseño inteligente, de la doctrina Monroe, la caza de brujas y los “hijos de puta” tan suyos de Franklin D. Roosevelt (o de G.W. Bush), fue allí donde se le dio muerte al Antiguo Régimen, antes que en la Revolución Francesa, y donde nació la democracia occidental fundada en esos “derechos evidentes” de la Declaración de Independencia. Estados Unidos quizá sea desconcertante y bipolar, a la vez aquel Camelot y el juez Lynch, cuna de las libertades y del puritanismo más retrógrado, pero su imperio del mal es una caricatura, una simplificación, una amputación, afectación de progres y eslogan de incultos. En Wall Street tiemblan sus ladrillos de oro, los paper boys llaman a los suicidas, y Zapatero justifica nuestra crisis mirando allí donde empiezan el dinero y los hierros de occidente. Los americanos vuelven a tener la culpa de todo, de las injusticias, la economía, la obesidad y hasta de los Cuarenta Principales.

Miré la foto de Manhattan, que a pesar de todo parece eterna, y la de Madonna en la portada de este periódico, que también lo parece. No han caído el edificio Chrysler ni los muslos de esta mujer que aún llena los estadios a pesar de que no tengamos para la hipoteca. Como Manhattan, ha pasado posguerras, épocas de optimismo, crisis o rebeldía; de break dance, mal gusto y hombreras. La otra reina del pop, la australiana Kylie Minogue, quizá es más una resucitada, pero Madonna, rubia de King Kong, siempre estuvo. Aquí nos han vendido la música americana como otra manera de contaminación y dominación cultural por la basura, pero la verdadera música americana es el jazz, afinación del blues de los esclavos, música de la pobreza y del dolor de tripas como nuestro flamenco. La crisis económica mundial lo que suena es a saxofón (al de Charlie Parker quizá, que vivió moribundo), pero Madonna es el eterno optimismo americano, la alegría, la fuerza y el negocio que hay siempre en sus rubias, que supieron sobrevivir a los gángsters, a la gran depresión y a trabajar en las cafeterías entre pellizcos y tarta de manzana (American pie, dicen allí). Leo que en la Cartuja pronunció algunas palabras en español, como en aquella vieja canción suya, La isla bonita. No sé si la cantó, pero hubiera pegado mucho en esta isla bonita que también nos aguitarra la Junta, la Andalucía que baila descalza, morena de penas. A Madonna le recuerdo coreografías con sombreros como del Crack del 29, y ahora la veo en esa foto de portada cabalgando en un cochazo con otro sombrero de copa, plateado como los bancos. Madonna, “la ambición rubia”... Les echamos la culpa de la crisis o de todo a los americanos, pero ellos tienen la eternidad y la ambición de sus rubias, de sus estatuas y de su dinero alicatado en Manhattan. Aquí, sólo tenemos una economía pobre y campera entre chamizos. Sí, aquí, donde no pasamos de ser una isla bonita...

16 de septiembre de 2008

Somos Zapping 14/09/2008

El cepillo de los muertos. De nuevo, el espectáculo de los muertos y el luto de los mirones. No podían dejar a las familias en su íntimo dolor, no. Las televisiones, los políticos y los obispazos aún tenían que hacer con los muertos el último palco, desfile, ganancia. Canal Sur empezó su informativo a las 8 de la noche, con Carlos María Ruíz como principal enterrador o marmolista, para traernos en directo el funeral de Estado (?) por las víctimas del accidente de Spanair, retransmitido como una ópera. “Cada detalle refleja la solemnidad inmensa del acontecimiento”, decía, como si fuera una investidura de doctores o una coronación napoleónica. Cómo le gustan a la televisión los muertos y sus galas. Así, entre la lentitud de los hisopazos, pudieron recordarnos una vez más los detalles de las “familias que murieron enteras”, ese “matrimonio con su pequeña hija”, “el largo calvario de la identificación de cadáveres”, las historias de los que “volvieron a nacer”, todo ese enfermizo regurgitamiento del morbo. Para mantener la audiencia, anunciaban una y otra vez el protagonismo especial que iban a tener en la ceremonia “los 18 niños muertos”, como esos cebos que ponen en los programas basura. Ya ven: no cambien de canal que pronto van a hablar de los niñitos muertos... Repugnante. A los reporteros, Carlos María Ruíz les recordó “el deber de contar tanto dolor”. ¿Deber? Más bien canibalismo. Había otro repelús en la Almudena, pero quizá no es momento de hablar de ello: reyes a los pies de cardenales, un funeral de Estado religioso (¿no es el Estado aconfesional?), Rouco con el funcionariado de consolar a las almas hispánicas y llevarlas todas (católicas o no) hacia su dios de pan, todo lo que de tridentino le queda a este país todavía tan incivilizado... Hasta eso se me olvidó al ver cómo Canal Sur nos traía de nuevo el espectáculo interesado de los muertos, igual que si recogieran el cepillo con sus últimas monedas como dientes.


La depre y la costura. Atónito me dejó el titular en el informativo de Canal Sur: “El paro perjudica la salud”. No es que el parado no tenga para dar de comer a su familia o que la hipoteca lo ahorque con las cortinas, no, es que no tener trabajo le produce ansiedad, estrés, insomnio, depre y otros achaques como de marquesa. Tendrían que hacer Consejero de Empleo a Roberto Sánchez Benítez, el teleñeco de Salud al día, que pronto acabaría con el problema a base de verduras y pedaleo, de papayas y siestas, de sonrisitas y eucalipto. Total, las medidas contra la crisis que aprueba la Junta tampoco van mucho más allá. Pero siendo Canal Sur como es, hasta esta noticia tonta necesitaba compensación. No podía quedar esa palabra, “paro”, flotando con su fealdad en la sobremesa para desasosegar a los andaluces. Así que en las siguientes nos alegraron con que todavía hay actividades económicas que crecen, como las nuevas tecnologías y... ¡la moda infantil! Sí, lo mismo podemos recolocar a todos los parados de la construcción e incluso a los de Delphi haciendo pantalones de peto o bordando ositos. O, como dijeron en la noticia que vino a continuación, en “el segundo polo aeronáutico” del país que tenemos aquí para dar cobijo a los miles de especialistas en la cosa que da esta tierra, más que encofradores y camareros. El paro es simplemente depre y la economía se salva con la costura o con una tecnología que para nuestros curritos es marciana... ¿En qué mundo vive esta gente?


El telefonazo. El reportaje sólo iba a sacar una calle sin asfaltar, pero se trataba de un ayuntamiento socialista dentro de un tradicional feudo provincial socialista, y eso era demasiada acumulación de socialismo. El telefonazo desde los despachos de Canal Sur llegó y el reportaje no se emitió. Si por semejante bobada saltan los muelles del poder y meten la tijera en Canal Sur, imaginen lo que ocurre a diario con los grandes asuntos, con la corrupción, con el nepotismo, con los abusos y mentiras de la Junta. Si en Canal Sur tienen a un comisario político para los baches, qué no harán en los informativos, hasta dónde no llegará el control de estos bellacos que han hecho de Andalucía su hacienda y de la televisión pública su ministerio de propaganda y atontamiento...

Ilustración: www.canalsu.blogspot.com

Los días persiguiéndose: Fin del mundo (11/09/2008)

Ayer no fue el fin del mundo, aunque Zapatero habló, todavía entre las sábanas de sueño que trae septiembre, de tiempos duros y de prepararse para consolar a los pobres como monjitas. En la tribuna del Congreso, el presidente parecía que sólo repartía mendrugos, mientras lejos, los científicos del CERN encendían a chasquidos el Gran Colisionador de Hadrones, al que llaman “la máquina de Dios”, el acelerador de partículas que algunos zumbados siguen diciendo que va a tragarse el planeta en un agujero negro. Tranquilos, moriremos antes de la melancolía de los banqueros que de disolvernos en espuma cuántica. A Zapatero no lo salvará un fin del mundo, veremos la recesión antes que nuestra caída en sumideros de singularidad (en realidad lo de singularidad es un término relativista inaplicable ya, a pesar de que a Hawking y a Penrose les dio para ejercicios académicos). Siempre hay un Apocalipsis a la vista y ahora podemos escoger entre muchos el que nos dé más vértigo o ardor. El calentamiento global por culpa de la voracidad humana tiene poesía y drama euripídicos, con eso de Gaia vengándose desmelenada; el agujero negro del colisionador de partículas nos remite a Ícaro, a Prometeo, a Frankenstein y de nuevo al castigo por nuestra vanidad y curiosidad (el saber, el comer del Árbol del Bien y del Mal, les pareció a los dioses suficiente para expulsarnos del Paraíso). También algunos políticos, entre vísceras, han visto el Armagedón en la desintegración de la Patria o del dinero. El mito del fin del mundo nos ha acompañado durante toda la historia, pero uno piensa que la miseria y el sufrimiento humanos no requieren de grandes cataclismos, están ahí de manera más continua y empecinada y no tienen que quedar arrasados los continentes o chupados los océanos para que nos preocupen. Entre el fin del mundo de los oscuros agoreros y el cielo en la tierra de nuestros gobernantes debe de haber un término medio que serían simplemente la realidad o la cordura.

Los científicos van a encender de nuevo el Universo y el mayor experimento de la historia no nos matará, sino que nos desvelará otros secretos para comprender o quizá enmarañar aún más la existencia. Tampoco nos matará del todo la crisis económica, aunque traiga en este septiembre ceniciento mañanas y líderes de entierro o de hospital. Algo que no sea ni el miedo ni la sedación es lo que necesitamos, pero no nos lo dan los políticos. Rajoy aún personaliza en Zapatero la catástrofe, como si fuera un meteorito, y sigue hablando de él con las barbas en llamas. Zapatero parece que sólo se enfrenta a la crisis levantando la Biblia de la izquierda, usando aromaterapia y guardando cama. En Andalucía, ya ven que la respuesta ha sido más endeudamiento y ningún ahorro para sus gastos de corte, playa para Chaves y maní para los sindicatos, guateques de consejeros y nuestra economía débil guapeada aún más por la propaganda. No, no habrá fin del mundo cuando choquen los protones como pequeños cubazos de Universo y quizá deje su rastro el bosón de Higgs, la “partícula de Dios” que otorga masa a las demás. Seguramente aquí estamos condenados a morir más lento, morir sin morir entre la decadencia de la política, los tambores de los adivinos y la mentira de las palabras. Un fin del mundo les hubiera ahorrado a nuestros prebostes levantarse y fingir, pero todo sigue en pie, dolorosamente tangible aunque caedizo. El misterio de lo real puede estar más cerca en aquellas cuevas del CERN. Esta política, sin embargo, aún es más inextricable que el Universo.

Somos Zapping 7/09/2008

Tontos del pueblo. Se empeña en exagerar eso de hablar con papas en la boca y se le nota una querencia a lo pueblerino que le pone como alpargatas ante la cámara, pero a pesar de esto, sigo creyendo que Manu Sánchez tiene ingenio, todavía por desbastar, eso sí. Sin embargo, falta mucho para tener en él a un Buenafuente andaluz, que es lo que intenta. Manu sigue en su plazoleta, no se quita la pinta de maletilla del humor, un humor de corto alcance, como de su pedrada, por esa incapacidad de escapar de lo local, maldición de todos los humoristas de esta tierra. Su reciente intento de hacer de un paisano suyo un nuevo Chiquilicuatre ha resultado bochornoso. Aún hay diferencia entre la parodia y la exhibición de monstruos de verbena. Creo que no he terciado mucho en aquella polémica, ahora pasada, del Chiki-Chiki, pero a mí me divirtió mucho esa pantomima nada chusca, sino al contrario, muy pensada y calibrada, que pretendía ser una mofa de la música basura triunfante hoy en día, cosa que consiguió dejar patente precisamente con su éxito. Pero el José Pardo que nos presenta Manu no es un actor en el papel de enseñarnos lo estúpida que sigue siendo la masa, sino un señor con un plomillazo dado, más en la línea del frikismo morrallero de Jesús Quintero que otra cosa. Vi a este José Pardo con pinta de taxista cantando su Atanafúa, que así se llama el malparto, un interminable berreo acompañado del desguace de una guitarra, mientras Manu bailaba con un raro estilo Pulp Fiction cani, y se me cayó la cara de vergüenza. Aún más cuando este tipo nos mostró su otra habilidad, que es recitar con la misma voz de monseñor Amigo la homilía de la boda de la Infanta Elena. Ya está bien de hacer televisión con los tontos del pueblo y además pretender que eso sea humor inteligente de los gafitas, en el caso de Manu, o etnografía de tasca, en el de Quintero. Vamos a terminar pensando que los tontos del pueblo son ellos.


Bandoleros. Andalucía es su nombre sigue intentando hacer “realidad nacional” de esta tierra a base de épica autonomista, historias muleras y unos guiones como sacados de un almanaque de caja de ahorros. A los bandoleros andaluces dedicó un reciente programa, cosa que uno considera un acierto en esta época de bandidaje. Eso sí que forma parte de nuestra idiosincrasia actual, el mangar, el llenar alforjas, el entrar a saco con la faca, el poner el trabuco en el pecho, y encima hacer con eso héroes del pueblo. Con la cursilería tremolante que caracteriza al programa, nos invitaron a pasear por el “atlas sentimental de la delincuencia” y pensé que nada podía ser más andaluz que eso, aunque mejor que por las serranías del XIX deberían pasearse ahora por la Costa del Sol, por los ayuntamientos podridos y por los despachos covacheros en los que se cuece la corrupción política y urbanística. El programa todavía parecía dejar como excusa para el bandolerismo nuestra pobreza o la gloria de la ópera. Más difícil resulta encontrar una excusa para el expolio y el emputecimiento de lo público que hacen ahora entre unos y otros. Quizá sólo nuestra abulia, nuestra dejadez, que hace aquí más realidad nacional que los bandoleros con patilla y el pan con estrellas de los montes.


Matanza coplera. Ya tenemos de nuevo Se llama copla, y desde el casting, desde la primera cosecha callejera de andaluces luneros, como clavellinas del pueblo. Lo anunciaban con uno de los Vier letzte Lieder de Richard Strauss de fondo, nada menos, quizá como burla a la buena música, antítesis de este programa. Pero yo tenía curiosidad por verlo porque Eduardo Bandera adelantaba que “sólo 50 participantes han sobrevivido al casting”, así que quería saber cómo habían ido matando a los demás. ¿Nos matarán un día también al resto de los andaluces no suficientemente copleros? Pero no, no los mataban, es que el presentador había dicho una tontería. No los mataban pero por si acaso los participantes se persignaban y hasta se encomendaban a la Virgen del Rocío: “Eso es lo primero”, explicaba uno de estos modelos de buen andaluz. El andaluz de tapetillo de televisor pasó el casting y sobreimpresionaron este rótulo: “¡La Virgen del Rocío ha escuchado sus oraciones!”. Ya ven lo que nos queda que aguantar.

4 de septiembre de 2008

Los días persiguiéndose: La misión de los muertos (04/09/2008)

Me daban miedo las lápidas, ese encaje de los muertos. Yo tenía que pisarlas y era como pisar ciempiés, yo tenía que pasar junto a ellas y era como pasar entre los velos que movían todos aquellos esqueletos. Aquella larga galería, con la altura de sus dioses ahorcados, con la temperatura de la muerte cuando ya es piedra o aljibe, aquella iglesia comida por dentro de difuntos, sus lápidas con escudos de armas, cruces cuchilleras y monedas de la muerte, lo que tenía aquel mármol de cama para serpientes. Yo era pequeño y mi madre me llevaba a aquella iglesia para ver a un cura viejo que vivía allí en un infierno de santos con los ojos y los corazones sacados, de estampas ardiendo en aceite y sangre, muy arriba, después de pasar por aquella galería y subir una escalera que parecía colgar como un talud de la tumba más alta. Aquel cura tenía conocidos, influencias, no sé a qué colegios o milicias quería mandarme mi madre (nunca me mandó), pero me llevaba de vez en cuando a verlo y yo temblaba con el frío de los muertos y el horror de aquella santidad podrida de velas, fémures y llagas. A mí se me quedó para siempre la impresión de que en las iglesias no vivía ningún dios, sino un ejército de muertos vigilado por otros muertos. No sé qué muertos eran, aristócratas o mártires de la Patria, muertos antiguos como godos o soldados del Glorioso Alzamiento. Pero nunca pensé que fuesen muertos amigos ni enemigos míos. Ellos pertenecían a otro tiempo, ese tiempo suyo sin ojos, y yo sólo pensaba que estaban allí para asustarme y para arrastrame junto a ellos por las noches, esa misión de los muertos sin más historia, inocencia o culpa.

A los muertos se les puede hacer justicia, altares y escarnios, pero en realidad es algo que se les hace a los vivos que quedan, sus dueños o usufructuarios. Tengo sentimientos contradictorios con esto de la memoria histórica, la dignidad de los muertos y su florecimiento tan tarde. Reconozco mi bando, si hay que elegir uno. Yo también habría sido fusilado sin duda por los Nacionales. Pero no sé hasta qué punto quedan todavía esos bandos o pueden redimirnos los muertos. Aún hay tiempo para homenajes, sí, pero me temo que es demasiado tarde para la justicia, como para la venganza. Esto no es Argentina ni Chile, donde los asesinos aún se visten en los cuarteles, los partidos, el poder. No sé si lo que quieren Garzón u otros, ahora que sólo quedan hijos y nietos de aquello, es identificar las castas de los chivatos, de los jefecillos de pelotón y del Movimiento, estigmatizar genealogías de fachas igual que antes estaban estigmatizadas las familias de rojos, por los pecados de los padres y los fantasmas de sus librerías. Se diría que pretenden repartir ahora entre los que quedan la herencia de los buenos y los malos, por seguir pintando ese cuadro que todavía vende. Puede que persistan las dos Españas, pero de otra forma. Nuestra inmadurez democrática, es verdad, lo hace posible. La derecha de aquí es reaccionaria y beatona, pero ya no es aquélla que mataba por su imperio de águilas perdido. No creo que quede nadie que tenga sobre sí el peso de aquellos muertos, y buscar a los culpables en fotos o en apellidos es macabro y puede que injusto. Más allá del homenaje a los inocentes, a los masacrados, ve uno demasiada intención política, apropiarse un bando y señalar al partido enemigo todavía en el otro. A mí me daban miedo las lápidas y creía que ese miedo era la única misión de los muertos. Aún tengo cuidado de no hacer sobre ellos merendolas, espiritismos, resurrecciones ni aquelarres.

31 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: La superstición del sexo (31/08/2008)

He visto a hombres salvados por las putas, como jóvenes soldados. Los he visto sobrevivir a noches de desahucio, noches de condenado a muerte, porque se agarraron a una cintura como a un crucifijo. Y no había en aquello carne ni violencia, sino una soledad comparable al hambre, una niñez sin madre y un absolución otorgada indiscriminadamente por esas mujeres de santidad maldita y cuerpos esculpidos con forma de piedad. He visto a hombres perdidos o vencidos y a esas mujeres llevando collares a sus manos y agua a su boca, he visto una ternura que no se paga, he visto la piel curando heridas y he visto al pecado rescatar almas. Hay otras cantinas para salvar el espíritu y lavar el cuerpo que también cobran y encima te hacen esclavo, culpable, cruel y hasta fanático. De todas las mentiras que pagamos, de todas las salvaciones a medias de la vida o de la muerte, de todos los consuelos artificiales, quizá el más honrado, sincero, inofensivo, sea éste tan primordial de otro ser humano que te acaricia y te escucha, aunque sea por dinero. Pero todo es por dinero y hasta el matrimonio es un contrato ante la comunidad y los dioses mirones.

El Ayuntamiento de Sevilla, arrebatado de puritanismo, ha declarado la guerra a la prostitución con una campaña que consiste en señalar la vergüenza de los puteros por las calles, como si fueran negreros. Es la vieja superstición de siempre, la del sexo. Entre todas las desgracias y sufrimientos humanos, aún se mantiene esa superstición del sexo como nido de serpientes que nos pudre los bajos y nos hunde el alma como nada. El origen del sexo como pecado quizá está simplemente en la propiedad, en la transmisión del nombre, la herencia o la pertenencia a un clan a través de la descendencia, de ahí que la actividad sexual tuviera que legitimarse por la comunidad o los dioses. Esto lo han usado luego las religiones para administrar el negocio de la culpa y el perdón, pues el sexo es una tentación en la que todos caemos. Sorprende ver en nuestros gobernantes progres esa mentalidad de algún modo tan cristiana de asociar el sexo con la “humillación”, la “vejación” o la “violencia”. No sé por qué se ha de considerar humillante esa gimnasia del cuerpo, gratis o pagada, a menos que se esté contaminado por esa idea de pecado o pureza, que también es muy machista, pues nadie explica por qué la mujer es la humillada y el hombre el triunfador, y no al revés. Se puede decir que lo que humilla es cobrar, sea hombre o mujer el que lo haga, pero entonces también los taxistas estarían humillados. No, nada de esto tiene sentido a menos que se siga considerando el sexo como sucio y pecaminoso, o al contrario, sagrado, y por ello una actividad que no puede convertirse en laboral como quien vende pipas o saca muelas. Pura superstición. Si un pizzero está explotado en su trabajo, lo inmoral es estar explotado, no ser pizzero. Si los que tocan el acordeón por las plazas son rehenes de las mafias, lo inmoral es su esclavitud, no tocar el acordeón. A ver si vamos a ir señalando con carteles a los que dejan una moneda en el sombrero de los titiriteros. Pero así están las cosas, así puede esta vieja superstición hasta con los más progres. Pienso que la prostitución debería estar regulada como una actividad más, y ser ejercida por el que así libremente lo haya decidido, al menos con la misma libertad que tiene cualquiera para elegir su trabajo. Lo demás es superstición y paternalismo puritano. Sí, yo he visto a hombres salvados por las putas, y ellos no eran negreros ni ellas prisioneras, aunque esto lamentablemente no sea siempre así. Pero a veces, como cantaba Sabina, “el alma necesita un cuerpo que acariciar”, y esto no debería merecer carteles escupiéndote.

28 de agosto de 2008

Los días persiguiéndose: Bodas y funerales (28/08/2008)

La boda de Cayetana como una boda de sus loros, la boda que no fue o no será o se inventaron porque agosto traía pocas carrozas.... En este verano acementado de catástrofes ya parece que sólo nos distraen los palomares de muertos y el casarse o el pasearse con anclas de la aristocracia guapa o fea, de los actores cantantes o de las parejas gogós que viven en UVE y en las crónicas de Carmen Rigalt. Pero uno diría que el país está más para morirse que para encamarse, aunque las dos cosas tienen ceremonia, cortinaje y endomingamiento. Se muere la economía volcando su monedero en el orinal, como un mercader veneciano al expirar; se muere la política de su vieja gula, de su gigantismo y de su pereza; se mueren salvándose en el último momento los toreros crísticos con muslos como violines de sangre; se muere el pueblo en coches o aviones de piedra, como siempre lo ha hecho, en mitad de un acarreo o de una breve felicidad. Entre el gran funeral de agosto, con sus muertos como nueces de noviembre adelantadas, una boda o un barco o una medalla atlética ponen alas blancas en la prensa. El amor sin dientes o con joyas, las regatas de los reyes o de los héroes, un hijo que nace en Hollywood ya piscinero, fotos con caballos de cóctel, narices principescas que caben mejor en la moneda... Nos dan esto y los muertos para que no pensemos en lo demás que se nos muere o falta o está equivocado o perdido, en el mundo, en España, en Andalucía.

Me dan tristeza las bodas, en las que los novios han caído como en una trampa para pájaros; me dan tristeza los funerales donde uno también se imagina cadáver y floreado y la muerte parece unos zapatos que te apretarán para siempre; me da tristeza el verano entero como si contemplara a un mendigo desnudo. Cayetana se casaba o no, ducados o enfermerías iban a juntar sus camas y palanganas, y era una noticia falsa o de verdad aguada, como suele ocurrir en esta época, que llegaba entre el adunamiento de muertos, desgracias y escaseces a poner su propio sombrerito en el morbo. Pero al fin y al cabo, se trata de que los dioses bajen a levantar velos y a tocar frentes, para llevar a una eternidad de caoba tanto a un matrimonio como a un despeñado. La aristocracia se casa con más ángeles y cofres, igual que se muere con más habitaciones y mirillas. Los ricos pasan de otra manera por todo, como con estela. Los muertos, quizá también. De ahí que nos entretengan tanto entre ambos, los ricos con planes de boda, timón en el pecho o novia tetera; los muertos con vértigo, pena y misterio.

Las bodas y los funerales huelen igual a flor y a pañuelo. Tienen el mismo público, el mismo chófer y el mismo fondo de armario. Alivian un poco también, de no morirse o casarse uno, y distraen de los propios achaques, desgracias, carencias o tipitos para que nos fijemos en los de los demás. Bodas y funerales, con estas campanadas se nos llena el verano, en el que parece que sólo son los otros los que se entierran o se encadenan. Pasan más cosas, pero no van de gala ni en coches de nácar. La crisis de la economía, la otra crisis de la decencia en política, aún no constituyen espectáculos comparables para el pueblo ventanero. Cayetana se casa o no, los cementerios caen del cielo a pedazos y ni los serafines ni los mirones saben a qué atender. Los únicos que se las arreglan para estar siempre en su propia boda y en los funerales ajenos son los políticos.